Crisi? Quina crisi?
La crisi de les tulipes holandeses encara se segueix estudiant a les facultats, com a prototipus del que passa quan el remat es precipita a la compra d'una cosa el valor de la qual només ve marcat pel moviment del mateix remat. Sembla que ningú va aprendre gran cosa d'ella. Però no es preocupin, els mateixos responsables polítics que han estat còmplices del que ha passat ara acudeixen en defensa dels endeutats, negociant amb les entitat financeres ajornaments en els pagament. Igual que al casino, en la banca la casa mai perd. Així que, com ja ha succeït aquí en altres ocasions o com està succeint ara mateix als EUA amb el rescat amb fons públic de les inversions d'alt risc en hipoteques escombraries, serem els contribuents qui, una vegada més, pagarem la festa d'uns pocs.
David Sempau, Palamós (Baix Empordà): Crisi? Quina crisi?.-Els mateixos polítics que fa quatre dies ens asseguraven que en aquest país lligàvem els gossos amb llonganisses sembren ara el pànic d'una recessió econòmica bassada principalment en una suposada crisi immobiliària. Si per crisi hem d'entendre una frenada en la venda d'habitatges, i per tant en la producció d'altres de nous, efectivament, hi ha crisi. Però si ampliem la visió i admetem que en els darrers quinze anys s'ha produït el doble del que el mercat necessitava, que s'ha venut a preus fora de proporció amb el valor real, que s'ha especulat amb el valor del sòl edificable, que s'ha valorat i finançat per sobre, no del valor real sinó del preu de venda, que a Espanya hem consumit un 60 per cent del ciment de tot Europa i que ens hem convertit en un forat negre de bitllets de 500 euros, tot això mentre el responsables polítics aplaudien des de la tanca en lloc d'intervenir. Haurem de convenir que el que hi ha ara no es una crisi, sinó la ressaca del festí anterior. Intermediaris, promotors, taxadors, notaris, entitats financeres, ajuntament, governs autonòmics i govern central han tret benefici d'aquesta orgia i són coresponsables dels efectes de la ressaca. És cert que la davallada de les hipoteques escombraries dels EUA afecta la capacitat creditícia de les entitats financeres, però que les quiten lo bailao del pastís que han menjat i encara mengen, augmentant gradualment els tipus d'interès d'unes hipoteques abans suposadament barates, esquer per a incauts disposats a endeutar-se per tota la vida hipotecant per 120 el que compraven per 100, que no valia ni 50 i ara no val res perquè ningú ho vol.

Meneame
del.icio.us



Sobre la crisis actual, por Santi Ramirez: Desde una perspectiva marxista, y atendiendo a sus causas, podemos dividir las crisis económicas en dos tipos: crisis de realización del valor (en la reproducción ampliada del capital) y crisis de superproducción (que simultáneamente son crisis de subconsumo). Pero, esta diferenciación analítica, en la práctica desaparece, al actuar simultáneamente, y de forma combinada, unos y otros factores causales.
Resumiendo, podemos decir que las causas de las crisis se encuentran en la actuación de los propios mecanismos internos de la economía capitalista (causas endógenas), es decir en la producción de plusvalía y en el proceso de acumulación, así como en la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.
Pero la cosa se complica más en la fase superior del capitalismo, en la que nos encontramos. Me refiero a la fase imperialista. En ella, el capital financiero (producto de la fusión del capital industrial y el capital bancario), ha pasado a ser la fracción dominante del capital, aunque también la podríamos denominar fracción “dirigente” o “rectora”. En esta fase, el rasgo principal de todos los grandes grupos capitalistas, es el de ser grupos de capital financiero (es decir que no se encuentran vinculados a un sector concreto de la producción, aunque el valor del que ellos se apropian haya sido creado, originalmente, en el proceso de producción de mercancías). De hecho, en esta fase, todavía subsisten tanto el capital industrial, propiamente dicho, como el capital bancario y el comercial, aunque considerados en sí mismos ya no tengan una especial relevancia.
El desarrollo del capital financiero tiende a crear una economía ficticia, cuya base se corresponde cada vez menos con la economía real, es decir con la sustentada en el valor creado en el proceso de producción. Una economía que se nutre de unas inversiones especulativas (compra-venta de acciones, obligaciones, títulos de deuda pública, mercado de futuros (1), sistemas de “trading”, etc.), utilizando para ello capitales procedentes de depósitos bancarios, fondos de inversión, planes de pensiones, y un largo etc. Una economía artificial, que conduce a que el capital financiero adquiera un carácter más y más parasitario.
En la fase imperialista, la proporción del capital invertido en actividades financieras es cada vez mayor con respecto al invertido en actividades productivas (creadoras de valor); el capital especulativo crece a un ritmo más rápido que el productivo. Cuando se empiezan a producir los primeros efectos de la crisis económica, las actividades financiero-especulativas tienden a encubrir dichos efectos, a evitar que se visualicen con toda su crudeza. Pero cuando la actividad financiera llega a un límite, cuando la economía ficticia llega a adquirir ciertas dimensiones y se encuentra “hinchada como un globo”, entonces éste se desinfla, la economía ficticia deja de encubrir a la economía real, y empiezan a manifestarse los “desequilibrios” financieros que, a su vez, repercuten sobre las causas que inicialmente provocaron la crisis, contribuyendo a agudizar ésta enormemente.
Sin embargo, también en este caso, debemos tener un punto de vista dialéctico, de tal manera que no establezcamos una separación metafísica entre las causas y sus efectos, ya que tanto unas como otros se encuentran en interacción, influyéndose recíprocamente. Como he dicho más arriba, en la fase imperialista en la que nos encontramos, las inversiones financiero-especulativas crecen muy por encima de las productivas. Pero, además, a medida que en el sector productivo les resulta más difícil a los capitalistas la obtención de plusvalía (a pesar de la precarización del trabajo en los países capitalistas desarrollados y del desmantelamiento del llamado “Estado del bienestar”, de la deslocalización de empresas hacia los países del este o asiáticos, de la explotación de mano de obra barata de los inmigrantes, de la apertura de los antiguos países socialistas a la economía de mercado, etc.), al no poder contrarrestar o atenuar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, se hace para ellos más imperioso aún, si cabe, el incrementar al máximo las inversiones financieras, con la vana esperanza de lograr ganancias fáciles. Es decir, la crisis impele a los capitalistas a acrecentar más y más sus inversiones especulativas, lo que no hace sino contribuir a acentuar y profundizar aún más la propia crisis.
Para hacernos una idea de la interacción entre los distintos factores que influyen en la gestación y posterior agudización de las crisis, ya correspondan aquellos al sector financiero o al productivo, no tenemos más que ver la repercusión que tienen sobre la producción de mercancías el hundimiento de las cotizaciones en Bolsa o las fluctuaciones de los precios de las materias primas (agrícolas o mineras); los efectos que tiene el cambio de divisas sobre las actividades comerciales; así como las repercusiones que están teniendo sobre la fabricación y venta de automóviles, sobre la venta de viviendas y sobre el sector de la construcción, el encarecimiento de los tipos de interés y de las hipotecas, como consecuencia de las sucesivas subidas del euribor.
Pero la crisis actual está adquiriendo unas características muy peculiares, porque a la crisis económica propiamente dicha vienen a sumarse la crisis alimentaria, la crisis ecológica y la crisis energética, influyéndose todas ellas entre sí y reforzándose mutuamente, al mismo tiempo que ejercen unos efectos combinados.
El capitalismo, en su incesante y frenética búsqueda del beneficio, no ha reparado nunca en los costes sociales ni ecológicos de su acción. Así, en el último cuarto de siglo, hemos visto agravarse enormemente las condiciones de vida de la amplia mayoría de la población del planeta. Esto se traduce en un escandaloso aumento del hambre y la desnutrición en la que se ven sumidos cerca de 1000 millones de personas, sin ninguna esperanza de futuro. Pero, a esto hay que añadir el paro; el analfabetismo; la prostitución infantil; la desigüaldad (por razones de edad, sexo, raza o religión); la marginación social y la delincuencia; los crecientes movimientos migratorios internos, en los países del Tercer Mundo, desde las zonas rurales hacia las ciudades, que experimentan un proceso de urbanización acelerado, produciéndose el hacinamiento en ellas de grandes masas de población, sin que se hayan resuelto mínimamente los problemas básicos de infraestructuras (sanidad, abastecimiento de agua, vivienda, educación, transporte, etc.) y la creciente oleada migratoria que también está teniendo lugar, desde los países de la periferia hacia los países desarrollados.
La esquilmación de la naturaleza por parte de las empresas multinacionales, tiene como consecuencia la sistemática destrucción de nuestro entorno y la consiguiente ruptura del equilibrio ecológico; el abandono de los cultivos tradicionales en muchos países de la periferia (que garantizaban su autonomía alimentaria), para dar paso a nuevos cultivos orientados a la exportación o a la elaboración de biocombustibles, junto a la especulación que todo esto conlleva, provocan el agotamiento de los recursos agrícolas y ganaderos y acentúan una cada vez mayor escasez alimenticia, provocando la infraalimentación de una gran parte de la población del planeta.
Por otra parte, también estemos comenzando a sufrir, en el terreno ecológico, las devastadoras consecuencias de la irracionalidad del sistema productivo capitalista, principal causante del cambio climático, en forma del progresivo calentamiento del planeta, una creciente desertización, deshielo de casquetes polares, sequías, inundaciones, etc., etc., factores todos ellos que contribuyen a agudizar aún más la crisis alimentaria.
El acelerado encarecimiento del precio del petróleo, hoy situado en torno a los 140 dólares el barril y que hace diez años no llegaba a los 10 dólares (2), provocado por su progresiva escasez y por la especulación con los precios de crudo en el mercado de futuros, está provocando el encarecimiento de los precios de los transportes, lo que a su vez repercute sobre el precio final de todo tipo de mercancías, ya sean productos alimenticios o industriales, y amenaza con paralizar a grandes sectores de la industria en todos los países.
Esta alarmante situación ha llevado, recientemente, al presidente Bush a proponer que se reanude la explotación de los yacimientos petrolíferos de Alaska, así como de los yacimientos marinos de EEUU. Además, las grandes potencias ya están esperando, con codicia, que se vaya derritiendo el casquete polar de la Antártida, para lanzarse todas ellas a una feroz carrera por explotar sus cuantiosos recursos minerales, entre los que se encuentra el petróleo (3).
Esta situación general ha llevado a algunos economistas a preguntarse si no estaremos ante una “crisis de la globalización” o incluso ante el inicio de una crisis terminal del sistema (modo de producción) capitalista. Algunos incluso la comparan con la Crisis del siglo III del Imperio Romano (235-284 d.n.e.) que abrió paso a su declive y al posterior surgimiento del modo de producción feudal (servil). Sin embargo, una cosa es evidente, un sistema socioeconómico no se derrumba por sí sólo. En este caso, tampoco ocurrirá lo mismo con el modo de producción capitalista. Para ello, será necesaria la lucha unida y solidaria de la clase obrera de todos los países, tanto del centro como de la periferia; y la acción unitaria de todos los pueblos y naciones oprimidas, incluidas las naciones sin Estado de los países imperialistas desarrollados; pues la lucha por el socialismo y por la liberación nacional, son dos aspectos de un mismo proceso emancipador.
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NOTAS:
1.- El mercado de futuros (compra de bienes y mercancías a precios actuales, para beneficiarse de su subida, vendiendo a una fecha determinada) se conoce desde hace unos dos siglos (pues ya existía en el caso de ciertas materias primas, productos agrícolas, oro y plata, y otros tipos de mercancías); en las dos últimas décadas se ha generalizado, como consecuencia de la globalización capitalista.
Hoy día se efectúan inversiones y se especula en el mercado de futuros con productos agrícolas (carne, cereales,…), con materias primas (cobre, petróleo,…) así como con acciones, divisas, tipos de interés, hipotecas, etc., a gran escala, provocando un movimiento diario de billones de dólares entre las bolsas de distintos países, lo que contribuye a elevar considerablemente los precios de muchos productos en los mercados internacionales.
Las Bolsas más importantes donde se invierte en el mercado de futuros, son: la Bolsa Mercantil de Nueva York, la Bolsa de Metales de Londres, la Bolsa de Petróleo de Londres y la Bolsa Nacional Agropecuaria de Colombia.
2.- Ver el artículo de Ignacio Ramonet, “Las tres crisis”. Rebelión 12-07-2008.
3.- De momento, los recursos minerales y petrolíferos de la Antártida están protegidos por el Protocolo de Madrid, adoptado por la XI Reunión Consultiva Especial del Tratado Antártico, en vigor desde enero de 1998, cuyo artículo 7 expresa que “cualquier actividad relacionada con los recursos minerales, salvo la investigación científica, estará prohibida”. Pero esta restricción podría levantarse si los países firmantes así lo decidiesen.
Sobre la crisis actual | 27-07-2008 - 07:17:42 GMT 1 #
El mercado financiero norteamericano, a punto de hundirse, por Michael R. Krätke: Tras los rumores sobre su insolvencia, en sólo 14 días los dos grandes bancos hipotecarios estadounidenses Fannie Mae y Freddie Mac han perdido el 50% de su valor accionarial; desde comienzos de año, el 76%. Así, tres cuartos de su "valor de mercado" se ha evaporado. Si todavía se necesitaba una prueba de que la crisis financiera norteamericana entra en un nuevo estadio, ésta ha sido concluyente.
Durante la cumbre del G-8 en Hokkaido, Angela Merkel se las dio de economista mundial. "Hemos tenido –soltó la cancillera— una crisis subprime; hoy, vuelve a gotear en cierto modo". Apenas regresada a casa, la crisis financiera anunciaba con un aldabonazo su entrada en el siguiente estadio: bancos y cajas de ahorros se desploman, los mercados están debilitados, el gobierno estadounidense y la Reserva federal se emplean a fondo para contener el pánico.
Ahora tienen también los EEUU su caso Northern-Rock, como la Gran Bretaña (1); sólo que visiblemente más drástico. Desde comienzos de año, centenares de pequeñas financieras hipotecarias han desaparecido del mercado, o por quiebra o por absorción. Hace dos semanas, le tocó el turno al segundo mayor banco hipotecario norteameriacano independiente: el californiano IndyMac Bankcorp quebró tras tres semestres seguidos de pérdidas milmillonarias, luego de que sus clientes, a la vista del desplome de sus valores accionariales, entraran en pánico y retiraran en sólo 11 días 1.300 millones de dólares. En apenas un año, IndyMac ha perdido el 98% de su valor en bolsa y está ahora intervenido por el fondo federal de garantía de depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés). Así, el grueso de sus depósitos queda asegurado; el pato lo pagan los accionistas. De los cerca de de 53 mil millones de reservas de que dispone el FDIC, y conforme a los cálculos más optimistas, se han perdido ya 8 mil millones, porque la compra del insolvente banco apenas reportará nada. Es, permítase decirlo, la mayor quiebra bancaria en los EEUU de los últimos 20 años, desde el desplome del Continental Illinois National Bank en 1984, y la onda expansiva se propaga rápidamente. A los pocos días, las acciones del banco de inversiones Lehman Brothers caín un 37%, luego de saberse que había perdido en el último trimestre casi tres mil millones de dólares: mucho dinero, pero casi nada comparado con las pérdidas de entre nueve y seis mil millones que los pesos pesados Citigroup y Merrill Lynch han tenido en el mismo período.
Tres anillos de salvación
Harto más grave es, empero, el crac que acaban de sufrir las dos mayores instituciones financieras hipotecarias de los EEUU, las empresas públicamente patrocinadas Fannie Mae y Freddie Mac, y que ha situado al núcleo del mercado hipotecario norteamericano a pique de fundirse. Fannie Mae y Freddie Mac no tenían en principio nada que ver con las hipotecas de baratillo del segmento subprime, pro en los últimos años entraron de lleno en el negocio de los derivados financieros hipotecarios.
A causa de la colosal magnitud de ambos gigantes, el gobierno y la Reserva federal tuvieron que intervenir , pues entre las dos empresas suman, en hipotecas y derivados hipotecarios, la fabulosa cifra de casi 5,3 billones de dólares: casi la mitad del volumen de todo el mercado hipotecario norteamericano y cerca de un tercio del PIB estadounidense. Su colapso sería un desastre, entre otras cosas por los bancos centrales extranjeros que tienen en sus portafolios masas de títulos de ambas financieras hipotecarias. Puesto que los EEUU –particularmente en Asia— dependen financieramente de esos bancos, no pueden ignorar los intereses de los mismos. Según las estimaciones de los expertos, sólo en la tesorería del Banco Cenral chino se hallan unos 600 millones de dólares en títulos de Fannie Mae y Freddie Mac, una décima parte del volumen de emisión.
El Estado norteamericano ha dispuesto tres anillos de salvación alrededor de Fannie y Freddie. Primero, levantará provisionalmente el límite crediticio actual de ambas, que es de 2,25 mil millones de dólares . En segundo lugar, el estado comprará por vez primera acciones de empresas patrocinadas por él mismo, cosa que debe autorizar el Congreso. En tercer lugar, la Rserva federal abrirá su ventana de descuentos y permitirá el acceso de Fannie Mae y Freddie Mac a créditos de urgencia a los que hasta ahora sólo podían acceder negocios y bancos de inversión privados. Un detalle con pimienta: la Reserva federal exige garantías; es decir, que se pongan a la venta títulos garantizados, como los bonos del tesoro u obligaciones emitidas por empresas públicamente patrocinadas (GSE, por sus siglas en inglés). Así que, Fannie y Freddie son, con diferencia, las mayores empresas públicamente patrocinadas; de modo que la Reserva federal lo que hace, en la práctica, es permitirles imprimir títulos de obligaciones o emitir acciones que valdrán inmediatamente como préstamos de la propia Reserva federal. Un negocio aventurero.
Hasta donde alcanza a verse, Fannie y Freddie necesitarán ulteriores inyecciones de capital en cantidades milmillonarias, de modo que el gobierno estadounidense no tendrá más remedio la próxima vez que nacionalizarlas. Si se llegara a un acto de salvación de ese tenor, las deudas públicas de los EEUU se doblarían de golpe.
Nuevas burbujas especulativas
La mencionada agencia pública de garantía de depósitos (FDIC) tiene bajo su protección a más de 8.500 bancos y cajas de ahorros. En su último informe trimestral, incluía un listado de 90 bancos o cajas amenazados (¡el IndyMac Bancorp no figuraba en la lista!). Desde entonces circulan dossiers con listas de más de 150 candidatos en quiebra que podrían llegar a ejecutarse antes de fin de año, con pérdidas imposibles de compensar para la FDIC. Viene aquí a la memoria la gran crisis bancaria norteamericana de 1990-91, cuando cientos de pequeñas y medianas cajas de ahorros se desplomaron.
Hace sólo unos días, la mayor caja de ahorros de los EEUU, la Washington Mutual, perdió en la bolsa de Nueva York un 37% del valor de sus acciones luego de saberse que había perdido 26 mil millones de dólares en sus negocios con créditos hipotecarios basura. Otros bancos regionales han vivido también estos días pérdidas bursátiles de entre el 18 y el 29 por ciento. Hay que esperar más noticias de este tipo, porque en las próximas semanas vendrá la revisión de una muchedumbre de créditos hipotecarios a interés variable. Dicho de otra manera: la carga de los intereses si disparará para millones de propietarios de vivienda.
No es, pues, sorprendente que las financieras de automóviles y empresas de tarjetas de crédito caigan en el hoyo de la crisis, arrastrando así a otros bancos que nada tienen que ver con los créditos hipotecarios. Puesto que las aseguradoras estadounidenses, que responden a escala mundial por préstamos por valor de 2,6 billones de dólares, están también atrapadas en el dilema y negocian con los bancos un plan de salvación, no se puede esperar de ellas mucha ayuda. Aun cuando los bancos lleguen a un acuerdo con grandes aseguradoras como Ambac y FGIC, caerán en los ratings, de modo que los riesgos de desplome para todos los bancos se dispararán y habrá que contar con ulteriores amortizaciones y depreciaciones milmillonarias.
El jefe de la Reserva federal, Ben Bernanke, ha hablado por primera vez ante la comisión bancaria del Congreso de la amenaza de una crisis sistémica del mercado financiero nacional. Casi al mismo tiempo, habló en la misma sede, junto con Thomas Jenkins, un alto ejecutivo de la "industria financiera" norteamericana. Fue transparente: el actual desastre sólo tiene una salida: más burbujas especulativas. Sin un paso así, el sector financiero no saldrá del cieno, la economía norteamericana no puede sobrevivir sólo con "inversiones sanas". De lo que se trataría es de encontrar (o de inventar) lo antes posible nuevos objetos de especulación y de hacérselos apetitosos al público, a fin de que la industria financiera pueda compensar las pérdidas actuales y las venideras. Una verdad digna de ser notada sobre el capitalismo actual, en el que la relación entre booms y bubbles –entre la economía "real" y la financiera— se ha invertido.
NOTA: (1) Este banco británico, duramente golpeado por la crisis, fue salvado de la quiebra con una nacionalización provisional el pasado febrero.
El mercado financiero norteamericano, a punto de hundirse | 28-07-2008 - 18:06:24 GMT 1 #
¿Peor que la crisis de 1929?, por Alejandro Nadal: Muchos analistas piensan que la debacle del mercado hipotecario en Estados Unidos ha detonado una crisis peor que la de 1929. La idea central es que las cosas se están poniendo realmente feas en muchos otros segmentos del sector financiero. Los números y las ramificaciones así podrían indicarlo. Para Nouriel Roubini –uno de los analistas más respetados de ese país–, la crisis podría tener un costo total cercano a los 3 billones de dólares, algo como 20 por ciento de su gigantesco PIB. Eso sería un golpe brutal a la economía estadunidense y del mundo.
A pesar de las señales de alarma, una de las razones por las cuales la actual crisis no es todavía percibida en su justa dimensión se debe a que no se ha producido algo similar al Martes Negro de 1929. Ese día, en unas cuantas horas el espectacular ajuste de cuentas adquirió dimensiones de cataclismo y fortunas enteras fueron borradas del mapa contable.
Es cierto que hoy presenciamos episodios como el del banco Bearn Stearns o la amenaza de insolvencia de Fannie Mae y Freddie Mac, pero, hasta este momento las quiebras han estado limitadas al sector financiero, bancario y no bancario. Y aunque hay algunas empresas gigantes en las manufacturas que están pasando apuros, la economía estadunidense todavía está lejos de una segunda fase de la crisis, que sería equivalente a la Gran Depresión, con su secuela de quiebras, desempleo y destrucción masiva de la capacidad productiva.
Sin embargo, las ramificaciones pueden llegar muy lejos y parece que cada vez hay menos margen de maniobra para las autoridades económicas. Después de todo, durante los últimos 20 años la economía estadunidense se ha nutrido de dos burbujas que le han permitido crecer y mantener niveles de empleo adecuados. Esos tiempos ya se acabaron.
La burbuja de los años 90 en el valor de títulos financieros dio una ilusión de riqueza a mucha gente: podían jugar a ser corredores de bolsa, comprando y vendiendo títulos por Internet. El ajuste destruyó esa ilusión a finales de esa década, pero comenzó a inflarse otra nueva burbuja: la de los bienes raíces. En los últimos 10 años, buena parte de la capacidad de endeudamiento y consumo ha dependido directamente del valor garante de los bienes raíces. Esta segunda burbuja sacó a la economía estadunidense del agujero en que había caído allá por 1999, pero hoy también ha reventado.
Ambos episodios fueron ayudados por una política de laxitud monetaria pocas veces presenciada y un frenesí de eliminación de reglas sobre las operaciones del sistema financiero. Esa desregulación adoptó muchas formas, pero una de sus peores manifestaciones consistió en eliminar las barreras entre la actividad de los bancos y la del sector financiero no bancario. En teoría, los bancos deben manejarse bajo reglas prudenciales estrictas, mientras las corredurías, calificadoras y otros agentes, están más cercanas de la especulación. La desregulación abolió la frontera y por eso el desastre hipotecario alcanza hoy dimensiones gigantescas. Se pronostica que cientos de pequeños bancos locales, y docenas de bancos regionales en Estados Unidos tendrán que desaparecer debido a su extraordinaria exposición crediticia en el sector hipotecario y altísimos niveles de cartera incobrable. En un par de años el paisaje financiero de Estados Unidos va a sufrir cambios muy importantes.
Lo único que está sacando a flote a Estados Unidos en este momento es la gigantesca inyección de liquidez del resto del mundo. En lo que va del año, varios bancos centrales han financiado el paquete de rescates de la Reserva federal y del Tesoro. Este flujo de capitales es lo que ha permitido a la economía estadunidense no irse a pique y evitar el destino fatal que tuvieron las llamadas economías emergentes en las crisis financieras de los 90. No es seguro que el déficit fiscal pueda seguir con este esquema de financiamiento.
Cualquier intervención nueva deberá tener el respaldo de los bancos centrales de esos países. Pero, ¿qué va a pasar? China tiene sus propios problemas y seguirá evitando la revaluación del renminbi y eso no le conviene a Estados Unidos. El ajuste externo para reducir el déficit externo de éste funciona por la contracción de las importaciones, pero el efecto de destrucción de empleos en el resto del planeta es un obstáculo para seguir recibiendo esos flujos de capital. La guerra devaluatoria podría recrudecerse.
Quizás lo más importante por el momento es que no hay perspectivas de otra burbuja que pudiera rescatar a la economía estadunidense. De hecho, los únicos precios que están inflándose son los de las mercancías básicas: energía y alimentos. Evidentemente, eso no va a ayudar al consumo, el empleo y el crecimiento. El fantasma de la Gran Depresión no se aleja, y sí, la crisis puede ser mucho peor que la de 1929.
¿Peor que la crisis de 1929? | 31-07-2008 - 08:10:28 GMT 1 #
Jodidos pobrecitos que joden (y la Nierga nos tira por La Ventana), por Ramón Reig: A fin de cuentas, ¿no son dignos de lástima? Ahí están los jodidos pobrecitos, con su crisis, jodiendo a todos, pero teniendo que poner al mal tiempo buena cara, sus políticos con la obligación de decir: “Bueno, no es para tanto, saldremos de ésta, muchachos, la economía y la democracia seguirán adelante”. Pero democracia no hay, su sistema se basa en lo contrario, en la plutocracia, más esos payasos de las bofetadas que son la mayoría de los políticos, más esos cerebros lacayos que son sus periodistas de elite y sus analistas. No hay democracia alguna, sólo una masa de gente desmasificada, cuarteada, dividida en submasas, que compra y vota (aunque ya muchos ni votan porque pueden sufrir alienación pero no son idiotas).
Ahora lo estamos viendo. Los pobrecitos jodidos se encuentran acojonados porque no se consume y hay que cerrar o congelar negocios. Podemos comprobar que estamos asentados sobre un sistema en el que basta que no consumamos en absoluto durante unos meses para que todo se venga abajo y nosotros con todo porque estamos metidos en la mierda hasta las cejas. No se trata de dejar de consumir productos básicos sino otros muchos que si no están en nuestra vida no pasa nada. Si en un movimiento ciudadano con personalidad propia todos los que tenemos hipotecas pendientes –abusivas, se mire por donde se mire- nos fuéramos a vivir con alguien que nos cobijara en su casa, ya libre de cargas, nos declaráramos insolventes y les dijéramos a los bancos ahí se quedan ustedes con sus hipotecas y sus casas, ¿qué pasaría? Tal vez una catástrofe pero entonces sí que actuaríamos con poder (claro que nos dirían que con estupidez también, estar en la masa implica que quien no sigue la corriente es un estúpido). A pesar de todo, ya hay quien lo ha hecho.
Las rebajas llegan hasta el 50 y el 70 por ciento de descuento y aún así ganan dinero sus promotores. ¿Cuánto margen comercial –plusvalía se llamaba antes- nos clavan durante todo el año si son capaces de hacer esto cuando se ven con el agua al cuello? ¿Cuánto reciben el chinito o el niño indonesio o la mujer del tercer mundo que elaboran productos si venden utensilios a menos de un euro en algunos lugares? Malditos adefesios y putrefactos, como diría Buñuel, ahora que tanto se habla de su persona porque ésta es la cultura del aniversario: no se es noticia si no se cumplen veinticinco años de muerto, doscientos desde que fusilaron a alguien o quinientos desde la primera vez que un genio se arrascó un testículo. Tales efemérides sirven para que funcione el merchandising pero la cultura no está presente a diario en el quehacer de la gente, el sistema que vivimos está sustentado en la ambición, el lucro y la humillación y pisoteo de la dignidad ajena, en la conversión de la creación en mercancía. Y en un lavado de cerebro continuo a través de la publicidad a la que se presenta como arte. Todos los años las televisiones incumplen la ley de publicidad saturándonos más de la cuenta. No pasa nada, una multita y a otra cosa. Los códigos de protección del menor se vulneran también. No pasa nada.
Los pobrecitos jodidos que nos joden son dignos de lástima, niños que tienen el juguete estropeado pero que, en efecto, ante la indiferencia, el despiste y la resignación de todos, saldrán adelante, hasta la próxima. Con su publicidad parece que piden limosna. “Por favor, consuma, que nos estamos hundiendo y si nosotros nos hundimos nos hundimos todos, ustedes también, idiotas”. Ni ellos saben lo que ha pasado aunque lo sepan. Nos envían el mensaje de que ha sido por culpa de los especuladores, de los países emergentes, de los combustibles alternativos… Al final, la saturación por hipermensajes se convierte en censura porque no llegamos a enterarnos de nada -ya lo dijo hace años Umberto Eco- y esa es la finalidad de la censura. Pues a los especuladores se les localiza y se les juzga, todo el mundo tiene derecho a emerger y no siempre los mismos (para quienes en realidad no hay crisis, la crisis es para los pobres, sobre todo, si tengo 100 y me quedan 99 no pasa nada pero si tengo uno o nada y “me queda”, por decir algo, menos cien, sí que pasa); no tienen derecho a subir los precios los que los suben, eso es revertir la crisis en quien no la ha creado, es como esos cajeros automáticos que te dicen: “Pulse la tecla roja para cancelar”. Y la pulsamos y entonces aparece en la pantalla: “Operación cancelada a petición suya”. ¡Manda huevos! ¿Tenía otra opción? El sistema de mercado es pirómano y bombero: enciende el fuego y luego va a apagarlo. Sus protagonistas son como niños pero los niños son seres crueles si no se les educa, no lo olvidemos. Los impulsores del mercado promueven un sistema de vida asentado en la sorpresa adolescente continua, en la tensión continua, pero no una tensión creadora, espiritual, no, sino una tensión compulsiva de manejo de cacharros, engullimiento de mensajes banales y absorción de objetos en una dinámica donde tener es ser.
Voy a expresarme ahora como los viejos (aún más todavía). Hubo un tiempo en que se cuestionó todo desde la base, lo hicieron Marx y Freud, por ejemplo, y la Escuela de Frankfurt trató de sintetizarlos a los dos y mucha gente se basó en ellos durante buena parte del siglo XX. Marx y Freud dijeron: a grandes males, grandes remedios. Ahora, hacer lo mismo es trasnochado y eso que la metodología marxista y freudiana la usan estos jodidos pobrecitos en sus análisis de mercado y en sus técnicas de manipulación de la gente. Pero el Poder se distingue del resto de los mortales en que posee armas que les niega a los demás y los demás caen en la trampa. Ya se lo dijeron al Poder Maquiavelo, Locke o Walter Lipmann: el Poder debe pensar, la gente debe sentir. Esas armas incluyen el discurso hegemónico y aquí aparece el ejemplo de la represión de la locutora y periodista de la SER Gemma Nierga contra el profesor Carlos Fernández Liria.
Nierga invita el 25 de julio de 2008 al programa La Ventana al citado profesor “para hablar de Venezuela” y lo enfrenta al antichavista William Cárdenas para lograr “gancho” y “sangre”. Fernández Liria acusa de cómplices del golpe contra Chávez a Cárdenas y al grupo Prisa (dueño de la SER ). La presentadora se siente mancillada porque han atacado a su empresa y manda a paseo a un señor al que han molestado para que le haga parte del programa, un programa del que vive ella, no él. La locutora, tal vez sin querer, se coloca al lado de Cárdenas y entonces ya tenemos un espejo de la realidad para el que quiera verlo: la socialdemocracia oficial, representada por el grupo Prisa, prefiere a Cárdenas antes que a Fernández Liria a quien dan una patada y lo tiran por esa ventana a la que lo han invitado. Y al tirarlo a él nos tiran a todos porque nos niegan la libertad de expresión. Téngase en cuenta que los medios (en especial los de Prisa) parten de la base de que te hacen un favor molestándote para llevarte a sus espacios con el fin de utilizarte como el “rojo” de turno con el que pretenden autojustificarse como plurales, tal y como indicó hace bastantes años el profesor Enric Saperas al estudiar estos asuntos.
No mandan a paseo a Cárdenas que nos llama “basura intelectual” y, por supuesto, trasnochados que no estamos al tanto de la situación ni de la verdad, tiran al profesor que utiliza datos. “¿No sabe usted para quién trabaja?”, le pregunta Fernández Liria a la periodista. “¿No leyó usted los editoriales de El País tras el golpe contra Chávez?”, vuelve a preguntar. Claro que sabe para quién trabaja, claro que leyó los editoriales la Nierga aunque tire balones fuera (“no voy a debatir con usted, soy periodista y las preguntas las hago yo”, qué valiente cuando no está ante sus señores) pero esta mujer ya no es exactamente una periodista, como ella dice, sino que entra en el campo de la vedetización audiovisual, como apuntó, años ha, el profesor Mariano Cebriám Herreros; es una vedette de la comunicación audiovisual, ya no se pertenece, pertenece a un señor feudal que la protege y la mima llamado Prisa, ¿cómo va a permitir un supuesto ataque contra su señor? Y eso que no hay ataque, lo que el profesor Fernández Liria pretendía era tratar el tema en su contexto más amplio, eso es lo que se hace en un buen análisis académico. La presentadora afirmó algo así como: “Es evidente que usted no quiere hablar de Venezuela”. Sí quiere hablar de Venezuela, señora Nierga, pero no como usted le diga, dentro del discurso dominante al que sigue fielmente, sino como él desea hacerlo. Ya sabe, póngalo en esa lista negra invisible que tienen. Siempre le indico a mis alumnos que en un aula universitaria (pública) se es libre, mucho más que en un medio de comunicación. Por eso tal vez se desee eliminar poco a poco de las aulas las metodologías de trabajo más rigurosas, para que cuando se dé una crisis como la actual nadie diga nada de nada. Ya se está logrando pero esto no es más que el comienzo.
Gemma Nierga se cree en la obligación de defender a su empresa cuando imagina (sólo eso) que la atacan. Pero que tenga cuidado porque, como sabrá, hace poco, en México, a la periodista Carmen Aristgegui, su empresa, en unión con Televisa, la tiró al cubo de los detritus por no seguir las directrices patronales a pesar de cosechar altas cuotas de audiencia. No escuché a Nierga ni a Gabilondo ni a otros periodistas de elite levantar la voz, se la levantan a Fernández Liria pero si Fernández Liria fuera accionista de la SER agacharían la cabeza para seguir escalando peldaños; ahora bien, esta gente sube tan alto que se da un topetazo enorme como se salgan del guión sin quererlo.
La señora Nierga me recordó a dos colegas universitarios que me acompañaron en 2003 cuando visité Caracas por iniciativa oficial, como miembro entonces de la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS). Después de que el máximo responsable de los movimientos bolivarianos nos explicara a todos la terrible situación de la juventud venezolana a causa de regímenes corruptos, dos de mis acompañantes, españoles, cercanos al PSOE, comenzaron a decir que aquello de los movimientos bolivarianos ya les olía a comités de defensa cubanos. Lo decían cuando estábamos rodeados de soldados, porque nos hallábamos en plena huelga general de los empresarios contra el gobierno, cuando nos habían querido poner guardaespaldas y cuando militares disidentes y medios de comunicación (con los que simpatiza Prisa) arengaban a la gente a la desobediencia civil y al golpismo. Empecé a discutir con ellos, a decirles que a mí también me gusta que el mundo sea limpio y hermoso pero que no lo es. Acabaron por llamarme estalinista, como pasa siempre con este personal, pero pincharon en hueso en mi caso ya que he ahí una circunstancia histórica que deberíamos asimilar.
A Stalin hay que asumirlo como la Iglesia ha asumido la Inquisición. Se pide perdón y se aprende de la experiencia y ya está, no vamos a pasarnos toda la vida dándonos golpes de pecho, nadie ha provocado en la historia tantos muertos y damnificados como el sistema de mercado (con la connivencia de la socialdemocracia) o la misma Iglesia, de forma directa o indirecta, y ahí están, presentándose como paladines del progreso, el progresismo, la democracia y la espiritualidad. Si estamos dentro de ese pensamiento débil en el que pretendemos agarrárnosla con papel de fumar estamos perdidos. Yo dejé el CEPS por culpa de estos tipos que critican a Chávez y luego le pasan el plato para que les pague. Si apuestas por alguien le dices las cosas a él en privado, eres leal, pero no quieras nadar y guardar la ropa. No estamos jugando al debate eterno de la izquierda, esto es la realidad, el enfrentamiento con el Imperio y el mercado, no charlas de café o congresos académicos donde abundan las pajas mentales, apoyadas y bendecidas por el dinero del propio mercado. Somos el “eje del mal” y para ser respetados hemos de respetarnos a nosotros mismos y creer en nosotros mismos.
Una nueva crisis nos muestra a unos jodidos pobrecitos que, sin embargo, joden y tienen todos los resortes para salir de ella. Y saldrán. La izquierda sigue con sus eternos debates y sus alternativas etéreas (“es preciso…”, “parece conveniente…”, “apostamos por…”), o sea, lo de siempre. Yo no estoy ya para tontadas, comprendo que tal vez me esté haciendo viejo. Si es así, me dejan ustedes con mi diversión y mi amargura, observando a estos jodidos niños de la crisis que nos joden, a los pirómanos y a la vez bomberos; me dejan ustedes en el convencimiento de que, a pesar de todo, a estas alturas, ya no son ellos, en última instancia, los verdaderos culpables de lo que pasa sino nosotros por seguir en un eterno nirvana y permitirlo, por estar en el fondo dentro de su misma podredumbre; ellos hacen lo que deben: dominar para un fin, sin importar los medios; me dejan ustedes tranquilo, como a los locos, tiran este artículo a la basura y permiten que una mercenaria de Prisa le cierre la boca a un profesor de universidad y lo arroje por una ventana que no es suya sino de todos. Poco a poco nos la cerrarán a todos y nos despeñarán por un abismo de olvido. Eso sí, lo harán con clase, con glamour y con merchandising, en un acto que venderán como democracia plena.
Jodidos pobrecitos que joden (y la Nierga nos tira por La Ventana) | 31-07-2008 - 08:16:30 GMT 1 #
¿Capitalismo para rato?, por Eduardo Montes de Oca: Quien se asome al mundo sin orejeras dogmáticas habrá de coincidir en que por primera vez en la historia moderna tres mayúsculas crisis –financiera, energética, alimentaria- están combinándose para, multiplicadas cual pelota de nieve cuesta abajo, “agravar de modo exponencial el deterioro de la economía real. El año 2009 bien podría parecerse a aquel “nefasto 1929”, nos alerta Ignacio Ramonet, en clara alusión a un crack cuya mera existencia quisieran olvidar los heraldos del capitalismo como fin de la historia, como régimen apoltronado por los siglos de los siglos en la cima de la humana civilización.
Al lector desavisado recordemos que, en primer lugar, continúa agudizándose la crisis financiera, que comenzó en los Estados Unidos, en agosto de 2007, con la morosidad de las hipotecas de mala calidad (subprime), y que ahora se extiende por todo el orbe. “A los descalabros de prestigiosos bancos estadounidenses, como Bear Steams, Merrill Lynch y el gigante Citigroup, se ha sumado el desastre reciente de Lehman Brothers, cuarta banca de negocios que ha anunciado, el pasado 9 de junio, una pérdida de mil 700 millones de euros”.
Cada día se difunden noticias sobre nuevos quebrantos en los bancos. Conforme a nuestra fuente, “hasta ahora, las entidades más afectadas han reconocido pérdidas de casi 250 mil millones de euros. Y el Fondo Monetario Internacional estima que, para salir del desastre, el sistema necesitará unos 610 mil millones de euros (o sea, el equivalente de ¡dos veces el presupuesto de Francia!)”.
Pero la lista de entuertos resultaría demasiado magra de quedar aquí. De la esfera financiera la crisis se ha trasladado al conjunto de la actividad económica. La economía de los países desarrollados se ha enfriado y los Estados Unidos se encuentran al borde de la recesión, si ya no están sumidos en ella. Como parte del caos ¿incipiente?, el precio de los alimentos luce empeñado en tocar la comba celeste, ya tocada por el de los combustibles, sobre todo el del petróleo, que amenaza con llegar a 200 dólares el barril, y a 400, de estallar la anunciada guerra contra Irán.
Ahora, si atendemos a lúcidos especialistas, entre ellos el cubano Osvaldo Martínez, nos percataremos de que hechos tales el encarecimiento –hasta 300 por ciento- de los alimentos no responden en primer término al colapso de la producción mundial, ni a los cambios climáticos. Incluso, ni a la fabricación de biocombustibles, que por el momento explicaría solo el diez por ciento de la subida.
Ocurre que, tras el estallido de la “burbuja informática”, en 2001, y la crisis del sector inmobiliario, 2007, los capitales andan desalados en la búsqueda de “valores refugio”, de nuevas esferas donde especular. Y una de estas es la alimentaria. La venta, varias veces, de cosechas que aún no existen supone el principal disparador de los precios. Así que el neoliberalismo es la razón principal de la “sinrazón” presente. Neoliberalismo que, amén de su presencia gravosa en el sector financiero y en el alimentario, se enseñorea también en el del petróleo, cuya oferta no es tan menguada como para determinar los actuales precios.
Y esto lo aseveran los más preclaros observadores, para los que las conocidas medidas anticrisis no pasan de armas melladas. Porque la inyección de liquidez viene a dar vida a la inflación, la disminución de impuestos a los más ricos otorga alas a la especulación y al consumismo, la rebaja de las tasas de interés supone una mayor caída del dólar…
Si en la primera mitad del siglo XX fue posible resolver la crisis, gracias al surgimiento de la concepción económica nombrada keynesianismo y a la reconstrucción de las fuerzas productivas luego de la Segunda Guerra Mundial, no devienen precisamente factibles las ideas de Keynes, con su inherente regulación, cuando el capital especulativo campea por sus respetos. Y por supuesto que el recurso de una conflagración mundial no representa una posibilidad real, al menos “racional”, habida cuenta la magnitud de las armas de exterminio masivo.
No en vano Martínez ha pintado la situación con tonos “terrosos”. Y es que paliativos como la ingente capacidad de producción instalada en Asia, para consumir en USA y Europa, hacen temer una (otra) crisis de superproducción. Crisis a la que, asegura el experto, se adiciona una de subproducción, de alimentos, agua, tierras fértiles, aire limpio, y una de subconsumo.
Claro, esta situación, debieran saber todos los revolucionarios de este cabrón mundo ancho y ajeno, no llevará a la caída automática del sistema que convierte al hombre en lobo de sus congéneres. Porque “el capitalismo siempre encontrará un modo de adaptarse, con un costo social terrible”. Un modo de sobrevivir en las más procelosas aguas. Y seguirá sobreviviendo, sobre las espaldas de una humanidad doliente, a contrapelo de la crisis global, si los iniciados en el secreto de la debacle se lo permiten. Si no nos concertamos para derribarlo.
¿Capitalismo para rato? | 31-07-2008 - 08:18:03 GMT 1 #
La segunda etapa de la crisis global, por Jorge Beinstein:
“La peste ya está aquí,
¿que hacer cuando llega la peste?”
Homero
La recesión se ha instalado en el centro del Imperio, el debate ahora gira en torno de su
profundidad, duración y alcance mundial. La corte de admiradores derechistas o
progresistas del capitalismo global, que nos apabulló en los últimos años con sus
reiteraciones acerca de la solidez del sistema, está ahora en pleno repliegue táctico; sus
integrantes ya no niegan la crisis pero intentan quitarle dramatismo, acortar sus raíces y
amplitud. Algunos ensayan explicaciones anecdóticas, otros la califican como “crisis
cíclica”, es decir pasajera, la mayor parte se refugia en la explicación simplista que reduce
el fenómeno a una gran perturbación financiera combinada con un brote pesimista de los
consumidores norteamericanos provocado por los deudores morosos de los Estados
Unidos (que no pagan sus créditos inmobiliarios)... y por quienes les otorgaron prestamos
de manera demasiado generosa. Según esta gente los problemas serán pronto superados
gracias a las intervenciones de la Reserva Federal, la Casa Blanca y las autoridades
políticas y monetarias de las otras grandes potencias. El mítico estandarte del poder
invencible de los amos del sistema todavía flamea en las alturas aunque se va
deshilachando rápido al ritmo de los truenos globales.
Crédito, consumo y deudas
Al ser la crisis circunscrita al desinfle de la burbuja inmobiliaria norteamericana y sus
impactos colaterales en los Estados Unidos y el resto del mundo la “solución” aparece
clara: alentar a los consumidores e inversores, subir el gasto público e inyectar liquidez en
el mercado. Es lo que ahora están haciendo el gobierno de Bush y la Reserva Federal, el
primero acaba de impulsar una rebaja de impuestos y un gasto estatal récord para 2009
de más de 3 billones (millones de millones) de dólares, y en consecuencia un déficit fiscal
gigantesco con lo que la deuda pública superará bien pronto los 10 billones de dólares.
Por supuesto Bush lo hace desde la derecha; las reducciones fiscales beneficiarán
básicamente a los ricos y a la clase media alta, el mayor gasto público privilegiará a las
fuerzas armadas que dispondrán del más alto volumen de fondos de toda la historia
norteamericana: el gasto militar total de los Estados Unidos llegó en 2008 a cerca 1,2
billones de dólares (si sumamos a las erogaciones del Departamento de Defensa las de
los demás sectores del estado), según el proyecto de presupuesto enviado por Bush al
Parlamento, en 2009 dicha cifra será mucho más alta. Por su parte la Reserva Federal
baja más y más la tasas de interés.
Lo que ellos están haciendo ahora es una suerte de repetición, en condiciones
infinitamente más graves, de lo que ya hicieron en 2001, no tienen otro libreto. Pero en
aquel momento la deuda pública norteamericana alcanzaba los 5,7 billones de dólares
ahora ronda los 9,2 billones, y si a la misma le sumamos las del resto de sectores
públicos y privados se llega a los 50 billones de dólares (equivalente al Producto Bruto
Mundial). A ello es necesario agregar la acumulación de déficits fiscales y comerciales, y
un volumen de gastos militares totales que podría llegar a representar en 2009 el 10 % del
Producto Bruto Interno norteamericano.
En 2001 la situación era difícil pero existían márgenes económicos y políticos que
permitieron al Poder (auto atentado terrorista mediante) salir de la recesión acelerando las
tendencias dominantes del sistema: hipertrofia especulativa, concentración de ingresos.
consumismo (con fuerte caída del ahorro personal), crecimiento de las deudas públicas y
privadas y keynesianismo militar. Todos estos aspectos se exacerbaron al extremo en los
últimos siete años, las aventuras coloniales en Eurasia terminaron empantanadas (el
aparato militar aparece ahora como una pesada maquinaria tan sofisticada y cara como
incompetente) mientras que el Estado y la población están abrumados por la deudas.
La recesión estadounidense es más una crisis-de-deuda que una depresión causada por
el enfriamiento del consumo, la primera es el fundamento del segundo. La súper deuda
estatal ha llegado a un punto tal que su expansión ha ingresado en un círculo vicioso que
enlaza de manera perversa emisiones de títulos públicos y de dólares cada vez más
depreciados, en caso contrario el Estado debería frenar sus gastos y/o incrementar la
recaudación fiscal lo que hundiría a la economía en una recesión aún más profunda.
Por su parte la población con ingresos medios y bajos ha sufrido las consecuencias del
estancamiento (y del descenso en un importante sector) de sus salarios reales, el ingreso
familiar promedio es actualmente inferior al del año 2000. Cuando se lanzó la burbuja
inmobiliaria con una avalancha de créditos baratos se estaba al mismo tiempo
restringiendo la solvencia a mediano plazo de una gran masa de deudores, la serpiente
neoliberal terminó mordiendo su propia cola: a mediados de 2006 el mercado inmobiliario
estaba saturado, los precios de las viviendas comenzaron a descender y en 2007 estalló
la morosidad. Lo que siguió es bien conocido.
En los años del auge el tema del inminente agotamiento del crecimiento de la economía
norteamericana sobrecargada de deudas había sido abiertamente ignorado o negado por
periodistas, expertos, grandes empresarios y dirigentes políticos de la superpotencia. Los
negocios prosperaban ¿quien se hubiera atrevido en ese período a decir que las grandes
ganancias de ese entonces eran la base de un próximo desastre?. Los pocos que se
atrevieron quedaron marginados o ridiculizados, señalados como catastrofistas, personas
amargadas o amantes de los terremotos.
Pero si la derecha pretende hacer más de lo mismo, el progresismo imperial no va mucho
más lejos, Joseph Stiglitz expresión de ese sector acaba de proponer una variante
“popular” del remedio orientada también a rehabilitar el consumo incrementando el gasto
público y en consecuencia el déficit fiscal y la deuda. Según esa propuesta no serían
beneficiados los militares y los ricos sino los desocupados, los programas de desarrollo de
la infraestructura, del sector educativo, de salud, de ahorro de energía y de reducción de
la contaminación ambiental (1). La aspirina progresista (incompatible con el actual sistema
de poder estadounidense) y la repetición conservadora no son otra cosa que pequeños
parches impotentes ante una realidad que los desborda.
Recesión e inflación
Ahora que la recesión ha llegado al centro de la economía mundial sus autoridades entran
en pánico, perciben que sus acciones son ineficaces o incluso contraproducentes. Las
medidas antirrecesivas como los recortes fiscales en curso, las drásticas bajas en la tasa
de interés o el incremento del gasto público traerán más déficits y deudas y si llegan a
tener algún éxito, aunque sea mediocre, alentarán la inflación; en ambos casos
impulsarán la depreciación internacional del dólar. La recesión y la inflación llegan juntas
porque la crisis financiera converge con la crisis energética que hace subir el precio del
petróleo arrastrando hacia arriba a un amplio abanico de materias primas. Los costos de
producción aumentan no solo cuando crece la economía mundial y en consecuencia la
demanda de esos productos sino también cuando la misma se estanca e incluso cuando
decae. Es así porque la extracción petrolera global está llegando a su máximo nivel y
detrás de ella las de otros recursos energéticos no renovables como el carbón y el uranio
que se encaminan hacia la misma situación a más largo plazo pero bien antes de
mediados del siglo XXI (2). Y como sabemos el remplazo del petróleo por los
biocombustibles lleva al rápido encarecimiento generalizado de los precios de la
producción agrícola, en especial la de alimentos.
En síntesis, las autoridades norteamericanas saben que si tratan de revertir la recesión
reanimando al mercado alentarán la inflación y la caída del dólar lo que terminará por
traer más recesión pero que si buscan frenar la inflación enfriando la economía
profundizarían la recesión: un callejón sin salida.
Algunos expertos, por ahora discretos, empiezan a ilusionarse con la posibilidad de un
estancamiento prolongado pero ordenado, sin estallidos sociales ni crisis institucionales
graves, el modelo sería Japón en los años 1990. Aunque olvidan que se trataba de una
potencia de segundo orden que dispuso en ese momento de dos tablas de salvación
externas que suavizaron su aterrizaje, en primer lugar las burbujas de prosperidad de Asia
del Este que le dieron aire hasta la crisis de 1997 y sobre todo los Estados Unidos, su
principal cliente comercial, cuyo mercado absorbió exportaciones e inversiones
japonesas. Pero los Estados Unidos son demasiado grandes, no existe una tabla de
salvación externa a su medida, el resto del mundo venia amortiguando sus desajustes
fiscales y comerciales acumulando montañas de papeles dolarizados que cada día valen
menos pero esa capacidad esta casi agotada.
La ilusión del desacople
En la última reunión de Davos se discutió mucho acerca del posible “desacople” entre los
Estados Unidos y las otras potencias industriales que tomarían de ese modo distancia del
naufragio de su hermano mayor.
Hasta hoy la globalización era presentada por la propaganda neoliberal como una trama
de la que nadie podía escapar, ahora sin mayores explicaciones se afirma lo contrario, la
red global permitiría al parecer salir del desastre a una amplia variedad de países,
dirigentes y comunicadores de algunas economías desarrolladas las incluyen en la lista
de sobrevivientes, incluso en numerosos países periféricos los medios de comunicación
locales tratan de tranquilizar a sus poblaciones explicándoles que gracias al nivel de sus
reservas (dolarizadas), la naturaleza de sus exportaciones, su ubicación geográfica u otra
bendición del destino, esa nación no será afectada por la recesión estadounidense (o lo
será muy poco).
Pero resulta que - para desgracia de los neoliberales - los neoliberales tenían razón: las
interdependencias económicas mundiales son tan densas que como lo estamos
comprobando a diario no hay manera de desconectar los sacudones estadounidenses
(bancarios, bursátiles, etc.) del funcionamiento financiero internacional. La burbuja
inmobiliaria norteamericana fue la vanguardia de una variada serie de burbujas similares
en distintos lugares del planeta, países como España, Inglaterra, Holanda, Australia,
Irlanda, Nueva Zelandia fueron parte activa de la fiesta. En España ya comenzó el
desinfle, recientemente Carlos March, cabeza de uno de los grupos financieros decisivos
de ese país, declaró que “la crisis inmobiliaria (española) va a durar mucho tiempo, al
menos tres años” (3), además numerosos bancos europeos y asiáticos son golpeados por
la desvalorización de títulos norteamericanos apoyados en deudas hipotecarias de alto
riesgo que compraron a manos llenas en pleno auge especulativo. La recesión
estadounidense ya afecta a Japón estrechamente asociado a la superpotencia en los
niveles comercial, financiero, político-militar, etc. Japón y los Estados Unidos compran el
grueso de las exportaciones industriales de China, columna vertebral de su prosperidad
3
económica, que por otra parte acumula más de 1,4 billones de dólares y papeles
dolarizados en sus reservas y es atravesada por varias burbujas (bursátil, inmobiliaria,
etc.)(4).
Mucho más fuertes aún son las interconexiones entre la Unión Europea y los Estados
Unidos... lo que no le impidió al presidente del Eurogrupo Jean-Claude Juncker declarar
(a comienzos de febrero de 2008 y sin que se le mueva un solo músculo de la cara) que
“en Europa no hay riesgo de recesión al contrario que en los Estados Unidos” (5).
Estas interrelaciones planetarias del capitalismo han sido a veces explicadas en términos
de “estafa” de la superpotencia al resto del mundo que durante un largo período le ha
estado suministrando bienes y capitales a cambios de papeles de valor decreciente, ello
le había permitido al Imperio consumir y hacer guerras muy por encima de sus
posibilidades productivas. Es lo que acaba de afirmar George Soros (6), lo que durante
muchos años era presentado como un argumento “antiimperialista”, “desde la izquierda”,
ha sido ahora asumido por el personaje-paradigma de la especulación financiera mundial.
Según él la actual crisis “la más grave desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”
marcaría el fin del reinado del dólar, la recesión en el mundo desarrollado y el ascenso de
naciones como China, India y algunos países exportadores de petróleo. En síntesis, los
Estados Unidos y posiblemente una parte de Europa habrían llegado a su ocaso pero el
capitalismo global quedaría a salvo gracias a la inyección de sangre joven proveniente de
la periferia... lo que les permitiría a Soros y sus colegas continuar de manera renovada
sus ingeniosos negocios.
Pero la realidad es menos simple, el mercado norteamericano ha sido el espació decisivo
para la colocación de mercancías y excedentes de capitales del resto del mundo. Gracias
a su capacidad de absorción (apuntalada por el conjunto del capitalismo global) las
burguesías de Europa, Asia y de otros continentes pudieron realizar operaciones
especulativas, inversiones productivas y exportaciones sin los cuales sus prosperidades
hubieran sido imposibles. A partir de la crisis crónica de sobreproducción mundial (con
centro en las naciones desarrollados) iniciada a fines de los años 1960 la economía
estadounidense, crecientemente parasitaria, fue el principal sostén de la demanda
global.
Las clases dirigentes de China, India, Japón o Europa no fueron estafadas ni
coaccionadas para que le cedieran bienes y capitales a la superpotencia... solo estaban
sosteniendo a su principal cliente con créditos y precios accesibles.
Se trata de una trama internacional muy compleja en cuya cúspide se encuentran las
elites dirigentes de los Estados Unidos y numerosos países ricos y pobres mientras que
en la base se agolpan los excluídos y trabajadores superexplotados de la periferia y una
creciente masa de empobrecidos de las naciones industrializadas. El resquebrajamiento
de ese pilar central hace ahora tambalear al sistema mundial.
El discurso acerca del ascenso del capitalismo periférico en tanto futuro líder del mundo
aparece como la componente tragicómica de la ilusión del desacople. Los dirigentes
chinos, por ejemplo, proseguirían su enriquecimiento vertiginoso (tal vez un poco más
suave) aunque no se sabe muy bien como lo harían si se hunden los mercados
norteamericano y japonés.
India y Brasil marcharían por un camino similar con sus burguesías transnacionalizadas
tal vez haciendo negocios Sud-Sud y tras ellos una variada serie de países
subdesarrollados. La sombra de la recesión cubriría a las llamadas economías
desarrolladas (en grueso encuadradas en la OCDE), que representaron en 2007 casi el
70 % de la importaciones mundiales mientras numerosos países del resto del mundo,
vaya uno a saber gracias a que milagro, se salvarían del desastre. No olvidemos que los
más dinámicos y grandes de los mismos basan su crecimiento en la expansión de sus
exportaciones... preferentemente dirigidas hacia las naciones ricas.
La fabula no solo es inconsistente desde el ángulo del comercio internacional sino que lo
es también (mucho más) cuando enfocamos la composición y comportamiento de estas
4
burguesías periféricas, transanacionalizadas, sumergidas hasta el cuello en las burbujas
financieras globales, buena parte de ellas atrapadas por la cultura del corto plazo (el estilo
de vida de los especuladores), educadas en la rapiña y superexplotación de sus propios
países. Mundializan sus excedentes financieros ante la “estrechez relativa” de sus
mercados locales e incluso regionales (desde el punto de vista de sus expectativas de
altas ganancias) o bien empujados por la “necesidad” de extender sus intereses al interior
de tramas empresarias globales de las que forman parte o incluso a veces ante la
posibilidad de abastecer a las clases privilegiadas de sus propios países a partir de firmas
o marcas extranjeras “de prestigio”. Tres ejemplos recientes llegados desde China ilustran
bien esta realidad: el primero de ellos se refiere a la suspensión el martes 22 de enero de
2008 de la cotización de la acción del Bank of China (el segundo banco de China) en la
bolsa de Shanghai cuando este informó haber perdido unos 8.000 millones de dólares en
sus títulos ligados a préstamos hipotecarios norteamericanos de riesgo (subprimes). El
segundo es la compra realizada por Aluminium Corp. of China (Chinalco) de una
participación en la empresa minera anglo-australiana Rio Tinto por una suma próxima a
los 14 mil millones de dólares (7). El tercer ejemplo es la reciente “adquisición de lujo” por
parte del grupo Longhai, de la ciudad de Quingdao en China, del viñedo francés de
Chateau Latour-Laguens, la empresa china aprovechó la marca francesa para rebautizar
“”Latour-Laguens International Wine Co” a su rama importadora de bebidas que vende a
los nuevos ricos de su mercado interno vinos australianos, italianos y sudafricanos (8).
Estas burguesías son la antítesis viviente de lo que los optimistas del desacople y de la
recomposición periférica del capitalismo pueden imaginar como clases dirigentes
medianamente estables y portadoras de proyectos productivos y comerciales autónomos
(“nacionales”) de largo plazo.
Hipertrofia financiera global y desaceleración productiva
Para entender lo que está ocurriendo es necesario reflexionar acerca del período de “más
de 60 años de duración” que nos propone George Soros, aunque no debería ser visto
como un único ciclo ascendente del crédito sino más bien como la sucesión de dos
períodos, uno ascendente entre el fin de la Segunda Guerra Mundial (aproximadamente) y
el final de los años 1960 o el comienzo de los años 1970 y otro descendente desde ese
punto de inflexión hasta la actualidad.
La era de oro del mundo capitalista reconstituido con centro en el imperio norteamericano
y el dólar como moneda universal, basada en la intervención económica del
Estado,
combinando según los casos keynesianismo civil y militar tal vez dio sus primeros pasos
hacia 1939, en los Estados Unidos, en ese momento el keynesianismo militar logró allí el
despegue que se transformó en una prolongada prosperidad que se está acabando ahora.
El inicio también puede ser localizado hacia finales de los años 1940 cuando los
capitalismos recompuestos de Europa Occidental y Japón se incorporaron a la ola
norteamericana.
El dinamismo productivo del sistema comenzó globalmente a decaer a fines de los años
1960 expresándose luego como una crisis de sobreproducción crónica que se prolonga
hasta hoy (9). Una de sus manifestaciones más evidentes fue la declinación en el largo
plazo de la tasa de crecimiento de la economía mundial donde el rol negativo principal fue
protagonizado por las naciones de alto desarrollo. La economía global creció a una tasa
anual promedio de 4,9 % entre 1950 y 1973, 3,4 % entre 1974 y 1979, 3,3 % en la década
de los 1980 y 2,3 % en la de los 1990, la década actual que comenzó con un pequeño
enfriamiento continuó con la expansión-burbujeante de la era Bush para concluir con una
recesión (o estancamiento) que anuncia ser prolongada. La desaceleración económica
internacional engendró una vía de escape para las rentabilidades productivas en baja: la
expansión financiera. Un buen ejemplo de ello es la contraposición entre la reducción de
5
la tasa de crecimiento de la economía mundial y el crecimiento veloz de los negocios con
productos financieros derivados que ingresaron en el período de la especulación
desenfrenada hacia comienzos de la década actual. Según el Banco de Basilea a
mediados del año 2000 los derivados representaban aproximadamente el doble del
Producto Bruto Mundial, hacia mediados de 2006 eran ocho veces superiores, y diez
veces un año después: sumaban unos 510 billones (millones de millones) de dólares. Si a
esta cifra le agregamos el resto del empapelamiento (acciones, deudas públicas, etc.)
nos estaríamos aproximando a los 1000 billones de dólares (20 veces el Producto Bruto
Mundial)...
Nos encontramos ahora en el espacio de saturación de la hipertrofia especulativa que
podrá tal vez prolongarse un poco más pero que de manera irresistible va ingresando en
una zona de múltiples turbulencias donde algunas burbujas se desinflan y otras se
expanden rápidamente en medio de un desorden financiero generalizado. Debemos tener
presente que lo que está tambaleando es el mayor globo financiero de la historia del
capitalismo.
El segundo acto
La primera etapa de la larga crisis-decadencia global iniciada hace casi 40 años concluyó
cuando la expansión financiera agotó su rol amortiguador para convertirse en lo contrario.
Si antes era el pilar del consumismo y de la supervivencia concentradora de las grandes
empresas ahora constituye el centro de la recesión.
El punto de inicio del nuevo período suele ser situado en 2007 cuando estalló la burbuja
inmobiliaria norteamericana aunque con una visión más amplia deberíamos localizarlo en
6
2001 en el momento en que la amenaza de recesión en los Estados Unidos fue “eludida”
gracias a la loca fuga hacia adelante de las peores tendencias del sistema: militarismo,
especulación, concentración de ingresos, corrupción institucional. Ese hecho sobre
determinó la marcha del mundo, no en la dirección que pretendían los halcones de la
Casa Blanca (instalación del dominio imperial por muchas décadas) sino en sentido
opuesto: se aceleró la decadencia. Al comienzo predominó una apariencia engañosa de
prosperidad impuesta por la maquinaria mediática occidental, las economías desarrollas
tenían altas tasas de crecimiento, China, India y otras “naciones emergentes” expandían
como nunca sus estructuras capitalistas... pero la base de boom era una especulación
financiera sin frenos y con una esperanza de vida muy acotada.
Para entender mejor lo que ahora esta ocurriendo debe ser ampliado el espacio de la
crisis financiera para dar lugar a “otras crisis” que convergen con ella. En primer lugar la
crisis energética que está expresando el fin de la era del petróleo barato (el comienzo del
estancamiento de la extracción seguido a más largo plazo por su descenso) introduciendo
un sólido bloqueo inflacionario a las políticas antirrecesivas.
Dicha crisis debe ser incluida en la bicentenaria historia del capitalismo industrial (basado
en los recursos energéticos no renovables) cuyo funcionamiento expansivo hubiera sido
imposible si no se independizaba de los límites y ritmos de la reproducción de los
recursos energéticos renovables, abaratando y sometiendo a su dinámica a las nuevas
fuentes de energía que aparecían como reservas infinitamente grandes, siempre
disponibles. Eso fue posible gracias a una serie de proezas tecnológicas, trágicas a largo
plazo, que conformaron un mecanismo de depredación que no se podía prolongar
indefinidamente.
El estallido de la crisis energética coloca ahora al capitalismo ante un callejón sin salida,
por lo menos a mediano plazo, tiempo más que suficiente como para que el desorden
depresivo del sistema termine por producir daños irreversibles que impidan su
recomposición bajo condiciones civilizadas.
Esto significa que la futura supervivencia de la
civilización burguesa debe ser asociada con el ascenso de formas de barbarie nunca
antes vistas, el parche de los biocombustibles como reemplazante a escala planetaria
esclarece bien esta afirmación con sus secuelas de destrucción del recurso agrícola
básico: la tierra cultivable y de encarecimiento de los alimentos con los que compite en la
ocupación de ese recurso.
Este proceso depredador en su etapa de gran aceleración y control general del planeta
experimenta actualmente un enorme salto cualitativo al convertirse en motor del
fenómeno de cambio climático que amenaza a la humanidad, su mitigación está obligada
a recorrer el mismo sendero que el de la solución de la crisis energética: la reducción y
rediseño del consumo de energía a gran escala lo que implica la transformación radical
del sistema productivo ahora impulsado por la lógica de la rentabilidad capitalista (el
poscapitalismo ridiculizado en la era neoliberal entra en escena).
Otra crisis decisiva es la del centro del mundo: los Estados Unidos, la declinación del
Imperio es no solo económica o institucional sino también militar, su complejo industrialmilitar
en la cúspide de su despliegue económico y tecnológico demuestra su
incompetencia en el terreno concreto de la guerra, de manera directa en Irak y Afganistan
e indirecta en la reciente invasión israelí al Libano. Esta crisis de la tecnología y del
despilfarro militar modernos puede ser enfocada como el más reciente eslabón de una
secuencia iniciada hacia fines del siglo XIX de militarización de la ciencia y la tecnología,
de concentración industrial en el objetivo bélico, atravesando dos guerras mundiales
calientes y una fría hasta llegar a la degradación actual.
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El hecho sorprendente es la convergencia histórica de todas las crisis señaladas que
aparece como el encuentro de varios ciclos de diferente duración si pensamos en un ciclo
de los recursos energéticos no renovables (desde el carbón hasta el petróleo despegando
a fines del siglo XVIII) cuyo punto de inflexión hacia abajo coincide con puntos similares
en los otros ciclos, el financiero y el militar-industrial nacidos a fines del siglo XIX. Pero la
reflexión se simplifica cuando visualizamos tres ciclos paralelos despegando
aproximadamente en el mismo momento si en el caso de la energía nos limitamos al del
petróleo. En este último caso podemos referirnos a componentes de un solo ciclo de algo
más de un siglo de antigüedad marcado por el desarrollo cada vez más rápido e intenso
del parasitismo (principalmente financiero y militar) y de la depredación del ecosistema.
Febrero de 2008
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(1), Joseph Stiglitz, “How to Stop the Downturn”, The New Yor Times, January 23, 2008.
(2), Según dos estudios recientes del Energy Watch Group la cima de la producción
económicamente viable de carbón de mantenerse el actual ritmo de crecimiento de la extracción
se produciría en torno del año 2025 (Energy Watch Group, “Coal:Resources and Future
Production”, March 2007) y la del uranio diez años más tarde (EnergyWatch Group, “Uranium
Resources and Nuclear Energy”, December 2006) en este último caso a partir de esa primera
cima los incrementos en la producción (siguiendo el ritmo actual) podrían prolongarse tres
décadas más pero con un ascenso exponencial de los costos.
(3),“ Según sus cuentas, tomando en consideración que en estos momentos se están
construyendo en cualquiera de sus fases alrededor de 1,3 millones de vivienda en España, y que
la demanda se sitúa entre 300.000 y 400.000 unidades, lo lógico es que ese stock de viviendas no
se liquide hasta pasados tres años. Carlos March, admitió, durante la presentación de los
resultados del banco, que la situación es "preocupante" por lo que no será fácil recuperar niveles
de actividad "aceptables". El representante de una de las fortunas -mayores e históricas- del país
ha sido tajante con la actual crisis, que vive en sus propias carnes. Corporación Financiera Alba, el
brazo inversor cotizado de la familia March, acumula una caída en bolsa del 33% en los últimos
ocho meses”. Cotizalia, 05-02-2008.
(4), “Los precios de los inmuebles en China crecen imparables situándose por encima del 8%
interanual, de nada han servido las medidas dispuestas por el Gobierno del país para intentar
detener la escalada de precios... El incremento de un 8,2% se convierte en un 10% en las
ciudades donde la especulación inmobiliaria se hace más notoria, y la tendencia se está
generalizando por todo el país... Quienes verdaderamente están haciendo su agosto de esta
situación son los bancos y entidades financieras que conceden los créditos hipotecarios, tal es el
auge de las hipotecas que incluso se ha comenzado a popularizar una expresión entre los
ciudadanos chinos, 'esclavos de las hipotecas' “. Programa Inmobiliario, “Se infla la burbuja
inmobiliaria en China” , 03-10-2007, http://www.programainmobiliario.tv/detalle.php?id=264.
(5), “No habrá recesión en Europa”, adnmundo.com, 04-02-2008.
(6), Según Soros nos econtraríamos ante “el fin de una era de expansión del crédito fundada en el
dólar como moneda de reserva internacional... un boom que ha durado más de 60 años (y que) ha
permitido a los Estados Unidos absorber el ahorro del resto del mundo y consumir más de lo que
producía”. George Soros, “The worst market crisis in 60 years”, The Financial Times, January 22
2008.
(7),” Why Chinalco's Buying Into Rio Tinto”, Business Week, February 5, 2008.
(8) “Viñedos de Francia para los nuevos ricos de China”, Clarin-iEco, Buenos Aires, 10de febrero
de 2008.
(9), Jorge Beinstein, “La larga crisis de la economía global”, Corregidor, Buenos Aires, 2000.
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La segunda etapa de la crisis global | 02-08-2008 - 15:16:04 GMT 1 #
Crisi, quina crisi?, per RAMON TORRAMADÉ. SALT (GIRONÈS):
Ens han enganyat sempre i continuen fent-ho perquè ens tenen domesticats. Crisi estructural? Aquesta sembla la finalitat d'aquesta esbombada crisi: reestructurar la política econòmica per situar cadascú al seu lloc. El poder econòmic gaudint d'uns privilegis distintius de classe i la resta, a espavilar-se competint a la baixa. Com que la societat de consum no té futur, ja que l'explotació de la matèria primera no dóna per a tots, s'ha de retallar aquesta disbauxa, programada pel mateix poder econòmic, del consumisme sense fre. Si la classe mitjana i baixa de l'Europa Occidental ha passat uns anys de prosperitat, era fruit de l'abocament d'uns recursos provinents de l'espoli del Tercer Món, per fer front a unes repúbliques socialistes soviètiques, no fos que infiltressin unes idees contràries al capitalisme i el foragitessin d'un privilegi ancestral.
És clar que tampoc podien fer, als països occidentals benestants, i amb millor qualitat de vida, una descarada reconversió. El poder econòmic té els millors assessors en tots els terrenys i també els majordoms més obedients, que són els governants que donen la cara. Per tant, que surtin ara dient que la culpa és de les hipoteques escombraria demostra en quina consideració ens tenen als incauts ciutadans. Una crisi programada per aturar una producció que el mercat no pot absorbir i de passada rebaixar les pretensions dels obrers que a poc a poc han anat minvant i que encara poden acceptar més rebaixes. Quan la producció per la robòtica elimina llocs de treball i, per tant, consum, arriba el moment que els estocs no tenen sortida i comença la roda d'acomiadaments.
Que els governs vulguin fer veure que és una situació passatgera serveix per col·locar, a poc a poc, un projecte irreversible que el poble acceptarà amb molta conformitat ja que ha perdut l'esperit reivindicatiu.
Crisi, quina crisi? | 20-11-2008 - 08:39:06 GMT 1 #