La niebla ideológica
Josep Duran i Girona, Castrumvell del Mont - Garrotxa: La niebla ideológica.-La ciencia económica, más que como una “ciencia sombría“, hay que verla como la piedra maestra del sistema social protegido celosamente por científicos sombríos. Existen todavía economistas que, revestidos de una aureola de pericia y de terminología técnica, consideran los hechos y relaciones fundamentales que configuran nuestras vidas y los convierten en irrelevantes o incomprensibles. Pero no existe ninguna razón para que una discusión sobre las relaciones económicas sea obtusa y el tema, en lugar de aburrido, conlleva el interés compulsivo que únicamente tienen los aspectos más fundamentales de la vida humana. Las discusiones sobre la economía mundial están relacionadas con la guerra y la paz, la estructura de clases, los trastornos sociales, la explotación de la clase trabajadora, la lucha revolucionaria, el sufrimiento y la opulencia, y, a su vez, todo lo que da lugar a reacciones en el sistema económico capitalista. Todos aquellos que deseen comprender la actual crisis mundial, que no sólo es económica, sino también política y social, deben investigar, la dinámica de la economía mundial neoliberal.
Hablar de la economía mundial es hablar del sistema capitalista de explotación, como marco, en el sentido más penetrante y omnipresente, de la vida económica y política del mundo. Las características de este sistema de explotación del Capital han cambiado mucho menos, durante los últimos setenta y cinco años, de lo que generalmente se piensa. Aunque se han producido importantes cambios de poder, de industria a industria, o de nación a nación, los objetivos y las fuerzas que motivan el sistema se han mantenido bastante constantes. Sostengo que estas motivaciones básicas y las consecuentes dinámicas operativas se encuentran en el origen de la crisis actual. Demasiados estudios, incluso desde una perspectiva de izquierda, han elaborado teorías sobre el neo-capitalismo introduciendo un conjunto de conceptos procedentes de las nuevas ciencias del comportamiento, y, junto con los propagandistas de las compañías multinacionales, casi han llegado a eliminar el beneficio como una de las motivaciones en el comportamiento económico capitalista. Antes de investigar algunos problemas de la economía política internacional, debemos, en primer lugar, centrar nuestra atención en los rasgos más simples y obvios del capitalismo: la obtención de beneficio, la clase obrera como una mercancía en el proceso productivo, y en el hecho de que el capitalismo no se pueda planificar con éxito, viendo que los intentos de hacerlo, utilizando la ciencia económica ortodoxa, sólo generan nuevas crisis a través de la inexorable lucha competitiva, entre compañía y compañía, industria e industria, nación y nación, al defender los estados capitalistas su sector más poderoso. Y a pesar de los brillantes actores que llenan el escenario, a pesar de la incalculable tragedia y muerte que sus operaciones conllevan, el capitalismo es un sistema extremadamente impersonal. Más que de una maquinación perversa o incluso de un gran plan, se trata de individuos actuando por su cuenta para proteger y aumentar sus propios intereses. Nadie desea la guerra, la depresión, la inflación, y todas las otras crisis que lo acompañan; estas calamidades son el resultado de actos reflexivos para proteger intereses individuales, nacionales y de clase. Tomando en cuenta estos rasgos intrínsecos e irreductibles, se percibe más claramente no sólo la mayoría de los acontecimientos de la crisis contemporánea, sino también su solución. La niebla ideológica de los intelectuales que celebran un “nuevo capitalismo” puede obscurecer la visión, la realidad Aunque, naturalmente, los principales rasgos del capitalismo explotador caracterizan a todos los Estados capitalistas, España entre ellos, y aunque se ha producido durante los últimos años un considerable cambio en su posición de poder, los Estados Unidos (EE.UU) continúan siendo el factor dominante en la economía mundial y los desarrollos económicos y políticos que de él surgen han tenido una influencia predominante en la estructura del mundo. Es esencial, concretar los problemas estructurales subyacentes que reaparecen con una severidad cada vez mayor, o que dependen de la escalada de la muerte y la destrucción en una parte de la Tierra para poder dar una ilusión de prosperidad en la otra. La fuerza motriz del sistema capitalista es la que, a la vez que responde a ellas, origina las decisiones políticas. En un mundo donde la continua opresión y el saqueo empresarial conducen a conflictos alrededor de la Tierra, los USA (EE.UU) no tienen que empezar o crear una guerra; solamente tienen que reaccionar ante los conflictos de una u otra forma. Y casi siempre esta respuesta dependerá del ambiente económico. La recesión, la inflación, una economía “sobre-expansionada” o estancada, o los temores en las mentes de los capitalistas en el poder de que se produzcan tales condiciones, nunca son la causa de intervenciones militares directas. En otras palabras, si ocurre una crisis política en una parte del mundo cuando la economía en general se encuentra en un declive o en una recesión, las decisiones politicas a favor de la “guerra masiva” encontrarán poca resistencia, y los intereses industriales buscarán beneficiarse de los nuevos pedidos gubernamentales inherentes a un compromiso militar. Sin lugar a dudas, nunca existe una decisión explícita de empezar una guerra para sacar a la economía de una recesión. Existe simplemente un ambiente económico que estimula o no la expansión de un conflicto. La guerra de Korea, por ejemplo, habría sido un conflicto muy diferente de haber comenzado en un momento en el que la economía capitalista mundial se encontrara en una situación inflacionaria y de expansión con una alta demanda “efectiva” para los bienes y servicios de los Estados Unidos. Las decisiones responden a las necesidades materiales de la clase dominante capitalista, y se producen muchas manipulaciones para obtener ventajas cuando existen intereses conflictivos, que, sin lugar a dudas, existen, pero no entre grupos regionales, sino entre los intereses de compañías individuales que buscan beneficios. Sin embargo, el sector dominante no da órdenes al Estado en un contexto autoritario. Existen demasiados conflictos de interés entre ellos para funcionar de esta manera. únicamente cuando se produce una amenaza real desde el Comunismo marxista se unen las fracciones capitalistas para apoyar un gobierno totalitario; son los intereses materiales, y no la ideología, los que se encuentran en la base de las decisiones económicas y políticas. La ideología es la máscara que cubre el rostro de los intereses materiales. Se utiliza para manipular a la gente pero en realidad nunca es asumida por los dirigentes, que pueden desecharla cuando ya no sirve a sus intereses. En esta perspectiva, no debe causar sorpresa o confusión que se produzca el “deshielo” después de los años de “guerra fría“. Este cambio no produce ningún trauma en los dirigentes, y sólo afecta a los ideólogos y mandarines que sirvieron sus necesidades anteriores. Para las clases dominantes, los pragmáticos hombres de negocios, es sólo cuestión de interés material y se puede encontrar una nueva ideología que se amolde a sus nuevas necesidades. Es de vital importancia la naturaleza de los conflictos de clase que generan los acontecimientos económicos y el papel de la clase obrera en las actuales economías industriales en crisis. ¿Cuál ha sido el impacto de “desarrollo” en las regiones preindustriales del mundo, y, a su vez, cuál es el potencial del Tercer Mundo para modificar la crisis del capitalismo industrial?, ¿cómo podemos valorar el impacto de la integración del Bloque Soviético y de China en la crisis del capitalismo mundial? (ilustración Karl Marx -Carlos Lejarza)
está ahí, vivida por la gran mayoría de la población mundial, y la dinámica inherente al sistema capitalista mundial continúa operando. La confusión es el producto de la burguesía que, excepto durante las más severas crisis del sistema, sólo percibe la realidad a través de la letra impresa.

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Lo que nos jugamos en Europa
Vicenç Navarro
El dominio liberal en la Unión Europea
Las elecciones de este domingo al Parlamento Europeo afectarán, de una manera u otra, a la calidad de vida de las clases populares de todos los países miembros de la Unión Europea, incluyendo España. Y en cambio, no hay conciencia, a nivel de calle, de que esto sea así. Hoy, la Unión Europea configura en gran parte las políticas económicas y sociales que determinan el bienestar de la población de sus estados miembros. La evidencia de esta realidad es abrumadora. En un artículo reciente (“¿Qué pasa en la Unión Europea?” Público. 21.05.09) indiqué cómo esta Europa se ha estado construyendo a espaldas de las clases populares, con unos costes económicos y sociales que son fáciles de ver. Los indicadores de calidad de vida y bienestar social de las clases populares se han ido deteriorando en la mayoría de países de la Unión Europea, mientras que los beneficios empresariales y financieros en cada uno de aquellos países han aumentado de una manera exuberante (para mayor detalle de tal deterioro de la situación de la Europa Social, ver Navarro, V. “Como está evolucionando la situación social de la Unión Europea” en la colección dirigida por Josep Borrell “Europa en la Encrucijada”. 2007, colgado en mi blog www.vnavarro.org, sección Europa)
Este deterioro ha ocurrido por tres razones. Una es el enorme dominio del pensamiento liberal, y las políticas públicas que ha inspirado, en los gobiernos de los países miembros de la UE, en el Consejo de la UE, en la Comisión Europea y en el Banco Central Europeo. El liberalismo es la ideología de las clases empresariales y financieras y ha dominado la construcción de Europa. La reducción del gasto público; la disminución de la protección social; la desregulación de los mercados de trabajo y la desregulación del comercio y del capital financiero, han sido las constantes que han caracterizado la construcción de la Unión Europea.
La segunda causa ha sido la reproducción de tal pensamiento también en grandes sectores de la socialdemocracia, que ha promovido el socioliberalismo, primo hermano del liberalismo. La Tercera Vía se convirtió en el mayor punto de referencia de los gobiernos socialdemócratas. La Tercera Vía identificó la modernidad del proyecto socialista con la adopción del liberalismo económico. Ser moderno era ser liberal.
Y la tercera causa ha sido la expansión de la UE hacia los países del este de Europa que, inmunizados contra cualquier intervención pública como consecuencia del fracaso de los regimenes comunistas, se convirtieron en incondicionales del otro polo (el modelo liberal), apoyados en este intento por el gobierno federal de EEUU del Sr. Bush y por el gobierno británico laborista del Sr. Blair.
Resultado de estos tres factores es que el dominio de las derechas es casi absoluto en la UE. Hoy, instituciones como el Tribunal Comunitario de la UE, están dictando sentencias que suponen un ataque frontal a los derechos sociales y laborales en la UE. La lista de tales ataques es larga. Desde la directiva de servicios Bolkenstein, a los casos Laval y Buffet, incluyendo la expansión del horario laboral a 65 horas semanales, la Unión Europea ha sido hostil a los intereses de las clases trabajadoras de sus países miembros.
El déficit democrático y el Parlamento Europeo
El único entorno en el que existe un espacio democrático ha sido el Parlamento Europeo, sujeto de las elecciones de este domingo. El poder de este Parlamento es limitado. Y ello no es por casualidad. El enorme déficit democrático de las instituciones europeas responde a un diseño del mundo empresarial y financiero. Ello apareció en la llamada estrategia de Lisboa, aprobada en el año 2000, que tenía como objetivo alcanzar el nivel de competitividad de EEUU, introduciendo reformas liberales que eran muchas de ellas una copia mimética del modelo liberal estadounidense (tal como desregular los mercados laborales y financieros). Pero las élites que diseñaron tal estrategia eran conscientes de que tales medidas eran profundamente impopulares. De ahí que transfirieran el poder de decisión de los estados al nivel de la UE, donde hay una escasísima posibilidad de intervención popular. El único espacio donde tal intervención puede tener lugar es el Parlamento Europeo. En este Parlamento, hay partidos políticos que son los corresponsales europeos de los partidos nacionales. El PP está en el Partido Popular Europeo, el PSOE-PSC está en el Partido Socialista Europeo, IU-ISC está en la Izquierda Europea, y así otros. Hoy el Parlamento Europeo tiene una mayoría conservadora que explica que sólo modifique en parte lo que le llega de arriba (de la Comisión y del Consejo, ambos bajo dominio liberal). Tal Cámara pudo parar la extensión de la semana laboral a 65 horas, pero es más la excepción que la regla.
Está claro, pues, que esta Europa no es la Europa que las clases populares desean. Es urgente que la situación cambie. Y ello no será nada fácil. Pero sería un error que las personas conscientes de esta situación se abstuvieran. El establ¡shment europeo presentará al público la abstención como una muestra más del desinterés de la población y su incapacidad de entender las complejidades de construir Europa. En realidad, la abstención es una muestra más del distanciamiento de las clases populares hacia las instituciones europeas. Pero la abstención reforzará el status quo, que es lo peor que puede ocurrir. De ahí la enorme urgencia de que se vote a las fuerzas reformistas de izquierda que pidan el cambio. Se necesita una izquierda fuerte a la izquierda de la socialdemocracia, y se necesita una socialdemocracia distinta a la que ha dominado el centro-izquierda europeo, que abandone el socioliberalismo y recupere sus valores socialdemócratas, bastante abandonados. De ahí la importancia de este domingo.
Vicenç Navarro Catedrático de Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra
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Lo que nos jugamos en Europa | 07-06-2009 - 07:20:09 GMT 1 #
Imperialismo
Joaquín Miras Albarran
La editorial Capitán Swing acaba de editar un magnífico libro en el que se recogen , uno tras otro, dos de nuestros clásicos. John A. Hobson, Estudio del Imperialismo, y Vladimir Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo. Una magnífica idea. El libro contiene además otras dos magníficas ideas.
Una: lleva un epílogo escrito por David Harvey, nada menos.
Otra: su título, que no puede no muy ser intencionado -muy bienintencionado-: el libro se titula Imperialismo, así y a secas.
El libro tiene también, por tanto, además de otras muchas y magníficas virtudes, que el lector inmerso en el momento histórico presente, caracterizado por la tremenda crujida económica del capital imperialista, financiero, de nuestros días, y por las invasiones militares y la multitud de guerras locales impuestas por el imperialismo, no necesita que nadie le comente, la virtud de ser una magnífica, razonada respuesta a las ligerezas de Negri.
Para volver por nuestros fueros, los rojos necesitamos volver por nuestros clásicos. No para leerlos como análisis actuales, o como respuesta inmediata ante la actualidad. Sino como forma de anudar con nuestra tradición.Para actuar a la manera de ellos. Para comprender qué es lo que se pensó y se hizo. Para fecundar nuestro propio pensamiento.
En resumen amigos: Otra magnífica idea de ese incendiario amigo de la cerveza, luddita impenitente, enemigo del destajo, celebrador de san lunes y de san martes, bon vivant necesitado de pocos recursos y mucho tiempo libre, bromista, luchador insobornable, defensor de la libertad y de la igualdad, capaz de indignarse ante la injusticia sufrida por los demás, el revolucionario Capitán Swing.
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Imperialismo | 07-06-2009 - 07:23:23 GMT 1 #
Sociedad de masas
Miguel Ángel Llana
Fanatismo de los seguidores del fútbol, una masa manipulable creada por los poderes; una agresividad colectiva canalizada con la misma eficacia que los comportamientos de consumo
Todo el mundo sabe que vivimos en una sociedad de masas. Es muy conocido el tópico de la individualidad sumergida en una masa que es capaz de anular, de hacer desaparecer al sujeto individual en medio de ruidos y muchedumbres. En gran medida vivimos dentro de una espiral que Veblen analizaba por medio de dos categorías: trabajo y tráfago. La gente, dentro de la sociedad de masas, realiza fundamentalmente dos tipos de operaciones: trabajar e ir de un lado para el otro.
El trabajo es la categoría marxista fundamental para comprender la historia y la sociedad. Constituye, según Marx, “el metabolismo entre el hombre y la naturaleza”. Antes, durante y después del capitalismo, el hombre necesita y va a necesitar trabajar para producir lo necesario en su existencia social, y para que ésta forma de existencia se reproduzca, continúe siendo. Morirá el capitalismo (pese a que sus apóstoles lo consideran eterno) no sabemos cuándo, pero lo que nunca morirá es el trabajo. Éste no tiene por qué darse en condiciones asalariadas. El trabajo puede adquirir muchas otras formas que el capitalismo bloquea, oscurece, prohíbe. No tiene por qué pensarse que el trabajo se transformará en juego, tal y como pronosticó utópicamente Marcuse. El trabajo, incluyendo en este término el esfuerzo y su consecuente, el cansancio, difícilmente puede desaparecer en la existencia humana. Otra cosa sería hablar del trabajo alienado y del trabajo asalariado. Estas formas se encuentran de manera implícita en nuestro modo de producción, que necesita hacer del trabajo una mercancía. Ser anti-capitalista hoy en día, como en tiempos de Marx, no consiste en oponerse al trabajo. Sensu stricto consiste en abolir la situación actual en la que la fuerza de trabajo es mercancía, y se compra y se vende como cualquier otra.
La conexión entre esta mercancía tan especial, la fuerza de trabajo, y la sociedad de masas merece ser analizada. De ahí pasamos al “tráfago”, el segundo concepto de Thorstein Veblen. El capitalismo ha supuesto un incremento desmesurado de la población mundial, un desarrollo ingente de la vida urbana. Este modo de producción ha significado, al mismo tiempo, una subordinación atroz del campo a la ciudad. El campo ha pasado a ser, él mismo, una periferia urbanizada de la ciudad, una cuadrícula en la que progresivamente quedan menos recintos autónomos, vírgenes y autosuficientes. El planeta entero va camino de ser una gran ciudad superpoblada que consiente ciertas manchas cultivables para el alimento de la “plaga humana”, es decir, de una especie parasitaria de todas las demás: la especie humana.
Con el surgimiento del capitalismo, pues, aparece la sociedad de masas que, empezando por Europa, implica un tráfago constante, una bulliciosa madeja de intercambios de personas, moneda, mercancías. Sería más rápido y estricto decir: una red de intercambios de mercancías, donde incluimos las personas. Éstas, ya en su condición de esclavas (es indudable el auge de la esclavitud en el siglo XXI) o de oferentes de fuerza de trabajo, circulan febrilmente tanto como las demás cosas en este universo de intercambio, universo que quiere siempre ocultar “la trastienda de la Producción”.
La masa es un producto del capitalismo, y su existencia obedece a un proyecto político bien claro: un proyecto de control, de sometimiento, de dominación. Siete mil millones de seres “originales” son una masa imposible de gobernar. Los estados necesitan sustituir la antigua homogeneidad campesina, forjada por siglos de tradición, con nuevos mecanismos para empaquetar, clasificar, enfrentar y distribuir contingentes humanos. Los grandes críticos de la sociedad de masas (Nietzsche, Ortega, Escuela de Frankfurt) cayeron en un aristocratismo que desvirtúa el alcance y la potencia de sus ataques. Además, ellos no conocieron –por razones cronológicas- la enorme capacidad de prostitución que poseen los medios de comunicación masivos. La televisión e internet se suman ahora a los medios tradicionales (periódicos, radio y demás sistemas de comunicación) y poseen la virtualidad de subastar –en el sentido literal- a personas. La categoría “mercancía” posee la nefasta potencialidad de aplicarse a toda cosa o relación social. Ella, la célula misma del capitalismo, aterriza sobre cualquier elemento o relación humana y al igual que las bacterias o los virus, posee una capacidad enorme de contaminación.
El capitalismo no puede existir sin llevar hasta el límite todas sus posibilidades de mercantilización general de la vida, de los seres, de las cosas. Por ello es preciso para que se cumpla su ley inexorable que deje de haber “personas” y en vez de eso solamente existan contingentes fácilmente distinguibles bajo colores o banderas absolutamente arbitrarias. Por ejemplo, el nacionalismo inventado de no pocos estados-nación, de muy distinta manera al nacionalismo resistente de un pueblo oprimido, es enteramente comparable al fanatismo de los seguidores de un club de fútbol. La misma estupidez ensalzada por los medios de comunicación, el mismo comportamiento lanar y ovino de quienes necesitan “ir a por ellos”, siendo ese conjunto, “ellos”, una masa aborregada que se ha formado únicamente bajo agrupamientos artificialmente creados por los poderes (estados, corporaciones, medios de masas).
No se puede entender la sociedad contemporánea sin conocer quién mueve los hilos de estas masas teledirigidas, fácilmente manipulables. Cuando hay una final de fútbol, la explosión de banderas y exabruptos revela hasta qué punto es dócil el ser humano. Se trata de una agresividad colectiva canalizada con la misma eficacia con la que se canalizan los comportamientos de consumo. La simple necesidad social de consumir se transforma en compulsión, y de esa manera se activa aún más la demanda de explotación de los trabajadores que sostienen ese ciclo consumista. El fútbol y demás vergüenzas de la sociedad opulenta (en versión hispana: los toros, los macroconciertos de pseudomúsica, el Rocío y las procesiones de semana santa…) son fenómenos masivos de consumo en los que hay implicación de no pocos sectores económicos, como la hostelería, el turismo, la prensa, la “beautiful people”, que necesitan de ellos y viven de ellos. La verdadera cultura, en cambio, debe quedarse arrinconada en los márgenes del sistema. Los artículos de consumo intelectual o creativo que pudieran contener algún sentido crítico, subversivo para el sistema, una de dos, o son fagocitados por el sistema y ya por ello descargados de toda peligrosidad revolucionaria, o bien se transforman en productos especializados que no rompen las barreras que los agentes de planificación capitalista han fabricado.
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Sociedad de masas | 07-06-2009 - 07:25:18 GMT 1 #
Ahir la vaig veure i ella plorava, per Maria del Roser Noguer Burch, Fornells de la Selva (Girona)
Miro l´entorn de la meva Catalunya estimada i començo a veure els rius plens de llàgrimes. Ella plorava mentre li deia a la companya que el seu marit s havia quedat sense feina, l´altre em deia bon dia i en pregava quelcom per menjar, a la cantonada un home amb el cap baix i agenollat com dins una església esperava la fressa de les monedes,... i mentrestant, la taca d´oli de la pobresa es va engrandint i entrant a les cases per portes i finestres amb un intent d ofegar-les.
Gota a gota l´estalactita es forma, però si dins la cova és digna d´admiració, en el carrer les gotes han fet esquerdes, forats, dolor, preocupació i ens diran que aixequem la senyera i ens diran que som un país, però serà el cant de la sirena que ens vol engolir. Sense adonar-nos-en estem plens de túnels i galeries com si un exèrcit de formigues, en silenci, hagués anat construint per emportar-se el gra que amb el suor del front del poble planer ha anat sembrant.
Però no ens amoïnem, la realitat es que les llàgrimes ens despertaran, ens ajudarà el dolor a combatre la pandèmia que ens ha envaït. Només cal anar al fons de l´assumpte, no podem dir que no ho hem vist, perquè ara, fent la mirada al passat hem vist com la trama s´ha anat forjant com una aranya fent moure els fils per atrapar la pressa i ho han fet davant els nostres ulls i ara ens n´adonem perquè els resultats clamen al cel.
No ens enfonsem en la culpabilitat, que és mala consellera, aixequem el cap, despertem i mirem quina es la fita de futur. Per mi és pa per posar a la boca, és amor al que respira, és cura d´un paisatge que no és nostre, que és del món.
Despertem, que les forces que ens representen la nostra paraula, cantin al cel i amb les mans retornin la terra als que l´estimen. Estimar no vol dir conquerir, vol dir fer un jardí per a uns i per als altres i ara la natura ens reclama i el cor de l´home espremut l´hem de reconfortar.
Deixem de banda la por i anem amb valentia per salvar l´univers de la seva agonia.
Oh Catalunya! tens dret a ser ben estimada i aquells que t´estimen et salvaran. Oh univers! Tens dret a ser ben estimat i qui t´estima et salvarà.
El poble té la paraula. Són molts els que han lluitat amb honor, són molts els que han fet les coses amb amor i aquest amor ens salvarà a tots. Només cal seguir el cant de la sirena per trobar-la i dir-li, cara a cara, que el seu cant ja no ens acarona, que és el cant d´una heura que ens vol ofegar i, encara que sigui llarga, com una branca de glicina, només amb un un sol gest es pot quedar sense alè.
Poble que plores, poble que despertes d´un somni d´estiu, dorm primer, però quan et despertis, a trenc d´alba, digues-li a l´univers que avui lluitaràs per estimar-lo. I entre tots, que som molts, recobrarem l equilibri.
Ahir la vaig veure i ella plorava | 08-06-2009 - 06:59:12 GMT 1 #
Fábulas del social-liberalismo
El “ejemplo” Obama y General Motors
Charles-André Udry
[La política de la Administración Obama para la quiebra de General Motors se presenta como un modelo, incluso por el candidato de IU a las elecciones europeas Willy Meyer (El País, 3/06/2009, p. 14). El artículo que publicamos desmonta una de las fábulas de la “obamalatría" que comparte la izquierda institucional]
1.- Indicábamos en nuestro artículo escrito a finales de marzo de 2009 [este artículo se publicará, junto con el que viene a continuación, actualizado si fuera necesario, en el nº 104 de VIENTO SUR, julio 2009] que uno de los test del desarrollo de una crisis duradera –la recuperación será muy lenta y la destrucción de capitales enorme- se manifestará en el sector del automóvil en los Estados Unidos. El lunes 1 de junio, GM (General Motors) se declaraba en quiebra.
De hecho, la crisis de sobreproducción existe desde hace años en el sector del automóvil, no sólo en los Estados Unidos, sino a escala mundial. Incluso en el caso de recuperación económica, las capacidades instaladas mundialmente, que son actualmente de 70 millones de unidades, jamás serán utilizadas. Serán destruidas, según las exigencias de la ley del valor, tan eficazmente expuestas por Marx.
La generalización del leasing y la creación de múltiples bancos –controlados a menudo por los grandes constructores- debían asegurar la demanda a crédito. Esta demanda era estimulada por campañas publicitarias que movilizaban ingentes cantidades de dinero a escala mundial. A esto se añadía la obsolescencia acelerada de los modelos, en términos físicos y normativos.
En lo referente a la producción, la utilización de asalariados/as eventuales se había convertido en la regla a fin de debilitar la resistencia colectiva de los trabajadores y para asegurar “el ajuste más rápido del empleo” a las fluctuaciones de la demanda, con el pretexto de que el “cliente manda”.
La subcontratación en cascada tomó una amplitud sin parangón. La ofensiva multiforme contra el sindicalismo –no necesariamente contra los aparatos sindicales- se ha convertido en una característica de esta rama, en paralelo con la intensificación y la densificación del trabajo.
La crisis de conjunto del capitalismo mundializado, lógicamente y fisiológicamente, debía estallar con una fuerza máxima en el sector del automóvil. Algunas cifras permiten comprender las dimensiones de esta crisis, que va a perdurar.
Tomemos el ejemplo del automóvil en Alemania, país que con Suecia es el más dependiente del automóvil. El retroceso de la rama del automóvil en Alemania participa en un 0,8% de la contracción del Producto Interior Bruto (PIB) alemán en el cuarto trimestre de 2008 (calculado según el valor añadido, no la demanda final). Hay que añadir el 0,1% si se incluye la compresión de los servicios ligados a la venta: los concesionarios. El cálculo es sencillo: esto equivale al 33% del retroceso del PIB en el último trimestre de 2008 en Alemania.
Siguiendo con Alemania, contrariamente a una imagen engañosa, los constructores no realizan más que el 26% de la producción (calculada a partir de una desagregación sectorial que tiene en cuenta los consumos intermedios del sector). Los subcontratistas, el 33%. El resto de la producción del sector, en el sentido amplio, corresponde a otros 24 sectores que intervienen en la producción: desde el equipamiento eléctrico y electrónico, los plásticos… hasta el trabajo de los metales, en la fabricación de máquinas y equipamientos para extenderse a las actividades inmobiliarias (salas de presentación de vehículos) y a la imprenta (publicidad). Se comprende, a partir de ahí, que las instituciones alemanas especializadas consideren que 2,6 millones de empleos estén ligados al automóvil. Esto sin tener en cuenta empleos ligados al “stock circulante”, es decir, a sectores como los seguros, las autoescuelas, la policía, la sanidad, la construcción de carreteras.
Existe un estudio para Francia que integra el total de los empleos inducidos por el automóvil (producción, venta, y “stock circulante”). Ha sido realizado por el CCFA (Comité de Constructores Franceses de Automóviles). El resultado es deslumbrante: el número de empleos inducidos por el automóvil en Francia representaría el 10,5% del total de los empleos. En los Estados Unidos, el sector automóvil emplea directamente a 710.000 asalariados; según el criterio del empleo directo, el número de asalariados/as del automóvil es de 256.000 en Francia y de 860.000 en Alemania. Sin embargo, su parte relativa en el empleo disminuye más en los Estados Unidos que en Alemania y en Francia.
En fin, no hay duda de que la crisis va también a golpear a los constructores japoneses (Toyota, Nissan-Renault, Honda) desde los meses de mayo-junio. El mito según el cual escaparían a la crisis del automóvil se basa sencillamente en un desfase en el tiempo y en una exageración de la tasa de reemplazo que proporcionaría Asia (China en primer lugar) a corto plazo, en relación al hundimiento de la demanda en los Estados Unidos, en Europa y en el propio Japón.
No hay que proporcionar datos suplementarios para comprender el impacto de esta crisis generalizada sobre la explosión del paro y sobre la anticipación a la baja de los beneficios para diversos compartimentos del Capital. Es también fácil comprender por qué, en el momento en que los gastos llamados sociales son comprimidos, se han efectuado de forma generosa primas a la compra de nuevos vehículos, bajo la batuta del gobierno de “unidad nacional” (demócrata cristiano y socialdemócrata), en Alemania y en Francia.
2.- Así pues, General Motors ha pedido al juez de quiebras aprobar el procedimiento de “cesión de sus activos más sanos” en un plazo de 30 días.
En la primera audiencia ante el juzgado de quiebras de Manhattan, el abogado del constructor automovilístico, Harvey Miller, ha “explicado” al juez Robert Gerber –que tiene todos los poderes gracias a este procedimiento- que una decisión rápida era necesaria para salvaguardar el valor (bursátil futuro) de GM. GM no estará ya listada en el DJIA (Dow Jones Industrial Average) –igual que el ex-primer banco mundial Citigroup –donde dominaba desde 1925 entre las 30 principales capitalizaciones bursátiles de los Estados Unidos. Todo un símbolo de la dinámica declinante del capitalismo americano que, sin embargo, servía de modelo–hace menos de cuatro años- para economistas descerebrados que predicaban en lo que –fraudulentamente- se llama Universidad.
Para la Administración Obama y el lobby automóvil-financiero, hay que ir rápidamente al procedimiento de quiebra. Tan rápidamente como Chrysler, que ha sido autorizada a vender la casi totalidad de sus activos a un consorcio dirigido por Fiat.
El juez Gerber ha declarado que el procedimiento tenía por objetivo “salvar a la empresa, salvar tantos empleos como podamos, tantos subcontratistas y concesionarios como podamos”. Recupera así, para la galería, el discurso de Obama.
Sin embargo, GM cuenta con cerrar once fábricas y poner tres en paro técnico en los Estados Unidos. La dirección de GM prevé, oficialmente, suprimir 21.000 de los 54.000 puestos de trabajo industriales sindicados actualmente ocupados en los Estados Unidos.
En realidad, una cuenta más exacta, sobre la base de lo que aparece hoy en la prensa americana, muestra que 21.000 empleos (trabajadores pagados por hora) y 8.000 mensualizados (empleados) serán despedidos; los empleos suprimidos en los concesionarios –unos 2.100- son aún difíciles de estimar.
Sin embargo aquí es el término “sindicado” el más importante. La declaración de quiebra de GM marca el “último final” del sindicalismo americano de los años 30 y 40. El juez aceptará la validez de los planes de reestructuración de GM –como el de Chrysler- con la condición de que las concesiones ya hechas por los aparatos sindicales sean aún aumentadas.
Los fondos de pensiones de los trabajadores tanto de Chrysler como de GM –y mañana de Ford- se llenarán de acciones sin valor de Chrysler y de GM. Es seguro que esos fondos no podrán ya proporcionar rentas, a medio plazo. Y las rentas proporcionadas no han hecho más que bajar en términos de poder de compra.
El derecho de huelga será voluntariamente suspendido, como ya ocurre en Chrysler en el contrato en vigor hasta 2011. Una rama entera será des-sindicalizada. Así llegaremos al momento en que el Estado es propietario de alrededor del 70% de GM (en contrapartida de una inversión que, en total, se eleva ya a 50 millardos de dólares) y el sindicato que ha aceptado comprar, con sus haberes y créditos de los fondos de pensiones, acciones de GM, de casi el 18%.
La Administración Obama es verdaderamente un ejemplo a seguir para los socio-liberales de Europa. Al menos es lo que piensa una fracción mayoritaria de la patronal en el mundo. Ha comprendido perfectamente que la capacidad de la nueva Administración estadounidense de envolver en un discurso patriótico una ayuda masiva a la oligarquía financiera es un medio eficaz de neutralizar las luchas de resistencia y de impedir que puedan desembocar en una puesta en cuestión de los derechos dictatoriales ligados a la propiedad privada.
Por otra parte, el anuncio de declaración de quiebra y de la utilización del “chapter eleven” [capítulo 11 de la Ley de Quiebras de los Estados Unidos: principalmente, permite al deudor mantener la administración de la compañía durante la reconversión] ha hecho subir 221 puntos de base la acción de GM que se arrastra en el fondo del cesto de las cotizaciones.
Esta subida es, ante todo, la traducción de la satisfacción de la “élite financiera” que considera que el obstáculo principal para un relanzamiento de la tasa de ganancia está constituido por los sindicatos, más exactamente, por sus conquistas históricas que no han podido ser aún totalmente liquidadas. Obama dando a un “equipo de especialistas” la gestión de GM da una señal clara: hay que atacar el obstáculo de un sindicalismo que no responde ya a las normas de la competencia mundializada.
Para esto, el estatuto de “propietario” dado a los sindicatos es útil. Como subraya un artículo de la CNBC, fechado el 2 de junio de 2009, “la Administración Obama ha estructurado los planes de GM y de Chrysler para reducir la voz de los sindicatos en la gestión”; a la vez que crean la idea de que “el gobierno y los sindicatos comen la misma manzana”. Son medidas así, con la ayuda del Estado burgués, las que deben dominar la escena económica y política a fin de asegurar la readecuación del capital que tiene su base en los Estados Unidos en un futuro que verá reforzarse la competencia entre un número reducido de grandes grupos automovilísticos, que apuntarán también a mercados como el de China.
3.- En lo que se refiere al compromiso de facilitar los procesos de sindicación en las empresas, todo indica que no serán mejorados por la nueva dirección.
Un estudio de Kate Bronfenbrenner, fechado el 20 de mayo de 2009, - hecho para el ala izquierda del Partido Demócrata, bajo los auspicios del Economic Policy Institute (EPI, Friefing Paper, 24 páginas) y del American Rights at Work Education Fund –demuestra que incluso los trabajadores que han obtenido, después de un voto secreto, el derecho a un contrato, están sin contrato en un 52% un año después de ganar la votación. ¡Y sólo 53.000 trabajadores obtuvieron el derecho a una representación y a un contrato colectivo sindical en 2007!
Una comparación es suficiente para explicar mejor la situación sindical actual. En 1970, 276.733 trabajadores obtuvieron por medio de votaciones bajo el control del NLRB (National Labor Relations Booard) el derecho de organizarse sindicalmente en la empresa (es decir, de estar representados sindicalmente con reconocimiento patronal) y, por consiguiente, poder negociar para obtener un contrato colectivo. Hubo ese año 7.733 votaciones bajo el control del NLRB. A esto se añadía la sindicalización en compañías aéreas que se organizaban según el Railway Labor Act.
Desde entonces, tras las quiebras de compañías áereas muy semejantes a la de GM (utilización del capítulo 11) el sindicato ha dejado de existir prácticamente en las compañías aéreas y los salarios han caído, empeorando a la vez las condiciones de trabajo.
Para comprender esta situación puede ser útil, y quizás necesario, recordar el sistema legal de sindicalización en EE UU. Según las leyes vigentes en EE UU para obtener el derecho a organizarse sindicalmente, ser reconocido por la patronal y poder firmar un contrato colectivo, hay que pasar por el proceso siguiente.
Un trabajador pide un documento de adhesión a un sindicato (card check). Lo hace firmar por sus compañeros de trabajo. Una vez que ha reunido la firma del 30% de los trabajadores de una unidad de trabajo (una empresa) existe formalmente una estructura para negociar un contrato. En ese momento, la patronal puede exigir un voto secreto para saber si los trabajadores de la empresa quieren o no la sindicalización de la empresa. La táctica de los militantes –frente a esta votación, controlada de hecho por la patronal- consiste en hacer firmar la lista sindical (card check) por más del 50%, o mejor aún, por el 60% de los trabajadores, con el fin de asegurarse un voto superior al 50%.
La patronal, desde que conoce el proceso de sindicalización, empieza campañas de amenazas que van del chantaje con el cierre de la empresa si hay sindicalización hasta el despido de los activistas sindicales, pasando por la intervención de grupos de profesionales (psicólogos, juristas, etc., que se dirigen a asambleas de trabajadores, que están obligados a escucharlos) especializados en campañas antisindicales. Es una práctica floreciente en EE UU. Su objetivo: obtener una mayoría contraria a la sindicalización de la empresa cuando tenga lugar la votación controlada por el NLRB.
Porque en caso de que la sindicalización obtenga la mayoría, el NLRB certifica que la representación sindical tiene derecho a negociar un contrato, que es obligatorio para el empresario. Obligación que frecuentemente no se respeta, como se comprueba en los datos que hemos dado anteriormente.
En la campaña presidencial de Obama, que fue apoyada económicamente por los aparatos sindicales, el candidato se comprometió a modificar la legislación. La reforma legislativa se llamaba Employee Free Choice Act [Ley para la libre elección de los empleados] (EFCA). Si más del 50% de los trabajadores firmaran la lista sindical (card check), no sería necesario el voto secreto para establecer una representación sindical que el empresario debería reconocer y con la cual debería firmarse un contrato colectivo. El voto obligatorio sólo sería necesario si lo reclamara el 30% de la plantilla, que sin duda serían objeto de una campaña de propaganda e intimidación patronal. Por su parte, los trabajadores podrían pedir un voto secreto si no alcanzaran el 50% de adhesiones a la lista.
Como se ve, no estamos ante un salto adelante gigantesco en el derecho de organización sindical en el lugar de trabajo. El proyecto de reforma de la ley ha empezado a discutirse en comisiones del Congreso en el mes de marzo 2009. Todo indica que terminará recortado respecto al cambio propuesto (EFCA) por Obama en su campaña electoral.
La quiebra de GM y la aplicación del capítulo 11 van a reforzar la posición de todos los congresistas que se oponen al modesto cambio propuesto por la EFCA. Máxime teniendo en cuenta que una campaña mediática masiva explica la crisis de GM, de Chrysler y de Ford como resultado de la “rigidez sindical”. Por consiguiente, habría un apoyo mutuo entre el tipo de quiebra elegido para GM por la Administración Obama
y la campaña, detrás de las puertas cerradas del Congreso, contra la modesta EFCA.
Sobre esta base, no es extraño que el comité ejecutivo de los dos organismos que encargaron el estudio de Kate Bronfenbrenner concluya así su resumen introductorio: “Si las tendencias recientes continúan, no hará falta mucho tiempo para que deje de existir un mecanismo legal que proteja efectivamente el derecho de los trabajadores del sector privado a organizarse y negociar contratos colectivos” (pág. 3). Esta tendencia no será revertida por la Administración Obama ni por la política actual de los aparatos sindicales.
La crisis del capitalismo americano está produciendo en una nueva oleada de ataques contra las y los trabajadores. Esta constatación, realista, debería reforzar la determinación de los socialistas-revolucionarios a plantear cómo una crisis de época del capitalismo, en su radicalidad, da de nuevo una validez razonada al combate decidido por un socialismo democrático.
2/6/2009
Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR
Charles André Udry es el director de la revista La brèche http://www.labreche.ch/lb/LB.html
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Fábulas del social-liberalismo | 08-06-2009 - 08:04:15 GMT 1 #
¿Alguien ha dicho cambio de modelo productivo?
Raimundo Viejo Viñas
¿Has visto ese nuevo reality show? 350 personas se reúnen en una habitación y hacen como si la crisis fuera algo “que pueden arreglar ellos”. Así decía la viñeta humorística de Manel Fontdevila al Debate sobre el Estado de la Nación (la nación del Estado, se entiende). Y es que el parlamentarismo actual sigue viviendo la moderna ficción de su centralidad en los asuntos públicos mientras en el desierto de lo real la gente sigue haciendo otras cosas. Pero tampoco nos engañemos sobre la mentira vital en que viven instaladas, tan cómodamente, sus señorías. A las Cortes también llega, bien que mitigado por los dobles ventanales antiterroristas, un clamor de la calle cada vez más fuerte. Y es que, sí, al Reino de España le urge un cambio de modelo productivo o pronto los parados serán cinco millones y sin cobertura.
El problema, sin embargo, es que la maquinaria del Gobierno representativo tiene serios problemas con la producción del espectáculo. Ésta es la parte de realidad que tiene todo chiste, empezando por el del dibujante catalán. Tras décadas de neoliberalismo, la capacidad de intervención estatal sobre los asuntos públicos se ha visto drásticamente reducida. En consecuencia, ante una crisis como la actual, el margen gubernamental tiende a reducirse a su mínima expresión. Frente a esta situación, desde el modo de mando que nos gobierna no hay otra alternativa que proseguir socavando derechos fundamentales (así, la sentencia del Supremo –Tribunal– sobre Iniciativa Internacionalista y la incriminación surrealista de Unidá Nacionalista Asturiana) y abrir la espita de la expulsión de migrantes a fin de mantener el control social.
Y en estas, el presidente del Gobierno español pretende convencernos de que, tras el potlach bancarioestatal, vamos a poder cambiar de modelo productivo subvencionando la compra de coches y pisos. En un ejercicio sorprendente de autismo político, ajeno por completo a consensos institucionales con los gobiernos autónomos y víctima de un oportunista pánico preelectoral, Zapatero lanza sus propuestas a la espera de que el Estado de las Autonomías se comporte como Patxi López y sus seguidores socialistas y populares vascos, prietas las filas al grito mediático del “España una y no cincuenta y una”. Tomándose por el Messi de la construcción de mayorías, ZP ha intentado pactar con CiU una reforma laboral a la chita callando, que luego se ha visto forzado a retirar por la presión del aplicado diputado Joan Herrera (esta vez sí, Iniciativa per Catalunya, como Esquerra, pueden jugar a las izquierdas para resarcirse del mal trago que han tenido que pasar al votar por unanimidad con CiU, PP y CC un impresentable “sí” al Plan Bolonia).
Entre tanto, las derechas siguen sin abrir la boca, no vaya a ser que nos enteremos de su plan real para dar una vuelta de rosca más a quienes estamos pagando la crisis por activa y por pasiva. Confían para ello en que el popolo di destra se alzará tras el liderazgo rouquiano de la reserva espiritual de Occidente en unas elecciones europeas que prometen abstencionismo récord. También confían en el regreso de un Mayor Oreja que, cual Freddy Krueger en una secuela de Pesadilla en Elm Street, se nos presentará nocturno y alevoso en el sueño elitista progre de un dominical de El País recortando horas de castellano en Catalunya y vaya usted a saber cuántas plagas más. Pero tranquilos y tranquilas; que al final despertaremos e Izquierda Anticapitalista sumará sus eurodiputados a las huestes del mesías Besancenot en lo que será el principio del advenimiento final de la Revolución Permanente.
Raimundo Viejo Viñas (Profesor de Teoría Política en la Pompeu Fabra)
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¿Alguien ha dicho cambio de modelo productivo? | 08-06-2009 - 08:11:34 GMT 1 #
Queridas compañeras, Queridos compañeros:
En primer lugar os queremos agradecer inmensamente la ayuda y el entusiasmo que ha habido en internet en apoyo de la candidatura de Izquierda Unida en esta campaña electoral. Es el primer intento que hacemos de coordinar a quienes nos movemos en la red y probablemente ha habido errores e insuficiencias, pero la respuesta que hemos obtenido por vosotros y vosotras anima a seguir adelante intentando que Izquierda Unida se movilice en la red aprovechando la generosidad de sus votantes, simpatizantes y militantes. Lo que los grandes medios de comunicación han negado a IU ha sido contrarrestado con vuestro entusiasmo y os lo tenemos que agradecer con sinceridad y emoción.
La ciberagitación de lo que hemos venido a llamar IU 2.0 se puso en marcha con motivo de la campaña electoral para las europeas. Pero Izquierda Unida no puede permitirse que estemos movilizados sólo en campaña electoral, aunque en esos días realicemos un sprint. Por ello nos proponemos mantener la ciberagitación y mejorarla para que cada vez sea un instrumento más útil en la movilización de la izquierda alternativa, es decir, de Izquierda Unida.
Por ello os solicitamos un pequeño esfuerzo. Durante estos días nos habéis enviado algunas ideas que nos han sido útiles. Otras las hemos aplazado porque la intensidad de la campaña no permitían ponernos a ello o siquiera valorar tal o cual propuesta. El fin de la campaña electoral nos aporta la tranquilidad necesaria para recibir aportaciones: críticas a lo que se ha hecho en la red en estas semanas, propuestas de mejora, ideas que no se nos hayan ocurrido... Todo ello será muy enriquecedor para que la ciberagitación sea una herramienta clave para Izquierda Unida.
Nos falta analizar algunos datos de la actividad desplegada estos días en internet por la gente de IU, pero os podemos adelantar algunos datos. Son datos meramente cuantitativos, pero nos pueden ser útiles para saber de dónde partimos y mejorar en el futuro:
Se han apuntado directamente a la red de ciberagitación 511 personas que recibían en su correo todos los mails que les enviábamos. Es imposible calcular la repercusión final de esta red, pero suponiendo que cada una de esas personas accediera a otras 10 personas (un supuesto conservador: cada internauta suele tener muchas decenas de direcciones de correo electrónico), habríamos llegado a más de 5.000 personas en un primer reenvío. Para hacernos una idea, pocos actos políticos físicos han reunido a más de las 500 personas que recibían directamente cada uno de los mails que les enviábamos. Esta herramienta sólo la ha tenido Izquierda Unida. El PSOE ha puesto en marcha una red de ciberactivistas, pero era “secreta” y se desconoce su repercusión, aunque no parece que haya ido más allá de la campaña “ponte amarillo”, que fomentaba que la gente apareciera vestida de amarillo en sus perfiles de internet. En cambio, nuestra primera acción coordinada fue la pegada de carteles virtual, que tuvo mucha repercusión en blogs, webs y redes sociales y que fue mencionada en medios de masas
En la página de Facebook de IU se han apuntado 1943 personas. Cada una de ellas veía aparecer en su “muro” toda la información, enlaces, noticias y vídeos que mandábamos. Muchas de ellas las “compartían”, por lo que de nuevo se produce una difusión de los mensajes que no podemos calcular. En comparación, el Partido Popular dispone de un grupo en Facebook con 4500 miembros. Su actividad es privada y sólo la ven sus miembros, por lo que no hay apenas redifusión más allá de los destinatarios directos de sus mensajes. El PSOE no ha tenido una presencia institucional en Facebook.
En Twitter hemos alcanzado los 452 seguidores. El Partido Popular tiene 456 seguidores. El PSOE tiene diversos perfiles locales, pero no hay un perfil del PSOE como tal. El Partido Popular ha tenido una actividad constante con el canal general y uno específico de las europeas. Da la impresión de que tenían una persona dedicada al canal, puesto que no se alimentaba sólo de las noticias que emite la web del PP, sino que comentaba los debates, los actos,.. Sin embargo, nunca respondía a los comentarios que se les hacía. El canal de IU ha combinado las noticias que emitían las webs de IU y Por tus derechos (mientras se mantuvieron separadas) con comentarios emitidos por las personas que hemos estado en la campaña internauta. Además hemos respondido a todas las preguntas que se nos ha hecho, especialmente a partir del conflicto por los derechos de “A por ellos”. Ha habido más de 200 reenvios privados de noticias emitidas por el canal de IU de twitter, prácticamente uno por cada noticia o comentario que ha publicado IU en este canal (233 actualizaciones).
Menéame es una página de una gigantesca influencia en internet. Aunque no es muy conocida por los legos en internet, su influencia es probablemente mayor en internet a la de los más grandes medios de comunicación. Cada noticia que llega a portada genera entre 10.000 y 15.000 visitas directas a la página en la que se encuentra la noticia, por lo que no parece exagerado pensar que como mínimo unas 75.000 personas leen el titular si aparece en portada. Sólo en campaña electoral ha habido al menos 26 noticias positivas sobre Izquierda Unida que llegaran a portada, seis de ellas con más de 1000 votos. Es difícil medir la repercusión que ha tenido Izquierda Unida en Menéame en estas semanas pero probablemente haya rondado el millón de internautas que hayan visto alguna de ellas. Lo importante de menéame es que se puede coordinar a gente para que sepan que hay noticias importantes que queremos difundir y, si los que quieren difundirla la votan, se lleva a portada. Hoy por hoy esa coordinación sólo existe en I Love IU, pero se podría aprovechar la red de ciberagitadores para promocionar noticias concretas que IU quiera difundir. Los temas que más éxito han tenido en menéame han sido los relacionados directamente con internet (especialmente el relacionado con los derechos de “a por ellos”, pero también la buena acogida de nuestro programa en lo relativo a derechos de autor, software libre, cultura libre, etc...), laicismo, oposición a la reforma del mercado laboral y lucha contra la corrupción.
Os reiteramos el agradecimiento más sincero por vuestra complicidad y pasamos a leer las sugerencias e ideas que nos hagáis llegar para que Izquierda Unida se haga dueña de la red.
Salud y ¡a por ellos, IU!
IU 2.0
Queridas compañeras, Queridos compañeros | 08-06-2009 - 17:34:58 GMT 1 #
Divisa BRIC
¿"Divisa BRIC" para suplir al agónico dólar?
Alfredo Jalife-Rahme
En The Moscow Times ("El rublo como divisa de reserva no parece tan loca", 13/5/09), Martin Gilman, anterior representante del FMI en Rusia, propone a ese país y a China desechar el dólar: "ninguna de las precondiciones necesarias para que el rublo funcione como divisa de reserva ha sido cumplida, pero los recientes días de pánico en el mercado de bonos en EU podría ser ominoso para el futuro del dólar".
Henrik Gullberg, estratega de divisas del Deutsche Bank AG en Londres, principal banco cambista de divisas del mundo, reconoce que la postura rusa para adoptar una nueva divisa global ha contribuido a debilitar al dólar (Bloomberg, 2/6/09).
En entrevista a CNBC (1/6/09), el presidente ruso, Dimitri Medvediev, se pronunció por "algún tipo de medio universal de pagos que podría crear la base del futuro sistema financiero internacional", mientras su portavoz, Natalya Timakova, dejó entrever que sea muy probable que el BRIC (Brasil, Rusia, India, China) discuta la propuesta de crear una divisa mundial (The Business Times, 4/6/09).
Aunque el BRIC todavía representa una entelequia, el 16 de junio celebrará su primera cumbre formal en Ekaterimburgo (tercera ciudad rusa más importante), Medvediev destaca su paulatina integración: "los países del BRIC representan hoy los principales centros de crecimiento económico del mundo. Más de la mitad de la población mundial vive en los países del BRIC".
El viceministro de Finanzas ruso, Dimitri Pankin, afirmó que las "divisas de reserva regionales (¡supersic!) constituyen una parte inevitable de la regionalización (¡supersic!) del sistema financiero global".
Mediante la "regionalización" multipolar de las divisas de la que Bajo la Lupa ha sido pionera (ver "Hacia el nuevo orden financiero global: ¿bipolaridad del dólar y el yuan?", 25/3/09), pareciera insinuarse la creación de la "divisa BRIC".
Por lo pronto, Rusia, China y Brasil han exhibido su entusiasmo por la sustitución del dólar como única moneda de reserva global, mientras India practica la meditación discreta.
Aunque sea más que obvio, nadie dice que el BRIC detenta 38 por ciento del total de las reservas mundiales, que ascienden a 7.47 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón): Brasil posee 206 mil millones (junio 2009); Rusia 404 mil millones (mayo 2009); India 262 mil millones (junio 2009); China 1.95 millones de millones (marzo 2009).
¡Lo trágico del asunto es que el BRIC tiene la mayor parte de sus reservas en dólares!
Cuando agregamos a las reservas de China aquellas del "circuito étnico chino" (concepto acuñado por Bajo la Lupa), entonces el BRIC alcanzaría 47 por ciento de las reservas mundiales: Hong Kong ostenta 186 mil millones de dólares (marzo 2009); Macao, 20 mil millones (diciembre 2008); Taiwán, 305 mil millones (abril 2009), y Singapur, que cuenta con 70 por ciento de población china, 166 mil millones (marzo 2009).
Cuando la liquidez es emperatriz en medio del tsunami financiero global –que en la etapa involutiva de la economía se manifiesta ahora en un desorden hiperinflacionario que ha disparado como vaticinamos en Bajo la Lupa (ver "Hacia la hiperinflación [con devaluación del dólar]", 17/5/09) el precio del petróleo, el oro y la plata (ésta incrementó su valor en más de 26 por ciento en un solo mes)– Jack Spitz, director ejecutivo de cambio de divisas del National Bank of Canada, se pregunta cuánto tiempo tomará a los países del BRIC "colocar entre todos una divisa" cuando "al euro le tomó décadas establecerse".
Guo Shuqing, anterior director de la Administración de Cambios de Divisas de China y actual presidente del China Construction Bank, en entrevista con The Financial Times (1/6/09), apaciguó la fogosidad de China al afirmar que " en el corto plazo (¡supersic!) no existe sustitución al dólar".
Existen señales encontradas en la cúpula rusa para degradar al dólar. Nada menos que el geoestratega Yevgeni Primakov, quien preside ahora la Cámara de Comercio e Industria de Rusia, durante una reunión del Club Mercury el pasado 18 de mayo, moderó el ímpetu del presidente Medvediev para la creación de múltiples divisas de reserva, al unísono de los gobiernos de Brasil y China. Tildó de " fantasía romántica" el "salto nocturno (sic) a una multipolaridad del sistema monetario": un "abordaje racional (sic) a la reforma financiera mundial no es compatible con la noción que sería posible degradar al dólar estadounidense, en la perspectiva de la poscrisis del corto plazo (sic), a una divisa regional o a la creación de una nueva superdivisa internacional. En el futuro (sic), esto sucederá obviamente, pero no mientras EU permanezca como importante potencia mundial en las relaciones económicas. La situación cambiará (sic) pero en forma gradual (¡supersic!)". Diluyó el vino de los proponentes del rublo como moneda de reserva mientras no exista en Rusia "un mercado doméstico estable": la "expansión del rublo puede ser un objetivo estratégico (¡supersic!), pero no se puede promover artificialmente su consecución, puesto que esto ocasionaría severos costos políticos y económicos". A su juicio, Rusia deberá "desarrollar antes un mercado financiero nacional (¡supersic!), que necesita convertirse en un sistema autosuficiente y en una fuente real de recursos de crédito para nuestros emprendedores".
La idea de una "divisa BRIC" empieza a permear en los cerebros de los estrategas de divisas, algo que nadie se hubiera atrevido a imaginar hace algunos años, con excepción de las mentes más estructuradas del planeta.
Pero tampoco hay que engañarse: la decadencia de EU lleva ineluctablemente al fin del dolarcentrismo, sea a corto o largo plazo, como expusimos en El fin de una era: turbulencias en la globalización (Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2007).
Y justamente esta es la gran tragedia geofinanciera de los tiempos presentes: aún no existe alternativa que supla al agónico dólar estadunidense, por lo que urge apresurar el trote para la creación de varias divisas regionales que reflejen el nuevo orden multipolar, y en la que la "divisa BRIC" jugaría un rol de anclaje y estabilización, al unísono de la regionalización del euro (la eurozona cuenta con 531 mil millones de dólares de reservas, febrero 2009) y del mismo dólar que cesaría de ser la divisa hegemónica.
Al desechar al dólar en sus tratativas comerciales bilaterales, ¿Brasil y China se adelantaron a la hipotética instauración de la "divisa BRIC" (ver Bajo la Lupa, 31/5/09)?.
Divisa BRIC | 09-06-2009 - 12:52:26 GMT 1 #
De nuevo sobre qué hacer y cómo hacerlo
Joan Tafalla
Espai Marx
El problema principal que tiene hoy la humanidad es la persistencia de un régimen de explotación, opresión y alineación como es el capitalismo. La urgencia de la superación de este estadio de su historia es evidente. El capitalismo es nocivo para la preservación de la especie humana. Esta urgencia de la transformación integral de la sociedad encuentra, sin embargo, diversas dificultades.
1ª dificultad: La clase obrera, el proletariado metropolitano, está por constituir ahora y aquí, en nuestro país, en nuestra sociedad.
Así pues, la tarea prioritaria que tenemos por delante, es trabajar por la constitución de un sujeto social que sea autónomo del capitalismo y que se proponga no solo protestar, no solo denunciar, sino que sea capaz, aquí y ahora, de construir una alternativa de sociedad. Es decir, otra forma de vida, otra cultura, otra civilización.
Observaréis, que, contrariamente a una vieja costumbre mía, ya no utilizo el prefijo “re”: reconstruir, reconstituir...No, simplemente digo: constituir.
Parto de la idea de que los sujetos políticos procedentes de la cultura política de la izquierda del siglo veinte son precedentes nuestros y, a menudo, (aunque no siempre) referentes culturales y morales. Sin embargo, su cultura política no sirve para la tarea nueva que nos proponemos.
2ª dificultad. La constitución de un sujeto social que se proponga la superación del capitalismo solo es posible con métodos democráticos. Es decir, con métodos no elitistas, no vanguardistas. Con métodos que se han de basar en la experiencia social de las gentes, en la experiencia colectiva, en la resolución de problemas concretos. La democracia es imprescindible para proceder a esta elaboración colectiva de la experiencia, sin que nadie sustituya el proceso de discusión, de organización y de elaboración de alternativas desde ningún despacho o local extraño a los intereses materiales, morales y culturales del propio sujeto.
3ª dificultad. El camino es largo, da muchos rodeos y siempre es cuesta arriba. Todos los atajos elitistas y vanguardistas conducirán al fracaso o a la repetición incesante del tormento de Sísifo: cuando la piedra esté en lo alto de la montaña, volverá a rodar pendiente abajo.
No me refiero solo a los atajos politicistas procedentes de la vieja cultura delegativa del movimiento obrero del siglo XX. Me refiero a los atajos que se presentan como nuevos e innovadores, cuyo objetivo es resolver lo que denominan “crisis de dirección” y ahora ven, en la desaparición de los viejos sujetos políticos, su ocasión de oro. No, estos atajos procedentes del izquierdismo del siglo XX, quizás son muy atractivos, seguramente para la impaciencia de la juventud, o para la impaciencia de la vejez hiperactiva, pero solo pueden llevarnos, de nuevo, a un pozo sin fondo.
4º dificultad. La representación política mantiene una contradicción permanente con la democracia. La experiencia democrática solo es posible, y aún con muchas dificultades, en espacios pequeños, controlables por la experiencia. La representación política en el estado liberal es un mecanismo de permanente secuestro de la soberanía obrera y popular.
Quizás debamos transigir en algunos aspectos y utilizar las elecciones.
Quizás. Pero si no hay un grado de autonomía suficiente, los mecanismos delegativos acabaran cooptando cualquier expresión política, añadiéndola a la izquierda más o menos sumisa del régimen liberal-representativo, y transformando lo que hoy aparece como radical y revolucionario, en un mecanismo más de integración y cooptación.
En la fase actual solo veo posible hacer un control eficaz de los representantes en el nivel municipal.
5ª dificultad. La democracia se expresa siempre con un problema de tiempo. La democracia es lenta. Someter a la democracia a los calendarios electorales, o bien a los calendarios elaborados por aparatos o “maquinitas” políticas extrañas a la gente, es el primer paso del secuestro de la soberanía del pueblo.
Finalmente, las dos limitaciones (el espacio y el tiempo) que retardan y dificultan la constitución de un sujeto social alternativo, entran en contradicción con el hecho de que la lucha de clases se da en un marco nacional, un marco estatal y un marco internacional determinados. Esta claro que la constitución de este nuevo sujeto social antagonista solo estará culminada cuando este sujeto esté organizado en todos los marcos.
Pero, insisto, si el proceso constituyente de clase se da sin la base firme de la democracia y de la soberanía del sujeto, no creo que se deba siquiera empezar.
La piedra volverá, indefectiblemente, a rodar montaña abajo.
Joan Tafalla
Sabadell 7 de junio de 2009, 2h30 de la madrugada
(*) Estas líneas son producto de mi reflexión personal e intransferible sobre la presentación de cuatro listas a la izquierda del PSOE en las elecciones europeas. También incluyo algunas reflexiones en torno a las intervenciones de diversos compañeros en el debate colectivo en la jornada celebrada el 6 de junio en la sede de COBAS (Barcelona) convocada por Espai Marx bajo el título “Democracia y territorio”.
De nuevo sobre qué hacer y cómo hacerlo | 09-06-2009 - 12:53:51 GMT 1 #
Paisajes del futuro
Josep Fontana
Una de las primeras cosas que se aprenden en el oficio de historiador es que la de profeta es una profesión de riesgo, condenada habitualmente al fracaso. El negocio sólo funcionaba con las reglas de los profetas bíblicos, que, al no comprometerse en señalar una fecha para la realización de sus vaticinios, no se veían obligados a rendir cuentas por su incumplimiento. Quienes llevan cerca de 2.000 años aguardando a que se realicen las profecías del Apocalipsis no se han puesto de acuerdo aún en cuál será la fecha en que se libre la batalla final de Armagedón, de modo que su confianza sigue estando a salvo.
No sucede lo mismo con aquellas profecías que se formulan a fecha fija, incluyendo las promesas electorales, aunque no estoy seguro de que haya que incluirlas entre las profecías, porque no está demostrado que las crean ni siquiera quienes las hacen. En cuanto a la literatura de anticipación, basta con repasar la interminable saga de las predicciones acerca de la suerte de la humanidad futura que se iniciaron en 1771 con el libro de Luis-Sébastien Mercier L'an deux mille quatre cent quarante, quien saludaba esta fecha como el "augusto y respetable año" que debía "traer la felicidad a la Tierra". O, para referirnos a vaticinios más cercanos, y expresados con mayor autoridad que los de un novelista, los del ingenuo Reportaje desde el siglo XXI, de Vasiliev y Gúschev, que nos hablaba en los años sesenta de "el presente y el futuro de la ciencia y de la técnica soviéticas", en unas entrevistas con científicos que pronosticaban que el XXI iba a ser "el siglo de oro de la abundancia", con grandes cosechas que acabarían con el hambre, en momentos en que se podría provocar fácilmente "la nevada en invierno y la lluvia en verano". Y anticipaban incluso hallazgos puntuales y concretos, como el de que en la Nochevieja del año 2000 los moscovitas podrían disfrutar de un sol artificial creado por el hombre, situado a unos 20 kilómetros de altura, con la ventaja adicional de que los óxidos de nitrógeno que se formasen en sus llamas caerían con las lluvias en la tierra, "lo que será un precioso abono para los campos".
Las más insensatas de todas las profecías suelen ser las que hacen pronósticos globales acerca de la evolución de las sociedades. La más lamentable que he leído recientemente es la del libro Climate Wars, de Gwynne Dyer, que hace una espeluznante previsión para el año 2045. Según Dyer, la Unión Europea se habría disuelto en 2036 como consecuencia de los problemas creados por la emigración de gentes procedentes de los países del sur hacia los del norte. Éstos se defendieron creando una Unión del Norte, integrada por Francia, el Benelux, Escandinavia, Polonia y los antiguos dominios de los Habsburgo (!), lo que les permitió cerrar por completo sus fronteras para no seguir recibiendo fugitivos de los famélicos países del Mediterráneo. Italia al sur de Roma se había desintegrado en un territorio sin ley ante la avalancha de los refugiados del norte de África, y sólo quedaba como un Estado organizado Padania, limitada a las tierras del norte de la península Itálica, que, junto a España y Turquía, se habían preocupado por adquirir armas nucleares para amenazar a sus vecinos del norte y obligarles a que compartiesen con ellos sus alimentos. La insensatez llega a tal extremo que me ahorra incluso el comentario.
Una especie de profetas profesionales que han conseguido sobrevivir al fracaso de sus predicciones sin sufrir demasiado descrédito es la de los economistas, que están obligados a pronosticar acerca de un futuro inmediato, y hasta se comprometen en ocasiones a fijar fecha de duración a sus previsiones, pero suelen remediarlo después ofreciéndonos explicaciones razonables acerca de las causas que explican que no haya sucedido lo que anunciaban.
En 2003, Roger Alcaly, director de una firma de inversiones norteamericana, afirmaba en su libro The New Economy que en las últimas décadas del siglo XX el mundo había iniciado "un periodo de gran innovación y revitalización", cuyo impacto se dejaría sentir "por al menos otra generación y probablemente incluso por más tiempo", comparable en trascendencia a otros grandes cambios históricos, como la revolución industrial.
Más grave resultó el caso de Alan Greenspan, quien en The Age of Turbulence, publicado en 2007, celebraba las glorias de "un mundo de economía capitalista global" mucho más "flexible, resistente, abierta y autocorrectora" que la del pasado, y pronosticaba una larga etapa de crecimiento para Estados Unidos y para el mundo entero, si se mantenían los principios liberales de respeto a los derechos de la propiedad y no interferencia del Estado en la economía. Pocos meses más tarde de la aparición del libro, el 6 de agosto de 2007, American Home Mortgage, una gran empresa privada dedicada al crédito hipotecario, se declaraba en bancarrota, como consecuencia de la caída de los precios en el mercado inmobiliario norteamericano, y se iniciaba una catástrofe económica sin precedentes en que las instituciones financieras iban a forzar al Estado a que interviniera para salvarlas del desastre.
Sorprende la contundencia con que Greenspan expresaba sus convicciones acerca del brillante futuro del capitalismo desregulado que él mismo había contribuido a alentar, cuando se lee en su biografía, escrita por Bob Woodward, que, en la época en que frecuentaba la secta que lideraba aquella plúmbea novelista que se llamaba Ayn Rand, Greenspan tuvo problemas con sus compañeros "objetivistas" porque sostenía que no le era posible demostrar con certeza ni siquiera su propia existencia, lo que le valió de uno de sus correligionarios el apodo de El Funerario. De haberse mantenido más consecuente con estos principios tal vez hubiera contribuido a que millones de asalariados de los cinco continentes no perdiesen sus puestos de trabajo.
Tras estas consideraciones sólo me cabe expresar el deseo de que los dioses nos libren de profetas y nos enseñen a ser más críticos con las promesas electorales.
Paisajes del futuro | 09-06-2009 - 12:55:45 GMT 1 #
España
El nuevo modelo económico, otro brindis al sol
Alberto Montero Soler
Mucho se ha hablado de la necesidad de un cambio en el modelo productivo de la economía española. Sin embargo, no ha sido hasta ahora, sumidos en una crisis casi sin precedentes que ha acabado por enfrentarnos a las miserias del actual patrón de acumulación, cuando lo que era evidente para algunos economistas –cuyas advertencias recibían a partes iguales indiferencia y desprecio- se ha revelado como necesario e impostergable hasta para nuestros gobernantes.
La última de las polémicas al respecto fue la que se produjo a mediados de mayo en sede parlamentaria con ocasión del debate sobre el Estado de la Nación. Un debate en el que la discusión sobre el estado de cosas actual, sus causas y responsables fue sustituida por una huída hacia delante por parte del presidente del Gobierno ofreciéndonos como placebo para superar la crisis la apuesta por un nuevo modelo productivo. Una apuesta que llega tarde porque tenía que haber sido realizada mucho tiempo atrás, cuando los desequilibrios de nuestra economía imponían un viraje en el patrón de crecimiento y todavía existían márgenes para un aterrizaje suave y no para esta caída en picado en la que nos encontramos.
Pero, está bien, asumamos que no podemos volver atrás (algo más que evidente desde los tiempos de Parménides) y que es necesario un cambio de modelo productivo (algo también más que evidente desde que la crisis estalló y se cerraron todas las posibilidades de seguir engañándonos nosotros mismos con las bondades ad eternum del milagro económico español).
En ese caso, hay una premisa que resulta básica para que las declaraciones al efecto revistan visos de credibilidad y no se entiendan como mera retórica voluntarista. Y es que un cambio de modelo productivo no es algo que se diseña a golpe de medidas coyunturales que, en su conjunto o aisladamente, carecen de horizonte estratégico.
A estas alturas, creo que cualquiera que siguiera mínimamente el referido debate debe intuir a qué me estoy refiriendo.
Y es que hay que tener muy poco sentido de Estado y mucha voluntad de obtener rédito político a muy corto plazo para acudir a ese debate con una batería de propuestas de lo más heterogénea y desestructurada y vender que se tratan de las bases sobre las que se asentará un nuevo modelo productivo. Un nuevo modelo del que, en el mejor de los casos, sólo se ofrecen grandes líneas que se mantienen en el ámbito de las palabras biensonantes a las que es casi imposible oponerse por principio, ya que entran en el decálogo de lo políticamente correcto tanto para la derecha como para la izquierda, pero que se encuentran vacías de contenido operativo concreto.
Es más, hay que nadar a partes iguales entre la soberbia y la estulticia para pensar que un cambio de patrón productivo se consigue con unas pocas medidas deshilvanadas y sin lograr, previamente, el concierto y el compromiso de todas las fuerzas políticas, económicas y sociales del Estado en torno a las líneas directrices de ese nuevo patrón económico y a la forma de implementarlo.
Así, imagino que como muchos otros ciudadanos tuve que asistir atónito a un debate en el que la grandilocuencia retórica cuando se hablaba del nuevo modelo productivo contrastaba agudamente con la pequeñez de las medidas sobre las que pretendía construirse. Desconcierto que aumentaba cuando dichas medidas iban manifiestamente en contra de aquél (si es que se puede ir en contra de algo que no se ha definido, claro está) o reforzaban algunos de los sectores que han apuntalado el actual patrón de crecimiento en crisis, el mismo que se pretende superar. Como si la realidad pudiera transformarse a golpe de voluntarismo desorientado e improvisación efectista.
¿Con estas alforjas pretenden emprender tan largo viaje?
Si no me creen, basta con realizar un sintético repaso de las medidas planteadas por el presidente del Gobierno. Éstas pueden agruparse en cinco grupos, estando unas orientadas a enfrentar la crisis y otras a sentar las bases del nuevo patrón productivo o, al menos, así se anunciaron.
En primer lugar, el presidente nos sorprendió con el anuncio de una vuelta de tuerca más en la política de contención fiscal mediante un recorte de 1.000 millones de euros en el presupuesto que viene a sumarse al que ya anunció por importe de 1.500 millones en febrero.
Así, en una fase profundamente contractiva del ciclo, con la actividad productiva en mínimos históricos, un crecimiento disparado del número de desempleados y, por lo tanto, con la consiguiente contracción de los niveles de demanda agregada, el gobierno decide retraer su participación en el estímulo de la economía por esa vía. Todo un acierto (y entiéndaseme bien el tono irónico).
Eso sí, haciendo gala de un profundo conocimiento de la lógica que domina la ley del embudo, ese mismo gobierno no duda en reclamar de los ciudadanos que ellos sí mantengan sus niveles de consumo; que no duden en endeudarse si fuera necesario y encontraran un banco dispuesto a financiarlos; alentándolos a asumir que su responsabilidad social en la búsqueda de una salida a esta crisis pasa por rehuir la prudencia y entregarse al despilfarro: que si tienen un coche, que lo cambien; que si no tienen vivienda, que la compren; que si no tienen confianza en el gobierno, que la generen a pesar de todas las pruebas en contra que nos ofrece.
Pero no sólo es eso. También la distribución del recorte en el gasto se centra en lo que cualquier ciudadano entendería que debería ser uno de los ejes básicos de transformación del modelo productivo nacional: la innovación y la investigación. Y así, en todo un derroche de coherencia, el presupuesto ministerial más afectado es, precisamente, el del Ministerio de Ciencia e Innovación que se ve reducido en casi 300 millones de euros, el 30% del ajuste presupuestario total.
Y ello al mismo tiempo que la orientación del gasto público extraordinario frente a la crisis se orienta hacia una industria que tanto contribuye a la sostenibilidad como es la del automóvil, anunciando ayudas que deben financiar parcialmente las Comunidades Autónomas sin haberlo acordado previamente con ellas. La imagen, por tanto, no sólo era de acierto, también de coordinación.
Frente a estas medidas queda fuera de discusión, por ejemplo, la posibilidad de extender la duración del periodo de percepción de prestaciones de desempleo. En esa materia, y en el mejor de los casos, lo máximo que llega a plantearse es que aquellos desempleados que hayan agotado sus prestaciones pasen a un régimen excepcional de carácter no contributivo y más cercano al ámbito de la caridad que al de los derechos sociales. A ver cómo se les explica a éstos la importancia que tiene para la revitalización de la economía las ayudas que se les conceden a los que aún pueden plantearse cambiar de automóvil mientras ellos luchan día a día por la subsistencia.
En segundo lugar, el presidente del Gobierno también parece decidido a cambiar la realidad a golpe de texto normativo y ha decidido que España debe apostar por ser una “Economía Sostenible”. Ante lo cual uno no puede menos que preguntarse, ¿exactamente qué significará para él ese concepto? Porque dependiendo de la respuesta habrá que orientar los recursos en uno u otro sentido y siempre desde la conciencia de que la vocación por la sostenibilidad requiere realizar transformaciones profundas en un modelo productivo que si por algo se ha caracterizado hasta el momento es precisamente por su insostenibilidad económica, social y medioambiental.
En ese sentido, resulta cuando menos curioso que esa transformación pretenda acometerse simplemente por la vía de la creación de un Fondo para la Economía Sostenible, que se supone que deberá movilizar recursos públicos y privados por importe de 20 mil millones de euros entre este año y el próximo, y con un Fondo de Inversión Local, por importe de 5 mil millones de euros destinado a obras medioambientales, de desarrollo de la ley de dependencia (sic ) y tecnológicas.
Como puede apreciarse, el batiburrillo de objetivos que se acomodan bajo el paraguas de “Economía Sostenible” y la transferencia parcial de responsabilidades al respecto hacia el ámbito local son elementos suficientemente indicativos de la carencia de un plan estratégico de transformación del modelo productivo al respecto y, siendo maliciosos, hasta de un horizonte claro hacia el que apuntar.
Es más, ¿hasta qué punto puede considerarse que estas medidas apuntan hacia la sostenibilidad cuando al mismo tiempo se sigue estimulando por diferentes vías al sector que en mayor medida ha contribuido a exacerbar la insostenibilidad del patrón de crecimiento económico español?
Y es que el tercer grupo de medidas está orientado hacia el ámbito inmobiliario y, aunque en abstracto podrían ser consideradas adecuadas, en la coyuntura actual muestran la falta de voluntad del gobierno para afrontar la redimensión de un sector hipertrofiado.
De entrada, el presidente propuso el fin de la desgravación fiscal a la adquisición de viviendas para aquellas rentas que superen los 24 mil euros (aunque el umbral está aún por negociar con sus apoyos parlamentarios) a partir de 2011. Con esta propuesta el gobierno trata de incentivar la adquisición de viviendas durante este año y el próximo con el objetivo manifiesto de dar salida al stock existente.
El problema con este anuncio es que ya veremos si en 2011, a un año vista de las elecciones generales, el gobierno se atreverá a hacerlo efectivo.
Por expresarlo en otros términos, esta propuesta constituye un caso típico de lo que los economistas denominamos inconsistencia temporal: en la medida en que este anuncio no se complemente con un compromiso formal e ineludible de cumplimiento de la propuesta anunciada una vez llegado el momento de su aplicación, el gobierno podría estar tratando de alterar las expectativas actuales de los agentes, induciéndoles a comprar inmuebles ahora, pero sin voluntad de aplicar la medida a posteriori, cuando los resultados pretendidos –reactivar el mercado inmobiliario- se hayan conseguido (tanto menor voluntad de aplicación si, además, dicha reactivación no se consigue). Ya se verá hasta donde llega la palabra dada.
Y, por otro lado, el presidente también propuso la mejora de los beneficios fiscales para los propietarios de viviendas que las alquilen, aumentando hasta el 60% la deducción de los ingresos por arrendamiento.
En conjunto, el mensaje no puede ser más claro: compre un inmueble ahora, que están bajando de precio y aún puede beneficiarse de las desgravaciones fiscales, y alquílelo después, que el Estado renunciará después a gravar la mayor parte de sus ingresos por tal concepto. A todas luces una política de lo más progresista, ¿no creen?
El cuarto grupo de medidas implica, en consonancia con esa idea de que todo parece que se puede solucionar por la vía de la reducción de impuestos, una rebaja fiscal: en este caso, para las pequeñas y medianas empresas que verán reducido en cinco puntos su tipo impositivo, del 25 al 20%, siempre y cuando mantengan o aumenten su plantilla en 2009 con respecto a 2008.
Ante esta medida uno no puede dejar de mostrar, nuevamente, un cierto estupor: a aquellas Pymes que presenten beneficios o expectativas de ellos y, en consecuencia, decidan mantener o aumentar su plantilla se le reducen los impuestos mientras que a aquéllas que pudieran necesitar de más ayuda para mantener a la plantilla se las desatiende.
Pero, además, lo más significativo es que este gobierno sigue empeñado en tratar de incentivar el empleo por la vía de la oferta en lugar de hacerlo por la vía de la demanda; sigue ignorando que nos encontramos en una situación de sobreproducción y con una contracción sin precedentes en los niveles demanda que es, a su vez, producto de la contracción del crédito a empresas y familias por parte del sistema financiero. Mientras se siga apoyando a este sector sin condicionar la ayuda recibida a la expansión del crédito las perspectivas de mejora de la economía inducidas desde el gobierno serán mínimas.
Finalmente, el último grupo de medidas está orientado hacia el ámbito de la educación. En principio, uno podría pensar que por fin se ha dado en el clavo por cuanto se trata de un sector estratégico de cara a la modificación del patrón productivo: una mano de obra más cualificada y mejor formada es condición necesaria para reorientar el tejido productivo hacia actividades de mayor valor añadido y, con ello, salir del círculo vicioso de la competencia en costes con países de bajos salarios y menor protección social. Hasta ahí, nada que discutir.
Sin embargo, pensar que las mejoras educativas pasan por entregar ordenadores portátiles a cada alumno de quinto curso de primaria es como pensar que porque se le compra un libro a un analfabeto se le convierte en una persona letrada. En este desastre en el que se ha convertido la educación en España, el presidente del gobierno confunde el instrumento con los contenidos y se olvida de que el uno sin los otros no sirve para nada. Bueno sí, para formar analfabetos funcionales con gran habilidad en el uso del ratón desde pequeños.
Más de lo mismo
Así, una vez que se desmenuzan las medidas con las que el gobierno dice que va a orientar el tránsito hacia un nuevo modelo productivo, nos encontramos con que predomina la retórica voluntarista frente a la planificación estratégica; la búsqueda del rédito político cortoplacista frente a la responsabilidad exigible al estadista que asume tan costosa empresa; el efectismo mediático frente a la reflexión reposada.
Si esos elementos se unen a la incapacidad manifiesta que ha demostrado este gobierno para gestionar la crisis actual desde sus mismos inicios, la resultante no puede ser más que la desconfianza en su capacidad para entender lo que nos estamos jugando en este momento y presentar un proyecto creíble y viable de transformación del modelo de crecimiento de la economía española.
Y es que en tanto no se conozca hacia dónde pretenden llevar a la economía española -más allá de las meras enunciaciones vacías de contenido-, y cómo pretenden hacerlo -presentando para ello un plan estructurado, con medidas tanto de corto plazo como de más largo recorrido pero todas ellas dotadas de una mínima coherencia interna y de un horizonte común-, todo lo demás son brindis al sol, al menos en lo que al nuevo modelo económico se refiere. Que alce la copa quien quiera; yo no me sumo a la fiesta.
Alberto Montero Soler es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga (amontero@uma.es) y puedes leer otros textos suyos en su blog La Otra Economía.
El nuevo modelo económico, otro brindis al sol | 10-06-2009 - 06:23:50 GMT 1 #
A propósito del artículo de Costanzo Preve "Sobre el concepto de comunismo"
Joaquín Miras
Preve revela ser un verdadero estudioso. Sabe mucha buena filología filosófica. Y lo que explica sobre la tradición idealista y sobre la pertenencia de nuestro pensamiento, el marxismo, a la misma -lo que explica de Fichte, lo que dice sobre el gran Feuerbach, o sobre Hegel, tan mal leído en su cuaderno de Kreuznach por Marx, donde Marx adopta un esquema liberal y el estado pasa a ser una sobrestructura de la sociedad burguesa- es muy bueno. Me hubiese gustado que defendiese el papel que en esa línea desempeña la categoría "experiencia", que fue tan terriblemente combatida durante la década de los sesenta y los setenta, tal como apostilla, por ejemplo, en su inteligente introducción al libro de Raymond Williams La ciudad y el campo, la traductora argentina Beatriz Sarlo. Deseo dejar constancia aquí de las escuelas que ella pasa por alto enumerar, elegantemente, y que arremetieron contra la categoría “experiencia” , sin cuya puesta en valor no cabe la “democracia” ni la “soberanía”.Fueron los estructuralismos, las teorías de la alienación, los cientifismos positivistas agazapados en el marxismo, cuando el positivismo ya no existía en ninguna parte –nada que ver con el neopositivismo- que dieron esos “cientifismos marxistas”. Pues la experiencia es una categoría fundamental en la corriente idealista, y por eso lo es también en Marx -la praxis desarrolla un saber praxeológico, experiencial, que se hace “consciencia” del sujeto; “experiencia” es una palabra no usada por Kant, que yo sepa, pero ahí queda su Qué es la Ilustración, donde la madurez del pensamiento fundamental al que Kant denomina "entendimiento" y que no es teorético, por lo tanto, no es el saber epistémico, sino el praxeológico que se adquiere por la practica deliberativa y la actividad "ten la audacia de pensar"...me he ido, disculpas..- Estábamos en que es inherente a la praxis un pensamiento práxico, interior a la acción, director de la acción -alimentado según principios: el Humanismo: libertad, universalidad, igualdad, enmarcado en una cultura material a su vez fruto de la propia praxis objetivada...-, pensamiento que, una vez ejecutada la acción, se vuelve sobre la misma, enriquecido por la nueva experiencia acumulada, como saber segundo reflexivo sobre la actividad, o sea como filosofar: como filosofar sobre la praxis o filosofar praxeológico...El Manifiesto, Labriola también citado por Preve, Sorel, tan justamente reivindicado, Gramsci, ese coloso, que está en esa traditio por Marx, por Labriola, por Hegel, por Croce -el hegeliano- por Gentile, el hegeliano... Porque quiero recalcarlo, el pensamiento que estudia el idealismo es el pensamiento que es interno a la actividad. El principal idealista, padre de esta corriente es, por lo tanto Aristóteles, cuya reflexión sobre la actividad humana, hecha en varios de los libros que componen la Metafísica –ciertamente, también en la Ética-, es la piedra angular, y es muy bien conocido por Hegel y por todos ellos: para hacer algo, debemos tener un fin o causa final definida en la mente: pensamiento. Debemos haber sabido elegir intelectualmente los instrumentos y medios adecuados para actuar, pensamiento; debemos dominar los conocimientos que permiten su uso, pensamiento, y debemos saber dirigir nuestros músculos según esquemas intelectivos de movimiento adecuados. El yo que actúa es la causa eficiente, y la causa final, pero también el creador de la causa formal…Ese es el pensamiento que se objetiva, que produce, que es praxis y que interesa al idealismo: el que guía la ενεργεια, a la fuerza o energía. El “otro” el que se suele creer que es el objeto intelectual propio del idealismo es en realidad –nuevamente-, teoría de elites liberal positivista: un hombre sabio -un CC muy sabio, un secretario general sapientísimo, o, en su defecto y alternativamente, un genio de la ciencia, un poco chaveta, algo así como Jerry Lewis haciendo de Einstein - paren una idea; hay que bajarla desde el Sinahí a las masas. Se escribe un grueso libro, una hermosa tragedia, una película maravillosa o unas tesis congresuales divinas. Las masas iluminadas ven la luz. El mundo cambia a base de grandes sabios y grandes revelaciones, de esas grandes revelaciones impresas en gruesos volúmenes en octavo –o en “papers”-. En ese modelo, la “base material”, la sociedad, funciona sin ideas. Las “estructuras” económicas y sociales se reproducen y se sostienen sin participación alguna de las ideas –“estructura” es muy útil para no tener que pensar en millones de seres humanos, con su cabeza sobre los hombros, y su alma en su almario, sus expectativas de vida, sus deseos, sus proyectos, sus esperanzas, todo ello en sus cabezas… que contraen relaciones entre sí y actúan-, porque las ideas se generan y proceden de “fuera” y de “encima” de las estructuras: de las sobrestructuras ...ahí sí, en ese modelo, las “sobrestructuras” externas a las bases económico sociales cambian a las bases... en “última instancia” o “en primera instancia” Pero eso ¿qué tiene que ver con el idealismo, interesado en el pensamiento/ saber interno de la praxis, previo a la praxis, sin el que la praxis no es posible, generador de praxis, de toda actividad posible e imaginable, la cual es imposible sin él, tanto la pasada, la presente, la futura y la pensada en el seno de nuestros más profundos pensamientos. Es decir, con el pensamiento/saber que anida en la cabeza de todo ser humano, que orienta sus actos hacia fines y que organiza los actos que se dirigen hacia esos fines?. Para el idealismo, el pensamiento fundamental es “este otro”. Y los gruesos tomos son “organicidades” del mismo, y ya paso a utilizar un vocabulario conocido. Pensamiento orgánico: no orgánico de una base que no piensa, sino orgánico de otro pensamiento que es pensar para hacer la vida, imaginando acciones y resultados; experimentar las consecuencias de las acciones decididas, reflexionar sobre la experiencia e imaginar nuevas posibilidades –o imaginar la imposibilidad de nada nuevo, imaginar ser un impotente derrotado-.Orgánico: aportando reflexión de carácter más general … sobre la realidad más concreta : tener en cuenta la experiencia de todos los explotados activos –general- de…éste concreto, singular, irrepetible como todos, momento histórico –de lo abstracto a lo concreto (“Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador. del mundo [no son sobrestructurales]. No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos [singularidad concreta reiterada tres veces]”. Excuso la citación. Poco antes, la pareja de idealistas productores de este texto han escrito: “los comunistas (.) no proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento proletario [no proclaman principios externos y distintos al pensamiento promotor/ surgido como experiencia del seno del hacer. Externos: o sea, sobrestructurales] (.) destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado [elaboración generalización , abstracción analítica de la experiencia común… de una totalidad concreta singular: el movimiento “éste”. “Este”: deixis, ese movimiento de ahí fuera, ahora, el de ahora; o sea, el nuestro, el que constituimos nosotros; nosotros como sujeto y objeto de reflexión.
Si yo tuviera necesidad de ganar unas oposiciones y necesitara parecer original, a partir de estas frases escritas, podría ponerme a retorcer un poco el hilo del discurso, y me saldría algo así como: “ese de ahí fuera que siendo un en sí es un no ser en sí, porque es un sujeto que es yo…” etc. Y da Hegel y sus “…omnia loci terribile dictu” [todos los lugares terribles de nombrar]. Sin embargo, el núcleo intelectivo de la elaboración especulativa es racional, es más, es de sentido común, experiencial. Pero si cogemos el lío de la madeja por la otra punta, y lo devanamos, ese discurso da El Manifiesto. Da Gramsci
¿Y si no hay movimiento; si no existe un nosotros, si no existe un sujeto?. Joan lo responde en su presentación de las jornadas del día 6 de junio. Entre tanto aquí seguimos:Victrix causa diis placuit; sed victa, Catone (Farsalia, libro ll) [con una pequeña licencia en la traducción del tiempo verbal, significa: La causa vencedora place a los dioses. La vencida, a Catón]
Preve combate a Althuser, y a los cientifistas, es decir a los que confunden el estatuto epistemológico de la ciencia y están dispuestos a llamar ciencia a cualquier cosa -a cualquier tipo de pensamiento y creen dignificar así la cosa denominada-. Critica a la Grasa, y creo, a ¿Colletti?, etc. pero creo que -y en esto al igual que nuestro gran amigo fallecido Labica, tal como Preve dice y creo que acierta- sigue sosteniendo una noción fuerte de la "ruptura epistemológica" -Labica la sostiene en su marxismo, muy culto, cuando intenta definir qué es la filosofía de Marx, tras la aceptación tácita de la noción de ruptura epistemológica, puesta para toda la obra de Marx, no solo para EL Capital, -Le statut marxiste de la philosophie-, pero la suspende, sin embargo, cuando analiza historia: si se la aplicase a Robespierre, por ejemplo, éste quedaría fulminado por retrógrado, reaccionario, etc, pero no es así-. ¿Pero cómo opera esto en Preve? ¿Hay un Marx de1848 y uno de 1867; no lo hay?. Preve sitúa que hubo un Marx, al comienzo, idealista, y tiene el buen gusto intelectual de reivindicarlo, como vemos, y no lo echa al estercolero. Y luego Preve señala que hay otro Marx distinto, posterior, que hace ciencia, y también lo reivindica. Propone que se haga una síntesis -ontología, creo que la síntesis se la encomienda a la ontología-. Y acepta una contraposición, de etapas de pensamiento. Preve es, por cierto muy agudo, cuando dice que Marx dejó muchas cosas abiertas –p.e., el último Marx se mete en la antropología, ya no ve al homo oeconomicus como el desideratum antropológico de la historia, los "cuadernos etnológicos que conocemos por Lawrence Krader"... y hay muchas otras cosas..... Respecto de Preve, acabo de ser mezquino; Preve no es solo muy agudo aquí. El texto de Preve es, todo él, muy agudo-, pero Preve confronta dos "estilos" de pensar caracterizados respectivamente por la praxeología y la ciencia... ¿existe tal el enfrentamiento? Si se opone praxis y ciencia, pensamiento común frente a científico se cae en la interpretación de la ciencia propia del viejo positivismo y la teoría de elites, el sacerdocio de los sabios, (cuyas recetas nos llevan de crisis en crisis -económicas-, pero dejémonos de sarcasmos) ¿era esa la interpretación de Marx? En los "libros gordos" económicos de Marx, publicados, Marx denomina su trabajo "CRÍTICA": Contribución a la crítica... El capital, crítica de la economía política. La crítica es un viejo género literario idealista y romántico. Idealista, desde las dos críticas de Kant –la Ilustración toda es, fundamentalmente, crítica…- , más alejadas por su corte a la crítica del XlX, contra el cristianismo etc: recordemos todos los pensadores que Marx "ajusticia" con esa espada de ángel vengador, tan suya –un pelín excesiva- como miembros de la "crítica de la crítica crítica",en la Sagrada Familia –pobre Szeliga-, y también en la Ideología Alemana...allí él se dedica "a hacer crítica sin contemplaciones" asumiendo en primera persona el programa que le había expuesto en una carta a Ruge, -tomo 5, OME; en una carta que es muy hegelianota, pero en “clave clara”, de por esas fechas - , y sigue con la traditio idealista de la crítica. En 1850 y 60 Marx cree que no es la filosofía "enemiga" -hay que andarse con cuidado, como indica Preve- el pensamiento central del enemigo; el pensamiento a criticar, sino una escuela de pensamiento escocesa dedicada a la reflexión económica de índole teorética: la economía política. Y según el esquema tradicional, Marx la critica. Hace buena ciencia, pero su finalidad es refutar, criticar, una escuela propagandista del enemigo, no estatuir un pensamiento más firme, más sólido, más fuerte que el praxeológico, desde donde dirigir la lucha de masas. Si así hubiese sido, si esa hubiese sido la opción de Marx, en ese caso, necesitaríamos una élite o estado mayor, capaz de leer El Capital -y..etc- que gobernase a los muchos, y que definiera desde el análisis económico, y demás ciencias sociales, la estrategia política; pero lo imposible, con esa teoría de elites sería lanoción de democracia: que todos podemos deliberar. Y la de soberanía popular
Respecto de la relación de la ciencia y la praxeología filosófica, creo que hay que añadir algo ¿qué papel desempeña la ciencia?; en el plano político base, "aprioristico" fundamental, ninguna...si se está por la democracia; quiero decir, la ciencia no puede sustituir la deliberación y la acción democrática. Otra cosa es que desde la deliberación pública percibamos la necesidad de tener un p.e. aparato sanitario y lo legislemos, y pongamos en manos de especialistas, claro (este no es un buen ejemplo; ahora trato de poner otro que creo, es muy claro, el caso Wolfang Harich). Pero si la especialización teorética fuese imprescindible para la política... sólo los "sabios" podrían hacer política: teoría de elites positivista. ¿No necesitamos información procedente de la investigación? Sí, pero dentro de la deliberación pública y teniendo en cuenta que esa información puede dar para articular soluciones indefinidas, esto incluye también a las todavía no definidas ni pensadas, y toca al ciudadano y no al científico definirlas. Deliberación pública: el que sabe algo que lo exponga y convenza -si es que hay publicidad, es decir espacio de libre comunicación entre ciudadanos: no lo hay-. Hasta aquí, Kant Qué es la Ilustración -que no trata de la ciencia, sí de la ilustración-. Un ejemplo: la crisis ecológica. La investigación dió resultados escalofriantes ya para 1973 : informes del club de Roma que yo conocí gracias a Sacristán. Formas de uso posibles de esos materiales ( a parte de las del capitalismo y los partidos de izquierda, que la ignoraron: incluso los ecolos): Harich volvía a la senda trillada de una elite cultivada pero despótica que sí los entendería e impondría medidas dictatoriales desde el estado -ingeniería social- sobre la sociedad. Nada se ha avanzado. Creo por el contrario que la única medida sensata, posible, con consecuencias reales, es -sería- cambiar la forma de vida, la cultura de vida... eso no se puede imponer de forma ingenieril -desde"fuera", como saber lúcido sobre/ contra los “ignaros”-. Crear una nueva cultura material, cosa difícil -la humanidad lo ha hecho en varias ocasiones, la última nos ha pasado por encima- solo puede ser realizado entre todos. Como lo prueba la necesidad de la propaganda sobre los modos “correctos” de vida, los anuncios, sobre lo que es “prestigioso” consumir, etc., la necesidad del continuo mensaje audiovisual, tan ferozmente normativo en lo que hace a modos de vida y diversión, como forma de que entre todos, mantengamos y reproduzcamos esta cultura actual, imprescindible para el capitalismo. Se necesita que el saber científico sea llevado como “crítica” a la deliberación política. Y entonces, que los más discutan y elijan su alternativa. Me explicaron -no sé si es verdad- que en un hotel "muy exclusivo" para gentes “muy selectas” –es decir, gentes corrientes como las demás pero con mucho dinero-, esas gentes expresaban su saber de la crisis ecológica y decían que: somos demasiados en este planeta. Y que lo decían con manifiesto desprecio hacia la vida de miles de millones de "miserables"; una medida posible sería tratar de diezmar la población mundial para permitir a algunos vivir en su lujo consumista...la ciencia es neutra respecto de las alternativas o como decía MS, con la ley de la palanca se puede hacer, indistintamente, un gato o una grúa. Por cierto que el uso de la ciencia por parte de Marx, me da la impresión, era mucho más "tan solo" crítica como hubiera podido serlo para Lucrecio o Epicuro –o Aristóteles-: en la antigüedad, como nos ha contado Pierre Hadot, la ciencia servía para liberar el alma humana del temor a los dioses; los pocos ingenios técnicos de la antigüedad los crearon los tecnites, no los científicos y por eso Benjamin Farrington decía que la ciencia era aristocrática -peyorativo-: no estoy de acuerdo. Creo que Marx tampoco: su tesis doctoral. Volviendo a sus textos de crítica económica, Marx hace allí ciencia para elaborar su crítica y combatir el poder de persuasión del discurso de la escuela llamada "la economía política".Él tenía mucha más confianza que nosotros en el resultado del capitalismo. Es, creo, imposible, que él hubiese dicho "socialismo o barbarie" ni que hubiese pensado en la posibilidad de implosión del equilibrio natural que permite la existencia de la especie. No creo que él viese la necesidad de hacer prognosis científica de los efectos reales de la industria capitalista sobre la naturaleza –por ejemplo- debido a los peligros objetivos en parte ocultos – en parte- que estos podrían implicar para la humanidad. Y de hecho la incorporación de la ciencia y la técnica de forma directa a la producción masiva -y sus resultados y consecuencias en el deterioro de los equilibrios de los sistemas naturales de cuya preservación depende la existencia de nuestra especie- es del último tercio del XlX, con la química industrial y todo eso. Así que la necesidad de medir científicamente las consecuencias de la tecnociencia sobre la naturaleza es algo reciente -sin negar anteriores crisis ecológicas consecuencia de la mano del hombre: deforestaciones, tierra esterilizada por cultivo intensivo, etc- Por eso, me parece que Marx no se planteó la necesidad de introducir los resultados de las investigaciones científicas en el debate público con el fin de señalar problemas "reales" -cómo decirlo-: creer que el capitalismo es justo y benéfico -por resumir de alguna manera las ideas de la escuela escocesa- y combatir críticamente esa creencia, es algo distinto de señalar un "esto" real, objetivo, propio de la materialidad de la dinámica histórica, e interpelar sobre su peligro: se alteran los ecosistemas de forma peligrosa, se pierden especies, etc. Pero , vuelvo al modelo Preve a partir del ejemplo del caso Harich: enfrentar ciencia y praxeología da cosas malas. Teoría de elites
No sé si me doy a entender y tampoco sé si os parece que lo que escribo está en relación con lo que dice Preve (a parte, de la opinión que os merezca lo que escribo).
Permitidme, para ir acabando, volver al asunto del pensamiento común praxeológico, a la experiencia, y referirme brevemente al tema de debate de la dialéctica. La palabra “dialéctica”, muy discutida, en el uso actual se refiere al cambio histórico del orden social humano –no pretendo negar la historicidad de la naturaleza, las eras geológicas, la evolución de las especies vivas, etc., solo pretendo acotar el ámbito al que me refiero, porque ya es bastante berenjenal el jardín en el que ando metido- . Antes de continuar, aviso –lo vais a advertir de inmediato, además,- que, consiguientemente, estamos volviendo sobre el mismo asunto del cambio histórico que he tratado anteriormente, cuando cité El Manifiesto y me referí al estatuto del pensamiento que orienta la actividad humana. Precisamente, lo mismo que antes, mi objeción se abre cuando se reflexiona sobre el estatuto epistemológico del saber humano que registra la dialéctica histórica, es decir el cambio histórico y da cuanta de ella. Se parte del intento de sustituir las nociones intuitivas de Marx según las cuales la dialéctica es algo parecido a un cuadro u obra de arte y se trata de recoger la idea, por él expuesta –que viene de Hegel-, de que se avanza de lo abstracto a lo concreto- complejo –también sobre esto traté antes- Se ha comparado este intento de Marx al de los modelos holísticos, a los modelos cibernéticos de sistema, etc. elaborados como instrumental para los estudios científicos actuales Pero nos estamos dejando enredar confundiendo un sentido de la palabra “dialéctica” prioritario, el que se refiere al proceso histórico unitario de cuya dinámica surge un cambio, con el estudio de ese cambio. ¿O es que hasta que no hubo estudios de la dialéctica no hubo en la historia dialéctica?. Pero, si hubo siempre dialéctica histórica y si es cierto que el proceso real histórico es consecuencia de los actos humanos, desarrollados por los seres humanos, previo haber pensado qué y cómo hacer ¿cual ha sido el pensamiento que ha guiado la dialéctica histórica antes de la aparición de estos sistemas teoréticos de análisis/síntesis? ¿o era "el estómago y no la cabeza" la que impulsó a los seres humanos a cambiar, inconscientemente, el orden social antes?. Me convence la idea de Lukacs destacada por Max Bense, y que es también a su modo, la de Bloch y de Gramci: sería la imaginación, la creatividad humana práxica habitual, la que a partir de una experiencia que revela la singularidad del momento, y del registro de las capacidades humanas activas operantes, se atreve a construir imaginativamente alternativas. No fue un modelo teorético holístico, desarrollado por intelectuales cibernéticos en alguna universidad, sino la imaginación de los artesanos de Paris de 1844 la que creó, a partir de las posibilidades práxicas registradas por su experiencia, desde dentro de la praxis misma, desde la reflexión imaginativa sobre la experiencia desarrollada en la lucha, y para tratar de construir una nueva praxis social, un nuevo orden, la fecunda idea de la socialización de los medios de producción, los nuevos, los que incluían a muchos trabajadores juntos. Lo hicieron dando continuidad y a la vez originalidad a la traditio: el res publicano omnia sunt communia –porque todas las cosas son comunes, allí donde la sociedad es de veras una cosa pública o res pública- pasó a desarrollarse e integrar la propiedad común de la unidad productiva por parte de los productores libres asociados.
Por lo demás, cuando en un centro de estudios se investiga una época, lo que permite unir saberes distintos, "sistematizarlos" y que esa sistematización no sea arbitraria es una hipótesis heurística basada, esto es que la recoge y elabora teoréticamente, en la experiencia humana, la cual es el testigo fiel de la unidad del mundo, y también de la conflictividad y contraposición de las clases: de “esa” unidad experimentada
Cuando la reflexión teorética dura olvida la relación con ese núcleo experiencial, desbarra. De alguna manera esto lo hemos podido observar en la teorización sobre el “pensamiento único”, y, lo que es más gordo para nosotros, en el temor manifestado respecto del denominado “pensamiento único” experimentado en la izquierda. La izquierda temía que esa escuela intelectual posmoderna se quedara para siempre ocupando todo el espacio del pensamiento y bloqueara todo para siempre –el fin de la historia teorizado de otra manera-. Pero en la actualidad, el pensamiento único se desvanece en el aire, lo que, desde luego, no es lo mismo que el surgir de un pensamiento de izquierdas, que hay que volver a crear. El temor al pensamiento único se derivaba de que se olvidaba que se discursee lo que se discursee, en el mundo existen lo que podemos denominar dos grandes tipos o formas de experimentar la vida; en realidad, existen tantas experiencias como individuos, pero estas experiencias se agrupan en dos categorías analíticas; las de quienes experimentan ser dominados, explotados, irrelevantes, despreciados, transparentes, hambrientos….etc, y las de los que experimentan ser los amos del mundo. Este es el verdadero núcleo irreductible que hace buena en grado de gran verdad la cabecera del primer capítulo del Manifiesto: “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases…” La lucha de clases que no es un invento teorético sino praxis basada en la experiencia de vida….El pensamiento académico por muy fuerte que sea, por muy pensamiento único que se quiera, por mucho altavoz que tenga, nunca puede gritar más fuerte que la experiencia. Lo recuerda Raymon Williams en su libro sobre el campo, libro en el que casi no hay página que no contenga la palabra "experiencia" escrita al menos una vez...(como Thompson...) .Nunca en la historia de la humanidad ha habido un pensamiento único, porque no ha habido, no hay una sola organicidad experiencial real sino varias
Una última consideración, para agotar lo que se me ocurre sobre la realización entre pensamiento práxico y saber científico y retomar y discutir en parte algo de lo que decía Preve. Podréis, quizá, estar sorprendidos de que, antes, cuando he reflexionado sobre el modo de conocer la realidad entitativa del movimiento de masas en lucha, no haya planteado la posibilidad de instrumentar los saberes de alguna ciencia social, por ejemplo, la sociología, para poder nutrir con sus resultados al propio movimiento o sujeto y dotarle de mayor capacidad de autorreconocimiento, etc. Creo que, precisamente, lo patético del actual estado de la izquierda permite hacer luz sobre el asunto, y valga la paradoja. Mucho se ha reflexionado sobre los límites cognoscitivos del denominado saber científico. Existe uno que todas las escuelas epistemológicas –al menos las sensatas, las no teológicas- comparten: es imposible estudiar científicamente aquello que no existe. Lo no existente es un condicional contrafáctico. Pues bien; el sujeto social que debería ser objeto de estudio en este caso es inexistente. Puede llegar a existir si conseguimos la “constitución del proletariado en clase…”, la construcción de la clase, del nuevo sujeto social colectivo mayoritario, del nuevo Bloque histórico, o como lo queramos denominar, a base de optimismo de la voluntad. Pero ahora ese sujeto no existe –a penas existe-. Por otra parte, ese sujeto, en cuanto existe y se constituye realmente en la historia, cuando lo hace, lo hace con la intención de estar en perpetua autotransformación, de crecer y desarrollarse, de ser una fuerza que modifica la sociedad y su relación de fuerzas –que dan suma 0- atrayendo a sí a la inmensa mayoría y organizándola activamente, esto es, autotransformándose a sí mismo constantemente; tiene la intención de debilitar en consecuencia, correlativamente, al rival, no mediante la acción estratégica e instrumental sino mediante la deliberación e integración de anhelos expectativas de futuro y voluntades creando una nueva cultura, una nueva sociedad en ciernes, un nuevo sujeto social que apunta a ser una sociedad…ese movimiento espíritu creador –sí, de ahí lo tomo: veni creator spiritu mentes tuorum visitans- [Ven espíritu creador a visitar las mentes de los tuyos], esa liquidez hecha movimiento, hecha sujeto social, en la medida en que lo es y lo logra, en la medida en que es siempre un ya ser lo otro –sí, para las oposiciones- en la medida en que logra ya no ser un movimiento sino ser la nueva sociedad en emergencia, en la medida en que es un condicional contrafáctico in nuce –permitidme la broma-, no es científicamente estudiable, no es objeto de estudio, porque no se está “quieto” -objetivamente quieto, hierático, yerto-. Una vez, los dos barbas, al meditar sobre el saber social, escribieron algo así como “reconocemos una sola ciencia, la ciencia de la historia…” Algo de esto que he traído a vuestra consideración, algo parecido a esto, interrogantes parecidos, creo, deberían estar maquinando…Pero al llegar aquí, me parece que estoy dando demasiada importancia, a pesar de mis objeciones a lo metodológico y científico, al estilo académico. Un viejo maestro nuestro, éste sin barbas, de grandes gafas y de judaica nariz brechtiana, recomendaba dejarse de tantas cautelas metodológicas y lanzarse “alegremente al trabajo”. Tenemos todo por leer y todo por practicar para enriquecer nuestra experiencia y nuestra imaginación práxica; para construir la nueva cultura que crea al nuevo sujeto. Es mejor en consecuencia echarse al campo en busca de las asnas de nuestro padre, como hizo Saúl; y a lo mejor, en el camino, tal como le acaeció a él, nos encontramos un reino, el de la libertad.
Sobre el concepto de comunismo | 10-06-2009 - 06:26:59 GMT 1 #
El trabajo, fundamento de un crecimiento económico sostenible
DECLARACIÓN 1 JUNIO 2009
De manera unánime, expertos de todas las disciplinas sociales, gobiernos y organizaciones internacionales consideran que la legislación laboral no ha sido la causa de la crisis. Sin embargo, y por paradójico que resulte, las consecuencias de la misiva están teniendo un intenso y negativo impacto sobre el empleo.
La actual crisis económica internacional se produce debido a un crecimiento desregulado del sector financiero de la economía con una escasa supervisión, lo que, unido a otros factores económicos, ha venido generando un fuerte incremento de las desigualdades sociales a escala planetaria.
Entre otras, se puede extraer una lección del proceso de la crisis actual: los mercados son imperfectos de manera natural. Precisamente cuando la oscuridad, la falta de transparencia y la perdida de credibilidad en la actuación de los operadores se adueñan de los mercados financieros, se ponen de manifiesto los riesgos que acarrea un tipo de crecimiento basado en la revalorización de activos financieros frente a la generación de valor en la economía real y por tanto más necesaria resulta la intervención de reguladores públicos.
En el caso español las lecciones a aprender también son importantes, porque si bien es correcta la regulación del sistema bancario, ha habido muchas carencias en la prevención de los riesgos derivados de la fuerte implicación de éste en la actividad inmobiliaria. A ello hay que añadir el pinchazo de la burbuja en dicha actividad, con la que convivíamos en los últimos años en el marco de un modelo de crecimiento extremadamente vulnerable.
La secuencia de salida de la crisis requiere de la intervención pública en, al menos, tres escenarios interconectados, temporal y funcionalmente.
En primer lugar, se trata de frenar y revertir la estrategia conservadora de restricción del crédito, por la que han optado buena parte de las instituciones financieras, que está agudizando la delicada situación de las empresas y las familías.
Lo prioritario es lograr un clima de confianza que impregne a todos los sujetos de la economía y la sociedad española, y estimule la definición de un proyecto de futuro con credibilidad y recursos para ponerlo en marcha, recursos públicos para impulsar políticas industriales y energéticas y recursos financieros para incentivar la actividad del sector privado.
Es urgente inyectar liquidez para hacer frente al endeudamiento del sistema financiero con el exterior e impulsar la circulación crediticia, al tiempo que se abordan sus problemas de solvencia, investigando en profundidad la situación de las principales instituciones financieras del Estado español. No debería olvidarse el interés que tiene, en esta dirección, promover una red de entidades públicas que permitan al Estado canalizar sus recursos financieros directamente a la economía real, para sortear los problemas de distribución a los que se enfrenta en la actualidad su agencia financiera, el ICO.
En segundo lugar, el Estado ha de intensificar sus esfuerzos para paliar los efectos de esta crisis en los trabajadores, extendiendo las redes de protección a todos los desempleados y alargándola en el tiempo. Y en tercer lugar, ha de actuar incentivando la recuperación del consumo privado y la generación de empleo, a través de una política de incremento controlado del gasto publico, que promueva la creación de infraestructuras económicas y sociales, creando empleo y ofreciendo oportunidades de actividad productiva en los sectores más dinámicos de nuestro tejido empresarial, particularmente entre las PYME.
Junto a estas actuaciones en el corto plazo, es también precisa la intervención del sector público para impulsar una salida de la crisis que lleve consigo un cambio paulatino y profundo del modelo productivo que ha agotado sus posibilidades de sostenibilidad en la actual crisis. Es necesario sustituir el modelo de crecimiento económico vigente hasta la fecha, apoyado en el uso intensivo de trabajo precario, mal remunerado y poco cualificado, por otro nuevo basado en la innovación que permita incrementar la calidad y la productividad del trabajo; de ahí el protagonismo que han de alcanzar las políticas industriales, energéticas y medioambientales y educativas para desbloquear los principales cuellos de botella que dificultan el cambio mencionado en España.
Para ello se requieren también modificaciones profundas en las pautas y formas de gestión de las empresas, cubriendo lagunas tanto en el ámbito de la innovación gerencial y empresarial como en la formación de los trabajadores, para lo que la negociación colectiva tiene una importancia crucial. Es ahora, más que en ningún otro momento de nuestra historia moderna, cuando la innovación y la formación tienen la posibilidad de convertirse en el auténtico motor de la economía española.
LEJOS DE MANTENER POSTURAS INMOVILISTAS, SOSTENEMOS QUE LOS SISTEMAS ECONÓMICOS HAN DE SER RECONSTRUIDOS MEDIANTE LA ATRIBUCIÓN AL TRABAJO DE UNA INEXCUSABLE CENTRALIDAD. El trabajo es la fuente primera y esencial de derechos de ciudadanía social, confiere libertad individual, asegura progreso económico, garantiza cohesión y solidaridad social y ofrece seguridad material. De ahí, la imperiosa necesidad de situar el trabajo en el centro de las políticas diseñadas por los agentes públicos y de las decisiones económicas adoptadas por los agentes privados. La creación de más y mejores empleos ha de ser un objetivo irrenunciable y compartido por poderes públicos, actores y organizaciones productivas.
No es promoviendo el despido sin causa ni control judicial, congo se avanza hacia un mercado laboral en el contexto de un nuevo modelo económico más productivo. La pretendida simplificación en el régimen de la contratación terminaría haciendo aflorar su verdadero propósito: la simplificación del régimen de despido. Ya no habría, salvo en limitadísimas ocasiones, despidos procedentes ni improcedentes; el resultado sería la precariedad generalizada de los trabajadores y el abaratamiento del despido
Por tanto si resulta unánime la opinión de la inexistencia de conexiones entre la actual crisis económica y la regulación del mercado de trabajo, no es en modo alguno congruente querer aprovechar la presente situación para reducir o eliminar derechos sociales. 0 en palabras más enérgicas, nos parece políticamente indecente pretender desplazar a los trabajadores una parte sustancial de los costes de la crisis económica.
Las medidas de reforma laboral que se adopten han de estar coordinadas con las medidas que se introduzcan para favorecer el cambio de patrón de crecimiento. En muy buena parte, la prosperidad de la economía española y el incremento de las tasas de actividad y de empleo han estado basados a lo largo de estos años atrás en un modelo económico que ha dado de lado, hasta terminar menospreciando, las inversiones generadoras de valor añadido, las políticas de investigación, innovación y desarrollo, favorecedoras de empleos cualificados, las mejoras de la competitividad mediante la innovación y el establecimiento y potenciación de servicios eficientes o, en fin, la búsqueda de la calidad en las acciones formativas de capital humano.
LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA CONSTITUYE EL ESCENARIO NATURAL en el que pueden concretarse y tomar cuerpo las medidas de reforma del mercado de trabajo que se pacten en el Diálogo Social y sean transpuestas a las leyes respectivas. Una de las más urgentes necesidades de nuestro sistema de relaciones laborales es modificar el principio rector dominante en la gestión de la mano de obra, que de estar anclado en el uso y abuso de reglas de flexibilidad externa (contratación temporal y despido con escasos controles) ha de transitar a fórmulas de flexibilidad interna, negociada y con participación sindical. Y ahí es donde la actividad contractual colectiva puede colaborar de manera eficiente y equitativa. Por lo demás, la adecuada contribución de la negociación colectiva a estas tareas precisa la inmediata y urgente adaptación de su estructura, que ha de racionalizarse a través de unas técnicas de vertebración y articulación dotadas de seguridad y certidumbre jurídica, atributos éstos que son los que, precisamente, hoy no ofrece el marco legal.
Estos cambios han de orientarse hacia la búsqueda de mayores niveles de productividad del trabajo, que no en la disminución en los niveles salariales o en la generalización de la precariedad laboral.
NO PERMANECEREMOS INDIFERENTES AL TIEMPO QUE NOS HA TOCADO VIVIR. Y por ello rechazamos visiones que consideramos profundamente equivocadas, que sólo cualifican congo adecuadas las reformas laborales que contienen recortes en los derechos sociales y laborales. Por el contrario, abogamos por un horizonte de cambios estructurales que propicien una economía más productiva y consecuentemente un trabajo decente, más cualificado y, por extensión, más productivo.
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VALL DEL LLIERCA Argelaguer, Sales de Llierca, Sant Jaume de Llierca, Montagut i Oix, Tortellà. VALL D'HOSTOLES Les Planes d'Hostoles, Sant Feliu de Pallerols, Sant Aniol de Finestres. Besalú, Beuda, Maià de Montcal, Sant Ferriol. FLUVIÁ Olot, Castellfollit de la Roca, Les Preses, Riudaura, Sant Joan les Fonts, La Vall de Bianya, La Vall d´en Bas, Mieres, Santa Pau Osona Vic Ripoll Ripollès Figueres Alt Empordà Garrotxa Girona Catalunya España Lejarza Madrid España Lliurona Berga Berguedà Bracons
El trabajo, fundamento de un crecimiento económico sostenible | 10-06-2009 - 06:34:50 GMT 1 #
Seat Expediente de Regulación de Empleo (ERE):
La dirección de Seat ha presentado ante el departamento de Trabajo de la Generalitat de Cataluña (PSC-PSOE ICV-EUiA ERC, abans CiU) un nuevo Expediente de Regulación de Empleo (ERE), el tercero en los últimos ocho meses, para suspender 7.789 contratos entre septiembre y diciembre de este año 2009.
Este expediente es el primero de los que la compañía aprobará en los dos próximos años por excedente de plantilla hasta que se inicie la producción del nuevo Audi Q3, a mediados de 2011, en la fábrica de Martorell (Barcelona).
La intención de los empresarios capitalistas de Seat, según detalla en la documentación presentada en la conselleria, es enviar a casa a 500 trabajadores entre el 31 de agosto y el 13 de septiembre, y a otros 900 entre el 14 de septiembre y el 23 de diciembre. En este último cuatrimestre, además, la compañía plantea parar un total de 21 días las líneas de producción 1 (Ibiza) y 2 (León y Altea), lo que afectará a 2.150 y 2.140 contratos, respectivamente.
Por su parte, la línea 3 de montaje, que produce la berlina Exeo, se detendrá otros 14 días, lo que obligará a enviar al paro a 970 trabajadores más.
Ere que ere...
Seat Expediente de Regulación de Empleo (ERE) | 26-06-2009 - 17:38:48 GMT 1 #
Marxismo y Ecologismo
Carlos X. Blanco
La visión evolucionista y dialéctica de la Naturaleza y la Historia ha de ser el marco para una visión y una praxis Ecosocialista: la respuesta de hoy al Imperialismo Ecológico
La teoría y la praxis marxistas se inscriben dentro de una Filosofía Natural Materialista, que coincide en gran medida con nuestra actual visión de la Naturaleza y la Sociedad. La visión evolucionista y dialéctica de la Naturaleza y la Historia ha de ser el marco para una visión y una praxis Ecosocialista: la respuesta de hoy al Imperialismo Ecológico.
Ha costado mucho esfuerzo y tiempo devolver a Marx su faz verdaderamente materialista. Este rostro auténtico del marxismo incluye la rehabilitación de un “naturalismo dialéctico” (vide: J. Castillo, “La verdadera cuestión terrenal”, El Búho, http://aafi.filosofia.net/revista/el_buho/elbuho2/buho3/castillo.htm). La socialdemocracia de la II Internacional, así como el sovietismo de la III, coincidieron en el culto a la técnica como una especie de panacea universal a los males que el Capitalismo acarreaba a la clase obrera en particular y al mundo en su totalidad. El productivismo del mundo capitalista conduciría a otro productivismo, esta vez socialista. Una técnica más o menos neutra se pondría al fin al servicio de la sociedad, de la humanidad trabajadora, ya fuere por una gradual aproximación al estado socialista (enfoque reformista) ya hubiese que implantar ese giro por medio de un acto revolucionario (enfoque revolucionario). La técnica se entenderá al servicio del Progreso. La técnica aparece pues, como instrumento de dominación de la naturaleza, disponible políticamente y sin cambios sustanciales- para la burguesía o para el proletariado.
1. El Materialismo de Marx: un nuevo humanismo ecológico.
Tardó mucho el marxismo, como decimos, en despojarse del “progresismo” y de la concepción neutral de la técnica. La deuda de Marx y Engels con el darwinismo (no con el darwinismo social), tanto o más que con una tradición materialista contemplativa que arranca de Epicuro hasta Feuerbach) es algo digno de ser rescatado del olvido, y entendido en sus justos términos (J. Bellamy Foster, 2004). La visión materialista y dialéctica del mundo y de la sociedad constituyó una ciencia alternativa a la reacción teológica (y teleológica) de los sabios del Barroco (p.e. Newton). La continuación de éstos a través del Positivismo sirvió para orillar al materialismo dialéctico, para dejarlo en manos de epígonos escolásticos del marxismo, filosóficamente retrasados ante el avance autónomo de las más diversas disciplinas científicas. Tuvo que ser la Escuela de Frankfurt, con su crítica a la tecnología y a la alienación que el hombre cosificado experimenta respecto a la naturaleza, la corriente que devolvió al marxismo a las preocupaciones verdaderamente humanísticas de sus fundadores, entre las que se encuentran, de fijo, aquella que venía referida en los mismos textos de Marx como la cuestión del “metabolismo hombre-naturaleza” y la problemática planteada por la industrialización, creadora de una “fractura” de dicho metabolismo básico (vide: M. Lowy: “'Aviso de incendio´: la crítica de la tecnología en Walter Benjamin”, http://fundanin.org/lowy3.htm). Marx, lejos de caer en un primitivismo reaccionario o romántico, supo ver el cariz dialéctico de la tecnología. Su cariz irrenunciable, sin embargo, no la convierte en un instrumento éticamente neutro, disponible sin más en manos de quien políticamente la domine. En concreto, el mismo uso “dominador” (de la naturaleza, de los obreros) habla de un cierto tipo de tecnología, que es la que hemos venido conociendo bajo el capitalismo, pero que no es, sin más “la” tecnología. En un contexto de optimismo socialista creciente, de veneración por los poderes emancipatorios de la tecnología, figuras como la de W. Benjamin se alzan con precursoras de la crítica ecologista y antimilitarista de la tecnología, ya habituales hoy sin necesidad de vincularse las mismas al marxismo, pero muy raras en aquellos marxistas del primer tercio del siglo XX, cientifistas y “progresistas” la mayor parte de ellos, y de entre quienes Benjamin, o Adorno y Horkheimer, constituían una excepción. La alienación de la naturaleza expresa perfectamente la alienación del hombre bajo una sociedad industrial y tecnocrática, ya fuera esta de signo capitalista, ya lo fuera bajo signo supuestamente socialista (soviético, o socialismo “real”, es decir, capitalismo de Estado). Ambas, no eran más que prolongaciones del programa baconiano de “dominar” e incluso “vejar” y “violar” (sic) la naturaleza, en palabras del filósofo inglés, profeta del capitalismo cientifista y de la dictadura tecnocrática que éste acaba imponiendo. Como recuerda Lowy (ibíd.), la tecnocracia acaba siendo idéntica al fascismo.
2. Explotación de cuerpos y explotación de suelos. Imperialismo de tipo mediterráneo.
Hoy en día asistimos a una gestión tecnocrática del mundo, incluida la naturaleza entera. En rigor, este es un proceso que tuvo como punto de arranque el neolítico y el comienzo de la agricultura y ganadería. Hace más de 10.000 años comienza una nueva fase de la historia de la humanidad que, pomposamente, ha dado en llamarse “Origen de la Civilización” pero que, sin embargo, consiste más bien en el Origen de la Explotación masiva de la Naturaleza, que coincide exactamente con la Explotación del Hombre sobre el Hombre, a través de la Esclavitud (Coincido muchísimo con la interesante síntesis que realiza Santiago Gómez Crespo: “El Ecologismo Burgués y el Ecologismo Socialista”, Rebelión, 07-09-2006, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=37175). En concreto, la aparición de la Agricultura supone la reducción drástica de la biodiversidad y el paso previo para una ineluctable desaparición del arbolado, el agotamiento de los suelos, el espaciamiento de las lluvias y, finalmente, la desertificación de regiones enteras. El próximo y medio Oriente fueron cunas de la Agricultura y, como se dice, cunas de la Civilización. Hoy son desiertos. El relevo lo tomaron, ya en la Antigüedad, diversos países ribereños del Mediterráneo, cuna de las civilizaciones clásicas occidentales (Grecia y Roma). Hasta hoy, la persistencia de viejas prácticas agrícolas va camino de crear nuevos desiertos en aquellas que fueron campiñas todavía fértiles en época imperial romana. Buena prueba de ello es el sur y el levante de la Península Ibérica. Santiago Gómez recalca la importancia del “natalismo” en aquellas viejas civilizaciones agrícolas, que yo entiendo a modo de “superestructura” activa y coadyuvante de una base económica ultraexplotadora del medio y de los cuerpos humanos. En una economía agrícola al estilo antiguo y mediterráneo no solo se deben esquilmar los recursos naturales (el agua, los nutrientes del suelo, el arbolado) sino también las energías humanas puestas a trabajar. Cuando hacen falta brazos, éstos han de “importarse” o “criarse”. Desde hace dos mil años se están “criando” esclavos, siervos o jornaleros de algún tipo en el sur peninsular, como en otras partes del Mediterráneo. Si estos escasean o “huyen” a horizontes más favorables, los terratenientes adoptan políticas esclavistas de tipo importador, creando la ideología según la cual “España es una tierra de oportunidades”, mediante la cual se recluta una mano de obra paupérrima que hunde los salarios habituales de los nativos y encima se hace creer al desinformado público que, además, con ello se le conceden “magnánimamente” ocasiones para salir adelante.
En efecto, en el ámbito global, el natalismo es una ideología desastrosa para el planeta, por más que se pueda defender localmente para promover comarcas abandonadas. La presión demográfica del ser humano es el frente arrasador de la biodiversidad, la verdadera “plaga” para todas las demás especies de animales y plantas, así como para los factores sustentadores de la vida, como el agua, la atmósfera, el suelo. Las zonas del planeta “ecológicamente viejas”, como es por ejemplo el Mediterráneo –a cuyo ámbito climático y ecológico corresponde aproximadamente un 80% de la Península Ibérica- sólo aumentan la presión demográfica por medio de la llamada y reclutamiento de extranjeros (de muy diversa procedencia, africanos, europeos del este, sudamericanos) en atención a una búsqueda de beneficios privados a corto plazo, en un sector como es el de la agricultura que se basa en el privilegio artificial (puramente político) de los países de la Unión Europea sobre aquellos otros que, política y financieramente hundidos, no pueden salir de su postración agrícola e industrial, con el consiguiente exceso de brazos y falta de oportunidades. Los terratenientes y empresarios agrícolas (pero no sólo agrícolas) del Mediterráneo gozan de la ventaja comparativa de adoptar tácticas tercermundistas en un ámbito jurídico-laboral que las consiente con buena manga ancha, al tiempo que se benefician de unas tácticas “primermundistas” al estar ubicados en un Estado como el español, miembro de la U.E. que colabora activamente en el subdesarrollo planificado de esos países americanos, africanos u orientales, con vistas a que su agricultura no se desarrolle suficientemente, pues sus productos no pueden venderse a un precio comparable al de las mercancías muy subvencionadas europeas. Con ello, el primer mundo consigue esclavos muy baratos que acceden a Almería, Huelva, Murcia, Alicante, etc… costeando ellos mismos su viaje, llamando por su cuenta a las puertas del empleador. Con ello, el primer mundo consigue reintroducir el esclavismo tercermundista y natalista dentro de sus bien blindadas fronteras, poniéndose muy estricto en el aspecto policial-burocrático (represivo) del “problema” de la emigración, pero haciendo al tiempo de su propia capa un sayo en todo lo referente a la inspección laboral, seguridad, higiene, dignidad del trabajo, tasa de explotación, transparencia tributaria, formalidad contractual de los empleos, etc. Es decir, un tercer mundo metido en el primero. Y ello, en una de las regiones de Europa más desertificadas, más esquilmadas en cuanto a recursos naturales (que se viene a juntar con las epidemias del Turismo, los Campos de Golf y el urbanismo desbocado), por su ya larga trayectoria agrario-esclavista. La España Mediterránea es un auténtico sumidero ecológico. La creación de beneficios privados en pro de unos pocos empresarios negreros y especuladores, que además son muy malos contribuyentes dadas sus tendencias piráticas nunca exterminadas por la inspección estatal, es posible gracias a su condición sine qua non: la explotación de la fuerza de trabajo aportada por masas humanas procedentes de otras regiones devastadas precisamente por el proteccionismo agrícola que el Estado Español -junto con los demás socios de la Unión ejerce de forma despótica sobre esos países emisores de mano de obra barata, cuasiesclava. Se repite la misma historia de los tiempos imperiales en la antigüedad. Grandes centros de poder y “civilización” con fronteras militarmente bien guarnecidas, “reclutan” grandes contingentes de bárbaros extraliminares cuya explotación garantiza el mantenimiento de cuotas de ganancia en un medio natural cada vez más “viejo”, esquilmado, y dotado de una población ciudadana cada vez más parasitaria, dependiente del trabajo-basura del extranjero. La Unión Europea es la nueva Roma, pero también decadente.
3. Ecología es materialismo (y viceversa).
Para comprender este tipo de procesos de explotación simultánea de cuerpos y de suelos. Esta degradación del trabajador a esclavo, y del ecosistema fértil a un desierto agotado, hay que tomar unas nociones de dialéctica. De dialéctica materialista.En efecto, creo que deberíamos volver a Marx y beber en sus textos, como si de la fuente de un ecologismo verdaderamente revolucionario se tratara.
Habría que enmarcar otra vez la obra de Marx en el contexto del materialismo, pero de un materialismo no contemplativo ni estático (J. Bellamy Foster, 2004). El materialismo de esa clase arrancó con Demócrito y Leucipo y llegaría hasta los ilustrados dieciochescos en Francia. El materialismo marxiano (y también el de Engels) se inicia con Epicuro, y fue transmitido a la posterioridad por Lucrecio. Es esta base filosófica la que se “dialectiza”, según John Bellamy Foster, a través de Darwin, Engels y el propio Marx. Un concepto central en el enfoque materialista y dialéctico acerca de la Naturaleza consistió en la idea de “Metabolismo” (Stoffwechsel)..
Este concepto, aún hoy central en las ciencias biológicas, ya fue conocido desde comienzos del siglo XIX, en el sentido de “intercambio material”. Al principio se usó sólo en un sentido meramente organísmico (a escala bioquímica y fisiológica), pero al ser ampliado al nivel ecológico pasó a constituirse en la médula misma de la ciencia del medio ambiente, bajo ropajes y terminologías más recientes, como son los de la Teoría de Sistemas, haciendo referencia a flujos y balances de materia y energía. Por su lado, Marx, como materialista, nunca había dejado de insertar su concepción dialéctica de la historia dentro de una más amplia “Historia Natural”, y supo ver como nadie que las sociedades históricamente dadas debían ser entendidas precisamente en términos de “intercambio material” (hoy incluiríamos el intercambio energético bajo esa rúbrica general) a múltiples niveles, pero todos ellos subsumibles bajo la dialéctica entre estos dos polos: hombre y naturaleza.
Con el capitalismo se agudiza la explotación que el hombre ejerce sobre la naturaleza, que a su vez es con-causa de la explotación del hombre sobre el hombre. Esta tendencia ya había tenido su origen en ciertas regiones del planeta durante el Neolítico, provocando desertización y esclavitud. Pero el modo de producción capitalista aumentó con creces la “fractura” metabólica, pasando a convertirse la naturaleza (en sus diferentes ámbitos, suelo, aire, aguas, etc...) y el propio ser humano, junto con el espacio social que su vida ocupa (las ciudades, los campos) en meras mercancías. El capitalismo valoriza todo lo que puede, incluso aquello que de por sí no fue producido como mercancía, y que solamente por obra de las ficciones típicas del Capital entra a formar parte de su contabilidad (J. O´Connor, 1998).
Las “condiciones de producción” son aquellos elementos que entran en el proceso de producción capitalista sin que ellos mismos hayan sido producidos como mercancías. Antes bien, la naturaleza y/o la sociedad los “da”, por lo que el sistema capitalista los considera elementos gratitos. También ocurre que este sistema les asigna un “valor ficticio”. Un valor de cambio real no poseen en cuanto que no se ha depositado trabajo en ellos. El sistema hace “uso” de ellos como si se tratara de recursos ilimitados y no fueran susceptibles de degradación pero, de hecho, si en su uso no se espera a que los ciclos naturales realicen una reposición de los mismos, la degradación (factor cualitativo) y el agotamiento (factor cuantitativo) van poco a poco entrelazándose al sufrir, a la fuerza, una “entrada” de tales elementos en la economía capitalista. Esta es una economía productora de mercancías que todo cuanto cuantifica (todo cuanto conoce) es mercancía.
El capitalismo es ciego a las no-mercancías. Obligatoriamente, en su propia lógica, no ve y no entiende los objetos no-mercantiles, y para intentarlo, su única salida es atraparlos en sus círculos viciosos, los del Mercado, los de la mercantilización forzosa y artificial. Para ello emplea las ficciones jurídicas y las aberraciones éticas pertinentes pata que tales elementos extraños a la mercantilización de la vida puedan penetrar y visibilizarse. Tal es lo que ocurre con el propio ser humano como mercancía. Ya fuere como cuerpo coleccionable y disponible, bajo el régimen de Esclavitud, ya fuere como cuerpo explotable, esto es, como dispositivo de fuerza de trabajo a activar por horas, bajo el capitalismo, el ser humano entró hace miles de años en una dinámica de valorización, de cosificación cuantificada.
El individuo se mercantiliza como reservorio de fuerzas, energías, de horas que –durante su vida útil- pueden ir desplegándose, mucho más allá de su valor amortizable (igual que se objetiva el valor de una máquina, como capital invertido que “promete” a su dueño un valor extra, una plusvalía más allá de su amortización). El individuo trabajador, cosificado como esclavo, iba más allá de su condición de máquina, de fuerza de trabajo “esperable” y, por ende, más allá del valor extra que será capaz de producir “previsiblemente” en su vida útil. Su condición es común y compartida con la del trabajador asalariado (el esclavo moderno). La diferencia es que en lugar de ser comprado en éste último caso todo su ciclo vital (no ya su cuerpo, sino la vida y la acción de su cuerpo hasta la muerte), por el contrario, va siendo adquirido por el amo (del Capital) por plazos, por entregas fraccionables (de tiempo medido en horas, p.e.). Al aspecto laboral de esta absurda pero real compraventa de seres humanos, hemos de añadir su condición forzada, obligatoria, de “prestador de servicios” al amo. Los servicios extra-laborales, como son ofrecer placer, diversión y atención doméstica al amo, sólo con gran dificultad teórica pueden ser catalogados como “trabajos” en el sentido estricto, productivo, del término. No obstante implicaban –e implican- un grado considerable de penosidad, cansancio, dolor y humillación para los prestadores forzados de tales servicios.
Como Marx destacó en El Capital (Marx, 2000), con independencia de cualquier “justicia” y “generosidad” del patrón en materia de salarios, el trabajador humano desplegando en la práctica sus fuerzas de trabajo, es capaz de crear valor nuevo en las mercancías producidas, por lo que su “amortización” trasciende completamente a la de una máquina, que es energía muerta que exige ser vivificada por el trabajo vivo. El hecho de que su vida útil sea valorizable más allá del ámbito de la producción de objetos con valor de cambio, y se la “compre” el Capital en tanto que prestador de servicios que la sociedad entiende también como dotados de un valor de cambio, difumina a los ojos empíricos la distinción entre trabajos productivos y demás servicios. Con ello, las distinciones entre esclavitud y trabajo asalariado se difuminan, pues los servicios (entretenimiento, placer sexual, enseñanza) involucran a la persona entera que los presta, aunque se paguen por horas u otro tipo de fracciones. Es la persona en su integridad la que se “vende” en esa hora de prestación, sea o no directamente productiva la misma. En cambio, el obrero fordista, en su hora de trabajo inoculaba valor a un producto –p.e. el auto- que, a su vez debía realizarse como mercancía, dentro de un mercado en el que el valor de cambio debe “contrastarse” con otras mercancías (incluido el dinero) que también lo debe poseer. Por ello, en una sociedad como la nuestra, donde el sector de los trabajadores “improductivos” o, por mejor decir, más alejados de la producción directa, esto es, de la transformación de materias primas y energías brindadas por la naturaleza, es donde se puede contemplar un mayor grado de alienación del hombre, reducido a ser mercancía, y la alienación del hombre respecto de la naturaleza, obrando como si no la necesitara y las meras relaciones-alienadas- entre humanos crearan riqueza y dieran satisfacción a necesidades “exclusivamente sociales”.
4. Marx Ecologista y Filósofo Natural.
El estudio atento que Marx dedicó a las obras de Justus von Liebig y a otros expertos en economía agrícola de la época (p.e. el anti-mathusiano James Anderson) revela la importancia de los asuntos del equilibrio ecológico en la dialéctica materialista de la Naturaleza, de la que todo materialismo histórico forma parte. En contra de las ideas de Malthus y sus seguidores, la “ecología” primitiva de esta época, iniciada realmente por Liebig, Anderson, Engels, Darwin y Marx, era una ciencia dialéctica, que sólo por su enfoque global (no reduccionista, no mecanicista) y por su énfasis en las contradicciones, revelaba que la fertilidad de la tierra distaba de ser una propiedad absoluta, con unos límites fijados de antemano e inamovibles. Más bien la economía natural, vale decir, “ecología”, mostraba ya entonces que esa propiedad de la tierra era relativa al trabajo invertido en ella (abonos, drenajes, alternancias, cuidados de toda índole) que a su vez está condicionada por el nivel de desarrollo técnico y científico que puede serle aplicado en sus mejoras. De hecho, contra Malthus, se debía advertir que la tierra puede aumentar más su productividad si las mejoras tecnocientíficas son correctamente administradas. La renta extra de las tierras fértiles, por tanto, no significaba una suerte de “prima” o “pago por el privilegio” que tales tierras favorecidas por la Providencia merecían frente a las menos favorecidas (que tan sólo darían, dada su esterilidad, para cubrir gastos). Esta teoría malthusiana y ricardiana quedaba desbancada por obras como la de Liebig, Anderson y la crítica marxiana. Obras críticas ya contra un capitalismo depredador, centradas en la idea de “sustentabilidad” de la tierra, esto es, en buscar la manera de evitar que se rompa el equilibrio fundamental entre hombre y naturaleza. Un equilibrio que se habría roto en la Inglaterra decimonónica al haber desaparecido el ganado, y por ende, el abono que éste podía aportar a los cultivos in situ, sin recurrir a la importación o al abono producido industrialmente. Para empeorar las cosas, la sobreabundancia de desperdicios que Londres u otras grandes concentraciones industriales y poblacionales generaban, sin el más mínimo reciclado de los mismos, no hacía más que deteriorar los ríos, las costas, y la salud de los propios moradores de este ambiente industrial. Una tierra cuidada debidamente no tendría por qué ejecutar su venganza contra el hombre. Pero la tierra sobre-explotada se vengaba de hecho, disminuyendo su fertilidad, y trayendo enfermedad y muerte al género humano. Lo importante era ni fracturar el ciclo biológico y químico de su existencia.
En tiempos de Marx, las bases de esta economía natural o Ecología ya estaban pues, establecidas, y como refuerda J.B. Foster, nada tiene de extraño que fuera en la U.R.S.S. entre 1920-1930 que la Ecología floreciera, en un contexto intelectualmente abierto a un marxismo todavía no dogmático. La cerrazón estalinista en cuanto a ideas, y el propio productivismo de este estado, bloquearon por completo una Ecología materialista. Con todo, entre finales del XIX y principios del XX la creencia en los recursos ilimitados era aún muy fuerte entre marxistas tanto como entre capitalistas. Ya se conocían destrozos medioambientales considerables, pero circunscritos a comarcas, regiones, a lo sumo, pero apenas se rebasaban los marcos nacionales de análisis de los mismos. La mentalidad colonialista era la preponderante incluso entre la izquierda, y con ello debemos indicar que muchos líderes e intelectuales pensaban que la extinción local o nacional de ciertos recursos naturales podría compensarse fácilmente con la adquisición (barata o gratuita) de los mismos en las colonias o neocolonias. Esta mentalidad, que con muy apropiados términos ha denominado Renán Vega “Racismo Ecológico”, no sólo no se ha erradicado, como abominación moral, sino que se ha difundido mucho más hasta llegar a hoy. [Renán Vega: “Las nuevas expresiones del imperialismo en el mundo actual”, http://www.nodo50.org/cubasigloXXIcongres004/vega_060404.pdf, y también, del mismo autor, “El imperialismo ecológico. El interminable saqueo de la naturaleza y de los parias del mundo”, La Haine, 28.05.06, ]http://lahaine.org/skins/basic/lhart_imp.php?p=14920].
En efecto, el Racismo Ecológico de hoy ha tomado la forma de un Imperialismo Ecológico que sobrepasa ampliamente la simple y llana depredación de territorios, culturas, continentes enteros. Esquilmar la tierra y la fuerza de trabajo de los países colonizados fue el colonialismo clásico que complementó la industrialización interior de los imperios. Ahora, lo que se ha consumado es la división del planeta en dos polos, uno rico y depredador, que se cree con todo el derecho a agotar las posibilidades de supervivencia del otro polo, que no sólo sufre el esquilmado de sus recursos sino que debe resignarse a quedar convertido en vertedero de los residuos –contaminantes en alto grado- que los opulentos no desean. Se ha llegado a producir, en este sentido, incluso un trueque desvergonzado, como señala Renán Vega, consistente en condonar deuda externa a cambio de la aceptación de residuos.
El imperialismo ecológico es, en suma, el Imperialismo a secas, la fase imperialista del Capitalismo que corresponde a nuestro tiempo.
La lucha ecologista es, y debe ser, una lucha de clases. En un principio, los marxistas “ortodoxos” no supieron ver en el movimiento verde un verdadero movimiento con potencial revolucionario, una alternativa al sistema capitalista. Se quiso ver en él un nuevo romanticismo, una utopía generada por pequeño-burgueses de orientación inicialmente anarquista, nostálgica y contraria al sacrosanto “Progreso”. Estos “marxistas” recelosos del ecologismo ¿ignoraban que su propia orientación, en sus orígenes, también había recibido tales etiquetas por parte de sus enemigos? Hoy, tras la mala experiencia de un ecologismo reformista, pactista, burocrático e integrado, resulta evidente que sus preocupaciones entran de lleno en la agenda de cuentas urgentes que el proletariado debe pedir al Capital en su proceso revolucionario. Pues es la clase trabajadora, obrera y campesina, la primera víctima del Imperialismo, doblemente sacrificada no ya sólo en cuanto que explotada laboralmente, sino en cuanto desahuciada en sus posibilidades mismas de supervivencia y autosuficiencia.
5. Ecosocialismo Revolucionario.
El Ecosocialismo debería ser, pues, un movimiento revolucionario, no una mera “marca” verde en un programa rojo, o a la inversa. Se tratará, más bien, de una impugnación general del Capitalismo. La explotación del hombre y la explotación de la naturaleza son dos procesos que se identifican esencialmente. En el mismo frente de batalla hay que plantar cara, como dice Lowy, al ecologismo metafísico y reformista, basados en la propaganda ascética, la llamada a la autocontención. Escribe Lowy:
“...algunos ideólogos de la ecología plantean falsos problemas. Por ejemplo, que la degradación del medio ambiente es culpa de nuestro consumismo, que cada uno de nosotros consume demasiado, que es necesario reducir el consumo para proteger al medio ambiente. Eso responsabiliza a los individuos y redime al sistema. Es verdad que el consumo de los individuos es un problema, pero el consumo del sistema capitalista, del militarismo capitalista, de la lógica de la acumulación de capital es mucho mayor. Entonces, en lugar de pregonar la auto-limitación individual, es necesario llamar a la organización para luchar contra el sistema capitalista; esa debe ser nuestra respuesta”. (http://www.fundanin.org/lowy.htm).
Vivimos en un ecosistema planetario frágil. Cualquier predicción realista, ajena a la posibilidad de milagros, nos conduce directamente al suicidio ecológico. Un crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas nos va a llevar a la destrucción de los parámetros fundamentales de toda posible y mínima “calidad de vida” en el mundo entero. Además, la imprevisibilidad de los factores “superestructurales” en un contexto tecnoeconómico (la base material, en el lenguaje marxista) sin frenos, no va a generar otra cosa salvo incertidumbres y agravamientos al ya de por sí alocado crecimiento de las fuerzas productivas.
Con este panorama, el marxismo revolucionario debe actuar, y ya. En el contexto decadente del marxismo tradicional, lastrado por el sovietismo y su estrepitosa caída, bien simbolizada por el derrumbe del Muro Berlinés, parecía que otras teorías vendrían tomando la delantera al programa del socialismo. Desde la década de 1970 el ecologismo, al menos en los países europeos más avanzados de Occidente, iba imponiendo su tonalidad verde sobre la roja. Pero este verde movimiento bien pronto mostró su cariz reformista, abandonando su radicalismo inicial a cambio de una mayor participación de sus líderes en los gobiernos y en las nuevas burocracias de la llamada “Gestión Medioambiental”. Tan solo recientemente, desde el propio marxismo, hemos asistido a tentativas de apartarse del reformismo ecologista (curiosamente, también muy cientifista y gradualista, como lo fuera antes el pseudo-marxismo de la II Internacional). Se trata ahora de crear un socialismo marxista que incorpore el cuestionamiento radical de nuestro alocado modo de vida y producción, depredador y ecocida, dentro de un discurso socialista y revolucionario que detecte en el Capital y en las oligarquías dominantes el responsable verdadero del desastre. Exponente de esa incorporación de un planteamiento verde radical dentro del enfoque (rojo) socialista, es el “Manifiesto “Ecosocialista” de Michael Löwy y Joel Kovel [http://www.una.ac.cr./ambi/Ambien-Tico/102/ecosocialista.htm].
En el Ecosocialismo se señalan como auténticos responsables de la Catástrofe Medioambiental (y, en el límite, responsables de la negación de nuestra supervivencia humana misma, al menos como especie civilizada) al Capital y al Imperialismo depredador que, en esta fase de mundialización, une la vieja codicia de acumulación de plusvalía a unas inusitadas expectativas de control, dominación y sometimiento total (que hemos denominado por nuestra parte, Fascismo Global).
En el Ecosocialismo no se quieren hacer concesiones a las típicas cortinas de humo que, de forma idealista, anhelan una nueva “jerarquía de valores” o un abandono de nuestro supuesto “antropocentrismo” aborrecible. Desde el marxismo, la verdadera alienación humana radica en la explotación suicida del hombre a cargo del hombre, practicada de un modo tal que supone a su vez su propia alienación respecto al propio suelo que pisa, a la atmósfera, al agua, en suma, a la Naturaleza entera. En tal sentido, el Ecosocialismo, creemos, debería significar una lucha política a brazo partido a favor de las comunidades campesinas del mundo entero, y en particular, del mundo “en desarrollo” para así proteger solidariamente su soberanía como productores-consumidores. Es decir, una lucha política orientada a garantizar su autosuficiencia en condiciones dignas así como sus posibilidades de desarrollo humano por medio de la creación de vías de “venta solidaria” de sus excedentes, venta directa al margen de las manos asfixiantes de unos intermediarios monopolistas.
Resulta de todo punto esencial que el Ecosocialismo no se transforme en una nueva “marca” propagandística, en una nueva mixtura de dos “sensibilidades”, como ahora se dice, creada con el ánimo exclusivo de captar votos a favor de partidos verdes tirando a rojos, o rojos teñidos de verde. Para que sea un movimiento de veras revolucionario hace falta, como subraya Löwy, que represente a ojos vista de todo el mundo, una Nueva Ética, y por ende, una Economía Política de marcado acento ético [Véase A. Lund Medina: “Ecosocialismo o neobarbarie”, Rebelión, 10-02-07, ]http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46712].
Para los partidos obreros, y demás fuerzas populares, la integración de las problemáticas medioambientales, así como las que conciernen a la soberanía alimentaria y la autosuficiencia productiva (inseparables recíprocamente) resulta una prioridad no ya factible, sino cada vez más imprescindible, vistas las tendencias que el Capitalismo –en esta nueva fase llamada “Globalización” está exhibiendo día tras día. Difícilmente vamos a “salvar el mundo” si no sabemos apoyar las luchas locales, regionales, campesinas, etc. , que consisten en “salvar el propio suelo” que los seres humanos pisan. Salvar el suelo y el entorno como parte de su concreta resistencia tenaz contra el proceso de la Mundialización, promovido por el Capital.
Porque hay que reconocer que el Capital no puede ejercer su imperio sin realizar un colonialismo de nuevo cuño, consistente en una mayor y más profunda subordinación de países y regiones continentales enteras a sus centros de acumulación de plusvalía, que suelen coincidir con los centros de consumo megalómano y despilfarrador. De este modo, la mayor parte de la humanidad, así como la inmensa mayor parte del territorio planetario van cayendo más y más, en picado, bajo las garras de los monopolistas de la producción. Estas pocas empresas reducen de forma bárbara y artificial toda oportunidad de desarrollo endógeno de países y regiones continentales, para lo cual hacen uso del terrorismo puro y duro. Un terrorismo realizado a través de medidas de presión y represión, que pasan desde la acción financiera-punitiva de organismos internacionales como FMI, OMC, BM, hasta derrocamientos de gobiernos, financiación de dictadores y (para)militares, y creación artificial de grupos opositores a los gobiernos progresistas y socialistas. Los estados empobrecidos, reducidos a ser colonias, nuevamente, no ya de un estado europeo concreto, o de los EEUU, sino de su personificación colegiada y abstracta, el crudo Capital, no pueden hacer otra cosa que ir reduciendo sus posibilidades de vida civilizada. Su población, por debajo del nivel de la proletarización, se ve reducida a la más indigente esclavitud. Su naturaleza, en cuanto objeto de la ultraexplotación y depredación, va desapareciendo por medio de la deforestación, la desertificación, la reducción drástica de su biodiversidad, la contaminación y, en todo caso, la incapacitación de aires, suelos y aguas para una vida humana de sus respectivos pobladores autóctonos en lo sucesivo.
Si ya los métodos tradicionales de los imperialistas y colonialistas del siglo XIX y XX fueron brutales, basados en la concepción militarista de la vida, así como en el etnocentrismo racista de la supremacía civilizadora del hombre blanco sobre los demás pueblos de la tierra, ahora en el siglo XXI el neocolonialismo y el neoimperialismo del Capital toma al planeta entero como un bien fungible de entera disposición para unos escasos y selectos centros acumuladores y al tiempo, despilfarradores de plusvalía sobrante. El resto del mundo, descapitalizado, se ve en la tesitura de existir cada vez más des-naturalizado. Es decir, que además no recibir devuelta en forma de capital redistribuido una parte de esa plusvalía excedentaria, cosechada gracias a la baratura del trabajo “tercermundista” y a la casi gratuidad de los recursos naturales esquilmados por y para el Capital, esos pueblos van perdiendo los valores de uso fundamentales que hacen posible la continuidad de la vida, la salud, la dignidad: el agua, el aire, el suelo, el arbolado, etc. Que lo debe permitir una masa humana, que así se deja explotar, así como robar y exterminar, sólo es explicable por medio de la creación –año tras año- de un régimen de terrorismo de estado, de imperio, que gracias al perfeccionamiento de sus medios técnicos de control, va ganando en lo que constituye la quintaesencia del control asimétrico, desigual, de una pequeña parte sobre el todo: el sometimiento y la dominación tendencialmente absolutos. Esto es lo que constituye el fenómeno del Fascismo Global.
Löwy propone el Ecosocialismo como convergencia de dos posiciones radicales, cada una por derecho propio. El marxismo no productivista, por un lado, y el ecologismo radical, por el otro. El cuestionamiento de un modelo productivista ha de ser aplicado tanto al Capitalismo triunfante de hoy en día como a su supuesta alternativa, el ya desaparecido “socialismo real”. El “progresismo” compartido por estos dos modelos lleva a la perdición misma de los parámetros de la posibilidad de existencia de la vida, o al menos de una vida civilizada, a corto plazo. Los gestores de la economía “planificada”, en rigor, de un Capitalismo de Estado, no menos que los economistas del supuesto mundo del Libre Mercado (no menos Planificado que en el comunismo, por cierto) compartían más ideas en torno al “desarrollo”, de lo que se quería reconocer. A partir de los 70, fueron tanto los marxistas no dogmáticos y antisoviéticos, como los ecologistas más radicales, con importantes precedentes en la Escuela de Frankfurt, cuando se empezó a ver esa afinidad entre los dos bloques. El cariz ecocida de ambos. El “crecimiento” era el objetivo por el cual en ambos bloques debían darse los mayores sufrimientos y sacrificios de cuerpos y vidas humanas así como de ecosistemas. Medioambiente, calidad de vida, felicidad… todo se sacrifica por el “crecimiento”. La “ética ascética” prevaleciente era en el fondo la misma, tanto si miramos al bloque occidental como al sistema que se dio en el oriental. Nos parece muy interesante que Löwy haga mención expresa de una “Ética Ecosocialista”. Deberíamos entenderla como una alternativa y una impugnación radical de todo el ascetismo desarrollista. Se tratará, como afirma este autor en el escrito “Por una Ética Ecosocialista” [http://www.geocities.com/Athens/Bridge/8651/ecosocialista.html], de una Ética social, no de una moralidad individualista (vale decir, autoinculpatoria, y por ende, igualmente ascética). El problema del ecologismo “metafísico”, no socialista, consiste en que sigue prisionero del ascetismo de nuestro mundo burgués. En lugar de tomar como objeto el ahorro de dinero, esta vez el ecologismo metafísico –es decir, individualista- elige como objeto a ahorrar los recursos naturales y el propio consumo.
El capitalismo clásico experimentó, de fijo, una transformación en cuanto a la ética ascética predominante. El siglo XIX, en líneas generales, se podría definir por la ascética ahorrativa de una burguesía auto-contenida en el consumo. Era una burguesía austera en el consumo y expansiva en su inversión productiva, una clase ávida por acumular capital reinvertible en nuevas empresas de negocios. Con todo, ya Marx, y posteriormente Th. Veblen, se habían encargado de matizar ese mito, subrayando la necesidad de que una “clase ociosa” agotase una parte no desdeñable de la plusvalía excedente (no reinvertible en la producción), aplicándola a todo un aparato suntuario que, funcionalmente, nunca deja de resultar “rentable” más allá del beneficio psicológico hedonista. Lujo suntuario rentable en términos políticos y etológicos: consolidación del Poder, intimidación, deseos de emulación, majestuosidad y distancia. Esos y otros efectos se ejercen sobre las clases inferiores. Si además añadimos que el Aparato Suntuario (palacios, criados, coches, fiestas, objetos de arte...) lo desarrolla una burguesía siempre proclive a las “manías aristocráticas” que incluyen un gradual abandono de sus funciones productivas, siquiera sea en la forma de inspectores y gestores políticos de la producción sobre la que poseen derechos en virtud de su condición de titulares jurídicos de la propiedad privada industrial, nos iremos acercando a una visión más realista de la burguesía consumista -hasta extremos despilfarradores en términos medioambientales- de la actualidad. Esta burguesía, más numerosa hoy, y más parasitaria en cuanto a su detentación del control directo de los mecanismos de producción, lleva la voz cantante en cuanto a consumo alocado y despilfarrador, del que están siendo víctimas las masas populares de todos los continentes.
El comunismo, es decir, el triunfo de las masas explotadas y víctimas del expolio de un mundo “habitable”, es el único sistema capaz de pararle los pies al Fascismo Global y depredador, ecocida.
6. Etica y Ecofilosofía no cientifistas. La dialéctica materialista.
Una Ecología no cientifista, no es otra cosa que una Filosofía Natural Materialista, acorde con los conocimientos científicos de nuestra época. Estos conocimientos atestiguan la precaria posición que los seres humanos ocupan en el planeta mientras siga vigente el modo de producción dominante, el Capitalismo. La Ecología, desde los fundamentos estudiados por John Bellamy Foster (Darwin, Marx, Engels, Haeckel, los ecólogos soviéticos...) en rigor es una Biología General o una Filosofía Natural. La historia de la especie humana se ha de entender como una evolución social, histórica, que se injerta plenamente en la evolución natural de las especies, del planeta, del cosmos. Marx lo supo ver perfectamente. La Historia social y la Historia natural tienden a unificarse tanto en el ámbito ontológico como en el epistemológico. En el ámbito ontológico, debido a que una especie en particular, la humana, llegó a alcanzar el máximo poder causal de modificación de las condiciones envolventes de su propia evolución natural. De esa manera la propia evolución de la vida terrestre llega a quedar condicionada por la evolución reciente de una de sus especies (especialmente es así en los últimos 10.000 años). En el ámbito epistemológico, debido a que esta misma especie humana, precisamente, ha unido su capacidad de control (y, crecientemente, de sometimiento y dominación) de la naturaleza a una capacidad de conocimiento de las relaciones legales que se da en la misma. En el fondo es indisociable el control de la naturaleza y el conocimiento para la eficaz actuación sobre la misma. Lejos de darse un dualismo entre la “dialéctica de la naturaleza” y la “dialéctica de la historia”, hay que constatar que ambos planos son históricos, se tratada de procesos dialécticos históricos ambos, cada uno tomado en si mismo, y además, procesos entrelazados mutuamente, una trabazón también histórica. Veámoslo por medio del siguiente esquema.
Dialéctica de la naturaleza = Historia natural, de la que “naturalmente” surge la Historia humana.(N). Se trata de un proceso internamente histórico, evolutivo.
Dialéctica de la historia = Historia natural de los modos de producción en el ser humano.(H). Se trata de un proceso que no deja de ser “natural” e internamente histórico, evolutivo.
Entrelazamiento entre H y N = él mismo es Histórico, es decir, se trata del proceso de surgimiento de H a partir de N.
De cierto, siguiendo a J. Bellamy Foster, no hay para Marx resquicios de espiritualismo (en el fondo, dualismo) entre ambas formas de dialéctica, que se subsumen en una, más general y de fondo, que constituye el objeto para el Materialismo Filosófico. La “mala” dialéctica es aquella que pretende ser establecida entre la materia y la cultura (o “espíritu”, las ideas, los valores), como por ejemplo entre una base y una superestructura, entendida ésta de forma idealista. La dialéctica marxista consiste en una evolución o surgimiento de y a partir de términos, relaciones y operaciones intrínsecamente materiales. Los sujetos son los verdaderos agentes productivos de nuevos estratos de materialidad cuando ellos poseen capacidad operatoria, como ya acontece con muchas especies animales y el hombre.
Se tratará de adoptar una visión ética inmanente a una concepción materialista de la naturaleza y de la historia. En efecto, si le Ecología es el materialismo filosófico centrado en la Biología General, la Filosofía Natural en la que se inscribe la praxis revolucionaria, el Ecosocialismo es el enfoque ético que se extrae de esa filosofía. Como escribe Gustavo Fernández Colón (“Ecosocialismo: devastación capitalista o nueva civilización”, Rebelión, 17-11-2005, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=22838): “Es en este trance donde el Ecosocialismo emerge como expresión política de una ética global, centrada en la responsabilidad compartida de preservar la continuidad de la vida sobre la Tierra, mediante la selección de patrones tecnológicos y energéticos respetuosos de la salud del hombre y la naturaleza. Una ética que salvaguarde el derecho inalienable de los pueblos a escoger su propia senda de desarrollo en concordancia con los saberes ancestrales y las identidades culturales autóctonas. Una ética que haga posible la construcción de un nuevo orden económico internacional equitativo y solidario, donde la pobreza, la exclusión y la guerra fratricida se conviertan, más temprano que tarde, en vestigios de una etapa histórica superada por la humanidad.”
La Ética materialista, inscrita en y deducida del proyecto general de una Historia Natural en clave dialéctica y materialista, como la barruntaron Marx, Engels y Darwin, es ante todo –ante la gravedad de los acontecimientos- una Ética de la supervivencia de la especie humana y de las demás formas de vida planetarias. Hoy, más que nunca, la lucha revolucionaria no es sólo una lucha por la emancipación. Es una lucha por la supervivencia.
Bibliografía:
BELLAMY FOSTER, J. (2004): La Ecología de Marx. Materialismo y Naturaleza, El Viejo Topo, Barcelona.
MARX, K. (2000): El Capital. Crítica de la Economía Política. (3 vols.) Fondo de Cultura Económica, México, D.F.
O´CONNOR, J. (1998): “Is sustainable capitalism possible?”, en Natural Causes. Essays on ecological marxism. The Guilford Press, Nueva York, Londres.
POLANYI, K. (1944): The Great Transformation, Farrar y Rinehart, Nueva York.
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Argelaguer, Sales de Llierca, Sant Jaume de Llierca, Montagut i Oix, Tortellà, Les Planes d'Hostoles, Sant Feliu de Pallerols, Sant Aniol de Finestres, Besalú, Beuda, Maià de Montcal, Sant Ferriol, Olot, Castellfollit de la Roca, Les Preses, Riudaura, Sant Joan les Fonts, La Vall de Bianya, La Vall d´en Bas, Mieres, Santa Pau Garrotxa Girona Lleida Tarragona Barcelona Catalunya
Marxismo y Ecologismo | 29-06-2009 - 07:09:30 GMT 1 #
España
¿No era de izquierdas bajar los impuestos?
Alberto Montero Soler
Si el mes pasado la noticia económica que acaparó el debate político fue la necesidad de transformar el modelo económico de este país, tal y como declaró el presidente del Gobierno en el debate sobre el Estado de la Nación, este mes el foco de atención ha estado centrado en el tema impositivo.
La decisión del Gobierno de aumentar los impuestos especiales sobre la gasolina y el tabaco constituye la avanzadilla de más cambios en la política fiscal. Unos cambios que trataron de continuarse por la vía de ese penoso intento fallido de elevación del tipo impositivo para las rentas más altas en el IRPF y que, para evitar toda duda, ya ha anunciado la ministra de Economía y Hacienda que se producirán tras el verano, cuando se revisará toda la política impositiva.
La subida de los impuestos especiales constituye, por tanto, la primera piedra de toque de en un cambio en la política fiscal y ha tratado de venderse de diversas formas: desde que buscaba igualar los tipos impositivos sobre esos productos a la media europea; a que estaba orientada a desincentivar el consumo de productos nocivos y que, por lo tanto, su finalidad era preservar la salud de los ciudadanos; o a que era una forma de contribuir a una economía más sostenible (aunque, si esa fuera la razón, no estaría mal un poco de coherencia: no se puede estar argumentando que se eleva el impuesto sobre los combustibles para hacer que la economía sea más sostenible y, con la otra mano, subvencionar la adquisición de los vehículos cuyos motores consumen ese combustible).
En cualquier caso, lo que no se ha planteado abiertamente es que las subidas pudieran tener simplemente finalidad recaudatoria, es decir, que estuvieran orientadas a tratar de aumentar los ingresos fiscales para hacer frente al tremendo incremento del gasto público con el que el Gobierno está tratando de hacer frente a la crisis. Eso, como cualquiera puede suponer, hubiera sido políticamente incorrecto en unos tiempos en los que se ha instalado en la conciencia colectiva que cualquier tipo de desviación de la renta personal hacia las arcas estatales con finalidad redistribuidora debe ser considerada como un sacrilegio.
Sin embargo, esta crisis está acabando por poner las cosas en su sitio y enfrentar a cada palo con la vela que aguantaba.
De entrada, alguien debería explicarnos por qué si hasta hace nada “bajar impuestos era de izquierdas”, como proclamó en su momento Rodríguez Zapatero, ahora la política de izquierdas es sólo mantener el gasto social. Que no digo que ésta no lo sea; pero sí digo que aquélla no lo es.
Y no lo es porque mantener una política social potente, redistribuidora de recursos, que promueva la igualdad de oportunidades y permita reducir a su mínima expresión las múltiples formas de exclusión social existentes en nuestra sociedad, también requiere, necesariamente, de una política impositiva potente de carácter progresivo.
Así, cuando el PSOE promovía su política de reducción de impuestos estaba rechazando, implícitamente, la posibilidad de reducir el diferencial de gasto social en porcentaje del PIB que nos distancia aún abrumadoramente de Europa y estaba apostando, en su defecto, porque fuera la distribución primaria de la renta generada en los mercados la que se convirtiera en la principal fuente de bienestar para aquéllos que, lógicamente, pudieran participar en los mismos.
Por decirlo más claramente, estaba apostando básicamente por una retirada del Estado de una de sus tareas fundamentales: la redistribución de la renta con fines de mayor igualdad y justicia social. Objetivo básico de cualquier partido socialdemócrata contemporáneo que no haya incurrido en la tentación de asumir como propios algunos de los principios neoliberales dominantes durante estas últimas décadas que acabaron por fraguar el pensamiento único que nos circunda, tan útil para políticos sin pensamiento propio.
Si ahora Zapatero fuera consecuente con aquella simpleza que se permitió proclamar cuando aspiraba a la presidencia del Gobierno, lo que debería estar haciendo es reducir los impuestos, como desearían tanto la oposición como la patronal. Y si no lo hace es porque se acaba de dar cuenta que para aplicar políticas sociales progresistas necesita también de mayores ingresos fiscales.
El círculo cuadraría si ahora entendiera que las políticas impositivas tendrían que ser también de izquierdas y no de derechas como las que ha venido aplicando en los últimos años.
Quitando con la derecha…
En efecto, el perfil que ha adoptado la política fiscal en su vertiente impositiva durante estas dos últimas legislaturas ha acentuado la naturaleza regresiva que ya le imprimió el Partido Popular durante las dos anteriores.
De esa forma, el PSOE lleva tiempo incurriendo en el despropósito de promover políticas sociales progresistas que necesitan de recursos públicos manteniendo, al mismo tiempo, políticas impositivas francamente regresivas y que no hacen sino mermar la disponibilidad de dichos recursos.
Y es que no se pueden hacer políticas de izquierdas por la vía del gasto e intentar financiarlas con políticas de derechas por la vía de los impuestos porque cuando la crisis aparece, como es el caso, las contradicciones acaban por manifestarse y mostrar las vergüenzas de una política fiscal sin ninguna vocación redistribuidora y diseñada exclusivamente para tiempos de bonanza económica.
Son múltiples los ejemplos de este despropósito en materia fiscal. Baste recordar, por ejemplo, la reforma del IRPF de 2006 cuando bajó el tipo máximo para las rentas más altas del 45 al 43%; o la deducción de los 400 euros del IRPF para todos los contribuyentes con independencia de su nivel de renta; o, sobre todo, cómo se redujo claramente la presión fiscal para las rentas más altas con la eliminación del Impuesto sobre el Patrimonio en 2008.
Precisamente, esta última medida fue una de las más polémicas y regresivas de las que ha aplicado el gobierno socialista en materia fiscal. Tanto más cuanto quienes estaban obligados a tributar por ese impuesto han dejado de hacerlo en este año 2009, cuando tan necesitado de recursos se haya el gobierno y cuando para allegarlos ha sustituido ese impuesto directo por la subida de la imposición indirecta sobre el tabaco y la gasolina.
Porque, aunque no exista un vínculo directo entre una y otra decisión, lo que es indiscutible es que el gobierno decidió eliminar en su momento un impuesto directo como es el Impuesto sobre Patrimonio, con una recaudación esperada para el ejercicio 2008 estimada en 1.800 millones de euros, y ahora, ante la falta de recursos, en lugar de reintroducirlo ha optado por elevar dos impuestos especiales de carácter indirecto que supondrán, se espera, ingresos por valor de unos 1.100 millones de euros en el caso de los hidrocarburos y de unos 1.220 millones para el del tabaco.
De esa forma, al cambiar las figuras tributarias se ha conseguido que aunque la presión fiscal apenas se modifique en términos globales sí lo haga de forma significativa entre los distintos estratos de renta. Ahora afecta proporcionalmente más a quienes más gasto dedican a esos dos productos en relación con su renta puesto que tienen que pagar un porcentaje mayor de ella en forma de impuestos.
Y es que mientras que los impuestos indirectos afectan a todos aquellos que consumen el bien o servicio gravado con independencia de cuál sea su nivel de renta, el Impuesto sobre el Patrimonio lo pagaban quienes alcanzaban un patrimonio de más de 150 mil euros al año. Además, con la ventaja de que era un impuesto que tenía una estructura muy progresiva ya que, por ejemplo, para el año 2004 (último ejercicio para el que hay datos) el 73% de la recaudación tenía como origen a tan sólo el 20,6% de los declarantes, que poseían un patrimonio individual superior a los 650 mil euros. Es más, el 61,3% de la recaudación la pagaron tan sólo el 6,6% de los declarantes (menos de 60 mil personas) que poseían un patrimonio superior a 1.150.000 euros.
Como hemos señalado, con la eliminación de ese impuesto se han dejado de recaudar en torno a 1.800 millones de euros que ahora hubieran sido muy necesarios. Por ello, no deja de resultar paradójico escuchar a la ministra Salgado afirmar que la subida de los impuestos sobre el tabaco y el alcohol se haya hecho porque se ha tenido “muy en cuenta la necesidad de aportar más fondos a la Ley de Dependencia” (para cuya entrada en vigor se aprobó una dotación inicial de 1.200 millones de euros) cuando, precisamente, esos mismos fondos ya estaban disponibles; bastaba con haber mantenido el Impuesto sobre el Patrimonio y, si se quería, haber aumentado también los otros. Ambas medidas no son incompatibles.
En cualquier caso, aunque al final los recursos se hayan conseguido, ese cambio en la estructura impositiva ha dado lugar a que los fondos no fueran aportados por quienes más riqueza acumulan en este país; los mismos que, además, han visto cómo se ha reducido la presión fiscal sobre ellos.
Si eso no es regresividad fiscal, que venga Solchaga o Solbes y nos lo explique.
…y dando poco con la izquierda.
Pero, lo más grave es que todo ello contrasta marcadamente con el discurso que en términos de esfuerzo en gasto social realiza el gobierno reivindicándolo permanentemente como su seña de identidad en tanto que partido político que se define a sí mismo como de izquierdas.
Un discurso que se contradice con la realidad que nos muestran los datos en materia de gastos sociales. Así, como escribía hace unos días, creo que a este gobierno se le debe reprochar el limitado esfuerzo realizado durante los años de crecimiento económico que han precedido a esta crisis cuando no se aplicaron políticas fiscales de la suficiente potencia redistributiva como para alterar significativamente la distribución de la renta y la riqueza en este país y para acercarnos a los estándares de provisión de bienestar público de nuestros socios europeos más avanzados.
El hecho de fomentar una política fiscal que buscaba incrementar la renta disponible para los ciudadanos vía reducciones impositivas en detrimento de los ingresos públicos se encuentra, así, en la base de que, según los datos de Eurostat más recientes (para el año 2006), España dedicara 5.163 estándars de poder adquisitivo per cápita mientras que la media de la Unión Europea a 15 era de 7.278 estándars, por no hablar de los casi 9.100 que dedica Holanda, los casi 9.000 de Suecia o los 8.200 de nuestros vecinos galos.
Y es que no debemos ocultar que, durante estos años, el gasto en protección social en España, aunque ha crecido en términos absolutos, apenas lo ha hecho si se valora en términos de porcentaje del PIB. Así, en el año 2000 el porcentaje del gasto social en el PIB era del 20,3%; en 2004, cuando inicia su primer mandato Rodríguez Zapatero, ese porcentaje era del 20,7% y, dos años después, a pesar del intenso crecimiento del producto, el gasto social sólo se había incrementado hasta el 20,9%.
Si comparamos el porcentaje que, por término medio, dedican a gasto social como porcentaje del PIB los países de la UE-15 durante esos mismos años de referencia, nos encontramos con el sorprendente dato de que, mientras que en el año 2000 la diferencia era de 6,5 puntos (el porcentaje medio en la UE-15 era de 26,8%), en el año 2006 esa diferencia era de 6,6 puntos (con un porcentaje medio de 27,5%), esto es, una décima más.
Estamos, por tanto, un poquito más lejos aún de Europa que hace unos años.
Para no llamarse a engaños
A estas alturas creo que las conclusiones son claras.
Por un lado, nos encontramos con que el gobierno no está haciendo más esfuerzos –de hecho, está haciendo menos- en términos de política social que el resto de nuestros vecinos con lo cual seguimos manteniendo un diferencial en términos de bienestar social que sigue sin acortarse a pesar del extenso periodo de crecimiento económico experimentado en España.
Y, por otro lado, tenemos que la política fiscal española se está haciendo cada vez más regresiva, redistribuyendo la carga impositiva entre todos los ciudadanos sin atender a su renta y, consecuentemente, a su capacidad de pago sino ciñéndola cada vez más a la realización de actividades de consumo generalizado y que afectan más, proporcionalmente en términos de lo que esos impuestos suponen sobre su renta, a quienes menos renta poseen.
La resultante final es que la carga fiscal adicional que suponen todas las ayudas públicas a la crisis que estamos padeciendo la sufragan, a su vez y de manera proporcionalmente mayor, los mismos que la están padeciendo y no aquellos que más se beneficiaron del ciclo especulativo que acaba de estallar. Y a eso lo llaman ser de izquierdas.
Alberto Montero Soler (amontero@uma.es) es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga
¿No era de izquierdas bajar los impuestos? | 03-07-2009 - 17:32:29 GMT 1 #
Apuntes sobre la teoría del trabajo asalariado en Marx
EL TRABAJO: ENAJENACIÓN, VALORIZACIÓN Y SUBSUNCIÓN AL CAPITAL. APUNTES SOBRE LA TEORÍA DEL TRABAJO ASALARIADO EN MARX, por José Gil Rivero :
Introducción
En los estudios sobre la obra de Karl Marx se han diferenciado dos etapas de su pensamiento. Así, la que suele conocerse como «el joven Marx», correspondiente al período de los Manuscritos: economía y filosofía, de 18441, que traduce, según algunos autores, a un Marx filosófico, preocupado por cuestiones éticas, ideológicas y existencialistas. Y un segundo período, definido como el del «Marx maduro», o científico, que ve su manifestación en El Capital, de 1876, su obra cumbre, en la que desarrolla un análisis crítico de la Economía Política. No obstante, tal como señala Ferrater Mora, «la publicación completa de los Grundrisse, de 1857–1858, ha alterado la tesis de la escisión –así como los juicios contrapuestos fundados en ella– y, según varios intérpretes, ha restablecido la ‘continuidad’ en el pensamiento de Marx» (Ferrater Mora,1991:2120)2. Para el interés de nuestra labor, arrancaremos de la posición que Marx mantiene en torno al concepto de trabajo enajenado3 en Manuscritos: economía y filosofía, y posteriormente analizaremos los procesos de trabajo, valorización y subsunción del trabajo al capital que desarrolla en El Capital y en El Capital, Libro I, Sexto Capítulo (inédito).4
I. El concepto de trabajo enajenado
Marx sostiene en los Manuscritos que:
El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía y justamente en la proporción en que produce mercancías en general. (Marx, 1984:105)
El producto, por tanto, es la objetivación del trabajo, la cosificación de éste. Lo que significa que el objeto producto del trabajo se enfrenta al trabajador como un ser extraño, es decir, como un poder independiente del productor mismo. Nos sigue diciendo Marx:
Esta realización del trabajo aparece en el estadio de la Economía Política como desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación [...] La apropiación del objeto aparece en tal medida como extrañamiento, que cuantos más objetos produce el trabajador, tantos menos alcanza a poseer y tanto más sujeto queda a la dominación de su producto, es decir, del capital. (Marx, 1984:105–106)
En El Capital, Libro I, Sexto Capítulo (inédito), en su análisis de los Factores objetivos del proceso de trabajo y del proceso de valorización, percibimos en Marx esta misma idea cuando afirma:
La dominación del capitalista sobre el obrero es, en consecuencia, dominación de la cosa sobre el hombre, del trabajo muerto sobre el vivo, del producto sobre el productor. (Marx, 1997:27)
Antes de proseguir con esta línea argumental, consideramos que es interesante detenerse, siquiera un momento, en la relación naturaleza–trabajador, por cuanto la referencia que hace Marx evidencia la conflictividad de la misma, y su progresivo deterioro en un sistema de crecimiento constante. La naturaleza es la materia en que el trabajador obra, en la que y con la que produce. La misma ofrece medios de vida, u objetos sobre los que se ejerce el trabajador, a la par que medios para la subsistencia. Lo que significa que la mayor apropiación del mundo exterior a él por parte del trabajador, le supone más privación de víveres para la subsistencia. Este planteamiento marxista deviene una racionalidad ecológica que integra la subsistencia física del trabajador con el respeto al medio natural.
Según Marx, el extrañamiento no se muestra únicamente en el producto, en el resultado, sino que recorre la actividad productiva, la cual se constituye en la actividad de la enajenación. El trabajador no se siente feliz en su trabajo,
no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. (Marx, 1984:109)5
Se niega, en lugar de afirmarse. Es un medio más que la satisfacción de una necesidad6. No se pertenece a sí mismo durante el proceso productivo, se ha vendido a otro, quien se apropia no sólo de su producto sino también de su actividad, la cual se vuelve contra él, se le enfrenta: su capacidad de trabajo no le pertenece, ha sido despojado de su única posesión. A diferencia de lo que pueda parecer, no es el trabajador quien utiliza los medios de producción, sino que son estos, que no le pertenecen, los que utilizan al trabajador: intentan absorber la mayor cantidad posible de trabajo vivo (Marx, 1997:24)7, es decir, generar plustrabajo y plusvalía.
Marx da un giro de tuerca y expone una tercera dimensión de la enajenación. Además del extrañamiento del trabajador con relación a su producto, y de la alienación con respecto al acto de la producción (o alienación de sí mismo), el trabajador se aliena también en referencia al ser genérico del que forma parte. Lo que significa que una persona está enajenada con respecto a otra y cada uno en relación con la especie humana8. Si el objeto y el proceso de trabajo, que se enfrentan al trabajador, son extraños es porque pertenecen a otra persona.
Marx afirma:
Así, pues, mediante el trabajo enajenado crea el trabajador la relación de este trabajo con una persona que está fuera del trabajo y le es extraña. La relación del trabajador con el trabajo engendra la relación de este con el del capitalista o como quiera llamarse al patrono del trabajo. La propiedad privada es, pues, el producto, el resultado, la consecuencia necesaria del trabajo enajenado, de la relación externa del trabajador con la naturaleza y consigo mismo. (Marx, 1984:116)
Por consiguiente, la propiedad privada es la resolución del trabajo enajenado y el medio por el cual se lleva a cabo el extrañamiento del trabajo. La propiedad privada (medios de producción) se convierte en una realidad abarcadora de las distintas relaciones que se dan en el proceso de enajenación: trabajador/trabajo, trabajador/no–trabajador, no–trabajador/trabajador, no–trabajador/trabajo del trabajador. En definitiva, si trabajo enajenado implica propiedad privada, la superación de aquel conllevará la desaparición de esta.
Leemos a Marx:
De la relación del trabajo enajenado con la propiedad privada se sigue, además, que la emancipación de la sociedad de la propiedad privada, etc., de la servidumbre, se expresa en la forma política de la emancipación de los trabajadores, no como si se tratase sólo de la emancipación de estos, sino porque su emancipación entraña la emancipación humana general; y esto es así porque toda la servidumbre humana está encerrada en la relación del trabajador con la producción, y todas las relaciones serviles son modificaciones y consecuencias de esta relación. (Marx,1984:117)
Encontramos aquí la afirmación de la posibilidad de la emancipación. De una «teoría de la desalienación», que exige, según Mandel, la existencia de una serie de requisitos previos:
La supresión de la producción de mercancías, la desaparición de la escasez económica, la supresión de la división social del trabajo a través de la desaparición de la propiedad privada de los medios de producción y de la eliminación de la separación entre trabajo manual e intelectual, entre productores y administradores. (MANDEL, 1978:40)
Es decir, para el marxismo, la categoría alienación del trabajo es una noción histórica transitoria, a diferencia del planteamiento hegeliano, que sostiene que responde a una noción antropológica (todo trabajo es alienación) y, por tanto, insuperable.
II. El proceso de trabajo
Marx expresa en el Libro I de El Capital que:
El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, un proceso en que el hombre media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. El hombre se enfrenta a la materia natural misma como un poder natural. Pone en movimiento las fuerzas naturales que pertenecen a su corporeidad, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de apoderarse de los materiales de la naturaleza bajo una forma útil para su propia vida. Al operar por medio de ese movimiento sobre la naturaleza exterior a él y transformarla, transforma a la vez su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitaban en ella y sujeta a su señorío el juego de fuerzas de la misma. (Marx,1978:215–216)
Para llevar a cabo esta transformación intencional de la naturaleza, la persona obrera necesita disponer de una finalidad, de un plan previo, a la que se subordina su voluntad. Hecho que le diferencia claramente de la actividad animal, que se reduce a respuestas instintivas.
El proceso laboral está constituido por una serie de elementos simples. A saber: la actividad orientada a un fin (o trabajo mismo), su objeto y sus medios. Por lo que se refiere al objeto, éste puede ser extraído directamente de la naturaleza, o bien contener una determinada cantidad de trabajo, en cuyo caso se denomina materia prima. El medio de trabajo, que representa un producto de trabajo anterior, es una cosa o complejo de cosas que es interpuesta entre el trabajador y el objeto de trabajo y que le sirve para encauzar su actividad sobre dicho objeto. La posibilidad de elaboración de medios de trabajo, de herramientas, y su uso posterior, constituye una característica específicamente humana. Tan importantes son los medios de trabajo para el conocimiento de la historia de nuestra especie que Marx llega a afirmar que:
Lo que diferencia unas épocas de otras no es lo que se hace, sino cómo, con qué medios de trabajo se hace. Los medios de trabajo no sólo son escalas graduadas que señalan el desarrollo alcanzado por la fuerza de trabajo humana, sino también indicadores de las relaciones sociales bajo las cuales se efectúa ese trabajo. (Marx, 1978:218)9
Acontece en el proceso de trabajo que la actividad humana, valiéndose del medio de trabajo, lleva a cabo una modificación del objeto de trabajo, la cual ha sido planeada previamente. Dará como resultado un producto que tiene un valor de uso, es decir, un material de la naturaleza, que ha recibido un cambio en su forma gracias a la objetivación en él de trabajo, que pretende la satisfacción de necesidades humanas10.
En el proceso de trabajo, como proceso en el que el capitalista lleva a cabo un consumo de la fuerza de trabajo, se observan dos fenómenos. Por un lado, que el obrero trabaja bajo el control del capitalista, este se apropia del trabajo de aquel; en segundo lugar, que el producto es propiedad del capitalista, en vez de serlo de su productor directo. Esta situación es posible a partir del hecho de que el capitalista ha comprado la mercancía fuerza de trabajo; que viene a unirse a otras mercancías que también ha adquirido (medios de producción), de la que hace uso libre durante el tiempo convenido, y de cuyos resultados de trabajo se adueña. Marx asevera al respecto:
Mediante la compra de la fuerza de trabajo, el capitalista ha incorporado la actividad misma, como fermento vivo, a los elementos muertos que componen el producto y que también le pertenecen. Desde su punto de vista el proceso laboral no es más que el consumo de la mercancía fuerza de trabajo, comprada por él, y a la que, sin embargo, sólo puede consumir si le adiciona medios de producción. El proceso de trabajo es un proceso entre cosas que el capitalista ha comprado, entre cosas que le pertenecen. De ahí que también le pertenezca el producto de ese proceso (...) El producto –propiedad del capitalista– es un valor de uso. (Marx, 1978:225)
Este marco será el que permita llevar a cabo el proceso de valorización del capital, el cual se presenta, como veremos, íntimamente ligado al proceso de trabajo.
El capitalista tiene necesidad no sólo de producir valores de uso, sino también valores de cambio, o sea, productos destinados a la venta. Requiere la producción de mercancías cuyo valor sea superior al resultado de sumar los valores de las mercancías requeridas para su producción, de los medios de producción y de la fuerza de trabajo empleada; es decir, pretende producir un valor que encierre una plusvalía. Veamos, por consiguiente, de qué procedimiento se sirve.
III. El proceso de valorización
El valor de toda mercancía está determinado por la cantidad de trabajo que encierra en su valor de uso, esto es, por el tiempo de trabajo socialmente necesario11. Los valores de los medios de producción forman parte constitutiva del valor del producto final (es así siempre y cuando hayan servido para la producción de un valor de uso y se emplee el tiempo de trabajo necesario con las condiciones sociales de producción dadas). Por otro lado, la fuerza de trabajo es una mercancía, y como tal contiene un determinado valor (fijado por el de los medios que le aseguren su subsistencia), es decir, supone un trabajo pretérito. Sin embargo, este es distinto al trabajo vivo (valor de uso) que puede desarrollar, hay una distancia entre uno y otro, la cual viene dada porque sus costos de mantenimiento son inferiores al rendimiento que genera. De lo que se concluye que la fuerza de trabajo, en su actividad productiva, deviene fuente de valor, crea plusvalía, que es la finalidad última del proceso de producción capitalista. Atendemos a la expresión de Marx:
La verdadera función específica del capital, en tanto que tal, es, pues, producir un plusvalor (...) esto no es nada más que producir plustrabajo y apropiarse, en el seno del proceso de producción real, de trabajo no pagado, el cual se presenta y materializa como plusvalor. (Marx,1997:9)
Intentaremos acercarnos con mayor detalle a lo que acabamos de exponer12.
Como hemos señalado, toda mercancía tiene un valor de uso y un valor de cambio. Uno y otro generan también un efecto sobre el proceso de producción. Observamos lo que sucede. Con respecto al primero, los valores de uso, al tener entrada en el proceso de trabajo dan lugar a dos elementos distintos y opuestos: de una parte, los medios materiales de producción (condiciones objetivas de la producción); por otra, la capacidad de trabajo (condición subjetiva). Esta capacidad, o fuerza de trabajo, convierte a los medios de producción en elementos materiales de su actividad, lleva a cabo una transformación del original valor de uso en una nueva forma del producto; se produce, por tanto, una metamorfosis de los valores de uso en el proceso de trabajo. En este proceso, los medios de producción participan como mercancías perfectamente determinadas (responden a la parte del capital definido como constante). Funcionan con las propiedades que caracterizan al valor de uso en cuestión, en tanto que la fuerza de trabajo lo hace como una magnitud fluida, en devenir (parte variable del capital).13
Por lo que respecta al efecto del valor de cambio sobre el proceso de producción, Marx señala que el valor de los medios de producción que entra en el proceso no debe ir más allá del indispensable. Debe ser consumido productivamente, lo que depende, en parte, de los obreros que participan del proceso de trabajo. Este hecho da pie al control y la vigilancia del capitalista, lo que significará la búsqueda de un ritmo regular y apropiado del trabajo (continuidad del mismo) y que los productos salgan del proceso de manera satisfactoria. Por lo que se refiere al elemento vivo del proceso de valorización, es necesario conservar el valor del capital variable; a través de su reemplazo o su reproducción, añadiendo a los medios de producción una cantidad de trabajo igual al salario, y generar un incremento de valor, que se materializa en el producto en una cantidad de trabajo que excede a la contenida en el salario. Este resultado es debido a que el valor del capital variable (a diferencia del constante) no entra en el proceso de valorización, ya que ha sido sustituido por la actividad del factor vivo.
La prolongación del trabajo más allá del tiempo necesario que permita al capitalista reemplazar el salario, y una intensidad del trabajo del obrero mayor de lo normal serán mecanismos utilizados por el capitalista para la obtención de la plusvalía en cuestión.
Al estudiar los factores objetivos, observamos que la participación de estos en el proceso de trabajo es distinta a la que tienen en el proceso de valorización. Si los medios de producción, que pertenecen al capitalista, son utilizados por el obrero en el proceso real de trabajo, sucederá lo contrario en el proceso de valorización: ahora el trabajo objetivado absorbe trabajo vivo, tanto como le sea posible. Atendemos a Marx:
En tanto que esfuerzo y gasto de fuerza vital, el trabajo es actividad personal del obrero, pero en tanto que crea valor, cuando está inscrito en el proceso de objetivización, el trabajo del obrero, tan pronto como ha entrado en el proceso de producción, es, él mismo, un modo de existencia del valor–capital, una parte integrante de este. Esta fuerza que conserva el valor, creando de nuevo, es, pues, la fuerza misma del capital, y su proceso aparece como proceso de autovalorización del capital, y, más aún, como pauperización del obrero, el cual es quien crea valor, pero valor extraño a él mismo. (Marx, 1997:25)
Nos reencontramos, pues, con el proceso de alienación en el trabajo que abordamos el apartado anterior, es decir: el obrero generando un valor y una plusvalía que no le pertenecen; unos medios de producción que devienen fuerzas autónomas, que se enfrentan al productor y absorben trabajo vivo; la personificación del capital en el capitalista y del trabajo en el obrero y la dominación de aquel sobre este.
Los dos procesos que aludimos forman una unidad inmediata, aun cuando el proceso de trabajo no sea más que el medio del proceso de valorización, que supone, como hemos señalado, producción de plusvalía, u objetivación de trabajo que no ha sido pagado. Es en el proceso de trabajo, dadas determinadas condiciones, donde el trabajo objetivado (medios de producción) se manifiesta como el elemento objetivo que permite la realización de trabajo vivo, la absorción del máximo de este, es decir, su autovalorización o metamorfosis en capital.14
Antes de pasar al análisis de la subsunción del trabajo al capital, nos resta acercarnos al conocimiento de los mecanismos de compra–venta de la fuerza de trabajo y ver cómo participa esta en el proceso de producción inmediato. Partimos del hecho de que la transformación del dinero en capital, por lo que a la mercancía capacidad de trabajo se refiere, se realiza en dos esferas: una corresponde al mercado de trabajo, que es donde se lleva a cabo la compra–venta de la fuerza de trabajo; la otra supone el proceso de producción, donde se consume la capacidad de trabajo. El primero de estos procesos, pues, introduce al segundo, y este consuma a aquel (hay una relación de reciprocidad entre ambos). El obrero aparece despojado de toda propiedad, no dispone de los medios de producción ni de los de subsistencia, uno y otro pertenecen al capital, por lo cual se le enfrentan. A este propósito nos dice Marx:
No es el obrero quien adquiere los medios de subsistencia y de producción, son los medios de subsistencia los que compran al obrero, a fin de incorporar su fuerza de trabajo a los medios de producción. (Marx, 1997:45)15
Sin embargo, dadas las características de variabilidad del factor fuerza de trabajo, el dinero invertido en la compra de esta, servirá para llevar a cabo el proceso de valorización; o lo que es lo mismo, el capitalista ha pagado por la fuerza de trabajo, por la capacidad, pero no por su uso, por su trabajo. La distinción entre fuerza de trabajo y trabajo mismo es fundamental, pues, para comprender la forma de funcionamiento de la producción capitalista.
Si nos situamos ahora en el proceso de producción inmediato, el capitalista consume la fuerza de trabajo del obrero, se apropia de trabajo vivo, y lo hace valiéndose de los medios de producción. Trabajo vivo que pretende superior al trabajo objetivado en el salario que recibe el obrero con destino a la obtención de los medios de subsistencia16. Se inicia, así, la subsunción, primero formal, después real, del trabajo en el capital. Al poseedor de los medios de producción, y comprador de la fuerza de trabajo, el proceso laboral sólo le interesa en cuanto le permite la valorización, e intentará poner en práctica cuantos dispositivos y mecanismos le supongan la consecución del plusvalor17. En definitiva, la personificación en el capitalista del trabajo objetivado que extrae trabajo vivo y de este en el obrero, implica una división antagónica de los elementos del proceso de producción, aun cuando uno y otro formen parte del mismo. Oposición que reaparece en nuevas relaciones de compra–venta de la fuerza de trabajo.
IV. La subsunción del trabajo al capital
Cuando el capitalista entra como dirigente y jefe del proceso de producción se opera un cambio muy significativo: el trabajo queda subordinado al capital. Ahora el capitalista intenta que el trabajo se desarrolle con un grado normal de calidad e intensidad, para lo cual prolonga, tanto como le sea posible, la duración del proceso laboral, aumentando también en proporción el plusvalor que se produce. Esta subsunción del trabajo al capital es, en un principio, formal, ya que los cambios operados no afectan inicialmente al contenido y al conjunto de procedimientos de orden técnico del proceso de trabajo y de producción, por lo que la plusvalía obtenida será absoluta y no relativa18. Leemos a Marx:
Llamo subsunción formal del trabajo al capital a la forma que reposa en el plusvalor absoluto, porque no se distingue más que formalmente de los modos de producción anteriores, sobre la base de los cuales surge espontáneamente (o es introducida), ya sea cuando el productor inmediato continúa siendo su propio patrono, ya sea cuando debe proporcionar plustrabajo a otros. Todo lo que cambia, es la coacción ejercida o método empleado para extocar el plustrabajo. (Marx, 1997:73)
En esta subsunción formal es fundamental: 1) que la relación entre la persona que proporciona el plustrabajo y la que se lo apropia sea puramente monetaria (intercambio de salario por tiempo de trabajo); y 2) que las condiciones objetivas y subjetivas del trabajo se enfrentan como capital al obrero, siendo monopolizadas por el comprador de la fuerza de trabajo. Es decir, la subordinación formal será posible a partir de la existencia de un determinado volumen de medios de producción avanzados y de un alto número de obreros que están bajo las órdenes de un mismo empresario; esta ampliación de escala constituye la base a partir de la cual emerge el modo de producción capitalista.
Igualmente, como otras notas que caracterizan esta fase histórica del desarrollo económico de la producción capitalista, señalamos: que en su inicio no se asiste a una innovación en el modo de producción, que en el proceso de producción se desarrolla una relación económica de dominación y subordinación, que se da una gran continuidad e intensidad creciente del trabajo y una mayor economía en el empleo de condiciones de trabajo, y que esta naciente relación de producción propicia un nuevo sistema de dominación y de subordinación, que se manifiesta bajo una forma política.
La subsunción real del trabajo al capital es el modo de producción específicamente capitalista. Ella es posible a partir de la generación de la plusvalía relativa, la cual es resultado del desarrollo de las fuerzas productivas; que se socializan, debido a la cooperación, la división del trabajo y el maquinismo, así como a los diversos cambios que se operan en el proceso de producción a partir del uso de distintas ciencias. Este conjunto de transformaciones se presenta como fuerza productiva del capital, y no como fuerza productiva del trabajo (Marx, 1997:71–72). La subsunción real es una nueva fase del capitalismo no sólo tecnológicamente, sino también en cuanto a la naturaleza y condiciones reales de trabajo; se desarrolla en todas las formas que producen plusvalor relativo; se acompaña de una revolución constante del modo de producción, de la productividad y de las relaciones entre capitalistas y obreros; supone la pérdida de características individuales del capital por el aumento del valor y de las dimensiones; y abre continuamente nuevas ramas de la industria, debido a la productividad del trabajo, la masa de producción, de población y de sobrepoblación. Atendiendo a las palabras de Andrés Bilbao, con la subsunción real se efectúa una transformación radical en el mismo modo de producción, que se transforma en el principio que uniformiza la organización de las relaciones sociales. La producción por la producción es el síntoma de esta nueva situación, en la que el proceso industrial no está circunscrito a la fábrica, sino que permea la totalidad de las relaciones sociales. (Bilbao, 1999:20)
V. Consideraciones finales
Las diversas formas de las relaciones de producción y de las relaciones sociales han propiciado una concreción diferente del trabajo en el devenir histórico. Así, en el modelo capitalista es el trabajo asalariado el que adquiere centralidad, quedando relegadas a un papel secundario otras formas de trabajo que se orientan a la reproducción, como es el trabajo doméstico.19
La teoría marxista sobre el trabajo es un buen marco interpretativo para entender el significado del trabajo en el modo de producción capitalista. El concepto de trabajo enajenado, desarrollado por Marx en Manuscritos: economía y filosofía; el análisis del proceso de trabajo y del proceso de valorización, expuesto en El Capital; y el estudio de la subsunción del trabajo al capital, tratada en El Capital. Libro I. Sexto Capítulo (inédito), nos proporcionan claves para conocer con profundidad la realidad del trabajo en la actualidad, y no sólo del momento histórico en el que fueron redactadas dichas obras.
Del recorrido efectuado concluimos que el capital necesita de la plusvalía para su valorización. El trabajo asalariado es fundamental en este proceso, sin este aquel no tiene sentido. El capital, en su dinámica acumulativa, por tanto, necesita del factor trabajo. No obstante, se produce una contradicción, ya que el capital, a su vez realiza una labor de destrucción del mismo, llevada a cabo fundamentalmente por medio de la modificación permanente de la organización del trabajo y de la introducción de nuevas tecnologías.
La progresiva destrucción de puestos de trabajo ha propiciado el debate sobre la centralidad del trabajo en la actualidad. Por parte de una serie de autores se postula el fin del trabajo y la inauguración de una época en la que el tiempo de ocio desplaza al tiempo de actividad productiva asalariada. Sin embargo, como hemos visto, el trabajo es un factor imprescindible en el proceso de valorización del capital, por lo que se hace insostenible aseverar el final del trabajo asalariado mientras subsista el modo de producción capitalista.
Notas :
1. Fueron publicados por primera vez en 1932.
2. «Sin embargo [continúa Ferrater Mora], los Grundrisse pueden interpretarse, a su vez, de varios modos, y entre ellos de dos: como lazo de unión entre los supuestos ‘dos Marx’ o como un núcleo maduro del pensamiento de Marx, que apunta a varias direcciones, entre ellas a las del ‘primer Marx’ o ‘Marx filósofo’ y del ‘Marx posterior’ o ‘Marx científico’» (1991:2120).
3. Este concepto, que Marx elabora a partir de la crítica del sostenido por Hegel, para quien las necesidades humanas siempre están por delante de las posibilidades de satisfacción, y todo objeto resultado de nuestro trabajo se separa de nosotros, será una de las piezas angulares del debate sobre si existió una ruptura o no en el pensamiento de Marx. Louis Althusser (1973), por ejemplo, sostiene que la teoría de la alienación no aparece en un desarrollo posterior de la obra de Marx, lo que le quitaría validez como interpretación crítica de la objetividad económica. Por su parte, Ernest Mandel (1978) entiende que los Grundrisse, que fueron desconocidos hasta los años cuarenta, sí contienen numerosas referencias a dicho concepto, y que la obra de Marx supone una teoría de la alienación, aun cuando esta expresión aparezca formulada en otros términos: reificación, fetichismo.
4. Dos obras de dimensiones más reducidas del propio Marx, Trabajo asalariado y capital, de 1847, y Salario, precio y ganancia, de 1865, nos serán de utilidad en este recorrido.
5. Recordamos la etimología de la palabra trabajar, la cual proviene del latín tripaliare (torturar), y tripalium (instrumento de tortura).
6. La teoría neoclásica sobre los mercados de trabajo considera que el trabajo carece de finalidad en sí misma para el trabajador. Esto plantea la problemática de la disyuntiva tiempo de ocio/renta derivada del tiempo de trabajo en la decisión del trabajador, y la resolución que se busca desde medidas restrictivas en materia de protección social.
7. En el siguiente punto, tendremos la oportunidad de desarrollar esta dimensión de alienación del proceso de trabajo y del proceso de producción.
8. Una lectura que hacemos, por derivación, de la teoría de la alienación de Marx: el hecho de que el obrero, en tanto que productor de medios de producción que absorberán trabajo vivo de otros trabajadores en futuros procesos de trabajo y, por otra parte, que a través de su actividad aumente el dinero inicial puesto en circulación con vistas al proceso de valorización mismo, que será más capital disponible para nuevos procesos, implica que el trabajo asalariado del presente supone la posibilidad de otros ciclos de alienación, que se materializarán en otros obreros (el propio obrero «contribuyendo» a la alienación de otros obreros).
9. Al considerar el proceso laboral en un sentido amplio, tenemos que señalar que dentro de los medios de trabajo hay que incluir las condiciones objetivas de trabajo, es decir, medios que han sido mediados por el trabajo, como locales, carreteras, canales, etc.
10. Los productos pueden ser, además de resultado de procesos de trabajo, condición de otros procesos laborales, con lo que se convierten en medios de producción o factores objetivados del trabajo vivo. Es decir, existe una variabilidad de aparición del valor de uso: materia prima, medio de trabajo o producto que satisface una necesidad determinada.
11. «El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad del trabajo». (Marx, 1978:48)
12. En el desarrollo de estas cuestiones nos apoyamos especialmente en El Capital. Libro I. Sexto Capítulo (inédito). Resultados del proceso de producción inmediato, de Marx.
13. En el capítulo VI: «Capital constante y capital variable», según la edición de Siglo XXI, Marx afirma:
La parte del capital, pues, que se transforma en medios de producción, esto es, en materia prima, materiales auxiliares y medios de trabajo, no modifica su magnitud de valor en el proceso de producción. Por eso la denomino parte constante del capital o, con más concisión, capital constante.
Por el contrario, la parte del capital convertida en fuerza de trabajo cambia su valor en el proceso de producción. Reproduce su propio equivalente y un excedente por encima del mismo, el plusvalor, que a su ve puede variar, ser mayor o menor. Esta parte del capital se convierte continuamente de magnitud constante en variable. Por eso la denomino parte variable del capital, o, con más brevedad, capital variable. (Marx, 1978:252)
14. El proceso de producción capitalista, que como decimos es unidad del proceso de trabajo y del proceso de valorización, se inicia con la conversión de dinero en mercancía, es decir, con la compra de capacidad de trabajo y de objetos. Por consiguiente, al capitalista le pertenece el conjunto del proceso de trabajo. La materia y el medio de trabajo no son capitales por naturaleza, devendrán capital en tanto en cuanto que el trabajador, factor esencial del proceso de trabajo, con su actividad, contribuya a su valorización.
15. Tenemos que señalar que Marx considera que los medios de subsistencia no son elementos materiales inherentes al proceso de producción inmediato del capital (Marx, 1997:45–46).
16. De ahí que Marx exprese que:
El trabajo asalariado es la condición necesaria de la formación del capital y sigue siendo siempre la premisa necesaria de la producción capitalista» (Marx, 1997:48).
17. En este empeño, le es indiferente la rama productiva, intentará superar los obstáculos que se presenten en su propósito de movilidad del capital, y exigirá una mayor fluidez de la fuerza de trabajo:
Cuanto más desarrollada está la producción capitalista de un país, mayor es la movilidad exigida a la capacidad de trabajo. Cuanto más indiferente es el obrero, al contenido particular de su trabajo, más fluida e intensa es la inmigración del capital de una rama de producción a otra. (Marx, 1997:57)
Consideramos que sería de interés explorar las relaciones entre descualificación de la fuerza de trabajo y movilidad de la misma.
18. En el Capítulo X, «Concepto de plusvalía relativa», del Libro I de El Capital, encontramos la siguiente distinción:
La plusvalía producida mediante la prolongación de la jornada de trabajo, la llamo plusvalía absoluta; en cambio, la plusvalía obtenida de la reducción del tiempo de trabajo necesario y de la correspondiente modificación en la proporción de los dos componentes de la jornada laboral, la llamo plusvalía relativa. (Marx, 2000:9)
En el mismo Libro I, pero ahora en el Capítulo XIV, «Plusvalía absoluta y relativa», tenemos la oportunidad de una nueva diferenciación:
La prolongación de la jornada de trabajo más allá del punto en que el obrero se limita a producir el equivalente del valor de su fuerza de trabajo y la apropiación de este plustrabajo por el capital, eso es producción de plusvalía absoluta. Constituye la base general del sistema capitalista y el punto de partida de la producción de plusvalía relativa. En esta, la jornada de trabajo está dividida desde un principio en dos segmentos: trabajo necesario y trabajo adicional. Para prolongar el trabajo adicional hay que reducir el trabajo necesario con métodos mediante los cuales se produce en menos tiempo el equivalente del salario. La producción de la plusvalía absoluta gira tan sólo en torno a la duración de la jornada de trabajo; la producción de la plusvalía relativa revoluciona profundamente los procesos técnicos del trabajo y las agrupaciones sociales. (Marx, 2000:257)
19. Cristina Carrasco Bengoa ha realizado diversos e interesantes estudios desde la perspectiva feminista sobre el trabajo doméstico. Pueden consultarse, entre otros: Carrasco Bengoa, Cristina (1999): «Introducción: hacia una economía feminista», En Carrasco Bengoa, Cristina (ed.): Mujeres y Economía, Barcelona: Icaria, p.11–55; Carrasco Bengoa, Cristina (1999): «Trabajos y cuidados: hacia una reorganización social del tiempo y el trabajo», Revista de servicios sociales y política social, número 45, págs. 61–84; Carrasco Bengoa, Cristina (2003): «La sostenibilidad de la vida humana: ¿un asunto de mujeres?», Utopías, nuestra bandera: revista de debate político, número 195, págs. 151–173; Carrasco Bengoa, Cristina (2006): «La paradoja del cuidado: necesario pero invisible», Revista de Economía Crítica, número 5, págs. 39–64.
Bibliografía :
Althusser, L. y Balibar, E.
1973: Para leer El capital, México: Siglo XXI.
Bilbao, A.
1999: Modelos económicos y configuración de las relaciones industriales. Madrid: Talasa.
Ferrater Mora, J.
1991: Diccionario de filosofía, Barcelona: Círculo de Lectores, 4 volúmenes.
Mandel, E.
1978: Alienación y emancipación del proletariado. Barcelona: Fontamara.
Marx, K.
1968 a: Salario, precio y ganancia, Madrid: Ricardo Aguilera.
1968 b: Trabajo asalariado y capital, Madrid: Ricardo Aguilera.
1970): El Capital. Crítica de la Economía Política, Madrid: EDAF.
1978: El Capital. Crítica de la Economía Política. Libro Primero. El Proceso de Producción del Capital, I, Madrid: Siglo XXI.
1984 (11ª ed.): Manuscritos: economía y filosofía, Madrid: Alianza Editorial.
1997: El Capital. Libro I. Sexto Capítulo (inédito). Resultados del proceso de producción inmediato, Barcelona: Ediciones Curso.
2000: El Capital. Crítica de la Economía Política. Madrid: Akal.
Marx, K. y Engels, F.
1986: Obras Escogidas, Moscú: Editorial Progreso, 3 Tomos.
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Apuntes sobre la teoría del trabajo asalariado en Marx | 14-07-2009 - 06:58:39 GMT 1 #
La ofensiva semiótica burguesa incluso con bases militares
Muchos medios, un sentido
Fernando Buen Abad Domínguez
Fundación Federico Engels/Universidad de la Filosofía
La ideología de la clase dominante es la ideología predominante en la producción simbólica.
Ni siquiera la acumulación irracional de medios es tan peligrosa como la acumulación burguesa de los signos. Desde que el capitalismo instauró su modo de producción simbólica, e impuso la “propiedad privada” de los signos, inyectó su patología de clase en los universos de las ideas y de las costumbres. En Latinoamérica los logros del latifundismo semiótico capitalista siguen usándose como expresión del caciquismo mass media, que son parte de la estructura de poder necesaria a los empresarios, banqueros y terratenientes asociados con las mafias burocráticas. Si los signos de la clase dominante son los signos dominantes en una época entonces la mentalidad burguesa, vuelta ofensiva semiótica, es el opio del pueblo. Peor, aun, si sus fuentes tácticas se asientan en intereses y tácticas de belicismo rentable. En ésta ensalada monstruosa, fabricante de tóxicos alienantes y secuestros semióticos, nunca ha faltado el ingrediente servil de las cúpulas de Iglesia Católica dispuestas, de manera voluntarista, a servir como garante del latifundismo semiótico para la explotación extrema de la clase trabajadora. Su signo más rentable es el signo de la cruz que bendice el saqueo de la riqueza natural, el hurto de la riqueza de la mano de obra y el sometimiento de la riqueza de la conciencia, de la imaginación y de la creatividad. El signo de la cruz comprado por el signo del dinero. Ninguno de los monopolios, o “latifundios mediáticos”, que reinan a sus anchas la impunidad de su clase, tendrían valor estratégico de púlpito burgués si no hubiesen convertido su valor semiótico en un valor de cambio.
El carácter opiáceo de los mass media burgueses y el daño psicosocial
No desvincular la Semiótica de la Filosofía. La lucha contra los latifundios semióticos reclama una Semiótica de combate capaz de transparentar y desmontar, a la vista de los pueblos, (y al lado de ellos) las matrices ideológicas de la ofensiva burguesa y su propagandística mercantil disfrazada de “publicidad”. La lucha debe ser capaz de impulsar una guerra abierta –cueste lo que cueste- contra los valores burgueses infiltrados en la vida misma con ética y la estética capitalista que fabrica en lo cotidiano, con obscenidad voluptuosa, ídolos mercantiles, modelos alienantes, mansedumbre por miedo y deshumanización aguda.
La lucha contra los latifundios semióticos, es decir la lucha de una semiótica socialista para la transformación y no sólo para la explicación, debe evidenciar, denunciar e inmovilizar hasta los movimientos tácticos y estratégicos más sutiles de la “Guerra de IV Generación”. Debe identificar los movimientos subyacentes y los movimientos evidentes... debe echar luz sobre las sombras sintácticas donde se esconden los arsenales semánticos burgueses... en las casas, en las escuelas, en las oficinas, en las iglesias... en las camas, en las sobremesas, en los hábitos y en las costumbres, en las tradiciones y en las instituciones... impuestas por los poderosos para que les compremos todas sus mercancías y sus modos de vida y nos sintamos beneficiados y agradecidos eternamente.
La lucha contra los latifundios semióticos requiere de la Crítica Semiótica científica contra la cultura burguesa y para eso es necesario organizar las armas de esa crítica y la crítica de esas armas no sólo para “analizar” sino para transformar el desorden comunicacional reinante en una revolución comunicacional y cultural del Hombre Nuevo. Sin reverencias dogmáticas con los “especialistas” y sin despreciar sus mejores aportes.
Para triunfar en un combate tan asimétrico (por ahora) se requieren cuadros y batallones de científicos formados (y sobre todo) formando una semiótica emancipada, ella misma, de la palabrería oscurantista que la inutiliza. Emancipada de las pedanterías academicistas. Emancipada de su servidumbre de clase a los pies del reino de la publicidad que la financia. Emancipada de los estereotipos ideológicos del “empirismo” y del “criticismo”.... del positivismo a la gringa, del estructuralismo de sectas, del funcionalismo de farándula... necesitamos una Semiótica contra la alienación capitalista, Semiótica de combate, y capaz de construir el socialismo.
¿La jerga semiológica es una payasada o es un escondite o es un fracaso, o qué es? Será trabajo de esos batallones de combatientes semióticos, con mucha más creatividad, recursos y tiempo, el que logre generar nuestra Semiótica nueva sin jergas terminológicas inexpugnables, sin oscurantismo ilustrado... para lograr convertirla el herramienta de construcción sobre el escenario mundial de la “Guerra de IV Generación” , del Terrorismo Mediático y de la revolución simbólica permanente. Aprovechar la fortaleza de la Semiótica atada a la Filosofía emancipadora siempre, para explorar de manera rigurosa, socialista y científica, la denotación y la connotación; el mensaje y el texto; lo referido y lo referente... para aportar líneas de acción en la revolución cultural que la humanidad prepara históricamente.
El oscuro significado del significado militarista
Contra el latifundismo semiótico nosotros requerimos batallones de semiólogos en plena acción ¡YA!. No arropados en burocracias de élite universitaria, no arropados en investigaciones decorativas, no en brazos del Morfeo de las becas o de los premios. Se los requiere en las calles, en los sindicatos, al lado de la clase trabajadora. Sobre todo, necesitamos un movimiento popular, campesino y obrero, capaz de convertirse en batallón de Semiótica Revolucionaria animada al calor de la revolución socialista mundial y permanente.
Hoy lo concreto, y urgente, es comprender el significado criminal, y todas sus formas simbólicas, de la militarización capitalista mundial (y la Guerra de IV Generación) que el imperio ha desatado contra todos los pueblos. En especial contra los pueblos democráticos de América Latina y en especial contra Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia... Honduras, Nicaragua, Argentina... Es de extrema importancia encender todas las alarmas. La ofensiva semiótica ha comenzado en los labios de las señoritas y los señoritos que leen noticias desde CNN con el consenso del Pentágono y de Miami. La ofensiva semiótica avanza enmascarada en las bocas de los lebreles llamados “periodistas”, entre ellos los desmañanados y los trasnochados. La ofensiva avanza en las escuelas de formación militar y en las de formación bancaria. En el odio contra los trabajadores acunado por los terratenientes que ya se preparan, de nuevo y de la mano de los industriales, ensayando tácticas y ofensivas de propaganda amedrentadora. Ellos se reúnen estratégicamente, ellos firman, a la sombra y a peno sol, acuerdos, apoyos, créditos y subvenciones para mercenarios, paramilitares y soldados regulares especializados en su semiótica de lo macabro. Ya se anuncian en Colombia los vientos de una ofensiva que adelanta sus piezas mass media contra el espíritu socialista que recorre el mundo. Ellos ajustan sus líneas y reordenan sus ofensivas. Está claro, clarísimo. ¿Y nosotros?
La ofensiva semiótica burguesa incluso con bases militares | 21-08-2009 - 12:41:26 GMT 1 #
Una deuda agobiante
Pablo Kummetz
Casi todos los gobiernos europeos invierten para hacer frente a la crisis financiera y económica. La otra cara de la medalla: la deuda pública aumenta irrefrenablemente.
Un suspiro de alivio recorre Europa. Los políticos registran con satisfacción que las economías del continente se están recuperando. Esas perspectivas le quitan a la actual crisis algo de su dramatismo.
En 2009, el producto interno bruto (PIB) de la Unión Europea disminuirá casi un cuatro por ciento. Pero el tobogán va nuevamente hacia arriba: para el 2010 se cuenta ya con un crecimiento económico de alrededor del uno por ciento.
Bildunterschrift: La política financiera y monetaria de los gobiernos de la UE mucho ha contribuido a que en la mayoría de los países la crisis no pasara a mayores. Los bancos centrales apoyaron al tambaleante sector financiero con ayudas y garantías. Algunos gobiernos no vacilaron en nacionalizar incluso bancos transitoriamente para evitar un colapso del sistema en su conjunto. Bajas tasas de interés, “dinero barato”, estimulan la inversión y el consumo.
Por su parte, la política financiera recurrió a todos los registros para apoyar la coyuntura económica a través del gasto público. Vastos programas de inversión pública –en Alemania por ejemplo en la educación, la infraestructura de transporte y la comunicación de banda ancha– han oxigenado a la economía y evitado el desbarrancado de muchas empresas.
Los mecanismos de apoyo del Estado alemán a los empleados y obreros que debido a la crisis trabajan en horario reducido ayudaron a que las empresas pudieran mantener su plantilla casi sin despidos. Una inteligente política, que permite reaccionar rápidamente a un aumento de la demanda. Ello se refleja en la estadística de desempleo: en octubre, el número de desempleados descendió en algo más de 100.000 en lugar de aumentar, como podía temerse.
La Comisión Europea no puede tomar medidas
Pero las consecuencias para el erario público son insoslayables. Los apoyos del Estado se reflejan en el estado de las cuentas públicas. Los generosos programas y la reducción de la recaudación impositiva debido a la crisis han empujado al erario al abismo de las deudas. El déficit estatal en Francia, por ejemplo, alcanzará este año entre un 6,5 y un 7 por ciento; en España, más del 8 por ciento y en el Reino Unido incluso a más del 12 por ciento.
A pesar de ese endeudamiento nuevo, la Comisión Europea no tomará medidas, aún cuando el Tratado de Maastricht permite un déficit de sólo el 3 por ciento del PIB. La razón es sencilla: los estatutos de la UE prevén una excepción para la política presupuestaria cuando el PIB disminuye un año en más del 2,5 por ciento. En ese caso, el erario puede registrar un déficit mayor al 3 por ciento, sin que la UE inicie un procedimiento de penalización contra los Estados.
Debido a la nueva deuda causada por la crisis ha crecido paralelamente el cúmulo de deudas existentes ya desde antes en la mayoría de los países de la UE. En el 2010, el estado de la deuda pública en la UE alcanzará casi el 90 por ciento del PIB total. La cifra es dramática: en el 2005, el endeudamiento total era del 77 por ciento.
De acuerdo con el Tratado de Maastricht, la deuda total sólo puede ascender al 60 por ciento del PIB. Muchos países, como por ejemplo España y Gran Bretaña, que en el 2005 aún se movían dentro del corredor comunitario, están ahora completamente desbocados. El año próximo, la mayoría de los países europeos estarán lejos de presentar un presupuesto ordenado. Sólo Luxemburgo, Finlandia y Eslovaquia pertenecen al exclusivo círculo de los países que en el 2010 permanecerán por debajo de la cifra mágica del 60 por ciento.
Deudas mayores que el PIB de todo un año
Catastrófica es, por el contrario, la situación en Bélgica, Grecia e Italia, que desde hace años originan gran preocupación en la UE. En los tres países, la deuda total sobrepasa ya el 100 por ciento del PIB, es decir, las deudas asumidas en el pasado son mayores que el total del producto interno bruto de un año.
Grecia cuenta con una ligera recuperación en los próximos tiempos. Pero los helenos han manipulado en el pasado las cifras de su presupuesto, por lo que ahora también se tienen dudas en cuanto a la veracidad de ese pronóstico optimista. En Italia, las cosas están más claras: la deuda pública total italiana desde 2005 hasta ahora ha aumentado en más de un 7 por ciento, llegando al 127,3 por ciento.
Tampoco Alemania es un alumno modelo en cuanto a deuda pública. Ya en 2005, es decir mucho antes de la crisis financiera y económica, la deuda germana estaba, con un 71,1 por ciento, por encima del máximo autorizado por Maastricht. Y hasta el 2010 aumentará, de acuerdo con cálculos de la OCED, en otro 13 por ciento.
Pero eso no es todo. El endeudamiento público tiene en Alemania, como en la mayoría de los otros países de la UE, otra nefasta consecuencia: el aumento de los pagos por intereses. Alemania pagará en 2010 aproximadamente un 3 por ciento del PIB –más de 72.000 millones de euros– por concepto de intereses. Son 9.600 millones de euros más que en 2005.
Italia, Gran Bretaña y Francia: los más endeudados
Tampoco en el resto de Europa las cosas van mejor. Italia pagará 9.000 millones de euros más y Gran Bretaña incluso 11.000 millones de euros más. Y eso no es nada comparado con Francia: el Estado galo deberá pagar el año próximo unos 15.000 millones de euros más que en el 2005 por intereses de deuda.
Que ello no puede seguir así es evidente. La cuestión es ahora qué medidas tomarán cada uno de los países para reducir la presión de las deudas. Fundamentalmente se ofrecen dos posibilidades: un aumento de los impuestos, para aumentar la recaudación, o un riguroso plan de recorte de gastos. La ventaja del primer recurso es que, de aumentarse por ejemplo el IVA, la carga se reparte entre toda la población. El problema en ese caso es que se verán afectadas más gravemente sobre todo las capas de población de menos recursos. Un recorte de gastos, según cómo se lleve a cabo, puede afectar a determinados sectores más que a otros, pero se evitaría probablemente los efectos masivos indiscriminados.
Una tercera opción ofrecen los partidarios del liberalismo económico: aunque parezca paradójico, postulan una reducción de impuestos para aumentar la recaudación. El mecanismo: una disminución de la carga impositiva da impulsos a la actividad económica, lo que a su vez redunda en un aumento del producto y por ende de la recaudación. Esa vía ya fue intentada por Ronald Reagan durante su Gobierno. La consecuencia fue un enorme déficit presupuestario. La apuesta no está por lo tanto exenta de riesgos. Pero de lo que no queda duda es que por alguna opción se deberán decidir los Gobiernos no bien la actual crisis comience a perder virulencia.
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Argelaguer, Sales de Llierca, Sant Jaume de Llierca, Montagut i Oix, Tortellà, Les Planes d'Hostoles, Sant Feliu de Pallerols, Sant Aniol de Finestres, Besalú, Beuda, Maià de Montcal, Sant Ferriol, Olot, Castellfollit de la Roca, Les Preses, Riudaura, Sant Joan les Fonts, La Vall de Bianya, La Vall d´en Bas, Mieres, Santa Pau Garrotxa Girona Lleida Tarragona Barcelona Catalunya Espanya Lejarza PrincesaLetizia
Una deuda agobiante | 11-11-2009 - 09:30:45 GMT 1 #