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El Blog de Leningrad Garrotxa Olot: Argelaguer - Tortellà - Montagut i Oix - Sales de Llierca - Sant Jaume de Llierca

14/06/2008 GMT 1

65 horas, 125º aniversario

lejarza @ 08:32

Kiosko de prensa Vall del Llierca ArgelaguerSalvador López Arnal: 65 horas, 125º aniversario.-Está muerto, trasnochado, ya no sirve, es pasto y base de autoritarismos, su filosofía es esencialmente, como apuntaba (y acaso quería) Heidegger, una teoría inservible del trabajo que niega la libertad defendiendo un igualitarismo negador y contradictorio con nuestro ser ontoantropológico. Será eso. ¿O no es eso realmente?

Un admirable amigo, Francesc Xavier Pardo, profesor, militante del PSUC, combatiente antifraquista, activista, republicano y, por qué no, seguidor del Español de Barcelona, me ha regalado esta cita en su hermoso catalán:

EL TIEMPO ES EL ELEMENTO EN EL QUE SE DESPLIEGAN LAS DOTES HUMANAS. LA AUTÉNTICA RIQUEZA, LA RIQUEZA REAL, CONSISTE EN EL TIEMPO LIBRE, EN EL TIEMPO QUE LOS SERES HUMANOS DISPONEN PARA GOZAR DE SUS PRODUCTOS O PARA DESARROLLAR LIBREMENTE SUS CAPACIDADES

Apunta F. Xavier Pardo que su autor es un apasionado barbudo nacido en Tréveris. Un apátrida descreído que soñaba un mundo sin tribunos en el que las gentes no tuvieran otra patria que la Internacional.

Aspiro a compartir el regalo: léanlo y, si les gusta, pásenlo.

Por cierto: la noción de tiempo, y de vida que aquí subyace, fue la forma en que Gramsci (y en mi opinión Manuel Sacristán) también lo entendió. No leyeron mal al barbudo descreído.

Por cierto también: sonará a paleomarxismo, pero en plena guerra fría, existiendo a URSS, con sus incontables de defectos, ¿se hubiera legislado en la Europa del Capital (y del mal y del tal) una contrarreforma laboral de éste alcance? ¿Era o no era la URSS un contrapeso en la geopolítica internacional? ¿Estaba o no estaba (sin ser vista o sin ser citada) en la mesa de negociaciones de los convenios obreros con las grandes corporaciones? ¿Hubieran hablado, como sigue hablando sin pudor, de conciliar la vida laboral, la vida familiar y las 65 horas? ¿Seguirían insistiendo en la libertad de elegir entre innumerables cachivaches inútiles, sin sombra de aquella libertad de decisión de la que tanto y tanto hemos hablado y por la que tantos y tantas han combatido.

Será seguramente una inferencia sin base muy sólida pero, tal como están las cosas, admitiendo que no aspiramos a formar parte de eso que en tiempos llamábamos clases dominantes expropiadoras, ¿se puede ser racional, solidario, entiendan como entienda el concepto, defender una noción consistente de justicia, la que sea, decidan la que les guste más, y arrojar la tradición marxista y su sin duda complejo legado al archivo de lo inútil, de lo inservible, de lo superado? ¿Están seguros?

Curiosamente, el barbudo apátrida que hablaba del tiempo como elemento en el que se despliegan las dotes humanas vivió 65 años, y curiosamente también, 65, como ya sabían los pitagóricos, es un número defectuoso.

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Comentarios(12) »

  1. Zapatero, transportado por la crisis, por Jorge Velandia: La crisis va cuesta abajo en un camión sin frenos. El problema del transporte parece haber despertado de al gobierno, que estaba dormidito en los laureles del superávit y en las mieles de una victoria electoral casi inesperada. Se despierta y encuentra que todas esas cuentas que cuadraban tan bien apenas hace unos meses, ya no cuadran. El problema parece haber transportado a Zapatero hasta esa realidad económica que lleva meses tratando de asomar por algún lado.
    La huelga de camioneros lleva ya varios días y está provocando serios problemas sociales y económicos. La población está nerviosa y los supermercados dan un aspecto triste, pero no hay una solidaridad general. La huelga es un derecho aceptable pero nadie quiere que ese derecho le quite los productos de los supermercados, prefiriendo ignorar cómo llega, cuánto cuesta que llegue y por qué llega a los precios que llega. Que protesten, pero que no interrumpa la comodidad de la vida moderna. Pero es un hecho, las personas que nos traen esa comodidad van a tener que dajar de hacerlo, ya sea por la huelga o por la ruina.

    Pero el gobierno parece haber encontrado la formula mágica para arreglar el problema de la crisis del transporte: a palos. Un método comprensible si gobernara Aznar, Franco o algún otro extremista de la derecha, pero gobierna el PSOE, el partido de la moderación y del diálogo. ¿Si no han podido negociar con unos camioneros, cómo van a negociar con ETA? ¿Si no pueden dialogar con unos transportistas, o con unos pescadores, cómo van a dialogar con los nacionalistas? ¿Dónde está el famoso talante? Algo falla en la ecuación. Cuando Zapatero habla de España dice que no hay crisis si no “tiempo de dificultades” pero cuando habla del petróleo el eufemismo se disipa y admite que hay crisis; crisis internacional; la justificación polivalente para todo tipo de acusación parlamentaria.

    Aunque lo rebauticemos y lo pintemos de otro color, el problema no desaparece. ¿Cómo puede haber una gran crisis internacional sin que afecte a los “problemas” nacionales? La huelga de transportes en España no es más que eso, la consecuencia de una crisis internacional provocada por el alza indiscriminada del precio del petróleo. Hoy el barril anda en los 132 dólares y sigue subiendo. Sería una estupidez aferrarse al exceso de optimismo y tratar de engañar a los ciudadanos comparando cifras con las de otros gobiernos, porque los ciudadanos ya tienen el problema en casa, lo tienen ya en el bolsillo. No vale de nada que la ministra diga en televisión que todo esta bien, que el abastecimiento de gasolina está garantizado y que al día siguiente las gasolineras sigan cerradas por falta de combustible. Los camiones han estado bloqueando las principales ciudades del país, causando desabastecimiento grave en todos los servicios. Millones y millones de euros en pérdidas tanto en las grandes industrias como en los pequeños comercios, agricultores y ganaderos. ¿Solución? El palo. Llegó la policía y quitó por la fuerza a los camiones, puso multas, retiró carnés de conducir… ¿Y ahora qué? ¿Desaparece el problema? El gobierno arrastra a la ruina a los independientes, que son muchísimos, porque ya ha llegado a un acuerdo con las empresas grandes. ¿Será que el único modo de sobrevivir de los independientes debe ser, por fuerza, pasar a ser empleados de las empresas grandes?

    Aunque llegasen a un acuerdo, ¿qué pasará cuando el barril pegue otra subida? ¿Otra huelga? Los transportistas piden algo bastante lógico, poder ganar lo mínimo para vivir y no trabajar para tener perdidas. Más, siendo ellos los que llevan las mercancías que hacen ricos a los demás y a los famosos intermediarios que compran una naranja a céntimo y la venden a euro. ¿Por qué la culpa y la cuestión se proyecta sobre el gobierno? Porque la mitas de lo que se paga por la gasolina son impuestos. Si el gobierno quisiera podría bajar el precio a la mitad, para la alegría de todos, pero por desgracia tendría que subir los impuestos a lo bestia, ya que gracias al impuesto de los carburantes el estado recauda miles de millones de los que no puede y no sabe prescindir. ¿Qué pasará cuando la energía solar sea general? Pondrán impuestos al sol. Está claro.

    Pero, si le dan a los transportistas lo que piden, o cualquier otra ventaja, detrás de ese acuerdo se lanzarán todos los demás, a por un acuerdo similar: pesqueros, taxistas, aviones…

    En esta sociedad actual en que todo depende del petróleo, la gasolina y los motores de combustión, es lógico que si sube el barril, arrastre todos los costes y precios de todo lo demás. Al traste con todas esas cuentas tan bonitas con las que nos quisieron engañar en época electoral, en la que por cierto nadie vio venir la crisis, o nadie quiso decirlo. La verdad es peligrosa para los políticos.

    La crisis del transporte en España es solo una de las mil crisis que se avecina en toda Europa. Es la forma que tiene el dólar de vengarse del euro, que por muy fuerte que parezca nunca tendrá el respaldo del petróleo guardando sus espaldas. La gente se siente engañada, frustrada, indefensa ante el abuso económico.

    Crisis, recesión, desaceleración... se llame como se llame está causando ansiedad y casi pánico, a la sociedad. Zapatero, el rey del eufemismo seguro que encontrará palabras que suavicen el problema, aunque no se da cuenta que eso lo único que hará es convencer a los ciudadanos, a muchos de sus votantes, que les están tomando el pelo.

    Habrá que esperar. A ver qué hacen los políticos además de dar palos y usar la fuerza. Hacen falta medidas reales y soluciones, no barrer bajo la alfombra porque debajo de la alfombra ya no cabe más basura.

    Zapatero, transportado por la crisis | 14-06-2008 - 08:37:13 GMT 1 #

  2. ¿Conciliar la vida laboral, la vida familiar y las 65 horas?

    ¿Conciliar la vida laboral, la vida familiar y las 65 horas? | 14-06-2008 - 22:23:11 GMT 1 #

  3. Histórico paso atrás:
    Los vientos de liberalismo económico que recorren Europa acaban de desembocar en la aprobación por parte de los ministros de Trabajo de la UE de una directiva que, sin exageraciones, supone el retroceso de un siglo en los derechos alcanzados por los trabajadores en cuanto a la duración de la jornada. Actualmente, ese límite se sitúa en Europa en las 48 horas semanales (un techo aprobado por la Organización Internacional del Trabajo en 1917), pero la directiva de la UE eleva hasta las 60 horas semanales --o a las 65 en algunos casos, como el de los médicos-- la jornada laboral máxima. Se rompe así una tendencia histórica de mejora de las condiciones de vida de los trabajadores que es fruto de las luchas sindicales desde los albores del capitalismo.
    La directiva, a la que España se ha opuesto --si bien al final el ministro Celestino Corbacho se abstuvo en la votación--, debe pasar ahora por el Parlamento Europeo, donde van a ponerse a prueba las convicciones obreristas de los partidos de la izquierda. El Gobierno español ha anunciado que trabajará para que la Cámara europea rechace un proyecto que se aprueba tras cuatro años de debates, entre otras cosas por la tenaz oposición de Madrid, que bloqueaba la iniciativa, junto con Francia e Italia. Los cambios de Gobierno en París y Roma, con las llegadas de Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi, han terminado por dejar a España sin capacidad de oposición.
    Los promotores de la directiva, entre otros, británicos y alemanes, defienden que cada empleado pueda tener la libertad de negociar individualmente con el empresario la duración de su jornada de trabajo, algo que va contra la práctica sindical tradicional, que ha alumbrado el sistema de convenios colectivos y de cartas de derechos y deberes de los trabajadores. Argumentan que el sistema de guardias que afecta a diferentes colectivos, como el de los médicos, aconseja la flexibilización. Pero parece evidente que lo que hay detrás de la directiva aprobada ayer en Bruselas es un paso de Europa en el camino equivocado para hacer frente a los nuevos desafíos de la economía global.
    Es cierto que las industrias europeas compiten en el mercado mundial con las de países donde los trabajadores no han alcanzado ni de lejos el bienestar conquistado aquí a base del sacrificio de muchos. Pero sería un error histórico eliminar en aras de la competitividad los derechos básicos de los trabajadores.

    Histórico paso atrás | 14-06-2008 - 22:29:34 GMT 1 #

  4. Comunicat del PSUC contra la Directiva Europea que permet ampliar la jornada laboral a 65 hores:
    Desde el PSUC viu manifestamos nuestro más firme rechazo a la directiva aprobada el pasado 9 de junio por el Consejo Europeo de Ministros de Empleo mediante la cual se da luz verde a la ampliación de la jornada laboral a 60 horas semanales, límite que en el caso del sector sanitario podrá alcanzar las 65 horas semanales. Respecto al sector de la sanidad, la directiva contempla asimismo que las horas de descanso de las guardias del servicio de emergencias no computen como tiempo de trabajo, una medida que permite flexibilizar la jornada laboral hasta límites inaceptables. De igual manera, denunciamos el intento de la directiva por individualizar las relaciones laborales introduciendo en el redactado de la directiva la cláusula "Opt-out" por la que un trabajador podrá negociar con el empresario la ampliación de su jornada laboral sin la intervención de la representación social.

    Estamos, por lo tanto, frente a un ataque sin precedentes contra los derechos laborales y sociales de la clase trabajadora en el seno de la Unión Europea. La directiva aprobada pone de manifiesto la regresión en materia laboral de la Comisión Europa y supone la prolongación de las políticas neoliberales trazadas en el proyecto de tratado constitucional europeo, en la directiva Bolkenstein sobre la externalización de los servicios públicos y en el “Libro Verde” de la Comisión Europea sobre derecho laboral y flexiseguridad en el trabajo. Medidas que persiguen precarizar el mercado de trabajo, extender el dumping social y adecuar tanto la legislación laboral como la jornada de trabajo a las necesidades productivas de las multinacionales.

    Desde el PSUC viu juzgamos como intolerable que la Comisión Europea muestre su satisfacción por la nueva directiva considerándola como “un paso adelante para los trabajadores que refuerza el papel del diálogo social”. Y resulta más inaceptable aún que se presente la directiva como una garantía de pleno empleo y estabilidad laboral. No en vano, la directiva representa un grave retroceso social a la vez que atenta contra una de las grandes conquistas sociales del movimiento obrero. Desde el PSUC viu rechazamos la directiva aprobada porque además perjudica de manera ostensible la salud laboral de los trabajadores y trabajadoras al alargar su tiempo de trabajo y deja en entredicho la conciliación de la vida laboral con la vida familiar.

    Desde el PSUC viu emplazamos al conjunto de organizaciones políticas y sindicales a manifestar su rechazo y a movilizarse contra la directiva europea así como exigimos al gobierno central que se oponga activamente a la aplicación de la directiva en nuestro país y a cualquier revisión de la legislación laboral orientada a la ampliación de la jornada de trabajo.

    11 de junio de 2008.

    El PCE rechaza con total rotundidad la Directiva Europea sobre la ampliación de la jornada laboral

    Secretaría del Mundo del Trabajo del PCE.

    11 de junio de 2008.

    El Partido Comunista de España rechaza con total rotundidad la Directiva Europea sobre la ampliación de la jornada laboral. Y llama a secundar cuantas movilizaciones e iniciativas se pongan en marcha para evitar su aprobación en el Parlamento Europeo

    El PCE rechaza frontalmente la Directiva europea aprobada por los Ministros de Trabajo de la Unión Europea que contempla la ampliación del límite de la jornada laboral hasta un máximo de 65 horas semanales, si así se acuerda entre trabajador y empresario.

    Esta Directiva que llevaba varios años bloqueada, cosechando fracaso tras fracaso debido a las múltiples resistencias que han mostrado algunos países europeos, organizaciones sindicales y partidos políticos de izquierda, supone un auténtico ataque a los derechos laborales de la clase trabajadora europea.

    La reducción de la jornada laboral ha sido una reivindicación histórica del movimiento obrero y un triunfo de las fuerzas del trabajo sobre el capital, arrebatándole parte del excedente empresarial a través de la reducción del tiempo de trabajo. De plena vigencia hoy en nuestro país con la exigencia de la implantación de las 35 horas, sin reducción salarial.

    Esta Directiva viene a ser la manifestación más clara de la aplicación del Tratado para la Unión Europea cuya orientación conservadora y neoliberal se pone al servicio del mercado y de los intereses de las grandes multinacionales, grupos económicos y financieros, condenando a los trabajadores y trabajadoras europeas a incrementos de jornada, nuevas formas de precariedad y nuevas formas de flexibilidad laboral.

    La ampliación de la jornada atenta, con claridad, contra el reparto del empleo en una Europa que dice, falsamente, caminar hacia el pleno empleo. Atenta contra el reparto de la riqueza cuando, falsamente, los poderosos nos hablan de la Europa del bienestar y de la justicia social. Atenta contra la conciliación de la vida laboral y familiar en pleno discurso europeo por la igualdad. Atenta contra la salud y la calidad de vida de la clase trabajadora al pretender condenarla a largas y extenuantes jornadas de trabajo. Atenta contra la negociación colectiva de las condiciones laborales, al abrir la posibilidad de negociar la jornada de forma individual entre el trabajador y el empresario.

    Por todo ello, el PCE se opone a la aprobación de esta Directiva, llama a su militancia, al conjunto de la clase trabajadora europea y española, a los partidos políticos de izquierda y a las organizaciones sindicales a hacer un frente común para organizar una respuesta fuerte de rechazo que impida, finalmente, su aprobación por el Parlamento Europeo.

    CC.OO considera inaceptable la directiva que permite ampliar la joranada laboral a 65 horas

    CC.OO. manifestó hoy su "total desacuerdo" con el texto de la directiva de la Comisión Europea que permitirá ampliar la jornada laboral a 65 horas semanales, y añadió que es "inaceptable".

    Para CC.OO., la directiva supone el mantenimiento de una situación "inaceptable", como es la exclusión --procedimiento conocido como 'opt out'--, promovida por el Gobierno británico, del tope máximo de 48 semanales de trabajo establecido por la directiva de aquellos trabajadores que así lo acuerden en la negociación colectiva o que lo firmen en su contrato individual de trabajo.

    "Los prolijos límites y salvaguardas que el texto establece a esta posibilidad, no hacen sino abrir un camino hacia una situación aberrante: que el tope máximo de horas semanales pudiera llegar a ser de hasta 65 horas", denunció el sindicato, tras criticar que esta directiva no considera el tiempo disponible por el trabajador para su descanso como tiempo de trabajo.

    El Consejo Europeo de Ministros de Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores está discutiendo hoy las propuestas de modificación de la Directiva 2003/88/CE sobre tiempo de trabajo y la directiva relativa a la condiciones de trabajo de los trabajadores cedidos por empresas de trabajo temporal (ETT).

    CC.OO. confía en que la posición del Gobierno español no debe ser otra que la del voto negativo, aunque ya no sirva para mantener la minoría de bloqueo al haber aceptado, como parece, los gobiernos francés e italiano la propuesta británica y alemana. Desde el Ejecutivo español, ya se ha indicado que rechazarán estos cambios.

    Respecto a la directiva relativa a las ETT, el sindicato señala que a pesar de establecer el principio de igualdad de trato de los trabajadores cedidos con los de la empresa donde son destinados, como dice la ley española, permite que este principio general se flexibilice mediante negociación colectiva o diálogo social aun no pudiendo mantenerse la desigualdad de trato (salario y otras condiciones de trabajo) más allá de 12 semanas.

    Si como parece previsible, añade el sindicato, la directiva de tiempo de trabajo es aprobada en los términos descritos, CC.OO. considera que el Consejo Europeo habrá cometido una "gravísima irresponsabilidad". "Con decisiones de esta naturaleza los responsables políticos europeos ayudan a deteriorar la imagen de la Unión entre los trabajadores europeos", reiteró.

    Por ello, el sindicato de José María Fidalgo afirmó que la Confederación Europea de Sindicatos (CES) presionará al Parlamento Europeo para que estas directivas se modifiquen en el trámite de conciliación legislativa.

    En la misma línea, CC.OO. asegura que, junto con UGT, harán lo mismo en el trámite de transposición de las directivas a la legislación española, de modo que se garantice "sin lugar a dudas" la prevalencia de esta última.

    Confederación Sindical de CCOO.

    10 de junio de 2008.

    Comunicat del PSUC contra la Directiva Europea que permet ampliar la jornada laboral a 65 hores | 15-06-2008 - 06:12:55 GMT 1 #

  5. Revivim el passat?:
    Què ens està succeint? En lloc d´avançar, retrocedim. Què li passa al Govern? És que té el ulls fixats en una altra cosa? O potser sent nostàlgia de la crisi del s. XVIII?
    En primer lloc, cada X temps, la pujada de preus. Sense motius. I si els té, per què no pugen els salaris? No veuen que la gent ja no arriba a final de mes? Per què discriminen d´aquesta manera la societat? No s´adonen que s´està dividint en estaments? (diferència entre rics i pobres).
    Fins a quin punt hem arribat? Vaga de transports, crisis econòmiques, manifestacions constants, etc. O potser estan esperant la intervenció de l´exèrcit? Serà la solució, com va ser l´any 1799? Farà falta un altre cop d´estat, com el de Napoleó?
    Com a solució, per què no establir la «Llei del Màximum»?
    Realment, arribaran fins el punt de cometre l´error de començar la III Guerra Mundial?
    -Anaïs Giraut i Maria Ballesteros. 4t ESO Les Alzines. Girona.

    Revivim el passat | 15-06-2008 - 06:27:18 GMT 1 #

  6. Societat de l'oci? 65 hores!, per MIQUEL PAIROLÍ.
    No fa pas gaires anys que sentíem i llegíem sovint alegres i sàvies reflexions sobre allò que anomenaven la societat de l'oci. Va ser una moda. Sociòlegs i assagistes pronosticaven l'adveniment d'una societat en què tindríem moltes hores lliures, en què el problema seria com omplir els llargs períodes d'oci. Aquesta fabulació, que aleshores, més que apocalíptica, ens semblava molt estimulant, presentava un món en què les màquines i la tecnologia ens estalviarien molta feina i, per tant, tindríem molt temps per dedicar a activitats de lleure. Després ha resultat que la cosa no ha anat així, sinó justament en sentit contrari. Com que amb la tecnologia actual, amb els ordinadors i amb els sistemes de comunicació que tenim podem fer molta més feina que en altres èpoques –i molt més de pressa–, ens exigeixen que la fem. Cap empresa no vol quedar enrere, perquè quedar enrere significa desaparèixer, i tothom treballa més i més, fent rendir al màxim la tecnologia i la mà d'obra. En aquesta dinàmica, de societat de l'oci, res de res, al contrari, tenim una societat laboriosa, atrafegada, estressada, competitiva. Els assagistes i sociòlegs que temps enrere teoritzaven sobre la societat de l'oci ara han canviat de tema i parlen de gastronomia. Però no és pas només una qüestió tecnològica, també hi ha el fenomen de la febre groga, del gran mercat d'esclaus que el capitalisme ha organitzat en països que abans eren del Tercer Món –i alguns encara ho són– i que ja està afectant greument aquella Europa que abans s'anomenava benestant. Aquesta setmana els ministres de Treball dels països de la Unió Europea han acordat ampliar la jornada laboral fins a un màxim de 65 hores setmanals. 65 hores! Quan, a França, van voler reduir-la a 35 hores, hi va haver uns escarafalls de mil dimonis. Ara volen ampliar-la a 65. Societat de l'oci, deien aquells il·luminats. Societat de l'oci? Si badem gaire, aquí acabarem tots treballant com xinesos. I cobrant sous de xinès. O si més no de polonès, que és més a prop, i als catalans això de Polònia ens fa molta gràcia.

    Societat de l\' oci? 65 hores! | 15-06-2008 - 06:48:02 GMT 1 #

  7. De las 64 horas de trabajo en 1870 a las 65 horas en 2008
    La jornada laboral de 65 horas de la UE es la más larga desde 1870, por Juanjo Basterra: La clase trabajadora ha derramado sangre, sudor y lágrimas por obtener una jornada laboral más corta. Ahí están las huelgas de los mineros vizcainos en 1890 para reducir de 12 a 10 horas la jornada de trabajo diario. En pleno siglo XXI y en la Europa Social, que nos dicen, se reúnen los ministros de Trabajo y deciden regalar a los empresarios una jornada laboral de 65 horas. Cualquiera podría decir que ¡estos europeos están locos!, si no fuera por el trasfondo que tiene.

    La decisión de los ministros de Trabajo de la Unión Europea de ampliar la jornada laboral hasta las 65 horas semanales, en caso de que haya acuerdo entre el empresario y el trabajador, es la vuelta al pasado.

    Es una nueva concesión a los empresarios y, desde luego, borra el apellido «social» de Europa. Hace 138 años la jornada laboral se situaba entre las 65 y las 70 horas semanales. Se ha retrocedido en el tiempo y, desde luego, queda en manos de la clase trabajadora la vuelta a la lucha por la mejora de las condiciones de trabajo. Hace poco más de diez años, el Estado francés y algunos sectores alemanes introdujeron la jornada de 35 horas, aunque está retrocediendo. En el sector público de la CAV se avanzó en ese sentido, pero no se logró que calara en el sector privado, que ha estado «intoxicando» para romper la fuerza que los trabajadores hicieron por un modelo de reparto de la jornada laboral para poder trabajar todos.

    Euskal Herria vivió una huelga general por este motivo hace diez años, pero la patronal ha jugado sus bazas y ha extendido sus tentáculos hasta los lobbys poderosos de la UE para conseguir aumentar el tiempo de trabajo hasta niveles similares a los del siglo XIX.

    El crecimiento económico moderno comportó cambios fundamentales en el concepto de trabajo y, en especial, de la duración de la jornada de trabajo. Montserrat Llonch y Jordi Maluquer de Motes, de la Universidad Autónoma de Barcelona, en el capítulo de «Trabajo y Relaciones Laborales» del estudio estadístico histórico de la Fundación BBVA, explican las mejoras sociolaborales acaecidas desde el pasado siglo XIX e indican que «desde una perspectiva secular, la disminución del tiempo de trabajo y la mejora de los salarios son el resultado de los incrementos de productividad que genera el propio proceso de modernización económica. Pero la reducción de la jornada -desde el siglo XIX al XXI- no ha sido sólo un componente de redistribución, sino que también ha actuado como factor de crecimiento, ya que ha conllevado cambios hacia una organización más eficiente del trabajo y ha contribuido a generar más puestos de trabajo».

    En la actualidad es evidente que ya no es así. La precariedad laboral avanza en Europa a ritmos insospechados y los salarios crecen muy por debajo de la economía. En los últimos 16 años, caracterizados por fuertes crecimientos en los resultados empresariales y de la economía, los salarios reales apenas crecieron en un 1,5%. Por lo tanto, el retroceso en esas conquistas sociales y económicas nos sitúan en el siglo XIX y comienzos del XX. Los datos estadísticos indican que la jornada laboral en 1870 estaba en 64 horas para los obreros de la industria manufacturera y superaría las 70 horas en el caso de los trabajadores del sector terciario.

    Minas vizcainas

    En este caso, destaca que en la última década del siglo XIX, los mineros vizcainos lograron una reducción significativa de la jornada laboral. «Si entre 1876 a 1890 la jornada fue de 12 horas diarias, tras la huelga de este último año se rebajó a 10 horas», indican Llonch y Maluquer.

    Las disposiciones sobre la duración de la jornada para los trabajadores llegaron a inicios del siglo XX. La ley española del 3 de marzo de 1904 permite el descanso dominical. En 1902 se promulgó la jornada de ocho horas para los trabajadores de los establecimientos de Hacienda Pública; ocho años después se dictó la jornada máxima de nueve horas diarias en las minas. El 24 de agosto de 1913 se estableció la jornada de 60 horas semanales en la industria textil.

    Se considera que la regulación principal llegó el 3 de abril de 1919, que estableció la jornada máxima legal de 48 horas semanales en todos los trabajos, aunque después exceptuó a la mayoría del sector agrícola. Hasta el 28 de agosto de 1931 no habría otra mejora, que redujo a siete horas diarias el trabajo subterráneo en las explotaciones carboníferas y el 5 de marzo de 1936 se estipuló la jornada de trabajo en la industria metalúrgica en 44 horas semanales.

    Durante la Segunda República se incidió en las mejoras hacia los agricultores y el 21 de noviembre de 1931 «se estipuló un permiso anual retribuido de siete días, con la condición que la duración mínima del contrato fuera anual». En este caso, a diferencia del modelo del Estado francés, la aplicación de la jornada de 40 horas semanales no llegó a materializarse. El convenio de la OIT de 22 de junio de 1935 estableció esa reducción, pero no fue ratificado por el Estado español, que se encontraba en fase de estudio «los días previos al estallido de la Guerra Civil». En el período franquista aumentó la jornada. Tras la dictadura, el Estatuto de los Trabajadores de marzo de 1980 dejó la jornada en 42 horas semanales para los trabajadores a jornada continua y 43 horas para los de jornada partida. Tres años después, en 1983, se redujo la jornada máxima a 40 horas semanales y 30 días de vacaciones como mínimo, que es como está regulado en la actualidad.

    Referencias
    1890

    Los mineros vizcainos realizan una huelga prolongada y consiguen rebajar de 12 horas diarias a 10 horas diarias la jornada de trabajo. Supuso un gran avance.

    1919

    En un Real Decreto del 3 de abril, se estableció la jornada máxima legal de 48 horas semanales en todos los trabajos, aunque exceptuó a trabajadores agrícolas.

    1935

    La OIT establece el 22 de junio la jornada de 40 horas semanales. No fue ratificado por el Estado español, porque estaba en estudio en los días previos a la Guerra Civil.

    1980

    El Estatuto de los Trabajadores establece las 42 horas semanales, aunque tres años después se reduce a las 40 horas.

    Las horas extras aumentan un 47,43% hasta marzo
    Nada más conocerse la decisión mayoritaria de los ministros de Trabajo de la Unión Europea esta semana se produjo una respuesta casi unánime entre los sindicatos, muchos partidos políticos y de los representantes de los gobiernos de Lakua y de Madrid en contra de la nueva directiva, que tendrá que ser votada en el Parlamento Europeo, con casi toda probabilidad, antes de que finalice el mes de diciembre. Sin embargo, muchas de estas manifestaciones enmascaran actuaciones propias que no avanzan en la mejora de los derechos sociolaborales de los trabajadores.

    Tal es así que 2007 se cerró en Hego Euskal Herria con un incremento del 12% de las horas extraordinarias oficiales, que alcanzaron los 4 millones, lo que nos acerca a los niveles de hace diez años. Los datos del primer trimestre de 2008 que ofrece el Ministerio español de Trabajo y Asuntos Sociales muestran que han aumentado en un 47,43% respecto al mismo período del año anterior, ya que han superado el millón de horas extraordinarias. Estas son los datos oficiales, pero la realidad indica que, como mínimo, por cada hora extra oficial se producen entre tres y cuatro más, que no se contabilizan porque así el empresario no las cotiza. La jornada laboral efectiva está reduciéndose con el paso de los años. Es una evidencia, porque los convenios se firman con una jornada laboral media que va desde las 1.659 horas hasta las 1.717 horas. La realidad es que en Hego Euskal Herria se trabaja una media de 38 horas y 25 minutos.

    Según los datos de Eurostat, la jornada media trabajada en el Estado español se encuentra en 41,1 horas, por encima del máximo legal, que está fijado en 40 horas semanales. El Estado francés, sin embargo no sobrepasa las 39 horas, aunque no superan las 35 legales. Sin embargo este límite está en proceso de desintegración.

    También la precariedad laboral avanza. Aunque se modifica la legislación en materia laboral precisamente para estabilizar el empleo, no ocurre así según los datos estadísticos del INEM. Se calcula que la temporalidad afecta al 40% de los asalariados vascos.

    Desde 1870: De las 64 horas de trabajo en 1870 a las 65 horas en 2008 | 16-06-2008 - 06:22:27 GMT 1 #

  8. 65 hores, per XAVIER SANS. LA FLORESTA, SANT CUGAT DEL VALLÈS (VALLÈS OCCIDENTAL)..
    En un món summament globalitzat, tot està entrelligat. Una protesta d'empresaris del transport comporta una crisi econòmica important, empreses d'automoció demanen expedients de regulació temporal, també fan el mateix empreses d'altre tarannà. Però als treballadors per compte d'altres els apugen el preu de la llum, i què faran? Els tanquen les fàbriques, i què fan? Els apugen les hipoteques, i què fan? Els limiten els drets que es van aconseguir fa molts d'anys, i què fan? Ara uns il·luminats de la UE diuen que hem de treballar 65 hores a la setmana, negociades amb l'empresari, i ratificades cada any. No s'ho creuen ni ells, això, i us diré el perquè. Perquè els forts sempre s'han aprofitat dels dèbils. Molts empresaris coaccionaran els treballadors temporals perquè acceptin pactes d'ampliació de jornada, ara ja ho fan fent-los fer hores extres, i els treballadors, per la por de perdre la feina, ho fan. Dic temporals perquè d'indefinits cada cop en queden menys. Ningú controlarà aquests acords, ningú perquè molts delegats de personal ara ja no poden controlar les hores extres; com controlaran els pactes individuals? Les poques empreses grans, que cada cop ens en queden menys, són les úniques que poden fer alguna cosa, però la majoria d'empreses són petites o microempreses, com ho faran? Vivim ara en un estat de consum total i salvatge, ens bombardegen amb nous productes, facilitats i estereotips, que després ens condemnen a una esclavitud encoberta.Crec que ja és l'hora que els responsables de dirigir els països i el nostre també es treguin aquesta bena que els tapa els ulls i vegin la realitat del perquè de les coses.

    65 hores | 21-06-2008 - 05:22:44 GMT 1 #

  9. Retrocedir en drets a dues velocitats, per GHASSAN SALIBA, Secretari immigració de CCOO de Catalunya: En la nova legislatura de govern del PSOE assistim a repetits anuncis en política d'immigració que apunten a un gir que trenca el discurs progressista i integrador del govern anterior. Sembla que amb el nou ministre de Treball i Immigració el pla estratègic d'integració del govern de l'Estat, aprovat al final de la legislatura anterior, ha quedat en un no res. Tots sabem que Europa sofreix una reculada en drets humans, en valors democràtics i en drets socials, com queda manifest en la directiva europea per augmentar a 18 mesos el temps de detenció de les persones sense papers en els centres d'internament, la possibilitat d'expulsar menors desemparats o la proposta d'augmentar la setmana laboral a 65 hores. Es miri per on es miri això no deixa de ser una reculada en drets, això sí, a dues velocitats.

    Els continuats anuncis del ministre d'Interior d'augmentar de 40 a 60 dies la detenció a les persones sense papers i les del mateix ministre de Treball i Immigració de retallar el dret de viure en família o la mateixa mesura de tornar treballadors immigrants en atur demostren que ja som a les portes d'una política restrictiva en matèria d'immigració.

    Aquesta política restrictiva comporta la violació de drets fonamentals de les persones reconeguts en la Carta de Drets Humans, en la Constitució Espanyola i en convencions internacionals, com les de l'OIT, i és una demostració que per al ministre Corbacho les persones immigrades són màquines d'usar i llençar, i sense drets fonamentals. Així, els immigrants poden venir a cuidar els nostres avis, però no tenen dret a cuidar els seus pares i mares majors de 65 anys. I els seus fills d'entre 16 i 18 anys solament poden venir a viure amb ells a condició que entrin en la precarietat i la sobreexplotació laboral, i no puguin continuar els seus estudis. A més, els menors tenen la barra d'arribar durant els 365 dies de l'any i no tots el mateix mes, cosa que també preocupa el ministre, i és per això que vol ordenar quan els immigrants han de tenir els seus fills perquè el reagrupament coincideixi amb l'inici del curs, i això implica que tots renovin els seus permisos alhora perquè, un cop renovats, tots sol·licitin alhora el reagrupament familiar dels seus fills, perquè així arribin a l'inici del curs escolar i no ens facin falta les aules d'acollida, ni el pacte per a l'educació ni la mateixa llei d'educació. Tot perfecte i ordenat.

    Desgraciadament, els tràmits burocràtics, el retard de l'administració estatal i el mal funcionament de les ambaixades espanyoles no estan tan ordenats. I en això sí que té algunes competències el ministre. El convidem a acostar-se a la realitat de les oficines d'estrangeria on aconseguir un visat de reagrupament familiar triga més d'un any. Prendre una mesura que limita l'arribada de menors a un període concret de l'any és de facto igual a eliminar aquest dret perquè ningú podrà complir-lo, en primer lloc la mateixa administració. I a més d'anunciar traves legals al dret de viure en família, el govern va més lluny i anima els ajuntaments a posar traves il·legals en l'informe d'habitatge i en l'empadronament.

    El govern tripartit de Catalunya –sobretot la conselleria d'Acció Social i Ciutadania i més concretament la secretaria per a la Immigració– no pot seguir actuant fora de joc, amb un recorregut a cegues i anunciant un possible pacte nacional d'immigració en solitari. Si el conjunt del govern català no es defineix contra aquesta política de retallades de drets, contra una política que dificulta l'estabilitat i la integració, la llei d'acollida, el pacte nacional d'immigració i la futura llei d'integració també acabaran en foc d'encenalls.

    El sindicat CCOO de Catalunya no està disposat a ser còmplice d'aquest engany. La coherència exigeix prioritzar i ara és el moment de frenar aquesta retallada de drets i d'evitar que la marca «model virtual de l'Hospitalet» ens arrossegui a un model pretorià de gestió de la immigració, això sí, a dues velocitats.

    Retrocedir en drets a dues velocitats | 21-06-2008 - 05:32:46 GMT 1 #

  10. Retorno a la jornada de 60 horas

    Juan Francisco Martín Seco
    Público

    Existe una visión ingenua de la Historia, optimismo trascendental que considera que en las civilizaciones y, en general, en la humanidad no es posible la marcha atrás. Pero lo cierto es que cuando una sociedad retrocede a las premisas ideológicas del pasado, casi es seguro que los resultados terminarán siendo también los mismos. Desde principios de los ochenta, la economía internacional ha asumido un proceso involutivo, renunciando progresivamente a los principios ideológicos que se habían aceptado como intangibles, al menos en los países occidentales, y volviendo a los presupuestos que regían en el siglo XIX. Los resultados tienen que ser forzosamente parecidos a los de aquella época. En realidad, lo que llaman globalización, en buena medida no es otra cosa que adherirse a aquellas premisas. No puede, por tanto, extrañarnos que ahora se retorne a unas condiciones laborales que creíamos totalmente superadas.
    El Consejo de Ministros de Empleo y Política Social (¡qué ironía!) de los 27 acaba de aprobar una directiva por la que se deroga la jornada de 48 horas semanales, establecida nada menos que en 1917 por la OIT, y se admite que el empresario y el trabajador puedan pactar una jornada mayor, hasta 60 horas, incluso 65. La semana de 48 horas semanales fue una de las primeras reivindicaciones de la clase obrera. Conquista social que no fue gratuita. De hecho, la fiesta del trabajo se celebra el primero de mayo para conmemorar la masacre que se realizó en Chicago en 1886 con los manifestantes que reclamaban la jornada de 48 horas. Se puede entender, pues, que desde distintos ángulos se haya contemplado la medida como una quiebra fundamental de los derechos laborales que se creían consolidados.

    No obstante, como cabía esperar, en nuestro mismo país se han alzado voces que pretenden justificar el acuerdo. Se alude a la complejidad de la sociedad actual y a que, por lo tanto, todos los trabajos no son iguales (¡menudo descubrimiento!), y, dada esta heterogeneidad, conviene dejar a las partes libertad para que pacten la jornada que crean conveniente, de manera que no se imponga una norma sobre casos dispares.

    Como siempre, se acude a una falacia. No se trata de imponer una jornada uniforme para todos los trabajadores, sino tan sólo un máximo de horas que las partes no pueden contravenir, puesto que hablar de libertad económica es en la mayoría de las relaciones laborales un completo sofisma. El trabajador se ve en la obligación de aceptar las condiciones que imponga el empresario. “Libertad para morirse de hambre”, como afirmaba Marx. Es la misma libertad de pacto que condujo al mundo descrito por Dickens y otros muchos autores, en el que los niños y las mujeres estaban sometidos a jornadas abusivas que hoy nos parecen imposibles. Por ello, a lo largo del siglo XX fue tomando cuerpo una consideración tuitiva del derecho laboral que mantenía la necesidad de que el Estado estableciese unas condiciones mínimas e irrenunciables que las partes no podían violar. Es esta salvaguarda la que ahora se pone en cuestión.

    Hay quien quiere explicar el acuerdo tomado en Luxemburgo por el desequilibrio de fuerzas que en la actualidad existe en la Unión Europea, donde la socialdemocracia ha desaparecido casi en su totalidad y gobiernan partidos de derecha en los principales Estados, al tiempo que se han incorporado nuevos países que han pasado recientemente de sistemas de economía centralizada al capitalismo salvaje. Pero este planteamiento supone quedarse en una capa muy superficial del problema sin ahondar en las causas últimas. La verdadera causa se encuentra en la progresiva aceptación en materia económica de un discurso que nos retrotrae al siglo XIX y la introyección de los mismos presupuestos básicos, libertad absoluta de mercados y capitales. En estas condiciones, resulta imposible que no vaya desapareciendo progresivamente todo el andamiaje construido alrededor del Estado social.

    El argumento más fuerte esgrimido por los defensores de la desregulación del mercado laboral es el de la competitividad. En definitiva, se trata de aplicar el dumping social, pero este mismo dumping social desbarata la forma de razonar de los que alegan que la directiva ahora aprobada por el Consejo de Ministros europeo no impide que cada país continúe aplicando su propia normativa. Incluso los países que ahora se han opuesto a su implantación no tendrán más remedio que ir flexibilizando la legislación, si no quieren perder cuota de mercado.

    El hecho de que la mayoría de los gobiernos europeos sea de derechas y que la socialdemocracia esté en decadencia no constituyen la causa sino que son más bien el efecto, el efecto de un hecho mucho más radical. Hemos construido un espacio económico bajo unos parámetros tales que las políticas de izquierdas ya no son posibles. Los partidos progresistas, cuando gobiernan, se ven obligados a aplicar las mismas medidas que los de derechas.

    En estas circunstancias, no puede extrañarnos que los ciudadanos, en las raras veces que son consultados, terminen votando en contra o absteniéndose, que es aún peor. Así ocurrió con la Constitución Europea. Así sucede con el Tratado de Lisboa. Irlanda, único país en el que se ha celebrado un referéndum, se inclinó por el no y, tal como se expresó uno de los más prestigiosos diarios europeos, el no habría sido el resultado si Gran Bretaña, Francia o Alemania se hubiesen atrevido a consultar a los ciudadanos. Los ciudadanos interpretan que, tanto con la Constitución como con el nuevo tratado, sus Estados pierden soberanía a favor de no se sabe qué instituciones políticamente irresponsables. Pero aciertan tan sólo parcialmente, ya que, por desgracia, hace ya bastante tiempo que sus gobiernos han ido perdido soberanía, entregándola en aras de eso que eufemísticamente llaman mercados.

    Juan Francisco Martín Seco es economista

    Retorno a la jornada de 60 horas | 03-07-2008 - 07:01:05 GMT 1 #

  11. Un salto atrás de cien años en el derecho laboral

    José Luis Carreter

    La decisión de la UE de ampliar la jornada laboral ha sorprendido a la opinión pública. Pero los retrocesos en derechos laborales llevan tiempo produciéndose. Analizamos los planes europeos que han llevado a este punto.

    Recientemente la opinión pública de los Estados miembro de la UE se ha visto sacudida por una noticia concreta : los ministros de Trabajo de la Unión han adoptado una propuesta de modificación de la directiva sobre la ordenación del tiempo de trabajo. Para que la modificación sea un hecho sólo falta que la apruebe el Parlamento Europeo. Esta propuesta no podía menos que provocar estupor en la ciudadanía europea, ya que en ella se toman medidas que pueden definirse, básicamente, en torno a tres aspectos clave.
    El primero de ellos es la determinación de un tiempo de trabajo expandido para los trabajadores europeos : el límite máximo de la jornada laboral (48 horas de trabajo semanales) podrá superarse por acuerdo entre empresario y trabajador, siempre que no se superen un total de 65 horas semanales –con períodos de guardia– o 60 horas semanales –sin ellos– a no ser que, en el último caso, exista un convenio colectivo o acuerdo entre patronal y sindicatos que establezca un período mayor.

    En segundo lugar, se define el concepto de “período inactivo de atención continuada”, tiempo en que el trabajador se encuentra en el lugar de trabajo, a disposición del empresario, pero sin prestar servicio ni ejercer sus funciones. Este tiempo no se computará a efectos salariales, de cómputo de jornada máxima ni en relación a los descansos diarios y semanales, ahondando en la concepción de la prestación laboral como una prestación de resultado (visión neoliberal) y no de medios (visión clásica del Derecho del Trabajo), con previsibles efectos sobre la calidad de servicios que, como el sanitario, se fundamentan en masivas guardias de este tipo.

    Y en tercer lugar, al haberse dejado abierta la extensión de la jornada máxima en función del acuerdo individual entre empresario y trabajador, se ataca a la línea de flotación del edificio entero del Derecho Laboral, devolviéndonos a los tiempos en que se afirmaba la aptitud del contrato civil para regular las relaciones industriales, desplazando al olvido la acción sindical.

    Nueva agresión a los derechos
    Nos encontramos, en todo caso, ante una Directiva comunitaria, y hay que hacer notar que dichas normas no son directamente aplicables por los Estados miembro, sino que las mismas han de ser traspuestas a los ordenamientos jurídicos nacionales por regulaciones internas de desarrollo. Y que, además, éstas funcionan como un suelo mínimo : el Estado en cuestión no tiene por qué regular exactamente así el tiempo de trabajo, sino que siempre puede hacerlo de forma más favorable para el trabajador. Sin embargo, mientras la Directiva exista, la tentación de alargar la jornada hasta el extremo indicado en ella estará siempre presente.

    Y es que esta nueva agresión a los derechos laborales de los trabajadores no es un acto aislado. Lo cierto es que configura una más de las modificaciones que resultaban previsibles al calor del desarrollo del concepto de la flexiseguridad potenciado por el Libro Verde - Modernizar el Derecho del Trabajo para afrontar los retos del siglo XXI, presentado por la Comisión Europea en el año 2007. Recordemos que a la promoción del concepto de la flexibilidad externa (facilidad de despido) efectuada por la Comisión, respondió un Dictamen del Comité Económico y Social Europeo, proponiendo a su vez la flexibilidad interna (funcional y horaria).

    Frente a lo que, finalmente, el Consejo Europeo decidió que convenía apoyar ambas. Flexibilización, por otro lado, que alcanza su mayor expresión precisamente donde tuvo su génesis el mismo derecho laboral (en la regulación colectiva del tiempo de trabajo) y que ha fundamentado todas las modificaciones introducidas por las sucesivas reformas implementadas en el Estado español en los últimos decenios. Desregulación y flexibilización que no buscan otra cosa que socavar toda resistencia al poder de mando empresarial.

    Ofensiva flexicuritaria
    Se trata pues, de una propuesta de Directiva que incorpora toda una batería de medidas que afectarán no tan sólo a los profesionales de la sanidad y otros empleos con asiduos períodos de guardia, sino también a los sectores más débiles y precarizados : basta hacer la cuenta de cuántas horas podrá realizar un trabajador temporal (siempre más débil a la hora de establecer un acuerdo individual con el empresario), 60 horas por semana durante cada período de tres meses, hacen un total de 2.880 horas al año.

    Así pues, la ofensiva flexicuritaria avanza, demoliendo a su paso toda una rama del derecho que encontraba su justificación, precisamente, en el reconocimiento de la desigualdad de partida, a la hora de negociar, entre empresario y trabajador. Desigualdad que debía ser compensada por el establecimiento de unos mínimos indisponibles por el Estado. El trabajador, aislado, ahora podrá pactar lo que quiera. Bendita libertad la de los y las que no tienen más que su fuerza de trabajo, y están obligados a venderla en el mercado.

    Un salto atrás de cien años en el derecho laboral | 05-07-2008 - 08:46:13 GMT 1 #

  12. Un salto atrás de cien años en el derecho laboral

    José Luis Carreter

    La decisión de la UE de ampliar la jornada laboral ha sorprendido a la opinión pública. Pero los retrocesos en derechos laborales llevan tiempo produciéndose. Analizamos los planes europeos que han llevado a este punto.

    Recientemente la opinión pública de los Estados miembro de la UE se ha visto sacudida por una noticia concreta : los ministros de Trabajo de la Unión han adoptado una propuesta de modificación de la directiva sobre la ordenación del tiempo de trabajo. Para que la modificación sea un hecho sólo falta que la apruebe el Parlamento Europeo. Esta propuesta no podía menos que provocar estupor en la ciudadanía europea, ya que en ella se toman medidas que pueden definirse, básicamente, en torno a tres aspectos clave.
    El primero de ellos es la determinación de un tiempo de trabajo expandido para los trabajadores europeos : el límite máximo de la jornada laboral (48 horas de trabajo semanales) podrá superarse por acuerdo entre empresario y trabajador, siempre que no se superen un total de 65 horas semanales –con períodos de guardia– o 60 horas semanales –sin ellos– a no ser que, en el último caso, exista un convenio colectivo o acuerdo entre patronal y sindicatos que establezca un período mayor.

    En segundo lugar, se define el concepto de “período inactivo de atención continuada”, tiempo en que el trabajador se encuentra en el lugar de trabajo, a disposición del empresario, pero sin prestar servicio ni ejercer sus funciones. Este tiempo no se computará a efectos salariales, de cómputo de jornada máxima ni en relación a los descansos diarios y semanales, ahondando en la concepción de la prestación laboral como una prestación de resultado (visión neoliberal) y no de medios (visión clásica del Derecho del Trabajo), con previsibles efectos sobre la calidad de servicios que, como el sanitario, se fundamentan en masivas guardias de este tipo.

    Y en tercer lugar, al haberse dejado abierta la extensión de la jornada máxima en función del acuerdo individual entre empresario y trabajador, se ataca a la línea de flotación del edificio entero del Derecho Laboral, devolviéndonos a los tiempos en que se afirmaba la aptitud del contrato civil para regular las relaciones industriales, desplazando al olvido la acción sindical.

    Nueva agresión a los derechos
    Nos encontramos, en todo caso, ante una Directiva comunitaria, y hay que hacer notar que dichas normas no son directamente aplicables por los Estados miembro, sino que las mismas han de ser traspuestas a los ordenamientos jurídicos nacionales por regulaciones internas de desarrollo. Y que, además, éstas funcionan como un suelo mínimo : el Estado en cuestión no tiene por qué regular exactamente así el tiempo de trabajo, sino que siempre puede hacerlo de forma más favorable para el trabajador. Sin embargo, mientras la Directiva exista, la tentación de alargar la jornada hasta el extremo indicado en ella estará siempre presente.

    Y es que esta nueva agresión a los derechos laborales de los trabajadores no es un acto aislado. Lo cierto es que configura una más de las modificaciones que resultaban previsibles al calor del desarrollo del concepto de la flexiseguridad potenciado por el Libro Verde - Modernizar el Derecho del Trabajo para afrontar los retos del siglo XXI, presentado por la Comisión Europea en el año 2007. Recordemos que a la promoción del concepto de la flexibilidad externa (facilidad de despido) efectuada por la Comisión, respondió un Dictamen del Comité Económico y Social Europeo, proponiendo a su vez la flexibilidad interna (funcional y horaria).

    Frente a lo que, finalmente, el Consejo Europeo decidió que convenía apoyar ambas. Flexibilización, por otro lado, que alcanza su mayor expresión precisamente donde tuvo su génesis el mismo derecho laboral (en la regulación colectiva del tiempo de trabajo) y que ha fundamentado todas las modificaciones introducidas por las sucesivas reformas implementadas en el Estado español en los últimos decenios. Desregulación y flexibilización que no buscan otra cosa que socavar toda resistencia al poder de mando empresarial.

    Ofensiva flexicuritaria
    Se trata pues, de una propuesta de Directiva que incorpora toda una batería de medidas que afectarán no tan sólo a los profesionales de la sanidad y otros empleos con asiduos períodos de guardia, sino también a los sectores más débiles y precarizados : basta hacer la cuenta de cuántas horas podrá realizar un trabajador temporal (siempre más débil a la hora de establecer un acuerdo individual con el empresario), 60 horas por semana durante cada período de tres meses, hacen un total de 2.880 horas al año.

    Así pues, la ofensiva flexicuritaria avanza, demoliendo a su paso toda una rama del derecho que encontraba su justificación, precisamente, en el reconocimiento de la desigualdad de partida, a la hora de negociar, entre empresario y trabajador. Desigualdad que debía ser compensada por el establecimiento de unos mínimos indisponibles por el Estado. El trabajador, aislado, ahora podrá pactar lo que quiera. Bendita libertad la de los y las que no tienen más que su fuerza de trabajo, y están obligados a venderla en el mercado.

    Un salto atrás de cien años en el derecho laboral | 05-07-2008 - 08:48:12 GMT 1 #

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