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26/09/2008 GMT 1

Marx tenía razón

lejarza @ 08:13

Germà Bel, La Vanguardia - Economía: Marx tenía razón.-O, al menos, es lo que se deduce de la acción del gobierno de Bush para salvar de la quiebra a los accionistas de los grandes bancos de inversión. Decía Marx que la función del Estado era servir los intereses económicos de las clases dominantes. AMarx tenía razón Das Kapital - El Capital - Carlos Marx Comunista Revolución (Empresarios Burgueses y Politicos) Ibex-35 Instituto de Crédito Oficial (ICO) Wall Street Barcelona Girona Tarragona Lleida Gerona Lerida Madrid España Espanya PCE PSUC falta de conocer los detalles del plan Paulson, en esto podría acabar la aplicación de 700.000 millones de dólares $ de los contribuyentes a la compra de activos tóxicos de las empresas que reinaron en Wall Street y cuyos gestores y accionistas han gozado de enormes beneficios. Nótese que no se trata de bancos comerciales que canalizen el ahorro (escaso en EE. UU.) y los créditos del depositante medio. Estos están mucho menos expuestos a los problemas de la banca de inversión. Además, la banca comercial de EE. UU. cuenta con una garantía de depósitos de hasta 100.000 dólares $ (muy superior a los 20.000 euros habituales en Europa). Por eso nadie percibe allí el riesgo de una corrida bancaria a la argentina.

En muy pocos días reputados economistas han comenzado a formular objeciones serias a lo que se entrevé del plan Paulson. Al fin y al cabo, se quiere dar liquidez a las empresas rescatadas comprando los activos que no pueden vender en el mercado. Pero para que esto tenga sentido habrá que aceptar un precio de compra muy superior al valor real de esos activos, transfiriendo por tanto muchos recursos públicos a los accionistas de las empresas de inversión. Aunque, como han propuesto economistas como Paul Krugman, si el problema es proporcionar capital público a las empresas financieras, entonces ese capital debe conllevar lo que el capital comporta: propiedad (pública). Así, si el plan sale bien, los beneficios no se quedan sólo para los que originaron el lío a causa de su codicia. Pero una cosa es hacer apostasía del libre mercado y otra muy diferente entorpecer la propiedad privada.

En España este escenario se vive con unos ingredientes locales. El objeto del deseo es el Instituto de Crédito Oficial (ICO) y la alianza de pedigüeños podría tener su manifiesto en lo relatado con gran claridad por el presidente de la CEOE en una entrevista reciente. Tras pedir que el ICO avale la tesorería de las empresas, precisaba que este paréntesis en la economía de libre mercado sólo debía durar hasta 2009..., si no era necesario alargarlo. Aún más clara era su visión sobre la causa de los problemas: "Si eres un emprendedor y el dinero te lo ponen fácil, lo coges" (sic). ¡Tanto tiempo creyendo que ser emprendedor implicaba asumir riesgos y tener ideas algo más innovadoras que comprar duros a cuatro pesetas! El episodio actual será fundamental en su visión de la economía para toda una generación de futuros líderes empresariales y políticos. ¿De verdad queremos transmitirles que, en el fondo, no hay problema si asumen riesgos irresponsables, pues alguien pagará? (Argelaguer Vall del Llierca)    El crack del "coeficiente de caja"    The capitalist Empire mad machinery

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  1. Escrito: A mediados de junio de 1877.
    Primera edición: En Brunswick, Alemania, en el almanaque Volks-Kalender, 1878.
    Marxists Internet Archive, marzo de 2000.

    Carlos Marx por Federico Engels :

    Carlos Marx, el hombre que dio por vez primera una base científica al socialismo, y por tanto a todo el movimiento obrero de nuestros días, nació en Tréveris, en 1818. Comenzó a estudiar jurisprudencia en Bonn y en Berlín, pero pronto se entregó exclusivamente al estudio de la historia y de la filosofía, y se disponía, en 1842, a habilitarse como profesor de filosofía, cuando el movimiento político producido después de la muerte de Federico Guillermo III orientó su vida por otro camino. Los caudillos de la burguesía liberal renana, los Camphausen, Hansemann, etc., habían fundado en Colonia, con su cooperación, la "Reinische Zeitung" 1; y en el otoño de 1842, Marx, cuya crítica de los debates de la Dieta provincial renana había producido enorme sensación, fue colocado a la cabeza del periódico. La "Rheinische Zeitung" publicábase, naturalmente, bajo la censura, pero ésta no podía con ella 2. El periódico sacaba adelante casi siempre los artículos que le interesaba publicar: se empezaba echándole al censor cebo sin importancia para que lo tachase, hasta que, o cedía por sí mismo, o se veía obligado a ceder bajo la amenaza de que al día siguiente no saldría el periódico. Con diez periódicos que hubieran tenido la misma valentía que la "Rheinische Zeitung" y cuyos editores se hubiesen gastado unos cientos de táleros más en composición se habría hecho imposible la censura en Alemania ya en 1843. Pero los propietarios de los periódicos alemanes eran filisteos mezquinos y miedosos, y la "Rheinische Zeitung" batallaba sola. Gastaba a un censor tras otro, hasta que, por último, se la sometió a doble censura, debiendo pasar, después de la primera, por otra nueva y definitiva revisión del Regierungspräsident. Más tampoco esto bastaba. A comienzos de 1843, el gobierno declaró que no se podía con este periódico, y lo prohibió sin más explicaciones.
    Marx, que entretanto se había casado con la hermana de von Westphalen, el que más tarde había de ser ministro de la reacción, se trasladó a París, donde editó con A. Ruge los "Deutsch-Französische Jahrbücher" 3, en los que inauguró la serie de sus escritos socialistas, con una "Crítica de la filosofía hegeliana del Derecho". Después, en colaboración con F. Engels, publicó "La Sagrada Familia. Contra Bruno Bauer y consortes", crítica satírica de una de las últimas formas en las que se había extraviado el idealismo filosófico alemán de la época.
    El estudio de la Economía política y de la historia de la gran Revolución francesa todavía le dejaba a Marx tiempo para atacar de vez en cuando al Gobierno prusiano; éste se vengó, consiguiendo del ministerio Guizot, en la primavera de 1845 -y parece que el mediador fue el señor Alejandro de Humboldt-, que se le expulsase de Francia 4. Marx trasladó su residencia a Bruselas, donde, en 1847, publicó en lengua francesa la "Miseria de la Filosofía", crítica de la "Filosofía de la Miseria", de Proudhon, y, en 1848, su "Discurso sobre el libre cambio". Al mismo tiempo encontró ocasión de fundar en Bruselas una Asociación de obreros alemanes 5, con lo que entró en el terreno de la agitación práctica. Esta adquirió todavía mayor importancia para él al ingresar en 1847, en unión de sus amigos políticos, en la Liga de los Comunistas, liga secreta, que llevaba ya largos años de existencia. Toda la estructura de esta organización se transformó radicalmente; la que hasta entonces había sido una sociedad más o menos conspirativa, se convirtió en una simple organización de propaganda comunista -secreta tan sólo porque las circunstancias lo exigían-, y fue la primera organización del Partido Socialdemócrata Alemán. La Liga existía dondequiera que hubiese asociaciones de obreros alemanes; en casi todas estas asociaciones, en Inglaterra, en Bélgica, en Francia y en Suiza, y en muchas asociaciones de Alemania, los miembros dirigentes eran afiliados a la Liga, y la participación de ésta en el naciente movimiento obrero alemán era muy considerable. Además, nuestra Liga fue la primera que destacó, y lo demostró en la práctica, el carácter internacional de todo el movimiento obrero; contaba entre sus miembros a ingleses, belgas, húngaros, polacos, etc., y organizaba, principalmente en Londres, asambleas obreras internacionales.

    La transformación de la Liga se efectuó en dos congresos celebrados en 1847, el segundo de los cuales acordó la redacción y publicación de los principios del partido, en un manifiesto que habían de redactar Marx y Engels. Así surgió el Manifiesto del Partido Comunista que apareció por vez primera en 1848, poco antes de la revolución de Febrero, y que después ha sido traducido a casi todos los idiomas europeos.
    La "Deutsche-Brüsseler-Zeitung" 6, en la que Marx colaboraba y en la que se ponían al desnudo implacablemente las bienaventuranzas policíacas de la patria, movió nuevamente al Gobierno prusiano a maquinar para conseguir la expulsión de Marx, pero en vano. Mas, cuando la revolución de Febrero provocó también en Bruselas movimientos populares y parecía ser inminente en Bélgica una revolución, el Gobierno belga detuvo a Marx sin contemplaciones y lo expulsó. Entretanto, el gobierno provisional de Francia, por mediación de Flocon, le había invitado a reintegrarse a París, invitación que aceptó.
    En París, se enfrentó ante todo con el barullo creado entre los alemanes allí residentes, por el plan de organizar a los obreros alemanes de Francia en legiones armadas, para introducir con ellas en Alemania la revolución y la república. De una parte, era Alemania la que tenía que hacer por sí misma la revolución, y de otra parte, toda legión revolucionaria extranjera que se formase en Francia nacía delatada, por los Lamartines del gobierno provisional, al gobierno que se quería derribar, como ocurrió en Bélgica y en Baden.
    Después de la revolución de marzo, Marx se trasladó a Colonia y fundó allí la "Neue Rheinische Zeitung", que vivió desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849. Fue el único periódico que defendió, dentro del movimiento democrático de la época, la posición del proletariado, cosa que hizo ya, en efecto, al apoyar sin reservas a los insurrectos de junio de 1848 en París 7, lo que le valió la deserción de casi todos los accionistas. En vano la "Kreuz-Zeitung" 8 señalaba el "Chimborazo de insolencia" con que la "Neue Rheinische Zeitung" atacaba todo lo sagrado, desde el rey y el regente del imperio hasta los gendarmes, y esto en una fortaleza prusiana, que tenía entonces 8.000 hombres de guarnición: en vano clamaba el coro de filisteos liberales renanos, vuelto de pronto reaccionario, en vano se suspendió el estado de sitio decretado en Colonia, en el otoño de 1848; en vano el Ministerio de Justicia del imperio denunciaba desde Francfort al fiscal de Colonia artículo tras artículo, para que se abriese proceso judicial; el periódico seguía redactándose e imprimiéndose tranquilamente, a la vista de la Dirección General de Seguridad, y su difusión y su fama crecían con la violencia de los ataques contra el gobierno y la burguesía. Al producirse, en noviembre de 1848, el golpe de Estado de Prusia, la "Neue Rheinische Zeitung" incitaba al pueblo, en la cabecera de cada número, para que se negase a pagar los impuestos y contestase a la violencia con la violencia. Llevado ante el Jurado, en la primavera de 1849, por esto y por otro artículo, el periódico salió absuelto las dos veces. Por fin, al ser aplastadas las insurrecciones de mayo de 1849, en Dresde y la provincia del Rin 9, y al iniciarse la campaña prusiana contra la insurrección de Baden-Palatinado, mediante la concentración y movilización de grandes contingentes de tropas, el gobierno se creyó lo bastante fuerte para suprimir por la violencia la "Neue Rheinische Zeitung". El último número -impreso en rojo- apareció el 19 de mayo.
    Marx se trasladó nuevamente a París, pero pocas semanas después de la manifestación del 13 de junio de 1849 10 el Gobierno francés lo colocó ante la alternativa de trasladar su residencia a la Bretaña o salir de Francia. Optó por esto último y se fue a Londres, donde ha vivido desde entonces sin interrupción.
    La tentativa de seguir publicando la "Neue Rheinische Zeitung" en forma de revista (en Hamburgo, en 1850) 11, hubo de ser abandonada algún tiempo después, ante la violencia creciente de la reacción. Inmediatamente después del golpe de Estado de diciembre de 1851 en Francia, Marx publicó "El 18 Brumario de Luis Bonaparte" (Boston, 1852; segunda edición, Hamburgo, 1869, poco antes de la guerra). En 1853, escribió las "Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia" (obra impresa primeramente en Basilea, más tarde en Boston y reeditada recientemente en Leipzig).
    Después de la condena de los miembros de la Liga de los Comunistas en Colonia 12, Marx se retiró de la agitación política y se consagró, de una parte, por espacio de diez años, a estudiar a fondo los ricos tesoros que encerraba la biblioteca del Museo Británico en materia de Economía política, y de otra parte, a colaborar en "New-York Tribune" 13, periódico que, hasta que estalló la guerra norteamericana de Secesión 14, no sólo publicó las correspondencias firmadas por él, sino también numerosos artículos editoriales sobre temas europeos y asiáticos salidos de su pluma. Sus ataques contra lord Palmerston, basados en minuciosos estudios de documentos oficiales ingleses, fueron editados en Londres como folletos de agitación.

    Como primer fruto de sus largos años de estudios económicos apareció en 1859 la "Contribución a la crítica de la Economía política. Primer cuaderno" (Berlín, Duncker.) Esta obra contiene la primera exposición sistemática de la teoría del valor de Marx, incluyendo la teoría del dinero. Durante la guerra italiana 15, Marx combatió desde las columnas de "Das Volk" 16,periódico alemán que se publicaba en Londres, el bonapartismo, que por entonces se teñía de liberal y se las daba de libertador de las nacionalidades oprimidas, y la política prusiana de la época, que, bajo la manto de la neutralidad, procuraba pescar en río revuelto. A propósito de esto, hubo de atacar también al señor Karl Vogt, que por entonces hacía agitación en pro de la neutralidad de Alemania, más aún, de la simpatía de Alemania, por encargo del príncipe Napoleón (Plon-Plon) y a sueldo de Luis Napoleón. Como Vogt acumulase contra él las calumnias más infames, infundadas a sabiendas, Marx le contestó en "El señor Vogt" (Londres, 1860), donde se desenmascara a Vogt y a los demás señores de la banda bonapartista de seudo-demócratas, demostrando con pruebas de carácter externo e interno que Vogt estaba sobornado por el imperio decembrino. A los diez años justos, se tuvo la confirmación de esto; en la lista de las gentes a sueldo del bonapartismo, descubierta en las Tullerías en 1870 17 y publicada por el gobierno de septiembre 18, aparecía en la letra "V" esta partida: "Vogt: le fueron entregados, en agosto de 1859... 40.000 francos".
    Por fin, en 1867, vio la luz en Hamburgo el tomo primero de "El Capital, Crítica de la Economía política", la obra principal de Marx, en la que se exponen las bases de sus ideas económico-socialistas y los rasgos fundamentales de su crítica de la sociedad existente, del modo de producción capitalista y de sus consecuencias. La segunda edición de esta obra que hace época se publicó en 1872; el autor se ocupa actualmente de la preparación del segundo tomo.
    Entretanto, el movimiento obrero de diversos países de Europa había vuelto a fortalecerse en tal medida, que Marx pudo pensar en poner en práctica un deseo acariciado desde hacía largo tiempo: fundar una asociación obrera que abarcase los países más adelantados de Europa y América y que había de personificar, por decirlo así, el carácter internacional del movimiento socialista tanto ante los propios obreros como ante los burgueses y los gobiernos, para animar y fortalecer al proletariado y para atemorizar a sus enemigos. Dio ocasión para exponer la idea, que fue acogida con entusiasmo, un mitin popular celebrado en el Saint Martin's Hall de Londres, el 28 de septiembre de 1864, a favor de Polonia, que volvía a ser aplastada por Rusia. Quedó fundada así la Asociación Internacional de los Trabajadores. En la Asamblea se eligió un Consejo General provisional, con residencia en Londres. El alma de este Consejo General, como de los que le siguieron hasta el Congreso de La Haya 19, fue Marx. El redactó casi todos los documentos lanzados por el Consejo General de la Internacional, desde el Manifiesto Inaugural de 1864, hasta el manifiesto sobre la guerra civil de Francia en 1871. Exponer la actuación de Marx en la Internacional, equivaldría a escribir la historia de esta misma Asociación que, por lo demás, vive todavía en el recuerdo de los obreros de Europa.
    La caída de la Comuna de París colocó a la Internacional en una situación imposible. Viose empujada al primer plano de la historia europea, en un momento en que por todas partes tenía cortada la posibilidad de una acción práctica y eficaz. Los acontecimientos que la erigían en séptima gran potencia le impedían, al mismo tiempo, movilizar y poner en acción sus fuerzas combativas, so pena de llevar a una derrota infalible al movimiento obrero y de contenerlo por varios decenios. Además, por todas partes pugnaban por colocarse en primera fila elementos que intentaban explotar, para fines de vanidad o de ambición personal, la fama, que tan súbitamente había crecido, de la Asociación, sin comprender la verdadera situación de la Internacional o sin preocuparse de ella. Había que tomar una decisión heroica, y fue, como siempre, Marx quien la tomó y la hizo prosperar en el Congreso de La Haya. En un acuerdo solemne, la Internacional se desentendió de toda responsabilidad por los manejos de los bakuninistas, que eran el eje de aquellos elementos insensatos y poco limpios; luego, ante la imposibilidad de cumplir también, frente a la reacción general, las exigencias redobladas que a ella se le planteaban y de mantener en pie su plena actividad, más que por medio de una serie de sacrificios, que necesariamente habrían desangrado el movimiento obrero, la Internacional se retiró provisionalmente de la escena, trasladando a Norteamérica el Consejo General. Los acontecimientos posteriores han venido a demostrar cuán acertado fue este acuerdo, tantas veces criticado por entonces y después. De una parte, quedaron cortadas de raíz, y siguieron cortadas en adelante, las posibilidades de organizar en nombre de la Internacional vanas intentonas, y de otra parte, las constantes y estrechas relaciones entre los partidos obreros socialistas de los distintos países demostraban que la conciencia de la identidad de intereses y de la solidaridad del proletariado de todos los países, despertada por la Internacional, llega a imponerse aun sin el enlace de una asociación internacional formal que, por el momento, se había convertido en traba.
    Después del Congreso de La Haya, Marx volvió a encontrar, por fin, tiempo y sosiego para reanudar sus trabajos teóricos, y es de esperar que en un período de tiempo no muy largo pueda dar a la imprenta el segundo tomo de "El Capital".
    De los muchos e importantes descubrimientos con que Marx ha inscrito su nombre en la historia de la ciencia, sólo dos podemos destacar aquí.
    El primero es la revolución que ha llevado a cabo en toda la concepción de la historia universal. Hasta aquí, toda la concepción de la historia descansaba en el supuesto de que las últimas causas de todas las transformaciones históricas habían de buscarse en los cambios que se operan en las ideas de los hombres, y de que de todos los cambios, los más importantes, los que regían toda la historia, eran los políticos. No se preguntaban de dónde les vienen a los hombres las ideas ni cuáles son las causas motrices de los cambios políticos. Sólo en la escuela moderna de los historiadores franceses, y en parte también de los ingleses, se había impuesto la convicción de que, por lo menos desde la Edad Media, la causa motriz de la historia europea era la lucha de la burguesía en desarrollo contra la nobleza feudal por el Poder social y político. Pues bien, Marx demostró que toda la historia de la humanidad, hasta hoy, es una historia de luchas de clases, que todas las luchas políticas, tan variadas y complejas, sólo giran en torno al Poder social y político de unas u otras clases sociales; por parte de las clases viejas, para conservar el poder, y por parte de las ascendentes clases nuevas, para conquistarlo. Ahora bien, ¿qué es lo que hace nacer y existir a estas clases? Las condiciones materiales, tangibles, en que la sociedad de una época dada produce y cambia lo necesario para su sustento. La dominación feudal de la Edad Media descansaba en la economía cerrada de las pequeñas comunidades campesinas, que cubrían por sí mismas casi todas sus necesidades, sin acudir apenas al cambio, a las que la nobleza belicosa defendía contra el exterior y daba cohesión nacional o, por lo menos, política. Al surgir las ciudades y con ellas una industria artesana independiente y un tráfico comercial, primero interior y luego internacional, se desarrolló la burguesía urbana, y conquistó, luchando contra la nobleza, todavía en la Edad Media, una incorporación al orden feudal, como estamento también privilegiado. Pero, con el descubrimiento de los territorios no europeos, desde mediados del siglo XV, la burguesía obtuvo una zona comercial mucho más extensa, y, por tanto, un nuevo acicate para su industria. La industria artesana fue desplazada en las ramas más importantes por la manufactura de tipo ya fabril, y ésta, a su vez, por la gran industria, que habían hecho posible los inventos del siglo pasado, principalmente la máquina de vapor, y que a su vez repercutió sobre el comercio, desalojando, en los países atrasados, al antiguo trabajo manual y creando, en los más adelantados, los modernos medios de comunicación, los barcos de vapor, los ferrocarriles, el telégrafo eléctrico. De este modo, la burguesía iba concentrando en sus manos, cada vez más, la riqueza social y el poder social, aunque tardó bastante en conquistar el poder político, que estaba en manos de la nobleza y de la monarquía, apoyada en aquélla. Pero al llegar a cierta fase -en Francia, desde la gran Revolución-, conquistó también éste y se convirtió, a su vez, en clase dominante frente al proletariado y a los pequeños campesinos. Situándose en este punto de vista -siempre y cuando que se conozca suficientemente la situación económica de la sociedad en cada época; conocimientos de que, ciertamente, carecen en absoluto nuestros historiadores profesionales-, se explican del modo más sencillo todos los fenómenos históricos, y asimismo se explican con la mayor sencillez los conceptos y las ideas de cada período histórico, partiendo de las condiciones económicas de vida y de las relaciones sociales y políticas de ese período, condicionadas a su vez por aquéllas.

    Por primera vez se erigía la historia sobre su verdadera base; el hecho palpable, pero totalmente desapercibido hasta entonces, de que el hombre necesita en primer término comer, beber, tener un techo y vestirse, y por tanto, trabajar, antes de poder luchar por el mando, hacer política, religión, filosofía, etc.; este hecho palpable, pasaba a ocupar, por fin, el lugar histórico que por derecho le correspondía.
    Para la idea socialista, esta nueva concepción de la historia tenía una importancia culminante. Demostraba que toda la historia, hasta hoy, se ha movido en antagonismos y luchas de clases, que ha habido siempre clases dominantes y dominadas, explotadoras y explotadas, y que la gran mayoría de los hombres ha estado siempre condenada a trabajar mucho y disfrutar poco. ¿Por qué? Sencillamente, porque en todas las fases anteriores del desenvolvimiento de la humanidad, la producción se hallaba todavía en un estado tan incipiente, que el desarrollo histórico sólo podía discurrir de esta forma antagónica y el progreso histórico estaba, en líneas generales, en manos de una pequeña minoría privilegiada, mientras la gran masa se hallaba condenada a producir, trabajando, su mísero sustento y a acrecentar cada vez más la riqueza de los privilegiados. Pero, esta misma concepción de la historia, que explica de un modo tan natural y racional el régimen de dominación de clase vigente hasta nuestros días, que de otro modo sólo podía explicarse por la maldad de los hombres, lleva también a la convicción de que con las fuerzas productivas, tan gigantescamente acrecentadas, de los tiempos modernos, desaparece, por lo menos en los países más adelantados, hasta el último pretexto para la división de los hombres en dominantes y dominados, explotadores y explotados; de que la gran burguesía dominante ha cumplido ya su misión histórica, de que ya no es capaz de dirigir la sociedad y se ha convertido incluso en un obstáculo para el desarrollo de la producción, como lo demuestran las crisis comerciales, y sobre todo el último gran crac 20 y la depresión de la industria en todos los países; de que la dirección histórica ha pasado a manos del proletariado, una clase que, por toda su situación dentro de la sociedad, sólo puede emanciparse acabando en absoluto con toda dominación de clase, todo avasallamiento y toda explotación; y de que las fuerzas productivas de la sociedad, que crecen hasta escapársele de las manos a la burguesía, sólo están esperando a que tome posesión de ellas el proletariado asociado, para crear un estado de cosas que permita a caba miembro de la sociedad participar no sólo en la producción, sino también en la distribución y en la administración de las riquezas sociales, y que, mediante la dirección planificada de toda la producción, acreciente de tal modo las fuerzas productivas de la sociedad y su rendimiento, que se asegure a cada cual, en proporciones cada vez mayores, la satisfacción de todas sus necesidades razonables.
    El segundo descubrimiento importante de Marx consiste en haber puesto definitivamente en claro la relación entre el capital y el trabajo; en otros términos, en haber demostrado cómo se opera, dentro de la sociedad actual, con el modo de producción capialista, la explotación del obrero por el capitalista. Desde que la Economía política sentó la tesis de que el trabajo es la fuente de toda riqueza y de todo valor, era inevitable esta pregunta: ¿cómo se concilia esto con el hecho de que el obrero no perciba la suma total de valor creada por su trabajo, sino que tenga que ceder una parte de ella al capitalista? Tanto los economistas burgueses como los socialistas se esforzaban por dar a esta pregunta una contestación científica sólida; pero en vano, hasta que por fin apareció Marx con la solución. Esta solución es la siguiente: El actual modo de producción capitalista tiene como premisa la existencia de dos clases sociales: de una parte, los capitalistas, que se hallan en posesión de los medios de producción y de sustento, y de otra parte, los proletarios, que, excluidos de esta posesión, sólo tienen una mercancía que vender: su fuerza de trabajo, mercancía que, por tanto, no tienen más remedio que vender, para entrar en posesión de los medios de sustento más indispensables. Pero el valor de una mercancía se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en su producción, y también, por tanto en su reproducción; por consiguiente, el valor de la fuerza de trabajo de un hombre medio durante un día, un mes, un año, se determina por la cantidad de trabajo plasmada en la cantidad de medios de vida necesarios para el sustento de esta fuerza de trabajo durante un día, un mes o un año. Supongamos que los medios de vida para un día exigen seis horas de trabajo para su producción o, lo que es lo mismo, que el trabajo contenido en ellos representa una cantidad de trabajo de seis horas; en este caso, el valor de la fuerza de trabajo durante un día se expresará en una suma de dinero en la que se plasmen también seis horas de trabajo. Supongamos, además, que el capitalista para quien trabaja nuestro obrero le paga esta suma, es decir, el valor íntegro de su fuerza de trabajo. Ahora bien; si el obrero trabaja seis horas del día para el capitalista, habrá reembolsado a éste íntegramente su desembolso: seis horas de trabajo por seis horas de trabajo. Claro está que de este modo no quedaría nada para el capitalista; por eso éste concibe la cosa de un modo completamente distinto. Yo, dice él, no he comprado la fuerza de trabajo de este obrero por seis horas, sino por un día completo. Consiguientemente, hace que el obrero trabaje, según las circunstancias, 8, 10, 12, 14 y más horas, de tal modo que el producto de la séptima, de la octava y siguientes horas es el producto de un trabajo no retribuido, que, por el momento, se embolsa el capitalista. Por donde el obrero al servicio del capitalista no se limita a reponer el valor de su fuerza de trabajo, que se le paga, sino que, además crea una plusvalía que, por el momento, se apropia el capitalista y que luego se reparte con arreglo a determinadas leyes económicas entre toda la clase capitalista. Esta plusvalía forma el fondo básico del que emanan la renta del suelo, la ganancia, la acumulación de capital; en una palabra, todas las riquezas consumidas o acumuladas por las clases que no trabajan. De este modo, se comprobó que el enriquecimiento de los actuales capitalistas consiste en la apropiación del trabajo ajeno no retribuido, ni más ni menos que el de los esclavistas o de los señores feudales, que explotaban el trabajo de los esclavos o de los siervos, y que todas estas formas de explotación sólo se diferencian por el distinto modo de apropiarse el trabajo no pagado. Y con esto, se quitaba la base de todas esas retóricas hipócritas de las clases poseedoras de que bajo el orden social vigente reinan el derecho y la justicia, la igualdad de derechos y deberes y la armonía general de intereses. Y la sociedad burguesa actual se desenmascaraba, no menos que las que la antecedieron, como un establecimiento grandioso montado para la explotación de la inmensa mayoría del pueblo por una minoría insignificante y cada vez más reducida.

    Estos dos importantes hechos sirven de base al socialismo moderno, al socialismo científico. En el segundo tomo de "El Capital" se desarrollan estos y otros descubrimientos científicos no menos importantes relativos al sistema social capitalista, con lo cual se revolucionan también los aspectos de la Economía política que no se habían tocado todavía en el primer tomo. Lo que hay que desear es que Marx pueda entregarlo pronto a la imprenta.
    NOTAS
    1 Rheinisehe Zeitung fiir Politik, Handel und Gewerbe («Periódico del Rin para cuestiones de política, comercio e industria»): diario que se publicó en Colonia del I de enero de 1842 al 31 de marzo de 1843. En abril de 1842, Marx comenzó a colaborar en él, y en octubre del mismo año pasó a ser uno de sus redactores; Engels colaboraba también en el periódico
    2 "Kölnische Zeitung" («Periódico de Colonia»): diario alemán que se publicó con ese nombre desde 1802 en Colonia; en el período de la revolución de 1848-1849 y la reacción que le sucedió reflejaba la política de traición y cobardía de la burguesía liberal prusiana; en el último tercio del siglo XIX estuvo ligado al partido nacional-liberal.
    3 "Deutsch-Französische Jahrbücher" («Anales franco-alemanes»): se publicaba en París, en alemán, bajo la redacción de C. Marx y A. Ruge. No salió más que el primer fascículo (doble) en febrero de 1844. En él se publicaron las obras de Carlos Marx: "Contribución al problema hebreo" y "Contribución a la critica de la filosofía del Derecho de Hegel. Introducción", así como las de Federico Engels: "Esbozos para la crítica de la Economía Política" y "Situación de Inglaterra. Tomás Carlyle, El pasado y el presente". Estas obras marcaban el paso definitivo de Marx y de Engels del democratismo revolucionario al materialismo y al comunismo. La causa principal del cese de la publicación del anuario residía en las divergencias en cuestiones de principio entre Marx y el radical burgués Ruge.
    4 El Gobierno francés dispuso la expulsión de Marx de Francia el 16 de enero de 1845 bajo la presión del Gobierno de Prusia.
    5 La "Asociación de Obreros Alemanes en Bruselas" fue fundada por Marx y Engels a fines de agosto de 1847, con el fin de educar políticamente a los obreros alemanes residentes en Bélgica. Bajo la dirección de Marx, Engels y sus compañeros, la Asociación se convirtió en un centro legal de unión de los proletarios revolucionarios alemanes en Bélgica. Los mejores elementos de la Asociación integraban la Organización de Bruselas de la Liga de los Comunistas. Las actividades de la Asociación de Obreros Alemanes en Bruselas se suspendieron poco después de la revolución de febrero de 1848 en Francia, debido a las detenciones y la expulsión de sus componentes por la policía belga.
    6 "Deutsche-Brüsseler-Zeitung" («Periódico Alemán de Bruselas»): periódico fundado por los emigrados políticos alemanes en Bruselas; se publicó desde enero de 1847 hasta febrero de 1848. A partir de septiembre de 1847, Marx y Engels colaboraban permanentemente en él y ejercían una influencia directa en su orientación. Bajo la dirección de Marx y Engels, se hizo órgano de la Liga de los Comunistas.
    7 Insurrección de junio: heroica insurrección de los obreros de París el 23-26 de junio de 1848, aplastada con excepcional crueldad por la burguesía francesa. Fue la primera gran guerra civil entre el proletariado y la burguesía.
    8 "Kreuz-Zeitung" («Periódico de la Cruz»): nombre con que se conocía (por llevar en el título una cruz, emblema de las milicias, el landwehr) el diario alemán "Neue Preussische Zeitung" («Nuevo Periódico Prusiano»); se publicó en Berlín desde junio de 1848 hasta 1939, fue órgano de la camarilla contrarrevolucionaria de la corte y de los junkers prusianos.
    9 Se trata de la insurrección armada en Dresde del 3 al 8 de mayo y de las insurrecciones en Alemania del Sur y del Oeste de mayo a julio de 1849 en defensa de la Constitución imperial aprobada por la Asamblea Nacional de Francfort el 28 de marzo de 1849, pero rechazada por varios Estados alemanes. Las insurrecciones tenían carácter aislado y espontáneo y fueron aplastadas hacia mediados de julio de 1849.
    10 El 13 de junio de 1849, en París, el partido pequeñoburgués La Montaña organizó una manifestación pacífica de protesta contra el envío de tropas francesas para aplastar la revolución en Italia. La manifestación fue disuelta por las tropas. Muchos líderes de La Montaña fueron arrestados y deportados o tuvieron que emigrar de Francia.
    11 "Neue Rheinische Zeitung. Politisch-ökonomische Revue" («Nuevo Periódico del Rin. Revista político-económica»): revista, órgano teórico de la Liga de los Comunistas, fundada por Marx y Engels. Se publicó desde diciembre de 1849 hasta noviembre de 1850; salieron seis números.
    12 Se trata del proceso organizado en Colonia (del 4 de octubre al 12 de noviembre de 1852) con fines provocativos por el Gobierno de Prusia contra 11 miembros de la Liga de los Comunistas. Acusados de crimen de alta traición sobre la base de documentos falsos y perjurios, siete fueron condenados a reclusión en la fortaleza por plazos de 3 a 6 años.
    13 "New-York Daily Tribune" («Tribuna diaria de Nueva York»): diario progresista burgués que se publicó de 1841 a 1924. Marx y Engels colaboraron en él desde agosto de 1851 hasta marzo de 1862.
    14 La guerra civil de Norteamérica (1861-1865) se llevó a cabo entre los Estados industriales del Norte de los EE.UU. y los sublevados Estados esclavistas del Sur, que querían conservar la esclavitud y resolvieron en 1861 separarse de los Estados del Norte. La guerra fue resultado de la lucha de dos sistemas: el de la esclavitud y el del trabajo asalariado.
    15 La guerra italiana: guerra de Francia y Piamonte contra Austria, desencadenada por Napoleón III so falso pretexto de liberación de Italia. Lo que quería Napoleón III, en realidad, era conquistar nuevos territorios y consolidar el régimen bonapartista en Francia. Sin embargo, asustado por la gran envergadura del movimiento de liberación nacional en Italia y empeñado en mantener el fraccionamiento político de ésta, Napoleón III concertó una paz separada con Austria. Francia se quedó con Saboya y Niza. Lombardía pasó a pertenecer a Cerdeña, y Venecia siguió bajo la dominación de Austria.
    16 "Das Volk" («El pueblo»): semanario que se publicó en alemán en Londres desde el 7 de mayo hasta el 20 de agosto de 1859, con la más activa participación de Marx, el cual fue, en realidad, su redactor a partir de principios de julio.
    17 Trátase del Palacio de las Tullerías, de París, residencia de Napoleón III durante el Segundo Imperio.
    18 El 4 de septiembre de 1870 se produjo un alzamiento revolucionario de las masas populares que condujo al derrocamiento del régimen del Segundo Imperio, a la proclamación de la República y a la formación del Gobierno Provisional, en el que entraron monárquicos, además de republicanos moderados. Este Gobierno, encabezado por Trochu, gobernador militar de París, y Thiers, su auténtico inspirador, tomó el camino de la traición nacional y la componenda alevosa con el enemigo exterior.
    19 El Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores de La Haya se celebró del 2 al 7 de septiembre de 1872, con la asistencia de 65 delegados de 15 organizaciones nacionales. Dirigían las labores del Congreso Marx y Engels. En él se dio cima a la lucha de largos años de Marx y Engels y sus compañeros contra toda clase de sectarismo pequeñoburgués en el movimiento obrero. La actuación escisionista de los anarquistas fue condenada, y sus líderes expulsados de la Internacional. Los acuerdos del Congreso de La Haya colocaron los cimientos para la futura fundación de partidos políticos de la clase obrera con existencia propia en los distintos países.
    20 Trátase de la crisis económica mundial de 1873. En Alemania, la crisis comenzó con una «grandiosa bancarrota» en mayo de 1873, preludio de la crisis que duró hasta fines de los años 70. (Argelaguer Vall del Llierca Garrotxa Gerona Lerida Tarragona Barcelona Lleida Girona Olot Besalú Tortellà Montagut Madrid)

    Carlos Marx | 26-09-2008 - 11:46:29 GMT 1 #

  2. Carlos Marx por V. I. Lenin.
    (Breve esbozo biográfico, con una exposición del marxismo)

    V.I Lenin
    CARLOS MARX
    (1914)
    PRÓLOGO
    El artículo sobre Carlos Marx, que hoy aparece en folleto, lo escribí (si mal no recuerdo) en 1913 para el Diccionario Granat. Al final del artículo se agregaba una bibliografía bastante detallada sobre Marx, que abarcaba sobre todo publicaciones extranjeras. Esta bibliografía no figura en la presente edición. Además, la Redacción del diccionario, por su parte, teniendo en cuenta la censura, suprimió la porción final del artículo, en la que exponiaía táctica revolucionaria de Marx. Por desgracia no me ha sido posible reconstruir aquí dicha parte, pues el borrador lo dejé no sé dónde, con mis papeles, en Cracovia o Suiza. Sólo recuerdo que al final de mi artículo citaba, entre otras cosas, el pasaje de la carta de Marx a Engels del 16 de abril de 1856, en la que el primero decía: "Todo el asunto dependerá en Alemania de la posibilidad de cubrir la retaguardia de la revolución proletaria mediante una segunda edición de la guerra campesina. De esta manera la cosa será espléndida". Esto es lo que no entendieron, desde 1905, nuestros mencheviques, que en la actualidad han llegado incluslo a traicionar completamente al socialismo y a pasarse al campo de la burguesía.
    N. Lenin
    Moscú,
    14 de mayo de 1918.
    Publicado en 1918 en el folleto: N. Lenin, Carlos Marx, Ed. Priboi, Moscú.
    Se publica de acuerdo al manuscrito.
    -------------------------------------
    Escrito: De julio a noviembre de 1914.
    Publicado por vez primera: En 1915, en el Diccionario Enciclopedico Granat, 7a edición, tomo XXVIII.
    Digitalizado por: Unión de Juventudes Socialista de Puerto Rico.
    Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2000.

    Carlos Marx nació el 5 de mayo (según el nuevo calendario) de 1818 en Tréveris (ciudad de la Prusia renana). Su padre era un abogado judío, convertido en 1824 al protestantismo. La familia de Marx era una familia acomodada, culta, pero no revolucionaria. Después de terminar en Tréveris sus estudios de bachillerato, Marx se inscribió en la universidad, primero en la de Bonn y luego en la de Berlín, estudiando jurisprudencia y, sobre todo, historia y filosofía. En 1841 terminó sus estudios universitarios, presentando una tesis sobre la filosofía de Epicuro. Por sus concepciones, Marx era entonces todavía un idealista hegeliano. En Berlín se adhirió al círculo de los "hegelianos de izquierda" (Bruno Bauer y otros), que se esforzaban por extraer de la filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias.

    Terminados sus estudios universitarios, Marx se trasladó a Bonn con la intención de hacerse profesor. Pero la política reaccionaria del gobierno, que en 1832 había despojado de su cátedra a Ludwig Feuerbach, que en 1836 le había negado nuevamente la entrada en la universidad y que en 1841 privó al joven profesor Bruno Bauer del derecho a enseñar en Bonn, obligó a Marx a renunciar a la carrera docente. En aquella época, las ideas de los hegelianos de izquierda progresaban rápidamente en Alemania. Ludwig Feuerbach, sobre todo desde 1836, comenzó a someter a crítica la teología y a orientarse hacia el materialismo, que en 1841 (La esencia del cristianismo ) se impone ya definitivamente en su pensamiento; en 1843 ven la luz sus Principios de la filosofía del porvenir. "Hay que haber vivido la influencia liberadora" de estos libros, escribía Engels años más tarde refiriéndose a esas obras de Feuerbach. "Nosotros [es decir, los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx] nos hicimos en el acto feuerbachianos."[2] Por aquel tiempo, los burgueses radicales renanos, que tenían ciertos puntos de contacto con los hegelianos de izquierda, fundaron en Colonia un periódico de oposición, la Gaceta del Rin (cuyo primer número salió el 1 de enero de 1842). Marx y Bruno Bauer fueron invitados como principales colaboradores; en octubre de 1842 Marx fue nombrado redactor jefe del periódico y se trasladó de Bonn a Colonia. La tendencia democrática revolucionaria del periódico fue acentuándose bajo la jefatura de redacción de Marx, y el gobierno lo sometió primero a una doble censura y luego a una triple, hasta que decidió más tarde suprimirlo totalmente a partir del 1 de enero de 1843. Marx se vio obligado a abandonar su puesto de redactor jefe en esa fecha, sin que su salida lograse tampoco salvar al periódico, que fue clausurado en marzo de 1843. Entre los artículos más importantes publicados por Marx en la Gaceta del Rin, Engels menciona, además de los que citamos más adelante (véase la Bibliografía ) el que se refiere a la situación de los campesinos viticultores del valle del Mosela. Como su labor periodística le había demostrado que conocía insuficientemente la economía política, Marx se dedicó afanosamente al estudio de esta ciencia.

    En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga suya de la infancia, con la que se había comprometido cuando todavía era estudiante. Su esposa pertenecía a una reaccionaria familia aristocrática de Prusia. Su hermano mayor fue ministro del Interior en Prusia durante una de las épocas más reaccionarias, desde 1850 hasta 1858. En el otoño de 1843 Marx se trasladó a París con objeto de editar en el extranjero una revista de tendencia radical en colaboración con Arnold Ruge (1802-1880; hegeliano de izquierda, encarcelado de 1825 a 1830, emigrado desde 1848, y partidario de Bismarck entre 1866 y 1870). De esta revista, titulada Anales franco-alemanes, sólo llegó a ver la luz el primer fascículo. Las dificultades con que tropezaba la difusión clandestina de la revista en Alemania y las discrepancias surgidas entre Marx y Ruge hicieron que se suspendiera su publicación. En los artículos de Marx en los Anales vemos ya al revolucionario que proclama la necesidad de una "crítica implacable de todo lo existente", y, en particular, de una "crítica de las armas"[3] que apele a las masas y al proletariado.

    En septiembre de 1844 llegó a París, por unos días, Federico Engels, quien se convirtió, desde ese momento, en el amigo más íntimo de Marx. Ambos tomaron conjuntamente parte activísima en la vida, febril por entonces, de los grupos revolucionarios de París (especial importancia revestía la doctrina de Proudhon, a la que Marx ajustó cuentas resueltamente en su obra Miseria de la filosofía, publicada en 1847) y, en lucha enérgica contra las diversas doctrinas del socialismo pequeñoburgués, forjaron la teoría y la táctica del socialismo proletario revolucionario, o comunismo (marxismo). Véanse, más adelante, en la Bibliografía, las obras de Marx de esta época, años de 1844 a 1848. En 1845, a instancias del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París como revolucionario peligroso, instalándose entonces en Bruselas. En la primavera de 1847, Marx y Engels se afiliaron a una sociedad secreta de propaganda, la Liga de los Comunistas, tuvieron una participación destacada en el II Congreso de esta organización (celebra do en Londres en noviembre de 1847) y por encargo del Congre so redactaron el famoso Manifiesto del Partido Comunista que apareció en febrero de 1848. En esta obra se traza, con claridad y brillantez geniales, una nueva concepción del mundo: el materialismo consecuente, aplicado también al campo de la vida social; la dialéctica como la doctrina más completa y profunda del desarrollo; la teoría de la lucha de clases y de la histórica misión revolucionaria universal del proletariado como creador de una nueva sociedad, la sociedad comunista.

    Al estallar la revolución de febrero de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica. Se trasladó nuevamente a París, y desde allí, después de la revolución de marzo, marchó a Alemania, más precisamente, a Colonia. Desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849, se publicó en esta ciudad la Nueva Gaceta del Rin, de la que Marx era el redactor jefe. El curso de los acontecimientos revolucionarios de 1848 a 1849 vino a confirmar de manera brillante la nueva teoría, como habrían de confirmarla en lo sucesivo los movimientos proletarios y democráticos de todos los países del mundo. La contrarrevolución triunfante hizo que Marx compareciera, primero, ante los tribunales (siendo absuelto el g de febrero de 1849) y después lo expulsó de Alemania (el 16 de mayo de 1849). Marx se dirigió a París, de donde fue expulsado también después de la manifestación del 13 de junio de 1849[4]; entonces marchó a Londres, donde pasó el resto de su vida.

    Las condiciones de vida en la emigración eran en extremo duras, como lo revela con toda claridad la correspondencia entre Marx y Engels (editada en 1913). La miseria asfixiaba realmente a Marx y a su familia; de no haber sido por la constante y abnegada ayuda económica de Engels, Marx no sólo no hubiera podido acabar El Capital, sino que habría sucumbido inevitablemente bajo el peso de la miseria. Además, las doctrinas y tendencias del socialismo pequeñoburgués, no proletario en general, que predominaban en aquella época, obligaban a Marx a librar constantemente una lucha implacable, y a veces a repeler (como hace en su obra Herr Vogt [5] los ataques personales más rabiosos y salvajes. Manteniéndose al margen de los círculos de emigrados y concentrando sus esfuerzos en el estudio de la economía política, Marx desarrolló su teoría materialista en una serie de trabajos históricos (véase la Bibliografía ). Con sus obras Contribución a la crítica de la economía política (1859) y El Capital (t. I, 1867), Marx provocó una verdadera revolución en la ciencia económica (véase más adelante la doctrina de Marx).

    El recrudecimiento de los movimientos democráticos, a fines de la década del 50 y durante la del 60, llevó de nuevo a Marx a la actividad práctica. El 28 de septiembre de 1864 se fundó en Londres la famosa Primera Internacional, la "Asociación Internacional de los Trabajadores". Marx fue el alma de esta organización, el autor de su primer "Llamamiento" y de gran número de sus resoluciones, declaraciones y manifiestos. Unificando el movimiento obrero de los diferentes países, orientando por el cauce de una actuación conjunta a las diver sas formas del socialismo no proletario, premarxista (Mazzini, Proudhon, Bakunin, el tradeunionismo liberal inglés, las vacilaciones derechistas lassalleanas en Alemania, etc.), a la par que combatía las teorías de todas estas sectas y escuelas, Marx fue forjando la táctica común de la lucha proletaria de la clase obrera en los distintos países. Después de la caída de la Comuna de París en 1871, que Marx analizó (en La guerra civil en Francia, 1871) de modo tan profundo, certero, brillante y eficaz, como revolucionario -- y a raíz de la escisión de la In ternacional provocada por los bakuninistas --, esta última ya no pudo seguir existiendo en Europa. Después del Congreso de La Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York. La primera Internacional había cumplido su misión histórica y dejaba paso a una época de desarrollo incomparablemente más amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo, época en que este movimiento había de desplegarse en extensión, con la creación de partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional.

    Su intensa labor en la Internacional y sus actividades teóricas, aún más intensas, minaron definitivamente la salud de Marx. Prosiguió su obra de relaboración de la economía política y se consagró a terminar El Capital, recopilando con este fin multitud de nuevos documentos y poniéndose a estudiar varios idiomas (entre ellos el ruso), pero la enfermedad le impidió concluir El Capital.

    El 2 de diciembre de 1881 murió su esposa, y el 14 de marzo de 1883 Marx se quedó dormido apaciblemente para siempre en su sillón. Está enterrado, junto a su mujer, en el cementerio londinense de Highgate. Varios hijos de Marx murieron en la infancia en Londres, cuando la familia vivía en la miseria. Tres de sus hijas se casaron con socialistas de Inglaterra y Francia: Eleonora Eveling, Laura Lafargue y Jenny Longuet. Un hijo de esta última es miembro del Partido Socialista Francés.

    LA DOCTRINA DE MARX
    El marxismo es el sistema de las concepciones y de la doctrina de Marx. Este continúa y corona genialmente las tres principales corrientes ideológicas del siglo XIX, que pertenecen a los tres países más avanzados de la humanidad: la filosofía clásica alemana, la economía política clásica inglesa y el socialismo francés, vinculado a las doctrinas revolucionarias france sas en general. La admirable coherencia y la integridad de sus concepciones -- cualidades reconocidas incluso por sus adver sarios --, que constituyen en su conjunto el materialismo y el socialismo científicos contemporáneos como teoría y programa del movimiento obrero de todos los países civilizados del mundo, nos obligan a esbozar brevemente su concepción del mundo en general antes de exponer el contenido esencial del marxismo, o sea, la doctrina económica de Marx.

    El Materialismo Filosósico

    Desde 1844-1845, años en que se formaron sus concepciones, Marx fue materialista y, especialmente, partidario de Ludwig Feuerbach, cuyos puntos débiles vio, más tarde, en la insuficiente consecuencia y amplitud de su materialismo. Para Marx, la significación histórica universal de Feuerbach, que "hizo época", residía precisamente en el hecho de haber roto en forma resuelta con el idealismo de Hegel y proclamado el materialismo, que ya "en el siglo XVIII, sobre todo en Francia, representaba la lucha, no sólo contra las instituciones políticas existentes y al mismo tiempo contra la religión y la teología, sino también [. . .] contra la metafísica en general" (entendiendo por ella toda "especulación ebria", a diferencia de la "filosofía sobria") (La Sagrada Familia, en La herencia literaria ). "Para Hegel -- escribía Marx --, el proceso del pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de lo real [. . .]. Para mí lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre." (C. Marx, El Capital, t. I, "Palabras finales a la 2a ed."). Mostrándose plenamente de acuerdo con esta filosofía materialista de Marx, F. Engels escribía lo siguiente, al exponerla en su Anti-Dühring (véase ), obra cuyo manuscrito conoció Marx: . . . "La unidad del mundo no existe en su ser, sino en su materialidad, que ha sido demostrada [. . .] en el largo y penoso desarrollo de la filosofía y de las ciencias naturales [. . .]. El movimiento es la forma de existencia de la materia. Jamás, ni en parte alguna, ha existido ni puede existir materia sin movimiento, ni movimiento sin materia [. . .]. Pero si seguimos preguntando qué son y de dónde proceden el pensar y la conciencia, nos encontramos con que son productos del cerebro humano y con que el mismo hombre no es más que un producto de la naturaleza, que se ha desarrollado en un determinado ambiente natural y junto con éste; por donde llegamos a la conclusión lógica de que los productos del cerebro humano, que en última instancia no son tampoco más que productos de la naturaleza, no se contradicen, sino que corresponden al resto de la concatenación de la naturaleza". "Hegel era idealista, es decir, que para él las ideas de nuestra cabeza no son reflejos [Abbilder, esto es, imágenes, pero a veces Engels habla de "reproducciones"] más o menos abstractos de los objetos y fenómenos de la realidad, sino que los objetos y su desarrollo se le antojaban, por el contrario, imágenes de una idea existentes no se sabe dónde, ya antes de que existiese el mundo." En Ludwig Feuerbach [6], obra en la que Engels expone sus ideas y las de Marx sobre la filosofía de Feuerbach, y cuyo original envió a la imprenta después de revisar un antiguo manuscrito suyo y de Marx, que databa de los años 1844-1845, sobre Hegel, Feuerbach y la concepción materialista de la historia, escribe Engels: "El gran problema cardinal de toda filosofía, especialmente de la moderna, es el problema de la relación entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza [. . .]. ¿Qué está primero: el espíritu o la naturaleza? [. . .] Los filósofos se dividieron en dos grandes campos, según la contestación que diesen a esta pregunta. Los que afirmaban que el espíritu estaba antes que la naturaleza y que, por lo tanto, reconocían, en última instancia, una creación del mundo bajo una u otra forma [. . .], constituyeron el campo del idealismo. Los demás, los que reputaban la naturaleza como principio fundamental, adhirieron a distintas escuelas del materialismo". Todo otro empleo de los conceptos de idealismo y materialismo (en sentido filosófico) sólo conduce a la confusión. Marx rechazaba enérgicamente, no sólo el idealismo -- vinculado siempre, de un modo u otro, a la religión --, sino también los puntos de vista de Hume y Kant, tan difundidos en nuestros días, es decir, el agnosticismo, el criticismo y el positivismo en sus diferentes formas; para Marx esta clase de filosofía era una concesión "reaccionaria" al idealismo y, en el mejor de los casos, una "manera vergonzante de aceptar el materialismo bajo cuerda y renegar de él públicamente". Sobre esto puede consultarse, además de las obras ya citadas de Engels y Marx, la carta de este último a Engels, fechada el 12 de diciembre de 1868, en la que habla de unas manifestaciones del célebre naturalista T. Huxley. En ella, a la vez que hace notar que Huxley se muestra "más materialista" que de ordinario, y reconoce que "si observamos y pensamos realmente, nunca podemos salirnos del materialismo", Marx le reprocha que deje abierto un "portillo" al agnosticismo, a la filosofía de Hume. En particular debemos destacar la concepción de Marx acerca de las relaciones entre la libertad y la necesidad: "La necesidad sólo es ciega en cuanto no se la comprende. La libertad no es otra cosa que el conocimiento de la necesidad" (Engels, Anti-Dühring ) = reconocimiento de la sujeción objetiva de la naturaleza a leyes y de la trasformación dialéctica de la necesidad en libertad (a la par que de la trasformación de la "cosa en sí" no conocida aún, pero cognoscible, en "cosa para nosotros", de la "esencia de las cosas" en "fenómenos"). El defecto fundamental del "viejo" materialismo, incluido el de Feuerbach (y con mayor razón aún el del materialismo "vulgar" de Buchner, Vogt y Moleschott) consistía, según Marx y Engels, en lo siguiente: 1) en que este materialismo era "predominantemente mecanicista" y no tenía en cuenta los últimos progresos de la química y de la biología (a los que habría que agregar en nuestros días los de la teoría eléctrica de la materia); 2) en que el viejo materialismo no era histórico ni dialéctico (sino metafísico, en el sentido de antidialéctico) y no mantenía consecuentemente ni en todos sus aspectos el punto de vista del desarrollo; 3) en que concebían "la esencia del hombre" en forma abstracta, y no como el "conjunto de las relaciones sociales" (históricamente concretas y determinadas), por cuya razón se limitaban a "explicar" el mundo cuando en realidad se trata de "trasformar lo"; es decir, en que no comprendían la importancia de la "actividad práctica revolucionaria".

    La Dialéctica

    La dialéctica hegeliana, o sea, la doctrina más multilateral, más rica en contenido y más profunda del desarrollo, era para Marx y Engels la mayor conquista de la filosofía clásica alemana. Toda otra formulación del principio del desarrollo, de la evolución, les parecía unilateral y pobre, deformadora y mutiladora de la verdadera marcha del desarrollo en la naturaleza y en la sociedad (marcha que a menudo se efectúa a través de saltos, cataclismos y revoluciones). "Marx y yo fuimos casi los únicos que nos planteamos la tarea de salvar [del descalabro del idealismo, incluido el hegelianismo] la dialéctica conciente para traerla a la concepción materialista de la naturaleza." "La naturaleza es la confirmación de la dialéctica, y precisamente son las modernas ciencias naturales las que nos han brindado un extraordinario acervo de datos [¡y esto fue escrito antes de que se descubriera el radio, los electrones, la trasformación de los elementos, etc.!] y enriquecido cada día que pasa, demostrando con ello que la naturaleza se mueve, en última instancia, dialéctica, y no metafísicamente."

    "La gran idea fundamental -- escribe Engels -- de que el mundo no se compone de un conjunto de objetos terminados y acabados, sino que representa en sí un conjunto de procesos, en el que las cosas que parecen inmutables, al igual que sus imágenes mentales en nuestro cerebro, es decir, los conceptos, se hallan sujetos a un continuo cambio, a un proceso de nacimiento y muerte; esta gran idea fundamental se encuentra ya tan arraigada desde Hegel en la conciencia común, que apenas habrá alguien que la discuta en su forma general. Pero una cosa es reconocerla de palabra y otra aplicarla en cada caso particular y en cada campo de investigación." "Para la filosofía dialéctica no existe nada establecido de una vez para siempre, nada absoluto, consagrado.; en todo ve lo que hay de perecedero, y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido del aparecer y desaparecer, del infinito movimiento ascensional de lo inferior a lo superior. Y esta misma filosofía es un mero reflejo de ese proceso en el cerebro pensante." Así, pues, la dialéctica es, según Marx, "la ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto del mundo exterior como del pensamiento humano".

    Este aspecto revolucionario de la filosofía hegeliana es el que Marx recoge y desarrolla. El materialismo dialéctico "no necesita de ninguna filosofía situada por encima de las demás ciencias". De la filosofía anterior queda en pie "la teoría del pensamiento y sus leyes, es decir, la lógica formal y la dialéctica". Y la dialéctica, tal como la concibe Marx, y también según Hegel, abarca lo que hoy se llama teoría del conocimiento o gnoseología, ciencia que debe enfocar también su objeto desde un punto de vista histórico, investigando y generalizando los orígenes y el desarrollo del conocimiento, y el paso de la falta de conocimiento al conocimiento.

    En nuestro tiempo, la idea del desarrollo, de la evolución, ha penetrado casi en su integridad en la conciencia social, pero no a través de la filosofía de Hegel, sino por otros caminos. Sin embargo, esta idea, tal como la formularon Marx y Engels, apoyándose en Hegel, es mucho más completa, mucho más rica en contenido que la teoría de la evolución al uso. Es un desarrollo que, al parecer, repite etapas ya recorridas, pero de otro modo, sobre una base más alta ("negación de la negación"), un desarrollo, por decirlo así, en espiral y no en línea recta; un desarrollo que se opera en forma de saltos, a través de cataclismos y revoluciones, que significan "interrupciones de la gradualidad"; un desarrollo que es trasformación de la cantidad en calidad, impulsos internos de desarrollo originados por la contradicción, por el choque de las diversas fuerzas y tendencias, que actúan sobre determinado cuerpo, o dentro de los límites de un fenómeno dado o en el seno de una sociedad dada; interdependencia íntima e indisoluble concatenación de todos los aspectos de cada fenómeno (con la particularidad de que la historia pone constantemente al descubierto nuevos aspectos), concatenación que ofrece un proceso de movimiento único, universal y sujeto a leyes; tales son algunos rasgos de la dialéctica, teoría mucho más empapada de contenido que la (habitual) doctrina de la evolución. (Véase la carta de Marx a Engels del 8 de enero de 1868, en la que se mofa de las "rígidas tricotomías" de Stein, que sería ridículo confundir con la dialéctica materialista.)

    La Concepción Materialista de la Historia

    La conciencia de que el viejo materialismo era una teoría inconsecuente, incompleta y unilateral llevó a Marx a la convicción de que era indispensable "poner en consonancia la ciencia de la sociedad con la base materialista y reconstruirla sobre esta base". Si el materialismo en general explica la conciencia por el ser, y no al contrario, aplicado a la vida social de la humanidad exige que la conciencia social se explique por el ser social. "La tecnología -- dice Marx (en El Capital, t. I) -- pone al descubierto la relación activa del hombre con la naturaleza, el proceso inmediato de producción de su vida, y, a la vez, sus condiciones sociales de vida y de las representaciones espirituales que de ellas se derivan." Y en el "prólogo a su Contribución a la crítica de la economía política ", Marx ofrece una formulación integral de las tesis fundamentales del materialismo aplicadas a la sociedad humana y a su historia. He aquí sus palabras:

    "En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.

    "El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se erige una superestructura política y jurídica, y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social el que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas de ellas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre la revolución material producida en las condiciones económicas de producción, y que puede verificarse con la precisión propia de las ciencias naturales, y las revoluciones jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, de las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo.

    "Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de si, no podemos juzgar tampoco estas épocas de revolución por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. . ." "A grandes rasgos, podemos señalar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués." (Véase la breve formulación que Marx da en su carta a Engels del 7 de julio de 1866: "Nuestra teoria de que la organización del trabajo está determinada por los medios de producción".)

    El descubrimiento de la concepción materialista de la historia, o mejor dicho, la consecuente aplicación y extensión del materialismo al dominio de los fenómenos sociales, superó los dos defectos fundamentales de las viejas teorías de la historia. En primer lugar, estas teorías solamente examinaban, en el mejor de los casos, los móviles ideológicos de la actividad histórica de los hombres, sin investigar el origen de esos móviles, sin captar las leyes objetivas que rigen el desarrollo del sistema de las relaciones sociales, ni ver las raices de éstas en el grado de desarrollo de la producción material; en segundo lugar, las viejas teorias no abarcaban precisamente las acciones de las masas de la población, mientras que el materialismo histórico permitió estudiar, por vez primera y con la exactitud de las ciencias naturales, las condiciones sociales de la vida de las masas y los cambios operados en estas condiciones. La "sociologia" y la historiografía anteriores a Marx proporcio naban, en el mejor de los casos, un cúmulo de datos crudos, recopilados fragmentariamente, y la descripción de aspectos aislados del proceso histórico. El marxismo señaló el camino para un estudio global y multilateral del proceso de aparición, desarrollo y decadencia de las formaciones económico-sociales, examinando el conjunto de todas las tendencias contradictorias y reduciéndolas a las condiciones, perfectamente determinables, de vida y de producción de las distintas clases de la sociedad, eliminando el subjetivismo y la arbitrariedad en la elección de las diversas ideas "dominantes" o en la interpretación de ellas, y poniendo al descubierto las raíces de todas las ideas sin excepción y de las diversas tendencias que se manifiestan en el estado de las fuerzas productivas materiales. Los hombres hacen su propia historia, ¿pero qué determina los móviles de estos hombres, y precisamente de las masas humanas?; ¿qué es lo que provoca los choques de ideas y las aspiraciones contradictorias?; ¿qué representa el conjunto de todos estos choques que se producen en la masa entera de las sociedades humanas?; ¿cuáles son las condiciones objetivas de producción de la vida material que crean la base de toda la actividad histórica de los hombres?; ¿cuál es la ley que rige el desenvolvimiento de estas condiciones? Marx concentró su atención en todo esto y trazó el camino para estudiar científicamente la historia como un proceso único, regido por leyes, en toda su inmensa diversidad y con su carácter contradictorio.

    La Lucha de Clases

    Todo el mundo sabe que en cualquier sociedad las aspiraciones de una parte de sus miembros chocan abiertamente con las aspiraciones de otros, que la vida social está llena de contradicciones, que la historia nos muestra una lucha entre pueblos y sociedades, así como en su propio seno; todo el mundo sabe también que se suceden los períodos de revolución y reacción, de paz y de guerras, de estancamiento y de rápido progreso o decadencia. El marxismo nos proporciona el hilo conductor que permite descubrir una sujeción a leyes en este aparente laberinto y caos, a saber: la teoría de la lucha de clases. Sólo el estudio del conjunto de las aspiraciones de todos los miembros de una sociedad dada o de un grupo de sociedades, puede conducirnos a una determinación científica del resultado de esas aspiraciones. Ahora bien, la fuente de que brotan esas aspiraciones contradictorias son siempre las diferencias de situación y de condiciones de vida de las clases en que se divide cada sociedad. "La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días -- dice Marx en el Manifiesto Comunista (exceptuando la historia del régimen de la comunidad primitiva, añade más tarde Engels) -- es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales; en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces, y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la trasformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes [. . .]. La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Unicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresion, las viejas formas de lucha, por otras nuevas. Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose cada vez más en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado." A partir de la Gran Revolución Francesa, la historia de Europa pone de relieve en distintos países, con especial evidencia, el verdadero fondo de los acontecimientos, la lucha de clases. Y ya en la época de la restauración se destacan en Francia algunos historiadores (Thierry, Guizot, Mignet y Thiers) que, al generalizar los acontecimientos, no pudieron dejar de reconocer que la lucha de clases era la clave para la comprensión de toda la historia francesa. Y la época contemporánea, es decir, la época que señala el triunfo completo de la burguesía y de las instituciones representativas, del sufragio amplio (cuando no universal), de la prensa diaria barata que llega a las masas, etc., la época de las poderosas asociaciones obreras y patronales cada vez más vastas, etc., pone de manifiesto de un modo todavía más patente (aunque a veces en forma unilateral, "pacífica" y "constitucional") que la lucha de clases es la fuerza motriz de los acontecimientos. El siguiente pasaje del Manifiesto Comunista nos revela lo que Marx exigía de la ciencia social en cuanto al análisis objetivo de la situación de cada clase en la sociedad moderna y en relación con el examen de las condiciones de desarrollo de cada clase: "De todas las clases que hoy se enfrentan con ía burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar. Las capas medias -- el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano y el campesino -- , todas ellas luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales capas medias. No son, pues, revolucionarias, sino conservadoras. Más todavía, son reaccionarias, ya que pretenden volver atrás la rueda de la historia. Son revolucionarias únicamente cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado; defendiendo así, no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, cuando abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los del proletariado". En una serie de obras históricas (véase la Bibliografía ), Marx nos ofrece brillantes y profundos ejemplos de historiografía materialista, de análisis de la situación de cada clase en particular y a veces de los diferentes grupos o capas que se manifiestan dentro de ella, mostrando palmariamente por qué y cómo "toda lucha de clases es una lucha política". El pasaje que acabamos de citar ilustra cuán intrincada es la red de relaciones sociales y fases de transición de una clase a otra, del pasado al porvenir, que Marx analiza para determinar la resultante total del desarrollo histórico.

    La confirmación y aplicación más profunda, más completa y detallada de la teoría de Marx es su doctrina económica.

    LA DOCTRINA ECONÓMICA DE MARX
    "Y la finalidad última de esta obra -- dice Marx en el prólogo a El Capital -- es, en efecto, descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna", es decir, de la sociedad capitalista, burguesa. El estudio de las relaciones de producción de una sociedad dada, históricamente determinada, en su aparición, desarrollo y decadencia: tal es el contenido de la doctrina económica de Marx. En la sociedad capitalista impera la producción de mercancías ; por eso, el análisis de Marx empieza con el análisis de la mercancía.

    El Valor

    La mercancía es, en primer lugar, una cosa que satisface una determinada necesidad humana y, en segundo lugar, una cosa que se cambia por otra. La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso. El valor de cambio (o, sencillamente el valor) es, ante todo, la relación o proporción en que se cambia cierto número de valores de uso de una clase por un determinado número de valores de uso de otra clase. La experiencia diaria nos muestra que, a través de millones y miles de millones de esos actos de intercambio, se equiparan constantemente todo género de valores de uso, aun los más diversos y menos equiparables entre sí. ¿Qué es lo que tienen de común esos diversos objetos, que constantemente son equiparados entre sí en determinado sistema de relaciones sociales? Tienen de común el que todos ellos son productos del trabajo. Al cambiar sus productos, los hombres equiparan los mas diversos tipos de trabajo. La producción de mercancías es un sistema de relaciones sociales en que los distintos productores crean diversos productos (división social del trabajo), y todos estos productos se equiparan entre sí por medio del cambio. Por lo tanto, lo que todas las mercancías encierran de común no es el trabajo concreto de una determinada rama de producción, no es un trabajo de determinado tipo, sino el trabajo humano abstracto, el trabajo humano en general. Toda la fuerza de trabajo de una sociedad dada, representada por la suma de valores de todas las mercancías, es una y la misma fuerza humana de trabajo; así lo evidencian miles de millones de actos de cambio. Por consiguiente, cada mercancía en particular no representa más que una determinada parte del tiempo de trabajo socialmente necesario. La magnitud del valor se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario o por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir cierta mercancía o cierto valor de uso. "Al equiparar unos con otros, en el cambio, sus diversos productos, lo que hacen los hombres es equiparar entre sí sus diversos trabajos como modalidades del trabajo humano. No lo saben, pero lo hacen." El valor es, como dijo un viejo economista, una relación entre dos personas; pero debió añadir simplemente: relación encubierta por una envoltura material. Sólo partiendo del sistema de relaciones sociales de producción de una formación social históricamente determinada, relaciones que se manifiestan en el fenómeno masivo del cambio, repetido miles de millones de veces, podemos comprender lo que es el valor. "Como valores, las mercancías no son más que cantidades determinadas de tiempo de trabajo coagulado." Después de analizar en detalle el doble carácter del trabajo materializado en las mercancías, Marx pasa al análisis de la forma del valor y del dinero. Con ello se propone, fundamentalmente, investigar el origen de la forma monetaria del valor, estudiar el proceso histórico de desenvolvimiento del cambio, comenzando por las operaciones sueltas y fortuitas de trueque ("forma simple, suelta o fortuita del valor", en que una cantidad de mercancía es cambiada por otra) hasta remontarse a la forma universal del valor, en que mercancías diferentes se cambian por una mercancía concreta, siempre la misma, y llegar a la forma monetaria del valor, en que la función de esta mercancía, o sea, la función de equivalente universal, la desempeña el oro. El dinero, producto supremo del desarrollo del cambio y de la producción de mercancías, disfraza y oculta el carácter social de los trabajos privados, la concatenación social existente entre los diversos productores unidos por el mercado. Marx somete a un análisis extraordinariamente minucioso las diversas funciones del dinero, debiendo advertirse, pues tiene gran importancia, que en este caso (como, en general, en todos los primeros capítulos de El Capital ) la forma abstracta de la exposición, que a veces parece puramente deductiva, recoge en realidad un gigantesco material basado en hechos sobre la historia del desarrollo del cambio y de la producción de mercancías. "El dinero presupone cierto nivel del cambio de mercancías. Las diversas formas del dinero -- simple equivalente de mercancías o medio de circulación, medio de pago, de atesoramiento y dinero mundial -- señalan, según el distinto volumen y predominio relativo de tal o cual función, fases muy distintas del proceso social de producción" (El Capital, I).

    La Plusvalía

    Al alcanzar la producción de mercancías determinado grado de desarrollo, el dinero se convierte en capital. La fórmula de la circulación de mercancías era: M (mercancía) -- D (dinero) -- M (mercancía), o sea, venta de una mercancía para comprar otra. Por el contrario, la fórmula general del capital es D -- M -- D, o sea, la compra para la venta (con ganancia). Marx llama plusvalía a este incremento del valor primitivo del dinero que se lanza a la circulación. Que el dinero lanzado a la circulación capitalista "crece", es un hecho conocido de todo el mundo. Y precisamente ese "crecimiento" es lo que convierte el dinero en capital, como relación social de producción particular, históricamente determinada. La plusvalía no puede brotar de la circulación de mercancías, pues ésta sólo conoce el intercambio de equivalentes; tampoco puede provenir de un alza de los precios, pues las pérdidas y las ganancias recíprocas de vendedores y compradores se equilibrarían; se trata de un fenómeno masivo, medio, social, y no de un fenómeno individual. Para obtener plusvalía "el poseedor del dinero necesita encontrar en el mercado una mercancía cuyo valor de uso posea la cualidad peculiar de ser fuente de valor", una mercancía cuyo proceso de consumo sea, al mismo tiempo, proceso de creación de valor. Y esta mercancía existe: es la fuerza de trabajo del hombre. Su consumo es trabajo y el trabajo crea valor. El poseedor del dinero compra la fuerza de trabajo por su valor, valor que es determinado, como el de cualquier otra mercancía, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción (es decir, por el costo del mantenimiento del obrero y su familia). Una vez que ha comprado la fuerza de trabajo el poseedor del dinero tiene derecho a consumirla, es decir, a obligarla a trabajar durante un día entero, por ejemplo, durante doce horas. En realidad el obrero crea en seis horas (tiempo de trabajo "necesario") un producto con el que cubre los gastos de su mantenimiento; durante las seis horas restantes (tiempo de trabajo "suplementario") crea un "plusproducto" no retribuido por el capitalista, que es la plusvalía. Por consiguiente, desde el punto de vista del proceso de la producción, en el capital hay que distinguir dos partes: capital constante, invertido en medios de producción (máquinas, instrumentos de trabajo, materias primas, etc.) -- y cuyo valor se trasfiere sin cambio de magnitud (de una vez o en partes) a las mercancías producidas --, y capital variable, invertido en fuerza de trabajo. El valor de este capital no permanece invariable, sino que se acrecienta en el proceso del trabajo, al crear la plusvalía. Por lo tanto, para expresar el grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital, tenemos que comparar la plusvalía obtenida, no con el capital global, sino exclusivamente con el capital variable. La cuota de plusvalía, como llama Marx a esta relación, sería, pues, en nuestro ejemplo, de 6:6, es decir, del 100 por ciento.

    Las premisas históricas para la aparición del capital son: primera, la acumulación de determinada suma de dinero en manos de ciertas personas, con un nivel de desarrollo relativamente alto de la producción de mercancías en general ¡ segunda, la existencia de obreros "libres" en un doble sentido -- libres de todas las trabas o restricciones impuestas a la venta de la fuerza de trabajo, y libres por carecer de tierra y, en general, de medios de producción --, de obreros desposeídos, de obreros "proletarios" que, para subsistir, no tienen más recursos que la venta de su fuerza de trabajo.

    Dos son los modos principales para poder incrementar la plusvalía: mediante la prolongación de la jornada de trabajo ("plusvalía absoluta") y mediante la reducción del tiempo de trabajo necesario ("plusvalía relativa"). Al analizar el primer modo, Marx hace desfilar ante nosotros el grandioso panorama de la lucha de la clase obrera para reducir la jornada de trabajo y de la intervención del poder estatal, primero para prolongarla (en el período que media entre los siglos XIV y XVII) y después para reducirla (legislación fabril del siglo XIX). Desde la aparición de El Capital, la historia del movimiento obrero de todos los países civilizados ha aportado miles y miles de nuevos hechos que ilustran este panorama.

    Al proceder a su análisis de la producción de plusvalía relativa, Marx investiga las tres etapas históricas fundamenta les de la elevación de la productividad del trabajo por el capitalismo: 1) la cooperación simple; 2) la división del trabajo y la manufactura; 3) la maquinaria y la gran industria. La profundidad con que Marx aquí pone de relieve los rasgos fundamentales y típicos del desarrollo del capitalismo nos demuestra, entre otras cosas, el hecho de que el estudio de la llamada industria de los kustares* en Rusia ha aportado un abundantísimo material para ilustrar las dos primeras etapas de las tres mencionadas. En cuanto a la acción revolucionaria de la gran industria maquinizada, descrita por Marx en 1867, durante el medio siglo trascurrido desde entonces ha venido a revelarse en toda una serie de países "nuevos" (Rusia, Japón, etc.).

    Prosigamos. Importantísimo y nuevo es el análisis de Marx de la acumulación del capital, es decir, de la trasformación de una parte de la plusvalía en capital, y de su empleo, no para satisfacer las necesidades personales o los caprichos del capitalista, sino para renovar la producción. Marx hace ver el error de toda la economía política clásica anterior (desde Adam Smith) al suponer que toda la plusvalía que se convertía en capital pasaba a formar parte del capital variable, cuando en realidad se descompone en medios de producción más capital variable. En el proceso de desarrollo del capitalismo y de su trasformación en socialismo tiene una inmensa importancia el que la parte del capital constante (en la suma total del capital) se incremente con mayor rapidez que la parte del capital variable.

    Al acelerar el desplazamiento de los obreros por la maquinaria, produciendo riqueza en un polo y miseria en el polo opuesto, la acumulación del capital crea también el llamado "ejército industrial de reserva", el "sobrante relativo" de obreros o "superpoblación capitalista", que reviste formas extraordinariamente diversas y permite al capital ampliar la producción con singular rapidez. Esta posibilidad, relacionada con el crédito y la acumulación de capital en medios de producción, nos proporciona, entre otras cosas, la clave para comprender las crisis de superproducción, que estallan periódicamente en los países capitalistas, primero cada diez años, término medio, y luego con intervalos mayores y menos precisos. De la acumulación del capital sobre la base del capitalismo hay que distinguir la llamada acumulación primitiva, que se lleva a cabo mediante la separación violenta del trabajador de los medios de producción, expulsión del campesino de su tierra, robo de los terrenos comunales, sistema colonial, sistema de la deuda pública, tarifas aduaneras proteccionistas, etc. La "acumulación primitiva" crea en un polo al proletario "libre" y en el otro al poseedor del dinero, el capitalista.

    Marx caracteriza la "tendencia histórica de la acumulación capitalista" con las famosas palabras siguientes: "La expropiación del productor directo se lleva a cabo con el más despiadado vandalismo y bajo el acicate de las pasiones más infames, más sucias, más mezquinas y más desenfrenadas. La propiedad privada, fruto del propio trabajo [del campesino y del artesano], y basada, por decirlo así, en la compenetración del obrero individual e independiente con sus instrumentos y medios de trabajo, es desplazada por la propiedad privada capitalista, basada en la explotación de la fuerza de trabajo ajena, aunque formalmente libre [. . .]. Ahora ya no se trata de expropiar al trabajador dueño de una economía independiente, sino de expropiar al capitalista explotador de numerosos obreros. Esta expropiación la lleva a cabo el juego de las leyes inmanentes de la propia producción capitalista, la centralización de los capitales. Un capitalista derrota a otros muchos. Paralelamente con esta centralización del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos, se desarrolla en una escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso de trabajo, la aplicación técnica conciente de la ciencia, la explotación planificada de la tierra, la trasformación de los medios de trabajo en medios de trabajo utilizables sólo colectivamente, la economía de todos los medios de producción al ser empleados como medios de producción de un trabajo combinado, social, la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista. Conforme disminuye progresivamente el número de magnates capitalistas que usurpan y monopolizan todos los beneficios de este proceso de trasformación, crece la masa de la miseria, de la opresión, del esclavizamiento, de la degeneración, de la explotación; pero crece también la rebeldía de la clase obrera, que es aleccionada, unificada y organizada por el mecanismo del propio proceso capitalista de producción El monopolio del capital se convierte en grillete del modo de producción que ha crecido con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que son ya incompatibles con su envoltura capitalista. Esta envoltura estalla. Suena la hora de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados" (EI Capital, t. I).

    También es sumamente importante y nuevo el análisis que hace Marx más adelante de la reproducción del capital social, considerado en su conjunto, en el tomo II de El Capital. Tampoco en este caso toma Marx un fenómeno individual, sino de masas; no toma una parte fragmentaria de la economía de la sociedad, sino toda la economía en su conjunto. Rectificando el error en que incurren los economistas clásicos antes mencionados, Marx divide toda la producción social en dos grandes secciones: 1) producción de medios de producción y 2) producción de artículos de consumo. Y, apoyándose en cifras, analiza minuciosamente la circulación del capital social en su conjunto, tanto en la reproducción de envergadura anterior como en la acumulación. En el tomo III de El Capital se resuelve, sobre la base de la ley del valor, el problema de la formación de la cuota media de ganancia. Constituye un gran progreso en la ciencia económica el que Marx parta siempre, en sus análisis, de los fenómenos económicos generales, del conjunto de la economía social, y no de casos aislados o de las manifestaciones superficiales de la competencia, que es a lo que suele limitarse la economía política vulgar o la moderna "teoría de la utilidad límite". Marx analiza primero el origen de la plusvalía y luego pasa a ver su descomposición en ganancia, interés y renta del suelo. La ganancia es la relación de la plusvalía con todo el capital invertido en una empresa. El capital de "alta composición orgánica" (es decir, aquel en el cual el capital constante predomina sobre el variable en proporciones superiores a la media social) arroja una cuota de ganancia inferior a la cuota media. El capital de "baja composición orgánica" da, por el contrario, una cuota de ganancia superior a la media. La competencia entre los capitales, su libre paso de unas ramas de producción a otras, reducen en ambos casos la cuota de ganancia a la cuota media. La suma de los valores de todas las mercancías de una sociedad dada coincide con la suma de precios de estas mercancías; pero en las distintas empresas y en las diversas ramas de producción las mercancías, bajo la presión de la competencia, no se venden por su valor, sino por el precio de producción, que equivale al capital invertido más la ganancia media.

    Así, pues, un hecho conocido de todos, e indiscutible, es decir, el hecho de que los precios difieren de los valores y de que las ganancias se nivelan, lo explica Marx perfectamente partiendo de la ley del valor, pues la suma de los valores de todas las mercancías coincide con la suma de sus precios. Sin embargo, la reducción del valor (social) a los precios (individuales) no es una operación simple y directa, sino que sigue una vía indirecta y muy complicada: es perfectamente natural que en una sociedad de productores de mercancías dispersos, vinculados sólo por el mercado, las leyes que rigen esa sociedad no puedan manifestarse más que como leyes medias, sociales, generales, con una compensación mutua de las desviaciones individuales manifestadas en uno u otro sentido.

    La elevación de la productividad del trabajo significa un incremento más rápido del capital constante en comparación con el variable. Pero como la creación de plusvalía es función privativa de éste, se comprende que la cuota de ganancia (o sea, la relación que guarda la plusvalía con todo el capital, y no sólo con su parte variable) acuse una tendencia a la baja. Marx analiza minuciosamente esta tendencia, así como las diversas circunstancias que la ocultan o contrarrestan. Sin detenernos a exponer los capítulos extraordinariamente interesantes del tomo III, que estudian el capítulo usurario, comercial y financiero, pasaremos a lo esencial, a la teoría de la renta del suelo. Debido a la limitación de la superficie de la tierra, que en los países capitalistas es ocupada enteramente por los propietarios particulares, el precio de producción de los productos agrícolas no lo determinan los gastos de producción en los terrenos de calidad media, sino en los de calidad inferior; no lo determinan las condiciones medias en que el producto se lleva al mercado, sino las condiciones peores. La diferencia existente entre este precio y el de producción en las tierras mejores (o en condiciones más favorables de producción) da lugar a una diferencia o renta diferencial. Marx analiza detenidamente la renta diferencial y de muestra que brota de la diferente fertilidad del suelo, de la diferencia de los capitales invertidos en el cultivo de las tierras, poniendo totalmente al descubierto (véase también la Teoría de la plusvalía, donde merece una atención especial la crítica que hace a Rodbertus) el error de Ricardo, según el cual la renta diferencial sólo se obtiene con el paso sucesivo de las tierras mejores a las peores. Por el contrario, se dan también casos inversos: tierras de una clase determinada se trasforman en tierras de otra clase (gracias a los progresos de la técnica agrícola, a la expansión de las ciudades, etc.), por lo que la tristemente célebre "ley del rendimiento decreciente del suelo" es profundamente errónea y representa un intento de cargar sobre la naturaleza los defectos, las limitaciones y contradicciones del capitalismo. Además, la igualdad de ganancias en todas las ramas de la industria y de la economía nacional presupone la plena libertad de competencia, la libertad de trasferir los capitales de una rama de producción a otra. Pero la propiedad privada sobre el suelo crea un monopolio, que es un obstáculo para la libre trasferencia. En virtud de ese monopolio, los productos de la economía agrícola, que se distingue por una baja composición del capital y, en consecuencia, por una cuota de ganancia individual más alta, no entran en el proceso totalmente libre de nivelación de las cuotas de ganancia. El propietario de la tierra, como monopolista, puede mantener sus precios por encima del nivel medio, y este precio de monopolio origina la renta absoluta. La renta diferencial no puede ser abolida mientras exista el capitalismo; en cambio, la renta absoluta puede serlo; por ejemplo, cuando se nacionaliza la tierra, convirtiéndola en propiedad del Estado. Este paso significaría el socavamiento del monopolio de los propietarios privados, así como una aplicación más consecuente y plena de la libre competencia en la agricultura. Por eso los burgueses radicales, advierte Marx, han presentado repetidas veces a lo largo de la historia esta reivindicación burguesa progresista de la nacionalización de la tierra, que asusta, sin embargo, a la mayoría de los burgueses, pues "afecta" demasiado de cerca a otro monopolio mucho más importante y "sensible" en nuestros días: el monopolio de los medios de producción en general. (El propio Marx expone en un lenguaje muy popular, conciso y claro su teoría de la ganancia media sobre el capital y de la renta absoluta del suelo, en la carta que dirige a Engels el 2 de agosto de 1862. Véase Correspondencia, t. III, págs. 77-81, y también en las págs. 86-87, la carta del 9 de agosto de 1862.) Para la historia de la renta del suelo resulta importante señalar el análisis en que Marx demuestra cómo la trasformación de la renta en trabajo (cuando el campesino crea el plusproducto trabajando en la hacienda del terrateniente) en renta natural o renta en especie (cuando el campesino crea el plusproducto en su propia tierra, entregándolo luego al terrateniente bajo una "coerción extraeconómica"), después en renta en dinero (que es la misma renta en especie, sólo que convertida en dinero, el obrok, censo de la antigua Rusia, en virtud del desarrollo de la producción de mercancías) y finalmente, en la renta capitalista, cuando en lugar del campesino es el patrono quien cultiva la tierra con ayuda del trabajo asalariado. En relación con este análisis de la "génesis de la renta capitalista del suelo", hay que señalar una serie de profundas ideas (que tienen una importancia especial para los países atrasados, como Rusia) expuestas por Marx acerca de la evolución del capitalismo en la agricultura."La trasformación de la renta natural en renta en dinero va, además, no sólo necesariamente acompaña da, sino incluso anticipada por la formación de una clase de jornaleros desposeídos, que se contratan por dinero. Durante el período de nacimiento de dicha clase, en que ésta sólo aparece en forma esporádica, va desarrollándose, por lo tanto, necesariamente, en los campesinos mejor situados y sujetos a obrok, la costumbre de explotar por su cuenta a jornaleros agrícolas, del mismo modo que ya en la época feudal los campesinos más acomodados sujetos a vasallaje tenían a su servicio a otros vasallos. Esto va permitiendoles acumular poco a poco cierta fortuna y convertirse en futuros capitalistas. De este modo va formándose entre los antiguos poseedores de la tierra que la trabajaban por su cuenta, un semillero de arrendatarios capitalistas, cuyo desarrollo se halla condicionado por el desarrollo general de la producción capitalista fuera del campo. . ." (El Capital, t. III2a, 332). "La expropiación, el desahucio de una parte de la población rural no sólo 'libera' para el capital industrial a los obreros, sus medios de vida y sus materiales de trabajo, sino que además crea el mercado interior." (El Capital, t. I2a, pág. 778). La depauperación y la ruina de la población del campo influyen, a su vez, en la formación del ejército industrial de reserva para el capital. En todo país capitalista "una parte de la población rural se encuentra constantemente en trance de trasformarse en población urbana o manufacturera [es decir, no agrícola]. Esta fuente de superpoblación relativa flota constantemente [. . .]. El obrero agrícola se ve constantemente reducido al salario mínimo y vive siempre con un pie en el pantano del pauperismo" (El Capital, I2a, 668). La propiedad privada del campesino sobre la tierra que cultiva es la base de la pequeña producción y la condición para que ésta florezca y adquiera una forma clásica. Pero esa pequeña producción sólo es compatible con los límites estrechos y primitivos de la producción y de la sociedad. Bajo el capitalismo "la explotación de los campesinos se distingue de la explotación del proletariado industrial sólo por la forma. El explotador es el mismo: el capital. Individualmente, los capitalistas explotan a los campesinos individuales por medio de la hipoteca y de la usura; la clase capitalista explota a la clase campesina por medio de los impuestos del Estado" (Las luchas de clases en Francia ). "La parcela del campesino sólo es ya el pretexto que permite al capitalista extraer de la tierra ganancias, intereses y renta, dejando al agricultor que se las arregle para sacar como pueda su salario." (El Diecíocho Brumario.) Habitualmente, el campesino entrega incluso a la sociedad capitalista, es decir, a la clase capitalista, una parte de su salario, descendiendo "al nivel del arrendatario irlandés, aunque en apariencia es un propietario privado" (Las luchas de clases en Francia ). ¿Cuál es "una de las causas por las que en países en que predomina la propiedad parcelaria, el trigo se cotice a precio más bajo que en los países en que impera el régimen capitalista de producción"? (El Capital, t. III2a, 340). La causa es que el campesino entrega gratuitamente a la sociedad (es decir, a la clase capitalista) una parte del plusproducto. "Estos bajos precios [del trigo y los demás productos agrícolas] son, pues, un resultado de la pobreza de los productores y no, ni mucho menos, consecuencia de la productividad de su trabajo" (El Capital, t. III2a, 340). Bajo el capitalismo, la pequeña propiedad agraria, forma normal de la pequeña producción, degenera, se destruye y desaparece. "La pequeña propiedad agraria, por su propia naturaleza, es incompatible con el desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo, con las formas sociales del trabajo, con la concentración social de los capitales, con la ganadería en gran escala y con la utilización progresiva de la ciencia. La usura y el sistema de impuestos la conduce, inevitablemente, por doquier, a la ruina. El capital invertido en la compra de la tierra es sustraído al cultivo de ésta. Dispersión infinita de los medios de producción y diseminación de los productores mismos. [Las cooperativas, es decir, las asociaciones de pequeños campesinos, cumplen un extraordinario papel progresista desde el punto de vista burgués, pero sólo pueden conseguir atenuar esta tendencia, sin llegar a suprimirla; además, no se debe olvidar que estas cooperativas dan mucho a los campesinos acomodados y muy poco o casi nada a la masa de campesinos pobres, ni debe olvidarse tampoco que las propias asociaciones terminan por explotar el trabajo asalariado.] Inmenso derroche de energía humana; empeoramiento progresivo de las condiciones de producción y encarecimiento de los medios de producción: tal es la ley de la [pequeña] propiedad parcelaria." En la agricultura, lo mismo que en la industria, el capitalismo sólo trasforma el proceso de producción a costa del "martirologio de los productores". "La dispersión de los obreros del campo en grandes superficies quebranta su fuerza de resistencia, al paso que la concentración robustece la fuerza de resistencia de los obreros de la ciudad. Al igual que en la industria moderna, en la moderna agricultura, es decir en la capitalista, la intensificación de la fuerza productiva y la más rápida movilización del trabajo se consiguen a costa de devastar y agotar la fuerza obrera de trabajo. Además, todos los progresos realizados por la agricultura capitalista no son solamente progresos en el arte de esquilmar al obrero, sino también en el arte de esquilmar la tierra [. . .]. Por lo tanto, la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción, minando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre". (EI Capital, t. I, final del capítulo XIII)

    EL SOCIALISMO
    Por lo expuesto, se ve que Marx llega a la conclusión de que es inevitable la trasformación de la sociedad capitalista en socialista basándose única y exclusivamente en la ley económica del movimiento de la sociedad moderna. La socialización del trabajo, que avanza cada vez con mayor rapidez bajo miles de formas, y que durante el medio siglo trascurrido desde la muerte de Marx se manifiesta en forma muy palpable en el incremento de la gran producción, de los cártels, los sindicatos y los trusts capitalistas, y en el gigantesco crecimiento del volumen y el poderío del capital financiero, es la base material más importante del advenimiento inevitable del socialismo. El motor intelectual y moral de esta trasformación, su agente físico, es el proletariado, educado por el propio capitalismo. Su lucha contra la burguesía, que se manifiesta en las formas más diversas, y cada vez más ricas en contenido, se convierte inevitablemente en lucha política por la conquista de su propio poder político (la "dictadura del proletariado"). La socialización de la producción no puede dejar de conducir a la trasformación de los medios de producción en propiedad social, es decir, a la "expropiación de los expropiadores". La enorme elevación de la productividad del trabajo, la reducción de la jornada de trabajo y la sustitución de los vestigios, de las ruinas de la pequeña producción, primitiva y desperdigada, por el trabajo colectivo perfeccionado: tales son las consecuencias directas de esa trasformación. El capitalismo rompe de modo definitivo los vínculos de la agricultura con la industria pero a la vez, al llegar a la culminación de su desarrollo, prepara nuevos elementos para restablecer esos vínculos, la unión de la industria con la agricultura, sobre la base de la aplicación conciente de la ciencia, de la combinación del trabajo colectivo y de un nuevo reparto de la población (acabando con el abandono del campo, con su aislamiento del mundo y con el atraso de la población rural, como también con la aglomeración antinatural de gigantescas masas humanas en las grandes ciudades). Las formas superiores del capitalismo actual preparan nuevas relaciones familiares, nuevas condiciones para la mujer y para la educación de las nuevas generaciones: el trabajo de las mujeres y de los niños, y la disolución de la familia patriarcal por el capitalismo, asumen inevitablemente en la sociedad moderna las formas más espantosas, miserables y repulsivas. No obstante, "la gran industria, al asignar a la mujer al joven y al niño de ambos sexos un papel decisivo en los procesos socialmente organizados de la producción, arrancándolos con ello a la órbita doméstica, crea las nuevas bases económicas para una forma superior de familia y de relaciones entre ambos sexos. Tan necio es, naturalmente, considerar absoluta la forma cristiano-germánica de la familia, como lo sería atribuir ese carácter a la forma romana antigua, a la antigua forma griega o a la forma oriental, entre las cuales media, por lo demás, un lazo de continuidad histórica. Y no es menos evidente que la existencia de un personal obrero combinado, en el que entran individuos de ambos sexos y de las más diversas edades, aunque hoy, en su forma capitalista primitiva y brutal, en que el obrero existe para el proceso de producción y no éste para el obrero, sea fuente apestosa de corrupción y esclavitud, bajo las condiciones que corresponden a este régimen necesariamente se trocará en fuente de evolución humana" (El Capital, t. I, final del cap. XIII). Del sistema fabril brota "el germen de la educación del porvenir en la que se combinará para todos los niños a partir de cierta edad el trabajo productivo con la enseñanza y la gimnasia, no sólo como método para intensificar la producción social, sino también como el único método que permite producir hombres plenamente desarrollados" (Loc. cit.). Sobre esa misma base histórica plantea el socialismo de Marx los problemas de la nacionalidad y del Estado, no limitándose a una explicación del pasado, sino previendo audazmente el porvenir y en el sentido de una intrépida actuación práctica encaminada a su realización. Los estados nacionales son el fruto inevitable y, además, una forma inevitable de la época burguesa de desarrollo de la sociedad. Y la clase obrera no podía fortalecerse, alcanzar su madurez y formarse, sin "organizarse en el marco de la nación", sin ser "nacional" ("aunque de ningún modo en el sentido burgués"). Pero el desarrollo del capitalismo va destruyendo cada vez más las barreras nacionales, pone fin al aislamiento nacional y sustituye los antagonismos nacionales por los antagonismos de clase. Por eso es una verdad innegable que en los países capitalistas adelantados "los obreros no tienen patria" y que la "conjunción de los esfuerzos" de los obreros, al menos de los países civilizados, "es una de las primeras condiciones de la emancipación del proletariado" (Manifiesto Comunista). El Estado, es decir, la violencia organizada, surgió inevitablemente en determinada fase del desarrollo social, cuando la sociedad se dividió en clases antagónicas y su existencia se hubiera hecho imposible sin un "poder" situado, aparentemente, por encima de la sociedad y hasta cierto punto seperado de ella. El Estado, fruto de los antagonismos de la clase, se convierte en "el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida. Así, el Estado de la antiguedad era, ante todo, el Estado de los esclavistas, para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado" (Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, obra en la que el autor expone sus propias ideas y las de Marx). Incluso la forma más libre y progresista del Estado burgués, la república democrática, no suprime de ningún modo este hecho; lo único que hace es variar su forma (vínculos del gobierno con la Bolsa, corrupción -- directa o indirecta -- de los funcionarios y de la prensa, etc.). El socialismo, que conduce a la abolición de las clases, conduce con ello a la supresión del Estado. "El primer acto -- escribe Engels en su Anti-Dühring -- en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de la sociedad, la expropiación de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención del poder del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y cesará por sí misma. El gobierno sobre las personas será sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no será 'abolido'i se extinguirá." "La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al iugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antiguedades, junto a la rueca y al hacha de bronce" (F. Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.)

    Por último, en relación con el problema de la actitud del socialismo de Marx hacia los pequeños campesinos, que seguirán existiendo en la época de la expropiación de los expropiadores, debemos señalar unas palabras de Engels, que expresan a su vez las ideas de Marx: "Cuando tengamos en nuestras manos el poder estatal, no podremos pensar en expropiar violentamente a los pequeños campesinos (con indemnización o sin ella) como habrá que hacerlo con los grandes terratenientes. Con respecto a los pequeños campesinos, nuestra misión consistirá, ante todo, en encauzar su producción individual y su propiedad privada hacia un régimen cooperativo, no de un modo violento, sino mediante el ejemplo y ofreciéndoles la ayuda social para este fin. Y entonces es indudable que nos sobrarán medios para hacer ver al campesino todas las ventajas que le dará semejante paso, ventajas que le deben ser explicadas desde ahora"[7] (Engels, El problema agrario en Occidente, ed. de Alexéieva, pág. 17; la trad. rusa contiene errores. Véase el original en Neue Zeit ).

    LA TÁCTICA DE LA LUCHA DE CLASE DEL PROLETARIADO
    Después de esclarecer, ya en los años 1844-1845, uno de los defectos fundamentales del antiguo materialismo, que consiste en no comprender las condiciones de la actividad revolucionaria práctica, ni apreciar su importancia, Marx consagra, a lo largo de su vida, una intensa atención, a la vez que a los trabajos teóricos, a los problemas tácticos de la lucha de clase del proletariado Todas las obras de Marx, y en particular los cuatro volúmenes de su correspondencia con Engels, publicados en 1913, nos ofrecen a este respecto una documentación copiosísima. Estos documentos distan mucho de estar debidamente recopilados, sistematizados, estudiados y analizados. Por eso tendremos que limitarnos aquí exclusivamente a algunas observaciones muy generales y breves, subrayando que el materialismo, despojado de e s t e aspecto, era justamente para Marx un materialismo a medias, unilateral, sin vida. Marx trazó el objetivo fundamental de la táctica del proletariado en rigurosa consonancia con todas las premisas de su concepción materialista dialéctica del mundo. Sólo considerando en forma objetiva el conjunto de las relaciones mutuas de todas las clases, sin excepción, de una sociedad dada, y teniendo en cuenta, por lo tanto, el grado objetivo de desarrollo de esta sociedad y sus relaciones mutuas y con otras sociedades, podemos disponer de una base que nos permita trazar certeramente la táctica de la clase de vanguardia. A este respecto, todas las clases y todos los países se examinan de un modo dinámico, no estático; es decir, no como algo inmóvil, sino en movimiento (movimiento cuyas leyes emanan de las condiciones económicas de vida de cada clase). A su vez, el movimiento se estudia, no sólo desde el punto de vista del pasado, sino también del porvenir, y, además, no con el criterio vulgar de los "evolucionistas", que sólo ven los cambios lentos, sino dialécticamente: "En desarrollos de tal magnitud, veinte años son más que un día -- escribía Marx a Engels --, aun cuando en el futuro puedan venir días en que estén corporizados veinte años". (Correspondencia, t. III, pág. 127)[8] La táctica del proletariado debe tener presente, en cada grado de desarrollo, en cada momento, esta dialéctica objetivamente inevitable de la historia humana; por una parte, aprovechando las épocas de estancamiento político o de desarrollo a paso de tortuga -- la llamada evolución "pacífica" -- para elevar la conciencia, la fuerza y la capacidad combativa de la clase avanzada, y por otra parte, encauzando toda esta labor de aprovechamiento hacia el "objetivo final" del movimiento de dicha clase capacitándola para resolver prácticamente las grandes tareas de los grandes días "en que estén corporizados veinte años". Sobre esta cuestión hay dos apreciaciones de Marx que tienen gran importancia: una, de la Miseria de la filosofia, se refiere a la lucha económica y a las organizaciones económicas del proletariado; la otra es del Manifiesto Comunista y se refiere a sus tareas políticas. La primera dice así: "La gran industria concentra en un solo lugar una multitud de personas que se desconocen entre sí. La competencia divide sus intereses. Pero la defensa de su salario, es decir, este interés común frente a su patrono, los une en una idea común de resistencia, de coalición [. . .]. Las coaliciones, al principio aisladas, forman grupos y la defensa de sus asociaciones frente al capital, siempre unido, acaba siendo para los obreros más necesaria que la defensa de sus salarios [. . .]. En esta lucha, que es una verdadera guerra civil, se van aglutinando y desarrollando todos los elementos para la batalla futura. Al llegar a este punto, la coalición adquiere un carácter político". He aquí, ante nosotros, el programa y la táctica de la lucha económica y del movimiento sindical para varios decenios, para toda la larga época durante la cual el proletariado prepara sus fuerzas "para la batalla futura". Compárese esto con los numerosos ejemplos que Marx y Engels sacan del movimiento obrero inglés, de cómo la "prosperidad" industrial da lugar a intentos de "comprar al proletariado" (Correspondencia con Engels, t. I, pág. 136)[9] y de apartarlo de la lucha ¡ de cómo esta prosperidad en general "desmoraliza a los obreros" (II, 218); de cómo "se aburguesa" el proletariado inglés y de cómo "la más burguesa de las naciones [Inglaterra], aparentementlo tiende a poseer una aristocracia burguesa y un proletariado burgués, además de una burguesía" (II, 290)[10]; de cómo desaparece la "energía revolucionaria" del proletariado inglés (III, 124); de cómo habrá que esperar más o menos tiempo hasta que "los obreros ingleses se libren de su aparente contaminación burguesa" (III, 127); de cómo al movimiento obrero inglés le falta "el ardor de los cartistas [11]" (1866; III, 305)[12]; de cómo los líderes de los obreros ingleses forman un tipo medio entre burgués radical y obrero" (caracterización que se refiere a Holyoake, IV, 209); de cómo, en virtud de la posición monopolista de Inglaterra y mientras subsista este monopolio, "no hay nada que hacer con el obrero inglés" (IV, 433)[13]. La táctica de la lucha económica en relación con la marcha general (y con el desenlace ) del movimiento obrero se examina aquí desde un punto de vista admirablemente amplio, universal, dialéctico y verdaderamente revolucionario.

    El Manifiesto Comunista establece la siguiente tesis fundamental del marxismo sobre la táctica de la lucha política: "Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero al mismo tiempo defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de este movimiento". Por eso Marx apoyó en 1848, en Polonia, al partido de la "revolución agraria", es decir, al "partido que hizo en 1846 la insurrección de Cracovia" En Alemania, Marx apoyó en 1843-1849 a la democracia revolucionaria extrema, sin que jamás tuviera que retractarse de lo que entonces dijo en materia de táctica. La burguesía alemana era para él un elemento "inclinado desde el primer instante a traicionar al pueblo [sólo la alianza con los campesinos hubiera permitido a la burguesía alcanzar plenamente sus objetivos] y a llegar a un compromiso con los representantes coronados de la vieja sociedad". He aquí el análisis final hecho por Marx acerca de la posición de clase de la burguesía alemana en la época de la revolución democrático-burguesa. Este análisis es, entre otras cosas, un modelo de materialismo que enfoca a la sociedad en movimiento y, por cierto, no sólo desde el lado del movimiento que mira hacia atrás : ". . . sin fe en sí misma y sin fe en el pueblo; gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo; [. . .] empavorecida ante la tempestad mundial; [. . .] sin energía en ningún sentido y plagiando en todos; [. . .] sin iniciativa; [. . .] un viejo maldito que está condenado a dirigir y a desviar, en su propio interés senil, los primeros impulsos juveniles de un pueblo robusto [. . .]" (Nueva Gaceta del Rin, 1848; véase La herencia literaria, t. III, pág. 212)[14]. Unos veinte años después, en carta dirigida a Engels (III, 224), decía Marx que la causa del fracaso de la revolución de 1848 era que la burguesía había preferido la paz con esclavitud a la simple perspectiva de una lucha por la libertad. Al cerrarse el período de la revolución de 1848-1849, Marx se alzó contra los que se empeñaban en seguir jugando a la revolución (lucha contra Schapper y Willich), sosteniendo la necesidad de saber trabajar en la época nueva, en la fase de la preparación, aparentemente "pacífica", de nuevas revoluciones. En el siguiente pasaje, en el que enjuicia la situación alemana en los tiempos de la más negra reacción, en 1856; se muestra en qué sentido pedía Marx que se encauzara esta labor: "Todo el asunto dependerá en Alemania de la posibilidad de cubrir la retaguardia de la revolución proletaria mediante una segunda edición de la guerra campesina" (Correspondencia con Engels, t. II, pág. 108)[15]. Mientras en Alemania no se llevó a término la revolución democrática (burguesa), Marx concentró toda su atención, en lo referente a la táctica del proletariado socialista, en impulsar la energía democrática de los campesinos. Opinaba que la actitud de Lassalle era, "objetivamente, una traición al movimiento obrero en beneficio de Prusia" (III, 210), entre otras cosas porque se mostraba demasiado indulgente con los terratenientes y el nacionalismo prusiano. "En un país agrario -- escribía Engels en 1865, en un cambio de impresiones con Marx a propósito de una proyectada declaración conjunta a la prensa -- es una vileza alzarse únicamente contra la burguesía en nombre del proletariado industrial, olvidando por completo la patriarcal 'explotación a palos' de los obreros agrícolas por parte de la nobleza feudal" (t. III, 217)[16]. En el período de 1864 a 1870, cuando tocaba a su fin la época en que culminó la revolución democrático-burguesa de Alemania, la época en que las clases explotadoras de Prusia y Austria luchaban en torno a los medios para llevar a término esta revolución desde arriba, Marx no sólo condenó la conducta de Lassalle por sus coqueterías con Bismarck, sino que llamó al orden a Liebknecht, que se había dejado ganar por la "austrofilia" y defendía el particularismo. Marx exigía una táctica revolucionaria que combatiese implacablemente tanto a Bismarck como a los austrófilos, una táctica que no se acomodara al "vencedor", al junker prusiano, sino que reanudase inmediatamente la lucha revolucionaria contra él, incluso en la situación creada por las victorias militares de Prusia (Correspondencia con Engels, III, 134, 136, 147, 179, 204, 210, 215, 418, 437, 440-441)[17]. En el famoso llamamiento de la Internacional del 9 de septiembre de 1870, Marx prevenía al proletariado francés contra un alzamiento prematuro; no obstante, cuando éste se produjo, a pesar de todo, en 1871, acogió con entusiasmo la iniciativa revolucionaria de las masas que "tomaban el cielo por asalto" (carta de Marx a Kugelmann). En esta situación, como en muchas otras, la derrota de la acción revolucionaria representaba, desde el punto de vista del materialismo dialéctico que sustentaba Marx, un mal menor en la marcha general y en el desenlace de la lucha proletaria, en comparación con lo que hubiela representado el abandono de las posiciones ya conquistadas, es decir, la capitulación sin lucha. Esta capitulación habría desmoralizado al proletariado y mermado su combatividad. Marx, que apreciaba en todo su valor el empleo de los medios legales de lucha en los períodos de estancamiento político y de dominio de la legalidad burguesa, condenó severamente, en los años de 1877-1878, después de promulgarse la ley de excepción contra los socialistas, las "frases revolucionarias" de Most; pero combatió con no menos energía, tal vez con más vigor, el oportunismo que por entonces se había adueñado temporalmente del partido socialdemócrata oficial, que no había sabido dar pruebas inmediatas de firmeza, decisión, espíritu revolucionario y disposición a pasar a la lucha ilegal en respuesta a la ley de excepción (Cartas de Marx a Engels, IV, 397, 404, 418, 422 y 424.[18] Véanse también las cartas a Sorge).

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    [*] Kustares : productores de objetos industriales que trabajaban para el mercado.

    Carlos Marx Breve esbozo biográfico, con una exposición del marxismo | 26-09-2008 - 11:53:32 GMT 1 #

  3. Escrito: Discurso pronunciado en inglés por F. Engels en el cementerio de Highgate en Londres, el 17 de marzo de 1883.
    Primera publicación: En alemán en el Sozialdemokrat del 22 de marzo de 1883.
    Digitalizació:n: Por José Ángel Sordo para el Marxists Internet Archive, 1999.

    F. Engels : Discurso ante la tumba de Marx (1883).
    El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde , dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre.

    Es de todo punto imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Harto pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca.

    Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza idológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él . El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.

    Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un sólo campo que Marx no sometiese a investigación -y éstos campos fueron muchos, y no se limitó a tocar de pasada ni uno sólo- incluyendo las matemáticas, en la que no hiciese descubrimientos originales. Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el gozo que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionadora en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad, hasta los de Marcel Deprez en los últimos tiempos.

    Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos. Primera Gaceta del Rin, 1842; Vorwärts* de París, 1844; Gaceta Alemana de Bruselas, 1847; Nueva Gaceta del Rin, 1848-1849; New York Tribune, 1852 a 1861, a todo lo cual hay que añadir un montón de folletos de lucha, y el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que, por último, nació como remate de todo, la gran Asociación Internacional de Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiera creado ninguna otra cosa.

    Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los repulicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal.Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra.

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    * En español: "Adelante". Estaba publicada en alemán.

    Discurso ante la tumba de Marx (1883) | 26-09-2008 - 11:57:13 GMT 1 #

  4. FEDERICO ENGELS, PRINCIPIOS DEL COMUNISMO :

    El trabajo "Principios del comunismo" es un proyecto de programa de la Liga de los Comunistas. Lo escribió Engels en París por encargo del Comité Comarcal de la Liga. Sin embargo, luego de que como resultado de su II Congreso (29 de noviembre-8 de diciembre de 1847), la Liga les encargara a Marx y Engels la redacción de un programa para la Liga, los autores abandonaron la forma de catequismo que marcó la obra aquí reproducida y optaron por escribir el programa en forma de minifiesto. El resultado se conoce como el Manifiesto del Partido Comunista. Al escribirlo, los autores utilizaron las tesis expuestas por Engels en los "Principios del comunismo".

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    I. ¿Qué es el comunismo?

    El comunismo es la doctrina de las condiciones de la liberación del proletariado.

    II. ¿Qué es el proletariado?

    El proletariado es la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada. Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX.

    III. ¿Quiere decir que los proletarios no han existido siempre?

    No. Las clases pobres y trabajadoras han existido siempre, siendo pobres en la mayoría de los casos. Ahora bien, los pobres, los obreros que viviesen en las condiciones que acabamos de señalar, o sea los proletarios, no han existido siempre, del mismo modo que la competencia no ha sido siempre libre y desenfrenada.

    IV. ¿Cómo apareció el proletariado?

    El proletariado nació a raíz de la revolución industrial, que se produjo en Inglaterra en la segunda mitad del siglo pasado y se repitió luego en todos los países civilizados del mundo. Dicha revolución se debió al invento de la máquina de vapor, de las diversas máquinas de hilar, del telar mecánico y de toda una serie de otros dispositivos mecánicos. Estas máquinas, que costaban muy caras y, por eso, sólo estaban al alcance de los grandes capitalistas, transformaron completamente el antiguo modo de producción y desplazaron a los obreros anteriores, puesto que las máquinas producían mercancías más baratas y mejores que las que podían hacer éstos con ayuda de sus ruecas y telares imperfectos. Las máquinas pusieron la industria enteramente en manos de los grandes capitalistas y redujeron a la nada el valor de la pequeña propiedad de los obreros (instrumentos, telares, etc.), de modo que los capitalistas pronto se apoderaron de todo, y los obreros se quedaron con nada. Así se instauró en la producción de tejidos el sistema fabril. En cuanto se dio el primer impulso a la introducción de máquinas y al sistema fabril; este último se propagó rápidamente en las demás ramas de la industria, sobre todo en el estampado de tejidos, la impresión de libros, la alfarería y la metalurgia. El trabajo comenzó a dividirse más y más entre los obreros individuales de tal manera que el que antes efectuaba todo el trabajo pasó a realizar nada más que una parte del mismo. Esta división del trabajo permitió fabricar los productos más rápidamente y, por consecuencia, de modo más barato. Ello redujo la actividad de cada obrero a un procedimiento mecánico, muy sencillo, constantemente repetido, que la máquina podía realizar con el mismo éxito o incluso mucho mejor. Por tanto, todas estas ramas de la producción cayeron, una tras otra, bajo la dominación del vapor, de las máquinas y del sistema fabril, exactamente del mismo modo que la producción de hilados y de tejidos. En consecuencia, ellas se vieron enteramente en manos de los grandes capitalistas, y los obreros quedaron privados de los úItimos restos de su independencia. Poco a poco, el sistema fabril extendió su dominación no ya sólo a la manufactura, en el sentido estricto de la palabra, sino que comenzó a apoderarse más y más de las actividades artesanas, ya que también en esta esfera los grandes capitalistas desplazaban cada vez más a los pequeños maestros, montando grandes talleres, en los que era posible ahorrar muchos gastos e implantar una detallada división del trabajo. Así llegamos a que, en los países civilizados, casi en todas las ramas del trabajo se afianza la producción fabril y, casi en todas estas ramas, la gran industria desplaza a la artesanía y la manufactura. Como resultado de ello, se arruina más y más la antigua clase media, sobre todo los pequeños artesanos, cambia completamente la anterior situación de los trabajadores y surgen dos clases nuevas, que absorben paulatinamente a todas las demás, a saber:

    I. La clase de los grandes capitalistas, que son ya en todos los países civilizados casi los únicos poseedores de todos los medios de existencia, como igualmente de las materias primas y de los instrumentos (máquinas, fábricas, etc.) necesarios para la producción de los medios de existencia. Es la clase de los burgueses, o sea, burguesía.

    II. La clase de los completamente desposeídos, de los que en virtud de ello se ven forzados a vender su trabajo a los burgueses, al fin de recibir en cambio los medios de subsistencia necesarios para vivir. Esta clase se denomina la clase de los proletarios, o sea, proletariado.

    V. ¿En qué condiciones se realiza esta venta del trabajo de los proletarios a los burgueses?

    El trabajo es una mercancía como otra cualquiera, y su precio depende, por consiguiente, de las mismas leyes que el de cualquier otra mercancía. Pero, el precio de una mercancía, bajo el dominio de la gran industria o de la libre competencia, que es lo mismo, como lo veremos más adelante, es, por término medio, siempre igual a los gastos de producción de dicha mercancía. Por tanto, el precio del trabajo es también igual al costo de producción del trabajo. Ahora bien, el costo de producción del trabajo consta precisamente de la cantidad de medios de subsistencia indispensables para que el obrero esté en condiciones de mantener su capacidad de trabajo y para que la clase obrera no se extinga. El obrero no percibirá por su trabajo más que lo indispensable para ese fin; el precio del trabajo o el salario será, por consiguiente, el más bajo, constituirá el mínimo de lo indispensable para mantener la vida. Pero, por cuanto en los negocios existen períodos mejores y peores, el obrero percibirá unas veces más, otras menos, exactamente de la misma manera que el fabricante cobra unas veces más, otras menos, por sus mercancías. Y, al igual que el fabricante, que, por término medio, contando los tiempos buenos y los malos, no percibe por sus mercancías ni más ni menos que su costo de producción, el obrero percibirá, por término medio, ni más ni menos que ese mínimo. Esta ley económica del salario se aplicará más rigurosamente en la medida en que la gran industria vaya penetrando en todas las ramas de la producción.

    VI. ¿Qué clases trabajadores existían antes de la revolución industrial?

    Las clases trabajadoras han vivido en distintas condiciones, según las diferentes fases de desarrollo de la sociedad, y han ocupado posiciones distintas respecto de las clases poseedoras y dominantes. En la antigüedad, los trabajadores eran esclavos de sus amos, como lo son todavía en un gran número de países atrasados e incluso en la parte meridional de los Estados Unidos. En la Edad Media eran siervos de los nobles propietarios de tierras, como lo son todavía en Hungría, Polonia y Rusia. Además, en la Edad Media, hasta la revolución industrial, existían en las ciudades oficiales artesanos que trabajaban al servicio de la pequeña burguesía y, poco a poco, en la medida del progreso de la manufactura, comenzaron a aparecer obreros de manufactura que iban a trabajar contratados por grandes capitalistas.

    VII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el esclavo?

    El esclavo está vendido de una vez y para siempre, en cambio, el proletario tiene que venderse él mismo cada día y cada hora. Todo esclavo individual, propiedad de un señor determinado, tiene ya asegurada su existencia por miserable que sea, por interés de éste. En cambio el proletario individual es, valga la expresión, propiedad de toda la clase de la burguesía. Su trabajo no se compra más que cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada. Esta existencia está asegurada únicamente a toda la clase de los proletarios. El esclavo está fuera de la competencia. El proletario se halla sometido a ello y siente todas sus fluctuaciones. El esclavo es considerado como una cosa, y no miembro de la sociedad civil. El proletario es reconocido como persona, como miembro de la sociedad civil. Por consiguiente, el esclavo puede tener una existencia mejor que el proletario, pero este último pertenece a una etapa superior de desarrollo de la sociedad y se encuentra a un nivel más alto que el esclavo. Este se libera cuando de todas las relaciones de la propiedad privada no suprime más que una, la relación de esclavitud, gracias a lo cual sólo entonces se convierte en proletario; en cambio, el proletario sólo puede liberarse suprimiendo toda la propiedad privada en general.

    VIII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el siervo?

    El siervo posee en propiedad y usufructo un instrumento de producción y una porción de tierra, a cambio de lo cual entrega una parte de su producto o cumple ciertos trabajos. El proletario trabaja con instrumentos de producción pertenecientes a otra persona, por cuenta de ésta, a cambio de una parte del producto. El siervo da, al proletario le dan. El siervo tiene la existencia asegurada, el proletario no. El siervo está fuera de la competencia, el proletario se halla sujeto a ella. El siervo se libera ya refugiándose en la ciudad y haciéndose artesano, ya dando a su amo dinero en lugar de trabajo o productos, transformandose en libre arrendatario, ya expulsando a su señor feudal y haciéndose él mismo propietario. Dicho en breves palabras, se libera entrando de una manera u otra en la clase poseedora y en la esfera de la competencia. El proletario se libera suprimiendo la competencia, la propiedad privada y todas las diferencias de clase.

    IX. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el artesano? 1

    X. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el obrero de manufactura?

    El obrero de manufactura de los siglos XVI-XVIII poseía casi en todas partes instrumentos de producción: su telar, su rueca para la familia y un pequeño terreno que cultivaba en las horas libres. El proletario no tiene nada de eso. El obrero de manufactura vive casi siempre en el campo y se halla en relaciones más o menos patriarcales con su señor o su patrono. El proletario suele vivir en grandes ciudades y no lo unen a su patrono más que relaciones de dinero. La gran industria arranca al obrero de manufactura de sus condiciones patriarcales; éste pierde la propiedad que todavía poseía y sólo entonces se convierte en proletario.

    XI. ¿Cuáles fueron las consecuencias directas de la revolución industrial y de la división de la sociedad en burgueses y proletarios?

    En primer lugar, en virtud de que el trabajo de las máquinas reducía más y más los precios de los artículos industriales, en casi todos los países del mundo el viejo sistema de la manufactura o de la industria basada en el trabajo manual fue destruido enteramente. Todos los países semibárbaros que todavía quedaban más o menos al margen del desarrollo histórico y cuya industria se basaba todavía en la manufactura, fueron arrancados violentamente de su aislamiento. Comenzaron a comprar mercancías más baratas a los ingleses, dejando que se muriesen de hambre sus propios obreros de manufactura. Así, países que durante milenios no conocieron el menor progreso, como, por ejemplo, la India, pasaron por una completa revolución, e incluso la China marcha ahora de cara a la revolución. Las cosas han llegado a tal punto que una nueva máquina que se invente ahora en Inglaterra podrá, en el espacio de un año, condenar al hambre a millones de obreros de China. De este modo, la gran industria ha ligado los unos a los otros a todos los pueblos de la tierra, ha unido en un solo mercado mundial todos los pequeños mercados locales, ha preparado por doquier el terreno para la civilización y el progreso y ha hecho las cosas de tal manera que todo lo que se realiza en los países civilizados debe necesariamente repercutir en todos los demás, por tanto, si los obreros de Inglaterra o de Francia se liberan ahora, ello debe suscitar revoluciones en todos los demás países, revoluciones que tarde o temprano culminarán también allí en la liberación de los obreros.

    En segundo lugar, en todas las partes en que la gran industria ocupó el lugar de la manufactura, la burguesía aumentó extraordinariamente su riqueza y poder y se erigió en primera clase del país. En consecuencia, en todas las partes en las que se produjo ese proceso, la burguesía tomó en sus manos el poder político y desalojó las clases que dominaban antes: la aristocracia, los maestros de gremio y la monarquía absoluta, que representaba a la una y a los otros. La burguesía acabó con el poderío de la aristocracia y de la nobleza, suprimiendo el mayorazgo o la inalienabilidad de la posesión de tierras, como también todos los privilegios de la nobleza. Destruyó el poderío de los maestros de gremio, eliminando todos los gremios y los privilegios gremiales. En el lugar de unos y otros puso la libre competencia, es decir, un estado de la sociedad en la que cada cual tenía derecho a dedicarse a la rama de la industria que le gustase y nadie podía impedírselo a no ser la falta de capital necesario para tal actividad. Por consiguiente, la implantación de la libre competencia es la proclamación pública de que, de ahora en adelante, los miembros de la sociedad no son iguales entre sí únicamente en la medida en que no lo son sus capitales, que el capital se convierte en la fuerza decisiva y que los capitalistas, o sea, los burgueses, se erigen así en la primera clase de la sociedad. Ahora bien, la libre competencia es indispensable en el período inicial del desarrollo de la gran industria, porque es el único régimen social con el que la gran industria puede progresar. Tras de aniquilar de este modo el poderío social de la nobleza y de los maestros de gremio, puso fin también al poder político de la una y los otros. Llegada a ser la primera clase de la sociedad, la burguesía se proclamó también la primera clase en la esfera política. Lo hizo implantando el sistema representativo, basado en la igualdad burguesa ante la ley y en el reconocimiento legislativo de la libre competencia. Este sistema fue instaurado en los países europeos bajo la forma de la monarquía constitucional. En dicha monarquía sálo tienen derecho de voto los poseedores de cierto capital, es decir, únicamente los burgueses. Estos electores burgueses eligen a los diputados, y estos diputados burgueses, valiéndose del derecho a negar los impuestos, eligen un gobierno burgués.

    En tercer lugar, la revolución indistrial ha creado en todas partes el proletariado en la misma medida que la burguesía. Cuanto más ricos se hacían los burgueses, más numerosos eran los proletarios. Visto que sólo el capital puede dar ocupación a los proletarios y que el capital sólo aumenta cuando emplea trabajo, el crecimiento del proletariado se produce en exacta correspondencia con el del capital. Al propio tiempo, la revolución industrial agrupa a los burgueses y a los proletarios en grandes ciudades, en las que es más ventajoso fomentar la industria, y can esa concentración de grandes masas en un mismo lugar le inculca a los proletarios la conciencia de su fuerza. Luego, en la medida del progreso de la revolución industrial, en la medida en que se inventan nuevas máquinas, que eliminan el trabajo manual, la gran industria ejerce una presión creciente sobre los salarios y los reduce, como hemos dicho, al mínimo, haciendo la situación del proletariado cada vez más insoportable. Así, por una parte, como consecuencia del descontento creciente del proletariado y, por la otra, del crecimiento del poderío de éste, la revolución industrial prepara la revolución social que ha de realizar el proletariado.

    XII. ¿Cuáles han sido las consecuencias siguientes de la revolución industrial?

    La gran industria creó, con la máquina de vapor y otras máquinas, los medios de aumentar la producción industrial rápidamente, a bajo costo y hasta el infinito. Merced a esta facilidad de ampliar la producción, la libre competencia, consecuencia necesaria de esta gran industria, adquirió pronto un carácter extraordinariamente violento; un gran número de capitalistas se lanzó a la industria, en breve plazo se produjo más de lo que se podía consumir. Como consecuencia, no se podían vender las mercancías fabricadas y sobrevino la llamada crisis comercial; las fábricas tuvieron que parar, los fabricantes quebraron y los obreros se quedaron sin pan. Y en todas partes se extendió la mayor miseria. Al cabo de cierto tiempo se vendieron los productos sobrantes, las fábricas volvieron a funcionar, los salarios subieron y, poco a poco, los negocios marcharon mejor que nunca. Pero no por mucho tiempo, ya que pronto volvieron a producirse demasiadas mercancías y sobrevino una nueva crisis que transcurrió exactamente de la misma manera que la anterior. Así, desde comienzos del presente siglo, en la situación de la industria se han producido continuamente oscilaciones entre períodos de prosperidad y períodos de crisis, y casi regularmente, cada cinco o siete años se ha producido tal crisis, con la particularidad de que cada vez acarreaba las mayores calamidades para los obreros, una agitación revolucionaria general y un peligro colosal para todo el régimen existente.

    XIII. ¿Cuáles son las consecuencias de estas crisis comerciales que se repiten regularmente?

    En primer lugar, la de que la gran industria, que en el primer período de su desarrollo creó la libre competencia, la ha rebasado ya; que la competencia y, hablando en términos generales, la producción industrial en manos de unos u otros particulares se ha convertido para ella en una traba a la que debe y ha de romper; que la gran industria, mientras siga sobre la base actual, no puede existir sin conducir cada siete años a un caos general que supone cada vez un peligro para toda la civilización y no sólo sume en la miseria a los proletarios, sino que arruina a muchos burgueses; que, por consiguiente, la gran industria debe destruirse ella misma, lo que es absolutamente imposible, o reconocer que hace imprescindible una organización completamente nueva de la sociedad, en la que la producción industrial no será más dirigida por unos u otros fabricantes en competencia entre sí, sino por toda la sociedad con arreglo a un plan determinado y de conformidad con las necesidades de todos los miembros de la sociedad.

    En segundo lugar, que la gran industria y la posibilidad, condicionada por ésta, de ampliar hasta el infinito la producción permiten crear un régimen social en el que se producirán tantos medios de subsistencia que cada miembro de la sociedad estará en condiciones de desarrollar y emplear libremente todas sus fuerzas y facultades; de modo que, precisamente la peculiaridad de la gran industria que en la sociedad moderna engendra toda la miseria y todas las crisis comerciales será en la otra organización social justamente la que ha de acabar con esa miseria y esas fluctuaciones preñadas de tantas desgracias.

    Por tanto, está probado claramente:

    1) que en la actualidad todos estos males se deben únicamente al régimen social, el cual ya no responde más a las condiciones existentes;

    2) que ya existen los medios de supresión definitiva de estas calamidades por vía de la construcción de un nuevo orden social.

    XIV. ¿Cómo debe ser ese nuevo orden social?

    Ante todo, la administración de la industria y de todas las ramas de la producción en general dejará de pertenecer a unos u otros individuos en competencia. En lugar de esto, las ramas de la producción pasarán a manos de toda la sociedad, es decir, serán administradas en beneficio de toda la sociedad, con arreglo a un plan general y con la participación de todos los miembros de la sociedad. Por tanto, el nuevo orden social suprimirá la competencia y la sustituirá con la asociación. En vista de que la dirección de la industria, al hallarse en manos de particulares, implica necesariamente la existencia de la propiedad privada y por cuanto la competencia no es otra cosa que ese modo de dirigir la industria, en el que la gobiernan propietarios privados, la propiedad privada va unida inseparablemente a la dirección individual de la industria y a la competencia. Así, la propiedad privada debe también ser suprimida y ocuparán su lugar el usufructo colectivo de todos los instrumentos de producción y el reparto de los productos de común acuerdo, lo que se llama la comunidad de bienes.

    La supresión de la propiedad privada es incluso la expresión más breve y mas característica de esta transformación de todo el régimen social, que se ha hecho posible merced al progreso de la industria. Por eso los comunistas la planteen can razón como su principal reivindicación.

    XV. ¿Eso quiere decir que la supresión de la propiedad privada no era posible antes?

    No, no era posible. Toda transformación del orden social, todo cambio de las relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de la aparición de nuevas fuerzas productivas que han dejado de corresponder a las viejas relaciones de propiedad. Así ha surgido la misma propiedad privada. La propiedad privada no ha existido siempre; cuando a fines de la Edad Media surgió el nuevo modo de producción bajo la forma de la manufactura, que no encuadraba en el marco de la propiedad feudal y gremial, esta manufactura, que no correspondía ya a las viejas relaciones de propiedad, dio vida a una nueva forma de propiedad: la propiedad privada. En efecto, para la manufactura y para el primer período de desarrollo de la gran industria no era posible ninguna otra forma de propiedad además de la propiedad privada, no era posible ningún orden social además del basado en esta propiedad. Mientras no se pueda conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para todos, sino que se quede cierto excedente para aumentar el capital social y seguir fomentando las fuerzas productivas, deben existir necesariamente una clase dominante que disponga de las fuerzas productivas de la sociedad y una clase pobre y oprimida. La constitución y el carácter de estas clases dependen del grado de desarrollo de la producción. La sociedad de la Edad Media, que tiene por base el cultivo de la tierra, nos da el señor feudal y el siervo; las ciudades de las postrimerías de la Edad Media nos dan el maestro artesano, el oficial y el jornalero; en el siglo XVII, el propietario de manufactura y el obrero de ésta; en el siglo XIX, el gran fabricante y el proletario. Es claro que, hasta el presente, las fuerzas productivas no se han desarrollado aún al punto de proporcionar una cantidad de bienes suficiente para todos y para que la propiedad privada sea ya una traba, un obstáculo para su progreso. Pero hoy, cuando, merced al desarrollo de la gran industria, en primer lugar, se han constituido capitales y fuerzas productivas en proporciones sin precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito estas fuerzas productivas; cuando, en segundo lugar, estas fuerzas productivas se concentran en manos de un reducido número de burgueses, mientras la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más en proletarios, con la particularidad de que su situación se hace más precaria e insoportable en la medida en que aumenta la riqueza de los burgueses; cuando, en tercer lugar, estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta facilidad hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués, provocan continuamente las mayores conmociones del orden social, sólo ahora la supresión de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absolutamente necesaria.

    XVI. ¿Será posible suprimir por vía pacífica la propiedad privada?

    Sería de desear que fuese así, y los comunistas, como es lógico, serían los últimos en oponerse a ello. Los comunistas saben muy bien que todas las conspiraciones, además de inútiles, son incluso perjudiciales. Están perfectamente al corriente de que no se pueden hacer las revoluciones premeditada y arbitrariamente y que éstas han sido siempre y en todas partes una consecuencia necesaria de circunstancias que no dependían en absoluto de la voluntad y la dirección de unos u otros partidos o clases enteras. Pero, al propio tiempo, ven que se viene aplastando por la violencia el desarrollo del proletariado en casi todos los países civilizados y que, con ello, los enemigos mismos de los comunistas trabajan con todas sus energías para la revolución. Si todo ello termina, en fin de cuentas, empujando al proletariado subyugado a la revolución, nosotros, los comunistas, defenderemos con hechos, no menos que como ahora lo hacemos de palabra, la causa del proletariado.

    XVII. ¿Será posible suprimir de golpe la propiedad privada?

    No, no será posible, del mismo modo que no se puede aumentar de golpe las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del proletariado, que se avecina según todos los indicios, sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada únicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producción.

    XVIII. ¿Qué vía de desarrollo tomará esa revolución?

    Establecerá, ante todo, un régimen democrático y, por tanto, directa o indirectamente, la dominación política del proletariado. Directamente en Inglaterra, donde los proletarios constituyen ya la mayoría del pueblo. Indirectamente en Francia y en Alemania, donde la mayoría del pueblo no consta únicamente de proletarios, sino, además, de pequeños campesinos y pequeños burgueses de la ciudad, que se encuentran sólo en la fase de transformación en proletariado y que, en lo tocante a la satisfacción de sus intereses políticos, dependen cada vez más del proletariado, por cuya razón han de adherirse pronto a las reivindicaciones de éste. Para ello, quizá, se necesite una nueva lucha que, sin embargo, no puede tener otro desenlace que la victoria del proletariado.

    La democracia sería absolutamente inútil para el proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que atentasen directamente contra la propiedad privada y asegurasen la existencia del proletariado. Las medidas más importantes, que dimanan necesariamente de las condiciones actuales, son:

    1) Restricción de la propiedad privada mediante el impuesto progresivo, el alto impuesto sobre las herencias, la abolición del derecho de herencia en las líneas laterales (hermanos, sobrinos, etc.), préstamos forzosos, etc.

    2) Expropiación gradual de los propietarios agrarios, fabricantes, propietarios de ferrocarriles y buques, parcialmente con ayuda de la competencia por parte de la industria estatal y, parcialmente de modo directo, con indemnización en asignados.

    3) Confiscación de los bienes de todos los emigrados y de los rebeldes contra la mayoría del pueblo.

    4) Organización del trabajo y ocupación de los proletarios en fincas, fábricas y talleres nacionales, con lo cual se eliminará la competencia entre los obreros, y los fabricantes que queden, tendrán que pagar salarios tan altos como el Estado.

    5) Igual deber obligatorio de trabajo para todos los miembros de la sociedad hasta la supresión completa de la propiedad privada. Formación de ejércitos industriales, sobre todo para la agricultura.

    6) Centralización de los créditos y la banca en las manos del Estado a través del Banco Nacional, con capital del Estado. Cierre de todos los bancos privados.

    7) Aumento del número de fábricas, talleres, ferrocarriles y buques nacionales, cultivo de todas las tierras que están sin labrar y mejoramiento del cultivo de las demás tierras en consonancia con el aumento de los capitales y del número de obreros de que dispone la nación.

    8) Educación de todos los niños en establecimientos estatales y a cargo del Estado, desde el momento en que puedan prescindir del cuidado de la madre. Conjugar la educación con el trabajo fabril.

    9) Construcción de grandes palacios en las fincas del Estado para que sirvan de vivienda a las comunas de ciudadanos que trabajen en la industria y la agricultura y unan las ventajas de la vida en la ciudad y en el campo, evitando así el carácter unilateral y los defectos de la una y la otra.

    10) Destrucción de todas las casas y barrios insalubres y mal construidos.

    11) Igualdad de derecho de herencia para los hijos legítimos y los naturales.

    12) Concentración de todos los medios de transporte en manos de la nación.

    Por supuesto, todas estas medidas no podrán ser llevadas a la práctica de golpe. Pero cada una entraña necesariamente la siguiente. Una vez emprendido el primer ataque radical contra la propiedad privada, el proletariado se verá obligado a seguir siempre adelante y a concentrar más y más en las manos del Estado todo el capital, toda la agricultura, toda la industria, todo el transporte y todo el cambio. Este es el objetivo a que conducen las medidas mencionadas. Ellas serán aplicables y surtirán su efecto centralizador exactamente en el mismo grado en que el trabajo del proletariado multiplique las fuerzas productivas del país. Finalmente, cuando todo el capital, toda la producción y todo el cambio estén concentrados en las manos de la nación, la propiedad privada dejará de existir de por sí, el dinero se hará superfluo, la producción aumentará y los hombres cambiarán tanto que se podrán suprimir también las últimas formas de relaciones de la vieja sociedad.

    XIX. ¿Es posible esta revolución en un solo país?

    No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal.

    XX. ¿Cuáles serán las consecuencias de la supresión definitiva de la propiedad privada?

    Al quitar a los capitalistas privados el usufructo de todas las fuerzas productivas y medios de comunicación, así como el cambio y el reparto de los productos, al administrar todo eso con arreglo a un plan basado en los recursos disponibles y las necesidades de toda la sociedad, ésta suprimirá, primeramente, todas las consecuencias nefastas ligadas al actual sistema de dirección de la gran industria. Las crisis desaparecerán; la producción ampliada, que es, en la sociedad actual, una superproducción y una causa tan poderosa de la miseria, será entonces muy insuficiente y deberá adquirir proporciones mucho mayores. En lugar de engendrar la miseria, la producción superior a las necesidades perentorias de la sociedad permitirá satisfacer las demandas de todos los miembros de ésta, engendrará nuevas demandas y creará, a la vez, los medios de satisfacerlas. Será la condición y la causa de un mayor progreso y lo llevará a cabo, sin suscitar, como antes, el trastorno periódico de todo el orden social. La gran industria, liberada de las trabas de la propiedad privada, se desarrollará en tales proporciones que, comparado con ellas, su estado actual parecerá tan mezquino como la manufactura al lado de la gran industria moderna. Este avance de la industria brindara a la sociedad suficiente cantidad de productos para satisfacer las necesidades de todos. Del mismo modo, la agricultura, en la que, debido al yugo de la propiedad privada y al fraccionamiento de las parcelas, resulta difícil el empleo de los perfeccionamientos ya existentes y de los adelantos de la ciencia experimentará un nuevo auge y ofrecerá a disposición de la sociedad una cantidad suficiente de productos. Así, la sociedad producirá lo bastante para organizar la distribución con vistas a cubrir las necesidades de todos sus miembros. Con ello quedará superflua la división de la sociedad en clases distintas y antagónicas. Dicha división, además de superflua, será incluso incompatible con el nuevo régimen social. La existencia de clases se debe a la división del trabajo, y esta última, bajo su forma actual desaparecerá enteramente, ya que, para elevar la producción industrial y agrícola al mencionado nivel no bastan sólo los medios auxiliares mecánicos y químicos. Es preciso desarrollar correlativamente las aptitudes de los hombres que emplean estos medios. Al igual que en el siglo pasado, cuando los campesinos y los obreros de las manufacturas, tras de ser incorporados a la gran industria, modificaron todo su régimen de vida y se volvieron completamente otros, la dirección colectiva de la producción por toda la sociedad y el nuevo progreso de dicha producción que resultara de ello necesitarán hombres nuevos y los formarán. La gestión colectiva de la producción no puede correr a cargo de los hombres tales como lo son hoy, hombres que dependen cada cual de una rama determinada de la producción, están aferrados a ella, son explotados por ella, desarrollan nada más que un aspecto de sus aptitudes a cuenta de todos los otros y sólo conocen una rama o parte de alguna rama de toda la producción. La industria de nuestros días está ya cada vez menos en condiciones de emplear tales hombres. La industria que funciona de modo planificado merced al esfuerzo común de toda la sociedad presupone con más motivo hombres con aptitudes desarrolladas universalmente, hombres capaces de orientarse en todo el sistema de la producción. Por consiguiente, desaparecerá del todo la división del trabajo, minada ya en la actualidad por la máquina, la división que hace que uno sea campesino, otro, zapatero, un tercero, obrero fabril, y un cuarto, especulador de la bolsa. La educación dará a los jóvenes la posibilidad de asimilar rápidamente en la práctica todo el sistema de producción y les permitirá pasar sucesivamente de una rama de la producción a otra, según sean las necesidades de la sociedad o sus propias inclinaciones. Por consiguiente, la educación los liberará de ese carácter unilateral que la división actual del trabajo impone a cada individuo. Así, la sociedad organizada sobre bases comunistas dará a sus miembros la posibilidad de emplear en todos los aspectos sus facultades desarrolladas universalmente. Pero, con ello desaparecerán inevitablemente las diversas clases. Por tanto, de una parte, la sociedad organizada sobre bases comunistas es incompatible con la existencia de clases y, de la otra, la propia construcción de esa sociedad brinda los medios para suprimir las diferencias de clase.

    De ahí se desprende que ha de desaparecer igualmente la oposición entre la ciudad y el campo. Unos mismos hombres se dedicarán al trabajo agrícola y al industrial, en lugar de dejar que lo hagan dos clases diferentes. Esto es una condición necesaria de la asociación comunista y por razones muy materiales. La dispersión de la población rural dedicada a la agricultura, a la par con la concentración de la población industrial en las grandes ciudades, corresponde sólo a una etapa todavía inferior de desarrollo de la agricultura y la industria y es un obstáculo para el progreso, cosa que se hace ya sentir con mucha fuerza.

    La asociación general de todos los miembros de la sociedad al objeto de utilizar colectiva y racionalmente las fuerzas productivas; el fomento de la producción en proporciones suficientes para cubrir las necesidades de todos; la liquidación del estado de cosas en el que las necesidades de unos se satisfacen a costa de otros; la supresión completa de las clases y del antagonismo entre ellas; el desarrollo universal de las facultades de todos los miembros de la sociedad merced a la eliminación de la anterior división del trabajo, mediante la educación industrial, merced al cambio de actividad, a la participación de todos en el usufructo de los bienes creados por todos y, finalmente, mediante la fusión de la ciudad con el campo serán los principales resultados de la supresión de la propiedad privada.

    XXI. ¿Qué influencia ejercerá el régimen social comunista en la familia?

    Las relaciones entre los sexos tendrán un carácter puramente privado, perteneciente sólo a las personas que toman parte en ellas, sin el menor motivo para la ingerencia de la sociedad. Eso es posible merced a la supresión de la propiedad privada y a la educación de los niños por la sociedad, con lo cual se destruyen las dos bases del matrimonio actual ligadas a la propiedad privada: la dependencia de la mujer respecto del hombre y la dependencia de los hijos respecto de los padres. En ello reside, precisamente, la respuesta a los alaridos altamente moralistas de los burguesotes con motivo de la comunidad de las mujeres, que, según éstos, quieren implantar los comunistas. La comunidad de las mujeres es un fenómeno que pertenece enteramente a la sociedad burguesa y existe hoy plenamente bajo la forma de prostitución. Pero, la prostitución descansa en la propiedad privada y desaparecerá junto con ella. Por consiguiente, la organización comunista, en lugar de implantar la comunidad de las mujeres, la suprimirá.

    XXII. ¿Cuál será la actitud de la organización comunista hacia las nacionalidades existentes?

    - Queda 2.

    XXIII. ¿Cuál será su actitud hacia las religiones existentes?

    - Queda.

    XXIV. ¿Cuál es la diferencia entre los comunistas y los socialistas?

    Los llamados socialistas se dividen en tres categorías.

    La primera consta de partidarios de la sociedad feudal y patriarcal, que ha sido destruida y sigue siéndolo a diario por la gran industria, el comercio mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta categoría saca de los males de la sociedad moderna la conclusión de que hay que restablecer la sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos males. Todas sus propuestas persiguen, directa o indirectamente, este objetivo. Los comunistas lucharán siempre enérgicamente contra esa categoría de socialistas reaccionarios, pese a su fingida compasión de la miseria del proletariado y las amargas lágrimas que vierten con tal motivo, puesto que estos socialistas:

    1) se proponen un objetivo absolutamente imposible;

    2) se esfuerzan por restablecer la dominación de la aristocracia, los maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas, una sociedad que, cierto, estaría libre de los vicios de la sociedad actual, pero, en cambio, acarrearía, cuando menos, otros tantos males y, además, no ofrecería la menor perspectiva de liberación, con ayuda de la organización comunista, de los obreros oprimidos;

    3) muestran sus verdaderos sentimientos cada vez que el proletariado se hace revolucionario y comunista: se alían inmediatamente a la burguesía contra los proletarios.

    La segunda categoría consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir.

    Finalmente, la tercera categoría consta de socialistas democráticos. Al seguir el mismo camino que los comunistas, se proponen llevar a cabo una parte de las medidas señaladas en la pregunta... 3, pero no como medidas de transición al comunismo, sino como un medio suficiente para acabar con la miseria y los males de la sociedad actual. Estos socialistas democráticos son proletarios que no ven todavía con bastante claridad las condiciones de su liberación, o representantes de la pequeña burguesía, es decir, de la clase que, hasta la conquista de la democracia y la aplicación de las medidas socialistas dimanantes de ésta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses que los proletarios. Por eso, los comunistas se entenderán con esos socialistas democráticos en los momentos de acción y deben, en general, atenerse en esas ocasiones y en lo posible a una política común con ellos, siempre que estos socialistas no se pongan al servicio de la burguesía dominante y no ataquen a los comunistas. Por supuesto, estas acciones comunes no excluyen la discusión de las divergencias que existen entre ellos y los comunistas.

    XXV. ¿Cuál es la actitud de los comunistas hacia los demás partidos políticos de nuestra época?

    Esta actitud es distinta en los diferentes países. En Inglaterra, Francia y Bélgica, en las que domina la burguesía, los comunistas todavía tienen intereses comunes con diversos partidos democráticos, con la particularidad de que esta comunidad de intereses es tanto mayor cuanto más los demócratas se acercan a los objetivos de los comunistas en las medidas socialistas que los demócratas defienden ahora en todas partes, es decir, cuanto más clara y explícitamente defienden los intereses del proletariado y cuanto más se apoyan en el proletariado. En Inglaterra, por ejemplo, los cartistas 4, que constan de obreros, se aproximan inconmensurablemente más a los comunistas que los pequeñoburgueses democráticos o los llamados radicales.

    En Norteamérica, donde ha sido proclamada la Constitución democrática, los comunistas deberán apoyar al partido que quiere encaminar esta Constitución contra la burguesía y utilizarla en beneficio del proletariado, es decir, al partido de la reforma agraria nacional.

    En Suiza, los radicales, aunque constituyen todavía un partido de composición muy heterogénea, son, no obstante, los únicos con los que los comunistas pueden concertar acuerdos, y entre estos radicales los más progresistas son los de Vand y los de Ginebra.

    Finalmente, en Alemania está todavía por delante la lucha decisiva entre la burguesía y la monarquía absoluta. Pero, como los comunistas no pueden contar con una lucha decisiva con la burguesía antes de que ésta llegue al poder, les conviene a los comunistas ayudarle a que conquiste lo más pronto posible la dominación, a fin de derrocarla, a su vez, lo más pronto posible. Por tanto, en la lucha de la burguesía liberal contra los gobiernos, los comunistas deben estar siempre del lado de la primera, precaviéndose, no obstante, contra el autoengaño en que incurre la burguesía y sin fiarse en las aseveraciones seductoras de ésta acerca de las benéficas consecuencias que, según ella, traerá al proletariado la victoria de la burguesía. Las únicas ventajas que la victoria de la burguesía brindará a los comunistas serán: 1) diversas concesiones que aliviarán a los comunistas la defensa, la discusión y la propagación de sus principios y, por tanto, aliviarán la cohesión del proletariado en una clase organizada, estrechamente unida y dispuesta a la lucha, y 2) la seguridad de que el día en que caigan los gobiernos absolutistas, llegará la hora de la lucha entre los burgueses y los proletarios. A partir de ese día, la política del partido de los comunistas será aquí la misma que en los países donde domina ya la burguesía.

    Escrito en alemán por F. Engels a fines de octubre y en noviembre de 1847. Se publica de acuerdo con el manuscrito. Publicado por vez primera como edición aparte en 1914.

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    NOTAS
    [1] Aquí Engels deja en blanco el manuscrito para redactar luego la respuesta a la pregunta IX.
    [2] En el manuscrito, en lugar de respuesta a la pregunta 22, así como a la siguiente, la 23, figura la palabra «queda». Por lo visto, estima que la respuesta debía quedar en la forma que estaba expuesta en uno de los proyectos previos, que no nos han llegado, del programa de la Liga de los Comunistas.
    [3] En el manuscrito está en blanco ese lugar; trátase de la pregunta XVIII.
    [4] Se les llamó Chartists o cartistas los participantes en el movimiento obrero de Gran Bretaña entre los años 1830s y 1850s que se libró con la reivindicación de la aprobación de una "Carta del Pueblo" que garantize, entre otras cosas, el sufragio universal.

    PRINCIPIOS DEL COMUNISMO | 26-09-2008 - 12:00:13 GMT 1 #

  5. SOBRE EL ESTADO, por V. I. Lenin :
    Camaradas, el tema de la charla de hoy, de acuerdo con el plan trazado por ustedes que me ha sido
    comunicado, es el Estado. Ignoro hasta qué punto están ustedes al tanto de este tema. Si no me
    equivoco, sus cursos acaban de iniciarse, y por primera vez abordarán sistemáticamente este tema.
    De ser así, puede muy bien ocurrir que en la primera conferencia sobre este tema tan difícil yo no
    consiga que mi exposición sea suficientemente clara y comprensible para muchos de mis oyentes.
    En tal caso, les ruego que no se preocupen, porque el problema del Estado es uno de los más
    complicados y difíciles, tal vez aquel en el que más confusión sembraron los eruditos, escritores y
    filósofos burgueses. No cabe esperar, por lo tanto, que se pueda llegar a una comprensión profunda
    del tema con una breve charla, en una sola sesión. Después de la primera charla sobre este tema,
    deberán tomar nota de los pasajes que no hayan entendido o que no les resulten claros, para volver
    sobre ellos dos, tres y cuatro veces, a fin de que más tarde se pueda completar y aclarar lo que no
    hayan entendido, tanto mediante la lectura como mediante diversas charlas y conferencias. Espero
    que podremos volver a reunirnos y que podremos entonces intercambiar opiniones sobre todos los
    puntos complementarios y ver qué es lo que ha quedado más oscuro. Espero tambien, que ademas
    de las charlas y conferencias dedicarán algún tiempo a leer, por lo menos, algunas de las obras más
    importantes de Marx y Engels. No cabe duda de que estas obras, las más importantes, han de
    encontrarse en la lista de libros recomendados y en los manuales que están disponibles en la
    biblioteca de ustedes para los estudiantes, de la escuela del Soviet y del partido; y aunque, una vez
    más, algunos de ustedes se sientan al principio, desanimados por la dificultad de la exposición,
    vuelvo a advertirles que no deben preocuparse por ello; lo que no resulta claro a la primera lectura,
    será claro a la segunda lectura, o cuando posteriormente enfoquen el problema desde otro ángulo
    algo diferente. Porque, lo repito una vez más, el problema es tan complejo y ha sido tan embrollado
    por los eruditos y escritores burgueses, que quien desee estudiarlo seriamente y llegar a dominarlo
    por cuenta propia, debe abordarlo varias veces, volver sobre él una y otra vez y considerarlo desde
    varios angulos, para poder llegar a una comprensión clara y definida de él. Porque es un problema
    tan fundamental, tan básico en toda política y porque, no sólo en tiempos tan turbulentos y
    revolucionarios como los que vivimos, sino incluso en los más pacíficos, se encontrarán con él
    todos los días en cualquier periódico, a propósito de cualquier asunto económico o político, será
    tanto más fácil volver sobre él. Todos los días, por uno u otro motivo, volverán ustedes a la
    pregunta: ¿que es el Estado, cuál es su naturaleza, cuál es su significación y cuál es la actitud de
    nuestro partido, el partido que lucha por el derrocamiento del capitalismo, el partido comunista,
    cuál es su actitud hacia el Estado? Y lo más importante es que, como resultado de las lecturas que
    realicen, como resultado de las charlas y conferencias que escuchen sobre el Estado, adquirirán la
    capacidad de enfocar este problema por sí mismos, ya que se enfrentarán con él en los más diversos
    motivos, en relación con las cuestiones más triviales, en los contextos más inesperados, y en
    discusiones y debates con adversarios. Y sólo cuando aprendan a orientarse por sí mismos en este
    problema sólo entonces podrán considerarse lo bastante firmes en sus convicciones y capaces para
    defenderlas con éxito contra cualquiera y en cualquier momento.
    Luego de estas breves consideraciones, pasaré a tratar el problema en sí: qué es el Estado, cómo
    surgió y fundamentalmente, cuál debe ser la actitud hacia el Estado del partido de la clase obrera,
    que lucha por el total derrocamiento del capitalismo, el partido de los comunistas.
    Ya he dicho que difícilmente se encontrará otro problema en que deliberada e inconcientemente,
    hayan sembrado tanta confusion los representantes de la ciencia, la filosofía, la jurisprudencia, la
    economiá política y el periodismo burgueses como en el problema del Estado. Todavía hoy es
    confundido muy a menudo con problemas religiosos; no sólo por los representantes de doctrinas
    religiosas (es completamente natural esperarlo de ellos), sino incluso personas que se consideran
    libres de prejuicios religiosos confunden muy a menudo la cuestión especifica del Estado con
    problemas religiosos y tratan de elaborar una doctrina -- con frecuencia muy compleja, con un
    enfoque y una argumentación ideológicos y filosóficos -- que pretende que el Estado es algo divino,
    algo sobrenatural, cierta fuerza, en virtud de la cual ha vivido la humanidad, que confiere, o puede
    conferir a los hombres, o que contiene en sí algo que no es propio del hombre, sino que le es dado
    de fuera: una fuerza de origen divino. Y hay que decir que esta doctrina está tan estrechamente
    vinculada a los intereses de las clases explotadoras -- de los terratenientes y los capitalistas --, sirve
    tan bien sus intereses, impregnó tan profundamente todas las costumbres, las concepciones, la
    ciencia de los señores representantes de la burguesía, que se encontrarán ustedes con vestigios de
    ella a cada paso, incluso en la concepción del Estado que tienen los mencheviques y eseristas,
    quienes rechazan indignados la idea de que se hallan bajo el influjo de prejuicios religiosos y están
    convencidos de que pueden considerar el Estado con serenidad. Este problema ha sido tan
    embrollado y complicado porque afecta más que cualquier otro (cediendo lugar a este respecto solo
    a los fundamentos de la ciencia económica) los intereses de las clases dominantes. La teoría del
    Estado sirve para justificar los privilegios sociales, la existencia de la explotación, la existencia del
    capitalismo, razón por la cual sería el mayor de los errores esperar imparcialidad en este problema,
    abordarlo en la creencia de que quienes pretenden ser cientificos puedan brindarles a ustedes una
    concepción puramente cientifica del asunto. Cuando se hayan familiarizado con el problema del
    Estado, con la doctrina del Estado y con la teoría del Estado, y lo hayan profundizado
    suficientemente, descubrirán siempre la lucha entre clases diferentes, una lucha que se refleja o se
    expresa en un conflicto entre concepciones sobre el Estado, en la apreciación del papel y de la
    significación del Estado.
    Para abordar este problema del modo más cientifico, hay que echar, por lo menos, una rápida
    mirada a la historia del Estado, a su surgimiento y evolución. Lo más seguro, cuando se trata de un
    problema de ciencia social, y lo más necesario para adquirir realmente el hábito de enfocar este
    problema en forma correcta, sin perdernos en un cumulo de detalles o en la inmensa variedad de
    opiniones contradictorias; lo más importante para abordar el problema cientificamente, es no
    olvidar el nexo histórico fundamental, analizar cada problema desde el punto de vista de cómo
    surgió en la historia el fenómeno dado y cuáles fueron las principales etapas de su desarrollo y,
    desde el punto de vista de su desarrollo, examinar en qué se ha convertido hoy.
    Espero que al estudiar este problema del Estado se familia rizarán con la obra de Engels El origen
    de la familia, la propiedad privada y el Estado. Se trata de una de las obras fundamentales del
    socialismo moderno, cada una de cuyas frases puede aceptarse con plena confianza, en la seguridad
    de que no ha sido escrita al azar, sino que se basa en una abundante documentación histórica y
    política. Sin duda, no todas las partes de esta obra están expuestas en forma igualmente accesible y
    comprensible; algunas de ellas suponen un lector que ya posea ciertos conocimientos de historia y
    de economía. Pero vuelvo a repetirles que no deben preocuparse si al leer esta obra no la entienden
    inmediatamente. Esto le sucede a casi todo el mundo. Pero releyéndola más tarde, cuando estén
    interesados en el problema, lograrán entenderla en su mayor parte, si no en su totalidad. Cito este
    libro de Engels porque en el se hace un enfoque correcto del problema en el sentido mencionado.
    Comienza con un esbozo histórico de los orígenes del Estado.
    Para tratar debidamente este problema, lo mismo que cualquier otro -- por ejemplo el de los
    orígenes del capitalismo, la explotación del hombre por el hombre, el del socialismo, cómo surgió el
    socialismo, qué condiciones lo engendraron --, cualquiera de estos problemas sólo puede ser
    enfocado con seguridad y confianza si se echa una mirada a la historia de su desarrollo en conjunto.
    En relación con este problema hay que tener presente, ante todo, que no siempre existió el Estado.
    Hubo un tiempo en que no había Estado. Este aparece en el lugar y momento en que surge la
    división de la sociedad en clases, cuando aparecen los explotadores y los explotados.
    Antes de que surgiera la primera forma de explotación del hombre por el hombre, la primera forma
    de la división en clases -- propietarios de esdavos y esclavos --, existiá la familia patriarcal o, como
    a veces se la llama, la familia del clan (clan: gens; en ese entonces vivían juntas las personas de un
    mismo linaje u origen). En la vida de muchos pueblos primitivos subsisten huellas muy definidas de
    aquellos tiempos primitivos, y si se toma cualquier obra sobre la cultura primitiva, se tropezará con
    descripciones, indicaciones y reminiscencias más o menos precisas del hecho de que hubo una
    época más o menos similar a un comunismo primitivo, en la que aún no existiá la división de la
    sociedad en esclavistas y esclavos. En esa época no existiá el Estado, no había ningón aparato
    especial para el empleo sistemático de la fuerza y el sometimiento del pueblo por la fuerza. Ese
    aparato es lo que se llama Estado.
    En la sociedad primitiva, cuando la gente vivía en pequeños grupos familiares y aún se hallaba en
    las etapas más bajas del desarrollo, en condiciones cercanas al salvajismo -- época separada por
    varios miles de años de la moderna sociedad humana civilizada --, no se observan aún indicios de la
    existencia del Estado. Nos encontramos con el predominio de la costumbre, la autoridad, el respeto,
    el poder de que gozaban los ancianos del clan; nos encontramos con que a veces este poder era
    reconocido a las mujeres -- la posición de las mujeres, entonces, no se parecía a la de opresión y
    falta de dere chos de las mujeres de hoy --, pero en ninguna parte encontramos una categoría
    especial de individuos diferenciados que gobiernen a los otros y que, en aras y con el fin de
    gobernar, dispongan sistemática y permanentemente de cierto aparato de coerción, de un aparato de
    violencia, tal como el que representan actualmente, como todos saben, los grupos especiales de
    hombres armados, las cárceles y demás medios para someter por la fuerza la voluntad de otros, todo
    lo que constituye la esencia del Estado.

    Si dejamos de lado las llamadas doctrinas religiosas, las sutilezas, los argumentos filosóficos y las
    diversas opiniones erigidas por los eruditos burgueses, y procuramos llegar a la verdadera esencia
    del asunto, veremos que el Estado es en realidad un aparato de gobierno, separado de la sociedad
    humana. Cuando aparece un grupo especial de hombres de esta clase, dedicados exclusivamente a
    gobernar y que para gobernar necesitan de un aparato especial de coerción para someter la voluntad
    de otros por la fuerza -- cárceles, grupos especiales de hombres, ejércitos, etc. --, es cuando aparece
    el Estado.
    Pero hubo un tiempo en que no existiá el Estado, en que los vínculos generales, la sociedad misma,
    la disciplina y organización del trabajo se mantenian por la fuerza de la costumbre y la tradición,
    por la autoridad y el respeto de que gozaban los ancianos del clan o las mujeres -- quienes en
    aquellos tiempos, no sólo gozaban de una posición social igual a la de los hombres, sino que, no
    pocas veces, gozaban incluso de una posición social superior --, y en que no había una categoría
    especial de personas que se especializaban en gobernar. La historia demuestra que el Estado, como
    aparato especial para la coerción de los hombres, surge solamente donde y cuando aparece la
    división de la sociedad en clases, o sea, la división en grupos de personas, algunas de las cuales se
    apropian permanentemente del trabajo ajeno, donde unos explotan a otros.
    Y esta división de la sociedad en clases, a través de la historia, es lo que debemos tener siempre
    presente con toda claridad, como un hecho fundamental. El desarrollo de todas las sociedades
    humanas a lo largo de miles de años, en todos los países sin excepción, nos revela una sujeción
    general a leyes, una regularidad y consecuencia; de modo que tenemos, primero, una sociedad sin
    clases, la sociedad originaria, patriarcal, primitiva, en la que no existían aristócratas; luego una
    sociedad basada en la esclavitud, una sociedad esclavista. Toda la Europa moderna y civilizada pasó
    por esa etapa: la esclavitud reinó soberana hace dos mil años. Por esa etapa pasó también la gran
    mayoría de los pueblos de otros lugares del mundo. Todavía hoy se conservan rastros de la
    esclavitud entre los pueblos menos desarrollados; en Africa, por ejemplo, persiste todavía en la
    actualidad la institucion de la esclavitud. La división en propietarios de esclavos y esclavos fue la
    primera división de clases importante. El primer grupo no sólo poseía todos los medios de
    producción -- la tierra y las herramientas, por muy primitivas que fueran en aquellos tiempos --,
    sino que poseía también los hombres. Este grupo era conocido como el de los propietarios de
    esclavos, mientras que los que trabajaban y suministraban trabajo a otros eran conocidos como
    esclavos.
    Esta forma fue seguida en la historia por otra: el feudalismo. En la gran mayoría de los países, la
    esclavitud, en el curso de su desarrollo, evolucionó hacia la servidumbre. La división fundamental
    de la sociedad era: los terratenientes propietarios de siervos, y los campesinos siervos. Cambió la
    forma de las relaciones entre los hombres. Los poseedores de esclavos con sideraban a los esclavos
    como su propiedad; la ley confirmaba este concepto y consideraba al esclavo como un objeto que
    pertenecía íntegramente al propietario de esclavos. Por lo que se refiere al campesino siervo,
    subsistía la opresión de clase y la dependencia, pero no se consideraba que los campesinos fueran
    un objeto de propiedad del terrateniente propietario de siervos; éste sólo teniía derecho a apropiarse
    de su trabajo, a obligarlos a ejecutar ciertos servicios. En la practica, como todos ustedes saben, la
    servidumbre, sobre todo en Rusia, donde subsistío durante más tiempo y revistío las formas más
    brutales, no se diferenciaba en nada de la esclavitud.
    Más tarde, con el desarrollo del comercio, la aparición del mercado mundial y el desarrollo de la
    circulación monetaria, dentro de la sociedad feudal surgió una nueva clase, la clase capitalista. De la
    mercancía, el intercambio de mercancías y la aparición del poder del dinero, surgió el poder del
    capital. Durante el siglo XVIII, o mejor dicho desde fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX,
    estallaron revoluciones en todo el mundo. El feudalismo fue abolido en todos los países de Europa
    Occidental. Rusia fue el último país donde ocurrió esto. En 1861 se produjo también en Rusia un
    cambio radical; como consecuencia de ello, una forma de sociedad fue remplazada por otra: el
    feudalismo fue remplazado por el capitalismo, bajo el cual siguió existiendo la división en clases,
    así como diversas huellas y supervivencias del régimen de ser vidumbre, pero fundamentalmente la
    división en clases asumió una forma diferente.
    Los dueños del capital, los dueños de la tierra y los dueños de las fábricas constituían y siguen
    constituyendo, en todos los países capitalistas, una insignificante minoria de la población, que
    gobierna totalmente el trabajo de todo el pueblo, y, por consiguiente, gobierna, oprime y explota a
    toda la masa de trabajadores, la mayoría de los cuales son proletarios, trabajadores asalariados, que
    se ganan la vida en el proceso de producción, sólo vendiendo su mano de obra, su fuerza de trabajo.
    Con el paso al capitalismo, los campesinos, que habían sido divididos y oprimidos bajo el
    feudalismo, se convirtieron, en parte (la mayoría) en proletarios, y en parte (la minoría) en
    campesinos ricos, quienes a su vez contrataron trabajadores y constituyeron la burguesia rural.
    Este hecho fundamental -- el paso de la sociedad, de las formas primitivas de esclavitud al
    feudalismo, y por último al capitalismo -- es el que deben ustedes tener siempre presente, ya que
    sólo recordando este hecho fundamental, encuadrando todas las doctrinas políticas en este marco
    fundamental, estarán en condiciones de valorar debidamente esas doctrinas y comprender qué se
    proponen. Pues cada uno de estos grandes periodos de la historia de la humanidad -- el esclavista, el
    feudal y el capitalista -- abarca decenas y centenares de siglos, y presenta una cantidad tal de formas
    políticas, una variedad tal de doctrinas políticas, opiniones y revoluciones, que sólo podremos llegar
    a comprender esta enorme diversidad y esta inmensa variedad -- especialmente en relación con las
    doctrinas políticas, filosóficas y otras de los eruditos y políticos burgueses --, si sabemos aferrarnos
    firmemente, como a un hilo orientador fundamental, a esta división de la sociedad en clases, a esos
    cambios de las formas de la dominación de clases, y si analizamos, desde este punto de vista, todos
    los problemas sociales -- económicos, políticos, espirituales, religiosos, etc.
    Si ustedes consideran el Estado desde el punto de vista de esta división fundamental, verán que
    antes de la división de la sociedad en clases, como ya lo he dicho, no existía ningún Estado. Pero
    cuando surge y se afianza la división de la sociedad en clases, cuando surge la sociedad de clases,
    también surge y se afianza el Estado. La historia de la humanidad conoce decenas y cientos de
    paises que han pasado o están pasando en la actualidad por la esclavitud, el feudalismo y el
    capitalismo. En cada uno de ellos, pese a los enormes cambios históricos que han tenido lugar, pese
    a todas las vicisitudes políticas y a todas las revoluciones relacionadas con este desarrollo de la
    humanidad y con la transición de la esclavitud al capitalismo, pasando por el feudalismo, y hasta
    llegar a la actual lucha mundial contra el capitalismo, ustedes percibirán siempre el surgimiento del
    Estado. Este ha sido siempre determinado aparato al margen de la sociedad y consistente en un
    grupo de personas dedicadas exclusiva o casi exclusivamente o principalmente a gobernar. Los
    hombres se dividen en gobernados y en especialistas en gobernar, que se colocan por encima de la
    sociedad y son llamados gobernantes, representantes del Estado. Este aparato, este grupo de
    personas que gobiernan a otros, se apodera siempre de ciertos medios de coerción, de violencia
    física, ya sea que esta violencia sobre los hombres se exprese en la maza primitiva o en tipos más
    perfeccionados de armas, en la época de la esclavitud, o en las armas de fuego inventadas en la
    Edad Media o, por último, en las armas modernas, que en el siglo XX son verdaderas maravillas de
    la técnica y se basan íntegramente en los últimos lo gros de la tecnología moderna. Los métodos de
    violencia cambiaron, pero dondequiera existió un Estado, existió en cada sociedad, un grupo de
    personas que gobernaban, mandaban, dominaban, y que, para conservar su poder, disponían de un
    aparato de coerción física, de un aparato de violencia, con las armas que correspondían al nivel
    técnico de la época dada. Y sólo examinando estos fenómenos generales, preguntándonos por qué
    no existió ningún Estado cuando no había clases, cuando no había explotadores y explotados, y por
    que apareció cuando aparecieron las clases; sólo así encontraremos una respuesta definida a la
    pregunta de cuál es la esencia y la significación del Estado.
    El Estado es una máquina para mantener la dominación de una clase sobre otra. Cuando no existían
    clases en la sociedad, cuando, antes de la época de la esclavitud, los hombres trabajaban en
    condiciones primitivas de mayor igualdad, en condiciones en que la productividad del trabajo era
    todavía muy baja y cuando el hombre primitivo apenas podía conseguir con dificultad los medios
    indispensables para la existencia más tosca y primitiva, entonces no surgió, ni podía surgir, un
    grupo especial de hombres separados especialmente para gobernar y dominar al resto de la
    sociedad. Sólo cuando apareció la primera forma de la división de la sociedad en clases, cuando
    apareció la esclavitud, cuando una clase determinada de hombres, al concentrarse en las formas más
    rudimentarias del trabajo agrícola, pudo producir cierto excedente, y cuando este excedente no
    resultó absolutamente necesario para la más mísera existencia del esclavo y pasó a manos del
    propietario de esclavos, cuando de este modo quedó asegurada la existencia de la clase de los
    propietarios de esclavos, entonces, para que ésta pudiera afianzarse era necesario que apareciera un
    Estado.
    Y apareció el Estado esclavista, un aparato que dio poder a los propietarios de esclavos y les
    permitió gobernar a los esclavos. La sociedad y el Estado eran entonces mucho más reducidos que
    en la actualidad, poseían medios de comunicación incomparablemente más rudimentarios; no
    existían entonces los modernos medios de comunicación. Las montañas, los ríos y los mares eran
    obstáculos incomparablemente mayores que hoy, y el Estado se formó dentro de límites geográficos
    mucho más estrechos. Un aparato estatal técnicamente débil servía a un Estado confinado dentro de
    límites relativamente estrechos y con una esfera de acción limitada. Pero, de cualquier modo, existía
    un aparato que obligaba a los esclavos a permanecer en la esclavitud, que mantenía a una parte de la
    sociedad sojuzgada y oprimida por la otra. Es imposible obligar a la mayor parte de la sociedad a
    trabajar en forma sistemática para la otra parte de la sociedad sin un aparato permanente de
    coerción. Mientras no existieron clases, no hubo un aparato de este tipo. Cuando aparecieron las
    clases, siempre y en todas partes, a medida que la división crecía y se consolidaba, aparecía también
    una institución especial: el Estado. Las formas de Estado eran en extremo variadas. Ya durante el
    período de la esclavitud encontramos diversas formas de Estado en los países más adelantados, más
    cultos y civilizados de la época, por ejemplo en la antigua Grecia y en la antigua Roma, que se
    basaban integramente en la esclavitud. Ya había surgido en aquel tiempo una diferencia entre
    monarquía y república, entre aristocracia y democracia. La monarquía es el poder de una sola
    persona, la república es la ausencia de autoridades no elegidas; la aristocracia es el poder de una
    minoría relativamente pequeña, la democracia el poder del pueblo (democracia en griego, significa
    literalmente poder del pueblo).

    Todas estas diferencias sur gieron en la época de la esclavitud. A
    pesar de estas diferencias, el Estado de la epoca esclavista era un Estado esclavista, ya se tratara de
    una monarquía o de una república, aristocrática o democrática.
    En todos los cursos de historia de la antigüedad, al escuchar la conferencia sobre este tema, les
    hablarán de la lucha librada entre los Estados monárquicos y los republicanos. Pero el hecho
    fundamental es que los esclavos no eran considerados seres humanos; no sólo no se los consideraba
    ciudadanos, sino que ni siquiera se los consideraba seres humanos. El derecho romano los
    consideraba como bienes. La ley sobre el homicidio, para no mencionar otras leyes de protección de
    la persona, no amparaba a los esclavos. Defendia sólo a los propietarios de esclavos, los únicos que
    eran reconocidos como ciudadanos con plenos derechos. Lo mismo daba que gobernara una
    monarquía o una república: tanto una como otra eran una república de los propietarios de esclavos o
    una monarquia de los propietarios de esclavos. Estos gozaban de todos los derechos, mientras que
    los esclavos, ante la ley, eran bienes; y contra el esclavo no sólo podía perpetrarse cualquier tipo de
    violencia, sino que incluso matar a un esclavo no era considerado delito. Las repúblicas esclavistas
    diferían en su organización interna: había repúblicas aristocráticas y repúblicas democráticas. En la
    república aristocrática participaba en las elecciones un reducido número de privilegiados; en la
    republica democrática participaban todos, pero siempre todos los propietarios de esclavos, todos,
    menos los esclavos. Debe tenerse en cuenta este hecho fundamental, pues arroja más luz que ningún
    otro sobre el problema del Estado, y pone claramente de manifiesto la naturaleza del Estado.
    El Estado es una máquina para que una clase reprima a otra, una máquina para el sometimiento a
    una clase de otras clases, subordinadas. Esta máquina puede presentar diversas formas. El Estado
    esclavista podía ser una monarquía, una república aristocrática e incluso una república democrática.
    En realidad, las formas de gobierno variaban extraordinariamente, pero su esencia era siempre la
    misma: los esclavos no gozaban de ningún derecho y seguian siendo una clase oprimida; no se los
    consideraba seres humanos. Nos encontramos con lo mismo en el Estado feudal.
    El cambio en la forma de explotación trasformó el Estado esclavista en Estado feudal. Esto tuvo una
    enorme importancia. En la sociedad esclavista, el esclavo no gozaba de ningún derecho y no era
    considerado un ser humano; en la sociedad feudal, el campesino se hallaba sujeto a la tierra. El
    principal rasgo de la servidumbre era que a los campesinos (y en aquel tiempo los campesinos
    constituían la mayoría, pues la población urbana era todavía muy poco desarrollada) se los
    consideraba sujetos a la tierra: de ahí se deriva este concepto mismo -- la servidumbre. El
    campesino podía trabajar cierto número de días para si mismo en la parcela que le asignaba el señor
    feudal; los demás días el campesino siervo trabajaba para su señor. Subsistía la esencia de la
    sociedad de clases: la sociedad se basaba en la explotación de clase. Sólo los propietarios de la
    tierra gozaban de plenos derechos; los campesinos no tenían ningún derecho. En la práctica su
    situación no difería mucho de la situación de los esclavos en el Estado esclavista. Sin embargo, se
    había abierto un camino más amplio para su emancipación, para la emancipación de los
    campesinos, ya que el campesino siervo no era considerado propiedad directa del señor feudal.
    Podía trabajar una parte de su tiempo en su propia parcela; podía, por así decirlo, ser, hasta cierto
    punto, dueño de sí mismo; y al ampliarse las posibilidades de desarrollo del intercambio y de las
    relaciones comerciales, el sistema feudal se fue desintegrando progresivamente y se fueron
    ampliando progresivamente las posibilidades de emancipación del campesinado. La sociedad feudal
    fue siempre más compleja que la sociedad esclavista. Había un importante factor de desarrollo del
    comercio y la industria, cosa que, incluso en esa época, condujo al capitalismo. El feudalismo
    predominaba en la Edad Media. Y también aquí diferían las formas del Estado; también aquí
    encontramos la monarquía y la república, aunque esta última se manifestaba mucho más
    débilmente. Pero siempre se consideraba al señor feudal como el único gobernante. Los campesinos
    siervos ca recían totalmente de derechos políticos.
    Ni bajo la esclavitud ni bajo el feudalismo podía una reducida minoría de personas dominar a la
    enorme mayoría sin recurrir a la coerción. La historia está llena de constantes intentos de las clases
    oprimidas por librarse de la opresión. La historia de la esclavitud nos habla de guerras de
    emancipación de los esclavos que duraron décadas enteras. El nombre de "espartaquistas", entre
    parentesis, que han adoptado ahora los comunistas alemanes -- el único partido aleman que
    realmente lucha contra el yugo del capitalismo --, lo adoptaron debido a que Espartaco fue el héroe
    más destacado de una de las más grandes sublevaciones de esclavos que tuvo lugar hace unos dos
    mil años. Durante varios años el Imperio romano, que parecía omnipotente y que se apoyaba por
    entero en la esclavitud, sufrió los golpes y sacudidas de un extenso levantamiento de esclavos,
    armados y agrupados en un vasto ejército, bajo la dirección de Espartaco. Al fin y al cabo fueron
    derrotados, capturados y torturados por los propietarios de esclavos. Guerras civiles como éstas
    jalonan toda la historia de la sociedad de clases. Lo que acabo de señalar es un ejemplo de la más
    importante de estas guerras civiles en la época de la esclavitud. Del mismo modo, toda la época del
    feudalismo se halla jalonada por constantes sublevaciones de los campesinos. En Alemania, por
    ejemplo, en la Edad Media, la lucha entre las dos clases -- terratenientes y siervos -- asumió amplias
    proporciones y se trasformó en una guerra civil de los campesinos contra los terratenientes. Todos
    ustedes conocen ejemplos similares de constantes levantamientos de los campesinos contra los
    terratenientes feudales en Rusia.
    Para mantener su dominación y asegurar su poder, los señores feudales necesitaban de un aparato
    con el cual pudiesen sojuzgar a una enorme cantidad de personas y someterlas a ciertas leyes y
    normas; y todas esas leyes, en lo fundamental, se reducían a una sola cosa: el mantenimiento del
    poder de los señores feudales sobre los campesinos siervos. Tal era el Estado feudal, que en Rusia,
    por ejemplo, o en los países asiáticos muy atrasados (en los que aún impera el feudalismo) difería
    en su forma: era una república o una monarquía. Cuando el Estado era una monarquía se reconocía
    el poder de un individuo; cuando era una república, en uno u otro grado se reconocía la
    participación de representantes electos de la sociedad terrateniente; esto sucedía en la sociedad
    feudal. La sociedad feudal representaba una división en clases en la que la inmensa mayoría -- los
    campesinos siervos -- estaba totalmente sometida a una insignificante minoría, a los terratenientes,
    dueños de la tierra.
    El desarrollo del comercio, el desarrollo del intercambio de mercancías, condujeron a la formación
    de una nueva clase, la de los capitalistas. El capital se conformo como tal al final de la Edad Media,
    cuando, después del descubrimiento de América, el comercio mundial adquirío un desarrollo
    enorme, cuando aumentó la cantidad de metales preciosos, cuando la plata y el oro se convirtieron
    en medios de cambio, cuando la circulación monetaria permitió a ciertos individuos acumular
    enormes riquezas. La plata y el oro fueron reconocidos como riqueza en todo el mundo. Declinó el
    poder económico de la clase terrateniente y creció el poder de la nueva clase, los representantes del
    capital. La sociedad se reorganizó de tal modo, que todos los ciudadanos parecían ser iguales,
    desapareció la vieja división en propietarios de esclavos y esclavos, y todos los individuos fueron
    considerados iguales ante la ley, independientemente del capital que poseyeran -- propietarios de
    tierras o pobres hombres sin más propiedad que su fuerza de trabajo, todos eran iguales ante la ley.
    La ley protege a todos por igual; protege la propiedad de los que la tienen, contra los ataques de las
    masas que, al no poseer ninguna propiedad, al no poseer más que su fuerza de trabajo, se
    empobrecen y arruinan poco a poco y se convierten en proletarios. Tal es la sociedad capitalista.
    No puedo detenerme a analizarlo en detalle. Ya volverán ustedes a ello cuando estudien el programa
    del partido: tendrán entonces una descripción de la sociedad capitalista. Esta sociedad fue
    avanzando contra la servidumbre, contra el viejo régimen feudal, bajo la consigna de la libertad.
    Pero era la libertad para los propietarios. Y cuando se desintegró el feudalismo, cosa que ocurrío a
    fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX -- en Rusia ocurrió más tarde que en otros países,
    en 1861 --, el Estado feudal fue desplazado por el Estado capitalista, que proclama como consigna
    la libertad para todo el pueblo, que afirma que expresa la voluntad de todo el pueblo y niega ser un
    Estado de clase.

    Y en este punto se entabló una lucha entre los socialistas, que bregan por la libertad
    de todo el pueblo, y el Estado capitalista, lucha que condujo hoy a la creación de la República
    Socialista Soviética y que se está extendiendo al mundo entero.
    Para comprender la lucha iniciada contra el capital mundial, para entender la esencia del Estado
    capitalista, debemos recordar que cuando ascendió el Estado capitalista contra el Estado feudal,
    entró en la lucha bajo la consigna de la libertad. La abolición del feudalismo significó la libertad
    para los representantes del Estado capitalista y sirvió a sus fines, puesto que la servidumbre se
    derrumbaba y los campesinos tenían la posibilidad de poseer en plena propiedad la tierra adquirida
    por ellos mediante un rescate o, en parte por el pago de un tributo; esto no interesaba al Estado;
    protegía la propiedad sin importarle su origen, pues el Estado se basaba en la propiedad privada. En
    todos los Estados civilizados modernos los campesinos se convirtieron en propietarios privados.
    Incluso cuando el terrateniente cedía parte de sus tierras a los campesinos, el Fstado protegía la
    propiedad privada, resarciendo al terrateniente con una indemnización, permitiéndole obtener
    dinero por la tierra. El Estado, por así decirlo, declaraba que ampararía totalmente la propiedad
    privada y le otorgaba toda clase de apoyo y protección. El Estado reconocía los derechos de
    propiedad de todo comerciante, fabricante e industrial. Y esta sociedad, basada en la propiedad
    privada, en el poder del capital, en la sujeción total de los obreros desposeidos y las masas
    trabajadoras del campesinado proclamaba que su régimen se basaba en la libertad. Al luchar contra
    el feudalismo, proclamó la libertad de propiedad y se sentía especialmente orgullosa de que el
    Estado hubiese dejado de ser, supuestamente, un Estado de clase.
    Con todo, el Estado seguía siendo una máquina que ayudaba a los capitalistas a mantener sometidos
    a los campesinos pobres y a la clase obrera, aunque en su apariencia exterior fuese libre.
    Proclamaba el sufragio universal y, por intermedio de sus defensores, predicadores, eruditos y
    filosófos, que no era un Estado de clase. Incluso ahora, cuando las repúblicas socialistas soviéticas
    han comenzado a combatir el Estado, nos acusan de ser violadores de la libertad y de erigir un
    Estado basado en la coerción, en la represión de unos por otros, mientras que ellos representan un
    Estado de todo el pueblo, un Estado democrático. Y este problema, el problema del Estado, es
    ahora, cuando ha comenzado la revolución socialista mundial y cuando la revolución triunfa en
    algunos países, cuando la lucha contra el capital mundial se ha agudizado en extremo, un problema
    que ha adquirido la mayor importancia y puede decirse que se ha convertido en el problema más
    candente, en el foco de todos los problemas políticos y de todas las polémicas políticas del presente.
    Cualquiera sea el partido que tomemos en Rusia o en cualquiera de los países más civilizados,
    vemos que casi todas las polémicas, discrepancias y opiniones políticas giran ahora en torno de la
    concepcion del Estado. ¿Es el Estado, en un país capitalista, en una república democrática --
    especialmente en repúblicas como Suiza o Norteamérica --, en las repúblicas democráticas más
    libres, la expresión de la voluntad popular, la resultante de la decisión general del pueblo, la
    expresión de la voluntad nacional, etc., o el Estado es una máquina que permite a los capitalistas de
    esos países conservar su poder sobre la clase obrera y el campesinado? Este es el problema
    fundamental en torno del cual giran todas las polémicas políticas en el mundo entero. ¿Qué se dice
    sobre el bolchevismo? La prensa burguesa lanza denuestos contra los bolcheviques. No encontrarán
    un solo periódico que no repita la acusación en boga de que los bolcheviques violan la soberanía del
    pueblo. Si nuestros mencheviques y eseristas, en su simpleza de espiritu (y quizá no sea simpleza, o
    quiza sea esa simpleza de la que dice el proverbio que es peor que la ruindad) piensan que han
    inventado y descubierto la acusación de que los bolcheviques han violado la libertad y la soberanía
    del pueblo, se equivocan en la forma más ridicula. Hoy, todos los periodicos más ricos de los países
    más ricos, que gastan decenas de millones en su difusión y diseminan mentiras burguesas y la
    política imperialista en decenas de millones de ejemplares, todos esos periódicos repiten esos
    argumentos y acusaciones fundamentales contra el bolchevismo, a saber: que Norteamérica,
    Inglaterra y Suiza son Estados avanzados, basados en la soberanía del pueblo, mientras que la
    república bolchevique es un Estado de bandidos en el que no se conoce la libertad y que los
    bolcheviques son violadores de la idea de la soberanía del pueblo e incluso llegaron al extremo de
    disolver la Asamblea Constituyente. Estas terribles acusaciones contra los bolcheviques se repiten
    en todo el mundo. Estas acusaciones nos conducen directamente a la pregunta: ¿que es el Estado?
    Para comprender estas acusaciones, para poder estudiarlas y adoptar hacia ellas una actitud
    plenamente conciente, y no examinarlas basándose en rumores, sino en una firme opinión propia,
    debemos tener una clara idea de lo que es el Estado. Tenemos ante nosotros Estados capitalistas de
    todo tipo y todas las teorías que en su defensa se elaboraron antes de la guerra. Para responder
    correctamente a la pregunta, debemos examinar con un enfoque crítico todas estas teorías y
    concepciones.
    Ya les he aconsejado que recurran al libro de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y
    el Estado. En él se dice que todo Estado en el que existe la propiedad privada de la tierra y los
    medios de producción, en el que domina el capital, por democrático que sea, es un Estado
    capitalista, una máquina en manos de los capitalistas para el sojuzgamiento de la clase obrera y los
    campesinos pobres. Y el sufragio universal, la Asamblea Constituyente o el Parlamento son
    meramente una forma, una especie de pagaré, que no cambia la esencia del asunto.
    Las formas de dominación del Estado pueden variar: el capital manifiesta su poder de un modo
    donde existe una forma y de otro donde existe otra forma, pero el poder está siempre,
    esencialmente, en manos del capital, ya sea que exista o no el voto restringido u otros derechos, ya
    sea que se trate de una república democrática o no; en realidad, cuanto más democrática es, más
    burda y cinica es la dominación del capitalismo.

    Una de las repúblicas más democráticas del mundo
    es Estados Unidos de Norteamérica, y sin embargo, en ninguna parte (y quienes hayan estado allí
    después de 1905 probablemente lo saben) es tan crudo y tan abiertamente corrompido como en
    Norteamérica el poder del capital, el poder de un puñado de multimillonarios sobre toda la
    sociedad. El capital, una vez que existe, domina la sociedad entera, y ninguna república
    democrática, ningún derecho electoral pueden cambiar la esencia del asunto.
    La república democrática y el sufragio universal representaron un enorme progreso comparado con
    el feudalismo: permitieron al proletariado lograr su actual unidad y solidaridad y formar esas filas
    compactas y disciplinadas que libran una lucha sistemática contra el capital. No existió nada ni
    siquiera parecido a esto entre los campesinos siervos y ni que hablar ya entre los esclavos. Los
    esclavos, como sabemos se sublevaron, se amotinaron e iniciaron guerras civiles, pero no podian
    llegar a crear una mayoría consciente y partidos que dirigieran la lucha; no podían comprender
    claramente cuáles eran sus objetivos, e incluso en los momentos más revolucionarios de la historia
    fueron siempre peones en manos de las clases dominantes. La república burguesa, el Parlamento, el
    sufragio universal, todo ello constituye un inmenso progreso desde el punto de vista del desarrollo
    mundial de la sociedad. La humanidad avanzó hacia el capitalismo y fue el capitalismo solamente,
    lo que, gracias a la cultura urbana, permitió a la clase oprimida de los proletarios adquirir
    conciencia de si misma y crear el movimiento obrero mundial, los millones de obreros organizados
    en partidos en el mundo entero; los partidos socialistas que dirigen concientemente la lucha de las
    masas. Sin parlamentarismo, sin un sistema electoral, habría sido imposible este desarrollo de la
    clase obrera. Es por ello que todas estas cosas adquirieron una importancia tan grande a los ojos de
    las grandes masas del pueblo. Es por ello que parece tan dificil un cambio radical. No son sólo los
    hipócritas concientes, los sabios y los curas quienes sostienen y defienden la mentira burguesa de
    que el Estado es libre y que tiene por misión defender los intereses de todos; lo mismo hacen
    muchisimas personas atadas sinceramente a los viejos prejuicios y que no pueden entender la
    transición de la sociedad antigua, capitalista, al socialismo. Y no sólo las personas que dependen
    directamente de la burguesia, no sólo quienes vi ven bajo el yugo del capital o sobornados por el
    capital (hay gran cantidad de cientificos, artistas, sacerdotes, etc., de todo tipo al servicio del
    capital), sino incluso personas simplemente influidas por el prejuicio de la libertad burguesa, se han
    movilizado contra el bolchevismo en el mundo entero, porque cuando fue fundada la República
    Soviética rechazó estas mentiras burguesas y declaró abiertamente: ustedes dicen que su Estado es
    libre, cuando en realidad, mientras exista la propiedad privada, el Estado de ustedes, aunque sea una
    república democrática, no es más que una máquina en manos de los capitalistas para reprimir a los
    obreros, y mientras más libre es el Estado, con mayor claridad se manifiesta esto. Ejemplos de ello
    nos los brindan Suiza en Europa, y Estados Unidos en América. En ninguna parte domina el capital
    en forma tan cínica e implacable y en ninguna parte su dominación es tan ostensible como en estos
    países, a pesar de tratarse de repúblicas democráticas, por muy bellamente que se las pin te y por
    mucho que en ellas se hable de democracia del trabajo y de igualdad de todos los ciudadanos. El
    hecho es que en Suiza y en Norteamérica domina el capital, y cualquier intento de los obreros por
    lograr la menor mejora efectiva de su situación, provoca inmediatamente la guerra civil. En estos
    países hay pocos soldados, un ejército regular pequeño -- Suiza cuenta con una milicia y todos los
    ciudadanos suizos tienen un fusil en su casa, mientras que en Estados Unidos, hasta hace poco, no
    existía un ejército regular --, de modo que cuando estalla una huelga, la burguesia se arma, contrata
    soldados y reprime la huelga; en ninguna parte la represión del movimiento obrero es tan cruel y
    feroz como en Suiza y en Estados Unidos, y en ninguna parte se manifiesta con tanta fuerza como
    en estos países la influencia del capital sobre el Parlamento. La fuerza del capital lo es todo, la
    Bolsa es todo, mientras que el Parla mento y las elecciones no son más que muñecos, marionetas. . .
    Pero los obreros van abriendo cada vez más los ojos y la idea del poder soviético va extendiéndose
    cada vez más. Sobre todo después de la sangrienta matanza por la que acabamos de pasar. La clase
    obrera advierte cada vez más la necesidad de luchar implacablemente contra los capitalistas.
    Cualquiera sea la forma con que se encubra una república, por democrática que sea, si es una
    república burguesa, si conserva la propiedad privada de la tierra, de las fábricas, si el capital privado
    mantiene a toda la socicdad en la esclavitud asalariada, es decir, si la república no lleva a la práctica
    lo que se proclama en el programa de nuestro partido y en la Constitución soviética, entonces ese
    Estado es una máquina para que unos repriman a otros. Y debemos poner esta máquina en manos de
    la clase que habrá de derrocar el poder del capital. Debemos rechazar todos los viejos prejuicios
    acerca de que el Estado significa la igualdad universal; pues esto es un fraude: mientras exista
    explotación no podrá existir igualdad. El terrateniente no puede ser igual al obrero, ni el hombre
    hambriento igual al saciado. La máquina, llamada Estado, y ante la que los hombres se inclinaban
    con supersticiosa veneración, porque creian en el viejo cuento de que significa el Poder de todo el
    pueblo, el proletariado la rechaza y afirma: es una mentira burguesa. Nosotros hemos arrancado a
    los capitalistas esta máquina y nos hemos apoderado de ella. Utilizaremos esa máquina, o garrote,
    para liquidar toda explotación; y cuando toda posibilidad de explotación haya desaparecido del
    mundo, cuando ya no haya propietarios de tierras ni propietarios de fábricas, y cuando no exista ya
    una situación en la que unos estan saciados mientras otros padecen hambre, sólo cuando haya
    desaparecido por completo la posibilidad de esto, relegaremos esta máquina a la basura. Entonces
    no existir á Estado ni explotación. Tal es el punto de vista de nuestro partido comunista. Espero que
    volveremos a este tema en futuras conferencias, volveremos a él una y otra vez.

    SOBRE EL ESTADO | 26-09-2008 - 16:49:25 GMT 1 #

  6. Carlos Marx :Trabajo asalariado y capital (1849).
    ----------------------------------------
    Escrito: Texto de Marx, en 1849; Introducción de Engels, en 1891.
    Primera Edición: "Neue Rheinische Zeitung. Organ der Demokratie" (Nueva Gaceta del Rin. Organo de la Democracia), del 5, 6, 7, 8 y 11 de abril de 1849 y en folleto aparte, bajo la redacción y con un prefacio de F. Engels, en Berlín, en 1891.
    Fuente: Biblioteca Virtual Espartaco.
    Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2000.
    ----------------------------------------

    De diversas partes se nos ha reprochado el que no hayamos expuesto las relaciones económicas que forman la base material de la lucha de clases y de las luchas nacionales de nuestros días. Sólo hemos examinado intencionadamente estas relaciones allí donde se imponían directamente en las colisiones políticas.

    Tratábase, principalmente, de seguir la lucha de clases en la historia cotidiana, y demostrar empíricamente, con los materiales históricos existentes y con los que iban apareciendo todos los días, que con el sojuzgamiento de la clase obrera, protagonista de febrero y marzo, fueron vencidos, al propio tiempo, sus adversarios: en Francia, los republicanos burgueses, y en todo el continente europeo, las clases burguesas y campesinas en lucha contra el absolutismo feudal; que el triunfo de la «república honesta» en Francia fue, al mismo tiempo, la derrota de las naciones que habían respondido a la revolución de febrero con heroicas guerras de independencia; y, finalmente, que con la derrota de los obreros revolucionarios, Europa ha vuelto a caer bajo su antigua doble esclavitud: la esclavitud anglo-rusa. La batalla de junio en París, la caída de Viena, la tragicomedia del noviembre berlinés de 1848, los esfuerzos desesperados de Polonia, Italia y Hungría, el sometimiento de Irlanda por el hambre: tales fueron los acontecimientos principales en que se resumió la lucha europea de clases entre la burguesía y la clase obrera, y a través de los cuales hemos demostrado que todo levantamiento revolucionario, por muy alejada que parezca estar su meta de la lucha de clases, tiene necesariamente que fracasar mientras no triunfe la clase obrera revolucionaria, que toda reforma social no será más que una utopía mientras la revolución proletaria y la contrarrevolución feudal no midan sus armas en una guerra mundial. En nuestra descripción lo mismo que en la realidad, Bélgica y Suiza eran estampas de género, caricaturescas y tragicómicas en el gran cuadro histórico: una, el Estado modelo de la monarquía burguesa; la otra, el Estado modelo de la república burguesa, y ambas, Estados que se hacen la ilusión de estar tan libres de la, lucha de clases como de la revolución europea.

    Ahora que nuestros lectores han visto ya desarrollarse la lucha de clases, durante el año 1848, en formas políticas gigantescas, ha llegado el momento de analizar más de cerca las relaciones económicas en que descansan por igual la existencia de la burguesía y su dominación de clase, así como la esclavitud de los obreros.

    Expondremos en tres grandes apartados:

    1) La relación entre el trabajo asalariado y el capital, la esclavitud del obrero, la dominación del capitalista.

    2) La inevitable ruina, bajo el sistema actual, de las clases medias burguesas y del llamado estamento campesino.

    3) El sojuzgamiento y la explotación comercial de las clases burguesas de las distintas naciones europeas por Inglaterra, el déspota del mercado mundial.

    Nos esforzaremos por conseguir que nuestra exposición sea lo más sencilla y popular posible, sin dar por supuestas ni las nociones más elementales de la Economía Política. Queremos que los obreros nos entiendan. Además, en Alemania reinan una ignorancia y una confusión de conceptos verdaderamente asombrosas acerca de las relaciones económicas más simples, que van desde los defensores patentados del orden de cosas existente hasta los taumaturgos socialistas y los genios políticos incomprendidos, que en la desmembrada Alemania abundan todavía más que los «padres de la Patria».

    Pasemos, pues, al primer problema:

    ¿Qué es el salario? ¿Cómo se determina?

    Si preguntamos a los obreros qué salario perciben, uno nos contestará: «Mi burgués me paga un marco por la jornada de trabajo»; el otro: «Yo recibo dos marcos», etc. Según las distintas ramas del trabajo a que pertenezcan, nos indicarán las distintas cantidades de dinero que los burgueses respectivos les pagan por la ejecución de una tarea determinada, v.gr., por tejer una vara de lienzo o por componer un pliego de imprenta. Pero, pese a la diferencia de datos, todos coinciden en un punto: el salario es la cantidad de dinero que el capitalista paga por un determinado tiempo de trabajo o por la ejecución de una tarea determinada.

    Por tanto, diríase que el capitalista les compra con dinero el trabajo de los obreros. Estos le venden por dinero su trabajo. Pero esto no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza de trabajo. El capitalista compra esta fuerza de trabajo por un día, una semana, un mes, etc. Y, una vez comprada, la consume, haciendo que los obreros trabajen durante el tiempo estipulado. Con el mismo dinero con que les compra su fuerza de trabajo, por ejemplo, con los dos marcos, el capitalista podría comprar dos libras de azúcar o una determinada cantidad de otra mercancía cualquiera. Los dos marcos con los que compra dos libras de azúcar son el precio de las dos libras de azúcar. Los dos marcos con los que compra doce horas de uso de la fuerza de trabajo son el precio de un trabajo de doce horas. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía, ni más ni menos que el azúcar. Aquélla se mide con el reloj, ésta, con la balanza.

    Los obreros cambian su mercancía, la fuerza de trabajo, por la mercancía del capitalista, por el dinero y este cambio se realiza guardándose una determinada proporción: tanto dinero por tantas horas de uso de la fuerza de trabajo. Por tejer durante doce horas, dos marcos. Y estos dos marcos, ¿no representan todas las demás mercancías que pueden adquirirse por la misma cantidad de dinero? En realidad, el obrero ha cambiado su mercancía, la fuerza de trabajo, por otras mercancías de todo género, y siempre en una determinada proporción. Al entregar dos marcos, el capitalista le entrega, a cambio de su jornada de trabajo, la cantidad correspondiente de carne, de ropa, de leña, de luz, etc. Por tanto, los dos marcos expresan la proporción en que la fuerza de trabajo se cambia por otras mercancías, o sea el valor de cambio de la fuerza de trabajo. Ahora bien, el valor de cambio de una mercancía, expresado en dinero, es precisamente su precio. Por consiguiente, el salario no es más que un nombre especial con que se designa el precio de la fuerza de trabajo, o lo que suele llamarse precio del trabajo, el nombre especial de esa peculiar mercancía que sólo toma cuerpo en la carne y la sangre del hombre.

    Tomemos un obrero cualquiera, un tejedor, por ejemplo. El capitalista le suministra el telar y el hilo. El tejedor se pone a trabajar y el hilo se convierte en lienzo. El capitalista se adueña del lienzo y lo vende en veinte marcos, por ejemplo. ¿Acaso el salario del tejedor representa una parte del lienzo, de los veinte marcos, del producto de su trabajo? Nada de eso. El tejedor recibe su salario mucho antes de venderse el lienzo, tal vez mucho antes de que haya acabado el tejido. Por tanto, el capitalista no paga este salario con el dinero que ha de obtener del lienzo, sino de un fondo de dinero que tiene en reserva. Las mercancías entregadas al tejedor a cambio de la suya, de la fuerza de trabajo, no son productos de su trabajo, del mismo modo que no lo son el telar y el hilo que el burgués le ha suministrado. Podría ocurrir que el burgués no encontrase ningún comprador para su lienzo. Podría ocurrir también que no se reembolsase con el producto de su venta ni el salario pagado. Y puede ocurrir también que lo venda muy ventajosamente, en comparación con el salario del tejedor. Al tejedor todo esto le tiene sin cuidado. El capitalista, con una parte de la fortuna de que dispone, de su capital, compra la fuerza de trabajo del tejedor, exactamente lo mismo que con otra parte de la fortuna ha comprado las materias primas —el hilo— y el instrumento de trabajo —el telar—. Una vez hechas estas compras, entre las que figura la de la fuerza de trabajo necesaria para elaborar el lienzo, el capitalista produce ya con materias primas e instrumentos de trabajo de su exclusiva pertenencia. Entre los instrumentos de trabajo va incluido también, naturalmente, nuestro buen tejedor, que participa en el producto o en el precio del producto en la misma medida que el telar; es decir, absolutamente en nada.

    Por tanto, el salario no es la parte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalista compra una determinada cantidad de fuerza de trabajo productiva.

    La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía que su propietario, el obrero asalariado, vende al capital. ¿Para qué la vende? Para vivir.

    Ahora bien, la fuerza de trabajo en acción, el trabajo mismo, es la propia actividad vital del obrero, la manifestación misma de su vida. Y esta actividad vital la vende a otro para asegurarse los medios de vida necesarios. Es decir, su actividad vital no es para él más que un medio para poder existir. Trabaja para vivir. El obrero ni siquiera considera el trabajo parte de su vida; para él es más bien un sacrificio de su vida. Es una mercancía que ha adjudicado a un tercero. Por eso el producto de su actividad no es tampoco el fin de esta actividad. Lo que el obrero produce para sí no es la seda que teje ni el oro que extrae de la mina, ni el palacio que edifica. Lo que produce para sí mismo es el salario; y la seda, el oro y el palacio se reducen para él a una determinada cantidad de medios de vida, si acaso a una chaqueta de algodón, unas monedas de cobre y un cuarto en un sótano. Y para el obrero que teje, hila, taladra, tornea, construye, cava, machaca piedras, carga, etc., por espacio de doce horas al día, ¿son estas doce horas de tejer, hilar, taladrar, tornear, construir, cavar y machacar piedras la manifestación de su vida, su vida misma? Al contrario. Para él, la vida comienza allí donde terminan estas actividades, en la mesa de su casa, en el banco de la taberna, en la cama. Las doce horas de trabajo no tienen para él sentido alguno en cuanto a tejer, hilar, taladrar, etc., sino solamente como medio para ganar el dinero que le permite sentarse a la mesa o en el banco de la taberna y meterse en la cama. Si el gusano de seda hilase para ganarse el sustento como oruga, sería un auténtico obrero asalariado. La fuerza de trabajo no ha sido siempre una mercancía. El trabajo no ha sido siempre trabajo asalariado, es decir, trabajo libre. El esclavo no vendía su fuerza de trabajo al esclavista, del mismo modo que el buey no vende su trabajo al labrador. El esclavo es vendido de una vez y para siempre, con su fuerza de trabajo, a su dueño. Es una mercancía que puede pasar de manos de un dueño a manos de otro. El es una mercancía, pero su fuerza de trabajo no es una mercancía suya. El siervo de la gleba sólo vende una parte de su fuerza de trabajo. No es él quien obtiene un salario del propietario del suelo; por el contrario, es éste, el propietario del suelo, quien percibe de él un tributo.

    El siervo de la gleba es un atributo del suelo y rinde frutos al dueño de éste. En cambio, el obrero libre se vende él mismo y además, se vende en partes. Subasta 8, 10, 12, 15 horas de su vida, día tras día, entregándolas al mejor postor, al propietario de las materias primas, instrumentos de trabajo y medios de vida; es decir, al capitalista. El obrero no pertenece a ningún propietario ni está adscrito al suelo, pero las 8, 10, 12, 15 horas de su vida cotidiana pertenecen a quien se las compra. El obrero, en cuanto quiera, puede dejar al capitalista a quien se ha alquilado, y el capitalista le despide cuando se le antoja, cuando ya no le saca provecho alguno o no le saca el provecho que había calculado. Pero el obrero, cuya única fuente de ingresos es la venta de su fuerza de trabajo, no puede desprenderse de toda la clase de los compradores, es decir, de la clase de los capitalistas, sin renunciar a su existencia. No pertenece a tal o cual capitalista, sino a la clase capitalista en conjunto, y es incumbencia suya encontrar un patrono, es decir, encontrar dentro de esta clase capitalista un comprador.

    Antes de pasar a examinar más de cerca la relación entre el capital y el trabajo asalariado, expondremos brevemente los factores más generales que intervienen en la determinación del salario.

    El salario es, como hemos visto, el precio de una determinada mercancía, de la fuerza de trabajo. Por tanto, el salario se halla determinado por las mismas leyes que determinan el precio de cualquier otra mercancía.

    Ahora bien, nos preguntamos: ¿Cómo se determina el precio de una mercancía?

    ¿Qué es lo que determina el precio de una mercancía?

    Es la competencia entre compradores y vendedores, la relación entre la demanda y la oferta, entre la apetencia y la oferta. La competencia que determina el precio de una mercancía tiene tres aspectos.

    La misma mercancía es ofrecida por diversos vendedores. Quien venda mercancías de igual calidad a precio más barato, puede estar seguro de que eliminará del campo de batalla a los demás vendedores y se asegurará mayor venta. Por tanto, los vendedores se disputan mutuamente la venta, el mercado. Todos quieren vender, vender lo más que puedan, y, si es posible, vender ellos solos, eliminando a los demás. Por eso unos venden más barato que otros. Tenemos, pues, una competencia entre vendedores, que abarata el precio de las mercancías puestas a la venta.

    Pero hay también una competencia entre compradores, que a su vez, hace subir el precio de las mercancías puestas a la venta.

    Y, finalmente, hay la competencia entre compradores y vendedores; unos quieren comprar lo más barato posible, otros vender lo más caro que puedan. El resultado de esta competencia entre compradores y vendedores dependerá de la relación existente entre los dos aspectos de la competencia mencionada más arriba; es decir, de que predomine la competencia entre las huestes de los compradores o entre las huestes de los vendedores. La industria lanza al campo de batalla a dos ejércitos contendientes, en las filas de cada uno de los cuales se libra además una batalla intestina. El ejército cuyas tropas se pegan menos entre sí es el que triunfa sobre el otro.

    Supongamos que en el mercado hay 100 balas de algodón y que existen compradores para 1.000 balas. En este caso, la demanda es, como vemos, diez veces mayor que la oferta. La competencia entre los compradores será, por tanto, muy grande; todos querrán conseguir una bala, y si es posible las cien. Este ejemplo no es ninguna suposición arbitraria. En la historia del comercio hemos asistido a períodos de mala cosecha algodonera, en que unos cuantos capitalistas coligados pugnaban por comprar, no ya cien balas, sino todas las reservas de algodón de la tierra. En el caso que citamos, cada comprador procurará, por tanto, desalojar al otro, ofreciendo un precio relativamente mayor por cada bala de algodón. Los vendedores, que ven a las fuerzas del ejército enemigo empeñadas en una rabiosa lucha intestina y que tienen segura la venta de todas sus cien balas, se guardarán muy mucho de irse a las manos para hacer bajar los precios del algodón, en un momento en que sus enemigos se desviven por hacerlos subir. Se hace, pues, a escape, la paz entre las huestes de los vendedores. Estos se enfrentan como un solo hombre con los compradores, se cruzan olímpicamente de brazos. Y sus exigencias no tendrían límite si no lo tuvieran, y muy concreto, hasta las ofertas de los compradores más insistentes.

    Por tanto, cuando la oferta de una mercancía es inferior a su demanda, la competencia entre los vendedores queda anulada o muy debilitada. Y en la medida en que se atenúa esta competencia, crece la competencia entablada entre los compradores. Resultado: alza más o menos considerable de los precios de las mercancías.

    Con mayor frecuencia se da, como es sabido, el caso inverso, y con inversos resultados: exceso considerable de la oferta sobre la demanda; competencia desesperada entre los vendedores; falta de compradores; lanzamiento de las mercancías al malbarato.

    Pero, ¿qué significa eso del alza y la baja de los precios? ¿Qué quiere decir precios altos y precios bajos? Un grano de arena es alto si se le mira al microscopio, y, comparada con una montaña. una torre resulta baja. Si el precio está determinado por la relación entre la oferta y la demanda, ¿qué es lo que determina esta relación entre la oferta y la demanda?

    Preguntemos al primer burgués que nos salga al paso. No separará a meditar ni un instante, sino que, cual nuevo Alejandro Magno, cortará este nudo metafísico [1] con la tabla de multiplicar. Nos dirá: si el fabricar la mercancía que vendo me ha costado cien marcos y la vendo por 110 —pasado un año, se entiende—, esta ganancia es una ganancia moderada, honesta y decente. Si obtengo, a cambio de esta mercancía, 120, 130 marcos, será ya una ganancia alta; y si consigo hasta 200 marcos, la ganancia será extraordinaria, enorme. ¿Qué es lo que le sirve a nuestro burgués de criterio para medir la ganancia? El coste de producción de su mercancía. Si a cambio de esta mercancía obtiene una cantidad de otras mercancías cuya producción ha costado menos, pierde. Si a cambio de su mercancía obtiene una cantidad de otras mercancías cuya producción ha costado más, gana. Y calcula la baja o el alza de su ganancia por los grados que el valor de cambio de su mercancía acusa por debajo o por encima de cero, por debajo o por encima del coste de producción.

    Hemos visto que la relación variable entre la oferta y la demanda lleva aparejada tan pronto el alza como la baja de los precios determina tan pronto precios altos como precios bajos. Si el precio de una mercancía sube considerablemente, porque la oferta baje o porque crezca desproporcionadamente la demanda, con ello necesariamente bajará en proporción el precio de cualquier otra mercancía, pues el precio de una mercancía no hace más que expresar en dinero la proporción en que otras mercancías se entregan a cambio de ella. Si, por ejemplo, el precio de una vara de seda sube de cinco marcos a seis, bajará el precio de la plata en relación con la seda, y asimismo disminuirá, en proporción con ella, el precio de todas las demás mercancías que sigan costando igual que antes. Para obtener la misma cantidad de seda ahora habrá que dar a cambio una cantidad mayor de aquellas otras mercancías. ¿Qué ocurrirá al subir el precio de una mercancía? Una masa de capitales afluirá a la rama industrial floreciente, y esta afluencia de capitales al campo de la industria favorecida durará hasta que arroje las ganancias normales; o más exactamente, hasta que el precio de sus productos descienda, empujado por la superproducción, por debajo del coste de producción.

    Y viceversa. Si el precio de una mercancía desciende por debajo de su coste de producción, los capitales se retraerán de la producción de esta mercancía. Exceptuando el caso en que una rama industrial no corresponda ya a la época, y, por tanto, tenga que desaparecer, esta huida de los capitales irá reduciendo la producción de aquella mercancía, es decir, su oferta, hasta que corresponda a la demanda, y, por tanto, hasta que su precio vuelva a levantarse al nivel de su coste de producción, o, mejor dicho, hasta que la oferta sea inferior a la demanda; es decir, hasta que su precio rebase nuevamente su coste de producción, pues el precio corriente de una mercancía es siempre inferior o superior a su coste de producción.

    Vemos que los capitales huyen o afluyen constantemente del campo de una industria al de otra. Los precios altos determinan una afluencia excesiva, y los precios bajos, una huida exagerada.

    Podríamos demostrar también, desde otro punto de vista, cómo el coste de producción determina, no sólo la oferta, sino también la demanda. Pero esto nos desviaría demasiado de nuestro objetivo.

    Acabamos de ver cómo las oscilaciones de la oferta y la demanda vuelven a reducir siempre el precio de una mercancía a su coste de producción. Es cierto que el precio real de una mercancía es siempre superior o inferior al coste de producción, pero el alza y la baja se compensan mutuamente, de tal modo que, dentro de un determinado período de tiempo, englobando en el cálculo el flujo y el reflujo de la industria, puede afirmarse que las mercancías se cambian unas por otras con arreglo a su coste de producción, y su precio se determina, consiguientemente, por aquél.

    Esta determinación del precio por el coste de producción no debe entenderse en el sentido en que la entienden los economistas. Los economistas dicen que el precio medio de las mercancías equivale al coste de producción; que esto es la ley. Ellos consideran como obra del azar el movimiento anárquico en que el alza se nivela con la baja y ésta con el alza. Con el mismo derecho podría considerarse, como lo hacen en efecto otros economistas, que estas oscilaciones son la ley, y la determinación del precio por el coste de producción, fruto del azar. En realidad, si se las examina de cerca. se ve que estas oscilaciones acarrean las más espantosas desolaciones y son como terremotos que hacen estremecerse los fundamentos de la sociedad burguesa. son las únicas que en su curso determinan el precio por el coste de producción. El movimiento conjunto de este desorden es su orden. En el transcurso de esta anarquía industrial, en este movimiento cíclico, la concurrencia se encarga de compensar, como si dijésemos, una extravagancia con otra.

    Vemos, pues, que el precio de una mercancía se determina por su coste de producción, de modo que las épocas en que el precio de esta mercancía rebasa el coste de producción se compensan con aquellas en que queda por debajo de este coste de producción, y viceversa. Claro está que esta norma no rige para un producto industrial concreto, sino solamente para la rama industrial entera. No rige tampoco, por tanto, para un solo industrial, sino únicamente para la clase entera de los industriales.

    La determinación del precio por el coste de producción equivale a la determinación del precio por el tiempo de trabajo necesario para la producción de una mercancía, pues el coste de producción está formado:

    1) por las materias primas y el desgaste de los instrumentos, es decir, por productos industriales cuya fabricación ha costado una determinada cantidad de jornadas de trabajo y que representan, por tanto, una determinada cantidad de tiempo de trabajo. y

    2) por el trabajo directo; cuya medida es también el tiempo.

    Las mismas leyes generales que regulan el precio de las mercancías en general regulan también, naturalmente, el salario, el precio del trabajo.

    La remuneración del trabajo subirá o bajará según la relación entre la demanda y la oferta, según el cariz que presente la competencia entre los compradores de la fuerza de trabajo, los capitalistas, y los vendedores de la fuerza de trabajo, los obreros. A las oscilaciones de los precios de las mercancías en general les corresponden las oscilaciones del salario. Pero, dentro de estas oscilaciones, el precio del trabajo se hallará determinado por el coste de producción, por el tiempo de trabajo necesario para producir esta mercancía, que es la fuerza de trabajo.

    Ahora bien, ¿cuál es el coste de producción de la fuerza de trabajo?

    Es lo que cuesta sostener al obrero como tal obrero y educarlo para este oficio.

    Por tanto, cuanto menos tiempo de aprendizaje exija un trabajo, menor será el coste de producción del obrero, más bajo el precio de su trabajo, su salario. En las ramas industriales que no exigen apenas tiempo de aprendizaje, bastando con la mera existencia corpórea del obrero, el coste de producción de éste se reduce casi exclusivamente a las mercancías necesarias para que aquél pueda vivir en condiciones de trabajar. Por tanto, aquí el precio de su trabajo estará determinado por el precio de los medios de vida indispensables.

    Pero hay que tener presente, además, otra circunstancia.

    El fabricante, al calcular su coste de producción, y con arreglo a él el precio de los productos, incluye en el cálculo el desgaste de los instrumentos de trabajo. Si una máquina le cuesta, por ejemplo, mil marcos y se desgasta totalmente en diez años, agregará cien marcos cada año al precio de las mercancías fabricadas, para, al cabo de los diez años, poder sustituir la máquina ya agotada, por otra nueva. Del mismo modo hay que incluir en el coste de producción de la fuerza de trabajo simple el coste de procreación que permite a la clase obrera estar en condiciones de multiplicarse y de reponer los obreros agotados por otros nuevos. El desgaste del obrero entra, por tanto, en los cálculos, ni más ni menos que el desgaste de las máquinas.

    Por tanto, el coste de producción de la fuerza de trabajo simple se cifra siempre en los gastos de existencia y reproducción del obrero. El precio de este coste de existencia y reproducción es el que forma el salario. El salario así determinado es lo que se llama el salario mínimo. Al igual que la determinación del precio de las mercancías en general por el coste de producción, este salario mínimo no rige para el individuo, sino para la especie. Hay obreros, millones de obreros, que no ganan lo necesario para poder vivir y procrear; pero el salario de la clase obrera en conjunto se nivela, dentro de sus oscilaciones, sobre la base de este mínimo.

    Ahora, después de haber puesto en claro las leyes generales que regulan el salario, al igual que el precio de cualquier otra mercancía, ya podemos entrar de un modo más concreto en nuestro tema.

    El capital está formado por materias primas, instrumentos de trabajo y medios de vida de todo género que se emplean para producir nuevas materias primas, nuevos instrumentos de trabajo y nuevos medios de vida. Todas estas partes integrantes del capital son hijas del trabajo, productos del trabajo, trabajo acumulado. El trabajo acumulado que sirve de medio de nueva producción es el capital.

    Así dicen los economistas.

    ¿Qué es un esclavo negro? Un hombre de la raza negra. Una explicación vale tanto como la otra.

    Un negro es un negro. Sólo en determinadas condiciones se convierte en esclavo. Una máquina de hilar algodón es una máquina para hilar algodón. Sólo en determinadas condiciones se convierte en capital. Arrancada a estas condiciones, no tiene nada de capital, del mismo modo que el oro no es de por sí dinero, ni el azúcar el precio del azúcar.

    En la producción, los hombres no actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan también los unos sobre los otros. No pueden producir sin asociarse de un cierto modo, para actuar en común y establecer un intercambio de actividades. Para producir los hombres contraen determinados vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es cómo se relacionan con la naturaleza y cómo se efectúa la producción.

    Estas relaciones sociales que contraen los productores entre sí, las condiciones en que intercambian sus actividades y toman parte en el proceso conJunto de la producción variarán, naturalmente según el carácter de los medios de producción. Con la invención de un nuevo instrumento de guerra, el arma de fuego, hubo de cambiar forzosamente toda la organización interna de los ejércitos. cambiaron las relaciones dentro de las cuales formaban los individuos un ejército y podían actuar como tal, y cambió también la relación entre los distintos ejércitos.

    Las relaciones sociales en las que los individuos producen, las relaciones sociales de producción, cambian, por tanto, se transforman, al cambiar y desarrollarse los medios materiales de producción, las fuerzas productivas. Las relaciones de producción forman en conjunto lo que se llaman las relaciones sociales, la sociedad, y concretamente, una sociedad con un determinado grado de desarrollo histórico, una sociedad de carácter peculiar y distintivo. La sociedad antigua, la sociedad feudal, la sociedad burguesa, son otros tantos conjuntos de relaciones de producción, cada uno de los cuales representa, a la vez, un grado especial de desarrollo en la historia de la humanidad.

    También el capital es una relación social de producción. Es una relación burguesa de producción, una relación de producción de la sociedad burguesa. Los medios de vida, los instrumentos de trabajo, las materias primas que componen el capital, ¿no han sido producidos y acumulados bajo condiciones sociales dadas, en determinadas relaciones sociales? ¿No se emplean para un nuevo proceso de producción bajo condiciones sociales dadas, en determinadas relaciones sociales? ¿Y no es precisamente este carácter social determinado el que convierte en capital los productos destinados a la nueva producción?

    El capital no se compone solamente de medios de vida, instrumentos de trabajo y materias primas, no se compone solamente de productos materiales; se compone igualmente de valores de cambio. Todos los productos que lo integran son mercancías. El capital no es, pues, solamente una suma de productos materiales; es una suma de mercancías, de valores de cambio, de magnitudes sociales.

    El capital sigue siendo el mismo, aunque sustituyamos la lana por algodón, el trigo por arroz, los ferrocarriles por vapores, a condición de que el algodón, el arroz y los vapores —el cuerpo del capital— tengan el mismo valor de cambio, el mismo precio que la lana, el trigo y los ferrocarriles en que antes se encarnaba. El cuerpo del capital es susceptible de cambiar constantemente, sin que por eso sufra el capital la menor alteración.

    Pero, si todo capital es una suma de mercancías, es decir, de valores de cambio, no toda suma de mercancías, de valores de cambio, es capital.

    Toda suma de valores de cambio es un valor de cambio. Todo valor de cambio concreto es una suma de valores de cambio. Por ejemplo, una casa que vale mil marcos es un valor de cambio de mil marcos. Una hoja de papel que valga un pfennig, es una suma de valores de cambio de fennig.

    Los productos susceptibles de ser cambiados por otros productos son mercancías. La proporción concreta en que pueden cambiarse constituye su valor de cambio, o, si se expresa en dinero, su precio. La cantidad de estos productos no altera para nada su destino de mercancías, de ser un valor de cambio o de tener un determinado precio. Sea grande o pequeño, un árbol es siempre un árbol. Por el hecho de cambiar hierro por otros productos en medias onzas o en quintales, ¿cambia su carácter de mercancía, de valor de cambio? Lo único que hace el volumen es dar a una mercancía mayor o menor valor, un precio más alto o más bajo.

    Ahora bien, ¿cómo se convierte en capital una suma de mercancías, de valores de cambio?

    Por el hecho de que, en cuanto fuerza social independiente, es decir, en cuanto fuerza en poder de una parte de la sociedad, se conserva y aumenta por medio del intercambio con la fuerza de trabajo inmediata, viva. La existencia de una clase que no posee nada más que su capacidad de trabajo es una premisa necesaria para que exista el capital.

    Sólo el dominio del trabajo acumulado, pretérito, materializado sobre el trabajo inmediato, vivo, convierte el trabajo acumulado en capital.

    El capital no consiste en que el trabajo acumulado sirva al trabajo vivo como medio para nueva producción. Consiste en que el trabajo vivo sirva al trabajo acumulado como medio para conservar y aumentar su valor de cambio.

    ¿Qué acontece en el intercambio entre el capitalista y el obrero asalariado?

    El obrero obtiene a cambio de su fuerza de trabajo medios de vida, pero, a cambio de estos medios de vida de su propiedad, el capitalista adquiere trabajo, la actividad productiva del obrero, la fuerza creadora con la cual el obrero no sólo repone lo que consume, sino que da al trabajo acumulado un mayor valor del que antes poseía. El obrero recibe del capitalista una parte de los medios de vida existentes. ¿Para qué le sirven estos medios de vida? Para su consumo inmediato. Pero, al consumir los medios de vida de que dispongo, los pierdo irreparablemente, a no ser que emplee el tiempo durante el cual me mantienen estos medios de vida en producir otros, en crear con mi trabajo, mientras los consumo, en vez de los valores destruidos al consumirlos, otros nuevos. Pero esta noble fuerza reproductiva del trabajo es precisamente la que el obrero cede al capital, a cambio de los medios de vida que éste le entrega. Al cederla, se queda, pues, sin ella.

    Pongamos un ejemplo. Un granjero abona a su jornalero cinco silbergroschen por día. Por los cinco silbergroschen el jornalero trabaja la tierra del granjero durante un día entero, asegurándole con su trabajo un ingreso de diez silbergroschen. El granjero no sólo recobra los valores que cede al jornalero, sino que los duplica. Por tanto, invierte, consume de un modo fecundo, productivo. los cinco silbergroschen que paga al jornalero. Por estos cinco silbergroschen compra precisamente el trabajo y la fuerza del jornalero, que crean productos del campo por el doble de valor y convierten los cinco silbergroschen en diez. En cambio, el jornalero obtiene en vez de su fuerza productiva, cuyos frutos ha cedido al granjero, cinco silbergroschen, que cambia por medios de vida, los cuales se han consumido de dos modos: reproductivamente para el capital, puesto que éste los cambia por una fuerza de trabajo [*] que produce diez silbergroschen; improductivamente para el obrero, pues los cambia por medios de vida que desaparecen para siempre y cuyo valor sólo puede recobrar repitiendo el cambio anterior con el granjero. Por consiguiente, el capital presupone el trabajo asalariado, y éste, el capital. Ambos se condicionan y se engendran recíprocamente.

    Un obrero de una fábrica algodonera ¿produce solamente tejidos de algodón? No, produce capital. Produce valores que sirven de nuevo para mandar sobre su trabajo y crear, por medio de éste, nuevos valores.

    El capital sólo puede aumentar cambiándose por fuerza de trabajo, engendrando el trabajo asalariado. Y la fuerza de trabajo del obrero asalariado sólo puede cambiarse por capital acrecentándolo, fortaleciendo la potencia de que es esclava. El aumento del capital es, por tanto, aumento del proletariado, es decir, de la clase obrera.

    El interés del capitalista y del obrero es, por consiguiente, el mismo, afirman los burgueses y sus economistas. En efecto, el obrero perece si el capital no le da empleo. El capital perece si no explota la fuerza de trabajo, y, para explotarla, tiene que comprarla. Cuanto más velozmente crece el capital destinado a la producción, el capital productivo, y, por consiguiente, cuanto más próspera es la industria, cuanto más se enriquece la burguesía, cuanto mejor marchan los negocios, más obreros necesita el capitalista y más caro se vende el obrero.

    Por consiguiente, la condición imprescindible para que la situación del obrero sea tolerable es que crezca con la mayor rapidez posible el capital productivo.

    Pero, ¿qué significa el crecimiento del capital productivo? Significa el crecimiento del poder del trabajo acumulado sobre el trabajo vivo. El aumento de la dominación de la burguesía sobre la clase obrera. Cuando el trabajo asalariado produce la riqueza extraña que le domina, la potencia enemiga suya, el capital, refluyen a él, emanados de éste, medios de trabajo, es decir, medios de vida, a condición de que se convierta de nuevo en parte integrante del capital, en palanca que le haga crecer de nuevo con ritmo acelerado

    Decir que los intereses del capital y los intereses de los obreros son los mismos, equivale simplemente a decir que el capital y el trabajo asalariado son dos aspectos de una misma relación. El uno se halla condicionado por el otro, como el usurero por el derrochador, y viceversa.

    Mientras el obrero asalariado es obrero asalariado, su suerte depende del capital. He ahí la tan cacareada comunidad de intereses entre el obrero y el capitalista.

    Al crecer el capital, crece la masa del trabajo asalariado, crece el número de obreros asalariados; en una palabra, la dominación del capital se extiende a una masa mayor de individuos. Y, suponiendo el caso más favorable: al crecer el capital productivo, crece la demanda de trabajo y crece también, por tanto, el precio del trabajo, el salario.

    Sea grande o pequeña una casa, mientras las que la rodean son también pequeñas cumple todas las exigencias sociales de una vivienda, pero, si junto a una casa pequeña surge un palacio, la que hasta entonces era casa se encoge hasta quedar convertida en una choza. La casa pequeña indica ahora que su morador no tiene exigencias, o las tiene muy reducidas; y, por mucho que, en el transcurso de la civilización, su casa gane en altura, si el palacio vecino sigue creciendo en la misma o incluso en mayor proporción, el habitante de la casa relativamente pequeña se irá sintiendo cada vez más desazonado, más descontento, más agobiado entre sus cuatro paredes.

    Un aumento sensible del salario presupone un crecimiento veloz del capital productivo. A su vez, este veloz crecimiento del capital productivo provoca un desarrollo no menos veloz de riquezas, de lujo, de necesidades y goces sociales. Por tanto, aunque los goces del obrero hayan aumentado, la satisfacción social que producen es ahora menor, comparada con los goces mayores del capitalista, inasequibles para el obrero, y con el nivel de desarrollo de la sociedad en general. Nuestras necesidades y nuestros goces tienen su fuente en la sociedad y los medimos, consiguientemente, por ella, y no por los objetos con que los satisfacemos. Y como tienen carácter social, son siempre relativos.

    El salario no se determina solamente, en general, por la cantidad de mercancías que pueden obtenerse a cambio de él. Encierra diferentes relaciones.

    Lo que el obrero percibe, en primer término, por su fuerza de trabajo, es una determinada cantidad de dinero. ¿Acaso el salario se halla determinado exclusivamente por este precio en dinero?

    En el siglo XVI, a consecuencia del descubrimiento en América de minas más ricas y más fáciles de explotar, aumentó el volumen de oro y plata que circulaba en Europa. El valor del oro y la plata bajó, por tanto, en relación con las demás mercancías. Los obreros seguían cobrando por su fuerza de trabajo la misma cantidad de plata acuñada. El precio en dinero de su trabajo seguía siendo el mismo, y, sin embargo, su salario había disminuido, pues a cambio de esta cantidad de plata, obtenían ahora una cantidad menor de otras mercancías. Fue ésta una de las circunstancias que fomentaron el incremento del capital y, el auge de la burguesía en el siglo XVI.

    Tomemos otro caso. En el invierno de 1847, a consecuencia de una mala cosecha, subieron considerablemente los precios de los artículos de primera necesidad: el trigo, la carne, la mantequilla, el queso, etc. Suponiendo que los obreros hubiesen seguido cobrando por su fuerza de trabajo la misma cantidad de dinero que antes, ¿no habrían disminuido sus salarios? Indudablemente. A cambio de la misma cantidad de dinero obtenían menos pan, menos carne, etc. Sus salarios bajaron, no porque hubiese disminuido el valor de la plata, sino porque aumentó el valor de los víveres.

    Finalmente, supongamos que la expresión monetaria del precio del trabajo siga siendo el mismo, mientras que todas las mercancías agrícolas y manufacturadas bajan de precio, merced a la aplicación de nueva maquinaria, a la estación más favorable, etc. Ahora, por el mismo dinero los obreros podrán comprar más mercancías de todas clases. Su salario, por tanto, habrá aumentado, precisamente por no haberse alterado su valor en dinero.

    Como vemos, la expresión monetaria del precio del trabajo, el salario nominal, no coincide con el salario real, es decir, con la cantidad de mercancías que se obtienen realmente a cambio del salario. Por consiguiente, cuando hablamos del alza o de la baja del salario. no debemos fijarnos solamente en la expresión monetaria del precio del trabajo, en el salario nominal.

    Pero, ni el salario nominal, es decir, la suma de dinero por la que el obrero se vende al capitalista, ni el salario real, o sea, la cantidad de mercancías que puede comprar con este dinero, agotan las relaciones que encierra el salario.

    El salario se halla determinado, además y sobre todo, por su relación con la ganancia, con el beneficio obtenido por el capitalista: es un salario relativo, proporcional.

    El salario real expresa el precio del trabajo en relación con el precio de las demás mercancías; el salario relativo acusa, por el contrario, la parte del nuevo valor creado por el trabajo, que percibe el trabajo directo, en proporción a la parte del valor que se incorpora al trabajo acumulado, es decir, al capital.

    Decíamos más arriba, en la pág. 14: «El salario no es la parte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalista compra una determinada cantidad de fuerza de trabajo productiva. Pero el capitalista tiene que reponer nuevamente este salario, incluyéndolo en el precio por el que vende el producto creado por el obrero; y tiene que reponerlo de tal modo, que, después de cubrir el coste de producción desembolsado, le quede además, por regla general, un remanente, una ganancia. El precio de venta de la mercancía producida por el obrero se divide para el capitalista en tres partes: la primera, para reponer el precio desembolsado en comprar materias primas, así como para reponer el desgaste de las herramientas, máquinas y otros instrumentos de trabajo adelantados por él; la segunda, para reponer los salarios por él adelantados, y la tercera, el remanente que queda después de saldar las dos partes anteriores, la ganancia del capitalista. Mientras que la primera parte se limita a reponer valores que ya existían, es evidente que tanto la suma destinada a reembolsar los salarios abonados como el remanente que forma la ganancia del capitalista salen en su totalidad del nuevo valor creado por el trabajo del obrero y añadido a las materias primas. En este sentido, podemos considerar tanto el salario como la ganancia, para compararlos entre sí, como partes del producto del obrero.

    Puede ocurrir que el salario real continúe siendo el mismo e incluso que aumente, y, no obstante, disminuya el salario relativo. Supongamos, por ejemplo, que el precio de todos los medios de vida baja en dos terceras partes, mientras que el salario diario sólo disminuye en un tercio, de tres marcos a dos, v. gr. Aunque el obrero, con estos dos marcos, podrá comprar una cantidad mayor de mercancías que antes con tres, su salario habrá disminuido, en relación con la ganancia obtenida por el capitalista. La ganancia del capitalista (por ejemplo, del fabricante) ha aumentado en un marco; es decir, que ahora el obrero, por una cantidad menor de valores de cambio, que el capitalista le entrega, tiene que producir una cantidad mayor de estos mismos valores. La parte obtenida por el capital aumenta en comparación con la del trabajo. La distribución de la riqueza social entre el capital y el trabajo es ahora todavía más desigual que antes. El capitalista manda con el mismo capital sobre una cantidad mayor de trabajo. El poder de la clase de los capitalistas sobre la clase obrera ha crecido, la situación social del obrero ha empeorado, ha descendido un grado más en comparación con la del capitalista .

    ¿Cuál es la ley general que rige el alza y la baja del salario y la ganancia, en sus relaciones mutuas?

    Se hallan en razón inversa. La parte de que se apropia el capital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte que le toca al trabajo, el salario, y viceversa. La ganancia aumenta en la medida en que disminuye el salario y disminuye en la medida en que éste aumenta.

    Se objetará acaso que el capital puede obtener ganancia cambiando ventajosamente sus productos con otros capitalistas, cuando aumenta la demanda de su mercancía, sea mediante la apertura de nuevos mercados, sea al aumentar momentáneamente las necesidades en los mercados antiguos. etc.; que, por tanto. las ganancias de un capitalista pueden aumentar a costa de otros capitalistas, independientemente del alza o baja del salario, del valor de cambio de la fuerza de trabajo; que las ganancias del capitalista pueden aumentar también mediante el perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo, la nueva aplicación de las fuerzas naturales, etc.

    En primer lugar, se reconocerá que el resultado sigue siendo el mismo, aunque se alcance por un camino inverso. Es cierto que la ganancia no habrá aumentado porque haya disminuido el salario. pero el salario habrá disminuido por haber aumentado la ganancia. Con la misma cantidad de trabajo ajeno, el capitalista compra ahora una suma mayor de valores de cambio, sin que por ello pague el trabajo más caro; es decir, que el trabajo resulta peor remunerado, en relación con los ingresos netos que arroja para el capitalista.

    Además, recordamos que, pese a las oscilaciones de los precios de las mercancías, el precio medio de cada mercancía, la proporción en que se cambia por otras mercancías, se determina por su coste de producción. Por tanto, los lucros conseguidos por unos capitalistas a costa de otros dentro de la clase capitalista se nivelan necesariamente entre sí. El perfeccionamiento de la maquinaria, la nueva aplicación de las fuerzas naturales al servicio de la producción, permiten crear en un tiempo de trabajo dado y con la misma cantidad de trabajo y capital una masa mayor de productos, pero no, ni mucho menos, una masa mayor de valores de cambio. Si la aplicación de la máquina de hilar me permite fabricar en una hora el doble de hilado que antes de su invención, por ejemplo, cien libras en vez de cincuenta, a cambio de estas cien libras de hilado no obtendré a la larga más mercancías que antes a cambio de las cincuenta, porque el coste de producción se ha reducido a la mitad o porque, ahora, con el mismo coste puedo fabricar el doble del producto.

    Finalmente, cualquiera que sea la proporción en que la clase capitalista, la burguesía, bien la de un solo país o la del mercado mundial entero, se reparta los ingresos netos de la producción, la suma global de estos ingresos netos no será nunca otra cosa que la suma en que el trabajo vivo incrementa en bloque el trabajo acumulado. Por tanto, esta suma global crece en la proporción en que el trabajo incrementa el capital; es decir, en la proporción en que crece la ganancia, en comparación con el salario.

    Vemos, pues, que, aunque nos circunscribimos a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, los intereses del trabajo asalariado y los del capital son diametralmente opuestos.

    Un aumento rápido del capital equivale a un rápido aumento de la ganancia. La ganancia sólo puede crecer rápidamente si el precio del trabajo, el salario relativo, disminuye con la misma rapidez. El salario relativo puede disminuir aunque aumente el salario real simultáneamente con el salario nominal, con la expresión monetaria del valor del trabajo, siempre que éstos no suban en la misma proporción que la ganancia. Si, por ejemplo, en una época de buenos negocios, el salario aumenta en un cinco por ciento y la ganancia en un treinta por ciento, el salario relativo, proporcional, no habrá aumentado, sino disminuido.

    Por tanto, si, con el rápido incremento del capital, aumentan los ingresos del obrero, al mismo tiempo se ahonda el abismo social que separa al obrero del capitalista, y crece, a la par, el poder del capital sobre el trabajo, la dependencia de éste con respecto al capital.

    Decir que el obrero está interesado en el rápido incremento del capital, sólo significa que cuanto más aprisa incrementa el obrero la riqueza ajena, más sabrosas migajas le caen para él, más obreros pueden encontrar empleo y ser echados al mundo, más puede crecer la masa de los esclavos sujetos al capital.

    Hemos visto, pues:

    Que, incluso la situación más favorable para la clase obrera, el incremento más rápido posible del capital, por mucho que mejore la vida material del obrero, no suprime el antagonismo entre sus intereses y los intereses del burgués, los intereses del capitalista. Ganancia y salario seguirán hallándose, exactamente lo mismo que antes, en razón inversa.

    Que si el capital crece rápidamente, pueden aumentar también los salarios, pero que aumentarán con rapidez incomparablemente mayor las ganancias del capitalista. La situación material del obrero habrá mejorado, pero a costa de su situación social. El abismo social que le separa del capitalista se habrá ahondado.

    Y, finalmente:

    Que el decir que la condición más favorable para el trabajo asalariado es el incremento más rápido posible del capital productivo, sólo significa que cuanto más rápidamente la clase obrera aumenta y acrecienta el poder enemigo, la riqueza ajena que la domina, tanto mejores serán las condiciones en que podrá seguir laborando por el incremento de la riqueza burguesa, por el acrecentamiento del poder del capital, contenta con forjar ella misma las cadenas de oro con las que le arrastra a remolque la burguesía.

    El incremento del capital productivo y el aumento del salario, ¿son realmente dos cosas tan inseparablemente enlazadas como afirman los economistas burgueses? No debemos creerles simplemente de palabra. No debemos siquiera creerles que cuanto más engorde el capital, mejor cebado estará el esclavo. La burguesía es demasiado instruida. demasiado calculadora, para compartir los prejuicios del señor feudal, que alardeaba con el brillo de sus servidores. Las condiciones de existencia de la burguesía la obligan a ser calculadora.

    Deberemos, pues, investigar más de cerca lo siguiente: ¿Cómo influye el crecimiento del capital productivo sobre el salario?

    Si crece el capital productivo de la sociedad burguesa en bloque, se produce una acumulación más multilateral de trabajo. Crece el número y el volumen de capitales. El aumento del número de capitales hace aumentar la concurrencia entre los capitalistas. El mayor volumen de los capitales permite lanzar al campo de batalla industrial ejércitos obreros más potentes, con armas de guerra más gigantescas.

    Sólo vendiendo más barato pueden unos capitalistas desalojar a otros y conquistar sus capitales. Para poder vender más barato sin arruinarse, tienen que producir mas barato; es decir, aumentar todo lo posible la fuerza productiva del trabajo. Y lo que sobre todo aumenta esta fuerza productiva es una mayor división del trabajo, la aplicación en mayor escala y el constante perfeccionamiento de la maquinaria. Cuanto mayor es el ejército de obreros entre los que se divide el trabajo, cuanto más gigantesca es la escala en que se aplica la maquinaria, más disminuye relativamente el coste de producción, más fecundo se hace el trabajo. De aquí que entre los capitalistas se desarrolle una rivalidad en todos los aspectos para incrementar la división del trabajo y la maquinaria y explotarlos en la mayor escala posible.

    Si un capitalista, mediante una mayor división del trabajo, empleando y perfeccionando nuevas máquinas, explotando de un modo más provechoso y más extenso las fuerzas naturales. encuentra los medios para fabricar, con la misma cantidad de trabajo o de trabajo acumulado, una suma mayor de productos, de mercancías, que sus competidores; si, por ejemplo, en el mismo tiempo de trabajo en que sus competidores tejen media vara de lienzo. él produce una vara entera, ¿cómo procederá este capitalista?

    Podría seguir vendiendo la media vara de lienzo al mismo precio a que venía cotizándose anteriormente en el mercado, pero esto no sería el medio más adecuado para desalojar a sus adversarios de la liza y extender sus propias ventas. Sin embargo, en la misma medida en que se dilata su producción, se dilata para él la necesidad de mercado. Los medios de producción, más potentes y más costosos que ha puesto en pie, le permiten vender su mercancía mas barata, pero al mismo tiempo le obligan a vender más mercancías, a conquistar para éstas un mercado incomparablemente mayor; por tanto, nuestro capitalista venderá la media vara de lienzo más barata que sus competidores.

    Pero, el capitalista no venderá una vara entera de lienzo por el mismo precio a que sus competidores venden la media vara, aunque a él la producción de una vara no le cueste más que a los otros la media. Si lo hiciese así, no obtendría ninguna ganancia extraordinaria; sólo recobraría por el trueque el coste de producción. Por tanto, aunque obtuviese ingresos mayores, éstos provendrían de haber puesto en movimiento un capital mayor, pero no de haber logrado que su capital aumentase más que los otros. Además, el fin que persigue, lo alcanza fijando el precio de su mercancía tan sólo unos puntos más bajo que sus competidores. Bajando el precio, los desaloja y les arrebata por lo menos una parte del mercado. Y, finalmente, recordamos que el precio corriente es siempre superior o inferior al coste de producción, según que la venta de una mercancía coincida con la temporada favorable o desfavorable de una rama industrial. Los puntos que el capitalista, que aplica nuevos y más fecundos medios de producción, puede añadir a su coste real de producción, al fijar el precio de su mercancía, dependerán de que el precio de una vara de lienzo en el mercado sea superior o inferior a su anterior coste habitual de producción.

    Pero el privilegio de nuestro capitalista no es de larga duración; otros capitalistas, en competencia con él, pasan a emplear las mismas máquinas, la misma división del trabajo y en una escala igual o mayor, hasta que esta innovación acaba por generalizarse tanto, que el precio del lienzo queda por debajo, no ya del antiguo, sino incluso de su nuevo coste de producción.

    Los capitalistas vuelven a encontrarse, pues, unos frente a otros, en la misma situación en que se encontraban antes de emplear los nuevos medios de producción; y si, con estos medios, podían suministrar por el mismo precio el doble de producto que antes, ahora se ven obligados a entregar el doble de producto por menos del precio antiguo. Y comienza la misma historia, sobre la base de este nuevo coste de producción. Más división del trabajo, más maquinaria en una escala mayor. Y la competencia vuelve a reaccionar, exactamente igual que antes, contra este resultado.

    Vemos, pues, cómo se subvierten, se revolucionan incesantemente el modo de producción y los medios de producción, cómo la división del trabajo acarrea necesariamente otra división mayor del trabajo, la aplicación de la maquinaria, otra aplicación mayor de la maquinaria, la producción en gran escala, una producción en otra escala mayor.

    Tal es la ley que saca constantemente de su viejo cauce a la producción burguesa y obliga al capital a tener constantemente en tensión las fuerzas productivas del trabajo, por haberlas puesto antes en tensión; la ley que no le deja punto de sosiego y le susurra incesantemente al oído: ¡Adelante! ¡Adelante!

    Esta ley no es sino la que, dentro de las oscilaciones de los períodos comerciales, nivela necesariamente el precio de una mercancía con su coste de producción.

    Por potentes que sean los medios de producción que un capitalista arroja a la liza, la concurrencia se encargará de generalizar el empleo de estos medios de producción, y, a partir del momento en que se hayan generalizado, el único fruto de la mayor fecundidad de su capital es que ahora tendrá que dar por el mismo precio diez, veinte, cien veces más producto que antes. Pero como, para compensar con la cantidad mayor del producto vendido el precio más bajo de venta, tendrá que vender acaso mil veces más, porque ahora necesita una venta en masa, no sólo para ganar más, sino para reponer el coste de producción, ya que los propios instrumentos de producción van siendo, como hemos visto, cada vez más caros, y como esta venta en masa no es una cuestión vital solamente para él, sino también para sus rivales, la vieja contienda se desencadena con tanta mayor violencia cuanto más fecundos son los medios de producción ya inventados. Por tanto, la división del trabajo y la aplicación de maquinaria seguirán desarrollándose de nuevo, en una escala incomparablemente mayor.

    Cualquiera que sea la potencia de los medios de producción empleados, la competencia procura arrebatar al capital los frutos de oro de esta potencia, reduciendo el precio de las mercancías al coste de producción, y, por tanto, convirtiendo en una ley imperativa el que en la medida en que pueda producirse más barato, es decir, en que pueda producirse más con la misma cantidad de trabajo, haya que abaratar la producción, que suministrar cantidades cada vez mayores de productos por el mismo precio. Por donde el capitalista, como fruto de sus propios desvelos, sólo saldría ganando la obligación de rendir más en el mismo tiempo de trabajo; en una palabra, condiciones más difíciles para el aumento del valor de su capital. Por tanto, mientras que la concurrencia le persigue constantemente con su ley del coste de producción, y todas las armas que forja contra sus rivales se vuelven contra él mismo, el capitalista se esfuerza por burlar constantemente la competencia empleando sin descanso, en lugar de las antiguas, nuevas máquinas, que, aunque más costosas, producen más barato e implantando nuevas divisiones del trabajo en sustitución de las antiguas, sin esperar a que la competencia haga envejecer los nuevos medios.

    Representémonos esta agitación febril proyectada al mismo tiempo sobre todo el mercado mundial, y nos formaremos una idea de cómo el incremento, la acumulación y concentración del capital trae consigo una división del trabajo, una aplicación de maquinaria nueva y un perfeccionamiento de la antigua en una carrera atropellada e ininterrumpida, en escala cada vez más gigantesca.

    Ahora bien, ¿cómo influyen estos factores, inseparables del incremento del capital productivo, en la determinación del salario?

    Una mayor división del trabajo permite a un obrero realizar el trabajo de cinco, diez o veinte; aumenta, por tanto, la competencia entre los obreros en cinco, diez o veinte veces. Los obreros no sólo compiten entre sí vendiéndose unos más barato que otros, sino que compiten también cuando uno solo realiza el trabajo de cinco, diez o veinte; y la división del trabajo, implantada y constantemente reforzada por el capital, obliga a los obreros a hacerse esta clase de competencia.

    Además, en la medida en que aumenta la división del trabajo, éste se simplifica. La pericia especial del obrero no sirve ya de nada. Se le convierte en una fuerza productiva simple y monótona, que no necesita poner en juego ningún recurso físico ni espiritual. Su trabajo es ya un trabajo asequible a cualquiera. Esto hace que afluyan de todas partes competidores; y, además, recordamos que cuanto más sencillo y más fácil de aprender es un trabajo, cuanto menor coste de producción supone el asimilárselo, más disminuye el salario, ya que éste se halla determinado, como el precio de toda mercancía, por el coste de producción.

    Por tanto, a medida que el trabajo va haciéndose más desagradable, más repelente, aumenta la competencia y disminuye el salario. El obrero se esfuerza por sacar a flote el volumen de su salario trabajando más; ya sea trabajando más horas al día o produciendo más en cada hora. Es decir, que, acuciado por la necesidad, acentúa todavía más los fatales efectos de la división del trabajo. El resultado es que, cuanto más trabaja, menos jornal gana; por la sencilla razón de que en la misma medida hace la competencia a sus compañeros, y convierte a éstos, por consiguiente, en otros tantos competidores suyos, que se ofrecen al patrono en condiciones tan malas como él; es decir, porque, en última instancia, se hace la competencia a sí mismo, en cuanto miembro de la clase obrera.

    La maquinaria produce los mismos efectos en una escala mucho mayor, al sustituir los obreros diestros por obreros inexpertos, los hombres por mujeres, los adultos por niños, y porque, además, la maquinaria, dondequiera que se implante por primera vez, lanza al arroyo a masas enteras de obreros manuales, y, donde se la perfecciona, se la mejora o se la sustituye por máquinas más productivas, va desalojando a ;los obreros en pequeños pelotones. Más arriba, hemos descrito a grandes rasgos la guerra industrial de unos capitalistas con otros. Esta guerra presenta la particularidad de que en ella las batallas no se ganan tanto enrolando a ejércitos obreros, como licenciándolos. Los generales, los capitalistas rivalizan a ver quién licencia más soldados industriales.

    Los economistas nos dicen, ciertamente, que los obreros a quienes la maquinaria hace innecesarios encuentran nuevas ramas en que trabajar.

    No se atreven a afirmar directamente que los mismos obreros desalojados encuentran empleo en nuevas ramas de trabajo, pues los hechos hablan demasiado alto en contra de esta mentira. Sólo afirman, en realidad, que se abren nuevas posibilidades de trabajo para otros sectores de la clase obrera; por ejemplo, para aquella parte de la generación obrera juvenil que estaba ya preparada para ingresar en la rama industrial desaparecida. Es, naturalmente, un gran consuelo para los obreros eliminados. A los señores capitalistas no les faltarán carne y sangre fresca explotables y dejarán que los muertos entierren a sus muertos. Pero esto servirá de consuelo más a los propios burgueses que a los obreros. Si la maquinaria destruyese íntegra la clase de los obreros asalariados, ¡que espantoso sería esto para el capital, que sin trabajo asalariado dejaría de ser capital!

    Pero, supongamos que los obreros directamente desalojados del trabajo por la maquinaria y toda la parte de la nueva generación que aguarda la posibilidad de colocarse en la misma rama encuentren nuevo empleo. ¿Se cree que por este nuevo trabajo se les habría de pagar tanto como por el que perdieron? Esto estaría en contradicción con todas las leyes de la economía. Ya hemos visto cómo la industria moderna lleva siempre consigo la sustitución del trabajo complejo y superior por otro más simple y de orden inferior.

    ¿Cómo, pues, una masa de obreros expulsados por la maquinaria de una rama industrial va a encontrar refugio en otra, a no ser con salarios más bajos, peores?

    Se ha querido aducir como una excepción a los obreros que trabajan directamente en la fabricación de maquinaria. Visto que la industria exige y consume más maquinaria, se nos dice, las máquinas tienen, necesariamente, que aumentar, y con ellas su fabricación, y, por tanto, los obreros empleados en la fabricación de la maquinaria; además, los obreros que trabajan en esta rama industrial son obreros expertos, incluso instruidos.

    Desde el año 1840, esta afirmación, que ya antes sólo era exacta a medias, ha perdido toda apariencia de verdad, pues en la fabricación de maquinaria se emplean cada vez en mayor escala máquinas, ni más ni menos que para la fabricación de hilo de algodón, y los obreros que trabajan en las fábricas de maquinaria sólo pueden desempeñar el papel de máquinas extremadamente imperfectas, al lado de las complicadísimas que se utilizan.

    Pero, ¡en vez del hombre adulto desalojado por la máquina, la fábrica da empleo tal vez a tres niños y a una mujer! ¿Y acaso el salario del hombre no tenía que bastar para sostener a los tres niños y a la mujer? ¿No tenía que bastar el salario mínimo para conservar y multiplicar el género? ¿Qué prueba, entonces, este favorito tópico burgués? Prueba únicamente que hoy, para pagar el sustento de una familia obrera, la industria consume cuatro vidas obreras por una que consumía antes.

    Resumiendo: cuanto más crece el capital productivo, mas se extiende la división del trabajo y la aplicación de maquinaria. Y cuanto más se extiende la división del trabajo y la aplicación de la maquinaria, más se acentúa la competencia entre los obreros y más se reduce su salario.

    Además, la clase obrera se recluta también entre capas más altas de la sociedad. Hacia ella va descendiendo una masa de pequeños industriales y pequeños rentistas, para quienes lo más urgente es ofrecer sus brazos junto a los brazos de los obreros. Y así, el bosque de brazos que se extienden y piden trabajo es cada vez más espeso, al paso que los brazos mismos que lo forman son cada vez más flacos.

    De suyo se entiende que el pequeño industrial no puede hacer frente a esta lucha, una de cuyas primeras condiciones es producir en una escala cada vez mayor, es decir, ser precisamente un gran y no un pequeño industrial.

    Que el interés del capital disminuye en la misma medida que aumentan la masa y el número de capitales. en la que crece el capital, y que, por tanto, el pequeño rentista no puede seguir viviendo de su renta y tiene que lanzarse a la industria, ayudando de este modo a engrosar las filas de los pequeños industriales. y, con ello las de los candidatos a proletarios, es cosa que tampoco requiere más explicación.

    Finalmente, a medida que los capitalistas se ven forzados, por el proceso que exponíamos más arriba, a explotar en una escala cada vez mayor los gigantescos medios de producción ya existentes, viéndose obligados para ello a poner en juego todos los resortes del crédito, aumenta la frecuencia de los terremotos industriales, en los que el mundo comercial sólo logra mantenerse a flote sacrificando a los dioses del averno una parte de la riqueza, de los productos y hasta de las fuerzas productivas; aumentan, en una palabra, las crisis. Estas se hacen más frecuentes y más violentas, ya por el solo hecho de que. a medida que crece la masa de producción y, por tanto, la necesidad de mercados más extensos, el mercado mundial va reduciéndose más y más, y quedan cada vez menos mercados nuevos que explotar, pues cada crisis anterior somete al comercio mundial un mercado no conquistado todavía o que el comercio sólo explotaba superficialmente. Pero el capital no vive sólo del trabajo. Este amo, a la par distinguido y bárbaro, arrastra consigo a la tumba los cadáveres de sus esclavos, hecatombes enteras de obreros que sucumben en las crisis. Vemos, pues, que, si el capital crece rápidamente, crece con rapidez incomparablemente mayor todavía la competencia entre los obreros, es decir, disminuyen tanto más, relativamente, los medios de empleo y los medios de vida de la clase obrera; y, no obstante esto, el rápido incremento del capital es la condición más favorable para el trabajo asalariado.

    Escrito por C. Marx; sobre la base de las conferencias
    pronunciadas en la segunda quincena de diciembre de 1847.

    Se publica de acuerdo con el texto del folleto.

    Traducido del alemán.

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    NOTAS
    [1] Alusión a la leyenda del complicado nudo con que Gordio, rey de Frigia, unió el yugo al timón de su carro; según la predicción de un oráculo, quien lo desanudase sería el soberano de Asia; Alejandro de Macedonia, después de varias tentativas infructuosas, lo cortó con su espada.

    [*] En este lugar el término «fuerza de trabajo» no fue introducido por Engels, sino que figura ya en el texto publicado por Marx en la «Neue Rheinische Zeitung» (N. de la Edit.)

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    Trabajo asalariado y capital, por F. Engels ; Introducción a la edición de 1891
    El trabajo que reproducimos a continuación se publicó[1], bajo la forma de una serie de artículos editoriales, en la "Neue Rheinische Zeitung" [2], a partir del 4 de abril de 1849. Le sirvieron de base las conferencias dadas por Marx, en 1847, en la Asociación Obrera Alemana de Bruselas [3]. La publicación de estos artículos quedó incompleta; el «se continuará» con que termina el artículo publicado en el número 269, no se pudo cumplir, por haberse precipitado por aquellos días los acontecimientos: la invasión de Hungría [4] por los rusos, las insurrecciones de Dresde, Iserlohn, Elberfeld, el Palatinado y Baden [5], y, como consecuencia de esto, fue suspendido el propio periódico (19 de mayo de 1849). Entre los papeles dejados por Marx no apareció el manuscrito de la continuación [6].

    De "Trabajo asalariado y capital" han visto la luz varias ediciones en tirada aparte bajo la forma de folleto; la última, en 1884 (Hottingen-Zurich Tipografía Cooperativa suiza). Todas estas reimpresiones se ajustaban exactamente al texto del original. Pero la presente edición va a difundirse como folleto de propaganda, en una tirada no inferior a 10.000 ejemplares, y esto me ha hecho pensar si el propio Marx habría aprobado, en estas condiciones, la simple reimpresión del texto, sin introducir en él ninguna modificación.

    En la década del cuarenta, Marx no había terminado aún su crítica de la Economía Política. Fue hacia fines de la década del [146] cincuenta cuando dio término a esta obra. Por eso, los trabajos publicados por él antes de la aparición del primer fascículo de la "Contribución a la crítica de la Economía Política" (1859), difieren en algunos puntos de los que vieron la luz después de esa fecha; contienen expresiones y frases enteras que, desde el punto de vista de las obras posteriores, parecen poco afortunadas y hasta inexactas. Ahora bien, es indudable que en las ediciones corrientes, destinadas al público en general, caben también estos puntos de vista anteriores, que forman parte de la trayectoria espiritual del autor, y que tanto éste como el público tienen el derecho indiscutible a que estas obras antiguas se reediten sin ninguna alteración. Y a mí no se me hubiera ocurrido, ni en sueños, modificar ni una tilde.

    Pero la cosa cambia cuando se trata de una reedición destinada casi exclusivamente a la propaganda entre los obreros. En este caso, es indiscutible que Marx habría puesto la antigua redacción, que data ya de 1849, a tono con su nuevo punto de vista. Y estoy absolutamente seguro de obrar tal como él lo habría hecho introduciendo en esta edición las escasas modificaciones y adiciones que son necesarias para conseguir ese resultado en todos los puntos esenciales. De antemano advierto, pues, al lector que este folleto no es el que Marx redactó en 1849, sino, sobre poco más o menos, el que habría escrito en 1891. Además, el texto original circula por ahí en tan numerosos ejemplares, que por ahora basta con esto, hasta que yo pueda reproducirlo sin alteración en una edición de las obras completas.

    Mis modificaciones giran todas en torno a un punto. Según el texto original, el obrero vende al capitalista, a cambio del salario, su trabajo; según el texto actual, vende su fuerza de trabajo. Y acerca de esta modificación, tengo que dar las necesarias explicaciones. Tengo que darlas a los obreros, para que vean que no se trata de ninguna sutileza de palabras, ni mucho menos, sino de uno de los puntos más importantes de toda la Economía Política. Y a los burgueses, para que se convenzan de cuán por encima están los incultos obreros, a quienes se pueden explicar con facilidad las cuestiones económicas más difíciles, de nuestros petulantes hombres «cultos», que jamás, mientras vivan, llegarán a comprender estos intrincados problemas.

    La Economía Política clásica [7] tomó de la práctica industrial la idea, en boga entre los fabricantes, de que éstos compran y pagan el trabajo de sus obreros. Esta idea servía perfectamente a los fabricantes para administrar sus negocios, para la contabilidad y el cálculo de los precios. Pero, trasplantada simplistamente a la Economía Política, causó aquí extravíos y embrollos verdaderamente notables.

    La Economía Política se encuentra con el hecho de que los precios de todas las mercancías, incluyendo el de aquélla a que da el nombre de «trabajo», varían constantemente; con que suben y bajan por efecto de circunstancias muy diversas, que muchas veces no guardan relación alguna con la fabricación de la mercancía misma, de tal modo que los precios parecen estar determinados generalmente por el puro azar. Por eso, en cuanto la Economía Política se erigió en ciencia [8], uno de los primeros problemas que se le plantearon fue el de investigar la ley que presidía este azar que parecía gobernar los precios de las mercancías, y que en realidad lo gobierna a él. Dentro de las constantes fluctuaciones en los precios de las mercancías, que tan pronto suben como bajan, la Economía se puso a buscar el punto central fijo en torno al cual se movían estas fluctuaciones. En una palabra, arrancó de los precios de las mercancías para investigar como ley reguladora de éstos el valor de las mercancías, valor que explicaría todas las fluctuaciones de los precios y al cual, en último término, podrían reducirse todas ellas.

    Así, la Economía Política clásica encontró que el valor de una mercancía lo determinaba el trabajo necesario para su producción encerrado en ella. Y se contentó con esta explicación. También nosotros podemos detenernos, provisionalmente, aquí. Recordaré tan sólo, para evitar equívocos, que hoy esta explicación es del todo insuficiente. Marx investigó de un modo minucioso por vez primera la propiedad que tiene el trabajo de crear valor, y descubrió que no todo trabajo aparentemente y aun realmente necesario para la producción de una mercancía añade a ésta en todo caso un volumen de valor equivalente a la cantidad de trabajo consumido. Por tanto, cuando hoy decimos simplemente, con economistas como Ricardo, que el valor de una mercancía se determina por el trabajo necesario para su producción, damos por sobreentendidas siempre las reservas hechas por Marx. Aquí, basta con dejar sentado esto; lo demás lo expone Marx en su "Contribución a la crítica de la Economía Política" (1859), y en el primer tomo de "El Capital".

    Pero, tan pronto como los economistas aplicaban este criterio de determinación del valor por el trabajo a la mercancía «trabajo», caían de contradicción en contradicción. ¿Cómo se determina el valor del «trabajo»? Por el trabajo necesario encerrado en él. Pero, ¿cuánto trabajo se encierra en el trabajo de un obrero durante un día, una semana, un mes, un año? El trabajo de un día, una semana, un mes, un año. Si el trabajo es la medida de todos los valores, el «valor del trabajo» sólo podrá expresarse en trabajo. Sin embargo, con saber que el valor de una hora de trabajo es igual a una hora de trabajo, es como si no supiésemos nada acerca de él. Con esto, no hemos avanzado ni un pelo hacia nuestra meta; no hacemos más que dar vueltas en un círculo vicioso.

    La Economía Política clásica intentó, entonces, buscar otra salida. Dijo: el valor de una mercancía equivale a su coste de producción. Pero, ¿cuál es el coste de producción del trabajo? Para poder contestar a esto, los economistas vense obligados a forzar un poquito la lógica. En vez del coste de producción del propio trabajo, que, desgraciadamente, no se puede averiguar, investigan el coste de producción del obrero. Este sí que puede averiguarse. Varía según los tiempos y las circunstancias, pero. dentro de un determinado estado de la sociedad, de una determinada localidad y de una rama de producción dada, constituye una magnitud también dada, a lo menos dentro de ciertos límites, bastante reducidos. Hoy, vivimos bajo el dominio de la producción capitalista, en la que una clase numerosa y cada vez más extensa de la población sólo puede existir trabajando, a cambio de un salario, para los propietarios de los medios de producción: herramientas, máquinas, materias primas y medios de vida. Sobre la base de este modo de producción, el coste de producción del obrero consiste en la suma de medios de vida —o en su correspondiente precio en dinero— necesarios por término medio para que aquél pueda trabajar y mantenerse en condiciones de seguir trabajando, y para sustituirle por un nuevo obrero cuando muera o quede inservible por vejez o enfermedad, es decir, para asegurar la reproducción de la clase obrera en la medida necesaria. Supongamos que el precio en dinero de estos medios de vida es, por término medio, de tres marcos diarios.

    En este caso, nuestro obrero recibirá del capitalista para quien trabaja un salario de tres marcos al día. A cambio de este salario, el capitalista le hace trabajar, digamos, doce horas diarias. El capitalista echa sus cuentas, sobre poco más o menos, del modo siguiente:

    Supongamos que nuestro obrero —un mecánico ajustador— tiene que hacer una pieza de una máquina, que acaba en un día. La materia prima, hierro y latón, en el estado de elaboración requerido, cuesta, supongamos, 20 marcos. Al consumo de carbón de la máquina de vapor y el desgaste de ésta, del torno y de las demás herramientas con que trabaja nuestro obrero representan, digamos —calculando la parte correspondiente a un día y a un obrero—, un valor de un marco. El jornal de un día es, según nuestro cálculo, de tres marcos. El total arrojado para nuestra pieza es de 24 marcos. Pero el capitalista calcula que su cliente le abonará, por término medio, un precio de 27 marcos; es decir, tres marcos más del coste por él desembolsado.

    ¿De dónde salen estos tres marcos, que el capitalista se embolsa? La Economía Política clásica sostiene que las mercancías se venden, unas con otras, por su valor; es decir, por el precio que corresponde a la cantidad de trabajo necesario encerrado en ellas. Según esto, el precio medio de nuestra pieza —o sea 27 marcos— debería ser igual a su valor, al trabajo encerrado en ella. Pero de estos 27 marcos, 21 eran valores que ya existían antes de que nuestro ajustador comenzara a trabajar. 20 marcos se contenían en la materia prima, un marco en el carbón quemado durante el trabajo o en las máquinas y herramientas empleadas en éste, y cuya capacidad de rendimiento disminuye por valor de esa suma. Quedan seis marcos, que se añaden al valor de las materias primas. Según la premisa de que arrancan nuestros economistas, estos seis marcos sólo pueden provenir del trabajo añadido a la materia prima por nuestro obrero. Según esto, sus doce horas de trabajo han creado un valor nuevo de seis marcos. Es decir que el valor de sus doce horas de trabajo equivale a esta cantidad. Así habremos descubierto, por fin, cuál es el «valor del trabajo».

    — ¡Alto ahí! —grita nuestro ajustador—. ¿Seis marcos, decís? ¡Pero a mí sólo me han entregado tres! Mi capitalista jura y perjura que el valor de mis doce horas de trabajo son sólo tres marcos, y si le reclamo seis, se reirá de mí. ¿Cómo se entiende esto?

    Si antes, con nuestro valor del trabajo nos movíamos en un circulo vicioso, ahora caemos de lleno en una insoluble contradicción. Buscábamos el valor del trabajo, y hemos encontrado más de lo que queríamos. Para el obrero, el valor de un trabajo de doce horas son tres marcos; para el capitalista, seis, de los cuales paga tres al obrero como salario y se embolsa los tres restantes. Resulta, pues, que el trabajo no tiene solamente un valor, sino dos, y además bastante distintos.

    Más absurda aparece todavía la contradicción si reducimos a tiempo de trabajo los valores expresados en dinero. En las doce horas de trabajo se crea un valor nuevo de seis marcos. Por tanto, en seis horas serán tres marcos, o sea lo que el obrero recibe por un trabajo de doce horas. Por doce horas de trabajo se le entrega al obrero, como valor equivalente, el producto de un trabajo de seis horas. Por tanto, o el trabajo tiene dos valores, uno de los cuales es el doble de grande que el otro, ¡o doce son iguales a seis! En ambos casos estamos dentro del más puro absurdo.

    Por más vueltas que le demos, mientras hablemos de compra y venta del trabajo y de valor del trabajo, no saldremos de esta contradicción. Y esto es lo que les ocurría a los economistas. El último brote de la Economía Política clásica, la escuela de Ricardo, fracasó en gran parte por la imposibilidad de resolver esta contradicción. La Economía Política clásica se había metido en un callejón sin salida. El hombre que encontró la salida de este atolladero fue Carlos Marx.

    Lo que los economistas consideraban como coste de producción «del trabajo» era el coste de producción, no del trabajo, sino del propio obrero viviente. Y lo que este obrero vendía al capitalista no era su trabajo. «Allí donde comienza realmente su trabajo —dice Marx—, éste ha dejado ya de pertenecerle a él y no puede, por tanto, venderlo». Podrá, a lo sumo, vender su trabajo futuro; es decir, comprometerse a ejecutar un determinado trabajo en un tiempo dado. Pero con ello no vende el trabajo (pues éste todavía está por hacer), sino que pone a disposición del capitalista, a cambio de una determinada remuneración, su fuerza de trabajo, sea por un cierto tiempo (si trabaja a jornal) o para efectuar una tarea determinada (si trabaja a destajo): alquila o vende su fuerza de trabajo. Pero esta fuerza de trabajo está unida orgánicamente a su persona y es inseparable de ella. Por eso su coste de producción coincide con el coste de producción de su propia persona; lo que los economistas llamaban coste de producción del trabajo es el coste de producción del obrero, y, por tanto, de la fuerza de trabajo. Y ahora, ya podemos pasar del coste de producción de la fuerza de trabajo al valor de ésta y determinar la cantidad de trabajo socialmente necesario que se requiere para crear una fuerza de trabajo de determinada calidad, como lo ha hecho Marx en el capítulo sobre la compra y la venta de la fuerza de trabajo ("El Capital", tomo I, capítulo 4, apartado 3).

    Ahora bien, ¿qué ocurre, después que el obrero vende al capitalista su fuerza de trabajo; es decir, después que la pone a su disposición, a cambio del salario convenido, por jornal o a destajo? El capitalista lleva al obrero a su taller o a su fábrica, donde se encuentran ya preparados todos los elementos necesarios para el trabajo: materias primas y materiales auxiliares (carbón, colorantes, etc.), herramientas y maquinaria. Aquí, el obrero comienza a trabajar. Supongamos que su salario, es, como antes, de tres marcos al día, siendo indiferente que los obtenga como jornal o a destajo. Volvamos a suponer que, en doce horas, el obrero, con su trabajo, añade a las materias primas consumidas un nuevo valor de seis marcos, valor que el capitalista realiza al vender la mercancía terminada. De estos seis marcos, paga al obrero los tres que le corresponden y se guarda los tres restantes. Ahora bien, si el obrero, en doce horas, crea un valor de seis marcos, en seis horas creará un valor de tres. Es decir, que con seis horas que trabaje resarcirá al capitalista el equivalente de los tres marcos que éste le entrega como salario. Al cabo de seis horas de trabajo, ambos están en paz y ninguno adeuda un céntimo al otro.

    — ¡Alto ahí! —grita ahora el capitalista—. Yo he alquilado al obrero por un día entero, por doce horas. Seis horas no son más que media jornada. De modo que ¡a seguir trabajando, hasta [151] cubrir las otras seis horas, y sólo entonces estaremos en paz! Y, en efecto, el obrero no tiene más remedio que someterse al contrato que «voluntariamente» ha pactado, y en el que se obliga a trabajar doce horas enteras por un producto de trabajo que sólo cuesta seis horas.

    Exactamente lo mismo acontece con el salario a destajo. Supongamos que nuestro obrero fabrica en doce horas doce piezas de mercancías, y que cada una de ellas cuesta, en materias primas y desgaste de maquinaria, dos marcos y se vende a dos y medio. En igualdad de circunstancias con nuestro ejemplo anterior, el capitalista pagará al obrero 25 pfennigs por pieza. Las doce piezas arrojan un total de tres marcos, para ganar los cuales el obrero tiene que trabajar doce horas. El capitalista obtiene por las doce piezas treinta marcos; descontando veinticuatro marcos para materias primas y desgaste, quedan seis marcos, de los que entrega tres al obrero, como salario, y se embolsa los tres restantes. Exactamente lo mismo que arriba. También aquí trabaja el obrero seis horas para sí, es decir, para reponer su salario (media hora de cada una de las doce) y seis horas para el capitalista.

    La dificultad contra la que se estrellaban los mejores economistas, cuando partían del valor del «trabajo», desaparece tan pronto como, en vez de esto, partimos del valor de la «fuerza de trabajo». La fuerza de trabajo es, en nuestra actual sociedad capitalista, una mercancía; una mercancía como otra cualquiera, y sin embargo, muy peculiar. Esta mercancía tiene, en efecto, la especial virtud de ser una fuerza creadora de valor, una fuente de valor, y, si se la sabe emplear, de mayor valor que el que en sí misma posee. Con el estado actual de la producción, la fuerza humana de trabajo no sólo produce en un día más valor del que ella misma encierra y cuesta, sino que, con cada nuevo descubrimiento científico, con cada nuevo invento técnico, crece este remanente de su producción diaria sobre su coste diario, reduciéndose, por tanto, aquella parte de la jornada de trabajo en que el obrero produce el equivalente de su jornal, y alargándose, por otro lado, la parte de la jornada de trabajo en que tiene que regalar su trabajo al capitalista, sin que éste le pague nada.

    Tal es el régimen económico sobre el que descansa toda la sociedad actual: la clase obrera es la que produce todos los valores, pues el valor no es más que un término para expresar el trabajo, el término con que en nuestra actual sociedad capitalista se designa la cantidad de trabajo socialmente necesario, encerrado en una determinada mercancía. Pero estos valores producidos por los obreros no les pertenecen a ellos. Pertenecen a los propietarios de las materias primas, de las máquinas y herramientas y de los recursos anticipados que permiten a estos propietarios comprar la fuerza de trabajo de la clase obrera. Por tanto, de toda la cantidad [152] de productos creados por ella, la clase obrera sólo recibe una parte. Y, como acabamos de ver, la otra parte, la que retiene para sí la clase capitalista, viéndose a lo sumo obligada a compartirla con la clase de los propietarios de tierras, se acrecienta con cada nuevo invento y cada nuevo descubrimiento, mientras que la parte correspondiente a la clase obrera (calculándola por persona), sólo aumenta muy lentamente y en proporciones insignificantes, cuando no se estanca o incluso disminuye, como acontece en algunas circunstancias.

    Pero estos descubrimientos e invenciones, que se desplazan rápidamente unos a otros, este rendimiento del trabajo humano que va creciendo día tras día en proporciones antes insospechadas, acaban por crear un conflicto, en el que forzosamente tiene que perecer la actual economía capitalista-. De un lado, riquezas inmensas y una plétora de productos que rebasan la capacidad de consumo del comprador. Del otro, la gran masa de la sociedad proletarizada, convertida en obreros asalariados, e incapacitada con ello para adquirir aquella plétora de productos. La división de la sociedad en una reducida clase fabulosamente rica y una enorme clase de asalariados que no poseen nada, hace que esta sociedad se asfixie en su propia abundancia, mientras la gran mayoría de sus individuos apenas están garantizados, o no lo están en absoluto, contra la más extrema penuria. Con cada día que pasa, este estado de cosas va haciéndose más absurdo y más innecesario. Debe ser eliminado, y puede ser eliminado. Es posible un nuevo orden social en el que desaparecerán las actuales diferencias de clase y en el que —tal vez después de un breve período de transición, acompañado de ciertas privaciones, pero en todo caso muy provechoso moralmente—, mediante el aprovechamiento y el desarrollo armónico y proporcional de las inmensas fuerzas productivas ya existentes de todos los individuos de la sociedad, con el deber general de trabajar, se dispondrá por igual para todos, en proporciones cada vez mayores, de los medios necesarios para vivir, para disfrutar de la vida y para educar y ejercer todas las facultades físicas y espirituales. Que los obreros van estando cada vez más resueltos a conquistar, luchando, este nuevo orden social, lo patentizarán, en ambos lados del Océano, el día de mañana, 1 de mayo, y el domingo, 3 de mayo [9].

    Londres, 30 de abril de 1891 Federico Engels

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    NOTAS
    [1] Al publicar "Trabajo asalariado y capital", Marx se proponía describir en forma popular las relaciones económicas, base material de la lucha de clases de la sociedad capitalista. Quería pertrechar al proletariado con la arma teórica del conocimiento científico de la base en que descansan en la sociedad capitalista la dominación de clase de la burguesía y la esclavitud asalariada de los obreros. Al desarrollar los puntos de partida de su teoría de la plusvalía, Marx formula a grandes rasgos la tesis de la depauperación relativa y absoluta de la clase obrera bajo el capitalismo.

    [2] La "Neue Rheinische Zeitung. Organ der Demokratie (Nueva Gaceta del Rin. Organo de la Democracia) salía todos los días en Colonia desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849; la dirigía Marx, y en el consejo de redacción figuraba Engels.

    [3] La Asociación Obrera Alemana de Bruselas fue fundada por Marx y Engels a fines de agosto de 1847 con el fin de dar instrucción política a los obreros alemanes residentes en Bélgica y propagar entre ellos las ideas del comunismo científico. Bajo la dirección de Marx y Engels y sus compañeros de lucha, la Asociación se convirtió en un centro legal de agrupación de los proletarios revolucionarios alemanes en Bélgica. Los mejores elementos de la Asociación integraban la Organización de Bruselas de la Liga de los Comunistas. Las actividades de la Asociación Obrera Alemana de Bruselas se suspendieron poco después de la revolución de febrero de 1848 en Francia, debido a las detenciones y la expulsión de sus componentes por la policía belga.

    [4] Se alude a la intervención de las tropas del zar en Hungría, en 1849, con el fin de sofocar la revolución burguesa en este país y restaurar allí el poder de los Habsburgo austríacos.

    [5] Se trata de las insurrecciones de las masas populares en Alemania en mayo-julio de 1849 en defensa de la Constitución imperial (adoptada por la Asamblea Nacional de Francfort el 28 de marzo de 1849, pero rechazada por varios Estados alemanes). Tenían un carácter espontáneo y disperso y fueron aplastadas a mediados de julio de 1849.

    [6] Posteriormente, entre los manuscritos de Marx se descubrió un borrador de la conferencia final o de varias conferencias finales sobre el trabajo asalariado y el capital. Era un manuscrito titulado "Salarios" y llevaba en la tapa las notas: «Bruselas, diciembre de 1847». Por su contenido, este manuscrito completa en parte la obra inacabada de Marx "Trabajo asalariado y capital". Sin embargo, las partes finales preparadas para la imprenta, de este trabajo, no se han encontrado entre los manuscritos de Marx.

    [7] Marx escribe en "El Capital": «Por Economía Política clásica entiendo toda la Economía Política que, comenzando por W. Petty, investiga la conexión interna de las relaciones burguesas de producción». Los principales representantes de la Economía Política clásica en Inglaterra eran Adam Smith y David Ricardo.

    [8] F. Engels escribe en su obra "Anti-Dühring" que «la Economía Política, en el sentido estricto de la palabra, aunque hubiese surgido a fines del siglo XVII en las cabezas de algunas personalidades geniales, tal como fue formulada en las obras de los fisiócratas y de Adam Smith es, en esencia, hija del siglo XVIII».

    [9] Engels se refiere a la celebración del 1º de Mayo en 1891. En algunos países (Inglaterra y Alemania), la fiesta del 1º de Mayo se celebraba el primer domingo posterior a esta fecha; en 1891 cayó en el día 3.
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    Trabajo asalariado y capital | 26-09-2008 - 17:03:40 GMT 1 #

  7. Carta dirigida a los miembros de Espai Marx: La construcción del sujeto revolucionario, por Joaquín Miras Albarrán : La carta que aquí reproducimos, fechada en verano de 2008, es un texto que Joaquín Miras, su autor, dirigió a sus compañeros de Espai Marx. En ella señalaba: “El autor del que tomo la idea sobre los participantes de las derrotas y que estuvo en el ejército de Von paulus, es el gran historiador Reinhart Koselleck”.

    Miras es autor de numerosos artículos sobre republicanismo socialista, es colaborador de El Viejo Topo, miembro del consejo editorial de sin permiso y autor igualmente de Repensar la política, refundar la izquierda. El Viejo Topo, Barcelona. Sus trabajos suelen aparecer también en las páginas de www.rebelion.org

    *

    Queridos amigos: alguno de vosotros me ha escrito para preguntarme por qué le doy importancia a los textos de estos autores que estoy leyendo [Franz Neumann, Otto Kircheimer] y de los cuales os he enviado el resumen del libro de uno de ellos.

    […] Creo que desde 1945 hasta -para poner como emblema una fecha- 1989, Europa ha estado fuera del mundo de la política. Con estallidos que fueron reconducidos al pacto previo, por ejemplo los dos estallidos que coinciden en 1968: Waldek Rochet [ex secretario general del PCF] recibe “órdenes de Moscú” de abandonar la movilización revolucionaria en Francia y “los rusianos” invaden Checoeslovaquia, etc: meros “accidentes del recorrido” dentro del pacto previo que se saldan con la liquidación de quienes se quieren salir del pacto, pero se mantiene la “cárcel dorada”. Presos pero en la playa, como le pasó a Lukács en 1956, quien, tras ser ministro en el gobierno de Imre Nagy, es detenido por los “rusianos” y encarcelado…en un palacio rumano a la orilla del mar; ahí es donde Lukács llegó a la conclusión de que, definitivamente, Kafka era un autor realista.

    Durante todo este periodo de decenios, la teoría política que se hizo, aunque partiera de autores anteriores, era falsa o floja en un doble sentido: desde la fuerzas oficiales dominantes en la izquierda, era mera elaboración ad hoc, para mostrar que lo que se hacía –aceptar el statu quo- era lo propuesto, lo elaborado, lo indagado por los autores que lucharon antes, que no era sino la continuación de su obra, etc. Desde los intentos de “romper el cerco” también era floja porque resultaba una teoría sin práctica; no era un filosofar praxeológico, no había conexión con problemas intelectuales sugeridos por la realidad de una praxis social. Se convertía como mucho en buena filología, en buena academia, y muy a menudo ni eso. Se trataba simplemente de condenar a los que no pensaban como uno mismo.

    Para haber logrado al menos alguna productividad habría que haber partido de una idea, la que asumían los menos que fueron los más fructíferos: la idea de que 1945 fue una derrota. Esta posición se asumió, efectivamente, entre algunos de los que habían estado, p. e., en el ejército de Von Paulus –los menos, también, de entre ellos, los no “transformistas”, porque los más –Heidegger entre ellos- “nunca habían sido”, “nunca habían sabido” “siempre lo habían dicho”… -. El derrotado -esto es, el que acepta que ha habido derrota- piensa que ésta no es una consecuencia mecánica inevitable del pasado, que hubo en su momento múltiples posibilidades abiertas de actuación, y puede replantearse, en consecuencia, en qué se equivocaron: Hobsbawm, Sacristán, etc. lo hicieron a partir de un determinado momento. El Lukács posterior al “balneario rumano”, Passolini y su consciencia de la derrota de la Resistencia, también. En esto el derrotado tiene ventaja sobre el triunfador que parte de que esa salida estaba insita en la lógica de los acontecimientos (permitidme hacer un poco de virtud con la necesidad) .

    La teoría última que tenemos, que fue orgánica de un mundo social en lucha, de unas praxis reales masivas, es en consecuencia la de estos otros individuos de los años treinta : a comenzar con el coloso único que sabe plantearse el problema genético: cómo se hace una revolución, esto es, cómo se construye un sujeto revolucionario, cómo pasa del no ser al ser un sujeto o bloque social ahora inexistente, aun habiendo condiciones de posibilidad de que exista si se hace lo que se debe hacer. Este coloso solitario en su tarea se llama Antonio Gramsci (nos dice además: ¿a que no adivináis por qué es grande Maquiavelo? Porque se propone construir un sujeto, no lo da por construido, sabe que se debe crear y trata de pensar cómo se crea; es la lectura más aguda e interesante de Maquiavelo). Gramsci reflexiona desde la derrota y, también, aún desde la praxis, pues todavía había praxis y lucha en el mundo exterior a la cárcel.

    Estos autores además recogen la experiencia de lucha de sociedades complejas, con sujetos sociales posibles a construir a partir de colectivos muy diferenciados propios de sociedades fordistas, técnicamente desarrolladas. Son testigos, pues, de unas políticas prácticas que ellos ven estar dirigidas de forma errada, simplificadora, con el rechazo de la lucha de masas, o con el rechazo de las constituciones o con el rechazo de que sea interesante el amparo legal, etc en una situación de feroz ofensiva del capitalismo que es capaz de construirse su apoyo de masas.

    Hasta aquí la primera razón de este ir hacia atrás. La segunda es que el mundo presente es consecuencia de la salida del empate estratégico y el reparto de poderes de 1945 que instaura el largo periodo de ”cárcel dorada” que se ha saldado con la derrota hasta la aniquilación de una de las dos partes: se ha producido el deshielo (el hielo, el frío, la sociedad congelada existió en los dos lados del telón aunque en el occidente capitalista no se conservaran los hoteles de los años treinta, con sus salones art decó, sus fieltros, sus terciopelos, sus espejos de marcos sobredorados, ni las orquestas con violines, al estilo de Praga o de Moscú) y se ha producido de la peor de las formas posibles, con el triunfo incontestable del capitalismo frente al enemigo y con la situación de emergencia del capitalismo que está en una situación de poder desatado destructivo y de caos infinito.

    Nuestro mundo ha entrado nuevamente en actividad política; la derecha ha declarado la lucha de clases sin mediaciones y vivimos un mundo muy semejante al de los años posteriores a la primera guerra mundial y a los años treinta, y tan peligroso como aquel, salvo por el hecho dramático de que nosotros, la izquierda, no somos ahora sujeto político de masas.

    Se trata pues de reflexionar y aprender sobre los trozos de reflexión escrita por los más lúcidos entre ellos.

    Disculpad la longitud de la nota.

    Carta dirigida a los miembros de Espai Marx : La construcción del sujeto revolucionario | 27-09-2008 - 06:33:40 GMT 1 #

  8. Mitin-Fiesta. Un encuentro de la militancia y de los amigos del PCE : Una jornada de lucha contra la crisis económica y un llamamiento a las movilizaciones del 7 de octubre contra la propuesta de Directiva de tiempo de trabajo del Consejo de Ministros de la Unión Europea.

    PROGRAMA
    Música

    12.30h: Javier Maroto y cantautores en el escenario exterior
    17.30h: Banda de Jazz “GSD Connection” en el Salón de Actos del C.C El Pozo
    17.30h: Alfaya en el escenario exterior

    Exposición

    "Aniversario de la legalización del PCE", en el Hall del C.C El Pozo, 1ª planta

    Cine

    13.00h: en la sala 5 del C.C El Pozo, 1ª planta

    Documentales "FILM POPULAR" - "Fuego en España" - Defensa de Madrid - Por la Unidad hacia la Victoria - Conferencia Nacional de Juventudes - Celestino García Moreno - La mujer en la Guerra - Congreso Internacional de Escritores - Norteamérica en España - Traición: Julio de 1936

    Documental dirigido por Verónica Vigil y José María Almela sobre las “13 Rosas”: - "Que mi nombre no se borre de la historia"

    Documental de la Fundación Juan Muñiz Zapico (CC.OO de Asturias): - "Hay una luz en Asturias".

    Teatro

    12.00h: en el escenario exterior payasos y mimos
    16.30h: Por una cultura para todos. Lectura y música de la mano de Asunción Balaguer, Candela Raval, Omar Butler, Carolo Ruíz, Luis Arrasa, Susana Oviedo y otros. en el Salón de Actos del C.C El Pozo

    Debates

    12.30h: “El impacto de la crisis sobre los trabajadores” en el Salón de Actos del C.C El Pozo
    16.00H : “El Tratado de Lisboa: Propuestas desde la Izquierda” en la Sala Pasarela de la 1ª planta

    MITIN 18.30 HORAS Juan Iglesia, Secretario General UJCE Juan Ramón Sanz, Secretario General PCM Felipe Alcaraz, Pte. Ejecutivo C.F. PCE Paco Frutos, Secretario General PCE

    LUGAR DE CELEBRACIÓN
    Centro Cívico del Pozo del tío Raimundo (Vallecas)
    Avd. de las Glorietas s/n
    Transportes: Autobús Línea 24 y 102 Metro: Estación de Cercanías del Pozo

    Mitin-Fiesta. Un encuentro de la militancia y de los amigos del PCE | 29-09-2008 - 09:18:07 GMT 1 #

  9. La crisis del capitalismo y la importancia actual de Marx 150 años después de los Grundrisse, por Marcelo Musto :

    Marcelo Musto: Profesor Hobsbawm, dos décadas después de 1989, cuando fue apresuradamente relegado al olvido, Karl Marx ha regresado al centro de atención. Libre del papel de intrumentum regni que le fue asignado en la Unión Soviética y de las ataduras del "marxismo-leninismo", no solo ha recibido atención intelectual por la nueva publicación de su obra sino que también ha sido el centro de un mayor interés. De hecho, en 2003, la revista francesa Nouvel Observateur dedicó un número especial a Karl Marx. Le penseur du troisième millénaire? Un año después, en Alemania, en una encuesta organizada por la compañía de televisión ZDF para establecer quien eran los más importantes alemanes de todos los tiempos, más de 500.000 televidentes votaron por Karl Marx; quien obtuvo el tercer lugar en la clasificación general y primero en la categoría de "relevancia actual". Luego, en 2005, el semanario Der Spiegel le dedicó una portada con el título de Ein Gespenst Kehrt zurük (Un espectro ha vuelto) mientras los escuchas del programa In Our Time de Radio 4 de la BBC votaron por Marx como el más grande filósofo.

    En una conversación recientemente publicada con Jacques Attalí, usted dijo que paradójicamente "son los capitalistas, más que otros, quienes han estado redescubriendo a Marx" y usted habló de su asombro, cuando el hombre de negocios y político liberal, George Soros, le dijo a usted que: "He estado leyendo a Marx y hay muchas cosas interesantes en lo que él dice". Aunque sea débil y más bien vago ¿cuáles son las razones de este renacimiento? ¿Es probable que su obra sea de interés solamente para los especialistas e intelectuales, para ser presentada en cursos universitarios como un gran clásico del pensamiento moderno que no debería ser olvidado? o ¿también podría venir una nueva "demanda de Marx" en el futuro desde el lado político?

    Eric Hobsbawm: Hay un indudable renacimiento del interés público en Marx en el mundo capitalista, sin embargo, probablemente no todavía en los nuevos miembros de la Unión Europea de Europa del Este. Este renacimiento, fue probablemente acelerado por el hecho de que el 150 aniversario de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista coincidió con una crisis económica internacional particularmente dramática en medio de un período de ultra-rápida globalización del libre mercado.

    Marx predijo la naturaleza de la economía mundial en el comienzo del Siglo XXI, sobre la base de su análisis de la "sociedad burguesa", ciento cincuenta años antes. No es sorprendente que los capitalistas inteligentes, especialmente en el sector financiero globalizado, fueran impresionados por Marx, ya que ellos fueron necesariamente más concientes que otros de la naturaleza y las inestabilidades de la economía capitalista en la cual ellos operaban. La mayoría de la izquierda intelectual ya no supo que hacer con Marx. Fue desmoralizada por el colapso del proyecto social-demócrata en la mayoría de los Estados Atlánticos del Norte en los ochenta y la conversión masiva de los gobiernos nacionales a la ideología de libre mercado así como por el colapso de los sistemas políticos y económicos que afirmaban ser inspirados por Marx y Lenin. Los así llamados, "nuevos movimientos sociales" como el feminismo, tampoco tuvieron una conexión lógica con el anti-capitalismo (aunque como individuos sus miembros pudieran estar alineados con él) o cuestionaron la creencia en el progreso sin fin del control humano sobre la naturaleza que tanto el capitalismo como el socialismo tradicional habían compartido. Al mismo tiempo, "el proletariado", dividido y disminuido, dejó de ser creíble como el agente histórico de la transformación social de Marx. Es también el caso que desde 1968, los más prominentes movimientos radicales han preferido la acción directa no necesariamente basada sobre muchas lecturas y análisis teóricos. Claro, esto no significa que Marx dejara de ser considerado como un gran y clásico pensador, aunque por razones políticas, especialmente en países como Francia e Italia, que alguna vez tuvieron poderosos Partidos Comunistas, ha habido una ofensiva intelectual apasionada contra Marx y los análisis marxistas, que probablemente llegaron a su más alto nivel en los ochenta y noventa. Hay signos de que ahora el agua retomará su nivel.

    M. M.: A través de su vida, Marx fue un agudo e incansable investigador, quien percibió y analizó mejor que ninguno otro en su tiempo, el desarrollo del capitalismo a escala mundial. Él entendió que el nacimiento de una economía internacional globalizada era inherente al modo capitalista de producción y predijo que este proceso generaría no solamente el crecimiento y la prosperidad alardeados por políticos y teóricos liberales sino también violentos conflictos, crisis económicas e injusticia social generalizada. En la última década hemos visto la Crisis financiera del este asiático, que empezó en el verano de 1997; la crisis económica argentina de 1999-2002 y sobre todo, la crisis de los préstamos hipotecarios, que empezó en Estados Unidos en 2006 y ahora ha devenido la más grande crisis financiera de la post-guerra. ¿Es correcto decir entonces, que el regreso al interés en Marx está basado en la crisis de la sociedad capitalista y sobre su perdurable capacidad de explicar las profundas contradicciones del mundo actual?

    E. H.: Si la política de la izquierda en el futuro será inspirada una vez más en los análisis de Marx, como lo fueron los viejos movimientos socialistas y comunistas, dependerá de lo que pase en el mundo capitalista. Pero esto aplica no solamente a Marx sino a la izquierda como un proyecto y una ideología política coherente. Puesto que, como usted dice correctamente, la recuperación del interés en Marx está considerablemente –yo diría, principalmente- basado sobre la actual crisis de la sociedad capitalista, la perspectiva es más prometedora de lo que fue en los noventa. La presente crisis financiera mundial, que bien puede devenir en una mayor depresión económica en Estados Unidos, dramatiza el fracaso de la teología del libre mercado global incontrolado y obliga, inclusive del Gobierno norteamericano, a considerar optar por tomar acciones públicas olvidadas desde los treinta. Las presiones políticas están ya debilitando el compromiso de los gobiernos neoliberales en torno a una globalización incontrolada, ilimitada y desregulada. En algunos casos (China) las vastas desigualdades e injusticias causadas por una transición de modo general a una economía de libre mercado, plantea ya problemas importantes para la estabilidad social y dudas inclusive en altos niveles de gobierno.

    Es claro que cualquier "retorno a Marx" será esencialmente un retorno al análisis de Marx del capitalismo y su lugar en la evolución histórica de la humanidad —incluyendo, sobre todo, sus análisis de la inestabilidad central del desarrollo capitalista que procede a través de crisis económicas auto-generadas con dimensiones políticas y sociales. Ningún marxista podría creer por un momento que, como argumentaron los ideólogos neoliberales en 1989, el capitalismo liberal se había establecido para siempre, que la historia tenía un fin o, en efecto, que cualquier sistema de relaciones humanas podría ser para siempre, final y definitivo.

    M. M.: No piensa usted que si las fuerzas políticas e intelectuales de la izquierda internacional, que se cuestionan a sí mismas con respecto al socialismo en el nuevo siglo, renunciaran a las ideas de Marx, ¿no perderían una guía fundamental para el examen y la transformación de la realidad actual?

    E. H.: Ningún socialista puede renunciar a las ideas de Marx, en tanto que su creencia de que el capitalismo debe ser sucedido por otra forma de sociedad está basada, no en la esperanza o la voluntad sino en un análisis serio del desarrollo histórico, particularmente de la era capitalista. Su predicción real de que el capitalismo sería re-emplazado por un sistema administrado o planeado socialmente todavía parece razonable, aunque él ciertamente subestimó los elementos de mercado que sobrevivirían en algún sistema(s) post-capitalista. Puesto que él deliberadamente se abstuvo de especular acerca del futuro, no puede ser hecho responsable por las formas específicas en que las economías "socialistas" fueron organizadas bajo el "socialismo realmente existente". En cuanto a los objetivos del socialismo, Marx no fue el único pensador que quería una sociedad sin explotación y alienación, en que los seres humanos pudieran realizar plenamente sus potencialidades, pero sí fue el que la expresó con mayor fuerza que nadie, y sus palabras mantienen el poder para inspirar.

    Sin embargo, Marx no regresará como una inspiración política para la izquierda hasta que sea entendido que sus escritos no deben ser tratados como programas políticos, autoritariamente, o de otra manera, ni como descripciones de una situación real del mundo capitalista de hoy, sino más bien, como guías hacia su modo de entender la naturaleza del desarrollo capitalista. Ni tampoco podemos o debemos olvidar que él no logró una presentación bien planeada, coherente y completa de sus ideas, a pesar de los intentos de Engels y otros de construir de los manuscritos de Marx, un volumen II y III de El Capital. Como lo muestran los Grundrisse. Incluso, un Capital completo habría conformado solamente una parte del propio plan original de Marx, quizá excesivamente ambicioso.

    Por otro lado, Marx no regresará a la izquierda hasta que la tendencia actual entre los activistas radicales de convertir el anticapitalismo en anti-globalismo sea abandonada. La globalización existe y, casi un colapso de la sociedad humana, es irreversible. En efecto, Marx lo reconoció como un hecho y. como un internacionalista, le dio la bienvenida, teóricamente. Lo que él criticó y lo que nosotros debemos criticar es el tipo de globalización producida por el capitalismo.

    M. M.: Uno de los escritos de Marx que suscitaron el mayor interés entre los nuevos lectores y comentadores son los Grundrisse. Escritos entre 1857 y 1858, los Grundrisse son el primer borrador de la crítica de la economía política de Marx y, por tanto, también el trabajo inicial preparatorio del Capital; contiene numerosas reflexiones sobre temas que Marx no desarrolló en ninguna otra parte de su creación inacabada. ¿Por qué, en su opinión, estos manuscritos de la obra de Marx, continúan provocando más debate que cualquiera otro, a pesar del hecho de que los escribió solamente para resumir los fundamentos de su crítica de la economía política? ¿Cuál es la razón de su persistente interés?

    E. H.: Desde mi punto de vista, los Grundrisse han provocado un impacto internacional tan grande sobre la escena marxista intelectual por dos razones relacionadas. Permanecieron virtualmente no publicados antes de los cincuenta y, como usted dice, conteniendo una masa de reflexiones sobre asuntos que Marx no desarrolló en ninguna otra parte. No fueron parte del largamente dogmatizado corpus del marxismo ortodoxo en el mundo del socialismo soviético, de ahí que el socialismo soviético no pudiera simplemente desecharlos. Pudieron, por tanto, ser usados por marxistas que querían criticar ortodoxamente o ampliar el alcance del análisis marxista mediante una apelación a un texto que no podría ser acusado de ser herético o anti-marxista. Por tanto, las ediciones de los setenta y los ochenta antes de la caída del Muro de Berlín, continuaron provocando debate, fundamentalmente porque en estos manuscritos Marx plantea problemas importantes que no fueron considerados en el Capital, como por ejemplo, las cuestiones planteadas en mi prefacio al volumen de ensayos que usted recolectó (Karl Marx's Grundrisse. Foundations of the Critique of Political Economy 150 Years Later, editado por M. Musto, Londres-Nueva York, Routledge, 2008).

    M. M.: En el prefacio de este libro, escrito por varios expertos internacionales para conmemorar el 150 aniversario desde su composición, usted escribió: "Quizá este es el momento correcto para regresar al estudio de los Grundrisse menos constreñidos por las consideraciones temporales de las políticas de izquierda entre la denuncia de Nikita Khrushchev de Stalin y la caída de Mikhail Gorbachev". Además, para subrayar el enorme valor de este texto, usted establece que los Grundrisse "contienen análisis y la comprensión, por ejemplo, de la tecnología, que lleva al tratamiento de Marx del capitalismo mas allá del siglo XIX en la era de una sociedad donde la producción no requiere ya mano de obra masiva, de automatización, de potencial de tiempo libre y de las transformaciones de alienación en tales circunstancias. Este es el único texto que va, de alguna manera, más allá de los propios indicios de Marx del futuro comunista en la Ideología Alemana. En pocas palabras, ha sido correctamente descrito como el pensamiento de Marx en toda su riqueza. Por tanto ¿cuál podría ser el resultado de la re-lectura de los Grundrisse hoy?

    E. H.: No hay probablemente más que un puñado de editores y traductores que han tenido un pleno conocimiento de esta gran y notoriamente difícil masa de textos. Pero una re-re-lectura o más bien lectura de ellos hoy puede ayudarnos a repensar a Marx: a distinguir lo general en el análisis del capitalismo de Marx de lo que fue específico de la situación de la "sociedad burguesa" en la mitad del siglo XIX. No podemos predecir qué conclusiones de este análisis son posibles y probablemente solamente que ellos ciertamente no llevarán a acuerdos unánimes.

    M. M.: Para terminar una pregunta final ¿Por qué es importante leer hoy a Marx?

    E. H. Para cualquier interesado en las ideas, sea un estudiante universitario o no, es patentemente claro que Marx es y permanecerá como una de las grandes mentes filosóficas y analistas económicas del siglo diecinueve y, en su máxima expresión, un maestro de una prosa apasionada. También es importante leer a Marx porque el mundo en el cual vivimos hoy, no puede entenderse sin la influencia que los escritos de este hombre tuvieron sobre el siglo XX. Y finalmente debería ser leído porque como él mismo escribió, el mundo no puede ser cambiado de manera efectiva a menos que sea entendido, y Marx permanece como una soberbia guía para la comprensión del mundo y los problemas a los que debemos hacer frente.

    * * * * * * * *

    Eric Hobsbawm es considerado uno de los más grandes historiadores vivientes. Es Presidente de la Birkbeck College (London University) y profesor emérito de la New School for Social Research (New York). Entre sus muchos escritos se encuentran la trilogía acerca del "largo siglo XIX": The Age of Revolution: Europe 1789-1848 (1962); The Age of Capital: 1848-1874 (1975); The Age of Empire: 1875-1914 (1987) y el libro The Age of Extremes: The Short Twentieth Century, 1914-1991 (1994) traducidos a varios idiomas. Le entrevistamos cuando la publicación del volumen Karl Marx's Grundrisse. Foundations of the Critique of Political Economy 150 Years Later y con motivo de la nueva actualidad que están teniendo en los últimos años los escritos de Marx y después de la nueva crisis de Wall Street.

    Traducción para www.sinpermiso.info: Gabriel Vargas Lozano

    La crisis del capitalismo y la importancia actual de Marx 150 años después de los Grundrisse | 30-09-2008 - 08:37:43 GMT 1 #

  10. CONFERENCIA POLÍTICA DEL PCE
    Fortalecer al PCE (Partido Comunista de España)
    Construir la alternativa

    DOCUMENTOS APROBADOS

    Madrid 28 y 29 de junio

    PROLOGO
    El pasado día 12 de abril, el Comité Federal del PCE convocó la Conferencia Política. En el último apartado del Informe correspondiente, se dice que la Conferencia es para debatir y desarrollar la línea política del PCE, un partido que, según el último Congreso, no debe estar en segunda fila sino que debe trabajar para conseguir apoyo político e ideológico y para ampliar su organización militante.
    Por lo tanto esta Conferencia debía centrarse en proseguir el trabajo iniciado hace ya cuatro años de recuperación de la organización y la capacidad de incidencia social del PCE, en el sentido que aprobamos en el último Congreso. Para empezar debemos asumir que no hemos sido capaces de enderezar el rumbo que en los últimos años había tomado IU, ya que no solo no ha llegado a conseguir ser ese proyecto alternativo que creemos que necesita la sociedad española, sino que al contrario se ha apartado cada vez más de las bases sobre las que fue fundada. Este cambio de rumbo, forzado y potenciado desde la mayoría de la Dirección Federal, en multitud de ocasiones de forma antidemocrática lo que ha generado graves conflictos internos con varias Federaciones, junto con el desastroso resultado de las últimas elecciones generales, han evidenciado, más que nunca, las carencias democráticas, políticas y organizativas de una IU, cada días más alejada de los movimientos sociales, que tiene muy delimitada su base social y electoral y por tanto es urgente e imprescindible su refundación.
    La Conferencia es por tanto un momento útil e importante que debe cumplir dos objetivos que son complementarios: por un lado, revitalizar los acuerdos sobre IU, acuerdos políticos útiles, unitarios y claros para que todo el PCE lleve a la próxima asamblea federal la defensa de una IU anticapitalista, federal y organizada como movimiento político y social, características de un proyecto de la izquierda transformadora del Estado que retome fuerza social, cultural, política, organizativa y electoral en los próximos años. El reto en esta Conferencia es saber lo que eso significa y, por lo tanto, los conceptos de “reconstrucción”, “refundación”, “proceso constituyente”, “proceso autoinstituyente”, etc. por sí solos no sirven, a no ser que los llenemos de contenido. A la vez esta conferencia tiene como objetivo que el propio PCE salga fortalecido, es decir, clarificado, más unido, con más voluntad y moral de lucha, para llevar a cabo la política acordada.
    Para ello es bueno recordar que en el XVII Congreso del PCE, los comunistas hemos acordado que el fortalecimiento de IU como movimiento político y social, plural y alternativo, es el núcleo de la política de alianzas del Partido y que es necesaria una amplia convergencia alternativa y anticapitalista, que actúe desde las instituciones y la movilización social, para oponerse al neoliberalismo y construir una nueva sociedad sin desigualdades. IU es la expresión de esa política de convergencia –o política de alianzas, inherente a cualquier proyecto comunista- y el XVII Congreso aprobó los rasgos que la caracterizan, a saber:
    Programa de IU adecuado y en el que la cuestión de clase ocupe un papel central.
    Método de intervención política participativo.
    Discutir y revisar las estructuras tan pesadas del modelo organizativo actual y aplicar reformas internas (papel de las áreas, rotación, carácter colectivo, equilibrio de género).
    Debatir el contenido de los acuerdos institucionales para asegurar su coherencia con el proyecto de IU.
    Los y las militantes comunistas deben implicarse de forma activa e impulsar el desarrollo y la actividad de IU como movimiento político social.
    Para llevar a cabo esta política de alianzas, esta concepción de IU, en dicho Congreso aprobamos un PCE fuerte, activo y visible y acordamos, además, impulsar la acción unitaria frente a la dinámica de dispersión en la que nos encontrábamos entonces y en la que, en parte, nos seguimos encontrando ahora.
    Hay que construir una fuerza federal y anticapitalista que sea capaz de dar alternativas al neoliberalismo en el horizonte de la construcción del socialismo y que sea capaz de participar en la construcción de una izquierda europea que haga frente, desde el corazón del occidente capitalista y con otros movimientos y fuerzas democráticas y revolucionarias en todo el mundo, a los graves problemas que el modelo de producción capitalista, que reviste hoy la forma de globalización neoliberal, provoca en distintas escalas, a toda la humanidad.
    Por ese motivo, y a la vez que reforzamos al Partido orgánica y políticamente, es preciso conseguir que la próxima Asamblea de IU sirva para construir esa fuerza. Hoy no están con IU muchas de las personas y colectivos que deben converger en esa fuerza alternativa, pero vale la pena que sea desde IU desde donde el PCE contribuya a hacer ese llamamiento, pues, hoy por hoy, sigue siendo la organización donde subsiste una conciencia crítica mínima a partir de la cual será más fácil crecer.
    Pero esa conciencia crítica no sirve para nada si no se parte de una autocrítica asumida y compartida, de un diagnóstico colectivo que identifique correctamente dónde estamos ahora respecto a lo que pretendíamos cuando iniciamos este proyecto común y hasta qué punto nos hemos separado de nuestra primera voluntad.
    En la deriva que se ha producido en IU, consideramos especialmente significativo lo que ocurrió en el XIII Congreso, revalidado en el XIV Congreso: la definición de “El PCE de Izquierda Unida”; y no porque esa definición no fuera válida, ya que suponía que el PCE era el instrumento para su estrategia política, sino porque, para algunos militantes del Partido, esta definición empezó a suponer que el PCE no tenia sentido al existir la propia Izquierda Unida, de hecho, la realidad fue que del XIII Congreso ya salió un grupo de militantes comunistas que abogó por la disolución del Partido y, aunque la mayoría del XIII y del XIV Congreso, no estaba por esta disolución se trasladó el debate al seno de IU, queriendo ganar en la practica lo que habían perdido en el debate político.
    Pero lo mas grave es que IU no ha sido capaz de articular un discurso que fuera reconocido por buena parte de la ciudadanía de izquierda de este país como útil y posible de ser llevado a cabo, no ha sabido ofrecer estrategias de cambio y transformación social en las que los ciudadanos reconocieran una oportunidad de avanzar en el pleno cumplimiento de los derechos sociales reconocidos formalmente en la Constitución, como el empleo digno, el derecho a una vivienda, el fin de la pobreza, la protección social efectiva de los sectores más vulnerables como son los ciudadanos dependientes, los pensionistas, los trabajadores que cobran el salario mínimo, las familias monoparentales, etc.
    A esta situación se ha llegado por un proceso de institucionalización. IU ha dejado de ser un movimiento político-social y se ha transformado en un partido clásico y convencional que ha abandonado la elaboración colectiva, agravándose por una falta de democracia interna, y de clarificación, de esta manera IU sólo será una fuerza real si se basa en la lucha, la militancia activa y en el programa transformador.
    IU es un claro ejemplo de lo primero y de lo segundo. El posibilismo, aunque se califique de exigente, no cambia nada, no prepara las bases para cambiar nada y desarma moral, política e ideológicamente al colectivo, llevando a la desmovilización de la izquierda privándola de un referente de transformación.
    Ahora se trata de entender lo ocurrido analizando los errores cometidos y poner en marcha, de nuevo, una acción propia independiente, clara y sin equívocos, con todas las personas que están en IU y otras muchas que están fuera y crean necesario un proyecto de transformación anticapitalista y quieran trabajar por la reconstrucción de una alternativa a las políticas neoliberales.
    Dada la situación de crisis del proyecto de IU, para que tenga éxito el llamamiento a la convergencia, hay que hacerlo desde el impulso del movimiento social, desde la organización y movilización en torno a los conflictos abiertos por la sociedad civil y la visualización de los mismos en las instituciones mediante iniciativas de IU. Es decir una IU con perfil propio en la movilización social ya que cuando un proyecto de izquierdas que pretende la construcción del socialismo del siglo XXI no consigue llevar adelante el programa político que se planteó en su nacimiento como alternativa a construir frente al sistema, tiene garantizado el fracaso. Si este proyecto se diluye en otro que recaba el voto de la izquierda para mantenerse con matices dentro del sistema o se acomoda al sistema, contribuye a mantener la división de clases y los privilegios de la clase dominante.
    El punto de partida actual es que hemos pretendido y queremos que IU sea un movimiento político y social pero, en la práctica, es un partido político. El modelo organizativo por el que apostamos es fortalecer la estructura propia de la elaboración programática colectiva en detrimento de la estructura propia de los partidos. Los órganos colectivos deben tener como función elaborar, debatir y aprobar síntesis programáticas, para garantizar la coherencia del programa a todos los niveles, a partir de las propuestas emanadas de la estructura de elaboración colectiva.
    En definitiva, Izquierda Unida, y por extensión la izquierda transformadora y alternativa, se encuentra ante el fin de un ciclo político en un contexto en el que las condiciones políticas, económicas, sociales y culturales plantean objetiva e imperiosamente la necesidad de su existencia. Por lo tanto es necesaria su (re)fundación recuperando los principios de su constitución, sus principios básicos, e integrando las aportaciones que la izquierda en todo el mundo ha sido capaz de generar en los últimos veinte años. Sólo así el proyecto de Izquierda Unida tendrá futuro, recuperando militancia, pluralidad y conexión con la parte organizada socialmente de la izquierda, superando su crisis política, orgánica y de dirección y evitando que el proyecto que hemos defendido históricamente se diluya.
    Desde esta realidad, los objetivos que nos marcamos son claros: (re)construir una fuerza política alternativa de izquierdas con un programa claramente anticapitalista y con el objetivo de construir una sociedad socialista en el siglo XXI. Es necesario recuperar IU como Movimiento Político y Social (MPS), plural y participativo, que base su fuerza en la movilización y en su unidad de acción. Desde estos supuestos queremos construir una fuerza capaz de organizar un sujeto político alternativo que rompa con las políticas neoliberales y con unas formas y modos de hacer política oligárquicos y al servicio de los grandes poderes económicos y mediáticos. Esto significa construir el Socialismo del siglo XXI, para lo cual es necesario unir lo que desde el poder han ido enfrentando: democracia, clases populares y emancipación social. Esto significa elaboración de un Programa anticapitalista, construcción de la III República y Estado Federal.
    Pretendemos por tanto reconstruir IU, (re)fundarla desde la elaboración programática y regenerarla democráticamente. Este es nuestro compromiso.
    Recuperar el programa como seña de identidad de IU expresa una alianza estratégica en lo concreto entre las viejas tradiciones del movimiento obrero y los nuevos sujetos emancipatorios, eso que intentábamos decir cuando hablábamos de alianza roja, verde y violeta, es decir ponernos en disposición de trabajar aquí y ahora por el socialismo, introduciendo rasgos socialistas en la organización social y económica de la sociedad.
    La regeneración democrática del proyecto exige evitar las expresiones de autoritarismo en su dirección y la recuperación del protagonismo de las organizaciones de base, así como el funcionamiento regular de los órganos de dirección: la división interna sólo puede superarse desde el respeto a las reglas de juego, de modo que en ningún caso pueda la dirección comportarse como una fracción que intente cambiar el propio proyecto a espaldas de la afiliación.
    Nuestro objetivo en este momento es claro: dar la palabra y la decisión a los afiliados y afiliadas, convirtiéndolos en los protagonistas de nuestra organización, creando mecanismos reales de participación, de elaboración colectiva y de formación política. Cuando hablamos de IU como movimiento político social queremos decir esto, una formación política de nuevo tipo, alternativa a las políticas y a las formas de hacer política dominantes, que haga de la pluralidad ideológica, de la unidad de acción, de la democracia participativa, un ejercicio cotidiano de síntesis política e instrumento para la transformación social.
    El Partido debe volcarse en esta tarea, que es complementaria al fortalecimiento del propio partido, ya que la recuperación de una izquierda capaz de unir, organizar, movilizar y pesar en las decisiones políticas por su fuerza organizada y por el apoyo social que recibe, es la única garantía de conquistas concretas en la mejora de las condiciones de vida y de trabajo y de avances en la construcción de una fuerza política alternativa y un programa de cambio social esperanzador no degradado por el oportunismo y el posibilismo sin principios. No son utopías, son posibilidades y se está en ellas o se desaparece, por ello la Conferencia Política del PCE asume como documento de referencia para el debate en la próxima Asamblea de IU el documento presentado por 100 compañeros ante el Consejo Federal con el titulo Por una IU anticapitalista, republicana, alternativa, organizada como Movimiento Político y Social, señalando que este Documento, que es el fruto de diversas aportaciones y de un trabajo muy plural, recoge en su literalidad, es decir sin quitar ni una coma, la parte resolutiva del Documento No hay tiempo para mas dilaciones, que presento el Camarada Julio Anguita en el Comité Federal del PCE. De esta manera y con la voluntad de que sea el documento mayoritariamente asumido por las bases en el debate asambleario acordamos asumirlo, dejando claro que no estamos ante un Documento propiedad del PCE, porque han sido muchos los compañeros/as y plataformas que han participado en su debate, por lo que el resultado final debe reflejar toda esta pluralidad.

    EL PCE ANTE LA CRISIS CAPITALISTA
    ¿Por qué ser una fuerza anticapitalista? Porque el capitalismo se fundamenta en la explotación irracional de los recursos naturales y en la explotación de los trabajadores y trabajadoras para así garantizar el máximo beneficio sólo para unos pocos. Las y los comunistas rechazamos toda explotación, luchamos por un uso racional de los medios de producción, por la paz, la igualdad y la justicia social. Hoy día el problema de fondo es doble: por un lado qué se produce y cómo se produce, - y qué se distribuye y cómo, por otro. No es un problema nuevo, pero debe situarse, en el prólogo de cualquier alternativa democrática y socialista.
    La contradicción entre el capital y el trabajo es el punto de referencia esencial, no el único, a la hora de establecer una izquierda transformadora con un programa anticapitalista.
    No usamos el término anticapitalista como si esta palabra concitara por sí sola la revolución o el cambio social. Empleamos el concepto “capitalismo” para describir una realidad y los mecanismos que conducen a ella. No creemos que cuatro parches y retoques al sistema conduzcan a la justicia social, a la paz entre los pueblos y personas y a una libertad no vigilada por las armas del capital.
    Además, en este momento hay una crisis profunda del sistema económico y financiero que, como siempre, causará graves problemas al planeta y sacrificios y miserias a los trabajadores, especialmente a los más precarios de nuestro primer mundo y a los más desheredados de otros mundos, eso que conocemos con eufemismo digno de mejor causa “países en desarrollo”.
    El pensamiento único y el embrutecimiento provocado por las condiciones reales de existencia son los exponentes manifiestos de nuestra derrota en el campo de las condiciones subjetivas. Por eso la consolidación de la conciencia de clase y del orgullo de pertenecer a ella es tarea principal de las y los comunistas. Esta perspectiva, necesariamente internacionalista y colectiva, constituye el único argumento vital contra el individualismo rampante.
    Los comunistas tampoco podemos minusvalorar la evidencia de que uno de los componentes esenciales de la actual crisis es la destrucción acelerada del medio ambiente. Por eso debemos incorporar, de manera destacada, la ecología política en nuestros análisis y propuestas, de forma que el avance hacia una sociedad socialista tenga como uno de sus ejes centrales la protección ambiental.

    LA CRISIS MUNDIAL NO NOS ES AJENA
    Las contradicciones acumuladas en el último período de expansión del capitalismo globalizado y del imperialismo están afectando gravemente a la humanidad. Se expresan en las diversas crisis que se desenvuelven a la vez ante nuestros ojos: la del sistema financiero internacional, el estancamiento de la economía norteamericana y con ella la de los países capitalistas desarrollados, la climática y la de los recursos energéticos, las materias primas básicas y los alimentos.
    Esta combinación de fragilidad financiera y crisis de recursos básicos demuestra la insostenibilidad a corto plazo del modelo de capitalismo neoliberal que hasta ahora hemos conocido. Ahora mismo provoca la proliferación de conflictos de todo orden: revueltas contra la escasez de alimentos entre las masas urbanas de los países del Sur, disputas sobre recursos compartidos entre países así como dentro de éstos, nuevos movimientos migratorios, ...
    El recurso a la guerra de forma creciente forma parte de los elementos de esta forma avanzada de imperialismo que busca contener esos problemas recurriendo a la intervención militar o a las medidas de seguridad represivas. Ello además de obligar a una brutalidad cada vez mayor, es a largo plazo inviable. Como fuerza política de la izquierda española queremos actuar más allá de la mera denuncia convirtiéndonos en una auténtica plataforma de apoyo al servicio de los movimientos democráticos y populares en todo el mundo.
    Esta obligación nos afecta directamente como parte de la izquierda en Europa, pues los estados europeos y la UE no son menos responsables que los EEUU de los estragos provocados por la globalización neoliberal y el imperialismo.
    El cambio político que se vive en América Latina es uno de los principales factores de esperanza en el panorama mundial. Nuestro apoyo a las revoluciones y procesos emancipatorios latinoamericanos y nuestra crítica del imperialismo incluyendo el vinculado a las multinacionales españolas, que era el problema de fondo detrás de la anécdota del “¿por qué no te callas?”, no es sólo una cuestión de solidaridad revolucionaria, es nuestra forma de contribuir a la posibilidad de un orden internacional en el que las aspiraciones, necesidades y derechos de la gente se impongan a las exigencias de valorización del circuito del capital mundial.
    La negativa de los países africanos, encabezados por Sudáfrica, Senegal y Nigeria a firmar los tratados de asociación comercial con la UE denominados EPA así como la oposición de esos mismos países, de Libia y de Nigeria al proyecto AFRICOM, que persigue instalar un comando permanente del ejército USA en África, muestran como la resistencia también se expresa en ese continente. Aquí la izquierda europea tenemos una doble tarea: denunciar el neocolonialismo en su propio origen y apoyar el desarrollo de movimientos democráticos en África que representen a los pueblos.
    El gobierno de los Estados Unidos ratificó el papel de África en su diseño geoestratégico imperial con el establecimiento de un nuevo comando estratégico. Por primera vez, la región – con la excepción de Egipto - será atendida desde un único comando, el recién creado US. África Command (AFRICOM). AFRICOM es una consecuencia de la actividad desarrollada por los círculos políticos, económicos, militares y académicos que conforman el lobby africano de la política estadounidense. Por ello, su creación se basa en un importante consenso bipartidista y en el apoyo del empresariado y los principales mandos político–militares de la superpotencia.
    Debe destacarse que existe una coincidencia estratégica entre los militares y los grupos empresariales con intereses en el continente africano –especialmente los vinculados al sector de los hidrocarburos y ello se evidencia en las numerosas declaraciones que en los últimos años realizaron los principales jefes del US. EUCOM. Para los altos mandos del comando que poseía el mayor peso sobre la región, Estados Unidos necesitaba incrementar su presencia, porque gracias a su abundancia de recursos naturales devendrá en el próximo frente de la “lucha contra el terrorismo”.
    La nueva estructura militar fortalecerá la agenda intervencionista estadounidense en el continente africano, pues le permitirá al Pentágono buscar un mayor control sobre áreas que devienen cada vez más importantes en el orden estratégico. Pero los grandes perdedores serán los países africanos, pues el AFRICOM – con independencia de la retórica utilizada por los Estados Unidos – significará una presencia militar “ in situ” que podrá ser empleada con propósitos agresivos si se vieran amenazados los intereses geopolíticos y geoestratégicos de la superpotencia.
    Oriente Medio, el mundo árabe y Asia Central comparten en estos momentos un rasgo común: están directamente ocupados por las fuerzas de la OTAN y los EEUU, o están gobernados por títeres de los anteriores quienes cumplen su papel como garantes de la represión y la expoliación de los recursos que pertenecen a los pueblos. Los que no caen en ninguna de las dos categorías están amenazados de invasión.
    El movimiento por el cese de la ocupación de Irak y Afganistán, la solidaridad con las causas palestina y kurda, una lucha decidida por la descolonización del Sahara, la denuncia de la violación de los derechos humanos por parte de Marruecos y el papel de la ONU y los gobiernos de EEUU, Francia, Alemania y España, el apoyo permanente hacia el Pueblo saharaui y el Frente Polisario como su legítimo representante político, exigiendo el referéndum de autodeterminación y que el gobierno español cumpla con sus obligaciones históricas como potencia descolonizadora, y la denuncia del papel genocida desempeñado por el Estado de Israel son la tercera gran tarea para una izquierda europea anticapitalista que actúa desde el corazón del capitalismo.
    Especial atención debemos prestar a la crisis ecológica mundial, para reforzar nuestros argumentos de que este sistema es insostenible. Porque es responsable del cambio climático; de la contaminación del aire, de los océanos, del suelo y del agua dulce; de la desertización; del agotamiento de los recursos pesqueros y de la disminución de la biodiversidad; del desplazamiento de poblaciones, etc. Los agrocombustibles no son la solución al agotamiento de los combustibles fósiles, sino un problema añadido que incrementará las diferencias entre el Norte y el Sur, al hacer competir el estómago de los pobres con los intereses del capitalismo. La desnutrición crónica y las muertes por el hambre no son fatalidades ni castigos divinos son asesinatos producidos por el “orden económico internacional”. Los comunistas tenemos que llevar a la sociedad nuestra propuesta para combatir la concepción de fatalidad que difunde el poder mediático y explicar que esas “desgracias” son evitables.
    Una consecuencia del modo de producción capitalista, es el movimiento migratorio. La natural concentración de capitales, industrias y personas que provoca, empobrece muchas zonas del planeta, y sus habitantes se ven obligados a desplazarse a otros lugares con más oportunidades. La insolidaridad de las sociedades del primer mundo hace que se diseñen políticas restrictivas de acogida, sólo pensando en la utilidad propia, en los inmigrantes que pueden ser útiles, rechazando al resto. Esta postura insolidaria no puede ser compartida por los comunistas, que nos comprometemos a no apoyar las leyes de expulsión de inmigrantes que acuerden los gobiernos del primer mundo.
    De todo lo anterior se sigue que la construcción de una potente izquierda europea no es sólo una necesidad, que lo es, para las trabajadoras y trabajadores de Europa. Es también una tarea coherente con una estrategia democrática y socialista, que tenga como objetivo que la crisis mundial no se resuelva con una vuelta de tuerca más a los pueblos más empobrecidos y con un aumento de las guerras y los conflictos sino con la construcción paulatina del socialismo.
    Por ello, al igual que impulsamos un profundo debate sobre IU, impulsaremos éste en el seno del PIE, proponiendo una reflexión a nuestros compañeros y camaradas europeos sobre su organización, tareas, fines,… a la que invitaremos a partidos de la izquierda europea (KKE, LCR, KSM, PCP, etc) que aun no lo componen a dar su opinión.

    LOS RASGOS ESPECÍFICOS DE LA CRISIS ESPAÑOLA
    El modelo de acumulación capitalista en España tiene unas características que, en función de los indicadores oficiales, demuestran un grado de radicalidad, por tanto de explotación, superior a la media europea y a los casi 30 países de la OCDE.
    Precisamente este modelo es el que ahora, sobre todo por razones conectadas con el sector financiero, ha entrado en crisis; de ahí que, la recomposición del mismo modelo, sobre parámetros similares, va a implicar el sacrificio de las y los trabajadores y las capas populares en un alto grado, pagando en principio la factura el empleo, los salarios y los gastos sociales.
    El crecimiento español, hoy en crisis, se estructura sobre una serie de características: de un lado el sector inmobiliario, basado en la especulación y en el deterioro medioambiental; el funcionamiento del sector financiero, a través de las hipotecas, implica sobreprecios muy importantes. Mientras le vivienda subía en esta etapa un 18% anual, los salarios no pasaban en general del 3%. Constructores y entidades financieras hacían el agosto, encareciendo de forma brutal la vivienda, con un porcentaje muy bajo en la construcción de viviendas protegidas, la nula construcción de viviendas públicas en régimen de alquiler (las únicas que con propiedad podrían denominarse “viviendas sociales”) y especulando salvajemente con un derecho básico.
    El capitalismo español vio una fuente de enriquecimiento mediante el empobrecimiento de la población en relación con la vivienda, en vez de invertir en la creación de riqueza y la producción de bienes. Se estructura también en base al deterioro medioambiental, así como a través del funcionamiento perverso del sector financiero que a través de las hipotecas acumula unas ganancias millonarias.
    En un decenio, la alianza de intereses especulativos de políticos venales, responsables territoriales, promotores y banqueros han recalificado millones de hectáreas todo tipo de suelos y construido más viviendas que Francia y Alemania juntas; muchas más de las que pedía una demanda muy frenada por la escandalosa subida de precios y la paralización de la vivienda protegida.
    A esta crisis de sobreproducción inmobiliaria se añade la crisis hipotecaria, potenciada por todo el sector financiero, desde el propio Banco Central Europeo al conjunto de la gran banca europea, favoreciendo préstamos que gravitan sobre los ahorros familiares de varias generaciones y generan una situación que propicia la quiebra de las hipotecas. A las viviendas vacías, que ya se contaban por millones, se siguen añadiendo cientos de miles de viviendas construidas y sin salida; mientras que a los millones de jóvenes que no pueden tener vivienda, se añaden cientos de miles de parados y sus familias que está expulsando el sobredimensionado sector inmobiliario y los que dependen de él.
    Todo esto era previsible, pero no se ha querido hacer nada para sujetar una situación tan fructífera para unos pocos y tan desbocada para la inmensa mayoría. Ahora, los especuladores y los bancos agitan ante los políticos el espectro de la crisis para obtener la socialización del desastre, pretendiendo de paso que se olviden sus enormes fortunas embolsadas en estos años y bien guardadas en los no menos consentidos paraísos fiscales que mantiene hipócritamente el sistema.
    Al mismo tiempo, es preciso señalar otra serie de factores: en general, los beneficios empresariales españoles están muy por encima de la media de los países de la OCDE: la media en éstos ha sido (1995-2005) del 33%, mientras los beneficios privados españoles han alcanzado el 73%. Estos beneficios se han asentado sobre un marco social y laboral flexible y desregulado, con una fragmentación cada vez mayor del mercado laboral.
    Los salarios salen muy perjudicados, siendo el único país de la OCDE donde se da un retroceso notable. La precariedad triplica la media europea, y hay unos salarios cada vez más diferenciados que no hacen más que agravar la brecha social, generándose una desigualdad de recursos y capacidades mayor entre la mayoría de los ciudadanos frente a una minoría cada vez más privilegiada. La explotación de la inmigración, con un fuerte montante de sin papeles, es fuerte. El salario mínimo es, aproximadamente, la mitad de la media de los países europeos donde existe. La siniestralidad laboral supera con mucho los porcentajes de la zona euro adquiriendo dimensiones dramáticas en sectores como la construcción. Y no es que la situación en la Unión Europea, país a país, esté mucho mejor o tienda a mejorar, al contrario. Lo que ocurre es que frente a la falta de respuesta de la izquierda y los sindicatos, el neoliberalismo va recortando progresivamente derechos laborales y sociales.
    Esta situación no hubiera sido posible sin la ayuda de las direcciones federales de los sindicatos mayoritarios que han sustituido los métodos de lucha tradicionales del movimiento obrero, combativos y democráticos, por un sindicalismo de salón, de pactos, de consensos por arriba donde los acuerdos han estado determinados por la política de moderación salarial defendida por la patronal y la administración.
    Se han producido cambios importantes en la composición interna de la clase obrera, con una nueva centralidad a partir de la generalización de la precariedad como marco vital, más allá de la temporalidad de los contratos y la incorporación de grandes contingentes de trabajadoras y trabajadores, en los sectores con peores condiciones de la clase y la proletarización de algunos sectores intermedios.
    La economía española se caracteriza también por mayores desequilibrios territoriales, retraso científico-tecnológico, y una mayor corrupción en las relaciones política-economía.
    Las medidas fiscales y de todo tipo aprobadas por el gobierno, en este marco de crisis, donde el modelo de acumulación ha sufrido una muy seria “avería”, apuntan en una dirección equivocada, que intenta lanzar el mismo modelo, incentivando el consumo y los beneficios fiscales, sin atender a un cambio de modelo productivo que supere las graves injusticias sociales y laborales, así como la quiebra medioambiental.
    Siguen sin aportarse fondos a las políticas de dependencia, para las que no se incentivan redes públicas, y se produce un retroceso en otros servicios como es el caso de la enseñanza y de la sanidad donde se fomenta la privatización. Hay una verdadera ofensiva contra algunos impuestos de carácter progresivo, mientras que para otros, como los que se aplican sobre el consumo, la tendencia es la contraria.
    Debemos prevenirnos frente a un maquillaje de la crisis que se presente como nueva “modernización”. Esta salida es apuntada por el PSOE y determinados sectores financieros vinculados a las telecomunicaciones y los conglomerados energéticos. Para esos sectores, la dependencia del ladrillo hace inseguro el modelo de crecimiento. Con un ajuste modernizador, pretenden reducir esa dependencia.
    En todo caso, hay que entender la dependencia del ladrillo como la preeminencia de los sectores más parasitarios y especuladores del capital financiero. Y a su vez, los intentos de ajustar el modelo como resultado del empuje de otros sectores del capital financiero.
    El ajuste permitiría reanudar un ciclo económico expansivo, respetando la lógica capitalista de maximizar beneficio privado y la lógica neoliberal de la precarización creciente.
    En lo concreto supondría reducir el peso del sector inmobiliario en el conjunto de la economía a favor de las telecomunicaciones y los conglomerados energéticos, promover inversiones en el I+D+i y en la llamada formación de capital humano destinada a un sector servicios altamente precarizado. Estos ajustes se realizan en la estela de los realizados ya por el PSOE a finales de la década de los ochenta, que conllevaron desindustrialización, paro y precariedad.
    En definitiva, se quiere profundizar en un modelo de economía de ocio de lujo y servicios, abiertamente parasitaria, especulativa y precaria, que se arroparía bajo el rótulo de capitalismo de la información y el conocimiento, tal como preconiza la UE. Políticas como el Espacio Europeo de Educación Superior apuntan en esa dirección. El objetivo de un mayor peso en la convergencia económica de la UE está en el fondo del ajuste. Para legitimarlo frente a la clase trabajadora y los sectores populares, el gobierno cuenta con el compromiso con los llamados agentes sociales.

    POR UNA SALIDA DEMOCRÁTICA A LA CRISIS
    Frente a esta situación, además de la resistencia a los despidos, a la flexibilización y a la destrucción de los derechos, deben fijarse objetivos de cambio del modelo, tanto en lo que se produce y cómo se produce como en la forma de repartir el resultado del trabajo de todos. Una salida democrática, no a favor de los de siempre. Una salida basada en la recuperación para lo público del poder usurpado mediante las políticas de desregulación y de privatizaciones llevadas a cabo por los gobiernos neoliberales.
    El Partido tiene que materializar su propuesta política directamente ante la sociedad e inspirando a la nueva convergencia en torno a estas propuestas y actuaciones:
    En defensa de los derechos laborales. Contra la aplicación de facto de la directiva Bolkenstein. Contra la ampliación de la jornada laboral. Contra el concepto de “flexiseguridad” y sus aplicaciones.
    En defensa del Sector Público y con proposiciones de políticas activas de inversión y creación de empleo.
    Combatiendo la ideología del mercado como una especie de realidad autónoma al margen de la voluntad y la actuación políticas.
    Retomando sin complejos planteamientos consustanciales a una propuesta socialista de sociedad avanzada, tales como la planificación de la economía y el control público de los grandes sectores de la economía (Banca, seguros, grandes monopolios, etc.) por mucho que confronten el actual marco neoliberal europeo y mundial. Es necesario hacer percibir a los trabajadores que tenemos una propuesta alternativa y no sólo medidas superestructurales más o menos progresistas.
    En defensa del sistema público de pensiones. Combatiendo cada amenaza o cada pretensión de recorte. Autónomamente, explicándoselo a los trabajadores, sin mirar continuamente a nuestro alrededor, esperando a lo que vayan a decir los sindicatos ni a las opiniones publicadas por los medios.
    En defensa de una fiscalidad progresiva, explicándola a la mayoría social, como un instrumento viable de redistribución y para que el capital y sus beneficiarios soporten la crisis en vez de los de siempre. Sólo impuestos directos fuertemente progresivos. No perdonar nada a las sociedades. Gravamen con criterio social sobre el patrimonio.
    Denuncia de toda práctica especulativa. Pedagogía política al respecto. Desarrollo de movilizaciones contra la carestía de la vida, los alimentos, la vivienda, los carburantes, la energía, etc.
    Por todo ello debemos:
    Organizar a la clase trabajadora, sin distinción de edad, sexo, migrante o no, situación laboral, etc…
    Aglutinar a la sociedad en defensa de los valores democráticos.
    Repartir el trabajo.
    Reducir el consumo y apostar por la austeridad.
    Tratar de conseguir una economía sostenible ecológicamente y solidaria socialmente.
    Buscar nuevos modos de vida más satisfactorios con la vista puesta en el socialismo revolucionario.
    Haremos posible esa salida:
    Defendiendo el empleo digno y seguro, de los salarios y de la jornada de trabajo. Garantizando en todos los ámbitos la igualdad entre hombres y mujeres. Penalizando la precariedad y sancionando la discriminación salarial. Generalizando cláusulas sociales, empezando con la contratación pública.
    Elevando la protección social y el gasto en la misma a los porcentajes de la media europea para, entre otras cosas, avanzar en la igualdad y emancipación de las mujeres. Es posible: el gasto social de un país no es más que la parte del trabajo colectivo que se destina a atender las necesidades de quienes no pueden trabajar. Lo que no se atiende desde el gasto público se convierte en trabajo privado, no remunerado de la gente, especialmente de las mujeres.
    Defendiendo, mejorando y extendiendo los servicios públicos y bienes comunes, en gestión pública y bajo el control de los ciudadanos y ciudadanas. Los millones de horas trabajadas en los años pasados en el “ladrillo” se han destinado a construir catedrales en el desierto, a forjar las cadenas de las hipotecas eternas y a convertir en beneficios privados la propiedad común mientras lo público se degradaba y colapsaba.
    Invirtiendo en una economía sostenible, austera en el empleo del agua y la energía, en un modelo de transporte racional, en la recuperación de las ciudades y barrios deteriorados para su población, en la investigación que busque mejorar la vida y la sostenibilidad.
    Esta reorientación será posible si somos capaces de limitar el poder de la banca y de los especuladores, en un momento de debilidad como en el que se encuentran. Para ello es necesario establecer el control público sobre las Cajas de Ahorros como primer paso para controlar el sistema financiero, impedir la socialización gratuita del “pinchazo” de la “burbuja” y modificar la legislación hipotecaria y urbanística para recuperar el control sobre la propiedad del suelo urbano.
    El brutal endeudamiento con el que se ha financiado el “milagro del crecimiento” puede así corregirse, rompiendo el tabú del déficit cero. La deuda pública, soportada por unos impuestos que debían pagarse en función de la capacidad de cada cual, se ha transferido de manera desigual a las familias de modo que se ha convertido en una losa tanto más pesada cuanto más bajos son los ingresos. Y excluyendo del derecho a la vivienda a quién no puede ni endeudarse.
    Si algo ha demostrado la crisis de la vivienda es que, para regular “la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”, debemos contar con un amplio parque de vivienda pública de alquiler que permita que todos los ciudadanos/ciudadanas disfruten de una vivienda digna y adecuada. Sólo si desmercantilizamos el acceso a la vivienda, contemplándolo como el derecho constitucional que es, podremos asegurar que amplios sectores de la población en general puedan acceder a tener un techo digno, inaccesible para ellos en las actuales circunstancias, y en especial para la juventud, que ve truncada su trayectoria vital y social, entre otros factores, por la brutal contraposición entre sus bajos ingresos y la desorbitada inflación del precio de la vivienda, provocada artificialmente por la corrupción y la especulación urbanística, tolerada y muchas veces alentada desde las Administraciones Públicas.

    POR UN AVANCE DEMOCRÁTICO: REPÚBLICA FEDERAL, SOLIDARIA Y PARTICIPATIVA
    La República se configura como objetivo estratégico para la presente etapa, como un proyecto al que hay que llenar de contenido. Ese contenido adopta la forma de derechos sociales garantizados y de nuevos instrumentos de participación y mecanismos de rendición de cuentas y control popular.
    La democracia participativa se inserta así en nuestra apuesta por la República como un nuevo marco donde desplegar la lucha de clases desde una correlación de fuerzas más favorable a la clase trabajadora y los sectores populares.
    La República que defendemos debe dotarse de una institucionalidad que se derive de ese nuevo marco, que impulse la organización de las clases subalternas. Esa nueva institucionalidad es la democracia participativa, que emerge de la nueva correlación de fuerzas sociales y políticas como expresión de una alternativa de poder. De esta manera, nuestra propuesta de Republica con democracia participativa se configura como alternativa al marco político-constitucional (monarquía parlamentaria) y al modelo económico (neoliberalismo), con una orientación socialista.
    La propuesta republicana aparece naturalmente como símbolo pero, especialmente, como síntesis de una nueva correlación de fuerzas capaz de imponer estas políticas. Éstas no son otorgadas, son conquistadas. No hay aritmética parlamentaria, “llaves” que sean capaces de desbloquear los grandes determinantes de la política económica: el dominio del capital financiero, el fundamentalismo neoliberal de la UE, ... sin una nueva correlación de fuerzas.
    Por tanto, es para nosotros irrenunciable nuestra apuesta REPUBLICANA Y FEDERAL. Eso no significa solo una definición en unos estatutos o la celebración anual del 14 de abril (que también), significa fundamentalmente la lucha por la III República española en el plano social, cultural, político e institucional, teniendo la suficiente valentía como para salirse del régimen con iniciativas como las puestas en marcha por la Red de Municipios por la III República.
    También tenemos que poner en valor nuestra defensa histórica del derecho de autodeterminación de modo que nuestra opción federal sea como resultado de la libre adhesión de los diferentes pueblos (defendiendo nosotros en todos los territorios la necesidad de un proyecto común llamado España y organizada en una República Federal). En este sentido, hacemos nuestras las Diez Razones del documento de Antonio Romero para nuestra ruptura con el pacto constitucional de 1978:
    Los derechos sociales y económicos, los servicios públicos, como son: el trabajo, la protección social, la planificación de la economía, la educación publica, la sanidad publica, el acceso a una vivienda digna… no solo no se han cumplido ni se ha garantizado, sino que se han deteriorado, recortado, privatizado a través de las políticas neoliberales que se han aplicado y se están aplicando en estos largos años.
    La especulación ha hecho saltar por los aires el mandato constitucional a los poderes públicos de luchar contra ella. Se han destrozado el litoral y las costas, paisajes, identidades y sentimientos como montes, ríos, dehesas, parajes, con un urbanismo criminal a lo largo y ancho de España. La agresión al medioambiente, a los recursos naturales se ha ensañado y se esta imponiendo con un modelo de ocupación del territorio radicalmente confrontado con el modelo de desarrollo sostenible sin que los poderes del Estado hayan hecho nada por impedirlo porque en realidad han sido cómplices de la voracidad del capitalismo salvaje.
    Ocho años después de aprobada la constitución España ingresa en la OTAN, se consolidan las bases norteamericanas en nuestro suelo y se embarca al país en la estructura militar de la alianza atlántica, se está permitiendo el transito y almacenamiento de armamento nuclear de EEUU en España, incumpliendo el referéndum en que gano el SÍ por un pucherazo en el recuento de los votos. Hoy hay tropas españolas en Afganistán y en muchos lugares haciendo el trabajo sucio al imperialismo.
    La voladura del pluralismo político imponiendo un bipartidismo del PSOE y del PP con la ayuda de una ley electoral fraudulenta y canalla que legaliza la desigualdad más absoluta de los votos y trasladando el bipartidismo a todos los poderes que emanan de la constitución de 1978.
    Los medios de comunicación públicos y privados son instrumentos de los grupos empresariales, y del bipartidismo, no hay información plural, las minorías no tienen acceso. Se ha instalado el pensamiento único y la defensa del neoliberalismo.
    La administración de justicia marcada por la lentitud y las alarmas sociales. El aparato judicial se heredo completo del viejo régimen, y reproducen en muchísimos casos valores ideológicos reaccionarios. Se mantiene un sistema penal que llena las cárceles con cerca de 70.000 personas, una cifra histórica, al tiempo que se ha revelado incapaz de atajar la corrupción.
    El tratamiento represivo a la inmigración, con vigilancia electrónica en el estrecho que se ha convertido en la fosa común más grande del mundo moderno con miles de personas muertas en el mar. Con brotes de racismo y xenofobia, y criminalización de la inmigración. Los contratos de integración propuestos son adhesiones a los valores conservadores.
    La ausencia de pacto local que mantiene a los ayuntamientos en penuria en el campo económico y en el de las competencias. En un Estado que pese a los avances en el escenario autonómico no termina de abrazar el federalismo y de transformar al senado en una cámara territorial.
    El retroceso en la confesionalidad del Estado, asignando el gobierno a la iglesia católica más de 5.000 millones de euros al año y entregando a la moral católica campos como los de sanidad y la educación, así como la falta de una ley de plazos del aborto y sobre todo manteniendo un concordato preconstitucional en vigor.
    El déficit democrático más simbólico es un modelo de Estado monárquico, con una casa real opaca que no da cuentas a nadie del manejo de las cuentas publicas, y que esta blindada a la responsabilidad, a la que no se le puede exigir haga lo que haga. Las críticas a la corona se castigan con penas de cárcel en el código penal para quien las formulen. Y una ley de memoria histórica insuficiente.
    La Monarquía expresa, no sólo simbólicamente, sino prácticamente el poder de las oligarquías financieras y empresariales. El rechazable comportamiento en la cumbre de Santiago de Chile de Juan Carlos de Borbón no es el desahogo de un sujeto maleducado y prepotente, es la expresión de los intereses que representa, los de la banca, las eléctricas, etc. La Monarquía española actúa así como puente entre la vieja oligarquía reaccionaria y el “moderno” capitalismo neoliberal y globalizado.
    Por ese motivo, los déficit democráticos de la transición: papel constitucional del ejército, falta de control popular sobre la justicia, omnipresencia de la iglesia católica, centralismo y neocentralismo autonómico, el sistema electoral, ... sólo podrán ser superados con la República.
    A ésos déficit se le han unido la erosión provocada por el neoliberalismo. Erosión que han sufrido los derechos civiles y políticos a raíz del giro autoritario del neoliberalismo amparado en la lucha antiterrorista. Y erosión que llevan sufriendo los derechos sociales y económicos en los últimos treinta años por la implantación del modelo neoliberal. Es el neoliberalismo el que ha roto el pacto constitucional, el que ha vaciado de contenido la Constitución. El que se revela, como la monarquía, incompatible con la democracia.
    Las contradicciones acumuladas por el proceso autonómico y la pintoresca cuestión de la ley sucesoria, la corrupción económica y del sistema jurídico, así como la creciente desigualdad social pueden crear la oportunidad para un cuestionamiento de todos esos déficit y, por tanto, de la forma de Estado.
    Por ello propondremos que se abra el debate de la reforma constitucional, y en ese debate, plantearemos, con muchos más colectivos y personas, nuestra alternativa republicana.
    Nuestra propuesta contendrá los siguientes ejes:
    La supresión de la monarquía y su sustitución por una República basada en el desarrollo de un amplio sector público que posibilite una planificación democrática de la actividad económica en función de las necesidades sociales, para que los derechos sociales dejen de ser una mera declaración formal como sucede hoy con nuestra constitución.
    Una República que garantice el más amplio ejercicio de las libertades ciudadanas en todos los terrenos: de asociación, manifestación, reunión, huelga… que cada día se ven más recortados.
    Una República que reconozca los mismos derechos democráticos y sociales para todos los que viven y trabajan en ella, sin discriminación por ningún motivo.
    Una República democrática que respete el derecho de los distintos pueblos que hoy componen el Estado español a separarse de la misma, para conformarse en un Estado Federal de libre adhesión.
    Una República que democratice la Justicia mediante la elección democrática de los tribunales, la supresión de la Audiencia Nacional, y que arbitre los medios adecuados para que aquellos estudiantes que demuestren las aptitudes suficientes puedan tener el apoyo necesario para preparar el ingreso en la carrera judicial.
    Una República que democratice el Ejército, mediante el derecho a la libre sindicación de los soldados, que someta a control de las entidades sociales la formación en las academias militares y que garantice el carácter defensivo del ejército y de institución al servicio de los derechos del conjunto del pueblo.
    Una República que ponga fin a cualquier ocupación o intervención militar de otros pueblos.
    Una República que rechace la colaboración con regímenes autoritarios, que los denuncie implacablemente, que renuncie a aplicar cualquier forma de expolio económico y que colabore con los pueblos para la consecución de los derechos democráticos y sociales de los mismos.
    La República que defendemos es la consecuencia de una profundización en la democracia, única forma de conseguir esa nueva correlación de fuerzas. Por eso está ligada necesariamente a la participación, a la reforma del Estado, al control de la economía y a que se incorporen formas de democracia directa, participativa y paritaria que permitan la intervención directa de la ciudadanía.

    OTRA IZQUIERDA PARA OTRA DEMOCRACIA POSIBLE
    El elemento fundamental que caracteriza a una fuerza política transformadora viene dado por sus contenidos políticos. Así, cuando fuimos capaces de trasladar propuestas con contenido alternativo, aunque fueran parciales, moderadas, insuficientes y manifiestamente mejorables, se alcanzaron las mayores cotas de influencia social y los mejores resultados electorales. Más allá de las siglas, son pues los contenidos políticos de la propuesta y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, lo que determina la implantación social y la confianza. Pero esas magnitudes, para una fuerza de izquierda transformadora, no son genéricas ni referidas a toda la sociedad, sino referidas a los trabajadores, a los excluidos por el sistema, a los perjudicados por el capitalismo. Tienen pues un carácter de clase. Recuperarlo es la primera exigencia del PCE para una nueva convergencia político-social, teniendo en cuenta que las cuestiones de método y organizativas revisten también una importancia de clase. Una profundización en la democracia empieza por la propia izquierda. Pedir como hemos hecho en el último tiempo el apoyo electoral para una política más a la izquierda no basta. La enseñanza de los 90 es que IU se abrió a la participación a través de programas y las áreas y ahí ganó su fuerza. Tras las experiencias del movimiento no-global, de Venezuela, de los multitudinarios procesos de consultas en Cuba y tantos otros, es necesaria la participación en la gestión de IU no sólo de sus bases sino de todas las personas y colectivos a quienes llamamos a unirse al proyecto de transformación.
    La línea política desplegada por la dirección de IU, la crisis y ruptura de la organicidad en el conjunto de la organización, han ido situando a Izquierda Unida en un estado de crisis permanente en los últimos tiempos. Una crisis que tras los resultados de las últimas elecciones generales, no solo ha evidenciado una derrota electoral, sino que la ha convertido en una crisis del proyecto. Todos estos elementos definen el marco actual de debate en IU, como el de la necesidad de articular una nueva centralidad política y organizativa en la idea de la Refundación de Izquierda Unida, una refundación que pasa por rescatar y defender las características y objetivos fundacionales del proyecto originario de IU.

    Ello nos lleva a diseñar una nueva IU, anticapitalista, unitaria y alternativa que se caracterice en su nueva etapa, en primer lugar por la desburocratización y por el control de las bases. Para ello planteamos medidas como:

    Reducción de los niveles actuales de dirección a dos, coordinación colectiva y consejo, configurando una dirección colectiva y colegiada creando la figura del coordinador del órgano.

    Asamblea anual de rendición de cuentas de los órganos de dirección y de los cargos públicos que deberá ser abierta a votantes y simpatizantes cuya participación la regularán los Estatutos de IU de manera general y, si procediera, de cada Federación en su ámbito, para las asambleas locales, en el nivel local y con delegados y delegadas electas para ello en ámbitos más amplios.

    La práctica de una democracia interna radical que refleje la soberanía plena de las personas afiliadas a la organización. Las asambleas congresuales establecerán reglas y procedimientos claros y transparentes para el funcionamiento de los órganos de seguimiento, de coordinación o de dirección.

    La Asamblea local decidirá sobre las candidaturas y los acuerdos institucionales locales en referéndum y sobre su continuidad, al menos una vez al año, en la Asamblea de rendición de cuentas. La Asamblea de cada organización territorial federada podrá revisar los acuerdos locales y decidir sobre la desvinculación de las organizaciones que mantengan acuerdos contradictorios. La Asamblea estatal podrá hacer lo propio respecto a los acuerdos autonómicos y estatales, sin perjuicio de que también lo haga el Consejo Político del ámbito correspondiente.

    Articular la participación de las delegaciones primando la elección directa desde la base, con mecanismos que aseguren la presencia porcentual de las minorías. Todas las votaciones se harán después del debate y de manera estrictamente proporcional sin segregar las cabeceras de lista. No existirán los delegados natos.

    Un hombre o una mujer en la Asamblea de IU, un voto. El número de delegados y delegadas debe fijarse en función de las personas asistentes a las Asambleas correspondientes, no de los “censos” ni de los resultados electorales.

    Comisión única de enmienda y aplicación de Estatutos con delegadas y delegados elegidos a tal fin, incompatibles con cualquier otra responsabilidad, que actúen como ponentes para la enmienda de los Estatutos a partir de la experiencia generada en su aplicación. Esta Comisión de Estatutos publicará, con la mayor brevedad posible, las modificaciones a los mismos, que no entrarán en vigor mientras no sean debidamente difundidos entre las bases de IU. Ante cada Asamblea federal presentarán un informe de su gestión.

    Aplicación sin excepciones del principio de rotación. La segunda gran necesidad en la nueva etapa es abrir IU a la participación del “pueblo de izquierdas”, volver a los conceptos de elaboración colectiva, y establecer medidas dirigidas a aumentar las posibilidades de participación hasta el grado que cada persona decida en IU. Sería necesario aplicar el principio de no acumulación de cargos, en el marco de una política abierta y audaz de promoción de cuadros, a favor de una amplia apertura y reparto de responsabilidades.

    Limitación a dos mandatos con posibilidad de un tercero de carácter excepcional. Este acuerdo de principios, una vez aprobado, solo se podrá modificar por acuerdo del 75% de la Asamblea.

    Dentro de IU se buscará el medio más adecuado para que se dé un control continuo de las bases sobre las decisiones puntuales que toman los representantes políticos de ésta en las instituciones donde se encuentren.

    Las grandes decisiones políticas y electorales de IU no contempladas en los documentos que se aprueban en la Asamblea, y en particular los acuerdos electorales, deberán ser consultadas a todos los afiliados y afiliadas mediante referéndum.

    En todas las Federaciones se creará una comisión de censos plural que revise y actualice los censos, garantizando que estos se correspondan con la realidad.

    Los salarios de los cargos institucionales, así como sus aportaciones a la organización, serán conocidos por el conjunto de la organización, estableciendo la militancia una cuantía máxima a percibir, de tal forma que el desempeño de una responsabilidad institucional nunca sea un privilegio sino un servicio a la militancia y a la clase trabajadora.

    Un proyecto realmente alternativo y participativo debe también explorar nuevas fórmulas organizativas:

    Las Áreas de Programa deben pasar a tener un protagonismo nuevo, como ámbitos de participación voluntaria, flexible y abierta a las personas no inscritas funcionando en grupos de trabajo a cada nivel y en plenos anuales para la aprobación y revisión del programa y de su gestión. Deberán elegir sus representantes en los Consejos donde cubrirán el 50% como mínimo de las plazas.

    El principio de equilibrio de sexo tiene que aplicarse escrupulosamente a todos los niveles.

    Se establecerá una “política del tiempo” para facilitar la participación: compatibilidad de las reuniones con los horarios de las personas no “liberadas”, limitación de la duración de reuniones, ...

    Como método de trabajo con carácter general las Asambleas crearán comisiones de trabajo abiertas y limitadas en el tiempo para cada campaña, movilización o actividad concreta a las que se invitará a participar a personas y colectivos implicados.
    Uno de los elementos fundamentales en la génesis de IU fue el programa. Estos últimos años hemos ido apreciando como éste era relegado a un papel secundario casi como cuestión formal frente a la pugna por los puestos de responsabilidad. Esto debe acabar y el programa debe situarse como eje central y vertebrador de IU como movimiento político y social. El programa de IU debe:
    - Expresar de forma dialéctica la unidad y pluralidad de IU, reflejar el consenso y ser medida de la aplicación de la democracia interna. Por tanto el programa debe elaborarse colectivamente, con la participación directa de afiliados y simpatizantes
    - Ser la medida de la coherencia en la práctica política de los representantes institucionales de IU y de los miembros de sus órganos. El cumplimiento de forma coherente y satisfactoria del Programa es la condición primera para la reelección de cargos institucionales y orgánicos y su incumplimiento fehaciente causa de revocación de sus mandatos o de su condición de representante de IU. La expresión y defensa pública de posiciones contrarias al Programa IU implica el cese en los cargos internos.
    - Articular el carácter federal de IU, de forma que el programa Federal es único e unívoco en los temas que coinciden con las competencias de la Dirección Federal de IU, y se define como Programa Marco en los restantes temas, de forma que los programas de las federaciones y los programas electorales en los distintos ámbitos se inscriben en ese Programa Marco.

    HACER DE IU UN MOVIMIENTO POLÍTICO Y SOCIAL ALTERNATIVO
    Remover los obstáculos burocráticos y facilitar la participación política son condiciones necesarias para hacer de IU un verdadero movimiento político, social y cultural, como tantas veces afirmamos. Pero no es suficiente.
    La línea política desplegada por la dirección de IU, nos ha conducido a una crisis del proyecto que conduce a la necesidad de articular una nueva centralidad política y organizativa en la idea de la Refundación de Izquierda Unida, refundación que pasa por rescatar y defender las características y objetivos fundacionales del proyecto originario de IU, que serían la construcción de la Alternativa, hacer de IU un Movimiento Político y Social, tomar la política como acción consciente para transformar la sociedad, la elaboración del programa, la Democracia Plena, la Soberanía Plena y tener claro que el despliegue en la sociedad es un elemento prioritario de IU.
    Además, la idea de vertebrar IU como un Movimiento Político y Social debe emanar de una determinada política basada en la participación popular, con el objetivo permanente de la construcción de la alternativa a la sociedad, al Estado, a la cultura existente y a los valores dominantes.
    La conversión de IU en una herramienta útil para la participación de los jóvenes precarios, de los trabajadores amenazados por las deslocalizaciones, de las mujeres que necesitan algo más que igualdad formal, de los que se oponen a la guerra global contra los pueblos y contra el medio ambiente, de los republicanos y de todos aquellos que no están conformes con el actual estado de cosas, que extienda la conciencia y aleje a la población del “pensamiento único”, requiere además un mínimo común denominador para esa convergencia que debe ser el programa, programa de construcción de la alternativa al neoliberalismo, que sea capaz de articularse en torno a las necesidades de los sectores sociales explotados y excluidos por el modelo neoliberal, y que consiga volver a arraigarnos en el seno de la sociedad y participar en las luchas y resistencias sociales, contribuyendo a su organización y fomentando su capacidad de movilización.
    Todo lo expresado señala una tarea especial para el PCE: si las y los comunistas no nos movemos ¿quién lo hará?, si de estas luchas no salen los nuevos y las nuevas comunistas, ¿de dónde vendrán?, si los comunistas no recuperamos la centralidad de la contradicción capital/trabajo en IU visualizando el conflicto social, ¿quién devolverá a los trabajadores y a las trabajadoras el protagonismo como mayoría social explotada por una minoría especuladora y en búsqueda constante de acumulación de beneficios?
    Hay que organizar y dotar de horizontes ideológicos y de herramientas políticas a la oposición al capitalismo, darle cauces y poder de influencia. No hay que temer a lo que no se controla, sino aprender de ello y confiar en la justeza de nuestras ideas. Un Partido fuerte  no es el que más controla sino el que trabaja, vive y crece en un movimiento fuerte, en unión con la clase obrera, de la que es exponente de organización. Es aquel que sabe, desde el trabajo y la formación permanente de sus militantes, contribuir a la unidad de la izquierda. Ser comunista hoy, como siempre, es ser “la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo”.
    Por eso los y las comunistas debemos realizar propuestas y planteamientos en nuestra organización y llevarlos al conjunto de la sociedad.
    Los comunistas y nuestro partido tenemos por delante, no lo olvidemos, una tarea ingente a largo y medio plazo para la que no existen atajos, un largo, complicado y paciente trabajo, creando una sociedad organizada, estudiando y formándonos políticamente y desarrollando allá donde estemos pedagogía social con nuestra presencia y ejemplo.
    La reconstrucción política e ideológica de la izquierda y de la clase obrera en el siglo XXI es nuestra principal tarea.

    IU: UNA FUERZA FEDERAL CON REGLAS DEL JUEGO QUE VALEN PARA TODOS
    Izquierda Unida tiene y debe tener una estructura federal, democrática y solidaria, donde la soberanía recaiga en sus militantes. Apostar por un modelo federal supone apostar por lo local. En este sentido, las asambleas locales deben ser la base de la organización.
    Esta apuesta que proviene de nuestra concepción del Estado no significa otra cosa que otra forma de concebir el acuerdo de un Estado unitario que busca su cohesión desde el consenso, el acuerdo, la atribución clara de competencias, funciones y responsabilidades.
    Una idea debe quedar clara: la federalidad es un reconocimiento a la diversidad pero en el marco de una visión común de la transformación social. La transitoriedad de estados, nacionalidades y entes territoriales ante la concepción de un mundo nuevo, solidario y sin fronteras debe estar siempre presente, teniendo siempre en cuenta la voluntad soberana de los pueblos.
    Izquierda Unida como movimiento político y social tiene que fundamentar su trabajo político en el seno de la sociedad, de las organizaciones obreras y de los colectivos culturales y alternativos, recuperando el discurso rojo, verde y violeta y apoyando un ecologismo radical y social que no ponga parches al sistema capitalista sino que pretenda un nuevo modelo económico. Debemos tener una visión de la economía que respete a la Naturaleza y que rechace todo tipo de explotación o esclavitud.
    También hay que trabajar por una sociedad donde la tierra, el agua, los recursos, la energía, los instrumentos de trabajo en suma, sean gestionados por aquellos y aquellas a quienes afecta directamente, y donde la ciencia, el arte y la técnica estén al alcance de todos y todas, y se establezcan unas relaciones sociales de colaboración y unas relaciones racionales con la Naturaleza. Hay que plantear Desarrollo frente a Crecimiento, un desarrollo sostenible y solidario que frene el derroche de energía y agua, y la urbanización y el asfaltado de los espacios libres, que aleje la amenaza del cambio climático, ya que la plenitud del desarrollo humano se hará en armonía con la naturaleza, o no se hará.
    En paralelo a la definición de IU como fuerza de la izquierda alternativa, a la construcción de la organización política que queremos, debemos añadir además el diseño y la práctica de un trabajo institucional alternativo, cuyo objetivo fundamental sea aprovechar las instituciones realmente existentes para propiciar los cambios estructurales que consideramos necesarios, como fuerza política.
    La dirección de IU, y el conjunto de la organización en todos los niveles de su estructura tiene que dedicar al debate interno sólo el tiempo imprescindible, y aumentar el tiempo dedicado a la acción política en la sociedad.
    Los recursos económicos han de gestionarse en base a los siguientes criterios:
    Austeridad en el gasto y solidaridad entre toda la organización, mediante la transparencia absoluta en la elaboración y gestión de los presupuestos, con una decisión colectiva de los gastos, determinando la cantidad del gasto que sea competencia de los Órganos de dirección y los que sean competencia directa de las Asambleas de Base.
    Todas las estructuras organizativas de IU tienen la obligación de presentar balances semestrales de ingresos y gastos a la adscripción, así como presentar presupuestos anuales a finalizar cada año.
    La cuota de carácter obligatorio será de una cantidad que no pueda ser un impedimento para la militancia.
    Los y las militantes de los colectivos y organizaciones integrados en IU pagarán sólo la cuota a través de su organización, y el pago de éstas a IU se realizara a través de las formas que se recojan en los Protocolos.
    Una fuerza política que se pretenda democrática debe guiar sus actuaciones internas y su funcionamiento por el respeto y el ejercicio de la legalidad. Estatutos, reglamentos, régimen de sesiones y toma de acuerdos deben ajustarse totalmente a las reglas de juego estatuidas libre y soberanamente por el colectivo.
    Las comisiones de Garantías no pueden ser concebidas como órganos para salir del paso cuando no como cementerio de elefantes. Es inadmisible que los Estatutos sufran cambios para legalizar acciones o situaciones que contradicen abiertamente los principios ético-políticos de IU.

    IU, UNA FUERZA INDEPENDIENTE Y REPUBLICANA
    IU no debe supeditarse a los acuerdos de la transición y de la Constitución de 1978. Queremos superar esta expresión política y jurídica porque es la que corresponde al modelo económico y social que se ha ido consolidando en España en los últimos 30 años, y la realidad política y social del país exige cambios que garanticen y amplíen los derechos sociales y políticos, avanzando hacia el socialismo.
    Los avances democráticos conseguidos en este período no son virtudes del actual sistema político, sino conquistas de las luchas democráticas contra la dictadura y durante el período de la transición a finales de los años 70. El régimen monárquico, en último extremo, para lo que ha servido es para preservar la hegemonía de las oligarquías financieras y empresariales tradicionales. En el momento actual, expresa institucional y jurídicamente la “democracia limitada” que exige el neoliberalismo y en la que ciertos intereses no pueden tocarse. Expresión de ello ha sido el reiterado incumplimiento de los derechos y contenidos progresistas y sociales de la actual Constitución española, precisamente, aquellos que llevaron al PCE a firmarla en su momento. De este modo, la continuidad histórica que la monarquía expresa, es la que une al reaccionario antiguo régimen del siglo XIX, con el golpe fascista contra la II República y la dictadura por medio, con el moderno capitalismo globalizado.
    Por ese motivo IU rechaza ser “parte del sistema” vigente. No tiene “alianzas naturales” ni más referencias que su propio programa estratégico y, en función de él, las derivadas de las alianzas, coincidencias y movilizaciones que en cada momento puedan producirse. El programa estratégico, la coincidencia táctica, la acción puntual o la coyuntura favorable para una movilización acorde con los intereses de los que aspiramos a representar, es la única pauta para cualquier tipo de relación política y sindical. Es decir, IU debe acordar siempre en función del programa aquellas políticas que permitan debilitar la hegemonía neoliberal.
    IU se define como una organización republicana. La condición republicana de IU no es una mera adjetivación para la galería. La organización debe fijar en sus Estatutos, discurso y práctica política su decidida voluntad de que la III República española sea una realidad mediante el acuerdo activo, la participación democrática y la divulgación ciudadana de los valores, ética y contenidos de la Constitución de la III República.
    Nuestro republicanismo no está hecho de nostalgias sino de proyectos para hoy. El desarrollo de esta decisión implica una serie de actuaciones, formas de trabajo y expresiones públicas que manifiesten firme, serena e inequívocamente nuestra entidad y nuestra propuesta a la ciudadanía. En consecuencia uno de los trabajos de IU debe ser colaborar y aportar en la puesta en marcha del proceso constituyente de la III República.

    CONVOCATORIA A LA IZQUIERDA ALTERNATIVA
    Se inicia un periodo convulso, donde una gran crisis financiera va a enlazarse con la endémica crisis ambiental que arrastra el planeta. En este contexto las contradicciones del capital van a ser más visibles que nunca y millones de trabajadores y trabajadoras van a sufrir una explotación aún mayor, dándose progresivamente una igualación a la baja de las condiciones laborales a escala mundial. En este momento no es solo necesaria, sino vital, la construcción de una fuerza anticapitalista. Para ello el PCE debe impulsar el inicio de un nuevo ciclo en la izquierda española. Un ciclo que se nutra de las luchas sociales por un cambio de modelo económico y de las luchas políticas por una extensión y profundización de la democracia más allá de los límites actuales.
    El puerto al que queremos llegar es la III República Española, como expresión político-jurídica de una democracia radical, una democracia participativa avanzada, de una sociedad de igualdad y garantía de derechos políticos, económicos, sociales y culturales y de un predominio de lo público y común sobre el mercado y el beneficio privado, es decir, una sociedad basada en la democracia y el socialismo, que sea laica, federal y del conjunto de los trabajadores y trabajadoras. Una Europa federal y democrática que sea un factor de paz y solidaridad en el mundo. Un nuevo orden global más justo y que no comprometa la supervivencia del planeta. Los comunistas debemos hacer de la construcción de las bases del socialismo, la columna vertebral de cada empeño que iniciemos, de cada alianza que forjemos, de cada convergencia que permita consolidar una izquierda política más sólida.
    Para ello es necesario crear en España una gran fuerza anticapitalista, federal y republicana, antifascista e internacionalista, que forme parte de la izquierda europea que se está construyendo y que se una a la corriente mundial que lucha por otro mundo posible y por el socialismo.
    IU debería ser el eje vertebrador en la creación de esa fuerza, poniendo a disposición sus recursos políticos y organizativos, su presencia institucional y su capacidad de intervención. Valoramos autocríticamente nuestra trayectoria, sin dejar de reconocer nuestros errores, pero reivindicamos la vigencia de los principios que nos animaron a iniciar esta experiencia. Es precisamente aquello en lo que nos hemos desviado de esos principios lo que vemos con mirada más crítica.
    IU se encamina a una Asamblea Federal. El resultado de esa Asamblea debe ser una organización renovada, desburocratizada, más permeable y políticamente nítida. En la que la acción institucional, que siempre debe ser un instrumento y no un fin en si misma, esté subordinada a las decisiones de las Asambleas correspondientes y sea subsidiaria y no sustitutiva de la política y de la movilización. Una organización independiente y antagonista del sistema político vigente, implicada en las luchas sociales. Objetivos, todos ellos, por los que trabaja irrenunciablemente el PCE.
    Este es el primer paso. El segundo debe ser un amplio proceso de convergencia donde a los componentes actuales de IU se sumen nuevos colectivos y personas sin renunciar a su identidad en un movimiento político, social y cultural renovado, amplio y participativo. Para ello se requiere que este proceso se extienda en el tiempo y en él se puedan debatir y cuestionar todos los aspectos de tipo político u organizativo necesarios, sin limitaciones autoimpuestas. La próxima Asamblea Federal no debe ser, por tanto, el final del proceso de reconstrucción o refundación de IU sino el principio del mismo.
    La Asamblea Federal debería cerrar las brechas internas y establecer el marco que organice el posterior proceso de convergencia, de convocatoria a la sociedad. El Partido Comunista de España pondrá todas sus energías en garantizar que toda su militancia pueda participar en el proceso de la próxima Asamblea Federal de IU; igualmente, trabajará por hacer real el respeto más escrupuloso a los derechos democráticos de la afiliación de IU y a la soberanía de las asambleas en el proceso de debate que se abre y en la vida diaria de la organización.
    Igualmente, el PCE debe preocuparse de facilitar el proceso de convergencia siendo su principal aportación la cohesión del propio Partido como primer paso para destinar nuestras energías partidarias a la suma de quienes, con nosotros, quieren confluir, evitando el desgaste y la confrontación interna.
    Cómo será definitivamente esa nueva fuerza, es algo que ahora no podemos predecir. Lo decidiremos entre todos. Sólo podemos anticipar que será una organización unitaria y federal, democrática y participativa. Capaz de integrar partidos, colectivos y personas. Que se nutra y crezca con la movilización. Que la impulse y convierta la resistencia social en alternativas políticas.
    Y será una fuerza anticapitalista, federal y republicana en la que trabajen juntos comunistas del PCE y de otras culturas políticas y organizativas, feministas, republicanos, sindicalistas, activistas de los movimientos sociales y todas las personas para las que el actual estado de cosas resulta insoportable. Todos ellos sin renunciar a su identidad y unidos en un programa común elaborado colectivamente, que debe permitir avanzar hacia el socialismo.
    Tenemos la convicción de que esta nueva fuerza es posible. Pero no es sólo un problema de convicción. El PCE está dispuesto a trabajar por conseguirlo incluyendo al máximo de fuerzas, comenzando por las existentes en IU. Una tarea fundamental para la IU que salga de la próxima Asamblea es dedicarse a ello. No desde un llamamiento abstracto sino a través de nuestra presencia en todas las luchas y resistencias. Creando la convergencia en la práctica. Y a través de una organización abierta, horizontal y transparente.
    El Partido Comunista de España entiende que lo verdaderamente irrenunciable está en los contenidos políticos antagonistas y su viabilidad, así como en la voluntad de implicarse en las luchas sociales. Ni a esos contenidos, ni a esa voluntad va a renunciar el Partido ni hoy ni el día después de la Asamblea Federal, desde la responsabilidad que supone ser militante del PCE y la coherencia y corresponsabilidad que todos los y las comunistas debemos exigirnos.
    Convocamos a todas las personas de IU, y a todas las personas de izquierdas que perciben la necesidad de una política económica, social y cultural de izquierdas, a participar activamente en la próxima Asamblea Federal para, entre todas y todos, hacer posible esta esperanza.
    Apéndice 1
    200 multinacionales controlan el 25% de la actividad económica mundial (y, sin embargo, sólo dan empleo al 0.75% de los trabajadores y las trabajadoras). De 176 de ellas sus casas matrices corresponden a 6 países y 74 de las 176 son yanquis. El G-7 representa el 80% de las multinacionales. Tres grupos de multinacionales acaparan el 65% de la producción de camiones; cinco, el 60% de la de autos; y diez, el 60% del mercado de las telecomunicaciones. La producción de estas 200 multinacionales crece al doble que el PIB de los 29 países de la OCDE y supera la producción total de los otros 182 países. Un dato que atestigua la enorme concentración de riqueza y el monstruoso empobrecimiento y polarización sociales
    Apéndice 2
    Desde hace mas de un año, desde el partido venimos haciendo una critica de fondo al proceso de acumulación capitalista en España (lo que el sistema con Zapatero a la cabeza denomina crecimiento económico). Nuestro País ha sido puesto como ejemplo de la pujanza y como octava potencia mundial.
    Los datos macroeconomicos avalaban las anteriores afirmaciones: crecimiento económico por encima de la media europea, en torno al 3,5% (fuente gobierno PGE), superávit de las cuentas publicas de 1,8% del PIB en 2006, equivalente a 18.000 millones de euros, beneficios privados medios en empresas de un 73% entre 1999 y 2006, frente a un 33% de media de los países de la OCDE.
    Ha habido cinco elementos clave a la hora de enfocar el proceso de acumulación:
    Pujanza del sector del ladrillo. La vivienda como negocio y no como derecho constitucional.
    Precariedad laboral del 33%, 45% en Andalucía (12% de media europea).
    Siniestralidad: 25 puntos mas que la media del conjunto de la Unión Europea (50% mas que la media de la UE15).
    Explotación de una amplia franja de inmigrantes. Solo uno de cada 3 se afilia a la Seguridad Social y cobran 30% menos que salario de convenio.
    Sacrificio de los salarios: El salario medio real perdió un 4% de poder adquisitivo entre 1995 y 2006, siendo España el único país de la OCDE donde se ha producido este tipo de retroceso.
    El ejemplo clave a la hora de entender el saqueo de los salarios es el precio de la vivienda y el de la financiacion bancaria de su compra por el ciudadano, que se ve encadenado de por vida a la banca. Entre 1990 y 2004 el precio de la vivienda subió el doble que los costes de producción, lo que aumento más del 100% el precio del metro cuadrado. Ha sido la repercusión de una cadena especulativa, empezando por el suelo. La Banca, para una vivienda de 100 metros, con 25 años de amortización genera unos intereses totales de 70.000 euros, y 120.000 si el plazo es de 40 años. Es decir, en esta segunda subida, la banca cobra sobre el precio especulativo de la vivienda. Doble cadena especulativa, por tanto: constructores y bancos.
    El 50% de las familias tiene una deuda superior a su renta disponible. Se ha producido una transferencia de endeudamiento del Estado hacia las familias. La deuda total del país pasó del 163% al 213% del PIB entre 1998 y 2005.
    Esta acumulación de capital se produce en gran parte a costa del saqueo de los salarios y el sometimiento a su lógica de acumulación de toda la vida social. En el sector inmobiliario hay un desplazamiento del capital financiero en su circulación primaria a la circulación secundaria, estableciéndose un circuito de valoración totalmente disociado de la producción real del valor. En suma, de la detracción de plusvalía obtenida en la producción, se pasa al asalto a la renta salarial del consumidor de la vivienda.
    Tengamos en cuenta otros datos que aclaran la relación entre Macro y economía social diaria:
    Entre 1999 y 2006 los costes laborales han crecido en España 3,7 %, cinco veces menos que en la UE15 (18%).
    El gasto público social per capita en España es sólo el 62% del promedio de la UE.
    La mujer gana, a igual trabajo, un 30% menos.
    El 75% de la deuda familiar (840.000 millones de euros) corresponde a hipotecas.
    Más de 3 millones de pensiones por debajo del Salario Mínimo Interprofesional. 18% de los mayores no cobra pensión.
    El redondeo del euro, sobre todo para artículos de primera necesidad, ha supuesto un aumento del 60% desde su implantación.
    El esfuerzo en educación, un punto por debajo de la media europea. En sanidad somos el octavo país en gasto de la UE15.
    El 50% de los ciudadanos no llegan a fin de mes. Mas del 40% nunca van de vacaciones.
    En función de los datos anteriores, podemos llegar a algunas conclusiones:
    La estructura de crecimiento (acumulación) en España aumenta constantemente las desigualdades sociales y territoriales. Más que en el resto de la UE15. Es la estructura más exigente, injusta, y la que peor reparte, siendo la que mas superávit publico ha arrojado y la que mayores excedentes empresariales tiene.
    Este modelo se ha consolidado tanto con el PP como con el PSOE a modo de un gran pacto de estado tácito. El crecimiento ha sido convertido, dada la paz social, en un nuevo valor patriótico, la verdadera razón de Estado. Crecimiento sostenido y estructura laboral muy precaria (la precariedad en jóvenes supera el 66%).
    El paraíso de las cifras macro esconde una vida cotidiana inaceptable para muchos. Una vida opaca, que no se ve, que no se discute. El modelo social no ha estado, ni parece que vaya a estar, en la agenda política ni en la mediática.
    Apéndice 3
    El importe medio de las hipotecas constituidas sobre viviendas se situó en 152.333 euros en agosto, un 6,1% respecto al mismo mes de 2006 y un 1,6% superior al registrado en julio de 2007, tomando como Referencia lo indicado por el INE. El capital prestado para este tipo de hipotecas en agosto de 2006 rebasó los 13.623 millones de euros, lo que representa un descenso del 5,8% respecto a agosto de 2006 y del 11,1% sobre el mes anterior. En Agosto de 2007, se hipotecaron un total de 127.312 fincas rústicas y urbanas, lo que supone un descenso del 9,93% respecto al mismo mes del año anterior, por valor de 21.745 millones de euros, un 4,55menos. Respecto a las cancelaciones, en agosto se cancelaron registralmente un total de 65.079 hipotecas, lo que supone un aumento interanual del 5,1%. Las hipotecas canceladas sobre fincas rústicas cayeron un 7,2% mientras que las canceladas sobre fincas urbanas aumentaron un 5,5%. El número de cancelaciones sobre viviendas creció un 2% en tasa interanual.

    CONFERENCIA POLÍTICA DEL PCE (Partido Comunista de España) Construir la alternativa | 01-10-2008 - 10:58:33 GMT 1 #

  11. El capitalismo se quiebra: enterrémosle :
    Marx sostenía que ningún sistema económico puede durar por siempre, que tiene un desarrollo, un auge y una caída. El primer gran sistema económico fue el de las Ciudades Estado del Creciente Fértil, basado en una agricultura dirigida por el Estado burocrático y trabajado por personas libres aunque no propietarias; después, vino el sistema esclavista del Imperio Romano, y con su crisis surgió el feudalismo, las tierras seguían en manos de los terratenientes y de la Iglesia, cultivado por hombres sujetos de por vida a la tierra por las deudas de sus antepasados. Y con su crisis vino el sistema industrial, la libertad de movimiento y de capitales, la potenciación de los sectores económicos no agrícolas (servicios e industria). Y su crisis no es constante, es periódica por su estructura particular. La alternativa a ello fue el modelo de planificación, pero se reveló más imperfecto que el capitalismo, puesto que una burocracia estatal no sabe satisfacer las demandas económicas con una oferta adecuada.

    Aunque pareció que el capitalismo había sobrevivido, que bastaba con las reformas admitidas a la socialdemocracia y que este maná económico podía durar para siempre, esto no es así. La economía vuelve a estar en crisis. Además, no podemos quitar la vista de que este mundo está partido en dos: de que hay dos bloques aún, el bloque de países ricos y el bloque de países pobres. Y a su vez los países siguen conservando una separación entre ricos y pobres, en los países más ricos observamos una minoría muy rica frente a una mayoría de clase media y una minoría pobre, y en los países pobres tenemos una ínfima minoría riquísima, una clase media escuálida, inestable o inexistente, y una gran masa depauperada.

    ¿Cuál sería el ideal? El ideal sería ningún extremo, sería la solidaridad para con la riqueza de todos poder ofrecer una igualdad de oportunidades para desarrollar más riqueza, y que eso no beneficie a una minoría, ni tampoco a una mayoría: que beneficie a todos. La socialdemocracia plantea siempre que el que más tenga más dé. Pero hay que decir por qué, por qué quien más dinero gane más dinero dé, porque si no, a lo mejor, daría a que cualquiera trabajase menos para sortearlo. Es un deber, no un deber patrio, sino un deber para con toda la sociedad. Es una obligación ética hacer todo lo posible para ayudar a nuestra misma especie. El capitalismo es una lucha entre el gato y el ratón.
    Hasta hace nada, el gran capitalismo quería eliminar al Estado de la vida económica, quitar regulaciones, quitar trabas, quitar derechos de los trabajadores... ¿libertad total para la economía? No, eso es permitir la dictadura de la economía, de la dominación de esa minoría extremadamente rica, que controla la mayor parte de la generación de la riqueza, sin que la gran mayoría podamos hacer algo.

    La derecha había vuelto a enarbolar, desde Thatcher y Reagan, la bandera del liberalismo más puro, más destructivo para el Estado. Es decir, es volver a los postulados anteriores al Estado social de derecho: al Estado liberal, el Estado gendarme. La economía es cosa de los negocios, no del Estado. Al Estado le basta conservar el aparato policial.

    Pero, hete aquí que quien antes hablaba de privatizar, de individualismo... pide socializar las pérdidas. Que todos paguemos el fracaso de unos. ¡Vaya, son socialistas! El socialismo de la ruina. No es socializar la economía, es socializar el pago para salir de la crisis. ¿No hablaban de la no intervención? Ese liberalismo era mentira. Tenemos que pagar a unos fracasados sus enormes agujeros, mientras ellos conservan aún todo su patrimonio y renta. El fracaso se debe pagar con irse a la calle. ¿Quién ha creado esto? Los grandes negocios ¿Quién lo paga? Los trabajadores. Los trabajadores no tienen la culpa de que unas empresas sean dirigidas por ineptos. Que se vayan los ineptos, que paguen ellos el desaguisado, y que vengan otros.

    En suma, que el capitalismo pague su fracaso, que se vaya, y que venga otro.
    http://arbolsocialdemocrata.blogspot.com/2008/10/el-capitalismo-se-quiebra-enterrmosle.html

    El capitalismo se quiebra: enterrémosle | 01-10-2008 - 15:09:44 GMT 1 #

  12. Nueva depresión, neokeynesianismo, nuevas guerras, por Alfredo Torrado : La actual crisis no ha sido causada, como repiten los medios, por la falta de control de los mercados financieros, ni por la irresponsabilidad de algunas entidades financieras a la hora de conceder hipotecas. Evidentemente, la actual crisis financiera ha ocurrido porque la burbuja hipotecaria ha estallado. Pero la crisis financiera es sólo la consecuencia, y no la causa, de la crisis de la "economía real". Es fácil darse cuenta de que algo anda mal en la economía real cuando el capital financiero afluye en masa al mercado hipotecario (y a la especulación con el petróleo y los alimentos). Mientras la economía real se mantuvo en expansión, durante parte de los 80 y los 90, el sector financiero iba todavía mejor. Esta expansión tuvo lugar gracias al desarrollo de la informática y las telecomunicaciones. Era el fin de la vieja economía cíclica, decían los gurús de la "nueva economía"... El capital, eufórico, inundaba la bolsa. La desproporcionada sobrevaloración de las empresas tecnológicas en la bolsa era evidente, y la burbuja de las "puntocom" estalló en 2001. Pero lo fundamental es que la rentabilidad del capital, el grado de acumulación, centralización y concentración del capital y el crecimiento económico propiciados por las nuevas tecnologías informáticas se habían agotado.

    Entonces la FED bajó drásticamente los tipos de interés, propiciando el negocio de las hipotecas, negocio que se ha realizado con la posterior subida de los tipos de interés, hasta donde ha sido posible. Greenspan le había ofrecido al capital una salida de emergencia, y el capital se desplazó en masa al mercado hipotecario. Con ello la economía ha vivido una especie de prórroga. Pero muchos asalariados no han podido seguir pagando sus hipotecas. Sin embargo, si la economía real estuviera en plena expansión, no habría habido esta morosidad; para empezar porque no habría habido burbuja hipotecaria…

    Neokeynesianismo.

    Parece que junto con la peor crisis desde la del 29 regresan también las políticas keynesianas de salida de la crisis. Tras el neoliberalismo, el neokeynesianismo: otra vez. ¿Cuál será la siguiente "novedad"? Pero las políticas keynesianas ya fueron puestas en práctica desde los 30, y, sin embargo, no se pudo evitar con ellas que el capitalismo cayera de nuevo en una depresión a finales de los 60, depresión que duró hasta mediados de los 80. De hecho, por restringirnos a EEUU, mediante dichas políticas no se logró una salida de la crisis en los años 30, sino sólo un paliativo momentáneo (se logró paliar los efectos sociales de la crisis, pero por poco tiempo, hasta la nueva recaída del 37, cuando el paro se situó en el 20% en EEUU). Por otro lado, durante los 90 las principales economías capitalistas, sobre todo EEUU, mantuvieron un período de crecimiento al tiempo que se desmantelaban las políticas keynesianas. Este crecimiento fue posible gracias al desarrollo de la informática y las telecomunicaciones (la caída del llamado "socialismo real" supuso también un evidente espaldarazo para el capital).

    Parece probable que Obama gane las próximas elecciones. También parece que podría dar un cierto giro keynesiano a la economía estadounidense. Su plan podría consistir en una regulación de los mercados financieros, bajadas de los tipos de interés (con la consecuente bajada del dólar), redistribución del ingreso (aumento de los salarios, impuestos más progresivos) y un aumento de las inversiones públicas en sanidad, educación, infraestructuras y, en especial, en el sector de las energías alternativas. La pregunta es en qué medida podrían adoptarse estas políticas. Pensamos que en escasa medida. En primer lugar porque el actual plan de rescate de los bancos va a comprometer notablemente el gasto público futuro. En segundo lugar, porque las medidas keynesianas son contraproducentes si se aplican en un solo país (teniendo en cuenta el actual nivel de movilidad internacional del capital): haría falta un consenso mundial al respecto, y las políticas neoliberales de la UE van en sentido contrario. Parece, más bien, que Obama adoptará un plan keynesiano moderado (aunque no tan moderado como el de Zapatero...).

    Las medidas keynesianas pueden ser bien recibidas, en principio, por la clase asalariada, pero no por los capitalistas, y mucho menos por los capitalistas financieros y los rentistas. Para el capital, las medidas para paliar la crisis son claras, y están destinadas a recuperar la tasa de beneficio: despidos y consecuente bajada de salarios (en este sentido van las peticiones del BCE y el Banco de España, por ejemplo, y, por supuesto, de las asociaciones patronales y los gobiernos y partidos más liberales: abaratamiento del despido, moderación salarial, flexibilidad laboral,…). Pero las políticas keynesianas van en sentido contrario. El fin de estas políticas no es la salida de la crisis, sino la gestión de sus consecuencias sociales: se trata de aplacar a la clase asalariada. Las políticas keynesianas sólo pueden servir para atenuar momentáneamente los efectos de la crisis sobre la clase asalariada, con el fin de mantenerla bajo control y evitar que ponga en peligro al sistema capitalista. Pero sus efectos duran poco tiempo, pues, al frenar la caída del empleo y de los salarios, dichas políticas no sirven para salir de la crisis, sino para agravarla. En cuanto al plan energético anunciado por Obama, podría tener los efectos deseados a largo plazo, y generar, a corto plazo, una nueva burbuja en la bolsa. Pero dicho plan difícilmente podría dar resultado a medio plazo.

    Por otro lado, como decimos, la UE continuará profundizando en la senda neoliberal (más rápida y profundamente aun con los actuales gobiernos neoliberales y neofascistas de Merkel, Sarkozy y Berlusconi). Esto significa continuar con la privatización de los servicios públicos, con la flexibilización del mercado laboral, etc. Mientras en EEUU la economía no se puede liberalizar más, y parece avecinarse un cierto giro keynesiano, en la UE puede continuar siendo desmantelado lo que queda del Estado de bienestar, si la clase asalariada lo permite.

    Nuevas guerras.

    La política del capital para salir de la crisis es clara y puede resumirse en el aumento de la tasa de explotación mediante la bajada de los salarios, el aumento de la jornada laboral y la intensificación del trabajo (aumento de la tasa de explotación que es facilitado por el aumento del desempleo, como consecuencia inmediata de la crisis). El plan económico de McCain incluye, por ejemplo, una reducción general de los impuestos. Está demostrado (por Anwar Shaikh, en "Measuring the Wealth of Nations") que la clase asalariada estadounidense aporta al Estado más de lo que recibe de él. Una bajada de los impuestos facilitaría, entonces, una bajada proporcional de los salarios. Pero los republicanos reivindican además, y de forma explícita, una vieja y eficaz receta para salir de la crisis: la guerra.

    En contra del keynesianismo, nos inclinamos a pensar que la recuperación iniciada a finales de los 30 fue propiciada por la guerra, que el período de auge posterior a la guerra se debió, inmediatamente, a la reconstrucción y al poder conquistado por los vencedores, y que la larga recuperación que duró desde los inicios de la guerra hasta finales de los 60 (los llamados "30 gloriosos"), se debió a las nuevas técnicas desarrolladas gracias al gasto bélico, que propiciaron un aumento de la productividad del trabajo y de la productividad del capital. Las políticas keynesianas se pudieron mantener y desarrollar en Europa precisamente durante la fase de auge económico, de 1940 a 1970, y gracias a ella. El sentido de dichas políticas era claro: competir en cuanto a bienestar social con la URSS. Tampoco es casualidad que las políticas neoliberales pudieran imponerse cuando el bloque socialista ya estaba muy desprestigiado debido a las intervenciones soviéticas en Hungría y Checoslovaquia, y a la política de los partidos comunistas y sus sindicatos en Europa, sobre todo a partir del 68.

    Si McCain ganara, no deberíamos dudar de una invasión de Irán y un aumento de las tensiones con Rusia, Venezuela y Bolivia, y China. Una escalada bélica conllevaría un mayor gasto militar que estimularía el complejo militar industrial; el segundo objetivo es, evidentemente, derrotar a los competidores por el control de recursos, mercados y mano de obra (y el mantenimiento del dólar como moneda mundial). Pero un último efecto del aumento del gasto militar, quizás el más importante y esperado, es el desarrollo de tecnologías que permitan un nuevo despegue de la rentabilidad del capital. En realidad, esta es la única forma de lograr una salida duradera de la crisis. Pero lo más probable es que Obama gane las próximas elecciones, y los planes republicanos deban esperar un tiempo. Esto no quiere decir que los demócratas no estén dispuestos a optar por una escalada bélica si no consiguen levantar la economía por otros medios. No estamos contraponiendo un Obama pacifista a un McCain belicista. El simpático Obama también ha dicho, en su debate televisivo con McCain: "No me temblará la mano a la hora de usar la fuerza militar". Conclusión. La actual crisis marca un punto de inflexión en la economía mundial, con el paso a una nueva fase de depresión económica. El previsible gobierno demócrata en EEUU también puede marcar un cierto giro político, quizás a nivel mundial, aunque en principio limitado a EEUU. Sólo si las cosas se pusieran muy feas podríamos ver el mismo giro en Europa. Pero el giro ideológico puede ser más brusco, y probablemente vamos a tener a los gurús neokeynesianos, como Joseph Stiglitz o Paul Krugman (o el más cercano Vicenç Navarro), hasta en la sopa.
    Sin duda alguna es absolutamente necesario defender lo que queda del "Estado de bienestar" keynesiano en Europa. Pero no porque con ello se vaya a lograr salir de la crisis y construir un "capitalismo más justo", sino porque con ello la crisis se profundizaría, con lo que el propio "Estado de bienestar" podría ponerse también en crisis. Entonces sólo quedarán dos opciones: socialismo o guerra. El tiempo que no empleemos en recuperar el programa socialista para la clase obrera será tiempo que la burguesía empleará en armarse para la guerra, y en poner al día el programa fascista.

    Nueva depresión, neokeynesianismo, nuevas guerras | 02-10-2008 - 07:49:14 GMT 1 #

  13. Karl Marx: interpretar el mundo para cambiarlo, por Matthew Cookson
    (Socialist Worker) :
    La crisis financiera ha alcanzado unos niveles que hasta Rowan Williams, el arzobispo de Canterbury, ha dicho que la crítica del “capitalismo desembridado” de Karl Marx es correcta.

    Marx fue un socialista revolucionario del siglo XIX que analizó las dinámicas del capitalismo. Además de ser un gran pensador, Marx fue también un activista: un revolucionario que luchó para derrocar el capitalismo y reemplazarlo por una sociedad socialista.

    Marx nació en 1818 en el seno de una familia judía acomodada de Renania en Alemania. El dictatorial estado prusiano gobernaba la zona. Marx se sintió atraído desde muy joven por las ideas radicales, particularmente por las del filósofo alemán Friedrich Hegel. Marx recaló en un grupo llamado “los jóvenes hegelianos” en la Universidad de Bonn. Tras licenciarse, se convirtió en el editor del la Gaceta Renana [Rheinische Zeitung] en 1842, financiado por industriales que se oponían al estado prusiano. Incluso cuando Marx aceptó la censura en 1843, el estado clausuró el periódico.

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    Marx se trasladó a París para evitar la censura. Allí entró por primera vez en contacto con los grupos comunistas y con el movimiento obrero organizado, lo que tuvo un enorme efecto, radicalizando aún más sus ideas. También encontró a otro joven alemán, Frederick Engels, que habría de convertirse para el resto de su vida en su colaborador y principal apoyo.

    Engels trabajaba para la empresa industrial familiar en Manchester y había conocido de primera mano el nuevo capitalismo industrial, la pobreza y la explotación de los obreros y su lucha por conseguir nuevos derechos: sobre todo a través del movimiento cartista.

    Marx y Engels se propusieron desarrollar sus teorías y crear una organización que facilitase la preparación de la revolución. La primera colaboración entre ellos, La ideología alemana, enfatizó la nueva perspectiva materialista, es decir, que eran las condiciones de vida las que determinaban las ideas, y no al contrario, como creían los jóvenes hegelianos.

    En 1846 Marx, exiliado en Bruselas, y Engels crearon el Comité de Correspondencia Comunista como enlace de grupos que podrían ayudar a ganar la clase obrera para la causa del comunismo. Se crearon nuevas delegaciones de estos comités en toda Europa. Tras la petición de Marx y de Engels, los comités celebraron reuniones con regularidad, debatiendo los cuestiones clave del día. La primera reunión internacional de la recién bautizada Liga Comunista se celebró en Londres en junio de 1847, en la que Engels estuvo presente. La Liga encargó a Marx y a Engels la redacción de un manifiesto para la organización que habría de ser entegrado para su segundo congreso, en noviembre de ese mismo año.

    El manifiesto comunista, escrito principalmente por Marx, apareció en febrero de 1848. El capitalismo era todavía un sistema joven, y limitado a algunas zonas del mundo. Pero su análisis cobra una importancia increíble a día de hoy. La burguesía, los capitalistas, y su nuevo sistema productivo, estaban cambiando el mundo entero. Marx y Engels escribieron que “espoleada por la necesidad de dar mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.” Pero el capitalismo también creó una clase obrera, que se concentraba en los centros industriales del nuevo sistema. Esta clase estaba interesada en derrocar el capitalismo y fundar una sociedad nueva, comunista -y tenía el poder para hacerlo.

    El manifiesto comunista apareció mientras las llamas de la revolución se extendían por toda Europa. Un levantamiento en Francia forzó al rey a abdicar el mes de febrero de 1848. Le siguieron revueltas en Alemania, Austria, Hungaria, Suiza, Polonia y Rumanía. Hubo grandes esperanzas de que con ellas se produciría el fin de los viejos regímenes feudales. Marx y Engels regresaron a Alemania para unirse al levantamiento. Marx creó un diario, la Nueva Gaceta Renana [Neue Rheinische Zeitung], para intervenir en la lucha. Pero las fuerzas contrarrevolucionarias de toda Europa lograron encontrar el espacio para recuperar el aliento y lanzar una ofensiva contra estos movimientos. En todas partes la llama de la esperanza fue extinguida brutalmente. Marx y Engels fueron obligados a abandonar Alemania en 1849. El último número de la Nueva Gaceta Renana fue impreso completamente en tinta roja. Declaró, desafiantemente, que la “última palabra” de los editores “allí donde estén siempre será: emancipación de la clase obrera”.

    Marx pronto habría de acostumbrarse a los largos años de esforzada lucha que seguirían a esta gran derrota.

    Karl Marx: interpretar el mundo para cambiarlo | 05-10-2008 - 08:29:53 GMT 1 #

  14. El consumo a 150 años de la "Introducción a la crítica de la economía política de Marx" de 1857 (I), por Edgardo Logiudice :
    "¿Sería posible Aquiles con la pólvora y las balas?"

    I

    El texto de la "Introducción" ha sido materia prima para innumerables estudios polémicos, tantos como tan azarosa ha sido su historia[1].

    Según parece Marx comenzó a redactar su texto el 23 de agosto de 1857 y dejó de hacerlo a mediados de septiembre del mismo año: menos de un mes. Son parte de la primera síntesis de sus investigaciones iniciadas en Londres en 1850.

    Recuerda Mario Del Pra[2] que el texto estaba destinado a la "Contribución a la crítica de la economía política" de 1859, pero el autor decidió suprimir esa introducción general para no estorbar su comprensión anticipando los resultados que previamente deben demostrarse, condenando al lector a ir de lo particular a lo general. Sin embargo, finalmente, la Crítica se publica con un Prefacio (el famoso y controvertido "Prólogo") que, seguramente era el resultado de aquellos estudios de Londres, según Martin Nicolaus.[3]

    Según el mismo Del Pra el texto se publicó por primera vez por C.Kautsky en 1903, es decir casi cincuenta años después de su redacción. Los prologuistas de la primera edición alemana de los "Elementos fundamentales…" de que forma parte la "Introducción", realizada por los soviéticos en 1939, consideran que esa edición, así como otras posteriores, difieren considerablemente con el original de Marx.

    Resulta extraño también que esa edición del Instituto Marx-Engels-Lenin apareciera en plena guerra mundial. Según los curadores de la edición en castellano[4], la obra en su conjunto "pasó inadvertida para los especialistas y durante mucho tiempo constituyó una rareza bibliográfica".

    Sin embargo, antes de los años setenta, algunos estudiosos ya habían presentado fragmentos aislados, en particular Eric Hobsbawn, en 1956, en "Formaciones económicas pe-capitalistas". La "Introducción" en particular ya había dado, y siguió dando, sus frutos en el abordaje de numerosos temas, no sólo en relación a la intelección de El Capital, sino a cuestiones filosóficas, metodológicas, históricas y epistemológicas. Valga mencionar la cuestión de lo abstracto y lo concreto, la relación de lo lógico y lo histórico, lo concreto de pensamiento, la dialéctica y su relación con Hegel. Entre nosotros, Abel García Barceló, en relación a la dialéctica de punto de partida histórico y resultado sobre nueva base de desarrollo y cuestiones de la ideología. Nombres tales como Galvano Della Volpe, Cesare Luporini, Lucio Colletti, Ilenkov, Lefebvre, Althusser, Mario Rossi, André Gorz, Herbert Marcusse, Paul M. Sweezy, Jindrich Zelený, transitaron esos textos.

    II

    De toda la "Introducción" quizá el fragmento subrayado hasta borronearlo es el de "El método de la economía política" y el más impoluto el de "El arte griego y la sociedad moderna". A este último corresponde la pregunta sobre la actualidad de Aquiles.

    Aquí quiero tratar del consumo en referencia a las relaciones de articulación de los momentos de la "totalidad orgánica"[5] de la producción.

    Me circunscribiré deliberadamente al texto de la "Introducción", particularmente al apartado 2), conciente de tal arbitrariedad, sólo porque -tal como lo dice el mismo Marx en una de sus cartas- es el momento de su esfuerzo supremo para poner en clave dialéctica todo el material londinense. Allí, y en medio de su miseria material, parece tensar su pensamiento en la búsqueda de las diferencias específicas, alejándose de, y criticando, las identificaciones supra-históricas. Actitud que, creo, es la que nos sigue haciendo falta para abordar este mundo revolucionado que vivimos.

    Tomaré prestadas algunas palabras para expresar lo que, creo, es una premisa de un pensamiento crítico, es decir no dogmático, no teológico, si se quiere dialéctico.

    Dice el filósofo marxista Giuseppe Prestipino a propósito de la actualidad de Gramsci: «…tiene sentido preguntar no que habría dicho Gramsci si hubiese conocido el mundo que vino después del suyo, sino que podemos decir nosotros hoy atesorando las reflexiones gramscianas…No tiene sentido, repito, preguntar "que diría Gramsci hoy" y, quizá, ni siquiera buscar en Gramsci algunas anticipaciones de la realidad actual. Tiene sentido, en cambio, la pregunta ¿cómo desarrollar los métodos y las temáticas gramscianas a la luz de la realidad actual?»[6]

    Pues bien, creo que esta misma actitud debe adoptarse, con mucha más razón respecto a Marx, cuyos escritos datan del doble de tiempo transcurrido que los del italiano. En estas mismas páginas de la "Introducción" que nos ocupa, el mismo Marx valora los aportes de quienes le precedieron, desarrollando sus métodos y sus temáticas a la luz de la realidad de su época ¿Qué otra cosa quiere decir sino su célebre cuestión de la anatomía del hombre para conocer la del mono, en relación a las teorías?

    No me parece casual que Mario Del Pra haya sostenido que hay en este texto un "retorno" a Hegel. En realidad creo que hubo quizá un retorno a la filosofía, entendida ésta como lo hizo Ludwig Wittgenstein: "el objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento. Filosofía no es una teoría, sino una actividad".[7]

    Aunque no debe desconocerse la filología, no es mi intención hacerla[8], para lo que, francamente, no estoy capacitado, sino simplemente apoyarme en ese esfuerzo intelectual, precisamente porque lo es de un modo destacado en la historia del pensamiento de Marx. Parece ser el momento en que dice: ahora, manos a la obra.

    Por eso no me interesa el texto como canon, sino como peldaño; inevitable en verdad, imprescindible, pero sólo útil para volver a bajar, o para recordarnos que por él hay que subir, para volver a comenzar. Para una nueva evolución del pensamiento. Dado que Wittgenstein tampoco es un canon, desacuerdo aquí con su proposición de "tirar la escalera, después de haber subido" (6.54).

    III.

    Para la descripción-interpretación de algunos aspectos del mundo actual me apoyaré en un reciente texto del filósofo y jurista, de origen catalán, el comunista libertario Juan-Ramón Capella. [9]

    Capella sostiene que venimos viviendo un tiempo de contrarrevolución que llama la Gran Restauración emplazada en una tercera revolución industrial, una renovación organizativa empresarial y una contrarrevolución política en un proyecto globalizador.

    Las bases tecnológicas son "la informática, la química industrial y la biotecnología - para la obtención de nuevos materiales - y la publicidad de masas, principalmente. A ello se añade un experimentado y renovado saber organizativo que resultará decisivo para la innovación tecnológica y política"[10]

    Son aspectos de la renovación organizativa los cambios de escala, de financiación, el funcionamiento en red, la externalización y deslocalización de la producción y la integración indirecta como obra de la industria publicitaria y la informática.

    Quiero detenerme en lo vinculado a la publicidad por su vinculación con los dos opuestos: producción y consumo.

    El asunto se vincula también a la escala y a los recursos, por un lado y a los contratos en relación a las marcas, que posibilitan formas empresariales de integración indirecta, por otro. Es decir, varias empresas se asocian a una marca para colocar su producción cediendo sus beneficios a los gestores de la misma. Estas marcas son gigantescos íconos de referencia para la comercialización.

    Los gastos de publicidad, según una fuente citada por Capella, representan algo así como la mitad del gasto mundial en armamentos. Agrego yo que la escala puede comprobarse empíricamente en el tiempo o espacio de cualquier medio de "información". En el caso de los medios gráficos en las toneladas de papel inutilizado. Teniendo que agregarse a ello la incidencia del costo de los envoltorios en cada producto, el packing, su efímera existencia y el derroche de recursos naturales que todo ello presupone y que es por todos, conocido, y cuyo impacto y duración, en cambio, no tiene nada de efímera.

    La publicidad es así un instrumento para el pasaje de la producción mediante el cambio al consumo, conforme sea la distribución, es decir a la realización final del producto como mercancía, a que el producto culmine su ciclo como tal y pueda, retornar a la forma capital para reiniciar un nuevo ciclo.

    Los nuevos medios, con la incidencia de la informática convirtieron a la publicidad en una industria de masas, una industria de producción de contenidos de conciencia. Por lo tanto un elemento indispensable para la reproducción social.

    El resultado final de esta producción opera atribuyendo sentimientos de carencia generalizados aun en poblaciones suficientemente dotadas de bienes.[11] El autor está pensando aquí en el llamado consumismo. Otra cosa sucede cuando se trata de poblaciones no dotadas de bienes.

    Refiriéndose a ésto decía mi amigo Prestipino: "La necesidad advertida por el capital, ya con el fordismo, de impulsar y promover el consumismo de masa chocará con una crisis general de la ocupación y, por lo tanto, con la creciente dificultad, para los sin trabajo, para comportarse como consumidores reales. De aquí deriva, ya hoy, la nueva figura del "consumidor virtual". Ella corresponde en cierto modo, sobre el terreno del cambio, a la función que tenían entonces, en el terreno de la producción, los brazos inactivos del «ejército industrial de reserva». Prometer al consumidor virtual (virtual porque se consuela introyectando los consumos ajenos) que podrá adquirir bienes futuros (si los hubiere) es como prometer hoy al trabajador irremediablemnte desocupado que podrá vender su fuerza de trabajo en el futuro."[12]

    Invito a retener, por ahora, que si el productor no es productor si no vende su fuerza de trabajo, tampoco el consumidor es tal si no puede comprar bienes. Esto mismo, en otro terreno, significa carencia de contractualidad. Como asimismo que, si existe un consumidor virtual, es decir, quien imagina ser, o que podrá ser[13], consumidor "a futuro", puede existir un productor virtual, por lo tanto habría también una "contractualidad virtual". Esto no es poca cosa desde el punto de vista de la inercia de las ideologías; pero no este asunto del que quiero tratar acá. Sin embargo esta figura del "consumidor virtual" que, en su momento, Prestipino contraponía a mi definición del "tipo ideal" del pobre actual (como no-productor, no-consumidor, no-contratante, no-propietario, no-ciudadano), teniendo en vista el consumismo de los países "centrales", me parece más fecunda de lo que imaginábamos.[14]

    Tal "virtualidad", me parece, puede desglosarse en varios aspectos, porque si bien la publicidad crea sentimientos de carencia, es sintomático que mi amigo Capella se refiera a su existencia "aun en poblaciones dotadas de bienes". También Capella está pensando en países de buen ingreso económico. De modo que el sentimiento de carencia puede corresponder a una situación real de carencia o a cierta autonomización de tal sentimiento respecto a la situación real, independientemente del snobismo o el coleccionismo exhibicionista. Sería el del consumidor compulsivo, figura bastante común en la cultura del shopping. Tendríamos así, virtualidad por carencia y virtualidad por excedencia, si en la primera el producto no culmina su ciclo porque no se realiza como mercancía, en la segunda no se consuma como producto. Como veremos para Marx, en la dialéctica de la producción el consumo efectivo es su diluirse en otras formas: una casa es una casa si se habita, un vestido lo es si viste a alguien.[15]

    Volvamos a Capella. Nos dice que los contenidos de conciencia rebosan el ámbito de la comunicación pública, convirtiendo una amplia gama de productos culturales: diarios, revistas, programas radiales y televisivos y hasta espectáculos deportivos en "meros soportes de sus mensajes". Pasando a ser así el principal instrumento de educación informal. La autonomía de esta industria es tal que se "despega" hasta de la calidad de los propios productos publicitados.[16] Agregaría, hasta publicitándose a sí misma.

    Destaca el autor el resultado social final de aceptación acrítica, en suma, de las relaciones dominantes, por ello indispensable para su reproducción social. Una especie de forma de dominación a través del consumo. Agregaría, de dominación política porque, precisamente, del carácter público de la publicidad, devienen normas de conducta que, aunque de origen no estatal, tienen un carácter general para grandes contingentes humanos.

    Cabría agregar aquí que, si Gramsci, en su momento, indicaba que la hegemonía tenía ya, en los Estados Unidos, su origen en la fábrica (en esa forma de organización de la producción) más que en las instituciones políticas, hoy lo tiene en la producción de publicidad. Parafraseándolo, entonces, la hegemonía nace en la publicidad para el consumo. Podría decirse también que así como el taylor-fordismo creaba una masa de "gorilas amaestrados", la industria del consumo crea el consumidor de masa, cuyos consumos sólo se diferencian entre sí por la diferencia de las marcas (esto evidente en el automovilismo, también soporte de la publicidad).

    Publicidad generadora, además, de la lógica de la competencia, propia del individualismo burgués-capitalista y, peor aun, generadora de identificaciones en sectas seculares, como son las hinchadas deportivas, por lo demás altamente alienantes, hasta el punto de la violencia irracional, casi religiosa.

    Masas de consumidores, pero no necesariamente, consumo en masa, masividad efectiva del consumo. De allí el crecimiento de la productividad junto al crecimiento de la pobreza.

    Por último quiero retener, de lo expresado por los dos autores citados, los siguientes elementos:

    a) todo el proceso se halla "sobre-determinado" por saberes, es decir por productos del conocimiento y, particularmente, de los conocimientos técnicos aplicados a la producción. Vale decir, los conocimientos, prevalentemente científicos, en el seno mismo de la producción.

    b) esta producción es también producción de contenidos de conciencia, hasta de educación. Es decir, los conocimientos en el seno del consumo que, creo, no habría inconvenientes en denominar ideológicos.

    c) el proceso es, entonces, material-cultural, con una preminencia, quizá, del aspecto cultural (en sentido amplio) en el conjunto del bloque histórico, es decir, no solamente en la producción propiamente dicha, como una forma de dominación hegemónica[17].

    Finalmente quiero recordar que no he hallado, en el texto de la "Introducción", trazas de la incidencia de los conocimientos científicos en el proceso de producción. Mucho menos, por supuesto, habría de hallarlos en relación a la producción de consumo.

    IV

    Decía, producción industrial en masa de consumidores, aunque no masividad efectiva del consumo. Es decir, producción de un tipo ideal humano. Producción que se realiza por medios culturales, es decir por medio de ideas, de conocimientos que "encarnan" en relaciones sociales, dentro y "fuera" del modo de producción material-cultural propiamente dicho, es decir en relaciones sociales de clase, familiares, territoriales y en la normatividad jurídico-estatal o institucional. Pero, finalmente, producción de un tipo humano por medio de conocimientos, sean éstos científicos, religiosos o ideológicos.

    Pues bien, las ideas mismas sólo existen si son expresadas y esa misma expresión de las ideas contiene la probabilidad de un consumo que no consume. O, lo que es lo mismo de un consumo que no agota el objeto consumido. Eso es precisamente la materia incorporada a la producción, la inteligencia.

    Desde el punto de vista de los agentes de la producción, cualquier materia prima, al entrar en el proceso de producción, se agota como lo que era, es materia de otra forma. Los instrumentos de producción se van agotando por medio del uso o la obsolescencia hasta inutilizarse, lo que contablemente se llama "amortización". La energía puesta en acción por el productor también se agota al transformarse en trabajo incorporado al producto resultante. Cualquier producto que reponga la energía del productor se agotará en el proceso biológico de su reproducción como individuo o como especie.

    Pero una idea expresada, consumida que sea por un receptor, no se agota como tal idea. Puede ser materia prima de una re-elaboración cambiando singularmente de forma, pero permanece para ser simultánea o sucesivamente materia prima de otras re-elaboraciones. Esto es evidente en los conocimientos matemáticos: no se gastan por su uso, como instrumento de un desarrollo más complejo, ni como materia prima de alguna elaboración en que sea subsumida. De modo que su consumo no los consume. Ellos culminan su proceso, se consuman como tales y no se consumen.[18]

    Entonces, sólo en un mundo como en el que vivimos, en que los conocimientos científicos y el modo de producción cultural, por ellos "sobre-determinado", poseen tal presencia autónoma, donde su diferenciación es plena y capaz de oponerse con ventaja a otros modos de conocimiento y otras formas de producción cultural y material, digo, sólo en un mundo como éste la teoría (independientemente de geniales intuiciones anticipatorios) puede dar cuenta de productos que se consuman y se consumen sin consumirse.

    Sólo el poder de disposición (la distribución, diría Marx en la "Introducción") hace que muchos conocimientos no se consumen y sean consumidos por pocos. Las patentes, los royalties, son un límite a la vida de los conocimientos y el plagio es una manera de resistencia a ese cercenamiento de la capacidad cognoscitiva humana.[19]

    El llamado "derecho de propiedad intelectual" no es más que el tratamiento de los conocimientos como mercancías y, si tales resultan ellos, tales resultarán sus productos.

    Si de la industria cultural productora de consumo resultan consumidores, éstos también resultarán mercancías. Porque interesan como "tipo consumidor", independientemente de que su consumo sea efectivo o virtual, como carencia o como excedencia. Es de vieja data la venta de las carteras de seguro como potenciales (virtuales) clientes (compradores-consumidores de pólizas), como lo es la clientela de un fondo de comercio, hasta con normas para su avalúo, sin olvidarnos del valor llave de una comisaría según los "asegurados" para el proxenetismo, el juego clandestino, los desarmaderos et altri. En política son el capital de los "punteros". En fútbol las rentas de los jefes "barrabravas".

    De donde la producción del consumo, no sólo resulta en la producción del consumidor sino que se consuma en ello. Con lo cual poco importa ya la consumición del producto que se proyectaba destinar al consumo, porque el negocio ya está hecho. Para el capital tiene valor lo que se vende (y se cobra).

    El que no tiene precio es el que no alcanza siquiera a ser consumidor virtual: el absolutamente excluido, aun de la publicidad. La publicidad tiene también sus estrategas.

    De modo que el consumidor efectivo, virtual por carencia o por excedencia o el consumidor que consume bienes no consumibles, por un lado se diferencian del no-consumidor, pues éste no entra de ningún modo en el circuito y, por otro, hoy adquieren caracteres diversos respecto a su relación con la producción.

    V

    Vayamos de una vez a la "Introducción".

    Como dije, Marx decide no publicar este texto pretendiendo que el lector vaya de lo particular a lo general y no al revés. Sobre esta intención y sobre lo sucedido luego tanto con la Contribución a la Crítica de la Economía Política como con El Capital se cortó bastante tela en su momento y no es cuestión de recordarlo acá. De todos modos nuestra mirada ahora no puede sacarse de encima o abstraerse de todos los sedimentos teóricos (o ideológicos) que dejaron las lecturas. Probablemente Marx quería evitar preconceptos porque estaba exponiendo una nueva visión que quería desprenderse de las generalidades abstractas heredadas de la teología. Para ello el asunto era demostrar y, quizá, demostrarse que tenía los pies en la tierra. No parecen casuales sus referencias a los hegelianos. Pero es indudable que buscaba una unidad, una unidad - como él dice - articulada, en un proceso, en las relaciones entre los distintos momentos del proceso.

    Este proceso es el de la producción, del que la producción propiamente dicha es un momento diferenciado dentro del conjunto unitario de los momentos.[20]

    La producción propiamente dicha es la actividad de la que resulta el producto. Su disociación como "esfera autónoma, independiente" ha pasado de la realidad a los textos.

    "Los adversarios de quienes cultivan la economía política…que les reprochan disociar groseramente las conexiones, se colocan en su mismo terreno…Nada más común que la acusación de que…consideran a la producción demasiado exclusivamente como un fin en sí. La distribución tendría una importancia similar. Esta acusación está basada precisamente en la idea de los economistas según la cual la distribución está situada al lado de la producción como una esfera autónoma, independiente. O los momentos no serían concebidos en su unidad. Como si esta disociación hubiera pasado no de la realidad a los libros de texto, sino de los libros de texto a la realidad,…"

    Tanto, esta esfera de la producción propiamente dicha, como la distribución, que puede provenir de una conquista o de las leyes, si bien son momentos de la producción concebida como proceso general, social, pueden discernirse como esferas independientes.

    "Determinar más en particular la influencia de las leyes sobre la conservación de las relaciones de distribución y, por consiguiente, su efecto sobre la producción"

    Sin embargo lo determinante es la forma de organización de la producción, el modo de producir.

    Aunque la distribución "aparezca como un supuesto para el nuevo período de producción, ella misma es a su vez producto de la producción, no solamente de la producción histórica en general, sino de la producción histórica determinada".

    "…el tipo de pillaje está determinado también por el modo de producción"

    "cuando se roba el esclavo se roba directamente el instrumento de producción. Pero también es preciso que la producción del país, para el cual se ha robado, esté organizada de manera que admita el trabajo de los esclavos…"

    De modo que tenemos hasta aquí la unidad de un proceso cuyos momentos pueden concebirse de manera independiente, pero cuya unidad está dada y determinada por uno de ellos. Sin embargo esta unidad es ella misma un aspecto diferenciado, pues puede recibir la influencia, en el caso, la de las leyes. Naturalmente no se refiere a las leyes naturales, sino a normas

    El consumo a 150 años de la \ | 05-10-2008 - 08:32:52 GMT 1 #

  15. Partido Comunista de España (PCE): trabajar para ilusionar, ilusionar para organizar, organizar para reconstruir y reconstruir para transformar, por Javier Parra :
    Atacado desde la derecha más rancia, la de los señoritos del ABC, desde la socialdemocracia liberal de EL PAÍS y desde la supuesta nueva izquierda del diario PÚBLICO. Injuriado desde el más pueril ultraizquierdismo anticomunista; aquellos que tarde o temprano acaban en el PSOE, al PCE - al que todos quieren ver cautivo y desarmado - lo desean muerto y desaparecido.

    El pasado 4 de octubre en el Pozo del Tío Raimundo no estaban todos sus militantes, quizá unos 1200. Los suficientes para que uno pudiera reconocer, en apenas unas horas, a quienes tendrán en sus manos la reconstrucción efectiva del PCE. Allí estaban muchos de sus cuadros, procedentes de muchas provincias y con distintas visiones de como afrontar una tarea que viene planteándose desde el XVII Congreso y que tendrá su hito más importante en el XVIII. Hombres y mujeres con una gran preparación ideológica, técnica y organizativa, y cargados con grandes dosis de ilusión - aunque en ocasiones cometan el error de dejarse arrastrar por batallas intestinas que ellos nunca empezaron y que poco aportan a la transformación de la sociedad -. Hombres y mujeres herederos de aquellos otros militantes de acero forjado en la clandestinidad, en la persecución, en las luchas, símbolos y embajadores de la libertad durante la larga noche del franquismo y héroes de la transición - a pesar de las imperdonables concesiones de dirigentes que acabaron bajo las faldas socialdemócratas -. Hombres y mujeres forjados en la lucha y el sacrificio, herederos e hijos de Dolores Ibarruri, hijos de la España que ni muere ni mata por fronteras. De la misma España por la que aquellos hombres y mujeres de las Brigadas Internacionales lo dieron todo, “su juventud o su madurez; su ciencia o su experiencia; su sangre y su vida; sus esperanzas y sus anhelos”. Hombres y mujeres que no entienden de más formulas que la de trabajar para ilusionar, ilusionar para organizar, organizar para reconstruir y reconstruir para transformar.

    Hombres y mujeres de una organización más necesaria que nunca para una sociedad en declive. Una organización a la que aún faltan muchos por volver y otros muchos por venir, y de la que no sobra nadie excepto quienes la quieren liquidar.

    PCE, Partido Comunista de España: trabajar para ilusionar, ilusionar para organizar, organizar para reconstruir y reconstruir para transformar | 06-10-2008 - 06:39:07 GMT 1 #

  16. Colapso Global del sistema capitalista : El secretario general del PCE, Francisco Frutos, defendió ayer el socialismo como solución al "Colapso Global" del sistema capitalista que, según ha dicho, les da la razón frente a los "abanderados" de la economía de mercado que les "despreciaban, insultaban, escarnecían" y "marginaban".
    En el mitin fiesta que el PCE celebrado este domingo en el barrio madrileño de Vallecas, Frutos ha asegurado que la crisis financiera internacional ha puesto en cuestión no sólo el sistema capitalista, sino las relaciones políticas, económicas y financieras internacionales y el conjunto de instituciones que las sustentan.

    Ante más de un millar de personas reunidas en el Centro Cívico del Pozo del Tío Raimundo, Frutos ha apostado por la nacionalización de la banca y de los sectores básicos para la sociedad y ha hecho hincapié en que, para salir de la crisis, hay que tener constancia, "en primer lugar" de que el capitalismo "es el problema y que ninguna solución perdurable puede venir de él".

    Por ello, ha dicho que la alternativa debe basarse en el impulso desde el Estado del empleo estable, la defensa de los derechos laborales ya conquistados o la nacionalización de sectores básicos, como el energético o la gestión del agua.

    Frutos ha recalcado que éste ha sido el discurso del PCE "desde hace años", y que los que antes "aplaudían" el sistema capitalista y "ahora braman ante el desastre", les redujeron por ello "al ostracismo político", tachándolo de "viejo, caduco y cutre".

    "Es aleccionador e ilustrativo escuchar y leer hoy a los que, hasta hace cuatro días, eran los abanderados y apologetas de la economía de mercado sin trabas ni intervenciones", ha señalado Frutos.

    Así, ha hecho un llamamiento a "combatir claramente y sin complejos las políticas neoliberales" y de "situar de nuevo el horizonte socialista como objetivo", y ha asegurado que el PCE acudirá a "todas las movilizaciones" convocadas el próximo martes, 7 de octubre por la Confederación Sindical Internacional (CSI), en defensa de "un trabajo decente para todos".

    Colapso Global del sistema capitalista | 06-10-2008 - 08:01:26 GMT 1 #

  17. La Iglesia de Inglaterra condena la industria financiera "atracabancos" y reivindica el anticapitalismo de Marx :
    La Iglesia de Inglaterra ha sumado su voz a las críticas contra las prácticas de la industria financiera que han conducido a la crisis económica internacional y, tras condenar a los "atracabancos" que las promovieron, reivindicó los augurios apuntados en el siglo XIX por Karl Marx acerca de los perniciosos efectos que subyacían en el capitalismo.
    Los dos principales responsables de la confesión anglicana, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, y el de York, John Sentamu, reaccionaron ante los últimos reveses de los mercados que han obligado a la intervención gubernamental en las principales potencias y reclamaron una regulación más estricta que permita a la banca recuperar el "contacto con la realidad".
    Así, mientras el líder supremo de la Iglesia de Inglaterra consideró en un artículo en la revista 'Spectator' que el filósofo alemán había acertado con su diagnóstico sobre la naturaleza del capitalismo, Sentamu censuró las reglas del sector financiero como propias de "Alicia en el País de las Maravillas".
    Una evaluación con la que coincidió su superior, quien subrayó que "no tiene sentido pretender que las finanzas pueden mantener indefinidamente el grado de exención de escrutinio y regulación al que estaban acostumbradas".
    Para Williams, "la crisis expone el nivel de irrealidad de la situación", que definió como una "riqueza casi inimaginable generada a partes iguales por grados impensables de ficción y transacciones sin resultados concretos más allá de los beneficios para los corredores de bolsa". MITOLOGIA MARXIANA
    En este sentido, el arzobispo de Canterbury declaró que "Marx se dio cuenta hace tiempo de qué manera el capitalismo desaforado podría llegar a ser una forma de mitología que confiriese realidad y poder a cosas que no tenían vida en sí mismas". "En eso tenía razón, si es que no en algo más", aseveró.
    Por su parte, John Sentamu censuró los comportamientos a los que la Autoridad de Servicios Financieros británica ha tenido que poner coto temporalmente tras la operación de rescate HBOS por parte de Lloyds. "Para un mero testigo como yo, aquellos que han hecho 190 millones de libras a partir de una deliberada depreciación de las acciones de HBOS a pesar de una potente base de capital, llevándolas a los brazos de Lloyds, son unos atracabancos", declaró.
    En consecuencia, consideró que frente a la "histórica fortaleza financiera" basada en los bienes industriales bajo los que la forma de cambio era el dinero, "en la última semana sus sistemas han quedado cerca de la ruina porque ahora el dinero ya no es la fórmula de intercambio de bienes, sino el propio producto en venta". "Estamos en un sistema de mercado que parece tener reglas sacadas de Alicia en el País de las Maravillas", declaró.

    Atracabancos | 09-10-2008 - 12:44:14 GMT 1 #

  18. In Marx We Trust, por Ignacio Escolar
    (Público) : Apocalipsis neoliberal, capítulo 32. Los Estados Bolivarianos de Norteamérica, presididos por el camarada George W. Bush, anuncian que están estudiando la nacionalización de parte de la banca. Desde que el hundimiento de Lehman Brothers dejo ver el pantano subprime sobre el que se levantaban las catedrales de Wall Street, hemos ido perdiendo, día a día, el sentido de los superlativos. Ya nada sorprende o, mejor dicho, ya nada parece imposible. A la mayor quiebra bancaria de la historia siguió el mayor terremoto financiero y bursátil del siglo que hizo que el Congreso de Estados Unidos aprobase, con dificultades, el mayor y más grande plan de rescate del mundo mundial. ¿Fin de la historia? Ya le gustaría a Fukuyama. El circo de tres pistas sigue en marcha; aún no ha terminado la dramática función.

    La noticia la adelantó ayer el New York Times y se confirmó horas después: la Casa Blanca está preparando otro nuevo e inédito plan de rescate, un superlativo más con redoble y triple salto mortal. Ahora planean comprar, además de los títulos basura, las propias acciones de los bancos; banca basura. El plan es temporal y, como todos los giros ideológicos, como todas las traiciones, se disfraza con eufemismos. La Administración Bush reconoce la noticia pero no habla de nacionalizar la banca, que es pecado, sino de inyectar liquidez al mercado a través de la compra temporal de acciones de las entidades financieras. Es lo mismo, pero no suena igual.

    Nacionalizar la banca. Reino Unido ya lo ha hecho. Estados Unidos va en camino. Lo pedían los comunistas, pero también la Falange, los joseantonianos. Hoy apenas queda quien celebre la noticia, que no es una victoria sino la triste realidad de un capitalismo que nos ha derrotado a todos, no sólo a los que confiaron en él. Después de un siglo, la ortodoxia convenció a la izquierda y a los ismos de que la más mínima desviación del modelo perfecto de platino iridiado era una utopía. Ahora resulta que la utopía era otra, que lo verdaderamente ingenuo y soñador era pensar que el mercado era capaz de autorregularse él solito. Ya pasó una vez, en 1929, y ahora ha vuelto a pasar.

    La bolsa estadounidense reaccionó ayer a la noticia, la evidencia de que la recesión será más dura, más larga, más terrible que nunca, con la enésima caída histórica de la semana. Lunes negro, martes negro, jueves negro. Ayer perdió otro 7%. ¿Y mañana? Cualquier cosa es posible. Tal vez, en el futuro, otro mundo mejor.

    Fuente: http://www.escolar.net/MT/archives/2008/10/in-marx-we-trust.html

    In Marx We Trust | 10-10-2008 - 07:37:33 GMT 1 #

  19. CRISIS CAPITALISTA: KARL MARX TENÍA RAZÓN :

    Editorial de "The Socialist", periódico del Partido Socialista, Comité por una Internacional de Trabajadores (CIT) en Inglaterra y Gales.
    17 de Septiembre del 2008.

    "Es un momento que Karl Marx habría disfrutado. Desde todo ángulo el capitalismo financiero está recibiendo una paliza" (The Guardian).

    Los médicos brujos y los adivinos económicos del capitalismo estaban equivocados y los socialistas y marxistas tenían razón. Esto es lo que el colapso de Lehman Brothers (el cuarto más grande banco de inversión en el mundo) significa. El "domingo sangriento" financiero fue seguido por el "Lunes de fusión" y el derrumbe de precios de las acciones por todo el mundo. Esto ha sacudido los actuales fundamentos ideológicos - y mucho más que eso - del capitalismo.

    Los representantes del capitalismo sostuvieron que el derrumbe del estalinismo y, con él, de las economías planificadas de Rusia, Europa Oriental y otras partes; había dejado al capitalismo como el único vehículo eficaz para entregar bienes y servicios a la gente del mundo. El futuro se veía como un ascenso sin fin de los niveles de vida.

    Nosotros sostuvimos que las contradicciones inherentes al capitalismo – un sistema basado sobre la producción para la ganancia y no la necesidad – permanecían, particularmente el ciclo económico de auge y crisis. Éstas, sin embargo, fueron enmascaradas todo un período histórico; debido a la financializació n sin precedentes del sistema, a través de la extensión masiva del crédito.

    Pero como una banda elástica estirada hasta el punto de ruptura, se amarró para romperse en una determinada etapa. Lehman Brothers, por ejemplo, fue "apalancado" - es decir, "pidió prestado"- en una escala monumental de 35 veces el valor de sus activos.

    En sus 164 años, este banco había sobrevivido dos guerras mundiales, la depresión de los años 30 y el colapso y rescate en 1984; pero ahora ha sido puesto de rodillas por esta crisis.

    ¡Con todo su jefe, Dick Fuld, conocido como el "gorila" por su estilo agresivo, se pagó casi 40 millones de dólares el año pasado cuando las debilidades del banco eran ya obvias! Él no sufrirá - a excepción de la pérdida de cara - pero los 25.000 empleados de Lehman Brothers si lo harán.

    Las raíces de la crisis son bien conocidas. Ellos mienten en la desintegració n del mercado inmobiliario en los EE.UU. y particularmente el sector subprime, que prestaron sobre todo a la gente pobre que no tenía ninguna perspectiva de pagar sus elevadas hipotecas.

    Sin embargo, no es solo un problema financiero sino ahora una cadena de crisis que se avecinan, bombas no detonadas, que podrían activarse incluso; con cada vez mayores partes de la albañilería cayendo de la "arquitectura financiera" del capitalismo norteamericano y mundial.

    ¿Por qué la reserva federal (FED) de los EE.UU. se ofreció de garantía a Bear Stearns, y Freddie Mac y Fannie Mae, y no a Lehman? La respuesta simple es que Hank Paulson, Secretario del Tesoro de los E.E.U.U., y los estrategas económicos del capitalismo de E.E.U.U. creyeron que a menos que los anteriores fueran rescatados, un nuevo colapso financiero como 1929 era posible.

    Nouriel Roubini, economista capitalista que ha estado de acuerdo constantemente con nosotros los marxistas, sobre la seriedad y la escala de esta crisis; llamó a la acción de Paulson "socialismo para los ricos".

    Otros bancos e industrias amenazadas, por lo tanto, se pusieron a la fila con sus "tarros de limosnas", pidiendo la urgente intervención del estado, que previamente no había tenido "ningún rol" en el funcionamiento del supuesto capitalismo de libre mercado.¿Si se les ayudara, qué pasaría con más de dos millones de trabajadores de los E.E.U.U. que han perdido ya sus hogares (que posiblemente aumente a diez millones, estimado por Roubini) que exigirían la igualdad de trato con los plutócratas financieros?

    El fracaso podría minar las posibilidades de McCain, el derechista candidato presidencial republicano, que sería visto como abiertamente del lado de los ricos, que han sido salvados por sus amigos en el FED.

    Por lo tanto, a Lehman Brothers se le ha dejado morir, pero una operación de rescate "no oficial" fue emprendida para salvar Merrill Lynch. Otra ballena financiera, American International Group (AIG), responsable de asegurar contra el "riesgo" del enorme mercado de derivados - y también el auspiciador de Manchester United - está tambaleando en el borde.

    Pero Ken Lewis, el ejecutivo en jefe de la Bank of America, dijo que la caída de AIG sería un choque más grande para el sistema que la bancarrota de Lehman. Él exigió a las autoridades el encontrar una manera de apoyar a la compañía. "No sé de un banco importante que no tenga cierta exposición significativa a AIG," él dijo. "Que sería un problema mucho mayor a los que hemos visto."

    Lehman no era, al parecer, crucial para la economía de los E.E.U.U. mientras que Fannie, Freddie e incluso Bear Stearns son jugadores importantes en las finanzas locales del gobierno de E.E.U.U. La mitad de los 9.000 bancos en los E.E.U.U. habrían colapsado si ellos no eran rescatados. Pero las consecuencias del derrumbe de Lehman podrían ser muy severas, con enormes repercusiones internacionales; las deudas a inversionistas japoneses en Lehman son considerables, por ejemplo.

    Inestabilidad

    El capitalismo de los E.E.U.U. - y particularmente el sector financiero –aún no sale del bosque. La "industria" de derivados es altamente inestable, los precios de las propiedades comerciales están cayendo y, crucialmente, las instituciones de seguros (como salvaguarda contra el colapso financiero de firmas) también podrían derrumbarse. Un efecto de dominó financiero amenaza, lo que significa que esta crisis no es ninguna "sorpresa de cinco minutos".

    Se extenderá - de hecho ya ha ocurrido – hacia la "economía real", tanto en Gran Bretaña (que ha entrado en recesión) – como en los E.E.U.U. Esto inevitablemente afectará a Europa, Japón, el resto de Asia y, en última instancia, a China.

    Serán los trabajadores del sector financiero - y la mayor parte de los trabajadores de cuello blanco - quienes sufrirán primero. Sesenta y tres mil han quedado en el camino, sobre todo en Londres y Nueva York. Y unos 20.000 trabajos más en servicios financieros británicos podrían desaparecer en el próximo año.

    Alrededor de 1.04 millones de personas trabajan en actividades bancarias, finanzas y seguros en Gran Bretaña. Algunos afectados han posteado mensajes desgarradores en Internet: "dh (argot para querido esposo: "dear husband") perdió trabajo. Sin ahorros y probablemente sin paga esta semana… ¿Cómo manejaremos esto? Cuánto tiempo le dan los prestamistas si usted no puede pagar la hipoteca?"

    Guarde una lágrima para estos trabajadores pero no para los bien cebados y bien vestidos "amos del universo" que, a pesar de sus lágrimas de cocodrilo, no sufrirán realmente. El desempleo ahora subirá substancialmente, con un estimado medio millón de trabajos perdidos, sumándose a las colas de parados en Gran Bretaña.

    Estos acontecimientos representan una acusación masiva contra el capitalismo neoliberal, el dominio sin límites del "mercado", en que un puñado de multimillonarios puede arruinar la vida de millones.

    Por otra parte, ellos no entienden completamente el funcionamiento de su propio sistema. Alan Greenspan, presidente anterior de la FED en E.E.U.U., confesó en lo que respecta a los "nuevos instrumentos financieros" que "él no los comprendió".

    ¡Eddie George, anterior gobernador del Banco de Inglaterra, también admitió que él no los entendía! ¿Qué posibilidad entonces para el resto de nosotros, el entender estos instrumentos que se han convertido en "armas financieras de destrucción masiva"?

    La solución no es solo la nacionalizació n capitalista "de facto" de Bear Stearns o del ejemplo más explícito del control gubernamental de E.E.U.U. de Fannie y de Freddie. Estos bancos quebrados no sólo deben haberse nacionalizado, sino que haberse colocado bajo el control y administración de los trabajadores, con indemnización basada en la necesidad y protección probadas de los pequeños depositantes.

    Por otra parte, esto debe ser apenas el primer paso para integrarlos luego, a una planificación socialista y democrática de la producción para la economía en su conjunto.
    Los grandes acontecimientos pueden confirmar o falsificar ideas.

    El capitalismo ha fallado en uno de los períodos más favorables a este sistema. Si los trabajadores pretenden no ser arrastrados al abismo del desempleo y la pobreza, entonces deben abrazar las armas políticas del socialismo y el marxismo.

    CRISIS CAPITALISTA: KARL MARX TENÍA RAZÓN | 10-10-2008 - 17:30:57 GMT 1 #

  20. Marx tenía razón : Cuando los gobiernos conservadores y neoliberales se prestan a rejuvenecer el sistema financiero por medio de un intervencionismo estatal se refuerza el carácter de clase del Estado. Es el capitalista global el que está representado en su forma equivalente general. En momentos de necesidad emerge su esencia. Inyectar millones y millones de dólares o euros para evitar una catástrofe financiera o una caída espectacular de los valores bursátiles, supone orientar políticamente las decisiones. Pero igualmente, conlleva salvar a los grandes empresarios y las trasnacionales. El horizonte es reflotar el sistema. No se busca una crítica sobre las causas que han motivado llegar hasta aquí. No se preguntan sobre los orígenes de un orden social fundado en la expoliación de los recursos naturales, en la degradación del medio ambiente, y en una continuada y constante pérdida de derechos sociales, políticos y económicos de las grandes mayorías. Es decir, no se trata de dar un giro de 180 grados. La respuesta a la crisis consiste en velar su causa, la irracionalidad de la explotación del hombre por el hombre y del hombre hacia la naturaleza. En ocultar el beneficio de las empresas trasnacionales, dueñas de las tecnologías y las patentes capaces, primero, de crear hambrunas en continentes enteros y, después, de llevar a la muerte a miles de niños obteniendo pingües beneficios para aumentar rendimientos en condiciones de monopolio. Empresas patrocinadoras de guerras espurias, de venta de armas, de trabajo infantil y de inmigración ilegal. Factores que coadyuvan para abaratar costes de producción y aumentar su control sobre gobernantes corruptos y dóciles.

    Marx tenía razón | 12-10-2008 - 06:54:08 GMT 1 #

  21. Barbara Ehrenreich: El Manifest Comunista fa 160 anys, per Àngels Martínez i Castells :
    "Aquest any es celebra el 160è aniversari del Manifest Comunista i el capitalisme, alies "lliure empresa", sembla disposat a observar l'ocasió caient mort. (...) Però en un punt Marx i Engels tenien tota la raó: Dins de societats capitalistes, o com a mínim a la classe del capitalisme salvatgement desregulat que Amèrica ha tingut, els rics són cada vegada més rics i els treballadors són cada vegada més pobres, mentre la classe mitjana va relliscant cap a la ruïna. Aquestes dues últimes conseqüències són el que Marx n’anomena depauperació, que és com el procés que una persona pateix quan té càncer i cap assegurança, o s’ha de pagar la hipoteca i no hi ha cap sou en perspectiva.

    Marx va pronosticar que el capitalisme cauria perquè el farien caure: El proletariat, tip de depauperació, es revoltaria, s’apoderaria dels "mitjans de producció", i s’entestaria en dirigir-ho tot per ell mateix: aquesta és la idea original, pre-soviètica, de socialisme. La revolució no es va produir, o com a mínim, no aquí. Durant molts i molts anys i fins ara, els treballadors i treballadores d’Amèrica han acceptat dolçament sous decreixents, preus creixents, més explotació a la feina, desaparició de pensions i assegurances de malaltia cada vegada més insegures. Mentre el sou del personal de direcció creixia fins a una xifra de 8 dígits i més, el que s’anomena “gent corrent” accepten segones feines i s'amunteguen diverses generacions en una mateixa casa, amb esperes incòmodament llargues per poder anar al bany.

    Però tota aquesta depauperació - combinada amb un enriquiment fabulós “dels de dalt” - ha acabat per desestabilitzant el sistema capitalista, encara que sols sigui perquè, en els darrers anys, el substitut d'Amèrica de sous decents ha estat el crèdit fàcil. Fins fa un any, teníem gairebé diàriament missatges, de televenda i per correu, que ens instava a consolidar els nostres deutes, refinançar les nostres cases, transferir els nostres deutes d’una targeta de crèdit a una altre, i provar hipoteques noves que semblaven molt gustoses i ni tan sols exigien cap entrada. I hi quèiem massa sovint. Semblava tan raonable, per exemple, no deixar quiets els diners, sinó començar a gastar de seguida.

    A l'altre extrem de l'espectre econòmic, hi havia el problema de què fer amb massa diners. Sí, això pot ser un problema. Alguns dels superrics han de contractar assessors per ajudar-los a gastar els seus diners: On aconseguir una ampolla de vi de 20.000 dòlars, o trobar un Picasso per a la paret del bany? Més seriosament, hi havia el problema d'en què invertir. Com explica Chuck Collins del Grup de Treball sobre Desigualtat Extrema, les concentracions enormes de riquesa poden funcionar com ones de tsunami, destruint tot el que toquen en la seva recerca de beneficis cada vegada més alts. Moltes d'aquestes ones de diners inunden, directament o indirectament, els arriscats crèdits que ofeguen a la majoria de no rics, amb els deutes tòxics de la classe “subprime”.

    L'argument de Marx era que la coexistència de la gran riquesa per a pocs i creixent pobresa per a molts no sols era moralment objectable, sinó també inherentment inestable. Podia estar equivocat respecte a les raons per a la inestabilitat, però ningú pot negar que ja ha arribat. Quan la cobdícia dels rics topa frontalment amb les necessitats dels pobres - per tenir un habitatge, per exemple - el resultat és que pot desaparèixer el crèdit global.

    Òbviament, la manera d'encarar la crisi és fer front a la pobresa i desigualtat que l’han provocat: ajudar a les persones amenaçades de desnonament, augmentar els menjadors gratuïts i les assignacions de lots de queviures, fer que el subsidi d’atur arribi a més persones sense feina, i, inversió pública massiva que generi feina en infrastructures, i, ja que les deutes de salut són el número un de causa de fallida personal, promulgar l’assegurança universal de salut, immediatament. Però ni tan sols Obama, del que encara porto el pin de campanya amb orgull, sembla que tingui prou estómac per capgirar les coses. Ha anunciat que no considera el rescat amb fons públics una oportunitat per canviar la llei de fallides, de manera que la gent que pot perdre la seva casa haurà de renegociar les seves hipoteques.

    De manera que, feliç aniversari, Manifest Comunista! - encara que crec que el capitalisme sobreviurà aquesta vegada, perquè no hi ha cap alternativa preparada. Com a mínim, hauríem d'aconseguir alguna regulació i control seriós de qualsevol rescat fet amb fons públics, de manera que l’economia s'assembli una mica menys a "la lliure empresa." Però una cosa que hauríem d'haver après en la darrera setmana, si no el darrer any, és que, quan s’aplica a l'empresa, "la llibertat" pot ser només una altra paraula per explicar el dolor d’altres."
    http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2008/10/14/barbara-ehrenreich-el-manifest-comunista-fa-160-anys

    Barbara Ehrenreich: El Manifest Comunista fa 160 anys | 16-10-2008 - 12:24:53 GMT 1 #

  22. Los libros de Karl Marx :
    El editor alemán Jorn Schütrumpf, especialista en literatura comunista, afirma que Carlos Marx está "de moda" ante la situación bursátil mundial.
    Si los libros de Karl Marx están de moda o responden a una búsqueda de respuestas a la crisis financiera capitalista es una incógnita, pero lo cierto es que nunca se vendieron tanto, afirmó Jorn Schütrumpf, editor alemán especializado en literatura comunista.

    Los libros de Karl Marx | 18-10-2008 - 09:57:39 GMT 1 #

  23. Llaman a la gente a protestar el fin de semana entre el 24 y el 27 de octubre, ya sea en Wall Street o en sedes o sucursales de bancos estadounidenses en contra de las salvajes medidas económicas aplicadas por el actual gobierno de este país.

    Ivana Cardinale: Marcha nacional y protestas frente a Wall Street :
    Diferentes organizaciones y movimientos sociales están convocando a una marcha a nivel nacional en EEUU, para protestar en contra de las salvajes medidas económicas aplicadas por el actual gobierno de ese país.

    A continuación les presentamos traducida al castellano la convocatoria hecha por algunas organizaciones estadounidenses para la gran marcha nacional en EEUU que se llevará a cabo el fin de semana del 24 al 27 de Octubre. Igualmente les colocamos la convocatoria original en inglés.

    El mercado de valores se están cayendo, la economía mundial se dirige a una profunda recesión o hasta depresión, y el gobierno de los EEUU y sus máximos banqueros, junto con sus homólogos alrededor del mundo están dando lo que se va a acumular en trillones de dólares para rescatar al 1% del pueblo que son los ricos MIENTRAS NO HACEN NADA PARA RESCATAR AL PUEBLO TRABAJADOR Y POBRE.

    Nosotros debemos levantarnos y decirle NO a esta injusticia. AHORA ES EL MOMENTO PARA ACTUAR.

    Con esto en mente, estamos haciendo un llamando a escala nacional para los Días de Acción Local, para el fin de semana del 24 al 27 de Octubre.

    Durante el fin de semana, organiza marchas y manifestaciones frente a los bancos, especialmente JP Morgan Chase, el Banco de América, Wells Fargo y el Citybank, o en frente del Banco de la Reserva Federal de tu localidad. Organiza una charla informativa o una audiencia pública sobre la crisis de Wall Street, etc.

    LLEGÓ EL MOMENTO PARA QUE EL GOBIERNO DECLARE UN ESTADO DE EMERGENCIA ECONÓMICO Y DAR AYUDA DIRECTA AL PUEBLO – NO A LOS BANCOS.

    La siguiente creciente lista son algunas de las medidas de emergencia que los ciudadanos a lo largo del país levantarán en las protestas durante los Días de Acción:

    • Emergencia en ejecuciones de la moratoria de casas y desahucios.
    • No cortes de presupuestos en educación, salud, y todos los servicios sociales.
    • No despidos, extensión de los beneficios del desempleo
    • No cierres de utilidades.
    • Alivio de deudas para estudiantes, pobres y personas que trabajan.
    • Proteger las pensiones públicas y privadas
    • Empleos con salarios que cubran el costo de la vida.

    Estamos pidiendo a las organizaciones de bases, de comunidades y juveniles, sindicatos de trabajadores, fuerzas antirracistas, movimientos anti-guerra y a cada uno que esté muy enfadado por el “plan de rescate,” para aprobar este llamado y tomar propiedad de ello. Planea acciones durante este periodo de tiempo en tus ciudades, a lo largo del país.

    Lista parcial de Iniciadores:

    • Ad-hoc National Network to Stop Foreclosures and Evictions
    • Moratorium Now Coalition To Stop Foreclosures and Evictions (Michigan)
    • Labor/Community Coalition to Stop Foreclosures and Evictions (California)
    • Service Employees International Union, Local 721
    • Latino Caucus, SEIU Local 721
    • Gloria Saucedo, Hermandad Mexicana Nacional
    • BAYAN USA
    • NYC Councilmember Charles Barron
    • The Harlem Tenants Council
    • NY May 1 Coalition For Immigrant and Workers Rights
    • Chris Silvera, Secretary Treasurer, Teamster Local 808
    • Brenda Stokely, New York Solidarity Coalition with Katrina/Rita Survivors
    • La Peña Del Bronz
    • Trabahadores Por La Paz
    • Rebel Diaz
    • Queers for Peace and Justice
    • Women's Fight back Network (Massachusetts)
    • Frantz Mendes, President, USW local 8751 (Boston School Bus Union)
    • Action Center for Justice (North Carolina)
    • FIST (Fight Imperialism, Stand Together)
    • Troops Out Now Coalition
    • ...and hundreds more

    Marcha nacional y protestas frente a Wall Street | 19-10-2008 - 08:38:52 GMT 1 #

  24. Marx y las batallas por crear una sociedad socialista, por Matthew Cookson
    (Socialist Worker) :

    En la última parte de nuestra serie sobre Marx, Matthew Cookson explica cómo las ideas de Marx estuvieron modeladas por su experiencia en la lucha de los trabajadores.

    Traducido para Rebelión por Àngel Ferrero

    La clase dominante trata de presentar a Karl Marx como un simple pensador, alguien que analizó el capitalismo pero hizo muy poco por la revolución. Pero la actividad de Marx en la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) en la década de 1860 a 1870 demuestra que esta idea es falsa.

    En 1864, un grupo de destacados dirigentes sindicales en Londres convocó una reunión internacional de delegados obreros para explorar la posibilidad de realizar campañas unitarias más allá de sus fronteras. Estos mismos dirigentes sindicales habían convocado una enorme manifestación de masas en 1863 en apoyo a los estados del norte que luchaban por abolir la esclavitud en la Guerra Civil Norteamericana. Invitaron a Marx para que asistiera a la reunión, invitación que aceptó inmediatamente.

    Marx se convirtió en la figura más destacada de la AIT, redactando su declaración de principios. Ésta afirmaba que “la emancipación de la clase obrera debe ser conquistada por la propia clase obrera.” Esta afirmación expresaba el deseo de Marx de asegurar que la AIT fuese una organización dedicada al derrocamiento del sistema capitalista desde sus bases.

    Con Marx a la cabeza, la AIT recaudó dinero para huelgas en toda Europa, apoyó la lucha irlandesa por su liberación nacional y la lucha por los derechos de las mujeres, e incrementó la solidaridad internacional entre la clase obrera. Esta actividad condujo a su rápido crecimiento en un buen número de países, amedrentando a las clases dirigentes.

    La gran prueba de la AIT llegó en 1870 y 1871. Louis Bonaparte, el gobernante de Francia, declaró la guerra a Prusia en julio de 1870 en un intento por aplastar al nuevo rival de Francia en el dominio del teatro europeo. Francia fue derrotada, y en septiembre Bonaparte había sido capturado y un gobierno de defensa nacional declarado la república. Este gobierno, dirigido por reaccionarios como Adolphe Thiers, empezó a negociar la paz con Prusia. El nuevo gobierno y los más acaudalad