Gobierno soviético
Los partidarios de la República Socialista Soviética de Estonia ya están recolectando firmas bajo los respectivos documentos sobre la Independencia que entregarán a las autoridades rusas para firmar un acuerdo de amistad y ayuda mutua. La decisión de separarse de la Estonia burguesa y capitalista fue tomada por los campesinos Andres Tamm y Aine Saar, cuyas aldeas se encuentran en el nordeste del país cerca de la frontera con Rusia, "No queremos vivir más en la Estonia burguesa donde a nadie le importa el destino de un ciudadano de a pie, donde talan los bosques, donde imperan el desempleo y la corrupción y donde mandan la OTAN (Nato) y los norteamericanos de USA". "Mi abuelo fue antifascista y combatió en la clandestinidad, y no puedo conformarme con que en Estonia se rinda homenaje a los nazis", destacó. Los La guerra entre Georgia y la República de Abjasia Tropas: Guerra Fría movilización total
República Socialista Soviética de Estonia: Gobierno soviético.-Dos aldeas estonias han proclamado el restablecimiento de la República Socialista Soviética de Estonia y pedirán a Rusia su reconocimiento, informó hoy el sitio web de la organización regional "Comunistas de Petersburgo".
vecinos de las aldeas secesionistas ya han formado su Gobierno soviético. Lo integraron, entre otros, varios comunistas rusos invitados a la "República Socialista Soviética de Estonia". También han sido formadas las "milicias populares" llamadas a defender el nuevo "Estado".

Meneame
del.icio.us




Just in case somebody will take it too seriously, this is a joke. Rather cynical and on the edge of good taste, but a good one. The farmers behind the action are native Estonians not Russians who were colonized to Estonia during the Russian occupation. Especially good ones are the photos with the article - just like from a B-movie about some fictious republic.
AR | 03-09-2008 - 20:01:19 GMT 1 #
Los enfrentamientos entre Georgia y Rusia por Osetia del Sur
Félix Arteaga
Tema: Entre el 7 y el 11 de agosto fuerzas georgianas y rusas han combatido en Osetia del Sur y en territorio georgiana hasta que se ha llegado a un alto el fuego con las fuerzas rusas ocupando parte del territorio de Georgia
Resumen: Fuerzas rusas y georgianas han combatido sobre Osetia del Sur tras la invasión georgiana del 7 de agosto de 2008 para imponer la normalidad constitucional en la provincia separatista surosetia. Georgia podría haberlo conseguido de no intervenir las fuerzas armadas rusas que desalojaron a las tropas georgianas de las posiciones alcanzadas en Osetia del Sur y anularon cualquier capacidad de ayuda destruyendo objetivos estratégicos en el interior de Georgia y en la república independentista de Abjazia. Durante los enfrentamientos que duraron hasta el 11 de agosto las fuerzas rusas consiguieron todos sus objetivos militares ocupando territorio georgiano para negociar desde una posición de fuerza. El acuerdo para el alto el fuego llegó después de que Rusia impusiera sus condiciones y antes de que se retiraran sus fuerzas de territorio georgiano.
Este ARI analiza los antecedentes inmediatos del conflicto, la aproximación de Georgia a la OTAN y la UE para librarse de la influencia rusa, la oposición rusa a la perdida de influencia regional e internacional, los conflictos latentes de Osetia del Sur y Abjazia, la escalada previa a los enfrentamientos, el desarrollo de éstos y la situación tras el alto el fuego acordado.
Análisis
Los antecedentes inmediatos de los enfrentamientos entre Georgia y la Federación Rusa por Osetia del Sur tienen su causa última en las tensiones por preservar o reducir la influencia rusa en la zona del Cáucaso. Las tensiones tienen una dimensión internacional, enfrentando a Rusia con Estados Unidos en su pugna por el liderazgo internacional, y una dimensión regional, enfrentando a Rusia con Georgia por su intento de integrarse en las instituciones occidentales. Desde su llegada al poder con la Revolución de las Rosas en noviembre de 2003, el Gobierno georgiano ha buscado el apoyo de la OTAN y de la UE para escaparse de la influencia rusa. La Federación Rusa sigue considerando el territorio de sus antiguas repúblicas como un espacio natural de influencia y observa con preocupación los intentos de salirse de esta esfera – o la intromisión en ella- como una amenaza directa a sus intereses de seguridad nacional.
Estados Unidos ha sido el valedor principal de la estrategia georgiana pese a no conseguir incluir a Georgia entre los nuevos miembros admitidos durante el Consejo del Atlántico Norte de abril de 2008 en Bucarest. Georgia suscribió un acuerdo de asociación (Individual Partnership Action Plan) en octubre de 2004 y en 2008 solicitó formalmente su ingreso. La oposición rusa consiguió retrasar la admisión pero no que la OTAN descartara su ingreso en el futuro si progresa de acuerdo con el plan acordado entre la OTAN y Georgia (Membership Action Plan) cuya siguiente evaluación será en diciembre de 2008. El aplazamiento del ingreso no contentó a Rusia que vio en esta decisión un episodio más de una larga lista de agravios perpetrados –en su opinión- por Estados Unidos y por algunos países europeos a propósito de la independencia de Kosovo, el despliegue de misiles en Polonia y Chequia, la expansión oriental de la OTAN y la UE hacia las fronteras de la Federación o el menosprecio del poder emergente de la antigua superpotencia. Rusia ha pasado progresivamente de criticar estas decisiones a amenazar con intervenir directamente en defensa de sus intereses sin llegar a hacerlo y, de ahí, a cumplir sus amenazas como parecen demostrar los enfrentamientos en Osetia del Sur.
La voluntad georgiana de salirse de la influencia rusa provocó desde el principio un pulso entre Tbilisi y Moscú que derivó en un pulso personal entre el Presidente de Georgia, Mijail Saakhasvili, y el entonces Presidente y ahora primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, plagado de desencuentros, acusaciones y brusquedades mutuas. Los dirigentes rusos consideran que está en juego su credibilidad como un actor emergente que está recuperando su capacidad de influencia nacional, regional e internacional y que su reputación depende de las respuestas que de a los desafíos a su autoridad. En el caso de Georgia, su salida de la órbita rusa podría alentar desafíos similares en Ucrania, Azerbaijan o Abjazia y reabrir frentes de confrontación como el checheno o el ingusetio que se están cerrando por la fuerza. Además, el Gobierno georgiano hacía ostentación del apoyo occidental y en esa percepción de juego suma cero, en la que cualquier avance georgiano se considera por la Federación Rusa como un retroceso inaceptable, no sólo cuenta el fondo de la emancipación sino también la forma de hacerlo. De esta forma, la respuesta rusa se fue decantando por la ejemplaridad.
El otro gran objetivo del programa de Gobierno del Presidente Saakashvili fue el de la reintegración territorial. Georgia carecía de control sobre cuatro zonas del país y logró recuperar Abjaria en 2004 y algunas posiciones en el valle de Kodor en 2006 pero no pudo progresar con Abjazia ni con Osetia del Sur. En el caso de Abjazia, su separación fue traumática y llegó tras sendas guerras civiles durante 1992 y 1993 que causaron miles de víctimas y desplazados. Los acuerdos de alto el fuego de mayo de 1994 en Moscú permitieron la presencia de fuerzas de mantenimiento de la paz de la Comunidad de Estados Independientes (rusas fundamentalmente) bajo la observación de Naciones Unidas (UNOMIG) pero su despliegue no evitó una nueva ola de enfrentamientos y desplazados en 1998. El nuevo acuerdo de alto el fuego, el Protocolo de Gagra de mayo de 1998, no impidió que continuaran después los enfrentamientos esporádicos del mismo modo que el Acuerdo Cuatripartito de abril de 1994 para la vuelta de los refugiados no pudo conseguirla entonces ni evitar la progresiva limpieza étnica para ganar el control del territorio (unos 50.000 desplazados georgianos han retornado a la región protegida de Gali pero Tbilisi asegura que hay otros 200.000 refugiados en su territorio esperando hacerlo).
Los independentistas abjazos, liderados por Sergey Bagapsh, carecen de reconocimiento internacional pero en la práctica se han venido comportando como un estado de facto y han controlado su región de forma autónoma, coexistido con las fuerzas internacionales e ignorado las peticiones de diálogo georgianas. Con una población actual inferior a las 200.000 personas, los abjazos no eran más que el 18% de la población a principios de los noventa mientras que la población georgiana era superior al 30%, sin embargo ahora dominan las instituciones y sobre todo la capital Sujumi. Rusia no ha reconocido la independencia abjaza pero ha intervenido en asuntos internos de la república autónoma georgiana para asegurar que sus dirigentes no se alejan de la órbita de influencia de Moscú tanto como ya se han alejado de la de Tbilisi. Para ello combina el reparto de pasaportes y pensiones con la amenaza de retirar su asistencia como hizo en 2004 para forzar un acuerdo entre el candidato de Moscú y el de la oposición. Por su parte, Tbilisi ha combinado las ofertas de integración con la administración del aislamiento internacional pero ninguna de las dos ha hecho mella en la voluntad abjaza de conseguir la independencia. La única presencia georgiana en el interior de Abjazia se encuentra en el valle de Kodori, desde que consolidara allí sus posiciones en 2006 o en las zonas georgianas del sur, donde los choques con las fuerzas independentistas son continuos a pesar de la presencia de las fuerzas de paz rusas y las tropas georgianas despliegan en la frontera abjaza el doble de fuerzas que en la surosetia.
En Osetia del Sur, los enfrentamientos de 1991 a 1992 causaron 1.000 víctimas y desplazamientos étnicos. El Acuerdo de Sochi en junio de 1992 creó una Comisión de Control Conjunta de las dos osetias, Georgia y la OSCE así como unas Fuerzas de Pacificación Conjuntas compuestas de tropas rusas, georgianas y norosetas. También creó una zona de seguridad en torno a la capital de Tsjinvali y a lo largo de la frontera con Georgia. La población actual estimada se estima en 75.000 habitantes, de los cuales dos tercios apoyan al gobierno de facto, dirigido por Eduard Kokoity, y el otro tercio apoya la reintegración con Georgia y la administración paralela dirigida por Dmitri Sanakoev. Las primeras medidas del Presidente Saakashvili para poner Osetia del Sur bajo control georgiano en 2004: crear una administración paralela y reprimir el contrabando, generaron un nuevo enfrentamiento que se mantiene intermitente desde entonces. Las diferencias sin irreconciliables y se alimentan desde Tbilisi y Tsjinvali. En 2006 se convocaron dos referendos en cada sector que demostraron que la población no georgiana apoya la independencia para unirse a Osetia del Norte dentro de Rusia con tanta unanimidad como la contraria para reintegrase en Georgia. Las fuerzas conjuntas rusas, georgianas y norosetas –prácticamente ya surosetias- se ven desbordadas por la violencia de origen criminal o insurgente y por el bloqueo de los procedimientos de decisión y actuación tripartitos, aunque Tbilisi considera responsable del bloqueo al mando ruso de esas fuerzas. Osetia del Sur ha carecido del reconocimiento ruso aunque también aquí ha repartido pasaportes entre la población afín mientras que el Gobierno georgiano recompensa económica y socialmente la lealtad de sus partidarios y ha reiterado sus propuestas de negociación para superar las consecuencias del aislamiento.
La Unión Europea es otro actor con presencia en la zona aunque su interés por Georgia es reciente. En junio de 2004 ofreció a Georgia participar en su política europea de vecindad a lo que Tbilisi respondió creando una Comisión para su integración en la UE. Por su parte, la UE apostó por una estrategia de refuerzo del gobierno central que potenciara su capacidad de atracción (poder blando) sobre las regiones separatistas, un efecto que sólo se puede conseguir a largo plazo mientras que la ausencia y la falta de jurisdicción trabajan en el corto. Sin embargo, la UE tenía una limitada capacidad de contribución a la solución de los conflictos internos porque no podían relacionarse directamente con las regiones secesionistas saltándose al Gobierno georgiano y porque ni la UE ni su Representante Espacial han formado parte directa de ningún foro negociador ad hoc (el Grupo de Amigos del secretario general de Naciones Unidas para Georgia está formado por Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania y Reino Unido). Además, las decisiones al respecto han mostrado una división entre la línea dura de los miembros bálticos, orientales y británicos, partidarios, por ejemplo de que la UE reemplazara a la OSCE en el control de la frontera a petición georgiana en 2004 o para respaldar la entrada en la OTAN en 2008, y la contemporizadora de los miembros mediterráneos proclives a una mera asistencia técnica que finalmente se impuso (EUSR Border Support Team) o la renuencia francesa y alemana a admitir a Georgia contra la voluntad rusa.
Las fuerzas independentistas abjazas y surosetias no representan una amenaza para Georgia ni han actuado en el territorio bajo su control pero hostigan a las poblaciones y fuerzas georgianas sin que éstas puedan hacer otra cosa que responder o sobrevolar las zonas conflictivas. Sin embargo, el estancamiento no favorece el cumplimiento de las promesas de reintegración con el consiguiente desgaste político y la radicalización de la acción de gobierno hasta el límite del autoritarismo (International Crisis Group, Europe Report nº 189, 19 diciembre 2007). Además, Georgia ha realizado un esfuerzo militar notable desde 2003, multiplicando por diez su gasto militar constante (592 millones de dólares en 2007 y por cinco el porcentaje del PIB (5,2% en 2007) según datos del SIPRI, además de recibir asistencia militar de los Estados Unidos que incluye unos 150 asesores residentes.
El Gobierno georgiano siempre ha justificado su esfuerzo militar por el deseo de contar con fuerzas interoperables con las de la OTAN para avalar su ingreso y por su participación en operaciones internacionales para respaldar su candidatura. Sin embargo, la creciente capacidad militar georgiana se ve como una amenaza desde Tsjinvali y Sujumi tanto por su equipo moderno como por su experiencia de combate en Irak y Afganistán. Para confirmar sus sospechas, y cuando la crisis estaba repuntando, el Gobierno georgiano solicitó al Parlamento en mayo de 2008 un incremento del 28% de su presupuesto de defensa y de 5.000 profesionales para responder a la situación estratégica creada y contra las expectativas previas de recorten en el gasto. Todo el esfuerzo militar no presenta ninguna amenaza para la Federación Rusa, pero sí para la preservación del status quo en la zona. Para remediarlo, y además de sus contingentes de paz en Georgia, la Federación Rusa dispone de las fuerzas del Distrito Militar del Norte, las más numerosas (88.600) y próximas al teatro de operaciones, además de las fuerzas del Ministerio del Interior y del Servicio de Seguridad Federal que operan contra la insurgencia chechena e ingusetia en las proximidades.
El conflicto comienza a “descongelarse”
Tras la petición formal de ingreso en la OTAN y aunque el Consejo Atlántico pospuso su aceptación, Rusia comenzó a tensar sus relaciones con Georgia y la tensión condujo a los enfrentamientos de agosto. Rusia ha actuado de acuerdo a como indicaban los indicios previos. Mientras la crisis subía de tono y se pasaba de la provocación a la acción, la posición rusa no podía estar más clara: Rusia había hecho notar su malestar por la aproximación occidental a su espacio de influencia, denunciado el coqueteo georgiano con sus patrones occidentales, reivindicado su voluntad de influir en sus asuntos propios y en los internacionales, alertado de su nueva diplomacia coactiva en defensa de sus intereses y de su posición en la estructura internacional, adoptado una nueva política exterior que pasó de ser reactiva a proactiva. La nueva política contaba con un nuevo Presidente, Dmitri Medvéded, que quiere distinguirse por su eficacia en la defensa de los intereses nacionales.
Para enfrentarse de manera contundente al desafío georgiano, Rusia optó por jugar sus cartas en el escenario regional. En primer lugar, reactivó los conflictos “congelados” de Abjazia y Osetia del Sur abriendo relaciones institucionales con las repúblicas que no tenía hasta entonces y levantando las sanciones impuestas por la CEI a Abjazia en 1996. Además, reiteró su voluntad de defender la seguridad de sus ciudadanos y de sus fuerzas de mantenimiento de la paz en la zona, lo que le convertía en parte del conflicto en lugar de valedor de la neutralidad. Georgia acusó la medida pero sólo pudo amenazar con vetar el ingreso de Rusia en la OMC y hacer que su Viceprimer Ministro, Giorgi Baramidze, visitara Bruselas y Washington a mediados de abril para recabar apoyos de la UE y de la OTAN. Rusia no se volvió atrás ni por la petición oficial georgiana ni por la informal de sus compañeros occidentales del Grupo de Amigos reunido el 23 de abril.
El 20 de abril, medios rusos derribaron un avión no tripulado georgiano de reconocimiento en Abjazia y el 29 se incrementó en 1.000 soldados el número de fuerzas rusas en el contingente de mantenimiento de la paz hasta alcanzar los 3.000 que permitía el acuerdo. El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, justificó el refuerzo con el pretexto de que Georgia había reforzado sus posiciones en el desfiladero de Kodori pero las autoridades georgianas, respaldadas en los informes de UNOMIG, denegaron haber incrementado sus fuerzas y tanto el Alto Representante de la UE, Javier Solana, como el secretario general de la OTAN criticaron la medida. Georgia envió 1.500 soldados a la frontera para completar los 7.000.
La constatación de los riesgos de la escalada en Abjazia y la percepción de su soledad frente a Rusia –la visita de los ministros de Asuntos Exteriores de Suecia, Polonia, Lituania y Eslovenia del 12 de mayo sólo trajo apoyo moral- generaron un cambio de actitud en el Gobierno georgiano que, a partir de entonces, su tono se volvió menos agresivo hacia Rusia y, en su lugar, comenzó a abrir vías de negociación en todos los frentes abiertos. El ministro para la Reintegración, Yakobashvili, fue a Moscú el 16 de mayo para reanudar el diálogo oficial interrumpido desde el acercamiento ruso a Osetia del Sur y Abjazia y encontrar una salida satisfactoria para los intereses rusos y georgianos quizás, siguiendo la vía moldava (en abril de 2008 Rusia presionó con éxito al Presidente moldavo y al líder secesionista de Transdnistria para que comenzaran a negociar una salida a su conflicto particular que contemplara la renuncia al abandono de la esfera rusa a cambio de la estabilización interna). Pero ni a Abjazia ni Osetia del Sur les convenía un acuerdo similar ni, siquiera, una distensión entre Moscú y Tbilisi, por lo que ambas comenzaron su escalada particular en medio de su entendimiento con Rusia.
El 4 de mayo, los abjazos derribaron un nuevo avión no tripulado y la intensificación del conflicto abjazo obligó a Estados Unidos a enviar a Sujumi a su embajador en Georgia, John Taft, y a Matthew Bryza del Departamento de Estado para entrevistarse con el dirigente independentista, Sergey Bagapsh, a quien el jefe de los cosacos del Don, Nikolay Kozitsyn, acababa de prometer 10-15.000 voluntarios en caso de un ataque georgiano. A finales de mes, Georgia denunció a Rusia por el despliegue de tropas de ferrocarriles sin conexión con las tareas del contingente de mantenimiento de la paz y por la anexión encubierta de recursos e infraestructuras abjazas en la preparación de los Juegos Olímpicos de Sochi de 2014, una localidad rusa situada a 150 kilómetros de Sukumi y a unos 40 de la frontera. El 7 de junio fue el Alto Representante Solana quien viajó a Sujumi para mediar. El 19 de junio, la policía georgiana detuvo a un camión de las fuerzas de paz rusas en la zona de seguridad fronteriza con munición militar prohibida. El 30 de junio, se produjeron varios atentados en Abjazia que continuaron esporádicamente durante los primeros días de julio y las partes intercambiaron acusaciones y amenazas.
Los presidentes Medvéved y Saakhasvili coincidieron el día siguiente en la celebración de la capitalidad de Astana, en Kazakhstan, e intercambiaron opiniones sobre la situación. Mientras el Presidente ruso pidió al georgiano que no alimentara las tensiones, éste comentó -según fuentes rusas- que no caería en las provocaciones. No fue así y el 8 de julio, el presidente Saakashvili amenazó con intervenir en Osetia del Sur si no se liberaban los cuatro policías allí retenidos y Rusia envió aviones de reconocimiento a la zona donde fuerzas georgianas estaban abriendo fuego según denunciaron los líderes surosetios. El 9 de julio, la secretaría del Estado estadounidense, Condoleezza Rice, visitó Tbilisi y en la comparecencia de prensa del día siguiente mostró la voluntad de contribuir a resolver los conflictos de Abjazia y Osetia del Sur “a través del proceso de Amigos”, pero descartando otras acciones directas que las mediaciones dentro de ese Grupo de Amigos y mencionando la necesidad de conversaciones directas entre abjazos y georgianos. El mismo día, Tbilisi retiró su embajador en Moscú y solicitó una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad para discutir la violación de su espacio aéreo.
El día 11 de julio el ministro de Exteriores Lavrov se entrevistó el líder surosetio, Eduard Kokoity, y a mediados de julio, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, presentó una propuesta de mediación del Grupo de Amigos que el líder independentista abjazo, Sergei Bagapash, rechazó de plano porque contemplaba el regreso de 250.000 refugiados georgianos. Para complicar más la situación, y desde mediados de julio hasta fin de mes, unos 1.000 soldados de Estados Unidos participaron en las maniobras “Inmediate Response 2008” en territorio georgiano junto con otras tantas fuerzas de Armenia, Azerbaijan y Ucrania. Las maniobras se anunciaron con doce meses de antelación a la escalada pero en las nuevas circunstancias, las maniobras parecían respaldar a Tbilisi. En respuesta, las tropas rusas desplegadas al otro lado de la frontera osetia también llevaron a cabo maniobras con las tropas desplegadas en la zona.
Comienzan los combates: Georgia ataca y Rusia contraataca
Desde principios de agosto se intensificaron los intercambios de fuego entre independentistas osetios y fuerzas georgianas, contabilizándose las primeras víctimas civiles y militares en la zona de contacto y las primeras evacuaciones de civiles. El día 5, las autoridades georgianas llevaron a representantes diplomáticos a ver los efectos del fuego abierto por los separatistas sobre las villas con población georgiana. El día 7 los combates se generalizaron y tras anunciar un alto el fuego unilateral y proponer una negociación con mediación rusa para parar los combates, éstos continuaron. En respuesta, Georgia inició una operación militar contra Osetia del Sur para restaurar el orden constitucional. La operación comenzó a las 02:45 horas del día 8 según el Ministerio de Asuntos Exteriores georgiano aunque las agencias señalaron una generalización de los intercambios antes de la medianoche.
El Presidente Saakashvili declaró que la intervención tenía como fin obligar a Osetia del Sur a cesar las hostilidades y a negociar el alto el fuego propuesto. Unas horas después las fuerzas georgianas habían ocupado varias localidades en torno a Tsjinvali y la televisión georgiana anunció el control de las ciudades de Muguti, Dmenisi, Didmukha, Okona, Akut y Kohati. En la madrugada, en lugar de llegar la mediación rusa con la que el Presidente Saakashvili creía contar comenzaron a llegar refuerzos militares desde Osetia del Norte por el túnel de Roki mientras oleadas de refugiados salían por la otra parte hacia Osetia del Norte. Los aviones georgianos sólo pudieron conseguir derribar el puente de Gufta para desviarlos de su ruta directa a Tsjinvali pero la aviación rusa intervino a partir de las 10:00 horas apoyando las fuerzas que combatían en torno a Tsjinvali y bombardeando objetivos estratégicos dentro de territorio georgiano incluyendo la estación de radar de Shavshvebi, a unos 30 kilómetros de la ciudad portuaria de Poti y los depósitos de combustible de esta ciudad.
A partir de mediodía del mismo día 8, comenzaron a producirse las primeras llamadas de las organizaciones y líderes internacionales para interrumpir las hostilidades pero éstas continuaron. El ataque progresó en algunas ciudades cercanas a la capital suroseta pero se estancó en Tsjinvali debido a la resistencia de las milicias independentistas y a las 14:15 horas se declaró un alto el fuego para permitir la salida de civiles. Los combates se reanudaron por ambas partes y la llegada de tropas rusas a partir de las 16.00 horas y la intensificación de las acciones aéreas invirtieron el resultado de los enfrentamientos, por lo que las tropas georgianas comienzan a retirarse tres horas después. La voluntad rusa de enfrentarse a Georgia quedó clara: el Ministro de Defensa dijo que protegería a los ciudadanos y soldados rusos de Osetia del Sur, el Primer Ministro Putin aseguró acciones de “represalia” para vengar las víctimas surosetias y rusas de la agresión, el Presidente ruso, Dmitri Medvedev, prometió “castigar” a los atacantes y el canal 1 de la televisión rusa mostró los carros de combate rusos dirigiéndose a Osetia del Sur.
A partir de entonces, Georgia pasó de llevar la iniciativa a verse como perdedor y obligado a apelar todas las instancias internacionales posibles para que acudieran en su ayuda. Los que lo hicieron, como Estados Unidos o la UE, se limitaron a pedir la retirada de las tropas rusas, mientras que China apeló a la tradicional paz olímpica. La OSCE intentó una mediación de urgencia sobre el terreno por medio del representante de la Presidencia en ejercicio, Heikki Talvitie, pero la diplomacia se ejerció a distancia. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, habló con su homólogo ruso Lavrov; la secretaria de Estado Rice hablo con ambas partes y el Alto Representante Solana con el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Sobre el terreno, el ministro georgiano de Exteriores, Eka Tkeshelashvili, informó al cuerpo diplomático sobre los acontecimientos desde la tarde del 7 y su viceministro informó directamente al embajador estadounidense. Rusia convocó al Consejo de Seguridad en sesión extraordinaria pero no se llegó a ningún acuerdo en medio de un intercambio de acusaciones rusas a Georgia por haber iniciado un ataque masivo contra Tsjinsvali y georgianas a Rusia por dejar de preservar la neutralidad y convertirse en parte del conflicto.
A primera hora del día 9, las fuerzas rusas controlaron la ciudad de Tsjinvali y comenzaron a limpiar las bolsas de resistencia de los alrededores donde continuaron los combates. Mientras, se ampliaron las acciones aéreas sobre las tropas georgianas en Osetia, sobre objetivos estratégicos en territorio georgiano y, por primera vez, sobre Abjazia, donde la aviación rusa y los independentistas surosetias atacaron a las fuerzas georgianas desplegadas en el valle de Kodori. Ante la situación militar desfavorable en todos los frentes, el Ministro de Defensa georgiano ordenó el abandono de Tsjinvali y el Parlamento aprobó la declaración del Estado de Guerra y la movilización general, incluyendo la llamada a los 2.000 soldados georgianos desplegados en Irak, un desplazamiento cuyo transporte correspondía a Estados Unidos pero que su realización le presentaría como un colaborador directo de Georgia, independientemente de las dificultades logísticas para realizarlo. Ningún país atendió las llamadas de asistencia militar de Georgia pero la diplomacia internacional comenzó a ser visible ese mismo día por la tarde cuando comenzaron a llegar a Tbilisi los primeros mediadores: el Representante Especial de la UE, Peter Semneby, y de nuevo Matthew Bryza por la Secretaría de Estado. La falta de condiciones para un acuerdo quedó patente durante una nueva reunión del Consejo de Seguridad en la madrugada del día 9 que tampoco consiguió sacar adelante la declaración de alto el fuego.
El día 10, las tropas georgianas comenzaron a abandonar Osetia del Sur perseguidas por combatientes rusos y surosetios mientras que las fuerzas navales rusas reforzaron los contingentes rusos desplegados en Abjazia como mantenedores de la paz, y bloquearon los accesos marítimos a Georgia. Para aumentar la presión, las autoridades abjazas decretaron la movilización, urgieron a las fuerzas policiales georgianas a abandonar su territorio y enviaron sus tropas para desalojarlas del valle de Kodor, un desalojo que se consumaría dos días más tarde. El Presidente georgiano presentó la retirada como una decisión unilateral para facilitar la negociación de una tregua a media tarde. El mismo día 10, el Consejo de Seguridad sostuvo su tercera y cuarta reunión extraordinaria sin llegar a ningún acuerdo. Mientras Estados Unidos, Reino Unido y Francia condenaron la intervención rusa y urgieron a Rusia a aceptar el alto el fuego ofrecido por Georgia y volver al status quo del día 6. Por su parte, Rusia recalcó la agresión georgiana sobre Osetia para ocuparla, las estrechas relaciones militares entre Rusia y Estados Unidos y las similitudes entre los bombardeos sobre Yugoslavia y Georgia y el doble rasero occidental empleado para calificar los hechos en Kosovo y en Osetia del Sur.
Militarmente, el Primer Ministro Putin descartó cualquier vuelta al status quo nada más llegar a la capital norosetia de Vladikavzav para entrevistarse con los responsables militares de las operaciones. Los intercambios de disparos continuaron el día 11 sobre la frontera surosetia mientras que las fuerzas georgianas perdían posiciones en Abjazia y las fuerzas rusas comenzaban a traspasar la frontera georgiana en dirección a Gori, una ciudad de 40.000 habitantes a 60 kilómetros de Tbilisi cuyo control aislaría a la capital de las principales ciudades y puertos. Aunque Rusia no abrió un segundo frente en Abjazia, no dejó de presionar a Georgia con la amenaza de hacerlo y amagó con ocupar la ciudad de Senaki, 50 kilómetros dentro de territorio georgiano, avanzando y retrocediendo hasta la misma para confundir al Gobierno georgiano sobre sus intenciones últimas (el mismo efecto se logró en Gori cuando el ministro Kouchner pudo comprobar en su vista a Gori que no estaba bajo control ruso como se afirmaba desde Tbilisi) y obligar a las tropas georgianas a prodigarse y repartirse ante las amenazas difusas y creando preocupación entre la población georgiana.
Entre el 10 y 11 de agosto llegaron a Tbilisi, Bernard Kouchner, y Alexander Stubb, como presidentes en ejercicio de la UE y de la OSCE, además del ministro sueco de Exteriores, Carld Bilt; su homólogo ucraniano, Vladimir Orgyzko; y el Presidente del Consejo de Europa, Terry Davis. La propuesta francesa de alto el fuego de tres puntos que trajo Kouchner: cese inmediato de hostilidades, integridad territorial de Georgia y retorno a la situación militar previa sólo fue aceptable para Tbilisi porque Rusia esperó a negociar cuando hasta conseguir una situación militar más favorable. El día 12, mientras la perturbación o destrucción de los medios georgianos de mando y control impidió a Tbilisi contar con una visión de la situación militar, las fuerzas rusas ocuparon efectivamente ciudades y puntos estratégicos georgianos y Moscú comenzó a considerar las propuestas de mediación. Éstas se multiplicaron tras el alto el fuego unilateral de Georgia porque a partir de entonces todos los avances rusos parecían destinados a ocupar territorio georgiano y a las 12:53 horas, el Presidente Medvedev puso fin a las operaciones militares salvo para casos de autodefensa con lo que finalizaron los enfrentamientos abiertos aunque posteriormente se han venido registrando algunos enfrentamientos aislados.
El 12 de abril viajó el Presidente Sarkozy a Moscú para presentar la propuesta aceptada por los georgianos. Las autoridades rusas aceptaron en principio los tres puntos pero se reservaron el derecho a responder a cualquier agresión georgiana, lo que de hecho les permitía continuar las hostilidades si así lo deseaban por la vía de la reacción o de la prevención. Frente a la retórica de Washington y las palabras gruesas respecto a Rusia, la Unión Europea ha mantenido más contención y se ha limitado a respaldar el acuerdo mediado por Francia sin exigir responsabilidades ni condenas. El 13 de agosto tuvo lugar la reunión extraordinaria del Consejo de la UE que respaldó la propuesta francesa aprobada por las partes para un alto el fuego antes de su remisión al Consejo de Seguridad sobre los principios de no recurrir a la fuerza, cesar definitivamente las hostilidades, permitir libremente el acceso de la ayuda humanitaria, retirada de las fuerzas permitiendo a las rusas de paz adoptar las medidas de seguridad necesarias hasta la implantación de un mecanismo internacional de seguridad y abrir negociaciones para la seguridad y estabilidad en Abjazia y Osetia del Sur. A la hora de cerrar este análisis se desconoce el contenido final del acuerdo que ha sido objeto de precisiones sucesivas por las partes y tampoco se conoce el momento y lugar de la retirada de tropas rusas pero los enfrentamientos militares de esta crisis parecen acabados.
Conclusiones
Primeras lecciones del conflicto surosetio
Todavía no se dispone de una información fiable sobre los hechos y consecuencias de los enfrentamientos, especialmente sobre el número de víctimas y desplazados (las primeras cifras de ACNUR apuntan hacia unos 100.000 desplazados en territorio georgiano, y fuentes rusas cifran en 30.000 los desplazados hacia Osetia del Norte). La mayoría de las fuentes de información disponibles son oficiales o vulnerables a los esfuerzos de propaganda de ambos bandos parar crear imágenes favorables de las operaciones militares. Ambas partes se han acusado de premeditación y de causar víctimas civiles en sus actuaciones. También ambas partes han librado su batalla de comunicación a través de las agencias como la CNN, ofreciendo declaraciones exclusivas del Presidente Saakhasvili a sus equipos móviles o “empotrando” a sus reporteros entre las tropas que avanzaban hacia Tbilisi. Los portavoces georgianos pusieron el énfasis en la invasión rusa de Georgia, desvinculándolo de su agresión previa sobre Osetia del Sur del día 7 y en la desproporción de la intervención militar rusa. También presentaron los esfuerzos diplomáticos internacionales como un respaldo al Gobierno georgiano más que como una acción mediadora y obviaron la falta de asistencia militar durante los enfrentamientos. Del otro lado, se presentó a Georgia como un actor genocida y se justificó la intervención rusa por la necesidad de prevenir una catástrofe humanitaria en Osetia del Sur y para proteger a sus fuerzas que mantenían la paz obviando que su intervención militar rompía la neutralidad debida como garante del status quo y encubría un ajuste de cuentas, largamente esperado, con Tbilisi.
Estratégicamente, las fuerzas rusas han conseguido todos los objetivos previstos: derrotar a las fuerzas georgianas sobre el terreno, destruir su capacidad de mando y control, sus infraestructuras estratégicas y, sobre todo, minar su capacidad y moral de combate de cara al futuro porque sus tropas no han podido defender población ni su integridad territorial. Rusia ha mostrado buena capacidad estratégica y operativa para conseguir la superioridad en todos los frentes y ha evitado caer durante los combates en los excesos de fuerza o de debilidad que pusieran en riesgo sus posiciones negociadoras diplomáticas. Le bastaron apenas doce horas para movilizar a la 19 brigada mecanizada del 58 Ejército y detener el avance georgiano sobre Tjinsvali. Las fuerzas aéreas destruyeron sin oposición las pistas de las bases aéreas georgianas en torno a Tbilisi (Marneuli, Vaziani y Bolnisi) dejando inoperativos los escasos, 5 SU-25 Frogfrot, que se podían haber usado para el apoyo aéreo a las tropas georgianas y las fuerzas navales bloquearon rápidamente los accesos de entrada y salida a los puertos de Poti y Batumi.
A pesar del uso de la fuerza descrito durante las operaciones y de los saqueos y excesos cometidos durante la ocupación, Rusia ha mostrado bastante contención y selectividad en el empleo de sus fuerzas. Ha destruido infraestructuras civiles de interés estratégico sin atacar las pistas del aeropuerto civil de Tbilisi ni los edificios de la base de Vaziani ocupados por los asesores estadounidenses. Mantuvo la amenaza de abrir un segundo frente en Abjazia pero no empeñó en combate a los refuerzos acumulados ni, según fuentes de UNOMIG, permitió a las milicias independentistas presionar a la población georgiana de Gali. Tampoco permitió la participación de voluntarios chechenos –que ya habían combatido brutalmente con los georgianos en 1993 tras la independencia, ni abjazos para evitar el riesgo de las acciones paramilitares contra el derecho internacional humanitario. Para ganar en su batalla de comunicación sólo le falta retirarse pronto y según lo acordado para que no se le pueda reprochar ningún ánimo de ocupación.
Políticamente, la Federación Rusa ha demostrado que ya es capaz de defender sus intereses unilateralmente en su espacio natural de influencia sin que los actores externos puedan o quieran hacer algo para evitarlo. La primera acción militar desde la caída de la URSS ha servido para enviar un mensaje a los antiguos países satélites que desafiaban a Moscu protegidos tras las vallas de la OTAN o de la UE: Rusia no consentirá nuevos desafíos ni deserciones. Mientras Polonia ha corrido a cerrar el acuerdo sobre el despliegue de misiles en su territorio para reforzar la asistencia estadounidense en su país, los estados bálticos y Ucrania han ido reduciendo el tono de sus condenas y exigencias a la vista de los no hechos. También ha servido para demostrar que la independencia de Kosovo no sería un caso excepcional y único, como han argumentado quienes la han apoyado, sino el precedente para casos similares como se temían quienes no la han apoyado. La constante asociación de Kosovo con Abjazia y Osetia del Sur que ha mantenido Rusia a lo largo del conflicto y el patrón kosovar del acuerdo de alto el fuego: no ocupación de la nación agresora, supresión de todo control de ésta sobre la región atacada y tutela externa hasta que se reconozca jurídicamente su independencia de hecho, demuestran que Rusia ha seguido en su provecho un guión que le han escrito quienes han dado primacía a la política de los hechos consumados frente a la del derecho.
Además de las víctimas mortales, el conflicto tiene una primera víctima política: el presidente georgiano Saakashvili a quien rusos y no rusos señalan como culpable de una provocación. Meditada o no, su orden de atacar a Osetia del Sur dio a Rusia el pretexto que necesitaba para demostrar su voluntad de actuar impunemente en su zona de influencia. Si la reintegración de Osetia del Sur y de Abjazia fueron el principal compromiso del Presidente y de su Gobierno con Georgia, ese objetivo está ahora más lejano que nunca y la integridad territorial de ambos que ahora se le garantiza a Georgia es la misma que se le garantizó a Serbia respecto a Kosovo tras los combates y acuerdos de 1999.
La siguiente víctima política es la de la credibilidad americana en particular y, occidental en general, para asistir a quienes se proclaman sus aliados frente a Rusia. Georgia y Ucrania, pero no sólo ellos tomarán nota de que el valor de su relación con los países occidentales no basta para compensar el riesgo de un enfrentamiento abierto con Rusia. La aproximación a Georgia ha sido parte de un enfrentamiento indirecto en el que se ha hecho creer a Georgia o Georgia lo ha creído, que basta con declararse demócrata y llevarse mal con Rusia para verse incluido en el club occidental y contar con su apoyo solidario. La Federación Rusa viene comportándose en su política internacional como en su política interior, de forma arrogante, ambiciosa y sin sujeción a ninguna norma, por lo que para contenerla hay que optar entre la contención o el apaciguamiento. Los actores occidentales no han hecho hasta ahora ni lo uno ni lo otro: ni han plantado cara a Rusia directamente con todas sus consecuencias ni han dejado de provocarla indirectamente acumulando agravios y menosprecios que han evitado una relación estable y previsible entre ambos. Ahora que Rusia ha cumplido sus amenazas, las cosas no volverán a ser lo que eran y la administración entrante en Estados Unidos y los Estados Miembros de la UE tendrán que esforzarse en el futuro para que, al menos, no empeoren.
Félix Arteaga
Investigador principal, Seguridad y Defensa, Real Instituto Elcano.
Los enfrentamientos entre Georgia y Rusia por Osetia del Sur | 05-09-2008 - 14:19:38 GMT 1 #
Georgia, 7 de agosto de 2008: la crisis en su contexto.
Elena García Guitián
Tema: El reciente enfrentamiento entre Rusia y Georgia ha creado una verdadera conmoción en la sociedad internacional. El envío de tanques a Tsjinvali, la capital de Osetia del Sur, por parte del gobierno georgiano se interpretó en un principio como un episodio más de un larguísimo y doloroso conflicto territorial que no parecía tener solución. Sin embargo, la inesperada, por excesiva, respuesta rusa ha dado la vuelta al problema inicial y ha convertido a Georgia en escenario de una lucha geopolítica de ámbito internacional que, sin duda, tendrá consecuencias importantes para el equilibrio de poderes futuro.
Resumen: La crisis desatada por la acción militar georgiana en Osetia del Sur no se entiende sin conocer la reciente historia georgiana, y el papel determinante que Rusia ha desempeñado en ella. Los actuales conflictos separatistas de Osetia y Abjazia son producto de un choque entre proyectos de Estado incompatibles con la construcción del Estado– nación georgiano, que comienza en el siglo XIX, bajo la tutela rusa, y continúa durante la época soviética. El régimen soviético, además de desarrollar políticas que produjeron mayores tensiones separatistas, dejó como herencia al nuevo Estado independizado en 1991 un régimen político basado en la corrupción y la economía sumergida.
Este punto de partida es el que explica la turbulenta historia reciente de Georgia y la agresividad de los conflictos territoriales, que culminan en el estallido de dos guerras y que se prolongan con acciones militares periódicas.
Rusia ha estado implicada en los acontecimientos desde un principio, ocupando una posición ambivalente que se explica por su interés en mantener a Georgia bajo su órbita pero, a la vez, por su temor a alentar unas reivindicaciones de independencia que puede sufrir también en su propio territorio. El enfrentamiento de agosto entre Rusia y Georgia es el último episodio de esta relación, y se explica sobre todo por los cambios introducidos en la política exterior de ambos países, que han supuesto el incremento de la intervención rusa en los territorios separatistas y el cambio en el papel que hasta ahora había desempeñado en las diferentes acciones militares que habían tenido lugar desde la firma de los acuerdos de paz entre las partes.
Análisis
Algunos datos históricos
Georgia es un pequeño país de menos de cinco millones de habitantes, que obtuvo su independencia oficial en 1991, al separarse de la Unión Soviética, en un período turbulento. Desde el principio, durante el proceso que le condujo a ella, se encontró con la oposición de los líderes de algunos de sus territorios que defendían la permanencia dentro del sistema soviético y se oponían al proyecto de Estado–nación georgiano. Se generaron así diferentes conflictos de carácter étnico–político entre georgianos y otros grupos (abjazos, osetios y adzaros) que han condicionado totalmente la transición georgiana hacia un modelo de Estado moderno y democrático con una economía de mercado.
Aunque necesario para entender correctamente la evolución de dicho conflicto, no es este el lugar adecuado para explicar con detalle la tormentosa historia de los pueblos que han habitado esta región: norcaucásicos, armenios, azeríes, georgianos, etc., situados casi siempre bajo la órbita de algún poderoso enemigo/aliado imperial como los persas, griegos, romanos, turcos o rusos. Lo que si hay que señalar es que existen importantes discrepancias entre los actuales georgianos a la hora de interpretar esa historia. En el imaginario oficial, Georgia es una nación con un territorio perfectamente definido (aunque disminuido respecto a su época más gloriosa), organizada como Estado y con una continuidad histórica innegable, en la que junto a los georgianos conviven otras etnias. En el imaginario de los que reclaman la separación, en ella hay otros pueblos con distintas identidades políticas y otra interpretación de las mismas referencias históricas, lo que a sus ojos proporciona argumentos suficientes para apoyar su reivindicación de soberanía en la parte del territorio georgiano en la que viven.
Los abjazos, por ejemplo, reclaman la restitución de un Estado que tuvo su origen hace más de 1.500 años, aunque se encontrara gran parte de su historia bajo diversos protectorados y ocupaciones. Algo rechazado por los georgianos, quienes reivindican esos mismos orígenes como constitutivos de la nación georgiana y consideran que los ancestros de los abjazos actuales llegaron de las montañas en el siglo XVII, instalándose en un territorio que era suyo.
Los surosetios, por su parte, esgrimen su actual mayoría y sus lazos con Osetia del Norte (Rusia) para afirmar su legítimo derecho a la autodeterminación, algo impensable para los georgianos, que no los consideran habitantes originarios, sino otro de los pueblos del Caúcaso llegado posteriormente de las montañas. Y no olvidemos la región de Adzaria, que parece haber desaparecido como problema tras la expulsión en 2004 del gran cacique que controlaba la región, Aslan Abashidze, pero que cuenta con una población musulmana que reivindica sus vínculos con Turquía.
A pesar de las tensiones históricas existentes entre los diferentes pueblos que han coexistido en el territorio georgiano, habitualmente presentes en las narrativas nacionales de cualquier país, los conflictos adquirieron otro carácter con la extensión del nacionalismo como ideología en una época de progresivo declive del Imperio ruso a final del XIX, y se complicaron enormemente con la política hacia las nacionalidades desarrollada durante la época soviética. En el caso de Georgia, su elite adoptó un discurso nacionalista de base cultural y política con el que se resistió a la “rusificación”, lo que les facilitó conseguir el reconocimiento como Estado independiente durante el período de 1918–1921. No obstante, desde un primer momento, ese discurso nacionalista suscitó la desconfianza de otros grupos étnicos que comenzaron a su vez a defender sus propias narrativas nacionales, dando lugar a choques importantes entre las diversas elites y creando una complicada situación que se vio radicalmente alterada con la “anexión” de Georgia a la Unión Soviética.
Su nuevo estatus hizo que sufriera las arbitrarias variaciones y crueles experimentos en la política respecto a las nacionalidades que caracterizó la época soviética. Así, aunque consiguió una amplia autonomía que le permitió mantener su identidad, a pesar de las presiones periódicas para imponer el ruso, y alcanzar un cierto florecimiento cultural, otro tipo de políticas dificultarían su existencia futura. Decisiones adoptadas por los líderes soviéticos como la repoblación de algunos territorios con otras minorías (georgianos en Abjazia) o la deportación de poblaciones (musulmanes a Turquía) generaron mucho descontento, y la concesión –a veces revocada– de autonomía a los territorios que también reivindicaban su identidad cultural, con la consiguiente creación de estructuras institucionales siguiendo un modelo estatal, proporcionaron argumentos a sus elites políticas para rechazar su pertenencia a Georgia en el momento de su independencia.
Esto queda claro en el caso de Abjazia, pero sobre todo en el de Osetia del Sur, que ya en 1990 –antes que la propia Georgia– autoproclamó su independencia y originó un conflicto armado que no se detuvo hasta los acuerdos de paz de 1992.
El resultado de todo ello es que dentro de los límites territoriales del Estado georgiano, diseñados conforme a las fronteras que tenía en el periodo de independencia del que disfrutó antes de ser incorporado a la Unión Soviética, coexisten diferentes proyectos de Estado incompatibles entre sí. Además, esa independencia se alcanza en el momento de la desintegración del sistema soviético, lo que produjo un colapso institucional y económico (corrupción, violencia, y liderazgo no democrático) poco favorable para las transiciones hacia la democracia de los nuevos Estados
El nuevo Estado georgiano
Dentro de la Unión Soviética, como hemos señalado, Georgia pudo mantener y desarrollar su identidad nacional, y también fue capaz de crear casi un Estado paralelo basado en una economía sumergida controlada por clanes. Ello explica en parte que la declaración de independencia que tiene lugar el 25 de mayo de 1991 desatara un período de lucha interna por la hegemonía política y, a la vez, económica en el país.
Uno de los impulsores de la independencia, Zviat Gamsajurdia, hombre carismático pero autoritario, considerado por muchos un “iluminado”, es elegido primer presidente, y unos meses después tiene lugar un golpe de Estado que desata una guerra civil que no acaba hasta 1993 y que deja al país en la miseria y moralmente devastado.
La crisis institucional es total. La lucha se lleva a cabo entre grupos de partidarios (“zviatistas”) y oponentes de Gamsajurdia (antiguos colaboradores como Tenguiz Kitovani, Jaba Ioseliani y Tenguiz Sigua), que actúan como señores de la guerra ayudados por grupos paramilitares. Estos últimos forman parte de un Consejo de Estado que se hace con el poder y pide a Eduard Shevardnadze que acceda a formar parte de él y se involucre activamente en la política georgiana.
En ese momento, el conflicto interno se agudiza con las disputas territoriales. Los líderes que reivindican la independencia aprovechan el caos para consolidar su poder y, a la vez, los combatientes georgianos inician intervenciones militares justificadas con el argumento de que forma parte de la persecución de los partidarios de Gamsajurdia. El resultado es el comienzo de otra de las sangrientas guerras de secesión, la de Abjazia, que no se detiene hasta mayo de 1994.
En el enfrentamiento militar participan combatientes del Caúcaso (algunos de ellos posteriormente convertidos en protagonistas de la guerra de Chechenia) y Rusia facilita armas a todos los contendientes, posiblemente satisfecha con la desestabilización de la nueva nación. Pero también juega un papel fundamental para alcanzar la paz, lo que Georgia reconoce aceptando ingresar en la Comunidad de Estados Independientes (CEI). Así, mediante las fuerzas pacificadoras de esta organización, Rusia instaura un status quo que se impone tanto en Abjazia como en Osetia, cuyos líderes confían en Moscú.
Después de vencer definitivamente a los “zviatistas”, conseguir los acuerdos de paz en estos territorios, y deshacerse de los otros incómodos miembros del Consejo, comienza la etapa de Shevarnadze, elegido presidente en 1995 y que se caracteriza por el pragmatismo, pero también por la acomodación al sistema y la incapacidad para generar ningún avance hacia la institucionalización del sistema político y su democratización.
Gracias sobre todo a los buenos contactos internacionales de su líder, Georgia recibe grandes ayudas económicas por parte de la UE y Estados Unidos, y mantiene una correcta relación, no exenta de tensiones, con Rusia. Pero esas ayudas son engullidas por la corrupción absoluta que impera en el sistema. La economía está en manos de clanes que se disputan el comercio en las distintas zonas del país (los principales: Shevarnadze en Tbilisi; Abashidze en Adzharia; Tedeyev en Osetia; y Ardzimba en Abjazia), no se recaudan impuestos y se producen continuos cortes en el suministro de agua, electricidad y gas. La supervivencia de la población se garantiza gracias a la fortaleza de las relaciones familiares y sociales, con una juventud devastada por las drogas y la violencia, y a una economía de subsistencia que permite adquirir productos agrícolas locales e importaciones de Turquía.
En este contexto, a todas las partes parece interesarles el estancamiento de la resolución de los conflictos territoriales. Pero hablar de “conflictos congelados” no significa que nadie mueva ficha. Los más de 200.000 desplazados de la guerra de Abjazia son visibles en Tbilisi y recuerdan con su presencia en el hotel Iveria, situado en el mismo centro de la ciudad, la tragedia. Y ya durante el período Shevardnadze se producen múltiples crisis, como los intentos de regreso de refugiados georgianos ayudados por paramilitares, que son rechazados, o los choques con Rusia originados en la guerra de Chechenia, que provocan incidentes en el valle de Kodor, en una concatenación ininterrumpida de incidentes que van transformando ese status quo inicial, multiplicando los agravios y la falta de entendimiento de todos los actores.
La caída de Shevardnadze se materializa en noviembre de 2003 cuando Mijaíl Saakhasvili, antiguo colaborador suyo, pasa a la oposición y llama a la movilización ciudadana contra el régimen, en lo que se ha venido a llamar la “Revolución de las Rosas”. En las elecciones celebradas en enero del año siguiente, éste alcanza el poder con el 96% de los votos con un discurso renovador en el que se impone como principales objetivos de su mandato la lucha contra la corrupción y la democratización del país. Pero para ello Georgia debía ser un país fuerte capaz de solventar sus conflictos territoriales y consolidar su estatus de país plenamente europeo, lo que se tradujo en un discurso claramente nacionalista y pro–americano, lo que empeoró las relaciones con Rusia.
El resultado ha sido un mandato lleno de claros y sombras. Por un lado, Saakhasvili aportó algo de ilusión a una población absolutamente desmoralizada y apática. Incorporó a su equipo a jóvenes que habían adquirido experiencia a través del activismo político en la incipiente sociedad civil (básicamente ONGs vinculadas a organizaciones internacionales), y comenzó a desarrollar políticas públicas para modernizar y democratizar las instituciones: lucha anticorrupción, reforma de la policía, profesionalización de la justicia, mayores garantías para las inversiones extranjeras, etc. Sin embargo, aunque ha conseguido introducir evidentes mejoras que todos reconocen, para alivio del común de los georgianos, el contexto de partida no era el más idóneo para alcanzar resultados rápidos, y su gran apoyo popular inicial le ha servido para ejercer el poder de forma personalista y, en muchas ocasiones, autoritaria.
En este sentido, los indicadores internacionales utilizados para medir la calidad de la democracia en Georgia son claramente insatisfactorios. El sistema político georgiano es un sistema presidencialista caracterizado por el predominio del poder ejecutivo, la debilidad de la oposición (con partidos demasiado identificados con grupos de interés y faltos de líderes atractivos), la baja actividad de la sociedad civil, y muy centralizado (aunque de hecho son los clanes locales los que controlan gran parte de la actividad política y económica del país). Por ello, a pesar del discurso oficial, aunque el nivel de corrupción ha descendido, el índice total de calidad democrática no ha mejorado desde el periodo Shevardnadze.
Quizás la impaciencia, o la impotencia, para conseguir llevar a cabo su proyecto, es la que ha ido ampliando la imagen autoritaria de Saakashvili y ha fortalecido a la oposición. El resultado fueron los acontecimientos de 2007, que comenzaron con el enfrentamiento con su ministro de Defensa, Irakli Okruashvili, posteriormente destituido, quien a su vez le acusó de corrupción; continuaron con la represión de manifestantes de la oposición y la declaración del estado de emergencia en noviembre de ese mismo año; y, aparentemente, finalizaron con la celebración adelantada de elecciones, que volvió a ganar, aunque con menos apoyo.
Un segundo rasgo de su mandato ha sido el cambio radical en las alianzas exteriores que ha imprimido a la política georgiana. Saakhasvili se ha convertido en ferviente defensor del presidente Bush y ha apoyado acríticamente sus políticas, hasta el punto de mandar un contingente de tropas de 2.000 soldados a Irak en el momento en el que otros países comenzaban a retirar los suyos. Está realmente convencido de que sólo la ayuda estadounidense permitirá a Georgia escapar de la cada vez más intensa y abierta interferencia rusa e incorporarse a Europa como le corresponde, por ello el ingreso en la OTAN se ha convertido en su principal meta en política exterior. Por el contrario, las relaciones con Rusia, a quien ve como potencia imperialista y principal culpable de alentar las ambiciones separatistas, se han deteriorado a pasos agigantados. El resultado ha sido que la cuestión georgiana ha pasado a ocupar un lugar importante en la agenda internacional.
Los Estados Unidos consideran a Georgia un aliado estratégico por su proximidad a Irán (siendo un Estado cristiano y democrático); por alojar un oleoducto que lleva petróleo a occidente evitando que pase por territorio ruso o iraní; por haberse convertido en uno de los países aliados en la crisis de Irak; y por su discurso anti–ruso, que contribuye a reforzar su condena de la deriva autoritaria del Kremlin y a legitimar la influencia estadounidense en países limítrofes con Rusia. El gobierno ruso, por su parte, trata a Georgia como un mero peón de los Estados Unidos en su estrategia de dominio mundial. Y la reacción de la UE ante la nueva política de Saakashvili muestra la diferencia de opinión de sus miembros. Mientras algunos países simpatizan con las ambiciones georgianas, por padecer conflictos territoriales o por coincidir en su desconfianza hacia Moscú, para otros son un estorbo en la mejora de las relaciones con Rusia y demasiado coincidentes con los intereses de Estados Unidos.
Lo que está claro es que la nueva estrategia georgiana les ha obligado a todos a tomar partido, y estas decisiones están incidiendo de forma importante en la política internacional.
En tercer lugar, el gobierno de Saakashvili estableció como uno de sus objetivos principales “solucionar” los problemas de los territorios separatistas. Como hemos señalado anteriormente, los conflictos no han estado congelados, porque la situación en ellos no ha parado de evolucionar, como reflejan los constantes movimientos efectuados por todos los actores.
Lo que si logró el nuevo gobierno georgiano al comienzo de su mandato (2004), precisamente mediante la organización de una incursión militar, fue expulsar a Aslan Abashidze de Adzaria, territorio autónomo que funcionaba de facto como independiente, bajo su total control. Y este éxito le condujo a intentar la misma estrategia para afrontar los otros problemas territoriales.
La firma de los acuerdos de paz había llevado a Osetia del Sur y a Abjazia a adquirir un estatus político no muy distinto al que hemos descrito en el resto de Georgia. En el caso de Osetia, la división entre enclaves de mayoría surosetia y georgiana que viven de espaldas los unos de los otros se iba agudizando, con muchos refugiados de ambas partes fuera de su territorio.
En las elecciones de 2001, el control político acaba en manos de un ex miembro del Partido comunista, Eduard Kokoiti, relacionado con el clan Tedeyev, que es el que controla la frontera y el contrabando –con la implicación de militares rusos– entre Rusia y Georgia, y los incidentes con el gobierno georgiano se multiplican. Kokoiti instaura un régimen personalista muy poco democrático –a pesar de utilizar el referéndum y las elecciones– que ofrece buenos argumentos a Saakashvili para desprestigiarlo, transformando la naturaleza del conflicto al presentarlo como algo provocado por un núcleo de mafiosos jaleados por los rusos. Por ello, en 2004, poco después de llegar al poder, decide intervenir militarmente en una operación justificada como antimafia, precipitada también por la detección de movimientos de tropas rusas, teniendo además como antecedente su éxito en Adzaria.
El resultado fue un nuevo fracaso georgiano y el aumento de la influencia rusa en la zona. La precaria economía de Osetia del Sur depende en un 60% de la ayuda de Rusia, que paga sueldos y pensiones, concede pasaportes rusos a los surosetios (dando razones de peso de nuevo a los georgianos para denunciar su papel como pacificador) y construye carreteras y un oleoducto sólo para los pueblos de mayoría osetia, facilitando el aislamiento de los de mayoría georgiana.
En Abjazia, los acuerdos de paz supusieron la consagración de un nuevo equilibrio demográfico en el que los habitantes de etnia abjaza se convirtieron en mayoría y crearon instituciones políticas de facto totalmente independientes de las de Georgia. El asilamiento inicial y los embargos consagraron una economía de subsistencia en una zona que en la época soviética era un paraíso turístico. En los últimos años, sin embargo, se ha producido una activación de la intervención rusa que ha transformado bastante la situación al permitir, sin respaldo legal, la adquisición de propiedades por parte de inversores rusos, lo que ha suscitado la desconfianza de los propios abjazos. Porque a pesar de tener pasaportes rusos y utilizar el rublo, su meta principal es alcanzar la independencia, y temen que un desarrollo económico mayor suponga su colonización por parte de los rusos. Algo, por otro lado, nada descabellado, como muestra el hecho de que, aunque en las últimas elecciones celebradas en este territorio saliera reelegido el nacionalista Serguei Bagapsh, éste tuviera después que incorporar a su equipo al candidato apoyado desde Moscú.
El estallido del conflicto (7 de agosto de 2008)
Ésta es a grandes rasgos la descripción de la situación existente hasta que, sobre todo a partir de 2007, comienzan a desencadenarse rápidamente los acontecimientos, en un contexto internacional que ha cambiado. Sucesos como la entrada de los georgianos en el valle de Kodor (situado en la frontera con Abjazia); la creación de una administración pro–georgiana paralela en Osetia ( presidida por Dimitri Sanakoyev); el incremento de la actividad paramilitar de los surosetios con disparos e incidentes constantes; las protestas del Gobierno georgiano por la actuación rusa en el conflicto en todos los foros internacionales; la celebración en Osetia de un referéndum para solicitar la independencia; las tensiones internas en Tbilisi, que llevan a declarar el estado de emergencia, etc., reflejan una situación que nada tiene que ver con un conflicto congelado.
Ese continuo goteo de graves sucesos, unido a un análisis del estado de la relación de Georgia con sus aliados, es lo que explica la decisión de intervenir en Osetia del Sur el 7 de agosto de 2008. Aunque se han dicho muchas cosas sobre las razones de esa intervención, no está claro por qué se adopta en ese momento ni cuáles eran los objetivos. Vistos lo antecedentes y la estrategia utilizada en ellos, parece dudoso afirmar que se tratara de un ataque militar georgiano perfectamente planificado para hacerse con la totalidad del territorio, pues presenta más similitudes con el tipo de incursión de 2004. Además, desde el punto de vista estratégico, si ese hubiera sido el objetivo resultaría en error garrafal no haber procedido a cerrar el túnel de Rok, único paso desde Rusia, en vez de acceder directamente a Tsjinvali.
Respecto a las razones que justificaron la incursión, el gobierno georgiano considera que no se trató de un juicio precipitado e inmaduro que les hizo caer en la trampa rusa. Georgia tiene fuerzas militares dentro de Osetia del Sur, protegiendo especialmente los pueblos georgianos y la frontera, que estaban siendo atacados desde hacía meses con objeto de provocarles e iniciar el conflicto militar, y en Tbilisi se decidió que debían responder para no perder la credibilidad ante sus ciudadanos.
En todo caso, la acción del gobierno georgiano fracasó por tres motivos: la resistencia armada en Tsjinvali fue infinitamente más fuerte de lo que esperaban; no previeron una reacción de los rusos de este tipo; y la estrategia militar no estaba diseñada para hacer frente a la situación que se generó.
Y es que algo importante había cambiado respecto a incidentes anteriores: el papel que Rusia desempeñaba en los conflictos. Su progresiva intervención en la política y la economía de Abjazia y Osetia ya no dejaba duda sobre su implicación como parte en él. A la vez, el discurso pro–americano de Saakashvili y sus intentos de entrar en la OTAN habían situado la relación con Georgia en el centro del diseño de la nueva política exterior de Rusia. Por otro lado, la mejora de su situación económica y la estabilización política conseguida bajo el mandato de Putin no ocultaban la deriva autoritaria que estaba teniendo lugar y que también reflejan los índices de calidad democrática, más bajos aún que los de Georgia.
Los georgianos son muy conscientes del cambio y saben que la política rusa en Abjazia y Osetia es el resultado de los movimientos que Georgia ha realizado en el ámbito internacional. En este sentido, creen que el retraso de su ingreso en la OTAN con el argumento de que tiene serios conflictos territoriales le ha dado a Rusia razones para avivarlos aún más. Y, de hecho, el presidente Saakashvili se defiende de las críticas a su actuación diciendo que la intervención de agosto se precipitó (en “época de vacaciones”) por las informaciones que alertaban de preocupantes movimientos de tropas rusas en la frontera que parecían confirmar la tan temida invasión.
Lo que debería descartarse es la visión de que el gobierno georgiano estaba actuando como un comparsa siguiendo una estrategia diseñada por los estadounidenses, en su beneficio, con objeto de debilitar a Rusia. La realidad es que en este conflicto interactúan muchas partes que principalmente persiguen sus propios intereses aunque a la vez contribuyan a satisfacer los de los demás. Y parece que la tibia primera reacción del gobierno de Bush reflejaba más su sorpresa ante la iniciativa de Saakashvili que un apoyo entusiasta por el éxito en la consecución de un plan diseñado conjuntamente.
Conclusiones: Todavía no sabemos con certeza cuáles fueron de verdad las razones que impulsaron el envío de tropas a Osetia del Sur, ni si la realidad era tal y como la percibió el gobierno georgiano. En todo caso la descripción del contexto nos muestra una situación muy conflictiva en la que las decisiones debían adoptarse teniendo en cuenta el equilibrio interno del país y su repercusión en el ámbito internacional. Y lo que cabe concluir es que los georgianos primaron su política interna.
El resultado ha sido la destrucción de pueblos y ciudades en Osetia del Sur y la ocupación de zonas de Georgia por parte de las tropas rusas, en una operación militar que ha adoptado a la vez la forma de acción “pacificadora”, de “castigo” y “preventiva”. En el contexto actual, dada su resistencia a abandonar algunos enclaves georgianos, ello puede suponer que Rusia vaya a mantener bajo su control parte de ese territorio ocupado.
Pero esa activa presencia de Rusia en el desarrollo de los problemas internos de Georgia ha hecho que se conviertan en uno de los temas candentes de la política mundial. Y eso va a condicionar los acontecimientos futuros, que van a depender de los movimientos de las piezas de actores muy diversos y de los acuerdos a los que lleguen entre si.
Georgia ha perdido los territorios de Abjazia y Osetia, cuya independencia ha sido ya reconocida por el Kremlin ignorando las presiones internacionales y las propias tensiones existentes dentro de Rusia que tiene a su vez territorios que reivindican su independencia (lo que supone fuertes incoherencias de sus líderes al respecto y del manejo del antecedente de Kosovo).
El interés de Georgia, por el contrario, se centrará en conseguir que la Unión Europea convenza a Rusia de que les deje intervenir como mediadores en el conflicto, por haberse convertido ésta en parte de él (al defender a “sus ciudadanos”), y lograr el apoyo del grupo de países que recelan del gobierno ruso para incorporarse lo más rápidamente posible a la OTAN. De nuevo esto dependerá tanto de las presiones estadounidenses como de las dinámicas internas de la UE, en la que no hay que despreciar la influencia del nuevo grupo que constituyen los países del Este y que son claramente pro–georgianos.
Pero aparte de afectar al destino de Georgia, otra de las consecuencias de este conflicto es que va a precipitar el rediseño de un nuevo equilibrio de poderes entre los Estados Unidos, la UE y Rusia, cuyos rasgos es prematuro todavía avanzar. Los europeos tendrán que tomar decisiones sopesando, por un lado, el grado en el que sus intereses están ligados a los de Rusia dada su gran dependencia energética de ella, y, por otro, la desconfianza que les suscita la deriva autoritaria rusa, traducida en la actitud agresiva en sus relaciones exteriores que ha mostrado claramente en este conflicto. Y aunque es de esperar que Estados Unidos siga manteniendo una política similar respecto a estos temas, una victoria del candidato demócrata podría modificar de forma importante la manera de abordar sus relaciones exteriores.
Analizado todavía con poca distancia, lo que cabe concluir es que el resultado de los sucesos de agosto, a pesar de lo que pueda parecer, ha perjudicado a todos los actores. La iniciativa de los georgianos ha complicado enormemente su posición en los conflictos territoriales, ha supuesto la destrucción de infraestructuras en gran parte del país, causando un gran daño a su población, y ha minado la confianza internacional en el gobierno existente, que seguramente tendrá que responder más adelante ante sus ciudadanos por lo sucedido. Los surosetios han heredado un territorio desolado y los abjazos se han convertido en un enclave ruso. Los rusos, a pesar de haber conseguido el triunfo militar, se han metido en un avispero en estas zonas y corren más riesgo de sufrir nuevos conflictos separatistas. Además, moralmente están sufriendo un gran desprestigio mundial por su acción desproporcionada, incrementando la animosidad anti–rusa, sobre todo en territorios que siguen siendo de su interés. Los estadounidenses, por su parte, han mostrado sus limitaciones para intervenir efectivamente en el exterior y han constatado los peligros de suscitar en el imaginario mundial la idea de que sus amigos están protegidos frente a todo. La UE ha puesto de relieve las dificultades que tiene para desarrollar una política exterior coherente y se ha dado cuenta de que la incorporación de los países del Este ha introducido un nuevo equilibrio interno que puede transformarla de forma importante. Y, por último, la ONU ha vuelto a exhibir su incapacidad para ayudar a resolver los conflictos dada su dependencia de las grandes potencias.
Elena García Guitián
Profesora titular de Ciencia política en la Universidad Autónoma de Madrid
Georgia, 7 de agosto de 2008: la crisis en su contexto. | 05-09-2008 - 14:22:07 GMT 1 #
El conflicto de Georgia y la OTAN
Fernando del Pozo
Tema: La candidatura de Georgia a la OTAN ha sido uno de los factores que han contribuido al conflicto en Osetia del Sur y la propia Georgia. El creciente desencuentro entre la OTAN y Rusia está reuniendo nuevos motivos en este conflicto.
Resumen: La invitación a Georgia y Ucrania para ingresar en la OTAN fue la principal manzana de la discordia en la reciente cumbre de Bucarest del Consejo Atlántico en abril de 2008. La solución de compromiso que resolvió provisionalmente las discrepancias entre los aliados de la OTAN acerca de la invitación a Georgia y Ucrania para ingresar en el tratado de Washington ha sido duramente puesta a prueba por la brutal y oportunista intervención rusa en la primera. Es preciso reconsiderar la situación y determinar qué conviene ahora a los aliados, si continuar con la política de appeasement que llevó a la tímida solución adoptada, o plantar cara a una Rusia cada vez más envalentonada. Este ARI aborda el contexto atlántico del conflicto georgiano: la relación causal entre el ingreso y la intervención, y las consecuencias para las relaciones entre la Federación Rusa y la OTAN y para la estabilidad regional.
Análisis: Entre los comentarios leídos estos días sobre los trágicos– y con potencial para mucha más tragedia– acontecimientos en Georgia, sólo unos pocos comentaristas, aunque felizmente cualificados, han puesto el análisis en el contexto de los debates de abril pasado en la cumbre de la OTAN sobre la invitación a Georgia– junto con Ucrania– para incorporarse al Tratado de Washington. Recordemos que el Presidente Bush llegó a esta Cumbre, laúltima paraél, lleno de ardor combativo en favor de la ampliación, muy en especial para estas dos naciones que, a diferencia de los otros candidatos, Albania, Croacia y Macedonia, no estaban, ni aún están, en el Membership Action Plan (MAP), paso obligado para cualquier miembro del Partnership for Peace (PfP) que contemple el ingreso como miembro de pleno derecho del Tratado.
Es sabido que, al comienzo de la Cumbre de Bucarest, celebrada el 2 y 3 de Abril pasados, el Presidente de EEUU solicitó reuniones restringidas tanto de los Jefes de Estado o de Gobierno como de los Ministros de Asuntos Exteriores, con asistencia sólo de los principales, sin asesores, con el claro designio de forzar una aceptación de las candidaturas de Ucrania y Georgia ante la prevista oposición de varios aliados europeos, notablemente, pero no sólo, Alemania y Francia. El fracaso de su intento fue, con característico estilo OTAN, paliado con una fórmula consensuada en la Declaración formal de la Cumbre que promete el MAP en un futuro indeterminado, y la subsiguiente accesión al Tratado[1].
Los acontecimientos de estosúltimos días han suscitado un debate, presentado apasionadamente por los influyentes filósofos André Glucksman y Bernard–Henri Lévy el 13 de agosto pasado en el periódico El Mundo, acerca de qué hubiera pasado si el Presidente Bush hubiera tenidoéxito en su intento. Los autores no parecen tener dudas de que en tal situación Rusia no se habría atrevido a tanto, y, por consiguiente, que esa era la medida que debería haberse tomado.
Las argumentaciones hipotéticas o contrafactuales basadas en lo que podía haber ocurrido de haberse producido un fenómeno que, como la aceptación de la propuesta del Presidente Bush, no se ha producido, gozan de escaso prestigio en el mundo científico. Elaborar teorías basadas en“qué habría sucedido si...” no suele conducir a resultados muy rigurosos. Pero en este caso la cercanía temporal entre la decisión y los resultados objeto de análisis es tal que, a diferencia de la mayor parte de las historias contra–factuales que hemos leído alrededor de la Segunda Guerra Mundial (período favorito para este ejercicio intelectual) y otros episodios, podemos descartar casi todos los demás factores posibles que afectan al resultado por no haber apenas cambiado en los escasos cuatro meses y medio. Existen además, como veremos, cuestiones objetivas, no sujetas a opinión, que limitan la divergencia entre los dos universos que se separaron el 3 de Abril; uno, virtual, en el que el Consejo Atlántico tomó la decisión de invitar a Ucrania y Georgia, y el otro, el real en el que vivimos. La tentación, pues, de analizar las posibilidades del virtual es lógica.
En primer lugar, es preciso constatar que, incluso en el caso más favorable, la invitación a Ucrania y Georgia nunca podría haber sido inmediata. El intervalo entre la invitación y el depósito en Washington de los instrumentos de accesión ha sido históricamente muy variable: cuatro meses en el caso de Grecia y Turquía, seis meses en el caso de Alemania, cinco en el de España, quince para la República Checa, Hungría y Polonia, dieciséis para Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumanía, pero como se ve siempre creciente y sólo inferior a cinco meses en el ya remoto y políticamente bien diferente 1952. En realidad sólo son representativas, como modelo para futuras incorporaciones, las ocurridas desde diciembre de 1997, es decir, cuando entraron la República Checa, Hungría y Polonia, pues fue la experiencia del período interino de estas naciones la que sirvió para estructurar el citado MAP, que ha pasado a formar parte del proceso formal de adhesión. En otras palabras, incluso en el caso más optimista, hoy podríamos haber tenido a Georgia y Ucrania formando parte del MAP, pero ciertamente sus instrumentos de adhesión estaría aún lejos de ser depositados en Washington, pues no parece concebible una permanencia en el MAP, con las elaboradas fórmulas de reuniones para su seguimiento, de duración inferior a un año.
La importancia de esto es clara: sólo los miembros de pleno derecho pueden invocar el Artículo 5 del Tratado de Washington, y con ello recabar la asistencia de todos los aliados al amparo de la declaración de que el ataque a uno es un ataque a todos. La pertenencia al MAP no genera más derechos que los (escasos) que proporciona la implícita pertenencia al PfP, al que de todos modos Georgia y Ucrania ya pertenecen; es decir, posibilidad de dirigirse al Consejo Atlántico, expresiones de simpatía por parte de Consejo Atlántico, declaraciones de condena del agresor, solidaridad moral y poco más. Cabe argumentar con Glucksman y Lévy que la hipotética admisión en el MAP, con la seguridad que conlleva de convertirse en aliado a corto plazo, habría tenido un cierto efecto de disuasión. Pero obsérvese que la fórmula declarada en Bucarest incluye la promesa específica de que esos países serán un día miembros. Ese presunto efecto de disuasión, si existe– lo que a la luz de lo sucedido es más que dudoso– ya estaría obtenido con lo explicitado.
Muy al contrario, lo que parece es que, lejos de sentirse intimidada por la sombra de la defensa común, Rusia se ha apresurado a actuar precisamente para alejar tal posibilidad. Indudablemente, Georgia ha dado una imagen de inestabilidad, y su Presidente Mikheil Saakashvili de aventurerismo, que no favorecen en absoluto la simpatía de sus futuros aliados de la OTAN. La poco meditada intervención de Georgia en la secesionista Osetia del Sur ha sido un desencadenante hábilmente aprovechado por Moscú[2]– en acertada metáfora, Marco Vicenzino, Director del Global Strategy Project, en su interesante artículo“Una Rusia que se reafirma” dice que este Goliat está siendo más listo que el inexperto David– que incluso ha podido al parecer permitirse el lujo de airear imágenes del Presidente Saakashvili en aparente estado de pánico ante un supuesto ataque de un helicóptero, y cometiendo el imperdonable pecado de conminar a sus acompañantes en ese dramático momento a“salir de allí” ?en inglés! La implicación de que este joven Presidente, que ha cursado estudios en Estados Unidos, no es más que un títere de los americanos, no necesita apenas ser argumentada ante el público ruso, ya predispuesto en esa dirección por su habitual inclinación a creerse víctima de maquinaciones occidentales. No deberían no obstante extraerse exageradas conclusiones de ese espontáneo uso del inglés, pues de sus 40 años de vida apenas ha pasado uno en Estados Unidos.
Podemos, pues, concluir que una vez desencadenado públicamente el debate sobre la posibilidad de invitar a Ucrania y Georgia a la OTAN, el resultado era, en cuanto a los fines rusos, relativamente irrelevante: un imposible resultado abiertamente negativo (imposible, ya que el proponente era Estados Unidos) habría reforzado la imagen de resignación occidental a una indiscutida autoridad rusa sobre su near abroad; si el resultado hubiera sido francamente positivo, los tiempos necesarios hasta adquirir la cobertura del Artículo 5 habrían permitido a Rusia las acciones que de todos modos ha tomado en afirmación de esa autoridad; y finalmente, la solución de compromiso que se adoptó no difiere en la práctica de una invitación, excepto que además transpira una división en el seno de la Alianza que confirma a ojos rusos la presunta decadencia e inoperancia de la OTAN.
Consecuencias del enfrentamiento entre la OTAN y Rusia
El desencuentro entre la OTAN y Rusia no dejará de tener consecuencias en sus relaciones, especialmente en las más tensas sobre el despliegue de misiles estadounidenses en Europa y sobre la candidatura ucraniana. Las negociaciones del programa de defensa antimisil americano, que incluye una estación de radar en la República Checa y diez silos de misiles interceptores en Polonia, también pendieron sobre el Consejo OTAN–Rusia (NRC) de la Cumbre de Bucarest como una espada de Damocles cuyo hilo felizmente terminó intacto. Ahora, una vez firmado el acuerdo por Polonia el 20 de agosto de 2008, el enfrentamiento ha alcanzado un nuevo punto crítico y le ha dado a Rusia la oportunidad de airear de nuevo sus reclamaciones.éstas, que parecían olvidadas tras fracasar el intento de hacer pasar la iniciativa estadounidense como una amenaza contra Rusia, resurgen ahora en el contexto del enfrentamiento por las zonas de influencia y se reanudan las amenazas militares a quienes como Polonia pasan ahora a ser objetivo de los misiles rusos por cerrar acuerdos con Estados Unidos. De momento, en loúnico que parecen de acuerdo la OTAN y Rusia, según han declarado ambos lados, ha sido en congelar toda colaboración, lo que parece ser incluye la contribución naval rusa a la operación Active Endeavour (francamente prescindible), visitas de autoridades y buques de guerra, la celebración de sesiones del NRC y NRC a nivel de Representantes Militares, y con esto, lo más sensible, la pérdida–esperemos que temporal– del principal foro de discusión de múltiples asuntos: interoperabilidad y transparencia, búsqueda y rescate en la mar, defensa antimisil deárea, acuerdo sobre transporte aéreo, etc. Felizmente la cooperación en Afganistán, incluido el acuerdo de paso por territorio ruso, parece haber sido excluida de momento de esta debacle.
Por su parte Ucrania, que acompaña a Georgia en la aventura de transitar por el camino que lleva desde ser una República Socialista Soviética a convertirse en un Estado miembro de la OTAN, un camino que hasta ahora sólo han completado las tres repúblicas bálticas, en una muestra de compañerismo que le honra, especialmente en vista de la profunda división interna entre pro–rusos y pro–occidentales, anunció restricciones a los movimientos de buques de guerra rusos en la base de Sevastopol, en territorio ucraniano pero en régimen de arrendamiento o cesión temporal a Rusia hasta el 2017. La efectividad de este anuncio, más allá de irritar profundamente a Rusia que ha llegado a calificarlo de gesto hostil, es dudosa, pues se hizo cuando ya se habían anunciado conversaciones de paz, por lo que la limitación no parece relevante. Si el cálculo que presidió el anuncio fue el de galvanizar la dividida opinión pública en apoyo de la posición pro–occidental del Presidente Yushchenko y de la Primera Ministra Timoshenko, quien por cierto tras el anuncio ha guardado un silencio más que significativo, se han arriesgado a obtener el efecto opuesto; además, la amenaza no es creíble, entre otras razones porque Crimea, de donde serían las fuerzas que tendrían que imponer las medidas en la base de Sevastopol, es la parte más rusa de la ya muy pro–rusa mitad oriental de Ucrania. En aparente demostración de lo hueco de la declaración ucraniana, algunos de los buques de guerra rusos desplegados para estas operaciones han regresado a Sevastopol sin oposición.[3]
Aunque algo fuera del contexto de este análisis, que se centra en las relaciones Rusia–OTAN, no podemos dejar de mencionar la existencia del oleoducto Bakú–Tiflis–Ceyhan y el paralelo gasoducto Bakú–Tiflis–Erzurum, cuya vulnerabilidad a inestabilidades en la zona no ha pasado desapercibida para nadie. Significativamente, la razón de que ambos pasen por Georgia es a su vez consecuencia de otra bien enquistada enemistad caucasiana, que ha obligado a alargar ambos trazados para evitar que Turquía y su fiel amiga Azerbaiyán tengan que negociar con la aborrecida y pro–rusa Armenia. Esto es un recordatorio de que, si el“choque de civilizaciones” de los Balcanes ha sido una fuente de problemas durante un siglo, con Kosovo como el más reciente, ojaláúltimo, episodio, el Cáucaso, con su no inferior mezcla de lenguas, etnias y religiones, y el colapso del imperio ruso–soviético habiendo cumplido la función del hundimiento del otomano, puede muy bien ser la causa de una serie de conflictos encadenados, con la complicación añadida de encontrarse a caballo de uno de los más importantes suministros de energía a Europa, una dependencia que limita las opciones europeas para intervenir si una crisis lo aconseja.
Pero, esté el petróleo o no detrás de todo esto, el asunto de Georgia trasciende con mucho los posibles intereses comerciales. El orgullo nacional ruso, que llevaba décadas sufriendo humillaciones, ha encontrado la ocasión de oro de rehabilitarse, y lo ha hecho de la manera más dramática, interviniendo en un país soberano–lo que no se atrevía a hacer desde Afganistán, ni tiene otros precedentes en más de medio siglo que éste, Checoslovaquia y Hungría, ninguno muy adecuado para ser invocado–. La reafirmación rusa de estosúltimos años, perceptible en numerosas declaraciones y actuaciones de Putin en particular, ha dado en Georgia un salto cualitativo. Con ello es previsible un cambio en la actitud rusa en el seno del NRC, que pasará sin duda a ser más agresiva– nunca una cualidad de la que anduvieran escasos los embajadores y ministros rusos, pero por ello mismo su refuerzo es preocupante– con consecuencias seguramente negativas para los diferendos en el Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa (CFE), bajo cuyas previsiones, fuertemente disputadas por Rusia,ésta debería ahora dar explicaciones de su despliegue (aunque no parece estén de humor para ello), y para los otros asuntos antes mencionados en el contexto del NRC.
No es tampoco simple coincidencia que este conflicto, nominalmente acerca de la autonomía o independencia de una provincia de un estado soberano, se haya“descongelado” repentinamente a renglón seguido de los desacuerdos sobre Kosovo entre la mayoría de los aliados por una parte, mayoría que felizmente no incluye a España, que han facilitado y hasta aplaudido una independencia que desafía a la lógica, laética y el derecho, y Rusia por otra que, más por solidaridad con el primo serbio que porética o respeto a la ley, se ha negado a reconocerla. Que no se trata deética o derecho lo demuestra la irónica y precisa inversión de papeles: Europa y los EEUU, que atacaron a Serbia sin esperar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, y que después se constituyeron en garantes y tutores de la secesión de Kosovo en supuesto castigo a Serbia por las acciones genocidas de Miloševic, exigen en Georgia el respeto a las fronteras internacionales admitidas; y Rusia, el defensor de la integridad de Serbia y de la autoridad de la ONU, invoca un supuesto genocidio georgiano sobre los sur–osetios para intervenir en Georgia propiamente dicha sin esa autoridad de la ONU por la que clamaba, y para propiciar la independencia, por supuesto tutelada por Rusia, de Osetia del Sur (y de Abjazia, ya metidos en harina) descalificando a Saakashvili y mencionando una posible petición de procesamiento en La Haya[4]. Esta inversión de papeles debería persuadir a España de tomar los argumentos propuestos por ambos lados para ambos casos cum grano salis, escoger sólo nuestras propias razones, examinar que estén genuinamente de acuerdo con laética y el derecho internacional positivo, desechando toda tentación de realpolitik, y defenderlas con calor en todos los foros, ciertamente incluidos la Unión Europea y la OTAN.
Conclusiones: Los aliados se encuentran ahora en una difícil tesitura. Si se acepta el persuasivo argumento de Glucksman y Lévy no habría otra opción que rectificar y acelerar la inclusión de Ucrania y Georgia en el MAP, para lo que el Consejo Atlántico está autorizado en la Declaración de Bucarest, y enviar toda clase de señales de que la integración de estas naciones como aliados se hará también de manera acelerada, lo que de todos modos no cambiaría mucho lo acordado en la cumbre; en realidad formalmente no cambiaría nada. Pero esto enviaría a Rusia el mensaje simple y desnudo de que agredir no paga dividendos, de que muy al contrario puede ser contraproducente por mucha superioridad militar que se tenga. Ciertamente, los carros de combate rusos, arrasando todo a su paso, se han llevado por delante los dos principales argumentos teóricos en contra de la invitación a Georgia: que está fuera de los confines de Europa, y por tanto violaría la letra del Tratado de Washington, y que sólo se debe invitar a contribuyentes netos de seguridad, no a“consumidores” deésta. Porque la invasión rusa ha puesto el foco sobre un nuevo aspecto de la seguridad europea: un vecino como Rusia, actuando con la deliberada violencia que ha mostrado en su near abroad, que coincide exactamente en este caso con la periferia europea, es un claro riesgo. La extensión de las garantías del Artículo 5 a Georgia y Ucrania contribuiría a limitar este riesgo, con independencia de si la contribución material de estos nuevos aliados a la defensa común es importante o irrelevante. Y si es precisa una prueba objetiva de que ese intervencionismo es peligroso para los vecinos la ha proporcionado Bielorrusia, habitual palmero de Rusia, incluso posible futuro confederado, que guardó durante el conflicto un ensordecedor silencio– hasta que el embajador de Rusia en Minsk manifestó con mal disimulada brutalidad su“perplejidad” por ello, forzando así una tardía y claramente servil declaración bielorrusa de apoyo. La repentina palidez de Alexander Lukashenko– como la de Yulia Timoshenko en Kiev– es perceptible incluso desde aquí.
Sin embargo, el tono de los comentarios leídos estos días no parece indicar que una acelerada inclusión en el Tratado Atlántico sea la opción que se contempla en las capitales europeas, de nuevo divididas por la grieta entre“viejas” y“nuevas” que acuñó Donald Rumsfeld, siendo el tenor de ellos en la“vieja” y más influyente mitad que“esto ha complicado/perjudicado/retrasado varios años– incluso indefinidamente– las expectativas de ingresar pronto de ambos países”. Cuánto de esta actitud se debe al prurito de sostenella y no enmendalla y cuánto al disgusto por la temeraria imprudencia aparentemente exhibida por Saakashvili[5], actitud ciertamente indeseable en un gobernante con quien se estaría atado por lazos tan firmes como el Artículo 5, es imposible decir. Lo que sí podemos afirmar es que esta división no augura una toma de decisión clara sobre una nueva estrategia, y desde luego la decisión de compromiso de la Cumbre pasada no ha sido revisada ni reforzada en el reciente Consejo Atlántico a nivel de MAE convocado urgentemente tras la intervención rusa, aunque sí ha tomado la positiva determinación de crear una Comisión OTAN–Georgia, siguiendo el modelo de la OTAN–Ucrania (NUC), y en parte del Consejo OTAN–Rusia (NRC), naciones estasúltimas entre las del PfP que tenían el singular privilegio de un foro adicional a 26+1. El ingreso de Georgia en este selecto grupo, aunque no tiene directa relevancia respecto al eventual ingreso como aliado (véase Rusia y el NRC), sin duda envía un mensaje en la dirección adecuada.
Pero esta posición, consistente con la mantenida en la pasada cumbre, no evita la otra contradicción antes aludida con la posición de las mismas naciones respecto a la independencia de Kosovo. Y aquí es donde la actitud de nuestra patria,éticamente inatacable pues, como queda dicho, España es de los pocos, muy pocos, aliados que no reconoce la independencia de Kosovo– aunque la continuada presencia de nuestras fuerzas allí resta algo de coherencia a nuestra postura–, debe ser la de liderar un firme reproche a Rusia por su propia inconsistencia al propiciar y luego reconocer la independencia de Surosetia, y a nuestros propios aliados conminarlos a ser consecuentes, no con sus timoratas actitudes de la cumbre, levemente mejoradas con la creación de la Comisión OTAN–Georgia, sino con la lógica de la inviolabilidad de las fronteras internacionales, el principio de no intervención, y, en definitiva, los propios intereses colectivos aliados, que estarán mejor servidos a largo plazo por una actitud gallarda ahora, que debe incluir fuertes sanciones, ayuda abierta a Georgia, propuestas de declaraciones en la ONU, en fin el arsenal completo de acciones políticas y diplomáticas, que por lo que Rusia, ciertamente Medvedev y Putin, interpretarán, no haya duda sobre esto, como debilidad y división occidental. Las conclusiones que los dirigentes rusos saquen de este análisis para el planeamiento y ejecución de actuaciones futuras quedan a la imaginación del lector. De momento, y a la hora de cerrar estas líneas, Rusia ya ha reconocido formalmente la independencia de Abjazia y Osetia del Sur, por supuesto garantizada por fuerzas de pacificación rusas. Su posible ingreso como miembros de la Federación Rusa no ha sido aún citado, pero a nadie sorprenderá que sus nuevos dirigentes lo supliquen pronto. Permanezcan atentos a la pantalla, tras una breve pausa veremos nuevos e interesantes movimientos en esta zona, en Armenia y Azerbayán (Nagorno–Karabaj), en Bielorrusia, Moldova (Transdniestria), y en Ucrania.
Fernando del Pozo, Director del Proyecto OTAN–UE del Real Instituto Elcano
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[1] NATO welcomes Ukraine?s and Georgia?s Euro–Atlantic aspirations for membership in NATO. We agreed today that these countries will become members of NATO. Both nations have made valuable contributions to Alliance operations.We welcome the democratic reforms in Ukraine and Georgia and look forward to free and fair parliamentary elections in Georgia in May. MAP is the next step for Ukraine and Georgia on their direct way to membership. Today we make clear that we support these countries applications for MAP. Therefore we will now begin a period of intensive engagement with both at a high political level to address the questions still outstanding pertaining to their MAP applications. We have asked Foreign Ministers to make a first assessment of progress at their December 2008 meeting. Foreign Ministers have the authority to decide on the MAP applications of Ukraine and Georgia.(Bucharest Summit Declaration, para 23)
[2] Se han desvelado recientemente indicios, sin embargo, de que las preparaciones rusas estaban muy avanzadas con anterioridad a cualquier movimiento georgiano, por lo que la reconstrucción de los hechos podrá exonerar o al menos atenuar el cargo de imprudencia a Saakashvili.
[3] Según noticias de agencia, el crucero Moskva en vez de regresar a Sevastopol con el resto ha aprovechado esta relajada ocasión para una amistosa visita a Sujumi, capital de Abjazia, sin duda para descanso de la dotación en un puerto de una (nueva) nación amiga.¿Diplomacia de cañonero? No, por supuesto, eso es cosa de imperialistas como los yanquis, que mientras tanto han tenido que renunciar a llevar ayuda a Poti y en lugar de ello atracar en Batumi, para no coincidir con buques anfibios rusos que están allí retirando sus fuerzas a una velocidad no precisamente apresurada.
[4] Pavel Felgenhauer, analista de Novaya–Gazeta, ha recopilado (ARI 125/2007, Tácticas y objetivos de la posición rusa respecto a la independencia de Kosovo) declaraciones rusas que ilustran ahora a la perfección este doble rasero: Cuando comenzaron los ataques aéreos de la OTAN [sobre Serbia][...] Rusia detuvo sus programas de cooperación con la OTAN [...] Igor Ivanov, MAE de Rusia, declaró:“Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, se ha producido una agresión contra un Estado soberano de Europa. Nunca desde 1945 ha experimentado Europa tan de cerca una situación tan penosa. Sean cuales sean los motivos esgrimidos por los estrategas estadounidenses para justificar sus acciones, sus verdaderos objetivos son claros: imponer una dictadura política, económica y militar estadounidense [....] El embajador ruso ante la ONU, Sergei Lavrov, declaró que el intento de basar la motivación de los ataques aéreos de la OTAN contra Yugoslavia en el deseo de impedir una catástrofe humanitaria en Kosovo“carecía de validez alguna” y que“cualquier intento de aplicar un enfoque diferente del Derecho internacional y de hacer caso omiso de sus normas y principios básicos sientan un peligroso precedente que podría causar una grave desestabilización y un agudo caos a nivel regional y mundial”. De esta forma, Lavrov introdujo el argumento vigente de Rusia de que Kosovo podría sentar un precedente que extendería la inestabilidad y la secesión a otras regiones (ITAR–Tass/Interfax, 25/III/1999). Más recientemente, en noviembre pasado, de nuevo Lavrov, ahora MAE, subrayó que la solución al problema de Kosovo debía basarse exclusivamente en el Derecho internacional y que cualquier resolución del CSNU relativa a Kosovo debía estar supeditada a un acuerdo mutuo previo entre serbios y albanokosovares (RIA–Novosti, 25/IX/2007). Lo de“peligroso precedente” ha resultado una profecía auto–cumplida (N. del A.).
[5] De nuevo es preciso puntualizar aquí que este juicio negativo tal vez tenga que ser revisado.
El conflicto de Georgia y la OTAN | 05-09-2008 - 14:24:56 GMT 1 #
From Fomenting Secessionist Conflicts to Waging Wars: Russia’s Far-reaching Georgia Policies.
Nodar Tangiashvili
Theme: After a protracted confrontation due to the Russian opposition to the restoration of Georgia´s territorial integrity, Russia invaded Georgia on 8 August 2008.
Summary: Since the independence of Georgia in 1992, the new State has tried to recover control of the regions of Ajaria, Abkhazia and South Ossetia. Russia has always opposed the reintegration of the Georgian regions and supported the pro–Russian or the ethnic separatist movements in order to preserve its influence in the region. For the same reason, Russia has also rejected the entry of Georgia into Western organizations like NATO or the European Union, or the internationalization of the peacekeeping forces in the region. The presence of Russian peacekeepers in South Ossetia and Abkhazia together with thousands of Russian passport holders gives Russia a great leverage to prevent the negotiated reintegration of both regions to Georgia sovereignty.
This paper analyses the evolution of the events occurred in August 2008 against that background, the pre–conflict tensions, the Russian intervention and the diplomatic initiatives to prevent the Russian occupation of Georgian territory. Under a Georgian perspective, the paper is focused on the South–Ossetia campaign though the military conflict presents further implications for Abkhazia, Georgia, the Caucasus and the international order.
Analysis: Before the Russian invasion of Georgia on 8 August 2008, the situation in the conflict zones in Georgia had been heading towards military confrontation for years. Moscow is largely to be blamed for that. Had Russia been cooperative on Georgian and Western initiatives of internalization of peace processes, desisting from obstructing restoration of Georgia´s territorial integrity in full conformity with international law and ethnic minority rights, this war could have been avoided. But Russia used these conflicts for its own imperialistic ambitions.
Georgia´s territorial conflicts have been the main point of contention between Russia and Georgia for over a decade. This issue has been marked by several important factors. First of all, Russia has been at fault by backing the separatists. Russia has always propped up the breakaway regimes militarily and used the rights of ethnic minorities as the pretext of bringing its ambitions into action. Georgia became an independent state in 1991 after the collapse of the Soviet Union and soon got enmeshed into two secessionist wars with the ethnic separatist movements in Abkhazia and South Ossetia. The pro–independence groups were strongly backed by Yeltsin´s Russia at that time, but the following Russian leaders have also given political support and military assistance to pro–Russian separatists in order to favour the revival of a new kind of Soviet Union, whether on Georgia´s territory or elsewhere in the former Soviet Union.
Another factor of Georgia´s territorial conflicts also has to do with Russia´s institutional domination and the low level of viable international neutral peacekeeping forces which have been missing for 16 years. Russia has used its veto–yielding UN diplomacy, EU–dividing policies and provocations on the ground to prevent internationalization of the conflicts from happening.
Russian intervention in the Georgia–Abkhazian conflict made it impossible to solve it and served as the main hurdle on Georgia's tense relations with Russia. Russia provided military support to the separatists of an ethnic minority – Abkhazians in the secessionist war against Georgians who constituted 60 percent of Abkhazia's population. In 1993, Russia–backed Abkhaz separatists and volunteers from Russia's North Caucasus finally defeated Georgian central authorities, broke away from Georgia and drove out some 300 thousand ethnic Georgians in the campaign of "ethnic cleansing", leaving 10 thousand Georgians dead. Due to Russia's vested interests in Abkhazia, Moscow continued to bolster economic, diplomatic and military ties with Sukhumi. The United Nations, preoccupied with other pressing issues, delegated peacekeeping tasks in Abkhazia to the peacekeeping forces of the Commonwealth of Independent States (CIS), an organization widely perceived to serve the Russian interest of restoring its dominance in the former Soviet Union. After 15 years, the fact that the UN maintained only a small and ineffective observation mission, the United Nations Observers´ Mission to Georgia (UNOMIG), without a peacekeeping force of its own, has proved to be counterproductive. From the Georgian perspective, the CIS peacekeeping contingent, staffed by Russian soldiers, and the Moscow–imposed 1994 agreement on ceasefire and separation of forces turned into an effective leverage of influence for the Russian Federation. Over this course of time, there was no lasting peace based on a status solution in accordance with internationally recognized borders of Georgia and international practice, for the Russians would not allow unbiased mediation and peacekeeping.
Since the “Rose Revolution” in 2003, Georgians were equally unhappy with the negotiations and peacekeeping formats in South Ossetia. On the ground peacekeepers deployed came from the Russian Federation, South Ossetia and North Ossetia (part of Russia), standing face to face with Georgian peacekeeping contingent in a Joint Peacekeeping Force, which created grounds for tensions. By the same token, the negotiation format invented by Moscow back in 1992 was increasingly seen as skewed against Georgian interests, because the Joint Control Commission (JCC), which proved to be just a placebo, was formed on the same three versus one formula (negotiators were of Russia, Russia´s North Ossetia, and pro–Russian South Ossetia on the one hand, and of Georgia on the other hand). There was no room for truly international and objective mediation. The OSCE Mission representatives and a small number of military observers played only a very limited observing role. Georgia wanted to see the negotiations format changed, believing the JCC could no longer reflect reality, as it neither included other serious international actors, nor did it take into account the voice of pro–Georgian Ossetians. Therefore, in the last couple of years Georgia has placed over the table a plan for replacement of JCC. Tbilisi focused on a so–called “2+2+2 format” whereby players in the talks would include Georgians, Russians, pro–Russian South Ossetian separatists under the leadership of de–facto President Eduard Kokoity, pro–Georgian South Ossetian leader Dmitry Sanakoyev´s administration, the US and the EU. This initiative was strongly rejected both by the breakaway Republic and by Russian diplomats.
Russia refused to realize that there were many Ossetians who agreed to live together with Georgians in a single state. Georgian authorities pushed for demilitarization of the conflict zone and for implementing economic rehabilitation projects. The latter was done with the assistance of OSCE and the EU by the administration of pro–Georgian former separatist leader Dmitry Sanakoyev, elected in 2006 as an alternative President of South Ossetia. In 2007, Sanakoyev was appointed Head of the Provisional Administrative Entity of South Ossetia. This was an alternative government, staffed by formerly separatist ethnic Ossetians and covering South Ossetia´s Georgia–controlled parts. They were negotiating with Georgia´s central authorities on the autonomous status of South Ossetia with considerable input from the ethnic Ossetian communities living in Georgia.
Thus, Georgia had chosen a three–tiered conflict settlement policy: sidelining the JCC dominated by Russia and their South Ossetian “puppets”; discussing modalities of South Ossetia´s autonomous status, based on international practice, with moderate Ossetians; and using “carrots” and “soft power” tactics to contrast the growing prosperity of the Georgian–controlled villages, comprising 40 percent of South Ossetia, with the dim prospects of supporting the regime in Tskhinvali. This later policy possibly aimed to bring about a sort of popular revolt against the corrupt incumbent regime of Eduard Kokoity. However, it was disrupted by permanent military provocations from Kokoity´s militia, triggering Georgian response while the Russian peacekeepers were unwilling or unable to put a stop to these events (the greatest clashes took place in the summer of 2004, with dozens dead on the both sides).
The Russians kept providing intense military assistance to the pro–Kremlin regime of Eduard Kokoity (sending military hardware under the guise of “peacekeeping”, appointing Russian military and security officers to high positions in South Ossetian government, building a military base in Java, etc.). Again, they resisted, whether directly or indirectly, Georgian and US efforts to internationalize and revitalize peacekeeping and negotiation formats in South Ossetia, and they held out passports en masse to South Ossetians, claiming they were Russian citizens who would be protected by Russia in case Georgian authorities reverted to force against them (the same goes for Abkhazians).
Disagreement on the key issue of internationalisation and Russia´s continued militarization of the region served as the tipping point which contributed to the military conflict unleashed on 7 August. Though the war started in South Ossetia, it was rather Abkhazia, biggest of the Georgia´s two secessionist regions, which was under most international spotlight recently.
Pre–Conflict Tensions
The Georgian government often describes Russia´s actions in Georgia as “provocations”. Indeed, given the volatility of the situation in Georgia´s breakaway provinces and the increased militarization from both sides, Russia took steps that could at any time trigger a resumption of hostilities, even against both sides desires.
The Kremlin´s provocations focused especially on Abkhazia, but this tended to also exacerbate the situation in South Ossetia, allied with Abkhazia. On 6 March 2008, the Russian Minister of Foreign Affairs announced that Moscow was withdrawing from the CIS regime of sanctions against Abkhazia; this implied that Russia openly rejected abiding by economic, trade, financial and transport sanctions imposed on Abkhazia in 1996.
The situation became particularly serious after the unilateral declaration of independence by Kosovo on 18 February and its subsequent recognition by Western states, despite Russia´s strong opposition and its warning that this would have destabilizing effects in Southern Caucasus.
Russia intensified its provocations after the NATO Summit in Bucharest on 2–4 April when Germany and France, fearing irritation of Moscow, blocked the granting of MAP to Georgia and Ukraine. NATO allies agreed that in the future the two post–communist countries would become members of the alliance and pledged to re–consider granting them the MAP in December. As Georgians warned, this failure of NATO would serve as a “green light” to Russia to carry on with its bullying. Indeed, on 16 April Vladimir Putin issued instructions to Russian state agencies to maintain contacts with South Ossetian and Abkhazian colleagues by bypassing Georgian authorities.
All this amounted to what Georgian experts called “creeping annexation”, which was followed after only three months by military occupation. Later, Russian engineer troops entered Abkhazia to build the railway linking – for humanitarian reasons, as Moscow claimed – which was used for rapid deployment of Russian troops after the war broke out in South Ossetia. The recorded shooting down of a Georgian reconnaissance drone by a Russian fighter jet over Abkhazia this summer also indicated Russia´s will to invite Georgia into a military confrontation. Russia unilaterally increased the number of its “peacekeepers”. Despite Georgian outcry and international pressure, Russia refused to reverse its actions and even flexed its muscle also in the air. Russian fighter jets entered Georgian airspace while the Secretary of State of the United States, Condoleezza Rice, was visiting Tbilisi in order to urge President Saakashvili to withstand Russian provocations (four Georgian peacekeepers had been detained by South Ossetian de–facto government and Georgia was warning against consequences). The Russians admitted the violation of Georgian airspace and stated that they aimed to “cool hot heads” in Tbilisi.
In South Ossetia, provocations preceding the war also became more frequent. In July, the de facto authorities attempted to assassinate Dmitry Sanakoyev, expecting Tbilisi´s response. On 1 August, five Georgian police officers were badly injured in a car explosion in South Ossetia. Mutual firing continued until 7 August with casualties and injuries among Georgian civilians, peacekeepers, but also among South Ossetians. Georgia tried to engage in direct talks with South Ossetian authorities to prevent the growing tensions from escalating into a military confrontation. On 7 August, Georgian State Minister for Reintegration went to the South Ossetian capital of Tskhinvali to hold direct talks with the de facto separatist government and a Russian envoy, Yuri Popov. However, the Russian negotiator did not show up, alleging that his car had broken down on the way to Tskhinvali, and hence the talks never took place. This meant Moscow did not want to facilitate direct negotiations between Tbilisi and Tskhinvali.
Russia´s “NATO Campaign”
The tensions in South Ossetia escalated on 7 August, when Georgian villages were shelled by South Ossetian militia. The bombs falled on houses, killing civilians. In a TV address Georgian President Saakashvili declared a unilateral ceasefire and urged for peaceful talks. Despite the ceasefire, the Ossetian forces not only refused to stop firing, but intensified the attacks. Therefore, at midnight on 8 August a decision was made to send Georgian troops into Tskhinvali. The operation aimed at taking control of the provincial capital in a short time and at removing the separatist regime eliminating its combating forces. Immediately after this, the Georgian military campaign continued with the crossing of the Georgia–Russia border in South Ossetia by Russia´s 58th Army, with over a hundred of tanks, via the Roki Tunnel –which connects South Ossetia with Russia´s North Ossetian region. Tbilisi has argued Russian that tanks rolled into Georgia before Tbilisi´s retaliation.
Ossetian positions in and around Tskhinvali were shelled with Georgian artillery, and Georgian tanks and air force were also in combat. Georgian government forces briefly brought under control Tskhinvali and many other villages around it. The de facto South Ossetian leader fled to Java. After initially destroying the first columns of Russian troops and hardware, and shooting down a dozen Russian jets, Georgian forces could no longer endure massive inflow of hundreds of Russian hardware, thousands of troops from the Roki tunnel, and counter–attacks by Russian artillery and air force. Georgia withdrew on 8 August from Tskhinvali, and finally on 11 August from the remaining positions in South Ossetia. Russian troops and South Ossetian militias pushed deeper inside into undisputed parts of Georgia, far beyond South Ossetia, committing crimes like looting, burning houses, rape, ethnic cleansing and marauding. Ethnic Georgians started fleeing in their thousands (85,000 in total). Over time, Russian troops and tanks occupied the nearest city of Gori and the central highway – effectively dividing the country into two parts – and destroyed military installations everywhere.
As the war in South Ossetia began, a second front was opened in Abkhazia by Russian and Abkhazian forces. Under pressure from Russian plane bombings, Georgian police units withdrew and ethnic Georgians fled from the Georgia–controlled Upper Kodori gorge in Abkhazia, but 9,000 Russian troops went further to occupy the nearest undisputed city of Zugdidi, the main city–port of Poti, blockading the Black Sea and taking control of the highway and the town of Senaki with a Georgian military base, as well as some other towns all in the West and Mid Georgia.
In parallel, from the first moment Russian fighter jets bombed not only Georgian positions and the retreating Georgian forces in South Ossetia or Abkhazia, but basically every strategic, military and even civilian sites all over Georgia, including the residential quarters of the city of Gori; the international airport and radar stations in the capital, Tbilisi, came under air attack. Hundreds of civilians were killed.
Russian officials accused Georgia of committing “genocide” against Ossetians and justified what they cynically called a “peace enforcement operation” with the events of 1999. It looked like the Kremlin directed a theatrical performance and distributed the roles: Russia was the NATO of 1999, while President Saakashvili, by their script, was Serbia´s Slobodan Milosevic, South Ossetia being Kosovo. On their side, Georgia and the Western nations have rejected any parallelism between Kosovo and Georgia´s breakaway regions. Georgian government representatives dismissed the comparison basically by arguing that in Abkhazia genocide and ethnic cleansing was carried out not against a minority, like in Kosovo, but against the majority of Georgians, so that recognizing its independence would amount to legalizing these crimes.
Diplomatic Reactions
Moreover, Russia´s gambits reminded the West of the Soviet incursions in Finland, Hungary, Czechoslovakia and Afghanistan. The initial international diplomatic reaction of the West disappointed many Georgians and their president, who perceived a lack of sharpness and actions against the aggressor. US President George W. Bush warned that the US took the situation in Georgia “very seriously” and called for “an end to Russian bombings and return by the parties to the status quo of August the 6th”. Later President Bush issued a stronger statement saying “the Cold War was over” and ”to begin restoring its place in the world, Russia must respect the freedom of its neighbours”. The US decided to send humanitarian aid to Georgia with military vessels and aircrafts, a gesture warmly welcomed by Georgians. Russia´s disproportionate reaction was condemned by the Western leaders who rushed to Tbilisi in pledge of humanitarian and reconstruction assistance and to study the situation on the ground.
Georgia's traditional friends from the Baltic States, Sweden and Poland, were especially outspoken in condemning Russia's actions. Lithuania's Foreign Minister flew to Georgia while the country was still under heavy bombing. These countries were also active in calling for a tough EU stance on Russia. The leaders of Poland, Estonia, Lithuania, Latvia and Ukraine appeared on the mass rally organized to show Georgia's unity in the capital and addressed the Georgian public with words of support.
France played a crucial role in deescalating the Georgia–Russia crisis. President Nicolas Sarkozy of France, currently holding the EU´s Presidency, was active in mediating a ceasefire agreement between Tbilisi and Moscow. French Foreign Minister Bernard Kouchner and Foreign Minister Alexander Stubb of Finland, currently chairing the OSCE, visited Tbilisi on 11 August and then went on to Moscow. They called for the halt to hostilities. A six–point ceasefire agreement was finally hammered out on 15–16 August in Paris´s shuttle diplomacy, after Georgian leader signed it unenthusiastically. President Sarkozy kept calling the President of Russia, Dmitry Medvedev, to ensure Moscow´s compliance with the ceasefire and other commitments. The French–mediated deal obliges both sides to cease hostilities and withdraw their forces to positions of the status quo ante bellum, and also to allow humanitarian assistance. Georgia commits itself to non–use of force for good while Russia can take “additional security measures before the creation of international mechanisms”, defined as vaguely as one could imagine. This loop hole has led to a procrastinated Russian withdrawal. The deal also calls for the opening of international talks on the modalities of security and stability arrangements in Abkhazia and South Ossetia. Russia had suggested discussions on the status of the regions, but agreed to modify this provision after Tbilisi´s objections.
On 13 August, France convened an emergency meeting of the EU´s foreign ministers council to discuss the conflict in Georgia. According to Bernard Kouchner, many EU members were willing to contribute monitors but they needed a UN resolution. Such a perspective was not appealing, since despite several sessions of the Security Council, the UN was unable to produce a resolution on the matter. Russia used its veto against Western–sponsored draft resolutions and in a tit–for–tat play pushed its own drafts which did not include a reference to Georgia´s territorial integrity.
Conclusions: This large–scale conflict was precipitated primarily by Russia´s policies in the region. Should internationalization be allowed, Russians feared, Georgia would easily move towards restoring its integrity and escape Russian influence by putting itself on a fast track to accession into the North–Atlantic Treaty Organization, the adversary of Russia´s Warsaw Pact during the Cold War. Holding a grip on the situation in these regions also gave Russia a considerable say in Georgia´s domestic power politics and economic development. Thus, many thought Russians saw it in their interest to have a “controlled instability” there, up to a certain point. But as it turned out, their goals were much more far–reaching.
It is obvious that the purpose of the Russian invasion was not to “protect” Ossetians or to save their “guys”, but to eliminate Georgian military capabilities, to inflict unbearable harm and humiliation to Georgia, and to cripple its economy (e.g. blocking highways, blowing railway bridges and ruining civil infrastructure, and even burning its forests). By doing so, Moscow has hoped to instigate social discord against President Saakashvili whom they initially intended to bring down by bombing and taking over the capital. Russia was apparently planning to produce turmoil in Georgia derailing the country from its integration into NATO.
This hot war in a hot August has other wider messages for the West: they range from the Kremlin´s efforts to gain control over the alternative energy routes running through Georgia to warning Ukraine and other CIS members against pro–Western inclinations, and possibly to signalling the return of the “Cold War”. This brutal invasion by more than 20,000 Russian troops of a country which was doing so well with Western assistance could not have been just about South Ossetia.
The West must realize that until international peacekeepers and monitors are sent to Georgia, the situation will remain dangerous.
Nodar Tangiashvili
Advisor on International Relations at the Ministry of Defence of Georgia
From Fomenting Secessionist Conflicts to Waging Wars: Russia’s Far-reaching Georgia Policies | 05-09-2008 - 14:25:59 GMT 1 #
Declaració del govern de Moldàvia sobre el conflicte Georgià :
"La declaración siguiente es la posición oficial del gobierno de Moldavia respecto a la situación en Osetia del Sur y Abkhazia; no se hizo una declaración aparte de nuestro partido, pues somos lo mismo." (El Partido Comunista de Moldavia gobierna con mayoría en el parlamento).
Las autoridades de Moldavia y la sociedad entera siguieron con preocupación el desarrollo de acontecimientos en Osetia y Abkhazia del sur las semanas pasadas. Desafortunadamente, el conflicto interétnico durante un año largo en Georgia no ha encontrado una solución adecuada, ni basada en los estándares de los valores internacionales del derecho y de los valores del ser humano, tampoco esta vez. Se transformó, al contrario, en un drama sangriento con muertes entre la población civil.
Rechazando categóricamente todos los métodos de establecimiento por la fuerza, incluyendo los que pretenden asegurar la integridad territorial, el gobierno de Moldavia no considera sin embargo que el reconocimiento internacional de Abkhazia y de Osetia del sur estabilizará la situación. Apenas como en el caso del reconocimiento de Kosovo, ésto no hace nada más que minimizar la responsabilidad de las partes que están en conflicto, en vez de encontrar un compromiso entre las naciones y una manera de hallar soluciones equitativas y modernas, respetando la integridad territorial y la observancia de los derechos humanos y de las libertades.
Al mismo tiempo, juzgamos inadecuado comparar la situación en Georgia con la de Transnistria. También creemos que las especulaciones en cómo la situación de Abkhazia y de Osetia del sur puede afectar el proceso en el establecimiento de Transnistria son inoperantes. Moldavia ha creado ya los requisitos previos, muy favorables para su establecimiento, y hay voluntad política en todas las partes que participan en el conflicto.
El gobierno de Moldavia indica que determinará, en adelante, su actitud sobre la situación en Osetia y Abkhazia del Sur sólamente en línea con el Acta Final de Helsinki, el estatus de la O.N.U y todos los principios actuales del derecho internacional."
Declaració del govern de Moldàvia sobre el conflicte Georgià | 07-09-2008 - 19:10:46 GMT 1 #
El VII congreso de Rifondazione y el nuevo “giro a la izquierda”, por Álvaro Rein: Tras la reciente debacle electoral de Rifondazione Comunista (RC) y sus aliados, el VII congreso del partido -celebrado entre el 24-27 de Julio en Chianciano- ha concluido con una estrecha derrota de los defensores de la línea de la vieja mayoría "bertinottiana", agrupados en torno a la figura de Nichi Vendola (gobernador de la región de Pulía y ex PCI), a manos de una nueva alianza de cuatro corrientes que ha permitido la elección de Paolo Ferrero (ex ministro para la solidaridad social en el último gobierno Prodi y antiguo miembro de Democracia Proletaria) como nuevo secretario del Partido.
La nueva dirección de RC ha anunciado una ruptura con la política seguida durante los últimos años por el Partido y una nueva línea que caracteriza de 'giro a la izquierda'. Su victoria concluye con el largo ciclo de hegemonía ideológica de la carismática figura de Fausto Bertinotti que, con variada fortuna, ha dominado la evolución política de RC durante los últimos catorce años.
Los debates estratégicos que se vienen produciendo dentro de RC en los últimos años reflejan en gran medida los que se viven dentro de Izquierda Unida en España. Con la diferencia de que RC, por su mayor peso en la reciente historia política de Italia, ha tenido la oportunidad de ensayar en la práctica distintas opciones estratégicas (apoyo externo a un gobierno de centro-izquierda seguido de la ruptura de 1998, giro movimentista de Génova, participación en el último gobierno Prodi, etc.) y por ello aporta una rica experiencia que puede ayudar a comprender mejor lo que implica realmente la aplicación futura de distintas estrategias por parte de una fuerza como Izquierda Unida.
Antes de adentrarnos en los debates del último congreso de RC, es necesario recapitular brevemente lo que sucedió durante la derrota electoral del último gobierno Prodi a principios de este año.
El precedente: la derrota electoral del 2008
Hacia los últimos meses de la administración Prodi, la experiencia de participación de Rifondazione en ese gobierno era ya calificada de "fracaso" hasta por el propio Bertinotti, quien se esforzaba cada día con más dificultad en justificarla y lo hacía ya principalmente solo en base a la necesidad de evitar a toda costa concederle una tercera, y esta vez aplastante, victoria a Berlusconi. El desengaño era tal que toda aspiración inicial de la dirección de Rifondazione de llegar a influir desde la izquierda en las políticas sociales y económicas del gobierno Prodi había sido ya descartada. (1)
La única satisfacción, si cabe, que le podría haber quedado a Bertinotti de esta experiencia de gobierno a su término es que, al contrario que con el primer gobierno Prodi, esta vez nadie podría acusar a RC de provocar la caída del gobierno de centro-izquierda y permitir así la reelección de Berlusconi. Al contrario que en 1998, esta vez la causa directa de la caída del gobierno Prodi vino por el ala derecha de la coalición de centro-izquierda y fue provocada por el retiro del apoyo parlamentario del ministro Mastella y de su partido la UDEUR. La causante indirecta seria atribuida por RC a Veltroni y la creación a marchas forzadas del Partido Democrático (PD), que buscaba provocar la ruptura con los partidos minoritarios del centro-izquierda considerados ya como aliados 'incómodos' que hacían ingobernable la Italia. (2)
Con los comicios encima y poco que reivindicar de positivo de la experiencia de gobierno ante su electorado, la dirección de RC rápidamente pensó que al menos podría rentabilizar electoralmente el espacio político que dejaba abierto a su izquierda la creación y el giro a la derecha del nuevo PD, al pasar este oficialmente a definirse ya no como un partido de "izquierda" sino simplemente como partido "reformista" con aspiración a competir con la derecha por el electorado más moderado de centro. (3)
Para capitalizar electoralmente este nuevo espacio, la dirección de RC paso a agrupar en una única lista electoral llamada Izquierda Arco Iris (Sinistra Arcobaleno) a lo que la prensa italiana llama la "izquierda radical": RC , el Partido de los Comunistas Italianos o PdCI, y los Verdes, más Izquierda Democrática (ID) (que agrupa al viejo sector de izquierda socialdemócrata escindido de Democratici di Sinistra cuando este partido decidió fusionarse en el PD). Bertinotti, como dirigente de la fuerza mayoritaria, encabezó la nueva lista Izquierda Arco Iris. La experiencia exitosa de Die Linke en Alemania (que se sabía realizada en un contexto totalmente distinto) parecía ofrecer un ejemplo esperanzador de esta estrategia a la dirección bertinottiana y, además, los sondeos auguraban a la Izquierda Arco Iris si no el 10% de votos que sumaron sus distintas componentes en las anteriores elecciones, si un respetable 8%.
Aunque la unidad de la izquierda radical era un proyecto que se llevaba discutiendo desde hace tiempo, es importante recalcar que la creación de la lista Izquierda Arco Iris se realiza a pasos forzados y con prisas en reacción a la creación del PD y bajo la expectativa de una inminente convocatoria electoral. La dirección de RC ni siquiera tuvo tiempo de convocar un congreso del partido para discutir y aprobar la creación de la nueva lista electoral (aunque la propuesta fue pasada por la mayoría bertinottiana en el consejo político del Partido). La nueva lista electoral, por lo tanto, se construyó principalmente en base a un acuerdo entre cúpulas de los diversos partidos, con una participación limitada por parte de la base social y militante de las organizaciones involucradas. (4)
El tamaño del desastre electoral que siguió pilló a todos por sorpresa. Izquierda Arco Iris recogió solo el 3% de los votos o algo más de un millón de votos, que contrastan con los más de dos millones de votos que RC había conseguido por si sola en las anteriores elecciones del 2006 (5.8% de votos al congreso y 7.3% al senado). Este 3% cae por debajo del umbral establecido por la ley electoral y por lo tanto las cuatro fuerzas que componen Izquierda Arco Iris pasan a ser extra-parlamentarias por primera vez en su historia. Desde el establecimiento de la República Italiana tras la derrota del fascismo nunca antes había faltado una representación comunista en el parlamento nacional.
Es importante recordar también que, al contrario que en las elecciones del 2006, esta vez los partidos que componen Izquierda Arco Iris se presentan a las elecciones separados de un frente electoral común con el centro izquierda, en gran parte porque el PD de Veltroni dice que los partidos que quieran formar una alianza electoral con él tenían que someterse al programa electoral del PD que (contrariamente a lo que sucedió con L' Unione) no estaba sujeto a negociación. (5) A los partidos de la lista Izquierda Arco Iris de hecho no les había quedaba otra alternativa que presentarse por separado potenciando aun más el efecto de "voto útil", al polarizarse la confrontación electoral entre las únicas fuerzas con posibilidades reales e intención de formar gobierno (el PD y el PdL de Berlusconi aliado a la Liga Norte).
De acuerdo a los datos de flujo electoral (basados en encuestas que preguntan a votantes de cada partido lo que habían votado en las anteriores elecciones), el 33% de los votantes de RC en el 2006 votaron por el PD en el 2008, el 30% continuaron votando a RC (a través de Izquierda Arco Iris), el 20% se abstuvieron, el 9% votaron por otros partidos (principalmente por las listas de Sinistra Critica y del Partido de los Trabajadores Comunistas, formadas por dos escisiones por la izquierda de RC), el 4% por el partido de Di Pietro y el 2% por la derecha.
Hoy, la parte de la vieja dirección bertinottiana que se agrupa en torno a Vendola teoriza que el fracaso electoral se debe no tanto a la idea en si de confluir en la Izquierda Arco Iris, si no sobre todo a la forma aparatistica y acelerada en la que se llevó a cabo la creación de esta la lista y el contexto político en el que se fraguo. Por ello, a pesar de caracterizar la experiencia de la Izquierda Arco Iris como un fracaso, este sector continúa apostando fuertemente por un proyecto de convergencia de toda la 'izquierda radical' italiana en un nuevo proyecto de organización política liderado por la vieja RC, pero capaz de 'superar' el proyecto original de RC.
Tras la derrota electoral se disolvió la lista electoral Izquierda Arco Iris, experiencia calificada de fracaso por todas sus componentes. Bertinotti anuncia que se retira de la primera línea de la política y los secretarios de los Verdes y RC (el bertinottiano Franco Giordano) dimiten de sus cargos asumiendo la responsabilidad por la derrota ante sus respectivos militantes.
El VII congreso de RC
Al congreso de Chianciano se presentaron inicialmente cinco mociones políticas distintas, las dos primeras defendidas por miembros enfrentados de la vieja mayoría bertinottiana de la dirección. A pesar de diversos intentos, la vieja mayoría de RC había sido incapaz de acordar un documento común tras su división, durante la acalorada discusión que tuvo lugar en el primer consejo político del partido que siguió a la debacle electoral de abril. Ninguno de los cinco documentos políticos presentados al VII congreso inicialmente recaba por sí solo la mayoría absoluta, aunque el documento de Nichi Vendola es el que cuenta con más apoyos por sí solo.
Los otros tres documentos políticos discutidos en el congreso fueron presentados por las corrientes de L'Ernesto (corriente liderada por Fosco Giannini cuya moción apoyan 7.7% de los delegados), los trotskistas de Falce e Martello (corriente ligada a los ex militant de Allan Woods en Gran Bretaña y liderada por Claudio Bellotti cuyo documento apoyan el 3.2% de los delegados) y un último documento que recaba solo el 1.5% de apoyos presentado por Water De Cesaris (ex responsable de la secretaria del Partido bajo Giordano, que también rompe con la vieja mayoría bertinottiana). La minoría más importante hasta ahora dentro de RC, la corriente de Essere Comunista liderada por Claudio Grassi, decidió apoyar directamente el documento presentado por Ferrero, después del fracaso de sus intentos de mediación entre Vendola y el nuevo secretario. (6)
Los "ex-Bertinottianos" agrupados en torno a Ferrero y Giovanni Ruso Spenna (ex Democracia Proletaria y ex jefe del grupo de RC en el senado) finalmente acordaron un documento común con las tres minorías del partido, que titulan "Recomenzamos: un giro a la izquierda", y que obtiene 342 votos, venciendo así al documento presentado por el sector liderado por Vendola. El documento de la corriente bertinottiana, "Rifondazione por la izquierda", obtiene 304 votos (47% del total). La estrechez de la victoria del documento político de la nueva mayoría de Ferrero (53% de apoyos) contrasta con el 60% de apoyos que recibió el documento de Bertinotti en el anterior congreso.
Una vez puesta en evidencia los apoyos de la nueva mayoría, durante la elección del nuevo secretario del partido en la primera reunión del nuevo consejo político, Vendola renunció a enfrentar su candidatura a la de Ferrero y este salió elegido secretario con 142 votos a favor (solo uno por encima del quórum) y 134 votos en contra.
Ferrero ha invitado al sector de Vendola a formar parte de la nueva secretaria para garantizar la unidad del Partido (invitación que no hizo Bertinotti a las minorías tras ganar el anterior congreso). Pero Vendola lo ha rechazado, argumentando que no tiene sentido participar en una dirección que va a implementar una línea política con la que está en total desacuerdo. Vendola además ha anunciado que el 47% que lo apoyo se va a constituir en corriente política permanente, denominada "Rifondazione por la izquierda", y que no van a renunciar a proseguir con su proyecto político alternativo tanto dentro como fuera de RC.
La nueva dirección de Ferrero ha sintetizado el cambio de línea como 'giro a la izquierda'. En cambio, Vendola y los que le apoyan caricaturizan la nueva línea como 'regresión identitaria', 'sectaria', 'filo-justicialista' (7), 'dogmatica y simplista', que busca refugiarse en la autoafirmación identitaria y sin vocación mayoritaria. Acusan a Ferrero de haberse apoyado en una alianza políticamente inconsistente que incluye a personajes impresentables que van desde estalinistas a trotskistas dogmáticos, con el único propósito de hacerse con la secretaria del Partido. Ferrero además es acusado de hipócrita, ya que critica la responsabilidad colectiva de la vieja dirección -de la que el también formaba parte-, por el fracaso de la experiencia de participación en el gobierno Prodi; pero después exige que paguen todos por estos errores menos él (vease por ejemplo la dimisión del ex secretario de RC Giordano).
Veamos exactamente cuáles son las ideas fuerza delineadas en el documento político de la mayoría de Ferrero (8), que lo distinguen del de Vendola:
Relanzar a RC como proyecto y organización política autónoma y abandonar el proyecto bertinottiano de "la asamblea constituyente de izquierda". La constituyente de la izquierda era la idea (sobre la cual en parte se baso la creación de la lista electoral Izquierda Arco Iris) de que RC debe promover una convergencia de los sectores y partidos a la izquierda del Partido Democrático en un nuevo sujeto político. La nueva línea de Ferrero pone énfasis en la necesidad de abandonar cualquier intento de hacer confluir, disolver o 'superar'a RC en una nueva formación política. Aquí es importante subrayar que la línea de Ferrero no rechaza que RC trabaje en pos de la unidad de la izquierda radical, pero condiciona este trabajo unitario a la necesidad de defender la continuidad de RC como partido independiente. Es decir, es una reacción defensiva (justificada o no) al miedo real existente entre algunos sectores de RC de que el verdadero objetivo de Bertinotti era disolver RC como partido comunista, como había hecho Occhetto con el PCI en 1991.
Contrariamente a lo que afirma el sector de Vendola, la consigna de relanzar RC no equivale a congelar el proceso de innovación teórica y política que ha desarrollado este partido en los últimos años para reafirmarse en una especie de comunismo ortodoxo. La línea de elaboración e innovación política permanente que ha caracterizado a RC se debe mantener. Con respecto a la famosa línea de la 'no violencia' teorizada por Bertinotti (tan odiada por algunas de las corrientes minoritarias que componen la nueva mayoría), por ejemplo, se afirma que la 'no violencia' se mantiene pero que esta no debe ser interpretada como un absoluto metafísico, sino una practica de lucha para aplicar en el conflicto y en la crítica al poder.
Dada la experiencia negativa de participación en el gobierno Prodi y el giro a la derecha del PD de Veltroni, bajo las condiciones actuales es imposible contemplar la idea de una nueva participación de RC en un futuro gobierno nacional y además RC debe huir de cualquier intento de reconstrucción de un frente electoral nacional de centro-izquierda (tipo l'Unione), ya que solo acabaría por convertirse en una fuerza subalterna al PD. Es importante decir que esta idea se expresa en términos condicionales y no absolutos como caricaturizan los defensores de Vendola. Por otro lado, no es más que una constatación del hecho de que una de las señas de identidad de la dirección del PD de Veltroni es huir de cualquier necesidad de tener que aliarse o formar un futuro gobierno nacional con RC, favoreciendo su desaparición completa del mapa electoral. Al contrario de Veltroni, D'Alema y otros sectores en minoría dentro del PD, defienden la necesidad de que el PD construya alianzas electorales amplias con RC y otras fuerzas de izquierda. Esta idea se basa en la premisa de que el PD, por si solo, por mucho que le guste pensar a Veltroni, nunca llegara a movilizar un bloque suficientemente amplio del electorado para desplazar a la hegemonía de la derecha agrupada en torno a Berlusconi. La línea de 'autosuficiencia' del PD que persigue Veltroni, según D'Alema, no puede llevar más que a mantener permanentemente a este partido en la oposición, como le sucedió al PCI con la Democracia Cristiana.
La decisión de si RC debe o no entrar en gobiernos locales junto al PD o apoyar a gobiernos dirigidos por el PD debe seguir siendo tomada por las secciones locales soberanas del partido. Eso sí, es necesario comprobar si esos acuerdos son coherentes con los objetivos políticos de RC y debe primar el acuerdo sobre el programa cuando se decide entrar o no en gobiernos locales. (9)
Construir la oposición al gobierno de la derecha privilegiando el rencuentro y la unidad de acción con los movimientos sociales de oposición y los partidos de la izquierda radical, defendiendo siempre la autonomía de RC y la alternativa que esta representa frente al PD.
Ante las próximas elecciones europeas, RC mantiene su adhesión al grupo del parlamento Europeo de Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde, pero se presentará bajo sus propias siglas.
Reforma democrática del funcionamiento interno de RC. El objetivo es evitar la degeneración hacia el caudillismo plebiscitario del Partido, la subordinación del partido a sus representantes institucionales o su subordinación a las relaciones de la cúpula de RC con otras direcciones de partido. Gestión unitaria de la dirección del partido y promoción de la participación activa de sus militantes en las discusiones y decisiones de este. Rotación de cargos y no al acaparamiento simultaneo de cargos dentro del Partido y en las instituciones. (10)
Una lectura acelerada y superficial del documento alternativo de Vendola puede llevar fácilmente al lector a concluir que las diferencias de este con Ferrero son en realidad diferencias de matiz más que de sustancia. Sin embargo, una lectura del documento de Vendola a la par con las diversas entrevistas post-congresuales de Vendola y teniendo en cuenda el contexto político en el que se produce el debate, rápidamente deja entrever que lo que existe en el fondo es una diferencia de orientación estratégica. Veamos entonces que es exactamente lo que propone Vendola:
"La principal tarea de Rifondazione en el periodo que viene no es autorreafirmarse sino abrirse hacia el exterior para contribuir a reconstruir una oposición de izquierdas a Berlusconi y construir una nueva izquierda política en Italia."
El desplome electoral de Izquierda Arco Iris en las elecciones de Abril era predecible pero no inevitable. Aquí lo que se defiende es que no había nada de equivocado con la idea en sí de Bertinotti de construir un nuevo sujeto político unitario a la izquierda del PD, sino que lo que salió mal fue el modo en que se puso en práctica esta idea y el contexto político desfavorable. En vez de enfatizar los errores subjetivos de la izquierda, como hace Ferrero, Vendola pone el acento en que la victoria electoral del 2008 de Berlusconi viene de más lejos, ya que es el resultado de un largo proceso de acumulación hegemónica de la derecha italiana en la sociedad (véase, por ejemplo, el hecho de que la victoria electoral del centroizquierda en 2006 se produce por un margen de 20,000 votos) y que hasta que la izquierda comprenda mejor este proceso tiene pocas posibilidades de levantarse de nuevo.
Vendola está de acuerdo en que la experiencia de Izquierda Arco Iris fue un fracaso y que no podrá reproducirse en la misma forma de lista electoral acordada aceleradamente entre las diversas cúpulas de partido, pero esto no significa que no sea posible y necesaria la creación de un nuevo sujeto político de izquierdas. Vendola afirma que quiere seguir colaborando con los otros partidos de la izquierda alternativa, pero rechaza tajantemente la oferta del PdCI de confluir en un único gran partido comunista que agrupe a todos los comunistas italianos.
La experiencia de participación en el gobierno Prodi ha sido un fracaso, pero este no se debe a que la decisión de RC de participación en ese gobierno fuese equivocada por principio, sino porque RC no supo estar a la altura del desafío que representaba esta opción estratégica. RC subestimo lo difícil que iba a ser realizar su proyecto de influir desde la izquierda y los movimientos sociales en las políticas del gobierno y no supo ni gestionar la coyuntura política del momento, ni evaluar hasta el fondo cual debía ser realmente el fin último de su participación en ese gobierno. (11)
Vendola está de acuerdo en que, con la línea política seguida por el PD bajoVeltroni y en las condiciones actuales, es imposible un futuro acuerdo de gobierno nacional con este partido y la construcción de una nueva alianza de centro izquierda.
La relación con el PD no puede más que desarrollarse a partir del reconocimiento de la autonomía de RC como proyecto político alternativo. Pero esta "autonomía" no implica "auto-marginación" y "autismo" de RC con respecto a un entorno político cambiante. RC debe mantenerse autónoma del PD, pero continuar desafiándolo y mantener una relación dialéctica con esta fuerza política en un contexto político que es siempre dinámico.
Reacciones al congreso de Chianciano
En las semanas que siguen al VII congreso diversas personalidades de la izquierda italiana cercanas a RC van declarando su adhesión a cada una de las dos nuevas corrientes. El secretario de la FIOM (el mayor sindicato del metal en Italia) Giorgio Cremaschi expresa su simpatía por Ferrero, mientras que una serie de intelectuales desde Marco Revelli a Alberto Asor Rosa declaran su afinidad con las tesis de Vendola. Personajes emblemáticos de los movimientos sociales, como la madre de Carlo Giuliani o Lidia Menapace, tras el resultado del congreso se afiliado finalmente a RC.
La dirección del PdCI salta de alegría afirmando que entre los vencedores del congreso se encuentran aquellos (en referencia a l'Ernesto) que apoyan la re-unificación de "los comunistas" de RC y el PdCI que ellos proponen. Claudio Fava, de Izquierda Democrática, y Grazia Francescato, la nueva secretaria de los Verdes, lamentan la derrota de las tesis de Vendola, ya que ambos continúan apostando por el proyecto de asamblea constituyente de la izquierda Italiana y la confluencia política y organizativa de la izquierda radical. Para Veltroni y la dirección del PD el resultado del congreso de RC confirma que con RC y la izquierda radical poco tenia de que hablar un partido de inspiración reformista. Mientras que D' Alema, también del PD, en cambio se lamenta, ya que su potencial aliado Vendola ha salido derrotado.
Lo cierto es que la verdadera naturaleza de lo que ha ocurrido en Chianciano este verano solo se podrá ir dilucidando en el transcurso de los próximos meses con la práctica política real de cada uno de los protagonistas en este congreso.
NOTAS: (1) Para una rica discusión sobre lo que 'salió mal', desde el punto de vista de los propios defensores de la participación gubernamental de RC en el gobierno, véase el numero de Junio-Julio de la revista teórica de Bertinotti 'Alternativa por el Socialismo'. (2) Efectivamente, la razón oficial esgrimida por la UDEUR para romper con Prodi fue su desacuerdo con la propuesta de reforma de la ley electoral, con el fin de favorecer el bipartidismo. La otra razón menos confesable fue la falta de apoyo a Mastella cuando su mujer y otros miembros de la UDEUR de la región de Campania fueron investigados por corrupción. (3) El Partido Democrático se creo en Octubre del 2007 tras la fusión de los dos partidos mayoritarios del centro izquierda italiano, la mayoría ex-PCI de Democratici di Sinistra y la Margherita que engloba al ala izquierda de la vieja democracia cristiana. (4) A principios de Diciembre del 2007 se produce la 'asamblea de la izquierda y los ecologistas' que inaugura formalmente la nueva lista electoral Izquierda Arco Iris. La asamblea consiste en un encuentro abierto a militantes y no militantes de las cuatro formaciones involucradas y reune entorno a las 5,000 personas. A pesar de esta alta participación de la base, el motor de todo el proceso viene principalmente dirigido desde las direcciones de los distintos partidos como mas tarde lamentarán los propios dirigentes de RC. (5) De hecho, solo el Partido de la Italia de los Valores de Di Pietro entra en alianza electoral con el PD, mientras que miembros del partido Radical son directamente cooptados en la lista del PD. (6) Essere Comunista presentó un documento político alternativo en el anterior congreso de RC, que obtuvo el apoyo del 26% de los delegados. La corriente tiene sus orígenes en el ala 'izquierda' de los cossutianos, que rompe con esta figura histórica del comunismo italiano cuando este decide mantener su apoyo al gobierno Prodi en 1998 y escindirse de RC para formar el Partido de los Comunistas Italianos. Los criticos de esta corriente a menudo la caracterizan de "estalinista de izquierda", dado su oposición a la crítica, desde su punto de vista desmesurada, que Bertinotti hace del sistema soviético, de los países de la antigua orbita de la URSS y de la dirección histórica del PCI Italiano. Esta corriente también ha criticado la línea política de la no violencia bertinottiana y la entrada de RC en el gobierno Prodi en el 2006. (7) Esta acusación sui generis italiana se basa en la supuesta simpatía expresada por Ferrero hacia las ultimas iniciativas del ex Juez pasado a político Di Pietro para defender el sistema judicial contra los ataque de Berlusconi. Di Pietro tiene fama de anticomunista y se opuso al establecimiento de una comisión de investigación de la represión policial en Génova en el 2001. (8) El lector puede juzgar por si mismo lo que diferencia a las dos nuevas corrientes de RC consultando los dos documentos políticos en el numero online del diario Liberazione del 29 de Julio del 2008. (9) La línea de Ferrero sobre gobiernos locales se puso a prueba inmediatamente después del congreso, cuando el nuevo secretario criticó la decisión de la sección regional de RC de Calabria (dominada por vendolianos) de volver a entrar a formar parte del gobierno regional del PD después de que el gobernador regional había sido acusado de corrupción. A pesar de oponerse a la entrada de RC en este gobierno, Ferrero respetó la decisión de la dirección regional del Partido. Esta posición de Ferrero contrasta con la línea de uno de sus aliados, la corriente Falce e Martello , que se opone por principio a entrar en cualquier gobierno regional con el PD. (10) Estas ideas ya estaban contenidas en las conclusiones de la conferencia organizativa que RC celebra Carrara en Marzo del 2007 por la nueva mayoría critica, que no se llegaron a implementar nunca. (11) Alfonso Gianni, sub-secretario de RC en el ministerio para el desarrollo económico bajo Prodi, escribe que a su entender RC cometió dos errores fundamentales al inicio del gobierno Prodi. Primero, RC no saco las conclusiones adecuadas sobre lo estrecho que había sido la victoria electoral del centro-izquierda sobre Berlusconi en el 2006. Una victoria "débil", que reflejaba una relación de fuerzas mucho más desfavorable para implementar el ambicioso programa de centro-izquierda que RC había contribuido a redactar. RC debió hacer un esfuerzo mayor desde el primer día de gobierno para comprender mejor el por qué de esta desfavorable correlación de fuerzas en la sociedad Italiana y actuar desde el gobierno para intentar cambiarla. El segundo error, fue pretender implementar todo los elementos que RC había contribuido al programa de gobierno en esta situación de debilidad. RC tendría que haber renegociado el programa electoral y repensar los elementos esenciales del programa que podrían intentar implementarse y que contribuirían a mejorar la relación de fuerzas para la izquierda.
Álvaro Rein es el heterónimo de un analista financiero español radicado en Francfort
El VII congreso de Rifondazione... | 09-09-2008 - 07:25:55 GMT 1 #
"Georgia en la OTAN es como aceptar a Hitler o Pinochet"
Embajador de Rusia ante la OTAN: "El reconocimiento de Kosovo es una bomba de relojería para la Unión Europea" | "La entrada de Georgia en la OTAN supondría el final de la cooperación rusa" | "La OTAN y la UE deberían enviar a Saakashvili a La Haya"
Entrevista:
La OTAN y la UE han pedido a Rusia sin mucho éxito que aplique completamente el plan de paz firmado por Moscú y Tiflis.
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¿Rusia piensa cumplir el plan de paz Medvedev-Saakashvili ?
Evidentemente, este es nuestro plan. ¿Quién si no nosotros está más interesado en la paz y la estabilidad en el Cáucaso? Nosotros estamos en esta región, es nuestra casa común. El plan estará totalmente implementado en un tiempo razonable y además habrá observadores europeos que podrán garantizar a la población civil la paz y la estabilidad.
¿Usted cree, como Vladimir Putin, que EE. UU empujó a Saakashvili a la acción militar en Osetia del Sur?
Sí, según la información oficial de la que disponemos, los estadounidenses cedieron armas a Georgia, así como equipos y personal militar y ocuparon el Ministerio de Defensa de Georgia. Además, 2.000 militares georgianos fueron entrenados por las fuerzas norteamericanas en Iraq. A este hecho no lo podemos llamar precisamente un acto de amistad. Los estadounidenses son participantes directos en ese conflicto.
Rusia ha reconocido la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, ¿Seguirá el mismo camino con otras regiones como Crimea o Transdniéster?
Somos conscientes de los problemas que podemos tener y de que este proceso puede ser duro de aceptar, pero el problema es que en Osetia del Sur hay una limpieza étnica y en Abjasia podría pasar lo mismo. Con el reconocimiento de su independencia, lo que hacemos es ofrecer más medidas de seguridad para estas regiones. En otras, como Crimea o Transdniéster, no prevemos que suceda algo igual.
Acusan a Occidente de reconocer a Kosovo y no a Osetia del Sur o Abjasia en Georgia, pero Rusia niega la independencia de Kosovo...
Los ciudadanos de Osetia del Sur tienen más motivos y más derechos que los de Kosovo para ser independientes, pero los estadounidenses siempre lo niegan y no aceptan su independencia. Creo que el reconocimiento de Kosovo por parte de muchos países europeos es una bomba de relojería para la Unión Europea.
La OTAN debate su ampliación y la posible entrada de nuevos aliados como Georgia o Ucrania. ¿Le preocupa a Rusia? Es lo mismo que si ustedes dejan entrar en la OTAN a Pinochet o Hitler. Nosotros creemos que Saakashvili es un criminal: en sus manos hay miles de muertes de civiles. Si Georgia entra en la Alianza Atlántica, querrá decir que es el final de nuestra cooperación con esta organización.
Si Georgia ya formara parte de la Alianza Atlántica, ¿Rusia habría actuado de la misma forma en Osetia del Sur que el 7 de agosto pasado?
Es difícil decirlo, pero lo que está claro es que hay que saber lo que pasó allí en agosto. Alemania ha prometido una investigación independiente de esta crisis y estamos muy interesados en ello. Creo que una vez que se le presenten a la OTAN y a la UE los hechos que ocurrieron y lo que realmente pasó, entonces la cuestión de Saakashvili estará resuelta. Lo deberían enviar a La Haya.
Si hoy Georgia fuera parte de la Alianza, se podría haber desencadenado una guerra.
Es que no es la OTAN quien está haciendo todo esto, son los estadounidenses. Son juegos geopolíticos de Washington. Es muy importante para Estados Unidos tener Europa bajo su control y para ello es vital encontrar un enemigo. Por eso nos ha nombrado a nosotros el enemigo. No nos ofrece entrar en la OTAN. Se lo ofrece a Ucrania, a Georgia, a Armenia, a Azerbaiyán, pero no a nosotros. Rusia es el enemigo.
A pesar del fin de la Unión Soviética, ¿Rusia se siente todavía amenazada por la OTAN?
Nosotros no nos sentimos amenazamos por la OTAN ni la amenazamos a ella. Tenemos una Armada que es tres o cuatro veces más pequeña que la de la Alianza. Entonces, ¿cómo vamos a amenazarla? No somos nosotros los que crecemos hacia el oeste, es la OTAN la que se amplía hacia el este. No somos nosotros quienes instalamos un misil en Polonia y estamos estableciendo bases militares alrededor de Rusia.
Su actitud en el conflicto de Osetia del Sur parece un claro desafío a la comunidad internacional y a los aliados.
Nosotros pedimos a la OTAN que nos ayudara en Osetia del Sur, pedimos una reunión de urgencia tras la crisis, pero Estados Unidos la vetó. El secretario general de la Alianza Atlántica criticó el uso desproporcionado de la fuerza. Para nosotros, no tiene derecho a criticar a Rusia en ese sentido, porque la Alianza Atlántica hizo lo mismo en la antigua Yugoslavia. Nadie en Rusia quiere conflictos con Estados Unidos o con los aliados, porque la paz es siempre mejor que una guerra.
¿Cree que la relación entre Rusia y Occidente se resentirá aún más tras el conflicto en Osetia del Sur?
La OTAN fue muy clara: las cosas no van a ser como antes. Y nosotros estamos de acuerdo, no queremos tampoco seguir como si nada hubiera pasado. Pero eso no quiere decir que no tengamos relación con la Alianza a partir de ahora. De hecho, mantenemos la cooperación en una misión tan importante como Afganistán, en la lucha contra el terrorismo, en cuestiones humanitarias y en el control de armas de destrucción masiva. Siendo pragmáticos, preservamos lo esencial de nuestra cooperación. Incluso en este periodo dramático de relaciones con la OTAN, mantenemos la comunicación y el diálogo.
Rusia ha insinuado que no teme una nueva guerra fría...
No, quiero declarar de forma oficial que no habrá otra guerra fría.
Sin embargo, la intervención militar rusa en Osetia del Sur ha recordado a aquella época. ¿No está intentando Rusia recuperar peso geopolítico en la escena internacional?
Creo que el problema es que Washington está celoso. Estados Unidos quiere tener el monopolio y nosotros aplicamos una política antimonopolios. Queremos vivir en un mundo con muchos centros, con un sistema de equilibrios, pero los norteamericanos consideran que su joven democracia es lo más importante. Pensar así es muy naif. Toda la historia de Estados Unidos es menos prolongada que la historia de la granja de caballos que hay cerca de mi casa en Moscú.
¿Rusia aceptaría entrar en la Alianza Atlántica?
¿Por qué no?
Embajador de Rusia ante la OTAN: Georgia en la OTAN es como aceptar a Hitler o Pinochet | 09-09-2008 - 08:52:47 GMT 1 #
Gobierno comunista en Nepal, por Ernesto Carmona: Pocos saben que Nepal está saliendo del feudalismo conducido por un gobierno comunista y, por añadidura, “maoísta”. Los grandes medios ocultan que esta pequeña nación enclavada a los pies de los Himalayas tiene un liderazgo izquierdista que surgió de “elecciones libres”, sepultó a una monarquía de 240 años y, en este siglo 21, comenzó a liquidar el feudalismo y a reformar la sociedad en favor del campesinado pobre, que constituyen la gran mayoría de los 28 millones de nepaleses.
El 18 de agosto se juramentó como primer ministro quien fuera el líder de una guerrilla “maoísta” que luchó casi 11 años por derribar la monarquía, depuesta el 28 de mayo por una Asamblea Constituyente (AC) que el 15 de agosto designó como primer ministro a Pushpa Khamal Dahal, de 53 años, maestro de escuela, conocido mejor por “Prachanda”, su nombre de guerra durante la década en que dirigió la lucha armada (1996-2006). Prachanda se traduce indistintamente como Formidable, Terrible o Feroz, según el sesgo ideológico o el color del cristal con que el “traductor” observe al personaje.
El nuevo gobierno debió enfrentar de inmediato la tragedia de una violenta temporada de monzones, que requirió evacuar a más de 100 mil personas afectadas por inundaciones. El 6 de septiembre se abolió el sistema feudal llamado Haliya, que existía desde tiempos inmemoriales y consistía en que los campesinos trabajaran para los terratenientes bajo un acuerdo de aprendizaje. La abolición fue reclamada por los propios "haliyas" en manifestaciones de protesta en Katmandú, la capital de Nepal. El gobierno anunció un programa de rehabilitación para siervos liberados, que son aproximadamente 100.000 labradores pertenecientes a una casta inferior, según el sistema feudal hinduísta, con mayoría de la etnia "tharu".
Los grandes medios, agencias de noticias y cadenas tipo CNN han ignorado los profundos cambios políticos en esta pequeña nación enclavada entre la India y China, cerca del Tíbet. Con 140.000 km2, tamaño semejante a la mitad del Ecuador –aunque duplica su población de 14 millones–, vivió una guerra civil desde 1996 a 2006, con un balance de 13.000 muertes. La “guerrilla maoísta” y la monarquía de 240 años de tradición hinduista-budista negociaron la paz en 2006.
A diferencia de Guatemala, El Salvador y otros países que vivieron su propia guerra civil de campesinos pobres contra latifundistas, los acuerdos de paz en Nepal culminaron en elecciones que ganaron los ex guerrilleros que depusieron las armas, el 10 de abril de 2008. La sorpresiva victoria del partido de los ex combatientes condujo a una Asamblea Constituyente (AC) que abolió la monarquía y se consolidó como nueva expresión máxima del poder político y de una soberanía popular republicana y democrática.
Aunque la monarquía se abolió en mayo, las negociaciones para formar un gobierno se prolongaron hasta agosto, debido a que ninguna de las fuerzas políticas alcanzó mayoría absoluta en la AC. El Partido Comunista (Maoísta) de Nepal (PCN-M), motor de la guerrilla de 11 años, alcanzó la votación más alta y la supremacía indiscutible de un futuro gobierno con 220 (38%) de los 575 escaños de la Asamblea, pero sin mayoría absoluta.
Y de esta manera, la república democrática y federal más joven del planeta llegó a ser gobernada por el Partido Comunista (Maoísta) de Nepal (PCN-M), influido por China, y dos aliados, el Partido Comunista (Marxista-Leninista Unificado) de Nepal (PCN-MLU) y el Foro de los Derechos del Pueblo Madhesi (FDPM), más otras expresiones pequeñas del mapa político local, como el Frente Popular de Nepal, el Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista) y el Partido Comunista de Nepal (Unido). La etnia madhesi, que habita las llanuras del sur, habla la lengua hindú y tiene una fuerte influencia cultural india).
Las "niñas diosas" van al colegio
Las transformaciones de Nepal comenzaron antes, mientras la guerrilla llegó a controlar 70% del territorio. Cuando los guerrilleros se sentaron a negociar la paz tenían una fuerza militar-territorial real. La victoria de abril legitimó cambios que se pusieron en marcha mientras el PCN-M consolidaba su proclamada “guerra popular” para “liberar a Nepal del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo”. Según la publicación estadounidense Revolution Newspaper, la guerra estuvo basada en el campo, donde estableció áreas de influencia y poder, pero también se desarrolló un movimiento político izquierdista masivo en las áreas urbanas (1).
Los escasos informes favorables al nuevo estatus indican que la revolución trajo de hecho dramáticos cambios positivos en los territorios bajo su control político. Por ejemplo, las mujeres organizaron sus filas, convirtiéndose en líderes políticos y aprendiendo a leer y a escribir. Simultáneamente, comenzó a desafiarse el sistema de castas basado en la religión hindú y aparecieron nuevas formas de poder, como los tribunales populares formados por aldeanos para resolver conflictos locales. También se redujo el alcoholismo, que siempre ha sido un grave problema entre los pobres de todo el mundo. Y aunque en algunas áreas todavía continúan efectuándose casamientos de niños, tal costumbre se ha vuelto ilegal y la gente ahora puede elegir a sus parejas sin tomar en cuenta la casta (2).
Entre los grandes cambios del fin del feudalismo, el Tribunal Supremo dispuso en agosto que las "niñas diosas" o "kumaris" pueden ahora abandonar su reclusión en los templos para asistir a clases, como cualquier otro menor, acogiendo un reclamo presentado hace tres años por la abogada Pun Devi Maharjan, activista de derechos humanos. "El Tribunal ha pedido al Gobierno que continúe con la tradición, pero sin que se violen los derechos de las 'kumaris', como la educación o la sanidad, de acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas para la Infancia", explicó el vicesecretario de la corte superior Hemanta Rawal.
Las "kumaris" son seleccionadas entre niñas que no han alcanzado la pubertad por poseer 36 virtudes que las harían "perfectas". Una de ellas ofrenda sus poderes al “dios rey” en las fiestas hinduista-budista de Indra Jata que consumen una semana de septiembre. Para convertirse en Kumasi, una niña de 5 años debe pasar una noche sin llorar en un cuarto oscuro lleno de sapos y culebras. Alabadas porque protegen de los demonios, su divinidad implica una vida de reclusión en un templo, sin asistir al colegio ni disfrutar de una infancia normal. Sólo salen una vez al año, al final del monzón, para repartir sus bendiciones en el Indra Jata. Con la primera menstruación dejan de ser divinidades y son sustituidas por otras niñas.
Premier comunista, presidente opositor
La nueva institucionalidad registró un avance curcial el 21 de julio, cuando la Asamblea Constituyente designó a Ram Baran Yadav, del opositor Partido del Congreso, como el primer presidente de Nepal, con 308 votos obtenidos en segunda ronda. A su vez, el presidente Yadav le encomendó a Prachanda la formación del nuevo gobierno por su condición de líder de la primera fuerza en la Asamblea y el 18 de agosto le tomó juramento como jefe de estado. A su turno, el primer ministro designó a los 24 miembros del gabinete nominados por los partidos integrantes de la coalición de gobierno, quienes recibieron más tarde el respaldo de la Asamblea Constituyente.
Prachanda fue elegido primer ministro el 14 de agosto, tras varias semanas de negociaciones, resultando aprobado por 464 de los 577 diputados que ese día votaron y también designaron al Vicepresidente y a otras autoridades. Dos días después, el domingo 17, apareció una primera mano negra contraria a estos cambios bajo la forma de un bombazo en la casa del vicepresidente Paramananda Jha, del Foro Madhesi.
El político resultó ileso, pero fue herido un guardia y aún se investigan móviles y autores. Ese mismo día, los partidos de gobierno escogieron a sus ministros y viceministros. También establecieron un código de conducta para sus funcionarios.
El único oponente que tuvo Prachanda fue Sher Bahadur Deuba, veterano líder del Partido del Congreso de Nepal, quien fue primer ministro en tres oportunidades. Recibió 113 votos de su agrupación –y 438 en contra– y “optó por sentarse en la oposición en vez de sumarse a un gobierno que procuró representar a una coalición nacional de partidos”, señaló Prensa Latina. Nepal tiene, entonces, un primer ministro comunista y un presidente… de oposición.
Deuba se perfila como el jefe de la oposición. Grandes medios como la agencia italiana ANSA comenzaron a inflarlo temprano, al afirmar que “sus compañeros de partido expresaron su preocupación que el nuevo gobierno, guiado por un líder más acostumbrado al lenguaje de las armas que al de la política --la guerra civil en Nepal causó más de 13 mil muertos en un decenio-- represente un peligro para el país”. Como suele ocurrir en este tipo de lenguaje “periodístico”, no existen fuentes para el origen de tales “preocupaciones”.
ANSA añadió una lápida propia sobre “el riesgo que correría la independencia de la magistratura y las fuerzas armadas bajo un gobierno maoísta [aunque] Prachanda obtuvo el voto de casi todos los partidos nepaleses, y deberá conducir la transición política tras el ocaso de la monarquía absoluta de Gyanendra”. La británica Reuters fue menos corrosiva. Se limitó a señalar que “…eligieron este viernes a un maoísta que lideró una insurgencia de una década contra la monarquía hindú como el nuevo primer ministro de Nepal, marcando el cambio radical de la nación himalaya hacia una república democrática”.
Reuter añadió: “Los legisladores abrazaron a un radiante Prachanda, quien dijo: ‘Estoy muy entusiasmado en este momento’. Fuera de la asamblea, cientos de seguidores maoístas bailaban, algunos ondeando banderas con los emblemas de la hoz y el martillo. ‘¡Vivan los maoístas!, ¡Larga vida a Prachanda!’, gritaron cuando su líder emergió de la asamblea con lentes y vistiendo un traje negro y camisa azul”.
Baburam Bhattarai, considerado el número dos en la jerarquía partidaria, comunicó que los dirigentes de su organización política, incluyendo a Prachanda, ya no ocuparán cargos en el Ejército rebelde maoísta y que devolverán las propiedades incautadas durante la guerra. "Hoy es un día de orgullo y estará escrito con letras doradas en la historia de la nación", dijo Bhattarai.
Las ex guerrillas maoístas todavía están en la lista estadounidense de organizaciones terroristas, a pesar de que funcionarios de Washington se han reunido con Prachanda y Estados Unidos fue uno de los primeros en reconocer la elección del nuevo líder, según Reuters. "Esperamos que la elección del nuevo primer ministro remueva el último obstáculo para acelerar la formación de un Gobierno, una acción constructiva en temas clave respecto a Nepal y un inicio de la difícil, pero necesaria, tarea de redactar una nueva Constitución para Nepal", dijo la embajada de Estados Unidos en un comunicado citado por la agencia británica.
Reuters asegura que el ex comandante en jefe de la lucha guerrillera librada contra la monarquía en la jungla de los pies del Himalaya “le cedió el paso a un político astuto, insistiendo en que los maoístas no son ‘comunistas dogmáticos’ y que la globalización y libres mercados son hechos de la vida”.
Los primeros mensajes de felicitación a Prachanda llegaron desde la India, Paquistán, Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y China, cuyo primer ministro, Wen Jiabao, resaltó los tradicionales lazos de amistad entre los dos vecinos por más de medio siglo y expresó la disposición de Beijing de trabajar estrechamente para desarrollar nexos de cooperación en varios campos, dijo Reuters.
El nuevo gobierno fue viable cuando Prachanda logró el apoyo del PC Marxista Leninista y del Foro que representa a la minoría "madheshi", de origen indio, que habita en los llanos del sur del país y cuyo líder fue víctima del atentado a su domicilio. Hasta ahora el poder ejecutivo estuvo encabezado por Girija Prasad Koirala, líder del Partido del Congreso, que se convirtió en la segunda fuerza de la Asamblea tras las elecciones de abril, ganadas por los maoístas (Ver cronología).
El proceso de paz en Nepal comenzó en noviembre de 2006 con la firma de un acuerdo entre el gobierno de Koirala y la guerrilla maoísta, tras diez años y 10 meses de guerra. Las elecciones de abril y la abolición de la monarquía en mayo fueron hitos decisivos en este proceso. El rey Gyanendra abandonó el trono por su propia voluntad, después varios años de su propia guerra civil soterrada contra la guerrilla maoísta.
¿Quién es Prachanda?
"Prometo en nombre del pueblo que seré fiel a la nación soberana de Nepal", dijo el 18 de agosto quien fuera el hombre más buscado de Nepal, saludado por el nuevo himno republicano interpretado por una banda del ejército antiguamente real. Sentado en su nueva oficina y ataviado con una chaqueta gris y sombrero tradicional nepalí, el primer ministro Prachanda dijo a los periodistas: "Es bastante claro que el proceso de paz tiene que ser conducido a una conclusión lógica y mi prioridad será preparar una nueva Constitución". Otras urgencias que debe enfrentar su gobierno son la escasez de combustibles y alimentos y el inicio de "la transformación socioeconómica a través de una reforma agraria". La economía nepalesa está devastada.
Hasta 2003 sólo se conocía una foto de Prachanda –como “terrorista más buscado”–, pero desde que se convirtió en primer ministro, su imagen aparece en las portadas de todos los diarios locales. El dirigente pasó 25 de sus 53 años de edad en la clandestinidad, diez de ellos en la “guerra popular” de casi 11 años. Prachanda anunció que próximamente dará a conocer los programas sociales destinados a aliviar los padecimientos de un pueblo agobiado por las alzas de precios. Dijo que, además de los programas de ayuda social, la prioridad de su gobierno es preservar la ley y el orden.
El gobierno deberá redactar el borrador de una constitución y resolver la reinserción social de 19.000 ex guerrilleros ahora confinados en campos, en cumplimiento del tratado de paz de 2006. El gobierno deberá resolver cómo integrarlos en las filas del ex ejército real. "Ya acabamos de arrancar las raíces del feudalismo en Nepal. El gran programa del nuevo gobierno será el nacionalismo, el republicanismo y la transformación socio-económica", precisó.
Cuando entregó las armas el 21 de noviembre de 2006, Prachanda fue loado como héroe y anunció que abandonaba la violencia para siempre y que convertiría a su guerrilla en una fuerza democrática. Gopal Sharma, un periodista de Reuters, lo comparó sibilinamente con dos personajes satanizados por la prensa mundial, el peruano Abimael Guzmán y el camboyano Pol Pot, aunque sin mencionarlos: “… A sus 53 años, a este ex profesor con bigote y gafas, sonriente y cordial, le costará quitarse de encima su reputación de señor de la guerra, inspirado por Mao y su 'Revolución cultural', los peruanos de Sendero Luminoso y los Jemeres Rojos de Camboya”.
Nepal es uno de los países más pobres del mundo. Según la Agencia de Alimentos de Naciones Unidas es una de las 16 "zonas de hambre" por el creciente precio de la comida y una escasez crónica de energía. Los secuestros y robos son bastante frecuentes. Sobre Prachanda recaen las esperanzas de millones de nepaleses, que anhelan mejorar sus condiciones de vida. Millones de campesinos sueñan con una reforma agraria.
Notas:
1) Revolution Newspaper, 1 de mayo, 2008: “Nepal: Expectations For Profound Change Soar To The Sky”.
2) Revolution Newspaper, 24 de febrero, 2008: “The 12th Anniversary of the People's War in Nepal and It's Unsettled Outcome”
Cronología :
1990 (febrero-abril): Protestas populares obligan al rey Birendra a aceptar el multipartidismo.
1990 (noviembre): Se promulga una constitución que convierte a Nepal en una monarquía constitucional y democrática.
1991 (12 mayo): El partido del Congreso vence en las primeras elecciones multipartidistas.
1994 (15 noviembre): El partido Comunista Marxista-Leninista gana las segundas elecciones, pero la falta de una mayoría lleva a sucesivos gobiernos de coalición.
1996 (13 febrero 1996): Comienza la insurrección maoísta, que lidera Pushpa Kamal Dahal, Prachanda.
1999 (3 y 17 mayo): El partido del Congreso vuelve a ganar en las terceras elecciones generales.
2001 (1 junio): El príncipe Dipendra asesina al rey Birendra, a la reina Aishwarya y a otros seis familiares antes de pegarse un tiro.
2001 (4 junio): El príncipe Gyanendra, tío de Dipendra, es coronado rey en medio de violentas manifestaciones que exigen la verdad sobre el regicidio.
2001 (26 noviembre): Se declara el estado de excepción después de graves enfrentamientos entre rebeldes maoístas y soldados del ejército real.
2002 (4 octubre): Gyanendra destituye al primer ministro Sher Bahadur Deuba, disuelve el gobierno, pospone indefinidamente las elecciones previstas para el 13 de noviembre y él mismo asume el poder ejecutivo.
2003 (29 enero): Gobierno y guerrilla anuncian un alto el fuego y su disposición a negociar el fin del conflicto, pero las conversaciones de paz se rompen a fines de agosto de ese año.
2005 (1 febrero 2005): El rey asume el poder absoluto tras destituir al gobierno y declarar el estado de excepción, que se mantiene hasta fines de abril.
2005 (30 agosto): Gyanendra acepta dialogar con los partidos.
2005 (3 septiembre): La guerrilla declara una tregua de tres meses en un intento de promover una alianza con la oposición al rey.
2005 (22 noviembre): Los siete partidos de oposición y la guerrilla acuerdan un programa político como vía para acabar con el poder absoluto de Gyanendra.
2006 (6 abril): Comienza una huelga general que se transforma en revuelta popular contra Gyanendra: en tres semanas de protestas reprimidas por el ejército muere una veintena de personas.
2006 (21 abril): Gyanendra anuncia en televisión que transfiere "al pueblo" el poder que ejercía de manera absoluta.
2006 (24 abril): El rey acepta la restauración del Parlamento.
2006 (27 abril): Girija Prasad Koirala, líder del Partido del Congreso, es nombrado primer ministro y al mes siguiente inicia negociaciones con la guerrilla maoísta.
2006 (21 noviembre): El líder de la guerrilla, el primer ministro y los líderes de los partidos de la coalición gubernamental firman un acuerdo de paz que pone fin a casi 11 años de guerra.
2007 (20 febrero): La guerrilla completa la entrega de sus armas, que quedan depositadas bajo supervisión de la ONU.
2007 (1 abril): Se presenta ante el Parlamento un nuevo gobierno interino, con cinco ministros maoístas.
2007 (23 agosto): El gobierno nacionaliza los siete palacios reales, incluida la residencia del rey Gyanendra en Katmandú.
2007 (18 septiembre): Los maoístas abandonan el gobierno y exigen la abolición inmediata de la monarquía.
2007 (27 septiembre): El Banco Central de Nepal pone a circular un billete sin el rostro del rey Gyanendra.
2007 (23 diciembre): Los firmantes de la paz acuerdan que la Asamblea Constituyente que surja de las elecciones de abril de 2008 proclame la República. El acuerdo se ratifica cinco días después en una resolución del Parlamento.
2007 (31 diciembre): Los maoístas regresan al gobierno.
2008 (10 de abril): Se celebran elecciones a la Asamblea Constituyente, en las que el Partido Comunista-Maoísta resulta el más votado, logrando 220 de los 575 escaños elegidos por sufragio.
Gobierno comunista en Nepal | 11-09-2008 - 06:49:40 GMT 1 #
Katiusha cumple 70 años, por Àngel Ferrero: Katiusha ha cumplido 70 años. Cuando los cohetes que llevan su nombre cruzan los cielos de Irak, Afganistán, el Líbano, Chechenia o el Cáucaso, nadie parece acordarse de la joven de la canción que inspiró la ocurrencia.
“Katiusha” -diminutivo cariñoso para Yekaterina (Yekaterina-Katia-Katiusha)-, la canción, que no el cohete, vino al mundo en 1938 con música de Matvey Blanter (1903-1993) -aunque hay quien dice que éste la tomó de la ópera Mavra (1922) de Stravinski- y letra del poeta ruso Mijaíl Isakovski (1900-1973). La letra, traducida recientemente al castellano por Antonio Javier 'Tonxabar', dice así:
«Manzanos y perales estaban florecidos, / Sobre el río suspendida la niebla matutina, / La joven Katiusha subió a la rivera alta, / Del río la empinada rivera en la niebla.
En la rivera Katiusha comenzó a cantar / De una orgullosa águila gris de la estepa, / De una Katiusha enamorada tan profundamente, / De quien cuyas cartas ella ha guardado.
Oh, canción, brillante canción de una doncella, / Vuela al sol, vuela como un pájaro / Al soldado en el lejano frente / De Katiusha lleva un saludo.
Déjale pensar en una sencilla doncella oriunda, / Déjale oír la clara canción de Katiusha, / Guardará la tierra de su querida patria, / Y su amor Katiusha mantendrá fuerte.
Manzanos y perales estaban florecidos, / Sobre el río suspendida la niebla matutina, / La joven Katiusha subió a la rivera alta, / Del río la empinada rivera en la niebla.»
La canción, que por la sencillez de su melodía conoció rápidamente la popularidad, se convertiría durante la Segunda Guerra Mundial en el equivalente soviético de “Lili Marleen”. Fueron los soldados soviéticos quienes dieron el nombre de “Katiusha” a los lanzacohetes BM-8, BM-13 y BM-31 que hoy se siguen empleando en numerosos conflictos, algunos de ellos no muy lejanos de la tierra que los vio nacer.
Cómo una canción tan sensiblera a nuestros oídos pudo calar tan hondo en los soldados del Ejército Rojo no es de extrañar si se tiene en cuenta los rigores propios del frente, pero también que cada día, todos los días que duró la guerra, tenían que alzarse al ritmo de los martilleantes compases trágico-heroicos de Sviashchennaia-vojna (“La guerra sagrada”) de Vasily Lebedev-Kumach y Aleksander Aleksandrov, el músico favorito de Stalin, compositor del “Himno de la URSS” -que sustituyó, significativamente, a “La Internacional” como himno del país- y, en fin, representante de ese estilo efectista y con aires de marcha militar que los compositores modernistas asociados al movimiento obrero internacional (como Hanns Eisler) detestaban.
“ Katiusha” transmigró a Italia de la mano del médico y partisano Felice Cascione (1918-1944), quien adoptó la música de la canción a la letra de su Fischia il vento (“Sopla el viento”), que junto con Bella Ciao y La Brigata Garibaldi devino una de las canciones más famosas de la resistencia antifascista en Italia.
Ruslanova
Los setenta años de Katiusha coinciden con el 35 aniversario de la muerte, el próximo 21 de septiembre, de su más famosa intérprete, Lidiya Ruslanova (1900-1973). Ruslanova es uno de aquellos personajes atravesados por las contradicciones de la historia soviética, instrumento de una nomenklatura que pasó rápidamente de aplaudirla a desterrarla al gulag.
Nacida en el seno de una familia campesina, oriunda de una pequeña aldea a las afueras de Saratov a orillas del río Volga, Lidiya Ruslanova fue entregada a un orfanato tras la temprana muerte de su madre. Sin formación musical alguna entró en el coro infantil de la parroquia, del que destacó prontamente, siendo nombrada solista. Se dice que ya entonces su extraordinaria voz atraía a la gente de las afueras de Saratov a los conciertos.
«Las canciones fueron mis niñeras. Me enseñaron todo lo que se le puede enseñar a una persona. Me criaron, me educaron, me ayudaron a entender mejor el mundo», declaró en una ocasión Ruslanova. «¿Qué hubiera sido sin las canciones? Cuando, siendo una huérfana pobre, me gané mi primer pan cantando, mi abuela me regañó: '¡Dios mío, qué vergüenza! ¡Cantar y bailar para ganarse el pan!”, dijo. Pero yo no me avergonzaba... Después del orfanato, cuando trabajé para una fábrica de muebles, todo el mundo me ayudaba con mis canciones. A los 17 ya era una artista con experiencia sin miedo a nada: ni al escenario ni al público», recordaba.
En la guerra civil rusa (1917-1923) Ruslanova, que ya se había establecido como cantante profesional en un espectáculo de variedades en Rostov del Don, empezó a cantar para los soldados. El éxito motivó su traslado a Moscú, donde conoció el éxito. Lo que más asombraba, al parecer de los críticos de la época, era el timbre de su voz y su peculiar estilo vocal, que revivía la tradición rusa de las solistas femeninas que cantaban durante las fiestas tradicionales. No todo fueron alabanzas, por supuesto. Uno de los críticos escribió sobre Ruslanova: «los delantales y los zuecos hace mucho tiempo que pasaron de moda [...] Ruslanova tendría que reconsiderar su posición en la escena contemporánea». Quien lo escribió hubo de ser, seguramente, uno de los últimos portavoces de la modernidad soviética, especialmente crítica con los resabios de la atrasada cultura campesina que sobrevivían en la URSS, idealizada, exactamente igual que en Europa occidental, por el velo romántico del meshchanstvo (el pequeño burgués). Como es sabido, la política cultural estalinista, atada a la de la “construcción del socialismo en un solo país”, desempolvaría los viejos mitos nacionalistas en búsqueda de la legitimación de esta última.
En este contexto favorable, Ruslanova, que en 1933 había empezado a trabajar como artista de la Asociación estatal de espectáculos musicales, circenses y de variedades, vino a convertirse en el símbolo de la Madre Patria ya en los primeros días de la Gran guerra patriótica, infundiendo ánimo y esperanzas a los soldados. Los conciertos en primera línea de frente fueron habituales y, ocioso es decirlo, en condiciones muy precarias. En algunos de ellos Ruslanova, como muchas otras cantantes, cantó a los soldados desde la parte trasera de una camioneta, como testimonian algunas fotografías de época. La fama trajo consigo dinero, y Ruslanova se convirtió en la mujer más rica de la Unión Soviética e incluso llegó a financiar, en un predecible golpe publicitario, la construcción de dos baterías “Katiusha” en 1942. Ese mismo año se le concedió el título de Artista de Honor de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. En 1945 llegó a Berlín con las tropas soviéticas, y en las escaleras de un Reichstag reducido a escombros cantó canciones tradicionales rusas a los soldados.
Nada de lo anterior salvó a la Ruslanova cuando, finalizada la Segunda Guerra Mundial, se retomó la represión estalinista allí donde ésta se había interrumpido por el comienzo de las hostilidades. En 1948 el marido de Ruslanova, un comandante del cuerpo de caballería del General Vladimir Kryuchov a quien había conocido en el frente, fue arrestado por la policía. Poco después le seguiría la propia Ruslanova. Como se descubrió más tarde, la verdadera razón tras la detención del matrimonio era la amistad de Kryuchov con el mariscal Georgy Zhukov, cuya fuerte personalidad y éxitos militares habían convertido en un formidable opositor político a Stalin. Ruslanova fue presionada para firmar una falsa acusación, inculpando a su marido de traición, pero se mantuvo firme y fue condenada a diez años de trabajos forzados por difundir rumores y realizar actividades anti-soviéticas. Fue encarcelada en Vladimirsky Tsentral hasta la muerte de Stalin en 1953, fecha en que fue liberada, restituida su figura, y pudo volver a los escenarios, donde continuó cantando hasta su muerte en 1973. El público nunca dejó de pedirle las dos canciones que se compusieron expresamente para ella: “Valenki” y “Katiusha”. Los astrónomos soviéticos bautizaron a uno de los cráteres de Venus con su nombre.
“Katiusha” sigue siendo hoy una canción inmensamente popular, cantándose en innumerables versiones musicales cada 9 de mayo (día en que se conmemora la victoria del Ejército Rojo sobre las potencias del Eje). La doncella que cantaba, entre la neblina matutina, de « una orgullosa águila gris de la estepa » no ha conseguido escapar de la persecución del actual gobierno ruso, pronto a alistar a los viejos mitos soviéticos para la defensa de los intereses económicos de su elite dirigente. Y ahora Katiusha -por parafrasear a Heiner Müller- bajo las orugas de los tanques se pudre.
Katiusha cumple 70 años | 17-09-2008 - 06:50:11 GMT 1 #
Submarinos nucleares de IV generación proyecto 955, clase Borei, Misiles Bulava-M SS-NX-30:
Rusia incorporará nuevos misiles balísticos Bulava-M, con capacidad de burlar el escudo antimisiles USA-DAM, en los submarinos atómicos de IV, el lanzamiento de un Bulava-M permite afirmar con seguridad de que este sistema de misiles será puesto en servicio activo en 2009, el submarino estratégico nuclear Dmitri Donskoi efectuó el lanzamiento de un Misil balístico Bulava-M desde las aguas del mar Blanco hacia el polígono Kurá en la península de Kamchatka, el submarino efectuó el lanzamiento en posición sumergida, la ojiva del misil nuclear alcanzó el blanco establecido en el plazo de tiempo previsto, los misiles Bulava-M (SS-NX-30, clasificación OTAN), de tres fases y combustible sólido, constituyen el armamento nuclear estratégico que será emplazado en los futuros submarinos nucleares de IV generación proyecto 955, clase Borei, los misiles balísticos Bulava-M tienen un alcance de 8.000 kilómetros y pueden portar hasta diez ojivas nucleares de guiado autónomo, el misil Bulava-M debido a su alta velocidad y la capacidad de modificar sobre la marcha su trayectoria, es prácticamente imbatible por los sistemas de defensa antimisiles DAM. El submarino nuclear "Dmitri Donskoi" sumergible del proyecto 941 Tifón (Tiburón según la OTAN), es el más grande del mundo, de 172 metros de largo, 23,3 de ancho, 11 metros de calado y un desplazamiento de 48.000 toneladas.
Pero los Bulava-M están destinados a submarinos más modernos de IV generación, el gobierno ruso planea la construcción de siete submarinos clase Borei.
Submarinos nucleares de IV generación proyecto 955, clase Borei, Misiles Bulava-M SS-NX-30 | 19-09-2008 - 13:48:08 GMT 1 #
¿Puede la OTAN sobrevivir Georgia?, por Immanuel Wallerstein: En medio del barullo periodístico acerca de una nueva guerra fría, la mayoría de los analistas se pierden la crisis real que quedó cristalizada con la imprudente excursión de Saakashvili a Ossetia del Sur: la mera existencia de la OTAN ha quedado en entredicho. Para entender eso, tenemos que regresarnos a los inicios de la OTAN como institución y como concepto.
La historia comenzó en 1947 cuando el Reino Unido y Francia firmaron el Tratado de Dunquerque, que prometía asistencia mutua en caso de que revivieran las agresiones militares alemanas. En 1948, este agrupamiento se expandió para incluir a Holanda, Bélgica y Luxemburgo en el Tratado de Bruselas, en una jugada diseñada, todavía, como defensa contra Alemania. Más tarde ese año, las cinco naciones establecieron la Organización de la Defensa de la Unión Occidental, que contaba con un Estado Mayor Conjunto. Hay dos cuestiones que anotar al respecto de estos tratados. Estados Unidos no era parte de ellos, y su preocupación en esa época era Alemania, no la Unión Soviética.
La fundación de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en 1949 llegó con la ola del bloqueo de Berlín, en 1948. La OTAN, en efecto, nulificó los tratados de defensa de la Unión Occidental. Su foco no fueron los peligros de algún renovado militarismo alemán sino la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Desde el punto de vista de Estados Unidos, la OTAN servía varios propósitos. Era un mensaje a la Unión Soviética de que Estados Unidos estaba comprometido con mantener las fronteras existentes de la división de poderes en Europa, que parecían haber quedado amenazadas por el bloqueo de Berlín. Fue un método para reconciliar a los franceses y los británicos con el rearme de Alemania Occidental. Y una manera de controlar las operaciones militares de los aliados deshaciendo su naciente estructura militar para subordinar sus tropas al comando estadunidense.
Los líderes políticos y la mayoría de la población de los países de Europa occidental fueron en principio bastante favorables al concepto de la OTAN. Según ellos garantizaban que Estados Unidos los defendería de hecho si la Unión Soviética llegaba a pensar que podía violar los acuerdos de Yalta. Y Francia estaba lista a aceptar el rearme de Alemania Occidental como parte de su reconciliación histórica. Sin embargo, Francia se enfadó con el tercer objetivo –mantener las tropas francesas bajo el mando estadunidense, que es lo que llevó a Charles De Gaulle a retirarse de la estructura de comando de la OTAN en 1966 y exigir que sus cuarteles generales se mudaran de París a Bruselas.
A principios de los años 70, Europa occidental no sólo se había recuperado de sus preocupaciones respecto de Alemania sino que había comenzado a pensar que la Unión Soviética no representaba ya una inminente amenaza de invasión. Varios países, y no sólo Francia, comenzaron a buscar cómo atraer a una Unión Soviética, posestalinista, más dócil, hacia una cooperación más intensiva con Europa occidental. Notablemente, éste fue el caso de la Ostpolitik de Alemania Occidental. Y cuando, en los 80, surgió la idea de un gasoducto de la Unión Soviética a Europa occidental, esto fue recibido favorablemente aun en el Reino Unido de Margaret Thatcher.
Estados Unidos se abrumó con este rumbo de los acontecimientos. Se opuso al gasoducto sin lograr nada. Buscó desalentar toda negociación encaminada a revivir un ejército europeo que no fuera parte de la OTAN. En general, se volvió mucho menos amistoso con la idea de Europa como Europa, una que estuviera separada de la comunidad del Atlántico norte.
En 1989, el desgaste se intensificó con el colapso de los comunismos y con la disolución de la Unión Soviética en 1991. Dado que la OTAN fue creada como una estructura para defender a Europa Occidental de una Unión Soviética gobernada por un partido comunista, ¿qué función tendría ahora la OTAN? Estados Unidos estaba decidido a mantener la OTAN, y buscó una nueva definición de su papel. Estaba empeñado a no permitir la emergencia de una estructura europea autónoma, desvinculada de Estados Unidos, y peor aún, que posiblemente creara “el hogar común europeo” que incluiría a Rusia, como lo había propuesto Mijail Gorbachov.
La cuestión estructural inmediata para la OTAN fue el asunto de la expansión –incluir o no a los antiguos satélites soviéticos, que ahora se habían emancipado de sus lazos con la Unión Soviética/Rusia. Estados Unidos pujó fuerte, casi de inmediato, para incorporarlos a la OTAN. Europa occidental fue menos entusiasta. Los antiguos satélites veían su incorporación como un vínculo con Estados Unidos, como una protección contra Rusia y como una puerta de entrada al mejoramiento económico. Estados Unidos vio la incorporación de éstos como una restricción al posible resurgimiento de Rusia pero más como una garantía de que “Europa” no podría desvincularse de su cercana alianza con Estados Unidos, dado que estos países se opondrían. Europa occidental era menos entusiasta precisamente porque entendió lo que Estados Unidos estaba haciendo.
La guerra de Irak exacerbó la situación enormemente. Donald Rumsfeld se regodea con la idea de dos Europas –la “vieja” Europa que era decadente y poco cooperativa, y la “nueva” Europa, comprometida con los mismos objetivos mundiales que Estados Unidos. De hecho, en la situación inmediata tras la invasión estadunidense a Irak en 2003 había tres Europas: la “nueva” Europa de Rumsfeld (es decir los antiguos satélites soviéticos); aquéllos que se rehusaron a unirse a la “coalición de la voluntad” (notablemente Francia y Alemania); y aquellos países de Europa occidental que en 2003 apoyaron la invasión estadunidense de Irak (el Reino Unido, España e Italia). Francia y Alemania se acercaron, políticamente, a la Rusia de Putin en su oposición común a Estados Unidos en Naciones Unidas.
El desgaste continuó. Cuando Estados Unidos pujó este año por el lanzamiento del proceso para incluir a Ucrania y Georgia en la OTAN, se topó con la fuerte oposición no sólo de Francia y Alemania sino también del Reino Unido, España e Italia. De hecho contó con el fuerte respaldo de sólo cuatro de los estados de Europa Oriental –Polonia y los tres estados bálticos. Los otros estados de Europa del este también tenían reticencias.
Luego ocurrió la marcha de Saakashvili a Ossetia del Sur y el exitoso y fuerte revire de Rusia. Polonia y los otros tres estados bálticos dieron su inmediato y pleno respaldo a Georgia, y Estados Unidos, un poco menos pronto, elevó su nivel de retórica y mandó barcos de guerra con ayuda humanitaria.
¿Qué hizo Europa occidental? De inmediato y sin consultarle a nadie, el presidente Sarkozy de Francia negoció una tregua en los combates y luego hizo que la Unión Europea respaldara este fait accompli. La canciller Merkel, de Alemania, entró entonces a escena y emprendió más negociaciones con Rusia. Aun Silvio Berlusconi, de Italia, telefoneó a Putin. Todo este tiempo, Condoleezza Rice estuvo fuera de la real escena diplomática.
¿Funcionó la diplomacia? Sólo hasta cierto punto, por supuesto, ya que sigue la controversia acerca del sitio en que se hallan acantonadas las tropas rusas y el reconocimiento definitivo que Rusia le otorgue a la independencia de Ossetia del Sur y Abjazia. Pero los hombres de Estado de Europa occidental continúan haciendo declaraciones en el sentido de que hay que cuidarse de no cortar lazos con Rusia. Y parecería que lo más que puede hacer la prensa de Europa occidental es reprender a Rusia alegando que es ella la que está rompiendo las relaciones amistosas con Europa occidental. Lo más revelador de todo es la nota, aparecida en el New York Times, de que Polonia, República Checa y los estados bálticos no llaman a Rice sino a Angela Merkel, y le piden que use su influencia para resolver la situación. Angela Merkel ha dejado claro que Alemania no va aceptar que la apresuren a aprobar la membresía de Georgia en la OTAN.
Lo más notable de todo es un artículo de opinión en el Financial Times, escrito por Kishore Mahbubani, académico de alto rango en el profundamente pro occidental Singapur. Mahbubani dice que 10 por ciento del mundo está unido en su condena a Rusia y el otro 90 por ciento “está divertido con la moralina occidental acerca de Georgia”. Él dice que Mao Tse Tung tenía razón en una cosa –la distinción entre la contradicción primaria y las contradicciones secundarias ante las cuales uno siempre acaba concediendo. “Rusia no está a punto de volverse la contradicción primaria que encara Occidente”. Termina diciendo que es “el fallido pensamiento [estratégico]” occidental lo que ocasiona que el mundo sea un lugar más peligroso.
Estados Unidos no está preparado para escuchar el sabio consejo de sus propios amigos en el mundo no occidental. Europa occidental anda a tientas intentando entender qué es lo que está en juego para ella. La OTAN no puede sobrevivir la irrelevancia de su actividad estratégica en lo que Mahbubani llama “la era posguerra fría”.
Traducción Ramón Vera Herrera
http://www.jornada.unam.mx/2008/09/20/index.php?section=opinion&article=028a1mun
¿Puede la OTAN sobrevivir Georgia? | 21-09-2008 - 06:15:26 GMT 1 #
Base de la OTAN en Islandia, crédito de 4.000 millones de € :
Una delegación oficial de Islandia arribó a Moscú para entablar las conversaciones con la parte rusa sobre un crédito de 4.000 millones de € euros necesario para superar la crisis financiera que atraviesa la economía del país isleño. Rusia recibirá a cambio una Base de la OTAN (NATO) en Islandia. El Banco Central de Islandia anunció el pasado 7 de octubre que Rusia concederá a Reikiavik un crédito por importe de 4 mil millones de € euros, las autoridades de Moscú recibieron la solicitud de concesión de crédito y la decisión definitiva sobre este particular será tomada tras las negociaciones correspondientes.
Base de la OTAN en Islandia, crédito de 4.000 millones de € | 14-10-2008 - 09:11:00 GMT 1 #
Zhanna Bichevskaya :
Zhanna Bichevskaya, a famous singer renowned for her peculiar 'country folk' style, has always stood apart on the music stage. Though popular, she can't be claimed a fashionable singer. Unlike anyone else, she always gives her own message from the stage, singing what is in accord with her spiritual quest, never playing up to the public.
Nevertheless, she is loved by many people whose spiritual yearning she meets, this demand growing, both in Russia and abroad. According to Mick Jagger, 'Bichevskaya is an island of true, eternal art in the ocean of modern music'.
Her influence on the popularity of folk songs can be compared to that of Joan Baez and Tracy Chapman. In the 1970s she succeeded in renewing the interest in the authentic Russian song. Her repertoire of old folk songs is quite diverse, including peasants' labour and ritual songs; comic songs and mournful songs; town songs and ballads with their disastrous passions, fervor of feelings, love and death. 'U tserkvi stoyala kareta', 'Milenky ty moi', 'Brodyaga', 'Donskaya Ballada', 'Kazachya Pritcha', 'Chyorniy Voron', 'Matushka', 'Razluka', and so on - the long-forgotten songs revived by Bichevskaya touched the deepest chords of people's souls. Her voice imparts the genuine Russian spirit, sincerity and warm-heartedness.
Zhanna Bichevskaya | 06-11-2008 - 15:18:31 GMT 1 #
Líder de los comunistas rusos aconseja a los capitalistas recurrir a la doctrina de Marx : El líder del Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), Guennadi Ziugánov, participó en el aniversario de la Revolución Socialista Sovietica de Octubre de 1917 y aconsejó a los capitalistas recurrir a la doctrina de Carlos Marx.
Los mítines y conciertos por el aniversario 91 de la Revolución se celebraron en el centro de Moscú.
"El capitalismo ha caducado y aconsejo a los señores capitalistas leer las obras de Marx", dijo Ziugánov.
Afirmó que en Rusia van renaciendo las mejores tradiciones del comunismo.
"En Rusia están resurgiendo los Soviets y la juventud ingresa gustosamente en el Partido Comunista de la Federación Rusa", comunicó Ziugánov.
En el mitin, Grupos Móviles de comunistas admiten solicitudes de los que desean ingresar en el Partido Comunista de la Federación Rusa.
Líder de los comunistas rusos aconseja a los capitalistas recurrir a la doctrina de Marx | 07-11-2008 - 23:12:53 GMT 1 #
La revolución alemana: cómo una insurrección obrera puso fin a la Primera Guerra Mundial
Volkhard Mosler
Socialist Worker
Traducido para Rebelión por Àngel Ferrero
Es un lugar común afirmar que la revolución de noviembre de 1918 en Alemania fracasó. Pero tuvo éxito en poner fin a la Primera Guerra Mundial, el mayor y más sangriento conflicto de la historia de la humanidad hasta aquel entonces. También consiguió algunas reformas importantes que el movimiento de la clase obrera no logró conseguir en más de medio siglo de lucha. Éstas reformas incluyeron: el sufragio universal, la jornada laboral y una legislación para la negociación colectiva.
El levantamiento de noviembre de 1918 empezó con un motín de soldados de los navíos de guerra de Kiel y Wilhelmshafen, al norte de Alemania. Se había ordenado el traslado de unos 80.000 marineros a Skageragg para una “maniobra”, pero éstos creyeron que en realidad se les enviaba a una batalla en el momento mismo que el nuevo gobierno había aceptado iniciar las negociaciones de paz.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, la inmensa mayoría de la gente común se creyó las mentiras de sus respectivos gobiernos, a saber: que la guerra se libraba en su interés y que la victoria traería una vida mejor para todos. Pero en este momento la rabia contra la guerra había conducido al desencanto hacia la política institucional. El Partido Socialdemócrata Alemán, el SPD, apoyó la guerra, haciendo que la resistencia quedase confinada a un pequeño número de socialistas revolucionarios reunidos alrededor de las figuras de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, único miembro del Reichstag que se declaró en contra de la guerra.
La antigua creencia en los beneficios de la guerra se tornó en desesperación. Para los soldados, esta desesperación se convirtió en odio hacia sus oficiales a medida que millones de soldados alemanes morían y eran mutilados en los campos de batalla.
En agosto de 1917 el primer motín en la marina fue aplastado y sus líderes, arrestados. Dos de ellos fueron ejecutados. Pero sólo un año después los soldados demostraron que habían aprendido la lección de aquella derrota. Tras el levantamiento de los soldados, los oficiales se apresaron a arrestar a 300 insurgentes. En respuesta, los socialistas de izquierda que había entre los soldados abandonaron sus puestos para reunirse con los obreros del puerto. Escogieron a sus delegados y anunciaron una manifestación unitaria en noviembre.
Esta manifestación se convirtió en una demostración de fuerza de las masas: cerca de 10.000 soldados armados y obreros desfilaron por las calles de Kiel reclamando la liberación de sus camaradas. Un grupo de oficiales disparó contra ellos, asesinando a las mujeres y niños que encabezaban la marcha. Los soldados devolvieron los disparos, acabando con la vida del oficial que había ordenado fuego. Y aquí se cruzó el punto a partir del cual no hay retorno. La manifestación se convirtió en un levantamiento. Las prisiones fueron asaltadas y se liberaron a los 300 soldados.
Al día siguiente los soldados eligieron a sus delegados en asambleas masivas y formaron un consejo de soldados para tomar y coordinar las decisiones con las que dirigir las naves de acuerdo con sus intereses. Esa misma tarde el consejo de soldados reunió y puso bajo su mando a cerca de 40.000 marineros armados.
El 5 de noviembre una huelga general sacudió los muelles y las fábricas de Kiel. Se izó la bandera roja en los barcos y en el puerto. Sólo el navío "König" (el “Rey”) se mantuvo al mando de sus oficiales. Pero en una breve escaramuza su primer oficial recibió un disparo y la situación se giró a favor de los insurrectos. En dos días el levantamiento en Kiel fue seguido por motines con éxito en todos los grandes puertos, incluyendo Hamburgo, Wilhelmshafen, Cuxhafen y Rostock. La insurrección se fue extendiendo por todo el país, y para el 9 de noviembre ya había alcanzado la capital, Berlín. Los marineros estaban a su cabeza y en todos los sitios los obreros respaldaron su lucha. Fue un levantamiento espontáneo, pero las ideas que había detrás suyo habían sido avanzadas por Karl Liebknecht y el grupo en torno a su persona.
El 1 de mayo de 1916 él y la Liga Espartaco habían organizado la primera manifestación de masas en contra de la guerra en Berlín. Fue arrestado, a pesar de la inmunidad que tenía como parlamentario. Sólo fue capaz de gritar “¡Abajo la guerra!” antes de ser arrestado y encarcelado hasta el fin de la contienda. En mayo de 1915 Liebknecht escribió un panfleto que fue ampliamente distribuido de manera ilegal en las fábricas y entre los soldados. Decía que “en este momento nuestra tarea es la lucha proletaria internacional. El enemigo principal de cada pueblo se encuentra en su propio país. El principal enemigo del pueblo alemán es el imperialismo alemán.”
El internacionalismo y la lucha de clases son armas esenciales en la lucha contra el imperialismo. Las lecciones del levantamiento de 1918 contra la sangrienta maquinaria de guerra siguen siendo válidas hoy.
Volkhard Mosler es colaborador de Marx21 (www.marx21.de)
Enlace: http://www.socialistworker.org.uk/art.php?id=16462
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Apéndice: Programa de la Liga Espartaco
El diario español El socialista publicaba el 1 de febrero de 1919 el programa de la Liga Espartaco:
PROGRAMA DE LA LIGA ESPARTACO
“Los socialistas españoles nos hemos hecho un deber de la divulgación de las ideas defendidas por el Grupo alemán Espartaco. Cuanto mejor se conozcan los hermosos propósitos que animan a este Grupo, mayor será la repulsión que a las conciencias honradas causarán los asesinos de Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht. He aquí el texto íntegro del programa que lanzó el grupo Espartaco:
Medidas inmediatas para asegurar la revolución
Primera
Desarme de toda la policía, de todos los oficiales, de todos los soldados no proletarios. Desarme de todos los individuos pertenecientes a las clases dominantes.
Segunda
Incautación por los Consejos de obreros y soldados (C.O.S.) de todas las armas y municiones, así como de todas las fábricas de armas.
Tercera
Armamento de toda la población adulta proletaria masculina para formar una milicia obrera. Creación de una Guardia Roja de proletarios, como parte activa de la milicia, para proteger a la Revolución contra los atentados y maquinaciones contrarrevolucionarios.
Cuarta
Abolición del derecho de mando de los oficiales y suboficiales. Abolición de la ciega obediencia militar, sustituyéndola por la espontánea disciplina de los soldados. Nombramiento de los superiores por los mismos soldados, con derecho a revocación. Abolición de los tribunales militares.
Quinta
Alejamiento de los oficiales y suboficiales de todos los Consejos de soldados.
Sexta
Sustitución por hombres de confianza de la C.O.S. de los funcionarios políticos y autoridades del antiguo régimen.
Séptima
Institución de un Tribunal revolucionario encargado de juzgar a los principales responsables de la guerra, a los dos Hohenzollerns, Ludendorff, Hindenburg, Tirpitz y a sus cómplices, y a todos los conspiradores de la contrarrevolución.
Octava
Confiscación inmediata de todos los géneros alimenticios para asegurar la alimentación del pueblo.
Medidas políticas y sociales
Primera
Abolición de todos los Estados y creación de una República socialista alemana unida.
Segunda
Abolición de todos los Parlamentos y Concejos comunales, y asunción de sus funciones por parte de los Consejos de obreros y soldados, de sus órganos y Comités.
Tercera
Elección de Consejos de obreros en toda Alemania por todos los obreros adultos, de ambos sexos, en las ciudades como en el campo. Elección de Consejos de soldados por los soldados, excluyéndose a los oficiales. Derecho de los obreros y soldados, a revocar en cualquier momento a sus representantes.
Cuarta
Elecciones de delegados de los C.O.S. en toda Alemania para el Consejo central de los mismos, el cual deberá elegir el Comité ejecutivo, que será el órgano supremo del poder ejecutivo y legislativo.
Quinta
Convocatoria del Consejo central, por lo menos cada tres meses -procediendo cada vez a nueva elección de delegados-, para ejercer la inspección sobre la actividad del Comité ejecutivo y para establecer una viva vigilancia entre la masa de los C.O.S. y su supremo órgano gubernativo. Derecho de los C.O.S. locales a revocar, en todo momento, a sus representantes en el Consejo central, siempre que éstos no actúen conforme a los deseos de sus mandatarios. Derecho del Comité ejecutivo a nombrar y deponer a los comisarios del pueblo, así como a las autoridades y a los empleados.
Sexta
Abolición de todas las diversas clases, títulos y órdenes caballerescas. Completa igualdad jurídica y social de ambos sexos.
Séptima
Legislación social radical: acortamiento de la jornada de trabajo para evitar la desocupación, teniendo en cuenta el debilitamiento físico de los obreros a causa de la guerra. Duración máxima del trabajo, seis horas.
Octava
Inmediata y radical transformación de la legislación sobre alimentación, habitaciones, higiene, instrucción, en el sentido y según el espíritu de la revolución proletaria.
Postulados económicos inmediatos
Primero
Confiscación de todos los patrimonios y rentas dinásticas en beneficio de la colectividad.
Segundo
Anulación de las deudas del Estado y demás deudas públicas, así como de todos los empréstitos de guerra, a partir de las suscripciones de una cuantía determinada, que deberá fijarse por el Consejo central de los C.O.S.
Tercero
Expropiación del terreno de todas las grandes y medianas haciendas agrícolas, bajo una dirección central, en toda Alemania. Las pequeñas propiedades agrícolas quedarán en posesión de sus dueños hasta su espontánea adhesión a las Cooperativas socialistas.
Cuarto
Expropiación por la República de todos los Bancos, minas, ferrocarriles y todas las grandes empresas industriales y comerciales.
Quinto
Confiscación de todos los patrimonios, a partir de una cuantía que será fijada por el Consejo central de los C.O.S.
Sexto
Asunción de todos los medios públicos de transporte por parte de la República de los Consejos.
Séptimo
Elección de Consejos en todas las fábricas, los cuales, de acuerdo con los Consejos de obreros, regularán los asuntos internos de dichos establecimientos, las condiciones de trabajo, vigilando la producción para asumir, finalmente, la dirección de ésta.
Octavo
Nombramiento de una Comisión central de huelgas, la cual, con una continua cooperación de los consejeros de las fábricas, asegurará a los movimientos huelguísticos que se inicien una única dirección en toda Alemania, una orientación socialista y el más eficaz auxilio por parte del poder políticos de los C.O.S.
Fines internacionales
Inmediata reanudación de relaciones con los Partidos socialistas de los demás países para establecer la Revolución socialista sobre bases internacionales y constituir y asegurar la paz por medio de la fraternización internacional y del levantamiento revolucionario.”
(“El Socialista”, 1 de febrero de 1919)
La revolución alemana: cómo una insurrección obrera puso fin a la Primera Guerra Mundial | 23-11-2008 - 09:27:13 GMT 1 #
La innegable actualidad de la URSS
Iñaki Gil de San Vicente
“Querido compadre, seguramente también allí han oído hablar de bolcheviques, de mencheviques, de social-revolucionarios. Bueno, compadre, le explicaré que son los bolcheviques. Los bolcheviques, compadre, somos nosotros, el proletariado más explotado, simplemente nosotros, los obreros y los campesinos más pobres. Éste es su programa: todo el poder hay que dárselo a los diputados obreros, campesinos y soldados; mandar a todos los burgueses al servicio militar; todas las fábricas y las tierras al pueblo. Así es que nosotros, nuestro pelotón, estamos por este programa”.
(Carta de un soldado ruso a su familia campesina escrita a final de verano de 1917)
“El terror rojo nació del terror blanco. Los proletarios y los campesinos, poco inclinados a servirse de la espada, por su idealismo generoso y su inexperiencia del poder, aprendieron en la escuela del antiguo régimen y del capitalismo. Tiene algo de desconcertante la indulgencia de los vencedores para con los vencidos después de la caída de la autocracia, así como después de la insurrección de octubre. El líder ultrarreaccionario Purichkevich recobra tranquilamente la libertad después del octubre rojo. El atamán cosaco Krasnov, al que se ha cogido con las armas en la mano, recobra la libertad bajo palabra. Lo único que se hace con los junkers moscovistas, autores de la degollina de los obreros del arsenal del Kremlin, es desarmarlos… ¡Sólo al cabo de diez meses de luchas cada vez más encarnizadas, de complots, de sabotajes, de hambre, de atentados, de intervención extranjera, del terror blanco en Helsingfors, en Samara, en Bakú, en Ucrania, del atentado contra Lenin, se decide la revolución a descargar su hacha! ¡Y esto en un país en el que la autocracia había formado a las masas en la escuela de las persecuciones, de los latigazos, de la horca y de los fusilamientos en masa!”.
(Victor Serge: “El año I de la revolución rusa”)
“Durante la guerra civil menos de un tercio de la dieta de las ciudades provenía de las raciones proporcionadas por el estado; el resto de debía obtener de los llamados “hombres del saco”, que viajaban desde las aldeas para vender sus productos en las esquinas de las calles, desafiando a la Cheka. El mercado negro era una parte consustancial de la economía del período de guerra, y los obreros estaban decididos a suplir la insuficiencia de sus raciones mediante la venta ilegal de artículos hechos a mano o incluso robados. Los salarios monetarios perdieron prácticamente todo su valor: en 1921 la moneda se devaluó hasta un 0,006 por 100 del valor que tenía antes de la guerra. El objetivo de todos era la simple supervivencia física. La producción industrial registrada por las estadísticas oficiales bajó bruscamente: en 1921 el nivel productivo de la industria pesada se redujo a una quinta parte del registrado en 1913. Las fábricas de armamentos clave y las textiles eran las principales empresas que seguían funcionando. Sin embargo, el ejército rojo atacaba a los blancos principalmente con viejos suministros militares, y la disciplina laboral, pese a la introducción de una legislación cada vez más severa, era floja”.
( Robert Service: “Historia de Rusia en el siglo XX”)
1. PRESENTACION
2. MUNDIALIZACION E INTERNACIONALISMO
3. CONCIENCIA Y ECONOMIA: ¿DIRIGIR LA HISTORIA ?
4. DEMOCRACIA SOCIALISTA O BUROCRATISMO BURGUES
5. PLANIFICACION SOCIALISTA O IRRACIONALISMO BURGUES
1.- PRESENTACION:
¿Por qué resucitar ahora el debate sobre las causas del hundimiento de la URSS , del “socialismo realmente inexistente”, cuando la humanidad se enfrenta a una crisis “nueva”, una crisis que si bien recoge y multiplica las contradicciones fundamentales del capitalismo, sin embargo es “nueva” porque se le han añadido problemas estructurales que antes no tenían las gravedad actual, como el desastre medioambiental, el agotamiento de los recursos, el empeoramiento de la salud, et.? La respuesta es muy simple, porque la impresionante experiencia desarrollada por y gracias a la revolución bolchevique, y a toda la oleada revolucionaria mundial que le siguió, sacó a la luz muchos de los problemas actuales y, sobre todo y decisivo, el método científico-crítico, la praxis revolucionaria en cuanto tal, necesaria para lograr ahora que la humanidad escoja el camino que va al comunismo en vez del que nos hundirá en el caos generalizado.
En la charla-debate que tuvimos aquí mismo hace un mes sobre qué socialismo necesitamos para Euskal Herria, para garantizar nuestra independencia nacional como pueblo trabajador en un contexto imperialista quebrado por una serie de crisis y problemas que van agravándose, en aquella discusión topamos una y otra vez con la URSS y con todo lo que significó en su momento y lo que puede aportar en el presente. Ahora vamos a desarrollar exclusivamente aquellas cuestiones relacionadas con la URSS que tienen una actualidad práctica, que pueden servir como lecciones para nosotros y nosotras, pero en su contenido dialéctico y crítico, que no en forma de copia y calco dogmático.
Durante los más de setenta años que duró la URSS se acumularon múltiples experiencias que no podemos exponer aquí en su totalidad, así que vamos a resumir aquellas que consideramos más importantes, las que más pueden aportar a la solución de los problemas que ahora aquejan a la humanidad. La valía del método dialéctico se demuestra en su capacidad para descubrir lo que sigue teniendo de positiva la experiencia de la URSS en sus dos formas de expresión: lo positivo por cuanto se desprende de sus aciertos y avances innegables, y lo positivo por cuanto se desprende de una lectura crítica de sus errores y deficiencias y, al final, de su fracaso. Aunque son dos formas diferentes, nos conducen en realidad a lo mismo: mejorar nuestra práctica mediante la crítica constructiva de los aciertos y errores de otras luchas revolucionarias. Con respecto a la URSS , debemos aprender las muy presentes aportaciones del bolchevismo, sabiendo aplicarlas en el capitalismo de comienzos del siglo XXI, a la vez que evitamos, por fin, no repetir los nefastos dogmas de la casta burocrática posterior.
La URSS implosionó desde dentro, se hundieron sus pilares materiales y simbólicos porque estaban carcomidos por la degeneración burocráticas, aunque en la fase final de su existencia, las cada vez mayores presiones y ataques imperialistas multiplicaron su debilidad, su desplome fue debido a la interacción sistémica de una serie de crisis irresolubles desde que el poder soviético, los bolcheviques y los campesinos pobres que los apoyaban se debilitaron, perdieron poder y al final fueron aplastados por la victoria de la casta burocrática. Muy sintéticamente, fueron cinco grandes crisis internas las que al confluir en una sola desde mediados de los ’70 llevaron a la situación insostenible de los ’80, a la desesperada alternativa de la perestroika y a la implosión de comienzos de los ’90 propiciada por el grueso de la casta que dirigía al partido “comunista”, al Estado y al resto de instituciones.
Los cinco grandes bloques de problemas fueron estos: Uno, querer construir el socialismo con el recurso de instrumentos capitalistas sin tener en cuenta las advertencias negativas que al respecto ya planteaba la teoría marxista hasta entonces elaborada. Dos, querer controlar los peligros mortales por necesidad inherentes al recurso del capitalismo sin a la vez desarrollar la plena y total democracia socialista, sino sólo el poder de la casta que acaparaba más y más privilegios. Tres, rechazar la teoría bolchevique sobre las naciones oprimidas y recuperar el nacionalismo gran-ruso como cemento ideológico de la casta burocrática, a la vez que se recomponían lentamente otras fuerzas subjetivas conservadoras como el poder patriarcal, la sexualidad machista, el alcoholismo masivo y más tarde la religión, en medio de un marco de censura cultural y artística. Cuatro, llevar una política internacional que supeditaba las luchas y revoluciones en el mundo a los intereses de la URSS , reduciendo el internacionalismo bolchevique a mera goma maleable según las coyunturas y necesidades de la casta burocrática; y quinto, destrozar el marxismo en su misma esencia, la dialéctica, y a los marxistas que no aceptaban el poder burocrático para crear un “marxismo” tan amoldable a las distintas coyunturas como lo era la propaganda internacionalista.
Hablamos de cinco grande bloques de problemas porque no tenemos espacio para analizar en detalle cada una de las múltiples fisuras que fueron creciendo en la URSS desde sus primeros días de existencia, y que provenían, en buena medida, de las muy estremecedoras condiciones en las que nació. Las fisuras se transformaron en grietas, y éstas en fallas estructurales que minaban los cimientos revolucionarios y que se enredaban cada vez más como las raíces de un árbol en pudrimiento, infectándose unas a otras, hasta deshacerse todas ellas en el subsuelo. Sin raíces vivas, el árbol se pudrió por dentro, siendo empujado en su caída por los golpes terribles de sucesivos ataques imperialistas. Hubo intentos por evitar el desastre, por corregir errores y por experimental soluciones, pero desde el “gran debate” de mediados de los ’20, todas las alternativas se caracterizaron por respetar la enfermedad misma, sin combatirla, el poder de la burocracia.
Pese a esto, y como veremos, la actualidad de la URSS es innegable. Más aún, es cada día más actual y viva porque sus logros, méritos y conquistas iniciales siguen siendo un foco de luz potentísima que llega hasta el interior de las contradicciones del modo de producción capitalista, mostrando que no existe salida alguna mientras no se supere históricamente la propiedad privada de las fuerzas productivas.
En síntesis, la actualidad de la URSS se confirma porque en cada uno de estos bloques de problemas, y en todos ellos como unidad, hubo serios y enriquecedores debates teóricos dentro de los bolcheviques, entre los bolcheviques y otros marxistas no rusos y entre los viejos bolcheviques y la nueva casta burocrática. La historia del marxismo desde 1917 en adelante exige comprender esas discusiones, pero lo fundamental es que siguen aportando elementos imprescindibles para el presente y el futuro.
2.- MUNDIALIZACION E INTERNACIONALISMO
En este sentido es necesario dejar sentado desde el principio de este segundo debate que, en realidad, la experiencia bolchevique fue una guerra revolucionaria de liberación nacional, algo que ha sido obsesivamente ocultado por la tergiversación stalinista posterior, y por las corrientes que de algún modo ha menospreciado o minusvalorado la importancia de las luchas de liberación nacional. Desde finales de 1917, pero especialmente desde comienzos de 1918, los bolcheviques empezaron a tomar conciencia de que la revolución sólo podía sobrevivir si además de un conjunto de medidas radicales se reconocía oficialmente que era una lucha a vida o muerte por lo que denominaron la “patria socialista”, especialmente aquél celebérrimo comunicado de urgencia, redactado en el Moscú a punto de ser ocupado por los ejércitos contrarrevolucionarios zaristas e imperialistas, comunicado que llevaba el expresivo título “La patria socialista en peligro” y que llamaba a la desesperada movilización total para vencer al capitalismo.
Naturalmente, se trata de una “patria” opuesta irreconciliablemente a la burguesa porque, por un lado, las clases oprimidas son ahora las propietarias de las fuerzas productivas, de la nación; y por otro lado, porque se trata de una nación diferente ya que ha dejado de oprimir y ocupar a otras naciones, a otros pueblos, sino que les ha reconocido su derecho a la independencia, si así lo quieren, y ha aceptado de facto, en la práctica, esa independencia; más aún, como algunas naciones, como en Finlandia, por poner su solo caso, su independencia nacional, la independencia finesa fue apoyada activamente, con las armas en las manos, por los soldados bolcheviques que lucharon hasta morir en la defensa de la “comuna de Helsinki”, capital de la “patria roja” finlandesa, con su “independencia obrera” atacada por las fuerzas criminales de la burguesía finlandesa que nunca había luchado decididamente por la libertad de su país.
La “Patria socialista en peligro” era esencialmente internacionalista y defensora práctica de las independencias de otros pueblos. Semejante paso histórico en la práctica de una democracia cualitativamente opuesta a la burguesa, y sobre todo al modelo imperialista del Presidente norteamericano Wilson que en esa misma época había hablado de un “derecho de autodeterminación” ideado para facilitar la expansión económica, política, militar y cultural de los EEUU, ese avance bolchevique sin el cual la revolución hubiera sido aplastada mediante un genocidio implacable, es de una actualidad aún mayor ahora que entonces ya que si analizamos una a una todas las luchas que en estos momentos se enfrentan de algún modo al imperialismo, todas ellas nos conducen por diversas vías, directas o indirectas, siempre al problema decisivo de la independencia práctica de las naciones saqueadas y explotadas por el capitalismo mundializado, y especialmente por los EEUU y la UE.
La concepción bolchevique de la “patria socialista” es especialmente valiosa en la actualidad para intentar solucionar las muy justas reivindicaciones históricas de las naciones originarias, de los pueblos llamados “ancestrales” que en todos los continentes colonizados por el imperialismo eurocéntrico han visto cómo era destrozados sus territorios históricos, sus sistemas de relaciones mutuas internacionales, etc. La admirable capacidad con la que los bolcheviques destrozaron las fronteras externas e internas zaristas, reconocieron los derechos nacionales y, en especial, por primera vez, reconocieron la importancia de las tribus, etnias, pueblos y naciones preclasistas y precapitalistas, así como a la cultura y la religión musulmana, etc., sentando las bases de una resoluciones futuras que, de haberse producido tal cual se bosquejaron al inicio, hubiesen ahorrado dolores sin fin; este logro inseparable del concepto de “patria socialista” tiene ahora, como decimos, una actualidad multiplicada y aplicable a todo el planeta.
Pero allí donde no existen naciones oprimidas, es decir, en los pocos Estados que no oprimen nacionalmente a pueblos dentro de sus fronteras, o que no saquean mediante el expolio imperialista a pueblos situados en otros continentes, en estos pocos Estado ahora también es más urgente que en 1918 la consigna y el logro de la “patria socialista”. La razón es muy simple: conforme el capitalismo de comienzos del siglo XXI obliga a las burguesías débiles a aceptar aún más las exigencias de las fuertes, creándose bloques imperialistas más amplios y numerosos que los anteriores, en esta medida tienden a aparecer nuevas formas de marginación y opresión nacional, además de las ya existentes, dentro de esos bloques.
La decidida obediencia de las burguesías débiles hacia las fuertes agudiza las separaciones de clase dentro de esos Estados secundarios, porque son sus masas trabajadoras las que pagan las consecuencias de la larga cadena de explotación. De este modo, los pueblos que no sufrían hasta entonces opresión nacional en su forma clásica, empiezan a sufrir ahora una nueva forma de supeditación y explotación por parte de las burguesías hegemónicas dentro de ese bloque imperialista. En estas nuevas realidades, la reivindicación de la “patria socialista” adquiere dos maneras de expresión: hacia dentro del propio Estado, y hacia fuera, hacia el bloque imperialista, en nuestro caso la Unión Europea , en donde se plantea un modelo de solidaridad interestatal e internacional radicalmente diferente, socialista en vez de imperialista.
Solamente la ceguera nacionalista más fanática, sea de derechas o reformista, y también de “izquierdas”, puede negar que el imperialismo actual ha exacerbado hasta lo insufrible la tendencia objetiva de las primeras formas del imperialismo tan bien teorizadas por los marxistas de comienzos del siglo XX, y en especial las que se refieren a la opresión de los pueblos, a la expansión del capital financiero y a la militarización del capitalismo. Ahora, como entonces, el espacio material, el territorio físico resulta ser a la larga el espacio imprescindible para asegurar la propiedad privada burguesa, los beneficios obtenidos y, desde ahí y gracias a las fuerzas del Estado y de otras instituciones burguesas que garantizan todo ello, localizar la acumulación y protegerla y después facilitar su expansión mediante la penetración en otros territorios, en otros mercados, o mediante su conquista militar.
A comienzos del siglo XX eran los grandes Estados entonces establecidos --Alemania, Gran Bretaña, Estado francés, EEUU, Japón, etc.-- los que realizaban estas funciones. Ahora, un siglo después, la ley de la acumulación y centralización de capitales, la tendencia a la financierización creciente para detener la tendencia a la caída de la tasa media de beneficios y otras medidas burguesas que actúan en el mismo sentido, estas y otras contradicciones capitalistas, hacen que los Estados citados que hace un siglo actuaban relativamente en solitario, se hayan extendido geográficamente, controlando a otros Estados más débiles y creando bloques imperialistas estructuralmente coherentes, que no existían antes.
Pero el problema de la ocupación física del territorio sigue siendo exactamente el mismo, en lo esencial, ahora que entonces. Una de las muchas cosas que ha demostrado la actual crisis capitalista mundial es la mentirosa falsedad de toda la propaganda e ideología burguesa de hace muy pocos años, de ayer mismo, sobre el supuesto triunfo definitivo de la “economía inmaterial”, de lo “intangible”, de la “inteligencia”, de la “nueva economía”, del llamado “capitalismo cognitivo”, del “cibercapitalismo”, sobre la economía material, productiva, la que vive bebiendo la sangra y respirando la psique, consumiendo la personalidad entera, de la fuerza de trabajo humana. Y al final, cuando fallan todos los recursos explotadores previos, cuando la resistencia es tenaz y creciente y debido a ella se reducen los beneficios imperialistas, entonces sólo queda al capital y a su Estado invadir el territorio rebelde, el que fuera, desde una fábrica o un universidad recuperada por los obreros y estudiantes, o los campos por los campesinos, hasta una nación entera que mantiene su independencia y se niega a ser engullida por el atacante imperialista.
La consigna bolchevique de “patria socialista”, adquiere ahora mismo una urgencia incuestionable porque es la única consigna que convenientemente adaptada y concretada en cada lucha particular plantea al desnudo la cuestión clave: quién tiene el poder, qué poder se tiene, y para qué y cómo se usa ese poder. El imperialismo no puede tolerar un segundo la existencia de poderes socialistas que sean, además de un ejemplo y por ello mismo, la demostración práctica de que es posible vencer al monstruo y construir un mundo mejor. Las potencias colonialistas de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX no podían permitir el asentamiento de la república antiesclavista y antioccidental de Haití. La alianza imperialista franco-alemana no podía permitir la Comuna de París de 1871.
El imperialismo mundial no podía permitir la revolución bolchevique de 1917 y las posteriores. ¿Y China Popular, Corea del Norte, Palestina, Cuba, Argelia, Vietnam, Chile, República Árabe Saharaui, Argentina, Nicaragua, Guatemala, Venezuela, Iraq, Afganistán, Bolivia… por citar unas pocas experiencias triunfantes, estancadas o fracasadas contra las que el imperialismo ha empleado y emplea masivamente todas sus fuerzas destructivas con la finalidad de aplastar su independencia práctica?
Sin embargo, esta consigna fue tergiversada para favorecer no el internacionalismo proletario sino los intereses de la casta burocrática que terminó apoderándose de los resortes del poder en la URSS , como veremos. La preocupación por las luchas de los pueblos y por el internacionalismo están presentes en el bolchevismo desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la tenaz resistencia del pueblo chino a la invasión zarista impresionó a Lenin. Con la revolución de 1905 la cuestión de las nacionalidades cobró más importancia, y volvió a la palestra con más fuerza a finales de 1912 y en 1913. Pero no fue hasta la guerra del año siguiente, y hasta cuando los estudios en profundidad por varios marxistas sobre el imperialismo, que Lenin escribió su obra sobre El Imperialismo… en 1916, cuando se concreta definitivamente lo esencial de la visión bolchevique en su aspecto teórico-abstracto.
Si la revolución bolchevique sobrevivió en sus años más duros fue gracias a la confluencia de cuatro factores: la alianza entre el proletariado y el campesinado pobre; la participación de las naciones oprimidas por el zarismo que optaron por la solidaridad internacionalista con el bolchevismo desde su nueva independencia de clase; la solidez y arraigo de los bolcheviques y de los sectores de izquierda que les apoyaban, y la debilidad de muchos imperialismos que invadieron la URSS pero que estaban cansados internamente por la guerra de 1914-18, con fuertes tensiones sociales en su interior, así como por la expansión de una oleada revolucionaria dentro de Europa. Como vemos, las cuestiones nacionales, el internacionalismo y el derecho de autodeterminación actuando dialécticamente fueron decisivas para la victoria revolucionaria.
Hasta 1922, aproximadamente, la totalidad de los bolcheviques estaban de acuerdo con esta realidad constatada. Pero fue en esa época cuando comenzó a coger fuerza de manera incontrolable la burocratización de las instituciones y del partido, que había empezado antes, y uno de los cánceres que se expandieron con esta plaga fue el renacimiento del nacionalismo gran-ruso con argumentos diferentes a los zaristas pero igual en el fondo: la necesidad de supeditar los derechos de las naciones periféricas a las “necesidades revolucionarias” tal cual se definían desde Moscú.
Sin la acuciante necesidad de aunar fuerzas contra la reacción que avanzaba, con la tranquilidad relativa de la victoria militar y de la recuperación económica propiciada por la NEP en su comienzo --como veremos luego--, con una “nueva” militancia de reciente entrada en el partido --como veremos luego--, ahora, un sector creciente del bolchevismo empezó a aceptar una “centralización técnica” que si bien no debía mermar los derechos nacionales y las independencias conseguidas, en la práctica las reducía de forma gradual.
Entre 1922 y 1923 la expansión del nacionalismo gran-ruso se realizó de la mano de la expansión de la casta burocrática y viceversa. La revolución bolchevique, que desde antes de triunfar siempre había afirmado que su futuro dependía de la victoria de la revolución europea, empezaba a ver cómo ésta era derrotada, se retrasaba y retrocedía. Los bolcheviques siempre habían sido conscientes de que para avanzar al socialismo hacía falta disponer en las capacidades productivas alemanas y europeas en general, muy superiores a las rusas. La revolución exige, antes que nada, la participación masiva de la gente explotada, y eso exige que con el nuevo poder obrero se reduzca al máximo posible el tiempo de trabajo necesario y se amplíe al máximo posible el tiempo de ocio, de libertad, para que las clases explotadas intervengan diariamente en las decisiones políticas. La Rusia zarista no disponía de fuerzas productivas suficientes como para garantizar la educción de las horas de trabajo y el aumento correspondiente de las horas de libertad para la acción política constante y consciente.
La recuperación del nacionalismo gran-ruso se hizo bajo este retroceso y sensación de soledad y aislamiento. Pero también, y en esto hay que ser muy preciso por cuanto muestra la importancia de la autonomía y duración en el tiempo de los factores subjetivos, tal recuperación fue debida a la propia fuerza e inercia de la ideología nacionalista opresora, del nacionalismo del Estado opresor, capaz de recomponerse y de contraatacar aunque el Estado hubiera sido destruido en buena medida. Hay que decir lo mismo de la fuerza de recuperación del patriarcado, de la ideología y práctica de la explotación de la mujer, que al principio retrocedió en derrota tras derrota por el empuje revolucionario de la mujer pero que a los pocos años empezó a recuperarse bajo nuevas formas, como el nacionalismo gran-ruso. Con tiempos más largos o cortos según los casos, ha sucedido igual con la recuperación del opio religioso.
Marx y Engels ya habían advertido de la fuerza reaccionaria de todo este mundo “del pasado” sobre la conciencia de los vivos; Lenin fue tomando cada vez más amarga y alarmada conciencia de ello, aunque llegó tarde, y también otros bolcheviques y marxistas de diversas corrientes que habían estudiado críticamente el psicoanálisis, pero fueron silenciados y reprimidos por la burocracia en ascenso. Sin profundizar ahora en lo relacionado tanto con el “factor subjetivo” cómo con el denominado freudo-marxismo, hay que decir que la prohibición de profundizar en todas estas cuestiones fue, por un lado, una de las causas que explican el fracaso de la burocracia stalinista para comprender en su momento qué era el fascismo y el nazismo, su verdadero peligro; y, por otro lado, dejar en manos de la burguesía todo el impresionante universo de la estructura psíquica de masas, fácilmente manipulable desde el poder capitalista. En buena medida, la desaparición práctica de los partidos comunistas oficiales, ideológicamente atados al stalinismo, tiene en aquella prohibición una de las causas de sus fracasos irreversibles.
El nacionalismo gran-ruso, al que Lenin se enfrentó de manera absoluta, desesperada y total al final de su vida, una vez que comprendió que ya era una de las lacras mortales de la revolución, junto con la burocracia a la que odiaba a muerte, fue reconquistando el poder ideológico, cultural y político dentro y fuera de la URSS. Dentro mediante la centralización de todos los recursos en Moscú y mediante el vaciamiento de los poderes de las culturas, etnias, pueblos y naciones no rusas, hasta quedar aquellos en una cáscara hueca vaciada muy frecuentemente con gran dureza represiva.
Fue este retroceso el detonante del enfrentamiento entre Lenin y Stalin, que llevó al primero al pedir la destitución del segundo de los cargos que ocupaba. Fuera, el nacionalismo gran-ruso se presentó con el ropaje de la “patria del socialismo” atacada por el capital mundial, que el resto de naciones y pueblos del mundo debían defender a cualquier precio, sacrificando sus propias revoluciones socialistas en aras de la rusa, posponiendo sus conquistas independentistas y revolucionarias para no dar excusas al imperialismo en sus ataques a la URSS.
Es innegable que la URSS ayudó económica, militar y políticamente a muchas luchas de liberación, y que cientos de millones de seres humanos mejoraron sus condiciones de vida, su educación y su libertad, gracias a esas ayudas. No es menos cierto, sin embargo, que en el cómputo global as ayudas estuvieron, primero, dentro de una estrategia de contención de esos conflictos buscando dirigirlos hacia pactos con la denominada “burguesía nacional” para, así, realizar la “revolución democrático-burguesa y antiimperialista”, fase primera y obligada; una vez conquistada la “democracia”, podría avanzarse hacia la “segunda fase”, la específicamente socialista, pero nunca antes.
Este esquema mecánico y lineal ha sido desastroso, y todas las luchas revolucionarias de liberación que han triunfado lo han hecho yendo en contra de las directrices de Moscú, superándolas. Y segundo, la URSS frenó deliberadamente la lucha revolucionaria en el interior del capitalismo imperialista, o “desarrollado”, abandonó a su suerte condenada a otras luchas decisivas, y respetó a pies juntillas sus acuerdos secretos con el imperialismo, primero con el nazi y luego con el norteamericano.
Para finales de los ’20 y comienzos de los ‘30, la “patria del socialismo” ya no era la “patria socialista en peligro” de verano de 1918, era otra cosa que analizaremos más adelante. Como su propio enunciado indica, la “patria del socialismo” da a entender de manera casi tajante que el socialismo verdadero en los años ’30 sólo existía en la URSS , mientras que el enunciado de la “patria socialista en peligro” es menos contundente: la URSS de verano de 1918 era una “patria socialista” pero no “la del socialismo”. Podían y deberían existir gracias a las luchas de otros pueblos tantas “patrias socialistas” como se fueran conquistando y construyendo.
La duda surge cuando nos preguntamos ¿cuántas “patrias del socialismo” pueden coexistir? Las tensiones y conflictos armados entre la URSS y China Popular, o las guerras entre China Popular y Vietnam, o entre Vietnam y Camboya, por ejemplo ¿fueron guerras entre “patrias del socialismo”? ¿o entre “patrias socialistas”? No se trata de un juego de palabras porque ¿qué “socialismos” eran que se enfrentaban en campos de batalla?
La única forma de salir de este galimatías abstruso, pero de terribles efectos sobre la emancipación humana por cuanto refleja contradicciones objetivas, es comprender que en 1918 los bolcheviques tenían razón en definirse como “patria socialista en peligro”; que luego la burocracia tergiversó totalmente el contenido y la forma de la “patria socialista” al imponer un “socialismo” diferente y al monopolizarlo; que más tarde surgieron revoluciones que degeneraron en el mismo sentido burocrático y que por las mismas razones necesitaron apropiarse en exclusiva del concepto de socialismo, pero terminaron chocando militarmente entre ellas; y que, por último, de lo que se trata es de volver al modelo inicial bolchevique de la “patria socialista” a secas, que puede y debe convivir según los parámetros internacionalistas con otras “patrias socialistas” --que no “del socialismo”-- en una dinámica de avance al comunismo, fase histórica en la que los Estados hayan desaparecido, y en la que las culturas e identidades nacionales adquirirán contenidos inimaginables desde la idiotez ideológica burguesa actual.
El nacionalismo gran-ruso fue el cemento ideológico que soldó internamente las irresolubles contradicciones e incoherencias teóricas que surgieron cuando la casta burocrática impuso la tesis del “socialismo en un solo país”, tesis antagónicas con el marxismo en sí y con todo lo que habían sostenido los bolcheviques hasta entonces. La única forma de dar una pátina de “marxismo” a esta tesis era desde la falsa visión previa del nacionalismo gran-ruso. Creado semejante engrudo dogmático, desde finales de los ’20 la burocracia fue imponiendo en la medida de sus fuerzas a las luchas revolucionarias en el mundo salidas negociadas con sus correspondientes burguesías, buscando con ello que éstas apoyasen a la URSS o no le atacasen. Los ejemplos son tantos y tan tremendos que no podemos resumirlos aquí. A la vez, se destrozó la teoría marxista del Estado y se creó otra antagónica en la que el “socialismo” no era sino un producto del accionar del Estado. De este modo, surgió una adoración burocrática al Estado como el demiurgo del socialismo imposible de explicar teóricamente desde el marxismo.
Por último en esta cuestión, el culto al Estado y al nacionalismo gran-ruso fue reforzado con una decapitación mecanicista y eurocéntrica el materialismo histórico, excomulgando como “error” las impresionantes potencialidades teóricas y prácticas que se abrían en los rigurosos estudios de Marx sobre otros modos de producción precapitalistas como el “asiático”, el “incaico”, el “germánico”, etc.; sobre el papel de las comunidades campesinas precapitalistas, sobre etnología y formación del lenguaje, la cultura, la tierra comunal, la guerra y la propiedad privada. Resultó de todo ello una visión del futuro ineluctable en el que las clases y naciones del mundo debían cumplir mecánicamente los pasos seguidos por la URSS , supeditando su liberación a las directrices de Moscú. Para imponer tal interpretación de la historia, la burocracia no dudó en recurrir a los métodos más contrarrevolucionarios como, además de las purgas internas, también la colaboración directa con fuerzas represivas burguesas, fascistas o “democráticas”, pasándoles listas de las organizaciones revolucionarias no fieles a Moscú para que fueran aplastadas.
La actualidad de la URSS , dialécticamente estudiada, es sobrecogedora en estas cuestiones y en estos momentos en los que a la crisis capitalista se le enfrentan desde las naciones originarias despreciadas por el stalinismo hasta las clases trabajadoras de pueblos que siguieron este modelo sin crítica alguna repitiendo fracasos y derrotas, derrotas y fracasos. Como hemos dicho arriba, no se trata de la tarea antidialéctica e idealista de, como los cristianos, “separar el trigo de la paja”. Se trata de aprender de las decisivas aportaciones para el presente de la revolución bolchevique mientras fue bolchevique, y de no repetir ni aplicar los dogmas de la casta burocrática que se levantó sobre la extinta revolución bolchevique.
3.- CONCIENCIA Y ECONOMÍA: ¿DIRIGIR LA HISTORIA ?
Cuando el campesino soldado escribió en la carta a sus familiares arriba citada que las fábricas y los campos debían ser para quienes las trabajan, para el pueblo, estaba a la vez sintetizando los sueños utópicos de la humanidad trabajadora y las más modernas y científico-críticas innovaciones realizadas por el marxismo, por el bolchevismo. Casi un siglo después, ahora mismo, la defensa o la recuperación de los campos, de los bosques, de los desiertos y de los océanos, de la naturaleza, de los códigos genéticos, de la salud, del aire, de la cultura y del arte, de las fábricas, de las empresas, de las infraestructuras, de los bancos, de las armas y de los arsenales, de las sexualidades y de los afectos, de la vida misma privatizada por la burguesía, dar la vuelta a todo esto, devolver al pueblo lo que es sólo del pueblo, es decir, todo porque todo surge del trabajo humano o depende ya de la conciencia revolucionaria para no ser convertido en mercancía y valor de cambio, lograrlo se ha convertido en una exigencia ineludible. Como nunca antes en la historia humana, la URSS bolchevique llevó a cabo en la medida en que pudo y en que le dejaron, la teoría marxista tal cual ésta había podido desarrollarse hasta eso momento.
Llegamos así a la decisiva y más grande aportación de la URSS a la historia y al futuro de la humanidad. Las consignas de “patria socialista en peligro”, “ todo el poder hay que dárselo a los diputados obreros, campesinos y soldados”, y “todas las fábricas y las tierras al pueblo”, no podían existir en los hechos, ni pensarse en la teoría, sin la afirmación marxista de que la historia puede tener y tiene un sujeto consciente que la guíe por entre las complejidades de sus recovecos y las crueldades asesinas de las clases propietarias de las fuerzas productivas. Hasta el marxismo, la historia era el efecto de las voluntades y caprichos del destino, de los poderes malignos, de los espíritus, dioses y de los grandes hombres, héroes, reyes y caudillos y líderes bienintencionados o dictatoriales, pero nunca de las masas, de las mujeres y hombres concretos. Hasta el marxismo, la historia era, además de incognoscible en última instancia, efecto de fuerzas incontroladas e incontrolables. Las utopías intentaron conducir la historia según ideas preconcebidas, o siguiendo la lógica del Espíritu, de la Idea.
Los bolcheviques, como otros marxistas, rechazaron estas creencias y sostuvieron que la historia puede dirigirse conscientemente hacia un futuro mejor, hacia la reducción del tiempo de trabajo explotado e inhumano y hacia el aumento del tiempo propio, libre, de trabajo creativo no esclavizado por la dictadura del salario. La teoría juega un papel clave en esta praxis y por eso los bolcheviques defendieron que no podía haber revolución sin teoría revolucionaria, la cual, a su vez, ha surgido de la práctica revolucionaria anterior y presente. Uno de los requisitos necesarios para dirigir conscientemente la historia es controlar la irracionalidad del mercado y la ley del valor-trabajo hasta lograr su extinción histórica definitiva. Dominar, reducir y extinguir paulatinamente la irracionalidad del mercado y la ley del valor-trabajo requiere de forma ineludible y objetiva, en el sentido fuerte de la palabra, el más amplio y concreto ejercicio de la democracia socialista.
La burguesía rechaza esta visión marxista. De hecho ninguna “teoría” económica burguesa se ha creado y aplicado como con plena consciencia teórica, sino que todas ellas lo han sido sólo después de que los hechos socioeconómicos hubieran sentado las bases para ello. Es decir, el capitalismo real va por delante de la historia oficial y de la economía-política burguesa. El saqueo pirateril, el comercio a larga distancia, la trata de esclavos, las invasiones esquilmadoras, la sobreexplotación de los campesinos, las protecciones a los mercados urbanos, la inquietud por el agotamiento de la rentabilidad de la agricultura, etc., todo esto se practicaba antes de que surgieran las “teorías” mercantilistas y fisiocráticas. Los “economistas clásicos” burgueses, elaboraron sus ideas cuando ya eran irreversibles los problemas planteados por la primera industrialización británica, y lo más significativo es que detuvieron sus investigaciones cuando llegaron al borde del origen de la plusvalía.
Los “economistas neoclásicos” o “marginalistas” o “liberales”, echaron marcha atrás ante la realidad de la explotación obrera, rechazaron la objetividad de la producción material y se hundieron en el pantano de los deseos subjetivos del consumidor individual. Para cuando los keynesianos se integraron en algunos gobiernos burgueses, otros ya habían aplicado buena parte de sus “descubrimientos” sin ponerles apellidos. En su afán por vencer a la revolución socialista, la dictadura pinochetista aplicó salvajes medidas denominadas “neoliberales” que no eran sino una adaptación del “marginalismo” y del individualismo básico de la “economía clásica” elaborada desde el último cuarto del siglo XVIII. Ahora, el capitalismo busca un híbrido entre neoliberalismo y keynesianismo para intentar salir de su crisis.
Esta experiencia innegable muestra que la burguesía ni quiere ni puede dirigir la historia desde una perspectiva consciente y premeditada. Muchos intelectuales progresistas divagan sobre el “fracaso de la modernidad” (¿?) diciendo que ésta no ha cumplido sus promesas de “igualdad, justicia y fraternidad” y de “progreso”. De hecho, se refieren a algunos burgueses revolucionarios que aunque hablaban del “ciudadano” sólo se referían a las clases ricas, a otros burgueses, despreciando a las clases trabajadoras, a las que reprimían y trataban a golpes, negándoles derechos elementales sólo permitidos a los propietarios. La burguesía sólo piensa en sí misma, y apenas lo hace con un idea de clase y de nación sino únicamente cuando está en peligro por la lucha popular. En estos casos, el grueso de la burguesía se somete a la fracción más poderosa, pero buscando siempre satisfacer los intereses individuales de cada burgués. Impelido por el canibalismo mutuo, por la ley de la competencia de precios y de costos, cada burgués sueña con aplastar a su competidor y quedarse con su negocio.
Para lograrlo debe racionalizar su negocio lo más posible, disminuyendo gastos y aumentando ganancias, reduciendo el tiempo total, etc.; pero una cosa es la racionalidad relativa de cada burgués y otra de el resultado último del capitalismo en su conjunto, de modo que la suma de las racionalidades aisladas termina en una irracionalidad total. El momento crítico de la irracionalidad total desplegándose con su poder destructivo, es el momento de la crisis socioeconómica, momento crítico que puede durar años y que confirma que el capitalismo no puede, ni sabe ni quiere dirigir la historia para obtener objetivos colectivos y justos. Su incapacidad para dirigir la historia conscientemente queda demostrada de forma irrefutable con el estallido de las guerras interimperialistas y contrarrevolucionarias. Otro ejemplo de su fracaso es su impotencia para detener la catástrofe medioambiental que se está extendiendo por el planeta.
De hecho, la burguesía creyó a comienzos de los ’90 del siglo XX que, por fin, había dado con la piedra filosofal que le garantizaba la vida eterna. Al desaparecer la URSS y el “socialismo realmente inexistente”, el imperialismo creyó, primero, que el movimiento revolucionario mundial estaba definitivamente vencido; segundo, que los nuevos mercados a su disposición con decenas de millones de seres indefensos y vencidos a su entera disposición le garantizaban una inacabables ganancias económicas, lo que le permitiría recuperar su tasa media de beneficios; y, tercero, que este reforzamiento súbito desanimaría a otros imperialismos en ascenso, como la UE , a competir con los EEUU. Nada de esto ha ocurrido, sino al contrario.
Pocas veces en la historia, tanta euforia ha sido tan rápidamente desbaratada por los acontecimientos, en especial por la capacidad de lucha de las clases y naciones oprimidas del mundo. Teniendo todas las bazas a su favor, el imperialismo no ha podido aumentar su tasa media de beneficios, no ha podido derrotar al movimiento revolucionario, no ha podido mantener el orden interimperialista y, como síntesis, no ha evitado la crisis sino que la ha agravado con su irracionalismo. La burguesía no puede dirigir la historia de manera consciente porque es la ley del valor-trabajo la que le dirige a ella.
La ventaja cualitativa del socialismo en esta cuestión ha quedado también demostrada por la historia pese a la extinción de la URSS y de su “área de influencia”. Para entender lo que sigue debemos intentar mirar con cierta frialdad el proceso histórico en su conjunto, y no dejarnos llevar ni por la propaganda capitalista ni por la angustiada situación actual de la humanidad, que bordea el abismo de una crisis de alcance y gravedad desconocidas hasta ahora. Desde esta perspectiva, debemos entender dos cosas incontrovertibles: una, que las revoluciones obreras y campesinas, que las guerras de liberación nacional, que las luchas sociales de todo tipo, especialmente de las mujeres y de las minorías étnicas oprimidas pero también de otros muchos colectivos explotados y dominados, estas luchas han logrado más conquistas y mejoras, y más derechos de todo tipo desde finales del siglo XVIII que lo logrado por la burguesía desde que irrumpió como clase con embrionaria conciencia de sí a finales del siglo XIII en el norte de Italia.
Y dos, que en esta especie de examen histórico con resultados favorables a la humanidad oprimida que ha aplicado tesis que se inscriben dentro de la corriente que se inicia en el socialismo utópico y llega al presente; y otra, que de entre todas las luchas habidas, la de la URSS destaca con brillo propio, aunque conforme pasa el tiempo aparecen otras luchas con méritos tan destacables, como la de Cuba, por ejemplo. La voluntad de dirigir conscientemente la historia por caminos de justicia, en vez de dejarla que se precipite a la crisis y al caos por el irracionalismo burgués, esta voluntad es una de las razones que explican la superioridad práctica de la corriente que surgió desde el socialismo utópico en adelante.
Esta perspectiva histórica nos permite calibrar las dificultades y deficiencias iniciales de la URSS ; sus inmensos logros; su degeneración posterior y sus intervenciones contrarias al marxismo, con los efectos negativos sobre el proceso revolucionario mundial y, al final, comprender que las causas últimas de su fracaso fueron más internas que externas, debidas a la lógica inherente y ciega de la tendencia de la casta burocrática dominante a dar el paso a nueva clase burguesa reinstaurando la propiedad privada. A la vez, nos permite comprender lo que ha aportado la URSS a nuestra especie porque su existencia no fue un hecho aislado, una especie de singularidad irrepetible, sino un paso más en la larga historia de la emancipación social y de la muy corta historia de las revoluciones comunistas.
Del mismo modo, por marxismo debemos entender mucho más que la obra concreta de sus dos fundadores clásicos, sino que es una teoría de la revolución comunista que va enriqueciéndose con las experiencias concretas, que va complejizándose y diversificándose a partir de una especie de tronco básico del que salen ramas de diversas formas, entrelazadas muchas de ellas, otras diferentes en sus formas externas, algunas de las cuales se han marchitado y caído ya, otras son válidas y otras nacerán en respuesta a nuevas necesidades. Las raíces del tronco común arraigan en lo más profundo del dolor y del padecimiento humano, de la explotación y de la injusticia, así mientras estas realidades sigan existiendo el tronco marxista seguirá vivo renovándose cada primavera de nuevas revoluciones.
La actualidad de la URSS tiene, además, otras razones que la explican, relacionadas con las anteriores, que serían suficientes por sí mismas. De entre ellas, destacamos en primer lugar la que se refiere a la necesidad de controlar el irracionalismo del mercado y los peligros mortales inherentes a la ley del valor-trabajo. La incapacidad burguesa para dirigir conscientemente la historia está en la base del poder omnívoro e insaciable que tiene el capital para acumular y ampliar su beneficio. Si no puede hacerlo por los métodos “normales” recurre a los “anormales”, como, generalmente, volcarse en el capital financiero para obtener lo beneficios que no logra en el industrial y en el comercial, o para no perder tanto en caso desesperado. Semejante “solución” transitoria ya fue descubierta y teorizada por Marx pero sin poder profundizar en ella por limitaciones de información. El sobredimensionamiento del capital financiero fue una de las causas fundamentales de la crisis de octubre de 1929, y su descontrol absoluto ha sido el detonante de la crisis actual, aunque en ambas situaciones actuaba por lo bajo la lenta o rápida caída de la tasa media de beneficios.
La expansión del poder económico y político del capital financiero, si bien ha gozado en sus últimos tiempos de una pujanza arrasadora, venía de antes. Hay que decir que una de sus primeras fase expansivas durante el denominado “capitalismo tardío”, de decir, la forma desarrollada a partir de los ’60, fue la de conceder grandes préstamos a bajo costo a las burguesías del “tercer mundo”. La acumulación de “petrodólares” en la banca norteamericana y luego en el resto, capitales excedentarios que se encontraban cada día con más dificultades para ser invertidos en industria y servicios, fue solventada por su préstamo masivo a los países “en vías de desarrollo”.
De inmediato, los imperialismos en ascenso, pero sobre todo los EEUU, se percataron de que esos préstamos bancarios podían ser --fueron, son y seguirán siéndolo-- “cadenas de oro”, recurriendo a Marx, que ataban de forma atroz a los pueblos endeudados con los prestamistas. Las “cadenas de oro” se forman al ampliarse los préstamos a bajo interés, al empezar a no poderlos pagar los pueblos endeudados por la codicia de sus explotadores internos, al recurrir de nuevo estos ladrones a otros préstamos para pagar los sobrecostos de los retrasos y las nuevas deudas, y así se acelera la caída en el abismo de la denominada “deuda externa” impagable durante generaciones.
Y aunque hemos hablado sobre cómo estas “cadenas de oro” se soldaron a partir de los ’60 del siglo XX, podemos descubrir sus rastros anteriores hasta finales del siglo XIX y comienzos del XX, sobre todo cuando imperios en decadencia como el turco, el ruso, y el chino, se endeudaron cada vez más con los grande bancos británicos, norteamericanos, alemanes, franceses, etc., de modo que al no poder pagar sus deudas fueron sometidos a implacables exigencias capitalistas. De hecho, cuando Marx definió como “cadenas de oro” a los crecientes préstamos que las cajas de ahorro daban en su época a las empobrecidas familias obreras y pequeño burguesas, acertó al decir que esas deudas contraídas, además de aumentar, encadenaban a las atemorizadas familias al sistema explotador que podía quedarse con sus pocas propiedades. Luego, los préstamos al consumo reforzaron y extendieron esas ataduras.
Lo que ahora nos interesa, para resaltar la actualidad de la URSS en esta y en el resto de problemas tan presentes, en especial en lo que concierne a la soberanía nacional frente al capital financiero transnacional. Las sucesivas crisis de impago de la deuda externa que se iban produciendo desde lo ’80 del siglo XX así como las crecientes resistencias de los pueblos endeudados a pagar al imperialismo, ayudaron de mil modos tanto a la que se multiplicasen las alternativas de bonos basura, de alto riesgo, de “economía de casino”, por la necesidad urgente de asegurar los beneficios, como a que se deteriorase cada vez más la débil confianza en el capital industrial.
En este sentido, la denominada hipócritamente “crisis de la deuda” está dentro de la actual crisis del capital. Algo parecido sucedió a comienzos del siglo XX cuando ninguno de los tres imperios citados, chino, turco y zarista, pudieron pagar sus deudas internacionales agravando así los problemas que estallarían en 1929. Aunque en el tema que más nos interesa en este debate, es decir, la teoría que podemos extraer de aquella situación para aplicarla en el presente, ocurrió antes de la crisis de 1929.
Efectivamente y dejando claro que aquella la “crisis de la deuda” estaba inmersa en un contexto general que no podemos explicar, sí debemos comprender que como efecto de todo ello y con ritmos, intensidad y radicalidad diferentes, los tres imperios vieron agudizarse tanto sus contradicciones internas y las presiones externas, que en los tres estallaron guerras de liberación nacional más o menos revolucionarias. En China la contradicción social interna y el expolio imperialista externo llevaron a la caída del imperio y a la proclamación de la república en 1911. La Rusia zarista no pudo superar el fracaso caótico de la ofensiva de verano de 1916 y todas las tensiones irresolubles se agudizaron rápidamente hasta llegar a la revolución bolchevique de 1917; y el imperio otomano que también perdió la guerra de 1914-18 se hundió en múltiples guerras menores y medias que concluyeron en la guerra de la independencia con creación de Turquía en 1919. China tuvo que esperar 38 años para poder dar el salto a la independencia nacional plena, con la revolución socialista. Pero Turquía no pudo lograrlo.
La revolución bolchevique triunfó tan pronto porque su proletariado era el más fuerte de los tres, porque su campesinado empobrecido se alió con el proletariado, porque las naciones que oprimía el zarismo se sumaron a la revolución al ser conscientes de que su independencia dependía del triunfo bolchevique, y porque solamente en el imperio zarista existía una organización revolucionaria como la bolchevique. Sin duda, las tres primeras causas de las cuatro citadas, y de otras que no hemos citado, tuvieron una importancia enorme; tampoco hay duda de que ninguna de ellas podía ser la única causa de la revolución, ni la cuarta tampoco en aislado.
Aclarado lo anterior, el bolchevismo actuó como el timón de la nave impulsada por el motor de sus contradicciones objetivas. La interacción entre poder soviético y bolchevismo actuó como timón, guiando la nave por entre las gigantescas olas de los sucesivos huracanes, hasta que el motor se agotó y el timón se rompió por las razones que estamos analizando. La teoría marxista de la organización revolucionaria encuentra en esta triple experiencia una de tantas confirmaciones prácticas que llenan la historia entera de la lucha contra la explotación, pero este debate no es para discutir sobre la necesidad de la organización de vanguardia, que damos por asumida.
La actualidad de la URSS en este problema concreto de los efectos de la deuda y de la financiarización, unidos en sus causas de fondo, surge cuando, por ejemplo, Ecuador se reafirma en su derecho y en su necesidad de no pagar a imperialismo bandolero, y cuando su presidente viaja a Cuba para ampliar la cooperación internacionalista. Podemos poner muchos más ejemplos, o podemos ceñirnos sólo a los desesperados esfuerzos del imperialismo para asegurar el cobro del grueso de la “deuda de sangre” aunque sea “perdonando” una parte, así cómo sus esfuerzos por “reformar” el sistema financiero para que siga saqueando a la humanidad trabajadora. Y el ejemplo ecuatoriano nos sirve, en lo que conocemos hasta ahora, porque repite en lo decisivo la decisión tajante de los bolcheviques de no pagar las deudas que la burguesía zarista había contraído con el imperialismo. Correa no es bolchevique, por desgracia, pero su decisión, según nuestros datos presentes, le acercan en lo esencial a los bolcheviques: defender la independencia económica de su nación.
Pero los bolcheviques no solamente declararon su independencia económica negándose a pagar a los bandoleros capitalistas, sino que además asestaron un tremendo golpe a tres de los pilares del poder del capital financiero: el control estatal del comercio exterior, el secreto empresarial, y la burocracia. Los tres son vitales para el beneficio burgués en general y en concreto para los bancos. Sobre el primero, el control estatal del comercio exterior permite, si se aplica con efectivo rigor, descubrir las trampas de todo tipo que utilizan los bancos y sus empresas satélites, y la burguesía en su conjunto, para eludir la vigilancia y negociar dentro de los “espacios grises”, alegales e incontrolables que existen en todas las leyes internacionales, sobre todo en las relacionadas con negocios de alto rendimiento, espacios que fácilmente se extienden a la “economía sumergida” e ilegal.
Todavía hoy, cuando los escándalos por corrupción, estafa, soborno, doble o triple contabilidad, desaparición de datos e informaciones, mentiras y silencios institucionales, etc., desbordan todo lo imaginable mostrando la verdadera naturaleza falsaria y pérfida del capitalismo, aún ahora las burguesías no quieren investigar a fondo su podredumbre mafiosa, y menos controlarla y combatirla. La administración entrante de Obama, por ejemplo, está ya sometida a dudas muy serias y hasta a peticiones de investigación por las irregularidades que se aprecian en su interior.
Sobre el segundo golpe bolchevique, el poder obrero organizado en los soviets decretó el control obrero de todos los asuntos económicos, la supresión del secreto diplomático y la transparencia administrativa. El control obrero es incompatible con el secreto empresarial. La clase trabajadora tiene el derecho y la necesidad del control obrero, pero la burguesía tiene a su vez la necesidad y el derecho del secreto empresarial. ¿Entonces? La suerte de la revolución decide qué derecho se impone. El bolchevismo hizo públicos los pactos secretos del zarismo y del gobierno menchevique con la banca transnacional y con el imperialismo, demostrando que aceptaban la hipoteca imperialista y vendían la independencia de los pueblos a los intereses extranjeros. El conocimiento público de esas y otras traiciones fue un acicate poderosísimo para el avance revolucionario.
Sobre el tercer golpe, las fuerzas revolucionarias en general actuaron conscientemente sin el recurso a las burocracias medias y altas, entre otras cosas porque habían huido, se habían escondido a la espera de la victoria de la contrarrevolución para volver triunfadoras y atrozmente vengativas, pero sobre todo porque las masas insurrectas se autoorganizaron sin pedir consejo alguno ni a la burocracia inferior, muchos de cuyos miembros cobraban lo mismo o poco más que un obrero medio. La revolución de febrero de 1917 barrió a los sectores medios y altos del aparato estatal, pero el parón posterior y la entrada de nuevos burócratas mencheviques, socialrevolucionarios, burgueses y ex monárquicos, reinstauró parcialmente en algo el poder del Estado, aunque todavía muy debilitado frente al poder efectivo del Soviet de San Petersburgo.
Fue esta recuperación parcial del Estado con mencheviques y socialrevolucionario, la que pensó en destrozar con la represión a los bolcheviques, desarmar a los soviets, depurar el ejército zarista, implicarse aún más en la guerra y reforzar su dependencia para con el imperialismo. Pero la revolución de octubre de ese año lo impidió. Sin el poder burocrático, la burguesía zarista estaba manca. Generalmente, se olvida el papel del reformismo menchevique en la recuperación del poder reaccionario, en la preparación de un plan represivo que, de haber triunfado, hubiera retrasado por mucho tiempo la revolución. Lo cierto es que solamente los bolcheviques, más algunos grupos anarquistas y socialrevolucionarios de izquierdas, optaron decididamente por la revolución, asumiendo los riegos vitales que su praxis conlleva. El resto, que después vociferó y grito, se posicionó por alguna forma de pacto o espera desmoralizadora.
¿Qué sucedería ahora si se aplicasen estas y otras medidas bolcheviques que no podemos detallar?¿Qué ocurriría si se conociesen los acuerdos secretos entre fracciones burguesas, entre las grandes transnacionales monopolísticas, entre los Estados imperialistas, etc., sobre problemas vitales para la humanidad como recursos energéticos, producción alimentaria, catástrofe ecológica, deudas financieras y situación de las grandes economías, acuerdos privados sobre patentes sanitarias, por no hablar de plenas militares en todos los sentidos, armas secretas y experimentos para multiplicar el control y la vigilancia, y la omnipresencia del terrorismo imperialista?
Más aún, ¿cómo reaccionaría el capital si un poder popular implantado y asentado en el principio marxista del pueblo en armas instaurase el impago de la “deuda externa”, la nacionalización de las empresas, el control estatal y obrero, y si se depurase a la podrida burocracia, por citar algunas medidas? ¿No son estas posibilidades existentes de forma todavía descortinada y embrionaria las que llevan al imperialismo a militarizarse al extremo? En última instancia, tales medidas y avances sociales destruyen el soporte material de existencia del modo de producción capitalista: la propiedad privada de las fuerzas productivas.
4.- DEMOCRACIA SOCIALISTA O BUROCRATISMO BURGUES
La actualidad de la URSS y de todos los pueblos trabajadores que lo han intentado es tan patente como imprescindible estudiar críticamente sus desarrollos posteriores. Ciñéndonos a la URSS , el poder obrero quiso controlar el mercado y atar en firme al monstruo de la ley del valor-trabajo en unas condiciones socioeconómicas y políticas extremas. El zarismo y la guerra de 1914-18 habían arruinado el país. Los trenes apenas funcionaban, y las pocas carreteras estaban casi destrozadas. Las fábricas no tenían repuestos para sus máquinas. Las cosechas fueron un desastre, y los terratenientes y campesinos ricos guardaban el trigo y el ganado para el mercado negro. Casi no quedaba petróleo y el carbón no podía llevarse a las ciudades. Al hambre se le unió el frío, y aparecieron junto a prácticas de canibalismo, las epidemias y la alta mortalidad. La delincuencia, la prostitución, el alcoholismo y el bandolerismo surgieron por todo esto pero también como arma contrarrevolucionaria organizada por el zarismo y el imperialismo.
La Patria Socialista e internacionalista estaba bordeando la fina distancia entre el caos y la catástrofe, pero lo peor aún no había llegado. Lo peor llegó cuando se constató que la clase obrera-industrial y la clase trabajadora en su conjunto habían mermado en cantidad por las bajas mortales, por los heridos y por la pésima alimentación y salud, que muchos bolcheviques afirmaron que había desaparecido el proletariado o estaba a punto de hacerlo. La situación verdaderamente podría llegar a ser crítica porque ¿qué revolución se podía hacer sin clase revolucionaria?
Pero lo peor de lo peor salió a la luz cuando se constató que, de un lado, había muerto lo mejor de la vieja militancia bolchevique y de los pocos grupos anarquistas y socialrevolucionarios que se sumaron a la revolución en sus momentos críticos, y el resto de los que seguían vivos luchaban esparcidos en los inmensos y distantes frentes de combate, muchos de ellos con tuberculosis y otras enfermedades; y por otro lado, se empezó a constatar la entrada en el partido y en sus organizaciones, en los soviets, consejos y asambleas debilitadas en extremo y en los pocos aparatos de Estado que no luchaban a la desesperada en los frentes, en estos y otros sitios, fueron entrando voluntarios con poca y débil formación política y teórica, o con ninguna, sin experiencia en la lucha revolucionaria anterior, ignorantes de lo duro de la militancia revolucionaria, y sobre todo la entrada de técnicos que se decían “neutrales” o “bolcheviques” pero de origen burgués y pequeño burgués, que habían sido mencheviques y eseristas y que seguían siéndolo en su fuero interno.
En estas condiciones era casi imposible controlar la irracionalidad del mercado que se expresó abiertamente en la masificación del mercado negro, en la doble economía y en la corrupción que también empezó a pudrir a algunos revolucionarios. Los bolcheviques y las pocas fuerzas de izquierda que les apoyaban activamente, decidieron en 1921 dar un paso atrás para coger impulso, para recuperar aliento: fue la NEP , la “nueva política económica” cuyo objetivo básico era llevar algo de comida al mercado público no controlado por las mafias y la corrupción, reactivar la producción agraria e industrial, controlar la circulación de los capitales y, por no extendernos, obtener un tiempo vital para que la clase trabajadora se recuperara y creciera de nuevo a la vez que estrechaba sus lazos con el campesinado pobre.
Se trataba de impedir que la mayoría de la población, las masas campesinas empobrecidas, las fracciones menos concienciadas y más desmoralizadas de la clase trabajadora y las naciones antes oprimidas pero ahora agotadas por las guerras girasen a la derecha ante la espantosa realidad cotidiana. Pero una condición inexcusable para la eficacia de la NEP era la que se reactivase la democracia socialista, el poder soviético, la iniciativa de las masas y su participación directora en la política socialista. Sin esta condición inexcusable fracasaría todo el plan de salvamento desesperado de la revolución.
No podemos entrar aquí al debate histórico y también actual sobre lo acertado de esta decisión, sobre sus efectos positivos a corto plazo pero desastrosos a largo plazo, sobre si la NEP o formas actualizadas de ella, es válida parcial o totalmente en situaciones actuales como China Popular, Vietnam, Cuba, etc. Sospecho que esta cuestión tan presente e inmediata, nos llevará a un tercer debate más o menos próximo pero siempre teniendo en cuenta la realidad estructural del capitalismo vasco y europeo. Lo que ahora nos interesa es la actualidad del requisito imprescindible de la democracia socialista para que la NEP o cualquier otra política parecida, tenga éxito en el socialismo de comienzos del siglo XXI dado el avance de las múltiples formas de control, vigilancia y represión, de restricciones de la democracia burguesa, de neofascismo y de “Estado fuerte”, etc., que el capitalismo está aplicando mundialmente. Lo cierto es que la defensa de los derechos democráticos elementales se está convirtiendo en una necesidad cada vez más perentoria no sólo para avanzar al socialismo, que también, sino a la vez para frenar el cáncer neofascista y reaccionario, patriarcal, fundamentalista judeocristiano e imperialista que desarrolla la burguesía.
La actualidad de la URSS se reafirma al ver la insistencia bolchevique en precisar el antagonismo irreconciliable entre la democracia burguesa y la democracia socialista, en su lucidez teórica al insistir en que no existe la “democracia” abstracta, que es imposible que exista tal cosa vacía, hueca, sin esencia ni contenido interno, sino sólo como forma externa elaborada por la propaganda ideológica capitalista. Sin contenido concreto de clase, de nación y de sexo-género, la “democracia” es como esas palabras grandilocuentes pero tramposas que usan ampulosamente los teólogos cristianos para obnubilar y fascinar con sus abstrusas filigranas metafísicas a las gentes alienadas por el opio religioso.
Siendo verdad que defendemos como comunistas los comunes derechos elementales a la especie humana-genérica, también es verdad que su práctica concreta ha de realizarse en situaciones sociohistóricas de explotación, opresión y dominación. Y hay que optar en base al criterio de la práctica, el criterio de la objetividad de la explotación de la mayoría por la minoría.
Un ejemplo brillante sobre este debate estratégico lo tenemos ahora mismo cuando la burguesía en su conjunto, como clase mundial dirigida por sus fracciones más poderosas, decide en base a su democracia minoritaria e inaccesible, practicada en los consejos de ministros, en las ejecutivas de los partidos reaccionarios, en los despachos de los bancos y de las grandes transnacionales monopolísticas, entregar centenares de miles de millones de euros, dólares, yenes y otras monedas a quienes han provocado la crisis, al capital financiero. La industria político-mediática, la tramoya parlamentaria y el reformismo político-sindical aplauden y legitiman esta “nacionalización del desastre” lo mismo que antes aplaudían la privatización de las ingentes ganancias.
¿Democracia? Incuestionablemente que sí, pero burguesa, mientras que sus fuerzas represivas machacan las manifestaciones populares y obreras que, practicando la democracia socialista, protestan en las calles, en las fábricas, en las universidades contra semejantes injusticias. La democracia burguesa ha masacrado a la democracia socialista en Grecia en las últimas semanas, y ahora mismo la democracia burguesa, sionista y machista está asesinando en masa al pueblo palestino en Gaza, con el apoyo activo de las “democracias occidentales”, y pasivo de la democrática ONU. Los bolcheviques, y el marxismo, tenían, tiene razón al separar y enfrentar una democracia a otra. ¿Y en Euskal Herria?
La burocracia es una fuerza social decisiva en el funcionamiento del capitalismo desde su origen como modo de producción. La incontrolable expansión del capital financiero en los últimos años hubiera sido imposible sin la colaboración directa o indirecta de las burocracias estatales, de las grandes corporaciones y de la banca. La infecta corrupción generalizada que pudre al capital financiero-industrial, y el caso Madoff es sólo un botoncito de muestra, tiene en la burocracia uno de sus soportes básicos. La lucha contra esta hidra de infinitas cabezas y tentáculos que penetran cada vez más en los rincones más íntimos y “privados” de la vida cotidiana, se ha convertido en una necesidad diaria, confirmando lo ya planteado por los primeros textos marxistas de los ’40 del siglo XIX.
Las burocracias de los partidos, sindicatos, ongs y asociaciones que se autodenominan “progresistas”, son hoy anclajes materiales y psicológicos de la ideología reformista, conformista y servil fuertemente enganchados en el interior de las clases explotadas. Las burocracias existen en pueblos que quieren desarrollar el socialismo pero que se enfrentan a una casta burocrática, o a una clase burguesa recuperada que todavía, por táctica oportunista, todavía no ha decidido declararse oficialmente capitalista.
La actualidad de la URSS también es incuestionable en este problema acuciante. El rechazo absoluto y radical a la burocracia se muestra ya en los primeros textos marxistas, y los primeros bolcheviques de la clandestinidad se caracterizaron por una tenaz oposición a los riesgos de la burocracia sustitucionista entre ellos. Mientras que en la socialdemocracia la burocratización se multiplicaba al son del parlamentarismo electoralista y del reformismo práctico, esquizofrénicamente oculto bajo la verborrea revolucionaria, no sucedía lo mismo en las organizaciones clandestinas porque los riegos de la clandestinidad, la detención, tortura, cárcel, exilio o muerte, no son aptos para la mentalidad egoísta y cómoda del burócrata. Pero hemos de tener presente, además del contexto de crisis total arriba expuesto en lo básico, también otro factor que se olvida: la cortedad del tiempo cronológico, es decir, la rapidez con la que las crisis se sucedían unas a otras, interactuaban y fusionaban dando cuerpo a una dinámica muy difícil de controlar.
La revolución tomó el poder en octubre de 1917; en marzo de 1918 se firma la paz con Alemania; en verano de 1918 se extiende la guerra civil en todos los frentes y entre varios bandos; en 1919-20 sólo la disciplina de hierro del “comunismo de guerra” logra mantener viva la revolución; para finales de 1920 y comienzos de 1921, pese a todo, la situación es crítica con rebeliones campesinas por hambre, fábricas cerradas, absentismo y robo de materiales, y crecientes huelgas por penuria total, y en marzo de 1921 se subleva la base de Kronstadt precisamente cuando los bolcheviques se encuentran debatiendo cómo salir de la crisis total. La NEP se impone en ese contexto que se ha formado con la rapidez del relámpago. La devastación generaliza obliga a los viejos bolcheviques a seguir taponando las enormes brechas sociales, desatendiendo la burocratización interna que se acelera al calor de las mejoras socioeconómicas logradas con la NEP , pero que, a la vez, exigen más administración, más burocracia.
Dentro del partido fue creciendo un casta burocrática que se aglutinaba alrededor de los militantes que controlaban la vida organizativa interna, las designaciones de responsabilidades y cargos intermedios, la creación de nuevos aparatos y responsabilidades, etc. La destrucción del antiguo Estado zarista había sido tan profunda que debía montarse otro Estado y otras administraciones. Los bolcheviques clásicos, históricos o “viejos”, los que habían sobrevivido en la desde finales del XIX y comienzos del XX, que habían sido insustituibles, no prestaron apenas atención, en un principio, a estos “problemas técnicos”.
Más aún, los datos disponibles indican que el puesto de “secretario general”, que sería empero omnipotente e incuestionable en los posteriores partidos stalinistas, este puesto no tenía ningún valor político para los bolcheviques históricos y clásicos, que lo reducían a una mera oficina más dentro del partido. Sin embargo, desde comienzos de los ’20, el “secretario general” fue acumulando poder práctico, fue decidiendo quienes dejaban tal puesto “técnico” y quienes lo ocupaban u ocupaban otro nuevo. Imperceptiblemente para los viejos bolcheviques creció bajo sus pies un poder “técnico” que acabó controlando su vida interna.
Hay que partir de esta situación para entender por qué se produjo el alejamiento entre la velocidad de asentamiento de la casta burocrática y la velocidad de recuperación del movimiento obrero, o hablando con más propiedad, de creación de un “nuevo” movimiento obrero porque el que había realizado la revolución estaba agotado. La distancia entre la formación de la casta burocrática y la recomposición del movimiento obrero, de los soviets y de la democracia socialista, esta distancia aumenta en vez de retroceder porque, objetivamente hablando, es más fácil y rápido crear despachos y oficinas administrativas con funcionarios sin apenas conciencia ni capacidad teórica, que recomponer las infraestructuras, trenes, carreteras, fábricas y almacenes, llenarlos de reservas y materiales y, a la vez, encontrar obreros cualificados que las hagan funcionar a pleno rendimiento. Este segundo objetivo se logró, pero fue más lento que el primero, que la burocratización.
Una de las peores consecuencias de la burocratización era que indefectiblemente creaba privilegios exclusivos para los funcionarios con la excusa de que para rendir lo necesario en situaciones de hambruna, frío y enfermedad necesitaban algo más de sueldo, fuera en dinero o en especias, o en mejores viviendas. El mismo problema había surgido con los técnicos y obreros cualificados, y a regañadientes los bolcheviques cedieron esos privilegios corporativos aunque la mayoría de ellos siguieron fieles al igualitarismo marxista.
Pero los viejos bolcheviques bien pronto se encontraron en minoría, oponiéndose a una creciente número de “nuevos” bolcheviques que veían normal esos pequeños privilegios --grandes en una situación tan dura--, y que más tarde pasaron a exigir más. Además, la distancia entre burocracia y democracia socialista se incrementaba a favor de la primera al producirse un lógico bajón en la tensión revolucionaria de la sociedad rusa, agotada tras feroces conflictos iniciados en 1914, al comienzo de la guerra. También empezó cierta desmoralización en sectores críticos de las juventudes comunistas y en militantes históricos; los suicidios empezaron a ser aldabonazos de advertencia.
En estas condiciones se libró a mediados de los años ‘20 el denominado “gran debate”. Fue un debate complejo pero decisivo no sólo para la URSS sino para la actualidad porque, en lo básico, todos los problemas cruciales del presente tienen una conexión directa o indirecta con lo allí discutido. Muy en síntesis, y evitando citar nombres, inicialmente se enfrentaron tres posturas que más adelante establecerían distintas alianzas que sería prolijo detallar aquí. Muy en síntesis, la primera y segunda corrientes estaban compuestas mayoritariamente por los viejos bolcheviques, con una pequeña cantidad de “nuevos”; en la tercera era a la inversa, los “viejos” eran minoría, abundaban los “nuevos” pero también integraba a muchos antiguo reformistas, eseristas, mencheviques y técnicos del viejo zarismo “concienciados” súbitamente.
La pequeña y primera corriente, con cierto peso en la militancia bolchevique directamente entroncada en los soviets y en los sindicatos, que venía de antes en sus críticas, sostenía una alternativa socioeconómica y política basada en la práctica independización de los sindicatos, de los soviets y de los consejos, y era manifiestamente inviable. La segunda, con peso en la vieja militancia, formada y culta, y que como la primera había sobrevivido a todos los peligros, proponía un desarrollo equilibrado en la medida de lo posible entre la producción industrial y la agrícola, buscando la acumulación socialista de capital y priorizando el control estatal sobre la iniciativa privada. La tercera y última, con más advenedizos y novatos, sin negar el control estatal, daba mayor libertad a la empresa privada, al mercado y a la urgencia por un crecimiento económico sin prestar tanta importancia a su contenido esencial de clase: uno de los lemas de esta tercera corriente era la de “enriqueceos” lanzada a la mediana propiedad agraria e industrial.
De cualquier modo, el prestigio de las dos primeras corrientes era tal, que muchos de los partidarios de la tercera sentían un respeto profundo hacia ellos. Fue esta admiración por sus capacidades la que hizo que los sectores más duros e intransigentes de esta tercera corriente no pudieran forzar la máquina, pese a ser mayoría, y tuvieran que andar con tiento y cuidado; pero era esta tercera corriente la que controlaba una pieza clave: la de la designación de los puestos, de los cargos y de los sueldos.
No queremos caer en la mitificación de Lenin, pero hay que decir que si bien tardó un tiempo en tomar conciencia de la gravedad del peligro burocrático, y de otros peligros tan dañinos como el del gran-nacionalismo ruso en contra de los derechos nacionales, etc., fue desde entonces un enemigo implacable y mortal de la burocracia, pidiendo la destitución de los principales dirigentes de lo que sería al poco tiempo la tercera corriente, la vencedora. Lenin, por personalizar ahora, tomó conciencia de los principales problemas que menos de setenta años más tarde acabarían con la URSS , e intentó evitarlos, pero resultó tarde porque las dinámicas objetivas de fortalecimiento de una casta burocrática estaba ya daba en los últimos años de su vida.
Venció la tercera corriente porque concordaba de pleno con los intereses de la casta burocrática en expansión. Pero en su interior se surgió al poco tiempo otro choque de índole “menor” entre dos tendencias, conflicto que ganó precisamente el más partidario de potenciar el crecimiento económico a cualquier precio, de modo que, al final, el sector que había vencido en el debate era el partidario de una economía con muy pocos controles estatales. Durante unos pocos años, todo parecía indicar que esta tesis era correcta, que el crecimiento económico era “neutral”, que no conllevaba de manera obligatoria el correspondiente afianzamiento de la mediana clase propietaria en el campo y en la industria.
Pero la ley del valor-trabajo actuaba en silencio y los que se estaban enriqueciendo querían enriquecerse más envalentonados por la consigna de “enriqueceos” lanzada por el sector mayoritario del partido. Subieron los precios de los productos, del pan y de la carne sobre todo, pero de otros también necesarios. Los defensores de la segunda tesis, que habían propugnado un crecimiento lo más armónico posible bajo control obrero y estatal, llamaron a esta separación creciente entre el aumento de los precios y la capacidad de compra como “crisis de la tijera”: cuanto más subían los precios más bajaban los salarios, y la tijera se abría. Los problemas sociales reaparecieron al final de los ’20 y el bloque mayoritario, el tercero, se escindió en dos, el que propuso volver a una centralización estatal y el que propuso seguir con la misma política.
La mayoría del tercer bloque comprendió que estallarían serios problemas si no se paraban los pies a las nuevas clases ascendentes, por lo que dieron paso a un brutal giro centralista y estatalista, especialmente en el campo, en donde los medianos propietarios se habían enriquecido tanto que podían boicotear la alimentación de las ciudades. En vez de aceptar que el segundo bloque tenía razón, que había que volver al desarrollo coordinado y equilibrado, decidieron “superarlo por la izquierda”, en un aventurerismo que resultó desastroso para la producción agropecuaria rusa ya que los campesinos que tenían incluso alguna pequeña propiedad decidieron quemar las cosechas y matar el ganado antes que socializar esos bienes. La mayoría de la casta burocrática optó por esta solución drástica, sin ninguna autocrítica y sin reconocer que el segundo bloque tenía razón. Pero no podía imponer una corrección de línea tan drástica sin a la vez endurecer la vida social porque el distanciamiento progresivo de la casta con respecto a la clase obrera y a los pueblos tendía a agudizar toda serie de problemas.
Desde finales de los años ’20 y de forma irreversible durante los ’30, dominaba una casta burocrática que había depurado por tres veces al partido bolchevique: una, a la alianza entre la primera y la segunda tendencias, corriente que fue una síntesis de los denominados “obreristas”, “sindicalistas”, “consejistas”, etc., con los denominados trotskistas, seguidores de Preobrajensky, etc.; dos, a los sectores de la tercera corriente llamados zinovievistas, seguidores de Kamenev y otros, y que se dieron cuenta de que la razón estaba de parte del bloque anterior pero no pudieron vencer ni incluso aliándose con los restos de este bloque ya derrotado; y, tres, más tarde, la ruptura dentro del bloque vencedor compuesto por las corrientes bujarinistas y stalinistas, ruptura que supuso la victoria de la última sobre la primera. A lo largo de estas sucesivas depuraciones, el partido se ampliaba con nuevos miembros que no tenían casi nada que ver con los primeros, que aceptaban cada vez más obedientemente las órdenes superiores.
Las purgas de los años ’30 certifican la victoria definitiva de este sector que procedió, por un lado, a reprimir a los viejos bolcheviques y otros revolucionarios, y también a los bujarinistas, fusilando a muchos de ellos; y por otro lado, a crear un nuevo “marxismo” que contradecía lo esencial de la teoría bolchevique sostenida hasta entonces, un “marxismo” que legitimaba los privilegios de la casta burocrática, restringía prácticamente a nada la democracia socialista, acababa con buena parte de las conquistas sociales, culturales, estéticas, sexuales, antipatriarcales y feministas, matrimoniales y familiares, pedagógicas, psiquiátricas, ecologistas, igualitaristas, etc., logradas a partir de octubre de 1917, pero aún no reinstauraba la propiedad privada de las fuerzas productivas. Para dar este retroceso cualitativo al pasado, para saltar de casta a clase, tendría que esperar a comienzos de los ’90 del siglo XX.
Mientras tanto, la URSS se lanzó a una industrialización acelerada con la obsesión de recuperar tiempo y recortar las enormes distancias que le separaban del capitalismo. Fue una tarea titánica basada en la contradicción entre el potencial creativo que aun quedaba de las conquistas de octubre y el contenido de casta del poder estatal de modo que las medidas impuestas a la clase trabajadora por dicho poder fueron muy duras, en algunos casos peores que las vigentes en el capitalismo desarrollado, con horarios agotadores y condiciones a veces brutales. Las resistencias pasivas no tardaron en aparecer y luego aparecieron las activas pese a la represión a finales de los años ’30. Entonces estalló la guerra de 1939 y en 1941 la invasión alemana, que la URSS intentó evitar por todos los medios y que le cogió totalmente desprevenida, tema al que luego volveremos al analizar la actualidad del la URSS con respecto a la mundialización capitalista y al internacionalismo en nuestro presente.
Las lecciones que se extraen en la degeneración burocrática en la URSS son de una vigencia y actualidad incuestionables. Lo esencial del debate que ahora se libra sobre el supuesto “socialismo de mercado” fue discutido en el “gran debate” que hemos intentado resumir, y la experiencia histórica es concluyente al respecto. La tesis de “enriqueceos”, que favoreció la recuperación clasista y burocrática, sembrando los vientos que acabarían en los huracanes posteriores, esa tesis reaparece con otros maquillajes en las discusiones presentes en y sobre China Popular, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, etc., y sobre ciertas tesis respecto a Venezuela, Bolivia y otros países. A la vez, cuando estas cuestiones de fondo se planteen en las luchas sociales en el capitalismo imperialista, volverán a reaparecer porque surgen de las contradicciones insalvables e inevitables del capitalismo mientras este exista.
5.- PLANIFICACI0N SOCIALISTA O IRRACIONALISMO BURGUES
La actualidad de la URSS en lo que respecta al debate que ahora mismo se libra entre quienes defienden una vuelta al neokeynesianismo, quienes defienden quitar lo “malo” del neoliberalismo fracasado para quedarse con lo “bueno”, y quienes insisten en seguir igual, es, también, innegable. La burguesía discute sobre si “volver al Estado” o “reformar el mercado”. Una disyuntiva falsa e irreal, además de tramposa, porque nunca se ha producido la desaparición del Estado, y nunca el mercado ha estado más controlado en muchos aspectos que en el capitalismo actual.
Lo que se ha liberalizado siempre con el apoyo estatal ha sido, primero, la impunidad del capital financiero; segundo, la impunidad del saqueo de los bienes públicos y comunes, de los servicios sociales, de las propiedades estatales, etc., para entregárselos al capital; tercero, la impunidad de la burguesía para aumentar la explotación; cuarto, la impunidad represiva del Estado, y último y quinto, la impunidad de la casta intelectual para decir todas las absurdas tonterías reaccionarias que padecemos. A la vez, el Estado se ha fortalecido en otras cuestiones, como esas represivas, y ha ampliado su integración con otros Estados para crear los bloques imperialistas arriba citados. Más aún, las impunidades descritas necesitan la acción del Estado para ser efectivas, pero de manera diferente a las anteriores.
Sin embargo, la gravedad de las crisis parciales y de la crisis sistémica que azota al capitalismo pone de manifiesto la incapacidad burguesa en general para dirigir la historia, como hemos dicho arriba, pero también y más concretamente para elaborar planes coherentes de salida que no se saben en un aumento de la explotación. Se sabe que las primeras medidas yanquis desde agosto de 2008 inyectando descomunales masas de capital a la gran banca no han servido apenas de nada, además de que enormes sumas han desaparecido en la corrupción reinante, y se sabe que ahora mismo el desconcierto reina en las instituciones yanquis.
Conocemos cómo la UE ha tenido y tiene enormes dificultades para encontrar un plan único de ayuda, y que, a grandes rasgos, cada Estado de la UE busca primero salvar a su burguesía respectiva que aceptar sacrificios cara a la UE , y que todo esto está aumentando las distancias entre los Estados de la UE , con efectos sobre el futuro que tendremos que analizar en su momento. Los datos sobre la efectividad de las medidas japonesas son también muy críticos con la capacidad de previsión racional de su Estado, que lleva más de una década intentado reactivar su capitalismo a costa de echar océanos de dinero público al saco roto de la economía, sin conseguir ponerla en marcha.
No debemos pensar que los Estados burgueses se han topado con la crisis sin imaginar que ésta iba a llegar, sorpresivamente. Desde hace tiempo, muchas y muchos marxistas debatían sobre el “océano de deudas” en el que flotaba la economía mundial, explicando cómo más temprano o tarde ésta empezaría a tener vías de agua que aumentaría en la medida en que la clase dominante no tomase medidas con antelación. Desde mediados de 2006, por poner una fecha, los comentarios sobre el incremento de riesgos en la prensa especializada capitalista eran cada vez más frecuentes. Desde primavera de 2007 instituciones internacionales como la OCDE se cercioraban del claro retroceso de la tasa media de ganancia a nivel mundial, y en el verano de ese mismo año estalló ya abierta y definitivamente la crisis financiera. Pero como ésta se presentó con la forma de crisis de los “préstamos basura”, la burguesía no le prestó apenas atención aunque, de nuevo, los marxistas y muy pocos economistas oficiales, acertaron en que era sólo la primera erupción de un volcán incontenible.
¿Por qué no reaccionaron los Estados e instituciones capitalistas o lo hicieron tarde y mal? Por tres razones: porque no se imaginaban la gravedad real del problemas y en su ensoberbecimiento despreciaban a las y los marxistas y a los pocos economistas suyos que, más tarde que los anteriores, les advirtieron; porque cuando empezaron a sospechar del problema, la fuerza económica y política del capital financiero impidió toda reflexión y porque la burguesía en su conjunto exigía ciegamente que se siguiera con la misma política suicida sin recapacitar en los peligros ya inmediatos, obsesionada sólo por las ganancias en el presente; y porque ya en la boca del volcán, la mezcla de corrupción y amiguismo, ineficiencia burocrática y canibalismo burgués para comerse unos a otros, todo esto y más propició el cúmulo de fracasos que se suceden desde entones.
Por ejemplo, ahora mismo los EEUU son incapaces de tomar una decisión unitaria porque la administración entrante de Obama debe unificar sus criterios, además de estar debilitada por la corrupción interna, pero, encima, tampoco puede llegar a un acuerdo con la administración saliente de Bush por las mismas razones, mientras que todos los especialistas advierten de que cada día que se pierda, las soluciones tendrán menos efectividad y se agravará la crisis estructural que mina al imperialismo yanqui.
La actualidad de la URSS emerge aquí de nuevo. La superioridad de una economía planificada centralmente en base a criterios de desarrollo equilibrado dentro de las prioridades aceptadas tras un debate masivo garantizado por la democracia socialista, y con unos objetivos a medio y largo plazo, es innegable. Con todas las dificultades del momento y sin entrar ahora en precisiones, una de las virtudes iniciales de la NEP era esa. Sin embargo, en el “gran debate” sobre objetivos y estrategia socioeconómica posterior, se rompió este principio marxista, y tampoco se recuperó luego, cuando la burocracia impuso una acelerada industrialización pesada descuidando la producción de bienes de consumo.
Aún así, el crecimiento cuantitativo de la URSS fue espectacular, aunque también se sabe que las cifras oficiales fueron desde el principio manipuladas por la burocracia por necesidades propagandísticas. Mientras que el capitalismo mundial se debatía con el agua al cuello en la tremenda crisis desatada en 1929 y que propició el estallido de la guerra de 1939-45, la URSS dirigida por la casta burocrática avanzaba de forma apreciable en lo cuantitativo, pero acumulando problemas cualitativos que se volverían incontrolables desde finales de los ’60.
La invasión de los ejércitos internacionales del nazismo en junio de 1941 fue un golpe devastador sobre la capacidad industrial soviética. Antes de seguir y de modo telegráfico, debemos saber que: la cúpula stalinista conocía la fecha y los planes del ataque pero no tomó precauciones, facilitando el desastre; buena parte del Ejército Rojo fue aplastado al comienzo pero Alemania se dio cuenta muy pronto que no lo tendría fácil; sectores sociales y populares, y de las naciones oprimidas, descontentos con la burocracia no se enfrentaron decididamente al nazismo, al comienzo, y algunos colaboraron; el grueso de la dirección del partido, excepto muchas bases, se diluyó como un azucarillo.
Pero al poco tiempo las bases y el pueblos construyeron desde abajo lo que se puede denominar como “otro partido” que, sin embargo, fue diezmado por la burocracia recuperada al acabar la guerra; fue este partido “nuevo” y los restos del Ejército Rojo los que obraron el “milagro” de salvar la mayor parte de la industria pesada trasladándola a retaguardia; fueron estos sectores más la recuperación de la combatividad perdida en las zonas ocupadas por los nazis los que crearon las poderosas guerrillas rojas, que obstaculizaron muy mucho al ocupante.
Hay que destacar en esta serie de hecho uno previo y desastroso para la capacidad de combate rusa: el extermino de lo mejor, más moderno y preparado para las nuevas formas de guerra del Ejército Rojo en las purgas de la segunda mitad de los ’30. La casta burocrática arremetió durante las grandes purgas contra el Ejército Rojo, decapitándolo en su dirección más brillante, disolviendo las mejores y más modernas unidades acorazadas y aerotransportadas y, sobre todo, rechazando su doctrina, sistema y estrategia militar e imponiendo un retroceso cualitativo al viejo esquema de la guerra civil de 1918-20. La mayoría de los expertos rusos que sacaron lecciones autocríticas de la guerra de 1936-39 en el Estado español, de la humillante derrota en su invasión a Finlandia en 1939 y de las nuevas teorías aéreas británica y de guerra relámpago alemana --que el Ejército Rojo había superado al integrarlas en el “Combate en Profundidad”--, fueron purgados, pero la casta en el poder los recuperó rápidamente tras la invasión alemana.
Por ejemplo, si los nuevos y excelentes blindados, cazas y cazabombarderos rusos se hubiesen utilizado según la doctrina del “Combate en Profundidad”, con mucha probabilidad la guerra hubiera acabado antes en beneficio de la URSS y de la humanidad. Al margen de los debates sobre las causas de esta y otras purgas, es incuestionable que debilitaron sobre manera a la URSS , lo que unido a la cerrazón irracional de su cúpula ante los datos ciertos de la fecha, direcciones y cuantía de los invasores, nos da una imagen exacta de la responsabilidad histórica del stalinismo en las decenas de millones de muertos.
Pues bien, a pesar de estos obstáculos y gracias a la recuperación del espíritu revolucionario y de resistencia nacional, la URSS fue capaz de heroicidades de masas inconcebibles de no ser por algo tan simple como que todavía sobrevivían restos prácticos de las cualitativas conquistas históricas logradas con la revolución bolchevique. La mayoría de las poblaciones de la URSS comprendieron que el ataque nazi tenía como objetivo la destrucción, el extermino de esas conquistas pero a la vez de los pueblos que habitaban la URSS , y de este mismo “experimento social”. Sobre esta base material y psicológica, la centralización y la planificación así como la “nueva” democracia socialista recuperada, obraron milagros sin la intervención de dios alguno.
La propaganda capitalista ha intentado magnificar la cantidad del materia militar y de la comida enviada a la URSS , pero, por un lado, aun existiendo, fue una gota en el océano; por otro lado, su calidad no era superior en modo alguno a la del material soviético, que inquietó muy desagradablemente a los nazis; y por último, no hay posibilidad de comparación entre el esfuerzo total de guerra y el de los EEUU, ya que los soviéticos se las vieron con las dos terceras partes del ejército alemán, mientras que todos los aliados capitalistas sólo con la parte restante que, además, era la peor de todas.
La URSS quedó casi exhausta por la guerra, pero también los aliados capitalistas, y si bien los EEUU podían seguir con el esfuerzo militar se sabe que el cansancio y el miedo de sus tropas a enfrentarse con la URSS , aparte de una radicalización en algunas tropas de base, todo esto convenció a la burguesía yanqui para que no secundara los planes belicistas e imperialistas de su fracción más anticomunista que había pensado arremeter contra la URSS , en especial una vez demostrada la eficacia inhumana de las bombas nucleares que fueron lanzadas más para atemorizar a los rusos que para aplastar a un Japón destrozado que ya no tenía apenas comida ni petróleo.
También se ha dicho que la efectividad de la planificación rusa no tiene nada de extraño porque otro tanto hicieron los capitalistas. Pero hay que responder que, primero, ninguna de estas potencias partía del atraso ruso previo, de las destrucciones causadas por las sucesivas guerras desde 1914, y de los costos añadidos por el bloque imperialista posterior. Todas las capitalistas partían con la ventaja de decenios de desarrollo industrial y tecnocientíficos, con grandes reservas en los países ocupados por su imperialismo y con ejércitos intactos.
Los EEUU, por ejemplo, habían implementado --antes que Keynes-- un plan de recuperación socioeconómica para salir de la crisis de 1929 denominado New Deal, aplicado entre 1933 y 1937 que si bien sirvió al principio como contención del malestar social creciente por la generalización de paro y de la miseria mediante grandes obras públicas y otras medidas, con un incremento de los gastos estatales de más del 80%; sin embargo no logró reactivar lo necesario la tasa de beneficio de la clase burguesa. Para 1937 la situación económica presentaba serios nubarrones, y el New Deal fue abandonado a la espera de que estallase una nueva guerra.
La política de asfixia energética y de cerco militar y económico del Japón, aplicada por los EEUU y la Gran Bretaña , buscaba precisamente que los japoneses, desesperados, les declarasen la guerra, como así sucedió en diciembre de 1941. Con anterioridad, aumentaba la propaganda belicista y de forma subterránea la economía se fue militarizando. Tenía a su favor la experiencia del New Deal en centralización estatal y administración de recursos, y cuando Alemania invadió Polonia en 1939 la militarización de la economía se aceleró instantáneamente aunque no estuviera en situación de guerra. La URSS en ningún momento dispuso ni de estos medios ni de esas posibilidades.
Al acabar la guerra en 1945, en la URSS se vivió una contradicción ya conocida antes pero ahora con bases nuevas: por un lado, las clases trabajadoras habían saboreado de nuevo la democracia socialista, sin la cual no se hubiera producido el espectacular desarrollo económico-militar teniendo en cuanta las condiciones, y por otro lado, la burocracia se había recuperado de su práctica desaparición de escena en los dramáticos momentos de la segunda mitad de 1941. Ahora bien, a diferencia de 1917-21, antes de la NEP , en 1945 la industria soviética era potente. Todo indicaba que iba a producirse un choque social entre la recuperada clase trabajadora y la burocracia recuperada, pero ésta lo evitó de modo indirecto, atacando primero a los sectores que podían contar la verdad sobre por qué se había producido el desastre de 1941. Los campos de concentración volvieron a abrirse; la represión física, las torturas y los asesinatos no alcanzaron la gravedad de los ’30 pero silenció buena parte de las críticas sobre las responsabilidades de la burocracia y su debacle.
En ese contexto, una parte de la casta burocrática optó por reabrir tímidamente el debate sobre qué medidas socioeconómicas había que tomar para compensar el peso desproporcionado de la industria pesada en detrimento de los muy necesarios bienes de consumo, además de cómo modernizar y multiplicar la producción campesina. Desde luego que no eran las condiciones en las que se libró el “gran debate” en los años ’20, pero los problemas de fondo sí seguían siendo los mismos, por lo que el ambiente político empezó a complicarse de nuevo dentro y fuera del partido. Los rumores sobre que se desatarían nuevas purgas corrían de voz en voz mientras que la economía se había militarizado de nuevo buscando la bomba atómica y la defensa necesaria frente al nuevo cerco imperialista. Desde 1950 la salud de Stalin empeoraba y con ella su capacidad de control, lo que permitió más autonomía a las diferentes tesis sobre todo cuando se constató en 1952 la ralentización del crecimiento económico.
No tiene sentido divagar sobre qué hubiera pasado de no morir Stalin en marzo de 1953, ni sobre qué sucedió realmente durante los tres días que estuvo paralizado. Lo cierto es que al poco de su muerte, el grueso de la burocracia aflojó el control y la represión, abrió espacios de cierta creatividad y marginó y depuró a los sectores más stalinistas y duros de la propia burocracia, pero no a la mayoría. Las reformas fueron tímidas debido a la resistencia de la mayoría de la casta. En 1955 un alto cargo tuvo que reconocer el atraso de la agricultura; en 1958 se crearon los “consejos permanentes de producción”; en 1965 facilitó la entrada de activos en las empresas. Estas y otras medidas permitieron que desde 1966 se recuperara la economía, y en 1969 se suavizó la centralización estatal pero el crecimiento empezó a caer en 1970 acelerándose casi sin interrupción a pesar de todos los intentos realizados hasta el hundimiento de la segunda mitad de los ’80 y el caos de comienzos de los ’90.
La caída económica desde 1970 en adelante, con repuntes pequeños que no detuvieron el hundimiento, se vio impulsada por las crecientes amenazas directas y agresiones del imperialismo, en especial la desarrollada con acelerones intensos por la militarización estructural del imperialismo en su conjunto, aunque fueran los EEUU quienes lo dirigieran. La casta burocrática fue volcándose cada vez más en la industria militar y en el desarrollo tecnocientífico unido a ella, abandonando o desentendiéndose de otras necesidades cada vez más urgentes. Las sucesivas reformas puntuales en el sentido de mejorar el consumo y la calidad de vida iban siempre perdiendo terreno frente a las urgencias de la respuesta militar, en medio de una casta burocrática cada vez más corrupta y alejada del pueblo, con privilegios en aumento y, lo que remata el problema, cada vez más atada al capital financiero internacional por los préstamos que se pedían para sufragar compras en el mercado capitalista de recursos alimentarios, sanitarios y tecnocientíficos.
La perestroika fue el último esfuerzo por aplicar en medio de la crisis agónica de finales de los ’80 medidas esencialmente idénticas a las propiciadas por el sector bujarinista y “derechista” en el “gran debate” arriba descrito y en los años posteriores hasta que fracasaron entre 1928-29. Se dio vida a la vieja tesis del “socialismo de mercado” que no era otra cosa que preparar las condiciones para el triunfo irreversible del “mercado sin socialismo”, como ocurrió a los pocos años. La descomposición de la URSS era, además de económica, también política, ética y científico-cultural.
La casta burocrática decidió liquidar el partido “comunista” desde dentro, y era tal su endeblez, dogmatismo y corrupción que la gran mayoría de cuadros medios y altos se lanzaron a quedarse en forma de propiedad privada con toda la propiedad estatal y pública que podían acaparar, mientras que los cuadros bajos permanecían pasivos y desconcertados, reaccionando muy pocos de ellos. El desprestigio ético del “socialismo” explica que las clases trabajadoras y la gran mayoría del pueblo no opusieran una tenaz resistencia a semejante contrarrevolución interna. La poderosa industria científico-militar comprendió que se enriquecería al máximo si se convertía en capitalista de la noche a la mañana.
La actualidad de la URSS en lo que concierne a los debates actuales dentro de la burguesía y del reformismo internacional radica en que ha demostrado la incuestionable superioridad de la planificación estatal basada en el poder popular y en la democracia socialista, en los peores momentos. Incluso cuando la planificación se ha reducido sólo a estatal porque el poder popular ha ido quedando al margen, y porque la democracia socialista ha sido reducida a una caricatura, incluso así, ha sido superior a las políticas burguesas más ortodoxamente keynesianas e intervencionistas. Únicamente cuando el “socialismo de mercado” abrió las puertas de par en par al “mercado sin socialismo”, sólo entonces la planificación estatal dejó definitivamente de tener alguna influencia, y al desaparecer ésta la miseria más dura azotó a los pueblos de la ex URSS, a sus clases trabajadoras, a sus ancianos y jubilados. La mujer fue la más golpeada por el retroceso cualitativo al modo de producción capitalista.
Mientras tanto, la planificación estatal fue decreciente en la medida en que aumentaba la “iniciativa” de las empresas, su capacidad para jugar en su beneficio aceptando cada vez más los dogmas del “socialismo de mercado” y el veneno dulce pero mortal de la ley del valor-trabajo. Pero dado que la propiedad seguía en manos del Estado y de que éste no estaba todavía en manos de la clase burguesa, el sistema incorrectamente denominado “soviético”, siguió siendo un sistema aparentemente estancado en su tránsito del capitalismo al socialismo. Estancado en apariencia porque, como indica la dialéctica, nada permanece estable e inmutable, todo cambia y se mueve; y en lo relacionado con la sociedad, si no avanza, retrocede aunque sea imperceptiblemente. Mientras, crecía la tensión entre la centralidad económica que aún mantenía el Estado y la “iniciativa” empresarial, hasta que la casta decidió hacerse propietaria.
Los propagandistas burgueses creyeron equivocadamente que con la implosión de la URSS la denominada “mano invisible del mercado” había vencido para siempre, sin darse cuenta que desaparecida la URSS se esfumaba también uno de los sistemas de contención de la lucha revolucionaria a escala mundial más efectivos desde finales de los ’20. Los denominados “treinta gloriosos”, las tres décadas de expansión del capitalismo imperialista en algunas áreas del planeta, se asentaron en una serie de coincidencias extraordinarias que muy probablemente nunca más vuelvan a juntarse, al contrario.
La “convivencia pacífica” decretada por la URSS ayudó sobremanera a la “paz social” durante dichas décadas. Ahora, el sub-imperialismo ruso no puede cumplir ese papel, y los EEUU, la UE , Japón, etc., se enfrentan a problemas de orden y de control muy superiores a los que tuvieron antes entre otras razones porque el capitalismo ha entrado en una larga fase de crisis. Los pueblos oprimidos, las clases trabajadoras, las mujeres, las minorías sometidas a opresiones concretas pero insertas en la explotación capitalista, debemos estudiar la innegable actualidad de la URSS y aplicar al presente el potencial revolucionario que guarda en su interior la revolución bolchevique.
La innegable actualidad de la URSS | 16-01-2009 - 07:52:42 GMT 1 #
Rusia frena a EE.UU. en su camino a Afganistán
M K Bhadrakumar
Preciso, rápido, letal – los talentos de un soldado son modestos. Pero, por otro lado, el jefe del Comando Central de EE.UU., general David Petraeus es más que un soldado. El mundo comienza a acostumbrarse a su persona como alguien que está a poco más de mitad de camino a convertirse en estadista. Seguro, puede que todavía muestre una cierta seducción bélica, pero se cuenta con que tenga conciencia de las realidades políticas de las dos guerras que dirige, en Iraq y Afganistán.
Por eso dio un paso en falso el martes pasado cuando dijo, durante una visita a Pakistán, que los militares estadounidenses han obtenido acuerdos para llevar suministros a Afganistán desde el norte, desahogando la gran dependencia de la ruta de tránsito a través de Pakistán. “Se ha llegado a acuerdos, y hay ahora líneas de tránsito y acuerdos de tránsito para bienes comerciales y servicios en particular que incluyen a varios países en los Estados centroasiáticos y Rusia,” dijo Petraeus.
Fue innecesariamente preciso – como soldado que es. Tal vez tenía que recalcar a los duros generales paquistaníes que no podrían agarrar por la yugular a las fuerzas de EE.UU. en Afganistán por mucho tiempo. O, simplemente se sintió exasperado por la doble moralidad de las caras hipócritas de generales del Sudoeste Asiático.
La impactante evaluación de inteligencia compartida por Moscú revela que casi la mitad de los suministros de EE.UU. que pasan por Pakistán es hurtada por grupos abigarrados de militantes talibanes, pequeños comerciantes y simples ladrones. Al Ejército de EE.UU. le hurtan a plena luz del día y no puede hacer gran cosa al respecto. Casi un 80% de todos los suministros para Afganistán pasan por Pakistán. El bazar de Peshawar hace un tremendo negocio vendiendo mercadería militar estadounidense robada, como en los años ochenta durante la yihad afgana contra la Unión Soviética. Ese volumen de negocios registrará un salto cuántico después de la duplicación del nivel de tropas de EE.UU. en Afganistán a 60.000. Las guerras son esencialmente tragedias, pero también pueden ser cómicas.
Moscú desmiente la ruta de tránsito.
En todo caso, un día después de la observación de Petraeus, fue desmentido por Moscú. El viceministro de Exteriores Alexei Maslov declaró a Itar-Tass: “Ningún documento oficial fue sometido a la misión permanente de Rusia en la OTAN que certifique que Rusia haya autorizado a EE.UU. y a la OTAN a transportar suministros militares a través del país.”
Un día más tarde, el embajador de Rusia ante la OTAN, Dmitry Rogozin, agregó desde Bruselas: “No sabemos nada de un supuesto acuerdo de Rusia al tránsito militar de estadounidenses o de la OTAN en general. Ha habido sugerencias de ese tipo, pero no fueron formalizadas.” Y, con un toque de ironía, Rogozin insistió en que Rusia quiere que la alianza militar tenga éxito en Afganistán.
“Puedo decir responsablemente que en caso de una derrota de la OTAN en Afganistán, fundamentalistas inspirados por esa victoria fijarán sus ojos en el norte. Primero atacarán Tayikistán, luego tratarán de irrumpir en Uzbekistán… Si las cosas van mal, en unos 10 años, nuestros muchachos tendrán que combatir contra islamistas bien armados y bien organizados en algún sitio en Kazajstán,” agregó el popular político moscovita convertido en diplomático.
Expertos rusos han dado a conocer que Moscú ve con inquietud las recientes aperturas de EE.UU. hacia países centroasiáticos respecto a tratados bilaterales de tránsito con ellos que excluyen a Rusia. Se ha llegado a acuerdos con Georgia, Azerbaiyán y Kazajstán. Moscú considera que EE.UU. sigue adelante con una nueva ruta de tránsito por el Caspio que involucra el despacho de embarques a través de Georgia a Azerbaiyán y de allí al puerto kazajo de Aktau, pasando por territorio uzbeko a Amu Darya y al norte de Afganistán.
Expertos rusos estiman que la propuesta ruta de tránsito por el Caspio podría convertirse eventualmente en una ruta de transporte de energía en la dirección contraria, lo que significaría un revés estratégico para Rusia en la lucha decenal por las reservas de hidrocarburos de la región.
Rusia presiona por un papel en Kabul
Por cierto, Uzbekistán es el país centroasiático clave en el gran juego por la ruta norteña de tránsito a Afganistán. Por lo tanto, durante la visita del presidente ruso Dmitry Medvedev a Tashkent la semana pasada, Afganistán fue un tópico crucial. Medvedev caracterizó las relaciones ruso-uzbekas como “una cooperación y alianza estratégica” y dijo que en asuntos relacionados con Afganistán, la cooperación de Moscú con Tashkent asume una “importancia excepcional.”
Dijo que él y el presidente uzbeko Islam Karimov estuvieron de acuerdo en que no podía haber una “solución unilateral” al problema afgano y que “nada puede ser resuelto sin tomar en consideración la opinión colectiva de Estados que tienen interés en la solución de la situación.”
Más significativo es que Medvedev subrayó que Rusia no tiene objeciones a la idea del presidente de EE.UU., Barack Obama, de vincular los problemas de Afganistán y Pakistán, pero por un motivo enteramente diferente, ya que “no es posible examinar el establecimiento y el desarrollo de un sistema político moderno en Afganistán en aislamiento del contexto de la normalización de las relaciones entre Afganistán y Pakistán en sus regiones fronterizas, estableciendo los mecanismos internacionales apropiados, etc.”
Moscú toca pocas veces el delicado tema de la Línea Durand, es decir, la controvertida línea que separa Afganistán y Pakistán. Medvedev subrayó que Rusia sigue siendo una parte interesada, de modo que existe una “necesidad de asegurar que esos temas sean resueltos sobre una base colectiva.”
Segundo, Medvedev dejó claro que Moscú resistirá intentos de EE.UU. de expandir su presencia militar y política en Asia Central y en regiones del Caspio. Afirmó: “Se trata de una región clave, una región en la cual están teniendo lugar diversos procesos y en la cual Rusia tiene trabajo crucialmente importante que realizar para coordinar nuestras posiciones con nuestros colegas y para ayudar a encontrar soluciones comunes a los problemas más complejos.”
Hablando claro, Moscú no permitirá una reedición de la táctica de EE.UU. después del 11 de septiembre de 2001, cuando buscó una presencia militar en Asia Central como medida temporal y luego procedió fríamente a colocarla sobre una base a largo plazo.
Karzai extiende la mano a Moscú
De modo interesante, las observaciones de Medvedev coinciden con informes de que Washington está dejando a la deriva al presidente afgano Hamid Karzai y que planifica la instalación de un nuevo “equipo de ensueño” en Kabul.
Medvedev había escrito a Karzai ofreciendo ayuda militar. Karzai aparentemente aceptó la oferta rusa, ignorando la objeción de EE.UU. de que en términos de acuerdos secretos entre EE.UU. y Afganistán, Kabul necesitaba el consentimiento previo de Washington para semejantes tratos con terceros países.
Una declaración del Kremlin del lunes pasado dijo que Rusia está “lista para proveer amplia ayuda a un país independiente y democrático [Afganistán] que vive en una atmósfera pacífica con sus vecinos. La cooperación en el sector de la defensa… será efectiva para el establecimiento de la paz en la región.” Tiene sentido que Kabul haga adquisiciones militares de Rusia ya que las fuerzas armadas afganas utilizan armamento soviético. Pero Washington no quiere una “presencia” rusa en Kabul.
Es bastante obvio que Moscú y Kabul han desafiado el poder secreto de veto de EE.UU. sobre las relaciones exteriores de Afganistán. El viernes pasado, diplomáticos rusos y afganos se reunieron en Moscú y “se comprometieron a seguir desarrollando la cooperación ruso-afgana en política, comercio y economía así como en la esfera humanitaria.” Significativamente, también “señalaron la importancia de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO)” que es dominada por Rusia y China.
La SCO busca un rol afgano
Washington no puede condenar abiertamente a Karzai por acercarse a Rusia (y China) ya que Afganistán es teóricamente un país soberano. Mientras tanto, Moscú interviene en la afirmación de independencia de Kabul. Moscú ha aumentado sus esfuerzos por realizar una conferencia internacional sobre Afganistán bajo el auspicio de la SCO. EE.UU. no quiere que Karzai legitime un papel de la SCO en el problema afgano. Ahora aparece un punto crítico.
Una reunión de los ministros adjuntos de exteriores de los países miembro de la SCO (China, Kazajstán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán) tuvo lugar en Moscú el 14 de enero. El Ministerio de Exteriores ruso anunció que una conferencia tendrá lugar a fines de marzo. La iniciativa rusa recibió un fuerte apoyo con la decisión de Irán e India de participar en la conferencia.
Nueva Delhi ha saludado un rol realzado para sí misma como observador en la SCO y busca “mayor participación” en las actividades de la organización. En particular, Nueva Delhi ha “expresado interés en participar en las actividades” del grupo de contacto de la SCO sobre Afganistán.
La gran pregunta es si Karzai aprovechará esas tendencias regionales y responderá al acercamiento de la SCO, lo que capacitaría a Kabul a salirse del control total de Washington. Sin duda, Washington corre contra el tiempo en la gestación de un “cambio de régimen” en Kabul.
El punto es que más y más países en la región tienen dificultades para aceptar el monopolio de EE.UU. en la solución del conflicto en Afganistán. Washington tendrá dificultades para disociarse de la próxima conferencia de la SCO en marzo e idealmente hubiera deseado que Karzai tampoco participara, a pesar de que se trata de una iniciativa regional hecha y derecha que incluye a todos los vecinos de Afganistán.
Es seguro que la SCO colocará a Afganistán como un punto importante del orden del día en su reunión anual en la cumbre programada para agosto en Yekaterinburgo [antes Sverdlovsk], Rusia. Parece que Washington no puede detener a la SCO en esta etapa, excepto mediante una ampliación genuina de la base de la búsqueda de un acuerdo afgano y el permiso para que los poderes regionales con legítimos intereses participen plenamente.
Por otra parte, el actual modo de pensar de EE.UU., es hacer “grandiosos convenios” con poderes regionales bilateralmente y mantenerlos separados de una coordinación colectiva mutua sobre la base de preocupaciones compartidas. Pero los poderes regionales conocen el plan de juego de EE.UU. por lo que es – una jugada astuta de dividir para gobernar.
Moscú rechaza los compromisos selectivos
Sin duda alguna, esas maniobras diplomáticas también revelan el déficit de confianza en las relaciones ruso-estadounidenses. Moscú expresa optimismo en que Obama encare constructivamente los problemas que se han acumulado en la relación entre EE.UU. y Rusia. Pero Rusia no apareció ni en el discurso inaugural de Obama ni en el documento de política exterior que aclaró su orden del día.
El martes pasado, el ministro de exteriores ruso, Sergei Lavrov, resumió las expectativas mínimas de Moscú: “Espero que los problemas controvertidos en nuestras relaciones, como ser la defensa de misiles, la viabilidad de la expansión de la OTAN… serán resueltos sobre la base del pragmatismo, sin la evaluación ideológica que tenía el gobierno saliente… Hemos notado que… Obama está dispuesto a hacer una pausa en el tema de la defensa de misiles… y a evaluar su efectividad y su rentabilidad.”
Pero Rusia no está entre las prioridades del nuevo gobierno de EE.UU. Además, como señaló la semana pasada el influyente periódico Nezavisimaya Gazeta, “Una cantidad considerable de congresistas [estadounidenses] de ambos partidos creen que Rusia necesita que se le lea seriamente la cartilla.” La actual prioridad rusa será organizar una próxima reunión entre Lavrov y la Secretaria de Estado Hillary Clinton, y hasta que una tal reunión tenga lugar, las cosas quedarán en reserva – incluyendo el tema polémico de la ruta de tránsito para Afganistán.
Por lo tanto, mientras hablaba con los medios en Tashkent, Medvedev estuvo de acuerdo con permitir que EE.UU. utilice una ruta de tránsito a Afganistán a través de territorio ruso, pero de inmediato hizo la salvedad de que: “Esa cooperación será hecha y derecha y sobre una base igualitaria.” Recordó a Obama que la estrategia de la ‘oleada’ en Afganistán podría no funcionar. “Esperamos que el nuevo gobierno tenga más éxito que su predecesor en los temas que tienen que ver con Afganistán,” dijo Medvedev.
Evidentemente, Petraeus pasó por alto que la innecesaria obstinación de EE.UU. por mantener el Hindu Kush como su terreno político exclusivo directamente en medio de Asia se ha convertido en un tema contencioso. A pesar de la fina retórica, el gobierno de Obama puede encontrar dificultades para mantener el mito de que la guerra afgana tiene que ver sólo con la lucha hasta el fin contra al-Qaeda y los talibanes.
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El embajador M K Bhadrakumar fue diplomático de carrera en el Foreign Service indio. Sus misiones incluyeron a la Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía.
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Rusia frena a EE.UU. en su camino a Afganistán | 28-01-2009 - 08:54:56 GMT 1 #