Más allá de la deslealtad en el Compromís (EUPV-IU)
Antonio Díaz González es secretario del Aula Cultura -Más allá de la deslealtad en el Compromís (EUPV-IU).- Hay acciones políticas que desde el punto de vista de una concepción pesimista del hombre y de la sociedad tienen disculpa. Por eso, si creemos que «el hombre es lobo para el hombre» o que el mundo siempre será «un valle de lágrimas», cabe aceptar como norma el más feroz darwinismo social o la resignación ante la injusticia. Y, por el contrario, desde una idea positiva del devenir humano y social resultan inadmisibles las prácticas que conculcan esta filosofía. De ahí que esté generalizada la afirmación de que a la izquierda hay que exigirle un comportamiento ético que no se le reclama a la derecha. ¿Podría, por ejemplo, un partido de izquierdas sostener una mentira durante tres años como lo ha hecho del PP con el 11-M sin apenas coste alguno Es en este sentido que el poeta ruso Evgueni Evtushenko dijo que la única diferencia entre un canalla de derechas y otro de izquierdas consistía en que el segundo tenía la obligación del disimulo. Con modestia, intentando ser consecuente con esa filosofía de la exigencia moral, quien esto escribe, que ha participado desde la base en todas las etapas del proceso que ha culminado en la reciente asamblea de EU en Valencia, electo como delegado, y ha podido como todos los demás compañeros proponer y participar libremente en la elección de los candidatos, y tiene la seguridad de decir sin miedo a ser desmentido, que éste se ha realizado de manera absolutamente democrática y transparente (y así ha sucedido en todo el ámbito valenciano), saber que nuestra dirección federal pretende anular un proceso refrendado por más de un 80% de los asistentes a la misma, me sume en la tristeza aunque no en la sorpresa ni en el desconcierto. Ya, en un artículo que publiqué en el periódico INFORMACION el pasado 21 de septiembre, di pelos y señales de la deslealtad concertada entre EiP (hoy Iniciativa pel Poble Valencià) y el Bloc a propósito del incumplimiento flagrante del pacto de Compromís y opiné que ello formaba parte de una estrategia para arrumbar o extinguir a EUPV tal y como es actualmente. Como quiera que nadie desmintió mis argumentos, hoy me reafirmo en cuanto dije y añado que, desgraciadamente, lo encuentro coherente con las actuales decisiones de la cúpula federal de IU, y que apuntan a un reconocimiento de estas dos formaciones como su referente político en nuestra Comunidad. Por descabellado que parezca, EUPV puede quedar marginada. ¡Y el nexo y soporte de IU, su centralidad, sustentarse en el País Valencià en dos partidos nacionalistas! ¡Qué sarcasmo y qué burla más indigna a la militancia de EUPV! ¡Qué falta de ética y desprecio a los principios que fueron propios de IU! La dirección federal quiere imponer a EUPV un proceso de primarias, a fin de que puedan participar las dos diputadas expulsadas de la organización por la ilegal usurpación de funciones en las Cortes. Aunque creo que va a ser difícil que puedan humillar a una militancia demasiado acostumbrada a votar libremente. Cuando se anunciaron primarias entre Gaspar Llamazares y Marga Sanz para dirimir quién encabezaría la candidatura de IU, a muchos nos pareció bien, aunque se daba por descontada la victoria de Gaspar en el conjunto de España, ya que Marga, a excepción del País Valenciano, era prácticamente una desconocida. En cualquier caso, creíamos que iba a ser una buena baza propagandística para IU ante las elecciones. Pero he aquí que empezaron a suceder cosas sorprendentes. La dirección de IU negó a Marga
el elemental derecho de hacer su presentación en igualdad de condiciones que Llamazares: no se permitió que su escrito de candidatura acompañase al de éste, y Marga Sanz, por falta de recursos económicos, no pudo comunicarse con el electorado. Otra sorpresa, al menos para mí: me resulta difícil entender cómo en un recuento global de papeletas de votantes de toda España pudo saberse que en el País Valenciano Gaspar sacó a Marga un 10% de votos de ventaja. Pero la sorpresa más llamativa de todas es que la victoria de Gaspar haya devenido en fuente de derecho inapelable para exigir aquí y allá elecciones primarias que, como en el caso del País Valenciano, se mire por donde se mire, serían aberrantes.
Por lo demás, nadie discute la victoria de Gaspar ni las virtudes recién descubiertas de la «democracia postal». Que Julio Anguita y Ginés Fernández, director de «Mundo Obrero», y bastantes compañeros en muchos sitios, entre ellos Alicante, no hayan podido ejercer su derecho al voto sólo cabe achacarlo a las conocidas deficiencias del servicio español de Correos.

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