1 de Mayo: los "Pactos de la Moncloa" un proceso que lleva al desastre
1 de Mayo: los "Pactos de la Moncloa" un proceso que lleva al Los Pactos de la Moncloa, tres décadas después, son perfectamente identificables como el momento del comienzo de la demolición, paulatina e ininterrumpida, de todo el sistema de protección social y de derechos laborales duramente conquistados por la lucha obrera durante la Dictadura. Doce días después de que el Parlamento, con los votos de PSOE y PCE, amnistiara los cientos de miles de asesinatos, robos y torturas perpetrados por el franquismo se firmaron los Pactos de la Moncloa. Año y medio antes, gobernando Suarez, con los sindicatos prohibidos y sus dirigentes encarcelados, se había promulgado una Ley de Relaciones Laborales muy progresiva y que venía a generalizar las conquistas logradas por los sectores más avanzados de la clase obrera. Se establecía por primera vez como objetivo general la estabilidad en el empleo y el carácter básico de la contratación indefinida, precisamente cuando, de la mano de las políticas neoliberales, los ordenamientos jurídicos de la Europa Occidental evolucionaban hacia la “flexibilidad”. La lucha de clases y la correlación de fuerzas mandaban. Eso es justo lo que enterraron los Pactos de la Moncloa. No hablaban de depurar de fascistas los aparatos de estado o empresas públicas, en contra de lo que difundió la dirección del PCE. Su eje vertebrador era la búsqueda, a toda costa, de la competitividad para hacer frente “unánimemente” a la crisis económica. La clase obrera se solidarizaba con los empresarios y aceptaba la introducción de un contrato por dos años, con despido libre, para jóvenes y parados de larga duración y la anulación de la obligación de readmitir al trabajador en un despido declarado improcedente. El proceso que entonces se inició continuó con la “reconversión industrial”, vendida como un sacrificio necesario – otra vez de la clase obrera – para entrar a la Unión Europea, el paraíso de los derechos sociales. Le siguió la venta a precio de saldo de empresas públicas tan rentables que hoy son las estrellas de La Bolsa-Ibex 35, precisamente por tratarse de sectores estratégicos. Así la banca pública, Argentaria, hoy BBVA, CAMPSA convertida en REPSOL, TELEFÓNICA, ENSIDESA, IBERIA, IBERDROLA, IZAR, SEAT, etc. La sustitución de centenares de miles de puestos de trabajo fijos y con derechos se inició con la “reconversión industrial” de principios de los 80 y continúa con el reguero interminable de “reestructuraciones de plantilla”, “desvinculaciones”, “externalizaciones”, “subcontratas, “deslocalizaciones o EREs. Mientras era evidente que los gobiernos de turno ejecutaban una política de carácter general, perfectamente planificada, las burocracias sindicales asistían impávidas al derroche de energía de los trabajadores de cada empresa, solos, cuando al mes siguiente saltaba una empresa tras otra. La respuesta obrera, aislada, devaluada y fragmentada se abocaba una vez tras otra a la derrota. No solamente se separaban empresas y sectores. Como muestra con genial claridad la película de Fernando León de Aranoa, “Los lunes al sol”, la dinamitación de la solidaridad y de la unidad de clase - negociando cada fragmento de trabajadores su situación, mirando para otro lado cuando despedían a las diferentes categorías de temporales, de subcontratados, cada grupo pensando salvarse a sí mismo, hasta que les tocaba a los últimos y no había fuerza para resistir- es el impagable rédito para el capital de un camino que no tendrá fin, a no ser que se cancele, colectivamente, un proceso que lleva al desastre. Hay veces que no lo consiguen, bien porque dirigentes del propio sindicato encabezan la huelga o bien porque es dirigida por otros sindicatos no controlados. Entonces se pone en marcha el plan B. CC.OO. y UGT, autoproclamados “sindicatos más representativos” y, sobre todo, reconocidos como tales por patronal y administración, ningunean al Comité de Empresa, dejando en evidencia a sus propios afiliados, al comité de huelga y la asamblea de trabajadores, firmando acuerdos sin el consentimiento previo de los afectados, ni de sus representantes inmediatos.
desastre. La aceptación de la lógica del enemigo el punto de ruptura, el principio del cambio ideológico.-Un sofisticado engranaje ideológico, político, cultural y mediático se puso en marcha durante los años de la Transición con el objetivo de incorporar a determinados dirigentes políticos y sindicales de la izquierda marxista a las filas del consenso en torno a los “intereses de Estado”, incluida de forma destacada la política antiterrorista, más allá de la lucha de clases. Los nuevos “grandes estadistas” – y si alguno no encajaba en el papel como Marcelino Camacho, se le cesaba – se encargarían de llevar a cabo los necesarios cambios ideológicos y políticos en sus organizaciones, expulsando a los rebeldes, sustituyéndoles en los aparatos de dirección por elementos más dóciles y, sobre todo, más sensibles a las ventajas materiales con las que Estado y patronal estaban dispuestos a endulzar la difícil pero trascendental tarea. Se trataba de domesticar y neutralizar el poderoso movimiento obrero y popular construido en la lucha contra la Dictadura.
Los ejemplos son innumerables. La estrategia es siempre la misma: convencer a los trabajadores y trabajadoras de que no vale la pena luchar y que hay que aceptar lo que hay y “sacar lo que se pueda”.

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1 de Mayo Día Internacional del Trabajador:
A partir de ese momento el 1º de Mayo quedó instituido como Día Internacional del Trabajador.
El trabajo y los trabajadores, nunca respetados y pocas y efímeras veces dignificados, dieron lugar a la omnipresente teoría de la lucha de clases.
Marx definió exactamente esa concepción que a veces causa escozor a alguna gente que hasta se jacta de que determinados partidos jamás la hayan mencionado, pero que está tan vigente como en el momento de su proclamación.
Desde entonces quedó bien demostrado que las dos clases sociales en pugna son la burguesía y el proletariado y al que le quede dudas, que se dedique a recorrer la historia pasada y la presente, esperando que llegue la futura y deseando que al menos resulte menos pesada que las anteriores.
Nuevas formas de opresión, genocidios "legalizados", relaciones de desigualdad absoluta, permitieron que los pueblos cambien de dueños. Ya la esclavitud se manifiesta encubiertamente, el neoliberalismo y sus políticas de exterminio abrieron las puertas que conducen al empobrecimiento de la clase trabajadora, el antagonismo entre los opresores y los oprimidos tomó nuevo vigor.
Los obreros del mundo lograron crear sindicatos, con el objetivo de contrarrestar los efectos más dañinos de la industrialización, comenzaron en Europa Occidental y en los EEUU, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. El capitalismo acogotaba a los trabajadores, la gente del campo emigraba a las ciudades que siempre ofrecían mayores posibilidades. Por supuesto, fueron considerados ilegales y debieron enfrentarse con los grandes poderes burgueses y oligarcas que veían peligrar sus fortunas, no olvidemos aquello que condensa criterios con firmeza: la unión hace la fuerza y ello resulta imperdonable.
Las luchas se fueron desarrollando, asesinados y expulsados resultaron la constante en cada tierra y aún no estamos exentos de semejante arbitrariedad, ejemplo en su máximo exponente lo encontraremos en América Latina y penetrando más nos enfrentamos con la realidad colombiana que describe la cantidad de sindicalistas y asesinados en lo que va del año y que haría poner los pelos de punta hasta a los más indiferentes…
Se feminizó la pobreza, el neoliberalismo causó un estrago sin límites, gran parte de la niñez en los pueblos pobres se vio obligada a cambiar el banco de la escuela por la azada, el martillo y hasta por la mendicidad que también incluye un trabajo aunque no reconocido.
La globalización de la pobreza, la perversidad de una aberración ilimitada, dejaron bien sentada su pauta que nos demuestra que "el trabajo dignifica, si te dejan…"
Porque nadie podrá demostrar dónde está la dignificación del ama de casa, que carga al igual que el mitológico Atlas, no el peso de los cielos sobre sus hombros, sino el peso de la crianza de los hijos, la atención de la casa, muchas veces hasta de casas ajenas y sin tener un mínimo salario y mucho menos reconocimiento.
Cuántas de estas titanes anónimas ante la pregunta ¿trabaja? responde NO como si lo suyo, por no tener remuneración fuera nada…
Dónde está la dignificación de los desocupados que se cuentan por millones en este mundo global.
Dónde la de los que durante años fueron trabajadores asalariados y al final de sus vidas tienen negada la posibilidad de una mejor calidad de vida por lo magro de sus sueldos cuando dejaron de ser productivos para los países.
En pocas horas se conmemorará el Día de los Trabajadores, la lucha de clases se incentiva, cada día más concentran muchísimo, así como muchísimos más no concentran más que afrentas y atropellos.
A nuestra juventud le están incorporando sigilosamente la idea de que no es un honor ser trabajador o trabajadora, sino que el honor se mide según el estatus con que cuenten.
Así es la historia, héroes y heroínas anónimos engrandeciendo los países que a su vez engrandecen a la banca mundial a la vez que cada gota de su esfuerzo va a parar a los bolsillos de los grandes monopolios.
Cada gota de su sudor engrosando las arcas de los organismos internacionales que succionan la sangre de las arterias trabajadoras.
El 1º de Mayo debe convertirse en un día de lucha y reflexión, de memoria colectiva, de homenaje a todos y todas los que han entregado sus vidas en pos de la igualdad hasta el momento no lograda.
Día de Gloria y recuerdo emocionado por todas y todos los prisioneros políticos que se negaron resignarse frente a la desarticulación de sus pueblos.
Obreros y campesinos, amas de casa y profesionales, trabajadores de la salud, de la cultura. Luchadoras y luchadores.
Trabajadores y trabajadoras de la vida:
¡Unámonos!, que los asesinos de sueños no puedan cumplir su objetivo impunemente. La lucha por la dignidad es tarea imprescindible y se enmarca dentro de la lucha de clases que no debemos temer mencionar una y mil veces porque es real y está vigente.
Las trabajadoras y trabajadores del mundo, nuestros hijos y nietos, la historia, nos obligan a ponernos de pie ante la injusticia!!!
1 de Mayo Día Internacional del Trabajador | 01-05-2008 - 08:44:02 GMT 1 #
El 22 de julio de 1969, el dictador Franco, designó como su sucesor a título de rey a Juan Carlos de Borbón. Juan Carlos asumió la denominación de Príncipe de España, aceptó la designación y juró, sobre la Biblia en las Cortes franquistas, "cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Movimiento”. Después, esas leyes se camuflaron con otras para presentar al mundo una democracia de pacotilla, pero Juan Carlos incumplió, literalmente, su juramento.
El Sucesor... del Antecesor de Atapuerca... a título de rey | 01-05-2008 - 08:52:35 GMT 1 #
Un implacable análisis de la llamada "transición democrática española"
Anatomia política de un crimen de estado, por Máximo Relti: En 1977, el estudiante Javier Fernández Quesada fue asesinado por fuerzas de la Guardia Civil. Partiendo de este hecho Máximo Relti realiza un análisis implacable de la llamada "Transición democrática” española.
Leemos en la revista de Historia "Canarii", que se distribuye mensualmente con el periódico grancanario "La Provincia", el propósito de diversos juristas e historiadores de intentar reabrir judicialmente el caso de la muerte del estudiante Javier Fernández Quesada. Como se recordará, el joven Fernández Quesada fue alcanzado en las escalinatas del Edificio Central de la Universidad de La Laguna, el 12 de diciembre de 1977, por una de las balas disparadas por un destacamento de guardias civiles pertrechados con metralletas. Las circunstancias que rodearon el asesinato de Javier ya han sido ampliamente descritas, tanto en la propia revista "Canarii" como en numerosos artículos publicados en Canarias-semanal.com, en mesas redondas, denuncias judiciales, homenajes, etc. Incluso una comisión creada el 17 de enero de 1978 por el parlamento del Estado, apenas dos meses después del asesinato de Javier, tuvo como cometido oficial la investigación de aquel crimen.
Como no podía ser de otra manera, las conclusiones a las que llegó aquella comisión, integrada por representantes parlamentarios de UCD, AP, PSOE y PCE, fueron absolutamente frustrantes. No glosaremos, pues, en estas líneas acerca las circunstancias sobre las que testigos, juristas, parlamentarios e investigadores, con mayor o menor fortuna, ya han realizado numerosas aportaciones. Sin embargo, lo que frecuentemente se omite en el relato de aquel crimen que conmovió al Archipiélago canario es el contexto político que lo hizo posible y que, posteriormente, contribuiría durante treinta años a su encubrimiento. A él nos referiremos preferentemente en este artículo.
¿Cuál fue el contexto histórico del asesinato de Javier Fernández Quesada?
El asesinato de Fernández Quesada no fue un hecho puntual durante la llamada "transición democrática" española. Muchos centenares de personas en todo el Estado perdieron la vida como consecuencia de esa operación política. Euskadi, Navarra, Madrid, Andalucía… fueron escenarios de sangrientas confrontaciones sociales. En lados opuestos se encontraban, por una parte, los aparatos represivos del Estado, al servicio de las clases sociales que hasta entonces habían detentado la hegemonía política y económica, y por otra, la vanguardia de una sociedad que se pronunciaba a gritos por cambios profundos en la estructura de la sociedad y del Estado. Los datos de los que hoy se disponen desmienten la afirmación interesada de que la represión cruenta contra las manifestaciones populares estaba protagonizada exclusivamente por los sectores más ultras y retrógrados del sistema. En 1976, y los años sucesivos, todos los gobiernos de la Monarquía se emplearon a fondo para contener la creciente marejada social que amenazaba con acabar con la instauración dinástica heredada e impuesta por el franquismo. José María de Areilza, conde de Motrico, ministro de Asuntos Exteriores del primer gobierno de la Monarquía, hacía en 1976 un acertado diagnóstico de aquella situación en las páginas de su diario: "O acabamos en golpe de Estado de la derecha. O la marea revolucionaria acaba con todo". Cuando este ex falangista y embajador de Franco durante su dictadura planteaba asustado esta disyuntiva no se estaba refiriendo, en realidad, más que a la posibilidad de que el pulso entre una parte de la sociedad española y el Estado concluyera con el restablecimiento de la legitimidad rota en 1936. Justamente por ello los gobiernos de la UCD, conscientes de lo que estaba en juego, no dudaron en recrudecer hasta tal punto la represión social que la hizo parangonable con la que se produjo en los años precedentes a la desaparición del dictador.
Resulta ilustrativo hoy leer las reflexiones de quienes entonces manejaban las finanzas o los resortes del aparato del Estado. De esta lectura puede deducirse claramente el pánico que en esas fechas dominaba a las clases hegemónicas. Un pánico evidenciado por la fuga masiva de capitales que tuvo lugar durante aquellos años. La desconfianza que la burguesía española tenía en la supervivencia del Régimen que le había permitido amasar durante años enormes fortunas era tal, que solo entre enero y mayo de 1976, se evadieron de España 60 mil millones de las pesetas de entonces. En julio de 1977, ya celebradas las primeras elecciones generales, se fugaban con destino a Suiza y otros fortines financieros más de 8.000 millones de pesetas diarias.
Una sociedad convulsa
Por aquellas fechas, la agitación laboral alcanzó en España cotas hoy increíbles. Desde la desaparición del dictador, en noviembre de 1975, hasta mediados de 1978 se perdieron en el Estado español más de 13 millones de jornadas laborales en una gigantesca oleada de huelgas obreras. No era éste un hecho nuevo en la España de la época. Las décadas de los 60 y 70 habían estado jalonadas también por un intenso movimiento huelguístico. Aunque hoy pueda resultar sorprendente, ni siquiera en la Rusia que precedió a la revolución del 17 se produjo una actividad huelguística de la intensidad de la que tuvo lugar en España en los últimos años de la dictadura. Entre 1967-68 se perdieron 345.000 jornadas laborales. En el periodo entre 1973 y 1975 las jornadas perdidas alcanzaron la cifra de 1.548.000.
Cambiar para que nada cambie
Los sectores más hábiles y oportunistas del régimen - entre los que se encontraba el propio monarca instaurado por el dictador- eran conscientes de que sus privilegios no podían apuntalarse en la acción exclusiva de los aparatos represivos gubernamentales. A medio plazo toda la estructura social del Estado español iba a entrar en crisis. Y los síntomas de que esa crisis ya había comenzado eran inocultables. La Iglesia Católica, poseedora de esa intuición milenaria que le permite olfatear precozmente el sentido en el que soplan los vientos de la Historia, empezó a tomar prudentes distancias del Régimen que le permitió gozar de una hegemonía ideológica indiscutida durante cuarenta años. En el seno de las propias Fuerzas Armadas comenzaron a aparecer premonitorias fisuras que anunciaban, a medio plazo, males mayores. Los dos pilares institucionales sobre los que se había sostenido la dictadura mostraban alarmantes síntomas de agotamiento y crisis.
La Operación "Transición"
La eficacia del aparato estatal franquista era visiblemente insuficiente para actuar como rompeolas eficaz contra las convulsiones de una sociedad enormemente dinámica y con una gran voluntad de cambio. Aunque, ciertamente, el aparato de la dictadura podía causar todavía severos daños a quienes se le opusieran, estaba claro incluso para quienes lo controlaban que su supervivencia no se podía extender por mucho tiempo. Aquello tenía sus días contados.
A lo largo de la historia las clases dominantes no reaccionan con un comportamiento idéntico frente a crisis parecidas. Que lo hagan en un sentido u otro depende de múltiples factores. En el caso del Estado Español, los sectores más prudentes de su burguesía, encabezados por el monarca, empezaron a tener claro que para conservar su hegemonía como clase era preciso aplicar aquel conocido principio de Lampedusa de "cambiar la apariencia de las cosas para que, esencialmente, nada cambie".
Cierto es que los herederos del franquismo no actuaron guiados solamente por su propia intuición acerca de los peligros que les acechaban si no se aplicaba una adecuada operación cosmética al patrimonio legado por el dictador. Las presiones de las cancillerías europeas, todavía estremecidas por los acontecimientos de Portugal con la "Revolución de los Claveles", contribuyeron a que los sucesores del franquismo se apuraran en definir sus posiciones. Que en el flanco sur de Europa pudieran producirse conmociones sociales peligrosas para sus intereses, no solo inquietaba a Londres, Bonn o París. También causaba enorme zozobra en Washington. Franco había permanecido en el poder durante casi cuarenta años con el visto bueno de las "democracias" europeas y los Estados Unidos. Pero en los años setenta del pasado siglo, la sociedad española tenía poco que ver con aquella otra de la postguerra, amedrentada y humillada por el conflicto civil y la represión de la década de los cuarenta y cincuenta. Y las cancillerías europeas eran muy conscientes de ello
Sin embargo, estando las cosas como estaban, el emergente "nuevo régimen" necesitaba contar también con el concierto de los partidos de la llamada "oposición democrática", para coronar con éxito su operación de maquillaje.
Por una parte se encontraba el Partido Comunista de España, con una potente organización forjada a lo largo de cuarenta años de implacable persecución política por parte de la dictadura. Con una enorme influencia en la clase obrera, en la Universidad y entre los sectores profesionales de las clases medias, el PCE era una pieza decisiva para que la operación de cambiar sin cambiar nada fuera coronada con éxito. La dirección del PCE, encabezada por Santiago Carrillo Solares, había dado muestras evidentes de no tener el más mínimo reparo en descargar "lastre" ideológico por la borda, si ello le facilitaba abrirse un hueco en las intrigas que se tejían en los círculos palaciegos de la alta burguesía y en los grupos con vocación de convertirse en la "leal oposición". Creía la dirigencia del PCE que, dado el caudal social que el Partido había acumulado gracias a la entrega y al trabajo de su base a lo largo de cuatro décadas, podía convertir a su organización en una suerte de Partido Comunista Italiano, presto a desempeñar un importante papel en el juego político institucional. La tendencia a lograr apaños por arriba no era nueva en el Secretario General del PCE. En 1974, apenas un año antes de que se produjera la muerte del dictador, Santiago Carrillo le había propuesto al padre del actual monarca, Don Juan de Borbón, presidir la Junta Democrática, entidad política de la oposición, integrada por grupos y personajes de escaso arraigo social y el propio Partido Comunista. Naturalmente, el vástago de Alfonso XIII y jefe de la Casa Real española no aceptó una propuesta que hubiera puesto a la dinastía de los Borbones en una situación ridículamente paradójica: al hijo defendiendo la herencia de la dictadura y al padre presidiendo a las fuerzas que se oponían a ella.
Por otro lado se encontraba el PSOE, un partido sin influencia social alguna, pero con un notable predicamento en las cancillerías europeas, particularmente en la alemana. En los años postreros de la dictadura esta organización se había estado nutriendo con la adscripción de numerosos profesionales y funcionarios que prestaban sus servicios como cuadros técnicos - y en algunos casos también políticos - en la Administración franquista. Se trataba de hábiles escaladores que oteaban la dirección de las transformaciones que se estaban operando en el panorama político del país, y no deseaban que un eventual cambio los sorprendiera descabalgados.
Conclusión
Fue en el contexto histórico descrito -y no en otro- en el que se produjo el asesinato de Javier Fernández Quesada. Su muerte fue una más entre las muchas que tuvieron lugar durante aquella colosal confrontación social que se desarrolló después de la muerte del dictador. Cuando Javier sucumbe frente a las balas de aquel destacamento de guardias civiles armados, ya las dirigencias del PCE y del PSOE habían concertado con los políticos de la monarquía un pacto de hierro en el que quedaron claras cuales iban a ser las reglas del juego político en el Estado español. Con lo que entonces se llamó "consenso" se institucionalizó la forma de Estado impuesta previamente por el dictador, que otorgaba al monarca la Jefatura suprema de las Fuerzas Armadas. De esta forma, las clases hegemónicas se garantizaban la oportuna intervención real en los casos de eventuales crisis políticas o sociales que pudieran cuestionar su poder económico. El PCE y el PSOE renunciaron, por su parte, a la reivindicación histórica del derecho a la autodeterminación de las nacionalidades del Estado español, que figuraba hasta entonces en sus respectivos programas. Finalmente, y por si fuera poco, a través del artículo 38, la burguesía española blindó constitucionalmente la "economía de mercado" como patrón único aceptado por las leyes, con lo que cualquier transformación social que se pretendiera realizar al margen del modelo capitalista podría ser impugnada.
Apenas un mes después del asesinato de Fernández Quesada, el Parlamento del Estado constituyó una Comisión cuya finalidad declarada era investigar las circunstancias que habían rodeado la muerte del estudiante canario. La mayoría de sus integrantes eran parlamentarios de estas Islas, miembros de los partidos Alianza Popular, PSOE, PCE y UCD. Se trataba, pues, de personas integradas en la sociedad canaria, y, por tanto, plenamente conocedoras, directa o indirectamente, de las vicisitudes de un crimen cometido a la luz del día, en las mismas puertas de la Universidad de La Laguna. Alguno de los miembros de esa Comisión manifiesta hoy, treinta años después, que aquello "no sirvió para nada porque en las Comisiones de investigación siempre se aprueba al final lo que dice el grupo mayoritario" . Es posible que así sea. Es posible que los mecanismos institucionales que rodean a este tipo de comisiones impidan que del seno de las mismas pueda salir una conclusión veraz. Pero eso no exonera a los representantes de los partidos que se reclamaban de izquierdas, de su responsabilidad por el silencio cómplice que sobre aquel crimen y los resultados de la investigación mantuvieron por más de tres décadas
Hoy parece claro que la constitución de aquella comisión sólo tuvo una finalidad protocolaria. Y para hacer posible esta farsa se contó con la connivencia -tácita o explicita- de todos los partidos que la integraron. Y es que, en esos días, la salvaguarda de determinados intereses políticos y económicos pesaba mucho más que la voluntad de hacer justicia en el caso del asesinato de un estudiante que, al fin y al cabo, no era más que un desconocido.
Un implacable análisis de la llamada transición democrática | 10-06-2008 - 09:03:03 GMT 1 #
Carta abierta a los votantes, recuperables, de la socialdemocracia
Emilio Delgado
Al gobierno del PSOE la crisis se le ha empezado a echar encima y las respuestas que está dando son un semillero de desencanto para miles de personas que , supongo de buena fe, quisieron ver en este partido una alternativa progresista a la anterior etapa del Partido Popular, marcada por la foto de las Azores, la huelga general del 20J, el Prestige, la corrupción y especulación en torno a la construcción o la furibunda ola de nacionalismo español que prometía devolver a España a sus años dorados de potencia Imperial, aunque fuera a costa de justificar matanzas de niñ@s en Irak o hacerse el simpático hablando en tejano con el jefe.
Todo esto sucedía lejos, muy lejos de ranchos bucólicos y acogedores despachos.
El PSOE reapareció entonces con su discurso pacifista hecho a medida. Nos hablaron de alianza de civilizaciones, y reforzaron las fronteras con alambres y cuchillas, con barcos y soldados, nos hablaron de retirada de tropas y las enviaron a Haití, a Afganistán. Dijeron que pararían los pies a la Iglesia, y se arrodillaron, prometieron que se ocuparían del problema de la vivienda y crecieron l@s hipotecad@s, negaron la crisis hasta que fue imposible.
Está escrito, es verificable. Avisamos de que el partido de ZP era el mismo que el de los GAL.
Aquel que puso en marcha la operación menguele, consistente en el secuestro de mendigos para ensayar fármacos que luego se utilizarían con detenidos en operaciones antiterroristas(1).
El mismo partido en el que Solana jaleaba contra la OTAN y que acabó metiéndonos en ella y colocando al mismo Solana de secretario General de esa organización terrorista, responsable de muchísimos muertos civiles y desarmados.
El mismo PSOE que encargó en 1995 a través del CESIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) un informe sobre la situación socio-laboral al sociólogo James Petras en el que éste concluía: “La mayoría de los trabajadores mayores, con una memoria colectiva del período pre-González, son mucho más conscientes de la responsabilidad política del régimen socialista, que ha provocado inseguridad laboral, falta de trabajo y empleo precario.”. Los mismos que nunca publicaron dicho informe.
Marchamos por aquel entonces contra el tratado de Maastritch, señalamos que el proceso de construcción europea se encaminaba hacia una Europa de banqueros y corporaciones en la que los intereses y necesidades de las personas valían lo mismo que un calcetín sudado. Apostamos por una Europa de los pueblos y no de los estados.
Nos acusásteis de estar contra el progreso, contra la caída de fronteras, contra el desarrollo.
Tertulianos, presentadores de telediarios, políticos y sindicalistas a sueldo...se despacharon a gusto. En los mejores casos nos obviaron ocultando nuestras movilizaciones, entorpeciéndolas, y cuando no les fue posible, aplastándolas.
Ell@s no tienen que pagar ningún precio por utilizar la violencia contra el pueblo.
Hoy much@s se dan cuenta de que progresar, lo que se dice progresar, han progresado precisamente los que más tienen.
Hemos visto en las últimas semanas en los telediarios como cuando los transportistas, o los agricultores, o los pescadores, precarios, insolventes...se han resistido a las leyes que se dictan en despachos de Bruselas, se les han retorcido las muñecas entre gritos a señores de sesenta años, se han abierto cabezas a porrazos, se ha multado, detenido, encarcelado.
Todo esto en nombre de Europa, del progreso, de la caída de fronteras y del desarrollo. De los derechos de ciudadanía. Ahí es nada.
Pero con todos estos antecedentes, ¿Cómo es posible que nos engañen una vez, y otra, y otra más...?
¿Por qué no escuchasteis lo que os teníamos que decir quienes nos fajábamos en las luchas sociales y políticas....?
Creo que lo se. Estabais asustados. Asumir nuestras tésis era renunciar a un mundo de orden. Un mundo seguro en el que mal que bien, había alguien preocupándose de que todo funcionara. El problema es que quienes se ocupaban de que funcionara, decidían cómo tenía que funcionar. Escogísteis escuchar la versión oficial.
Si el partido de la oposición y también el gobernante eran una mafia ocupada en canalizar el esfuerzo de toda la sociedad, al precio que fuera, a engordar las arcas de grupos económicos gigantescos, verdaderos poderes en la sombra que nadie elige, grupos que controlan el comercio, las política, prácticamente todos los medios de comunicación públicos o privados...¿En que mundo vivíamos?... Daba vértigo,¿no es cierto?.
Es horrible y engorroso (porque nos convoca a actuar a tod@s), pensar que para que unas miles de familias compitan en un gran juego de lujo, nuestros gobernantes estén dispuestos a asumir, por ejemplo, 1167 ahogados en el estrecho sólo en 2006(2), 1377 muertos en accidentes laborales en el mismo año(3), la privatización de la sanidad o la educación pública en beneficio de corporaciones, millones de hipotecad@s para mayor gloria de los bancos, el abandono de lo social, la manipulación de los medios....es mucho asumir, lo se. Y hay mucho más que ni siquiera podríais asumir ahora.
Pero con la crisis, que es más que económica y tiene que ver con el modelo de estado, la confianza en las instituciones, la monarquía, la insostenibilidad de un modelo ecológicamente depredador, las migraciones por hambre o guerra...con la crisis, caen las caretas y aparece la cruda realidad.
Las políticas del PSOE son parte del problema, no de la solución.
Hemos visto como el PSOE votaba con Le Pen y toda la extrema derecha europea una directiva sobre inmigración que coloca a l@s damnificados por el capitalismo extranjeros en la siguiente tesitura, o te vuelves a tu país o te metemos 18 meses preso en centros que según múltiples informes de organismos internacionales son absolutamente repugnantes. No has cometido ningún delito, es igual.
Por cierto, los únicos dirigentes que han alzado la voz contra esta barbaridad han sido los demonizados Fidel Castro y Hugo Chávez.
Hemos visto a los dirigentes “socialistas” abstenerse en la votación que intenta legalizar una jornada laboral de 65 horas semanales.
Hemos asistido perplejos al espectáculo de ver como José Bono, amenazaba en un acto de reconocimiento a Republicanos con no volver a dejarles entrar nunca más en el congreso si volvían a sacar la bandera republicana.
Nos enseñaron a odiar al independentismo, nos mintieron sobre sus intenciones y declaraciones, eliminaron su voz de cualquier medio y no nos importó. Mucha gente ni se enteró, cuando empezaron los macro juicios en los que bajo el epígrafe de “terrorista” se encarcelaban ecologistas, solidarios, independentistas, comunistas o a cualquiera que fuera un obstáculo para el gobierno. Eran terroristas, lo decían la tele y la radio, y no merecían mayor atención.
Bien, la cosa es más o menos así, la constitución española asegura la estructura de clases sociales mediante la consagración de la libertad de mercado (Aunque también asegure otros derechos, hemos comprobado que a igualdad de derechos gana el más fuerte. Yo tengo derecho a tener una casa, el banco tiene derecho a hacerse rico, el resultado es de sobra conocido.), igualmente consagra la unidad de una única e indiscutible patria y encomienda esta unidad, ni más ni menos que al ejército.
Todo lo que se salga de la constitución, acordada tras una dictadura militar y la amenaza de una regresión, es ilegal y está prohibido. Abundan los ejemplos.
“El gobierno responde a los ganaderos que no puede intervenir en el libre mercado. El sector agrario y ganadero se manifiesta para que se limiten los márgenes comerciales de los intermediarios, actualmente en torno al 400%” (4)
“El gobierno cree que fijar precios mínimos es ilegal y atenta contra las normas de la competencia”(5)
"El gobierno asegura que no habrá ningún referéndum ilegal ni en Euskadi, ni en Cataluña, ni en ningún sitio” (6)
“Díaz Ferrán (Presidente de la CEOE) hizo una cerrada defensa de la unidad de España y de la unidad de mercado. "Se están rompiendo algunos consensos básicos que pueden dañar el modelo constitucional". (6)
Bajo esos parámetros constitucionalistas no tienen solución ni los problemas sociales, ni los conflictos nacionales que se dan en el estado español. Son respuestas a sus preguntas, no a las del conjunto de la sociedad.
En Castilla los resultados de esas políticas son perfectamente reconocibles, despoblación del mundo rural, masificación precarizada en las ciudades, pobreza, eliminación de formas económicas, culturales y políticas más queridas, desarraigo y desmemoria, violencia social....
En 2003 más del 50% de la población total de Castilla se concentraba en Madrid y de los 3622 municipios castellanos 3169 tenían menos de 2000 habitantes, mínima población a partir de la cual se pueden articular redes de servicios comunitarios: Sanidad, Educación, etc...
La agricultura o la ganadería agonizan, la industria en 2005 representaba un 15% de la economía frente al 65% del sector servicios.
Debido al antidemocrático proceso autonómico (Apoyado por el PCE y el PSOE), poca gente recuerda que antes de 1983 Madrid pertenecía política y administrativamente a Castilla. Difícilmente lucha por el futuro de su pueblo quien no tiene conciencia del mismo.
En paralelo a este proceso de destrucción de un pueblo, y estrechamente relacionado, se ha dado otro de desarme ideológico profundo. Las políticas españolistas y antiobreras compartidas por el PP y el PSOE y consentidas plácidamente por el resto de la izquierda capitalista (IU,UGT,CCOO....) han llevado a una “orfandad” política de las clases populares que sin referentes políticos, concretos, prácticos y reales de izquierda que nombraran sus problemas y construyeran contrapoder desde la base misma de la sociedad, se ha ido desencantando, es decir, progresivamente derechizando. Eso explica la ciudadela mediática y política que ha construido el PP en Madrid, por ejemplo.
Sólo una participación masiva y activa de la sociedad en los movimientos populares que apuestan por el socialismo, la republica y el derecho de autodeterminación, por la protección de nuestros recursos naturales, por la igualdad real de derechos entre hombres y mujeres, por la solidaridad entre los pueblos, será capaz de frenar el desastre al que nos llevan los dos grandes partidos en un bipartidismo mortal para la democracia, la justicia y la vida.
Es necesario un cambio profundo en la forma de concebir nuestra vida y nuestra participación en la sociedad. Es tarea de tod@s, tuya también.
Emilio Delgadoes miembro de la plataforma Comuner@s.
1http://www.elpais.com/articulo/espana/CALDERoN/_JAVIER_/CESID/GARZoN/_BALTASAR_/JUEZ/MINISTERIO_DE_DEFENSA/GRUPOS_ANTITERRORISTAS_DE_LIBERACIoN_/GAL/GRAPO/PODER_EJECUTIVO/_GOBIERNO_PP_/elpepiesp/19961023elpepinac_5/Tes/
2http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article3205
3http://www.cincodias.com/articulo/economia/Espana/pais/mayor/numero/accidentes/trabajo/Europa/cdseco/20070428cdscdseco_1/Tes/
4 Diario Público 07/05/08 5 Diario Público 11/06/08 6http://www.laopinioncoruna.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008060500_6_196136__Espana-Gobierno-asegura-habra-referendum-ilegal-ningun-sitio.
Carta abierta a los votantes, recuperables, de la socialdemocracia (PSOE) | 04-07-2008 - 06:22:41 GMT 1 #
La Cultura de la Transición es la ideología de la democracia
¿Dónde estabas tú durante la transición?
Militando en el PCE al tiempo que daba clase en un Instituto de Enseñanza Media en el barrio de Valdeacederas de Madrid. Asistiendo, y acaso colaborando, desde mi modesta ubicación entre los cuadros del Partido, a ese proceso mediante el cual el PCE pasaba de entender el apoyo a un sistema democrático como una táctica necesaria, a entenderlo y vivirlo como una estrategia que por el camino Parlamentario nos llevaría a la "transformación " de la sociedad. En 1978 abandoné la militancia aun cuando me sigo considerando un comunista.
¿Qué es la transición?
Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto. La Transición como un desplazamiento y por tanto habría que intentar ponerse de acuerdo sobre cual es el punto de partida y cual es el punto de llegada, si se admite que el desplazamiento ya ha finalizado.
¿Cuáles son en nuestro caso?
Bien, desde el supuesto de que soy un materialista histórico y simplificando (que no significa distorsionando) propongo el siguiente recorrido para la Transición en España: Comienza en 1968 con el Mayo francés y la entrada de los tanques soviéticos en Praga y termina en 1973, con el golpe de Estado de Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende. Y me explico: Hasta 1968 la cultura era hija directa de las vanguardias artísticas que en clave de revolución propusieron una lectura de la cultura como un hacer la revolución: acabar con la cultura aristocrática –la expresión de lo superior– que la burguesía había tomado como botín legitimador al pie de las guillotinas. En 1968 la cultura (los cultos: productores, distribuidores y consumidores de productos culturales) descubre que efectivamente que su quehacer sigue siendo hacer la Revolución pero ya no la Revolución Soviética (se queda sin espejo) y ya no sabe qué Revolución hacer. En 1973 con el golpe contra Allende esa misma cultura que ya se ha ido acomodando a la sociedad de consumo descubre, con cierto desahogo, que no hay nada que hacer y si no hay nada que hacer adiós a la cultura y bienvenido sea el entretenimiento, es decir, el sentimiento. Esta es la Transición: del hacer (Revolución) al sentir (se).
¿Cuál es la traslación de esto al caso español?
Esa es también la Transición española y no nos engañemos: en la superficie histórica y dada la anomalía política de la España en Dictadura pudiera creerse por ejemplo que la Transición empieza con la muerte de Franco y termina con la victoria del referéndum de la OTAN. Pero no, en 1975 ya todo y todos estábamos transitos, desde Juan Luís Cebrián haciendo músculo en los Servicios Informativos de RTVE hasta Santiago Carrillo anunciando encantado tener vela propia (el eurocomunismo) para ir a su propio entierro, pasando por Felipe González con la sonrisa del avaro feliz que acaba de contar los marcos que la socialdemocracia alemana le ha regalado para que se cobre su libra de carne sin derramar una sola gota de sangre. Todo y todos con la excepción de tres culturas donde la no aceptación del pacto del nada que hacer ha generado o degenerado en estrategias en las que en mayor o menor grado la lucha armada estaba presente de facto o en el imaginario de la izquierda radical: la cultura en Euskadi (con ETA dando calor), la catalana (con Terra Lliure dando calorín hasta que se extingue) y la cultura gallega (apenas entrevista en la chispa del Exército Guerrilleiro).
¿Por tanto, los nacionalismos periféricos han sido capaces de crear otra cultura?
Sobre el tema de los nacionalismos mejor entrar en otra ocasión si ha lugar, pero sólo recordar que aquella cultura gallega ha desaparecido -una excepción sería la voz tozuda de Mendez Ferrán, porque donde hubo fuego por débil que fuere quedan rescoldos- al igual que la catalana, aclarando que su desaparición no significa que no exista una cultura en lengua gallega –Suso de Toro o Rivas son buenos ejemplos de ello- o una cultura en lengua catalana pero ya, ambas, casi totalmente transicionadas, transidas de deseos de "normalización" –entendiendo por normalización que el mercado funcione- y según mi hipótesis ya enunciada, ya no son cultura (un hacer) sino entretenimiento (un sentir). Sobre la cultura en euzkaldun prefiero no opinar puesto que la barrera del idioma me impide pronunciarme si bien la tentación de "normalizarse" no deja de hacerse notar.
Dicho de otro modo: Cautivo y derrotado el ejército revolucionario (en mi hipótesis el muro de Berlín empieza su caída entre 1968 y el año del golpe de Pinochet, sumándose a modo de coda el tiro de gracia que recibiría el cuerpo estrangulado de la Revolución) la burguesía suelta el lastre de la Cultura "como distinción" que había venido necesitando como instancia legitimadora desde la revolución Francesa y comienza su auténtico Siglo de Oro viendo colmados su deseos de sentirse la clase universal una vez que logra globalizar su filosofía: soy lo que tengo, soy lo que compro: la tarjeta de crédito como pasaporte universal. Salvarse es consumir y ser consumido y la muerte no existe y si acaso existiere sería un sitio donde no se puede comprar nada (esa reiterada imagen burguesa de la imagen de tedio y cementerio de las tardes de Domingo cuando las tiendas están cerradas, ese desagrado ante las ciudades del socialismo donde los escaparates no brillan).
¿Qué eslogan le ponemos a lo que hemos hablado?
Ideología de la Cultura de la Transición (aunque verdaderamente la Cultura de la Transición es la ideología de la democracia): repartir la tarta entre los invitados (Se ruega confirmación. Imprescindible Invitación).
Esta explicación aparca el origen de los pactos de la transición para centrarse en su justificación, que no es otra que el mantenimiento de la estabilidad ¿Esa estabilidad es lo que narra "El año que no hicimos la revolución"?
Refleja, efectivamente, la permanencia del sistema, ahora con terno de democracia parlamentaria. La novela –que podemos llamar "novela económica"- está construida a partir de las pequeñas noticias de la actualidad económica que aparecen en esas secciones donde la prensa nacional recoge comunicados de las empresas: anuncios declarando beneficios, dividendos, compras, fusiones, nombramientos, crisis, sueltos sobre reajustes, deslocalizaciones, conflictos, querellas. Esa es la urdimbre narrativa del libro y sobre ella se entretejen noticias del mundo laboral o del entorno cultural, político y social (en el sentido de ecos de sociedad) que conforman el entorno en que se producen y que en parte determinan su lectura o su no lectura. Por eso puede entenderse como novela económica pero también como una novela de misterio.
¿De misterio?
En realidad la sintaxis narrativa que acabamos eligiendo para escribir nuestra novela responde al planteamiento de una trama de misterio: ¿cómo puede ser que en una sociedad como la española (aun cuando el libro atiende a factores globales) en la que durante el período temporal que abarca la novela –Mayo 2004-Mayo 2005- los beneficios empresariales llegaron al 25% mientras que el incremento de los salarios sólo alcanzó un rácano 3%, no se haya producido ninguna convulsión social significativa?
El factor decisivo parece ser "la naturalidad" con que esta novela económica es leída por los medios de comunicación hegemónicos y trasmitida al conjunto social. Se quería que la novela fuera significativa y ello llevó -después de muchas discusiones dentro del Colectivo– a enfocar la mirada sobre unos medios de prensa –principalmente El País, El Mundo, ABC y La Vanguardia, por este orden- que por su "autoridad" son responsables, como espejos narrativos que son, de la imagen narrativa que la sociedad se hace de si misma.
¿Por qué se produce esa naturalidad?
Los datos que la novela pone delante pueden explicar, desde el miedo, la inseguridad, la hipoteca y más teniendo en cuenta la desaparición de los imaginarios revolucionarios, la construcción en los protagonistas pasivos de esta historia -los explotados- de un imaginario en que la esclavitud pueda leerse como elección libre. El refugio en una especie de "indiferencia histórica" en donde el consumo se convierte en único acto aparente de decisión, de vida. Imaginario a su vez impulsado por los "productores de necesidades" a través de unos sistemas de comunicación que no dejan de publicitar continuamente ese mundo feliz en donde necesitas ser explotado para tener existencia. El sueño de los precarios es ser explotado "dignamente". El sueño de los empleados es que los sigan explotando aunque sea "indignamente". Como si dignidad y explotación no fueran conceptos opuestos. La actividad económica supone hoy la corrupción de los sueños, el dominio sobre la imaginación y esa corrupción en su vertiente material no deja de ser a su vez el aceite con que se engrasa el sistema. Lo que la novela destaca es el grado de corrupción que acompaña a la actividad económica. Una corrupción que pocas veces da lugar a una sentencia legal pero que asoma una y otra vez en la reiteración de querellas, denuncias, intervenciones de oficio. Desde las anomalías o tropelías en el sistema bancario y financiero hasta la especulación inmobiliaria. Más allá de las sentencias lo que se pone delante es todo un tejido de corrupción y tráfico de influencias del que no se escapa ninguna actividad empresarial ni ninguna administración: estatal, autonómica o local. En ese sentido, de pronto, la novela se convierte en un auténtico thriller o en un relato de terror.
Sin embargo, la novela también manipula a su modo la información.
La novela es un ejercicio de "antimanipulación" porque entendemos que si un medio de prensa no pone en portada una noticia como la de que el 0,16% de los titulares de depósitos bancarios poseen el 27% del total del dinero depositado, si esa noticia aparece en un recuadro discreto de la sección de economía, entonces, sí se puede hablar de manipulación. Si los beneficios escandalosos del Santander o el BBVA o La Caixa no son tratados como escándalos entonces si cabe hablar de manipulación. Y aunque la novela tiene su final, la historia continúa. En el presente ejecicio las empresas han incrementado incluso en mayor proporción sus beneficios.
La Cultura de la Transición es la ideología de la democracia | 11-07-2008 - 06:10:48 GMT 1 #
La globalización de los mega ricos, por Giovanni Vegezzi: El año pasado la riqueza de las grandes fortunas subió un 5% hasta superar los cien billones de dólares. Pese a la crisis mundial, 2008 fue el sexto año consecutivo de expansión del número de personas con más de mil millones.
El número de billonarios (personas con más de mil millones de dólares de patrimonio) ha alcanzado la impresionante cifra de 1.125. Pero muchos de ellos ya no tienen la cara del businessman salido del sueño americano. Y tampoco están acuartelados en oficinas de Wall Street o de la City de Londres. En las clasificaciones que cada año saca la revista Forbes, la “biblia del capitalismo”, aparecen entre los primeros diez hombres más ricos del mundo un mexicano, un ruso y cuatro indios. 16 años después de la caída del muro de Berlín, Rusia es el segundo país del mundo en número de billonarios detrás de Estados Unidos. Entre los que han entrado este año en la clasificación de Forbes, 35 nuevos súper ricos vienen justamente de Rusia, 28 de China y 19 de India. Más del 40% de los billonarios sigue siendo estadounidenses, pero otros países del sur del mundo produjeron en estos años un número de ricos sorprendente. Esto no quiere decir que la mano invisible de Adam Smith se haya vuelto más democrática.
Fortunas surgidas de la nada
Para explicar el rápido ascenso de muchos países en las clasificaciones de los billonarios hay que ver cómo se formaron las fortunas de estos hombres. Muchos de los nuevos ricos aprovecharon momentos de crisis política y económica para forrarse. El hilo común de muchas historias es la apropiación de bienes públicos. El segundo hombre más rico del mundo, Carlos Slim, ha ganado su fortuna comprando al Gobierno mexicano, a precio de rebajas, Telmex, la compañía telefónica estatal del País. Las privatizaciones han alimentado también la cartera de los oligarcas rusos. En el momento de la disolución de la Unión Soviética, un grupo de hombres consiguió comprar con poco dinero las empresas públicas y construir enormes patrimonios.
En Latinoamérica y en Oriente Medio es la explotación de los recursos naturales, bienes públicos por excelencia, la que ha impulsado el crecimiento de riqueza. Mientras que en Asia son los salarios miserables y la ausencia de tutela para los trabajadores los factores que han permitido la ascensión de grandes grupos industriales y el éxito sus dueños. Concentración de riqueza Así, mientras el patrimonio de los billonarios crece, no aumenta el nivel de bienestar de la población mundial. De hecho, se está reforzando la concentración de riqueza : el 1% de los hogares más rico posee un 35% de la riqueza mundial, mientras que el 0,001% más pudiente acumula 21 billones de dólares, un quinto de la riqueza de todo el planeta. La desigualdad crece más en el sur del mundo, pero el fenómeno se registra también en los países occidentales. En Estados Unidos la disparidad de rentas está alcanzando niveles que no se veían desde los años ‘20 y la misma tendencia se registra también en Europa. En el viejo continente la peor distribución de riqueza la tiene el Reino Unido : un estudio ha considerado que en el 2006, mientras los sueldos de los directivos crecían un 28%, los salarios medios de los empleados bajaban un 0,4% por efecto de la inflación.
El “efecto goteo”
Para todo esto la teoría económica neoliberal tiene su justificación : el trickle down effect, el “efecto goteo”. Esta teoría, fundamento de las políticas fiscales de Ronald Reagan en los años ‘80, implica que, favoreciendo a los más ricos, la economía genera beneficios que, cayendo hacia abajo como gotas, se transforman en una ventaja para todos.
Así, en los ‘80, Estados Unidos empezó un recorte de impuestos a favor de la clase pudiente, que ha continuado bajo los gobiernos de los Bush (padre e hijo) y de Clinton. El resultado es que el sistema fiscal, instrumento tradicional de redistribución de riqueza, privilegia a los ricos en lugar de a los pobres. Desde 1980 hasta 2004 el porcentaje de renta en las manos del 1% más rico de los estadounidenses ha crecido del 8 al 16%. En el mismo período la parte de riqueza del 95% de la población no ha subido y se ha quedado en el 12%. Esto significa sólo una cosa, que la política fiscal en Estados Unidos se ha vuelto regresiva, es decir, que en proporción a su renta, los ricos pagan menos impuestos que los pobres. Sin embargo, los sectores más desfavorecidos de la sociedad estadounidense no han visto ningún resultado de las políticas impulsadas por Reagan y de su trickle down effect. En Estados Unidos, como en todo el mundo, se trata del espejismo de la política neoliberal : los mega ricos siguen nadando en mares crecientes de dinero, mientras la gran mayoría de la población se queda sin una gota de toda esa inmensa riqueza.
Capitalismo de amiguetes, una constante de los ricos
MIGUEL ÁNGEL DE LUCAS En su artículo El capitalismo de amiguetes al estilo americano, el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, utilizaba esta expresión para referirse al estallido del caso Enron. Considerado el mayor fraude empresarial de la historia, la empresa de energía Enron Corporation fue considerada como la empresa dominante de la energía en EE UU pocos meses antes presentar su bancarrota. La relación de “amiguetes” se evidenció al ver el número de miembros del Congreso estadounidense que aceptaron dinero de la compañía. En este sentido, como recuerda el economista Juan Torres López, “las interrelaciones opacas, sucias y escabrosas que existen entre la economía y la política son cada vez más intensas”. Igualmente, en el origen de las mayores fortunas del mundo se suele dar un patrón similar. Carlos Slim se hizo con el control de Telmex a bajo precio por sus buenas relaciones con el presidente Salinas de Gortari. En Rusia, magnates como Abramovich o Berezovsky catapultaron sus ingresos gracias a la cercanía con Boris Yeltsin en los ‘90. Y tampoco faltan ejemplos en la historia de España.
El periodista Mariano Sánchez Soler, autor de Ricos por la patria recuerda cómo algunos de los clanes más poderosos que dominan la economía española (March, Koplowitz, Fierro, Fenosa, Coca, Melià) hicieron fortuna a la sombra del dictador.
La globalización de los mega ricos | 19-09-2008 - 09:11:22 GMT 1 #
UN CONGRESO DE UNIDAD INTERNA Y DE FIRMEZA ANTE LA CRISIS :
El IX Congreso de CCOO se va a celebrar en el marco de una profunda crisis económica. En ella confluyen tres componentes. Por una parte, la debilidad intrínseca de la economía española para soportar el marco neoliberal y extremadamente competitivo de la Europa de Maastricht; debilidad reflejada por el tremendo déficit de la balanza de pagos, que es el segundo mayor del mundo después de USA y que ha evolucionado del equilibrio al 10% del PIB en menos de diez años, coincidiendo con la implantación del euro, que supone unas severas restricciones a la política económica con la pérdida del tipo de cambio y el control monetario; el déficit ha llevado a un endeudamiento exterior vertiginoso a la economía española. La segunda componente es la inestabilidad de la economía internacional tras la crisis de las hipotecas de alto riesgo de falta de cobro de USA (subprime); los riesgos de catástrofe financiera internacional obligan a inyectar liquidez de forma masiva y tienen efectos muy negativos en el crecimiento de la economía mundial. Por último, está el agotamiento del modelo de crecimiento en España con la caída del sector de la construcción, tras una larga etapa de especulación salvaje, endeudamiento familiar y dificultad de las capas populares y de los jóvenes para acceder a la vivienda, al considerarse no como un bien social sino como un activo financiero. Los sectores dominantes del capitalismo español intentarán reorientarse hacia la obra pública y el sector de la energía (incluida la nuclear), sin que se produzcan grandes cambios en el modelo económico, y en la línea clásica de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.
Así las cosas, tendremos que enfrentarnos a un marco económico muy complicado, marcado por los efectos negativos de la caída del crecimiento, un fuerte aumento del paro y una elevada precariedad laboral, una alta inflación, el fin del superávit presupuestario y las tensiones fiscales entre comunidades autónomas.
Entramos en crisis cuando todavía nuestro país mantiene importantes déficits sociales y laborales. A pesar del fuerte crecimiento económico de la última década mantenemos un diferencial de casi 8 puntos del PIB en gasto social público respecto a la media de la UE-15. Si comparamos las prestaciones con la media europea, España está por debajo en pensiones, sanidad, educación y atención a la dependencia. Ha aumentado la dualidad social por la fuerte precarización laboral, la distribución desigual del empleo, la propiedad y las rentas, Sectores importantes de la población trabajadora (mujeres, jóvenes, inmigrantes) tienen una situación de vulnerabilidad social y ello genera una tendencia hacia la fractura y la pérdida de cohesión social que la crisis puede acentuar.
Ante este panorama, el IX Congreso debe de servir para hacer frente a la crisis y defender los derechos sociales, superando una estrategia sindical fracasada. Ello sólo será posible si recomponemos la unidad del sindicato, recuperando la pluralidad interna, fortaleciendo la democracia y la participación de los trabajadores. No sirve de nada el sindicalismo de salón y la concertación social desde la debilidad cuando llueven los cierres de empresas, los ajustes de plantilla y los ataques a los salarios y a los derechos laborales.
La idea central que debe presidir un enfoque de clase del Congreso de CCOO es que la crisis no la deben pagar los trabajadores, sencillamente porque no son los responsables de ella. Por eso el diálogo social no puede servir para recortar derechos o salarios. Ello supone, por ejemplo, no firmar reformas laborales que mantengan la precariedad y las fuertes bonificaciones a los empresarios y que abaraten el despido; ni acuerdos interconfederales de moderación salarial; ni pactos de pensiones que debiliten al sistema público reforzando los planes y fondos privados; ni expedientes de regulación de empleo y otras formas de ajuste traumático de las plantillas. Es un escándalo que cuando el mercado de capitales es lo que ha fallado y el origen de la crisis, haya quien se atreva a plantear cambios en el mercado de trabajo para degradarlo.
En el debate congresual se deberían abordar, entre otras, las siguientes propuestas:
1.Impulsar la movilización contra la Directiva sobre la jornada de 65 horas y la defensa de la jornada de 35 horas. La escandalosa directiva sobre tiempo de trabajo permite que la jornada laboral pueda llegar a las 65 horas semanales en negociaciones individuales, al margen de la negociación colectiva y los sindicatos. Es una necesidad que los sindicatos europeos organicen una movilización sostenida hasta asegurar su no aprobación ni aplicación. En esta línea la Jornada Mundial por el Trabajo Decente del 7 de octubre de 2008 debe ir, también, contra una directiva contraria al trabajo digno, a la salud laboral y a la conciliación familiar. Hay que volver a reivindicar la reducción de jornada como medida de reparto del trabajo.
2.La defensa de los puestos de trabajo y el empleo de calidad en toda circunstancia. La prioridad sindical ante cualquier proceso de concertación debe ser la de un empleo de calidad, estable, seguro, con igualdad y derechos laborales. Hay que impulsar una acción sindical firme y participativa en defensa de la seguridad y estabilidad del empleo, por la exigencia, regulación y control de la causalidad de los contratos, y frente a las ETT`s, la subcontratación, las empresas de servicios y otras formas de externalización. La labor de la inspección de trabajo debe reforzarse para evitar el abuso empresarial de la temporalidad y el empleo irregular.
3.El fortalecimiento de la negociación colectiva, una política salarial a la ofensiva y la coordinación de las movilizaciones. Los convenios colectivos deben servir para mejorar las condiciones de trabajo, la calidad del empleo y aumentar el poder adquisitivo de los salarios. Es fundamental la reducción del tiempo de trabajo y la reivindicación de las 35 horas por ley y por convenio, sin reducción de salarios. Revitalizar la negociación colectiva y conseguir sus objetivos exige impulsar la participación y la movilización coordinada de los trabajadores afectados y de todo el sindicato.
4.La defensa de los derechos de la inmigración y el rechazo a su criminalización, como hace la Directiva de la vergüenza sobre el retorno de inmigrantes. Cualquier ordenación de flujos y control de fronteras, tiene que hacerse dentro del respeto escrupuloso a los derechos civiles y humanos frecuentemente vulnerados.
5.La defensa de los servicios públicos (enseñanza, sanidad, transporte...) como un derecho de los ciudadanos frente a su consideración de mercancía que hace el neoliberalismo. Para ello se debe impulsar una fuerte y sostenida campaña en defensa de los servicios públicos en el ámbito español y en el europeo. Destaca la exigencia de un modelo educativo público, laico y de calidad, reclamando a las administraciones públicas su responsabilidad para garantizar una red pública suficiente que atienda la demanda educativa en sus diferentes etapas y modalidades de enseñanza y que cuente con los recursos necesarios para garantizar el derecho a aprender con éxito a todo el alumnado.
6. La mejora de la protección social. Del sistema público de pensiones exigiendo la elevación del gasto en protección social hasta la media de la UE-15, algo que es incompatible con medidas que se vienen anunciando como la ampliación del período de cálculo o el fortalecimiento de los planes y fondos privados. También la mejora de la protección al desempleo, modificando la Ley para permitir que tengan derecho a prestación contributiva las personas con periodos de cotización cortos, así como revisar el subsidio para que puedan acceder los colectivos que en este momento no cubren los requisitos.
7.El fomento de la participación y de la democracia sindical. Potenciando el protagonismo de los afiliados en todas las áreas de la acción sindical, especialmente en la elaboración de plataformas reivindicativas y los procesos de negociación y movilización, estableciendo cauces adecuados para asegurar su participación en la toma de decisiones sobre la firma de acuerdos generales y en los convenios de sectores y empresas.
8.La recuperación de la pluralidad del sindicato asegurando la legitimidad de discrepar, así como el principio de dirección efectiva del sindicato por todos los sectores que lo forman. De esta manera se superarían las crisis de 1994 y de 2002, que desgajaron al sindicato y se evitaría que la política de marginación de los sectores críticos debilite a la organización, desanime la militancia y dé justificación a aquellos que amparan su propia incompetencia en la confrontación de bloques.
Es fundamental la participación activa de los afiliados y afiliadas, para que el IX Congreso de CCOO sea útil para fortalecer al sindicato y colocarle a la altura de los retos que tiene que afrontar. También es precisa una fuerte presencia de las posiciones de clase y de izquierda representadas por el Sector Crítico de CCOO.
La lucha por defender los derechos sociales en tiempos de crisis no es tarea fácil ni existen recetas mágicas para asegurar su éxito. Para ello es necesario cambiar la política sindical y cambiar la dirección, seguros de que la combinación de la firmeza de clase, de unidad desde la pluralidad y de mayor democracia y participación de los trabajadores permitirá defender más eficazmente los derechos laborales, sociales y democráticos. CCOO necesita un Congreso esperanzador para su militancia, que supere la política de exclusiones seguida desde hace tres congresos y que lance un mensaje al país de que va muy en serio la defensa de los trabajadores ante la crisis y que en esta lucha estamos todos comprometidos.
Agustín Moreno.
Miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de CCOO.
UN CONGRESO DE UNIDAD INTERNA Y DE FIRMEZA ANTE LA CRISIS | 03-10-2008 - 14:16:34 GMT 1 #
Empresaris i acadèmics :
BARCELONA GIRONA
Empresaris i acadèmics van demanar ahir en un acte organitzat per l'escola de negocis IESE nous Pactes de la Moncloa, igual que els que es van fer durant la Transició, per aplicar les reformes per superar la crisi econòmica. Els presents van coincidir a assenyalar que "la mesura més urgent és el sanejament del sistema financer", segons l'economista Pedro Videla.
Catalunya España
Empresaris i acadèmics | 17-03-2009 - 08:11:30 GMT 1 #
España
¿Se acercan unos nuevos Pactos de la Moncloa?
Jesús Gago y Enrique Ojeda
Gobierno, patronal y sindicatos del sistema estudian un nuevo pacto social: no contra la crisis, sino contra los trabajadores
Es más que evidente que dentro del Sistema Capitalista no hay salida a la actual crisis, salvo que ésta se haga a costa de los trabajadores. Ante la disyuntiva de enfrentar la situación con salidas socialistas o seguir dentro del orden establecido, los gestores del gobierno del capital, estudian una salida que no cuestione el Sistema, lo que supondrá nuevos recortes a los ya escasos derechos sociales y laborales y más precariedad. ¿Cómo? Mediante el arma utilizada en los últimos 30 años: el Diálogo-Estafa Social.
En estos últimos días hemos asistido al anuncio, casi simultáneo, de Mª Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del gobierno Zapatero, de Francisco González presidente del BBVA y de los secretarios generales de CC.OO y UGT Fernández Toxo y Cándido Méndez, de su decidida voluntad de llegar a un gran pacto social para salir de la crisis. La idea es simple, hay que luchar todos juntos contra la crisis. No identificar responsables, crear un clima favorable a ese pacto y... manos a la obra.
Por eso, el gobierno (PSOE/ antes PP), patronal y sindicatos, es decir, los mismos agentes del neoliberalismo que han venido gestionando y legitimando este sistema que ha deparado una sociedad brutalmente desigual e injusta se postulan para hacer frente a la crisis.
No faltan quienes bajo la apariencia de crispación frente a la crisis, actúan de encubridores de estos auténticos testaferros del proyecto neoliberal en España, son los que con ambiguas y vaporosas condenas al sistema financiero y la corrupción de algunos perversos y codiciosos banqueros, procuran desviar la rebeldía que pudiera surgir del sufrimiento creciente de las clases trabajadora y populares hacia vías muertas, inertes. Encubren porque actúan como si aquí no hubiera habido gobiernos y sindicatos, que han legislado y pactado el soporte jurídico que ha legitimado el sistema de expolio de la clase trabajadora y las clases populares. Entre los encubridores abundan los anticapitalistas de toda la vida, que en cuanto se enteran de que el capitalismo está en peligro, salen corriendo en su ayuda como genialmente nos retrataba El Roto el 10/03/09.
Sabemos que la indignación y el sufrimiento no conducen automáticamente a la rebeldía, sino que es la conciencia de las causas reales de ese sufrimiento lo que puede convertirse en una fuerza transformadora y revolucionaria. Es por eso por lo que nosotros entendemos que la clase trabajadora y las capas populares tienen que identificar nítidamente a los responsables del giro dramático producido en sus vidas como consecuencia de esta crisis, para denunciarlos y exigirles responsabilidades y soluciones.
Los responsables son los mismos que han legislado y suscrito pactos a favor del capital y de los ricos durante décadas, son los que han actuado como intermediarios en este Estado de un sistema capitalista brutal que le declaró la guerra de clases a los trabajadores y las capas populares a finales de los ´70. Son los mismos que han pactado y lucrado, vía millonarias subvenciones y sobornos, el desmantelamiento del patrimonio de los servicios y empresas públicas, así como de los derechos laborales y sindicales que nos fueron legados por generaciones de hombres y mujeres dignos, que creyeron que había que luchar contra la explotación inhumana del capitalismo.
Son los mismos que con cada pacto-social o/y ley profundizan la derrota de los trabajadores y sellan la pérdida de poder, seguridad y renta de la clase trabajadora, nativa y extranjera, y de las clases populares en favor de una minoría insaciable que se ha enriquecido obscenamente, y que usa su riqueza para hacerse aún más rica. Minoría que además controla los medios de comunicación y de la cultura y que los ha utilizado para manipular la conciencia de los ciudadanos, convenciéndoles de que este proceso de “su” acumulación y “nuestra” desposesión es inevitable y lo más “moderno y democrático” del mundo.
Son los implicados en las innumerables Filesas y Gurteles, que un día sí y otro también nos dan muestras de la corrupción económica en la que están permanentemente enfangados, que es el soborno con que el sistema les premia sus servicios, al tiempo que nos muestran la repulsiva degradación ética de la que son capaces.
Son :
-Los mismos que han eliminado el Impuesto al Patrimonio, (PP/PSOE) dejando de recaudar 1.800Mill€/año que pagaban en un 73% los patrimonios con más de 6 Mill€.
-Los mismos que han rebajado el Impuesto de Sociedades del 35% al 30%(PSOE), dejando de recaudar 8.330 Mill€/año.
-Los mismos (PSOE) que han rebajado del (18%-43%) al 18% la tributación de las plusvalías, es decir, “los pelotazos” inmobiliarios y los mobiliarios tributan menos que un trabajador modesto.
-Los mismos que permite que las SICAV (instrumento financiero para ricos) tributen al 1%, en lugar del marginal (43%), ó el Impuesto de Sociedades (30%) y favoreciendo la evasión fiscal y los paraísos fiscales.
-Los mismos que han reducido el tipo marginal del IRPF del 45% al 43%, dejando de recaudar 2.400Mill€/año de los más ricos.
-Los mismos que han reducido el gasto fiscal de carácter social en el período (1993-2005) del 28.7% del PIB al 25.2% según Eurostat.
-Los mismos que, han legislado los ERES y en general las contrarreformas laborales que han puesto las bases para la implantación de la dictadura y el chantaje del capital. ¿Qué otra cosa es lo que acaba de pasar en SEAT?.... los trabajadores han denunciado públicamente la connivencia de parte de la burocracia sindical con la dirección de la empresa, y la anuencia del tripartito, para doblegar una vez más a los trabajadores.
-Los mismos que firmaron, entre otros muchos, el acuerdo para la Reforma del Mercado de Trabajo.- (Reforma laboral de 1.997) suscrito entre CEOE, CPYME, CC.OO. y UGT. Con la consecuencia del aumento galopante de la precariedad, la desigualdad, y la exclusión social, estableciéndose una dinámica que aún continúa de subvencionar y bonificar las cotizaciones empresariales.
-Los mismos que se han convertido en auténticas máquinas de firmar ERES con la consiguiente destrucción de empleo directo, más el de las empresas auxiliares. EREs que han negociado, previo cobro, que llegan al Mº de Trabajo ya firmados por los sindicatos, incluyendo empresas con beneficios multimillonarios como Telefónica, Nissan, Ericsson, SEAT, Acerinox, etc, etc
-Los mismos, que renunciando a la lucha, han colaborado en dinamitar la resistencia de los trabajadores, que se han visto abandonados (vendidos) por unas organizaciones corrompidas con multimillonarias subvenciones del sistema, que al asumir el discurso del capital (la política de Diálogo Social), deja sin organización ni ideología a la clase obrera y por tanto sin capacidad para resistir los dictados del capital. Capital que, ahora, cómodamente aliado con amplias capas de burócratas sindicales, ha impuesto el trabajo basura: salarios insuficientes, inestabilidad permanente, pérdida total de poder de los trabajadores, que en una relación de poder tan asimétrica como es la relación salarial, los sume en permanentes situaciones de indefensión cuando no de insufrible indignidad.
-Los mismos que han aceptado calladamente, con complicidad, que la estructura de los salarios derivase hacia diferencias insultantes, donde el 50% de los asalariados con los sueldos más bajos reciben el 25% de la masa salarial total, mientras el 10% de los sueldos más altos se adueñan del 26% de esa masa salarial. Resultando que el 42% de las rentas salariales están por debajo del umbral de la pobreza, lo que hacía exclamar a un huelguista en París el pasado 19/03 “es que el drama ya no sólo es el paro sino la insuficiencia de los salarios”. Por el contrario, es en ese 10% de privilegiados donde el capital y sus gestores encuentran las más entusiastas aclamaciones de un sistema depredador y violento, son este 10% los que imponen los modelos y valores sociales vigentes de frivolidad superficial y de individualismo e insolidaridad.
-Los mismos que, que con leyes, pactos, entreguismo y asunción de la ideología neoliberal, crearon las condiciones para que en España en el período (1999-2006) los beneficios empresariales crecieran, según la OCDE, un 73%, el doble que en la UE-15. Mientras los costes laborales lo hacían en un 3.7% y en la UE-15 en un 18.2%. Este el resultado de los Acuerdos de Negociación Colectiva de CC.OO-UGT-Gobierno y Patronal.
-Los mismos que en el período (2003-2006) permitieron que los beneficios de las empresas del IBEX-35 crecieran un 96.08% según Invertia. Mientras el país se llenaba de 600-750 euristas. Lo de los mileuristas sólo para los más afortunados.
-Los mismos que crearon las condiciones para que la participación de los salarios en la Renta Nacional pasara del 62% en 1992 al 54.4% según el FMI y la OCDE.
-Los mismos que han creado un islote de ricos, muy ricos, al que se han encaramado un montón de estos sinvergüenzas y conseguidores, en medio de un mar de pobreza y marginación donde más de 4 millones de pensionistas cobran menos de 7.200€ anuales, y de estos, 463.057 cobran 308.47€ al mes. El Pacto de Toledo no se hizo para defender las pensiones públicas, sino para ir fomentando los fondos privados de pensiones. El fondo de pensiones de la Administración (Gobierno-CC.OO-UGT- Banco Bilbao Vizcaya), es el buque insignia de esa política.
-Los mismos (PP-PSOE, CC.OO y UGT) que apoyaron de manera entusiasta la llamada Constitución Europea, ese siniestro proyecto neoliberal europeo donde se consagra la libertad de movimientos del capital y con ello el chantaje de las deslocalizaciones. Así como, la Directiva Bolkestein todo un compendio del sometimiento de los trabajadores y los pueblos a los dictados del capital.
-Los mismos que suprimieron en 1994 de la legislación laboral la imposibilidad de ser despedido estando de baja, y por eso ahora el Tribunal Supremo dicta sentencias donde se puede despedir a un trabajador/a estando de baja. Los derechos del capital priman por encima del derecho a la salud de los trabajadores.
-Los mismos que dilapidaron el sector público, privatizándolo, entregando al capital nacional e internacional empresas estratégicas, como Telefónica, Endesa, Tabacalera, Repsol, y la Banca Pública (Argentaria), etc. Empezaron los “socialliberales” a finales de los ‘80, completaron la faena los liberales sin complejos.
-Los mismos que aprobaron la Ley 15/97(PP y PSOE) que permite la salvaje privatización de la Sanidad Pública, con consecuencias desastrosas para los sectores sociales más humildes principales usuarios de este servicio público, para los trabajadores de la sanidad con despidos y precarización, y para el erario público que seguirá desembolsando los mayores costes, en beneficio del capital y de los conseguidores en las distintas administraciones. Mientras, la progresía socioliberal, con un discurso para la galería de sanidad pública 100%, no enfrenta el fondo del problema y juega a hacerle el trabajo sucio a uno de los dos gobiernos neoliberales que venimos soportando durante décadas. Encubriendo a los que autorizan (PSOE) las privatizaciones lo que sus socios en el tinglado (PP) privatizan.
-Los mismos que aprobaron la LOU (PP) y los mismos que dijeron que la derogarían y una vez más mintieron (PSOE) y están aplicando a sangre y fuego, con brutalidad franquista, la privatización de la enseñanza superior al servicio de los hijos de los ricos y de las empresas transnacionales. Mientras, la progresía, olvidando los intereses de clase, sólo se limita a decir que la religión salga fuera de la escuela, obviando que el objetivo del capital es la potenciación de la escuela concertada y el mantenimiento de una escuela pública de beneficencia.
-Son los mismos que se enriquecieron con la venta fraudulenta de suelo público, que crearon y celebraron la burbuja inmobiliaria que ha deparado, entre otras cosas, que en el período (1994-2006) el precio medio de la vivienda se duplicara con respecto al salario medio de ese mismo período, condenando a toda una generación de jóvenes trabajadores a la imposibilidad de la emancipación ó a la esclavitud en forma de deuda hipotecaria. El capital financiero utiliza la deuda como dogal, primero endeudaron a los pueblos del SUR para esclavizarlos de por vida porque la deuda es impagable, ahora a los jóvenes y las clases populares del NORTE.
Esta es, sucintamente, la historia de décadas de complicidad de gobiernos, burocracias sindicales y patronal para expoliar a los trabajadores, para enriquecer de forma insultante a un segmento de la sociedad (15-20%) a costa de precarizar la vida de las inmensas mayorías sociales, de someterlos a la permanente duda de cómo será su futuro y el de sus hijos.
El pasado 20/3 se podía leer en un despacho de Europa Press que “la UE pide a España reformas laborales, de las pensiones y de la educación acelerando la implantación de Bolonia”. Este es el encargo que el capitalismo europeo traslada a sus agentes en España, lo intentarán cumplir con ese pactodiálogo-estafasocial. Dentro del capitalismo no tienen otra salida que aumentar la explotación de los trabajadores, de su salario directo y el diferido. Por eso ante la barbarie del capitalismo, reivindicamos la re-construcción del socialismo.
Lo más inmediato es exigir medidas que rechacen que la carga de su crisis recaiga sobre los trabajadores:
- No más ERES en empresas que no presenten 3 años consecutivos con pérdidas.
- Subsidio de desempleo indefinido, hasta recuperar el empleo.
- Pensión mínima igual al Salario Mínimo.
- Por una jornada de 35 horas, que reparta el trabajo.
- Moratoria en el pago de hipotecas, que eviten los desahucios.
- Exigir la nacionalización de la banca para que el crédito esté al servicio del empleo y la producción y no de la especulación. Denunciamos la socialización de las pérdidas de los bancos. No se puede consentir dilapidar dinero público proveniente de nuestros impuestos (150.000 Mill€) en salvar banqueros mientras hay 900.000 parados sin ningún tipo de cobertura social.
- Exigir la paralización de las privatizaciones de servicio públicos esenciales, y la reversión de las ya realizadas, denunciando la privatización como una apropiación indebida del capital, un saqueo legalizado por poderes públicos que se saben impunes.
- En defensa de la Sanidad Pública, derogación de la Ley 15/97
- En defensa de la Educación Pública, NO al Plan Bolonia.
- Exigir una Reforma fiscal que devuelva la progresividad a los impuestos después del obsceno e irresponsable saqueo de las arcas públicas con condonaciones fiscales al capital, los grandes patrimonios, la especulación, y las grandes rentas del trabajo que amenazan, destruyendo la solidaridad social, la estabilidad y la seguridad de nuestras sociedades, y atentan contra un elemental sentido de la justicia.
- Denunciar los paraísos fiscales como expresión más sofisticada de la impunidad fiscal, de la evasión fiscal de los poderosos y de la banca, así como de todo tipo de tráficos criminales: armas, drogas, y que sólo son posibles en un sistema cómplice con esos traficantes.
Al capital, gobiernos y burócratas hay que combatirlos, denunciarlos y exigirles salidas a favor de los trabajadores y de las clases populares que llevan décadas pagando su festín. Esto sólo se podrá hacer mediante un discurso radical, sin ambigüedades calculadas y encubridoras, y mediante la radicalización de la movilización social, poniendo a la cabeza de estas movilizaciones a los sectores y empresas en lucha, rodeándolas de solidaridad, porque sabemos que si ganan ellos ganamos todos. Cada lucha ganada es un paso adelante de toda la clase obrera en salir de la derrota histórica, consecuencia de la Política de Pacto Social permanente.
Los causantes de la crisis nos convocan cínicamente a luchar contra la crisis, pero es contra ellos y contra sus pactos-estafa contra quienes tenemos que combatir, combatiendo así un orden social basado en la explotación del trabajo, de los seres humanos y de la naturaleza y que, ahora cuando se tambalea, los mandarines y lacayos de ese orden quieren cambiar para que todo permanezca igual.
Jesús Gago y Enrique Ojeda militantes de Corriente Roja y Co.Bas (Sindicato Comisiones de Base)
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Girona Catalunya Barcelona Garrotxa
¿Se acercan unos nuevos Pactos de la Moncloa? | 30-03-2009 - 07:58:53 GMT 1 #
La hoja de ruta de los "Pactos de La Moncloa" abre nuevas fases
Esta semana se han cumplido 30 años de las primeras elecciones municipales convocadas en el Estado español tras la muerte de Franco.
También de las primeras elecciones al Parlamento foral navarro. Se daba así uno de los primeros pasos de la Transición española y se cumplía uno de los puntos de partida de la hoja de ruta de los denominados «Pactos de La Moncloa», en los que la mayoría de los partidos políticos negociaron los topes y las garantías para la nueva fase política que recién comenzaba. Acuerdos que con el tiempo han ido adquiriendo la auténtica relevancia histórica que tuvieron, tanto por el modo en el que se han ido evidenciando o incluso incrementando los topes establecidos como por la manera en la que se han quebrado las más mínimas garantías que quienes los suscribieron creían haber logrado.
Entre quienes consideraban que aquellos pactos suponían un punto de partida a partir del que desarrollar sus proyectos políticos, siempre dependiendo de la evolución de la sociedad y de la balanza de poder que se fuese estableciendo en los diferentes marcos, se encontraba el Partido Nacionalista Vasco. Al menos así los defendía. Si atendemos a las proclamas que en aquellos momentos lanzaban sus líderes, los jelkides creían que por medio de la reforma y de las potencialidades que teóricamente abría ésta, más pronto que tarde Nafarroa podría reunirse como parte íntegra y de pleno derecho en una nueva autonomía junto al resto de provincias vascas del Estado y los presos pronto saldrían de la cárcel una vez que se demostrase que la causa y las razones por las que luchaban no eran tales, al poderse lograr los mismos objetivos de manera pacífica.
Evidentemente, esta descripción de aquellos hechos pretende ser lo más aséptica posible y no entra a valorar si ya en aquel momento los líderes jelkides eran conscientes de que no era así. Como toda negociación, aquellos pactos supusieron cesiones para todas las partes. Lo que el tiempo ha demostrado es que en algunos casos -comunistas, socialistas y nacionalistas- las renuncias fueron estratégicas, mientras que en el caso de otros -los franquistas- las renuncias fueron tácticas. La perspectiva histórica evidencia que lo único que se blindó fueron los privilegios del unionismo como único proyecto político viable. El federalismo rindió todos los fuertes desde el primer minuto. Y quienes pensaban que al menos el autonomismo estaba a salvo se equivocaron.
De aquellos polvos, estos lodos
Pero no se puede echar la culpa de todo ello a quienes ya en aquel momento sostenían, con un lenguaje renovado eso sí, la idea de «España Una, Grande y Libre». Ahora no cabe que quienes los homologaron a cambio de nada -¡ni siquiera arrepentimiento!- muestren estupor al ver cómo ejercen los privilegios que ellos les concedieron.
Hace ahora un par de años Josu Jon Imaz reivindicó los «Pactos de La Moncloa» como uno de los grandes aciertos del PNV. Pocos imaginaban entonces que el propio Imaz, el que fuera mirlo blanco de la generación que subscribió aquellos pactos, pronto debería abandonar la dirección acusado de generar división y crispación en el partido. Pero nadie, al menos en las filas jelkides, pensó que apenas tres años más tarde el Partido Popular, con menos de 150.000 votos, obtendría la presidencia de la Cámara de Gasteiz; y lo que era más increíble entonces y que aún ahora algunos se niegan a admitir, que esos votos serían suficientes para dar la Lehendakaritza a Patxi López y quitársela al PNV.
Pero lo realmente preocupante es la postura actual de ese PNV. Su propuesta al PSOE para gobernar muestra que lo que hace 30 años se presentó como una decisión táctica ha degenerado en doctrina. Se puede discutir en términos historiográficos sobre si esto es nuevo o no. En términos políticos, básicamente da igual.
Del famoso «Estatutuarekin Nafarroa Euskadi izango da» se ha pasado a no saber realmente si los líderes del PNV consideran Nafarroa parte de Euskal Herria. No en la historia ni en teoría, sino en su proyecto político y de nación. Lo que está fuera de duda, porque ellos así lo han declarado, es que su prioridad es la entidad creada como consecuencia de los acuerdos, Euskadi, y el resto es accesorio o condicionado a sus intereses. De los presos mejor ni hablar. Bastante habla Iñigo Urkullu al decir que no comparte con ellos ni medios ni objetivos; eso es, por definición, decir que comparte con ellos y ellas menos que lo que comparte con Arantza Quiroga. En ese sentido sólo cabe añadir que es de suponer que ninguno de quienes firmó aquellos pactos pensaba ni en la peor de sus pesadillas que 30 años más tarde habría más presos políticos que entonces.
Entretanto, la gente ya ha comenzado a preguntarse «¿qué hará Ibarretxe al respecto?». La verdadera cuestión, sin embargo, sigue siendo qué hará el PNV respecto a Ibarretxe.
Por otro lado, quienes primero lucharon contra el franquismo y ya hace tres décadas denunciaron la reconversión del mismo en Estado de pleno Derecho pero no en democracia, siguen mostrando día a día que su diagnóstico era cierto. Y que siguen manteniendo la misma hoja de ruta que hace ahora tres décadas.
Girona Catalunya 1 de Mayo
La hoja de ruta de los Pactos de La Moncloa abre nuevas fases | 06-04-2009 - 08:16:47 GMT 1 #
Actualidad, consecuencias y lecciones de los Pactos de la Moncloa de 1977
Jesús M. Pérez
Los Pactos de la Moncloa están de actualidad pues hay representantes de la clase dominante que, debido a la profundidad de la crisis económica actual, ya están planteando la necesidad de una reedición de aquellos acuerdos1. A pesar de que hay muchos estudios económicos y sociales de aquellos años muy poco es lo que se ha dedicado a estudiar las consecuencias de aquellos pactos para la clase trabajadora. Los dirigentes de los partidos de la izquierda que firmaron aquellos acuerdos, y los de los sindicatos mayoritarios, han sido incapaces de sacar las lecciones de aquel paso histórico que ha condicionado la existencia de la clase trabajadora durante 30 años y es parte de la explicación de una crisis ideológica, política y organizativa, que ha llevado a unos a aceptar el sistema capitalista con todas sus consecuencias y, a otros, a una falta de alternativa global y que se expresa ora de forma ultraizquierdista ora de forma oportunista. Si no se entiende el pasado, el presente se convierte en una maraña inescrutable. Los Pactos de la Moncloa fueron dos acuerdos, uno de naturaleza económica y el otro, política. El primero se llamó «Acuerdo sobre el Programa de Saneamiento y Reforma de la Economía». El segundo, se tituló, «Acuerdo sobre el Programa de Actuación Jurídica y Política».
Los firmantes representaban a todas las fuerzas políticas parlamentarias y fueron: Adolfo Suárez, en nombre del gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo (por UCD), Felipe González (por el Partido Socialista Obrero Español), Santiago Carrillo (por el Partido Comunista de España), Enrique Tierno Galván (por el Partido Socialista Popular), Josep María Triginer (por el Partido Socialista de Cataluña), Joan Reventós (por Convergencia Socialista de Cataluña), Juan Ajuriaguerra (por el Partido Nacionalista Vasco) y Miquel Roca (por Convergència i Unió). Manuel Fraga (por Alianza Popular) no suscribió el acuerdo político, pero sí el económico. Fueron respaldados por la organización empresarial CEOE y por el sindicato CCOO. Fue firmado el 25 de octubre de 1977, aprobado por el Congreso dos días más tarde, y, posteriormente, ratificado en el Senado.
¿Por qué?
Es imprescindible preguntarse por qué necesitaba la UCD, el Gobierno que representaba los intereses de la burguesía española, un pacto tan amplio y con tanto boato, tan sólo cuatro meses después de «ganar» las primeras elecciones «democráticas».
En primer lugar, la UCD no había obtenido la mayoría absoluta en las elecciones del 15 de junio por lo que su situación era de «fortaleza relativa», en realidad, muy relativa. Sabían que se basaban en múltiples maniobras políticas y electorales que lograban disfrazar, sólo temporalmente, su auténtica debilidad. La negación del voto a los jóvenes (sólo pudieron votar los mayores de 21 años), una ley electoral que no respetaba la proporcionalidad de los resultados (y que se mantiene hasta la fecha) o un Senado en el que 50 de sus miembros eran elegidos a dedo por el Rey, eran algunos de esos trucos que, aunque les sirvieron para evitar el triunfo electoral de la izquierda, no consolidaban su credibilidad democrática frente a la mayoría de la sociedad.
La UCD no era una organización política con raíces en la sociedad. Era la unión temporal, mientras mantuvieran el poder, e improvisada de una serie de camarillas compuestas por dirigentes del viejo régimen franquista. Un parlamento elegido con tantas carencias democráticas tampoco era un modelo que despertase admiración. Tanto el Gobierno como el Parlamento necesitaban legitimizarse ante la opinión pública, borrar todas las dudas y desconfianzas que provocaban la continuidad de dirigentes, instituciones, poderes... con un simple cambio de chaqueta. El Gobierno de Suárez necesitaba toda la autoridad política y moral de todas las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda tras de sí para poder hacer frente a una gravísima situación económica ante la que, desde su punto de vista de clase, no tenía más remedio que «tomar medidas impopulares».
¿Cuál era la situación?
Desde que estalló la crisis económica de 1973-74 los distintos gobiernos de la dictadura habían puesto en marcha ocho «paquetes de medidas económicas» sin resultado alguno.
La inflación está desbocada: del 17% en 1975 y 76 se pasa a mediados de 1977 al 44%, frente al 10% de promedio de los países de la OCDE. Los pronósticos más alarmistas hablan de que se podría llegar al 80% ese año si no se toman medidas urgentes.
Las empresas acumulan una deuda que no pueden pagar. Las inversiones caen en picado en 1975 desde un 14% (en el 73%) a un –4% y comienza la destrucción masiva de empleo. Se alcanzan los 750.000 parados en 1977. Ese año el economista, entonces comunista, Tamames, afirma que en «los tres últimos años la fuga de capitales ha alcanzado la cifra de 200.000 millones de pesetas». La crisis económica y la crisis política, limitan las posibilidades de rentabilidad y restan seguridad a las inversiones de los empresarios, por lo que optan masivamente por llevarse el dinero a las cuentas secretas de Suiza. De ellos no puede depender la solución a la crisis.
En esa situación, las exportaciones cubren sólo el 45% de las importaciones, el país carece de recursos para mantener sus intercambios con el exterior y pierde 100 millones de dólares diarios de reservas exteriores. Se acumulan entre 1973 y 1977, 14.000 millones de dólares de deuda exterior, lo que representa un importe superior al triple de las reservas de oro y divisas del Banco de España.
Como ejemplo baste citar que a principios del 77 el transporte público en Madrid (Metro, autobuses urbanos y periféricos) subió entre el 22% y el 46%.
La herencia económica del franquismo fue un desastre. El «milagro desarrollista» de los años 60 dio paso a la crisis de los 70. Aunque para muchos jóvenes la crisis económica actual es un fenómeno «nuevo» porque no han conocido algo parecido en los últimos 15 años, tiene mucho de «dejà vu» con las crisis, y las recetas para hacerle frente, que hemos visto en el pasado.
¿Cuál era su contenido?
El texto del Pacto acepta la «gravedad de la situación» y, literalmente, se define como «el punto de partida de una nueva etapa que conducirá al asentamiento de un sistema económico estable y reduzca gradualmente las tensiones existentes en la sociedad española».
Respecto al pacto económico su contenido se divide en medidas urgentes (contra la inflación y el desequilibrio exterior) y reformas necesarias a medio plazo para «repartir los costes de la crisis». Las primeras son las que hacen recaer el coste de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y, se llevan a cabo de forma urgente, mientras las segundas, las que se supone que debían repartir dicho coste con los empresarios, están pendientes 32 años después. Entre estas últimas se pueden incluir propuestas de mejora que se quedaron en meras declaraciones de intenciones (cuando no se ha hecho lo contrario) como: Medidas anti-especulativas del suelo urbano; Reforma del sistema financiero, incluida la democratización de las instituciones financieras públicas; modernización agraria, estatuto de la empresa pública (¿)...
Entre las primeras, las medidas de «saneamiento» de la economía, las principales fueron:
La principal es que se fijó como objetivo de inflación para 1978 un 22%. Se fija este objetivo para imponer un tope de aumento salarial del 20% con la obligación de incrementar los salarios en base a la inflación prevista y no a la pasada. De esta forma se trata de poner coto a la lucha de los trabajadores para adecuar los salarios a la subida de los precios con el fin de no perder poder adquisitivo. Ese cambio, de tomar como referencia la inflación prevista y no la pasada, ha perjudicado gravemente a los trabajadores durante estos 30 años, sobre todo a esos sectores que no han tenido cláusulas de revisión automática si la previsión resultaba sobrepasada por el IPC «oficial», que ha sido lo más común en todo este tiempo. El tope salarial que establecía el Pacto podía llegar hasta el 22% por el pago de algunos conceptos como ascensos o antigüedad, lo que dejaba, una vez más, fuera a una gran parte de los trabajadores. Los dirigentes de la izquierda y los sindicales aceptaron el falso argumento de la patronal y del Gobierno de que era necesaria la moderación salarial para acabar con la inflación.
Limitación del crédito oficial y una política presupuestaria que reduzca el déficit público en una situación de crisis en la que la intervención pública en la economía debería ser decisiva. Pero eso sólo estaba destinado a justificar la reducción de los gastos sociales, porque los que afectaban al empresariado no sólo no se limitaban sino que aumentaban drásticamente.
En esa línea se establece una reducción de las cuotas a la Seguridad Social a las empresas. El Estado asume pasar del 3,5% de la financiación a la Seguridad Social al 20% en un plazo de 5 años. Un enorme regalo a la patronal.
Devaluación de la peseta. Su fin es mejorar artificialmente la competitividad de las empresas españolas en el exterior pero su efecto posterior es una reducción de la capacidad adquisitiva de los salarios.
Con la excusa de luchar contra el paro se presentan, por primera vez, una serie de normas que permiten la contratación temporal, sobre todo de jóvenes que no han accedido nunca a un puesto de trabajo.
Se permite, también por primera vez, el despido de hasta el 5% de las plantillas.
En cuanto al acuerdo político persigue la continuidad de ciertas instituciones y normas legales heredadas del franquismo y que son vitales para la clase dominante. Se presentan como grandes reformas y grandes concesiones a la clase trabajadora a cambio de los sacrificios que se exigen en el acuerdo económico pero en realidad significan el respaldo de los firmantes al mantenimiento de lo esencial de la estructura estatal franquista. Por ejemplo, no se plantea la supresión de la Ley de Orden Público franquista y su sustitución por una Ley democrática, sino su «revisión parcial». Se despenaliza el ejercicio del derecho de reunión, de asociación y la propaganda política aunque se le imponen muchas limitaciones tipificando los delitos correspondientes por la violación de estos derechos. Esta es una prueba del carácter escasamente democrático que habían tenido las primeras elecciones con la legislación franquista en vigor. Lo mismo sucede con el derecho de expresión; se elimina la censura previa de toda publicación pero se impone el «depósito previo de publicaciones» y se deja en manos del poder judicial (el mismo que bajo el franquismo) las decisiones sobre la censura. El ejercicio de estos derechos no eran una «concesión» del ex Secretario General del Glorioso Movimiento Nacional –Suárez– sino que era una conquista previamente arrancada por el movimiento obrero en sus luchas. También mantienen el Código Penal con alguna pequeña reforma, eliminando tan solo aquellos aspectos más escandalosos de su vigencia durante la dictadura franquista, como, por ejemplo, la despenalización del divorcio y del «amancebamiento»; se creó el delito de tortura; se reconoció la asistencia letrada a los detenidos. Los firmantes también aceptan el mantenimiento de la jurisdicción militar del ejército franquista y de las fuerzas represivas de la dictadura que tan sólo sufrirán una «reorganización» que será más cosmética que real. Los «grises» pasan a ser «maderos», y poco más. Todos los crímenes policiales y parapoliciales de aquella época (por no hablar de los de la guerra, la postguerra y las casi cuatro décadas de dictadura), quedan impunes.
El pacto político fue la rúbrica por parte de las direcciones de las organizaciones de la clase trabajadora a una política por la que se renunciaba a las reivindicaciones principales de los trabajadores en la época de la Transición. Fue la plasmación final de un cambio en el que se había sustituido el objetivo de la lucha. De la ruptura democrática con el régimen franquista se había pasado a la ruptura pactada con sus herederos.
¿Qué sucedió?
«Hemos llegado a un acuerdo económico satisfactorio para sacar al país de la crisis en el plazo de un año y medio». Estas palabras de Santiago Carrillo, con las que justificaba el Pacto, se hicieron famosas en aquel momento. Era «la salida de la crisis». Con ese pacto se iba a acabar con el paro y todas las lacras de la crisis. La realidad fue bien distinta.
La crisis no duró 18 meses sino que se prolongó durante cuatro años, seguidos de otros cuatro en los que el estancamiento de la economía siguió destruyendo empleo neto.
Periodo 1978-85
Crecimiento del PIB Tasa de paro
1,5% 7,1%
0,1% 8,7%
1,3% 11,5%
–0,2% 14,4%
1,8% 16,2%
1,8% 17,7%
1,9% 20,6%
2,2% 21,9%
(ver fuente 2)
La destrucción de empleo fue constante durante todo ese periodo. En 1977, cuando se firma el Pacto la tasa de desempleo está en el 5,3% de la población activa. La tasa de paro oficial no deja de crecer hasta alcanzar su máximo histórico en 1985 que llega al 21,9%: Más de una quinta parte de la población activa.
El Pacto decía textualmente que «de los 100.000 millones de pesetas con que el Estado contribuirá al presupuesto de la Seguridad Social, 60.000 millones se dedicarán al Seguro de Desempleo» (el resto a pagar parte de la cuota que pagaban los empresarios). Pero continúa diciendo: «El Seguro de Desempleo se extenderá progresivamente, a todos los desempleados, agilizándose su reconocimiento y abono». Lo cierto es que el porcentaje de parados con cobertura descendió año tras año. Mientras en 1977 el 51% de los parados percibían subsidio, en 1984, el porcentaje se había reducido al 26,4%, muy lejos, como se puede apreciar, del compromiso de que «todos los desempleados» se beneficiarían del seguro de desempleo. El Pacto no solucionó el problema del paro.
En cuanto al efecto del Pacto sobre los salarios es evidente que un tope salarial del 20%, cuando ese año acabó con una inflación del 26,4%, los depreció y devaluó. Pero ese efecto no se limitó a un año sino que el Pacto de la Moncloa fue el inicio de una política de acuerdos (AMI, ANE, AI, AES. 3) entre 1980 y 1986 caracterizados por imponer un tope al incremento salarial siempre por debajo del índice oficial de inflación. Como consecuencia la remuneración de los asalariados va perdiendo terreno de forma drástica en el reparto de la Renta Nacional. Mientras en 1978 representaban el 52,4% de la Renta Nacional, en 1986 se habían reducido al 45,5%.
El Pacto tampoco solucionó el problema ancestral en este país de los bajos salarios. Tampoco solucionó el problema de la inflación que tardó ocho años en bajar de los dos dígitos manteniéndose la mayor parte de ese tiempo en torno a la cota del 15%. En una especie de aceptación implícita de la falsedad del IPC general y oficial, el Pacto aceptaba que se elaborase «otro IPC con la evolución de los precios de los productos de consumo más frecuentes por las clases de renta más baja elaborado por las organizaciones empresariales, los consumidores y los sindicatos». Por supuesto, fue otra de las medidas que nunca vieron la luz.
Los Pactos sí sirvieron para mejorar algunas cuentas. Las reservas de divisas se duplicaron y las cuentas de las empresas empiezan a mejorar y emprenden el camino hacia los beneficios. Según Tafunell los beneficios empresariales crecen un 83,7%, en pesetas corrientes, entre 1977 y 1981. Esta dinámica permite a los beneficios superar a los salarios en la distribución de la Renta Nacional en 1985, cosa que no sucedía desde 1970. En 1978 los salarios suponían el 52,4% de la Renta Nacional. En 1986 había pasado a ser sólo el 45,5%.
Los Pactos de la Moncloa fueron «el punto de partida de una nueva etapa», como decía literalmente su texto, pero esa nueva etapa fue la de los topes salariales, la de la precariedad en el empleo y la del despido libre.
Actualidad, consecuencias y lecciones de los Pactos de la Moncloa de 1977 | 21-08-2009 - 12:44:56 GMT 1 #