Izquierda y Transversalidad
El liberalismo nació a finales del siglo 18 como una ideología pequeño burguesa y liberadora, liberadora de las ideas retrogradas procedentes fundamentalmente de las clases mas conservadoras vinculadas a la iglesia católica europea que pretendían imponer desde el poder la moral católica y el pensamiento único en la vida y en la cultura. El problema surge cuando esas ideas de libertad de pensamiento y de acción se llevan al terreno económico con la pretensión de que la libertad económica tenia que eliminar en lo posible la protección estatal de los individuos más desfavorecidos ya que se trataba en definitiva de reducir prácticamente la acción del Estado a la seguridad interna (policía) y a la defensa exterior (ejercito) favoreciendo así la libertad de los agentes económicos para el ejercicio del comercio y la industria. Posteriormente consecuencia de las crisis económicas provocadas precisamente por el liberalismo, se instala la idea de que la solución esta en una fuerte intervención estatal a través de un sistema fiscal redistributivo progresivo (socialdemocracia) que garantizaba la prestación de servicios básicos a toda la población con independencia de sus recursos económicos dentro de un sistema de mercado. La aplicación de las teorías Keinesianas supuso la incorporación de los trabajadores al mercado de bienes de consumo y generó grandes masas de consumidores que posibilitaron la creación de grandes corporaciones productoras de los citados bienes a precios aceptables para las clases medias y medias bajas. Este sistema así mismo demostró en el siglo pasado (siglo 20) que se podía llegar a niveles de bienestar insospechados y conseguir simultáneamente además de un funcionamiento adecuado de la economía de mercado la existencia de una sociedad democrática. En el siglo 21 se platean nuevos retos a la Europa del bienestar fundamentalmente a raíz del alza de los precios de las materias primas y de la internacionalización de la economía que está llevando a las deslocalizaciones de empresas hacia lugares con menores niveles de protección social para conseguir reducciones de los precios de mano de obra y aumentar así la rentabilidad de las inversiones. Estamos por consiguiente asistiendo a una profunda revisión de los principios que sustentaron el Estado del bienestar y en consecuencia de los principios del socialismo democrático. El socialismo democrático debe seguir defendiendo sin ningún tipo de complejos la universalidad de determinados servicios básicos como la enseñanza, la sanidad, las pensiones y el resto de los servicios de protección básica de los ciudadanos, pero también desde el punto de vista social debe exigir la regeneración democrática, el control del gasto publico, la lucha sin cuartel contra la corrupción, la mejor universalización y gratuidad de la justicia, la lucha contra la discriminación, el racismo y la xenofobia, la ayuda al desarrollo del tercer mundo y el cuidado y la protección del medio ambiente, todo ello compaginado con una política económica que no desincentive las inversiones empresariales y que facilite la creación de empresas y de riqueza y la conservación del empleo. Ese es el gran reto y en la consecución de ese reto seguro que la izquierda moderna convergerá con los elementos mas progresistas del liberalismo moderno y es ahí donde se han de crear espacios de colaboración a través de la transversalidad y de la cooperación, pero para ello la izquierda moderna se ha de liberar de una gran parte de la demagogia de su propio discurso que puede ser rentable a nivel electoral pero resulta en ocasiones trasnochado, excluyente y desde luego poco democrático. No se pueden seguir explotando los viejos fantasmas del estalinismo que justifico todas sus perversidades mediante la demonización permanente del adversario, no se puede seguir escatimando la participación de los ciudadanos en asuntos que les conciernen directamente con la vieja excusa de "vótame a mi para que no gane el enemigo, el malvado el facha" y darle a ese voto un valor incondicional e inquebrantable. Es urgente que la izquierda moderna y los liberales progresistas se comprometan juntos en la regeneración democrática a través de una revolución en el funcionamiento de los partidos tradicionales incentivando y liderando la participación y la critica de los ciudadanos militantes, simpatizantes y votantes. Hay que abrir las puertas y las ventanas de los partidos (de todos) y acabar con el oscurantismo, el clientelismo, el sectarismo y el funcionamiento cuartelario. Los nuevos partidos del siglo 21 deben hacer bandera de esa convergencia de la izquierda moderna y del liberalismo mas progresista porque su finalidad ha de ser la de abanderar la defensa a ultranza de derechos básicos de los ciudadanos como la igualdad y la libertad pero también la lucha por una sociedad nueva más tolerante, más abierta, más justa y más prospera, que garantice el bienestar de los ciudadanos y que premie las iniciativas privadas y el trabajo, sin esa bandera un nuevo partido no tendría ninguna razón de ser.
Silvia Hierro, Unión Progreso y Democrácia (UPyD) Catalunya: Izquierda y Transversalidad.-Hoy es complicadísimo dibujar la línea que separa la socialdemocracia o socialismo democrático con las ideologías liberales progresistas que han aceptado sin rubor los avances de la sociedad civil, laica y democrática.

Meneame
del.icio.us



