El globo financiero
El globo financiero.-Para entender las razones de fondo de esta debacle que ha destrozado los mitos burgueses, hay que recurrir a la teoría marxista de la crisis en la que interaccionan cuatro desencadenantes: uno, la caída de los beneficios empresariales, especialmente en la industria o “sector I”; dos, y como efecto de lo anterior, la sobreacumulación de capitales que no se invierten en la industria porque no rinde los suficientes beneficios, y que por tanto buscan otros espacios en los que recuperarse, especialmente en el “sector II”, o el de producción de bienes de consumo, y en los servicios, que van creciendo para intentar desatascar los tapones que aparecen cada vez más por todas partes; tres y como efecto de lo anterior, aumenta la desproporción entre este sector de producción de bienes de producción, y el sector de consumo o “sector II”, ya que éste segundo empieza por un tiempo a producir grandes beneficios que sin embargo no pueden volver a la industrial, al “sector I”, por su baja rentabilidad, con lo que han de buscar otra salida, que no es sino el globo financiero del Ibex-35; y, cuarto, y como efecto de lo anterior se empiezan a restringir los salarios, a comprar menos máquinas, a expulsar trabajadores, lo que determina la caída del consumo de masas, el aumento de las mercancías sin vender, el aumento de la morosidad y de las deudas, acelerándose la espiral de nuevos cierres de empresas, de más despidos masivos con el subsiguiente desplome del consumo de masas, etc. Marx ya criticó esas alternativas destinadas a revertir la tendencia a la caída de las ganancias, pero ahora sólo podemos centrarnos en dos grandes métodos: uno es el de la financierización, que si bien empieza ayudando con préstamos y fianzas a la industria y al consumo, conforme se agudiza la crisis deriva rápidamente hacia la ingeniería financiera, trampas especulativas y de altísimo riesgo, bonos basura, acciones infectadas, etc., que absorben los excedentes de capital y se lanzan a la “economía de casino”, de “la ruleta rusa”, un globo financiero que como el inmobiliario siempre termina estallando. La financierización ha creado capital ficticio, “dinero electrónico”, que no existe en la realidad pese a que aparentaba sostener unas ganancias ficticias que tampoco existían. El otro método es el de la militarización, el “keynesianismo militar”, una nueva rama de producción que fabrica medios de destrucción, mercancías cuyo valor de uso es aterrorizar, matar y devastar, o sea, el “sector III”, y que va muy unido al poder incontrolable del capital financiero-industrial controlador de la tecnociencia y de buena parte de la “economía sumergida” mediante sus ramificaciones con el tráfico de armas y el narcocapitalismo. Pero la “economía de papel” no podía durar mucho tiempo y al final, como al jugador a la ruleta rusa, el percutor ha dado en el cartucho disparando la crisis. (Vall del Llierca) El sistema capitalista en crisis: Inflación Estructural
Dependiendo de países, circunstancias e historias particulares, una de estas causas impacta más que las otras en cada situación, pero las cuatro terminan confluyendo bajo la presión a largo plazo de la primera, la ley tendencial de la caída de la tasa media de ganancia. Esta realidad ha sido confirmada por la historia capitalista siempre que es analizada a medio largo plazo, y sin las obnubilaciones ideológicas y trampas contables creadas para negar la explotación asalariada y la corrección científico-critica de la teoría de la plusvalía. Más aún, conforme la burguesía empezó a intuir con desazón y angustia que realmente existía una tendencia a la baja en el beneficio, comenzó a buscar sustitutos que le permitieran obtener beneficios por otro lado, además de endurecer la explotación social en la medida de lo posible.

Meneame
del.icio.us



Socialisme per a rics i capitalisme per a pobres,per RAMON PUIGMARTÍ. BLANES (SELVA):
L'Estat avala les entitats bancàries amb 100.000 milions d'euros, el mateix dia que el Santander anuncia la compra de l'americà Sovering. L'Estat, és a dir, vostè, jo i qualsevol treballador o contribuent amb el nostre treball i impostos avalem els bancs. Per als pobres: capitalisme, desregulació laboral, deslocalització, salaris cada cop més baixos. Per als rics, privatització de beneficis i socialització de pèrdues... Benvinguts al capitalisme per als pobres i socialisme per als rics...
Socialisme per a rics i capitalisme per a pobres | 17-10-2008 - 08:18:34 GMT 1 #
El capitalismo se acaba, por Antoine Reverchon : Firmante del manifiesto del Foro Social de Porto Alegre (“Doce propuestas para otro mundo posible”), en 2005, usted es considerado como uno de los inspiradores del movimiento altermundialista. Usted fundó y dirigió el Centro Fernand-Braudel para el estudio de la economía de los sistemas históricos y de las civilizaciones de la Universidad del Estado de Nueva York, en Binghamton. ¿Cómo sitúa la crisis económica y financiera actual en el “tiempo largo” de la historia del capitalismo”?
Immanuel Wallerstein: Fernand Braudel (1902-1985) distinguía el tiempo de “larga duración”, que ve la sucesión en la historia humana de sistema que rigen las relaciones del hombre con su entorno material, y, al interior de esas fases, del tiempo de los ciclos más coyunturales, descritos por economistas como Nicolas Kondratieff (1982-1930) o Joseph Schumpeter (1883-1950). Actualmente estamos evidentemente en una fase B de un ciclo de Kondratieff que ha comenzado entre hace treinta y treinta y cinco años, después de una fase A que ha sido la más larga (de 1945 a 1975) de los quinientos años de historia del sistema capitalista.
En una fase A, el beneficio es generado por la producción material, industrial u otra; en una fase B, el capitalismo debe, para seguir generando beneficios, refinanciarse y refugiarse en la especulación. Desde hace más de treinta años, las empresas, los Estados y las economías familiares se endeudan, de modo masivo. Actualmente estamos en la última parte de una fase B de Kondratieff, cuando la decadencia virtual se hace real, y las burbujas revientan las unas tras las otras: las bancarrotas se multiplican, la concentración del capital aumenta, la desocupación progresa, y la economía conoce una situación real de deflación.
Pero, hoy en día, ese momento de ciclo coyuntural coincide con, y por consecuencia agrava, un período de transición entre dos sistemas de larga duración. Pienso en efecto que hemos entrado después de treinta años en la fase terminal del sistema capital. Lo que diferencia fundamentalmente esa fase de la sucesión ininterrumpida de los ciclos coyunturales anteriores, es que el capitalismo ya no llega a “hacer sistema”, en el sentido en el que lo entiende el físico y químico Ilya Prigogine (1917-2003): cuando un sistema, biológico, químico o social, se desvía demasiado y demasiado a menudo de su situación de estabilidad, ya no llega a encontrar el equilibrio, y se asiste entonces a una bifurcación.
La situación se hace caótica, incontrolable por las fuerzas que la han dominado hasta ese momento, y se ve aparecer una lucha, y no entre los poseedores y adversarios del sistema, sino entre todos los actores, para determinar lo que lo va a reemplazar. Reservo el uso de la palabra “crisis” a ese tipo de período. Ahora bien, estamos en crisis. El capitalismo se acaba.
¿Por qué no se trataría más bien de una nueva mutación del capitalismo, que ya ha conocido, después de todo, el paso del capitalismo mercantil al capitalismo industrial, después del capitalismo industrial al capitalismo financiero?
El capitalismo es omnívoro, capta el beneficio donde es más importante en un momento dado; no se contenta con pequeños beneficios marginales; al contrario, los maximiza constituyendo monopolios –ha probado de hacerlo últimamente una vez más en las biotecnologías y en las tecnologías de la información. Pero pienso que las posibilidades de acumulación real del sistema han llegado a su límite. El capitalismo, desde su nacimiento en la segunda mitad del Siglo XVI, se alimenta de la diferencia de riqueza entre un centro, en el que convergen los beneficios, y periferias (no necesariamente geográficas) cada vez más empobrecidas.
Al respecto, la recuperación económica de Asia del Este, de India, de América Latina, constituye un desafío insalvable para la “economía-mundo” creada por Occidente, que ya no llega a controlar los costes de la acumulación. Desde hace decenios las tres curvas mundiales de precios de la mano de obra, de las materias primas y de los impuestos están en todas partes en una fuerte alza. El breve período neoliberal que se está terminando sólo ha invertido de modo provisorio la tendencia: a fines de los años noventa, esos costes eran ciertamente menos elevados que en 1970, pero eran mucho más altos que en 1945. De hecho, el último período de acumulación real – los “gloriosos treinta”- sólo fue posible porque los Estados keynesianos pusieron sus fuerzas al servicio del capital. ¡Pero en este caso también se llegó al límite!
¿Hay precedentes de la fase actual, tal como usted la describe?
Ha habido muchos en la historia de la humanidad, contrariamente a lo que refleja la representación, forjada a mediados del Siglo XIX, de un progreso continuo e inevitable, incluida en su versión marxista. Yo prefiero limitarme a la tesis de la posibilidad del progreso, y no a su carácter ineluctable. Por cierto, el capitalismo es el sistema que ha sabido producir, de manera extraordinaria y notable, el máximo de bienes y riquezas. Pero hay que considerar también la suma de las pérdidas que ha engendrado: para el medio ambiente, para las sociedades. El único bien, es el que permite obtener para el mayor número posible una vida racional e inteligente.
Ahora bien, la crisis reciente similar a la actual es el derrumbe del sistema feudal en Europa, entre mediados del Siglo XV y del Siglo XVI, y su reemplazo por el sistema capitalista. Ese período, que culmina con las guerras de religión, vio el derrumbe de la influencia de las autoridades reales, señoriales y religiosas sobre las comunidades campesinas más ricas y sobre las ciudades. Fue entonces cuando se construyeron, mediante tanteos sucesivos y de modo inconsciente, soluciones inesperadas cuyo éxito terminó por “hacer sistema” extendiéndose poco a poco, bajo la forma del capitalismo.
¿Cuánto tiempo debería durar la transición actual, y en qué podría desembocar?
El período de destrucción de valor que cierra la fase B de un ciclo Kondratieff dura generalmente entre dos y cinco años antes de que se reúnan las condiciones de ingreso a una fase A, en las que se puede extraer nuevamente un beneficio real de nuevas producciones materiales descritas por Schumpeter. Pero el hecho de que esta fase corresponda actualmente a una crisis de sistema nos ha hecho entrar en un período de caos político en el cual los actores predominantes, a la cabeza de empresas y de Estados occidentales, van a hacer todo lo que sea técnicamente posible por volver encontrar el equilibrio, pero es muy probable que no lo logren.
Los más inteligentes, ya han comprendido que había que establecer algo enteramente nuevo. Pero numerosos actores ya se mueven, de manera desordenada e inconsciente, para hacer emerger nuevas soluciones, sin que se sepa todavía qué sistema saldrá de esos tanteos.
Nos encontramos en un período, bastante raro en el que la crisis y la impotencia de los poderosos dejan sitio al libre albedrío de cada cual: hoy existe un lapso de tiempo durante el cual cada uno de nosotros tiene la posibilidad de influenciar el futuro a través de su acción individual. Pero como ese futuro será la suma de una cantidad incalculable de esas acciones, es absolutamente imposible prever qué modelo terminará por prevalecer. Dentro de diez años, tal vez se vea más claro; en treinta o cuarenta años, habrá emergido un nuevo sistema. Creo que, por desgracia, es igual de posible que se presencie la instalación de un sistema de explotación aún más violento que el capitalismo, como que se establezca un modelo más igualitario y redistributivo.
Las mutaciones anteriores del capitalismo han terminado a menudo en un desplazamiento del centro de “la economía-mundo”, por ejemplo de la cuenca mediterránea hacia la costa Atlántica de Europa, y más adelante hacia la de Estados Unidos. ¿Se centrará en China el sistema por venir?
La crisis que estamos viviendo corresponde también al fin de un ciclo político, el de la hegemonía estadounidense, iniciada igualmente en los años setenta. EE.UU. seguirá siendo un actor importante, pero jamás podrá reconquistar su posición dominante frente a la multiplicación de los centros del poder, en Europa Occidental, China, Brasil, India. Un nuevo poder hegemónico, si uno de se refiere al tiempo largo braudeliano, puede tomar todavía cincuenta años para imponerse. Pero se ignora cual sería.
Mientras tanto, las consecuencias políticas de la crisis actual serán enormes, en la medida en la que los dueños del sistema intentarán encontrar chivos expiatorios por el derrumbe de su hegemonía. Pienso que la mitad del pueblo estadounidense no aceptará lo que está sucediendo. Por lo tanto, los conflictos internos se exacerbarán en EE.UU., que está convirtiéndose en el país más inestable del mundo desde el punto de vista político. Y no hay que olvidar que nosotros, los estadounidenses, vamos todos armados...
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Immanuel Wallerstein, investigador del departamento de sociología de la Universidad de Yale, ex presidente de la Asociación Internacional de Sociología.
El capitalismo se acaba | 18-10-2008 - 08:51:34 GMT 1 #
La Inflación, ¿el Impuesto de los Asalariados?, por Juan Pablo Mateo Tomé : Poco originalmente, pero apoyando lo que el coro mediático proclama sistemática e incansablemente, comentaba durante la pasada campaña electoral M. Pizarro, el fichaje estrella[do] del Partido Popular en el área de economía, que la inflación resultaba ser el principal enemigo de las personas perceptoras de rentas bajas, los trabajadores, es decir, constituía el impuesto de los pobres. Esta afirmación esconde multitud de cuestiones teóricas a analizar que, obviamente, escapan a los propósitos de estas líneas. Esencialmente, entronca con la línea de pensamiento de las corrientes más reaccionarias de la ciencia económica, que tanto auge lograron tras la crisis de los años setenta y que ahora propagan sus correligionarios políticos. Pero al margen de cuestiones escolásticas, resulta fundamental detenerse aun mínimamente por tal idea por cuanto resulta esencial para la conciencia y acción del movimiento obrero.
Para empezar, si este individuo (y otros tantos economistas) está en lo cierto, ¿a qué se debe que desde las filas de la derecha se muestre esta inusitada preocupación por el poder adquisitivo de los trabajadores cuando el recetario neoliberal aboga permanentemente, casi desde el inicio de los tiempos, por la moderación salarial y la desregulación del mercado de trabajo? Indaguemos a continuación por esta aparente contradicción.
El poder adquisitivo o la capacidad de compra del salario en términos nominales (salario real) se deriva de la comparación con el nivel de precios, para lo cual se toma en consideración el índice de precios al consumo (IPC). De lo cual se sigue que aseverar que la caída del salario real se explica por el ascenso de los precios no es del todo cierto ya que olvida la evolución del salario nominal. En otras palabras, el poder adquisitivo del salario de los trabajadores no disminuye por la inflación, sino porque su remuneración nominal (absoluta) no se ha incrementado en la misma medida que el alza de precios. Así pues, no es tan preocupante el grado de incremento inflacionista sino la ausencia de una indexación del salario con la evolución de los precios. Además, la afirmación es más llamativa si consideramos que los diversos gobiernos de turno han abogado por vincular las revisiones salariales no con la inflación registrada sino con la esperada, la cual, paradójicamente, suele subvalorarse por los técnicos.
Ocurre, sin embargo, que a pesar de que los salarios reales no disminuyan por causa de la inflación, el discurso convencional sí establece una causalidad esencial para sus propósitos: los incrementos salariales originan inflación. Esta afirmación sí que evidencia la profundidad analítica (sic) de la ortodoxia económica, explicando de manera circular el alza de precios por el alza de precios, en este caso lo que cuesta contratar trabajadores, claro. Lo más curioso es que a continuación señala que ese producto de la irresponsabilidad del trabajo, la inflación, a su vez se erige en su peor enemigo: es el impuesto de los pobres. ¿En qué quedamos entonces, originamos inflación o es nuestro impuesto? Lo que está meridianamente claro es que las alzas salariales no sólo originan todos los problemas de la economía, sino también evidencian la falta de intelecto del movimiento obrero, pues genera el mecanismo impositivo que le va a perjudicar. Si es que verdaderamente lo que se debe apoyar es el beneficio empresarial. Amén.
Pero al margen de estas incoherencias teóricas que nos retrotraerían hasta Adam Smith y David Ricardo, ¿cuándo es el momento para que los trabajadores mejoren su porción del pastel? En las fases expansivas se recomienda moderación salarial para no recalentar la economía con presiones inflacionistas, y en las crisis se solicita el ajuste de nuestro cinturón, precisamente porque hay crisis. Curiosamente, las ganancias empresariales nunca son inflacionistas, pero sí cualquier mínimo incremento del gasto social, no así las inyecciones de liquidez, como así denominan al gasto social que sirve para enriquecer a los capitalistas. Y del cielo caen los adjetivos para las conquistas obreras: irresponsabilidad, populismo, fomento de vagos, etc. Para que luego digan que sus proclamas no son políticamente militantes y sí socialmente asépticas. Otra vez amén.
Surge ahora el interrogante, ¿a quién perjudica verdaderamente la inflación? Para ello se debe tener presente que la inflación supone una desvalorización del poder de compra de la moneda en cuestión. Desde esta perspectiva, aquellos que tengan inversiones en activos de diversos países podrán incurrir en enormes pérdidas ante procesos inflacionarios en aquellas economías, pues a la hora de transferir sus ganancias a divisas verán que en términos de euros o dólares el valor de su inversión se ha reducido drásticamente. Concretamente, el alza de precios desvaloriza el patrimonio de los agentes financieros. De ahí su extraordinaria preocupación, elevada así a interés general, por el control de precios y tipos de cambios. En efecto, estos inversores tienen interés en asegurarse la posibilidad de llevar a cabo sus transacciones en moneda extranjera sin riesgos, y la inflación (pérdida del poder de compra de la moneda) y las devaluaciones les perjudican sobremanera, es decir, que en un momento dado 1 millón de rupias no valga 400 sino sólo 200 mil dólares al cambio.
Desde la perspectiva de los trabajadores, el mal menor en el marco de la economía capitalista serían políticas expansivas en gasto social, modificaciones en sentido progresivo de la estructura impositiva (que paguen más quienes más tienen) y tal vez la posibilidad de devaluar para corregir el alza de precios. Pero claro, dirán algunos, eso es cosa del pasado, con la entrada en la unión monetaria y la adopción del euro como moneda propia esa posibilidad desaparece. La prioridad es la estabilidad monetaria para no perder competitividad, habida cuenta de que el déficit por cuenta corriente (que mide el comercio de bienes y servicios, así como el saldo de rentas y transferencias) en 2007 superó los 100 mil millones de euros, más del 10% del PIB. Con una moneda como el euro, cuya sobrevaloración no refleja el desarrollo productivo de España, la preocupación absoluta por la inflación se explica porque encarece los productos españoles y abarata las importaciones. Si no se puede modificar el tipo de cambio la reducción de costes deberá venir, por una parte, por el descenso del coste salarial y la mayor precarización del mercado laboral, y por otra, por una política monetaria restrictiva, esto es, con altos tipos de interés reales.
Voilá! Podemos entender ahora por qué es tan importante para el capital, industrial o de las finanzas, mantener lo que denomina falazmente como la independencia del Banco Central, y que se sancionó en el proyecto de Constitución Europea: se debe excluir del ámbito de decisión democrático la actuación de estas instituciones con el fin de asegurar el objetivo de la estabilidad de precios, por supuesto, objeto de preocupación para el capital. En este sentido, la decisión en relación a algo tan esencial como los tipos de interés deberá ser independiente de la capacidad de incidencia de los trabajadores, la mayoría de la sociedad, para hacerlo dependiente de los intereses de los grandes capitales. Para ello la cantinela de la irresponsabilidad de los políticos y su carácter estrictamente técnico resulta verdaderamente funcional. Pero es que las políticas monetarias restrictivas son tremendamente perjudiciales para los trabajadores: tienen un rol disciplinador en la medida que encarecen el financiamiento de ciertas empresas y las apremian para reducir costes laborales, originan desempleo, encareciendo además los pagos por los préstamos, como las hipotecas, beneficiando al mismo tiempo a los grandes capitales. En este contexto la política fiscal pierde su mínimo poder de influencia, pues se puede justificar apropiadamente la necesidad de reducir los impuestos para las empresas y así animar la inversión y reducir el gasto social para no incrementar la deuda.
Reconozcamos, al menos, lo bien que el capital juega con sus cartas debidamente marcadas: establece un área, la del euro, para lograr un espacio apropiado de acumulación con libertad de movimientos de capital y seguridad en cuanto a evitar pérdidas por modificaciones del tipo de cambio, se cuida de diseñar la política monetaria con un Banco Central Europeo cuyo funcionamiento es radicalmente antidemocrático, pero no independiente: su interés es el del gran capital, es decir, el logro de la estabilidad monetaria, a lo cual se supedita cualquier otra consideración, sea de crecimiento o de empleo. [2] La política fiscal se deja como objeto de peleas electorales pero en unas condiciones que realmente la dejan poco margen de maniobra. El corolario es evidente: se exige una clase trabajadora dócil que no implique inestabilidad y asuma la moderación salarial.
Así pues, se pueden comprobar las razones por las cuales para el capital es tan importante la estabilidad monetaria (control de precios y del tipo de cambio), y de que consecuentemente elabore todo un arsenal teórico que sostiene que la causa del desempleo es la inflación, y la causa de la inflación son las alzas salariales, por lo que resulta que el incremento de los salarios, en forma de remuneración directa o como gasto social, constituyen la fuente de todos los males de la economía.
No obstante, este discurso tiene un carácter apologético sustentado en contradicciones teóricas y una absoluta ausencia de evidencia empírica. De hecho, un estudioso del tema como Fender se extrañaba por la extraordinaria impopularidad de la inflación entre la población habida cuenta de que, en términos de pobreza y distribución del ingreso, “los costes de bienestar de la inflación que el análisis económico ha identificado parecen a menudo triviales,” [3] sobre todo si se comparan con los costes del desempleo, [4] mientras que la evidencia existente apunta en dirección opuesta, a saber: los más ricos son los más afectados por la inflación, lo que explica la extraordinaria preocupación de la derecha por los problemas ocasionados por el alza de precios, posiblemente debido a que tienen mayor número de activos financieros cuyo valor real está amenazado por la desvalorización. Inclusive, frente al discurso neoliberal la inflación puede ser un recurso o mecanismo para mitigar el impacto redistributivo de una modificación de los precios relativos, y no su fuente. [5] O Con lo cual, nuestro amigo Pizarro, pese al sentido de sus exabruptos, sí que se ve perjudicado por el alza de precios, y de manera lógica mostraba su conciencia de clase al realizar estas afirmaciones.
En consecuencia, se extrae una conclusión vital para la práctica política: en este como en otros tantos aspectos, el movimiento obrero no puede asumir el discurso de la derecha, en ningún caso puede asumir sus supuestos de partida, los cuales conducen lógica e ineludiblemente a justificar una inacabable regresividad en las condiciones de trabajo y salariales. La cantinela folklórica de los males de la inflación y la competitividad responde a los intereses del capital, razón por lo cual la perspectiva de los trabajadores no puede limitarse a los intereses potenciales de la empresa en la que trabajan, fuente de la justificación de los inexistentes intereses comunes del trabajo y el capital, sino que la perspectiva analítica, y por extensión como guía de la acción práctica, debe tomar como partida al conjunto de la clase obrera y las tradicionales reivindicaciones por la mejora de sus condiciones de vida, aunque esta proclama no pase habitualmente por vicaría.
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[1] Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid, profesor de Economía Mundial y miembro del sindicato Comisiones Obreras.
[2] Remito a Montero, Alberto (2000). “Independencia del Banco Central y credibilidad: una retórica seductora”, VII Jornadas de Economía Crítica, Albacete, marzo.
[3] Fender, John (1990): Inflation: A Contemporary Perspective . Harvester Wheatsheaf, New York (etc), p. 75.
[4] Véase Dawson, Graham (1990): Inflation and unemployment. Causes, consequences and cures. Edward Elgar, Aldershot.
[5] Dawson, op. cit.: 102, quien considera socialmente más aceptable una inflación moderada con mayor gasto público que una política económica de combate a la inflación y al gasto.
La Inflación, ¿el Impuesto de los Asalariados? | 18-10-2008 - 08:59:11 GMT 1 #
Capitalismo en crisis mayor, por Narciso Isa Conde (Nuestra America) : El capitalismo está en pleno despliegue de una crisis mayor, mucho más profunda y devastadora que la que a final del siglo XX dio lugar a su neoliberalización. El final del siglo coincidió con el paso a una nueva época, con el establecimiento de un orden mundial diferente y la existencia de un planeta sensiblemente alterado.
En esa mutación no sólo intervino el extraordinario impacto del derrumbe del llamado socialismo real (más bien “irreal”): en ese cambio de época y en ese nuevo ordenamiento mundial guardó relación también con otros importantes factores.
Del mundo bipolar en el plano político-militar, se pasó a un mundo unipolar bajo hegemonía estadounidense. De un proceso de relativa internacionalización del mercado (con un proteccionismo muy difundido), de una cierta mundialización de las relaciones, las comunicaciones, las inversiones y el crédito, se pasó a una extraordinaria globalización fraccionada, manipulada y dominada (con proteccionismos mucho más concentrados en sus centros desarrollados) por los países del capitalismo altamente subdesarrollado (Europa Occidental, Japón y Estados Unidos) y, por consiguiente, en detrimento de la inmensa mayoría de los países de capitalismo periférico-dependiente.
De un capitalismo que superó al liberalismo de la fase de la libre competencia a través del capitalismo monopolista de Estado y la transnacionalización, se pasó a un capitalismo que retomó como falacia la “libre competencia” y el liberalismo en su conjunto para concentrar más, dominar más mercados, imponer la dictadura de los oligopolios y monopolios, derrumbar las barreras proteccionistas de los países dependientes y apabullar a los países y las fuerzas productivas más débiles.
De la concepción del Estado Benefactor, ideado por Ford y Keyness, se pasó al auge del neoliberalismo y al desmonte de la protección y las conquistas sociales en diverso grado, acompañada de una abrumante financierización del sistema, que condujo a una especie de “economía de papeles”, que a su vez, ha hecho explosión en estos días.
El contrasentido de ese proceso de restructuración neoliberal y financierización consistió en que el avance y la recomposición de las elites capitalistas tuvo que hacerse a costa de una exclusión, una marginación y un empobrecimiento mayores, que afectó gravemente a centenares de millones de seres humanos y creó en los estratos altos y medio altos una bonanza sin base material, sin desarrollo productivo, sin economía real.
Ese proceso de reestructuración, aunque acrecentó la movilidad social y alteró viejos sujetos sociales explotados, colocó objetivamente en su contra un abanico social inmenso y diverso, y provocó, a través de nuevos cambios en la división social, sexual, generacional, tecnológica y ambiental del trabajo, nuevos y pujantes movimientos sociales que con sus luchas y reclamos impactan el ámbito mundial. Y esto puso además al rojo vivo la crisis de participación y la deslegitimación de las superestructuras políticas, jurídicas e ideológicas del sistema dominante.
El nuevo orden capitalista proclamado después de la muerte del “socialismo irreal” resultó realmente más brutal y devastador que el viejo.
“En el mundo sin alma que se nos obliga a aceptar como único posible -nos dice Eduardo Galeano-, no hay pueblos, sino mercados; no hay ciudadanos, sino consumidores; no hay naciones, sino empresas; no hay ciudades, sino aglomeraciones; no hay relaciones humanas, sino competencias mercantiles.
(“Medios de Incomunicación”, revista América Nuestra No.6).
Este mundo, además, todavía no considera a la mujer como ser humano, agravó la opresión de género con su proceso de feminización de la pobreza y de la fuerza de trabajo, potenció después del fin de la guerra fría las guerras nacionalistas e inter-étnicas, fomentó, nuevas y costosísimas guerras de conquista y reconquista, multiplicó el racismo y la xenofobia, implantó fábricas de pobreza e indigencia desde los gobiernos locales sustentadores de los llamados programas de ajustes, contaminó en mayor grado el ambiente y destruyó en mayor escala la naturaleza, comprometiendo la vida de los seres nacidos y por nacer.
Propició que las ciencias, incluidas las ciencias médicas, sean secuestradas por el gran capital y convertidas en instrumentos de lucro y factores de alto riesgo para la vida humana. Alienó en forma más brutal la conciencia de los seres humanos. Convirtió los devaluados Estados nacionales en fuente de delincuencia y máquinas generadoras de corrupción. Promovió el individualismo, degradó la solidaridad humana y robotizó las mentes de los más débiles.
Transformó así a los seres humanos en objetos y a los ciudadanos en clientes y convirtió los servicios de salud y educación en escenarios de lucro y en fuentes caras e inaccesibles para gran parte de la humanidad.
Y es todo esto lo que está hoy en crisis expansiva, aunque parezca ser solo un grave problema financiero, inmobiliario, de las tarjetas de crédito o de venta de automóviles.
La cuestión financiera es solo la punta del “iceberg” de un gran desplome capitalista, que actualiza la posibilidad de las disyuntivas de un caos económico prolongado, una recuperación capitalista con mayor intervención estatal o las revoluciones anticapitalistas y prosocialistas.
Todas ellas como opciones contradictorias, alternativas y/o simultáneas, cuya plasmación en la realidad de los diferentes países y regiones está por verse, aunque es claro que el auge de la ola de cambios en nuestra América, acompañada del posible impacto devastador de la crisis central del capitalismo, favorezcan los procesos de corte revolucionarios, sobre todo si esas situaciones son aprovechadas para desarrollar la conciencia anticapitalista y prosocialista y crear nuevas fuerzas transformadoras con nuevas vanguardias.
Capitalismo en crisis mayor | 20-10-2008 - 07:51:40 GMT 1 #
La crisis capitalista según Marx, por Francisco Umpiérrez Sánchez :
“La razón última de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuviesen más límite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad”. Karl Marx
Pequeña introducción
Algunas personalidades de la izquierda radical me vienen solicitando desde agosto que elabore un trabajo sobre la crisis. Quise responder al instante, pero no pude con el compromiso. Me tropecé con dos dificultades: la primera, no tenía actualizado muchos conceptos de El Capital, y la segunda, me veía obligado de continuo a intercalar conceptos aclaratorios que afectaban al orden de la exposición. Así que no tuve otro remedio que ponerme a estudiar de nuevo el libro primero y el libro tercero de El Capital. Una cosa vi clara desde el principio: la izquierda radical necesita de los conceptos de El Capital para representarse el mundo capitalista de un modo diferente de como se lo representa la burguesía. Pues sucede que muchos trabajos que se hacen desde la izquierda reformista y la izquierda radical utilizan preferentemente conceptos de la economía convencional. Y de ese modo no escapan de la lógica del capitalismo.
Quisiera advertir que elaboraré algunos conceptos elementales de la teoría económica marxista que para muchos son conocidos. Pero en ocasiones los conceptos elementales no se dominan tanto como se cree, y lo peor: no se usan en el análisis. Así que deberíamos preguntarnos qué sentido tiene conocer los conceptos elementales de la economía marxista y después no usarlos en el análisis del capitalismo. Se produce aquí un gran error en la ideología de muchas personalidades de la izquierda radical: divorcio entre el carácter universal de los conceptos que supuestamente tienen en la cabeza y el carácter particular del capitalismo realmente existente. Otra advertencia: cuando elaboro este tipo de trabajo, siempre pienso en un lector que desconoce casi por completo la teoría económica de Marx. No es que rebaje el nivel teórico de la exposición, sino que no doy nada por sabido. Creo que de este modo el número de lectores al que puede ser accesible este artículo será mayor, y esto irá en beneficio de la causa socialista.
El modo de exposición
Con este trabajo no pretendo responder de modo inmediato sobre las causas de la crisis. Las causas inmediatas o aparentes de la crisis ya han sido expuestas por la mayoría de los analistas de la izquierda reformista: la avaricia y la desregularización de los mercados financieros. Lo que pretendo es aprovechar la oportunidad para poner en circulación un conjunto de conceptos de El Capital de Karl Marx que nos ayuden a representarnos de modo científico la naturaleza del modo de producción capitalista y las condiciones que hacen posible la crisis. En eso consistirá la segunda parte de la exposición, mientras que en la primera parte someteré a crítica la explicación de las causas de la crisis según la izquierda reformista.
La avaricia
Algunos analistas han presentado a la avaricia como una de las causas principales de la crisis financiera. Esta explicación adolece de dos defectos: uno, presenta un rasgo esencial del sistema capitalista, la avaricia o acumulación insaciable de riqueza por parte del capitalista, como un rasgo accidental y ocasional, y dos, explica el acto de la avaricia como una consecuencia de un rasgo de la subjetividad: ser avaricioso. Cuando lo correcto bajo el punto de vista científico sería explicar qué condiciones objetivas hacen posible que una persona sea avariciosa. Esto es como si le preguntáramos a un especialista por qué A asesinó a B, y nos respondiera: porque es un asesino. El analista lo único que ha hecho es sustantivar el verbo y, por consiguiente, no ha dado explicación alguna sobre las condiciones objetivas que hacen posible la realización del acto.
Por avaricia debemos entender el afán desmedido de acumular riquezas o el sentimiento de placer que experimenta una persona con la acumulación de riquezas. Pero una de las leyes fundamentales del capitalismo, desde la acumulación originaria allá por el siglo XVI hasta el presente siglo XXI, es la acumulación. En aquel entonces utilizaron la violencia, hoy día, entre otras cosas, utilizan el sistema de crédito. Marx lo deja bien claro: “Producción de plusvalía o la obtención de ganancia es la ley absoluta de este modo de producción”. Y la utilización de la plusvalía como capital o reconversión de plusvalía en capital se llama acumulación. No observamos otra cosa en el mundo capitalista que una constante e imparable acumulación de riquezas en pocas manos y una infinita pobreza por toda la faz de la tierra. Así que es un error teórico presentar la avaricia como causa de la crisis financiera actual, cuando es un rasgo sustancial del capitalismo presente en toda su historia.
El mercado y la regulación
Muchas voces autorizadas han afirmado que la causa de la crisis ha sido la desregularización de los mercados financieros, señalando a los fundamentalistas del mercado como los responsables de la misma. De este modo presentan la crisis como fruto de la contradicción existente entre el mercado libre y el mercado intervenido. De esta concepción participan muchas cabezas pensantes de la izquierda radical.
A este respecto hay que dejar claras dos cuestiones. Primera, este debate es un debate sobre el mecanismo económico empleado para el desarrollo de las fuerzas productivas, mercado libre o mercado regulado, y no sobre la forma específica del modo capitalista de producir riqueza, y segunda, es un debate en el seno de la propia burguesía. Ha quedado marginada de este debate la contradicción entre propiedad privada y propiedad pública. Desafortunadamente siguen habiendo muchos sectores de la izquierda radical que identifican el modo de producción capitalista con el mercado. De manera que el problema no se plantea como debería plantearse desde las posiciones de la izquierda radical, esto es, como una contradicción entre un mercado capitalista y un mercado socialista. Sin duda que un mercado socialista, un mercado donde predominara la propiedad pública, en especial la propiedad estatal, sería un mercado más regulado y controlado que un mercado donde predominara la propiedad privada.
La intervención del Estado o la necesidad del socialismo
Ha estallado la crisis en el corazón del capitalismo mundial: EEUU. Y el Estado ha tenido que intervenir. De entre sus múltiples intervenciones la más llamativa al principio fue que tuvo que emplear 140.000 millones de dólares para salvar a los dos gigantes hipotecarios del país: Freddie Mac y Fannie Mae, que tienen en su poder la mitad de las hipotecas. Pero más impactante fue la aprobación por parte de la cámara de representantes de una inyección de 700.000 millones de dólares para sanear el mercado financiero. Y la sorpresa definitiva ha sido las nacionalizaciones de los bancos que se ha producido en la vieja Europa. De aquí extraemos una evidente conclusión: es el propio capitalismo quien en su desarrollo demuestra la necesidad del socialismo, la necesidad de la propiedad pública estatal.
La diferencia entre el socialismo defendido por Marx y el defendido por los socialistas utópicos estribaba en lo siguiente: mientras los socialistas utópicos se dedicaban a imaginar la sociedad del futuro, Marx se dedicó a estudiar la sociedad del presente, el capitalismo, y a descubrir los gérmenes del socialismo. No se trata de estar a favor o en contra de la propuesta de Bush, de lo que se trata es de señalar que el más grande de los liberales se ve obligado a reconocer la necesidad de la intervención del Estado en la economía capitalista, para que ésta se desenvuelva de forma armoniosa.
¿Se podría ir más lejos en el camino del socialismo?
En ocasiones se confunden las tareas teóricas con las tareas prácticas. Como dije en el apartado anterior la cuestión científica clave para los seguidores de Marx es conocer del modo más profundo el capitalismo y descubrir en su seno las tendencias y gérmenes del socialismo. Esa es la tarea del científico: demostrar la necesidad de la existencia de determinados entes y relaciones. Y si esa demostración se da de modo práctico, si es la nación más liberal que existe en la faz de la tierra quien reclama la intervención del Estado en la economía capitalista, pocos esfuerzos teóricos y de convicción hay que hacer.
Otra cuestión es el análisis del problema bajo el punto de vista práctico. Ya que la necesidad de la intervención del Estado es incuestionable, ya que las pérdidas deben tener una solución socialista, lo consecuente sería entonces que las ganancias tuvieran también una solución socialista. Y para hacer posible que las ganancias fueran socialistas, las más grandes empresas de EEUU, incluyendo a los bancos, deberían ser de propiedad pública. Pero para lograr este objetivo es necesario que exista un partido político con este ideario, que tenga una amplia base social, y que disponga de una amplia representación parlamentaria.
El punto de vista del ahorrador
Una gran parte de los análisis sobre la crisis se hace desde el punto de vista del ahorrador. De hecho las medidas de los gobiernos occidentales, aumentando la cuantía de la garantía de los depósitos, buscan tranquilizar a los ahorradores. Hay un trabajo de Leopoldo Abadía, cuyo punto de vista es la del pequeño ahorrador, que ha tenido muy buena acogida entre los internautas. Su página Web ha recibido más de un millón de visitas. El asunto es seguirle el rastro al dinero. Pero al adoptar el punto de vista del pequeño ahorrador, el camino que sigue es erróneo. Estamos hablando de las hipotecas subprime, de créditos concedidos a personas que no pueden pagarlas. Se trata de que al señor A se le ha concedido un crédito hipotecario para que le compre una vivienda al señor B.
El dinero pasa, primero, del banco al señor A, y después, del señor A al señor B. El dinero que busca el ahorrador lo tiene el señor B. Pero Leopoldo Abadía le sigue la pista al título de deuda que está en el banco, donde dice que el señor A le adeuda una determinada cantidad de dinero, en vez de seguirle la pista al dinero o al valor que expresa este dinero. Sigamos: el señor A le entrega el dinero al señor B, y el señor B le entrega una vivienda al señor A. Por lo tanto, el mismo valor que antes existía en forma de dinero en manos del señor A, existe ahora en forma de vivienda. Pero el verdadero dueño, el dueño nominal de la vivienda, es el banco, hasta que el señor A le devuelva el dinero prestado más el interés correspondiente.
Resulta que llegado el momento, por causas varias, el señor A no puede pagar las mensualidades al banco. El banco ipso facto se hace dueño del inmueble. Por lo tanto, el dinero que el ahorrador depositó en el banco sigue en manos del banco, aunque ahora en forma de vivienda. ¿Qué deben hacer los ahorradores en caso de que vean amenazados sus ahorros? Reclamar la propiedad de las viviendas. El error de Leopoldo Abadía, como el de todos los que se sitúan en el punto de vista del ahorrador, estriba en que le siguen la pista a los títulos de deuda, esto es, al dinero ficticio, cuando lo que deberían hacer es seguirle la pista a la metamorfosis del valor, que de dinero contante y sonante se transforma en valor de uso real, a saber, en vivienda. También es cierto que una parte de esos ahorros se han transformado en sueldos y comisiones indebidos. Pues bien, que reclamen a los titulares de esos sueldos y comisiones una parte de su patrimonio. De todos modos, esos exorbitados sueldos y comisiones que se llevan tanta gente en sus funciones como intermediarios, pone de manifiesto la necesidad de poner topes superiores a los ingresos, esto es, pone de manifiesto la necesidad del socialismo.
La burbuja inmobiliaria
Hablar de las hipotecas subprime y de la burbuja inmobiliaria sin hablar del precio del suelo es un grave error teórico y práctico. Se nos habla de la especulación que ha habido en este sector, pero mejor sería hablar de la enorme explotación a la que se han visto sometidos los trabajadores y de la que participan amplios sectores de la clase media. El culpable: la propiedad privada sobre el suelo y el mercado libre de los precios del suelo. Otro culpable: el mercado libre de los alquileres. El Estado ha tenido que intervenir en el mercado financiero y ha tenido que nacionalizar parcialmente algunos bancos. Pues lo mismo debe hacer y con carácter de urgencia en el mercado del suelo. Los precios de las viviendas se dispararon hacia las nubes fundamentalmente por el precio del suelo, no por el valor de construcción de las viviendas. Ha habido muchas personas que se han enriquecido y se siguen enriqueciendo de manera desproporcionada con la venta de suelo para viviendas. El método es fácil, y fácil en el modo de producción capitalista: yo compro hoy un terreno en 60.000 euros y lo vendo dentro de cinco años en 130.000 euros o más. ¿Y por qué lo puedo vender más? No porque yo lo haya trabajado o haya tesoros escondidos en él, sino sencillamente porque el Ayuntamiento ha declarado que la zona donde está mi terreno es urbanizable.
Así que la burbuja inmobiliaria no se hubiera producido y se evitaría que se produjera en el futuro, si el Estado interviniera en los siguientes ámbitos: uno, prohibir que cualquier particular sea propietario de terrenos que excedan determinada extensión, dos, los precios del suelo deben ser regulados por el Estado para evitar los enriquecimientos súbitos y desproporcionados, y tres, obligar a los particulares, cuando estos no lo van a usar durante un plazo de cinco año, a vender el suelo para la construcción de viviendas. Cuando Leopoldo Abadía se pregunta dónde está el dinero que ha desaparecido de los bancos, habría que responderle que una buena parte del mismo está en quienes vendieron el suelo.
Capitalismo y valor mercantil
El valor de toda mercancía producida en régimen de producción capitalista, M, se representa en la fórmula: Valor mercantil = capital constante + capital variable + plusvalía. En adelante, M = c + v + p. El valor de los coches, del alimento, de las viviendas y de todas las mercancías se representa mediante esta fórmula. Para los marxistas esta fórmula es fundamental, puesto que sirve para explicar cómo se conserva y se crea el valor. Los economistas convencionales carecen de alguna fórmula parecida. Demos una explicación sencilla de lo que representa esta fórmula. El capital constante es el valor de los medios de producción, maquinarias y materias primas, consumidos en la elaboración de las mercancías, el capital variable es el valor de la fuerza de trabajo empleada, y la plusvalía o ganancia es el valor excedente del que se apropia el capitalista. La tarea de los trabajadores es doble: conservar el valor del capital y multiplicarlo. Y la multiplicación del valor se llama valorización.
Para los marxistas la cuestión clave aquí, además de la conservación del capital, es el hecho de que la plusvalía o ganancia la producen los trabajadores y se la apropia el capitalista. Las crisis se deben justamente a que los salarios, el capital variable, se mantienen en unos límites muy estrechos, mientras que el plustrabajo o plusvalía crece sin cesar. Este hecho se verá más claro más adelante.
Infinidad de economistas, supuestamente progresistas y de izquierda, no le dan valor alguno a esta fórmula, pero hacen mal, muy mal. No ayudan a la causa del socialismo ni a la justicia social. No están siquiera a la altura del burgués Locke, quien en su lucha contra los representantes del feudalismo defendía que el derecho de propiedad debe basarse en el derecho al trabajo propio. Hoy esta esencia económica la han difuminado los economistas convencionales y hablan de capital humano, de inteligencia, de habilidades, en fin, de una suma de rasos subjetivos con el único fin de justificar los exorbitantes sueldos que ganan los altos ejecutivos y la imparable apropiación de trabajo ajeno por parte de los grandes capitalistas monetarios y de los accionistas mayoritarios.
En la época feudal los campesinos trabajaban la mitad de la semana en sus tierras y la otra mitad en las tierras del señor. Aquí queda claro como la luz del día que los señores feudales se adueñaban de la mitad del trabajo creado por los campesinos, y la extrema riqueza de aquellos no tenía otra explicación. Pues en el capitalismo pasa lo mismo: durante una parte de la jornada laboral, el llamado trabajo necesario, el trabajador produce el salario que después el capitalista le paga, y durante la otra parte, el llamado plustrabajo, el trabajador produce la plusvalía que se reparten los dueños de los factores de producción: el banquero se apropia de la parte de la plusvalía a la que se llama interés, el dueño del local se apropia de otra parte a la que se llama renta del suelo, y el industrial o comerciante se apropia de la última parte a la que se llama beneficio. Querer ocultar que el modo de producción capitalista es un modo de explotación del hombre por el hombre, como hacen muchos economistas progresistas, es un grave atraso teórico. Y la actual crisis ha puesto de manifiesto esta cruel y descarada explotación.
Es un error igualmente ser benevolentes en el terreno teórico con una buena parte de economistas convencionales, que siendo sin duda representantes de la burguesía de izquierda, no obstante, no critican de forma radical el gran fundamento del capitalismo y las consecuencias tan inhumanas que provoca. Trascribo una cita de Marx para todos aquellos economistas de izquierda que no creen en la actualidad en el genial pensador alemán y sí en el enorme formalismo de la economía convencional, que aunque muchos la presentan como muy científica no sirve para pronosticar nada ni para demandar un cambio radical del modo de producción capitalista: “La economía política anterior partía de la riqueza supuestamente engendrada para las naciones por el movimiento de la propiedad privada, para llegar a consideraciones apologéticas sobre este régimen de propiedad. Proudhon parte del lado inverso, que la economía política encubre sofísticamente, de la pobreza engendrada por el movimiento de la propiedad privada, para llegar a las consideraciones que niegan este tipo de propiedad”. Muy claro: los burgueses parten de la riqueza para hacer apología de la propiedad privada, mientras que los defensores del socialismo deberían partir de la pobreza para negar la propiedad privada. Esta conciencia y este paso radical les falta a los economistas convencionales de izquierda.
La ley de la acumulación capitalista mistificada como ley natural
Mientras la necesidad no acucia, los apologistas del capitalismo suelen despreciar las ideas de Marx, de las que afirman que están fuera de época y que, por tanto, han perdido su sentido histórico. Pero ahora, con la terrible crisis financiera que nos azota, estamos asistiendo a un reclamo del Estado y de los acuerdos colectivos por parte de los grandes mandatarios capitalistas que nadie podía imaginar, hasta el punto de que podamos escuchar declaraciones como la de Nicolas Sarkozy, “La idea de un mercado todopoderoso sin reglas y sin intervención política es una locura… La era de la autorregulación se acabó”, o la de Hank Paulson, secretario del Tesoro de EEUU: “El capitalismo crudo llegó a su final”, que sorprenden a todos.
En el capitalismo la fuerza de trabajo sólo es vendible a condición de que conserve los medios de producción como capital y proporcione plusvalía como fuente de capital adicional. Así que la ley de la acumulación capitalista mistificada como ley natural sólo expresa el hecho de que su naturaleza excluye todo aumento de los salarios que pueda amenazar seriamente la constante reproducción de la relación capitalista. Y no puede ser de otro modo en un modo de producción donde el obrero existe para las necesidades de revalorización del capital, para que el capital se multiplique sin cesar, en vez de que la riqueza material exista para las necesidades del desarrollo de la vida de la sociedad. Esta inversión y enajenación inhumana, que hoy día hay que tener más en cuenta que nunca, lo expresa Marx en los siguientes términos: “Igual que en la religión el hombre es dominado por el producto de su propia cabeza, en la producción capitalista lo es por el producto de su propia mano”.
Todo proceso de producción es un proceso de reproducción
Cualquiera que sea la forma social del proceso de producción, éste tiene que ser continuado o recorrer periódicamente los mismo estadios. Si hoy produces pan, mañana debes volver a producir pan. Si hoy consumiste harina para hacer pan, mañana debes volver a consumirla. Si hoy compras la harina que mañana consumirás, mañana debes volver a comprar la harina que consumirás pasado mañana. Por lo tanto, todo proceso de producción es un proceso de reproducción. Y si la producción es capitalista, la reproducción debe serlo igualmente. Esta noción elemental es importante porque las crisis se presentan como una parálisis en la reproducción.
Precio de costo y ganancia
Las relaciones de producción capitalista ocultan que el creador de la plusvalía o ganancia es el trabajador. Les recuerdo que el valor de toda mercancía producida en régimen capitalista se representa en la fórmula: M = c + v + p. Si descontamos la plusvalía al valor de la mercancía, nos quedará un valor que repone lo que le ha costado la mercancía al capitalita: c + v. De manera que para el capitalista el capital constante más el capital variable se le presenta como el precio de costo de la mercancía: pc = c + v. Y llama ganancia a la diferencia existente entre el precio a que ha vendido la mercancía y el precio que le ha costado. De manera que para el capitalista no existe capital constante, ni capital variable ni plusvalía. Sólo existe lo que le costado la mercancía, los medios de producción gastado y los salarios pagados, y la ganancia, que se le presenta no como un plusvalor creado por los trabajadores que ha contratado, sino como la diferencia entre el precio al que puede vender la mercancía y lo que le ha costado producirla. Por eso, para el capitalista la fórmula que representa el valor de las mercancías es el siguiente: M = pc + g. Esta fórmula no expresa cómo se genera el valor, sólo expresa cuánto le cuesta la mercancía al capitalista. Marx lo expresa así: “Ya se vio más arriba que aunque p, la plusvalía, sólo brota de un cambio de valor del capital variable, después de finalizar el proceso de producción representa asimismo un aumento de valor de c + v, el capital global gastado… Así presentada, como vástago del capital global desembolsado, la plusvalía revista la forma transfigurada de la ganancia”.
Cuota de plusvalía y cuota de ganancia
La cuota de plusvalía, P’, se representa mediante la fórmula: P’ = p/v. Esta fórmula expresa el grande de explotación de la fuerza de trabajo. Esta fórmula pone en relación porcentual la cantidad de valor nuevo con el que se queda el capitalista, la plusvalía, con el valor que se quedan los trabajadores, el salario. Por su parte, la cuota de ganancia, G’, se representa mediante la fórmula: G’ = p/pc. Esta fórmula expresa el grado de revalorización del capital total desembolsado. Pone en relación porcentual el valor nuevo con el que se queda el capitalista, p, con el valor del capital desembolsado, precio de costo de la mercancía. Así que dada una determinada masa de plusvalía, la cuota de ganancia siempre arrojará un porcentaje inferior a la cuota de plusvalía.
La ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia
A medida que se desarrolla el modo capitalista de producción, así ha sido desde su inicio y lo sigue siendo en la actualidad, se efectúa una disminución relativa del capital variable en relación con el capital constante. O dicho de otra forma: la inversión en capital constante aumenta proporcionalmente más que la inversión en capital variable. Gráficamente podemos decir que cada vez las naves son más grandes, hay mayor cantidad de maquinaria, se procesa mayor cantidad de materia prima, y proporcionalmente hay menos obreros. Este crecimiento gradual del capital constante, en proporción al variable, provoca inevitablemente un descenso gradual de la cuota de ganancia.
Una de las causas principales de la baja de la cuota de ganancia es el desarrollo incondicional de las fuerzas productivas. Todas las empresas buscan producir y vender lo más posible y hacerlo a los precios más baratos. Y esto sólo pueden lograrlo haciendo que sus empresas crezcan e instalen maquinarias de última tecnología. ¿Y por qué este afán por el desarrollo incondicional de las fuerzas productivas? Porque quieren quedarse con todo el mercado. Porque quieren acabar con la competencia. Todas las empresas, bajo el régimen de producción capitalista, abrigan en su seno el deseo de monopolio.
Pongamos un ejemplo para que se vean las graves consecuencias del desarrollo incondicional de las fuerzas productivas. Pensemos en un pequeño país que tiene un centenar de medianas empresas de alimentación con tecnología del año 2000. Supongamos ahora que unos inversores extranjeros instalan una macroempresa de alimentación con tecnología del año 2008. La diferencia tecnológica es tan grande que las macroempresa respecto de la mediana empresa tiene dos claras ventajas: una, necesita un 30 % menos de mano de obra, y dos, produce cinco veces más productos por unidad de tiempo. Esto provoca automáticamente dos cosas: una, el capital que representan las 100 medianas empresas se desvaloriza, y dos, una buena parte de ella, al ver disminuir su ganancia por debajo del costo, desaparece.
¿Debemos entonces permitir el desarrollo incondicional de las fuerzas productivas? Bajo el punto de vista de los intereses de la sociedad debemos responder con un rotundo no. ¿Quién debe determinar el grado de desarrollo de las fuerzas productivas? Bajo el punto de vista de los intereses de los trabajadores debe determinarlo no la competencia sino las necesidades sociales. Puesto que si algunas empresas aceleran en exceso el desarrollo de las fuerzas productivas, el daño que provoca es superior a los beneficios que reporta. ¿Estamos proponiendo acabar con la competencia? De ningún modo. Lo que estamos proponiendo es que se mantenga dentro de unos límites razonables y beneficiosos para los intereses del conjunto de la sociedad.
Las condiciones de la explotación y de la realización de la fuerza de trabajo
La obtención de plusvalía constituye el proceso directo de producción. Tan pronto como se ha objetivado en mercancías la cantidad de plustrabajo que puede exprimírsele al obrero, se ha producido la plusvalía. Pero con esta producción de plusvalía sólo ha terminado el primer acto del proceso de producción capitalista. Ahora viene el segundo acto del proceso: hay que vender las mercancías. Y hay que venderlas todas, tanto las que reponen el capital constante y el capital variable como las que representan la plusvalía. Si no ocurre así, si sólo se venden las mercancías que reponen el capital desembolsado y no las que representan la plusvalía, el obrero ha sido ciertamente explotado pero su valor de explotación no se ha realizado. (Realizar el valor de las mercancías significa vender las mercancías)
Las condiciones de explotación y su realización no son idénticas. Se diferencian en principio tanto espacial como temporalmente. Primero se explota al obrero en la empresa, cuando aquel produce las mercancías, y después se realiza la explotación en el mercado, cuando las mercancías son vendidas. Pero las condiciones de explotación también se diferencias conceptualmente de las condiciones de realización. Las condiciones de explotación están limitadas por las fuerzas productivas de las que dispone la sociedad, por el tamaño de las empresas por el nivel técnico de las máquinas y por el nivel profesional de los trabajadores, mientras que las condiciones de realización están limitadas por dos factores: uno, por la proporcionalidad entre las distintas ramas de producción, y dos, por la capacidad de consumo de la sociedad.
Con respecto al primer factor, a la proporcionalidad entre las ramas, todo el mundo lo venía cantando con respecto a la actual crisis: la rama de la construcción está teniendo un desarrollo desproporcionado con respecto a las otras ramas. Si el pago de las hipotecas absorbe la mayor parte de la capacidad de consumo de los trabajadores, necesariamente tiene que mermar la demanda del resto de los servicios y bienes de las otras ramas de la economía. Y esta desproporción más tarde o más temprano se tiene que manifestar como crisis.
Con respecto al segundo factor, a la capacidad de consumo de la sociedad, diremos que no viene determinada por la capacidad absoluta de consumo de la sociedad, sino por la capacidad de consumo a base de las condiciones antagónicas de distribución, que reduce el consumo de las grandes masas de la población a límites muy estrechos. Hoy día hay muchas viviendas que no se pueden vender porque no hay gente que pueda comprarlas. Aparentemente la situación es así. Pero no es cierto. Lo cierto es que las personas que tienen dinero no tienen necesidad de esas viviendas, y quienes la necesitan no tienen dinero para comprarlas. El hecho cierto es que en la producción de viviendas no se ha tenido en cuenta la capacidad de consumo, o mejor la capacidad adquisitiva, de las personas que las necesitan. Y por eso se ha producido en exceso: hay crisis de superproducción. Pero esto no es un rasgo accidental del capitalismo, es un rasgo periódico.
El mercado mundial como ley natural independiente de los productores
En el capitalismo predomina la competencia ciega entre las empresas. Todas buscan aumentar la productividad del trabajo para ampliar su cuota de mercado y desalojar a las empresas rivales. Si las empresas no crecen, corren el riesgo de perecer. Y el aumento de la productividad del trabajo, la introducción de nueva maquinaria con mejor tecnología que abarata el producto individual, provoca la depreciación del capital existente. Por lo tanto, el mercado tiene que extenderse continuamente y parece no tener fin. La globalización es una expresión más, un estadio de desarrollo más, de la extensión de mercado. Y resulta lo que muy sabiamente dice Marx: “Las conexiones y condiciones que regulan el mercado mundial adoptan más y más la forma de una ley natural independiente y resultan cada vez más incontrolables”. No otra cosa ha puesto de manifiesto esta crisis: el mercado mundial se ha manifestado como una potencia incontrolable que ha causado daños irreparables a la economía. Y la solución se ha evidenciado con claridad en EEUU y en la UE: la intervención estatal, la nacionalización de la banca, la dirección y conciencia propias del interés colectivo y de la propiedad pública.
El desarrollo de las fuerzas productivas y la valorización del capital existente
El verdadero límite de la producción capitalista es el propio capital. El capital y su autovalorización se presentan como punto de partida y fin de la producción. Si tengo 100 euros de capital persigo que se transforme en 120, y cuando tenga 120 persigo que se transforme en 150 y así sin parar. La producción sólo es producción para el capital y, no al revés, los medios de producción medios para la extensión de la vida de la sociedad. La producción no tiene como fin y meta la vida de la sociedad y su mayor felicidad, sino el capital y su autovalorización.
Los límites en los que puede moverse la conservación y valorización del capital, basada en la destrucción del capital de la competencia y en la miseria de grandes masas a escala planetaria, están en constante contradicción con los métodos de producción que emplea el capital para sus fines. Los métodos de producción capitalistas persiguen el aumento ilimitado de la producción, tienen a la producción como fin en sí mismo, buscan el desarrollo incondicional de las fuerzas productivas. Pero como las grandes masas sociales perciben ingresos muy limitados, nunca pueden consumir todo lo que se produce y se originan las crisis de sobreproducción. Después se quejan los capitalistas de que se están vendiendo menos casas, menos automóviles y menos de todo. No puede ser de otro modo: quienes necesitan esas mercancías no pueden comprarlas porque no tienen dinero.
Así que el fin de la producción no debería ser la valorización del capital existente o no únicamente la valorización del capital existente. No se debería permitir que todo el plusvalor creado fuera destinado a aumentar de nuevo la producción, se debería limitar la cantidad de plusvalor destinado a ese fin. Se debe buscar que la producción esté al servicio de las necesidades sociales y la felicidad común. Para ello una buena parte del plusvalor debería ir a manos de sus creadores: los trabajadores. Sólo así se obtendría una mayor proporcionalidad entre lo que se produce y lo que se consume. Y las crisis no nos azotarían.
El dinero como dinero y el dinero como capital
Al dinero suele llamársele capital. Es hábito común entre los economistas burgueses. Pero esto no es cierto, todo dinero no es capital. ¿Cuándo el dinero se transforma en capital? Cuando con ese dinero se compran medios de producción y fuerza de trabajo para producir riqueza.
Si el dinero es empleado para comprar un coche, una vivienda o cualquier otro medio de consumo, ese dinero no es capital. Es cierto que los bancos prestan dinero a los ciudadanos para comprar viviendas y automóviles y les cobra un interés. Es cierto que los bancos venden ese dinero como capital, pero no se usa como capital sino como medio de compra.
La circulación del capital
La conversión de una suma de dinero en medios de producción y fuerza de trabajo es el primer movimiento que efectúa el dinero que debe funcionar como capital. Ocurre en el mercado. La segunda fase del movimiento, la producción, finaliza cuando los medios de producción con el concurso de la fuerza de trabajo se han transformado en mercancías. El valor de estas mercancías encierra más valor que el de sus componentes, esto es, contiene el valor del capital originariamente desembolsado más una plusvalía o ganancia. La tercera fase del movimiento también transcurre en el mercado: hay que vender las mercancías producidas, transformarlas en dinero para iniciar de nuevo el ciclo.
El momento más crítico del ciclo del capital se encuentra en la tercera fase. Las mercancías pueden no venderse o sólo venderse en parte. Pueden incluso venderse pero el cliente no pagarlas. Si esto ocurre, el ciclo queda roto y no hay dinero para iniciarlo de nuevo. Hay que tener en cuenta que el comprador de la mercancía, suponiendo que sea una vivienda, habitualmente solicita al banco un crédito para pagarla. El vendedor ha realizado la venta y puede iniciar de nuevo el ciclo del capital, pero puede suceder que la persona que ha solicitado el crédito no tenga dinero para pagarlo. El ciclo, por lo tanto, no ha terminado. La vivienda no se ha realizado como dinero. Permanece ahora en manos del banco como un bien patrimonial. Y si esto ocurre en cantidad, como ha ocurrido con las hipotecas subprime, se produce una crisis. Los bancos no pueden seguir concediendo créditos y se paraliza o estanca una parte de la producción.
El capital como mercancía
El dinero puede convertirse en capital sólo en el modo de producción capitalista. Y bajo esta circunstancia de un valor dado pasa a ser un valor que se valoriza. El dinero como capital produce ganancia. Pero, ¿qué quiere decir que el dinero como capital produce ganancia? Que faculta al capitalista para extraer de los obreros una determinada cantidad de trabajo no retribuido. De esta manera, además del valor de uso que posee como dinero, esto es, ser medio de compra, adquiere un valor de uso adicional: funcionar como capital. La utilidad del dinero como capital estriba justamente en la ganancia que produce. Y esta utilidad del dinero como capital, producir ganancia, hace posible que se transforme en mercancía.
Si la cuota media anual de ganancia es del 20 %, toda suma de 100 euros empleadas como capital genera una ganancia de 20 euros. Por lo tanto, si A dispone de 100 euros, A tiene en sus manos el poder de producir 20 euros de ganancia. Si A cede los 100 euros por un año a B que los emplea como capital, le dará a B el poder de producir 20 euros de ganancia. Si al final del año B le paga 5 euros al propietario de los 100 euros, le está pagando el valor de uso de los 100 euros como capital. Los 5 euros que B le paga a A se llaman interés, que no es más que un nombre especial para una porción de la ganancia que el capital en funciones tiene que abonarle al propietario del capital. Desde este momento es necesario distinguir entre el capitalista en funciones, el capitalista que realmente emplea el dinero como capital, y el propietario del capital.
Se ha instalado en la conciencia de la gente que es un hecho natural que quien deposite en un banco una suma de dinero a plazo fijo, debe entregársele a cambio un interés. Parece que es natural y razonable este hecho. Pero los marxistas deberíamos expresar este hecho de otro modo: quien deposita dinero a plazo fijo en un banco, tiene derecho a apropiarse de una determinada cantidad de trabajo ajeno. Pero la cosa no queda ahí, puesto que el beneficio del banco proviene de la diferencia existente entre el interés al que presta el dinero y el interés que paga a los depositantes. Así que los dueños de los bancos, los accionistas, al prestar dinero, tienen también derecho a apropiarse de trabajo ajeno. Hemos supuesto que de modo general el interés es un parte de la ganancia que el industrial o comerciante produce con el capital prestado.
A este respecto hay que tener en cuenta dos cuestiones. Una, si el número de personas que viven de prestar dinero crece de manera desproporcionada con respecto a las personas que producen ese beneficio, el sistema económico termina por saltar y se produce una crisis. Son demasiadas manos las que se apropian de trabajo ajeno. Aquí también debe intervenir el Estado: no se puede permitir esos descomunales sueldos e ingresos que tienen los grandes capitalistas, los altos ejecutivos, las estrellas del deporte, las estrellas de cines y un largo etcétera. Cuanta mayor masa monetaria ingrese una persona, mayor capacidad tienen para apropiarse de trabajo ajeno. Suponiendo que el tipo de interés vigente sea del 5 %, si deposito 1000 euros a plazo fijo, obtengo 50; pero si deposito 10 millones de euros, obtengo 500.000 euros. Y esto no debe permitirse, no sólo porque supone una cruel explotación, sino porque el sistema económico no puede resistirlo y periódicamente incurrirá en crisis.
La segunda cuestión a plantear es que cuando un banco presta dinero para que un asalariado compre una vivienda, el interés que paga el trabajador no proviene de la ganancia, puesto que él no emplea el dinero como capital, sino de su salario. Aquí el dinero prestado adquiere la forma de usura. Es una cruel explotación la que se realiza sobre los trabajadores. Al comprador de la vivienda lo explota primero el propietario del suelo, cuyo precio ha ascendido de manera astronómica sin haber añadido el menor trabajo al mismo, y después el banquero, que le cobra un desproporcionado interés. Aquí de nuevo debe intervenir el Estado: el interés del dinero prestado para comprar viviendas no debe exceder en ningún caso la inflación.
El crédito como mediador de toda actividad económica
En un sistema de producción donde todo el mecanismo del proceso de reproducción se base en el crédito, desde que éste cesa de repente tiene que producirse una crisis, esto es, una demanda violenta de medios de pagos. Todas las empresas solicitan crédito para comprar maquinarias y materias primas, todas tienen siempre un estado determinado de endeudamiento, siempre le deben dinero a los bancos. Igual sucede con los consumidores: solicitan créditos para comprar una vivienda, un automóvil, muebles etcétera. De manera que el sistema capitalista no podría sostenerse ni reproducirse si falla el sistema de crédito, si los bancos no prestan dinero. De ahí la necesidad irrenunciable de que el Estado intervenga en la actual crisis e inyecte dinero al mercado financiero. Si no lo hiciera, las consecuencias a corto plazo serían en parte muy graves y en parte irreparables.
Bajo el punto de vista de los intereses del socialismo nos debe alegrar que esta intervención en el caso de Inglaterra haya consistido en la nacionalización de una parte de los bancos. El Estado en algunos casos, no sé si en todos, se ha convertido en el accionista mayoritario. Creo que esta crisis ha puesto de manifiesto la importancia básica del crédito monetario y de la actividad de los bancos. También ha puesto de manifiesto la necesidad de la intervención del Estado. Por lo tanto, siendo los bancos un agente tan importante y básico para el sistema económico, se deduce con claridad la necesidad de que los bancos sean de propiedad pública y no de propiedad privada. Y no es un sueño de utópicos socialistas, sino una urgente necesidad, como ha puesto de manifiesto la actuación de los Estados capitalistas en la actual crisis financiera.
El capital ficticio
La forma del capital productor de interés, esto es, que el dinero produce más dinero, implica que toda renta regular de dinero se presente como interés de un capital, provenga o no de un capital. Primero se convierte en interés la renta monetaria, y después se calcula el capital del que aquel interés supuestamente proviene.
Pongamos por ejemplo el salario. Supongamos que una persona gane al mes 1000 euros.
Si el tipo de interés es del 5 %, los 1000 euros se presentarían como el interés que arroja un capital de 20.000 euros. El salario se consideraría aquí como el interés, y la fuerza de trabajo como el capital que arroja este interés. El absurdo de la concepción capitalista llega aquí a extremos irrisorios, puesto en vez de explicar la valorización del capital por la explotación de la fuerza de trabajo, se procede al revés, se presenta la fuerza de trabajo como si fuera un capital que arroja un interés específico: el salario. La mejor manera de desbaratar este absurdo estriba en saber que el obrero tiene que trabajar para poder obtener ese “interés” llamado salario, mientras que el capitalista monetario no tiene que trabajar para percibirlo.
Pero aclaremos mejor el concepto de capital ficticio poniendo como ejemplo la deuda pública. El Estado toma prestado dinero y emite títulos de deuda pública. Aquí el acreedor, quien posee el título de deuda, no puede romper sus lazos con el deudor, el Estado. Lo que sí puede hacer es vender a otra persona ese título de deuda. Pero lo primero que debemos ver claro es que el capital prestado ya no existe, puesto que el Estado ya se lo ha gastado. Lo único que existe es un título de deuda en manos del acreedor. Supongamos que este título de deuda tenga un valor nominal de 100 euros y que el tipo de interés sea del 5 %. El propietario del título podrá reclamar cada seis meses o cada año el 5 % que le corresponde de los impuestos recaudados por el Estado. En eso se basa su derecho de propiedad. Pero tiene otra opción: puede venderlo a otra persona por 100 euros. Pero en todos estos casos el capital sigue siendo ilusorio, ficticio. Y por dos razones fundamentales: una, porque ya se gastó, y dos, porque no se usó como capital.
Las acciones
Las acciones representan capital real, esto es, al capital invertido o pendiente de invertir en la empresa en cuestión: en maquinarias, instalaciones, materias primas, salarios, etcétera. Pero este capital no existe por partida doble: una vez como acción, como título de propiedad, y otra vez, como capital realmente existente. Sólo existe bajo esta última forma: como capital realmente existente en la empresa. Erróneamente muchos economistas convencionales llaman a las acciones capital en vez de decir que representan capital. Entre ser y representar hay una diferencia ostensible.
Supongamos que una persona A es propietaria de acciones de la empresa H. A puede venderlas a B, y B puede venderlas a C. Estas transacciones no cambian la naturaleza de las cosas. La empresa H no experimenta cambio alguno. A ha transformado sus acciones en dinero y B ha transformado su dinero en acciones. Y las acciones no son otra cosa que títulos de propiedad que dan derecho a su poseedor a percibir una parte de la ganancia generada por la empresa H.
El movimiento independiente del valor de estos títulos de propiedad provoca la apariencia de que constituyen un capital real junto al capital del que son títulos. De hecho, al poderse vender y comprar, se transforman en mercancías, cuyos precios tienen un movimiento específico. Sucede que su valor de mercado adquiere una determinación distinta de su valor nominal sin que se modifique para nada el valor real que representan. Su valor de mercado oscila con la cuantía y la seguridad de los rendimientos a que dan derecho: si la empresa en cuestión proporciona cuantiosos dividendos y es una empresa con futuro, el valor de mercado de las acciones subirá. Si por el contrario la empresa está dando pocos dividendos y sobre su futuro se ciernen malas expectativas, el valor de mercado de las acciones bajará.
Las acciones, la especulación y el tipo de interés
¿Por qué el valor de mercado de las acciones es en parte especulativo? Porque que su valor no viene determinado por los dividendos que arrojan en la actualidad, sino por los esperados, por los que han sido calculados de antemano. Y los vendedores de estos títulos siempre están dispuestos a exagerar los futuros resultados con el fin de que el precio de mercado suba. Pero supongamos que la valorización del capital de las acciones que lo representan sea constante: el 5 %, esto es, una acción de 100 euros arroja un interés de 5 euros. Si el tipo de interés sube del 5 al 10 %, resulta que la acción que garantiza un dividendo de 5 euros sólo representa un capital de 50 euros. Y si el tipo de interés baja del 5 al 2,50 %, resulta que la acción representará un capital ficticio de 200 euros. Por lo tanto, el valor de mercado de las acciones aumenta y disminuye en relación inversa con el tipo de interés. Cuanto más bajo sea el tipo de interés, el valor de mercado de la acción aumentará; y cuanto más alto sea el tipo de interés, el valor de mercado de la acción disminuirá.
En todo caso, el valor de mercado de la acción es siempre el rendimiento capitalizado, esto es, el rendimiento calculado a base de un capital ilusorio o ficticio de acuerdo con el tipo de interés vigente. De ahí que en tiempos de crisis el precio de las acciones baje por dos razones fundamentales: una, porque el tipo de interés sube, y dos, porque todo el mundo quiere desprenderse de las acciones para obtener dinero. Y esta depreciación no sólo se produce para las empresas malogradas, sino también para las que están arrojando aceptables dividendos. De manera que una vez que ha pasado la crisis, el valor de las acciones de estas últimas empresas vuelve a subir. Por último, hay que señalar que la depreciación del precio de mercado de las acciones durante la crisis se convierte en un poderoso mecanismo para la centralización de las fortunas en dinero. Puesto que quien compró la acción a bajo precio en tiempos de crisis, la vende después de la crisis a un precio más alto.
Las acciones y la plusvalía o plustrabajo
Hoy en día todo el mundo puede tener acciones, desde un simple trabajador, pasando por un miembro de la clase media hasta llegar al más grande de los oligarcas. Así que aparentemente todo el mundo se ha convertido en explotador, puesto que quien tiene una acción tiene derecho a cobrar una parte de la plusvalía producida por el capital que representa. Pero mirando las cosas más de cerca el panorama cambia. Debemos partir de la base de que todos los trabajadores, además de producir el trabajo necesario, esto es, su salario, producen plustrabajo o plusvalía, unos más y otros menos. De manera que si un trabajador es propietario de acciones por valor de 3.000 euros y cobra un dividendo anual de 150 euros, suponiendo que la valorización del capital que representa sea del 5 %, lo único que está haciendo es recuperar una parte del plustrabajo que aporta a la sociedad. Así que en este caso el trabajador en cuestión no está apropiándose de trabajo ajeno.
Distinto es el caso de una persona que tiene acciones por valor de 30 millones de euros. Cada año cobrará un dividendo por valor de 1.500.000 euros. En este caso el propietario de esas acciones sí se está apropiando de trabajo ajeno. Se trata entonces de saber cómo evitar que las sociedades por acciones permitan a sus titulares apropiarse de trabajo ajeno. La respuesta es sencilla: poniéndole un tope al ingreso y al patrimonio de cada ciudadano. Sólo así podremos evitar que las riquezas de por sí ya descomunales se vuelvan cada año más descomunales. Y la causa de las crisis se encuentra justamente en el desproporcionado enriquecimiento de unos cuantos, que como tienen mucho más dinero y propiedades que las que necesitan, nunca estimularán el consumo o sólo estimularán el consumo de productos de lujo.
El crédito y la desaparición de las justificaciones del capitalismo
El crédito brinda al capitalista individual un poder absoluto de disposición sobre capital ajeno. La globalización ha hecho que este poder absoluto llegue a extremos alarmantes y enormemente peligrosos para la salud incluso del propio sistema capitalista. Y quien puede disponer de modo absoluto de enormes cantidades de capital ajeno, le permite disponer de trabajo social y, con ello, la posibilidad de apropiarse de ingentes cantidades de plustrabajo. Desaparecen con esto todas las explicaciones y las justificaciones del sistema capitalista. Lo que arriesga el comerciante o el industrial, el emprendedor en general, es la propiedad social, no la propiedad suya. Se ha acabado la idea de que el capitalista merece ganar lo que gana porque arriesga su capital. Esa época acabó. Ahora lo que arriesga es el capital social. También será un absurdo presentar el capital como naciendo del ahorro, cuando lo cierto es que los otros ahorran para él. No sólo estriba la ganancia en la apropiación de trabajo ajeno por parte de capitalista, sino que el capital que se pone en movimiento para producir esa ganancia es ajeno. Así que si el dinero que se les presta a los capitalistas es social, social debe ser la propiedad de las empresas y social deben ser los beneficios generados por la misma.
Insistiendo en la naturaleza social del crédito
La contradicción general del capitalismo, la existente entre el carácter social de los procesos y la apropiación privada de sus resultados, se manifiesta en multitud de procesos y hechos económicos. Esta contradicción la observamos, por ejemplo, en la apropiación de la ganancia media por parte del capitalista. Todo capitalista individual extrae a los trabajadores que explota una determinada cantidad de plustrabajo. Pero el plustrabajo del que se apropia cada capitalista individual depende, no de ese plustrabajo individual, sino de la cantidad de plustrabajo total que extrae el capital global. De manera que cada capital individual se apropia de una parte de ese plustrabajo total, que puede estar por encima o por debajo del que produce de forma individual. Se impone lo social y lo social determina lo individual.
Pero este carácter social de la ganancia sólo se hace realidad de modo íntegro mediante el desarrollo pleno del sistema de crédito y bancario. Este sistema pone a disposición de los capitalistas todo el capital disponible de la sociedad. Pero con una peculiaridad sociológica muy importante: ni quien presta el capital, el banquero, ni quien lo emplea, el emprendedor, es su propietario. Se anula así el carácter privado de el capital y contiene en sí, como advierte inteligentemente Marx, la supresión del propio capital. Vemos de continuo cómo del propio capitalismo nace y se desarrolla su propia negación.
La razón última de las crisis
Para poder explicar la verdadera naturaleza de la crisis y su causa fundamental, Marx presenta lo siguientes supuestos. Uno: suponemos que toda la sociedad se compone de capitalistas industriales y de obreros asalariados. Dos: prescindimos de los cambios de precios que impiden la reposición de ciertas partes del capital. Tres: prescindimos también de los negocios ficticios y de las operaciones especulativas que estimula el sistema de crédito.
Lo que algunos analistas presentan como causa de la crisis, los negocios ficticios y la especulación, Marx nos dice que prescindamos de ellos. ¿Por qué? Porque desvirtúan la esencia del capitalismo. Pero además nos hace una pequeña anotación muy importante: esos negocios ficticios y esas operaciones especulativas son estimulados por el crédito. ¿Por qué? Por la razón que se dio antes: porque los bancos ponen a disposición de los capitalistas o de los que se hacen pasar por capitalistas todos los ahorros de la sociedad.
Pues bien, una vez establecidos aquellos supuestos, Marx explica que la crisis sólo podría explicarse por dos razones: una, por la desproporción de la producción en las distintas ramas, y dos, por la desproporción entre el consumo de los capitalistas y su acumulación. Con respecto a la desproporción entre ramas es manifiesto que el sector de la construcción creció de forma desproporcionada respecto del resto de los sectores económicos. Pero también creció de forma desproporcionada el sector del automóvil y el sector de la telefonía móvil y otros sectores. De ahí que se produzca, de momento, una baja en la venta de viviendas y de automóviles.
Con respecto a la segunda causa, la desproporción entre el consumo de los capitalistas y su acumulación, diremos lo siguiente. La reposición de los capitales invertidos en la producción (en la producción de casas, por ejemplo) depende de la capacidad de consumo de las clases no productivas, de los rentistas, de los ricachos, pero éstos no tienen necesidad de comprar casas, porque ya las tienen y de sobra. Mientras que la capacidad de consumo de los trabajadores está limitada por las leyes del salario, que para una gran mayoría social sólo da para llegar a fin de mes. Los obreros son quienes necesitan las viviendas, pero no tienen dinero para adquirirlas. Y si aumenta el paro, más se reduce el poder adquisitivo de la clase obrera en su conjunto y más se manifiesta la crisis como crisis de sobreproducción.
Por lo tanto, “La razón última de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuvieran más límite que la capacidad absoluto de consumo de la sociedad”.
La crisis capitalista según Marx | 25-10-2008 - 18:25:12 GMT 1 #
Una replica a Toni Negri.
Construir Europa desde abajo y contra el capital, por Josep Maria Antentas (Diagonal) : En su artículo "Europa: espacio de lucha" Toni Negri señalaba correctamente la imperiosa necesidad que tiene la izquierda europea de pensar en términos continentales. Sin embargo, en su planteamiento subyace una orientación errónea respecto a la relación que la izquierda debe mantener con la UE actual. El argumentario de Negri no es nuevo y entronca con sus posiciones pasadas de apoyo crítico a la constitución europea. Su razonamiento confunde la necesidad de articular una estrategia continental por parte de la izquierda anticapitalista europea con la subalternización de ésta al proyecto de integración de las elites continentales. Asocia mecánicamente toda oposición abierta a la Europa del Capital con una estrategia carente de perspectiva internacional y de repliegue resistencialista en el marco del Estado-nación. Si bien dicha orientación existe entre algunas fuerzas progresistas, parece difícil de negar que el grueso de la izquierda social y política que ha estado impulsando iniciativas como el Foro Social Europeo (FSE) o la campaña francesa por el non a la Constitución Europea lo han hecho desde posiciones internacionalistas, solidarias, y de defensa de “Otra Europa”. Negri descalifica a la “extrema izquierda” europea y a proyectos como el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) de Besancenot en Francia y Die Linke en Alemania, a las que acusa del “abandono del proyecto de la unidad europea” y de defender “posiciones antieuropeas”, sin aportar muchas evidencias. Conviene señalar, por cierto, que Die Linke y el NPA son, aunque Negri los meta en el mismo saco, proyectos dispares y con concepciones estratégicas diferenciadas. Esquematizando, Die Linke es una formación antineoliberal que no excluye colaborar con partidos y gobiernos social-liberales para intentar “influenciarlos”, mientras que el NPA sitúa la lucha contra el neoliberalismo en una perspectiva anticapitalista y en base a la independencia clara respecto a partidos y gobiernos social-liberales.
Según Negri, “estos partidos y partidillos no han dejado de ser republicanos, corporativos y, cuando no lo son, consideran que sólo pueden reproducirse sobre una base nacional y que sólo dentro de esas dimensiones pueden construir un programa”. La afirmación es sorprendente, referida en particular al NPA de Besancenot. Su organización promotora, la Ligue Communiste Révolutionnaire, ha estado desde el comienzo vinculada a las principales experiencias de articulación de los movimientos sociales europeos, como las ya lejanas “euromarchas” contra el paro, el FSE, o las “euromanifestaciones” durante las cumbres europeas. Ha estado implicada en proyectos como el de la Conferencia de la Izquierda Anticapitalista Europea, que agrupa a varias formaciones políticas europeas, o el encuentro Mayo 1968-Mayo 2008 celebrado este año en Paris, que reunió a unas 30 fuerzas europeas. En él, el propio Besancenot señalaba la necesidad de reforzar la coordinación de la izquierda radical europea y afirmaba que “avanzar en la construcción de un partido anticapitalista europeo” será uno de los objetivos estratégicos del NPA. No parece éste un horizonte propio de una organización que actúe sólo “sobre una base nacional” y que no tenga en cuenta la dimensión estratégica del ámbito europeo como un “espacio de lucha”. Negri es muy libre de disentir del NPA de Besancenot, pero no es serio lanzarle acusaciones poco fundadas.
De forma certera, Negri afirma que “sólo en el terreno europeo la lucha puede tornarse eficaz. Negarlo es suicida. Y la unidad europea es una tarea que hay que llevar a cabo, una responsabilidad que hay que asumir”. Pero ello no debe hacerse sobre la base de una postura subalterna, sino desde la independencia y la confrontación con éste. Ser incapaz de pensar una estrategia independiente respecto al proyecto del capital sólo va a conducirnos a graves desorientaciones, a tomar por amigos a los enemigos y a tirarnos piedras encima de nuestro propio tejado, apoyando (críticamente, ¡claro !) a políticas que van contra los intereses de los sectores populares. La izquierda anticapitalista tiene el reto de formular una estrategia continental, de articular un polo europeo diferenciado de la izquierda subalterna al social-liberalismo, y de reforzar la ‘europeización’ de las luchas y las resistencias. El proyecto que nos propone Besancenot va en esta dirección : la de una izquierda para la cual, como señalaba en el mencionado acto en Paris “el internacionalismo no es sólo una herencia. Es nuestra marca de fábrica. Nuestra práctica cotidiana”. Más claro imposible.
*Josep Maria Antentas es Profesor de Sociología en la UAB y miembro de la redacción de Viento Sur
Construir Europa desde abajo y contra el capital | 02-11-2008 - 11:27:14 GMT 1 #
¿Qué ocurrió en Islandia?, por Jack Smart : "La economía islandesa es próspera y flexible" (FMI. 4/7/2008).
"Existe un peligro muy real... que la economía islandesa, en el peor de los casos, pueda ser absorbida con los bancos en un remolino y que el resultado pudiese ser la bancarrota nacional". (Discurso a la nación del primer ministro de Islandia Gier Haarde, 6/10/2008).
¿Qué ocurrió en Islandia en ese período de tres meses que pueda explicar este cambio? Por supuesto en otras ocasiones hemos señalado la arrogancia y estupidez de la burguesía y sus representantes en instituciones como el FMI, que claramente cometieron un error en su valoración de la economía islandesa. Pero Islandia ha sido uno de los países más afectados por la actual crisis mundial del sistema capitalista.
Para explicar la crisis particular de los bancos de Islandia lo mejor que podemos hacer es remitirnos a un artículo publicado por The Financial Times el 1 de julio de 2008 escrito por Robert Wade, profesor de la London School of Economics. El profesor Wade explica que antes del año 2000 la mayoría de los bancos islandeses eran de propiedad pública y aplicaban una política conservadora en cuestiones como los préstamos y el crédito. Los tipos de interés reales, es decir, los tipos de interés teniendo en cuenta la alta tasa de inflación de Islandia, eran bajos e incluso negativos. No se daba fácilmente crédito y era bastante difícil conseguir préstamos individuales. Debido a la presión de la clase capitalista, envidiosa de los masivos beneficios que conseguían los bancos en otras partes, en el año 2000 el sistema bancario islandés se desreguló y privatizó.
Citaremos al profesor Wade: "Los bancos fueron privatizados en el año 2000 mediante un precio rápido y dirigido políticamente. La propiedad pasó a personas que tenían estrechas relaciones con los partidos de la coalición conservadora gobernante que apenas tenía experiencia en la banca moderna". Los reguladores bancarios "prefirieron una reglamentación reguladora lo más libera posible". (Robert Wade. The Financial Times. 1/7/2008). Por supuesto lo que quiere decir el buen profesor es que la elite islandesa vio la oportunidad de hacer negocios con el sistema bancario y por lo tanto arregló todo para que así fuese. La democracia parlamentaria simplemente fue un medio para conseguir este objetivo. Estas acciones, por supuesto, fueron aplaudidas por la clase capitalista mundial y alabada por instituciones como el FMI.
Los bancos, de trabajar principalmente como bancos comerciales internos, extendieron sus operaciones a la banca de inversión. La desregulación permitió a los bancos, empresas e individuos pedir prestadas grandes sumas de dinero y este capital ficticio provocó un boom masivo. La mayor parte de este dinero procedía de fuera de Islandia en lo que se conocía como "bicicleta financiera" [operaciones en las que se toma dinero prestado en una moneda a tasas bajas para colocarlo en otra moneda a tasas más altas. N. del T.]. Era una forma que tenían los especuladores capitalistas de pedir dinero prestado fuera de Islandia, es decir, a la Eurozona, a tipos de interés bajos, a cambio de coronas islandesas y después prestar a los bancos, empresas e individuos islandeses a tipos de interés más altos.
Mientras los tipos de interés en zonas como la Eurozona estaban bajos y el crédito en estos lugares era fácilmente accesible, la fiesta continuó. Las bancos y las empresas se endeudaros para financiar inversiones tanto en Islandia como en el extranjero. Se dedicaron a comprar valores en Europa incluidas muchas empresas hipotecarias británicas. El Banco Central de Islandia levantó los requerimientos necesarios de reserva e intentó frenar el aumento de la inflación causado por el boom financiero incrementando los tipos de interés hasta un 15 por ciento. Esto provocó una afluencia de capital extranjero, un aumento de la bicicleta financiera y más boom. Se proclamó el milagro de la economía islandesa, incluso algunos ideólogos burgueses llegaron a anunciar que era "el primer país del mundo gestionado como un fundo de alto riesgo", eso hacía que Islandia fuese el modelo para el futuro.
Por supuesto, la fiesta no podía durar eternamente. Durante el último año, en la medida que la crisis económica se ha intensificado, los bancos empezaron a ser reticentes a prestar dinero y han estado pidiendo la devolución de sus préstamos. La bicicleta financiera en Islandia terminó y los préstamos a los bancos islandeses debían ser devueltos. El problema es que ahora los bancos islandeses tienen un alto nivel de apalancamiento, es decir, deuda con relación a los activos reales. The Financial Times informaba el 8 de octubre que según el Banco Central de Islandia, el dinero adeudado por los bancos del país al extranjero en el segundo trimestre de 2008 era seis veces el PIB de Islandia. A los ojos de los capitalistas Islandia se ha convertido en un "sistema bancario razonablemente grande con un pequeño país acoplado" (The Financial Times. 8/10/2008), pero el sistema bancario también estaba en crisis. El gobierno islandés aprobó medidas de pánicos y ordenó a los bancos vender sus activos en el extranjero y repatriar el dinero. El 5 de octubre el gobierno anunció que no había necesidad de introducir medidas especiales. En medio de la crisis financiera mundial el parlamento aprobó una ley, con el apoyo de la oposición, que permitía al gobierno hacerse cargo de los bancos. Ese mismo día el primer ministro se dirigió a la nación y anunció "la perspectiva es desalentadora para muchos".
Se suspendió la bolsa y como los bancos no tenían suficiente dinero para cubrir sus deudas, uno por uno fueron nacionalizados. Landsbanki fue nacionalizado el 7 de octubre, lo que empujó al gobierno británico a congelar unos 4.000 millones de libras en valores de Landsbanki recurriendo a la ley antiterrorista. La justificación legal fue combatir una "acción que iba en detrimento de la economía británica", el gobierno británico dijo que había utilizado sus poderes para proteger a los pequeños depositarios británicos porque no estaba claro que Landskanki pudiese cubrir sus obligaciones. Como explicaba The Financial Times: "Para aquellos con dinero atado a su sistema bancario [el de Islandia]... las pérdidas amenazan con ser grandes". (FT. 8/10/2008). No contento con etiquetar las acciones de un banco como acciones terroristas, al día siguiente el gobierno británico se hizo cargo de la administración de la filial británica del banco islandés, Kauphting, provocando que la empresa con base en Islandia entrase en bancarrota técnica. El gobierno islandés se vio obligado a nacionalizar también Kaupthing.
Por supuesto esta es la manera en que los capitalistas y sus representantes se tratan entre sí. El gobierno británico no representa a los trabajadores de Gran Bretaña ni el gobierno islandés representa a los trabajadores islandeses. Cuando están amenazados los beneficios de su clase capitalista, el gobierno británico hace lo que sea, sobre todo si es contra un país pequeño y menos poderoso. Así que incautó los bienes de los bancos islandeses en Gran Bretaña independientemente del efecto que eso tenga para su aliado. A cambio el gobierno islandés tuvo que recurrir a la carta nacionalista e intentó culpar al gobierno británico. En realidad lo que hay detrás es la locura del sistema capitalista.
Los bancos de Islandia no estaban expuesto a las hipotecas basura cuando se desencadenó la crisis del crédito el año pasado. Pero sí estaban metidos en la burbuja especulativa que ha experimentado el capitalismo mundial durante el último período, una burbuja que ahora ha pinchado. El gobierno ha nacionalizado los bancos, el estado no tiene recursos para hacer frete a todas las obligaciones de los bancos y ahora se enfrenta a la bancarrota. En el año 2000 los activos combinados de los bancos islandeses eran inferiores al PIB anual de ese año, ahora se calcula que esos activos, basados en la deuda, son aproximadamente 10 veces el PIB.
Dicen que el gobierno está negociando un préstamo con Rusia y otro con el FMI. Como saben los trabajadores argentinos, el FMI se asegura de que la clase obrera pague las extravagancias de la clase dominante. En cualquier caso, independientemente del endeudamiento adicional que contraiga el gobierno para hacer frente a la crisis a corto plazo, está claro que sobre la base del capitalismo no hay soluciones creíbles para los trabajadores islandeses. En medio de las nacionalizaciones de los bancos en la prensa británica citaban a una mujer que decía: "No tenía dinero antes, no tengo dinero ahora (...) Conozco a un chico que antes del último fin de semana tenía 3.000 millones de coronas y después 600 millones. Pero su esposa aún compra en Prada". (The Guardian. 8/10/2008). Se trata de una comparación de los sacrificios que hace cada clase cuando se trata de la crisis. Desgraciadamente, este sólo es el principio, las condiciones para la clase obrera empeorarán. Pero este contraste entre los privilegiados y los pobres no se tolerará mucho tiempo.
¿Qué ocurrió en Islandia? | 04-11-2008 - 09:11:07 GMT 1 #
Entrevista a Noam Chomsky
"La crisis financiera marca el fin de un modelo cultural cuya doctrina es el fundamentalismo del libre mercado"
Agencia Reforma
La crisis financiera actual representa también la crisis de un modelo cultural que tiene como principal doctrina al fundamentalismo del libre mercado, aseguró en entrevista Noam Chomsky (Philadelphia, 1928), calificado como el intelectual más influyente del planeta por las revistas Foreign Policy y Prospect Magazine en 2005.
"Donde la liberación financiera ha tenido lugar, a menudo resulta ser desastrosa, un hecho que debe ser suficientemente familiar en América Latina", dijo el lingüista y profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts.
"Este modelo intelectual ha sufrido un duro golpe. Ha sido modificado radicalmente por la intervención del Estado, el mismo tipo de intervención que ha sido prohibida para los países pobres. El modelo será objeto de nuevas modificaciones de acuerdo a los intereses de los centros de poder económico que en gran medida controlan la política estatal".
Estados Unidos (EU) ha destinado 700 mil millones de dólares para salvar a los bancos, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan dijo que cometió un error al confiar en el libre mercado, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz comparó la caída del sistema financiero con la caída del Muro de Berlín, a diario pierden las bolsas de valores y se dice que lo peor está por llegar.
-¿Cuál es la magnitud de la actual crisis económica?
Nadie sabe qué tan grave será. Y no es una sola crisis: hay varias. Una es la crisis financiera que se encuentra en las primeras páginas. Otra es la recesión en la economía real, es decir, la economía productiva. Una tercera, en EU, es la inminente crisis del ineficiente y costoso sistema privado de atención a la salud, que socavará el presupuesto federal a menos que se aborde en serio. Estos interactúan de manera compleja.
No veo ninguna utilidad en compararla con el Muro de Berlín. Ese fue un paso crucial para la caída de la URSS. No hay indicios de que las instituciones del Estado capitalista estén enfrentando un destino similar, excepto sectores como los bancos de inversión y algunas otras en el sector financiero, y por muy diferentes razones, sectores industriales como el automotriz en EU.
-¿Cuáles son las lecciones de esta crisis?
La más inmediata es que el fundamentalismo de mercado fue un desastre, lo cual no debería sorprender a los latinoamericanos o a otros sometidos a esta disciplina. Más específicamente, la liberalización financiera conduce al desastre. También, que la liberalización es un serio golpe c ontra la democracia. Otra lección subraya la sensible observación del principal filósofo social estadounidense del siglo 20, John Dewey: la política es "la sombra que las grandes empresas proyectan sobre la sociedad".
-¿Será el ocaso del poder de los Estados Unidos y el inicio de la hegemonía de China o la India?
Es muy poco probable, a pesar de que la crisis puede llevar adelante el proceso de diversificación de la economía mundial. Los EU tienen enormes ventajas, aparte de su abrumador poderío militar. Europa tiene una economía de escala comparable, pero es heterogénea, y ha sido renuente a dar un paso adelante en los asuntos mundiales, prefiere permanecer bajo la sombra de EU. China y la India han estado creciendo, al igual que otros países de Asia que desafían la ortodoxia neoliberal, pero tienen enormes problemas internos. Un indicador está dado por el Índice de Desarrollo Humano de la ONU: China ocupa el lugar 81; India, el 128 (apenas por encima de Laos y Camboya). Y eso es sólo la superficie.
-¿Es la crisis de las finanzas o la crisis de un modelo cultural?
Es la crisis de un "modelo cultural" si por esto nos referimos a un sistema doctrinal: el fundamentalismo del libre mercado. Pero, a pesar de las pretensiones, esa doctrina nunca fue aceptada por los mismos centros de poder occidentales, pese a que fueron felices en predicarlo a los demás. Esto es un patrón histórico que se remonta por siglos, y es un importante factor en la creación del Tercer Mundo en las regiones colonizadas.
Autor de "Hegemonía o supervivencia. La estrategia imperialista de EU", Chomsky menciona que Ronald Reagan, quien es reconocido como el "sumo sacerdote de los libres mercados", incrementó el tamaño del gobierno, rescató el Continental Illinois Bank y fundó el consorcio Sematech para salvar a la industria de semiconductores estadounidense, entre otras acciones.
La crisis económica también ha evidenciado el "desmantelamiento" que sufre la democracia a causa del sistema del libre mercado, consideró Chomsky, quien se ubicó en la onceava posición de la lista de junio pasado sobre los intelectuales más influyentes del mundo. En la lista elaborada por Foreign Policy, editada por el Fondo Carnegie para la Paz Internacional, los primeros 10 fueron musulmanes. "En una democracia, las organizaciones populares, sindicatos, partidos políticos y otros, podrían estar formulando soluciones y presionando a los representantes políticos para ponerlas en práctica y no hay ninguna señal de eso", sostuvo.
Es sorprendente, agregó el icono de la izquierda internacional, que los principales medios de comunicación estadounidenses insistan en invertir recursos públicos para salvar a los bancos, sin ningún tipo de control público, mientras que condenan el rescate de la industria automotriz.
Los empleados de la industria del auto ganan 56 mil 650 dólares al año, casi lo que gana en un día Robert Rubin, actual presidente del Comité Ejecutivo de Citigroup, y uno de los responsables del actual desastre económico, en su calidad de ex Secretario del Tesoro de Bill Clinton, apuntó.
-¿Qué puede esperar el mundo y Estados Unidos si Barak Obama gana las elecciones?
Las bases de Obama parecen ser las de un demócrata centralista, tal vez no como Clinton. Un análisis más detallado tendría que considerar caso por caso.
-¿Qué representa el que un afroamericano pueda llegar a ser presidente de EU?
Es bastante significativo, como el hecho de que en las elecciones del partido Demócrata los candidatos fueron una mujer y un negro. Hace 40 años habría sido prácticamente inconcebible. Este es uno de los muchos indicios de la militancia popular de la década de 1960 y sus secuelas.
-¿Cuáles serán las consecuencias de la crisis económica en el ámbito cultural?
Eso es impredecible. Las crisis económicas a menudo se han visto acompañadas por la aparición del gran arte.
La crisis financiera marca el fin de un modelo cultural cuya doctrina es el fundamentalismo del libre mercado | 04-11-2008 - 17:53:45 GMT 1 #
Impacto global, por Ignacio Ramonet
(Le Monde Diplomatique) :
El apocalipsis financiero no ha terminado. Se está transformando en recesión global. Y todo indica que vamos hacia una Gran Depresión. Por espectaculares que sean, las medidas adoptadas en Europa y en Estados Unidos no van a provocar el final de las dificultades. Lo admitió el propio Henry Paulson, Secretario del Tesoro estadounidense: "A pesar de nuestro gran plan de rescate, más instituciones financieras van a ir a la quiebra".
En un informe sobre las crisis de los últimos treinta años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirma que las que tienen a los bancos y al sector inmobiliario como protagonistas son especialmente "intensas, largas, profundas y dañinas para la economía real". Las efectos ya se extienden por los cinco continentes: en unas semanas, el real brasileño ha perdido el 30% de su valor; el zloty polaco, un 22%; la rupia india, un 10%; el peso mexicano, un 14%. Presiones similares afrontan Indonesia, Filipinas o la República Checa.
Las autoridades estadounidenses ya han inyectado más de billón y medio de euros (equivalente al doble de lo que ha costado, desde 2001, las guerras de Afganistán y de Irak) en sus diferentes planes de rescate de bancos, cajas de ahorros y compañías de seguros. Y los grandes bancos del mundo aún necesitan varios miles de millones de euros... Lo cual les conduce a restringir el crédito a las empresas y a los particulares. Con las consecuencias muy negativas que eso está teniendo en la economía real.
Los países avanzados, entre ellos España, que han recurrido a la innovación financiera para garantizar altas rentabilidades a los inversores, son los que encajan el golpe más duro. El FMI estima que la economía de esos países tendrá el avance más débil desde hace 27 años. El mundo va camino de sufrir su peor pesadilla desde 1929.
Por sus inéditas dimensiones, esta crisis pone fin al periodo neoliberal basado en las tesis monetaristas de Milton Friedman que dominaron, durante tres décadas, el campo capitalista. Y encandilaron también a la socialdemocracia internacional. El repentino derrumbe de ese credo deja a la mayoría de los dirigentes políticos desamparados. El patético espectaculo de responsables multiplicando de modo disparatado las reuniones y las "medidas de rescate" da una idea de su despiste.
En Estados Unidos, los bancos han trabajado en unas condiciones de libertad absoluta concedidas en nombre de fundamentos ideológicos. Por ello, la clase política norteamericana tiene la responsabilidad del caos actual. El dogma del mercado infalible se ha autodestruido. En cambio, el modelo de los países que han mantenido algún tipo de control de cambio -China o Venezuela, por ejemplo- se ve ahora reivindicado. Y aunque el impacto de la crisis se hará sentir en todo el planeta, esas economías que no adoptaron la desregulacion ultraliberal saldrán mejor paradas. Algunos analistas resaltan, para América Latina, el interés de mecanismos como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), el Banco del Sur, o la idea de un banco de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) recientemente propuesta por el presidente venezolano, Hugo Chávez.
Es un momento histórico (1). Se derrumba no sólo un modelo de economía sino también un estilo de gobierno. Eso altera el liderazgo de EEUU en el mundo. En particular su hegemonía económica. Sus finanzas dependen de que sigan entrando fuertes sumas de capital extranjero. Y los países de donde procede ese dinero -China, Rusia, petromonarquías del Golfo- van ahora a influir en su futuro.
En 2006, China y Oriente Próximo financiaron, a partes iguales, el 86% del déficit de los países industriales. En 2013, el superávit chino excederá la totalidad del déficit de los países industriales. Todo ello otorga a Pekín un papel decisivo en el mantenimiento de la estabilidad del sistema financiero internacional. Y es probable que, a cambio, China trate de obtener concesiones en asuntos como los de Taiwan o el Tíbet.
El declive de la economía anuncia, en general, la decadencia de los imperios (2). ¿Podrá la debilitada economía estadounidense seguir asumiendo la costosísima guerra de Irak? El conflicto de Vietnam acabó con la equivalencia entre el dólar y el oro, e hizo tambalear el sistema de Bretton Woods. La guerra de Irak, por su coste, ha provocado una transferencia de riqueza de EEUU a sus competidores. La influencia de los fondos soberanos y de China se ha reforzado. La crisis actual refuerza ese movimiento, y provoca un reequilibrio fundamental: el centro de gravedad del mundo se desplaza de Occidente hacia Oriente.
Pero tal desplazamiento desencadena consecuencias en cascada como las que plantea el ensayista británico John N. Gray: "Si EEUU se retira de Irak, Irán quedará como vencedor regional. ¿Cómo reaccionará Arabia Saudí? ¿Habrá más o menos probabilidades de una acción militar para impedir que Irán adquiera armas nucleares?" (3). Es evidente que Washington está perdiendo poder. La guerra de Georgia, en agosto pasado, mostró a Rusia rediseñando el mapa geopolítico del Cáucaso, sin que EEUU pudiera hacer nada.
La situación económica es tan grave que muchos Gobiernos echan por la borda sus creencias ideológicas, y están dispuestos a adoptar medidas que ellos mismos habrían tachado de heréticas hace poco. Por ejemplo, aumentar el gasto público. Y relanzar las inversiones en obras de infraestructura importantes como estímulo económico. El propio FMI aboga por una intervención pública más radical.
El modelo de capitalismo, diseñado por los Estados del Norte para el mayor provecho de los países ricos, ha muerto. La nueva arquitectura de economía social de mercado la definirán, a partir de la reunión del 15 de noviembre en Washington, no sólo los Grandes del G8 sino también, por primera vez, potencias del Sur como Argentina, Sudáfrica, Brasil, China, la India y México. Ya era hora.
Notas:
(1) John N. Gray, "Mucho más que una crisis financiera", El País , Madrid, 11 de octubre de 2008.
(2) Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias , Debolsillo, Barcelona, 2004.
(3) Op. cit .
Impacto global | 05-11-2008 - 09:36:24 GMT 1 #
Las cuatro crisis
Carlos Taibo
La Verdad
La afirmación que subraya que la crisis de estas horas recuerda poderosamente a la de 1929 se topa con un problema severo: la crisis contemporánea tiene un carácter múltiple que no exhibía la de ochenta años atrás. Y es que hoy se dan cita, en una combinación explosiva, la crisis del capitalismo global, la derivada del cambio climático, la surgida del encarecimiento inevitable de las principales materias primas energéticas que empleamos y, en fin, y si así se quiere, la nacida de un crecimiento demográfico de efectos muy delicados. En semejante escenario, si la crisis de 1929 sirvió de asiento a la consolidación de los fascismos en la Europa del decenio siguiente, con las consecuencias conocidas, la de hoy anuncia procesos tanto o más inquietantes. Como es bien sabido, la principal respuesta que han abrazado los principales centros de poder, en EE UU como en la UE, es tan insuficiente como inmoral. Su propósito principal no es otro que sanear un puñado de instituciones financieras desde hace tiempo entregadas a prácticas lamentables. El objetivo, visible, es que cuanto antes puedan volver a las andadas. Al respecto se antoja llamativo, por cierto, que apenas se hayan abierto causas legales contra los directivos de esas instituciones. Tan llamativo como que los gobiernos, convidados de piedra mientras las empresas acumulaban, tiempo atrás, formidables beneficios, acudan ahora presurosos, con el dinero de todos, a su rescate en época de vacas flacas.
Bien es verdad que en el terreno formal se postula -véanse, si no, las reiteradas declaraciones del presidente francés Sarkozy- un capitalismo más regulado. Entiéndase bien lo que esto, en los hechos, significa: cuando se sugiere que hay que cancelar los abusos que han acompañado al despliegue del proyecto neoliberal se olvida que este último es, en sí mismo, un abuso. La parafernalia retórica empleada pretende hacernos olvidar que en realidad no hay ningún designio de abandonar ese proyecto, como lo demuestra, sin ir más lejos, el hecho de que nadie en los estamentos directores de la UE haya apuntado la conveniencia de prescindir, sin trampas, de un tratado, el de Lisboa, de clara vocación desreguladora.
Pero es urgente subrayar que, de nuevo a diferencia de lo que ocurrió con posterioridad a 1929, hoy las respuestas keynesianas se topan con problemas insorteables. El principal es, sin duda, el que nace de los límites medioambientales y de recursos que acosan al planeta. Quienes estiman, por ejemplo, que la obra pública en infraestructuras de transporte es una respuesta airosa frente a la crisis deberán explicarnos quién va a utilizar las maravillosas autovías que se aprestan a construir cuando el litro de gasolina, dentro de unos años, cueste seis, ocho o diez euros.
Es significativo, por lo demás, que en estos días a gobernantes y medios de comunicación sólo les preocupe la primera, y la menos importante, de las cuatro crisis que identificamos. Semejante conducta sólo puede explicarse en virtud, de nuevo, del propósito de salvar la cara al proyecto neoliberal y eludir, con ello, cualquier consideración seria de lo que se nos viene encima. Al respecto, y dicho sea de paso, la crisis se ha convertido en una formidable cortina de humo que permite mover pieza en terrenos delicados. En las últimas semanas se ha recurrido con frecuencia, en particular, a la aseveración de que los problemas financieros han dado al traste con los Objetivos del Milenio o con la lucha contra el cambio climático, como si uno y otro proceso no estuviesen muertos antes de la propia crisis. En la misma línea, sobran las razones para concluir que son muchos los empresarios decididos a aprovechar la tesitura para, con gran contento, prescindir de muchos de sus trabajadores. Nunca se subrayará lo suficiente, en suma, que los 540.000 millones de euros invertidos en el plan de rescate estadounidense permitirían resolver de una tacada los principales problemas planetarios en materia de sanidad, educación, alimentación y agua. Este dato, por sí solo, se convierte en un fiel retrato de las muchas miserias que tenemos entre manos.
En la magra discusión mediática que ha cobrado cuerpo sobre la crisis falta, visiblemente, una conciencia clara de los límites medioambientales y de recursos del planeta. Al respecto hay que colocar en lugar central el concepto de huella ecológica, con el recordatorio paralelo de que hemos dejado muy atrás las posibilidades materiales que la Tierra nos ofrece, de tal suerte que en los hechos estamos consumiendo recursos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras.
Sorprende sobremanera que en la discusión mencionada no haya espacio alguno, en los países ricos, para tomar en serio la imperiosa necesidad de acometer un proyecto de decrecimiento en la producción y en el consumo. Y, sin embargo, bien sabemos que el crecimiento económico, idolatrado, no propicia una mayor cohesión social, genera agresiones medioambientales a menudo irreversibles, se traduce en el agotamiento de recursos con los que no van a poder contar nuestros hijos y nietos, y, por si poco fuere, facilita el asentamiento de un modo de vida esclavo que, al calor de la publicidad, el crédito y la caducidad, nos invita a concluir que seremos más felices cuantos más bienes acertemos a consumir.
Frente a toda esa sinrazón es hora de defender la solidaridad y el altruismo, el reparto del trabajo, el ocio creativo, la reducción en el tamaño de un sinfín de infraestructuras, la primacía de lo local y, en suma, la sobriedad y la simplicidad voluntarias. Si el decrecimiento y la redistribución de los recursos ganan terreno se podrían reflotar sectores económicos que guardan relación con la satisfacción de las necesidades, y no con el sobreconsumo y el despilfarro, con la preservación del medio ambiente, con los derechos de las generaciones venideras, con la salud de los consumidores y con la mejora de las condiciones de trabajo. Nada de esto forma parte, sin embargo, del horizonte mental que manejan nuestros gobernantes, en el mejor de los casos interesados por lo que pueda ocurrir, en un par de años, al calor de las próximas elecciones. Sorprende que estas gentes se presenten a los ojos de muchos de sus conciudadanos como personas sensatas y diligentes que tienen solución para todos nuestros problemas.
Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid.
Las cuatro crisis | 11-11-2008 - 09:55:32 GMT 1 #
De la Bolsa de Madrid a las Islas Mauricio. Expertos e inspectores de Hacienda critican la falta de medidas por parte del Estado
Más de la mitad de las empresas españolas del Ibex 35 operan en paraísos fiscales :
F. Javier Aguayo
Diagonal
Según un informe del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa (ORSC), 18 de las 35 empresas del IBEX poseen empresas participadas en paraísos fiscales. La falta de transparencia y de control facilita dichas actividades.
Empresas del sector energético como Iberdrola o Gas Natural, de la construcción como ACS y Ferrovial, bancos como BBVA, Banco Popular, Santander o Banesto, y otras como Repsol YPF, PRISA, Inditex o Telefónica, son solo algunos ejemplos de las 18 empresas del IBEX 35 que, según un informe del ORSC, por algún motivo tienen presencia en países considerados paraísos fiscales. “Nos limitamos a revisar los anexos de cuentas de 2006 y comprobamos que estas empresas tenían algún tipo de actividad en centros off-shore”, afirma Orencio Vázquez, miembro del ORSC. No obstante, el estudio se limita a constatar la existencia de estas actividades: “es imposible profundizar más, ya que sólo contamos con las cuentas que están obligados a presentar a sus accionistas, por imposición de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV)”, concluye Vázquez, al referirse a las reticencias de las empresas a afrontar estos temas.
“Cuanto más grande es la empresa, más posibilidades tiene de invertir en paraísos fiscales”, confirma Nuria Almirón, miembro de ATTAC y de la Red por la Justicia Social. Si bien el informe destaca que son los bancos los más proclives a servirse de estas actividades, ya que cuatro de las cinco entidades bancarias del IBEX tienen alguna actividad en paraísos fiscales. Según estas mismas cuentas, que tan sólo muestran la punta del iceberg, en el año 2004 estaban radicadas en paraísos fiscales el 11% de las sociedades del grupo BBVA, la misma proporción de La Caixa y Santander, el 10% de las del grupo Banco Popular y más del 15% del grupo Sabadell Atlántico. De hecho, casi el 80% del dinero que opera en paraísos fiscales son inversiones bancarias y servicios financieros.
La banca en retroceso
En el año 2001, saltó a la luz pública uno de los mayores escándalos por cuentas bancarias en paraísos fiscales. Ese año quedó al descubierto que el BBVA había destinado 55,8 millones de euros en fondos de pensiones para ex consejeros ejecutivos, ocultos en paraísos fiscales durante 13 años, algo que solo reveló ante la CNMV ese mismo año.
Sin consecuencias jurídicas, situaciones como ésta han hecho levantar el pie de la inversión bancaria en paraísos fiscales. Los dos grandes bancos del Estado, BBVA y Santander, redujeron sus beneficios por actividades en centros off-shore, en 2006, un 49,8 y 83%, respectivamente. Las denominadas consecuencias ‘reputacionales’, el hecho de que estas cuentas no tengan fondos de garantía de depósitos, cuestión especialmente sensible tras la crisis de las subprime, y, sobre todo, que los países de origen de los capitales comienzan a ofrecer mayores ventajas fiscales son causa del descenso de las inversiones bancarias en paraísos fiscales. “La banca es intermediaria de todas las empresas que quieran invertir en Bolsa, por eso le va bien ese escenario de opacidad y mantiene un cierto nivel de inversiones”, afirma Nuria Almirón, para dejar claro que la banca no terminará sus actividades en estos centros.
Falta de transparencia
Precisamente, uno de los grandes atractivos de estos centros off-shore es la oscuridad que los rodea. “La transparencia es poca o nula, de tal manera que una empresa o un fondo de inversión de un particular no tiene que dar explicaciones de cuánto ha ganado ese año o de transacciones o adquisiciones de empresas que a lo mejor no son legales, porque en sus países de origen hay reglamentaciones que prohíben la acumulación de propiedad”, afirma Nuria Almirón, para quien las grandes compañías buscan algo más que la mera evasión fiscal. Esa misma opacidad ha impedido delimitar el número de paraísos fiscales existentes en el mundo. Aunque la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reconoce 35 centros off-shore, la cifra data del año 2000. “Esa lista es minúscula, porque la original, mucho mayor, se redujo cuando se exigió a los Estados que reformaran su legislación para hacerla más transparente, y sacó de la lista a quienes prometieron hacerlo. Como en realidad ningún Estado ha hecho nada, ya ni publican lista alguna”, precisa Almirón. Según la Red por la Justicia Fiscal, la cifra llegaría a 70. Los datos conjuntos de la OCDE y el FMI sitúan a 18 de ellos en Europa.
La situación en el Estado español no ha mejorado demasiado en los últimos años, pues no existe una política centralizada de lucha contra la fuga de capitales a estos centros offshore. Según las organizaciones de inspectores de Hacienda, la Agencia Tributaria es muy reacia a coordinarse y compartir datos con las administraciones autonómicas y locales, lo que sería muy útil para combatirlos.
“Una solución sería que las autoridades públicas no acepten hacer ningún tipo de negocio y que no concedan licencias o hagan tratos con empresas con una sola actividad en paraísos fiscales”, concluye Nuria Almirón.
Para los inspectores de Hacienda, las soluciones pasarían por medidas tales como no reconocer la personalidad jurídica de las sociedades erradicadas en estos territorios, instaurar una tributación del 24% en el Impuesto de Sociedades para las actividades que se tengan en estos territorios e incluso prohibir a las entidades bancarias que tengan filiales o sucursales en dichos territorios. En la UE las medidas que se han tomado hasta el momento han perseguido exclusivamente la aplicación de las denominadas ‘reformas positivas’, es decir, acercar el régimen fiscal de estos países al de los centros off-shore. Estas medidas están basadas en el informe de 2001 Políticas fiscales en la UE, el cual indicaba que la competencia fiscal puede ser positiva para el crecimiento de la economía.
De la Bolsa de Madrid a las Islas Mauricio. Expertos e inspectores de Hacienda critican la falta de medidas por parte del Estado Ibex 35 | 18-11-2008 - 08:18:32 GMT 1 #
Contra la crisis, estilo y sostenibilidad
Gustavo Duch Guillot
Deia
Del catecismo (neoliberal): Las mandamientos de la ley, para superar la crisis, se resumen en dos: impulsar el consumo e impulsar el consumo.
Con esta doctrina interiorizada tenemos la obligación ética -nosotros que somos tan solidarios y solidarias- de esforzarnos, de poner de nuestra parte, no todo es cuestión de los políticos, debemos mojarnos, debemos actuar. Consumamos todo lo posible y cuanto antes para salir de este atolladero. ¿Qué más puedo adquirir? ¿Qué me pueden ofrecer para satisfacer mis nobles deseos de apoyar el consumo? ¿En qué puedo gastar mis ahorros ahora que no podré hipotecarme en un piso? Solución, el ecoconsumo. Tenemos que aprovechar el tirón ecológico, está de moda y es muy elegante. Venga, unas cuantas ideas:
¿Por qué no actualizamos nuestro vestuario? Compremos los nuevos vaqueros súper sexies elaborados con algodón orgánico de Egipto, o los vestidos hechos de bambú renovable de Vietnam o camisas confeccionadas con la seda de gusanos chinos criados en libertad. Gusanos salvajes y felices sabedores de contribuir por un mundo mejor.
¿Por qué no revisamos nuestra alimentación? Frente a la fruta local dejemos paso a las manzanas biológicas cultivadas en Nueva Zelanda, las naranjas orgánicas de Israel o las cerezas orgánicas de Chile. Disfrutemos de su sabor de fruta recién cogida del árbol. Deberíamos cargar los depósitos de nuestros coches con los nuevos y fabulosos biocombustibles. A más consumo, más reduciremos la pobreza del mundo y más lucharemos contra la contaminación. Entonces, utilicemos el coche lo más posible, recorramos el mundo con energía limpia, y mejor aún, seamos más comprometidos y ahora, para navidades, regalemos un coche nuevo a nuestra pareja.
Estas y otras ideas las explica un simpático vídeo del Internacional Forum on Globalization. Detrás de la ecomoda o la ecoalimentación tenemos miles de kilómetros en transporte, millones de barriles de petróleo consumidos y contaminando. Detrás de los biocombustibles tenemos selvas arrasadas para su cultivo y sustitución de cultivos alimenticios por estos agrocombustibles.
Y detrás de las tres, tenemos finalmente, un patrón injusto que sitúa el comercio por encima de los derechos humanos, donde se da prioridad a la agroexportación por encima de la alimentación local siendo responsable de la destrucción del mundo rural y sus pobladores. Concretando, menos del 20% de la población (el llamado Norte) consumimos más del 80% de los recursos naturales, mayoritariamente provenientes de los países, lógicamente, empobrecidos del Sur.
¿Pero acaso hemos visto o escuchado alguna reacción advirtiéndonos de que este modelo de crecimiento es inviable con la vida del planeta y de sus seres vivos? Si no hacemos estas reflexiones con profundidad nos encontramos entonces con respuestas bajo el denominador de crecimiento sostenible muy similares a las aquí caricaturizadas. No es posible un mundo con el consumo materialista propio de las sociedades occidentales, y acelerando este consumo, sólo nos acercaremos con mayor velocidad al abismo al que nos estamos dirigiendo. Hay que agarrar el toro por lo cuernos. Con una mano combatir a las doctrinas capitalistas con políticas establecidas desde el respeto a los derechos humanos, como las propuestas que llegan de los movimientos campesinos agrupadas bajo el concepto de soberanía alimentaria.
Desde la soberanía alimentaria se defiende la agricultura campesina o agroecológica, que además de asegurar alimentos biológicos contempla un modelo socialmente justo. Y con la otra pensar y transformar colectiva y participativamente nuestros modelos de consumo, tendiendo hacia un decrecimiento en el gasto de materiales y energía. Como leí recientemente en un grafiti en mi barrio: Solamente lo barato se compra con dinero.
Gustavo Duch Guillot. Veterinarios sin Fronteras
Contra la crisis, estilo y sostenibilidad | 24-11-2008 - 07:45:28 GMT 1 #
Que paguen los pobres del mundo
La crisis económica y del Sur del globo
Adam Hanieh
The Bullet/Znet
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
La actual crisis económica global tiene todas las características de un evento trascendental. Economistas de la corriente dominante – no conocidos normalmente por su lenguaje exagerado – emplean ahora abiertamente frases como “catástrofe sistémica” y “mirando hacia el abismo.” El 29 de octubre, por ejemplo, Martin Wolf, uno de los principales comentaristas financieros del Financial Times, advirtió que la crisis augura “bancarrotas masivas,” “desempleo en alza” y una “catástrofe” que amenaza “la legitimidad de la propia economía de libre mercado... el peligro sigue siendo inmenso y queda poco tiempo.”
Cabe poca duda de que esta crisis ya tiene un impacto devastador en los hogares estadounidenses fuertemente endeudados. Pero una de las características impactantes del análisis hasta la fecha – tanto de los medios de izquierdas como los dominantes – es el enfoque casi exclusivo en los países ricos de Norteamérica, Europa y del Este Asiático. De las ejecuciones hipotecarias en California a la bancarrota de Islandia, el impacto del colapso financiero es raramente examinado más allá del núcleo capitalista avanzado.
El modelo de la crisis capitalista durante los últimos cincuenta años debería alertarnos a los peligros de esta actitud. A través de su historia, el capitalismo ha funcionado mediante el desplazamiento geográfico de las crisis – intentando descargar los peores impactos sobre los que están fuera del núcleo. Este artículo presenta una breve idea de lo que esta crisis podría significar para el Sur del Globo.
Cae el comercio mundial
Esta crisis golpea a una economía mundial que – por primera vez en la historia – es verdaderamente global. Claro está que las exportaciones y el control de las materias primas han sido siempre importantes para el capitalismo. Pero hasta los años setenta la mayor parte de la producción capitalista era organizada a escala nacional. Durante todos los años ochenta y noventa, tanto la producción como el consumo comenzaron a ser organizados a escala internacional. Actualmente, todos los mercados son dominados por un puñado de grandes compañías que operan internacionalmente mediante cadenas interconectadas de producción, subcontratación y mercadotecnia. Casi cada producto que consumimos ha involucrado el trabajo de miles de personas repartidas por el globo – desde la producción de insumos de materia prima, investigación y desarrollo (R&D), montaje, transporte, mercadotecnia, y financiamiento. A un nivel, esta interconexión de la producción expresa el hecho de que los seres humanos se han convertido en un organismo social. Al mismo tiempo, tropieza continuamente con un sistema organizado para la busca del beneficio privado, individual.
Esta interconexión ha adoptado una forma muy particular durante las últimas dos décadas. El mercado mundial ha sido estructurado alrededor del consumo del consumidor estadounidense (y en menor medida, europeo). Los bienes producidos en zonas de producción de bajos salarios como China e India – utilizando materias primas provenientes en su mayoría de otros países en el sur – son exportados a EE.UU. donde terminan en las casas en expansión permanente de un consumidor demasiado endeudado. El control de esta cadena global de producción y consumo está en manos de grandes conglomerados de EE.UU., Europa y Japón.
Esta estructura ayudó a romper y hacer retroceder proyectos de desarrollo nacional en todo el globo. Junto con la crisis de la deuda de los años ochenta, modelos de desarrollo orientados a la exportación fueron impuestos por el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones financieras a la mayoría de los países en el sur. Muchas de las elites en esos países apoyaron ese modelo de desarrollo al obtener participaciones en compañías recién privatizadas y en mercados en el norte.
El consumo en expansión permanente del mercado de EE.UU. se basaba en un aumento masivo del endeudamiento. Se alentaba a los consumidores de EE.UU. a que asumieran vastos niveles de deuda (a través de tarjetas de crédito, hipotecas, financiamiento sin pago inicial, etc.) a fin de mantener los niveles de consumo que subyacían a la demanda global. Los dólares que permitieron ese crecimiento de la deuda provenían de instrumentos financieros que fueron comprados por bancos centrales asiáticos y otros en todo el mundo. Esas instituciones volvieron a prestar dólares a EE.UU., donde fueron canalizados a consumidores a través de bancos y otros mecanismos.
El mercado de bienes raíces de EE.UU. fue sólo una de las burbujas financieras que permitieron que continuara esa rueda de molino de creciente endeudamiento. La gente podía refinanciar continuamente sus hipotecas al subir los precios de los bienes raíces. Pero con el colapso de esa burbuja la demanda en el mundo se agota repentinamente. Debido a la interconexión del comercio mundial, eso tendrá un impacto muy severo en cada país en todo el globo, particularmente en el sur.
Una medida de esto se ve en un indicador económico relativamente poco conocido, el Índice Seco del Báltico (BDI). El BDI es un índice compuesto de los precios del transporte marítimo de carga seca para materias primas como carbón, mineral de hierro y acero. Desde junio a noviembre de 2008, el BDI cayó en un 92%, y las tarifas de alquiler para grandes barcos de carga cayeron de 234.000 dólares por día a 7.340 dólares. Esta masiva caída refleja dos factores: reducción de la demanda mundial de materias primas y de otros recursos, y la incapacidad de los fletadores de conseguir que sus pagos sean garantizados por bancos debido a la crisis crediticia.
La caída de los precios de las materias primas también demuestra esta baja en el comercio mundial. Los precios del cobre, por ejemplo, han caído un 23% en los últimos dos meses. El consumo chino del metal, crítico para gran parte de la producción industrial, ha bajado más de la mitad este año. ArcelorMittal, el mayor productor de acero del mundo, declaró el 5 de noviembre que su producción global disminuiría en más de un 30%. El Banco Mundial (que ha subestimado regularmente la severidad de la baja actual) predice ahora que los volúmenes globales de comercio disminuirán por primera vez desde 1982.
Desarticulación social
Esta caída en el comercio mundial tendrá un impacto particularmente devastador sobre países que han adoptado modelos de desarrollo ‘orientados a la exportación.’ Este modelo fue fuertemente promovido por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la mayoría de los economistas durante los últimos dos decenios. A medida que decae la demanda global, los países que dependen de exportaciones se verán enfrentados al colapso de sus industrias esenciales y a un potencial desempleo masivo. Esto aumentará la presión sobre los salarios al aumentar las nuevas reservas laborales los niveles ya considerables de cesantía.
Standard and Chartered calculan, por ejemplo, que las exportaciones chinas podrían caer a “cero o incluso a un crecimiento negativo” en 2009. JP Morgan Chase predice que las exportaciones chinas bajarán un 5,7% por cada baja de un por ciento en el crecimiento económico global. No es sólo cosa de arreglárselas con niveles más pequeños de un crecimiento aún positivo. China tiene que crear 17 millones de puestos de trabajo por año a fin de encarar las grandes cantidades de campesinos que se mudan del campo a áreas urbanas. Esto significa que el país debe mantener altas tasas de crecimiento. Incluso si el crecimiento baja de 11 – 12% al año a un 8% el país enfrenta un desajuste social potencialmente inmenso. Los trabajadores en China ya protestan por millones al cerrar sus fábricas y cuando los propietarios se escapan sin pagar los salarios.
Un colapso en el comercio mundial no es la única amenaza potencialmente devastadora que esta crisis presenta a la periferia global. Como en la Crisis Asiática de 1997, el rápido retiro de fondos extranjeros de los mercados bursátiles y otras inversiones en el Sur podría causar el derrumbe de monedas y el colapso de industrias que ya tambalean por la ralentización en el comercio. Un rápido estudio de unos pocos países demuestra la letal mezcla de partida de capitales, alta inflación y caídas en los ingresos de la exportación:
En Pakistán, las reservas de divisas extranjeras han bajado más de un 74% en el pasado año a unos 4.300 millones de dólares. El país está al borde del colapso total y necesita urgentemente 6.000 millones de dólares para pagar importaciones y atender el servicio de su deuda existente. La terrible situación de la fuga de capital extranjero llevó al ministro de exteriores alemán a declarar el 28 de octubre que “el mundo tiene sólo seis días para salvar a Pakistán” (al escribir estas líneas parece que Pakistán obtendrá ese dinero en la forma de préstamos del FMI y / o de países del Consejo de Cooperación del Golfo).
Sri Lanka ha perdido cerca de un 2% de sus reservas extranjeras desde comienzos de agosto porque inversores extranjeros llevan a sus países sus valores en cartera en dólares. Cerca de un 50% de las exportaciones de textiles y de vestimenta de Sri Lanka (que representan cerca de un 43% de los ingresos totales en divisas extranjeras) fueron a EE.UU. en 2007, mientras otro 45% fue a la UE. Esas exportaciones probablemente serán diezmadas por un colapso generalizado en la demanda. El debilitamiento de la rupia de Sri Lanka durante los últimos años ha contribuido a un aumento de un 20% en la inflación, y los altos precios de los alimentos han afectado terriblemente a los más pobres.
Las reservas de divisas extranjeras de India han caído un 17% desde marzo de 2008. Más de 51.000 millones de dólares abandonaron India durante la tercera semana de octubre, el mayor descenso en ocho años. La industria textil india, que representa el segundo componente por su tamaño de la fuerza laboral del país después de la agricultura, exporta un 70% de su producto a los mercados estadounidense y europeos. Se espera que los pedidos de textiles y vestimenta disminuyan en por lo menos un 25% durante el invierno y ya han comenzado los masivos despidos. El 29 de octubre, la Asociación de Cámaras de Comercio e Industrias predijo que las compañías en siete industrias clave (acero, cemento, finanzas, construcción, bienes raíces, aviación, y tecnología de la información) tendrían que reducir un 25% de su fuerza laboral. Esto, en tiempos en los que el país se debate en una inmensa brecha entre ricos y pobres. La riqueza de las 53 personas más ricas en India equivale a un 31% del PIB del país, sin embargo, según el Banco Mundial un 42% de la población vive bajo la línea oficial de la pobreza de 1,25 dólares por día.
Estos modelos se repiten en todo el globo. Países que incluyen a México, Turquía, Indonesia, Brasil, Argentina, Corea del Sur, así como los países más pobres de Europa Oriental y Meridional se ven ante tasas de crecimiento colapsantes, fuga de capitales, y reducciones en el valor de sus monedas. En muchos casos, estos problemas han sido exacerbados por una proliferación de préstamos a bajas tasas de interés que estaban denominados en monedas extranjeras (como ser francos suizos, euros y dólares) tomados por individuos y compañías. Esos préstamos ofrecían inicialmente un mejor tipo de interés que en la moneda nacional, pero, a medida que las monedas locales han perdido su valor, la cantidad que hay que pagar ha aumentado dramáticamente. Business Weeks estima que los prestatarios en los así llamados ‘mercados emergentes’ deben unos 4,7 billones de dólares en deuda denominada en monedas extranjeras, un 38% durante los últimos dos años. Es una nueva confirmación de una crisis de la deuda de los años ochenta que en realidad nunca desapareció, sino sólo decreció parcialmente.
Vuelve el FMI
Esta crisis social en desarrollo ha devuelto al FMI al primer plano. Típicamente, el FMI presta a países que enfrentan un colapso potencial y, en cambio, exige el cumplimiento de severas condiciones económicas. La escala de los préstamos ya es inmensa: Islandia (2.400 millones de dólares), Ucrania (16.500 millones), y Hungría (15.700 millones) han recibido préstamos y Pakistán, Serbia, Belarús, y Turquía son candidatos probables en el futuro cercano.
Las condiciones que vienen con esta última vuelta de préstamos del FMI han sido particularmente intransparentes. Las políticas que Ucrania debe aprobar, por ejemplo, no son conocidas todavía a pesar de que el país ha aceptado en lo esencial un préstamo de 16.500 millones de dólares del FMI. Hungría ha aceptado recortes en los gastos de asistencia social, una congelación de los salarios y la anulación de bonificaciones de trabajadores del sector público; sin embargo los detalles finales no han sido publicados. Islandia tuvo que aumentar los tipos de interés a un 18% con el pronóstico de que la economía se contraerá en un 10% y que la inflación llegará a un 20%.
Podemos ciertamente esperar que las condiciones adosadas a los préstamos a los países más pobres en el Sur Global sean mucho más rigurosas que las impuestas a esos países europeos. Cabe poca duda de que esos países enfrentarán masivas pérdidas de puestos de trabajo, una presión intensa para privatizar recursos públicos, y recortes de los gastos estatales en asistencia social, educación y salud en nombre de ‘presupuestos equilibrados.’ El posible éxito de esos ataques al tejido social, sin embargo, dependerá en última instancia del nivel de resistencia que enfrenten.
Estado autoritario
El 11 de octubre, una reunión de economistas progresistas en Caracas, Venezuela, emitió una declaración advirtiendo que la dinámica de esta crisis “anima a nuevas rondas de concentración del capital y, de no existir una firme oposición de los pueblos, se enfatizará aún más y en forma perversa la perspectiva de reestructuración sólo para salvar sectores privilegiados.” Es un punto importante que hay que comprender. La crisis capitalista no lleva automáticamente al fin del capitalismo. Sin una resistencia y lucha efectivas, la crisis terminará por ser resuelta a costa de la gente trabajadora – en particular la del Sur.
Podría tratarse de una de las crisis más serias que el capitalismo haya enfrentado en la memoria viviente. Pero no debiéramos dejar que nos engañen para que pensemos que el sistema vaya a ser de alguna manera reformado o que sus contradicciones vayan a ser resueltas mediante medios pacíficos y organizados. El resultado inmediato más probable es un Estado endurecido, más autoritario que trate de restaurar la rentabilidad mediante el aumento de la represión y que se fuerce a la gente a aceptar la pérdida de puestos de trabajo, viviendas y cualquier tipo de apoyo social. En el Sur, esto significará inevitablemente más guerra y represión militar.
Si no se le impide, el sistema utilizará esta crisis para reestructurarse y continuar los negocios como si tal cosa. Por eso la resistencia – tanto en el interior como en el extranjero – será el factor determinante de mayor importancia para el resultado final de la situación. En Latinoamérica, por ejemplo, los intentos por restringir la fuga de capitales, colocar sectores económicos clave bajo control popular, y establecer sistemas monetarios y acuerdos comerciales alternativos son iniciativas importantes que apuntan a la necesidad de soluciones que van más allá del capitalismo. En Oriente Próximo, la resistencia popular al control político y económico de la región ha contenido indudablemente la extensión del poder de EE.UU.
Cualquier desplazamiento de la crisis hacia el Sur significa que coloquen a diferentes grupos de gente los unos contra los otros. Por este motivo, es probable que el corolario ideológico de la guerra y de la represión militar en el extranjero sea un racismo cada vez más virulento en el Norte – contra inmigrantes, gente de color y poblaciones indígenas. Esto significa que para los activistas en Norteamérica la cuestión de la solidaridad global y de la resistencia al racismo debe ser una prioridad central en toda lucha. Todo intento de volcarse hacia adentro, o de desechar la solidaridad internacional como menos importante en esta fase será desastroso para todos los trabajadores – en todo el globo.
Para contactos con Adam Hanieh: hanieh08@gmail.com
http://www.zcommunications.org/znet/viewArticle/19736
La crisis económica y del Sur del globo | 25-11-2008 - 09:12:23 GMT 1 #
Rescatar o no rescatar…
Saul Landau
Progreso Semanal
Rescatar o no rescatar; he aquí el problema:
¿Qué es más noble para el espíritu: sufrir
Los golpes y dardos del insultantemente bajo kilometraje,
O tomar las armas contra un piélago de vehículos del calentamiento
Y haciéndoles frente para acabar con ellos?
Ellos no han soportado los ultrajes y desdenes del mundo.
La conciencia automovilística hace de todos nosotros unos cobardes;
Y así los primitivos matices de la resolución
Desmayan bajo los pálidos toques del pensamiento,
Y las empresas de mayores alientos e importancia
Por esa consideración tuercen su curso
Y dejan de tener nombre de acción…
El “Pulso de Estados Unidos” ha sufrido un gran infarto del miocardio. En un año, Chevrolet --tan norteamericano como el pastel de manzana-- ha recortado 25 000 empleos y ha cerrado una docena de sus fábricas en EEUU. Delphi, el fabricante de partes de General Motors (GM, por sus siglas en inglés), se declaró en bancarrota --otras 14 fábricas y otros 25 000 empleos que se desaparecerán para 2010. Sin embargo, no hay de qué preocuparse: los competidores de General Motors, Ford y Chrysler, también anunciaron malas noticias de importancia. Para 2012, Ford habrá eliminado al menos 55 000 puestos de trabajo.
Los altivos directores generales que antaño se pavoneaban por los salones del Congreso dando órdenes, ahora imploran, en vano, el dinero del rescate --aunque no está claro qué harían con él. Wired.com reportó que Troy Clarke, presidente de GM Norteamérica envió un correo electrónico a 29 000 empleados: “Los funcionarios elegidos por ustedes tendrán que oírnos ahora a todos nosotros de por qué este apoyo es crítico… Este nivel de devastación económica excede en mucho el apoyo gubernamental de $25 mil millones que nuestra industria necesita para saltar el período actual”. (12 de noviembre de 2008.) Reuters reportó que los distribuidores de GM recibieron una carta de Mark LaNeve, jefe de ventas de GM, que los alentaba a hacer algo acerca de “la más profunda crisis a la que nuestra industria se ha enfrentado jamás”.
Hasta el Sindicato Unido de Trabajadores Automovilísticos (UAWU, por sus siglas en inglés) cedió miles de millones de dólares ganados con esfuerzos para mantener abiertas las fábricas. Permitieron que las compañías recortaran los beneficios de atención médica de los afiliados retirados. Pero los trabajadores no acusaron a la UAWU de traición. Ellos comprenden que los autos que ellos fabricaron no compiten con Toyota y Honda. Los SUVs y Hummers de última moda y otros grandes tragones de combustible se oxidan lentamente en los patios de los distribuidores –muchos de los cuales ya han cerrado. La verdadera mina de oro de los Tres Grandes fue el fenomenal crecimiento de los vehículos funcionales deportivos (SUV, por sus siglas en inglés) durante la década de 1990, cuando crecieron de 7 por ciento del mercado total de autos y camiones a principios de la década, hasta aproximadamente 20 por ciento a finales d los 90. (Mark Brenner y Jane Slaughter, “Notas Sindicales”, www.alternet.org, 19 de noviembre de 2008.)
Los economistas de elite y los miembros de las clases de negocios y del chachareo se retuercen las manos con desesperación. La economía norteamericana ha girado alrededor del automóvil durante casi un siglo. Piensen en los millones de kilómetros de carreteras que se han construido para él y su hermano mayor, el camión. Piensen en el número infinito de garajes y lotes de estacionamiento. Piensen que cada casa tiene al menos un garaje para un auto, si no lo tiene para tres. ¿Cómo iremos a trabajar, llevar los niños a la escuela, ir de compras, escaparse de la casa y la familia o --para los adolescentes-- encontrar un lugar para practicar el sexo?
Mientras el Congreso debate qué hacer para salvar la industria automovilística, pocos congresistas consideran la incompatibilidad de la vida dominada por el automóvil y la continuidad de la propia vida. Es más, si China, India, Brasil y otros países “en desarrollo” continúan produciendo autos, junto con las fábricas occidentales, japonesas y coreanas, el clima de la Tierra se hará menos hospitalario para los seres humanos --incluso si los genios tecnológicos encuentran la manera de usar combustibles más armoniosos con la Naturaleza que la gasolina. Piensen en lo que significa la fabricación de autos --la cantidad de metal, productos químicos, plásticos y otros productos nada saludables. Piensen en el desperdicio de concreto, acero y otros materiales para construir infinitos garajes y carreteras.
El auto y la ciudad nunca se llevaron bien, a no ser que uno crea que la hora pico en las grandes capitales del mundo hacen atractiva la ciudad. Y entonces está también la contaminación, la peste y la frustración, para no mencionar la cantidad de recursos que las ciudades deben gastar para satisfacer las necesidades del auto. Steve Miller, director general de Delphi, señaló lo que estaba en juego: “Quiero que vean lo que está sucediendo en Delphi como un punto de inflamación, un caso de prueba, para todas las tendencias económicas y sociales que se encuentran en curso de colisión en nuestro país y en todo el mundo”. (Brenner y Slaughter.)
Algunos de mis amigos ya han convertido el motor de su auto para que funcione con grasa usada de McDonald’s; otros esperan por las versiones eléctricas, las que funcionan con energía solar o eólica. Sin embargo, ninguno concibe la vida sin su auto.
¿Cómo confrontar la realidad de “Verdad Inconveniente” de Al Gore? A no ser que cambiemos de estilo de vida, nos advirtió y sigue advirtiendo, el medio ambiente no podrá mantener nuestra especie. El alerta de Gore se enfoca en la mantra de crecimiento continuo e impensado.
La ciudad en sí presenta un reto básico. Vean el perfil del horizonte de Nueva York, Los Angeles, Chicago, San Francisco o Detroit. Los rascacielos que requieren de calefacción y aire acondicionado 24 horas diarias, siete días a la semana, 365 días al año --edificios donde no se produce nada. Decenas de miles o millones de autos entran y salen a garajes debajo o encima de la superficie cada día laboral --por lo cual los conductores pagan para que su vehículo ocupe un espacio. Los ocupantes de los autos a menudo no producen nada tangible. Desde su oficina envían millones de correos electrónicos relacionados con negocios que a menudo no producen algo que se pueda tocar, facturas, declaraciones acerca de ventas de acciones o bonos. A la hora de almuerzo, muchos corren hacia el auto para encontrarse con amigos o amantes para comer --o irse a un motel para un “mediodía”. Luego, de vuelta en el auto al garaje y de nuevo a la oficina calentada o enfriada artificialmente para fabricar más datos en la computadora.
La hora pico de por la tarde a menudo comienza antes de las 4 p.m. y dura hasta las 7. Los conductores y los pasajeros permiten que las frustraciones de su día improductivo hiervan dentro de ellos a fuego lento o a veces a fuego vivo
El auto también se ha convertido en un instrumento usado por conductores temporalmente sicóticos: la agresión de carretera. Otros han desarrollado una relación poco natural en extremo entre ellos y sus piezas móviles de metal y plástico --algunos hasta les dan nombre como a una mascota. Piensen en el auto como un instrumento que la gente usa para matarse mutuamente o a sí mismos. O piensen en el auto como la manera más extraña que se ha inventado para transportar a las personas. Vastas entidades sociales --ciudades como Los Ángeles-- casi requieren que sus habitantes posean al menos un vehículo de ese tipo.
No piensen en el proceso de manufactura en el cual durante casi un siglo los trabajadores han sacrificado su salud física y mental en rápidas líneas de ensamblaje llenas de humo y ruidosas. ¿Cómo puede concebirse la vida sin el ubicuo automóvil? Aún más distante: ¿qué haremos con las ciudades repletas de rascacielos y garajes improductivos? “Ecologistas profundos” fanáticos han llegado a sugerir una solución al estilo Khmer Rouge (fines de la década de 1970 en Camboya) --sin los campos de asesinatos-- y el pedido de la extinción gradual de las ciudades y otras tecnologías consideradas destructivas de la Naturaleza.
¿Qué piensa el Presidente Obama? Él se encontrará con las exigencias de salvar a cualquier costo la industria automovilística y los millones de empleos relacionados con ella. Él puede comenzar esta era de cambios poniendo de cabeza el viejo lema: “Lo que es malo para GM es bueno para Estados Unidos --y el resto del mundo”.
Entonces pudiera pensar en construir el transporte público --empleos para millones-- de una manera científica y eficiente, de forma muy parecida a como realizó su campaña presidencial.
Rescatar o no rescatar… | 28-11-2008 - 18:32:40 GMT 1 #
Altas finanzas y guerra perpetua
Danielle Bleitrach
Rebelión
Traducido por Caty R.
La revista Afrique-Asie de octubre de 2008 publicó un excelente dossier, recopilado por Rémy Herrera, que explica que la guerra es una cuestión fundamental para entender la gravedad de la crisis del sistema mundial. Hay que partir, en primer lugar, de un análisis de dicha crisis:
«El fenómeno de partida es la crisis económica: los beneficios de la actividad capitalista –en tendencia creciente en Estados Unidos y en el resto de la tríada (Japón y Europa) desde principios de los años 80- no encuentran formas de inversión productivas que generen rentabilidad. En este contexto las altas finanzas, es decir los amos del capital mundialmente dominante, principalmente estadounidenses, se organizan. Las altas finanzas ponen en marcha una estrategia global que se designa con el nombre de neoliberalismo. Esto es lo que engendra todos los problemas económicos de la globalización: el déficit estadounidense, la deuda de los países del sur, la liberalización de las transferencias de capitales, la privatización de los patrimonios comunes de la humanidad, e incluso el desmembramiento de la protección social y las pensiones».
Estamos en un sistema en el que los despidos de trabajadores, las guerras de saqueo y la destrucción de los seres humanos hacen crecer los beneficios de los accionistas; y semejante sistema pretende impartir lecciones de moral al resto de la humanidad, pregonando hipócritamente los derechos humanos para perpetuar este horror.
Esta serie de artículos es una poderosa contribución para comprender, además de la crisis, la futura evolución del capitalismo y por lo tanto las formas de resistencia, nuestra propia estrategia. Habría que releer la obra fundamental de Lenin, El imperialismo, fase suprema del capitalismo, y ver qué es lo que se está transformando desde la gran crisis que abrió la puerta a dos guerras mundiales, a las revoluciones, y más recientemente a una contrarrevolución capitalista que es precisamente el neoliberalismo. La globalización es el imperialismo, un imperialismo totalmente dominado por un imperio que impone su hegemonía militar y se halla en una profunda crisis, Estados Unidos.
El sector del capital dominante, las altas finanzas, emprenden una estrategia neoliberal para luchar en un contexto de tendencia al alza de las tasas de beneficio (y no de bajada, como en un esquema marxista clásico) con dificultades para invertir. El objetivo de la estrategia neoliberal es ofrecer siempre a dicho capital dominante más oportunidades de inversión bajo una forma cada vez más especuladora. «No se trata, explica Rémy Herrera, de un proyecto de desarrollo, sino de dominación y saqueo. De ahí la impresión de caos».
Contradicciones, entre ellas «La ausencia de entidades políticas supraestatales frente a los mercados globalizados, la ficción de la libre competencia frente a la monopolización de la propiedad privada o la diferencia entre el discurso dominante de la “libertad individual” y la segmentación internacional de los mercados del trabajo por la construcción de “muros”, como los de Río Grande, Schengen y Cisjordania».
El poder de las altas finanzas frente a esas explosivas contradicciones se mantiene por medio del ejército. Su característica principal, actualmente, es la militarización de la hegemonía estadounidense. El sistema capitalista mundial funciona cada vez más directamente gracias a la guerra. «Se trata de una combinación de la violencia visible de las guerras imperialistas y la violencia invisible de las relaciones capitalistas». El neoliberalismo está militarizado bajo la dirección de un imperio en crisis que conlleva la violación de los derechos de los pueblos, la negación del Derecho Internacional y el desprecio a las Naciones Unidas, y la pretensión de instituir, en el mejor de los casos, un directorio imperialista que vendría en apoyo de la hegemonía estadounidense.
Actualmente, para muchas personas, las guerras de Iraq y Afganistán, catalogadas como guerras contra el «terrorismo», aparecen cada vez más como guerras por el petróleo; es cierto. Pero considerar que se trata únicamente del petróleo no es suficiente, lo que está en juego es la dominación de todo el sistema por parte de las altas finanzas estadounidenses. Las guerras no sólo fueron desencadenadas por el calamitoso Presidente G.W. Bush, sus halcones o sus magnates del petróleo, sino por las instituciones del capital financiero, que sólo pueden mantenerse en el poder por medio de la violencia. Esta constatación origina más pesimismo en cuanto a qué podrá hacer Obama frente al monstruo en el que se ha convertido Estados Unidos. Y nosotros no asumimos debidamente que las estrategias de resistencia deben desarrollarse en todas partes; impedir las guerras, no ceder a la propaganda, forman parte de nuestras resistencias. Por eso necesitamos fuerzas políticas que conozcan con claridad la naturaleza de esta fase del imperialismo.
«Las finanzas están en guerra contra cualquiera que se oponga a ellas pretendiendo llevar a cabo un proyecto autónomo de desarrollo».
A la luz de esta evidencia es como hay que leer la violencia de los antagonismos en América del Sur, donde los pueblos y los gobiernos han elegido la resistencia. Pero también hay que leer las relaciones con Rusia, y sobre todo China, como una especie de juego entre el amo financiero y militar que no llega a imponer a los chinos su propio modelo neoliberal aunque China también arrastra, debido a los fallos de ese modelo, la dependencia de cara al exterior y su incapacidad de acumulación, evitando la amenaza militar en sus múltiples formas (incluidas las organizaciones de terrorismo separatista de los mercenarios).
En efecto, hay que ver con claridad las relaciones entre las altas finanzas y su poder sobre las grandes multinacionales y entre ellas, que se benefician de la externalización de la función defensiva de los Estados, el primero Estados Unidos. Dicha externalización no sólo concierne a los fabricantes de armas, sino también al entramado de los invasores y mercenarios de la guerra y la tortura; todo el conjunto cotiza en bolsa y pasa de mano en mano.
Al mismo tiempo, en otros artículos del mismo número, el mensual Afrique-Asie estudia la evolución del complejo militar industrial estadounidense. El peso de las empresas privadas en dicho complejo ya era considerable a la salida de la Segunda Guerra Mundial, hasta el punto de que a principios de la década de los 60, el Presidente Eisenhower alertó a sus conciudadanos de la amenaza del choque de los intereses militares del ejército y los de la industria sobre la democracia. La agresión imperialista estadounidense contra Vietnam aceleró la integración de las empresas privadas en el esfuerzo de guerra estadounidense después de la carrera armamentista contra la Unión soviética, pero la guerra de Iraq ha establecido un nuevo récord.
Una parte cada vez mayor de sociedades militares privadas pasa no solamente bajo la dirección de los grupos industriales proveedores de armas, sino también, y sobre todo, de las finanzas. Las sociedades militares privadas, cuyas competencias van desde el espionaje al mundo de los mercenarios pasando por las torturas-interrogatorios de los prisioneros, se cotizan en bolsa y los actos de guerra hacen que suban las acciones (2). Los beneficios de sociedades como Vinnell suscitan tanto interés en las altas finanzas que la firma ha cambiado de propietario varias veces y sus inversores son miembros del gobierno, adjuntos de la CIA, el ex presidente Bush, el ex secretario de Estado Barker, el ex Primer Ministro británico John Major, el ex presidente alemán del Bundesbank Karl Otto Pöhl y, por supuesto, Soros, así como miembros de la familia Bin Laden. Numerosos altos funcionarios de la CIA están empleados en sociedades militares privadas.
Actualmente se está abriendo un mercado prometedor, el del mantenimiento de la paz bajo la protección de las Naciones Unidas, los mercenarios están llamados a sustituir a los Cascos azules.
Hay que leer todo el dossier para descubrir esta extraordinaria imbricación y aunque el caso más ilustrativo es el de Estados Unidos, es obvio que Francia no le va a la zaga y que la integración de su defensa en la OTAN no se hace sin beneficios para los amigos del Presidente. Así, si las sociedades estadounidenses se llevan la parte del león en los beneficios de las guerras de Afganistán e Iraq, en el undécimo puesto de productores y proveedores de armas se encuentra la sociedad francesa Thales (6.997 millones de dólares en 2006).
Volviendo a la exposición de Rémy Herrera:
«Según todas las señales, es evidente que Estados Unidos no podrá reanimar, por medio de la guerra, la acumulación de capital en el centro del sistema capitalista mundial. Las destrucciones de capital causadas por estos conflictos, enormes para los países del sur que los están padeciendo, no permiten promover un nuevo ciclo largo de expansión del capital en Estados Unidos, como ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial con la reconstrucción.
¿Estados Unidos dispone de recursos para financiar eventuales nuevas guerras? Los gastos de defensa estadounidenses se sitúan actualmente un poco por debajo del 4% del PIB. Para el año 2008, G.W. Bush ha pedido al Congreso la suma global de 647.200 millones de dólares para el Departamento de defensa nacional (…) más una serie de gastos suplementarios de naturaleza militar a cargo de otros ministerios. En total, esa cantidad representa casi una quinta parte del presupuesto del Estado Federal y algo menos de la mitad del total de los gastos militares de todo el mundo.
Pero la primera potencia militar mundial se halla inmersa en profundos desequilibrios económicos amplificados por la gestión neoliberal de la crisis. Estados Unidos está superenedeudado. Sus finanzas absorben la mayoría de los beneficios de la Bolsa y sólo dejan unos pocos recursos disponibles para la inversión productiva. Las clases dominantes, considerablemente enriquecidas desde hace veinte años, consumen sin freno.
Sistema de saqueo mundial, el neoliberalismo en Estados Unidos es, además, un modelo de acumulación capitalista muy lento, de hecho casi es una no-acumulación. Aunque Estados Unidos siempre saca más beneficios que el resto del mundo depende mucho del exterior, y por eso bombardea o amenaza con bombardear a los pueblos desde su red de bases militares que cubre el planeta».
Las dimensiones económicas y militares de la crisis están estrechamente relacionadas: la guerra agrava los desequilibrios de la economía estadounidense que las altas finanzas tratan de resarcir por medio del saqueo y la guerra perpetua. La crisis actual revela que esta lógica destructora para la humanidad ha llegado al límite de lo soportable.
Notas:
(1) Ver especialmente, en el mismo número, el edificante palmarés de los principales beneficiarios de las guerras de Afganistán e Iraq y también el estudio del sistema Vinnell: inicialmente una empresa de construcción, se integró al esfuerzo de la guerra construyendo las bases durante la Segunda Guerra Mundial. Durante la guerra de Vietnam pasó de la construcción al mercado de los mercenarios, con más de 5.000 personas. Después de la guerra y los años de vacas flacas reapareció convertida en protectora de la familia real saudí y sus pozos de petróleo. Pero al mismo tiempo sigue vinculada a la CIA sirviendo de tapadera a sus agentes en Oriente Próximo. Actualmente, la presencia de Vinnell en Oriente Próximo presenta un cierto número de ventajas para el gobierno estadounidense: entrenamiento de fuerzas armadas en el extranjero, acceso a los servicios de seguridad a menor coste y estabilización, por procuración, de un aliado en la región. Cuando se analizan de cerca estas imbricaciones consideramos que las hipótesis relativas a los atentados del 11-S, y más recientemente a los de la India, no tienen nada de escandalosas, ya que revelan los poderosos intereses que existen para la continuación de la guerra y cómo ésta se halla en el centro del sistema neoliberal de las finanzas mundiales.
(2) En el otoño de 2006, la publicidad de un acuerdo de 43 millones de dólares para indemnizar al personal del MPRI (sociedad militar privada) enrolado en el ejército estadounidense y en Afganistán e Iraq hizo que subieran las acciones bursátiles de la empresa matriz del MPRI, L-3. Tenemos un sistema en el que los despidos, tanto en las empresas como en la guerra, son los medios para incrementar los beneficios de los accionistas.
Original en francés: http://socio13.wordpress.com/2008/12/01/haute-finance-et-guerre-perpetuelle/#more-8339
Danielle Bleitrach, socióloga francesa, perteneció al Comité Central del Partido Comunista Francés (PCF) y después al Comité Nacional de dicho partido desde 1981 a 1996. Fue Consejera Regional responsable de cultura de la región PACA (Provenza-Alpes-Costa Azul) y fundadora de la revista de los intelectuales comunistas Révolution, en la que escribió numerosos artículos que se caracterizan por su espíritu polémico. Dimitió del Comité Nacional del PCF en 1996, en desacuerdo con la participación del partido en el gobierno. En 2003 salió del PCF, aunque sigue declarándose comunista.
Últimamente Danielle Bleitrach se ocupa en especial de Cuba y América Latina. Además de Cuba es una isla (traducción española de Maira Góngora, Ed. de Intervención Cultural, 2005), ha escrito con Viktor Dedaj y Maxime Vivas Les États-Unis de Mal Empire, ces leçons de résistance qui nous viennent du sud, Adén, 2005, traducido al español por Aurora Fibla Madrigal con el título Estados Unidos o el imperio de mal en peor, ed. José Martí, La Habana, 2006.
Estas obras suponen una ruptura con sus análisis sociológicos anteriores y enlazan con la reflexión sobre la globalización, el desarrollo, el trabajo y la ciudadanía.
Ha escrito una quincena de obras entre las que destacan tres de sociología sobre la clase obrera y la ciudadanía, ensayos como Le Music hall des âmes nobles (sobre los intelectuales) y novelas como Un bouquet d'ortie o L'infortune de Gaspard.
Su último libro, en colaboración con Jacques François Bonaldi, es Cuba, Fidel et le Che ou l’aventure du socialisme (Cuba, Fidel y el Che o la aventura del socialismo), Le Temps de Cerises, 2008.
Altas finanzas y guerra perpetua | 07-12-2008 - 09:11:55 GMT 1 #
El globo, sus recursos y la fuerza de trabajo de la población humana a disposición de 6.000 personas
Juan Luís Rodríguez
“Hay muy poca diferencia entre especulación e inversión.
La única diferencia está básicamente en que las inversiones
son especulaciones exitosas, porque si uno se anticipa
exitosamente al futuro obtiene una utilidad especulativa.
No tengo mala conciencia, para nada. Me siento profundamente
orgulloso de ser un especulador exitoso”. (George Soros) .
¿Han ocasionado los ciudadanos que viven de su trabajo esta (mal llamada) crisis (en realidad es una apropiación y concentración del dinero)?. La respuesta es no.
Al negocio financiero global, la economía real le ha significado en volumen algo ciertamente ridículo; -del 5% al 10% de la economía mundial corresponde a bienes, servicios, producción, hombres y mujeres trabajando. El resto del dinero global es economía especulativa, es decir, operadores contratados especulando, comprando y vendiendo valores, divisas ( 3.2 trillones de dólares cada día se negocian en el Mercado Internacional de Divisas) , realizando transacciones financieras, moviendo grandes cantidades de dinero para forzar las políticas económicas de los estados (al margen de las democracias), sin producir nada-.
Esta estructura, que tiene su máxima expresión en los mercados bursátiles, y cobijo en los paraísos fiscales , ha especulado y especula con el petróleo. Ha especulado y especula con el grano (elemento base de la dieta de millones de personas), ha especulado y especula con la vivienda de los/as ciudadanos/as, ha especulado y especula con el interés bancario que se aplica a los préstamos que la mayoría de los/as ciudadanos y ciudadanas nos vemos obligados a solicitar para acceder a derechos básicos y constitucionales. Y así un extenso etc…
Y ha especulado y especula con el desastre de la economía real y social que se está produciendo.
Especular significa comprar algo a un precio para, más tarde, vender ese algo a un precio mayor, obteniendo así un beneficio económico de esta acción. Aunque ese algo vendido a mayor precio, no haya experimentado ninguna mejora o añadido que justifique esa elevación en su precio original.
Y esa elevación del precio indiscriminada, exacerbada, planificada, convertida en burbuja y espiral, es lo que la diferencia de lo que podría ser una acción “humana” de compra-venta.
Y esa elevación indiscriminada, que ha sido y está siendo literalmente criminal en muchos países, ha conseguido y está consiguiendo someter a niveles históricos, a nuestras democracias. A nuestras sociedades. Con control institucional cero.
Pues a la enseñanza de la especulación y a analizar su naturaleza, sus formas, y sus procedimientos para la máxima eficacia, es a lo que se dedican los principales y más prestigiosos “centros de formación económica del mundo”, entre otras cosas.
A enseñar, a aquellos que se lo pueden pagar, técnicas que permiten situar el bienestar de sociedades enteras en peligro, en virtud del mayor beneficio privado. Y esto es claro, ya que la consecuencia directa del radical discurso de la opulencia justificada; mejor cuanto más beneficio, en menor tiempo, con el menor esfuerzo y haciendo lo que haya que hacer…es precisamente lo que nos ha situado donde estamos.
Estos señores, 6.000 en el planeta , han practicado con el beneplácito de unos gobiernos que nada han tenido que ver con el espíritu democrático de interés general que debe regir el código de conducta de un político, un estilo de vida y negocio de ¡Barra Libre¡. Esa clase política les ha permitido todo. Esa misma clase política que después te llama para que participes en unas supuestas elecciones democráticas, induciendo a la población con las últimas técnicas de persuasión y marketing electoral a depositar tu apoyo en las medidas económicas menos democráticas y más desiguales que hemos podido presenciar en las últimas décadas.
¡Barra Libre! para 6.000 personas. El globo, sus recursos y la fuerza de trabajo de la población humana a disposición de 6.000 dictadores sin escrúpulos, enfermos de vanidad, con serios trastornos mentales cuyas consecuencias estamos sufriendo.
La clase política de los sueldos millonarios, mercenaria de la cúpula de los 6.000 a la que sirve ha extendido el discurso económico-oficial-global diseñado por el Club de los 6.000 en sus “Universidades de prestigio”. Ese discurso contrario a la humanidad que no solo pretende anular la responsabilidad de quienes nos han llevado a esta situación. Van más allá.
Les están dando inyecciones de dinero público, avales y otro tipo de medidas a los promotores de esta catástrofe. Es decir, ¡¡están premiando!! a los culpables con el dinero de los ciudadanos. No solo les eximen de culpabilidad sino que los gratifican cogiendo nuestro dinero y poniéndolo a disposición del Club de los sinvergüenzas del planeta. Algo así como un mensaje que diría: “habéis ganado inhumanas cantidades de dinero que habéis depositado en vuestros bancos privados ajenos a la democracia y el control ciudadano y ahora vamos a coger el dinero de los Estados, el dinero de los pueblos y lo vamos a poner a vuestra disposición para que podáis seguir haciendo golferías”. “No solo no vais a devolver el dinero que habéis expoliado mediante vuestra tecnología especulativa, no solo no vais a ir a la cárcel, sino que os vamos a dar más dinero: el dinero de los ciudadanos”.
Y a estos “ciudadanos democráticos” les vamos a contar que no hay más remedio que hacerlo, les vamos a decir que el resto de clases políticas de sueldos millonarios del mundo están haciendo lo mismo. Y el déficit público que se va a generar ocasionará el más perverso de los raquitismos públicos.
El sistema capitalista no está en crisis, es más evidente que nunca. Evoluciona, y más que nunca lo hace en contra de los ciudadanos.
Los intelectuales, movimientos sociales y organizaciones preocupadas por este asunto, deberían tener muy en cuenta esto que está ocurriendo. No se dejen despistar de esta idea, les pediría.
Y continúen trabajando para que la sociedad civil reaccione con la misma agresividad a la que está siendo sometida.
Ránking publicado por la agencia Reuters. Los 20 Bancos más poderosos:
1.- I&C Bank of China: u$s206 mil millones; 2.- Bank of America/Merrill Lynch: u$s198 mil millones; 3.- HSBC: u$s191 mil millones; 4.- China Construction Bank: u$s168 mil millones; 5.- JP Morgan Chase: u$s141 mil millones; 6.- Bank of China: u$s123 mil millones; 7.- Wells Fargo: u$s113 mil millones; 8.- Banco Santander: u$s101 mil millones; 9.- Citigroup: u$s98 mil millones; 10.- Mitsubishi UFJ: u$s87 mil millones; 11.- BNP Paribas: u$s84 mil millones; 12.- UniCredit: u$s71 mil millones; 13.- Royal Bank of Scotland: u$s69 mil millones; 14.- Intesa Sao Paolo: u$s66 mil millones; 15.- Royal Bank of Canada: u$s62 mil millones; 16.- BBVA: u$s62 mil millones; 17- UBS: u$s61 mil millones; 18.- US Bancorp: u$s59 mil millones; 19.- Societe Generale: u$s55 mil millones; 20.- Credit Suisse: u$s52 mil millones.
Fuente: Reuters.
Juan Luís Rodríguez es Psicólogo, especialista en Psicología Clínica y de la Salud. Ex–asesor en los Gabinetes de las Consejerías de Asuntos Sociales y Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía. Colaborador de Attac Sevilla y Foro Social de Sevilla. Escribe en medios digitales independientes.
Contactos: juanitolui@hotmail.com
El globo, sus recursos y la fuerza de trabajo de la población humana a disposición de 6.000 personas | 08-03-2009 - 07:14:04 GMT 1 #