La Europa de Adolf Hitler
Josep Duran i Girona, Castrumvell del Mont, Garrotxa (Girona): La Europa de Adolf Hitler.-Europa es a la vez una herencia de siglos y una idea en proceso de formación, es una idea política. Tal idea tiene antecedentes, bastante lejanos, posterior a la "crisis de la conciencia europea actual". La idea del europeísmo estalló de repente, fue a raíz de la terminación de la Primera Guerra Mundial, la necesidad del cuerpo expedicionario (USA), para poderla ponerle fin; la conciencia de “guerra civil” entre europeos que en lo profundo forman una comunidad de origen, de intereses y de destino, “el principio fundamental de su unidad“.
El segundo momento fue después de terminar la Segunda Guerra Mundial, entonces ya no cupo a nadie duda alguna de que todos y cada uno de los países de Europa central, occidental y mediterránea, no significaban apenas nada, ni aun en conjunto o suma, al lado de las dos superpotencias (United States of America - Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Los Imperios coloniales que aún tenían algunos de ellos se tambaleaban, en prólogo de derrumbamiento, lo que aún aceleraría su debilidad. Y por lo tanto era urgente reiniciar la marcha de iniciativas anteriores, del período de entreguerras, para poder salvar, en un mundo en crisis, a Europa como totalidad. Es entonces cuando comienza el despliegue del pensamiento europeísta, que es una de las más decisivas aportaciones de nuestro tiempo, un principio de institucionalización político-económico-social, dentro de un marco jurídico internacional.
Se extiende un movimiento “hacia la comprensión de Europa”, “no sólo como una viva comunidad de pueblos, sino como foco creador de lo que llamamos cultura moderna”; llega a perfilarse como necesidad de respuesta al “desafío americano”, en una triple dirección: “verdadera unión política sobre la base de los ideales y los intereses.., máxima tensión de las mentes que han hecho la gran ciencia y la gran técnica de Europa... y resuelto y ambicioso avance de todos por el camino de la justicia social”.
Nada menos que toda esa anchura y profundidad tiene lo que llamamos pensamiento europeísta, y no ideología, porque no puede concretarse en una síntesis trabada y coherente, unitaria y, generalmente, aceptada; pero que sin duda alguna es ya una actitud mental, una toma de conciencia que podría resultar irreversible.
De ordinario, los europeos nunca han pensado demasiado en la naturaleza de la comunidad internacional a la que pertenecen. Se les ha enseñado a concentrar su atención en la historia de su patria de nacimiento y en los problemas políticos y económicos de su Estado; de tal manera que, actualmente, cuando el problema europeo se ha convertido en una cuestión política vital y la misma existencia de Europa está en peligro, se encuentran a menudo desorientados para explicar lo que es Europa, qué derecho tiene a existir y cuáles son sus condiciones de supervivencia.
Al contrario, en medio de tremendas contradicciones y dificultades que en su marcha encuentra Europa, entre los intelectuales y políticos de casi todas las tendencias, lo mismo jóvenes que maduros o viejos, quienes pensamos en función de la Europa que llega, que en relación con los nacionalismos concretos, de donde procedemos, y que sabemos periclitan de manera irremediable.
Dejemos de lado los antiguos atisbos: Pierre Dubois (siglo XIV), Jorge Podiebrad (siglo XV), los internacionalistas españoles padres Vitoria y Ayala y el italiano Gentilis (siglo XVI), Grotio y el padre Suárez, con Emerico Cruceo (siglo XVII) e incluso el magnífico designio propuesto por el Duque de Sully a Enrique IV de Francia, un proyecto político para consolidar Europa frente y contra España; y el de Guillermo Penn, que a fines del siglo XVII, que presento un estudio “para” llegar a un “verdadero Estado europeo“. En la misma época Leibnitz intenta someter otro proyecto a Luis XIV, que publica bajo el pseudónimo de “Cesarius Fustenerius” para que se constituya un Imperio Federal en Europa y esta “deje de conspirar contra si misma“. Siguen en el siglo XVIII, Bernardino de Saint Pierre y Kant (La paz perpetua); más abstractos. Y de repente, surge con Napoleón I un intento de solución política: Hacer un imperio europeo y justificarlo en la historia: “Yo no he sucedido a Luis XIV, sino a Carlomagno. Soy Carlomagno, porque como él he reunido a la Corona de Francia la de los lombardos y mi Imperio confina con Oriente”, como escribió al Cardenal Fesch (7 de enero de 1806).
La misma idea, más argumentada, se la dicta, ya en Santa Elena, al Conde Las Cases. La reitera a su heredero, en su testamento: “Reunir a Europa en lazos federativos indisolubles”. Pero también dicta a Las Cases el Memorial: “Yo quería dominar a Europa por la violencia; hoy es necesario convencerla por las ideas”.
La solución del “mando de uno”había fracasado y el principio de las nacionalidades se oponía a cualquier hegemonía. Al iniciarse el siglo XIX lo que nos encontramos, es una quiebra, aunque no una desaparición total, de la idea de Europa, que deberá tomar nuevos rumbos:
1.-El “Directorio europeo” (1814) o mando de varios: Metternich, por Austria; Castlereagh, por Inglaterra; Hardemberg, por Prusia; Nesselrode, por Rusia. Luego, en cierto modo sustituido por la Santa Alianza, con la separación de Inglaterra y la incorporación de Francia, y a través de sus Congresos e intervenciones armadas.
2.-El pacifismo-federalismo internacionalista, aplicados a Europa: Agustín Thierry y el Conde de Saint-Simon, que escriben en colaboración de “la reorganización de la Sociedad europea“; el italiano Mazzini, que sobre la idea de las nacionalidades (incluso de su “joven Italia“) pone en marcha una idea supranacional, la “Joven Europa” (1834) y llega a constituir en Londres un Comité Democrático europeo, compuesto por Ledru-Rollin, Kosuth, Ruge, Darasz . En París, por el socialista Buchez se llega a editar el periódico El Europeo.
3.-La dirección dualista (Francia-Alemania) como concreción más eficaz de esta Europa federalista. Observa Herriot en su obra (Europa, 1930) el interés que tiene el “Manifiesto a Europa” que dirige Lamartine: “en la solidaridad de ambas potencias reposan la paz y el equilibrio del continente.., lenta e instintivamente, la reconciliación de sus ideas y de sus razas será el síntoma evidente de su próxima y duradera armonía”. La idea de Europa toma cuerpo. Ya no se trataría de un “directorio numeroso de gobiernos“, sino de una armonización de los pueblos. En efecto, al margen de la oficialidad, en 1849, convocado por Elilm Purrit se reúne en París un Congreso de Naciones (o de la Paz) que presiden Víctor Hugo y el inglés Cobden, allí se habla por vez primera de los “Estados Unidos de Europa“.
Otro Congreso (Ginebra, 1867), presidido por Garibaldi, pone en marcha un periódico que en ediciones francesa y alemana se publicará semanal o mensualmente, con pocas interrupciones, hasta 1914, con el titulo de “Los Estados Unidos de Europa“; la idea se salvó incluso de la grave crisis que supuso la guerra franco-prusiana de 1870 y sus secuelas.
4.-La dirección confederalista. Así puede llamarse la que frente a proyectos “Federalistas“, que harían desaparecer en unidad superior a las nacionalidades (proyectos demasiado utópicos de Prodhon, Constantino Frantz, o el profesor Lorimer) comienza a poner en órbita el jurista alemán Bluentschli (Berna, 1871) , que propone una “Comunidad europea de Naciones“, especie de unión de Estados, con organismos de Consejo y ejecución y el profesor francés, Anatole Leroy Beaulieu, de la Facultad de Ciencias Políticas y del Instituto de Francia, que en nombre de la Sección Diplomática de aquella Facultad presenta al Congreso de Ciencias Políticas (París, 1899) el “proyecto de una Asociación europea” en forma de “Unión de Estados Europeos“, bajo la inspiración general, de hacerla práctica y viable: “En lugar de condenar a cada nación a sacrificar su nacionalidad y su individualidad histórica, la futura unión debe aparecer ante todo como una garantía de los derechos e intereses de la nacionalidad”.
A.-Desde Inglaterra, Lord Salisbury se mostraba afín a la idea, escribiendo: “La confederación de Europa es el embrión de la única estructura que podría salvar a la civilización de los efectos asoladores de una guerra desastrosa”.
B.-Que en Francia hay como una línea de pensamiento uniforme que pasa, sin embargo, por muy varias ideologías: la profesoral o independiente de Leroy Beaulieu, que acabamos de exponer; la del socialista Arístides Briand (Ginebra, 1929); la del socialista Presidente Herriot (en su obra citada); la del Presidente General Ch. de Gaulle, en muy varias ocasiones. En realidad todos definen y defienden la tesis a la que este último dio nombre: “la Europa de las Patrias“. La formulación de Briand fue tan expresa como la de De Gaulle, dijo: “Sin tocar a la soberanía de ninguna de las Naciones que pudieran tomar parte de tal Asociación”. Y la de Herriot, que enfatiza sobre “la diferencia esencial de esta concepción con la Internacional Comunista (I.C.) que quiere suprimir las Patrias“.
Con estos antecedentes nos situamos entre las dos guerras mundiales, que tiene las siguientes fases:
1.-El movimiento Paneuropa, del Conde Koudenhove-Kalergi, checo, bisnieto de María Kalergi, que fue sobrina del primer Ministro ruso Nesselrode y amiga de Liszt, Chopin y Wagner. Éste parecía sintetizar el europeísmo que, en 1923, con prólogo del Ministro checo Eduardo Benes, lanza en su libro, como Movimiento intelectual-político, Paneuropa, “dedicado a la juventud de Europa“. Tres años después (1926) se realiza en Viena su primer Congreso. En 1927, Philippe Simon le pone prólogo a la primera edición francesa. Inmediatamente aparece la edición española. Y en todos los idiomas europeos. Le apoyan hombres de estado, intelectuales, líderes sindicales: Briand, Herriot, Painlevé, De Jouvenel, en Francia; Amery y Albert Thomas, en Inglaterra; el Canciller Seipel, en Austria; Adenauer, Stressemann y Loewe, en Alemania; el Conde Sforza, en Italia; Michalapoulos y Politis, en Grecia... Entre los intelectuales: Unamuno, Paul Claudel, Paul Valery, Rilke, Ferrero... Hasta desde el nacionalismo francés, Henri de Massis en su Defensa de Occidente escribe: “Hay que servir primeramente a Europa”. Y Gastón Rivu, todo un libro, Europa, mi Patria (1928) que hace precisar al Presidente francés Raymond Poincarés “Mi patria es Francia... pero alabo de buena gana: Europa, mi segunda patria. Y entiendo que si Europa quiere subsistir es preciso que se mantenga pacífica y unida”.
Por contraste, los que se llamaban internacionalistas se oponen, tachando la idea de ¡¡Supernacionalismo agresivo!!. Así, Romain Rolland, Mme. Germaine Kellerson y otros. Desde luego, era cierto que, entre la argumentación de su proyecto, Koudehove-Karlegi incluía (cap. IV) “el peligro ruso“, en el sentido de Revolución Comunista mundial. Pero a la Panamérica USA había que oponer la Paneuropa.
2.-El proyecto BRIAND: Se descompone en dos episodios: el 5 de septiembre de 1929, ante la X Asamblea de la Sociedad de Naciones (S.N.) expone en un breve discurso las grandes líneas de su pensamiento: “entre pueblos que están geográficamente agrupados, como son los pueblos de Europa, debe haber una especie de lazo federal“. Y poco después, el 17 de mayo de 1930 entrega oficialmente a los 26 Gobiernos europeos miembros de la S. de N. el llamado Memorándum Briand (una introducción y cuatro partes) : 1) Pacto general de solidaridad; 2) Conferencia europea de Estados y Secretariado permanente; 3) Directrices esenciales: “unión, pero no unidad“, y acercamiento de las economías europeas bajo la responsabilidad de los Gobiernos; 4) Un verdadero índice, amplio y comprensivo, de posibles temas a someter a directrices comunes.
También entonces se apreciaron posiciones que se han reproducido después de la Segunda Guerra Mundial, ante los nuevos y más maduros intentos, ya en marcha institucional:
A.-La prensa británica acusó, casi en general, de que se intentaba romper los lazos económicos con U.S.A. Round Table, escribió: “Si Inglaterra tiene que escoger entre Europa y U.S.A., romperá con Europa”. Y Churchill: “Formamos parte de Europa, pero no estamos incluidos en ella”.
B.-La prensa comunista y en primer plano el periódico oficial, L'Humanité, dijo que era preparar la agresión económica y militar contra la U.R.S.S., y así fue...
C.-Los Gobiernos pusieron muchas reticencias y reservas, basadas sobre todo en el principio de soberanía, aunque Briand había tenido buen cuidado de salvarlo, de manera expresa. (Puede verse en Saint Lorette, La integración europea.) El asunto fue estimado y pasó a Comisiones de estudio de la S. de N. Cuando Briand falleció (1932) se entraba en un período difícil: el acceso demócratico de Adof Hitler al poder en Alemania, que iba a abrir otra y definitiva etapa.
3.-Adolfo Hitler (1889-1945), un austriaco democráta de Braunau del Inn, que llega a Canciller y luego Presidente de la
República de Alemania, sucediendo nada menos que al Mariscal Von Hindenburg en 1933, por medio de elecciones democráticas, que llegan a darle la más fuerte minoría del Parlamento (288 diputados de un total de 648, o sea, el 44 por 100), va a representar antes y durante la Segunda Guerra Mundial una nueva fase de la Unión Europea, en cierto modo como lo había representado Napoleón y prolongando la ideología que ya hemos visto en Fichte y otros europeos. Bajo la influencia también de Nietzsche y mediante las formulaciones del filósofo Alfredo Rosenberg (El mito del siglo XX). Hitler pone en marcha la política del “Orden nuevo europeo“.
En la faceta que nos importa, sus (ideas sobre Europa) representaba: liquidación y revancha contra Francia (borrar el que llamaban “diktat” de Versalles), reunir bajo un mismo Reich a Europa, haciendo saltar todas las fronteras (Bélgica, Austria, Checoslovaquia, Polonia, ...) en cuanto fuera necesario para tal fin; y expansión hacia el Este. El medio: alianza con Italia y con el Japón. Lo demás sería colonialismo en el centro de África, con restablecimiento y acrecentamiento de las antiguas colonias europeas.
Arnold Toynbee (La Europa de Hitler) pone insistente énfasis en el Pacto tripartito (Alemania, Italia, Japón) de 27 de septiembre de 1940; es lícito no olvidar el de un año antes (23 de agosto de 1939), entre Alemania y la U.R.S.S., tal Pacto evito lo que Hitler tenía previsto en su libro, que preveía una Europa en expansión hacia el Este y que luego, abiertas las hostilidades contra la U.R.S.S. (20 de junio de 1941) volvería a rebrotar con fuerza la “Europa unida“. Pero hasta entonces se preveía y publicaba una "Europa política" que terminaba en una nueva frontera (polaca) con Rusia: Vístula, Narev, San. La Unión de Europa sería, según esto, el “gran espacio vital natural de una familia de naciones”, dirigida por Alemania (Werner Daitz), que la parte mediterránea sería comandada por Italia, aunque según el Embajador Dino Alfieri (Dos dictadores frente a frente) esto no pasaba de ser una mera propaganda, ante el número de veces que Mussolini, fue puesto ante los hechos consumados, de las decisiones de Adolf Hitler. En las teorizaciones que se hicieron y que fueron publicadas por Daitz, W. Bert, H. Scharp y otros, se preveía un mismo principio orientador: “Alemania es la potencia ordenadora supranacional“. Terminada la Segunda Guerra Mundial, se paso a la realizacion con cuerpo y entidad, del Plan Económico de Hitler, para una Unión Europea. Se ha objetivado y concretado en una línea de acción política y económico-social. Veámoslo:
>1946-47 (Basilea, París) se crea la Unión Europea de Federalistas (primer Presidente: Dr. Brugmann, holandés).
>1946 (Bruselas) la Liga Económica de Cooperación Europea (primer Presidente: Van Zeeland, Primer Ministro del Gobierno de Bélgica) .
>1947 (Londres) el United Europe Movement (primer Presidente: W. Churchill).
>1947 (Gastaadt), la Unión Parlamentaria Europea (primer Presidente: M. Boly, diputado socialista belga).
>1947-48 (Montrouge, Puteaux) el Movimiento Socialista para los Estados Unidos de Europa.
Pero ante esta dispersión de tendencias, se siente en seguida la necesidad de coordinar. Y se reúne (mayo 1948) el Congreso de La Haya, de donde sale, tras un discurso-programa de Churchill, una organización de tres Comisiones: política, económica y cultural, que había de redactar una carta de derechos del hombre, unas bases para el Tribunal de Justicia europeo, otras para la unión económica, un Centro europeo de Cultura, etc. Aquel mismo año (octubre 1948) se coordina todo en el Movimiento Europeo, que se pone bajo la dirección conjunta de Churchill, Spaak, De Gasperi y León Blum. Es entonces cuando comienza la materialización, la institucionalización oficial de la Unión Europea (U.E.):
>1948: Organización Europea de Cooperación Económica (O.E.C.E.).
>1949: Consejo de Europa.
>1950-52: Comunidad del Carbón y del Acero (C.E.C.A.).
>1957: Mercado Común (Tratado de Roma) . Nace la luego llamada “Europa de los Seis” (Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo).
>1965: Fusión de varias organizaciones europeas (Tratado de Bruselas).
>1973: Europa de los Nueve (por incorporación de Inglaterra, Irlanda y Dinamarca). No fue “de los Diez“, porque el plebiscito en Noruega dio resultado negativo a la incorporación al Mercado Común).
Resumo: En el pensamiento europeísta hay una parte dogmática definida: la preeminencia del derecho; el principio en virtud del cual toda persona debe gozar de los derechos del hombre y de sus libertades fundamentales (artículos 3, 4, 8 del Estatuto del Consejo de Europa) como están definidos en la Convención de Roma (1950) y en la Carta Social europea (1961).
El Parlamento europeo, con atribución de competencias fue previsto en la revisión del art. 235 del Tratado de Roma.
En la llamada “cumbre de París” de octubre de 1972 se llego, con emplazamiento de realización antes del 1 de enero de 1980, a estos dos acuerdos fundamentales:
1.-La decisión de instaurar la unión económica y monetaria entre los nueve Estados miembros;
2.-La “voluntad de transformar en una “Unión europea” el conjunto de relaciones recíprocas antes de que terminase 1990”.(5 de junio de 2009) foto: Adolf Hitler en un desfile de la policia SA en Nuremberg.

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Lecciones de Europa
Guillermo Almeyra
En Francia la abstención llegó a 60 por ciento y en toda Europa superó 53 por ciento, aunque en Italia, donde Berlusconi tiene consenso de masa, no llegó a 40 por ciento, y en Grecia, donde los socialistas del PASOK dirigen una oposición con fuerte influencia entre los trabajadores, ese partido y los comunistas aparecían como alternativa y, por tanto, arrastraron votos. La derecha, asustada por la crisis, cerró filas y fue a votar, pero no ganó sufragios y triunfó simplemente porque es la mayoría de la minoría, no porque haya crecido. Si tiene mayoría es porque los electores de centroizquierda y los de la izquierda se abstuvieron. Eso hace parecer que los votantes apoyaron a los causantes de la crisis y a los que quieren salir de ella a costa de los trabajadores, pero en realidad no hicieron más que mantener su minoría que ni la socialdemocracia ni los partidos de izquierda radical fueron capaces de reducir aún más, pues no dieron ninguna batalla ideológica, programática u organizativa que llevase a salir de la crisis por la izquierda y se encerarron en débiles campañas propagandísticas y electoralistas.
Los capitalistas, sin embargo, no se engañan con su victoria pírrica y no están nada tranquilos ante su amplia mayoría virtual en el Parlamento Europeo –que no tiene ninguna función decisiva. Ellos ven, en cambio, la abstención como una pérdida de consenso del sistema y un repudio a las instituciones por parte de la mayoría de la población europea, la cual no ve una alternativa (y no se sabe si algún día la encontrará), pero en cambio sabe que el capitalismo es causante de la crisis.
Los observadores más lúcidos analizan, es cierto, que la abstención favoreció a los partidos en el poder, pero también que la indignación de las mayorías se condensa en el horizonte como negros nubarrones que preanuncian tormentas sociales y no se orienta hacia las instituciones.
En la izquierda, por ejemplo en Italia, Rifondazione y los Comunistas Italianos Unidos han mantenido a duras penas el voto de un sector militante (con un millón de sufragios, algo menos de 4 por ciento del total), pero no entran al Parlamento Europeo, lo que les creará problemas financieros y de presencia política. No han podido convencer a una izquierda difusa que en el pasado, por ejemplo, con Democrazia Proletaria –una de las tendencias que confluyó en Rifondazione–, siempre obtuvo parlamentarios en Estrasburgo. Ni siquiera han sido capaces, en aras de sus intereses electorales, de lograr un frente electoral ad hoc –que les habría dado 8 por ciento de los votos o más y algunos diputados– con el grupo de derecha recientemente escindido de Rifondazione, el cual ahora marcha de cabeza hacia su disolución en el Partido Democrático.
En cuanto a los franceses de la ex Liga Comunista Revolucionaria (LCR), creyeron sectariamente que con su Nuevo Partido Anticapitalista nuclearían por sí solos la protesta de izquierda y se negaron a construir un frente único electoral con el Partido Comunista y con los socialistas de izquierda escindidos de su partido siguiendo a Melanchon (la llamada Nueva Izquierda) para ir juntos a las urnas sin dejar de discutir las diferencias programáticas. El resultado está a la vista: estos últimos lograron 6 por ciento y los primeros cerca de 5 por ciento. Juntos habrían obtenido casi 15 por ciento y una importante fracción en el Parlamento Europeo, y su desunión llevó en cambio muchos votos al tarro conservador verde representado por Cohn Bendit (el ex radical del 68 que para los menos informados sigue teniendo fama de opositor al sistema cuando de ningún modo lo es). En ese sentido, el estreno electoral del Nuevo Partido Anticapitalista ha sido un fiasco ya que reunió aproximadamente los votos que antes tenía la LCR, que era menos confusa y electoralista que la nueva formación, y dejó de influir en la crisis de los comunistas y en la evolución de los socialistas de izquierda.
Los sectores populares –salvo en Italia, donde Berlusconi y la liga influyen incluso en sectores de los trabajadores– no votaron por una política de derecha pero tampoco lo hicieron por la izquierda radical. No ven cómo enfrentar la crisis y el sistema capitalista, pero no están de acuerdo con éste ni ven solución en las elecciones. Se abre así una transición que estará marcada por luchas, ya que quien no vota puede hacer huelgas o incluso provocar explosiones sociales, como en Grecia o Francia.
Por consiguiente, o la extrema izquierda toma contacto con la izquierda social desorganizada y confusa, o sea, con la gente real, modificando radicalmente sus métodos y su política para construir consenso desde abajo, o la derecha, que en la mayoría de los países no tiene consenso pero posee fuerza económica y política, marchará hacia la construcción de regímenes duros que se dedicarían a destruir aún más los derechos sociales y democráticos. De un modo diverso y sin una izquierda anticapitalista fuerte, Europa vuelve hacia los años treinta.
¿Dejan las elecciones europeas alguna lección para los países, como Argentina o México, que irán a las urnas en breve? La abstención favoreció electoralmente a la peor derecha a costa del centro o de la derecha moderados. Pero el problema reside en que se ha llegado a un punto en que la mayoría está harta de taparse la nariz para votar por el menos peor, porque éste, después, hace la misma política de los peores.
Nos guste o no, la izquierda debe reconquistar credibilidad, despertar esperanzas. Y eso sólo se hace en la vida cotidiana, no en las campañas electorales; organizando las resistencias; desarrollando experiencias locales autogestionarias y alternativas, sin sectarismos; dando una batalla tenaz, cotidiana y gris, en la construcción de ideas-fuerza capaces de orientar en sentido anticapitalista la rabia ciega de las mayorías.
Lecciones de Europa | 15-06-2009 - 07:18:26 GMT 1 #
El proyecto comunitario en la encrucijada
La Unión Europea frente a la crisis de la globalización
Frédéric Lordon
Le Monde Diplomatique
La sacudida que la crisis financiera desató sobre las bases de la Unión Europea y el fortalecimiento de la derecha tras la elecciones legislativas de principios de junio pasado, reabre el debate acerca de la necesidad de refundar el proyecto europeo sobre nuevos cimientos que permitan sortear los efectos negativos de la globalización económica.
Los partidarios de la globalización económica, que a nada temen más que a la política, entendieron perfectamente que apelar al gobierno mundial era el medio más seguro para obtener la paz (léase: ningún gobierno en absoluto). El mismo argumento –aunque un poco menos contundente– resuena en la pluma de economistas súbitamente indignados por los “excesos” del liberalismo y que ahora sólo creen en la coordinación global. ¡Sí! Coordinémonos a escala planetaria; por supuesto, el asunto llevará algo de tiempo… Así, la evocación de los grandes horizontes mundiales sirve invariablemente como evasiva para todas las hipocresías de la acción indefinidamente diferida y para todas las estrategias del eterno arrepentimiento.
Perseguir el sueño de la globalización política que finalmente completaría y estabilizaría la globalización económica –en particular, dándole sus “buenas” instituciones reguladoras– implica no ver las condiciones de su edificación y de su “eficacia”, no en el sentido de la eficacia económica sino en el sentido de la capacidad política de esas instituciones para imponer realmente sus normas. No es anodino observar que históricamente los capitalismos se desarrollaron dentro de los marcos nacionales. No podía ser de otro modo, por la simple razón de que no puede haber un proceso de institucionalización significativo si no viene acompañado de una fuerza adecuada, es decir adosada a una auténtica comunidad política constituida. Pero, ¿dónde está el Estado mundial que podría reivindicar una fuerza semejante? En ningún lado, por la simple razón de que no existe una auténtica comunidad política mundial, es decir un cuerpo social-mundo depositario, en último análisis, de la fuerza que los Estados se apropian por captura.
Si la institucionalización reguladora del capitalismo implica hacer que se junten el nivel económico de los mercados y el político de las construcciones institucionales, entonces se trata de hacer “bajar” el primero, pero sin que por ello esté prohibido hacer “subir” el segundo. Desde este punto de vista, el escalón regional se impone con fuerza como el nuevo plan territorial donde podrían intensificarse experiencias políticas que ya están en curso, aunque aún poco desarrolladas.
Paradójicamente, Europa es la región del mundo que mejor y peor comenzó. Que es la más avanzada en el proceso de integración institucional está fuera de discusión. Pero, como a menudo ocurre con las crisis, la sacudida actual goza de despiadadas propiedades reveladoras, en el sentido cuasi fotográfico del término, y se presta a sacar a la luz las taras de la construcción europea. Desde hace tiempo –de hecho, desde el principio–, dichas taras son muy visibles… para quien quiera verlas (1). Son fallas que siempre lograron ser recubiertas con las negaciones habituales, que fueron posibles por la “baja” intensidad de destrucciones sociales convertidas en una especie de “régimen permanente” y, por así decir, fundidas en el ordinario paisaje cotidiano. Pero la singularidad y la violencia del pico de la crisis vuelven irrisorias las estrategias habituales de la minimización, de los “esfuerzos” necesarios y del llamado a la paciencia “que tendrá su recompensa”. Se presenta una oportunidad política que la historia rara vez ofrece. Pues he aquí que lo que en frío era inconcebible, en caliente se hace posible: destruir esta Europa. Y hacer otra.
El pisoteo de los dogmas
¿En serio habrá que destruirla? En muchos sentidos, podría considerarse que ya está muerta, simplemente todavía no lo sabe. No obstante parecería que su encarnación, la Comisión, hace todo lo que está en su poder para apresurar esa revelación terminal. En una especie de apoteosis de estupidez doctrinaria, y con un insuperable sentido de la oportunidad histórica, Neelie Kroes, la comisaria que controla las reglas de la competencia, no dudó en intervenir, en el otoño boreal de 2008, en el gran debate sobre la crisis financiera para decir que las inyecciones de un total de 10.500 millones de euros que el Estado francés había establecido para recapitalizar seis bancos (BNP Paribas, Crédit Agricole, Banques Populaires, Crédit Mutuel, Société Générale, Dexia) eran ilegales según las santas leyes de la competencia libre y no falseada (2).
Hay que concederle que, en los papeles y desde un punto de vista absolutamente formal, no está del todo equivocada. En efecto, en el adorable Tratado de Lisboa hay un artículo, el 107, que prohíbe las ayudas del Estado. En verdad, el artículo en cuestión no es el único que dio cuenta de los últimos ultrajes de esta época del sálvese quien pueda-todo se derrumba. El hecho es que las imperiosas necesidades al borde del abismo no dejaron a los gobiernos europeos más alternativa que pisotear los dogmas. Así pues, más valía no extenderse demasiado sobre esas irregularidades, a la espera de que, cuando lo peor de la crisis hubiera pasado, y con la ayuda de algunos efectos de amnesia, todo volviera al orden de la legalidad europea que había sido suspendido por un instante.
Sin embargo, habrá que evitar ser demasiado cuidadoso, pues desde el punto de vista de sus disposiciones económicas más fundamentales, el Tratado quedó en un estado equiparable al de una cancha municipal un domingo lluvioso de rugby. El artículo 123, que prohíbe al Banco Central Europeo prestar a “las administraciones centrales, a los autoridades regionales o locales, a otras autoridades públicas de los Estados miembros”, no le impidió abrir un crédito de 5.000 millones de euros a un gobierno, en este caso el húngaro, ¡que ni siquiera es miembro de la zona euro!
También están los artículos 101 y 102, retorno a la competencia, que, al prohibir la constitución de posiciones dominantes y funcionar generalmente como disuasión en las operaciones de concentración, no representaron visiblemente el menor obstáculo a los movimientos de reestructuración bancaria, que por otra parte fueron alentados por los Estados que no vieron en ellos más que la oportunidad de ahorrar un poco en recursos públicos, organizando el traspaso de los bancos más frágiles a aquellos que no lo son tanto. En la agitada recompra de Fortis por parte de BNP Paribas, de Halifax-Bank of Scotland (HBOS) por Lloyds-TSB, de Landesbank Baden-Würtemberg (LBBW) por el banco regional de Baviera, de Dresdner por Commerzbank, la “consolidación” del sector conoció una aceleración prodigiosa al saltearse visiblemente cualquier aprobación europea, en un marco en el que sin duda, en condiciones normales, cada uno de estos expedientes hubiera sido examinado minuciosamente y, en algunos casos (la posibilidad existe), quizá bochados.
Una entrada en escena notable
En un momento fue demasiado. Kroes no tiene problemas en callarse cuando los bancos juegan al Monopoly bajo su ventana, pero tampoco se le puede pedir que reniegue indefinidamente; si no, ¿qué sentido tendría, y para qué, una comisaria de competencia? Nótese la ocasión elegida para estallar: el artículo 107, las ayudas estatales. Porque en la jerarquía de las abominaciones, siempre es el Estado el que aparece primero. Se pisotean los artículos anticoncentración; sin duda está muy mal, pero, a título excepcional, Kroes puede hacerse a la idea, ya que se trata de la idea del capital: el sector privado sabe lo que hace, aun si de vez en cuando haya que retarlo un poquito.
¡Pero el Estado! Era lógico que, de todas las violaciones del Tratado europeo, fueran las ayudas del Estado las que colmaran la paciencia de la comisaria… y la llevaran a su primera rebelión. Lamentablemente, el mundo es malo y los Estados miembro son unos ingratos. Y la protesta generalizada no se hizo esperar. Países no precisamente conocidos por tomarse a broma la construcción europea –Alemania, Suecia, Bélgica– le hicieron saber a Kroes que más le valdría mandarse mudar.
Pero, como para dar crédito a esa idea de una vocación por lo peor, hete aquí que Joaquín Almunia, comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, hizo su dramática entrada en escena para recordar que, luego del artículo 126 y del pacto de estabilidad reunidos, los déficits públicos deben permanecer por debajo de la barrera del 3%. Todo, en medio de la recesión del siglo. Se buscan metáforas convincentes que ayuden a hacerse una idea del grado de delirio en que cae la Comisión en este período: ¿una ambulancia detenida por la policía porque acaba de pasar un semáforo en rojo mientras se dirige a la escena de un choque en cadena? ¿Un avión sin combustible impedido de aterrizar porque transporta un yogur vencido?
Por supuesto, siempre se puede contar con los incondicionales para repetir la cantinela, fieles a la etiqueta “La voz del amo”: los déficits se profundizan, las deudas públicas se acumulan. ¿Creen que son los únicos que se dan cuenta? Que la movilización de sumas astronómicas por los presupuestos gubernamentales esté en condiciones de preparar una crisis gratinada con las finanzas públicas le preocupa a todo el mundo. Pero preferir una crisis posible más adelante a una muerte segura ahora mismo parece, normalmente, de una racionalidad elemental. Ganar tiempo: ése es sin duda el último margen de maniobra que le queda a Estados Unidos para tratar de encauzar el desastre. Y eso no es poco: a veces, ganar tiempo ¡salva! Durante ese tiempo, Estados Unidos, que evidentemente sabe mucho mejor que los europeos qué quiere decir “al borde del abismo”, prepara un stimulus package del 13% del Producto Bruto Interno (PBI). Busque usted el error…
Hay que reconocer, como descargo para los pobres comisarios, que esta situación deja a la construcción europea en un gran desequilibrio jurídico. Artículos 101, 102, 107, 123, 126… empieza a ser mucho. Ahora, si las ideologías de esta Europa hacen lo que quieren con la coherencia intelectual, no es el caso de los juristas, que, por su parte, tienen algo que ver con la coherencia del derecho. Quede dicho de entrada lo que puede pasar con el derecho europeo cuando las necesidades vitales que se llevan todo conduzcan a violarlo alegremente. Digamos enseguida que la idea de un “derecho por intermitencia” no es de esas ideas que provoca la adhesión fervorosa de los juristas…
Cuando la crisis sea absorbida en algunos años y los negocios retomen su curso, ¿qué argumentos usarán la Comisión, y sobre todo el Triunal de Justicia de las Comunidades Europeas, contra los desgraciados candidatos que pidan la fusión bancaria en frío, cuando estos últimos traigan a colación los antecedentes de Fortis-BNO Paribas o de HBOS-Lloyds TSB? Ahí está la debilidad de las construcciones institucionales muy fuertemente “juridicizadas”, como la Unión Europea: tienen muy poca flexibilidad y todo intento de dar un paso por fuera de la senda peatonal, aunque sea en la urgencia de una situación de crisis, crea potencialmente un problema jurídico. Podría objetarse que el derecho rectifica el derecho, y que en los hechos las nuevas líneas directrices operan la adaptación de las antiguas. No obstante, habrá que someter a la opinión de juristas muy calificados la validez, no de la aparición de nuevas líneas directrices, sino de líneas directrices temporarias y reversibles, es decir ad hoc.
Pero en el fondo, ¿qué puede decirse de artículos que han sido tan mal pensados, y deben ser repudiados en la primera crisis seria, si no que es necesario reescribirlos de cabo a rabo (y de hecho, a muchos otros también) y que el período presente ofrece una oportunidad formidable para hacerlo? El gobierno francés, si tuviera dos gramos de sentido histórico, aprovecharía la inigualable ocasión para abrir una crisis política positiva, tan brutal como necesaria, pero tolerable e incluso deseable, justamente porque ofrece la posibilidad de hacer en caliente lo que durante tanto tiempo pareció imposible hacer en frío –incluso con algunos resonantes “no” en todos los referendos–, es decir, relanzar finalmente la construcción europea sobre nuevas bases.
Que un gobierno francés de derecha sea de pronto el posible protagonista de esta prueba de fuerza sumaría al encanto del período. La presencia de Nicolas Sarkozy a la cabeza del Estado incita claramente a morigerar las anticipaciones, conociendo la desproporción entre sus declaraciones y sus pasajes al acto. Ahí está el drama político: si pudiera haber la menor esperanza, se iría por ese lado. Pues no hay que hacerse ninguna ilusión sobre la capacidad de los socialdemócratas para hacer emerger una polémica de este tipo. Ellos se lanzarían a impedir semejante infamia con su propio cuerpo como barrera, dado que está irreversiblemente grabado en sus mentes que responsabilizar a esta Europa es responsabilizar a la única Europa.
En su forma actual, la Unión hace lo posible por asquear todo lo que pueda, a veces incluso (pero en el silencio de sus almas atormentadas) a sus defensores más sinceros. Si quisiera precipitar ataques de encierros nacionales no podría proceder de otro modo. Si de verdad ése es el producto, cada día más probable, de la delirante aventura, casi cabe preguntarse si, para la propia idea europea, no habría que desear que un buen día los plebeyos –quiero decir los “ciudadanos europeos”– se dirigieran a decirles unas cuantas cosas, en directo, a los grandes enfermos que hicieron que esta Europa fuera irreparable.
1 Véase François Denord y Antoine Schwartz, “Una muralla para contener al socialismo”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, junio de 2009.
2 Se trataba, por entonces, de la primera etapa de un plan de “recapitalización” de un presupuesto global de 21.000 millones de euros. Ver, por ejemplo, “Brussels blocks French bank bail-out”, The Financial Times, Londres, 28-11-08.
F.L.es economista, autor de La crise de trop. Reconstruction d’un monde failli, Fayard, París, 2009, del que se ha extraído este artículo.
La Unión Europea frente a la crisis de la globalización | 15-06-2009 - 07:21:29 GMT 1 #
La ultraderecha italiana comienza a patrullar las calles
Agencias
Las patrullas callejeras están formadas por voluntarios ultras con ropa paramilitar dispuestos a "salvaguardar la integridad nacional"
De las rondas padanas a las rondas negras. Primero fue la xenófoba Liga Norte de Umberto Bossi, ahora el racista Movimiento Social Italiano-Derecha Nacional (MSI-DN). Ambas formaciones ultraderechistas ya cuentan con patrullas callejeras para limpiar los pueblos y ciudades. Los primeros usan gorras verdes y visten ropa convencional, pero la estética paramilitar de la llamada Guardia Nacional Italiana impone con su marchamo fascista.
Son patrullas callejeras de voluntarios que, bajo el nombre de "Guardia Nacional Italiana", pretenden colaborar con las autoridades del país en virtud de la nueva Ley de Seguridad.
Según informan hoy los diarios La Repubblica y Corriere della Sera en sus páginas web, estas patrullas, cuyo uniforme se compone de camisa caqui, gorra negra con un águila imperial romana y pantalón gris, fueron presentadas hoy en Milán durante el congreso nacional de la formación.
Las patrullas de voluntarios, que son ya más de 2.000 en toda Italia, según los promotores de la iniciativa, están dispuestas a colaborar con la Policía en las tareas de vigilancia callejera gracias a la nueva ley que permite la formación de rondas ciudadanas.
Rondas negras
En su página web, la Guardia Nacional Italiana, que opera "con el fin de salvaguardar la integridad nacional", explica que estos voluntarios, que formarán las ya conocidas como "rondas negras", están esperando a que la ley sea publicada en el Boletín Oficial del Estado de Italia para empezar a operar.
Entre los promotores del proyecto figura también el político Gaetano Saya, líder del ultraderechista Partido Nacionalista Italiano (PNI), enviado a juicio en 2004, según los medios de comunicación del país, por difundir a través de una página web "ideas fundadas en la superioridad y el odio racial". Desde la "Guardia Nacional Italiana" se asegura que estas rondas son "apolíticas" y que se limitarán a ir a los lugares con fama de ser inseguros, donde controlarán y darán parte a las autoridades de lo que suceda.
El responsable de Seguridad del opositor Partido Demócrata (PD), de centroizquierda, Marco Minniti, ya ha expresado su queja y ha pedido que "se detenga este desconcertante delirio". "Es un golpe al corazón y a los principios de toda democracia liberal", ha dicho Minniti, en declaraciones que recoge "La Repubblica" en su página web.
La ultraderecha italiana comienza a patrullar las calles | 15-06-2009 - 07:24:15 GMT 1 #
¿Es Europa de derechas?
Vicenç Navarro
Existe una avalancha mediática que quiere interpretar el resultado de las elecciones europeas del pasado domingo como una muestra de que la población europea se está moviendo a la derecha, lo cual explica la victoria de los partidos conservadores y liberales y la derrota de la socialdemocracia en tales elecciones. La mayoría de diarios abrieron el lunes sus primeras páginas con titulares tan impactantes como “Europa es de derechas” “El movimiento a la derecha en Europa”, “La población europea escoge a las derechas para salir de la crisis” y otros semejantes.
Y de una manera también predecible, muchos comentaristas han atribuido el descalabro de la socialdemocracia en Europa al hecho de que ésta esté atascada en los dogmas de la izquierda tradicional. Más de un articulista ha aconsejado a la socialdemocracia europea que se modernice y se centre, distanciándose de las posturas izquierdistas. Y más de una voz dentro del socialismo español está reflexionando en voz alta sobre la necesidad de que el socialismo europeo se mueva al centro (que en realidad quiere decir más a la derecha).
Pero veamos los datos. ¿Cómo puede verse si la población se está moviendo a la derecha? Una de las maneras es preguntarle qué políticas públicas favorecería y desearía que los gobiernos y la Unión Europea promovieran. Pues bien, según la última encuesta de valores de la población de los países miembros de la UE, se señala que, por amplias mayorías, el promedio de la población europea desea el desarrollo de políticas públicas identificadas con el socialismo (incluyendo la tradición socialdemócrata). Así, el 72% considera que las desigualdades en sus países son demasiado altas; el 78% cree que la riqueza de los ricos es excesiva; el 68% no cree que las desigualdades se deban al mérito de los ricos; el 64% favorece políticas públicas redistributivas; el 62% favorece la expansión de los derechos laborales y sociales, universalizando tales derechos. Y un largo etcétera. Es más, estos porcentajes han alcanzado las mayores cifras registradas en los últimos treinta años. Es difícil, en base a esos datos, concluir que Europa, es decir la población europea, sea de derechas. Por cierto, estos porcentajes son incluso mayores entre las clases populares (las clases trabajadoras más las clases medias de renta media y baja) y son mucho menores entre las población de rentas superiores. Hay tantas Europas como clases sociales. Pero lo que la mayoría de la población (que son las clases populares) desea encaja totalmente en el proyecto que históricamente se ha identificado con la socialdemocracia.
¿Cómo se explica, entonces, que no ganen los partidos socialdemócratas? ¿Cómo se explica también que el apoyo hacia los partidos socialdemócratas (que fueron el grupo mayoritario en el Parlamento Europeo en su inicio) haya ido disminuyendo? ¿Y cómo se explica el crecimiento de la ultraderecha anti-inmigrante en la UE?
Para responder a estas preguntas hay que recuperar el análisis de clases sociales (prácticamente abandonado en los mayores medios de información y persuasión) y entender que, en general, cada partido político tiende a tener su base electoral definida por la clase social de su electorado. Naturalmente la clase social no es la única variable explicativa del comportamiento electoral. Pero es una variable muy importante, cuya capacidad explicativa del comportamiento electoral queda ignorada cuando no se incluye en los análisis electorales.
Históricamente la socialdemocracia se caracterizó por su compromiso con la extensión y universalización de los derechos sociales y laborales, garantizados por el Estado (fuera éste central, autonómico o local), mediante el establecimiento del estado del bienestar (financiado públicamente) con una fiscalidad progresiva, que tenía un impacto altamente redistributivo. Este proyecto continúa siendo altamente popular, como señalan aquellas encuestas. En el pasado, los sectores más beneficiados por este proyecto fueron las clases trabajadores y amplios sectores de las clases medias, que constituyeron las bases electorales de aquellos partidos.
Pero estas clases se han ido distanciando de los partidos socialdemócratas y ello como consecuencia del abandono del proyecto socialdemócrata por parte de tales partidos. Durante estos años hemos visto la enorme influencia de la Tercera Vía en la socialdemocracia europea Esta vía implicaba la incorporación del ideario liberal dentro del proyecto socialdemócrata. Modernizarse significaba adaptarse a tal ideario liberal. Surgió así el socioliberalismo, que era la versión light del liberalismo desarrollado por las derechas conservadoras y liberales.
Una característica de tal socioliberalismo fue la renuncia a políticas redistributivas y a políticas fiscales progresistas; el abandono de la expansión de la universalización de derechos sociales; el desarrollo de una desregulación de los mercados laborales; la privatización de los servicios públicos, entre otras intervenciones. Ni que decir tiene que el desarrollo de tales políticas fue desigual, alcanzando su máximo desarrollo en Gran Bretaña (con el gobierno Blair y Brown), Alemania (con el gobierno Schroeder) e Italia (con el Partido Demócrata), tres de los partidos que han perdido mayor apoyo en las últimas elecciones. Tales políticas explican la desafección de las clases populares hacia tales partidos y hacia la UE, la mayor promotora de tales políticas liberales. En realidad, algunos de los guardianes de la ortodoxia liberal en la Comisión Europea fueron, y son, individuos nombrados por los partidos socialdemócratas.
La enorme abstención de las clases populares es la causa de la derrota de tales partidos. Pero esta desafección es también la causa del apoyo electoral por parte de sectores amplios de la clase trabajadora (sobre todo de la no cualificada) hacia las derechas que se presentan como anti-inmigrantes. Este apoyo se debe a la enorme inseguridad en la que tales sectores se encuentran, sintiéndose amenazados por las poblaciones inmigrantes, con las que compiten por puestos de trabajo y servicios públicos graciales no universales. Frecuentemente se le exige a estas clases trabajadoras que absorben los costes de la integración de los inmigrantes. El apoyo del centro izquierda e izquierdas europeas a la entrada de Turquía (que significa la libre entrada de millones de inmigrantes turcos en la UE) explica el apoyo de aquellos sectores de la clase trabajadora a la derecha y a la ultraderecha que, conscientes de este temor, utilizan su mensaje anti-inmigrante como la manera de movilizar su apoyo por sectores amplios de las clases populares. No es casualidad que Sarkozy, Berlusconi, Merkel, y otros dirigentes de la derecha europea, presentaran su oposición a la entrada de Turquía en la UE como parte de su campaña anti-inmigración. Naturalmente que no se presentó de una manera tan explícita, pero en política lo implícito es tan importante como lo explícito, y tuvieron éxito. Esta situación, más el apoyo de sus bases electorales (las rentas medianas altas y las altas) explica su victoria electoral.
¿Es Europa de derechas? | 16-06-2009 - 09:03:07 GMT 1 #
Supremacía blanca
Joaquim Sempere
Público
La Europa de posguerra se ha construido sobre la idea de que el nazifascismo, después de su derrota, fue definitivamente extirpado del orden sociopolítico y del imaginario colectivo. ¿Es realmente así? Hay razones para dudarlo. El Holocausto se presenta a veces como un fenómeno absolutamente excepcional, un desvarío de crueldad y barbarie en una Europa que con las Luces había efectuado un cambio básico e irreversible de civilización. No obstante, se pueden detectar en la historia de Occidente continuidades inquietantes que vienen de antes del Holocausto. No pretendo que Occidente haya sido una excepción en cuanto a crueldad genocida. Como dijo Walter Benjamin, todo documento de civilización ha sido a la vez un documento de barbarie a lo largo de la historia. Ni racismo ni xenofobia ni crueldad han sido patrimonio exclusivo de Occidente. Es más: es mérito de Occidente haber alumbrado la noción de derechos humanos universales. En otras civilizaciones se han dado ejemplos de tolerancia y convivencia respetuosa entre diferentes, pero ninguna proclamó la universalidad de los derechos de todos los seres humanos.
Pero es saludable saber que las Luces no acabaron por completo con las pulsiones bárbaras. Nos lo advirtió Nietzsche. Como ocurre tan a menudo, en nuestra cultura han coexistido ambos impulsos: el constructivo y el destructivo. Podríamos remontarnos al genocidio de los indios americanos y al exterminio de otros pueblos colonizados, así como a la trata de esclavos durante tres siglos. Pero como ha puesto en evidencia Domenico Losurdo, hay raíces más inmediatas del racismo nazifascista del siglo XX. Un precedente fue el Ku Klux Klan, nacido en Tennessee en 1866 como reacción a la abolición de la esclavitud, que perduró organizado hasta 1966. Además, la fundación de los Estados Unidos incluye el genocidio o la deportación forzosa de las poblaciones indias. La idea de supremacía blanca tuvo formulación escrita en la obra de Lothrop Stoddard, The Revolt against Civilization. The Menace of the Under Man, publicada en Nueva York en 1922. La expresión nazi Untermensch (hombre inferior) es la traducción alemana de la de Stoddard, admirado por el nazi Alfred Rosenberg. Este libro se tradujo al alemán en 1925.
Hay otras genealogías del mal, ligadas en general a experiencias de opresión violenta de pueblos considerados inferiores. El colonialismo fue una eficaz escuela de desprecio y destrucción de otras etnias. En las guerras coloniales los militares españoles, ingleses, franceses, holandeses y alemanes aprendieron o practicaron medios y estrategias que luego fueron aplicados a los “infrahombres” del propio territorio (judíos y gitanos, sobre todo), a los enemigos extranjeros en situación de guerra e incluso a los propios conciudadanos en las guerras civiles por la toma del poder. El gas mostaza usado en las trincheras europeas de la Primera Guerra Mundial había sido utilizado por el Ejército español en la campaña del Rif. Los militares alemanes habían experimentado tácticas de exterminio en la ocupación del África del Sudoeste (actual Namibia) antes de la Primera Guerra Mundial. En 1908 sofocaron con 100.000 asesinatos una rebelión iniciada años antes por los herero. Pero el mayor genocidio europeo en África tuvo lugar en el Congo belga, donde, al decir de Vargas Llosa, murieron diez millones de autóctonos en el curso de su sometimiento por el rey Leopoldo II. El segregacionismo practicado en Sudáfrica fue elogiado como modelo por el mismo Rosenberg. Y tuvo tan larga vida que se convirtió en Apartheid en 1949 y duró hasta finales del siglo XX.
Este hilo rojo subterráneo de supremacía blanca que recorre la reciente historia de Europa sigue ahí latente. Puede salir a la superficie en cualquier momento. Se da una coyuntura favorable para ello: una inmigración masiva de los países del Sur, que despierta el temor injustificado al otro, al diferente. Hay una regla psicológica según la cual quien inflige daño a otra persona odia a su víctima porque le devuelve como en un espejo la imagen de su maldad. Tal vez esta regla funcione en este caso, y el odio al negro, al moreno, al indio, refleja la intuición, aunque sea vaga, de una historia secular de injusticias de la que somos beneficiarios.
Hay al menos dos maneras de abordar el fenómeno, o considerar que debemos compartir la única Tierra que tenemos, y que hace falta acabar con las sangrantes desigualdades planetarias en el disfrute de los bienes disponibles, o consolidar y reforzar el actual orden internacional. De momento prevalece esta segunda opción. Por ejemplo, cuando se imponen reglas de inmigración que ven a los inmigrantes como medio para satisfacer nuestras necesidades de mano de obra dispuesta a trabajar en empleos poco considerados y mal pagados, y no como personas humanas con sus propias necesidades y aspiraciones. Es particularmente sórdido que se den facilidades de entrada a los trabajadores muy cualificados, alentando la fuga de cerebros desde unos países que se ven privados de su gente mejor preparada, cuya contribución a la economía necesitan vitalmente y cuya formación escolar y académica han financiado con sus propios recursos.
De momento en España podemos estar razonablemente satisfechos del clima social en torno a la inmigración extracomunitaria. Pero no deberíamos olvidar que el peligro de racismo y xenofobia expresado como ideología de la supremacía blanca está ahí de forma latente. ¿Cómo evitar que estalle? Con información, pero sobre todo con generosidad y con conciencia de que nuestra situación de privilegio se asienta sobre una historia de depredación colonial y sobre una deuda ecológica y económica invisible que tenemos contraída con los países del Sur.
Joaquim Sempere es profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona.
http://blogs.publico.es/dominiopublico/1345/supremacia-blanca/
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Supremacía blanca | 17-06-2009 - 08:08:54 GMT 1 #
El Movimiento Social Italiano, heredero del Partido Fascista, lanza las "rondas negras"
La Stampa
Traducido por Liliana Piastra
Se definen como una asociación apolítica e independiente de cualquier partido, de la que pueden formar parte libremente todos los ciudadanos, ya sean de derechas o de izquierdas, y dicen ser ya más de 2.100 en toda Italia. Llevarán un uniforme compuesto por una camisa gris o kaki, pantalones grises o negros con una raya amarilla, boina con el águila imperial romana y una franja negra en el brazo que lleva impresa la "rueda solar", símbolo del naciente Partido nacionalista italiano, presidido por Gaetano Saya.
Se trata de voluntarios de la Guardia nacional italiana, listos para patrullar por las calles las 24 horas del día, dotados de linterna y teléfono móvil, y dispuestos a trabajar codo con codo junto a las rondas padanas en cuanto entre en vigor el Proyecto de Ley sobre seguridad. Las llamadas "rondas negras" se han presentado esta mañana en Milán, durante una reunión nacional del MSI (Movimiento social italiano), pero se distancian de la política haciendo hincapié en que sólo se ocupan de la seguridad de los ciudadanos: «Nuestra función será únicamente de vigilancia, para comunicar cualquier problema a las fuerzas del orden - explica Giuseppe Giganti, coordinador nacional de las Guardias -. Somos una Organización sin ánimo de lucro, asimilada a la Protección civil, a la que todos pueden acceder, incluso gente de izquierdas, la política no tiene nada que ver ».
De los voluntarios que hasta ahora se han presentado, aproximadamente un 30% han pertenecido a las Fuerzas del orden, desde Lombardía hasta Sicilia, con unos ochenta afiliados entre Milán y su provincia. Aseguran no tener prejuicios raciales porque «lo mismo da que el que cause problemas sea un italiano o un extracomunitario», ni simpatía por el fascismo, «una ideología anacrónica que pertenece a la historia», dice Giganti. Los símbolos y el uniforme «dicen quiénes somos, al igual que sucede con la policía y los carabineros, y sirven para que se nos reconozca como rondas, no para asustar, de lo contrario, estamos dispuestos a cambiar de ropa» puntualiza Roberto Guerra, coordinador de las Guardias de Génova. Desde el punto de vista político, el MSI (junto con el Partido Nacionalista Italiano en ciernes, pero que sólo se asentará en el Norte de Italia) tiende a afirmarse como «la nueva derecha conservadora de Berlusconi, que en Italia hay que rehacer de raíz» explica la neopresidenta nacional Maria Antonietta Cannizzaro, esposa de Saya. «Respaldamos al Pdl y tenemos buenas relaciones con la Lega, con la que compartimos muchas ideas y esperamos poder colaborar» concluye Cannizzaro.
La oposición protesta. «Estaba más claro que el agua. Ahora llegan las camisas grises de la mano del MSI y se suman a las camisas verdes. La previsión de una mala “división entre partidos” de la seguridad de nuestro país está demostrando ser exacta» acusa el responsable de la seguridad del Pd, Marco Minniti, y añade: «La idea de que el control del territorio se le puede confiar a asociaciones, milicias que se identifican con un color político, es un ataque al corazón de los principios de toda democracia liberal. El pronóstico era demasiado fácil. Ahora hay que hacer algo para detener este delirio desconcertante». También llegan críticas de Italia dei valori. Su líder en la Cámara, Donadi, habla de «hecho gravísimo y peligroso» que recuerda a las SS, «la página más terrible de la historia europea del último siglo. Una ofensa para nuestra historia y para la democracia».
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El Movimiento Social Italiano, heredero del Partido Fascista | 19-06-2009 - 07:20:03 GMT 1 #
¿Quién no entiende Europa?
Vicenç Navarro
La población europea se está moviendo a la izquierda
Existe una tendencia por parte de los medios de información de asumir, erróneamente, que las instituciones representativas en los sistemas democráticos reflejan el sentir de la población, identificando país con gobierno, lo cual crea confusiones considerables. Así, cuando el gobierno Aznar decidió enviar tropas a Irak, la prensa internacional indicó que España apoyaba la política del Presidente Bush de invadir aquel país. En realidad, la gran mayoría de la población española no apoyó aquella invasión, y millones de personas salieron a la calle como protesta. No fue España, sino el gobierno de Aznar el que apoyó la invasión de Irak.
Una situación idéntica está ocurriendo ahora cuando, como resultado de que los partidos de derechas ganaron las elecciones al Parlamento Europeo, ha aparecido un gran número de titulares en los medios de información subrayando que “Europa se hace de derechas”. No es Europa, sin embargo, sino el Parlamento Europeo el que se está moviendo a la derecha. En realidad, la mayoría de la población europea se ha estado moviendo a la izquierda (es decir, ha ido sosteniendo valores y posturas claramente identificadas con las izquierdas) desde hace ya años y alcanza ahora niveles sin precedentes. Según las últimas encuestas de valores de las poblaciones de los países miembros de la UE, por grandes mayorías, el promedio de la población de los veinticinco miembros de la Unión Europea cree que: 1) las desigualdades sociales son demasiado altas en su país (72%); 2) las personas con mayores rentas no están contribuyendo al erario público en la medida que debieran hacerlo (64%); 3) los estados debieran tomar medidas redistributivas para corregir las desigualdades sociales (68%); y 4) los estados debieran expandir los derechos laborales y sociales (76%). En el año 2008, último año en que se hizo tal encuesta, los porcentajes habían alcanzado unos niveles nunca antes vistos en los años de existencia de la UE. Basado en estos datos, no es correcto indicar pues –como constantemente se está haciendo- que la población europea se está moviendo a la derecha.
El Parlamento se está moviendo a la derecha
El Parlamento Europeo, sin embargo, sí que se está moviendo a la derecha. Y una pregunta que debe hacerse es ¿por qué ocurre esto cuando la población se está moviendo en sentido opuesto? Este es el punto clave que no se está analizando, pues la mayoría de analistas han perdido (se han olvidado de) las herramientas para analizar nuestras realidades. Los medios han analizado la elevadísima abstención, haciendo estos análisis por países, y pronto aparecerán estudios que lo analizarán por regiones, por edades, por género y otras categorías que, aún siendo valiosas, son insuficientes. La gran variable para entender lo que está ocurriendo en nuestros países es la variable más olvidada, es decir, la clase social de la población. En contra de lo que se ha dicho y escrito en la mayoría de medios de información, las clases sociales continúan existiendo en Europa (y en España). La imagen tan promovida en los medios de que la mayoría de la población de los países europeos pertenecen a esta categoría tan amorfa que llaman “clases medias” (que incluye prácticamente toda la población que está entre los ricos por arriba y los pobres por abajo) es profundamente errónea. La gran mayoría de la población en los países europeos pertenece a las clases populares, dentro de las cuales la clase trabajadora constituye la mayoría. Y esto no sólo objetivamente sino, incluso, subjetivamente. Hay más gente en la mayoría de países de la UE (incluyendo España) que se autodefine como clase trabajadora que como clase media.
Pues bien, si ustedes analizan el comportamiento electoral por clase social, pueden ver que la participación electoral ha seguido una pauta clasista muy clara. A mayor nivel de renta, mayor participación. Esto ocurre, por cierto, en la gran mayoría de procesos electorales en toda la UE. Pero ha alcanzado unas dimensiones nunca antes vistas en estas elecciones al Parlamento Europeo. La diferencia de participación electoral, en los últimos comicios, entre los barrios pudientes y los barrios populares (en los análisis que se han hecho en varios centros urbanos europeos), nunca había sido tan alta. De ahí que, aún cuando la participación ha sido menor en todas las clases sociales, ha sido masiva y enorme entre las clases populares, y muy en especial, en los barrios obreros.
¿Por qué las clases populares se abstienen?
¿Por qué esta abstención tan masiva? La respuesta más común es que las clases populares no entienden la Unión Europea. La complejidad de tales instituciones es tal –se dice- que es de difícil comprensión para las clases populares. De ahí que no participen en las elecciones. Esta explicación proviene en su mayoría de los intelectuales afines (que son muchos) a los establishments políticos y mediáticos. Es una explicación condescendiente que cree que las grandes decisiones e instituciones sobrepasan la capacidad de entendimiento de las clases populares. Otra explicación, dada más frecuentemente por portavoces de partidos de izquierda que de partidos de derecha, es que los partidos no se han explicado bien, reduciendo el problema a una falta de comunicación.
El problema con estas explicaciones es que ambas ignoran el conocimiento que tales clases populares adquieren en su vida cotidiana, y que les informa muy bien sobre lo que está pasando en sus vidas. Y estas clases populares han ido viendo como su standard de vida se ha ido deteriorando, como su seguridad en el trabajo ha ido disminuyendo, y como el estrés en su puesto de trabajo ha ido creciendo (ver Navarro, V., ¿Cómo está evolucionando la situación social de la Unión Europea? En Borrell, J., Europa en la Encrucijada, Ed. Cajamar. Diciembre 2007). Y estas clases están muy preocupadas y muy inseguras. La evidencia de que existen estas percepciones y que éstas han ido aumentado, es fuerte y robusta. Y aunque anteceden a la crisis económica y financiera actual, han alcanzado su máxima expresión durante estos años de crisis.
Y, preguntémonos, ¿qué leen las clases populares en los diarios, qué oyen en la radio o qué ven en la televisión sobre la Unión Europea durante todo el año? Pues, predominantemente, lo que dicen miembros del Consejo Europeo y de la Comisión Europea de la Unión Europea (véanse las recientes declaraciones del Sr. Almunia, Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios). Tales dirigentes (como el Sr. Almunia) les dicen que los mercados laborales deben flexibilizarse (el mensaje que la clase trabajadora interpreta, correctamente, como que hay que desregular tales mercados, aumentando la inseguridad en su trabajo); que sus pensiones deben reformarse (el mensaje que interpretan correctamente como el intento de retrasar la edad obligatoria de la jubilación y disminuir sus pensiones); y que la tasa de inmigración (que en contra de lo que declara el discurso “políticamente correcto”, afecta negativamente a su nivel salarial, compitiendo además en recursos públicos, particularmente escasos en sus barrios) debe aumentar, ampliándose la UE para integrar Turquía (con sus 71 millones de habitantes que generará el mayor flujo migratorio que ha existido en la UE). Y cuando se quejen de que sus escuelas tienen demasiados inmigrantes, el establishment mediático europeo (que envía sus hijos a las escuelas privadas que no admiten inmigrantes y que su máxima exposición a la población inmigrante es como su personal doméstico) les insultan llamándoles racistas e intolerantes (véase mi artículo “Por qué votan a la ultraderecha”. Público. 18.06.09). De ahí que no sea del todo cierta otra explicación que se ha dado de la elevada abstención popular en las últimas elecciones atribuyéndola a que los “temas europeos” no centraron la campaña. El desempleo, la inseguridad laboral, la falta de protección social, y la desigual distribución de los costes de absorción de la inmigración, eran los temas que las poblaciones europeas indicaron, a través de las encuestas, preocupaban más a las clases populares en la gran mayoría de países de la UE (incluyendo España). En la mayoría de países de la UE ha habido un crecimiento del desempleo, un aumento de la inseguridad laboral, una dilución de la protección social, y una desigual distribución de los costes de la integración de la inmigración, todos ellos hechos que han ido ocurriendo antes de la crisis, aún cuando alcanzaron su máxima expresión durante la misma. En la mayoría de estos países las izquierdas apoyaron la integración de Turquía a la UE, siendo las derechas las que se opusieron. Es más, muchos partidos gobernantes de izquierda aprobaron medidas liberales promovidas por la Unión Europea, que afectaron negativamente el bienestar de las clases populares.
No es difícil comprender, pues, qué está pasando en la UE, cuando uno recupera el prisma correcto para entender esta realidad. En contra de lo que les dice el establishment, las clases populares sí que entienden lo que está pasando en la UE (son los analistas los que no lo entienden), y lo que ven no les gusta. De ahí que el pasado domingo se quedaran en casa o que un número creciente votara a la ultraderecha que, demagógicamente, les ofrece una vía de canalización de sus enormes frustraciones. El enorme fallo de grandes sectores de las izquierdas europeas se debe a que no han entendido lo que está pasando en la Unión Europea.
¿Quién no entiende Europa? | 20-06-2009 - 06:17:50 GMT 1 #
LAS ELECCIONES EUROPEAS Y LA CRISIS DE LIDERAZGO DEL PPSOE :
Los resultados de esas elecciones no deberían constituir un motivo de alarma para el régimen. El PPSOE ha concentrado más del 80% de los votos y el 88% de los escaños. Pero esto no es suficiente. La cúpula del régimen y su clase social hegemónica saben perfectamente de la gravedad de la situación. Así, es preciso que suenen todos los timbales de la “unidad”.
Por ello ven con buenos ojos la cooperación del PSOE y el PP en el rescate de los bancos y cajas, de los gerifaltes del ladrillo y de las multinacionales del motor. También se congratulan de los proyectos de nuevos Estatutos “nacionales” que ambos se disponen a impulsar en Vascongadas y en Galicia. Igualmente ven con agrado sus esfuerzos conjuntos por seguir tapando la verdad del 11-M que, maldita sea, no se deja enterrar. Y, en fin, se congratulan del papel subordinado del Tribunal Constitucional en los guiños a la ETA “buena” cuando autoriza la participación del los filoetarras de Iniciativa Internacionalista en los comicios.
El rey –quien departe semanalmente con los responsables de los servicios de inteligencia– y los capos de la banca y del capital oligopolista saben perfectamente dónde estamos. Saben que vamos por la senda de la deflación, del incremento del paro, del crecimiento del gasto público financiado con deuda pública y del descenso de calidad de la misma… hacia un probable colapso financiero general. Son conscientes de que los ataques al pueblo trabajador apenas están en sus inicios. Para ellos sobran empleos, sobran salarios, sobran “rigideces” en la contratación laboral y en el despido, sobran servicios sociales… Desde su posición se impone un cierre de filas del conjunto de la partitocracia que prepare la purga de la crisis con todas sus consecuencias. Incluso puede hacerse necesario un gobierno de gran coalición.
Pero las cumbres del régimen advierten, con nerviosismo, que los intereses particulares de las dos grandes facciones políticas dificultan el inicio de esa vía. Felipe González se ha hecho el mejor intérprete de esas preocupaciones. De entrada, señala la necesidad de acuerdos para afrontar la crisis. Y no se está refiriendo a unos acuerdos sólo con los sindicatos. «Un Gobierno solo, en cualquier país europeo o de cualquier parte del mundo, no es capaz de enfrentar la crisis si no tiene consenso, pacto, acuerdo o diálogo con interlocutores económicos, sociales y políticos». González, que ya se ha pronunciado abiertamente a favor de la reforma del mercado laboral, acusa ahora abiertamente al gobierno de Zapatero de estar perdiendo un «tiempo precioso» al no adoptar medidas de reforma necesarias con el «pretexto» de consensuarlas con los sindicatos. El gobierno, además de proponer reformas a los interlocutores sociales, está facultado para llevarlas al Parlamento y una vez allí, afirma, «que cada uno asuma la responsabilidad de negarse a apoyar eso». Los resultados electorales impiden que estas recomendaciones de González puedan ser aceptadas en lo inmediato.
Zapatero, de cara a las próximas elecciones generales, necesita no sólo recuperar a los votantes tradicionales del PSOE sino además atraer a votantes nacionalistas antiespañoles y de izquierdas que con ocasión de las elecciones europeas o bien han vuelto a sus partidos de origen o bien se han abstenido. Sin un importante trasvase de votos procedentes de IU, y sobre todo, de las formaciones antiespañolas, Zapatero no puede aspirar a perpetuarse en el gobierno. Para ello, al PSOE le conviene ahora más que nunca “que haya tensión”. Probablemente asistiremos a una radicalización de su discurso que le ayude a fagocitar estas formaciones. Esto significa: mantenimiento del pacto de hierro con las grandes burocracias sindicales, avance de la ley del aborto, recuperación del eje de la eutanasia, apoyo a nuevas iniciativas de erradicación de la lengua española, financiación privilegiada a las taifas catalana y andaluza… y unión de Cebrián y Roures, para concentrar un omnímodo aparato de agitación y propaganda.
El PP se ha reafirmado en su estrategia de perfil bajo, de “liberalismo amable”, que persigue una baja participación que evite que el PSOE sea «el refugio de los recelos que causa el PP» en el electorado antiespañol radical, al tiempo que tiende puentes al más moderado con vistas a posibles apoyos parlamentarios futuros. Rajoy quiere concentrarse en la economía pero sin mentar reformas impopulares. En el fondo, pretende que el INEM le haga las campañas electorales. Si Zapatero llegó al gobierno por accidente (ferroviario) Rajoy sólo puede llegar por defecto.
En suma, un Zapatero lanzado a tensionar y un Rajoy impotente para sustituirlo en medio de un desplome económico y del creciente descrédito de toda la clase política. Descrédito trocado en hostilidad de unas minorías que se ha expresado a través del sector activo y militante del abstencionismo y del voto en blanco. No haremos cábalas sobre la desembocadura de todo esto. No depende de nosotros. Lo que sí depende es el avance en la construcción de un partido vinculado a la preparación e impulso de la acción directa de masas, siendo conscientes que ésta tendrá dos grandes enemigos: el cretinismo electoralista que se sucederá sin tregua en los próximos años y la acción antisocial de las burocracias sindicales.
Secretaría General del
Partido Nacional Republicano
Junio 2009
www.tercerarepublica.org
pnr@tercerarepublica.org
676 090 121
LAS ELECCIONES EUROPEAS Y LA CRISIS DE LIDERAZGO DEL PPSOE | 20-06-2009 - 20:02:45 GMT 1 #
Entre Berlín y el Vaticano
José Luis Fiori
Puede parecer extraño, pero la crisis económica mundial no tuvo un papel importante en la victoria de las fuerzas conservadoras en las elecciones del día 7 de junio de 2009 para el Parlamento Europeo. Su resultado final consolidó tendencias que estaban antes de la crisis y apuntaban ya hace tiempo al fortalecimiento de la derecha en toda Europa, incluyendo Gran Bretaña y España, donde los conservadores ganaron las elecciones europeas, aunque permanecen en la oposición. Por otro lado, el comentado crecimiento de la "extrema derecha" sólo se dio en algunos pocos países, pequeños e inexpresivos desde el punto de vista electoral, dentro de la UE. De la misma forma, la derrota de los socialdemócratas y la declinación de la izquierda venían ya de antes, y no se revirtió en estas últimas elecciones por una razón muy simple: los socialdemócratas son parte esencial de la propia crisis. Recordando una historia conocida: la socialdemocracia europea abandonó la "utopía" socialista" después de la Segunda Guerra Mundial, y solamente se convirtió a las tesis y políticas keynesianas al final de la década del 50. Pero enseguida, a partir de los años 70, adhirió a las nuevas tesis y políticas neoliberales hegemónicas hasta el inicio del siglo XXI. Y hasta hoy, en la burocracia de Bruselas, y dentro del Banco Central Europeo, son los socialdemócratas y los socialistas los que en general defienden con más entusiasmo la ortodoxia macroeconómica y liberal. En este momento, por ejemplo, el ministro de Finanzas alemán, el socialdemócrata Peer Steinbruech, es considerado por todos como la autoridad financiera más ortodoxa y radical de todos los gobiernos de las grandes potencias capitalistas. Además de eso, los socialdemócratas y socialistas europeos no participaron del origen del proyecto de integración europeo, y nunca conseguirán formular una visión consensual del proyecto de unificación. Por tanto, en estas últimas elecciones parlamentarias los socialdemócratas y socialistas europeos no podían ser vistos como una alternativa frente a la crisis del modelo neoliberal, porque ellos son de hecho una parte esencial de la propia crisis. Es más: no disponen de ninguna propuesta específica para los atolladeros actuales de la Unión Europea.
Debe tenerse en cuenta, entretanto, que si ese resultado electoral era previsible, tampoco anuncia grandes novedades en el lado conservador. En primer lugar, porque no altera la correlación de fuerzas fundamentales que ya existían dentro del Parlamento Europeo. Y, en segundo lugar, porque la multiplicación de los votos de las organizaciones conservadoras aumentó en vez de disminuir las divisiones que ya existían dentro de la derecha y en el seno de los 27 países que componen la UE. Casi todos se oponen al ingreso de Turquía a la UE, quieren terminar con la dependencia energética de Rusia y defienden la represión a los inmigrantes islámicos. Pero, al propio tiempo, el grueso de la "extrema derecha" está contra la propia unificación europea, e incluso los conservadores ingleses son casi todos "euro-escépticos". Además de eso, no existe en este momento un acuerdo sobre la política económica para enfrentar la crisis, y se mantienen las principales divergencias estratégicas entre los actuales gobernantes conservadores. O sea, las fuerzas de la derecha que ganaron las últimas elecciones parecen una torre de Babel, tan confusa como la torre de Babel de los socialdemócratas y de toda la izquierda continental.
Sin embargo, y a pesar de toda esa confusión, Europa va siguiendo lentamente una senda que no es visible a los ojos del ciudadano común. El proyecto de unificación europea fue concebido originalmente, en el inicio de los años 50, en gran medida para incluir y desmilitarizar a Alemania y para contener a la Unión Soviética, todo bajo la batuta franco-norteamericana. Después de 1991, este proyecto cambió de la cabeza a los pies con la unificación de Alemania y el fin de la URSS. A partir de ahí, Alemania se aproximó de nuevo a Rusia y extendió su influencia a toda la Europa Central, ampliando su liderazgo dentro de la UE. Por eso, tras resultar electa en 2005, pudo la cancillera Angela Merkel armar un gobierno de "unión nacional" con los socialdemócratas, fortaleciendo al gobierno y al estado alemán en su trabajo continuo y silencioso a favor de la aprobación de la nueva Constitución Europea, el Tratado de Lisboa, y del control político de todos los nuevos estados que se asociaron a la UE. Más recientemente, Alemania asumió el liderazgo de las posiciones ortodoxas dentro de Europa, transformándose en una referencia mundial en la lucha contra el intervencionismo estatal y contra cualquier tipo de activismo del Banco Central Europeo. Decidió absorber su propia crisis, aceptando una fuerte recesión y transfiriendo para los grandes países importadores la responsabilidad de la reactivación de la economía mundial. Es más: viene utilizando al Fondo Monetario Internacional para auxiliar a las economías de Europa Central dependientes de su propia economía. Se mire por donde se mire, las pruebas son cada vez más evidentes: la Alemania de la señora Merkel está intentando reproducir la estrategia de Prusia, su antepasada del siglo XIX. En particular, la manera en que Prusia consiguió expandir su poder, integrando en su órbita de influencia, uno por uno, a todos los 36 estados y 4 ciudades libres de la Confederación Germánica creada por el Congreso de Viena de 1815: el procesó comenzó con la creación de una Unión Aduanera – el Zollverein— en 1834 y culminó con la formación del Estado Alemán en 1871.
Ello es, sin embargo, que el nuevo proyecto alemán del siglo XXI trae consigo una gran ideológica en relación con el "modelo original" del siglo XIX. En el mismo año en que resultó electa la demócrata-cristiana Ángela Merkel, el cardenal alemán conservador Joseph Ratzinger fue elegido Papa. Desde entonces, y a pesar de sus "enredos" internacionales, tienen un papel decisivo en la lucha ideológica en el seno de la UE. Defendiendo la necesidad de Europa de volver a sus raíces cristianas, para recuperar su identidad, su fuerza y su liderazgo mundial. De ahí su crítica al Islam y al ingreso de Turquía a la UE. Y su firme defensa de la cristianización del proyecto europeo. Hay una sintonía ideológica y religiosa cada vez más afinada entre Berlín y el Vaticano.
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VALL DEL LLIERCA Argelaguer, Sales de Llierca, Sant Jaume de Llierca, Montagut i Oix, Tortellà. VALL D'HOSTOLES Les Planes d'Hostoles, Sant Feliu de Pallerols, Sant Aniol de Finestres. Besalú, Beuda, Maià de Montcal, Sant Ferriol. FLUVIÁ Olot, Castellfollit de la Roca, Les Preses, Riudaura, Sant Joan les Fonts, La Vall de Bianya, La Vall d´en Bas, Mieres, Santa Pau Osona Vic Ripoll Ripollès Figueres Alt Empordà Garrotxa Girona Catalunya España Lejarza Madrid España Lliurona Berga Berguedà Bracons
Entre Berlín y el Vaticano | 23-06-2009 - 07:24:36 GMT 1 #
Los jueces al asalto al Parlamento.
Del 23-F al 8-O
Aureliano Buendía
Tal vez por aquello de creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, hoy vemos con un “puntito” de añoranza los años de la transición democrática en nuestro país. El fin de la dictadura franquista abría todo un mundo de ilusiones, de expectativas de cambio, pero también de dudas sobre si al fin sería posible alcanzar la ansiada Democracia, algo que la Historia se había empeñado, una y otra vez, en negar a nuestro pueblo.
Como digo, aquél parece hoy parece un tiempo lejano, del que sin embargo se guardan en la memoria colectiva importantes recuerdos. Democracia, cambio, transición o libertad, fueron expresiones casi ajenas que de repente se hicieron de uso cotidiano, sorprendentemente cotidiano. Todo ello, unido a la irrefrenable ilusión generada al sentirse partícipe, hasta protagonista, de todo ese proceso, no nos puede hacer olvidar que en el camino también se vivieron momentos convulsos.
La transición supuso para el conjunto de la ciudadanía, pero también para las Instituciones del Estado, un tiempo de cambios, en no pocos casos radicales, que afectaron tanto a su estructura como a su esencia misma. De ahí que durante esta etapa en España fuese particularmente duro y difícil romper con aquellas viejas formas, sobre todo porque de alguna de ellas se había servido el régimen anterior para su propósito de control social, y de la persecución y castigo de la disidencia.
Y sin embargo, como digo, alguna de estas Instituciones tuvo que pasar su particular via crucis, cambiando en ocasiones el nombre o la iconografía en torno a la cual la memoria colectiva podía rememorar su nefasto pasado. Cambió la Policía Armada (los temidos “grises”), y lo hizo en el nombre, en el uniforme y en su escudo, pero sobre todo lo hizo en su imagen, en la de un instituto entregado ahora al servicio del ciudadano y no al de perpetuar los instrumentos del poder autoritario del Estado. Cambiaron las Administraciones en su conjunto, desapareciendo progresivamente las ventanillas y aquel trato displicente con que el funcionario despachaba a quien osaba molestarle con sus demandas, a veces resueltas con el “vuelva usted mañana”, para emerger la figura del moderno empleado público.
Había pasado poco más de un lustro desde la muerte del dictador y una de las instituciones que más dañadas habían quedado en su imagen durante los cuarenta años precedentes, la Guardia Civil, apenas había iniciado también su difícil proceso de transformación. Y en plena metamorfosis tuvo que sufrir la vergüenza de verse implicada en uno de los sucesos más luctuosos de nuestra Historia reciente, tal vez el más deplorable desde el comienzo de la etapa democrática: la irrupción en el Congreso de los Diputados y el secuestro de los parlamentarios y Gobierno en pleno, cuando se votaba la investidura del nuevo candidato a ocupar la Presidencia.
El asalto al Congreso, ocurrido el día 23 de febrero de 1981, suceso conocido en todos los ámbitos como el 23-F, se ha convertido así en un hito que marcó un antes y un después en la Democracia de este país. Grandes analistas han coincidido en que éste fue un punto de inflexión del que resultó un grado de madurez colectiva, clave para consolidar la definitiva instauración del proceso democrático en la sociedad. Pero, sin lugar a dudas, fue también un punto sin retorno en la transformación de las dos Instituciones que tomaron parte en el fallido golpe: el Ejército y la Guardia Civil.
En definitiva, y como de las malas experiencias es posible extraer algún aprendizaje positivo, se puede decir que el lamentable espectáculo protagonizado por quienes secuestraron a nuestros Diputados y al Gobierno de la Nación, cuanto menos sirvió a aquéllos para reconsiderar su papel en una nueva España, surgida de la Democracia, y en la que algunos aún no creían. Así, no hay más que ver en qué se emplean hoy nuestros soldados y el papel que lleva a cabo la Guardia Civil, a punto de acabar el primer decenio del nuevo siglo, para dar fe del cambio. Entregados en misiones humanitarias en situaciones de conflicto, provocadas por guerras fratricidas o catástrofes naturales, o convertidos en un verdadero cuerpo de élite en la investigación de todo tipo de delitos y contribuyendo a reducir la siniestralidad en nuestras carreteras a través de servicios de vigilancia.
No es tiempo ahora de juzgarles por ese pasado, además no sería justo, porque ya no hablamos del mismo Ejército ni de la misma Guardia Civil, pero no debemos olvidar que aquel episodio ocurrido en la tarde de un 23-F fue un intento de involución, un hecho muy penoso para la vida interna y para la imagen que se proyectaba al exterior de un a España que caminaba de forma lenta, pero firme, hacia la consolidación de un Estado democrático. La sola idea de que el Parlamento, institución que por antonomasia representa la soberanía del pueblo español, hubiese estado secuestrada, siquiera durante unas horas, por un grupo de guardias civiles, y bajo las órdenes de algún que otro “salvapatrias”, es para echarse a llorar. Aunque sólo fue por un breve espacio de tiempo, el pueblo español no tuvo voz, porque quedó acallada por los disparos y fue presa de los golpistas.
Han pasado ya 34 años desde que la Democracia española comenzase a andar, 28 desde el intento del golpe de Estado del 23-F y aún hay quien cree que el proceso de cambio y transformación no va con ellos, que la soberanía popular es sólo propaganda, y que el Poder que representan tiene su origen en un título administrativo que les legitima para decidir qué es lo correcto o incorrecto, incluso para decir qué es bueno o malo para el pueblo.
Pese al tiempo transcurrido desde la instauración de la Democracia, no se conoce en estos momentos una institución más retrógrada y anclada en los beneficios y prebendas de un pasado reciente que la judicatura de este país. A pesar de ello, y desde hace unos meses, algunos jueces han optado por proyectar la opinión pública una imagen de sí mismos que en nada refleja la realidad que percibimos quienes les conocemos de cerca.
Es falsa la imagen de modernidad y de preocupación por lo público que pretenden dar, porque en el trabajo diario siguen recurriendo a los procedimientos clásicos y a erigirse en dueños y señores de ese pequeño reino (de taifas) que es “su” Juzgado, con desprecio hacia todo aquello que implique modernidad en la gestión de los recursos, por no hablar de todo lo que, por ejemplo, pueda alterar sus modos o el “peculiar” horario de trabajo.
Es igualmente falsa, por deliberadamente sesgada, la idea que quieren proyectar de que carecen de los mismos derechos que los funcionarios públicos (colectivo éste al que nunca llegaremos a saber si quieren o no pertenecer) porque, si bien no tienen algunos de estos derechos, sí cuentan con otros que el común de los mortales no podríamos ni soñar y que, intencionadamente, ocultan a la opinión pública. A nadie escapan las horas que sus señorías dedican a “otras actividades” y que evidencian la falsa dedicación en exclusiva a la labor de impartir justicia. Vienen a la memoria los nombres de numerosos jueces que restan horas de trabajo efectivo en el juzgado para dedicarlo a dar clases, impartir ponencias o participar en eventos, o en la preparación de oposiciones, en todos los casos con obtención de pingües beneficios extras.
Pero lo más terrible de todo, a mi juicio, es que bajo la piel de cordero y con el anuncio altruista de dirigir el núcleo duro de sus reivindicaciones a la búsqueda de una mejora del funcionamiento de la Administración de Justicia, que es como decir del “bien para todos”, esos nuevos “salvapatrias” hayan protagonizado el segundo de los asaltos al Congreso desde la instauración de la Democracia. Así, han convocando a una huelga a través de la cual pretenden secuestrar la voz del Parlamento cuando pende la aprobación por éste de una profunda reforma de la legislación procesal encaminada a modernizar la Justicia, a convertir la Administración de Justicia en servicio público.
No puede tener otro calificativo la convocatoria de huelga anunciada por parte de la judicatura (el segundo asalto, tras el que tuvo lugar a comienzos de este mismo año), al parecer para el próximo día 8 de octubre, que tiene por primer fundamento la demanda de mejoras económicas y laborales, una petición increíble en un momento de crisis económica como el que vivimos.
Todo este proceso de movilización de la que, sin duda, es una de las clases más privilegiadas de nuestro país (altos funcionarios, bien pagados e integrantes del Tercer Poder del Estado), surgió a partir del nacimiento del denominado “Movimiento 8 de octubre” (8-O), denominación más propia de un grupo guerrillero libertario que de un colectivo rancio y casposo, y también corporativista, auque sólo a medias, porque entre ellos prima antes que nada el interés estrictamente personal. Tal movimiento comenzó a raíz de la sanción impuesta al juez Tirado que consideraban injusta… Porque injusto es, para ellos, sancionar a un juez que no cumple con su trabajo, cuando lo verdaderamente sorprendente es que, en este país de tradicional impunidad de la magistratura, se haya conseguido siquiera una levísima sanción, que no deja de ser simbólica, para una conducta ciertamente reprobable. Doblemente reprobable si se recuerda el modo en que el Sr. Tirado se dedicó a “tirar balones fuera”, culpando de todo lo ocurrido al personal del Juzgado.
Y manteniendo el “espíritu” de aquella movilización (como queriendo engañarnos al parecer altruistas en sus reivindicaciones) la asociación de jueces que reúne a un mayor número de afiliados y buena parte de la judicatura convocan a una nueva jornada de huelga para el próximo día 8 de octubre, otra vez el 8-O, en demanda de medios para lograr la modernización de la justicia. Pero ¿a quién van dirigidas sus peticiones?
El Ministerio de Justicia, el Gobierno de la Nación, siempre puede y debe hacer más de lo que hace. No seré yo quien diga que el Ministerio cumpla con su obligación de procurar los medios acordes con un servicio esencial, en pleno siglo XXI. De cualquier modo, resulta paradójica hoy una movilización para reclamar cosas que cualquier profano pensaría que no se están dando. La realidad muestra en cifras objetivas que, pese a estar todavía lejos de las necesidades reales, las inversiones en la Administración de Justicia han seguido creciendo año tras año, incluso en época de crisis. El número de jueces por habitante está por debajo de los países de nuestro entorno, sin embargo, desde el año 2005 al 2008 ha pasado de ser de 9,52 a 10,15 jueces por cada 100.000 habitantes y ello, hay que decirlo también, en un período de tiempo en que no ha dejado de crecer la población en nuestro país.
Pero también el Parlamento se ha convertido en otra diana a la que el colectivo de jueces lanza sus ataques. Lo ha sido ya al exigir le cambios en el proyecto de ley de reforma de las leyes procesales que, supuestamente, beneficiaban al interés general, cuando lo cierto es que servían para consolidar un estatus secular. Han mantenido secuestrada la voluntad del legislador y, aunque con alguna pequeña rebaja, han conseguido cobrar el rescate.
Y los jueces han tomado conciencia de que, pese a ser el llamado tercer Poder del Estado, son en realidad el primero de ellos. Lo son porque cuando los otros dos hacen mal su trabajo reciben el merecido reproche, y el pueblo soberano los destrona en cuanto tiene ocasión a través de las urnas. Los jueces son y ejercen su poder hasta que mueren o se jubilan. Conscientes de su fuerza, han decidido, a través del anuncio de su huelga y movilizaciones, mantener el asalto al Parlamento y el secuestro de la voluntad popular. ¿Hasta cuándo durará esto? Y, sobre todo, ¿cuándo asumirán los jueces que en una sociedad democrática y con un Estado de Derecho el juez es un servidor público y debe el ejercicio del Poder que representa a los intereses del pueblo que le legitima? Hoy más que nunca debemos recordar les que “la justicia emana del pueblo” y que, por consiguiente, nuca debimos dejar que sus titulares invirtiesen el orden constitucional de las cosas. Tolerando que se hiciese de la justicia algo extraño, alejado e incomprensible para el ciudadano, aquél a quien, lacónicamente, ellos llaman “el justiciable” y que hoy presencia atónito como, 28 años después, otros “uniformes” quieren silenciar la voz del pueblo soberano. ¿Para cuándo la transformación de nuestra judicatura en una institución al servicio de la Democracia y del Pueblo?
Del 23-F al 8-O | 24-06-2009 - 10:22:06 GMT 1 #
La abstención electoral
Alberto Moncada
Las elecciones al Parlamento Europeo se han saldado con un rotundo fracaso de participación. Los países de mayor tradición democrática, Alemania, Francia, Bélgica no han llegado al 50%. Reino Unido, Portugal, Holanda, no han alcanzado el 40% y los nuevos, Polonia, Checa, Eslovaquia, ni siquiera al 20%, de modo que casi el 60% de los europeos no se han molestado en elegir a sus representantes en uno de los organismos decisorios de la Comunidad.
Los expertos tratan de explicar el desastre aduciendo que los partidos no se toman en serio estas elecciones, que apenas se explican los asuntos en juego, que la idea de Europa todavía no forma parte de la conciencia ciudadana y que los políticos no están a la altura de su misión.
Decía recientemente Piotr Sztompka, sociólogo polaco, ex presidente de la Asociación Internacional de Sociología, que los países del Este están ingresando a la vez en la democracia y el capitalismo pero con mucho más entusiasmo por el segundo.
Los signos externos del capitalismo a la americana, consumos irrelevantes, crecimiento de la desigualdad, negligencia de lo público, descenso de las prestaciones asistenciales, predominio de una clase especial de empresarios vinculados al poder se complementan con una escasa cultura democrática. Estaríamos empezando a establecer en Europa una democracia a la americana, uno de cuyos signos fundamentales es la escasa participación electoral?
La abstención americana se explica, sobre todo, porque pobres y jóvenes no se sienten suficientemente representados y estiman que la política y los políticos no les van a resolver sus problemas y están al servicio de los poderes económicos, que financian sus campañas. La ley electoral española privilegia a los grandes partidos y aproxima a España a ese modelo occidental que establece que las elecciones las ganan dos partidos, ambos funcionales al modelo económico y que se turnan en el poder. A veces hacen falta alianzas con partidos regionales o más radicales pero, lo normal, desde mediados de los años setenta, es esa alternancia de partidos funcionales al sistema económico de mercado. Además España se distingue de Francia y de Italia en que el PP contiene a toda la derecha, no han surgido partidos de extrema derecha como en esos países mientras que la izquierda está dividida o al menos hay una clientela de Izquierda Unida que no vota habitualmente al PSOE. La clientela de derechas es más fiel y castiga menos a sus representantes que la izquierda. ¿Por qué?
La derecha española contiene unas mayores dosis de patriotismo tradicional y, por consiguiente, no suele castigar a sus representantes políticos si éstos dan prueba de conducirse dentro de ese paradigma patriótico. Los índices de participación electoral europeos se han mantenido prácticamente constantes en la última década entre un sesenta y un ochenta por ciento de participación según el tipo de elecciones, más nutridos en las generales que en las autonómicas y las locales y débil en las europeas. Lo único verdaderamente destacable ha sido esa tendencia a la búsqueda del voto de centro de los partidos dominantes. Podría decirse que, ausentes los grandes temas de confrontación supranacional e ideológica y conseguido un progresivo aumento de los gastos sociales del Estado, los partidos pugnan por retener sus clientelas y atraer a las nuevas en base a promesas de eficiencia y honorabilidad. Por eso los quebrantos de esas promesas y los casos de corrupción están jugando el papel principal en las oscilaciones del voto y en actitud de las nuevas generaciones. De hecho las elecciones más que ganarlas el partido en la oposición las pierde el que está en el poder. Y los votantes, una vez cumplido con su voto, apenas participan en política. Esa es la sustancia de la crisis contemporánea de la democracia cuya solución no está a la vista en Norteamérica y cuyo trasfondo se empieza a percibir fuera de ella.
La abstención electoral | 02-07-2009 - 08:45:39 GMT 1 #
La ultraderecha gana terreno en Bruselas
Danilo Albin
9,5% de los votos en Italia; 12,78% en Austria; 17% en Holanda; 11,96% en Bulgaria; 14,9% en Dinamarca... los resultados de los partidos de extrema derecha en las elecciones europeas encienden las alarmas.
Dicen que le pilló de sorpresa, pero sus escoltas actuaron como si nada hubiera salido del guión. Mientras daba una de sus primeras ruedas de prensa tras las elecciones europeas del 7 de junio, el líder del ultraderechista Partido Nacionalista Británico (BNP), Nick Griffin, fue interrumpido a huevazos por una veintena de personas. Casi sin inmutarse, Griffin –quien en 1998 fue condenado a nueve años de prisión por calificar el holocausto de “engaño”– se refugió entre sus fornidos guardaespaldas, simuló una sonrisa y se metió en el coche. Más allá de la imprevista lluvia de huevos, el carismático portavoz del BNP estaba eufórico: su partido, con un discurso basado en la fobia a los extranjeros, había obtenido dos europarlamentarios.
El caso de este grupo es tan sólo un ejemplo de unas elecciones marcadas por la abstención, en la que los ultraderechistas de varios países se han convertido en sus auténticos protagonistas. Hay caras nuevas, pero también algunas ya bien conocidas en el resto del continente. Es el caso de la Liga Norte italiana, que consigue un 9,5% de los votos emitidos –en las europeas de 2004 había alcanzado el 5%– y logra ocho escaños. Llevado a la fama por su pretensión de separar el norte del empobrecido sur del país, la Liga promueve la implantación del delito de “inmigración ilegal”. En esa línea, el partido fundado por el mediático Umberto Bossi plantea, sin cortapisas, la expulsión de los sin papeles.
Dentro del arco de extranjeros que habitan en este continente, los preferidos por los partidos xenófobos son los que profesan el Islam. De hecho, representantes de estos partidos ya habían coincidido anteriormente en actividades anti islámicas. Es el caso del secretario general del Partido Liberal Austríaco (FPÖ), Harald Vilimsky, y el portavoz del Vlaams Belang (Interés Flamenco) de Bélgica, Filip Dwinter, quienes compartieron mesa en un congreso contra la “islamización” de Europa, realizado en la ciudad alemana de Colonia en septiembre de 2008. El acto, en el que también participaban otros líderes de la ultraderecha europea –entre ellos Manuel Canduela, de la formación española Democracia Nacional– fue finalmente prohibido tras las manifestaciones de denuncia protagonizadas por los grupos antifascistas.
El FPÖ austríaco, uno de los invitados estrella de aquel evento, obtuvo el 12,78% de los votos en estas elecciones –el doble del porcentaje logrado en los anteriores comicios de 2004–, lo que equivale a dos escaños en el nuevo parlamento de Estrasburgo. Durante su polémica campaña electoral, en la que se dedicó a alertar sobre el crecimiento de la inmigración de origen islámico en este continente, lanzó unos carteles que advertían que Europa “tiene que seguir siendo cristiana”.
Sus camaradas del Vlaams Belang belga, acérrimos enemigos del Islam, consiguieron dos eurodiputados, mientras que en Holanda, el Partido de la Libertad logró el 17% de los votos y cuatro escaños, convirtiéndose en la segunda fuerza política del país. Su líder, el diputado Geert Wilders, quiere prohibir la construcción de mezquitas y propone todo tipo de trabas a la llegada de inmigrantes musulmanes, pues está firmemente convencido de que el Corán incita al odio y al asesinato. En marzo de 2008, Wilders produjo un corto cinematográfico titulado Fitna, en el que hacía gala de su profundo desprecio hacia el mundo árabe. Ahora es uno de los abanderados contra el ingreso de Turquía a la Unión Europea.
Precisamente, la campaña contra la incorporación turca fue otro de los principales factores que posibilitaron el aumento electoral de la ultraderecha. Ataka, un partido búlgaro nacido de un plató de televisión –su líder, Volen Siderov, conduce un programa de política en un canal cable local–, dirigió sus dardos contra Turquía, y no le fue nada mal: consiguió un 11,96% de apoyos, lo que se traduce en dos europarlamentarios. El ultranacionalista Siderov regenta además el periódico Ataka, un tabloide de 24 páginas cargadas de insultos contra inmigrantes, homosexuales y gitanos.
Por su parte, el Partido del Pueblo Danés (PPD), que pasó de un 6,8% en las elecciones europeas de 2004 a un 14,9% en las del 7 de junio, tendrá dos de los 13 representantes que le corresponden a Dinamarca en el parlamento de la UE. Con un duro discurso contra la inmigración, el Islam y Turquía, esta formación de marcado carácter ultranacionalista es la tercera pata del actual Gobierno de Dinamarca, de corte liberal-conservador. Durante la crisis desatada por la publicación de las caricaturas de Mahoma en la prensa danesa, los representantes del PPD no dudaron en pedir la expulsión del país de todos los imanes que no tuvieran nacionalidad danesa.
La islamofobia también tiene amigos en Finlandia, donde el partido Verdaderos Finlandeses logró un escaño en Europa gracias a un 9,8% de respaldo, mientras que en Grecia la formación ultraderechista Alerta Ortodoxa Popular (LAOS) reunió el 7% de los votos emitidos y dos escaños en el europarlamento. Basados en un similar discurso, los ultranacionalistas rumanos del partido Romania Mare se aseguraron dos escaños, que serán ocupados por el líder de este grupo, Corneliu Vadim, y el multimillonario Gigi Becali, dueño del equipo de fútbol Steaua de Bucarest Sin embargo, la ultraderecha rumana podría quedarse sin sus representantes a raíz de una resolución que impide a Becali abandonar el país, debido a que se encuentra inmerso en un proceso legal por ordenar a sus escoltas que capturaran y amenazaran a tres hombres que intentaron robar su coche. En caso de que Becali no pueda asumir su escaño, el líder ultraderechista Corneliu Vadim ha manifestado que tampoco asumirá el suyo en solidaridad con su compañero. Las buenas relaciones entre los nuevos representantes ultraderechistas europeos, lo que posibilitaría llevar adelante políticas en común, enfrentan un inconveniente: las posturas ultranacionalistas del Partido Nacional Eslovaco (SNS), con un escaño, y de la formación húngara Jobbik, que tendrá tres diputados. Mientras que el SNS, que forma parte de la coalición de Gobierno eslovaca junto a los socialdemócratas locales, mantiene un discurso declaradamente xenófobo contra la minoría húngara que vive en este país –su líder, Ján Slota, les considera “un cáncer en el cuerpo de la nación eslovaca” y sugirió enviar los tanques a Budapest–, los promotores de Jobbik prometen defender la autonomía de los magiares que viven fuera de Hungría, incluyendo al cerca de medio millón de compatriotas ubicados en la vecina Eslovaquia.
Jobbik cuenta además con la temida Guardia Húngara, un grupo paramilitar al que se acusa de estar detrás de asesinatos de gitanos. Amnistía Internacional calificó recientemente a esta milicia como “una organización derechista y radical, contraria, sobre todo, a la comunidad romaní”. Ahora contarán con representantes en la cámara.
El incremento electoral experimentado por la ultraderecha en varios países contrasta con los resultados del Frente Nacional francés de Jean-Marie Le Pen, que sufrió un descenso de tres puntos en relación a las elecciones europeas de 2004 y se queda con tres escaños en el nuevo parlamento. Uno de ellos será ocupado por el propio Le Pen.
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La ultraderecha gana terreno en Bruselas | 02-07-2009 - 08:55:02 GMT 1 #
Quien mal anda..., por JOSEFINA ALBERT GALERA | Doctora en Filología Románica, Barcelona :
El libro titulado La lengua del tercer Reich,que tengo delante, me ha recordado un artículo que apareció en septiembre del 2007 en Siglo XXI,reproducido en otros medios, en el que yo misma establecía el paralelismo entre el lenguaje de Hitler y el de los nacionalistas. Es sabido que la apropiación de la lengua desempeñó un papel fundamental en la configuración del pensamiento nazi y en el nacionalsocialismo.
De la manipulación de las palabras se encargó, mediante la comunicación social y política, Goebbels, designado por el propio Führer para llevar a cabo tal función. El ministro de Propaganda del Tercer Reich actuaba por delegación de Hitler, pero en el caso de los políticos, que ayer aprobaron en el Parlament de Catalunya la exclusión definitiva del castellano en la enseñanza, han actuado por su cuenta, con una prepotencia que no les corresponde, al imponer a todos los ciudadanos de Catalunya sus reglas particulares, vulnerando así derechos fundamentales.
Pero lo asombroso del caso es que el presidente del Gobierno de España, nación a la que pertenece Catalunya, apruebe, y hasta justifique en cierta manera, el resultado de la votación en el Parlamento catalán. Resulta inaudito y hasta escandaloso que el señor Rodríguez, al referirse a ello, hable de "amplio respaldo" y de dos "grandes partidos", que a mi juicio han perpetrado, es decir, han cometido un delito, al aprobar esa ley de educación. Habrá que recordarle al señor presidente que también Hitler contó con un amplio respaldo en el plebiscito en 1933, lo que le permitió acceder al poder como líder supremo y pasar a la historia como un monstruo. La palabra Sprachregelung (uso del idioma para fines del régimen), inventada por los nazis, cumplía la misma función que el nacionalismo catalán pretende al prohibir el castellano. Cada vez más estos se parecen a aquellos. Acabarán fundiéndose en una sola cosa, porque, como se dice, "quien mal anda mal acaba".
Quien mal anda... | 07-07-2009 - 09:14:04 GMT 1 #
La Europa franquista
John Brown
"Haga como yo, no se meta en política"
Francisco Franco
A quienes venimos defendiendo desde hace tiempo la esencial identidad entre las formas excepcionales y las normales del Estado capitalista no nos sorprende la última sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo contra Herri Batasuna/Batasuna (HB). Tampoco nos extraña que esa resolución político-judicial se nos presente en un texto "original" francés que abunda en hispanismos (a título de ejemplo, el uso del término " compromis " que en la sentencia traduce el español "compromiso"-con el sentido de "comprometerse a algo"- cuando este término suele traducirse en los contextos de que aquí se trata por " engagement "). Además, su tufillo estilístico e ideológico y el que más de la mitad del texto se limite a reproducir la argumentación del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional españoles permiten sospechar que su redacción se ha confiado a algún representante de la justicia española. Los argumentos de la izquierda abertzale son simplemente ignorados en su sustancia o si acaso son rechazados mediante meras citas de pasadas resoluciones españolas.
Dos elementos resultan aquí capitales. Cuando argumenta el Tribunal de Derechos Humanos (TDH) en contra del recurso de Herri Batasuna/Batasuna lo hace afirmando que el Estado Español no ha conculcado mediante la disolución de esta organización ningún derecho fundamental pues es legítimo que el Estado Español defienda como marco exclusivo del ejercicio de la democracia y de las libertades su propio ordenamiento constitucional, el cual contempla entre otros aspectos la forma monárquica del Estado y su carácter unitario e indisoluble. De este modo, los pretendidos derechos humanos son los de cada ordenamiento constitucional "democrático" y no cabe que tengan la más mínima transcendencia respesto de este. Se trata de unos derechos humanos sin función constituyente alguna. El magistrado europeo, y por supuesto el español, habrían eliminado con gusto la famosa declaración de derechos del hombre y del ciudadano que sirve de preámbulo a la constitución revolucionaria francesa de 1789. Nada de poder constituyente para los titulares de los derechos humanos y ciudadanos, sólo la constitución. Tal es la sima en que se sitúa el pensamiento jurídico y político en la Europa postpolítica y neoliberal de Zapatero, Sarkozy, Berlusconi y otros partidarios de José Manuel Barroso.
Por otra parte, y siguiendo con estricta fidelidad la jurisprudencia española, la aplicación a las organizaciones de la izquierda abertzale ilegalizadas de la metonimia ilimitada característica del discurso antiterrorista se considera motivo suficiente para su prohibición. Organizaciones y personas se contagian y contaminan unas a otras mediante el más ligero contacto, lo que ha conducido a que se ilegalizaran y persiguieran con saña en el marco del sumario 18/98 organizaciones de defensa y promoción del euskera, grupos juveniles e incluso organizaciones independentistas que promueven formas de resistencia pacífica. Quien no condene a ETA por considerar que ETA es sólo un elemento dentro de un conflicto político en el que existen otras violencias y opresiones, en particular la del propio Estado Español, es inmediatamente identificado con esta organización. Frente a HB, se esgrime, por ejemplo, el hecho de que una organización que recibe el apoyo de la izquierda abertzale como Gestoras proamnistía figure en la lista de organizaciones terroristas de la UE. Cuando se sabe que esta lista es el mero resultado de la declaración de cada uno de los gobiernos de la UE, sin que la propia UE haya efectuado ningún tipo de comprobación previa, resulta cuanto menos chocante este tipo de "prueba". La lógica de la amalgama que ya está presente en la legislación antiterrorista y en el concepto antijurídico de "terrorismo" adquiere de esta manera, merced a la sentencia del TDH "credenciales democráticas". La ley de partidos queda así reconocida como una norma respetuosa de las libertades. Cabe preguntarse después de esto en qué consisten esas "libertades"
La legitimación de una norma orientada a la prohibición de formaciones políticas por el hecho de no apoyar -sin por ello desobedecer- un ordenamiento político y constitucional determinado constituye un precedente sumamente peligroso para las libertades y garantías en Europa. Supone, en particular la condena de toda organización que sitúe su actuación en un marco de antagonismo y que reconozca la situación "normal" como un momento de guerra civil. Toda organización marxista consecuente debería reconocer esta simple evidencia de la política materialista y se vería por consiguiente expuesta a una inmediata ilegalización. En países de "nuestro entorno" como Turquía, ya ocurre esto y se acusa de terrorismo a toda persona relacionada de un modo u otro con la organización comunista DKHCP o con cualquier otro partido que "promueva la lucha de clases". Parecería motivo de risa el que un hecho social indisociable de la mera existencia de las sociedades de clases pudiera "promoverse"; es como si, en otro orden de cosas, pudieran promoverse la ley de la gravedad o las órbitas de los planetas. Todos esto tendría hasta gracia si no fuera por los miles de presos políticos del régimen turco o porque, en esta Europa occidental modelo de libertades, una parte de la magistratura belga sigue ya esta doctrina en el caso Bahar Kimyongür que próximamente se fallará en Bruselas.
La apenas disfrazada dictadura militar turca y la España transfranquista -alegre y faldicorta como la quería Jose Antonio Primo de Rivera y con cunetas bien rellenas de cadáveres como la quiso Franco- sirven hoy de modelo a la legislación europea en materia de libertades fundamentales. En una famosa entrevista concedida al periodista Emilio Romero, el general Franco le recomendó lo siguiente para vivir tranquilo: "haga como yo, no se meta en política". Fascinante anticipación la del vetusto dictador: había descubierto la gobernanza neoliberal con más de una década de antelación. Ese sistema de "gestión autoritaria de lo cotidiano", ese "régimen sin tesis" que, según Rossana Rossanda era el franquismo, a diferencia del mucho más politizado y "revolucionario" régimen de Mussolini, permitió a España acercarse a una Europa que estaba haciéndose neoliberal y renunciaba ya desde mediados de los años 70 a cualquier pretensión democrática efectiva. Sólo faltaba para ello que Franco se muriera para que lo pudiera sustituir el sucesor por él nombrado y que se dieran algunos retoques "constitucionales" a un régimen que ya en los años 50 supo transmutarse en "democracia orgánica". Junto con un poco de sana alegria y de relajación en las costumbres, algo de costo y mucha heroina canalizada por vías muy oficiales, sin olvidar la marginación represiva del último foco de resistencia al régimen y su reforma -Euskal Herria, of course- se consiguió hacer de la dictadura franquista una democracia ejemplar. Como se solía decir en el franquismo con salerosa expresión hoy corroborada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos: "en Europa nos miran con envidia".
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La Europa franquista | 08-07-2009 - 09:27:42 GMT 1 #
Heidegger y la universidad en el IIIº Reich
Nicolás Alberto González Varela
A modo de introducción:
El filósofo Karl Jaspers recordaba en sus memorias parciales Notizen la siguiente anécdota: “En mayo de 1933… le dije: ¿Cómo puede gobernar a Alemania un hombre inculto como Hitler? ‘La educación es algo totalmente indiferente’ (ist ganz gleichgültig)–, me respondió Heidegger: ‘¡Vea usted sus maravillosas manos!’”. Son bien conocidas y documentadas las relaciones íntimas, las afinidades profundas entre el filósofo Martin Heidegger y el nacionalsocialismo. Sin embargo tanto él como sus hagiógrafos y los heideggeriannes en general han tratado de negar, obturar o minimizar los rastros de este compromiso político que cuestiona el núcleo de su analítica existencial y de la dimensión ética de su filosofía. La hermenéutica de la inocencia sostiene que incluso su paso institucional por el rectorado de la universidad de Freiburg, intervenida por los nazis, entre 1933-34, fue una misión llena de buenas intenciones para evitar que el nacionalsocialismo “politizara” la bendita autonomía académica del mandarinado alemán. Heidegger, en sus dos justificaciones post festum, tanto en Das Rektorat 1933-1934. Tatsachen und Gedanken (1983) como en la planificada entrevista póstuma “Nur nor ein Gott kann uns retten” a la revista Der Spiegel (1976), declaró que sus actividades, como rector de la universidad intervenida por los nacionalsocialistas, las había aceptado basadas en su propia filosofía práctica. Escuchemos su descargo: “El motivo que me determinó a aceptar el rectorado fue enunciado en una conferencia inaugural pronunciada en la Universidad de Freiburg en 1929, ¿Qué es la metafísica?: ‘...los dominios de las ciencias están separados los unos de los otros de modo lejano. La forma en que las ciencias tratan sus objetos es cada vez más radicalmente diferente. Esta multiplicidad de disciplinas dispersas no posee ya hoy otra coherencia que la que le es otorgada por la organización técnica de las universidades y facultades, y no tiene nada en común sino en la utilización práctica que se ha hecho de sus especialidades. En compensación, el enraizamiento de las ciencias en el fundamento de su ser es algo muerto...’ Lo que he intentado hacer, durante el tiempo en que duraron mis funciones, respecto al estado en que se hallaban las universidades, hasta en las formas extremas que han tomado hoy, se halla expuesto en mi discurso de asunción al rectorado… La autoafirmación del principio de la Universidad apunta contra la pretendida ‘Ciencia política’ que, ya desde esa época, se reclamaba dentro del NSDAP por los estudiantes nacionalsocialistas. Ese nombre de ‘Ciencia política’ tenía entonces un sentido del todo diferente del que se le asigna hoy; no designaba a la politología, sino que quería significar lo siguiente: la ciencia como tal, su sentido y su valor, se mide según su ‘utilidad práctica’ para el Pueblo. La posición contraria a esta politización de la ciencia está específicamente enunciada en mi discurso del rectorado.”
Por supuesto que todo esto es una gran fábula construida ex post para justificar su total adhesión y fidelidad a Hitler y su estado. Señalaremos aquí simplemente que Heidegger “politizó” en sesgo nacionalsocialista su universidad, que instauró el Führerprinzip (Principio del Líder) por primera vez en toda Alemania. El Führerprinzip es entendido, por Heidegger, como el presente y el futuro del Dasein alemán, su propia y peculiar ley interna en su realidad efectiva, principio que le permitirá y le otorgará la posibilidad excepcional de hacer, por sí mismo, directamente, la decisión más sublime y libre de todas: si los alemanes, en cuanto comunidad racial, quieren su propio Dasein o si eso es lo que no quieren. Aquí queda claro que el Führer, autoseleccionado entre los mejores por su capacidad en administrar con la phrónesis la energía para marchar en el deber y en la vocación más completos con su comunidad, no es el Líder u ocupa simplemente el lugar del poder porque esta de acuerdo con la voluntad de sus seguidores, ni tiene meramente el comando político, nada de ello. Para Heidegger el Führerprinzip significa convicción, certeza, certidumbre e inspiración, significa que uno está poseído por la visión phronética, el Augenblik que permite centrarse en lo esencial y que incluye la verdadera retórica que ha crecido fuera de su propia experiencia individual, en y con su Volk y su generación. Si quedaban dudas del “apoliticismo” del Rektor Heidegger podemos analizar sus nombramientos académicos, todos notorias figuras militantes del NSDAP (entre paréntesis el número de afiliado al partido nazi): Nikolaus Hilling (Gau Baden, Nº 4026344), Edouard Rehn (Gau Baden, Nº 3126323), Georg Stieler (Gau Baden, Nº 2910169), Wihelm Felgenträger (Gau Baden, Nº 5438497), Hans Mortensen (Gau Baden, Nº 289669), Kurt Bauch (Gau Baden, Nº 31096282), Otto Risse (Gau Baden, Nº 3109698) y Julius Wilser, militante igualmente del Gau Baden y especialista de los conocimientos geológicos en la guerra. Se debe destacar asimismo a Erik Franz Wolf, nombrado decano de la Facultad de Derecho, (Gau Baden, Nº 4715792), amigo y persona de confianza de Heidegger, fue nombrado decano el 1 de octubre de 1933, tenía entonces 31 años y se destacaba como un teórico extremista en la filosofía del derecho del totalle Staat; habría de escribir una obra seminal para la legitimación jurídica del SS-Staat: Das Rechtsideal des Nationalsozialistischen Staates (El ideal jurídico del Estado Nacionalsocialista, 1934); después de 1945 se arrepintió, al contrario del sepulcral silencio de Heidegger, de su adhesión política al nazismo públicamente. Este es el equipo académico de Heidegger para recuperar la perdida autonomía de la universidad alemana… Pero también basta leer este discurso para darse cuenta del grado de compromiso personal y filosófico con el IIIº Reich, incluso del grado de radicalización del propio Heidegger dentro de las líneas internas del movimiento nacionalsocialista. Se trata de jornadas de formación político-racial en la ciudad de Heidelberg organizadas las Studentenschaft, que no eran meros centros de estudiantes apolíticos, sino un bastión de las fuerzas paramilitares nazis, SA, cuyo jefe en la época era el ingeniero Oskar Stäbel. Las SA entre otras acciones crearon y administraron los primeros campos de concentración y organizaron la quema pública de libros en mayo de 1933 como los pogroms antijudíos de 1938. El rol de Heidegger tenía sentido dentro de un plan nacional de renovación nacionalsocialista de las universidades a nivel nacional, que incluían cuerpo de profesores y estudiantes. La idea era crear una comunidad racial de estudiantes y profesores, que a mediano plazo generaran y formaran los futuros Führers de la Gran Alemania. Éste era el lugar estratégico de esta conferencia, que repitió en la universidad de Kiel, allí dicta la misma conferencia pero con variantes. El rector de la universidad de esta ciudad era el químico-físico Kart Lothar Wolf, militante activo del nazismo, que le enviaba a Freiburg dotaciones de estudiantes para sus cursos de adoctrinamiento que Heidegger daba en el famoso “campo científico de trabajo” en Todnauberg. Las peripecias de este laboratorio científico-político de Heidegger lo describe con detalles el historiador Hugo Ott. La conferencia en Tübingen se integraba asimismo en el marco de las actividades llevadas a cabo por organizaciones nazis, en este caso el Kampfbund, creado en 1933 por el ideólogo Alfred Rosenberg. Heidegger además tomará parte activa en la campaña por la reelaboración de los estatutos de la universidad en el Estado federado de Bade. Esa nueva constitución, promulgada el 21 de agosto de 1933, anula la elección de los decanos por representantes de profesores, dándole ese poder exclusivamente al Rektor-Führer. Éste será elegido a su vez por el nuevo Ministerio de la Educación, el Reichsministerium für Wissenschaft, Erziehung und Volksbildung, cuyo ministro era el dr. Bernhard Rust. Heidegger menciona en su texto autojustificatorio de 1945 el carácter superficial de su militancia partidista, para agregar enseguida que se trataba de “simple formalidad” (nur eine Formsache) (GA 16, 384). Como puede verse en la conferencia, Heidegger aplica sin más las categorías existenciales de su libro Sein und Zeit de 1927: el Dasein, el concepto de autenticidad, la Decisión… En otro discurso público sobre la educación nacionalsocialista en 1934 Heidegger aclara su concepto völkische de ciencia: “ ‘Ciencia’ (Wissenschaft) ya no es la posesión de una clase privilegiada de ciudadanos (Klasse der Bürguer), que abusa de esta posesión como medio de lucha en la explotación (Ausbeutung) del pueblo trabajador (werktätigen Volkes). Más bien, Ciencia es meramente la forma más rigurosa y más responsable de ese conocimiento en que el Pueblo Alemán en su totalidad debe buscar y demandar por su propia existencia histórica como Estado (seines eigenes geschichtlit-staatliches Dasein) necesario para afianzar y asegurar su continuidad y grandeza y preservarla en el futuro. El saber de la verdadera ciencia no difiere en nada en su esencia (Wesen) de los saberes del campesino, del leñador, del minero, del artesano. Porque saber significa: reconocerse en el mundo en el cual hemos sido arrojados, como comunidad e individuo.” La repetida pregunta de si existe una “relación interna y necesaria” entre la analítica de Sein und Zeit y sus percepciones y valoraciones políticas, carece de sentido. Creemos que hay que invertir la cuestión: explicar cómo en la ontología heideggeriana existen indicios suficientes para hablar de una filosofía política in nuce. Una filosofía práctica viva, que lo llevará, desde años anteriores a 1930, a las proximidades del polo ideológico nacionalsocialista. En suma: lo que aquí hacemos no es otra cosa que, ad pedem litterae, seguir la propia autointerpretación de Martin Heidegger, que en confesión al filósofo Karl Löwith, afirmaba que en su concepto de “Historicidad” (Geschichtelichkeit) estaba el verdadero fundamento (Grund) de su compromiso político con Adolf Hitler.
Heidegger y las SA: El anfitrión que invitó a Heidegger a estas jornadas de formación nacionalsocialistas era el Führer Gustav Adolf Scheel, médico, jefe del distrito o Gauleiter de Salzburg. Scheel (1907-1979) era un cuadro político que ingresó en 1930 en el NDSAP, pasó por las SA, en 1931 fue designado Führer de la Heildelberg Studentenschaft hasta 1933, realizando una dura Gleischschaltung (nivelación político-racial en la neojerga nazi) en la Universidad de Heildelberg contra judíos, pacifistas, homosexuales y marxistas. En sus edictos como líder estudiantil Scheel había abogado por excluir "los estudiantes de ascendencia judía" en el "disfrute de las instituciones sociales en la universidad." En mayo de 1933 dirigió la vergonzosa quema de libros con espíritu anti alemán, la Bücherverbrennung, en Heidelberg. Su carrera fue tan “exitosa” que en 1936 fue ascendido a ReichsstudentenFührer, líder de los estudiantes de todo el Reich alemán y luego a Inspekteur de la SD de Heydrich en Stuttgart, organizando la ignominiosa Kristallnacht, el pogrom contra los judíos de 1938. En 1940 ejecutó la deportación y limpieza de judíos en Karlsruhe, dentro de la llamada Wagner-Bürckel-Aktion. También hizo el mismo trabajo en la Alsacia ocupada a Francia, creando su propio campo de concentración. Desde 1941 fue promovido a Gauleiter de Salzburg; curiosamente encabezó la represión contra los círculos estudiantiles antinazis, el Weiße Rose de Sophie Scholl en 1943. En enero de 1945 fue elevado al cargo de ministro de educación como ReichsministerFührer für Wissenschaft, Kunst und Volksbildung nombrado ¡por el mismo Hitler en su testamento!. Siguió sumando cargos y títulos, incluso el de general de las Waffen-SS. Scheel nunca renegó de su pasado, no tenía nada que ocultar, ni culpa que arrastrar: después de 1945 siguió su militancia activa en grupos neonazis. Scheel era la mano derecha de otro filósofo semioficial del NS-Staat, Ernst Krieck. Krieck (1882-1947), un pedagogo nacido en Baden, ligado a la corriente jungkonservative, los “jóvenes-conservadores”, fue rector nazi de la Universidad de Frankfurt y de Heildelberg, era un antiguo FrontsSoldaten, y no pertenecía exactamente al riñón del NSDAP. Ya en 1933, junto al filósofo Alfred Baeumler (autor de un importante estudio sobre Nietzsche político), formó con Heidegger un grupo de trabajo con el fin de hegemonizar la política universitaria e influir en Hitler. Krieck, que murió en un campo de concentración norteamericano, escribió un libro muy importante dentro de la producción literaria nacional-racial: Völkische-politische Anthropologie (Antropología política racial-popular) (1936-1938); luego de ese intento se distanció de Heidegger, formando una alianza con E. Jaensch contra las ambiciones de aquel de erigirse en el filósofo “oficial” del SS-Staat. Tanto Baeumler como Krieck, figuras claves entre la Intelligenz de la primera fase del nacionalsocialismo (1933-1936), fueron intelectuales con los cuales Heidegger colaboró muy estrechamente como lo reconocen biógrafos heideggerianos como Nolte o Safranski. Scheel había desarrollado amistad y contactos desde antes del Machtgreifung (toma del poder) de 1933. En sus exculpaciones de posguerra Heidegger le achacó su caída del rectorado y la vigilancia por el SD a Scheel, una ingratitud, ya que fue el mismo Scheel el que excluyó a Heidegger de ser convocado en la milicia popular, el VolksSturm (literalmente: “Tormenta del Pueblo”) en noviembre de 1944, salvándolo de entrar en combate contra las tropas americanas. Pero esa es ya otra historia.
Curiosa es la defensa de Heidegger contra las acusaciones de que bajo su mandato los estudiantes encuadrados en las SA y en los Stalhelm (Cascos de Acero, otro grupo paramilitar de extrema derecha) perdían horas de estudio en prácticas marciales y militares. Sabemos que durante su rectorado se impartía formación paramilitar a grupos determinados de estudiantes, bajo la dirección de Georg Stieler, profesor de filosofía y de pedagogía afiliado como vimos al NSDAP, y antiguo oficial de carrera. Esas actividades fueron secretas en los primeros años y se llevaban a cabo con el acuerdo del Reichswehr, del ejército alemán. Por testigos oculares tenemos conocimiento que Heidegger se presentaba a veces a esos ejercicios con el fin de recibir un informe de los mismos de parte del profesor. Para esas actividades se emplazó un campo de deporte a 50 km. al este de Freiburg. Durante agosto y octubre de 1933; 300 estudiantes fueron así formados por miembros del ejército del Reich, por SS y SA , a un ritmo de 3 semanas de campo por grupo. La defensa heideggeriana de los deportes marciales (en el lenguaje esópico nazi Whersport) repite al pie de la letra las ideas públicas del delfín de Adolf Hitler, el enigmático Rudolf Hess sobre la educación militar en el currículum académico.
El texto: se trata de una ponencia con el que Heidegger inaugura, en su doble papel de rector nacionalsocialista y filósofo semioficial del NS-Staat, una serie de conferencias políticas organizadas por la asociación de estudiantes nazis de Heidelberg, la Heidelberger Studentenschaft, en el aula magna del nuevo edificio de la universidad el día 30 de junio de 1933, luego publicada en el diario nazi de la ciudad Heidelberger Neuste Nachrichten el 1 de julio de 1933. La conferencia de Heidegger había sido precedida, el día anterior, por la del jefe del departamento racial del NSDAP, Rassenpolitisches Amt, el Doctor Walter Gross, cuyo título era “El médico y el Pueblo”; para más datos curriculares Gross participaría en la elaboración de las vergonzosas leyes de Nüremberg. A Heidegger le siguió el día después una ponencia del jurista más importante del IIIº Reich, Carl Schmitt, cuyo título era “El nuevo Estado de Derecho”. Sabemos que Schmitt había sido invitado por el propio Heidegger a afiliarse al NSDAP en una carta fechada el 22 de abril de 1933, que aún se conserva. Como documentación adicional el tomo 16 de sus “Obras Completas” incluye dos conferencias en agosto de 1934, dadas en la universidad de Friburgo, sobre “La universidad alemana”. En ellas se expone, en forma de guión, su visión del mundo plenamente völkische, nacionalsocialista extrema. Dos de sus apartados llevan por título: “1. Las fuerzas determinantes en la preparación de la Revolución Nacionalsocialista (nationalsozialistischen Revolution)… 2. La esencia de la Revolución nacionalsocialista en cuanto transformación (Verwandlung) de la realidad alemana”. Una de sus frases iniciales dice: “Nuestro presente alemán está henchido de una gran transformación, que se apodera de la entera existencia histórica de nuestro pueblo. El comienzo de esa transformación la vemos en la revolución nacionalsocialista” (Unsere deutsche Gegenwart aber ist erfüllt von einer grossen Umwälzung, die durch das ganze geschichtliche Daseins unseres Volkes hindurchgreift. Den Beginn dieser Umwälzung sehen wir in der nationalsozialistischen Revolution” ) (GA 16, 285-286). Además debería leerse complementariamente a otro texto sobre la Universidad, “Die Universität im nationalsozialistischen Staat” (La Universidad en el Estado Nacional Socialista) de noviembre de 1933 (en GA 16, p. 765). En el libro de exculpación del pasado nazi de Heidegger, escrito por un incondicional, Heinrich Wiegand Petzet y titulado Auf einen Stern augehen. Begegnungen mit Martin Heidegger. 1929-1976 ( Encuentros y diálogos con Martin Heidegger, 1929-1976, : Katz Editores, Madrid, 2008), se encuentra un comentario del propio Petzet que al parecer asistió como oyente de la ponencia en la Universidad de Kiel donde repite con más o menos detalles la tesis oficial establecida por Heidegger. Petzet afirma que el discurso similar al que dió en Heidelberg "no era lo que esperaban los funcionarios del NSDAP... ya que inesperadamente esta conferencia mantenía en completo silencio el problema racial."(p. 46). El lector puede decidir por su propio juicio hasta donde llega la disonancia cognitiva de la hermeneútica de la inocencia de los heideggeriannes cuando se trata de defender a ultranza los trapos sucios del santón Martin Heidegger. Es curioso pero este texto que presentamos por primera vez en español nunca se ha publicado in extenso . Partes importantes aparecieron en la época en el diario estudiantil Deutsche Studentenschaft-Akademische Korrespondenz y en el diario local Heidelberger neuste Nachrichten, bajo el título “Das Universität im neue Reich” el 1 de julio de 1933, Nr. 150, s. 4. Las ediciones de escritos políticos de Heidegger, editadas por François Fédier, tanto en francés como en italiano, no lo incluyen. Nos basamos en la versión tomada de la compilación de Guido Schneeberger, Nachlesse zu Heidegger, Dokumente 69, p. 75, Bern 1962 y en Martin Heidegger, Gesamtausgabe, I Abteilung: Veröffentlichte Schriften 1910-1976, Band 16, Reden un andere Zeugnisse eines Lebensweges (GA 16), Vittorio Klostermann, Frankfurt am Main, 2000, edición a cargo de Hermann Heidegger, pp. 761-763. Hemos consultado además la única traducción en inglés, “The University in the New Reich”, en The Heidegger Controversy. A Critical Reader , Edited by Richard Wolin, MIT Press, Cambridge, 1998. (Nicolás González Varela)
La Universidad en el nuevo Reich
Martin Heidegger
Introducción del redactor del periódico: “La Heidelberger Studentenschaft celebró, ayer por la tarde, la primera conferencia de su programa de ‘Educación Política’ (politischen Erziehungsprogramms). El rector de la Universidad de Freiburg, el profesor Martin Heidegger, disertó sobre La Universidad en el nuevo Reich. Asistieron al acto la comunidad de profesores así como representantes de la ciudad de Heidelberg; además del estudiantado y el público que en gran número ocupó el aula de la nueva sede universitaria, completando la máxima capacidad del Auditorio Magno, en el cual los oradores darían sus discursos. Los oyentes que aguardaban con expectación no fueron decepcionados, cuando las palabras pronunciadas por Heidegger señalaron con profundidad los acontecimientos de nuestro tiempo y las líneas programáticas a seguir en el futuro. Heidegger fue recibido con una cordial bienvenida por el líder de la Heidelberger Studentenschaft, Gustav Adolf Scheel, y entre otras cosas afirmó:
Tenemos ahora un nuevo Imperio (neue Reich) y la Universidad esta recibiendo sus tareas de la voluntad de existencia (Daseins-willen) de este Imperio (Reiches). Hay una revolución (Revolution) en Alemania y debemos preguntarnos: ¿existe la revolución en la Universidad también?... ¡No! La lucha todavía consta aquí de meras escaramuzas y refriegas. Hasta ahora, la ruptura solamente se ha alcanzado en un solo frente de combate: porque la nueva vida del Pueblo es formada tanto en el Campo de Trabajo (Arbeitslager) como en la asociación educativa (Erziehungsverband) además de la Universidad, esta última ha sido relevada de tareas educativas a las que creyó tener un derecho de exclusividad.
La posibilidad que podría existir es que la Universidad sufriera la muerte a través del olvido y perder así el último vestigio de su derecho en tanto poder educacional (Erziehungskraft). Por eso debe integrarse de nuevo en la Comunidad Racial-Popular (Volksgemeinschaft) y sumarse junto al Estado (Staat). La Universidad debe volverse de nuevo una Fuerza Educativa (Erziehungsmacht) que recurre al conocimiento para educar a los Líderes del Estado (Führerschicht im Staat) en y hacia el saber (Wissen). Esta meta demanda tres cosas: 1) conocimiento de la Universidad hoy; 2) conocimiento de los peligros que tiene el presente para el futuro; 3) el nuevo valor (Mut).
Hasta ahora investigar (geforscht) y enseñar (gelehrt) en la Universidad han sido llevados adelante tal como lo fueron durante décadas. La Enseñanza (Lehre) había de desarrollarse por fuera de la Investigación (Forschung), uno debía buscar encontrar un equilibrio agradable entre las dos. Estaba siempre el punto de vista del maestro que hablaba fuera de aquella noción. Nada le concernía a él en su relación con la Universidad en tanto comunidad (Gemeinschaft). Por otro lado, la Investigación se puso fuera del alcance de la mano y disimulaba su incertidumbre detrás de la idea del progreso científico y educativo internacional. La docencia, que se había quedado sin objeto, se escondió detrás de los requisitos de examen.
A través de una feroz lucha (scharfe Kampf) se debe combatir esta situación imbuido en el Espíritu Nacional Socialista (nationalsozialistischen Geist), y no se puede permitir que este espíritu sea sofocado por humanizaciones (humanisierende), representaciones cristianas (christliche Vorstellungen) que suprimen su incondicionalidad (Unbedingtheit). Ni siquiera basta con tomar esta situación nueva por todo un cuadro con un toque de color político. De gran peligro (Gefahr) son los planes sin compromiso y eslóganes (Schlagworte), que son lanzados por todas partes; así, también, es el ‘nuevo’ concepto de Ciencia (Wissenschaftsbegriff), que no es más que el viejo con un fútil apuntalamiento antropológico. Todo de lo que se habla en torno a la palabra ‘Política’ (Politischen) es como mucho un sinsentido, que nada hace por acabar con la manera vieja y rutinaria de hacer y de pensar las cosas (dem alten Schlendrian). Lo que la gravedad real de la nueva situación exige es la experiencia de la urgencia (Not), es el compromiso activo con las condiciones reales (die zugreifende Auseinandersetzung mit den wirklichen Zuständen). Solamente esa Tarea (Einsatz) está justificada por el total compromiso interno con el futuro. El peligroso lamento que ya hemos escuchado: ‘la Ciencia es puesta en peligro por la cantidad de tiempo perdida en los Campos de Trabajo en deportes marciales (Whersport) y otras actividades similares’. ¡Pero qué sentido tiene, hablar de tiempo perdido, cuando la cuestión de que se trata es la de luchar por el Estado! (für den Staat zu kämpfen!) El peligro no puede provenir de trabajar para el Estado. Viene solo de la indiferencia y la resistencia (Widerstand). Es por esa razón que solamente la fuerza verdadera debe tener acceso al camino correcto (rechten Weg), pero jamás sin entusiasmo, desganadamente.
El nuevo valor (Mut) ve todos estos peligros muy claramente. Solamente eso es lo que abre nuestros ojos a todo lo que está por venir y que emerge ahora. Esas fuerzas que a cada maestro y a cada alumno fuerzan a crear en sus mentes la decisión (Entscheidung) en torno a las preguntas fundamentales de la Ciencia (Grundfragen der Wisssenschaft), y esta decisión (Entscheidung) es de importancia epocal, porque sobre ella va a depender si nosotros, Alemanes, quedaremos como un pueblo que será, en el más alto sentido de la palabra sabio (wissendes Volk). La nueva docencia (neue Lehre) que esta brotando aquí no significa que meramente se lleva al Conocimiento, pero se deja a los estudiantes aprender e induce a ellos hacia el aprender. Significa facilitar en uno mismo el ser asediado por lo desconocido (Unbekannten) y entonces ser Amo (Herr) adecuado para comprender los conocimientos, significa estar seguro de la Visión (Blick) de lo esencial. Es de ese tipo de docencia de la cual emerge una investigación verdadera (wahrhafte Forschung), entrelazada con la totalidad que llega hasta el fin por su arraigo en el Pueblo (Verwurzelung im Volk) y su deuda con el Estado (Bindung an den Staat). El estudiante es forzado fuera de la incertidumbre de todas las cosas (Unsircherheit aller Dinge), con lo que la Tarea (Einsatz) es conectada con la Necesidad (Notwendigkeit). Los estudios en la Universidad deben volverse de nuevo un riesgo (Wagnis), no un refugio para el cobarde (Feigen). Quienquiera que no sobreviva a la Lucha (Kampf), mentirá de donde cayó. El nuevo valor (Mut) debe acostumbrarse asimismo a la firmeza (Stetigkeit), en la lucha por las instituciones educativas (Kampf um die Erziehungsstätten) es donde se educan nuestros Líderes (Führenden), y lo continuarán haciendo por mucho tiempo más. Combatiremos por las fuerzas de nuestro nuevo Reich que el Canciller del Pueblo Alemán Adolf Hitler hizo surgir en la realidad. Una raza dura (hartes Geschlecht) no debe hacer otra cosa que pensar en esta lucha, una raza que vive de pruebas constantes y persiste en dirigirse hacia la meta (Ziel) que se ha comprometido a sí misma. Esta Lucha (Kampf) determinará qué será de la totalidad de los Docentes y Líderes en la Universidad (ein Kampf um die Gestalt des Lehrers und des Führers an der Universität).”
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VALL DEL LLIERCA Argelaguer, Sales de Llierca, Sant Jaume de Llierca, Montagut i Oix, Tortellà. VALL D'HOSTOLES Les Planes d'Hostoles, Sant Feliu de Pallerols, Sant Aniol de Finestres. Besalú, Beuda, Maià de Montcal, Sant Ferriol. FLUVIÁ Olot, Castellfollit de la Roca, Les Preses, Riudaura, Sant Joan les Fonts, La Vall de Bianya, La Vall d´en Bas, Mieres, Santa Pau Osona Vic Ripoll Ripollès Figueres Alt Empordà Garrotxa Girona Catalunya España Lejarza Madrid España Lliurona Berga Berguedà Bracons Llers
Heidegger y la universidad en el IIIº Reich | 14-07-2009 - 06:42:13 GMT 1 #
Excelente blog y muy interesante post, te felicito están extraordinariamente planteadas la sideas.
Un saludo.
Noemi Sanin | 19-08-2009 - 19:48:27 GMT 1 #
Los costes humanos de la II Guerra Mundial
Josep Fontana
Se nos suele ofrecer una visión de la II Guerra Mundial que se compone sobre todo de escenas de batallas terrestres y navalesStalingrado, El Alamein, Normandía, Midway, protagonizadas por tanques, aviones, acorazados o submarinos. Pero si tomamos en cuenta lo que la guerra significó en términos de su coste en vidas humanas, que se cifra en torno a los 70 millones, su historia se transforma por completo .
Lo primero que sorprende es descubrir que la supuesta contienda mundial fue, sobre todo, una guerra entre alemanes y rusos: de los 20 millones de militares muertos, unos 16 millones corresponden a las pérdidas de los ejércitos soviético y alemán, mientras que las de los ejércitos de Francia, Reino Unido y EEUU, sumadas, pasan muy poco de un millón.
De los 20 millones de militares muertos,16 eran de los ejércitos soviético y alemán
Más importante aún es percatarse de que una de las características que distinguen esta guerra de las que se produjeron anteriormente en la Historia es el hecho de que hubo muchas más muertes civiles que militares: por lo menos dos de cada tres de los fallecidos en la guerra fueron hombres, mujeres y niños asesinados al margen de cualquier proceso legal, aniquilados en campos de internamiento o de trabajo, o víctimas del hambre causada por la contienda.
Las batallas nos ofrecen espectáculos terribles: los 60.000 soldados alemanes muertos en Stalingrado y la destrucción producida en Kursk, la mayor batalla de todos los tiempos, en la que participaron millones de hombres, 13.000 tanques y 12.000 aviones. Jrushchov, que recorrió aquel campo días más tarde, recordaría toda su vida los centenares de tanques que empezaban a oxidarse bajo el sol del verano, después de haber ardido con sus tripulaciones dentro, y el olor a muerte que se extendía por todos lados. O la última gran batalla de la guerra, la de Okinawa , donde murieron 70.000 soldados japoneses y 12.000 norteamericanos y donde perecieron también más de 100.000 de los habitantes de la isla, atrapados entre el fuego de ambos bandos.
Dos grandes carnicerías
Y, sin embargo, estos no son más que episodios menores en comparación con las dos mayores carnicerías de la guerra, que fueron el holocausto nazi y el más olvidado, pero no menos atroz, de los japoneses en su intento de conquista del continente asiático .
En el caso de los nazis, se habla siempre de los cerca de seis millones de judíos exterminados, pero se suele olvidar que no fueron las únicas víctimas, sino que hay que incluir, entre otros, a más de tres millones de prisioneros de guerra soviéticos que fueron internados en reductos vigilados, sin alimentos para sobrevivir. La Guía del Holocausto de la Universidad de Columbia admite que, en una definición amplia, se puede considerar que las víctimas del holocausto nazi fueron unos 17 millones.
Mientras los crímenes nazis recibieron amplia publicidad al término de la guerra, no sucedió lo mismo con los de Japón, a quien se atribuyen de 20 a 30 millones de víctimas civiles, en especial de etnia china, pero que se benefició de una ocultación que favorecieron los norteamericanos, interesados en conseguir su colaboración en la Guerra Fría.
En comparación con la amplia difusión de lo sucedido en campos como el de Auschwitz, se habló mucho menos de las atrocidades cometidas por los japoneses con los prisioneros de guerra y los civiles en los cruceros de la muerte y en unos campos de concentración en que se les obligaba a trabajos agotadores. O se habló mucho más de Mengele que del general Ishii Shiro, que dirigía el centro de investigación de armas bacteriológicas de Pingfan , cerca de Harbin (en Manchuria), conocido como "unidad secreta 731", donde un millar de investigadores japoneses experimentaron armas bacteriológicas con los presos chinos y practicaron la vivisección sin anestesia en seres humanos. Se decidió echar tierra sobre las responsabilidades de quienes habían participado en esta infamia y se les ofreció inmunidad a cambio de los resultados de sus investigaciones.
Para satisfacer las demandas de venganza, se escenificó en Alemania una representación de castigo en el proceso de Núremberg, que dictó 12 sentencias de muerte, al igual que se hizo en otro proceso similar en Tokio. Pero la realidad fue que hubo poco empeño en castigar a los que habían cometido estos crímenes. Muchas sentencias de muerte a miembros de la Gestapo o de las SS fueron conmutadas al poco tiempo, de modo que algunos estaban a los pocos años en cargos directivos de las grandes empresas alemanas. Y los industriales, que se habían beneficiado explotando inhumanamente a los trabajadores esclavos, salieron bien librados. En especial los japoneses, que se niegan todavía hoy a pagar ninguna indemnización, alegando, como hace Mitsubishi, que es discutible afirmar que los japoneses invadieran China y que esta compleja cuestión debe dejarse para que la aclaren en el futuro los historiadores (en 2008 el general Tamogami, jefe de la fuerza aérea japonesa, sostuvo públicamente que la ocupación de territorios asiáticos la habían hecho para liberarlos del imperialismo occidental).
Millones de expulsados
Pero la existencia de estos casos de impunidad, de los que se beneficiaron sobre todo las clases dirigentes, no implica que la derrota no causara numerosas víctimas, de las que no se suele hablar y que no se agregan a las listas de las de guerra, como en estricta justicia debería hacerse. El mayor de los daños sufridos por los derrotados fue, en Europa, el del desplazamiento de civiles, en especial de alemanes, no sólo de las tierras ocupadas después de la conquista nazi, sino de regiones en que sus familias vivían desde hacía mucho tiempo. Todo comenzó con la despavorida marcha hacia el oeste de los que habitaban en la Prusia oriental, en Pomerania y en Silesia, ante el avance de los ejércitos rusos. En el verano de 1945, apenas acabada la guerra, cinco millones de alemanes habían participado en esta fuga. Y ése era tan sólo el comienzo. Lo peor fue la expulsión, en los tres años siguientes y de acuerdo con medidas aprobadas en Potsdam por las potencias vencedoras, de otros siete millones de hombres y mujeres que habitaban en Polonia , Checoslovaquia, Rumanía o Hungría.
El coste total en términos de vidas humanas de esta sangrienta posguerra europea, como consecuencia de los malos tratos, violaciones, linchamientos y suicidios que sufrieron los expulsados, en especial los que vivían en Polonia y Checoslovaquia, puede haber sido de unos dos millones de civiles, sin contar otros tantos, o tal vez más, entre los soldados presos en manos de los vencedores.
Japón se vio igualmente obligado a repatriar a cerca de siete millones, que no eran sólo los soldados, sino los numerosos civiles que se habían instalado en Corea, Manchuria y Taiwán.
Esta mirada hacia atrás sobre los costes humanos de la II Guerra Mundial debería no sólo cambiar nuestra percepción del drama de esta guerra, sino hacernos más sensibles a los costes humanos de la violencia que reina hoy en un orden mundial desquiciado, que sigue cobrándose vidas humanas en los últimos 10 años, por ejemplo, unos cinco millones en el Congo ante la indiferencia general.
Los costes humanos de la II Guerra Mundial | 01-09-2009 - 07:34:31 GMT 1 #
CIA secret prisons organized from Germany, By Jan Peters :
A report in the New York Times on August 13 confirms that the CIA planned and organized secret prisons from the German city of Frankfurt/Main. At least three secret prisons were administered by the CIA branch office in Frankfurt beginning in 2003.
These illegal prisons belonged to the worldwide network of "black sites" to which the CIA transferred many of its prisoners in its "war against terror." There were at least eight such secret prisons maintained by the CIA outside the US. The prisons run from Frankfurt included two that were located respectively in the Romanian capital of Bucharest and a remote part of Morocco. A third is alleged to have been in the Polish town of Kiejkuty, near the Szymany airport. A fourth prison was located in Lithuania.
The secret prisons were used to extort information from prisoners using methods of torture that would not have been possible in the US. The director of the Frankfurt CIA branch office at that time, Kyle D. Foggo, told the Times that these measures were organized from Frankfurt because "it was too sensitive to be handled by headquarters."
In September 2006, then US president George W. Bush admitted the existence of secret prisons for the first time. These torture prisons were used to systematically subject those deemed to be terrorist suspects to sleep deprivation, waterboarding and beatings in order to obtain information or extort confessions. The CIA arrested "potential mass murderers" on the "battlegrounds of the world" and imprisoned them in secret locations where the suspects were subjected to "hard, necessary and effective methods of interrogation," as Bush claimed.
The secret prisons had to be set up outside of the US, because they contravened existing US law. The fact that the methods of torture employed by the CIA also violated international law was obviously a matter of indifference for the US government as well as for the German and European authorities.
Each of these prisons was designed to accommodate six prisoners and was constructed in identical fashion in order to confuse prisoners as to their exact location. The prisons were completely isolated and designed in such a way as to prevent life threatening injuries during interrogations. The floors were covered in skid-proof material, with plywood walls to cushion the impact when prisoners collided with the walls.
According to the New York Times, after the attacks of September 11, 2001, the "sleepy supply center" of the CIA in Frankfurt moved into action. The budget of this branch office was awarded an extra seven million dollars by the Bush government. At a later point this expanded budget was then trebled.
Frankfurt became the most important supply base of the US secret service in Europe. In addition, the city developed into an important logistics base for US operations in Iraq and Afghanistan, organizing supply flights for CIA deployments on virtually a daily basis.
Foggo, who was director of the Frankfurt CIA branch office, was well known for his organizational expertise. He worked for the CIA for over 20 years before pleading guilty to corruption charges in 2008 and receiving a sentence of three years in prison. Previously, in late 2004, he was appointed third-highest official of the CIA, following his deployment in Frankfurt. In the 1980s he was active in Honduras for the CIA. At the time, the US was conducting a dirty proxy war against Nicaragua, which was organized by the CIA in Honduras on behalf of the American government under president Ronald Reagan.
The role of the German government
Neither the office of the German chancellor, nor the interior ministry, the foreign office or the German Federal Intelligence Service (BND), have commented on the New York Times article. This silence must be taken as an admission that the German government agencies were aware of what the CIA was doing.
When questioned by the media individual police officers have declared that they knew nothing about the activities of CIA agents in Germany. This was the business of the Americans, they claimed. "Even if we got wind of anything," a high-ranking official told the Süddeutsche Zeitung, "nothing would have changed anyway."
As long ago as November 2005, the Washington Post and Human Rights Watch had uncovered the illegal prisons run by the CIA, and its criminal practice of kidnapping terror suspects. After these first exposures the secretary-general of the Council of Europe opened a preliminary investigation. It was led by former Swiss public prosecutor Dick Marty, president of the Commission for Human Rights of the Council of Europe. As special prosecutor Marty carried out investigations into the secret CIA prisons from 2005 to 2007.
In June 2006 Marty submitted an initial report. It stated that it could not definitively prove the existence of the secret prisons, but presented substantial evidence to indicate the use of such facilities by the US secret services. Marty continued his investigations and prepared a second report. He discovered close cooperation between European secret services and the CIA, but met with a wall of silence and denial on the part of the European governments.
The second Marty report of 2007 criticized the German and the Italian governments in particular for systematically suppressing the truth about the prisons. In Milan, leading political agencies closed down the investigation in the same year against 26 CIA agents who had openly kidnapped the Egyptian Imam Abu Omar in Italy in February 2003 and transported him to an Egyptian torture prison.
Marty recently told the Frankfurter Rundschau that it was difficult to uncover the whole truth about all of the alleged terrorist suspects kidnapped during this period. In the main, European governments had "made little effort" to clarify what had taken place, he said.
Between 2005 and June 2009 a German parliamentary committee of inquiry investigated the methods used by the CIA and its collaboration with the BND. The list of the topics to be examined was long. It included, in addition to the secret prison system and secret CIA flights over Germany, the participation of BND agents in the Iraq war, the knowledge by German intelligence sources of CIA kidnappings of German terrorist suspects, and the monitoring of journalists by the BND.
In the event, the committee of inquiry served as a whitewash for the intelligence services and the German government. In its final report of June 19 the committee concluded that the Social Democratic Party-Green government at that time had no knowledge of either the secret transportation of suspects or the existence of secret prisons. The committee of inquiry expressed no interest in the fact that an inquiry set up by the European parliament had already uncovered some time before that between 2001 and 2005 CIA transport planes had landed on no less than 336 occasions at German airports. It is completely unrealistic to expect that the government and its intelligence services had no knowledge of such flights.
The final report of the Bundestag committee served above all to cover the tracks of the current German foreign minister and SPD chancellor candidate, Frank-Walter Steinmeier. During the period in office of the SPD-Green government (1998-2005) Steinmeier was head of the German chancellery and personally responsible for the secret services. At the end of 2002 it was Steinmeier who prevented the Turkish citizen Murat Kurnaz, who lived in the German city of Bremen, from entering the federal republic. Accused of being a terrorist, Kurnaz was detained in the US Guantánamo detention centre. The US authorities had offered to free Kurnaz in 2002 due to lack of evidence. Because of Steinmeier's refusal to readmit Kurnaz to Germany, however, he was forced to remain a further four years in Guantánamo.
Steinmeier denied any responsibility for Kurnaz's fate at the committee of inquiry. He was also acquitted of any responsibility in the case of Khaled el-Masri. El-Masri is a Lebanese citizen resident in Germany who was kidnapped in 2004 by the US secret service in Macedonia and transported to Afghanistan—allegedly without the knowledge of the German government.
The record shows clearly that no account of their real role will be forthcoming from the official authorities. The extent of the complicity of the German government in the criminal activities and torture methods of the CIA will only be revealed by an independent inquiry and investigation conducted by and on behalf of the working class.
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Prisiones secretas de la CIA organizadas desde Alemania, por Jan Peters :
Un informe del New York Times del 13 de agosto confirma que la CIA planificó y organizó prisiones secretas desde la ciudad alemana de Frankfurt/Main. Por lo menos tres prisiones secretas fueron administradas por la oficina local de la CIA en Frankfurt desde 2003.
Esas prisiones ilegales pertenecían a la red mundial de “sitios ocultos” a los que la CIA transfirió a muchos de sus prisioneros en su “guerra contra el terror.” Hubo por lo menos ocho prisiones secretas semejantes mantenidas por la CIA fuera de EE.UU. Las prisiones dirigidas desde Frankfurt incluían dos que estaban ubicadas respectivamente en la capital rumana Bucarest y en un sitio remoto en Marruecos. Se afirma que una tercera estuvo en la ciudad polaca de Kiejkuty, cerca del aeropuerto Szymany. Una cuarta prisión estaba ubicada en Lituania.
Las prisiones secretas fueron utilizadas para extorsionar información de prisioneros mediante métodos de tortura que no hubieran sido posibles en EE.UU. El director de la oficina de la CIA en Frankfurt en esos días,
Kyle D. Foggo, dijo al Times que esas medidas fueron organizadas desde Frankfurt porque “eran demasiado delicadas como para ser manejadas desde la central.”
En septiembre de 2006, el presidente de EE.UU. de entonces, George W. Bush, admitió por primera vez la existencia de prisiones secretas. Esas prisiones de tortura fueron utilizadas para someter sistemáticamente a los considerados como sospechosos de terrorismo a privación del sueño, asfixias simuladas y golpizas para obtener información o extorsionar confesiones. La CIA arrestó a “potenciales asesinos en masa” en los “campos de batalla del mundo” y los encarceló en sitios secretos donde los sospechosos fueron sometidos a “métodos de interrogación duros, necesarios y efectivos,” como afirmara Bush.
Las prisiones secretas tuvieron que ser establecidas fuera de EE.UU., porque contravenían la ley existente en EE.UU. El hecho de que los métodos de tortura empleados por la CIA también violaban el derecho internacional fue obviamente algo indiferente para el gobierno de EE.UU. así como para las autoridades alemanas y europeas.
Cada una de esas prisiones fue planeada para acomodar a seis prisioneros y fueron construidas de modo idéntico a fin de confundir a los prisioneros respecto a su ubicación exacta. Las prisiones estaban completamente aisladas y diseñadas de manera de impedir heridas que pusieran en peligro la vida durante los interrogatorios. Los pisos estaban cubiertos de material anti-resbaladizo, con muros de madera contrachapada para amortiguar el impacto cuando los prisioneros chocaban con ellos.
Según el New York Times, el “centro de suministro de soñolientos” de la CIA en Frankfurt entró en acción después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. El presupuesto de esa oficina recibió siete millones de dólares adicionales del gobierno de Bush. Más adelante ese presupuesto expandido fue triplicado.
Frankfurt se convirtió en la base de suministro más importante del servicio secreto de EE.UU. en Europa. Además, la ciudad se desarrolló hasta ser una importante base logística para las operaciones de EE.UU. en Iraq y Afganistán, desde la cual se organizaron vuelos de suministro para actividades de la CIA sobre una base virtualmente diaria.
Foggo, quien fue director de la oficina de la CIA en Frankfurt, era bien conocido por su pericia organizativa. Trabajó más de 20 años para la CIA antes de declararse culpable de acusaciones de corrupción en 2008 y de recibir una sentencia de siete años en prisión. Previamente, a fines de 2004, fue nombrado tercer responsable de la CIA por su importancia, después de ser enviado a Frankfurt. En los años ochenta trabajó para la CIA en Honduras. En aquel entonces, EE.UU. realizaba una sucia guerra por encargo contra Nicaragua, organizada en Honduras por la CIA por cuenta del gobierno estadounidense bajo el presidente Ronald Reagan.
El papel del gobierno alemán
Ni la oficina de la cancillería alemana, ni el ministerio del interior, o el de exteriores, o el Servicio Federal de Inteligencia alemán (BND), han comentado sobre el artículo del New York Times. Su silencio debe ser considerado como una admisión de que las agencias gubernamentales estaban informadas sobre lo que hacía la CIA.
Ante las preguntas de los medios, oficiales de la policía han declarado que no sabían nada de las actividades de agentes de la CIA en Alemania. Era asunto de los estadounidenses, afirmaron. “Incluso si hubiésemos oído algo,” dijo un alto funcionario a Süddeutsche Zeitung, “en todo caso no hubiera cambiado nada.”
Ya en noviembre de 2005, el Washington Post y Human Rights Watch habían sacado a la luz las prisiones ilegales dirigidas por la CIA, y su práctica criminal de secuestrar a presuntos terroristas. Después de esas primeras denuncias el secretario general del Consejo de Europa abrió una investigación preliminar. Era dirigida por el ex fiscal público suizo Dick Marty, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Consejo de Europa. Como fiscal especial, Marty realizó investigaciones sobre las prisiones secretas de la CIA desde 2005 hasta 2007.
En junio de 2006 Marty presentó un informe inicial. Señaló que no podía probar definitivamente la existencia de las prisiones secretas, pero presentó evidencia sustancial que indicaba el uso de semejantes instalaciones por los servicios secretos de EE.UU. Marty continuó sus investigaciones y preparó un segundo informe. Descubrió una estrecha cooperación entre servicios secretos europeos y la CIA, pero se enfrentó a un muro de silencio y a la denegación por parte de los gobiernos europeos.
El segundo informe de Marty de 2007 criticó en particular a los gobiernos alemán e italiano por suprimir sistemáticamente la verdad sobre las prisiones. En Milán, las principales agencias políticas cerraron la investigación en el mismo año contra 26 agentes de la CIA que habían secuestrado abiertamente al imam egipcio Obu Omar en Italia en febrero de 2003 y lo transportaron a una prisión de tortura egipcia.
Marty dijo recientemente al Frankfurter Rundschau que había sido difícil desvelar toda la verdad sobre los presuntos terroristas secuestrados durante este período. En general, los gobiernos europeos habían “hecho pocos esfuerzos” por aclarar lo sucedido, dijo.
Entre 2005 y junio de 2009, un comité parlamentario de investigación alemán investigó los métodos utilizados por la CIA y su colaboración con el BND. La lista de tópicos a ser examinados era larga. Incluía, aparte del sistema de prisiones secretas y de los vuelos secretos de la CIA sobre Alemania, la participación de agentes del BND en la guerra de Iraq, el conocimiento de las fuentes de inteligencia alemanas de secuestros por la CIA de sospechosos alemanes de terrorismo, y el monitoreo de periodistas por el BND.
Finalmente resultó que el comité de investigación sirvió para blanquear a los servicios de inteligencia y al gobierno alemán. En su informe final del 19 de junio, el comité concluyó que el gobierno del Partido Socialdemócrata y de los Verdes de la época no sabía ni del transporte secreto de pasaportes ni de la existencia de prisiones secretas. El comité de investigación no expresó ningún interés por el hecho de que una investigación establecida por el parlamento europeo ya había descubierto algún tiempo antes que entre 2001 y 2005 aviones de transporte de la CIA habían aterrizado en no menos de 336 ocasiones en aeropuertos alemanes. Es totalmente irreal esperar que el gobierno y sus servicios de inteligencia no hayan tenido conocimiento de semejantes vuelos.
El informe final del comité del Bundestag [parlamento alemán] sirvió sobre todo para cubrir las huellas del actual ministro de exteriores alemán y candidato del SPD a canciller, Frank-Walter Steinmeier. Durante el período en el poder del gobierno SPD-Verde (1998-2005) Steinmeier fue jefe de la Cancillería Federal alemana y personalmente responsable por los servicios secretos. A fines de 2002, Steinmeier fue quien impidió que el ciudadano turco, quien vivía en la ciudad alemana de Bremen, entrara a la república federal. Acusado de ser terrorista, Kurnaz estaba detenido en el centro de detención de Guantánamo de EE.UU. Las autoridades de EE.UU. habían ofrecido liberar a Kurnaz en 2002 por falta de evidencia. Debido a la negativa de Steinmeier de readmitir Kurnaz a Alemania, sin embargo, tuvo que permanecer otros cuatro años en Guantánamo.
Steinmeier negó toda responsabilidad por la suerte de Kurnaz ante el comité de investigación. También lo absolvieron de toda responsabilidad en el caso de Khaled el-Masri. El-Masri es un ciudadano libanés residente en Alemania quien fue secuestrado en 2004 por el servicio secreto de EE.UU. en Macedonia y transportado a Afganistán – supuestamente sin conocimiento del gobierno alemán.
Los antecedentes muestran claramente que no se puede esperar ningún informe sobre su verdadero papel de las autoridades oficiales. El alcance de la complicidad del gobierno alemán en las actividades criminales y los métodos de tortura de la CIA sólo será revelado por una investigación independiente realizada por, y por cuenta de la clase trabajadora.
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CIA secret prisons organized from Germany | 04-09-2009 - 07:39:15 GMT 1 #
La UE sin aliento
Carlos Taibo
De manera llamativa, el resultado del referendo irlandés sobre el Tratado de Lisboa no parece haber suscitado alegrías manifiestas en los estamentos directores de la Unión Europea. Una de las explicaciones al respecto la aporta, claro, la certificación de que aún queda camino que recorrer para conseguir la plena ratificación del tratado. Ahí están, para certificarlo, las reticencias que este sigue provocando en países como la República Checa y Polonia, y lo que pudiera ocurrir en un futuro no lejano en el Reino Unido de la mano de las iniciativas de determinados sectores del Partido Conservador.
Dejemos constancia, de cualquier modo, de que en esos estamentos directores de los que hablamos no se aprecia ninguna mala conciencia en lo que atañe a lo ocurrido en Irlanda. No se olvide de que este último ha sido el único país que ha sometido a consulta popular el Tratado de Lisboa –está claro por qué los restantes miembros de la Unión han rehuido semejante forma de ratificación– y que para doblegar las opiniones hostiles al texto aprobado en la capital portuguesa se realizaron en su momento concesiones sin cuento. Hay que preguntarse, por lo demás, en virtud de qué excelsa lógica política se ha repetido el referendo irlandés pero se han dado por buenos, en cambio, los resultados de las ratificaciones parlamentarias registradas en los restantes miembros de la UE…
Dejemos atrás, con todo, esas disputas y miremos por un momento al futuro. El escaso entusiasmo que el resultado del referendo irlandés ha suscitado acaso se debe a las muchas dudas que a todos nos asisten en lo que se refiere a la capacidad de la UE, con Tratado de Lisboa o sin él, para superar una crisis endémica que se revela en todos los ámbitos. Cifremos los problemas en una sola cuestión: en esos estamentos directores que hoy nos interesan se barrunta cierto escepticismo en lo relativo a la cacareada capacidad del tratado lisboeta para resolver los problemas de eficacia que atenazan a la UE. Hay quien dice, en este sentido, que el texto llega demasiado tarde, cuando los problemas que pretendía resolver se han enquistado y han surgido otros nuevos. Limitémonos a reseñar, por añadidura, que los presumibles progresos que van a registrarse en materia de gestación de una dirección unificada chocan con la triste realidad que nace de los nombres de las figuras políticas –José Manuel Durão Barroso, Tony Blair, acaso algún dirigente español de controvertida trayectoria– que están o estarán en cabeza de las instancias correspondientes.
Para que nada falte, en fin, muchos de los pronósticos más pesimistas han demostrado ser inequívocamente certeros. Valga un ejemplo sonoro: de manera sibilina, y tal vez al amparo de la cortina de humo que han supuesto las disputas sobre el Tratado de Lisboa, el espíritu y la letra de lo que dimos en llamar directiva Bolkestein han salido adelante en el marco de una macroestrategia de mercantilización y privatizaciones que se revela hoy de la mano de un curioso funambulismo retórico. Y es que los mismos gobiernos –el español, sin ir más lejos–, que de puertas adentro se declaran comprometidos con los derechos sociales, acatan sin rechistar las ínfulas desreguladoras que la UE sigue alentando.
Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política
La UE sin aliento | 09-10-2009 - 08:34:25 GMT 1 #