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El Blog de Leningrad Garrotxa Olot: Argelaguer - Tortellà - Montagut i Oix - Sales de Llierca - Sant Jaume de Llierca

19/08/2009 GMT 1

Estratègies i crisi

lejarza @ 08:53

Jordi Soler, Barcelona (Catalunya): Estratègies i crisi.-Al nostre país, la manera com les patronals afronten les crisis és acomiadar massivament els seus treballadors i passar-li el mort al govern. Poca responsabilitat, poc compromís i si t'he vist no me'n recordo, o si has dedicat la teva vida a l'empresa, t'aguantes. Sabem que altres països han afrontat el mateix problema mantenint tots els treballadors a l'empresa a l'espera de temps millors, amb reduccions pactades a mitja jornada i amb complements dels salaris per als treballadors afectats a càrrec del govern. Això, a més de la lleialtat que genera compromís mutu, té un avantatge addicional i és que el treballador no se sent tan insegur i no redueix dràsticament els seus hàbits de consum, fet que no multiplica la reducció del consum intern com sí està caient a Espanya. Ells sortiran de la crisi i nosaltres ens quedarem al pou. I a sobre, les patronals espanyoles pretenen aprofitar la crisi per acabar de desregular el mercat laboral i precaritzar-lo del tot. Ben segur, la pitjor patronal d'Europa.

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VALL DEL LLIERCA Cap Argelaguer: Sales de Llierca, Sant Jaume de Llierca, Montagut i Oix, Tortellà. VALL D'HOSTOLES Cap Les Planes d'Hostoles: Sant Feliu de Pallerols, Sant Aniol de Finestres. ÁMBIT DE BESALÚ Cap Besalú: Beuda, Maia de Montcal, Sant Ferriol. CONCA ALTA DEL FLUVIÁ Cap Olot: Castellfollit de la Roca, Les Preses, Riudaura, Sant Joan les Fonts, La Vall de Bianya, La Vall d´en Bas, Mieres, Santa Pau.

Comentarios(3) »

  1. Los estadounidenses son siervos gobernados por oligarcas

    Paul Craig Roberts

    “Dentro de poco no habrá clase media. Tendremos unos pocos, y sólo unos pocos lores, y todos los demás, mendigos.” R.L. Bushman

    “Nos estáis dividiendo rápidamente en dos clases – los extremadamente ricos y los extremadamente pobres.” “Bruto”

    Los estadounidenses piensan que tienen “libertad y democracia” y que los políticos tienen que rendir cuentas en las elecciones. La realidad es que EE.UU. es gobernado por poderosos grupos de interés que controlan a los políticos con donaciones a sus campañas electorales. Nuestros verdaderos gobernantes son una oligarquía de intereses financieros y militares y de seguridad, y AIPAC [lobby israelí, N. del T.] que influencia la política exterior de EE.UU. en bien de Israel.

    Echemos un vistazo a la política económica. Es dirigida en beneficio de grandes firmas financieras, como Goldman Sachs.

    Los que recibieron 700.000 millones de dólares en fondos del TARP [Programa de Alivio para Activos en Problemas] fueron los bancos, no los millones de estadounidenses que han perdido sus casas, puestos de trabajo, seguro de salud, y pensiones. Los bancos utilizaron ese obsequio de capital para hacer más utilidades. En medio de la peor caída económica desde la Gran Depresión, Goldman Sachs anunció beneficios récord en el segundo trimestre y grandes bonificaciones de seis dígitos para cada empleado.

    La política de bajos tipos de interés de la Reserva Federal es otro regalo a los bancos. Baja su coste de fondos y aumenta sus beneficios. Con la derogación de la Ley Glass-Steagall en 1999, los bancos se convirtieron en casas de inversión de alto riesgo que comercian con instrumentos financieros como ser derivados de tasas de interés y valores respaldados con hipotecas. Con abundantes fondos suministrados casi gratis por la Reserva Federal, los bancos no pagan prácticamente nada a los depositantes por sus ahorros.

    A pesar de la política de bajas tasas de interés de la Reserva Federal, los bancos comenzarán a partir del 1 de octubre a aumentar la tasa porcentual anual (APR) para compras con tarjetas de crédito y adelantos de dinero y estados de cuenta que tienen una tasa disuasoria por pago atrasado. Los bancos también están aumentando las tasas por pagos atrasados. En medio de la peor situación económica desde los años treinta, estadounidenses fuertemente endeudados, que están perdiendo sus puestos de trabajo y sus casas, son desangrados hasta la bancarrota por los mismos bancos que están siendo subvencionados con fondos del TARP y bajas tasas de interés.

    Además, es el público estadounidense el que está metido en apuros por el dinero del TARP y las bajas tasas de interés. Como el presupuesto del gobierno de EE.UU. está en números rojos en más de un 50%, hay que prestarse el dinero del TARP en el extranjero o tiene que ser monetizado por la Reserva Federal. Esto significa más presión sobre el valor de cambio del dólar de EE.UU. y un aumento en los precios de importación y también inflación en el interior.

    Por lo tanto los estadounidenses pagarán por el TARP y los subsidios a las bajas tasas de interés a sus gobernantes financieros a través de la erosión del poder adquisitivo del dólar. Lo que estamos experimentando es una masiva redistribución de los ingresos del público estadounidense al sector financiero.

    Y esto sucede bajo un gobierno demócrata encabezado por el primer presidente negro de EE.UU., con una mayoría demócrata en la Cámara y en el Senado.

    ¿Existe un gobierno en alguna parte que represente menos a sus ciudadanos que el de EE.UU.?

    Consideremos las guerras de EE.UU. Al escribir estas notas, el coste pagado en efectivo de las guerras de EE.UU. en Iraq y Afganistán es de 900.000.000.000 dólares. Si se suman los costes futuros ya incurridos de las prestaciones a veteranos, interés sobre la deuda, el uso no aprovechado de los recursos para propósitos productivos, y otros costes similares tal como han sido calculados por el economista del Nobel Joseph Stiglitz y la experta presupuestaria de la Universidad Harvard Linda Bilmes, “nuestro” gobierno ha derrochado

    3.000.000.000.000 de dólares –3 billones de dólares – en dos guerras que no traen beneficio alguno para algún estadounidense cuyos ingresos no dependan del complejo militar/industrial, ante el que nos advirtió un general de cinco estrellas, el presidente Eisenhower.

    Ahora es un hecho probado que la invasión estadounidense de Iraq se basó en mentiras y engaño del público estadounidense. Los únicos beneficiados fueron las industrias de armamentos, Blackwater, Halliburton, oficiales militares que logran ascensos más rápidos durante la guerra, y los extremistas musulmanes cuya argumentación fue confirmada por el gobierno de EE.UU. mediante su agresión no provocada contra los musulmanes. Nadie más se benefició. Iraq no amenazaba a nadie, y la captura de Sadam Hussein y su ejecución después de un juicio irregular y arbitrario no tuvo efecto alguno sobre el fin de la guerra o para impedir el comienzo de otras.

    El coste de las guerras de EE.UU. es un inmenso lastre sobre un país en bancarrota, pero el coste incurrido por los veteranos podría ser aún mayor. La falta de vivienda es una condición corriente de los veteranos, así como el estrés postraumático. Los soldados estadounidense, que combatieron ingenuamente por las guerras de la industria de la munición, por los altos pagos a los directores de la munición, y por los dividendos y las ganancias de capital de los accionistas de la munición, pagaron no sólo con vidas y extremidades perdidas, sino también con matrimonios rotos, carreras arruinadas, desórdenes psiquiátricos, y sentencias de prisión por no cumplir con pagos de manutención de menores.

    ¿Qué ganaron los estadounidenses gracias a una guerra incosteable en Iraq que dura mucho más que la Segunda Guerra Mundial y que llevó al poder a chiíes aliados con Irán?

    La respuesta es obvia: absolutamente nada.

    Que ganó la industria de armamentos: Miles de millones de dólares en beneficios.

    Obama es el candidato presidencial que prometió terminar la guerra en Iraq. No lo ha hecho. Pero ha escalado la guerra en Afganistán, comenzado una nueva guerra en Pakistán, se propone repetir el escenario yugoslavo en el Cáucaso, y parece determinado a iniciar una guerra en Sudamérica. Como reacción a la aceptación por el presidente de Colombia títere de EE.UU., Álvaro Uribe, de siete bases militares de EE.UU. en Colombia, Venezuela advirtió a los países sudamericanos que “comienzan a soplar vientos de guerra.”

    Tenemos un gobierno de EE.UU., totalmente dependiente de la generosidad de extranjeros para financiar la tinta roja, que se extiende en grandes cantidades hasta donde llega la vista, totalmente dominado por el complejo militar/seguridad, que nos destruirá a todos a fin de satisfacer las expectativas bursátiles de Wall Street.

    ¿Por qué le importa a algún estadounidense quién gobierna Afganistán? El país no tiene nada que ver con nosotros.

    ¿Calcularon los comités de servicios armados de la Cámara y del Senado el riesgo de desestabilizar a Pakistán armado con armas nucleares cuando aceptaron la nueva guerra de Obama en ese país, una guerra que ya ha desplazado a dos millones de paquistaníes?

    No, claro que no. Los corruptos recibieron sus órdenes de la misma oligarquía militar/seguridad que mandó a Obama.

    La gran superpotencia estadounidense y sus 300 millones de habitantes están siendo destruidos por los estrechos intereses de los grandes bancos y por la industria de armamentos. La gente, y no sólo los estadounidenses, está perdiendo a sus hijos, esposos, hermanos y padres sin otro motivo que los beneficios de las corporaciones de armamentos de EE.UU. y los crédulos estadounidenses parecen enorgullecerse de que así sea. Esas pegatinas en sus coches, todo terrenos y monstruosas camionetas proclaman su ingenua lealtad a la industria de armamentos y a los corruptos en Washington que promueven guerras.

    ¿Llegarán a comprender los estadounidenses, aplastados y destruidos por la política de “su” gobierno, que siempre pone a los estadounidenses en el último lugar, quiénes son sus verdaderos enemigos?

    ¿Se darán cuenta los estadounidenses de que no los gobiernan sus representantes elegidos sino una oligarquía que es dueña del prostíbulo Washington?

    ¿Llegarán algún día a comprender los estadounidenses que son siervos impotentes?

    http://www.counterpunch.org/roberts08192009.html

    Paul Craig Roberts fue secretario adjunto del Tesoro en el gobierno de Reagan. Es co-autor de “The Tyranny of Good Intentions.”
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    Americans: Serfs Ruled by Oligarchs
    By PAUL CRAIG ROBERTS

    “In a little time [there will be] no middling sort. We shall have a few, and but a very few Lords, and all the rest beggars.” R.L. Bushman

    “Rapidly you are dividing into two classes--extreme rich and extreme poor.” “Brutus”

    Americans think that they have “freedom and democracy” and that politicians are held accountable by elections. The fact of the matter is that the US is ruled by powerful interest groups who control politicians with campaign contributions. Our real rulers are an oligarchy of financial and military/security interests and AIPAC, which influences US foreign policy for the benefit of Israel.

    Have a look at economic policy. It is being run for the benefit of large financial concerns, such as Goldman Sachs.

    It was the banks, not the millions of Americans who have lost homes, jobs, health insurance, and pensions, that received $700 billion in TARP funds. The banks used this gift of capital to make more profits. In the middle of the worst economic downturn since the Great Depression, Goldman Sachs announced record second quarter profits and large six-figure bonuses for every employee.

    The Federal Reserve’s low interest rate policy is another gift to the banks. It lowers their cost of funds and increases their profits. With the repeal of the Glass-Steagall Act in 1999, banks became high-risk investment houses that trade financial instruments such as interest rate derivatives and mortgage backed securities. With abundant funds supplied virtually free by the Federal Reserve, banks are paying depositors virtually nothing on their savings.

    Despite the Federal Reserve’s low interest rate policy, beginning October 1 banks are raising the annual percentage rate (APR) on credit card purchases and cash advances and on balances that have a penalty rate because of late payment. Banks are also raising the late fee. In the midst of the worst economy since the 1930s, heavily indebted Americans, who are losing their jobs and their homes, are to be bled into bankruptcy by the very banks that are being subsidized with TARP funds and low interest rates.

    Moreover, it is the American public that is on the hook for the TARP money and the low interest rates. As the US government’s budget is 50 per cent or more in the red, the TARP money has to be borrowed from abroad or monetized by the Fed. This means more pressure on the US dollar’s exchange value and a rise in import prices and also domestic inflation.

    Americans will thus pay for the TARP and low interest rate subsidies to their financial rulers with erosion in the purchasing power of the dollar. What we are experiencing is a massive redistribution of income from the American public to the financial sector.

    And this is occurring during a Democratic administration headed by America’s first black president, with a Democratic majority in the House and Senate.

    Is there a government anywhere that less represents its citizens than the US government?

    Consider America’s wars. As of the moment of writing, the out-of-pocket cost of America’s wars in Iraq and Afghanistan is $900,000,000,000. When you add in the already incurred future costs of veterans benefits, interest on the debt, the forgone use of the resources for productive purposes, and such other costs as computed by Nobel economist Joseph Stiglitz and Harvard University budget expert Linda Bilmes, “our” government has wasted $3,000,000,000,000--three thousand billion dollars--on two wars that have no benefit whatsoever for any American whose income does not derive from the military/security complex, about which five-star general President Eisenhower warned us.

    It is now a proven fact that the US invasion of Iraq was based on lies and deception of the American public. The only beneficiaries were the armaments industries, Blackwater, Halliburton, military officers who enjoy higher rates of promotion during war, and Muslim extremists whose case the US government proved by its unprovoked aggression against Muslims. No one else benefitted. Iraq was a threat to no one, and finding Saddam Hussein and executing him after a kangaroo trial had no effect whatsoever on ending the war or preventing the start of others.

    The cost of America’s wars is a huge burden on a bankrupt country, but the cost incurred by veterans might be even higher. Homelessness is a prevalent condition of veterans, as is post-traumatic stress. American soldiers, who naively fought for the munitions industry’s wars, for high compensation for the munitions CEOs, and for dividends and capital gains for the munitions shareholders, paid not only with lives and lost limbs, but also with broken marriages, ruined careers, psychiatric disorders, and prison sentences for failing to make child support payments.

    What did Americans gain from an unaffordable war in Iraq that lasted far longer than World War II and that put into power Shi’ites allied with Iran?

    The answer is obvious: nothing whatsoever.

    What did the armaments industry gain? Billions of dollars in profits.

    Obama is the presidential candidate who promised to end the war in Iraq. He hasn’t. But he has escalated the war in Afghanistan, started a new war in Pakistan, intends to repeat the Yugoslav scenario in the Caucasus, and appears determined to start a war in South America. In response to the acceptance by US puppet president of Columbia, Alvaro Uribe, of seven US military bases in Columbia, Venezuela warned South American countries that the “winds or war are beginning to blow.”

    Here we have the US government, totally dependent on the generosity of foreigners to finance its red ink, which extends in large quantities as far as the eye can see, completely under the thumb of the military/security complex, which will destroy us all in order to meet Wall Street share price expectations.

    Why does any American care who rules Afghanistan? The country has nothing to do with us.

    Did the armed services committees of the House and Senate calculate the risk of destabilizing nuclear armed Pakistan when they acquiesced to Obama’s new war there, a war that has already displaced two million Pakistanis?

    No, of course not. The whores took their orders from the same military/security oligarchy that instructed Obama.

    The great American superpower and its 300 million people are being driven straight into the ground by the narrow interest of the big banks and the munitions industry. People, and not only Americans, are losing their sons, husbands, brothers, and fathers for no other reason than the profits of US armaments corporations, and the gullible American people seem proud of it. Those ribbon decals on their cars, SUVs and monster trucks proclaim their naive loyalty to the armaments industries and to the whores in Washington who promote wars.

    Will Americans, smashed and destroyed by “their” government’s policy, which always puts Americans last, ever understand who their real enemies are?

    Will Americans realize that they are not ruled by elected representatives but by an oligarchy that owns the Washington whorehouse?

    Will Americans ever understand that they are impotent serfs?

    Paul Craig Roberts was Assistant Secretary of the Treasury in the Reagan administration. He is coauthor of The Tyranny of Good Intentions. This fall CounterPunch/AK Press will publish Robert's War of the Worlds: How the Economy Was Lost. He can be reached at: PaulCraigRoberts@yahoo.com

    Americans: Serfs Ruled by Oligarchs | 21-08-2009 - 12:28:03 GMT 1 #

  2. España

    Economía de mercado o planificación democrática

    Jordi Escuer

    El debate sobre el cambio de modelo productivo

    La crisis ha convertido en un lugar común hablar de cambiar el modelo productivo. El presidente del Gobierno convirtió este tema en el eje de su discurso sobre el Estado de la nación, pero ¿si nuestra economía gozaba de buena salud, cómo es que ahora hay que cambiarla? La realidad va por delante de las palabras y ya ha abierto ese «cambio productivo» de la única forma en que es posible en una economía de mercado, mediante una «crisis». Si el «ladrillo» ya no da más de sí, el capital busca nuevas esferas de negocio. Por el camino más de dos millones se han quedado en paro y se imponen condiciones de explotación más intensas al resto de los trabajadores, anunciándonos que cuando venga la recuperación, muchos más asalariados se habrán incorporado a las filas del «mileurismo» y el «cieneurismo».

    Si el problema central es el exceso de construcción residencial ¿cómo explicar que la crisis esté afectando con más virulencia a una de las comunidades más industrializadas como Catalunya? ¿O que economías altamente productivas como Alemania y Japón, están siendo las más afectadas por ella? No estamos ante una mero problema financiero o del ladrillo, si no que ambos son una expresión más de la crisis general del capitalismo que se manifiesta en el fenómeno tradicional de la sobreproducción y que supone, en la industria, una infrautilización de la capacidad productiva. La mejor expresión de ello es la caída generalizada del comercio internacional, que la OCDE prevé que sea de un 9% este año, un tipo de crisis que es exclusiva de la sociedad capitalista: una crisis por «exceso» de producción.

    Hay más capacidad de producir viviendas, coches, ordenadores, móviles, hortalizas, frutas, leche… de la que es posible vender, y eso sucede en nuestro país, y en todo el planeta. No es que estén todas las necesidades cubiertas: aquí mucha gente sigue sin tener acceso a la vivienda y, en todo el mundo, cientos de millones se mueren de hambre. Pero, quienes lo necesitan no pueden pagarlo, no son demanda solvente, la única que cuenta para el mercado.

    Por tanto, el problema no responde sólo a un modelo productivo. En realidad, dicho modelo está constreñido y condicionado por unas relaciones de propiedad que determinan cómo funciona. ¿Por qué se privatiza el Canal de Isabel II en Madrid, cuando es una empresa pública rentable cuyas ganancias revierten en el erario público? Para garantizar una nueva esfera de negocio al capital que otorgue unos beneficios seguros, dada la perentoria necesidad que todos tenemos del líquido elemento. Por el contrario, si se tratara de asegurar un servicio de calidad y con costes reales se mantendría en manos públicas. La experiencia de París, que acaba de remunicipalizar el suministro de aguas —con un Ayuntamiento de izquierdas, claro—, es el mejor testimonio de ello.

    Por tanto, en las actuales condiciones sociales y políticas, un cambio de modelo productivo se hará en base a las necesidades de los propietarios de los medios de producción que, en una economía de mercado, son los capitalistas. En el Estado español, esto supondrá que las principales decisiones, las determinarán «unas 1.400 personas —un 0,035% de la población—» que «controlan las organizaciones esenciales de la economía española y una capitalización equivalente al 80,5% del PIB»1.

    Por eso, cuando las direcciones sindicales o desde posiciones ecologistas se postula un cambio de modelo productivo sin cuestionar las relaciones de propiedad, quedan desarmados ante los argumentos de la burguesía y sus representantes. Javier López, Secretario General de CCOO-Madrid, afirma que los empresarios «han sido muy avaros y muy especuladores», y apuesta por «echar de Madrid» a «los ladrillistas» y quedarse con los empresarios «sanos»2. No es una cuestión de empresarios «sanos» o «avariciosos», el capitalismo es así, la ley de la competencia hace que las inversiones se dirijan hacia los sectores más rentables en búsqueda de la máxima ganancia. «El mercado se mueve por la codicia» explicaba un directivo de una destacada sociedad de valores3. Se refería al mundo financiero, pero se podría extrapolar a todo el funcionamiento de la economía de mercado. La economía capitalista se funda en explotar el trabajo humano y los recursos naturales, por eso crecen constantemente las desigualdades y el medio natural se degrada. Si aceptas la economía de mercado, quedas condenado a negociar a la baja con la patronal.

    El modelo de la patronal

    ¿Qué entiende la patronal por «cambio de modelo productivo»? Michele Boldrin, director de la Cátedra FEDEA-Repsol, le replicaba al presidente del Gobierno que «parece no entender que el crecimiento solamente puede venir desde la iniciativa privada y que el papel del Gobierno es crear las condiciones estructurales para que esa iniciativa se desarrolle, sin intentar adivinar qué actividades o sectores serán los ganadores y cuáles los perdedores»4. En otras palabras, será el mercado y las empresas privadas las que tienen que protagonizar el cambio.

    ¿Y qué piden los representantes de las empresas privadas? Reducir el coste del despido, eliminar la obligatoriedad de los convenios colectivos —dando prioridad a los acuerdos de empresa o entre empresario y trabajador—, dar cabida a las empresas privadas en la tarea del INEM, reducir las prestaciones por desempleo de forma más intensa cuando se esté mucho tiempo en el desempleo —a fin de «incentivar» la búsqueda empleo—, reducir las pensiones a través de la ampliación del periodo que se toma en cuenta para su cálculo y retrasar la edad de jubilación, reducción del gasto público corriente, bajada de las cotizaciones sociales y de los impuestos a las empresas… En definitiva, medidas que permiten un abaratamiento del coste de la mano de obra y que, de aplicarse, profundizarán todavía más el empobrecimiento de la clase trabajadora y un aumento de las desigualdades sociales. Estos argumentos son expuestos por el manifiesto de cien economistas, uno de los cuales acaba de ser nombrado secretario de Estado de Economía5.

    Los mismos que plantean ese nuevo recorte de los derechos sociales y laborales, defienden una supeditación de las medidas contra el cambio climático a las necesidades «económicas» y proponen medidas que sólo van a agravar la sobreexplotación de los recursos naturales. Los ejes centrales son un plan de infraestructuras basado en la ampliación del transporte por carretera y de la alta velocidad ferroviaria, así como nuevas inversiones en la energía nuclear, el uso de agrocombustibles, todo ello dentro de un conjunto de fuentes energéticas —un «mix»— en el que las renovables sólo serían una complemento más, no el pilar fundamental de la producción energética. Y, por el momento, los planes del gobierno socialista van en esa misma dirección6.

    Y eso es sólo prolongar la agonía de un modelo sin futuro. Los combustibles fósiles y la energía nuclear están condenados a acabarse, por lo que debería ser una prioridad central reemplazarlos por el uso de energías renovables al 100%, dejándolos como una fuente de reserva para emergencias. Eso es perfectamente posible si se cambian el modelo de producción7, y consumo, pero otra vez chocamos con la realidad del capitalismo pues reducir el consumo energético, descentralizar la producción de la misma… son medidas que chocan de lleno con los intereses de las grandes compañías privadas del ramo.

    Por tanto, desde las filas de la burguesía sólo nos invitan a proseguir en la dinámica que nos ha conducido a este desastre. Una propuesta de cambio de modelo productivo que persiga garantizar los derechos sociales y una sinergia con el medio ambiente, entra inevitablemente en conflicto con el capitalismo.

    Planificación democrática de la economía

    El profesor Joan Martínez Alier, uno de los representantes de la ecología política en nuestro país, señalaba que numerosos movimientos sociales de países pobres, en su lucha por la supervivencia, «tratan de sacar los recursos naturales de la esfera económica, del sistema de mercado generalizado, de la racionalidad mercantil, para mantenerlos o devolverlos a la ecología humana»8.

    Por ese mismo objetivo peleamos en relación a la sanidad, la educación… pues la experiencia ha demostrado que en manos privadas son un desastre socialmente y carísimo para el erario público, y aún funcionarían mucho mejor si la estructura de estos servicios se democratizara y dejará de estar controlada por cargos públicos y altos directivos más preocupados por ponerlos al servicio de las empresas privadas.

    De lo que se trata es de sacar a la propia actividad económica de la irracionalidad del mercado y someterla a una planificación democrática, lo cual sólo es posible si se pone fin a la propiedad privada de los recursos naturales y de los grandes medios de producción. Siguiendo a Marx, se trataría de que el «valor de uso» de las cosas deje de estar subordinado al «valor de cambio».
    Un ejemplo muy claro es la vivienda: bajo condiciones capitalistas tiende a ser una mercancía más, sometida a las leyes de la oferta y la demanda. Eso ha propiciado el auge especulativo de la construcción residencial en nuestro país. Se han construido cinco millones de viviendas en 10 años y sigue sin estar garantizado el derecho a la vivienda para millones de personas, sobre todo jóvenes, que si no fuera por el colchón familiar, estarían en la calle.

    La primera medida a plantear para resolver el problema de la vivienda es sacarla del ámbito del mercado. Un gobierno de izquierdas consecuente debería promover un amplio patrimonio público de viviendas. ¿Cómo se podría hacer eso? Pues una forma, sería adquiriendo el stock de cerca de un millón nuevas que están sin vender a precio de coste. Estamos hablando de una inversión en torno a los 66.000 millones de euros, menos de la mitad de los recursos que se han puesto a disposición de la banca privada. Esa sería una medida básica que, junto con una política de rehabilitación y de intervención pública de la vivienda vacía, garantizaría el acceso universal a la vivienda9.

    Pero la necesidad de «sacar del mercado» se haría extensiva a al conjunto de los grandes sectores productivos. La energía, las telecomunicaciones, el transporte… auténticos oligopolios privados cuyo funcionamiento es vital para la sociedad y que no pueden ser supeditados al interés privado. Y, sobre todo, sería fundamental transformar en público el sector financiero, pues es la única forma de que los ahorros del conjunto de la sociedad dejen de estar bajo control de una minoría que ya hemos visto cómo los utiliza.

    No son pocos los gobiernos que están procediendo a una política de nacionalizaciones, pero sólo como una medida temporal, para «sanearlas» —eufemismo que indica la transferencia de las deudas privadas de las grandes empresas al erario público—. Sin embargo, aquí conviene recordar que el Estado tampoco es neutral. Lo «público» también reviste un carácter de clase. Se trata de una intervención pública pero bajo control democrático de trabajadores y usuarios… en definitiva, se trata de socializar las fuerzas productivas y reemplazar el mercado por la planificación democrática de las grandes fuerzas productivas. Sólo sobre esa base es posible abrir las puertas a un cambio de modelo productivo que realmente se dé en beneficio de los trabajadores y del equilibrio medioambiental del planeta.

    Notas

    La crisis financiera, guía para entenderla y explicarla. Juan Torres López y Alberto Garzón. Publicado por Attac. http://www.attac.es/
    Madrid Sindical, abril 2009, periódico de CCOO de Madrid.
    José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, publicado en EP 20/05/09.
    Del artículo «Otro modelo, pero en serio» de Michele Boldrin, EP Negocios 17/05/09.
    José Manuel Campa. El llamado «Manifiesto de los cien» puede leerse en http://www.crisis09.es/propuesta/
    «Las estrellas de los presupuestos de 2009 don las autovías, que se llevarán una tajada de 5.636 millones de euros (un 16% más que en 2008), seguidas muy de cerca por el AVE, con 5.629 millones de euros (un 21,6% de aumento). En total, el presupuesto para infraestructuras de 2009, ascenderá a unos escalofriantes 19.271 millones de euros, un 7,5% más que hace un año. ¿Crisis, qué crisis?» El Ecologista nº 59, invierno 2008/2009.
    Así lo demuestra un estudio elaborado a instancias de Greenpeace, publicado en el Atlas Medioambiental de Le Monde Diplomatique de 2008 y que puedes consultar en http://www.greenpeace.org/espana
    Le Monde Diplomatique, mayo 2009.
    Hay aproximadamente un millón de viviendas vacías según el propio ministerio de la Vivienda. Según un estudio del Colegio de Arquitectos y Aparejadores Técnicos de Madrid, el costo de una vivienda de 80 metros cuadrados —mano de obra, materiales y urbanización— estaría en torno a unos 66.000 euros. Es posible que una parte de estas viviendas nuevas sin vender no puedan ser aprovechables por distintos motivos. Además habría que obligar a alquilar, a través de instituciones públicas —municipales o autonómicas— las viviendas que estuvieran vacías sin causa justificada. Y, por último, habría que constituir empresas municipales o autonómicas para la construcción y rehabilitación pública de viviendas. Sólo al final, dentro de un plan que aprovechase los recursos existentes, se procedería a cuantificar y ejecutar la vivienda nueva que fuera realmente necesaria.
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    Argelaguer, Sales de Llierca, Sant Jaume de Llierca, Montagut i Oix, Tortellà, Les Planes d'Hostoles, Sant Feliu de Pallerols, Sant Aniol de Finestres, Besalú, Beuda, Maià de Montcal, Sant Ferriol, Olot, Castellfollit de la Roca, Les Preses, Riudaura, Sant Joan les Fonts, La Vall de Bianya, La Vall d´en Bas, Mieres, Santa Pau Garrotxa Girona Lleida Tarragona Barcelona Catalunya Espanya

    Economía de mercado o planificación democrática | 25-08-2009 - 07:57:09 GMT 1 #

  3. Crisis, ¿qué crisis? La auténtica crisis es que el sistema capitalista continúe su curso

    Andrés Piqueras

    Hace tiempo que la estrategia científica de investigación que concibe la economía como una economía-mundo y el capitalismo como el Sistema que con igual dimensión mundial se explica mutuamente con esa economía, viene insistiendo en que para sopesar en la actualidad cualquier proceso es necesario contemplarlo en su dimensión a la vez histórica y global, de manera que nos permita adquirir la adecuada perspectiva de conjunto.
    Es desde esa perspectiva que la “crisis” actual arroja no pocas dudas y procesos cuanto menos ambiguos.

    Por un lado tenemos las interpretaciones que sostienen que desde las crisis económico-ecológicas de los años 70 del siglo XX, la dinámica virtuosa de acumulación capitalista en las sociedades centrales del Sistema, se abría detenido, y que la posterior ofensiva neoliberal no habría sido sino una prolongación financiero-especulativa de la agonía.

    Por otra parte, no faltan los autores que señalan la recuperación del crecimiento en los centros capitalistas, a partir de 1994, merced a la sofwerización de la economía y a su anejo apéndice financiero (con tasas de crecimiento de 2,6%, que más que duplicaron las del periodo 1974-93, que fueron de 1,2%), y con nuevos repuntes a partir de 2002, después del batacazo de aquella “nueva economía”. Según esta línea de investigación, si bien es cierto que el capitalismo global ha ralentizado su marcha, al acabar el año 2009 la expansión de la acumulación capitalista sigue su curso, pero ya no en las sociedades “ricas”.

    Es difícil precisar las características y proyecciones del dramático impasse que estamos atravesando, pero tal vez nos ayuden a vislumbrarlas ciertas consideraciones.

    Para empezar, lo que sí ha evidenciado la “crisis” de los últimos años en las sociedades centrales es un nuevo aumento de la concentración de capital y de la dominación de clase cuya recomposición se iniciara en los pasados años 70 con la ofensiva neoliberal a escala planetaria. Asistimos también a una reestructuración de la división internacional del trabajo y a un posible reajuste de la propia delimitación entre centros y periferias capitalistas.

    Hagamos algunas concreciones históricas. En los años 70 del siglo XX, con la convergencia de las tecnologías microelectrónica e informática se iniciaba la mundialización de la revolución científico-técnica que expande el principio automático en vez del mecánico, tendiendo a sustituir progresivamente el trabajo manual por el intelectual (proceso que en el corto plazo es casi invisibilizado por la masiva proletarización precaria de más y más sectores de la Humanidad que antes vivían de sí mismos). Sin embargo, a la larga la automatización conlleva la reducción del trabajo en la producción directa, reestructurando las cualificaciones necesarias de la fuerza de trabajo. Esto redefine las demandas sociales de la población trabajadora en dirección al trabajo cualificado, pasando a elevarse el tiempo medio de formación de la fuerza de trabajo y aumentando también, consiguientemente, el valor de ésta (tendencia a largo plazo resultante del desarrollo de las fuerzas productivas).

    Como se sabe, sin embargo, esta concatenación de procesos tiende a reducir la plusvalía relativa y, en consecuencia, también la tasa de ganancia capitalista [1] . Por eso el Capital tuvo que “compensar” tales circunstancias desatando una ofensiva mundial contra el Trabajo, que se conoce como neoliberalismo y que busca la superexplotación de la fuerza de trabajo (incrementando así la plusvalía absoluta) y el aumento del desempleo estructural, que permite reducir los precios de la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Consiguiendo de esta manera contrapesar parcialmente la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

    Esta tasa, la de ganancia, que está implícita en los cambios drásticos de la acumulación capitalista, está sometida a fluctuaciones más o menos regulares respecto a su tendencia en el largo plazo al decrecimiento, que han dado origen a diversas teorías de ondas y ciclos para tratar de explicarlas.

    Los ciclos que investigó el economista soviético Nicolai Kondratiev son periodos de 50 a 60 años de duración, con una fase ascendente (Fase A) de 25 a 30 años y una descendente (Fase B), de similar duración. En las fases ascendentes funcionan los mecanismos antitendenciales y la tasa de ganancia experimenta un fuerte ascenso. La acumulación se realiza, entonces, fundamentalmente a través del sector productivo, donde se desarrollan las innovaciones tecnológicas que habían quedado sin aplicación en la fase descendente debido a su imposibilidad de realización de la ganancia (en cambio, una vez conseguida la elevación de la tasa de ganancia, la expansión de capital se dispara mediante la afluencia y uso de capital “excedente” acumulado pero no valorizado durante la fase de depresión, provocando una nueva onda larga de acumulación).

    El capitalismo histórico ha vinculado o tratado de vincular tradicionalmente la acumulación de capital al monopolio, a través del que se ha venido limitando la competencia mediante la articulación de actores privados al Estado. A escala mundial, en la rápida marcha del sistema capitalista de la dimensión paneuropea a la global, la feroz competencia intercapitalista se vio contrarrestada en parte (sólo en parte) por el liderazgo primero internacional y después mundial de la superpotencia que en cada fase estaba al frente del Sistema, mediante la imposición de ciertas reglas del juego y la ambigua asociación monopólico-intercapitalista para defender intereses comunes frente a la Humanidad. Ninguna otra realizó esto como Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX.

    Durante ese periodo las restricciones políticas a la competencia permitieron coordinar medidas anticíclicas y por tanto, hasta cierto punto, contratendenciales en una gestión más o menos “socialdemócrata” de la dinámica de acumulación. Gestión que tuvo su apoyo en el desarrollo (y en su apéndice de la cooperación ) como paradigma de las metas y modus operandi de las sociedades humanas a partir de la segunda mitad del siglo XX.

    Desde los años 70 de este siglo, sin embargo, todas esas claves se vieron insuficientes para contrarrestar la caída tendencial de la tasa de ganancia capitalista, por lo que la acumulación entró en una nueva fase de descenso o Fase B Kondratiev.

    En las fases B de disminución o incluso freno del crecimiento capitalista, buena parte de las inversiones otrora productivas se refugian en el sector financiero-especulativo ante la imposibilidad de seguir obteniendo valor de las inversiones productivas debido al recurrente problema de sobreproducción que satura el sistema en las economías centrales. En esos momentos ya no se trata ante todo de invertir productivamente para generar más riqueza, sino de competir por la riqueza ya generada (la pugna intercapitalista se encauza y crece a través de los mecanismos de casino del mundo financiero). Dentro de ese objetivo destaca la apropiación privada de la riqueza social o colectiva (en forma de propiedad ancestral comunitaria, en forma de recursos de la Humanidad, en forma de saberes colectivos, en forma de servicios sociales, de redistribución de rentas, de propiedad estatal, en forma de soberanía alimentaria, etc.).

    Otra parte del “capital excedente” que no puede valorizarse productivamente en las sociedades centrales del Sistema, se exporta a las periféricas para su realización productiva, combinando allí el crecimiento de escala intensiva con la tradicionalmente mayoritaria dimensión extensiva del crecimiento. Esto supone la agudización de la exportación de un modelo de crecimiento-desarrollo que requiere de la depredación sistemática de recursos y de “externalizaciones” cada vez más graves para la ecosfera planetaria (tierra, aire, agua, clima, alimentos, fauna, flora…), según las dimensiones de acumulación puestas en juego se hacen más y más grandes.

    Ello quiere decir que ahora la acumulación se realiza fundamentalmente fuera de los centros del Sistema, en las periferias productivas del mismo, que contienen cada vez más inversión tecnológica, en una parcial alteración de la división internacional del trabajo, aunque no (al menos todavía no) de la dinámica de centralización del capital.

    De esta forma, el gran frenazo al crecimiento en las economías centrales, a partir de 2007-2008, es compensado en parte por el crecimiento sostenido de ciertas economías periféricas, especialmente China (que con parámetros opuestos a la doctrina neoliberal a escala de las relaciones económicas internacionales, y su marcha hacia su especial versión capitalista, ha batido los récords de crecimiento, de dos dígitos, aunque en el primer semestre de 2009 haya caído a “sólo” algo más del 6%). Pero esto también es válido para otros países de tamaño continental, como India (que en plena “crisis” de 2008 crecía a 8,5%) y Brasil (que en el tercer trimestre de 2009 crece al 9%), y varios de los países ricos en recursos energéticos (así por ejemplo Venezuela, que después de crecer entre 2004 y 2007 en torno al 10%, tiene en 2009 entre un 3 y un 6% de crecimiento; México sigue creciendo por encima del 3%, el conjunto de países del Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo –Bahrein, Kuwait, Qatar, Omán y Arabia Saudí–, todavía crecían al 5,7% en el segundo semestre de 2008, en plena “crisis”, después de haber crecido en torno al 7%).

    En las propias economías centrales, la “crisis” de las empresas ligadas a la escala estatal se contrapone al auge de buena parte de los grandes capitales de dimensión y proyección transnacional, incluida la punta de la gran Banca, en lo que supone un palmario (y descarado) cumplimiento de la tendencia del Sistema capitalista: la hiperconcentración del capital (cada vez en menos manos).

    Es por eso por lo que algunos autores sostienen que el último ciclo de expansión Kondratiev de la acumulación capitalista (Fase A), que se iniciara a partir de 1994, cobró su mayor auge entre 2002 y 2008, pero todavía está vigente, al menos por unos pocos años más. Su duración dependerá también, obviamente, de la dinámica de las luchas sociales (pues la teoría de los “ciclos” no tiene o no debería tener nada de fatalidad, sino sólo el apunte contrastado de tendencias , y por ello será tanto más fiel a la realidad cuanto que incluya también la lucha de clases como factor interno y no ajeno al propio ciclo).

    Por el momento, la producción en las economías centrales y las posibilidades de realizar la acumulación capitalista a través de contratendencias a la caída de la tasa de ganancia, se ven socavadas paradójicamente por el progreso técnico-científico y la valorización de la fuerza de trabajo que le acompaña.

    Por eso mismo, el Capital necesita:

    Por un lado, desvalorizar esa fuerza de trabajo; proporcionalmente más cuanto más cualificada.
    De ahí, entre otras estrategias, la reforma educativa de Bolonia, que busca multiplicar y polijerarquizar los grados de cualificación, para tener profesionales a diferentes precios de mercado, presionando en conjunto hacia abajo el precio de la “fuerza de trabajo intelectual”, cada vez en más casos por debajo de su valor.

    De otra parte, la cada vez mayor dependencia que muestra la acumulación capitalista respecto de la (extra)explotación humana (es decir, del trabajo vivo ) hace que las economías centrales tengan que “importar” para sus mercados internos la superexplotación de la fuerza de trabajo especialmente radicada desde los últimos 60 años en las economías periféricas, difundiéndose las condiciones de la plusvalía absoluta a escala mundial.
    Este es el objetivo, entre otros, de los Acuerdos de Maastricht y de la “Cumbre de Lisboa”, en la UE y de las sucesivas reformas de los mercados laborales en las economías centrales.

    Como quiera que este proceso se refuerza con la importación de la propia fuerza de trabajo de las sociedades periféricas para presionar a la baja sobre el poder social de negociación y las condiciones laborales de la población trabajadora de los países centrales, los acuerdos y reformas mencionados son acompañados por disposiciones jurídico-legales sobre extranjería en la UE y en el conjunto de sociedades que importan fuerza de trabajo, a fin de hacer que mano de obra migrante global se encuentre lo más vulnerable y desprotegida posible, como población cautiva y prácticamente sin derechos, para utilizar a la carta.
    Esta es la cruz de la crisis para la Humanidad.

    En la actualidad el avance científico-técnico (que aumenta la composición orgánica de capital –es decir, la proporción de trabajo muerto -) se une a la pérdida de liderazgo global de EE.UU., para explicar la agudización de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Sólo la fase expansiva centrada en las periferias ascendentes, permite contrarrestarla. Pero al precio de unos costes humanos y ecológicos sobrecogedores a escala planetaria.

    Sin embargo, por un lado, por motivo de la aguda competencia capitalista interna y de la estrechez de sus mercados, estas periferias pueden llegar pronto a su propia sobreacumulación, atascando la posibilidad de valorización del capital productivo y provocando la obturación de la inversión de los capitales excedentes de las sociedades centrales. Circunstancia que generaría, ahora sí, un verdadero cataclísmico desacompasamiento de las finanzas y de los valores bursátiles respecto de la “economía real”.

    Por otro, está por ver si el ascenso chino, que responde a parámetros muy diferentes, puede por él sólo continuar tirando de la demanda energética, posibilitando una dinámica de arrastre de los países con alta riqueza en fuentes fósiles no monopolizadas por EE.UU (véase por ejemplo, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Irán y diversos países africanos). Pero aquí nos encontramos con unos ineludibles límites de agotamiento de recursos y de “externalidades” ya inasumibles por la ecosfera. Y es que el crecimiento capitalista tiene una capacidad cada vez menor de desarrollar las fuerzas productivas, incrementando en cambio, exponencialmente, las fuerzas destructivas , al tiempo que genera tormentos sin fin a los seres humanos.

    La fase recesiva o de crisis real del conjunto del Sistema capitalista podría estar produciéndose dentro de las próximas dos décadas, indisociablemente unida a la crisis ecológica planetaria, generando los factores de agotamiento de la civilización capitalista, que, sin respuesta de la Humanidad en forma de otro devenir socioeconómico y modelo civilizatorio, puede imponer una drástica coyuntura para la vida humana misma.

    Ese posible nuevo “modelo” puede recibir el nombre que se quiera, pero habría de estar presidido al menos por dos factores clave: el decrecimiento y la socialización de los medios de vida y de gestión de las sociedades humanas.

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    [1] La tasa de beneficio capitalista tiende a declinar según se sustituye trabajo humano (trabajo vivo ) por trabajo mecanizado o automatizado (trabajo muerto ), ya que la plusvalía sólo puede obtenerse de la explotación humana (las máquinas las hicieron y programaron otros seres humanos, que incorporan su trabajo como trabajo pasado –“muerto”- y pagado, en ellas).
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    Crisis, ¿qué crisis? La auténtica crisis es que el sistema capitalista continúe su curso | 24-11-2009 - 09:04:02 GMT 1 #

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