El Estado Mayor templario, juicio contra el Temple bula Vox in excelso
Juan R. Lejarza, Argelaguer la Garrotxa (Girona): El Estado Mayor templario, juicio contra el Temple bula Vox in excelso.-Pergamino de Chinon, diócesis de Tours, 17-20 de agosto de 1308. Formato original de un único pergamino de grandes dimensiones (700 x 580 mm.), originariamente con sellos pendientes de los tres legados apostólicos que formaban la Comisión especial apostólica ad inquirendum nombrada por Clemente V: Bérenguer Frédol, cardenal sacerdote del título de los santos Nereo y Achilleo y sobrino del papa, Étienne de Suisy, cardenal sacerdote de San Ciriaco in Thermis, y Landolfo Brancacci, cardenal diácono de San Angelo. Su estado de conservación es discreto, aunque tiene vistosas manchas violáceas debidas al ataque de las bacterias. El original estaba acompañado de una copia simple contemporánea que todavía se conserva en el Archivo Secreto Vaticano con la signatura Archivum Arcis, Armarium D 218. ASV, Archivum Arcis, Arm. D 217 El documento contiene la absolución impartida por Clemente V al último Gran Maestro del Templo, el fraile Jacques de Molay, y a los demás jefes de la Orden después de que estos últimos hicieran acto de penitencia y solicitaran el perdón de la Iglesia; tras la abjuración formal, obligatoria para todos aquellos sobre los que recayera la sospecha de herejía, los miembros del Estado Mayor templario son reintegrados en la comunión católica y readmitidos para recibir los sacramentos. Perteneciente a la primera fase del juicio contra los Templarios, cuando Clemente V todavía estaba convencido de poder garantizar la supervivencia de la orden religiosa y militar, el documento responde a la necesidad apostólica de eliminar de entre los frailes guerreros la infamia de la excomunión en la que se habían enredado solos al admitir que habían renegado de Jesucristo bajo las torturas del inquisidor francés. Como confirman distintas fuentes de la época, el papa comprobó que entre los templarios se habían insinuado graves formas de malas costumbres y planificó una reforma radical de la orden para después fundirla en una única institución con otra gran orden religiosa-militar, la de los Hospitalarios. El acto de Chinon, supuesto necesario para la reforma, sin embargo, se quedó en papel mojado. La monarquía francesa reaccionó poniendo en marcha un verdadero mecanismo de chantaje que obligará seguidamente a Clemente V a dar un paso definitivo durante el concilio de Vienne (1312): al no poder oponerse a la voluntad de Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, que imponía la eliminación de los Templarios, el papa, una vez escuchado el dictamen de los padres conciliares, decidió suprimir la orden “con norma irreformable y perpetua” (bula Vox in excelso, 22 de marzo de 1312). Clemente V especifica, sin embargo, que esta sufrida decisión no constituye un acto de condena por herejía, al cual no se habría podido llegar sobre la base de las distintas investigaciones realizadas en los años anteriores al concilio. Para pronunciar una sentencia definitiva, por tanto, habría sido necesario un proceso regular que contemplara entre otras cosas la exposición de los argumentos de la defensa por parte de la orden. Pero el escándalo suscitado por las infamantes acusaciones dirigidas a los Templarios (herejía, idolatría, y prácticas obscenas) habría disuadido a cualquiera, según el pontífice, de llevar la vestimenta templaria y, por otra parte, una dilación en la decisión sobre tales cuestiones habría producido la dilapidación de ingentes riquezas ofrecidas por los cristianos a la orden, encargada de correr en ayuda de la Tierra Santa para combatir a los enemigos de la fe. La atenta consideración de estos peligros, junto con las presiones por parte francesa, convencieron al papa a suprimir la Orden de los Caballeros del Templo, al igual que en el pasado, y por motivaciones menores, había sucedido a órdenes religiosas de importancia mucho más relevante. Los Templarios,”pobres soldados de Cristo y del Templo de Toda una perfecta organización de encomiendas, aldeas, establecimientos, molinos e iglesias productivas, sin pagar impuestos ni diezmos, que permitió a los Templarios no sólo sufragar todos sus gastos en Oriente, sino fortificar Oriente y Occidente con castillos, pues ya he dicho que además fueron los banqueros de Europa, y uno de sus principales navieros.
Salomón”,como reza el encabezamiento de su regla primitiva,y que habiendo sido siempre valientes soldados,fueron mejores terratenientes y banqueros,incluso expertos marinos, ídolos de una Europa cristiana que quería morir con sus hábitos,aunque también de una Europa que dejó de creer en ellos, cuando la perfidia e interés de un Rey –Felipe IV de Francia-,y la injusticia y cobardía de un Papa –Clemente V, también francés- creyó la gran patraña de que fueron herejes, por prácticas de recepción de novicios que,cuando se realizaron,fueron simples novatadas de prueba. Por supuesto, el ídolo que adoraban era el escapulario que, representando a la Sabiduría, es lo único que les hace acreedores de ser considerados esotéricos.
No existe, pues,”cuarta dimensión del Temple”,aunque,desde el siglo XVIII, sean un grado masónico del Rito Escocés.
Los Templarios, soldados y banqueros; la Orden del Temple, creada por Hugo de Payns en la Jerusalén de la I Cruzada, entre los años 1118 y 1120,constituye tal vez el episodio más vergonzoso de la Europa cristiana de los siglos XII a XIV) porque sus ingentes riquezas no siempre tuvieron orígenes lícitos, y fue abolida mediante el caso más vergonzoso de la Inquisición de esos siglos.
La I Cruzada, predicada por Urbano II el último día del Concilio de Clermont, Alvernia, el 27 de noviembre de 1095,comenzó matando en masa todos los judíos del valle del Rhin, robando a los campesinos húngaros, saqueando los campos bizantinos, degollando sarracenos al entrar en Jerusalén, apoderándose de cuanto encontraron y quemando vivos a los judíos reunidos en la sinagoga principal, el 7 de junio de 1099.
Se instauró así lo que se llamó reino de Jerusalén, con Godofredo de Bouillon como primer gobernador (Advocatus Sancti Sepulchri),y su hermano Balduino I como primer rey.
Como no me propongo historiar las Cruzadas, ni siquiera la de la Orden del Templo de Jesuralén, o Pobres Caballeros de Cristo, recuerdo que Hugo de Payns y otros ocho caballeros, de los que conocemos los nombres de cinco, concibieron la idea de que hubiera religiosos y militares que defendieran a los peregrinos que iban a los Santos Lugares, y así nacieron los llamados Templarios, porque Balduino II los alojó en su propio palacio, que era la mezquita de Al-Aksa, construida sobre el atrio del Templo de Salomón.
Los Templarios, primera Orden Militar, aunque combinando siempre diplomacia y espíritu castrense, fueron indudablemente los que con más valor defendieron siempre lo que seguimos llamando reino de Jerusalén, así como todas las encomiendas y castillos que fundaron o conquistaron en su cercanía.
En 1127 Balduino II, rey de Jerusalén, escribió a San Bernardo, abad de Claraval, para que Honorio II favoreciese en todo lo posible al primer Maestre de la Orden, Hugo de Payns, que preparaba un viaje a Roma para solicitar la aprobación pontificia de su Orden. Y como San Bernardo era sobrino de Andrés de Montbard, uno de los nueve fundadores, se convertirá en el primer valedor de la Orden del Temple, y consiguió que Honorio II convocara el Concilio regional de Troyes, que inició sus sesiones el 13 de enero de 1129, y aprobó la Orden.
Desde un año antes Hugo de Payns y otros cuatro cofundadores estaban en Italia, Francia e Inglaterra promocionando su Orden, y enviando a Raimundo Bernard para que la promocionara en España. Y fue tal su éxito, que regresaron en 1129 a Jerusalén cargados de oro y plata, y acompañados ya de muchos caballeros, entre ellos Fulco V de Anjou, que llegó como prometido de la princesa Melisenda, con la que se casó en diciembre.
Con las cuantiosas donaciones que se hicieron a la Orden principalmente en Francia, Inglaterra, España, Portugal e Italia; con lo que aportaban a la Orden cuantos ingresaban en ella; y con los préstamos hipotecarios que hacía la Orden a cuantos querían visitar los Santos Lugares, la Orden del Temple se convirtió en pocos años en toda una potencia económica, banquera de Europa, e incluso potencia marítima, aliada de Venecia, que con puerto principal en Marsella, trasladaba a Jerusalén en barcos propios no sólo peregrinos, sino cuanto producía en sus provincias de Inglaterra, Irlanda, Escocia, Francia, Normandía, Borgoña, Poitou, Aquitania, Gascuña, Auvernia, Alemania, Lombardía, Portugal, Castilla, Aragón, Cataluña, Rosellón, Navarra, etc.
Se puso de moda no sólo hacerse Templario, sino ser enterrado como Templario, y todos, como he dicho, hacían al Temple numerosas donaciones, e incluso Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Navarra, dejó en testamento (1131) sus reinos a las tres Ordenes internacionales de Tierra Santa: el Temple, el Hospital y el Santo Sepulcro. Como reunían sus posesiones mediante permutas, e intentaban comprar cuanto había entre una posesión y otra, racionalizando la producción, el Temple fue uno de los mayores terratenientes de Europa, además del principal banquero, o si lo prefieren la primera potencia feudal de la Europa de estos siglos, recibiendo la quinta parte de cuantas tierras de conquistaban a los árabes en España, cultivando sus posesiones con campesinos de la gleba o esclavos musulmanes, y dando en arrendamiento cuanto no producía mucho, por lo que entre agricultura, ganadería, banca, empleos públicos, comercio con Siria y Egipto y transportes recibían más rentas que los propios reinos cristianos de estos siglos. Y digo todo esto para que se comprenda por qué van a ser suprimidos, acusados de herejes, cuando al desaparecer el reino cristiano de Jerusalén ya no sean útiles.
No creaban encomiendas hasta que no obtenían excedentes que exportar a Tierra Santa, cada una de estas encomiendas fueron pueblos con parroquia propia, muchas con castillos, y es imposible precisar su número, pues al menos fueron mil quinientas.
Añadamos el oficio de banquero, y de transportistas a Tierra Santa, en flota propia, sus negocios mercantiles con los propios musulmanes a los que combatían, así como con Siria y Egipto, y el misterio de los Templarios no fueron las herejías y homosexualidad de que se les acusó para suprimirles como Orden Militar, ni el esoterismo y gnosticismo que se quiere ver en ellos como residentes en el antiguo Templo de Salomón, sino haber sido valientes en combate, diplomáticos y comerciantes con el enemigo, buenos administradores de enormes posesiones. y desde luego cristianos fanáticos.
En 1291 se perdió definitivamente el reino cristiano de Jerusalén, tras la toma de Acre el 19 de mayo, pero fue precisamente el castillo templario el último en rendirse.
Esquieu de Floyran, nacido en Béziers y prior de Montfalcon, es quien calumnió a los templarios, a finales de 1305, primero ante Jaime II de Aragón, y después ante Felipe IV el Hermoso de Francia, pero la detención y confiscación de bienes de los Templarios, y su conocido proceso inquisitorial, tuvo exclusivamente motivaciones económicas, no creyendo tampoco conveniente resumir este proceso, pero volviendo a repetir que es uno de los más vergonzosos del catolicismo, pues aunque el Maestre Templario, Jacobo de Molay,y muchos de sus colaboradores, no fueran muy valientes en muchas de sus declaraciones inquisitoriales, la verdad es que sólo confesaron herejías y homosexualidades inexistentes tras torturas inquisitoriales, o a la vista de los instrumentos de tortura, pero no cuando no fueron torturados, ni se les amenazó con tortura, siendo ejecutados con dignidad el 18 de mayo de 1314, sin ni siquiera terminarse el Concilio de Vienne, con un Clemente V siempre indeciso, pero que también ordenó aplicar torturas, y que condenó a la Orden sin juzgarla, admitiendo que no existían pruebas contrastadas, por lo que es la historia, y no sólo mi persona, quien afirma que los procesos contra los Templarios fueron un atentado al Estado de Derecho, una burla a la justicia, y una clara y gran vergüenza para la Iglesia católica. (1 foto Lejarza: Jaume I Conqueridor membre militar del Temple Ares del Maestre- Jaime I el Conquistador miembro del Temple, templario militar)

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del.icio.us



I Congreso Internacional para la divulgación de la Historia de: La Orden del Temple
Ordo Supremus Militaris Templi Hierosolymitani O.S.M.T.H.
ENCUENTRO
Zaragoza, punto de encuentro de los templarios de todo el mundo albergará en diciembre el Congreso para la Divulgación de la Historia de la Orden del Temple.
ZARAGOZA
El 18 de marzo de 1314 Jacques de Molay, gran maestre de la Orden del Temple, ardió en la hoguera atado a una estaca frente a las puertas de Notre Dame de París. Se cerraba así , al menos para la Historia, uno de los procesos más polémicos y debatidos en el seno de la Iglesia. Y se abría un nuevo capítulo: el misterio, los enigmas, las preguntas sin responder...
Divulgar el pasado verdadero del Temple e intentar derribar errores comúnmente admitidos, es el propósito del congreso que se va a celebrar el próximo mes de diciembre en Zaragoza, organizado por OSMTH (Ordo Supremus Militari Templi Hierosolymitani) de Italia. Con más de 6.000 miembros, la OSMTH es la organización templaria más grande del mundo, y ha sido reconocida por la ONU como organización no gubernamental, con estatus especial de consultor.
El congreso intenta responder a preguntas como ¿por qué motivos se creó el Temple?, ¿cuál era su filosofía?, ¿quiénes fueron sus fundadores, ¿cómo consiguieron tanto poder?, ¿qué reinos les cobijaron y por qué?... Busca dar, en suma, un ajustado panorama de todo lo que la Orden de los Caballeros Templarios, que desempeñaron un importante papel en la Corona de Aragón. Hubo fortalezas templarias en Novillas, Ambel, Alberite, Novallas, Encinacorba, Monzón, Chalamera, Alfambra, Villel, Libros, Villarluengo, Castellote y Cantavieja.
El congreso tendrá lugar el 4, 5 y 6 de diciembre de 2009 en el palacio de congresos de Zaragoza. "Nuestro objetivo es darle la relevancia que le pertenece a la Península Ibérica -aseguran los organizadores- intentando revaluar la función del Temple en España y Portugal y de este territorio en la historia del Temple".
En las jornadas participarán destacados historiadores, que abordarán todo tipo de temas relacionados con la orden. Además, la OSMTH tendra su propia exposición abierta al público, y habrá un espacio destinado a la proyección de películas españolas sobre las Cruzadas y los Templarios. Y todos los ayuntamientos de España y Portugal con vestigios templarios tendrán la oportunidad de ofrecer a congresistas y visitantes material divulgativo sobre su legado.
Programa temático
Viernes 4 de diciembre de 2009
15.00 – 19.00 Registro de congresistas - Entrega de documentación
19.00 – 20.00 Acto Inaugural
20.00 – 22.00 Cóctel
Sábado 5 de diciembre de 2009
10.00 – 11.00 Primera conferencia
"Tierra Santa" – "Península Ibérica"
11.00 – 11.30 Debate
11.30 – 12.00 Pausa café
12.00 – 13.00 Segunda conferencia
"El Temple en Europa"
13.00 – 13.30 Debate
15.00 – 16.00 Tercera Ponencia
16.00 – 16.30 Debate
16.30 – 17.30 Mesa Redonda
"El Temple en los Reinos de España y Portugal"
17.30 – 18.00 Debate
Domingo 6 de diciembre de 2009
10.00 – 11.00 Cuarta conferencia
"El Temple en el Reino de Aragón"
11.00 – 11.30 Debate
11.30 – 12.00 Pausa café
12.00 – 13.00 Quinta conferencia
"El Proceso"
13.00 – 13.30 Debate
15.00 – 16.00 Sexta conferencia
Arquitectura Templaria"
16.00 – 16.30 Debate
17.00 – 18.00 Mesa redonda
Simbología Templaria
18.00 – 18.30 Debate
18.30 Acto de Clausura
"Los Templarios de Hoy"
Ponentes invitados
Prof. Stelio W. Venceslai
Gran Prior de la OSMTH de Italia
Dan Sita
Comendador de Bolonia (Italia)
Sr. Fabrizio Bartoli
Gran Maniscalco del Gran Priorato OSMTH Italia
Sr. Josep M. Sans i Travé
Director del Archivo Nacional de Cataluña
Mr. José Medeiros
Canciller del Priorato de la Orden de Cristo de Portugal
Mr. Nuno Vilamariz
Especialista en Castillos Templarios de Portugal
Sr. Juan Eslava Galan
Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Granada
Prof. Barbara Frale
Doctorada en Historia – Oficial del Archivo Secreto Vaticano
Sr. Joan Fuguet
Doctor en Historia por la Universidad de Barcelona – Licenciado en Bellas Artes y en Historia del Arte
Sr. Fernando Arroyo
Presidente fundador de la Sociedad de Estudios Templarios y Medievales “Templespaña” – Investigador especializado en la historia de la Orden del Temple
Sr. Miguel Hernández-Bronchud i Onna
Master en Biología Molecular por la Universidad de Cambridge - Doctor en Medicina por la Universidad de Oxford, Oncólogo - Investigador y Escritor
Sr. Carles Mancho Suarez
Director del Instituto de Investigación en Culturas Medievales de la Universidad de Barcelona - Profesor del Departamento de Historia del Arte - Universidad de Barcelona
Moderadores invitados
Sr. Josep Guijarro Triadó
Periodista y Escritor
Sr. Ernest Blanch Pamies
Editor de la revista "Historia del Mundo MEDIEVAL"
I Congreso Internacional para la divulgación de la Historia de: La Orden del Temple | 19-08-2009 - 18:17:04 GMT 1 #
I Congreso Internacional para la divulgación de la Historia de: La Orden del Temple
Ordo Supremus Militaris Templi Hierosolymitani O.S.M.T.H.
Zaragoza (Aragón), punto de encuentro de los templarios de todo el mundo albergará en diciembre el Congreso para la Divulgación de la Historia de la Orden del Temple.
Palacio de congresos Expo-Aragón
Zaragoza - España 4-6 de diciembre 2009
Secretaría
OTAC, S.A.
C/Tarragona 84-90 Esc. C 1º 1ª
08015 Barcelona (Catalunya)
España
Telf.: +34 932 892 440
FAX.: +34 933 252 708
e-mail: info@congreso-historia-del-temple.com
I Congreso Internacional Orden del Temple | 23-08-2009 - 05:40:22 GMT 1 #
Un análisis jurídico de la situación Templaria hoy.
El verdadero estatus de la Orden
¿Puede la Iglesia devolverle el “Fons Honorum” a la Orden Templaria? , si es así ¿que es
necesario para que ello suceda?, Decirse Templarios ¿es correcto?, ¿donde están los templarios
hoy día?
Por C.C. Fr.+ Lic. Mauricio Octavio Lopez, Preceptora del Cuerpo de Escuderos
Priorato Magistral de Mexico OSMTH/OSMTJ
INTRODUCCIÓN.
Una de las razones que me llevaron a la decisión de pertenecer a la ORDO SUPERMUS MILITARIS
TEMPLI HIEROSOLYMITANI fue que se me dijo que el Vaticano estaba en proceso de reconocer a la
Orden después de siete siglos.
Un ejemplo de lo anterior, según se me decía, era la publicación en la página Web del Vaticano,
del llamado “Pergamino de Chinon”. Todo parecía coherente, pero había algo que faltaba: pensar
con la cabeza fría.
Un estudio sobre el “Pergamino de Chinon” lo presenté hace ya algún tiempo, y fueron tres
análisis titulados “EL DOCUMENTO DE CHINON (I, II y III)”.
En esta ocasión no trataré tanto sobre este documento, sino que me enfocaré a la situación real
de la Orden, a la luz, tanto del Pergamino mismo, como de diversas circunstancias que nos harán
tomar conciencia sobre cuál es nuestra ubicación frente a la Iglesia Católica Romana.
OBJETIVO.
El objetivo del presente documento es establecer la opinión del suscrito sobre la situación de la
Orden, y dejar de soñar con falsas expectativas. Procuro establecer una base sobre la cual
empecemos a discutir y diseñar las estrategias a seguir en nuestro futuro.
CONSIDERACIONES.
Debemos partir de ciertas consideraciones. La primera es si queremos que la bula Vox in Excelso
sea nulificada o no. Si queremos que se nulifique, es por las siguientes razones, entre otras:
a) Un sentido de justicia tras la injusticia cometida contra nuestros hermanos
mayores;
b) Un deseo de reivindicar el buen nombre de la Orden tras las injurias proferidas
por el entonces Rey de Francia Felipe IV y su abogado Guillermo de Nogaret;
c) Un deseo de que la Orden reciba el FONS HONORUM nuevamente, y que
volvamos a nuestra casa original.
FALSEDADES QUE SE HAN DICHO.
Con mucha frecuencia hemos encontrado diversos artículos, e incluso, conversaciones en donde
se nos dicen cosas que no tienen sustento. Veamos algunos ejemplos:
1.- “El Vaticano ha abierto un proceso para que nuevamente se reconozca a la Orden”.
La anterior aseveración es totalmente falsa, sin sustento y fuera de la realidad. El Vaticano
no puede iniciar motu proprio un procedimiento respecto del cual no tiene motivos
suficientes para iniciarlo. Sería como si un Juez, después de mucho tiempo de haber
dictado su sentencia, inicia una apelación con el propósito de revocar su propia sentencia.
Hasta donde tenemos entendido, en el Vaticano no existe procedimiento alguno iniciado por el
Sumo Pontífice para lograr el reconocimiento de la Orden.
Por lo tanto, la aseveración aquí estudiada es falsa.
2.- “El Vaticano, al haber publicado pergamino de Chinon está reconociendo que el juicio
contra los templarios fue una farsa”.
Igual que la anterior. Esta aseveración es falsa de toda falsedad.
Ya lo indicamos en nuestro estudio previo sobre el Pergamino de Chinon, el hecho de publicarlo no
constituye en forma alguna un reconocimiento de que el juicio fue una farsa. Consideremos que el
pergamino data de 1308, durante la primera época de la Comisión Papal. Por lo tanto, era una
época temprana del procedimiento.
Lo que sí nos puede llevar a lo anterior es un análisis del pergamino de Chinon. Derivado de dicho
análisis podremos establecer diversas acciones, pero como dije anteriormente, el hecho de haber
publicado dicho pergamino no significa en forma alguna que el juicio haya sido una farsa.
Para poder establecer la farsa, tendríamos que analizar la totalidad de los autos del juicio.
Necesitamos analizar lo que en Abril de 1310 Pedro de Bologna indicó durante la defensa de la
Orden. Pero el solo pergamino no nos da toda la luz al respecto.
En todo caso, vemos que la Iglesia nos está proporcionando los elementos suficientes para
continuar el procedimiento ¿cuál? Eso será materia de estudio posterior.
3.- “Con la publicación del pergamino de Chinon el Vaticano está pidiendo disculpas
públicas a la Orden”
Falso de toda falsedad. En ninguna parte, ni directa ni indirectamente se ofrece una
disculpa pública.
Ahora bien, el Papa Clemente V emitió la bula Vox in Excelso en la que, tras las diversas
actuaciones judiciales llevadas a cabo, suspendió a la Orden entera.
Claro está, en virtud de que dicha bula no fue ratificada de manera adecuada, vemos que el status
es de suspensión, mas no de abolición.
4.- “Con la publicación de “processus contra templarius” ya se está reconociendo la
falsedad del juicio”.
Error. El libro “processus contra templarius” simplemente hace una recopilación de las
actas levantadas durante el proceso contra los templarios. Nos puede dar mucha luz sobre
los argumentos, las acusaciones y todos los hechos relevantes. Pero de ninguna forma se
está reconociendo cosa alguna.
En todo caso, vemos una buena voluntad de que se nos ofrece un material para poder tomar una
decisión, tal como lo veremos líneas más adelante.
EL VERDADERO STATUS DE LA ORDEN.
La Bula Vox in Excelso.
Debemos partir de un punto. La bula Vox in Excelso necesitaba ser ratificada por el Concilio de
Viena de 1312. Debemos señalar que antes de que el Papa Clemente V empezara a hablar, un
sacerdote indicó que so pena de excomunión, nadie estaba autorizado para hablar ni interrumpir
al Santo Padre, salvo que éste le diera la palabra.
Consecuentemente, en silencio escucharon… y en silencio se fueron, pues en ningún momento el
Papa otorgó la voz a alguien más. En este punto radica el artificio del Papa para evitar la supresión
total de la Orden.
Participación papal.
Al haber indicado el Papa en su bula que la orden quedaba suprimida, pero al no ser ratificada la
bula, la Orden queda en un status intermedio, pues no queda abolida por falta de ratificación por
parte del Concilio, por lo que queda suspendida.
Ello significa que no hay problema de excomunión ipso facta por el hecho de pertenecer a la
Orden, sino que está en un estado de “hibernación”, por llamarlo de alguna forma. No está
abolido el uso de las insignias, el uniforme, el manto, etc. pues sólo hubo suspensión, no abolición.
Pero tenemos un pequeño problema, y es el que será materia de estudio, y es el hecho de que
hubo participación papal, es decir, que el Papa participó en la determinación del status actual de la
Orden, por lo que, como veremos, sólo el Papa está legitimado para cambiar dicho status.
Reconocimiento de la Orden.
Ahora bien, al estar suspendidos, la Iglesia no puede reconocer la existencia jurídica de la Orden.
Por lo tanto, no esperemos que nos reconozcan, que digan “sí, conocemos a la Orden…” ni
esperemos que digan “los templarios son reconocidos por la Iglesia…”
En virtud de estar suspendidos, la Iglesia, como dije, no puede reconocernos, pues jurídicamente,
la Orden no existe.
Acciones de caridad de la Orden.
El intentar que se nos reconozca sería contrario al espíritu mismo de la Sigilum militie Xsti. Es
decir, sería contrario al espíritu propio de la milicia silenciosa de Cristo.
Por lo tanto, no pretendamos que nos alaben, o que nos inviten al altar a celebrar la Santa Misa,
pues jurídicamente no estamos capacitados, como Orden, a hacerlo. Ello es vanidad, disfrazada de
una falsa caridad.
Por lo tanto, las obras de caridad de la Orden, desde la perspectiva propia de la Iglesia, no existen,
pues la Orden no existe jurídicamente hablando.
Lo que sí podemos hacer, es A TÍTULO PERSONAL cualesquiera acciones de caridad. Las mismas
serán reconocidas como acciones de laicos.
Ahora bien, como laicos que somos, se nos debe permitir entrar a las iglesias, se nos debe permitir
participar en ella, incluso participar como Ministros de la Eucaristía o de la Palabra (siempre y
cuando tengamos la preparación para ello), apoyando a grupos juveniles, infantiles, grupos de
Pastoral, etc. Ello es así, porque somos laicos bautizados.
Podemos hacer lo anterior, incluso, con nuestros mantos, dalmáticas e insignias.
Pero no podemos hacerlo a título de la Orden, pues, se itera, no estamos reconocidos como
Orden, por estar suspendidos.
Por lo tanto, no pretendamos que por nuestras acciones reconozcan a la Orden. Como dije ya, la
situación de la Orden debe ser decidida en el Vaticano, en virtud de que hubo participación papal.
POSIBLES ACCIONES A SEGUIR. Ante lo anterior, se nos presenta un abanico de posibilidades a
seguir. Claro está, siempre y cuando queramos que se nos otorgue nuevamente el FONS
HONORUM y que por nuestro sentido de la justicia, queramos que la Orden arribe nuevamente a
su casa original que es la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Veamos algunas acciones a seguir, y sus posibles consecuencias.
Proceso de nulidad de la Bula Vox in Excelso.
Todo proceso de nulidad implica que alguien no está de acuerdo con la decisión de la autoridad,
por lo que se “rebela” contra tal autoridad para que ésta dicte lo que en derecho proceda sobre la
nulidad o no nulidad de la bula.
En este caso, si bien es cierto que existen elementos suficientes para solicitar se declare la nulidad
de la bula, también es cierto que tenemos algunos puntos a considerar:
1.- La Iglesia nos vería como “rebeldes” y poco humildes que no saben aceptar con
humildad y sumisión las órdenes del superior.
2.- Por lo tanto, se iniciaría seguramente una campaña de desprestigio en contra de la
Orden, pues la Iglesia no estará del todo contenta con tal acción.
3.- Para nuestra desgracia, quien va a decidir, será el Papa, que es la misma institución que
emitió la bula. Ergo, las posibilidades de éxito se ven muy lejanas.
El proceso de nulidad tiene como base dos hechos:
a) Las confesiones fueron arrancadas por tortura, que si bien es cierto, en aquella
época era válida, en 1310 fue invocada la nulidad de las declaraciones porque
no fueron emitidas con total libertad. Esta invocación la hizo en su momento
Fr.+ Pedro de Bologna.
b) El Papa Clemente V estuvo presionado por la autoridad del Rey Felipe IV de
Francia, por lo que no tuvo suficiente libertad para emitir su veredicto.
Renuncia a la defensa de la Orden y formación de un grupo nuevo.
Ya sé que estas líneas van a causar un problema y un rechazo terribles, pero hay que
mencionarlas.
Podría la Orden renunciar a su defensa, dejar las cosas como están, y formar un nuevo grupo que
inicie todo el proceso de reconocimiento como grupo católico.
El gran problema, es que no podríamos cumplir con nuestros objetivos de la defensa de la justicia
ni de la obtención del FONS HONORUM a favor de la Orden. Podemos hacerlo a favor de otra
institución, pero esa institución no es la Orden.
Por llamarlo con un eufemismo, se trataría de una traición a la Orden.
Digo que es traición a la Orden porque estamos colocando nuestro interés personal de participar
en la Iglesia sobre el interés de la Orden, que hoy más que nunca, necesita que acudamos a su
auxilio.
Solicitud de cierre de instrucción.
Debemos partir de la base de que la sentencia que dictó Clemente V, como bien lo señala la página
Web del Vaticano, no fue una sentencia definitiva. Incluso, la misma no ha sido ratificada, por lo
que está en estado de suspenso.
- Solicitar el cierre de la instrucción es pedir se dicte sentencia.
En este caso, se trata de una sentencia definitiva, inapelable e inatacable.
Obviamente, para ello, habría que continuar el proceso jurídico ya iniciado en 1308 (pues en 1307
había comenzado el juicio civil). Se tendría un momento para presentar los alegatos a favor de la
Orden y se solicitaría se dicte sentencia.
El único punto que no me gusta de este camino es que sería una única oportunidad. Y si en un
momento dado, las relaciones con El Vaticano no están en un buen momento, las esperanzas de
obtener un fallo favorable serían muy bajas.
Negociación con el Papa.
Esta postura se me hace la más coherente y más viable.
Para empezar, tal como lo mencioné líneas arriba, hubo participación papal, por lo que será el
Papa quien determine si continúa o no con el procedimiento.
Cuando se inicia una negociación, primero se establecen los puntos a negociar, se inicia la
negociación y el convenio final se redacta, para que ya con posterioridad, los abogados le demos el
toque jurídico y el sustento necesarios para que sean jurídicamente válidos y obligatorios.
La negociación con el Papa deberá forzosamente incluir los siguientes puntos:
a) Quién dirigirá a la Orden;
b) Requisitos de los prioratos para ser reconocidos;
c) Beneficiarios del reconocimiento de la Orden;
d) Compromisos de la Orden en la vida diaria de la Iglesia;
e) Carisma y ratio essendi de la Orden;
f) Regla a la que se sujetará la Orden;
g) Derechos de la Iglesia sobre la Orden;
h) Derechos de la Orden en la Iglesia;
i) Compromisos de la Iglesia para con la Orden.
j) Limpieza del buen nombre de la Orden y de sus mártires.
No falta quien diga que la Iglesia debería dar una indemnización a favor de la Orden, y devolverle
sus castillos, casas y terrenos. Bueno, al respecto debo decir que nadie está obligado a lo
imposible, y en todo caso, estaría en la Orden el demostrar que esa indemnización es debida, y
cuantificarla. Personalmente, no lo sugiero.
Ahora bien, entre las formas que se pueden adoptar para darle la “forma jurídica” a lo anterior,
están las siguientes:
a) El Vaticano se desiste de la causa contra los templarios, por existir
irregularidades en el proceso que afectan a la sentencia misma;
b) El Vaticano dicta sentencia en la que se plasmen los elementos que se
negociaron;
c) El Vaticano, motu proprio o a solicitud de parte, inicia la revisión de la causa
contra los templarios y tras la misma, decide que es nulo el proceso.
d) El Vaticano inicia una regularización del procedimiento y tras lo cual, decide
anular el proceso;
e) El Vaticano le pide al Maestre que inicie el proceso de nulidad en contra de la
bula Vox in Excelso
Personalmente, veo esta posibilidad como la más viable y la recomiendo, pues puede durar lo
suficiente, y al mismo tiempo evitamos una confrontación entre la Orden y el Vaticano.
CONCLUSIONES.
1.- Es necesario que nos ubiquemos sobre la verdadera situación de la Orden, de tal suerte que
podamos tomar las mejores decisiones.
2.- La Orden está actualmente suspendida, mas no abolida.
3.- Existen varias formas para solucionar el asunto. Estará en las autoridades del Temple el decidir
cuál de la formas es la más adecuada.
El verdadero estatus de la Orden | 24-08-2009 - 16:09:24 GMT 1 #
El ejército del Papa :
Los Templarios eran el ejército del Papa y significaban un importante centro de poder por su fuerza militar, su dominio estratégico en Europa, especialmente en Francia, y sobre todo por sus enormes riquezas, lo que les convierte en el sistema bancario más importante del mundo. Por eso un rey empeñado en afirmar su autoridad absoluta tenía que terminar con la Orden del Temple.
En el Concilio de Vienne, entre el 16 de octubre de 1311, y el 3 de abril de 1312 el Papa anunció la supresión del Temple. Los teólogos del concilio eran casi todos franciscanos y dominicos, y ambas órdenes se distinguían por su animosidad y envidia contra los acusados. Antes, los secuaces del rey francés habían recurrido de nuevo a las torturas y nuevamente afloraron las confesiones de adoración demoníaca, prácticas sodomitas y de otros pecados demenciales. La pantomima se había preparado meticulosamente, con ensayo previo incluido y no parecía que nada pudiera fallar a la hora de llevarse a cabo ante el público. Sin embargo, los primeros acusados que se presentaron ante el tribunal defendieron al Temple y amenazaron con poseer un ejército de dos mil Templarios escondido y listo para liberarles, pero ningún ataque se produjo, y por ello los siguientes meses, como nadie se ponía de acuerdo para escoger a los defensores de los Templarios (Jacobo de Molay renunció a ello por ser analfabeto) se parecieron más al teatro que deseaban los detractores de la Orden. A puerta cerrada, los "actores" representaban los papeles que se les habían asignado, sin despertar ninguna emoción. La bula de supresión, Vox in excelso, se firmó el 22 de marzo y se leyó el 3 de abril públicamente.
Por la bula Ad providam, el 2 de mayo de 1312, Clemente V otorgó los bienes de la extinta orden a los caballeros de San Juan de Jerusalén, es decir los Hospitalarios, pero no pudo evitar la depredación por parte de Felipe el Hermoso, quien no sólo no devolvió el dinero que debía al Temple, alegando que cánones prohibían pagar deudas a los herejes, sino que se presentó cínicamente como acreedor de grandes sumas, por lo que los Sanjuanistas hubieron de entregarle 200.000 libras tornesas. El día 6 de ese mes, el Papa dictó bulas para que los "reconciliados y arrepentidos" serían confinados en monasterios y condenados a cadena perpetua. A los cuatro máximos dirigentes del Temple se les reservaba otro juicio más severo, que se celebró el 18 de marzo de 1314.
En esa fecha, fueron colocados Jacobo de Molay (maestre) Godofredo de Charney (maestre en Normandía), Hugo de Peraud (visitador de Francia) y Godofredo de Goneville (maestre de Aquitania) encima de un patíbulo alzado delante de Notre-Dame, donde se les comunicó la pena de cadena perpetua. Pero cuando estaba dando comienzo la ceremonia, y mientras los delegados pontificios leían los crímenes y herejías, los máximos representantes de la Orden, los cuales ya llevaban siete años en prisión, se adelantaron para dirigirse abiertamente a las gentes de París, y fue Jacobo de Molay el que exclamó: "¡Nos consideramos culpables, pero no de los delitos que se nos imputan, sino de nuestra cobardía al haber cometido la infamia de traicionar al Temple por salvar nuestras miserables vidas!"
Aquel mismo día, con la puesta de sol, se alzó una enorme pira en un islote del Sena, denominado Isla de los Judíos, donde los cuatro dirigentes fueron llevados a la hoguera. Según se cuenta, antes de ser consumido por las llamas, Jacobo de Molay convocó al Rey y al Papa ante el tribunal de Dios para antes de que transcurriera un año, con las palabras "Dios conoce que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad".
Actualmente se encuentra en los archivos vaticanos el pergamino de Chinon, que contiene la absolución del papa Clemente V a los Templarios.[12] Aun cuando este documento tiene una gran importancia histórica, pues demuestra la vacilación del Papa, nunca fue oficial y aparece fechado con anterioridad a las Bulas Vox in excelso, Ad providam y Considerantes, donde se procedió a la disolución de la Orden y la distribución de sus bienes. Así, según el texto de Vox in excelso: "Nos suprimimos (...) la Orden de los templarios, y su regla, hábito y nombre, mediante un decreto inviolable y perpetuo, y prohibimos enteramente Nos que nadie, en lo sucesivo, entre en la Orden o reciba o use su hábito o presuma de comportarse como un templario. Si alguien actuare en este sentido, incurre automáticamente en excomunión". En concreto, el Manuscrito de Chinon está fechado en agosto de 1308. En esas mismas fechas (agosto de 1308), el Papa emite la BulaFacians Misericordiam, donde confirma la devolución de la jurisdicción a los inquisidores y emite el documento de acusación a los templarios, con 87 artículos de acusación. Asimismo, emite la bula Regnans in coelis, por la que convoca el Concilio de Vienne. Por tanto, estas dos bulas, que sí fueron promulgadas oficialmente, tienen validez desde el punto de vista canónico, mientras que el documento de Chinon es un mero "borrador" de gran importancia histórica, pero escasa importancia jurídica.
Vox In Excelso
Clement, bishop, servant of the servants of God, for an everlasting record. A voice was heard from on high, of lamentation and bitter weeping, for the time is coming, indeed has come, when the Lord shall complain through his prophet: This house has aroused my anger and wrath, so that I will remove it from my sight because of the evil of its sons, for they have provoked me to anger turning their backs to me, not their faces, and setting up their idols in the house in which my name is invoked, to defile it. They have built the high places of Baal in order to consecrate their sons to idols and demons. They have sinned deeply as in the days of Gibeah. When I learnt of such deeds of horror, at the dread of such notorious scandal -- for who ever heard of such infamy? who ever saw the like? -- I fell down at hearing it, I was dismayed at seeing it, my heart grew embittered and darkness overwhelmed me. Hark, a voice of the people from the city! a voice from the temple! the voice of the Lord rendering recompense to his enemies. The prophet is compelled to exclaim: Give them, Lord, a barren womb and dry breasts. Their worthlessness has been revealed because of their malice. Throw them out of your house, and let their roots dry up; let them not bear fruit, and let not this house be any more a stumbling block of bitterness or a thorn to hurt.
Not slight is the fornication of this house, immolating its sons, giving them up and consecrating them to demons and not to God, to gods whom they did not know. Therefore this house will be desolate and in disgrace, cursed and uninhabited, thrown into confusion and levelled to the dust, lowly, forsaken, inaccessible, spurned by the anger of the Lord, whom it has despised; let it not be lived in but reduced to a wilderness. Let everyone be astonished at it and hiss at all its wounds. For the Lord did not choose the people on account of the place, but the place on account of the people. Therefore the very place of the temple was made to share in the punishment of the people, as the Lord proclaimed openly to Solomon when he built the temple for him, to Solomon who was filled with wisdom like a river: But if your sons turn aside from me, not following and honouring me but going instead after strange gods and worshipping them, then I will cut them off from before me and expel them from the land which I have given to them; and the temple which I have consecrated to my name I will cast out of my sight, and it will become a proverb and a byword among all peoples. Everyone passing by it will be astonished and shall hiss, and shall say, "Why has the Lord done thus to this temple and to this house?" And they will say : "Because they forsook the Lord their God who bought and redeemed them, and followed instead Baal and other gods, worshipping and serving them. Therefore the Lord has brought all this evil upon them".
Indeed a little while ago, about the time of our election as supreme pontiff before we came to Lyons for our coronation, and afterwards, both there and elsewhere, we received secret intimations against the master, preceptors and other brothers of the order of Knights Templar of Jerusalem and also against the order itself. These men had been posted in lands overseas for the defence of the patrimony of our lord Jesus Christ, and as special warriors of the catholic faith and outstanding defenders of the holy Land seemed to carry the chief burden of the said holy Land. For this reason the holy Roman church honoured these brothers and the order with her special support, armed them with the sign of the cross against Christ's enemies, paid them the highest tributes of her respect, and strengthened them with various exemptions and privileges; and they experienced in many and various ways her help and that of all faithful Christians with repeated gifts of property. Therefore it was against the lord Jesus Christ himself that they fell into the sin of impious apostasy, the abominable vice of idolatry, the deadly crime of the Sodomites, and various heresies. Yet it was not to be expected nor seemed credible that men so devout, who were outstanding often to the shedding of their blood for Christ and were seen repeatedly to expose their persons to the danger of death, who even more frequently gave great signs of their devotion both in divine worship and in fasting and other observances, should be so unmindful of their salvation as to commit such crimes. The order, moreover, had a good and holy beginning; it won the approval of the apostolic see. The rule, which is holy, reasonable and just, had the deserved sanction of this see. For all these reasons we were unwilling to lend our ears to insinuation and accusation against the Templars; we had been taught by our Lord's example and the words of canonical scripture.
Then came the intervention of our dear son in Christ, Philip, the illustrious king of France. The same crimes had been reported to him. He was not moved by greed. He had no intention of claiming or appropriating for himself anything from the Templars' property; rather, in his own kingdom he abandoned such claim and thereafter released entirely his hold on their goods. He was on fire with zeal for the orthodox faith, following in the well marked footsteps of his ancestors. He obtained as much information as he lawfully could. Then, in order to give us greater light on the subject, he sent us much valuable information through his envoys and letters. The scandal against the Templars themselves and their order in reference to the crimes already mentioned increased. There was even one of the knights, a man of noble blood and of no small reputation in the order, who testified secretly under oath in our presence, that at his reception the knight who received him suggested that he deny Christ, which he did, in the presence of certain other knights of the Temple, he furthermore spat on the cross held out to him by this knight who received him. He also said that he had seen the grand master, who is still alive, receive a certain knight in a chapter of the order held overseas. The reception took place in the same way, namely with the denial of Christ and the spitting on the cross, with quite two hundred brothers of the order being present. The witness also affirmed that he heard it said that this was the customary manner of receiving new members: at the suggestion of the person receiving the profession or his delegate, the person making profession denied Jesus Christ, and in abuse of Christ crucified spat upon the cross held out to him, and the two committed other unlawful acts contrary to christian morality, as the witness himself then confessed in our presence.
We were duty-bound by our office to pay heed to the din of such grave and repeated accusations. When at last there came a general hue and cry with the clamorous denunciations of the said king and of the dukes, counts, barons, other nobles, clergy and people of the kingdom of France, reaching us both directly and through agents and officials, we heard a doleful tale: that the master, preceptors and other brothers of the order as well as the order itself had been involved in these and other crimes. This seemed to be proved by many confessions, attestations and depositions of the master, of the visitor of France, and of many preceptors and brothers of the order, in the presence of many prelates and the inquisitor of heresy. These depositions were made in the kingdom of France with our authorisation, edited as public documents and shown to us and our brothers. Besides, the rumour and clamour had grown to such insistence that the hostility against both the order itself and the individual members of it could not be ignored without grave scandal nor be tolerated without imminent danger to the faith. Since we though unworthy, represent Christ on earth, we considered that we ought, following in his footsteps, to hold an inquiry. We called to our presence many of the preceptors, priests, knights and other brothers of the order who were of no small reputation. They took an oath, they were adjured urgently by the Father, Son and holy Spirit; we demanded, in virtue of holy obedience, invoking the divine judgment with the menace of an eternal malediction, that they tell the pure and simple truth. We pointed out that they were now in a safe and suitable place where they had nothing to fear in spite of the confessions they had made before others. We wished those confessions to be without prejudice to them. In this way we made our interrogation and examined as many as seventy-two, many of our brothers being present and following the proceedings attentively. We had the confessions taken down by notary and recorded as authentic documents in our presence and that of our brothers. After some days we had these confessions read in consistory in the presence of the knights concerned. Each was read a version in his own language; they stood by their confessions, expressly and spontaneously approving them as they had been read out.
After this, intending to make a personal inquiry with the grand master, the visitor of France and the principal preceptors of the order, we commanded that the grand master, the visitor of France and the chief preceptors of Outremer, Normandy, Aquitaine and Poitou be presented to us while we were at Poitiers. Some of them, however, were ill at the time and could not ride a horse nor conveniently be brought to our presence. We wished to know the truth of the whole matter and whether their confessions and depositions, which were said to have been made in the presence of the inquisitor of heresy in the kingdom of France and witnessed by certain public notaries and many other good men, and which were produced in public and shown to us and our brothers by the inquisitor, were true. We empowered and commanded our beloved sons Berengar, cardinal, then with the title of Nereus and Achilleus, now bishop of Frascati, and Stephen, cardinal priest with the title of saint Cyriacus at the Baths, and Landulf, cardinal deacon with the title of saint Angelo, in whose prudence, experience and loyalty we have the fullest confidence, to make a careful investigation with the grand master, visitor and preceptors, concerning the truth of the accusations against them and individual persons of the order and against the order itself. If there was evidence, it was to be brought to us; the confessions and depositions were to be taken down in writing by a public notary and presented to us. The cardinals were to grant absolution from the sentence of excommunication, according to the form of the church, to the master, visitor and preceptors -- a sentence incurred if the accusations were true -- provided the accused humbly and devoutly requested absolution, as they ought to do.
The cardinals went to see the grand master, the visitor and the preceptors personally and explained the reason for their visit. Since these men and other Templars resident in the kingdom of France had been handed over to us because they would freely and without fear of anyone reveal the truth sincerely to the cardinals, the cardinals by our apostolic authority enjoined on them this duty of telling the truth. The master, the visitor and the preceptors of Normandy, Outremer, Aquitaine and Poitou, in the presence of the three cardinals, four notaries and many other men of good repute, took an oath on the holy gospels that they would tell the truth, plainly and fully. They deposed one by one, in the cardinals' presence, freely and spontaneously, without any compulsion or fear. They confessed among other things that they had denied Christ and spat upon the cross at their reception into the order of the Temple. Some of them added that they themselves had received many brothers using the same rite, namely with the denial of Christ and the spitting on the cross. There were even some who confessed certain other horrible crimes and immoral deeds, we say nothing more of these at present. The knights confessed also that the content of their confessions and depositions made a little while ago before the inquisitor was true. These confessions and depositions of the grand master, visitor and preceptors were edited as a public document by four notaries, the master and the others being present and also certain men of good repute. After some days, the confessions were read to the accused on the orders and in the presence of the cardinals; each knight received an account in his own language. They persisted in their confessions and approved them, expressly and spontaneously, as they had been read out to them. After these confessions and depositions, they asked from the cardinals absolution from the excommunication incurred by the above crimes; humbly and devoutly, on bended knee, with hands joined, they made their petition with many tears. Since the church never shuts her heart to the sinner who returns, the cardinals granted absolution by our authority in the customary form of the church to the master, visitor and preceptors on abjuration of their heresy. On their return to our presence, the cardinals presented to us the confessions and depositions of the master, visitor and preceptors in the form of a public document, as has been said. They also gave us a report on their dealings with these knights.
From these confessions, depositions and report we find that the master, the visitor and the preceptors of Outremer, Normandy, Aquitaine and Poitou have often committed grave offences, although some have erred less frequently than others. We considered that such dreadful crimes could not and should not go unpunished without insult to almighty God and to every Catholic. We decided on the advice of our brothers to hold an enquiry into the above crimes and transgressions. This would be carried out through the local ordinaries and other wise, trustworthy men delegated by us in the case of individual members of the order; and through certain prudent persons of our considered choice in the case of the order as a whole. After this, investigations were made both by the ordinaries and by our delegates into the allegations against individual members, and by the inquisitors appointed by us into those against the order itself, in every part of the world where the brothers of the order have usually lived. Once made and sent to us for examination, these investigations were very carefully read and examined, some by us and our brothers, cardinals of the holy Roman church others by many very learned, prudent, trustworthy and God-fearing men, zealous for and well-trained in the catholic faith, some being prelates and others not. This took place at Malaucene in the diocese of Vaison.
Later we came to Vienne where there were assembled already very many patriarchs, archbishops, selected bishops, exempt and non-exempt abbots, other prelates of churches, and procurators of absent prelates and of chapters, all present for the council we had summoned. In the first session we explained to them our reasons for calling the council. After this, because it was difficult indeed almost impossible, for the cardinals and all the prelates and procurators gathered for the council to meet in our presence in order to discuss how to proceed in the matter of the Templars, we gave orders as follows. Certain patriarchs, archbishops, bishops, exempt and non-exempt abbots, other prelates of churches, and procurators from all parts of Christendom, of every language nation and region, were concordantly chosen out of all the prelates and procurators at the council. The choice was made from those believed to be among the more skilful, discreet and apt for consultation on such an important affair and for discussing it with us and the above-mentioned cardinals. After this we had the attestations received during the inquiry read publicly in the presence of the prelates and procurators. This reading went on during several days, for as long as they wished to listen, in the place assigned for the council, namely the cathedral church. Afterwards the said attestations and the summaries made from them were considered and examined, not in a perfunctory manner but with great care, by many of our venerable brethren, by the patriarch of Aquileia, by archbishops and bishops of the present sacred council who were specially chosen and delegated for the purpose, and by those whom the whole council had chosen very carefully and earnestly.
We convoked therefore the said cardinals, patriarchs, archbishops and bishops, the exempt and non-exempt abbots, and the other prelates and procurators elected by the council to consider this affair, and we asked them, in the course of a secret consultation in our presence, how we should proceed, taking special account of the fact that certain Templars were presenting themselves in defence of their order. The greater part of the cardinals and nearly the whole council, that is those who were elected by the whole council and were representing the whole council on this question, in short the great majority, indeed four-fifths among every nation taking part, were firmly convinced, and the said prelates and procurators advised accordingly, that the order should be given an opportunity to defend itself and that it could not be condemned, on the basis of the proof provided thus far, for the heresies that had been the subject of the inquiry, without offence to God and injustice. Certain others on the contrary said that the brothers should not be allowed to make a defence of their order and that we should not give permission for such a defence, for if a defence were allowed or given there would be danger to a settlement of the affair and no small prejudice to the interests of the holy Land. There would be dispute, delay and putting off a decision, many different reasons were mentioned. Indeed although legal process against the order up to now does not permit its canonical condemnation as heretical by definitive sentence, the good name of the order has been largely taken away by the heresies attributed to it. Moreover, an almost indefinite number of individual members, among whom are the grand master the visitor of France and the chief preceptors, have been convicted of such heresies, errors and crimes through their spontaneous confessions. These confessions render the order very suspect, and the infamy and suspicion render it detestable to the holy church of God, to her prelates, to kings and other rulers, and to Catholics in general. It is also believed in all probability that from now on there will be found no good person who wishes to enter the order, and so it will be made useless to the church of God and the carrying on of the undertaking to the holy Land, for which service the knights had been destined. Furthermore, the putting off of a settlement or arrangement of this affair of the Templars, for which we had set ourselves a final decision or sentence to be promulgated in the present council, would lead in all probability to the total loss, destruction and dilapidation of the Templars' property. This has for long been given, bequeathed and granted by the faithful for the aid of the holy Land and to oppose the enemies of the christian faith.
There were therefore two opinions: some said that sentence should immediately be pronounced, condemning the order for the alleged crimes, and others objected that from the proceedings taken up to now the sentence of condemnation against the order could not justly be passed. After long and mature deliberation, having in mind God alone and the good of the holy Land without turning aside to right or to left, we elected to proceed by way of provision and ordinance, in this way scandal will be removed, perils avoided and property saved for the help of the holy Land. We have taken into account the disgrace, suspicion, vociferous reports and other attacks mentioned above against the order, also the secret reception into the order, and the divergence of many of the brothers from the general behaviour, way of life and morals of other Christians. We have noted here especially that when new members are received, they are made to swear not to reveal the manner of their reception to anyone and not to leave the order; this creates an unfavourable presumption. We observe in addition that the above have given rise to grave scandal against the order, scandal impossible to allay as long as the order continues to exist. We note also the danger to faith and to souls, the many horrible misdeeds of so many brothers of the order, and many other just reasons and causes, moving us to the following decision.
The majority of the cardinals and of those elected by the council, a proportion of more than four-fifths, have thought it better, more expedient and advantageous for God's honour and for the preservation of the christian faith, also for the aid of the holy Land and many other valid reasons, to suppress the order by way of ordinance and provision of the apostolic see, assigning the property to the use for which it was intended. Provision is also to be made for the members of the order who are still alive. This way has been found preferable to that of safeguarding the right of defence with the consequent postponement of judgment on the order. We observe also that in other cases the Roman church has suppressed other important orders for reasons of far less gravity than those mentioned above, with no fault on the part of the brethren. Therefore, with a sad heart, not by definitive sentence, but by apostolic provision or ordinance, we suppress, with the approval of the sacred council, the order of Templars, and its rule, habit and name, by an inviolable and perpetual decree, and we entirely forbid that anyone from now on enter the order, or receive or wear its habit, or presume to behave as a Templar. If anyone acts otherwise, he incurs automatic excommunication. Furthermore, we reserve the persons and property for our disposition and that of the apostolic see. We intend with divine grace, before the end of the present sacred council, to make this disposition to the honour of God the exaltation of the christian faith and the welfare of the holy Land. We strictly forbid anyone, of whatever state or condition, to interfere in any way in this matter of the persons and property of the Templars. We forbid any action concerning them which would prejudice our arrangements and dispositions, or any innovation or tampering. We decree that from now on any attempt of this kind is null and void, whether it be made knowingly or in ignorance. Through this decree, however, we do not wish to derogate from any processes made or to be made concerning individual Templars by diocesan bishops and provincial councils, in conformity with what we have ordained at other times. Let nobody therefore ... If anyone ...
Given at Vienne on 22 March in the seventh year of our pontificate.
El ejército del Papa | 03-09-2009 - 18:12:19 GMT 1 #