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El Blog de Leningrad Garrotxa: Argelaguer - Tortellà - Montagut i Oix - Sales de Llierca - Sant Jaume de Llierca

20/04/2008 GMT 1

I ara què?

lejarza @ 15:02

Kiosko de prensa Vall del Llierca ArgelaguerRafael Fernández. Figueres: I ara què?.-No tenim aigua... això ens diuen. No fan res (a part de parlar, perdre el temps i fotre´ns els calés).
Necessitem aigua per beure, viure, regar, rentar-nos i, curiositats dels plans energètics d´aquest país, principalment per generar electricitat. Aquesta electricitat motiu de mil controvèrsies i mil manifestacions... que si MAT que si no MAT... i ara què?
D´on treurem l´energia a posar en marxa els nostres aparells de climatització i totes les comoditats del mon modern? (no siguem tan falsaris, que tots, els pro i els anti, en disfrutem o en volem distrutar i és el que egoistament ens interessa). No tenim aigua, no volem nuclears, no volem eòlica, no volem solar... No volem MAT... farem l´electricitat amb la dinamo? Amb la bici estàtica?...
Ara sí que tenen raons per justificar la MAT i encolomar-la a sac.
I ara què? Ens fotrem la hipocresia pel darrere d´una vegada? O ara, més que mai, ens discutirem encara més?
Per acabar: la coherència seria la d´un amic meu que em deia, no fa gaire (i ell és un anti-MAT): «Coherència és acceptar el que hi ha i tirar endavant de la millor manera, escoltant, acceptant i proposant alternatives... qui es tanqui en banda, que marxi a la muntanya i visqui com fa cent anys». Segons ell, i jo hi estic d´acord, l´error dels anti MAT ha estat el mateix que el del Govern d´aquest país: la política del No pel No.

Comentarios
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Un Comentario »

  1. ENTRE EL ESCEPTICISMO Y LA
    CATÁSTROFE INMINENTE, por ESTEBAN MERCATANTE - MARTÍN NODA:
    En la última En defensa del marxismo, Pablo Rieznik se propone
    realizar una vez más la ya clásica discusión entre reforma y revolución,
    planteado en los términos catastrofismo vs. reformismo1, polemizando
    con Claudio Katz. En el debate que allí se inicia, los autores, lejos de
    intentar dar una visión más profunda de la realidad, se dedican a defender
    con trazo grueso sus posiciones. Mientras que Katz desarrolla otra
    variante de la ilusión gradualista, Rieznik le contesta con una visión del
    capitalismo que no da cuenta de las complejidades del proceso histórico.
    En ambas posiciones la realidad intenta ser acoplada a sus perspectivas
    políticas y no al revés.
    Nos interesa enmarcar este debate en las reflexiones que viene
    realizando Katz sobre cómo establecer el socialismo hoy, sin dudas influidas
    por la moda del llamado “socialismo del siglo XXI”. Por otro lado, la
    respuesta de Rieznik, de tono polémico, termina prestándose a la
    caricaturización fácil del marxismo, y en ese sentido es una pobre
    defensa del materialismo histórico y la perspectiva de revolución. Como
    veremos, lo que Rieznik quiere mostrar como un debate entre reforma y
    revolución, termina siendo una reedición degradada de los debates del
    marxismo a comienzos del siglo XX, en los que se enfrentaban el
    evolucionismo bersteniano y la “teoría del derrumbe”, pero sin siquiera
    reparar que ambas teorías unilaterales han sido desmentidas por los
    acontecimientos históricos.
    1. Katz escribe “Pasado y presente del reformismo”, en Herramienta Nº 32, Rieznik
    “En defensa del catastrofismo” en En defensa del marxismo Nº 34, y Katz responde en
    “Estrategias socialistas en América Latina”. Todos los artículos de Katz pueden consultarse
    en www.netforsys.com.ar.
    132 LUCHA DE CLASES
    1. CLAUDIO KATZ: UN SOCIALISMO
    SIN REVOLUCIÓN
    Las reflexiones de Katz sobre el socialismo, dan por sentada la perspectiva
    de que el capitalismo está ingresando en una fase de crecimiento más o
    menos vigoroso. Aunque esto no está desarrollado en los textos que integran
    el debate, Katz remite a los argumentos que desarrolló en el año 2002 en
    “Etapa, fase y crisis”2.
    En ese entonces planteaba que “Si se observa el período inicial que siguió al
    boom de posguerra (1975-90) y el período posterior de repunte de la rentabilidad
    con mercados retraídos (1990-2001), resulta evidente que ambas fases
    presentan un color gris. Su tónica no está dominada por el blanco floreciente
    de posguerra, ni tampoco por el negro tenebroso de la entreguerra”3. Señala
    que “con la ofensiva perpetrada por el neoliberalismo se registró una recuperación
    de la tasa de ganancia que provocó una erosión del poder adquisitivo. Como
    consecuencia de este desequilibrio los rasgos configuratorios de una nueva
    etapa que aparecieron en varios planos no se han desarrollado”4. El límite que
    impedía afirmar que estamos frente a una nueva etapa de crecimiento capitalista,
    era que “estos cambios suponen la presencia de procesos de expansión
    económica que consoliden las transformaciones registradas en el sistema”5. El
    año 2002 todavía se daba en el marco de una etapa recesiva. Pero bajo la lógica
    con la que analiza los cambios en la economía mundial (que más adelante
    discutiremos), el crecimiento de los últimos podría marcar el asentamiento de
    una nueva fase, relativamente prolongada, de crecimiento capitalista -moderado
    pero continuado. Es decir todo un período largo donde el dominio del capital
    probablemente no se verá frente a grandes amenazas, por lo menos en su
    corazón, los países capitalistas más desarrollados.
    LARGA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO
    Es en este marco teórico que Katz viene debatiendo en distintas elaboraciones,
    qué perspectiva hay para el socialismo y cuáles son las tareas a
    tomar hoy para construirlo. Da a entender que para que se pueda hacer la
    revolución, es necesario que el horizonte socialista vuelva a ser vislumbrado
    por las masas. Que para superar la situación actual, en que las luchas por
    mejoras inmediatas “se desarrollan sin expectativas anticapitalistas”6, la
    tarea del momento es reconstruir la perspectiva de un porvenir socialista.
    2. “Capitalismo contemporáneo: etapa, fase y crisis” en www.netforsys.com.ar.
    3. Ídem.
    4. Ídem.
    5. Ídem.
    6. Katz, “Pasado y presente del reformismo”, op. cit.
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 133
    Pero Katz piensa el socialismo separado de la revolución, al plantear
    que “comenzar la erección del socialismo implicaría sustituir la preeminencia
    de un régimen sujeto a las reglas del beneficio por otro regulado por la
    satisfacción de las necesidades sociales. Desde el momento que un modelo
    económico y político –guiado por la voluntad mayoritaria de la población–
    asuma estas características, empezaría a regir una forma embrionaria de
    socialismo”7. Para Katz, la transición al socialismo no implica necesariamente
    ni la expropiación de la burguesía, ni la destrucción de su Estado.
    El derrotero que viene haciendo Katz, tiende a vaciar de sustento teórico
    sus elaboraciones. Su discurso se dirige cada vez más a fundamentar la
    perspectiva de una “transición socialista adaptada a las insuficiencias
    regionales”8. No hace referencia al derrocamiento revolucionario del capitalismo,
    sino que lo central es poner el acento “en las necesidades sociales”. Este es
    el punto de partida para proponer un socialismo sin revolución.
    La mayor estabilidad en los países desarrollados lo lleva a cuestionar la
    posibilidad de expropiación de la burguesía en estos países en las próximas
    décadas. Por eso, pronostica que “una larga transición precederá al socialismo,
    al menos en la periferia”9, ya que ésta deberá sostenerse largo tiempo sin la
    ayuda de los países con mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Es en
    este marco que plantea: “América Latina ocupa un lugar periférico en la
    estructura global del capitalismo, pero cuenta con sólidos recursos para
    comenzar un proceso socialista. Estos cimientos son comprobables en
    distintos terrenos: tierras fértiles, yacimientos minerales, cuencas hídricas,
    riquezas energéticas, basamentos industriales. El gran problema de la zona
    es el desaprovechamiento de estas potencialidades”10.
    Katz se retrotrae a una discusión saldada por el siglo XX. ¿Cómo
    seguir discutiendo hoy –después de la revolución rusa o la revolución
    cubana– si la posibilidad de la revolución social depende o no del mayor o
    menor desarrollo regional de las fuerzas productivas o de los recursos
    naturales? Aunque un estado obrero aislado sea una eventualidad histórica
    que no puede excluirse en el futuro, tampoco puede teorizarse de antemano
    y definir las tareas de la transición socialista en este marco. Las
    medidas de esta transición –la que sólo puede comenzar con la dictadura
    del proletariado–, no pueden salir de un recetario de medidas previstas
    para cualquier Estado con cualquier estructura de clases. Por el contrario,
    surgirán de las limitaciones concretas de cada país para desenvolver su
    transición al socialismo, debidas a su estructura de clases determinada
    (derivada de una forma específica de desarrollo desigual y combinado) y
    no de las disposiciones de tales o cuáles recursos.
    7. Katz, “Estrategias socialistas en América Latina”, op. cit.
    8. Ídem.
    9. Katz, El porvenir del socialismo, Bs. As, Imago Mundi, 2004, p. 128.
    10. Katz, “Estrategias socialistas en América Latina”, op. cit.
    134 LUCHA DE CLASES
    ¿QUÉ ESTRATEGIA PARA EL SOCIALISMO?
    Para Katz el eje inmediato para la edificación socialista, no es otro que
    la redistribución “radical” de la riqueza. Para sostener la posibilidad de este
    programa, sin discutir la expropiación de la burguesía, Katz tiene que dedicarse
    a bucear en las perspectivas de que un sector reformista “radical” una
    filas con los socialistas: “Un empalme entre corrientes radicales y socialistas
    podría contribuir a dilucidar la relación contemporánea que existe entre la
    reforma y la revolución. Ambos caminos forman parte de un mismo proceso
    de lucha contra la opresión capitalista. No son senderos completamente
    ajenos, ni totalmente divergentes. Lo importante es saber distinguir los
    momentos de primacía de cada metodología”11. Acá Katz pretende identificar
    la dinámica que caracteriza la lucha de masas, que partiendo de las
    reivindicaciones inmediatas pueden radicalizarse y pasar a la lucha revolucionaria,
    con la que pueden hacer algunas direcciones reformistas (las que él identifica
    como “radicales”). Esta operación le permite sacar la conclusión de
    que es posible que las direcciones “radicales” puedan conducir al socialismo,
    o dicho de otra forma, que las masas llegarán al socialismo con sus direcciones
    actuales, sin importar que estas sean burguesas o pequeño burguesas, mientras
    que sean “radicales”: “Cuando el margen para conciliar las exigencias
    populares con las tendencias regresivas del sistema se estrecha abruptamente,
    los reformistas enfrentan dos opciones: confrontar con los capitalistas o
    renunciar a las demandas. El verdadero cariz conservador o radical de cada
    corriente se clarifica en estas disyuntivas”12.
    ¿NACIONALISMOS RADICALES O FARSA
    DE NACIONALISMO BURGUÉS?
    Si pareciera ser que para Katz el reformismo radical no es un camino
    ajeno para luchar contra la opresión capitalista, un gobierno nacionalista
    que hace reformas medianamente radicales bien puede ser un gran aliado
    para el socialismo, que no vale la pena despreciar.
    Katz trae a la memoria para apoyar sus argumentos la tradición del
    nacionalismo radical de América Latina, desde Martí y Zapata hasta
    Sandino, planteando que tiene puntos de contacto con el marxismo:
    “Todos los partidarios del socialismo del siglo XXI subrayan acertadamente
    que la liberación latinoamericana no será una copia de esquemas
    ensayados en otras latitudes. Destacan que la batalla por una sociedad
    igualitaria converge en la zona con tradiciones anti-imperialistas propias.
    Una línea histórica de nacionalismo radical –que se expresó en Martí,
    11. Katz, “Pasado y presente del reformismo”, op. cit.
    12. Ídem
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 135
    Zapata o Sandino– comparte los cimientos del proyecto emancipatorio
    con varias corrientes del marxismo”13.
    Por supuesto que el nacionalismo radical de Sandino, Zapata, etc., no
    solo no tiene nada en común con el que Katz llama “nacionalismo conservador”,
    sino que, tanto en su discurso como en sus actos, intentó superar las
    limitaciones impuestas por el cipayismo de las burguesías latinoamericanas.
    Sin embargo, lo que Katz no plantea es por qué, a pesar de haberse enfrentado
    con las armas a la injerencia norteamericana y a sus agentes locales, estas
    iniciativas fracasaron. Por ejemplo, a principios de los ‘30 Augusto Sandino
    derrotó a los norteamericanos obligándolos a retirar a los marines. Sin
    embargo, depuso las armas frente al gobierno de Juan Bautista Sacasa,
    quien había puesto como jefe de la Guardia Nacional (que reemplazaba a
    los marines) a Somoza. Al poco tiempo Somoza manda a asesinar a Sandino
    cuando éste salía de cenar con el presidente. A Katz se le olvida que este
    nacionalismo radical fue derrotado porque, al no plantear una salida de
    clase, terminó entregando el poder a las burguesías nacionales que una vez
    “controlada la situación”, se aliaron nuevamente con el imperialismo. Y
    que mostró tempranamente que sólo un programa socialista, anclado en la
    clase obrera, puede superar estos límites y llevar hasta el final las tareas que
    estos dejaron incumplidas. En ese sentido, Trotsky planteaba que “hay que
    culminar la obra de Emiliano Zapata”, lo cual significaba extraer las lecciones

    de las derrotas de esas importantes luchas para lograr una verdadera emancipación
    nacional y social. Para Trotsky terminar la obra de Zapata era
    hacer una revolución encabezada por la clase obrera, y no seguir apostando
    a la “radicalidad” de alguna corriente burguesa, como aliado para encarar
    una “transición socialista adaptada a las insuficiencias regionales”.
    ¿VENEZUELA PUEDE SER CUBA CON CHÁVEZ?
    Recapitulemos. Katz retoma en el actual panorama latinoamericano y
    en el debate del socialismo del siglo XXI, la línea histórica de los nacionalismos
    radicales. Por otra parte, plantea que en Venezuela se verifica una “disputa
    entre tendencias a la radicalización y al congelamiento del proceso
    bolivariano”14. Por último, recordemos, los reformismos y –por qué no–
    los nacionalismos radicales, “no son senderos completamente ajenos, ni
    totalmente divergentes”. La operación está completa: en Venezuela puede
    darse una transición al socialismo.
    Para Katz, Venezuela “se ha convertido en un terreno fértil para desenvolver
    un proceso socialista [porque] lo esencial es el nivel de conciencia
    popular. Se han forjado nuevas convicciones antiliberales y antiimperialistas”.
    13. Katz, “Estrategias socialistas en América Latina”, op. cit.
    14. Ídem.
    136 LUCHA DE CLASES
    Según él, “el dilema socialismo versus neo-desarrollismo se procesa [...] Es
    el conflicto que han afrontado otros procesos nacionalistas y que tuvo un
    desemboque positivo en la revolución cubana y desenlaces regresivos en
    muchos otros casos”15.
    Katz apela a la experiencia histórica de la revolución cubana, excepcional,
    para sostener su apoyo a Chávez. En otro trabajo, hemos planteado que la
    revolución cubana fue una revolución de contragolpe. Aunque el Movimiento
    26 de Julio –de composición principalmente pequeñoburguesa– concebía
    que su objetivo era terminar con Batista e imponer la democracia en Cuba,
    fue superado por la velocidad de los acontecimientos: “La dirección guerrillera
    se encontró de pronto con la deserción y hostilidad abierta de la burguesía
    cubana. Fidel Castro y su movimiento, que hasta ese momento intentaban
    actuar como árbitros entre las clases, quedan sujetos a la marea de la revolución.
    Inaugura entonces una dinámica de contragolpe, oponiendo a cada
    medida del imperialismo y la burguesía, una contramedida revolucionaria,
    apelando a la movilización de las masas obreras y campesinas que expresaban
    un auténtico interés por la revolución”16.
    Como en otras ocasiones históricas, un movimiento con rasgos nacionalistas
    y de origen pequeñoburgués, fue más allá tironeado entre las masas y el
    imperialismo, Katz afirma que hoy se puede esperar que el gobierno de
    Chávez siga la misma dinámica. Se le pasa por alto que la política de
    Chávez, frente a la hostilidad de los sectores más reaccionarios, ha sido
    permanentemente la conciliación. También, que, aunque a veces apele a un
    cierto grado de movilización, intenta por todos los medios contener al
    movimiento de masas y subordinarlo, cuestionando por ejemplo, la autonomía
    de los sindicatos. Y que lejos de ir a un choque con el gran capital
    imperialista que controla los resortes fundamentales de la economía de
    Venezuela, está intentando negociar mejores términos de asociación con el
    mismo, haciendo en algunos casos jugosas concesiones, como en el caso de
    las sociedades mixtas17. Es decir, un derrotero opuesto por el vértice al
    camino que se vio obligado a tomar en Cuba el M26.
    La apelación a la definición de nacionalismo radical para hacer referencia
    al gobierno de Chávez es completamente embellecedora. Chávez ni siquiera
    llega a los modestos pasos de búsqueda de una cierta autonomía nacional y
    concesiones a las masas dados por Perón en Argentina o Lázaro Cárdenas
    en México. Mucho menos tiene que ver con la radicalidad de los movimientos
    como el de Zapata o Sandino. Que esté planteado culminar la obra
    15. Katz, “Socialismo o neodesarrollismo”, op. cit.
    16. Dunga y Aguirre, “La revolución permanente en Cuba” en Estrategia Internacional
    N° 20, septiembre 2003.
    17. Como planteamos, en esta misma revista, Matías Maiello, “Chávez, Perón, y el
    ‘socialismo del siglo XXI’”.
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 137
    de Emiliano Zapata no significa, de ninguna manera, que haya que culminar
    la de un Perón ni mucho menos la de un Chávez.
    ¿COMENZÓ LA TRANSICIÓN AL
    SOCIALISMO EN VENEZUELA?
    Luego de plantear que los tironeos que se dan actualmente en Venezuela
    pueden desembocar en un proceso como el de Cuba, Katz parece dar por
    sentado que éste ya está en marcha. Este paso lo da en el debate entre los
    proyectos de integración en América Latina, al afirmar que “los opresores
    diagraman su horizonte en función de la tasa de beneficio y los socialistas
    podrían formular su opción en términos de cooperación y
    complementariedad económica. Este es el sentido de contraponer el ALBA
    con el ALCA o el MERCOSUR”18.
    Para Katz, “el ALBA introduce principios de complementación y solidaridad
    opuestos a la competencia y el libre comercio [...] proyecta hacia América
    Latina los avances sociales introducidos en Venezuela a partir de cierta
    distribución de la tierra, créditos a las cooperativas y una significativa
    extensión de los servicios educativos y sanitarios”19. Es decir, un moderadísimo
    programa de reformas, acompañado de elementos de socialismo
    pequeñoburgués. Para trazar un “porvenir socialista en América Latina”,
    Katz reivindica como ejes la realización de algunos planes de coordinación
    entre pequeñas cooperativas y el uso de un pequeñísimo porcentaje de la
    renta petrolera para medidas de cooperación con Cuba y otros Estados.
    Hay dos opciones: o se ha olvidado de la crítica que él mismo realizaba al
    cooperativismo en El porvenir del socialismo, de que éste no puede ser base
    para una transición al socialismo en los marcos de la economía capitalista,
    o tenemos que suponer que Venezuela ya ha comenzado esta transición.
    Toda la lógica de Katz hace pensar que se inclina por esta segunda opción.
    ¡Llamativa la transición al socialismo! Venezuela estaría siguiendo el
    camino de Cuba pero sin revolución, es decir sin destrucción del Estado
    burgués y sin terminar con la propiedad

    privada de los medios de producción.
    Peor aún, mientras en Cuba el ejército burgués fue completamente derrotado
    y destruido, en Venezuela es un pilar del régimen, y se fortalece día a día.
    Terminamos en una “transición al socialismo” en la que juega un rol clave
    la política orquestada desde el propio Estado burgués.
    Katz encuentra un socialismo donde no hay más que una farsa de los
    nacionalismos burgueses de la primera mitad del siglo XX. Por eso, su
    visión lo lleva en camino opuesto de las verdaderas tareas para preparar hoy
    la transición al socialismo: pelear por la mayor independencia política de la
    18. Katz, “Socialismo o neodesarrolismo”, op. cit.
    19. Katz, El rediseño de América Latina, Bs. As., Luxemburg, 2006, p. 13.
    138 LUCHA DE CLASES
    clase obrera, dotando de un programa revolucionario a los sectores que
    sacan las lecciones más avanzadas en el marco de la actual “lucha por reformas”
    que reivindica Katz, uniendo las reivindicaciones de los trabajadores
    y el conjunto de los oprimidos en una lucha común, contra el imperialismo
    y sus aliados, las burguesías latinoamericanas. Sólo puede pensarse un verdadero
    porvenir socialista, peleando por que la clase obrera pueda articular
    una alianza de clases que permita atacar de raíz los males generados por el
    capitalismo, planteando su superación revolucionaria. Es la vía de ganar a
    los sectores expoliados por el capital, bajo la hegemonía de la clase obrera.
    2. CATASTROFISMO O MARXISMO
    Si Katz se desliza hacia posiciones cada vez más reformistas, flaco favor
    le hace al marxismo revolucionario la respuesta de Rieznik. Éste hace una
    defensa del catastrofismo como eje central de la concepción marxista. Aunque
    denuncia correctamente la lógica evolutiva que está implicada en las
    posiciones de Katz, termina identificando el marxismo con la predicción
    de la catástrofe siempre inminente, deslizándose del materialismo histórico
    a su versión caricaturizada.
    ¿MARX CATASTROFISTA?
    El eje central del texto de Rieznik es que todos lo que, como Katz, no
    son catastrofistas, se deslizan hacia el reformismo. Plantea que la defensa
    de la revolución es equivalente a la defensa del catastrofismo. Para poder
    hacer esto, debe plantear que Marx era catastrofista: “El Manifiesto Comunista
    de 1848 se coloca en el terreno del ‘preludio inmediato de la revolución
    proletaria’ […] El catastrofismo de Marx se despliega a partir de la conciencia
    sobre la ‘inminencia de la revolución’”20.
    Rieznik parte de un hecho real: que Marx veía en 1848 a la revolución
    como un hecho inminente. Si la afirmación anterior estuviese planteada
    para analizar el posicionamiento de Marx ante esa revolución, poco
    tendríamos para objetar. Pero el término catastrofista es utilizado como
    definición general y por ende utilizado para definir al marxismo: “La
    conciencia ‘catastrofista’, inclusive concebida como inminencia de la revolución,
    es un rasgo distintivo original del marxismo, de su concepción del hombre
    y la historia. Marx y Engels fundan esa concepción, la que dominará luego
    toda su práctica intelectual, política y militante, como un discurso de la
    revolución. Es lo que pone de relieve el español Ciro Mesa, en un estudio
    reciente muy interesante y más que recomendable: ‘sus escritos (los de
    20. Rieznik, op. cit.
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 139
    Marx) se encuentran atravesados por el pensamiento de que la revolución
    está a la vuelta de la esquina, de que puede acontecer en el instante siguiente’”21.
    El catastrofismo es defendido entonces con el siguiente razonamiento:
    como la catástrofe está a la “vuelta de la esquina” también lo está la revolución.
    Esta dinámica, en la que la revolución siempre está cerca, es lo que definiría
    al marxismo. Y como la catástrofe es recurrente, y es la base de la
    revolución, es el único momento que existe en la realidad. La historia es
    entonces la sucesión cronológica de catástrofes, en la que no hay cambios
    en la situación. Pero si esto es así, el análisis de la realidad se convierte en
    la constatación abstracta de la catástrofe. Y el materialismo histórico, el
    análisis concreto de situaciones concretas, pierde todo sentido.
    ESTABILIDAD Y CRISIS DEL CAPITALISMO
    Marx, sin duda, logró captar la crisis como un momento necesario e
    inevitable en el movimiento contradictorio del capitalismo. La circulación
    del capital enfrenta riesgos a cada paso. Por ejemplo hay ramas económicas
    que no pueden vender su producción a pesar de que haya
    crecimiento. También puede ser que haya crisis porque el capital queda
    inmovilizado sin producir al faltar materias prima claves (o porque los
    trabajadores se declaran en huelga). Estos son sólo algunos ejemplos de
    elementos de crisis parcial, que se dan constantemente a nivel de ramas, o
    de empresas particulares, incluso en épocas de bonanza.
    En ese sentido, es innegable que la crisis –parcial– es un fenómeno que
    acompaña casi permanente el devenir del capital. Pero esto no es lo mismo
    que la crisis generalizada, que desnuda todas las miserias que el capitalismo
    tiene para ofrecer a las masas, y puede incluso conducir a la bancarrota a
    sectores importantes de los capitalistas.
    Pero incluso la crisis generalizada no es más que un momento dentro
    del movimiento de la economía capitalista. Aunque el momento de la crisis
    puede abrir paso a una crisis revolucionaria, esto es sólo en caso de ser
    aprovechada por la lucha revolucionaria de los trabajadores: “Esta mecánica
    interna del desarrollo capitalista a través de la incesante alternancia de
    crisis y boom es suficiente para mostrar cuán incorrecta, unilateral y
    anticientífica es la idea de que la actual crisis, a la vez que se agrava, deba
    prolongarse hasta que se establezca la dictadura del proletariado, independientemente
    de si esto sucede el año que viene, o en tres años o más, a
    partir de hoy”22. Porque ninguna crisis se extiende de manera indefinida, y
    si no logra ser aprovechada, la burguesía eventualmente logra salir del borde
    21. Ídem.
    22 . Trotsky, “Flujos y reflujos” en Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la economía de
    transición, Bs. As., CEIP, 1999, p. 65.
    140 LUCHA DE CLASES
    del abismo. El pensamiento de Marx permite comprender este pasaje de la
    crisis a la estabilidad, aunque ésta no sea más que precaria y relativa y
    prepare nuevas crisis futuras.
    Por eso, aunque el pensamiento de Marx incorpora la dimensión de la
    catástrofe, y ésta es un momento clave para la política revolucionaria, es
    captada como parte de un movimiento más general. Esta concepción sirve
    explicar situaciones concretas de forma concreta: permite ver que hay
    momentos, como 1848, de crisis catastróficas, momentos en los que la revolución
    está cerca y debemos estar preparados para ella. Y momentos en que el
    capitalismo logra una estabilización o equilibrio inestable, aunque las contradicciones
    del desarrollo capitalista permitan prever nuevas crisis futuras.
    LA OMISIÓN DE RIEZNIK
    “Luego de la incumplida revolución del ‘50 […] tanto Marx, como Engels,
    siguieron siendo ‘catastrofistas’ […] El catastrofismo, este catastrofismo, está
    unido umbilicalmente a las concepciones de un socialismo riguroso, científico,
    revolucionario. Siempre fue así y siempre lo será”23. Para Rieznik, la crisis,
    concebida como catástrofe, no es un momento (válido) de la realidad, sino
    algo constante. Y este entumecimiento del pensamiento se lo endilgan al
    propio Marx, falseando y ocultando su recorrido teórico y político.
    La visión de Marx era que en 1848 la revolución era inminente. Su
    concepción le permitía captar el momento de la crisis como algo concreto.
    Y de este análisis desprendía determinadas tareas políticas. Por poco
    más de un año (1849 y principios de 1950), Marx, al igual que muchos
    otros, opinaba que el triunfo de la contrarrevolución24 no sería duradero,
    que se avecinaba una nueva oleada revolucionaria. En el exilio de
    Londres intenta entonces, junto con

    otros dirigentes que fueron llegando
    en los últimos meses de 1849, reorganizar la Liga de los Comunistas y
    prepararse para la revolución.
    Marx dedica sus principales esfuerzos a la creación de un periódico
    político y económico: la Nueva Gaceta Renana. En este periódico se publican,
    por ejemplo, una serie de artículos que son conocidos como Las luchas de
    clases en Francia, y tres importantes análisis de la coyuntura económica y
    política internacional. Los dos primeros (escritos entre enero y abril)
    consideran que el nuevo estallido revolucionario es inminente y esta idea
    preside la reorganización de la Liga, como se plantea en la circular del
    Comité central de marzo 1850.
    23. Rieznik, op. cit.
    24. “La victoria reaccionaria en París el 13 de junio es la primera de una serie que
    consagra, en el verano de 1849, el triunfo de la contrarrevolución en toda Europa. El 30 de
    Junio cae la república romana. El 23 de julio capitulan en Rastatt los restos del ejército
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 141
    revolucionario de Baden y el Palatinado, a fines de ese mes entran los croatas en Prest,
    Kossuth dimite y huye de Hungría, el 13 de agosto el ejército húngaro capitula ante los
    rusos en Villanos y el 22 de agosto sucumbe el último reducto de las revoluciones del 48:
    la república de Venecia”. Claudín, Marx, Engels y la revolución de 1848, Madrid, Siglo XXI,
    1985 p. 226.
    25. Claudín, op. cit. p. 229.
    26. Citado en Claudín, op. cit., p. 230.
    Hasta aquí podría decirse que la visión de Rieznik es fiel a la historia. Pero
    todo se acaba si vemos qué ocurrió después con la Liga de los Comunistas. Los
    “primeros pasos de reorganización de la Liga se ven rápidamente contrarrestado
    por dos factores: la intensificación de la acción represiva contra los focos
    subsistentes de las derrotadas fuerzas democráticas y obreras; la grave escisión
    que sufre la liga en septiembre [de 1850]. El conflicto surge a consecuencia de
    la conclusión a que llegan Marx y Engels en el verano de 1850, después de
    investigar más a fondo la coyuntura económica internacional, de que no puede
    esperarse para lo inmediato el nuevo estallido revolucionario”25.
    Lejos de los planteos de Rieznik de que Marx ”siguió siendo
    catastrofista”, Marx cambió su caracterización sobre la inminencia de la
    catástrofe y de la revolución, sin que esto signifique que haya cambiado su
    concepción del hombre y de la historia. Pero este cambio en la caracterización
    fue cuestionado por un sector de la Liga que opinaba que un nuevo ascenso
    revolucionario era inminente y que lo que debía pensarse era la forma de
    organizar victoriosamente la insurrección. Estas diferencias llevaron a la
    ruptura de la Liga de los Comunistas. Así, el cambio en la caracterización,
    tuvo consecuencias políticas, al igual que las tiene mantener la idea de que
    la catástrofe está a la vuelta de la esquina por la simple constatación teórica
    de que las contradicciones del capitalismo son insalvables.
    El planteo de Marx, al poner de manifiesto que mientras durase el crecimiento
    era imposible la revolución, fue interpretado como una renuncia a la misma:
    “Nos llaman reaccionarios –dice Marx en su intervención ante el Comité del 15
    de septiembre de 1850– a fin de hacernos impopulares”26. Con sus planteos de
    que el capitalismo “en cualquier momento puede caer”, el PO parece estar cerca
    del sector de la Liga que seguía manteniendo la caracterización de 1848.
    METAFÍSICA DE LA CATÁSTROFE
    Con esto vemos que Rieznik, para justificar el catastrofismo de Marx,
    debe falsear la realidad. Su afirmación de que quien no es catastrofista no
    es revolucionario cae por el peso de la historia. Esto es la consecuencia de
    transformar la catástrofe en “la concepción del hombre y de la historia”, de
    transformar el materialismo histórico en metafísica de la catástrofe.
    Rieznik plantea que “Marx retomó así para su propia cosecha lo mejor
    de la filosofía de Hegel en la cual se había formado”. Esto es completamente
    142 LUCHA DE CLASES
    correcto, aunque nosotros agregaríamos que lo hizo críticamente. Por ejemplo,
    le criticaba que en su análisis de la monarquía constitucional, “No dice que
    la voluntad del monarca sea la decisión última, sino que la decisión última
    de la voluntad es el monarca”27. Esto convertía al análisis de Hegel en un
    axioma metafísico.
    Rieznik, en su afán polémico, parece haber tomado alguno de los vicios
    de Hegel. Veamos por qué: “La catástrofe del capital, o lo que es la tendencia
    a la disolución social que implica su existencia más allá de las premisas que
    lo tornaron un fenómeno histórico necesario (y episódico entonces a la
    escala de la Historia), es lo que Marx llamó la labor del viejo ‘topo’, precisamente
    porque es la destrucción del capital que se prepara como resultado
    de las leyes de movimiento, desarrollo... y descomposición del propio capital”28.
    Pero para Marx la labor del viejo topo no es otra cosa que la lucha de
    clases29. En Rieznik el viejo topo no es la lucha de clases dentro de ciertas
    posibilidades económicas, históricas y sociales, sino que lo transforma en
    la catástrofe del capital30. Lejos de esto, la historia y las revoluciones son
    producto de la actividad de los hombres y no de la catástrofe: “Los hombres
    hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias
    elegidas por ellos mismo, sino bajo aquellas circunstancias con que
    se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas en el pasado”31.
    NO PERDER EL CAMINO
    Parece que para el PO, la pérdida del horizonte de la crisis revolucionaria
    es el único o principal riesgo al que se enfrentan los revolucionarios.
    Entonces, nada mejor que verlas en todo momento como algo inminente:
    “Plantear entonces que este sistema camina al borde del precipicio y en
    cualquier momento puede caer, ayuda a dar cuenta de que la revolución es
    posible y no sólo eso, sino que ‘puede acontecer al instante siguiente’. Por
    27. Marx, “Crítica del derecho del Estado de Hegel”, en Escritos de juventud, México
    DF, Siglo XXI, 1982, p. 338.
    28. Rieznik, op. cit.
    29. “La revolución es radical. […] Lleva primero a la perfección el poder parlamentario,
    para poder derrocarlo. Ahora, conseguido ya esto, lleva a la perfección el poder ejecutivo,
    lo reduce a su más pura expresión, lo aísla, se enfrenta con él, como único blanco contra el
    que debe concentrar todas sus fuerzas de destrucción. Y cuando la revolución haya llevado
    a cabo esta segunda parte de su labor preliminar, Europa se levantará, y gritará jubilosa:
    ¡bien has hozado, viejo topo!”. Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Bs. As., Siglo 22,
    2000, p. 87.
    30. Podríamos decir que Rieznik, convierte todos los atributos del “viejo topo” en
    autodeterminaciones absolutas del derrumbe del capital. No dice que de las contradicciones
    del sistema surge el proletariado como sujeto capaz de destruir al capital, sino que “La
    catástrofe del capital […] es lo que Marx llamó la labor del viejo ‘topo’”.
    31. Ibídem, p. 13.
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 143
    32. Rivas, “En defensa del catastrofismo”, Prensa Obrera Nº 976.
    33. Gramsci, Notas sobre Maquiavelo, Bs. As., Nueva Visión, 1984, pp. 60/61.
    34. En el caso de PO, lo lleva a la primacía de las luchas económicas por mejoras
    inmediatas, sin preocuparse por su desarrollo hacia luchas políticas, ya que la inminencia de
    la revolución, las transformaría en directamente revolucionarias.
    ende el discurso del derrumbe sirve a la unidad y a la lucha, y el de los
    desequilibrios… a la desmoralización”32. El catastrofismo es la guía que
    deben tener los revolucionarios para su acción. De esta forma se convierte
    en una zanahoria delante del caballo para que no pierda el camino.
    Pero además, el PO tiende a presuponer que crisis económica significa
    revolución. Pero como ya señalaba Gramsci: “Otra cuestión es la de determinar
    si las crisis históricas fundamentales son provocadas inmediatamente por
    las crisis económicas. [...] Se puede excluir que las crisis económicas
    produzcan, por sí mismas, acontecimientos fundamentales; sólo pueden
    crear un terreno más favorable a la difusión de ciertas maneras de pensar,
    de plantear y resolver las cuestiones que hacen a todo el desarrollo ulterior
    de la vida estatal. [...] En todo caso, la ruptura del equilibrio de fuerzas no
    ocurre por causas inmediatas de empobrecimiento del grupo social que
    tiene interés en romper el equilibrio y de hecho lo rompe”33.
    El catastrofismo no sólo es una “zanahoria” que desvirtúa el papel del
    marxismo para explicar la realidad, sino que hace perder el eje de la actuación
    de los revolucionarios, que es la organización política de los sectores de
    vanguardia del proletariado, en estrecha relación con las masas obreras,
    para poder intervenir revolucionariamente cuando efectivamente sobrevienen
    momentos de crisis. Y plantea todo tipo de peligros, porque como alertaba
    Trotsky, en momentos en que la clase obrera viene golpeada y falta unión
    de sus filas, “una crisis prolongada, aunque sin ninguna duda hubiera aumentado
    el resentimiento de las masas trabajadoras (especialmente de los
    desocupados y los subocupados), sin embargo, simultáneamente, hubiera
    tendido a debilitar su actividad, porque ésta está íntimamente ligada a la
    conciencia de los obreros de su rol irremplazable en la producción”. Por
    eso, la vulgarización catastrofista puede conducir a todo tipo de desviaciones34.
    LA TEORÍA DEL DERRUMBE
    Ya hemos visto que la posición catastrofista que Rieznik le atribuye a
    Marx es incorrecta, ya que Marx analiza concretamente la situación del
    capitalismo, definiendo el momento como de crisis o de bonanza según la
    realidad. También vimos que en la polémica, Rieznik tiende a una metafísica
    de la catástrofe, que se transforma en un discurso para fundamentar la
    construcción y la práctica del PO. Por último, vimos como Gramsci afirma
    que la catástrofe económica no es lo que necesariamente produce acontecimientos
    fundamentales, y Trotsky que bajo ciertas circunstancias puede
    144 LUCHA DE CLASES

    debilitar al proletariado. Entonces, aunque es correcto criticar la visión
    evolutiva y el giro reformista de Katz, poco ayuda abrazar un catastrofismo
    para toda época.
    Lo que es fundamental dejar en claro es que el catastrofismo tampoco
    es en sí mismo reaseguro de ninguna posición revolucionaria. La teoría del
    derrumbe no está de ninguna manera asociada exclusivamente a las tendencias
    y prácticas revolucionarias. Por empezar ¿cuál es la teoría del derrumbe
    que reivindica Rieznik? ¿Será la visión mecanicista de Kautsky, la que
    proponía Rosa Luxemburgo? Nunca lo dice. En ningún momento, cuando
    nos plantea que la teoría del derrumbe está “en el alma del marxismo”,
    aclara a qué está haciendo referencia concretamente.
    Esto no es algo menor. No se puede olvidar que el propio Kautsky hizo
    suya esta teoría e incluyó la idea del declive económico y del derrumbe en
    el Programa de Erfurt. Pero en Kautsky, esta noción va acompañada sin
    fisuras por la convicción de que el eje de la lucha política del proletariado
    pasa en lo inmediato no por destruir el Estado burgués y establecer la
    dictadura del proletariado, sino por la acción parlamentaria, como muestra
    en sus comentarios al programa: “La clase obrera, al igual que todas las
    otras clases, debe tratar de ejercer influencia sobre las autoridades estatales,
    para que éstas tengan que actuar a favor de ella. […] Cuando el proletariado
    se dedica, como clase consciente de sí, a la actividad parlamentaria, el
    parlamentarismo comienza a cambiar de carácter. Deja de ser un mero
    instrumento en manos de la burguesía [...] Es la palanca más poderosa para
    liberar al proletariado de su degradación económica, social y moral”35. O
    sea, que aunque Kautsky afirma que “las fuerzas irresistibles de la economía
    se dirigen inexorablemente al naufragio de la producción capitalista”36 prescribe
    una práctica evolutiva y reformista. Por eso se puede entender que en el
    debate con las posiciones revisionistas de Bernstein37, no hay divergencias
    en la práctica inmediata.
    Así como la de Kautsky era una definición abstracta y carente de
    significado inmediato, acompañada de una actividad rutinaria que no conducía
    a ninguna ruptura con el régimen burgués, la metafísica de la catástrofe de
    Rieznik termina también careciendo de cualquier significado inmediato, y
    no necesariamente “sirve a la unidad y a la lucha” revolucionaria. Porque el
    35. Kautsky, Notas al programa de Erfurt, traducido de la versión inglesa de
    www.marxists.org.
    36. Ídem.
    37. Bernstein sostenía que el fin de la larga depresión y los cambios del capitalismo –
    el crecimiento de los monopolios, el desarrollo mundial de los mercados y la mayor
    gravitación del sistema de crédito– demostraban que éste era capaz de resolver su tendencia
    la crisis. Planteaba entonces que el eje de la actividad socialdemócrata no pasaba por la
    destrucción del Estado burgués sino por la conquista de mejoras y la mayor representación
    política de la clase obrera en las instituciones parlamentarias.
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 145
    catastrofismo plantea dos alternativas: o se es consecuente con él, y se
    reedita una lógica de la ofensiva permanente y sin tregua a un capitalismo
    que estaría siempre ante la inminencia de la crisis o, para sostener una
    cierta cordura de la práctica, se establece una separación entre el diagnóstico
    y la acción, entre la economía y la política. Pero entonces el marxismo
    pierde ya todo atisbo de cientificidad. Si Rieznik afirma –con bastante
    razón– que Katz se desliza hacia el socialismo utópico, podríamos decir
    que Rieznik amenaza deslizarse a un utopismo catastrofista.
    Es verdad que las distintas versiones de la “Teoría del derrumbe” parten
    correctamente del hecho que las crisis son producto de las contradicciones
    del sistema y que por ello son inevitables38. Aunque ven que existen
    contratendencias, opinan que éstas sólo retrasan la crisis, haciendo más
    explosiva la situación. Esto vale tanto para las crisis cíclicas, como para las
    de más largo plazo. De esto desprenden que en cada crisis, sea coyuntural
    o no, se expresan las tendencias del capitalismo a su disolución. Y que
    aunque se logre salir de una crisis, el resultado es siempre un nuevo ciclo
    más convulsivo. Por último, que cuando es imposible salir de esa crisis, es
    una crisis terminal, el derrumbe del capitalismo.
    Es verdad que las crisis suelen expresar las contradicciones más profundas
    del capitalismo. En ese sentido Trotsky decía que las crisis cíclicas son un
    fenómeno derivado, una manifestación. Pero también relativizaba sus alcances,
    en el sentido de que el capitalismo se mueve necesariamente a través de
    crisis, que éstas son equivalente a los latidos del corazón. Pero esta analogía
    con los organismos vivos, tiene también otra implicancia. Los ciclos no son
    siempre iguales: no era lo mismo el desenvolvimiento del capitalismo en la
    época de Marx (que señalo que los ciclos tenían aproximadamente 10 años)
    que en el momento en que Trotsky escribía, de profundas y agudas convulsiones.
    Cada momento del capitalismo, plantea ciclos más “estables” o más
    convulsivos. Por esto es necesario enmarcar las crisis dentro de una concepción
    más abarcativa de desenvolvimiento del capitalismo.
    3. ¿DERRUMBE VS. GRADUALISMO,
    O DECLINACIÓN?
    Katz apoya sus apologías del socialismo del siglo XXI en una visión
    gradualista. Se prepara para un período en el que la crisis y la revolución
    salen de la escena de los países centrales y en el que, por ende, se va a dar
    una larga transición al socialismo en la periferia. El crecimiento de los
    38. Una de las diferencias entre las distintas corrientes de la “teoría del derrumbe” es
    tener una teoría de las crisis distinta. Respecto a esto existen varias visiones unilaterales,
    por ejemplo el subconsumismo de Rosa Luxemburgo. Pero como Rieznik no se pronuncia
    por ninguna interpretación en particular y simplemente hace una defensa de trazo grueso
    146 LUCHA DE CLASES
    últimos 5 años lo animó a apoyar cada vez más decididamente la perspectiva
    de que podría haber varios años de mini boom, que reedite en pequeña
    escala el que se dio en la posguerra. Al centrar su análisis en la dinámica del
    capital, donde el horizonte más cercano al socialismo hoy son las “luchas por
    mejoras” y el publicismo socialista, no hay en Katz un horizonte de ruptura.
    Se le pierde que el capitalismo no empieza cada ciclo de acumulación
    desde cero, sino que sufre una maduración y envejecimiento. Por eso Trotsky
    planteaba: “Las crisis y los booms son propios del capitalismo desde el día de
    su nacimiento; le acompañarán hasta la tumba. Pero para definir la edad del
    capitalismo y su estado general, para establecer si aún está desarrollándose, o
    si ya ha madurado, o si está en decadencia, uno debe diagnosticar el estado
    de los ciclos, tal como se juzga el estado de un organismo humano, según
    como respira, tranquila o entrecortadamente, profundo o suave, etc.”39.
    Katz sobreestima las capacidades del capitalismo para regenerar las bases
    de su acumulación por medios pacíficos. Ya Trotsky respondía en los treinta
    a los que en su época teorizaban contra los colapsos: “La vida del capitalismo
    monopolista de nuestra época es una cadena de crisis. Cada una de las
    crisis es una catástrofe. La necesidad de salvarse de esas catástrofes parciales
    por medio de murallas aduaneras, de la inflación, del aumento de los gastos
    gubernamentales y de las deudas prepara el terreno para otras crisis más
    profundas y extensas. La lucha por conseguir mercados, materias primas y
    colonias hace inevitable las catástrofes militares. Y todo ello prepara
    ineludiblemente las catástrofes revolucionarias. Ciertamente no es fácil
    convenir con Sombart en que el capitalismo actuante se hace cada vez más
    ‘tranquilo, sosegado y razonable’. Sería más acertado decir que está perdiendo
    sus últimos vestigios de razón. En cualquier caso no hay duda de que la
    ‘teoría del colapso’ ha triunfado sobre la teoría del desarrollo pacífico”40.
    Comentando este texto de Trotsky, planteamos en Estrategia Internacional:
    “en su caso, la ‘fase catastrófica’ no está limitada a la crisis de la economía.
    Su ‘teoría del colapso’ es entendida no como un catastrofismo meramente
    económico sino como la concatenación de catástrofes económicas, militares
    y revolucionarias, es decir una articulación entre crisis, políticas de Estados
    (hegemonía) y lucha de clases”41.
    Como Katz da la espalda a esto, está fuera de duda que Rieznik está en lo cierto
    cuando afirma que se transforma en un “agrimensor del capital”. Una especie
    de nuevo Sombart, esta vez “socialista”, que niega toda ”teoría del colapso”.
    de la teoría del derrumbe, se hace imposible saber cuál es la dinámica que plantea para las
    crisis. Sin embargo, el énfasis que distintos artículos del PO ponen en la caída de la tasa de
    ganancia, lo emparenta a la visión de Grossmann y Mattick.
    39. Trotsky, “La situación mundial”, en Naturaleza y dinámica…, op. cit., p. 46.
    40. Trotsky, “El marxismo y nuestra época” en Naturaleza y dinámica …, op. cit. p. 184.
    41. Albamonte y Romano, “Trotsky y Gramsci, convergencias y divergencias” en
    Estrategia Internacional N° 19, enero 2003.
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 147
    DECLINACIÓN CAPITALISTA E IMPERIALISMO
    Trotsky planteaba en 1937 que en: “los últimos 20 años […] a pesar de las
    recientes conquistas de la ciencia y la tecnología, ha empezado decididamente
    la época de estancamiento e incluso de declinación” del capitalismo. Por
    eso concluía que se ha transformado “de régimen relativamente reaccionario
    en régimen absolutamente reaccionario”42. No porque no pueda seguir creciendo,
    sino porque incluso cuando lo logra, los costos sociales son ampliamente
    mayores que los beneficios. Para lograr un respiro y perpetuarse más
    allá del siglo XX, fue necesaria la destrucción por parte de la potencia
    hegemónica de sus competidores, y fuertes ataques al proletariado.
    Por eso Trotsky planteaba que el capitalismo había entrado en su etapa
    de declinación. El “envejecimiento”, la declinación del capitalismo, tiene
    que ver con el hecho de que las relaciones de valor tienen una base más
    estrecha. La ley del valor, la ley básica del capitalismo, encuentra crecientes
    dificultades para desenvolverse automáticamente. Es esto lo que declina, lo
    que está por detrás de los esfuerzos cada vez más costosos del capitalismo
    por su sobrevivencia.
    Al respecto, Hillel Ticktin

    plantea: “Es de destacar que el concepto de
    declinación no es sencillamente un argumento empírico sino que parte del
    punto de vista de que el capitalismo pasa por una serie de etapas y que la
    última de estas es de declinación. Es un período de declinación de la ley del
    valor, como ley básica del capitalismo, i.e. un período en el que ésta se vuelve
    crecientemente disfuncional y es remplazada por otros sustitutos. El imperialismo
    y el guerrerismo son en este sentido un resultado directo de esta declinación.
    […] Nada de esto impide necesariamente el crecimiento del capitalismo, su
    expansión a nuevos terrenos, ni incluso el aumento del nivel de vida de la
    población. Sin embargo, hay una brecha creciente entre lo que es materialmente
    posible y lo que efectivamente se produce, y una tendencia también
    creciente hacia crisis prolongadas, que podrían o no ser terminales”43.
    El imperialismo, es decir el mayor entrelazamiento entre las corporaciones
    capitalistas, la primacía de los bancos y el capital financiero, y el desarrollo
    del guerrerismo por parte de las principales naciones capitalistas, respondía
    a este fenómeno profundo. Aunque no es anulada como ley básica del
    capitalismo, la ley del valor sufre negaciones parciales. Este es el rol que
    juegan el saqueo de las colonias, el monopolio, los negociados con el Estado,
    que no niegan que la base de la ganancia sea la explotación de la fuerza de
    trabajo, ni que sigue existiendo como regla general el intercambio de equivalentes.
    Pero el robo y el saqueo orquestado desde los Estados capitalistas
    42. Trotsky, “A 90 años del manifiesto comunista” en Naturaleza y dinámica…, op. cit.,
    p. 162.
    43. Ticktin, “Trotsky, 1905 and the anticipation of the concept of decline” en 100
    Years of Permanent Revolution, Londres, Pluto Press, 2006, p. 35.
    148 LUCHA DE CLASES
    más poderosos, empiezan a tener una gravitación mayor que en el siglo
    XIX en la acumulación de capital.
    Esta nueva realidad del capitalismo explica el marco general que llevó a
    Lenin a caracterizar el siglo XX como una época de “crisis, guerras y revoluciones”,
    como una época atravesada por la actualidad de la revolución proletaria.
    ÉPOCA DE CRISIS, GUERRAS Y REVOLUCIONES
    Aunque el capitalismo ha podido lograr nuevos ciclos de crecimiento, estos
    han sido alcanzados por crisis mucho más agudas y “cotidianas” que en los
    momentos en que el capitalismo todavía estaba ensanchando sus fronteras, y
    tenía por delante muchas ramas del trabajo por subsumir bajo su órbita.
    ¿Hay bases en la historia para el optimismo de los que estiman que el
    capitalismo puede remontar sus contradicciones mucho menos
    traumáticamente en este siglo XXI? No es fácil encontrarlas. Todos los
    gradualistas, desde Bernstein hasta quienes durante el boom de la segunda
    posguerra abrazaron teorías similares, fueron desmentidos por la historia.
    Desde comienzos del siglo XX hasta la segunda posguerra el capitalismo
    pasó por sus períodos más convulsivos: dos guerras mundiales; la crisis del
    ‘30; revoluciones en Rusia, Alemania, China, España, México y procesos
    revolucionarios en otros países; el fascismo y el nazismo, sólo para nombrar
    los procesos más importantes, además del surgimiento de los EE.UU. como
    principal potencia y la correlativa declinación inglesa. Las contradicciones
    del sistema eran tan grandes que al capitalismo no le alcanzó con una guerra
    mundial para recomponerse, fue necesaria una segunda, con 100 millones de
    muertos y la destrucción de Europa para que el capitalismo volviese a encontrar
    bases para el crecimiento.
    En 1921 Trotsky planteaba que las bases para un nuevo equilibrio
    capitalista eran endebles: “durante el período en que hemos ingresado,
    período de retribuciones por la destrucción y la ruina de la guerra, período
    de regreso al viejo estado económico, todo resurgimiento tiene que ser
    superficial, puesto que será provocado por la especulación, mientras que
    las crisis serán más largas y profundas”44. Pero esto no negaba la posibilidad
    de un nuevo equilibrio capitalista: “En tal caso, el restablecimiento del
    equilibrio capitalista sobre nuevas bases, ¿es posible? Si admitimos por un
    momento que la clase obrera no se alzará en una lucha revolucionaria, sino
    que le dará la oportunidad a la burguesía de dirigir los destinos del mundo
    durante largos años, digamos dos o tres décadas, entonces, con toda seguridad
    será restaurado algún tipo de equilibrio [...] Después del establecimiento
    de nuevas divisiones del trabajo en el mundo por semejante vía dolorosa,
    en quince, veinte, veinticinco años, acaso pueda comenzar una nueva época
    44. Trotsky, “La situación mundial”, op. cit., p. 50.
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 149
    del resurgimiento capitalista”45. Es decir que si el proletariado no lograba
    evitar una futura catástrofe, el capitalismo iba a encontrar las bases para el
    crecimiento, y lo logró luego de la segunda guerra mundial.
    Pero este crecimiento no significó la superación del “imperialismo como
    fase superior del capitalismo”: los trusts siguieron existiendo como respuesta
    para sostener las tasas de ganancia y evitar que la competencia liquide las
    bases cada vez más estrechas para la extracción de plusvalía. El boom de
    posguerra no significó una vuelta a un capitalismo de libre competencia,
    sino que fue posible gracias a las grandes ganancias que obtuvieron los
    monopolios en la reconstrucción de Europa. Es decir que el capitalismo no
    superó sus contradicciones, sino que sólo logró sacarlas de la escena
    momentáneamente. Esto lo consiguió, por un lado, gracias al llamado Estado
    benefactor (que surgió en EE.UU. con Roosevelt, y se asentó luego de la
    guerra, extendiéndose a Europa occidental apoyado por el Plan Marshall)
    que implicó el surgimiento de una fuerte aristocracia obrera en los países
    centrales. Por otro lado, como punto de apoyo fundamental para el éxito de
    esta política, está el rol de la burocracia stalinista, que llevó a que la ex
    URSS Estado fuera un factor más de contención en una situación internacional
    marcada por ascensos revolucionarios en Italia, etc. La ayuda de los
    PC stalinistas será clave para contener la revolución en el corazón de Europa.
    Por eso, la URSS jugando un rol contrarrevolucionario, será un factor
    subjetivo clave para constituir un nuevo orden mundial luego de la guerra,
    dominado por EE.UU.
    Sin embargo, aunque las “crisis, guerras y revoluciones” salieron parcialmente
    de la escena en las potencias imperialistas, estuvieron presentes
    en la periferia durante toda la etapa. Tenemos, por ejemplo, la revolución
    china y la cubana. Pero más aún, a pesar del rol contrarrevolucionario que
    jugó la burocracia soviética a favor de las potencias imperialistas, las convulsiones
    lograron volver al centro: la guerra de independencia de Argelia
    repercutió en su metrópoli, Francia, sentando las bases para la rebelión del
    ‘68. Y la revolución en Angola impactó en Portugal. Algo similar, aunque
    con otras dimensiones, ocurrió con la guerra de Vietnam y EE.UU.
    A partir de 1968, el orden de Yalta es enfrentado tanto en el centro
    como en la periferia capitalista: desde el mayo francés y la primavera de
    Praga, hasta América Latina, todo el mundo capitalista, y el dominio de la
    burocracia soviética será amenazado en este gran ensayo general. Las grandes
    potencias imperialistas son el corazón de las convulsiones: el crecimiento
    económico estaba abriendo paso a una profunda crisis, que expresaba las
    tendencias a la sobreacumulación.
    Esta crisis marcaba el fin del dominio vigoroso e indiscutido de
    Norteamérica, que apenas duró 30 años, a diferencia del de Gran
    45. Ídem.
    150 LUCHA DE CLASES
    Bretaña. La situación trágica de EE.UU., potencia en la época del capitalismo
    declinante, es que luego de la segunda guerra, debió encarar
    activamente la reconstrucción de sus ex adversarios, Alemania y Japón,
    para ahuyentar la amenaza de la revolución proletaria y asentar un orden
    mundial bajo su hegemonía. Gracias a esta ayuda, éstas se reconstruyeron
    tempranamente y tendieron a alcanzar a la economía norteamericana en
    términos de productividad ya en los ‘70.
    Por último, así como el boom de posguerra se apoyó en una destrucción
    masiva de fuerzas productivas, la fase “gris” de cierto crecimiento que Katz
    señala se da desde finales de los ‘80 –acompañada de pocas fricciones entre
    los imperialismos y de un desarrollo todavía limitado de la lucha de clases–
    tuvo como base la contrarrevolución social que significó la ofensiva
    neoliberal, y la restauración capitalista en la Unión Soviética y Europa del
    Este. El capital ensanchó sus fronteras geográficas e incrementó la extracción
    de plusvalía simultáneamente. En esto jugó un rol central el relanzamiento
    de la carrera armamentística por parte de Reagan: el plan faraónico del
    escudo antimisiles, que dejó fuera de la competencia a la desgastada burocracia
    soviética. Esto y la crisis crónica de la producción, le permitió a la
    burocracia aprovechar la avanzada revolucionaria de las masas de finales de
    los ‘80 para pasar de apropiadores a propietarios capitalistas de los medios
    de producción, transformándola, de agente indirecto, en agente directo
    de la restauración capitalista. Por último, la restauración alejó definitivamente
    el fantasma de la revolución política, e impuso un horizonte de
    triunfalismo capitalista.
    El neoliberalismo dio nuevo vigor al capitalismo con el ataque a las conquistas
    obreras, el quiebre de las burocracias de los Estados obreros y las grandes
    ganancias que consiguieron los monopolios al encolumnar a las burguesías
    semicoloniales en el desmantelamiento de todo resto de “Estado benefactor”.
    Pero, por otro lado, el crecimiento de la economía norteamericana
    estuvo acompañado, no sólo de estancamiento en Japón y magro
    crecimiento en Europa, sino de convulsiones catastróficas en toda la
    periferia. La crisis de 1997, con el hundimiento de las economías asiáticas
    y los sufrimientos impuestos a las masas de esos países generó
    un repudio en amplios sectores de la juventud y de trabajadores contra
    la especulación financiera y las ganancias extraordinarias de las
    corporaciones multinacionales.
    La historia, entonces, no parece favorecer a los voceros del gradualismo
    que dan la espalda a la perspectiva de grandes convulsiones en el capitalismo
    en la actualidad, rechazando la actualidad de la revolución. Ni a los que
    quieren saltearse las complejidades de la dialéctica histórica, en la cual la
    “época de crisis, guerras y revoluciones” no niega la posibilidad de que el
    capitalismo logre períodos de respiro con el avance sobre las condiciones
    de vida de los trabajadores.
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 151
    CONTRADICCIONES EN EL PANORAMA
    DEL CAPITALISMO MUNDIAL
    Es cierto que el capitalismo no se caracteriza por una decadencia crónica
    e irresoluble, sin ningún desarrollo de las fuerzas productivas. Como bien
    plantea Ticktin, no hay contradicción entre la declinación del capitalismo y
    las posibilidades de un crecimiento relativamente prolongado.
    Agotada la contrarrevolución neoliberal, con los contradictorios resultados
    de la restauración capitalista en Rusia y Europa del Este, ¿puede
    el avance de la restauración capitalista en China, y su rol como dinamizador
    de la economía mundial, ser suficiente para vigorizar el crecimiento mundial
    por un período más o menos largo? Hoy reina un gran optimismo al
    respecto, al que se suma la perspectiva del rol que pueden jugar las otras
    economías fuertes de la periferia, los BRICs, (Brasil, Rusia, India y China).
    Optimismo reforzado por el crecimiento de 4 años, y los grandes
    negocios que incluyen a las burguesías semicoloniales como plataformas
    de mano de obra barata, o proveedoras de recursos naturales y productos
    agropecuarios.
    Pero aunque los grandes pulpos capitalistas lograron bases para un
    mejoramiento de las tasas de ganancias por la baja de salarios, resultado

    de décadas de ofensiva neoliberal y la incorporación de la oferta laboral
    de China, y además el menor manejo de stocks y capital circulante desarrollado
    en los últimos años llevó a la suba de la tasa de ganancia, estos elementos
    no han podido ser aprovechados en plenitud por el estrechamiento de la
    demanda, limitada cada vez más a los estratos superiores, y con un consumo
    crecientemente restringido por parte de los trabajadores y el conjunto de
    los sectores populares. Por eso, si comparamos el valor del producto
    mundial con las transacciones a futuro, veremos que estas últimas son
    cinco veces superiores a las primeras46. Esto muestra que las bases del
    capital para valorizarse son estrechas en relación con la masa de capitales
    que circulan, con lo cual estos no pueden realizar un proceso de producción
    de valor y extracción de plusvalía.
    Hoy, a pesar del crecimiento fuerte de la economía mundial en los
    últimos años, la crisis amenaza a la economía norteamericana, con sus
    crecientes déficit gemelos, y un fuerte consumo basado en un gran endeudamiento.
    Ya hemos dado cuenta en otros trabajos del deterioro económico y
    social de la economía norteamericana, es decir, “la fuerte pérdida de la
    base manufacturera o erosión de su base industrial”47.
    EE.UU. es, sin embargo, por su consumo, la base del actual crecimiento
    mundial. Ni Japón ni Europa, mucho menos China, pueden aspirar a
    46. Stroupe, “Crisis towers over the dollar” en Asia Times Online, 25/11/2004.
    47. Juan Chingo, “La debacle en Irak y la decadencia de la hegemonía norteamericana”
    en Estrategia Internacional Nº 23, diciembre 2006.
    152 LUCHA DE CLASES
    reemplazar a EE.UU. como gran consumidor mundial48. Pero por otra
    parte “detrás de este deterioro de la posición comercial, hay una realidad
    aun más profunda que es la pérdida o el rezago tecnológico. Por ejemplo, la
    vanguardia de la ‘nueva economía’ y la informática, constituyeron la revolución
    de las telecomunicaciones”49.
    En el marco de los comienzos del ocaso de la hegemonía norteamericana
    –en el que es impensable la abdicación pacífica de su actual posición dominante
    en el sistema internacional– se agravan los elementos que no sólo ponen en
    cuestión las posibilidades de sostener el actual ciclo de crecimiento, sino
    que indican que éste podría tener un fin abrupto. Por otra parte, los elementos
    que actuaron como contención de las crisis durante la posguerra,
    principalmente el rol del Estado de bienestar en EE.UU. y Europa occidental, y
    el stalinismo como pilar del orden de Yalta, o desaparecieron o se encuentran
    en profunda crisis. Los elementos tanto coyunturales como más estructurales,
    indicarían más bien que el actual ciclo de crecimiento de la economía
    mundial es efímero, y probablemente un preludio de agudos estallidos,
    potenciados por la situación de decadencia de la hegemonía norteamericana.
    ACTUALIDAD NO ES INMINENCIA
    Sin embargo, que estemos en la época de “crisis, guerras y revoluciones”,
    no significa que éstas estén a la vuelta de la esquina. Señala la actualidad de la
    revolución, aunque no siempre su inminencia. Pero el catastrofismo del PO
    transforma la época de crisis, guerras y revoluciones, en “crisis inmediata y
    generalizada”: cada caída bursátil es el preámbulo de un nuevo crack que se
    viene de manera inexorable. Incluso van más allá que la corriente lambertista
    de la que fueron parte hasta fines de los ‘70. Si esta corriente sostenía que
    había una crisis revolucionaria ininterrumpida desde 1943 en adelante, Rieznik
    retrotrae esta situación… ¡hasta 1848! Casi 160 años de inminencia de la
    revolución. Desaparece así cualquier especificidad de la época imperialista.
    Así como el gradualismo de Katz es la renuncia a un pensamiento estratégico
    de la revolución, el carnaval de la revolución que nos propone Rieznik,
    independientemente de los factores objetivos y subjetivos, expresa la incapacidad
    de comprender las complejidades de la dialéctica histórica. El
    marxismo, a diferencia de los distintos catastrofismos o estancacionismos,
    busca captar las complejidades del movimiento del capitalismo, cuya
    sobrevida, sólo puede darse a costa de los trabajadores y de una gran
    destrucción de fuerzas productivas. Por eso, para definir con claridad las
    48. Según un informe elaborado por Mastercard, China tiene una capacidad de consumo
    similar a la de España. Por otra parte, Japón apenas supera un tercio la capacidad de
    consumo de EE.UU., y Alemania está detrás de ésta (“Chasing the mythical China
    consumption boom”, 08/01/07).
    49. Juan Chingo, op. cit.
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 153
    tareas del momento, y la situación del proletariado para proponerse el
    derrocamiento del capitalismo, es fundamental definir y separar con claridad
    los momentos de crisis abierta de los que no lo son.
    Para poder abordar la dialéctica histórica, y no perderse en un mar de
    catástrofes invariables, es fundamental recordar con Trotsky que la actual
    etapa del capitalismo “revela más abiertamente que nunca la conexión entre la
    economía capitalista, que ha llegado a la cima de su saturación, con la política
    capitalista, que se ha transformado hasta ser completamente desenfrenada”50.
    El rol mucho más entrelazado entre economía y política para influir en los
    virajes de situación, es analizado por Trotsky a través de su estudio del equilibrio
    capitalista. ¿Cuál es la noción de equilibrio capitalista para Trotsky?: “El
    equilibrio capitalista es un fenómeno complicado; el régimen capitalista construye
    ese equilibrio, lo rompe, lo reconstruye y lo rompe otra vez, ensanchando,
    de paso, los límites de su dominio. En el dominio económico, las crisis y las
    recrudescencias de la actividad constituyen las rupturas y restablecimientos
    del equilibrio. En el dominio de las relaciones entre las clases, la ruptura del
    equilibrio consiste en huelgas, en lock-outs, en lucha revolucionaria. En el
    dominio de las relaciones entre Estados, la ruptura del equilibrio es la guerra
    generalmente, o bien, más solapadamente, la guerra de las tarifas aduaneras,
    la guerra económica o bloqueo. El capitalismo tiene pues un equilibrio
    inestable que de vez en cuando se rompe y se compone. Al mismo tiempo,
    semejante equilibrio posee gran fuerza de resistencia: la mejor prueba que
    tenemos de ella es que aún existe el mundo capitalista”51.
    El método de Trotsky, única base para lograr una verdadera articulación
    entre las determinaciones del capitalismo mundial y las particularidades con
    las que éstas se desarrollan en uno u otro Estado, permite también integrar
    los distintos giros de la situación, el pasaje del equilibrio capitalista a la
    catástrofe se puede abordar bajo una unidad metodológica, como momentos
    en los que se articula de distinta forma, la situación económica, la relación
    entre los Estados y la lucha de clases en el centro y en la periferia capitalista.
    Tanto Katz como Rieznik muestran su miseria de método frente a esta
    noción de equilibrio inestable. Las contradicciones del actual momento,
    que se acumulan pero aún no han estallado de forma catastrófica, pueden
    ser abordadas desde esta noción, para prever los giros probables, y deducir
    acertadamente las tareas que debemos llevar adelante los marxistas.
    4. A MODO DE CONCLUSIÓN
    Katz y Rieznik son dos polos opuestos pero que comparten una lógica
    economicista y se retroalimentan. El primero apela a las críticas al
    50. Trotsky, “La curva del desarrollo capitalista” en Naturaleza y dinámica…, op. cit. p. 73.
    51. Trotsky, “La situación mundial”, op. cit., p.31.
    154 LUCHA DE CLASES
    catastrofismo con el objetivo de disfrazar de socialista su gradualismo.
    Embelesado por el actual crecimiento económico, inventa un socialismo
    donde no lo hay. Su análisis de los nacionalismos radicales, de la disputa
    entre “neodesarrollismo y socialismo” tiene la función de embellecer la
    situación actual y justificar a gobiernos como el de Chávez.
    La respuesta de Rieznik, lejos de utilizar el marxismo para llamar a las
    cosas por su nombre, le contrapone una catástrofe constante, derivada de las
    contradicciones “insalvables” del capitalismo, que saltea la dialéctica real del
    proceso histórico. Por eso, el resultado de su respuesta no es más que una
    reedición farsesca del debate entre reforma o revolución, que poco aporta
    para pensar los desafíos a los que debemos responder los marxistas hoy. Y
    que en última instancia, como promete la revolución “inminente”, habilita a
    sobreestimar cualquier lucha por mejoras bajo cualquier circunstancia
    objetiva y subjetiva. Porque como ya vimos con Kautsky, el discurso teñido
    de catástrofes no es garantía de una práctica revolucionaria.
    Pero para cambiar la realidad, primero hay que comprenderla. Si al estatismo
    burgués lo llamamos socialismo, si en pleno auge económico sólo
    vemos catástrofe inminente, poco podremos hacer. Marx, al crecimiento de
    1850, lo llamó crecimiento, sin por ello perder el horizonte de la revolución.
    Y Trotsky, a los nacionalismos burgueses los llamó por su nombre, sin por
    ello dejar de reconocer las medidas progresivas que tomaron pero tampoco
    renunciar al desarrollo de la independencia política del proletariado.
    Para responder a los Sombart “socialistas”, que teorizan sobre el socialismo
    del siglo XXI alejándose de la perspectiva de la revolución, no hace falta desfigurar
    el marxismo. El método de Marx, su estudio de las condiciones concretas
    y su comprensión de las leyes fundamentales del capitalismo, enriquecidas por
    los análisis de los revolucionarios en el siglo XX, son un punto de partida
    mucho más fructífero para enfrentar a los nuevos escépticos de la revolución.
    La actualidad de la revolución no es una receta que se aplica ciegamente,
    como lo utiliza Rieznik: “El pensamiento revolucionario no tiene nada en
    común con la idolatría. Los programas y las predicciones se verifican y corrigen
    a la luz de la experiencia, que es el criterio supremo de la razón humana”52.
    En ese sentido es importante la recuperación de la noción de la declinación
    capitalista, para no limitarse a señalar que el capitalismo “se mantiene en pie”,
    ni contentarse con agregar que lo hace “catastróficamente”. Esta noción
    permite comprender cómo el capitalismo no permanece en una decadencia
    inmóvil, sino que pueden darse momentos de prosperidad relativa, como
    por ejemplo sucedió luego de la segunda guerra mundial (una de las mayores
    catástrofes que vivió el capitalismo)53. Así como el imperialismo, con el
    52. Trotsky, “A 90 años del Manifiesto Comunista”, op. cit., p. 162.
    53. En Estrategia Internacional Nº 19 afirmamos que el capitalismo de posguerra pudo
    alcanzar, al decir de Gramsci, una “‘superación’ en términos del crecimiento de un sistema
    que siempre se ha desarrollado ‘en la crisis’, en medio de ‘elementos que se equilibraban e
    DOSSIER | Entre el escepticismo y la catástrofe... 155
    mayor control del capital financiero, el desarrollo de los grandes trust y el
    salto en la socialización de la producción, fue definido por Lenin como
    un gran tributo del capitalismo hacia el socialismo, el americanismo, y el
    rol jugado por el Estado capitalista en la posguerra para atenuar los ciclos
    económicos, garantizando demanda adicional (keynesianismo militar),
    interviniendo los mercados financieros y desarrollando el Estado de
    bienestar, era también una negación parcial por medio de la acción de los
    Estados de los países capitalistas más avanzados, para asegurar la
    perpetuación del capitalismo. Pero junto con esto, tampoco puede pasarse
    por alto que la sobrevida del capitalismo no es gratuita. Su perpetuación,
    aunque posible, impone costos altísimos. El boom de posguerra exigió
    una carnicería de millones de personas. Que el capitalismo es declinante
    significa que los costos de sobrevivir a futuras crisis de semejante magnitud
    serán probablemente mayores.
    A contramano de los Katz que abrazan como novedad socialista los
    “nacionalismos burgueses” del capitalismo declinante, pero también de los
    catastrofistas incapaces de distinguir el momento de transición hacia la
    crisis de la irrupción de la misma, nos preparamos política y
    programáticamente para prever las nuevas “catástrofes” a las que conducirá
    el capitalismo y preparar la intervención revolucionaria en ellas, en vez de
    anunciar alegremente la inminencia del “derrumbe”.
    inmunizaban’. […] es la respuesta capitalista al nivel más alto a las contradicciones insanables
    que nacen de la estructura y que ‘las clases dominantes tratan de resolver y superar dentro
    de ciertos límites’”. Emilio Albamonte y Manolo Romano, op. cit.

    ENTRE EL ESCEPTICISMO Y LA CATÁSTROFE INMINENTE | 14-07-2008 - 08:46:36 GMT 1 #

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