I ara què?
Rafael Fernández. Figueres: I ara què?.-No tenim aigua... això ens diuen. No fan res (a part de parlar, perdre el temps i fotre´ns els calés).
Necessitem aigua per beure, viure, regar, rentar-nos i, curiositats dels plans energètics d´aquest país, principalment per generar electricitat. Aquesta electricitat motiu de mil controvèrsies i mil manifestacions... que si MAT que si no MAT... i ara què?
D´on treurem l´energia a posar en marxa els nostres aparells de climatització i totes les comoditats del mon modern? (no siguem tan falsaris, que tots, els pro i els anti, en disfrutem o en volem distrutar i és el que egoistament ens interessa). No tenim aigua, no volem nuclears, no volem eòlica, no volem solar... No volem MAT... farem l´electricitat amb la dinamo? Amb la bici estàtica?...
Ara sí que tenen raons per justificar la MAT i encolomar-la a sac.
I ara què? Ens fotrem la hipocresia pel darrere d´una vegada? O ara, més que mai, ens discutirem encara més?
Per acabar: la coherència seria la d´un amic meu que em deia, no fa gaire (i ell és un anti-MAT): «Coherència és acceptar el que hi ha i tirar endavant de la millor manera, escoltant, acceptant i proposant alternatives... qui es tanqui en banda, que marxi a la muntanya i visqui com fa cent anys». Segons ell, i jo hi estic d´acord, l´error dels anti MAT ha estat el mateix que el del Govern d´aquest país: la política del No pel No.

Meneame
del.icio.us




ENTRE EL ESCEPTICISMO Y LA
CATÁSTROFE INMINENTE, por ESTEBAN MERCATANTE - MARTÍN NODA:
En la última En defensa del marxismo, Pablo Rieznik se propone
realizar una vez más la ya clásica discusión entre reforma y revolución,
planteado en los términos catastrofismo vs. reformismo1, polemizando
con Claudio Katz. En el debate que allí se inicia, los autores, lejos de
intentar dar una visión más profunda de la realidad, se dedican a defender
con trazo grueso sus posiciones. Mientras que Katz desarrolla otra
variante de la ilusión gradualista, Rieznik le contesta con una visión del
capitalismo que no da cuenta de las complejidades del proceso histórico.
En ambas posiciones la realidad intenta ser acoplada a sus perspectivas
políticas y no al revés.
Nos interesa enmarcar este debate en las reflexiones que viene
realizando Katz sobre cómo establecer el socialismo hoy, sin dudas influidas
por la moda del llamado “socialismo del siglo XXI”. Por otro lado, la
respuesta de Rieznik, de tono polémico, termina prestándose a la
caricaturización fácil del marxismo, y en ese sentido es una pobre
defensa del materialismo histórico y la perspectiva de revolución. Como
veremos, lo que Rieznik quiere mostrar como un debate entre reforma y
revolución, termina siendo una reedición degradada de los debates del
marxismo a comienzos del siglo XX, en los que se enfrentaban el
evolucionismo bersteniano y la “teoría del derrumbe”, pero sin siquiera
reparar que ambas teorías unilaterales han sido desmentidas por los
acontecimientos históricos.
1. Katz escribe “Pasado y presente del reformismo”, en Herramienta Nº 32, Rieznik
“En defensa del catastrofismo” en En defensa del marxismo Nº 34, y Katz responde en
“Estrategias socialistas en América Latina”. Todos los artículos de Katz pueden consultarse
en www.netforsys.com.ar.
132 LUCHA DE CLASES
1. CLAUDIO KATZ: UN SOCIALISMO
SIN REVOLUCIÓN
Las reflexiones de Katz sobre el socialismo, dan por sentada la perspectiva
de que el capitalismo está ingresando en una fase de crecimiento más o
menos vigoroso. Aunque esto no está desarrollado en los textos que integran
el debate, Katz remite a los argumentos que desarrolló en el año 2002 en
“Etapa, fase y crisis”2.
En ese entonces planteaba que “Si se observa el período inicial que siguió al
boom de posguerra (1975-90) y el período posterior de repunte de la rentabilidad
con mercados retraídos (1990-2001), resulta evidente que ambas fases
presentan un color gris. Su tónica no está dominada por el blanco floreciente
de posguerra, ni tampoco por el negro tenebroso de la entreguerra”3. Señala
que “con la ofensiva perpetrada por el neoliberalismo se registró una recuperación
de la tasa de ganancia que provocó una erosión del poder adquisitivo. Como
consecuencia de este desequilibrio los rasgos configuratorios de una nueva
etapa que aparecieron en varios planos no se han desarrollado”4. El límite que
impedía afirmar que estamos frente a una nueva etapa de crecimiento capitalista,
era que “estos cambios suponen la presencia de procesos de expansión
económica que consoliden las transformaciones registradas en el sistema”5. El
año 2002 todavía se daba en el marco de una etapa recesiva. Pero bajo la lógica
con la que analiza los cambios en la economía mundial (que más adelante
discutiremos), el crecimiento de los últimos podría marcar el asentamiento de
una nueva fase, relativamente prolongada, de crecimiento capitalista -moderado
pero continuado. Es decir todo un período largo donde el dominio del capital
probablemente no se verá frente a grandes amenazas, por lo menos en su
corazón, los países capitalistas más desarrollados.
LARGA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO
Es en este marco teórico que Katz viene debatiendo en distintas elaboraciones,
qué perspectiva hay para el socialismo y cuáles son las tareas a
tomar hoy para construirlo. Da a entender que para que se pueda hacer la
revolución, es necesario que el horizonte socialista vuelva a ser vislumbrado
por las masas. Que para superar la situación actual, en que las luchas por
mejoras inmediatas “se desarrollan sin expectativas anticapitalistas”6, la
tarea del momento es reconstruir la perspectiva de un porvenir socialista.
2. “Capitalismo contemporáneo: etapa, fase y crisis” en www.netforsys.com.ar.
3. Ídem.
4. Ídem.
5. Ídem.
6. Katz, “Pasado y presente del reformismo”, op. cit.
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 133
Pero Katz piensa el socialismo separado de la revolución, al plantear
que “comenzar la erección del socialismo implicaría sustituir la preeminencia
de un régimen sujeto a las reglas del beneficio por otro regulado por la
satisfacción de las necesidades sociales. Desde el momento que un modelo
económico y político –guiado por la voluntad mayoritaria de la población–
asuma estas características, empezaría a regir una forma embrionaria de
socialismo”7. Para Katz, la transición al socialismo no implica necesariamente
ni la expropiación de la burguesía, ni la destrucción de su Estado.
El derrotero que viene haciendo Katz, tiende a vaciar de sustento teórico
sus elaboraciones. Su discurso se dirige cada vez más a fundamentar la
perspectiva de una “transición socialista adaptada a las insuficiencias
regionales”8. No hace referencia al derrocamiento revolucionario del capitalismo,
sino que lo central es poner el acento “en las necesidades sociales”. Este es
el punto de partida para proponer un socialismo sin revolución.
La mayor estabilidad en los países desarrollados lo lleva a cuestionar la
posibilidad de expropiación de la burguesía en estos países en las próximas
décadas. Por eso, pronostica que “una larga transición precederá al socialismo,
al menos en la periferia”9, ya que ésta deberá sostenerse largo tiempo sin la
ayuda de los países con mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Es en
este marco que plantea: “América Latina ocupa un lugar periférico en la
estructura global del capitalismo, pero cuenta con sólidos recursos para
comenzar un proceso socialista. Estos cimientos son comprobables en
distintos terrenos: tierras fértiles, yacimientos minerales, cuencas hídricas,
riquezas energéticas, basamentos industriales. El gran problema de la zona
es el desaprovechamiento de estas potencialidades”10.
Katz se retrotrae a una discusión saldada por el siglo XX. ¿Cómo
seguir discutiendo hoy –después de la revolución rusa o la revolución
cubana– si la posibilidad de la revolución social depende o no del mayor o
menor desarrollo regional de las fuerzas productivas o de los recursos
naturales? Aunque un estado obrero aislado sea una eventualidad histórica
que no puede excluirse en el futuro, tampoco puede teorizarse de antemano
y definir las tareas de la transición socialista en este marco. Las
medidas de esta transición –la que sólo puede comenzar con la dictadura
del proletariado–, no pueden salir de un recetario de medidas previstas
para cualquier Estado con cualquier estructura de clases. Por el contrario,
surgirán de las limitaciones concretas de cada país para desenvolver su
transición al socialismo, debidas a su estructura de clases determinada
(derivada de una forma específica de desarrollo desigual y combinado) y
no de las disposiciones de tales o cuáles recursos.
7. Katz, “Estrategias socialistas en América Latina”, op. cit.
8. Ídem.
9. Katz, El porvenir del socialismo, Bs. As, Imago Mundi, 2004, p. 128.
10. Katz, “Estrategias socialistas en América Latina”, op. cit.
134 LUCHA DE CLASES
¿QUÉ ESTRATEGIA PARA EL SOCIALISMO?
Para Katz el eje inmediato para la edificación socialista, no es otro que
la redistribución “radical” de la riqueza. Para sostener la posibilidad de este
programa, sin discutir la expropiación de la burguesía, Katz tiene que dedicarse
a bucear en las perspectivas de que un sector reformista “radical” una
filas con los socialistas: “Un empalme entre corrientes radicales y socialistas
podría contribuir a dilucidar la relación contemporánea que existe entre la
reforma y la revolución. Ambos caminos forman parte de un mismo proceso
de lucha contra la opresión capitalista. No son senderos completamente
ajenos, ni totalmente divergentes. Lo importante es saber distinguir los
momentos de primacía de cada metodología”11. Acá Katz pretende identificar
la dinámica que caracteriza la lucha de masas, que partiendo de las
reivindicaciones inmediatas pueden radicalizarse y pasar a la lucha revolucionaria,
con la que pueden hacer algunas direcciones reformistas (las que él identifica
como “radicales”). Esta operación le permite sacar la conclusión de
que es posible que las direcciones “radicales” puedan conducir al socialismo,
o dicho de otra forma, que las masas llegarán al socialismo con sus direcciones
actuales, sin importar que estas sean burguesas o pequeño burguesas, mientras
que sean “radicales”: “Cuando el margen para conciliar las exigencias
populares con las tendencias regresivas del sistema se estrecha abruptamente,
los reformistas enfrentan dos opciones: confrontar con los capitalistas o
renunciar a las demandas. El verdadero cariz conservador o radical de cada
corriente se clarifica en estas disyuntivas”12.
¿NACIONALISMOS RADICALES O FARSA
DE NACIONALISMO BURGUÉS?
Si pareciera ser que para Katz el reformismo radical no es un camino
ajeno para luchar contra la opresión capitalista, un gobierno nacionalista
que hace reformas medianamente radicales bien puede ser un gran aliado
para el socialismo, que no vale la pena despreciar.
Katz trae a la memoria para apoyar sus argumentos la tradición del
nacionalismo radical de América Latina, desde Martí y Zapata hasta
Sandino, planteando que tiene puntos de contacto con el marxismo:
“Todos los partidarios del socialismo del siglo XXI subrayan acertadamente
que la liberación latinoamericana no será una copia de esquemas
ensayados en otras latitudes. Destacan que la batalla por una sociedad
igualitaria converge en la zona con tradiciones anti-imperialistas propias.
Una línea histórica de nacionalismo radical –que se expresó en Martí,
11. Katz, “Pasado y presente del reformismo”, op. cit.
12. Ídem
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 135
Zapata o Sandino– comparte los cimientos del proyecto emancipatorio
con varias corrientes del marxismo”13.
Por supuesto que el nacionalismo radical de Sandino, Zapata, etc., no
solo no tiene nada en común con el que Katz llama “nacionalismo conservador”,
sino que, tanto en su discurso como en sus actos, intentó superar las
limitaciones impuestas por el cipayismo de las burguesías latinoamericanas.
Sin embargo, lo que Katz no plantea es por qué, a pesar de haberse enfrentado
con las armas a la injerencia norteamericana y a sus agentes locales, estas
iniciativas fracasaron. Por ejemplo, a principios de los ‘30 Augusto Sandino
derrotó a los norteamericanos obligándolos a retirar a los marines. Sin
embargo, depuso las armas frente al gobierno de Juan Bautista Sacasa,
quien había puesto como jefe de la Guardia Nacional (que reemplazaba a
los marines) a Somoza. Al poco tiempo Somoza manda a asesinar a Sandino
cuando éste salía de cenar con el presidente. A Katz se le olvida que este
nacionalismo radical fue derrotado porque, al no plantear una salida de
clase, terminó entregando el poder a las burguesías nacionales que una vez
“controlada la situación”, se aliaron nuevamente con el imperialismo. Y
que mostró tempranamente que sólo un programa socialista, anclado en la
clase obrera, puede superar estos límites y llevar hasta el final las tareas que
estos dejaron incumplidas. En ese sentido, Trotsky planteaba que “hay que
culminar la obra de Emiliano Zapata”, lo cual significaba extraer las lecciones
de las derrotas de esas importantes luchas para lograr una verdadera emancipación
nacional y social. Para Trotsky terminar la obra de Zapata era
hacer una revolución encabezada por la clase obrera, y no seguir apostando
a la “radicalidad” de alguna corriente burguesa, como aliado para encarar
una “transición socialista adaptada a las insuficiencias regionales”.
¿VENEZUELA PUEDE SER CUBA CON CHÁVEZ?
Recapitulemos. Katz retoma en el actual panorama latinoamericano y
en el debate del socialismo del siglo XXI, la línea histórica de los nacionalismos
radicales. Por otra parte, plantea que en Venezuela se verifica una “disputa
entre tendencias a la radicalización y al congelamiento del proceso
bolivariano”14. Por último, recordemos, los reformismos y –por qué no–
los nacionalismos radicales, “no son senderos completamente ajenos, ni
totalmente divergentes”. La operación está completa: en Venezuela puede
darse una transición al socialismo.
Para Katz, Venezuela “se ha convertido en un terreno fértil para desenvolver
un proceso socialista [porque] lo esencial es el nivel de conciencia
popular. Se han forjado nuevas convicciones antiliberales y antiimperialistas”.
13. Katz, “Estrategias socialistas en América Latina”, op. cit.
14. Ídem.
136 LUCHA DE CLASES
Según él, “el dilema socialismo versus neo-desarrollismo se procesa [...] Es
el conflicto que han afrontado otros procesos nacionalistas y que tuvo un
desemboque positivo en la revolución cubana y desenlaces regresivos en
muchos otros casos”15.
Katz apela a la experiencia histórica de la revolución cubana, excepcional,
para sostener su apoyo a Chávez. En otro trabajo, hemos planteado que la
revolución cubana fue una revolución de contragolpe. Aunque el Movimiento
26 de Julio –de composición principalmente pequeñoburguesa– concebía
que su objetivo era terminar con Batista e imponer la democracia en Cuba,
fue superado por la velocidad de los acontecimientos: “La dirección guerrillera
se encontró de pronto con la deserción y hostilidad abierta de la burguesía
cubana. Fidel Castro y su movimiento, que hasta ese momento intentaban
actuar como árbitros entre las clases, quedan sujetos a la marea de la revolución.
Inaugura entonces una dinámica de contragolpe, oponiendo a cada
medida del imperialismo y la burguesía, una contramedida revolucionaria,
apelando a la movilización de las masas obreras y campesinas que expresaban
un auténtico interés por la revolución”16.
Como en otras ocasiones históricas, un movimiento con rasgos nacionalistas
y de origen pequeñoburgués, fue más allá tironeado entre las masas y el
imperialismo, Katz afirma que hoy se puede esperar que el gobierno de
Chávez siga la misma dinámica. Se le pasa por alto que la política de
Chávez, frente a la hostilidad de los sectores más reaccionarios, ha sido
permanentemente la conciliación. También, que, aunque a veces apele a un
cierto grado de movilización, intenta por todos los medios contener al
movimiento de masas y subordinarlo, cuestionando por ejemplo, la autonomía
de los sindicatos. Y que lejos de ir a un choque con el gran capital
imperialista que controla los resortes fundamentales de la economía de
Venezuela, está intentando negociar mejores términos de asociación con el
mismo, haciendo en algunos casos jugosas concesiones, como en el caso de
las sociedades mixtas17. Es decir, un derrotero opuesto por el vértice al
camino que se vio obligado a tomar en Cuba el M26.
La apelación a la definición de nacionalismo radical para hacer referencia
al gobierno de Chávez es completamente embellecedora. Chávez ni siquiera
llega a los modestos pasos de búsqueda de una cierta autonomía nacional y
concesiones a las masas dados por Perón en Argentina o Lázaro Cárdenas
en México. Mucho menos tiene que ver con la radicalidad de los movimientos
como el de Zapata o Sandino. Que esté planteado culminar la obra
15. Katz, “Socialismo o neodesarrollismo”, op. cit.
16. Dunga y Aguirre, “La revolución permanente en Cuba” en Estrategia Internacional
N° 20, septiembre 2003.
17. Como planteamos, en esta misma revista, Matías Maiello, “Chávez, Perón, y el
‘socialismo del siglo XXI’”.
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 137
de Emiliano Zapata no significa, de ninguna manera, que haya que culminar
la de un Perón ni mucho menos la de un Chávez.
¿COMENZÓ LA TRANSICIÓN AL
SOCIALISMO EN VENEZUELA?
Luego de plantear que los tironeos que se dan actualmente en Venezuela
pueden desembocar en un proceso como el de Cuba, Katz parece dar por
sentado que éste ya está en marcha. Este paso lo da en el debate entre los
proyectos de integración en América Latina, al afirmar que “los opresores
diagraman su horizonte en función de la tasa de beneficio y los socialistas
podrían formular su opción en términos de cooperación y
complementariedad económica. Este es el sentido de contraponer el ALBA
con el ALCA o el MERCOSUR”18.
Para Katz, “el ALBA introduce principios de complementación y solidaridad
opuestos a la competencia y el libre comercio [...] proyecta hacia América
Latina los avances sociales introducidos en Venezuela a partir de cierta
distribución de la tierra, créditos a las cooperativas y una significativa
extensión de los servicios educativos y sanitarios”19. Es decir, un moderadísimo
programa de reformas, acompañado de elementos de socialismo
pequeñoburgués. Para trazar un “porvenir socialista en América Latina”,
Katz reivindica como ejes la realización de algunos planes de coordinación
entre pequeñas cooperativas y el uso de un pequeñísimo porcentaje de la
renta petrolera para medidas de cooperación con Cuba y otros Estados.
Hay dos opciones: o se ha olvidado de la crítica que él mismo realizaba al
cooperativismo en El porvenir del socialismo, de que éste no puede ser base
para una transición al socialismo en los marcos de la economía capitalista,
o tenemos que suponer que Venezuela ya ha comenzado esta transición.
Toda la lógica de Katz hace pensar que se inclina por esta segunda opción.
¡Llamativa la transición al socialismo! Venezuela estaría siguiendo el
camino de Cuba pero sin revolución, es decir sin destrucción del Estado
burgués y sin terminar con la propiedad
privada de los medios de producción.
Peor aún, mientras en Cuba el ejército burgués fue completamente derrotado
y destruido, en Venezuela es un pilar del régimen, y se fortalece día a día.
Terminamos en una “transición al socialismo” en la que juega un rol clave
la política orquestada desde el propio Estado burgués.
Katz encuentra un socialismo donde no hay más que una farsa de los
nacionalismos burgueses de la primera mitad del siglo XX. Por eso, su
visión lo lleva en camino opuesto de las verdaderas tareas para preparar hoy
la transición al socialismo: pelear por la mayor independencia política de la
18. Katz, “Socialismo o neodesarrolismo”, op. cit.
19. Katz, El rediseño de América Latina, Bs. As., Luxemburg, 2006, p. 13.
138 LUCHA DE CLASES
clase obrera, dotando de un programa revolucionario a los sectores que
sacan las lecciones más avanzadas en el marco de la actual “lucha por reformas”
que reivindica Katz, uniendo las reivindicaciones de los trabajadores
y el conjunto de los oprimidos en una lucha común, contra el imperialismo
y sus aliados, las burguesías latinoamericanas. Sólo puede pensarse un verdadero
porvenir socialista, peleando por que la clase obrera pueda articular
una alianza de clases que permita atacar de raíz los males generados por el
capitalismo, planteando su superación revolucionaria. Es la vía de ganar a
los sectores expoliados por el capital, bajo la hegemonía de la clase obrera.
2. CATASTROFISMO O MARXISMO
Si Katz se desliza hacia posiciones cada vez más reformistas, flaco favor
le hace al marxismo revolucionario la respuesta de Rieznik. Éste hace una
defensa del catastrofismo como eje central de la concepción marxista. Aunque
denuncia correctamente la lógica evolutiva que está implicada en las
posiciones de Katz, termina identificando el marxismo con la predicción
de la catástrofe siempre inminente, deslizándose del materialismo histórico
a su versión caricaturizada.
¿MARX CATASTROFISTA?
El eje central del texto de Rieznik es que todos lo que, como Katz, no
son catastrofistas, se deslizan hacia el reformismo. Plantea que la defensa
de la revolución es equivalente a la defensa del catastrofismo. Para poder
hacer esto, debe plantear que Marx era catastrofista: “El Manifiesto Comunista
de 1848 se coloca en el terreno del ‘preludio inmediato de la revolución
proletaria’ […] El catastrofismo de Marx se despliega a partir de la conciencia
sobre la ‘inminencia de la revolución’”20.
Rieznik parte de un hecho real: que Marx veía en 1848 a la revolución
como un hecho inminente. Si la afirmación anterior estuviese planteada
para analizar el posicionamiento de Marx ante esa revolución, poco
tendríamos para objetar. Pero el término catastrofista es utilizado como
definición general y por ende utilizado para definir al marxismo: “La
conciencia ‘catastrofista’, inclusive concebida como inminencia de la revolución,
es un rasgo distintivo original del marxismo, de su concepción del hombre
y la historia. Marx y Engels fundan esa concepción, la que dominará luego
toda su práctica intelectual, política y militante, como un discurso de la
revolución. Es lo que pone de relieve el español Ciro Mesa, en un estudio
reciente muy interesante y más que recomendable: ‘sus escritos (los de
20. Rieznik, op. cit.
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 139
Marx) se encuentran atravesados por el pensamiento de que la revolución
está a la vuelta de la esquina, de que puede acontecer en el instante siguiente’”21.
El catastrofismo es defendido entonces con el siguiente razonamiento:
como la catástrofe está a la “vuelta de la esquina” también lo está la revolución.
Esta dinámica, en la que la revolución siempre está cerca, es lo que definiría
al marxismo. Y como la catástrofe es recurrente, y es la base de la
revolución, es el único momento que existe en la realidad. La historia es
entonces la sucesión cronológica de catástrofes, en la que no hay cambios
en la situación. Pero si esto es así, el análisis de la realidad se convierte en
la constatación abstracta de la catástrofe. Y el materialismo histórico, el
análisis concreto de situaciones concretas, pierde todo sentido.
ESTABILIDAD Y CRISIS DEL CAPITALISMO
Marx, sin duda, logró captar la crisis como un momento necesario e
inevitable en el movimiento contradictorio del capitalismo. La circulación
del capital enfrenta riesgos a cada paso. Por ejemplo hay ramas económicas
que no pueden vender su producción a pesar de que haya
crecimiento. También puede ser que haya crisis porque el capital queda
inmovilizado sin producir al faltar materias prima claves (o porque los
trabajadores se declaran en huelga). Estos son sólo algunos ejemplos de
elementos de crisis parcial, que se dan constantemente a nivel de ramas, o
de empresas particulares, incluso en épocas de bonanza.
En ese sentido, es innegable que la crisis –parcial– es un fenómeno que
acompaña casi permanente el devenir del capital. Pero esto no es lo mismo
que la crisis generalizada, que desnuda todas las miserias que el capitalismo
tiene para ofrecer a las masas, y puede incluso conducir a la bancarrota a
sectores importantes de los capitalistas.
Pero incluso la crisis generalizada no es más que un momento dentro
del movimiento de la economía capitalista. Aunque el momento de la crisis
puede abrir paso a una crisis revolucionaria, esto es sólo en caso de ser
aprovechada por la lucha revolucionaria de los trabajadores: “Esta mecánica
interna del desarrollo capitalista a través de la incesante alternancia de
crisis y boom es suficiente para mostrar cuán incorrecta, unilateral y
anticientífica es la idea de que la actual crisis, a la vez que se agrava, deba
prolongarse hasta que se establezca la dictadura del proletariado, independientemente
de si esto sucede el año que viene, o en tres años o más, a
partir de hoy”22. Porque ninguna crisis se extiende de manera indefinida, y
si no logra ser aprovechada, la burguesía eventualmente logra salir del borde
21. Ídem.
22 . Trotsky, “Flujos y reflujos” en Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la economía de
transición, Bs. As., CEIP, 1999, p. 65.
140 LUCHA DE CLASES
del abismo. El pensamiento de Marx permite comprender este pasaje de la
crisis a la estabilidad, aunque ésta no sea más que precaria y relativa y
prepare nuevas crisis futuras.
Por eso, aunque el pensamiento de Marx incorpora la dimensión de la
catástrofe, y ésta es un momento clave para la política revolucionaria, es
captada como parte de un movimiento más general. Esta concepción sirve
explicar situaciones concretas de forma concreta: permite ver que hay
momentos, como 1848, de crisis catastróficas, momentos en los que la revolución
está cerca y debemos estar preparados para ella. Y momentos en que el
capitalismo logra una estabilización o equilibrio inestable, aunque las contradicciones
del desarrollo capitalista permitan prever nuevas crisis futuras.
LA OMISIÓN DE RIEZNIK
“Luego de la incumplida revolución del ‘50 […] tanto Marx, como Engels,
siguieron siendo ‘catastrofistas’ […] El catastrofismo, este catastrofismo, está
unido umbilicalmente a las concepciones de un socialismo riguroso, científico,
revolucionario. Siempre fue así y siempre lo será”23. Para Rieznik, la crisis,
concebida como catástrofe, no es un momento (válido) de la realidad, sino
algo constante. Y este entumecimiento del pensamiento se lo endilgan al
propio Marx, falseando y ocultando su recorrido teórico y político.
La visión de Marx era que en 1848 la revolución era inminente. Su
concepción le permitía captar el momento de la crisis como algo concreto.
Y de este análisis desprendía determinadas tareas políticas. Por poco
más de un año (1849 y principios de 1950), Marx, al igual que muchos
otros, opinaba que el triunfo de la contrarrevolución24 no sería duradero,
que se avecinaba una nueva oleada revolucionaria. En el exilio de
Londres intenta entonces, junto con
otros dirigentes que fueron llegando
en los últimos meses de 1849, reorganizar la Liga de los Comunistas y
prepararse para la revolución.
Marx dedica sus principales esfuerzos a la creación de un periódico
político y económico: la Nueva Gaceta Renana. En este periódico se publican,
por ejemplo, una serie de artículos que son conocidos como Las luchas de
clases en Francia, y tres importantes análisis de la coyuntura económica y
política internacional. Los dos primeros (escritos entre enero y abril)
consideran que el nuevo estallido revolucionario es inminente y esta idea
preside la reorganización de la Liga, como se plantea en la circular del
Comité central de marzo 1850.
23. Rieznik, op. cit.
24. “La victoria reaccionaria en París el 13 de junio es la primera de una serie que
consagra, en el verano de 1849, el triunfo de la contrarrevolución en toda Europa. El 30 de
Junio cae la república romana. El 23 de julio capitulan en Rastatt los restos del ejército
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 141
revolucionario de Baden y el Palatinado, a fines de ese mes entran los croatas en Prest,
Kossuth dimite y huye de Hungría, el 13 de agosto el ejército húngaro capitula ante los
rusos en Villanos y el 22 de agosto sucumbe el último reducto de las revoluciones del 48:
la república de Venecia”. Claudín, Marx, Engels y la revolución de 1848, Madrid, Siglo XXI,
1985 p. 226.
25. Claudín, op. cit. p. 229.
26. Citado en Claudín, op. cit., p. 230.
Hasta aquí podría decirse que la visión de Rieznik es fiel a la historia. Pero
todo se acaba si vemos qué ocurrió después con la Liga de los Comunistas. Los
“primeros pasos de reorganización de la Liga se ven rápidamente contrarrestado
por dos factores: la intensificación de la acción represiva contra los focos
subsistentes de las derrotadas fuerzas democráticas y obreras; la grave escisión
que sufre la liga en septiembre [de 1850]. El conflicto surge a consecuencia de
la conclusión a que llegan Marx y Engels en el verano de 1850, después de
investigar más a fondo la coyuntura económica internacional, de que no puede
esperarse para lo inmediato el nuevo estallido revolucionario”25.
Lejos de los planteos de Rieznik de que Marx ”siguió siendo
catastrofista”, Marx cambió su caracterización sobre la inminencia de la
catástrofe y de la revolución, sin que esto signifique que haya cambiado su
concepción del hombre y de la historia. Pero este cambio en la caracterización
fue cuestionado por un sector de la Liga que opinaba que un nuevo ascenso
revolucionario era inminente y que lo que debía pensarse era la forma de
organizar victoriosamente la insurrección. Estas diferencias llevaron a la
ruptura de la Liga de los Comunistas. Así, el cambio en la caracterización,
tuvo consecuencias políticas, al igual que las tiene mantener la idea de que
la catástrofe está a la vuelta de la esquina por la simple constatación teórica
de que las contradicciones del capitalismo son insalvables.
El planteo de Marx, al poner de manifiesto que mientras durase el crecimiento
era imposible la revolución, fue interpretado como una renuncia a la misma:
“Nos llaman reaccionarios –dice Marx en su intervención ante el Comité del 15
de septiembre de 1850– a fin de hacernos impopulares”26. Con sus planteos de
que el capitalismo “en cualquier momento puede caer”, el PO parece estar cerca
del sector de la Liga que seguía manteniendo la caracterización de 1848.
METAFÍSICA DE LA CATÁSTROFE
Con esto vemos que Rieznik, para justificar el catastrofismo de Marx,
debe falsear la realidad. Su afirmación de que quien no es catastrofista no
es revolucionario cae por el peso de la historia. Esto es la consecuencia de
transformar la catástrofe en “la concepción del hombre y de la historia”, de
transformar el materialismo histórico en metafísica de la catástrofe.
Rieznik plantea que “Marx retomó así para su propia cosecha lo mejor
de la filosofía de Hegel en la cual se había formado”. Esto es completamente
142 LUCHA DE CLASES
correcto, aunque nosotros agregaríamos que lo hizo críticamente. Por ejemplo,
le criticaba que en su análisis de la monarquía constitucional, “No dice que
la voluntad del monarca sea la decisión última, sino que la decisión última
de la voluntad es el monarca”27. Esto convertía al análisis de Hegel en un
axioma metafísico.
Rieznik, en su afán polémico, parece haber tomado alguno de los vicios
de Hegel. Veamos por qué: “La catástrofe del capital, o lo que es la tendencia
a la disolución social que implica su existencia más allá de las premisas que
lo tornaron un fenómeno histórico necesario (y episódico entonces a la
escala de la Historia), es lo que Marx llamó la labor del viejo ‘topo’, precisamente
porque es la destrucción del capital que se prepara como resultado
de las leyes de movimiento, desarrollo... y descomposición del propio capital”28.
Pero para Marx la labor del viejo topo no es otra cosa que la lucha de
clases29. En Rieznik el viejo topo no es la lucha de clases dentro de ciertas
posibilidades económicas, históricas y sociales, sino que lo transforma en
la catástrofe del capital30. Lejos de esto, la historia y las revoluciones son
producto de la actividad de los hombres y no de la catástrofe: “Los hombres
hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias
elegidas por ellos mismo, sino bajo aquellas circunstancias con que
se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas en el pasado”31.
NO PERDER EL CAMINO
Parece que para el PO, la pérdida del horizonte de la crisis revolucionaria
es el único o principal riesgo al que se enfrentan los revolucionarios.
Entonces, nada mejor que verlas en todo momento como algo inminente:
“Plantear entonces que este sistema camina al borde del precipicio y en
cualquier momento puede caer, ayuda a dar cuenta de que la revolución es
posible y no sólo eso, sino que ‘puede acontecer al instante siguiente’. Por
27. Marx, “Crítica del derecho del Estado de Hegel”, en Escritos de juventud, México
DF, Siglo XXI, 1982, p. 338.
28. Rieznik, op. cit.
29. “La revolución es radical. […] Lleva primero a la perfección el poder parlamentario,
para poder derrocarlo. Ahora, conseguido ya esto, lleva a la perfección el poder ejecutivo,
lo reduce a su más pura expresión, lo aísla, se enfrenta con él, como único blanco contra el
que debe concentrar todas sus fuerzas de destrucción. Y cuando la revolución haya llevado
a cabo esta segunda parte de su labor preliminar, Europa se levantará, y gritará jubilosa:
¡bien has hozado, viejo topo!”. Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Bs. As., Siglo 22,
2000, p. 87.
30. Podríamos decir que Rieznik, convierte todos los atributos del “viejo topo” en
autodeterminaciones absolutas del derrumbe del capital. No dice que de las contradicciones
del sistema surge el proletariado como sujeto capaz de destruir al capital, sino que “La
catástrofe del capital […] es lo que Marx llamó la labor del viejo ‘topo’”.
31. Ibídem, p. 13.
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 143
32. Rivas, “En defensa del catastrofismo”, Prensa Obrera Nº 976.
33. Gramsci, Notas sobre Maquiavelo, Bs. As., Nueva Visión, 1984, pp. 60/61.
34. En el caso de PO, lo lleva a la primacía de las luchas económicas por mejoras
inmediatas, sin preocuparse por su desarrollo hacia luchas políticas, ya que la inminencia de
la revolución, las transformaría en directamente revolucionarias.
ende el discurso del derrumbe sirve a la unidad y a la lucha, y el de los
desequilibrios… a la desmoralización”32. El catastrofismo es la guía que
deben tener los revolucionarios para su acción. De esta forma se convierte
en una zanahoria delante del caballo para que no pierda el camino.
Pero además, el PO tiende a presuponer que crisis económica significa
revolución. Pero como ya señalaba Gramsci: “Otra cuestión es la de determinar
si las crisis históricas fundamentales son provocadas inmediatamente por
las crisis económicas. [...] Se puede excluir que las crisis económicas
produzcan, por sí mismas, acontecimientos fundamentales; sólo pueden
crear un terreno más favorable a la difusión de ciertas maneras de pensar,
de plantear y resolver las cuestiones que hacen a todo el desarrollo ulterior
de la vida estatal. [...] En todo caso, la ruptura del equilibrio de fuerzas no
ocurre por causas inmediatas de empobrecimiento del grupo social que
tiene interés en romper el equilibrio y de hecho lo rompe”33.
El catastrofismo no sólo es una “zanahoria” que desvirtúa el papel del
marxismo para explicar la realidad, sino que hace perder el eje de la actuación
de los revolucionarios, que es la organización política de los sectores de
vanguardia del proletariado, en estrecha relación con las masas obreras,
para poder intervenir revolucionariamente cuando efectivamente sobrevienen
momentos de crisis. Y plantea todo tipo de peligros, porque como alertaba
Trotsky, en momentos en que la clase obrera viene golpeada y falta unión
de sus filas, “una crisis prolongada, aunque sin ninguna duda hubiera aumentado
el resentimiento de las masas trabajadoras (especialmente de los
desocupados y los subocupados), sin embargo, simultáneamente, hubiera
tendido a debilitar su actividad, porque ésta está íntimamente ligada a la
conciencia de los obreros de su rol irremplazable en la producción”. Por
eso, la vulgarización catastrofista puede conducir a todo tipo de desviaciones34.
LA TEORÍA DEL DERRUMBE
Ya hemos visto que la posición catastrofista que Rieznik le atribuye a
Marx es incorrecta, ya que Marx analiza concretamente la situación del
capitalismo, definiendo el momento como de crisis o de bonanza según la
realidad. También vimos que en la polémica, Rieznik tiende a una metafísica
de la catástrofe, que se transforma en un discurso para fundamentar la
construcción y la práctica del PO. Por último, vimos como Gramsci afirma
que la catástrofe económica no es lo que necesariamente produce acontecimientos
fundamentales, y Trotsky que bajo ciertas circunstancias puede
144 LUCHA DE CLASES
debilitar al proletariado. Entonces, aunque es correcto criticar la visión
evolutiva y el giro reformista de Katz, poco ayuda abrazar un catastrofismo
para toda época.
Lo que es fundamental dejar en claro es que el catastrofismo tampoco
es en sí mismo reaseguro de ninguna posición revolucionaria. La teoría del
derrumbe no está de ninguna manera asociada exclusivamente a las tendencias
y prácticas revolucionarias. Por empezar ¿cuál es la teoría del derrumbe
que reivindica Rieznik? ¿Será la visión mecanicista de Kautsky, la que
proponía Rosa Luxemburgo? Nunca lo dice. En ningún momento, cuando
nos plantea que la teoría del derrumbe está “en el alma del marxismo”,
aclara a qué está haciendo referencia concretamente.
Esto no es algo menor. No se puede olvidar que el propio Kautsky hizo
suya esta teoría e incluyó la idea del declive económico y del derrumbe en
el Programa de Erfurt. Pero en Kautsky, esta noción va acompañada sin
fisuras por la convicción de que el eje de la lucha política del proletariado
pasa en lo inmediato no por destruir el Estado burgués y establecer la
dictadura del proletariado, sino por la acción parlamentaria, como muestra
en sus comentarios al programa: “La clase obrera, al igual que todas las
otras clases, debe tratar de ejercer influencia sobre las autoridades estatales,
para que éstas tengan que actuar a favor de ella. […] Cuando el proletariado
se dedica, como clase consciente de sí, a la actividad parlamentaria, el
parlamentarismo comienza a cambiar de carácter. Deja de ser un mero
instrumento en manos de la burguesía [...] Es la palanca más poderosa para
liberar al proletariado de su degradación económica, social y moral”35. O
sea, que aunque Kautsky afirma que “las fuerzas irresistibles de la economía
se dirigen inexorablemente al naufragio de la producción capitalista”36 prescribe
una práctica evolutiva y reformista. Por eso se puede entender que en el
debate con las posiciones revisionistas de Bernstein37, no hay divergencias
en la práctica inmediata.
Así como la de Kautsky era una definición abstracta y carente de
significado inmediato, acompañada de una actividad rutinaria que no conducía
a ninguna ruptura con el régimen burgués, la metafísica de la catástrofe de
Rieznik termina también careciendo de cualquier significado inmediato, y
no necesariamente “sirve a la unidad y a la lucha” revolucionaria. Porque el
35. Kautsky, Notas al programa de Erfurt, traducido de la versión inglesa de
www.marxists.org.
36. Ídem.
37. Bernstein sostenía que el fin de la larga depresión y los cambios del capitalismo –
el crecimiento de los monopolios, el desarrollo mundial de los mercados y la mayor
gravitación del sistema de crédito– demostraban que éste era capaz de resolver su tendencia
la crisis. Planteaba entonces que el eje de la actividad socialdemócrata no pasaba por la
destrucción del Estado burgués sino por la conquista de mejoras y la mayor representación
política de la clase obrera en las instituciones parlamentarias.
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 145
catastrofismo plantea dos alternativas: o se es consecuente con él, y se
reedita una lógica de la ofensiva permanente y sin tregua a un capitalismo
que estaría siempre ante la inminencia de la crisis o, para sostener una
cierta cordura de la práctica, se establece una separación entre el diagnóstico
y la acción, entre la economía y la política. Pero entonces el marxismo
pierde ya todo atisbo de cientificidad. Si Rieznik afirma –con bastante
razón– que Katz se desliza hacia el socialismo utópico, podríamos decir
que Rieznik amenaza deslizarse a un utopismo catastrofista.
Es verdad que las distintas versiones de la “Teoría del derrumbe” parten
correctamente del hecho que las crisis son producto de las contradicciones
del sistema y que por ello son inevitables38. Aunque ven que existen
contratendencias, opinan que éstas sólo retrasan la crisis, haciendo más
explosiva la situación. Esto vale tanto para las crisis cíclicas, como para las
de más largo plazo. De esto desprenden que en cada crisis, sea coyuntural
o no, se expresan las tendencias del capitalismo a su disolución. Y que
aunque se logre salir de una crisis, el resultado es siempre un nuevo ciclo
más convulsivo. Por último, que cuando es imposible salir de esa crisis, es
una crisis terminal, el derrumbe del capitalismo.
Es verdad que las crisis suelen expresar las contradicciones más profundas
del capitalismo. En ese sentido Trotsky decía que las crisis cíclicas son un
fenómeno derivado, una manifestación. Pero también relativizaba sus alcances,
en el sentido de que el capitalismo se mueve necesariamente a través de
crisis, que éstas son equivalente a los latidos del corazón. Pero esta analogía
con los organismos vivos, tiene también otra implicancia. Los ciclos no son
siempre iguales: no era lo mismo el desenvolvimiento del capitalismo en la
época de Marx (que señalo que los ciclos tenían aproximadamente 10 años)
que en el momento en que Trotsky escribía, de profundas y agudas convulsiones.
Cada momento del capitalismo, plantea ciclos más “estables” o más
convulsivos. Por esto es necesario enmarcar las crisis dentro de una concepción
más abarcativa de desenvolvimiento del capitalismo.
3. ¿DERRUMBE VS. GRADUALISMO,
O DECLINACIÓN?
Katz apoya sus apologías del socialismo del siglo XXI en una visión
gradualista. Se prepara para un período en el que la crisis y la revolución
salen de la escena de los países centrales y en el que, por ende, se va a dar
una larga transición al socialismo en la periferia. El crecimiento de los
38. Una de las diferencias entre las distintas corrientes de la “teoría del derrumbe” es
tener una teoría de las crisis distinta. Respecto a esto existen varias visiones unilaterales,
por ejemplo el subconsumismo de Rosa Luxemburgo. Pero como Rieznik no se pronuncia
por ninguna interpretación en particular y simplemente hace una defensa de trazo grueso
146 LUCHA DE CLASES
últimos 5 años lo animó a apoyar cada vez más decididamente la perspectiva
de que podría haber varios años de mini boom, que reedite en pequeña
escala el que se dio en la posguerra. Al centrar su análisis en la dinámica del
capital, donde el horizonte más cercano al socialismo hoy son las “luchas por
mejoras” y el publicismo socialista, no hay en Katz un horizonte de ruptura.
Se le pierde que el capitalismo no empieza cada ciclo de acumulación
desde cero, sino que sufre una maduración y envejecimiento. Por eso Trotsky
planteaba: “Las crisis y los booms son propios del capitalismo desde el día de
su nacimiento; le acompañarán hasta la tumba. Pero para definir la edad del
capitalismo y su estado general, para establecer si aún está desarrollándose, o
si ya ha madurado, o si está en decadencia, uno debe diagnosticar el estado
de los ciclos, tal como se juzga el estado de un organismo humano, según
como respira, tranquila o entrecortadamente, profundo o suave, etc.”39.
Katz sobreestima las capacidades del capitalismo para regenerar las bases
de su acumulación por medios pacíficos. Ya Trotsky respondía en los treinta
a los que en su época teorizaban contra los colapsos: “La vida del capitalismo
monopolista de nuestra época es una cadena de crisis. Cada una de las
crisis es una catástrofe. La necesidad de salvarse de esas catástrofes parciales
por medio de murallas aduaneras, de la inflación, del aumento de los gastos
gubernamentales y de las deudas prepara el terreno para otras crisis más
profundas y extensas. La lucha por conseguir mercados, materias primas y
colonias hace inevitable las catástrofes militares. Y todo ello prepara
ineludiblemente las catástrofes revolucionarias. Ciertamente no es fácil
convenir con Sombart en que el capitalismo actuante se hace cada vez más
‘tranquilo, sosegado y razonable’. Sería más acertado decir que está perdiendo
sus últimos vestigios de razón. En cualquier caso no hay duda de que la
‘teoría del colapso’ ha triunfado sobre la teoría del desarrollo pacífico”40.
Comentando este texto de Trotsky, planteamos en Estrategia Internacional:
“en su caso, la ‘fase catastrófica’ no está limitada a la crisis de la economía.
Su ‘teoría del colapso’ es entendida no como un catastrofismo meramente
económico sino como la concatenación de catástrofes económicas, militares
y revolucionarias, es decir una articulación entre crisis, políticas de Estados
(hegemonía) y lucha de clases”41.
Como Katz da la espalda a esto, está fuera de duda que Rieznik está en lo cierto
cuando afirma que se transforma en un “agrimensor del capital”. Una especie
de nuevo Sombart, esta vez “socialista”, que niega toda ”teoría del colapso”.
de la teoría del derrumbe, se hace imposible saber cuál es la dinámica que plantea para las
crisis. Sin embargo, el énfasis que distintos artículos del PO ponen en la caída de la tasa de
ganancia, lo emparenta a la visión de Grossmann y Mattick.
39. Trotsky, “La situación mundial”, en Naturaleza y dinámica…, op. cit., p. 46.
40. Trotsky, “El marxismo y nuestra época” en Naturaleza y dinámica …, op. cit. p. 184.
41. Albamonte y Romano, “Trotsky y Gramsci, convergencias y divergencias” en
Estrategia Internacional N° 19, enero 2003.
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 147
DECLINACIÓN CAPITALISTA E IMPERIALISMO
Trotsky planteaba en 1937 que en: “los últimos 20 años […] a pesar de las
recientes conquistas de la ciencia y la tecnología, ha empezado decididamente
la época de estancamiento e incluso de declinación” del capitalismo. Por
eso concluía que se ha transformado “de régimen relativamente reaccionario
en régimen absolutamente reaccionario”42. No porque no pueda seguir creciendo,
sino porque incluso cuando lo logra, los costos sociales son ampliamente
mayores que los beneficios. Para lograr un respiro y perpetuarse más
allá del siglo XX, fue necesaria la destrucción por parte de la potencia
hegemónica de sus competidores, y fuertes ataques al proletariado.
Por eso Trotsky planteaba que el capitalismo había entrado en su etapa
de declinación. El “envejecimiento”, la declinación del capitalismo, tiene
que ver con el hecho de que las relaciones de valor tienen una base más
estrecha. La ley del valor, la ley básica del capitalismo, encuentra crecientes
dificultades para desenvolverse automáticamente. Es esto lo que declina, lo
que está por detrás de los esfuerzos cada vez más costosos del capitalismo
por su sobrevivencia.
Al respecto, Hillel Ticktin
plantea: “Es de destacar que el concepto de
declinación no es sencillamente un argumento empírico sino que parte del
punto de vista de que el capitalismo pasa por una serie de etapas y que la
última de estas es de declinación. Es un período de declinación de la ley del
valor, como ley básica del capitalismo, i.e. un período en el que ésta se vuelve
crecientemente disfuncional y es remplazada por otros sustitutos. El imperialismo
y el guerrerismo son en este sentido un resultado directo de esta declinación.
[…] Nada de esto impide necesariamente el crecimiento del capitalismo, su
expansión a nuevos terrenos, ni incluso el aumento del nivel de vida de la
población. Sin embargo, hay una brecha creciente entre lo que es materialmente
posible y lo que efectivamente se produce, y una tendencia también
creciente hacia crisis prolongadas, que podrían o no ser terminales”43.
El imperialismo, es decir el mayor entrelazamiento entre las corporaciones
capitalistas, la primacía de los bancos y el capital financiero, y el desarrollo
del guerrerismo por parte de las principales naciones capitalistas, respondía
a este fenómeno profundo. Aunque no es anulada como ley básica del
capitalismo, la ley del valor sufre negaciones parciales. Este es el rol que
juegan el saqueo de las colonias, el monopolio, los negociados con el Estado,
que no niegan que la base de la ganancia sea la explotación de la fuerza de
trabajo, ni que sigue existiendo como regla general el intercambio de equivalentes.
Pero el robo y el saqueo orquestado desde los Estados capitalistas
42. Trotsky, “A 90 años del manifiesto comunista” en Naturaleza y dinámica…, op. cit.,
p. 162.
43. Ticktin, “Trotsky, 1905 and the anticipation of the concept of decline” en 100
Years of Permanent Revolution, Londres, Pluto Press, 2006, p. 35.
148 LUCHA DE CLASES
más poderosos, empiezan a tener una gravitación mayor que en el siglo
XIX en la acumulación de capital.
Esta nueva realidad del capitalismo explica el marco general que llevó a
Lenin a caracterizar el siglo XX como una época de “crisis, guerras y revoluciones”,
como una época atravesada por la actualidad de la revolución proletaria.
ÉPOCA DE CRISIS, GUERRAS Y REVOLUCIONES
Aunque el capitalismo ha podido lograr nuevos ciclos de crecimiento, estos
han sido alcanzados por crisis mucho más agudas y “cotidianas” que en los
momentos en que el capitalismo todavía estaba ensanchando sus fronteras, y
tenía por delante muchas ramas del trabajo por subsumir bajo su órbita.
¿Hay bases en la historia para el optimismo de los que estiman que el
capitalismo puede remontar sus contradicciones mucho menos
traumáticamente en este siglo XXI? No es fácil encontrarlas. Todos los
gradualistas, desde Bernstein hasta quienes durante el boom de la segunda
posguerra abrazaron teorías similares, fueron desmentidos por la historia.
Desde comienzos del siglo XX hasta la segunda posguerra el capitalismo
pasó por sus períodos más convulsivos: dos guerras mundiales; la crisis del
‘30; revoluciones en Rusia, Alemania, China, España, México y procesos
revolucionarios en otros países; el fascismo y el nazismo, sólo para nombrar
los procesos más importantes, además del surgimiento de los EE.UU. como
principal potencia y la correlativa declinación inglesa. Las contradicciones
del sistema eran tan grandes que al capitalismo no le alcanzó con una guerra
mundial para recomponerse, fue necesaria una segunda, con 100 millones de
muertos y la destrucción de Europa para que el capitalismo volviese a encontrar
bases para el crecimiento.
En 1921 Trotsky planteaba que las bases para un nuevo equilibrio
capitalista eran endebles: “durante el período en que hemos ingresado,
período de retribuciones por la destrucción y la ruina de la guerra, período
de regreso al viejo estado económico, todo resurgimiento tiene que ser
superficial, puesto que será provocado por la especulación, mientras que
las crisis serán más largas y profundas”44. Pero esto no negaba la posibilidad
de un nuevo equilibrio capitalista: “En tal caso, el restablecimiento del
equilibrio capitalista sobre nuevas bases, ¿es posible? Si admitimos por un
momento que la clase obrera no se alzará en una lucha revolucionaria, sino
que le dará la oportunidad a la burguesía de dirigir los destinos del mundo
durante largos años, digamos dos o tres décadas, entonces, con toda seguridad
será restaurado algún tipo de equilibrio [...] Después del establecimiento
de nuevas divisiones del trabajo en el mundo por semejante vía dolorosa,
en quince, veinte, veinticinco años, acaso pueda comenzar una nueva época
44. Trotsky, “La situación mundial”, op. cit., p. 50.
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 149
del resurgimiento capitalista”45. Es decir que si el proletariado no lograba
evitar una futura catástrofe, el capitalismo iba a encontrar las bases para el
crecimiento, y lo logró luego de la segunda guerra mundial.
Pero este crecimiento no significó la superación del “imperialismo como
fase superior del capitalismo”: los trusts siguieron existiendo como respuesta
para sostener las tasas de ganancia y evitar que la competencia liquide las
bases cada vez más estrechas para la extracción de plusvalía. El boom de
posguerra no significó una vuelta a un capitalismo de libre competencia,
sino que fue posible gracias a las grandes ganancias que obtuvieron los
monopolios en la reconstrucción de Europa. Es decir que el capitalismo no
superó sus contradicciones, sino que sólo logró sacarlas de la escena
momentáneamente. Esto lo consiguió, por un lado, gracias al llamado Estado
benefactor (que surgió en EE.UU. con Roosevelt, y se asentó luego de la
guerra, extendiéndose a Europa occidental apoyado por el Plan Marshall)
que implicó el surgimiento de una fuerte aristocracia obrera en los países
centrales. Por otro lado, como punto de apoyo fundamental para el éxito de
esta política, está el rol de la burocracia stalinista, que llevó a que la ex
URSS Estado fuera un factor más de contención en una situación internacional
marcada por ascensos revolucionarios en Italia, etc. La ayuda de los
PC stalinistas será clave para contener la revolución en el corazón de Europa.
Por eso, la URSS jugando un rol contrarrevolucionario, será un factor
subjetivo clave para constituir un nuevo orden mundial luego de la guerra,
dominado por EE.UU.
Sin embargo, aunque las “crisis, guerras y revoluciones” salieron parcialmente
de la escena en las potencias imperialistas, estuvieron presentes
en la periferia durante toda la etapa. Tenemos, por ejemplo, la revolución
china y la cubana. Pero más aún, a pesar del rol contrarrevolucionario que
jugó la burocracia soviética a favor de las potencias imperialistas, las convulsiones
lograron volver al centro: la guerra de independencia de Argelia
repercutió en su metrópoli, Francia, sentando las bases para la rebelión del
‘68. Y la revolución en Angola impactó en Portugal. Algo similar, aunque
con otras dimensiones, ocurrió con la guerra de Vietnam y EE.UU.
A partir de 1968, el orden de Yalta es enfrentado tanto en el centro
como en la periferia capitalista: desde el mayo francés y la primavera de
Praga, hasta América Latina, todo el mundo capitalista, y el dominio de la
burocracia soviética será amenazado en este gran ensayo general. Las grandes
potencias imperialistas son el corazón de las convulsiones: el crecimiento
económico estaba abriendo paso a una profunda crisis, que expresaba las
tendencias a la sobreacumulación.
Esta crisis marcaba el fin del dominio vigoroso e indiscutido de
Norteamérica, que apenas duró 30 años, a diferencia del de Gran
45. Ídem.
150 LUCHA DE CLASES
Bretaña. La situación trágica de EE.UU., potencia en la época del capitalismo
declinante, es que luego de la segunda guerra, debió encarar
activamente la reconstrucción de sus ex adversarios, Alemania y Japón,
para ahuyentar la amenaza de la revolución proletaria y asentar un orden
mundial bajo su hegemonía. Gracias a esta ayuda, éstas se reconstruyeron
tempranamente y tendieron a alcanzar a la economía norteamericana en
términos de productividad ya en los ‘70.
Por último, así como el boom de posguerra se apoyó en una destrucción
masiva de fuerzas productivas, la fase “gris” de cierto crecimiento que Katz
señala se da desde finales de los ‘80 –acompañada de pocas fricciones entre
los imperialismos y de un desarrollo todavía limitado de la lucha de clases–
tuvo como base la contrarrevolución social que significó la ofensiva
neoliberal, y la restauración capitalista en la Unión Soviética y Europa del
Este. El capital ensanchó sus fronteras geográficas e incrementó la extracción
de plusvalía simultáneamente. En esto jugó un rol central el relanzamiento
de la carrera armamentística por parte de Reagan: el plan faraónico del
escudo antimisiles, que dejó fuera de la competencia a la desgastada burocracia
soviética. Esto y la crisis crónica de la producción, le permitió a la
burocracia aprovechar la avanzada revolucionaria de las masas de finales de
los ‘80 para pasar de apropiadores a propietarios capitalistas de los medios
de producción, transformándola, de agente indirecto, en agente directo
de la restauración capitalista. Por último, la restauración alejó definitivamente
el fantasma de la revolución política, e impuso un horizonte de
triunfalismo capitalista.
El neoliberalismo dio nuevo vigor al capitalismo con el ataque a las conquistas
obreras, el quiebre de las burocracias de los Estados obreros y las grandes
ganancias que consiguieron los monopolios al encolumnar a las burguesías
semicoloniales en el desmantelamiento de todo resto de “Estado benefactor”.
Pero, por otro lado, el crecimiento de la economía norteamericana
estuvo acompañado, no sólo de estancamiento en Japón y magro
crecimiento en Europa, sino de convulsiones catastróficas en toda la
periferia. La crisis de 1997, con el hundimiento de las economías asiáticas
y los sufrimientos impuestos a las masas de esos países generó
un repudio en amplios sectores de la juventud y de trabajadores contra
la especulación financiera y las ganancias extraordinarias de las
corporaciones multinacionales.
La historia, entonces, no parece favorecer a los voceros del gradualismo
que dan la espalda a la perspectiva de grandes convulsiones en el capitalismo
en la actualidad, rechazando la actualidad de la revolución. Ni a los que
quieren saltearse las complejidades de la dialéctica histórica, en la cual la
“época de crisis, guerras y revoluciones” no niega la posibilidad de que el
capitalismo logre períodos de respiro con el avance sobre las condiciones
de vida de los trabajadores.
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 151
CONTRADICCIONES EN EL PANORAMA
DEL CAPITALISMO MUNDIAL
Es cierto que el capitalismo no se caracteriza por una decadencia crónica
e irresoluble, sin ningún desarrollo de las fuerzas productivas. Como bien
plantea Ticktin, no hay contradicción entre la declinación del capitalismo y
las posibilidades de un crecimiento relativamente prolongado.
Agotada la contrarrevolución neoliberal, con los contradictorios resultados
de la restauración capitalista en Rusia y Europa del Este, ¿puede
el avance de la restauración capitalista en China, y su rol como dinamizador
de la economía mundial, ser suficiente para vigorizar el crecimiento mundial
por un período más o menos largo? Hoy reina un gran optimismo al
respecto, al que se suma la perspectiva del rol que pueden jugar las otras
economías fuertes de la periferia, los BRICs, (Brasil, Rusia, India y China).
Optimismo reforzado por el crecimiento de 4 años, y los grandes
negocios que incluyen a las burguesías semicoloniales como plataformas
de mano de obra barata, o proveedoras de recursos naturales y productos
agropecuarios.
Pero aunque los grandes pulpos capitalistas lograron bases para un
mejoramiento de las tasas de ganancias por la baja de salarios, resultado
de décadas de ofensiva neoliberal y la incorporación de la oferta laboral
de China, y además el menor manejo de stocks y capital circulante desarrollado
en los últimos años llevó a la suba de la tasa de ganancia, estos elementos
no han podido ser aprovechados en plenitud por el estrechamiento de la
demanda, limitada cada vez más a los estratos superiores, y con un consumo
crecientemente restringido por parte de los trabajadores y el conjunto de
los sectores populares. Por eso, si comparamos el valor del producto
mundial con las transacciones a futuro, veremos que estas últimas son
cinco veces superiores a las primeras46. Esto muestra que las bases del
capital para valorizarse son estrechas en relación con la masa de capitales
que circulan, con lo cual estos no pueden realizar un proceso de producción
de valor y extracción de plusvalía.
Hoy, a pesar del crecimiento fuerte de la economía mundial en los
últimos años, la crisis amenaza a la economía norteamericana, con sus
crecientes déficit gemelos, y un fuerte consumo basado en un gran endeudamiento.
Ya hemos dado cuenta en otros trabajos del deterioro económico y
social de la economía norteamericana, es decir, “la fuerte pérdida de la
base manufacturera o erosión de su base industrial”47.
EE.UU. es, sin embargo, por su consumo, la base del actual crecimiento
mundial. Ni Japón ni Europa, mucho menos China, pueden aspirar a
46. Stroupe, “Crisis towers over the dollar” en Asia Times Online, 25/11/2004.
47. Juan Chingo, “La debacle en Irak y la decadencia de la hegemonía norteamericana”
en Estrategia Internacional Nº 23, diciembre 2006.
152 LUCHA DE CLASES
reemplazar a EE.UU. como gran consumidor mundial48. Pero por otra
parte “detrás de este deterioro de la posición comercial, hay una realidad
aun más profunda que es la pérdida o el rezago tecnológico. Por ejemplo, la
vanguardia de la ‘nueva economía’ y la informática, constituyeron la revolución
de las telecomunicaciones”49.
En el marco de los comienzos del ocaso de la hegemonía norteamericana
–en el que es impensable la abdicación pacífica de su actual posición dominante
en el sistema internacional– se agravan los elementos que no sólo ponen en
cuestión las posibilidades de sostener el actual ciclo de crecimiento, sino
que indican que éste podría tener un fin abrupto. Por otra parte, los elementos
que actuaron como contención de las crisis durante la posguerra,
principalmente el rol del Estado de bienestar en EE.UU. y Europa occidental, y
el stalinismo como pilar del orden de Yalta, o desaparecieron o se encuentran
en profunda crisis. Los elementos tanto coyunturales como más estructurales,
indicarían más bien que el actual ciclo de crecimiento de la economía
mundial es efímero, y probablemente un preludio de agudos estallidos,
potenciados por la situación de decadencia de la hegemonía norteamericana.
ACTUALIDAD NO ES INMINENCIA
Sin embargo, que estemos en la época de “crisis, guerras y revoluciones”,
no significa que éstas estén a la vuelta de la esquina. Señala la actualidad de la
revolución, aunque no siempre su inminencia. Pero el catastrofismo del PO
transforma la época de crisis, guerras y revoluciones, en “crisis inmediata y
generalizada”: cada caída bursátil es el preámbulo de un nuevo crack que se
viene de manera inexorable. Incluso van más allá que la corriente lambertista
de la que fueron parte hasta fines de los ‘70. Si esta corriente sostenía que
había una crisis revolucionaria ininterrumpida desde 1943 en adelante, Rieznik
retrotrae esta situación… ¡hasta 1848! Casi 160 años de inminencia de la
revolución. Desaparece así cualquier especificidad de la época imperialista.
Así como el gradualismo de Katz es la renuncia a un pensamiento estratégico
de la revolución, el carnaval de la revolución que nos propone Rieznik,
independientemente de los factores objetivos y subjetivos, expresa la incapacidad
de comprender las complejidades de la dialéctica histórica. El
marxismo, a diferencia de los distintos catastrofismos o estancacionismos,
busca captar las complejidades del movimiento del capitalismo, cuya
sobrevida, sólo puede darse a costa de los trabajadores y de una gran
destrucción de fuerzas productivas. Por eso, para definir con claridad las
48. Según un informe elaborado por Mastercard, China tiene una capacidad de consumo
similar a la de España. Por otra parte, Japón apenas supera un tercio la capacidad de
consumo de EE.UU., y Alemania está detrás de ésta (“Chasing the mythical China
consumption boom”, 08/01/07).
49. Juan Chingo, op. cit.
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 153
tareas del momento, y la situación del proletariado para proponerse el
derrocamiento del capitalismo, es fundamental definir y separar con claridad
los momentos de crisis abierta de los que no lo son.
Para poder abordar la dialéctica histórica, y no perderse en un mar de
catástrofes invariables, es fundamental recordar con Trotsky que la actual
etapa del capitalismo “revela más abiertamente que nunca la conexión entre la
economía capitalista, que ha llegado a la cima de su saturación, con la política
capitalista, que se ha transformado hasta ser completamente desenfrenada”50.
El rol mucho más entrelazado entre economía y política para influir en los
virajes de situación, es analizado por Trotsky a través de su estudio del equilibrio
capitalista. ¿Cuál es la noción de equilibrio capitalista para Trotsky?: “El
equilibrio capitalista es un fenómeno complicado; el régimen capitalista construye
ese equilibrio, lo rompe, lo reconstruye y lo rompe otra vez, ensanchando,
de paso, los límites de su dominio. En el dominio económico, las crisis y las
recrudescencias de la actividad constituyen las rupturas y restablecimientos
del equilibrio. En el dominio de las relaciones entre las clases, la ruptura del
equilibrio consiste en huelgas, en lock-outs, en lucha revolucionaria. En el
dominio de las relaciones entre Estados, la ruptura del equilibrio es la guerra
generalmente, o bien, más solapadamente, la guerra de las tarifas aduaneras,
la guerra económica o bloqueo. El capitalismo tiene pues un equilibrio
inestable que de vez en cuando se rompe y se compone. Al mismo tiempo,
semejante equilibrio posee gran fuerza de resistencia: la mejor prueba que
tenemos de ella es que aún existe el mundo capitalista”51.
El método de Trotsky, única base para lograr una verdadera articulación
entre las determinaciones del capitalismo mundial y las particularidades con
las que éstas se desarrollan en uno u otro Estado, permite también integrar
los distintos giros de la situación, el pasaje del equilibrio capitalista a la
catástrofe se puede abordar bajo una unidad metodológica, como momentos
en los que se articula de distinta forma, la situación económica, la relación
entre los Estados y la lucha de clases en el centro y en la periferia capitalista.
Tanto Katz como Rieznik muestran su miseria de método frente a esta
noción de equilibrio inestable. Las contradicciones del actual momento,
que se acumulan pero aún no han estallado de forma catastrófica, pueden
ser abordadas desde esta noción, para prever los giros probables, y deducir
acertadamente las tareas que debemos llevar adelante los marxistas.
4. A MODO DE CONCLUSIÓN
Katz y Rieznik son dos polos opuestos pero que comparten una lógica
economicista y se retroalimentan. El primero apela a las críticas al
50. Trotsky, “La curva del desarrollo capitalista” en Naturaleza y dinámica…, op. cit. p. 73.
51. Trotsky, “La situación mundial”, op. cit., p.31.
154 LUCHA DE CLASES
catastrofismo con el objetivo de disfrazar de socialista su gradualismo.
Embelesado por el actual crecimiento económico, inventa un socialismo
donde no lo hay. Su análisis de los nacionalismos radicales, de la disputa
entre “neodesarrollismo y socialismo” tiene la función de embellecer la
situación actual y justificar a gobiernos como el de Chávez.
La respuesta de Rieznik, lejos de utilizar el marxismo para llamar a las
cosas por su nombre, le contrapone una catástrofe constante, derivada de las
contradicciones “insalvables” del capitalismo, que saltea la dialéctica real del
proceso histórico. Por eso, el resultado de su respuesta no es más que una
reedición farsesca del debate entre reforma o revolución, que poco aporta
para pensar los desafíos a los que debemos responder los marxistas hoy. Y
que en última instancia, como promete la revolución “inminente”, habilita a
sobreestimar cualquier lucha por mejoras bajo cualquier circunstancia
objetiva y subjetiva. Porque como ya vimos con Kautsky, el discurso teñido
de catástrofes no es garantía de una práctica revolucionaria.
Pero para cambiar la realidad, primero hay que comprenderla. Si al estatismo
burgués lo llamamos socialismo, si en pleno auge económico sólo
vemos catástrofe inminente, poco podremos hacer. Marx, al crecimiento de
1850, lo llamó crecimiento, sin por ello perder el horizonte de la revolución.
Y Trotsky, a los nacionalismos burgueses los llamó por su nombre, sin por
ello dejar de reconocer las medidas progresivas que tomaron pero tampoco
renunciar al desarrollo de la independencia política del proletariado.
Para responder a los Sombart “socialistas”, que teorizan sobre el socialismo
del siglo XXI alejándose de la perspectiva de la revolución, no hace falta desfigurar
el marxismo. El método de Marx, su estudio de las condiciones concretas
y su comprensión de las leyes fundamentales del capitalismo, enriquecidas por
los análisis de los revolucionarios en el siglo XX, son un punto de partida
mucho más fructífero para enfrentar a los nuevos escépticos de la revolución.
La actualidad de la revolución no es una receta que se aplica ciegamente,
como lo utiliza Rieznik: “El pensamiento revolucionario no tiene nada en
común con la idolatría. Los programas y las predicciones se verifican y corrigen
a la luz de la experiencia, que es el criterio supremo de la razón humana”52.
En ese sentido es importante la recuperación de la noción de la declinación
capitalista, para no limitarse a señalar que el capitalismo “se mantiene en pie”,
ni contentarse con agregar que lo hace “catastróficamente”. Esta noción
permite comprender cómo el capitalismo no permanece en una decadencia
inmóvil, sino que pueden darse momentos de prosperidad relativa, como
por ejemplo sucedió luego de la segunda guerra mundial (una de las mayores
catástrofes que vivió el capitalismo)53. Así como el imperialismo, con el
52. Trotsky, “A 90 años del Manifiesto Comunista”, op. cit., p. 162.
53. En Estrategia Internacional Nº 19 afirmamos que el capitalismo de posguerra pudo
alcanzar, al decir de Gramsci, una “‘superación’ en términos del crecimiento de un sistema
que siempre se ha desarrollado ‘en la crisis’, en medio de ‘elementos que se equilibraban e
DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 155
mayor control del capital financiero, el desarrollo de los grandes trust y el
salto en la socialización de la producción, fue definido por Lenin como
un gran tributo del capitalismo hacia el socialismo, el americanismo, y el
rol jugado por el Estado capitalista en la posguerra para atenuar los ciclos
económicos, garantizando demanda adicional (keynesianismo militar),
interviniendo los mercados financieros y desarrollando el Estado de
bienestar, era también una negación parcial por medio de la acción de los
Estados de los países capitalistas más avanzados, para asegurar la
perpetuación del capitalismo. Pero junto con esto, tampoco puede pasarse
por alto que la sobrevida del capitalismo no es gratuita. Su perpetuación,
aunque posible, impone costos altísimos. El boom de posguerra exigió
una carnicería de millones de personas. Que el capitalismo es declinante
significa que los costos de sobrevivir a futuras crisis de semejante magnitud
serán probablemente mayores.
A contramano de los Katz que abrazan como novedad socialista los
“nacionalismos burgueses” del capitalismo declinante, pero también de los
catastrofistas incapaces de distinguir el momento de transición hacia la
crisis de la irrupción de la misma, nos preparamos política y
programáticamente para prever las nuevas “catástrofes” a las que conducirá
el capitalismo y preparar la intervención revolucionaria en ellas, en vez de
anunciar alegremente la inminencia del “derrumbe”.
inmunizaban’. […] es la respuesta capitalista al nivel más alto a las contradicciones insanables
que nacen de la estructura y que ‘las clases dominantes tratan de resolver y superar dentro
de ciertos límites’”. Emilio Albamonte y Manolo Romano, op. cit.
ENTRE EL ESCEPTICISMO Y LA CATÁSTROFE INMINENTE | 14-07-2008 - 08:46:36 GMT 1 #