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23/08/2008 GMT 1

Crisis económica. Por favor, no hagan nada.

lejarza @ 07:02

Juan Francisco Martín Seco, La Estrella Digital: Crisis económica. Por favor, no hagan nada.-Esquilo, al comienzo de su tragedia “Los siete contra Tebas”, nos presenta al rey Eteocles, hijo de Edipo, contemplando desde la muralla al ejército enemigo y quejándose amargamente de la asimetría con que se juzgan los resultados bélicos. Si la suerte es favorable, la victoria se atribuye a la protección de algún dios; pero, por el contrario, si el desenlace es adverso, la derrota se achaca a la inexperiencia e ineptitud del rey.

En materia de política económica, el juego se desarrolla al1 de Maig 2008 Argelaguer Girona Garrotxa Olot revés. La bonanza se la apunta en su haber el gobierno; sin embargo, las crisis económicas siempre son huérfanas o atribuibles a factores externos. Zapatero en esto, ciertamente, no es una excepción y, al igual que Aznar, sacó pecho cuando la economía iba bien, vanagloriándose de ser un mago económico. Pero, tan pronto como han comenzado las dificultades, mira hacia el exterior.

La semana pasada, el Gobierno organizó toda una farsa orientada a hacernos creer que no permanece pasivo ante la crisis. Zapatero debió de contar con la ayuda inestimable de su colega Almunia, filtrándole los datos económicos europeos, así como el día en que iban a hacerse públicos, de manera que pudiera hacer coincidir con esta fecha su comparecencia, y recurrir una vez más a su cantinela favorita, la de que la crisis tiene su origen en el exterior y que España está encajando las dificultades económicas mucho mejor que sus vecinos.

Esta tesis, por desgracia, tiene poco de verdad. Todos los medios se han apresurado a facilitar los datos económicos europeos del segundo trimestre del año tal como se los ofrecía el Gobierno, en tasas intertrimestrales. De esta suerte, el crecimiento español, aunque pobre (0,1), era más satisfactorio que el de otros muchos países: Italia y Francia (-0,3), Alemania (-0,5) y el conjunto de la Eurozona (-0,2). Las cifras tienen, sin embargo, otra lectura. No es posible fijarse exclusivamente en los datos de un trimestre y mucho menos cuando lo que se considera son tasas intertrimestrales. El primer trimestre fue mucho más negativo para España que para la mayoría de sus vecinos. Y si consideramos el segundo trimestre pero en tasa interanual, veremos que nuestro país se sitúa (1,8%) más o menos en la media, frente al 1,7% de la Europa de los 27, y el 1,5% de la de los 15, con el agravante para España de que la desaceleración está siendo mucho más fuerte, pasando de tasas del 4% a las del 1,8%, lo que pronostica para el futuro una evolución también peor.

El balance es tambien claramente negativo para nuestro país cuando contemplamos la evolución de los precios. No solamente es que se mantenga el diferencial de inflación con el resto de los miembros de la Unión Monetaria, sino que aumenta, acelerándose por tanto la pérdida de competitividad de nuestra economía.

Por otra parte, es difícil sostener que la actual crisis se debe solo a factores exteriores. Es cierto que los precios de las materias primas y del petróleo se han incrementado, así como que la ausencia de regulación ha introducido el caos en los mercados internacionales de capitales, extendiendo la desconfianza más absoluta entre todas las instituciones financieras. Es también verdad que el fanatismo monetarista del BCE está ocasionando que los efectos negativos de la crisis sean mayores en Europa que en otras áreas económicas, incluyendo allí donde se encuentra su origen, Estados Unidos. Pero, dicho esto, es imposible olvidar el enorme endeudamiento privado que se ha ido acumulando a lo largo de todo este tiempo en nuestro país, el diferencial de inflación que mantenemos año tras año con el resto de los de los países de la Eurozona, y el descomunal déficit exterior. Tales desequilibrios no podían por menos que conducir, antes o después, a una crisis económica, en cuanto cualquier factor externo actuase como catalizador.

Zapatero, en el Consejo de Ministros pasado, no solo ha pretendido echar culpas fuera, sino dar la impresión de que el Gobierno se mueve y hace algo ante la crisis. La verdad es que las medidas anunciadas son un pastiche de actuaciones que poco o nada tienen que ver con ella o que incluso son contradictorias y contraproducentes. La gran mayoría proviene de antiguas promesas electorales, cuando se negaba la crisis, o de medidas rutinarias de gobierno.

Casi todas ellas van destinadas al mundo empresarial, y ahora, después de haber privatizado todos los bancos estatales, parece que descubrimos el crédito oficial. Resulta curioso escuchar de nuevo lo de la ventanilla única. Creo que fue en el año 84, hace casi 25 años, en el Decreto Boyer, cuando se anunció por primera vez, y cada cierto tiempo surge como los ojos del Guadiana, sin que en ningún momento termine cuajando. Y es que lo de agilizar los trámites está muy bien en teoría, pero hay que ver si después en la práctica es posible, tanto más con una Administración dividida y deteriorada, a la que una visión raquítica y dogmática de reducción del gasto público corriente va debilitando poco a poco.

Por una parte, se afirma que se va practicar una austeridad presupuestaria, pero al mismo tiempo se elimina el Impuesto de Patrimonio, con lo que se beneficia a un segmento de población que no es precisamente el que va a tener mayores dificultades en esta crisis. Lo mejor que se puede decir del Gobierno es que las medidas tomadas son pocas y poco importantes, quitando la supresión del Impuesto de Patrimonio, que, por otro lado, estaba ya anunciada. “Por favor, no hagan nada”, sería la demanda que la mayoría de los ciudadanos deberían presentar a sus gobernantes ante la crisis, porque las soluciones y recetas que se escuchan desde fuera del Gobierno son mucho peores que la enfermedad. Todas van destinadas no a solucionar los problemas economicos sino, aprovechando estos, a variar la distribución de la renta a favor del capital y de las empresas, como si no hubieran tenido ya bastante a lo largo de estos años de bonanza.

Todo va dirigido en la misma dirección: reducción de cotizaciones sociales, bajada de impuestos, reforma del mercado laboral... Es curioso que, siendo claramente el mercado de capitales el que no ha funcionado y en el que se encuentra el origen de la crisis, la reforma que se pida sea la del mercado de trabajo. Hay quien se atreve a reclamar unos nuevos pactos de la Moncloa. Entonces los trabajadores tuvieron que pagar un alto precio económico como contrapartida, dijeron, de estabilizar el sistema democratico. ¿Qué hay que pagar ahora? Lo dicho, por favor, no tomen ninguna medida. Estense quietos. Las cosas irán mejor.

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  1. Política económica sin discurso político, por Juan H. Vigueras: Ante todo, ¿dónde está el diagnóstico de la situación económica española? Sea del gobierno o de la oposición. Difícilmente se pueden entender los planes de la política económica del gobierno si no se tiene claro cuales son las causas que considera que han generado lo que se pretende remediar. ¿O solo pretende ofrecer gestión y administrar los recursos públicos?. Por lo demás, la discusión sobre crisis o desaceleración económica suena a palabrería mediática tan inútil como las invectivas y las lamentables descalificaciones personales de la oposición. Porque de la información publicada, al alcance de cualquier ciudadano, podríamos deducir fácilmente tres causas del denominando ahora “estancamiento y frenazo”.

    - Primero, se olvida que fueron los impagos de las hipotecas subprimes en los EEUU los que desencadenaron la crisis financiera, la inestabilidad bursátil, las restricciones de créditos, la desconfianza entre los bancos y las consiguientes subidas del euribor. Un resultado de la globalización de los mercados financieros, en suma, que el “espacio financiero europeo” donde estamos, sin fronteras exteriores y sin supervisor comunitario, tradujo en consecuencias económicas que sufren ahora los ciudadanos.

    - Segundo, ¿por qué no se dice que esa crisis financiera trajo el pinchazo de nuestra burbuja inmobiliaria? Una burbuja, producto del dinero barato, que todo el mundo conocía pero que el ala económica del gobierno, tan socioliberal ella, consideraba que se desinflaría suavemente por sí sola y que el libre mercado se corregiría por sí mismo.

    - Y tercero, las simplificaciones mediáticas del “España va bien” y el “España va mejor” estimularon una sociedad consumista de nuevos ricos, de vacaciones en el extranjero con pago aplazado y que derrocha energía comprada en el exterior. Y una economía tan dependiente del petróleo ajeno tiene que afrontar ahora la realidad de unos costes y precios elevados; por lo que su consumo se tendrá que reducir forzosamente, con menos campañas publicitarias y más discurso político

    Si se contrasta ese diagnóstico abreviado con las medidas gubernamentales de abril, junio y las últimas 24 de agosto 2008, deduciremos dos conclusiones básicas. Y son, que seguimos instalados en el fracasado paradigma económico neoliberal y que falta un liderazgo político con la dimensión pedagógica de otros tiempos.

    Primero, convendría subrayar que cuando la crisis financiera provocada por las hipotecas subprimes ha replanteado tantas cosas en el seno del Imperio, en España se continúa instalados en el paradigma neoliberal, en esa nebulosa de principios, valores y procedimientos que conceden primacía absoluta al mercado y una autonomía y libertad al capital financiero que le lleva a su predominio sobre la economía productiva. Y para muestra en el programa gubernamental, basta el botón de las reducciones fiscales comenzando por la supresión del impuesto sobre el patrimonio, con las que se envía un mensaje erróneo a la sociedad.

    Porque los impuestos no son únicamente un problema de técnica contable, ni de solvencia de las cuentas públicas; la recaudación tributaria no es una cuestión de medios sino ante todo de fines, del para-qué. Y en este caso significa enviar a la ciudadanía el mensaje de que el Estado es rico y podemos permitirnos el lujo de reducir los ingresos públicos. Y en un país con las carencias del nuestro, una reducción de 1,800 millones de euros en los ingresos no es una cuestión de equilibrio presupuestario sino de aplazamiento de asuntos candentes y pendientes, sea la aplicación efectiva de la Ley de Dependencia o el grave problema de unos tribunales atascados y desacreditados. Un gasto social productivo que crea empleo en una economía de servicios necesarios y económicamente rentables. ¿Cuánto dinero se pierde con la demora de años en la resolución de los juicios civiles?

    Pero, sobre todo, asumir sin más la lógica de la reducción de impuestos es asumir el concepto neoliberal que considera el impuesto ante todo como un coste económico para las personas y las empresas, ignorando la contrapartida del gasto para la convivencia ordenada, que es la lógica de los que más tienen y menos necesitan de los demás. Y así, de paso, se convalidan moralmente las técnicas sofisticadas de la evasión fiscal, socavando las bases de un modelo de Estado que nos ha aportado convivencia y civilización. Y desde luego refleja un pobre concepto de la función de gobierno como simple tarea de gestión y administración. Y para ese viaje sobran las alforjas del apellido izquierda.

    Más aún, como razón funcional de la decisión de esa reducción fiscal, se nos dice por voz ministerial que el impuesto de patrimonio es “obsoleto”. O sea, se nos está diciendo que se defrauda mediante las falsas sociedades propietarias de patrimonios personales; o quizás, que es una manera de acabar con la ingeniería fiscal que argumentaba aquel ministro de Aznar cuando para evadir tributos había puesto sus pisos a nombre de una sociedad. ¿Por qué no se comienza con una investigación seria sobre la evasión y el fraude fiscal en España?. En 2008 seguimos sin disponer de un informe solvente al respecto; y nadie conoce el volumen de la economía oculta ni de los recursos que no recibe la Hacienda pública. Y el documento de los propios inspectores de Hacienda de Noviembre de 2007 es toda una acusación probada del abandono del asunto de la evasión fiscal, un documento al que nadie del gobierno ha respondido, al menos públicamente.

    Y un tercer punto que refleja el paradigma neoliberal, son las omisiones en los planes gubernamentales, desde la falta de una política contra la corrupción y blanqueo de dinero sucio hasta la revisión de la regulación financiera. Recientemente, España aparecía entre los países de la UE que no han aplicado la tercera directiva (2005) contra el blanqueo de dinero sucio. Y desde luego, la abundancia de casos y operaciones desarrolladas en los últimos años, evidencian que su gravedad merecería la atención política del gobierno. Y por el lado de la regulación financiera, bien está que ante la quiebra de la inmobiliaria Martinsa-Fadesa el gobierno no cediera a las presiones para que se le facilitara la salvación financiera. Pero cuando un 75 % de los 5,289 millones de euros adeudados en la quiebra de ese conglomerado inmobiliario corresponde a la Cajas de ahorro, con Caja Madrid y La Caixa, a la cabeza con 920 y 627 millones de euros, respectivamente, ¿no habría que tomar alguna medida seria? ¿Por qué y para qué disponen las Cajas de Ahorro de filiales y sociedades en países y territorios declarados paraísos fiscales, donde no tienen actividad propia?

    Finalmente, escuchando las explicaciones oficiales de las medidas, se echa de menos un discurso político y un liderazgo que dé respuesta a los millones de votos del centro izquierda recibidos por el partido en el gobierno en las pasadas elecciones. Más allá de las explicaciones a la prensa. No se trata de recuperar retóricas de otros tiempos. Pero tampoco basta con afirmar que el gobierno mantiene los compromisos sociales sin explicar el sentido político de las decisiones adoptadas. Porque si solo se ofrece gestión y administración, resulta comprensible para el ciudadano que las medidas alternativas de la oposición sigan inéditas ante el temor de que sean copiadas por los ministros del gobierno.

    Además, gobierno y oposición siguen sumidos en viejos planteamientos, de cuando no estábamos ni en la Eurozona ni en la UE ni existían las CCAA con presupuestos multimillonarios y que olvidan con frecuencia que son parte del Estado y de su economía. ¿O es que los dispendios de Comunidades como la de Valencia no se van a recortar? En particular, el Presidente que lidera también un partido político que gobierna Ayuntamientos y Comunidades, se olvida a menudo que un país descentralizado requiere directrices comunes para los responsables de las distintas administraciones públicas, además de las medidas legales precisas.

    Asimismo, el discurso político que tendría que acompañar y dar sentido a las medidas económicas gubernamentales debiera ilustranos a los ciudadanos sobre la política europea del gobierno. Porque sucede que de Europa solo hablamos para justificar medidas impopulares, pero no damos cuenta de qué aportamos cuando se elaboran las políticas comunitarias. Ante la disminución del PIB del conjunto de la Eurozona, la remontada de la inflación y el diferencial del euribor sobre el tipo de interés del BCE, que pesa sobre de las hipotecas españolas, ¿cuales son las propuestas que presentamos a nuestros socios? Porque la Eurozona no la gobierna el BCE sino los 15 gobiernos miembros; y parafraseando la canción de los Ketama convendría recordar que “no estamos solos, pero ¿sabemos lo que queremos?”.

    Política económica sin discurso político | 24-08-2008 - 07:25:14 GMT 1 #

  2. Culpables, millonarios e impunes, por Ramón Muñoz : "Cuando nace un brahmán, nace superior a la Tierra entera, es señor de todas las criaturas, y tiene que guardar el secreto del dharma. Todo lo que existe en el mundo es propiedad privada del brahmán. Por la alta excelencia de su nacimiento, él tiene derecho a todo. Esto es, es él quien goza, quien viste, quien da a otros, y es a través de su gracia que otros gozan", se dice en el Libro de Manu. Las leyes de Manu están contenidas en un antiguo manuscrito hindú que estableció el sistema de castas en la India hace más de dos mil años. El brahmán es la casta superior. Sólo unos elegidos pueden pertenecer a la misma y, como dice la cita, gozan de todos los derechos y su única labor es instruir en el conocimiento del mundo al resto de castas (salvo a los parias o intocables, que no gozan de ningún derecho).

    El capitalismo moderno ha emulado este sistema de castas. Sus brahmanes son los directivos y consejeros de las grandes corporaciones. Gozan de privilegios y prebendas por doquier: sueldos estratosféricos, planes de incentivos, vacaciones, jet privados y club de campo a costa de la empresa... Y no tienen casi ninguna responsabilidad. Si las acciones suben, ellos son los que más ganan gracias a los programas de opciones sobre acciones que premian la revalorización bursátil. Si la cotización se derrumba o incluso si las firmas quiebran y los accionistas pierden todo lo invertido, ellos también ganan. En caso de despido, cuentan con cláusulas que les aseguran indemnizaciones multimillonarias, conocidas como paracaídas de oro (golden parachute), de las que no disfrutan los trabajadores, los parias de este orden económico.

    El derrumbe del sistema financiero internacional ha sacado a la luz estas colosales prerrogativas de los directivos cuya gestión ha abocado a la desaparición a firmas históricas como

    Lehman Brothers o Merrill Lynch. Sus arruinados accionistas y ahorradores o los trabajadores despedidos se preguntan por qué en lugar de ser reclamados por los juzgados, los ejecutivos han salido sin hacer ruido por la puerta de atrás y con las carteras llenas. Sólo las cinco mayores firmas financieras de Wall Street -Merrill Lynch, JP Morgan, Lehman Brothers, Bear Stearns y Citigroup- pagaron más de tres mil millones de dólares en los últimos cinco años a sus máximos ejecutivos, justo en el periodo en el que éstos se dedicaron a inflar las cuentas, empaquetando en fondos y otros activos opacos, préstamos incobrables que han derivado en la mayor crisis financiera de la historia.

    Cuando el sistema se colapsó, las firmas siguieron siendo generosas con los causantes de la debacle. Stanley O'Neall se llevó a casa 161 millones de dólares cuando dejó Merrill Lynch; Charles Prince obtuvo 40 millones al dejar Citigroup, cifra similar a la que que obtuvo Richard S. Fuld, de Lehman.

    El código marinero tampoco va con los CEO (chief excutive officer, siglas en inglés de consejero delegado). Si el barco se hunde, son los primeros en coger el salvavidas, un salvavidas de oro. La comisión de investigación de la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha puesto al descubierto esta semana que la cúpula directiva de Lehman Brothers aprobó bonus por millones de dólares para los ejecutivos que salieran de la empresa mientras negociaban con las autoridades federales el rescate de la quiebra. Su consejero delegado, Richard Fuld, cuya actuación ha llevado a la desaparición del banco de inversión más veterano de Estados Unidos (fundado en 1850), ganaba 17.000 dólares a la hora.

    Pese a ser reverenciados por diarios financieros como The Financial Times o The Wall Street Journal como prototipo de eficiencia y seriedad, su comportamiento caprichoso se asemeja más bien al de los divos del pop o los artistas de Hollywood. James Cayne, el máximo responsable de Bear Stearns, se marchó a un torneo de bridge mientras colapsaban dos fondos de inversión que provocaron finalmente la desaparición de la quinta entidad financiera de Estados Unidos. ¡Ni siquiera encendía el móvil!

    Angelo Mozilo, responsable de la quiebra del banco hipotecario Countrywide, consideraba una inexplicable afrenta personal que el consejo de administración le pidiera explicaciones acerca de los viajes de su esposa en el jet privado de la compañía, que le pagó 360 millones de dólares en los últimos cinco años.

    La cultura del jet es consustancial a los CEO. Martin Sullivan, consejero delegado de AIG hasta que la aseguradora fue rescatada de la quiebra con fondos públicos por la Administración de Bush, gastó el año pasado 322.000 dólares en viajes privados o de vacaciones en el reactor de la empresa. Su colega Stanley O'Neal, presidente de Merrill Lynch, cargó gastos de avión y coche para uso particular por 357.000 dólares en 2007. Abandonó la compañía, hoy en manos de Bank of America, tras sufrir las mayores pérdidas de su historia, en octubre del año pasado, llevándose 161 millones de dólares bajo el brazo.

    La constitución de ese modelo de dirección de las grandes compañías que otorga plenos poderes y remuneraciones desmesuradas a un grupo limitado de ejecutivos, no sujetos a ningún control efectivo ni a responsabilidad por su gestión, no es reciente.

    Comenzó a fraguarse en los años ochenta y noventa, pero se ha consolidado completamente en lo que llevamos de siglo. Los datos no dejan lugar a dudas sobre la desigualdad laboral en la que se mueven estos asalariados de oro: en 1976, la remuneración media de los máximos ejecutivos de las corporaciones estadounidenses era 36 veces superior al sueldo medio de un trabajador de la empresa; en 1989, era 71 veces, y en 2007, cada directivo recibió 275 veces más que la retribución que sus trabajadores, según las cifras de The Institute for Policy Studies and United for a Fair Economy. Este mismo informe revela que entre 1996 y 2006 las retribuciones de los consejeros delegados crecieron un 45%, cuando el sueldo medio del trabajador estadounidense aumentó sólo un 7%.

    Lo más sangrante de ese abismo salarial entre gestores y gestionados es que los emolumentos de los directivos poco o nada tienen que ver en muchos casos con los resultados de la empresa que dirigen, a diferencia de lo que ocurre con los trabajadores que, ante la menor dificultad, sólo les queda el camino de la moderación salarial, cuando no directamente del despido.

    El consejo de administración de General Motors acordó en marzo pasado elevar el sueldo del presidente de la compañía automovilística, Rick Wagoner, hasta 2,2 millones de dólares, la misma base salarial que tenía antes de 2006, cuando se le recortó el salario dentro del plan de ajuste de costes que puso en marcha la compañía. El consejo acordó también otorgarle bonus y opciones sobre acciones por más de 10 millones de dólares, pese a que la firma de Detroit presentó en 2007 las mayores pérdidas de su historia que motivaron un plan de recorte laboral que afectó a 74.000 empleados, que se irán a la calle sin bonus ni planes de opciones. A los accionistas no le van mejor las cosas. Los títulos alcanzaron esta semana el nivel de 1950.

    En materia de despidos, Wagoner ha superado de lejos a su antecesor en el cargo, Roger Smith, a quien el controvertido director de cine Michael Moore le dedicó su documental Roger & me en 1989, cuando cerró la planta de GM de su localidad natal, Flint (Michigan), dejando en el paro a 30.000 trabajadores.

    Moore, que a lo largo de toda la filmación intentó sin éxito hablar con Smith, tendría aún más difícil charlar con Wagoner. La casta superior del neocapitalismo, como los brahmanes indios, no tiene que dar cuentas a nadie: ni periodistas, ni jueces, ni gobiernos, ni accionistas, ni impositores, ni contribuyentes. Para tapar los agujeros que ha causado su desastrosa gestión, los Estados han anunciado planes de inyección de fondos públicos por más de un billón y medio de euros que, en último término, saldrán del bolsillo de los contribuyentes.

    Pero si alguien piensa que, ante este derrumbe general de la economía, los CEO han entonado el mea culpa y optado por la austeridad, está muy equivocado. Los máximos directivos de AIG se fueron a pasar un fin de semana a Monarch Beach, un exclusivo hotel de California en el que las habitaciones valen 800 euros por noche, para celebrar que el Tesoro estadounidense les había salvado de la quiebra inyectando 85.000 millones de euros de fondos públicos. Según se puso de manifiesto esta semana en la Comisión de la Cámara de Representantes, los ejecutivos de la que fuera la mayor aseguradora estadounidense se gastaron más de 440.000 dólares, incluyendo "manicura, tratamientos faciales, pedicuras y masajes", a costa de los contribuyentes. "Es tan básico como el salario, ya que supone recompensar el trabajo", se justificó el portavoz de AIG, Nicholas Ashoo.

    "Sólo cuando la marea se retira, sabes quién nadaba desnudo". Warren Buffet, el financiero estadounidense y el más rico del planeta, suele repetir esta frase para describir la ceguera de accionistas y reguladores respecto a los directivos que gobiernan las empresas a su antojo y con total opacidad, de forma que nadie pueda conocer hasta su marcha la verdadera situación de las cuentas.

    El consejo de Washington Mutual, la entidad bancaria que llegó a liderar la concesión de hipotecas en Estados Unidos, modificó en febrero los planes de bonos para sus máximos directivos de forma que pudieran cobrar esos pluses sin tener en consideración el índice de impagados en el negocio hipotecario del banco cuando éste ya se había disparado hasta extremos inadmisibles. Dos meses después, la compañía era adquirida a precio de saldo por un grupo de fondos de inversión. Los directivos cobraron sus bonos al salir de la empresa, al tiempo que 3.000 empleados eran despedidos. El consejero delegado, Kerry Killinger, alegó que de 2006 a 2007 se había bajado el sueldo un 21% hasta los 14,4 millones de dólares.

    Un consuelo escaso para los accionistas que habían visto esfumarse más de un 90% de su inversión y que, pese a sus pérdidas, tuvieron que abonar 20 millones de dólares al gran Killinger, causante de su ruina, cuando finalmente decidieron echarle en septiembre pasado. Jean-Paul Votron, consejero delegado de Fortis, cobró un 15% más en 2007. Se le premiaba así por la compra de ABN Amro por 72.000 millones de euros. El banco holandés resultó estar infectado por los activos basados en las hipotecas subprime y llevó a la quiebra a Fortis, que ha tenido que ser rescatado por los Estados de Bélgica, Luxemburgo y Holanda.

    La comisión de investigación del Congreso también destapó que Fuld autorizó pagos de 20 millones de dólares a dos directivos de Lehman cuatro días antes de que la firma se declarara en bancarrota.

    El experto Graef Cristal, que dirige una revista online dedicada a analizar las compensaciones de los ejecutivos, considera que el fenómeno de la crisis de las hipotecas subprime o basura se explica en gran parte por el sistema de remuneraciones instaurado por los bancos de inversión estadounidenses a sus ejecutivos, a quienes reparten el 50% de sus beneficios, más que ningún otro sector.

    Los empleados de los mayores cinco bancos de inversión percibieron 66.000 millones de dólares en 2007, de ellos, 39.000 millones en bonus. Esta cifra arroja una retribución media de 353.089 dólares por empleado, según Bloomberg. Como su sueldo dependía directamente de lo que ganara la empresa, hincharon artificialmente las cuentas, comercializando piramidalmente fondos u otros instrumentos financieros respaldados por los ahora llamados activos tóxicos.

    "En Wall Street como en Hollywood, los beneficios tienden a venir en grandes paquetes y todos quieren un trozo. Da igual que se trate de la película Caballero Oscuro (la última de Batman) o de una gran fusión, quien tiene el poder de llevar a la gente al cine o de cerrar un acuerdo puede ganar lo que quiera", dice Cristal.

    Contra esta insultante impunidad se han alzado voces desde el ámbito ciudadano y sindical. Curiosamente, la reacción de los dirigentes políticos ha sido más bien tibia. El presidente George W. Bush, empujado por los congresistas del Partido Republicano que veían peligrar su escaño por el clamor popular, se vio forzado a aceptar que los directivos de las firmas rescatadas por su plan de 700.000 millones de euros renunciaran a recibir las indemnizaciones pactadas, propuesta que se incluyó en la reforma del plan tras ser rechazado por la Cámara de Representantes. Así ha sucedido en el caso de AIG, o las financieras inmobiliarias Fannie Mae y Freddie Mac, cuyos presidentes cesados no hicieron valer sus cláusulas de indemnización.

    La Oficina Federal de Investigación (FBI) ha abierto una investigación en 26 empresas en busca de posibles irregularidades contables. Y en la Cámara de Representantes se ha constituido una comisión de investigación por la que están pasando los principales responsables del derrumbe.

    En Europa, por el momento, sólo meras declaraciones. La canciller alemana Angela Merkel conminó a los directivos de Hypo Real Estate, rescatado de la bancarrota por un grupo de bancos y el Estado, a que respondan con su patrimonio personal. El Gobierno francés obligó a Axel Miller, consejero delegado del banco franco-belga Dexia, a renunciar a la indemnización de más de tres millones de euros que le correspondían según su contrato por dejar ese cargo. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, puso como primera condición para participar en el rescate de la entidad financiera que ninguno de los directivos recibiera indemnizaciones extraordinarias.

    Fuera de declaraciones admonitorias y la moralina para electores, ningún país ha anunciado cambios en la legislación para limitar los sueldos de los directivos o definir mejor sus responsabilidades en caso de quiebra.

    Todos los intentos por limitar los emolumentos de los ejecutivos han resultado en vano. A mediados de los ochenta, hubo una fiebre de fusiones. Los reguladores advirtieron que muchas de esas operaciones no respondían a ninguna estrategia empresarial sino a las indemnizaciones que recibían los directivos que cerraban los acuerdos. Por eso, impusieron en Estados Unidos un impuesto sobre todas las indemnizaciones que excedieran tres veces el salario anual de los directivos. La única consecuencia fue que los ejecutivos cerraron cláusulas para que las compañías se hicieran cargo de esa tasa. En 1992, la Securities Exchange Commission (SEC), que vigila los mercados bursátiles en Estados Unidos, obligó a las empresas a informar de los emolumentos de sus directivos. No sólo no se avergonzaron de revelar sus ganancias anuales, sino que las han multiplicado por cuatro.

    Un año después se intentó poner coto a los sueldos estratosféricos, limitando las deducciones fiscales a un millón de dólares. Se hizo una excepción para las recompensas no dinerarias. Como consecuencia se dispararon las remuneraciones en opciones sobre acciones. Y ya se ha convertido en una moda entre los presidentes de las corporaciones ganar un dólar al año. Los presidentes de

    Yahoo!, Apple y Google están en ese club. En 2006, ganaron sólo un dólar como salario base. ¡Y millones de dólares en opciones y bonos!

    Los gobiernos piden sacrificios a ahorradores, accionistas y trabajadores para salir al rescate de bancos y aseguradoras a costa de miles de millones de las arcas públicas. Y los culpables de este saqueo no sólo no son reclamados por la justicia, sino generosamente recompensados. Es como si a los asaltantes del tren de Glasgow les estuviera esperando el jefe de Scotland Yard en la estación de Londres para colgarles una medalla. Su botín fue de 60 millones de euros (al cambio actual) y se le llamó el robo del siglo. ¿Cómo llamaremos a las hazañas de los villanos de Wall Street?

    Paulson, uno de los suyos

    El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, es, hoy por hoy, lo más parecido a un mesías. Le han encomendado salvar el sistema capitalista mediante un plan de inyección de fondos por 700.000 millones de dólares, medio billón de euros, es decir, la mitad del producto interior español. Debe limpiar unas entidades que conoce a la perfección puesto que en 2006, cuando fue fichado por George W. Bush para dirigir el Tesoro, era presidente de Goldman Sachs, el banco de inversión donde desarrolló su carrera durante 40 años.

    Cuando dejó la firma, Paulson atesoraba una fortuna de alrededor de 500 millones de dólares, fundamentalmente en acciones, que vendió con fuertes plusvalías. Como secretario del Tesoro, ha tenido que adoptar medidas como el rescate de AIG o Fannie, pero no quiso intervenir en favor de sus antiguos competidores como Bear Stearns o Lehman Brothers, comprados por otras entidades bancarias.

    Ahora no le va a quedar más remedio que administrar las firmas donde trabajan sus colegas. De hecho, el equipo encargado de gestionar esos fondos estará integrado sobre todo por ejecutivos de Wall Street, incluyendo los de Goldman. Y es que, Paulson, aunque quiera salvar los ahorros del norteamericano medio, no deja de ser uno de los suyos.

    Culpables, millonarios e impunes | 13-10-2008 - 09:13:44 GMT 1 #

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