Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

Argelaguer Vall del Llierca
Uniò Argelagense Informació Municipal

El Blog de Leningrad Garrotxa Olot: Argelaguer - Tortellà - Montagut i Oix - Sales de Llierca - Sant Jaume de Llierca

30/09/2007 GMT 1

El dilema de los Biocarburantes

lejarza @ 21:30

Ladislao Martínez López/EL DILEMA DE LOS BIOCARBURANTES.-En los tiempos de crisis en las sociedadesReculls de prensa Argelaguer Vall del Llierca satisfechas crece con vigor la fe en los milagros tecnológicos. Y estos son tiempos de crisis: El cambio climático manifiesta con rigor sus efectos y dibuja, muy a corto plazo un escenario catastrófico e irreversible. El precio del petróleo trepa hasta cotas altas y anticipa, no sólo el fin del petróleo barato en el que ya estamos inmersos, sino la disponibilidad decreciente del mismo. Quizá esto explique la sorprendente conversión a la fe nuclear del secretario general de CC.OO, pasando por encima de los acuerdos en vigor del sindicato que preside. Y desde luego explica las desmesuradas expectativas suscitadas por los biocarburantes, que no son en modo alguno la solución milagrosa a los problemas del transporte que algunos han indicado y muchos han querido ver. Estoy de acuerdo con quienes señalan que los biocarburantes serán una anécdota, e incluso un problema, si continúan las desbocadas tasas de crecimiento del transporte motorizado consustanciales al capitalismo y exacerbadas por la globalización. Y del mismo modo estoy de acuerdo con quienes apuntan que en “un mundo lleno” es preciso estar vigilantes para ver las superficies de cultivo necesarias para producir los biocarburantes de primera generación y que sería una monstruosidad que se pusiera en riesgo la seguridad alimentaria de los países empobrecidos para dar energía a los automóviles de los países ricos.Y sin embargo creo que los biocarburantes pueden ser parte de la solución si se cumplen ciertos requisitos. La primera es que se controle el crecimiento de consumo de energía en transporte, algo posible como prueba el hecho de que en 2006 nuestro país, pese a tener una crecimiento del PIB del 4%, redujo el consumo de productos petrolíferos. Estas bajadas sólo serán coyunturales en el plazo corto y medio, pero permitirán ganar un tiempo precioso en la lucha contra el cambio climático.La segunda que se opte por la producción de biocarburantes de proximidad, en los países de consumo o en los que estén próximos a ellos. Esto permitirá que el balance energético y de emisiones de gases de efecto invernadero resulte positivo, como señala la práctica totalidad del mundo científico. Por ejemplo unas cifras de participación de biocarburantes del orden del 6%, como plantea la UE para 2010, podrían acarrear reducciones de emisiones de invernadero del orden del 4%. Que serán tanto mayores cuanto mayor sea la fracción que se genere a partir de aceites usados, un recurso poco explotado y que sin embargo en nuestro país es del orden de 1,3 millones de toneladas al año. Esta opción permitiría además reducir los impactos actuales de su vertido muchas veces incontrolado.Existirán además otras consecuencias ambivalentes. Por ejemplo al día de hoy es inexacto afirmar que los biocarburantes son responsables de las subidas de productos como el pan ya que el incremento de la demanda mundial de grano se debe sobre todo al surgimiento de una nueva clase media en China e India (¡de 400-500 millones de personas!) con nuevos hábitos alimentarios que incluyen mucha más proteína animal, obtenida de granos. A ello hay que añadir la actuación de los especuladores y de quienes detentan una posición de dominio en la cadena del valor. Y ha habido simultáneamente una reducción en la oferta por sequías en países productores importantes. Pero del mismo modo es claro, que aunque no lleguen a ser el factor determinante, un mayor uso de los mismos tendrá una mayor incidencia en los precios. Por otro lado, esta misma subida tendrá aparejado un incremento de las rentas agrarias menguantes en los últimos tiempos. Y es posible que se dée también un incremento de la actividad agraria sobre todo en tierras hoy abandonadas. No necesariamente esta mayor actividad implicará mayor ocupación porque podría ser absorbida por un incremento de la productividad. No me parece tan claro que esto lleve aparejado un incremento en la demanda de agua, en un país como el nuestro que ya no puede permitírselo, porque podría producirse a partir de terrenos en secano, por sustitución de cultivos con mayor consumo de agua (como el tabaco o el algodón ) o destinando a la producción de biocarburantes Argelaguer Esglesia de Santa Maria i Sant Damàs I (camps de colza)tierras de regadío abocadas al abandono por la PAC (como la remolacha o el maíz ). También podría ocurrir que se diera un mayor intercambio de materias primas entre países con más capacidad de producción (como Francia) y otros de menor (como el nuestro).El desarrollo de biocarburantes de primera generación incentivará el desarrollo de los de segunda, a partir de productos celulósicos, lo que en principio haría aumentar la gama de productos utilizables y reduciría la confrontación biocarburantes/alimentos. Con las cautelas que se deben tener ante los nuevos desarrollos tecnológicos, todo indica que estarán disponibles en un tiempo no muy lejano y que tendrán un mejor rendimiento energético. No sobra recordar, que cuando la UE se plantea llegar en 2010 al 10% de biocarburantes, lo condiciona a disponer para esa fecha de estos nuevos combustibles.Creo que lo que diferencia mi posición de otras, tan legítimas como la mía dentro del ecologismo en el difícil debate de los biocarburantes, es el peso que confiere a la inminencia e irreversibilidad del cambio climático y los problemas que espera que puedan tener otras alternativas al transporte. Como de forma brillante señala Cristina Rois en el número 54 de la revista Ecologista, no es exagerado afirmar que sólo disponemos de 10 años para combatir el cambio climático. Si en ese momento no hemos conseguido cambios profundos en sistema energético muy probablemente después no habrá soluciones regulares o malas. Sólo muy malas. Por eso casi todos los ahorros de emisiones son importantes y por eso hay que arriesgar.Pero es que además no hay mucha gente que haya pensado el coste de otras alternativas al transporte. Hoy en día hay casi unanimidad a la hora de considerar que, si hay un futuro sostenible, además de menos transporte, será necesario que se haga con pilas de combustible alimentadas probablemente con hidrógeno obtenido de energía solar. Aunque se considere un consumo de energía la mitad que el actual para el transporte, aunque la solar fotovoltaica tiene un rendimiento casi 20 veces mayor que la fotosíntesis y que probablemente aumentará, cuando se piensa en el coste energético de comprimir el hidrógeno hasta licuarlo y en la previsible eficiencia de las pilas y en la dificultad de obtener los materiales necesarios para todo el proceso,... se ve que también lleva aparejados significativos problemas ambientales. Uno bien visible sería la necesidad de ocupar ingentes cantidades de terreno para la captación de la energía y el transporte del hidrógeno.Y es que sobre el ecologismo maduro pesan dos terribles maldiciones. La primera la enunciada por Georgescu-Roegen: La materia es una forma de tecnología. Y ya hemos usado la materia-tecnología de más fácil uso. Podrá haber otras que resuelvan algunos de los problemas actuales, pero traerán otros nuevos. La segunda es más prosaica: L@s ecologistas viviríamos mucho más felices si se cumplieran menos nuestras temidas profecías.(Ladislao Martinez es responsable del Área de Energías en Ecologistas en Acción) SiR Lejarza Argelaguer-Garrotxa Llierca

Comentarios
VALL DEL LLIERCA Cap Argelaguer: Sales de Llierca, Sant Jaume de Llierca, Montagut i Oix, Tortellà. VALL D'HOSTOLES Cap Les Planes d'Hostoles: Sant Feliu de Pallerols, Sant Aniol de Finestres. ÁMBIT DE BESALÚ Cap Besalú: Beuda, Maia de Montcal, Sant Ferriol. CONCA ALTA DEL FLUVIÁ Cap Olot: Castellfollit de la Roca, Les Preses, Riudaura, Sant Joan les Fonts, La Vall de Bianya, La Vall d´en Bas, Mieres, Santa Pau.

Comentarios(2) »

  1. Rosa Binimelis, Mónica Vargas y Alejandro Jurado:
    En España, la Ley 24/1998 del Sector de Hidrocarburos establece el objetivo (obligatorio) de que para 2010, el 5,75% del consumo energético en transporte proceda de agrocombustibles, acorde con las directivas europeas

    El modelo de implantación de los agrocarburantes a gran escala profundiza el proceso de concentración masiva de riqueza y prioriza la rentabilidad económica de unas pocas empresas por sobre la sustentabilidad social y ambiental de las regiones más vulnerables del planeta. Derivar productos alimenticios a combustibles tendrá efectos catastróficos en los países en vías de desarrollo, comprometiendo la soberanía alimentaria de millones de personas.

    La expansión de los agrocombustibles a escala global puede explicarse, en buena medida, por el apoyo que las principales potencias económicas, Europa y EUA, brindan mediante políticas públicas, subvenciones y medidas legislativas. En España, la Ley 24/1998 del Sector de Hidrocarburos establece el objetivo (obligatorio) de que para 2010, el 5.75% de su consumo energético en transporte proceda de agrocombustibles, acorde con las directivas europeas.

    Sus defensores argumentan el aumento de la seguridad energética (léase la reducción de la dependencia frente a los países productores de petróleo percibidos como “políticamente inestables”); la preocupación por el calentamiento global, por la hipotética “reducción” de las emisiones de gases con efecto de invernadero (CO2, óxido nitroso, etcétera) y, finalmente, el dar respuesta a la crisis del sector agrario en los países del Centro, que permitiría, dicen, mejorar las condiciones de vida los pobladores de la Periferia al ofrecerles mercados para sus productos agrícolas . Este último argumento se articula con el de los países productores como Brasil: mostrar a los carburantes elaborados con base en la biomasa como solución a la pobreza, el éxodo rural y las desigualdades sociales, al promover el “desarrollo rural”.

    El impacto de los agrocarburantes en el mundo rural estará fuertemente determinado por el precio de las materias primas y por el modelo global o local que se imponga en cada región.

    Existe un debate sobre las razones del aumento progresivo del precio de los alimentos básicos (pan, por ejemplo): ¿es éste atribuible a la utilización de las producciones agrícolas (maíz, trigo, colza, caña de azúcar, oleaginosas, etcétera) para elaborar agrocombustibles (que actualmente es poco significativa), o se explica por el crecimiento sostenido de la demanda y el estancamiento de la producción mundial?

    Independientemente de la explicación, derivar productos alimenticios a combustibles (ante igual comportamiento de la productividad mundial y en el actual modelo de producción a gran escala) tendrá efectos catastróficos en los países en vías de desarrollo, comprometiendo la soberanía alimentaria de millones de personas. Incluso si no se trata de cultivos alimenticios (como es el caso de la jatrofa), el resultado es el mismo pues se desplazan parcelas inicialmente destinadas a la alimentación local. Por otro lado, el aumento de precio de algunas materias primas para la alimentación animal (piensos) eleva el costo de producción de los ganaderos, que si lo trasladan al consumidor no serán los únicos perjudicados.

    A modo de ejemplo, consideramos aquí el caso de la implantación de los agrocombustibles en el Estado español, que aspira a incrementar de manera masiva este tipo de producción. Analizamos su capacidad de producción de agrocombustibles y su relación con las hectáreas necesarias para satisfacer localmente la producción. Analizando las redes implicadas identificamos quiénes controlan el negocio.

    En España existen 46 plantas de producción de biodiésel (16 productivas, 19 en construcción y 11 en proyecto) y 4 plantas de bioetanol en actividad [1]. La capacidad de producción de biodiésel es de 670 mil toneladas/año, aunque la producción de 2006 no superó el 19% de la capacidad instalada. A pesar de ello, se prevé triplicar la capacidad productiva en los próximos 2 años, cuando se finalicen las plantas en construcción, hasta aumentar a un 600% con el funcionamiento de las plantas proyectadas. Mientras hoy se producen 41 875 tn/año de media por planta, las plantas en construcción tienen el potencial de producir 103 579 tn/año, y las que están en proyecto rondarían las 185 mil tn/año. La planta proyectada por infinita en Huelva, por ejemplo, podría producir 600 mil tn/año, 4.8 veces más que el conjunto de plantas en 2006.

    Si el biodiésel se produjera a partir de colza, se necesitaría usar el 10% de las tierras cultivables del Estado español para atender la demanda que supondría la totalidad de las plantas de biodiésel en pleno funcionamiento. De utilizarse girasol o soja, este porcentaje se duplicaría. La tendencia actual muestra que las materias primas no provendrán de territorio español, sino que la mayoría se importará de Argentina, Brasil, Centroamérica, Indonesia, etcétera, recorriendo miles de kilómetros. Según un informe de Asociación de Productores de Energías Renovables (appa, 2007), la cantidad de oleaginosas requeridas en Europa en 2020 supondría más de 90% de toda la producción comunitaria y por tanto, el abastecimiento de biodiésel sólo será posible recurriendo a la importación del 50% del consumo previsto. El transporte requerido por dicha importación implica aumentar las emisiones de co2 ya que se realiza mediante combustibles fósiles. En el Estado español, el 61% de la producción de biodiésel se exporta a países de la Comunidad Europea, lo que implica aún más consumo de energía fósil, comprometiendo el balance final de emisiones de CO2. La producción de biodiésel en España en 2010 podría duplicar el objetivo marcado por la legislación, lo que parece continuar la tendencia actual.

    La producción de bioetanol en 2006 fue de 321 mil toneladas (72% de los agrocombustibles), sobre una capacidad de producción de 441 mil toneladas anuales. Aunque aún no existe ningún proyecto de construir nuevas plantas de bioetanol, dicha capacidad queda muy por debajo de la producción requerida para cumplir los objetivos de la legislación europea —sólo un 32% del objetivo. La mayor parte del bioetanol se destina al consumo interno (75%).

    Cabe subrayar una novedosa convergencia entre el sector público y las grandes empresas del sector petrolero, automovilístico, agroalimentario, biotecnológico, energético y financiero. A nivel global, vemos por ejemplo a la petrolera BP asociarse con la biotecnológica DuPont para proveer el mercado británico del biobutanol, o a la semillera Bunge plantearse una alianza con la constructora Acciona para suministrar biodiésel a Repsol YPF.

    Observamos por ejemplo que en la planta Bio-Gibraltar se ubican inversiones de Abengoa y Cepsa (de la que la petrolera francesa Total controla 48%, bsch 30% y Unión Fenosa 5%). La planta de Bio-Dosbio se encuentra a cargo de Biocombustibles Castilla y León, participada por Abengoa, y el gigante agroalimentario Ebro Puleva. En el negocio de los agrocarburantes intervienen principalmente grandes corporaciones españolas [2]. A pesar de la gran cantidad de actores, las 5 empresas con mayor volumen de producción de agrocarburantes en el Estado español reunieron en 2006 una cuota conjunta de 88% sobre el total de la producción (DBK, 2007).

    Los distintos niveles de gobierno y numerosos centros de investigación públicos y privados son parte del entramado al apoyar la producción de agrocombustibles: la planta Bionet Europa (Reus) tiene participación del Instituto para el Desarrollo Energético (IDEA), l’Institut Català de l’Energia (ICEAN), y socios privados como Agrar Tecknick y Reagra; la planta Idea (Alcalá de Henares) es impulsada por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (idae) y la Universidad Complutense de Madrid; o la planta Biodiésel de Andalucía 2004 sa-vida, proyecto subvencionado al 100% por el gobierno andaluz.

    La implementación obligatoria de los agrocarburantes en el sector de transportes, sin disponer de la capacidad de producción local necesaria, ni de disponibilidad de tierras dentro del Estado español para cultivos energéticos, genera la necesidad de importar materia prima (soja, palma aceitera, maíz, etcétera). Una mayor demanda de materia prima implica el desarrollo desmesurado de cultivos energéticos en países en vías de desarrollo, lo que tendrá impactos sociales y ecológicos negativos, pues supone que los países productores incrementen la superficie de cultivo. En diversas regiones esto provocará el avance irremediable de la frontera agropecuaria sobre áreas de incalculable valor biológico y cultural, profundizando, además, los impactos ya conocidos de los monocultivos: el uso desregulado de agroquímicos, el desplazamiento de comunidades indígenas y campesinas, el despoblamiento rural por la concentración de la tierra y la producción de gran escala para exportación.

    Todo ello por satisfacer las necesidades energéticas del mundo desarrollado [3], cuando en realidad debería primar la generación de recursos energéticos con materias primas locales, privilegiando la búsqueda de la soberanía energética.

    El modelo de implantación de gran escala profundiza el proceso de concentración masiva de riqueza y prioriza la rentabilidad económica de unas pocas empresas por sobre la sustentabilidad social y ambiental de las regiones más vulnerables del planeta. Nos preguntamos entonces cómo pueden acceder los pequeños agricultores y las comunidades rurales a los beneficios de la producción y comercialización de los agrocombustibles cuando la producción, la distribución, la provisión de insumos y la regulación del precio se hallan en manos de las grandes corporaciones y lobbies económicos. Cómo es que gobiernos “de profundos valores democráticos” promueven los biocombustibles, aun sabiendo que en los países productores esto generará profundas desigualdades, exclusión social, pérdida de diversidad, libertades y autonomía. Peor si consideramos que las poblaciones de estos países no tienen ninguna participación en la toma de decisiones que afectarán directamente su modo de vida.

    Y en cuanto a la supuesta solución que constituirían los agrocombustibles ante el cambio climático, el modelo agro exportador contribuye en 14% a las emisiones de gases de efecto invernadero y los cambios de uso de suelo (sobre todo la deforestación) representan otros 18% [4]. Por tanto resulta difícil entender que se pretenda mitigar el calentamiento global intensificando dicho modelo para producir agrocarburantes.

    Consideramos que producir agrocombustibles en pequeña escala (para autoconsumo, con materias primas que no entren en conflicto con la producción alimentaria o bien provengan del reciclado o del cultivo de tierras degradadas, promovidas por cooperativas o asociaciones de pequeños productores, entre otras características) podría constituir un modelo alternativo viable. En lo inmediato, una respuesta atinada se ubica en políticas que regulen el consumo energético insostenible, mejoren la eficiencia y, de manera general, permitan iniciar un proceso de descrecimiento operando una ruptura con la lógica crematística actual, principal responsable de dichas problemáticas. Proponemos la aplicación de principios de sustentabilidad, dar prioridad a tecnologías que aumenten la productividad de los recursos, en vez de incrementar la cantidad extraída de recursos (Daly, 1997), dar prioridad a tecnologías orientadas a la satisfacción de necesidades básicas y que contribuyan a la reducción de las desigualdades (Vilches y Gil-Pérez, 2003), y aplicar el Principio de Precaución cuando no conocemos las repercusiones económicas, sociales, ambientales e institucionales que una tecnología puede desencadenar en el ámbito local y global. A partir de la noción de justicia ambiental , es que las políticas públicas del Estado español deberían tender a evitar la afectación social y ambiental de las poblaciones de la Periferia, provocada por el uso desproporcionado de los recursos de por sí limitados del planeta por las sociedades del Centro, y las propias empresas españolas. La expansión de varias de ellas ha contado con diferentes mecanismos públicos de apoyo a la internacionalización, a pesar de haber demostrado en los últimos años una auténtica irresponsabilidad social corporativa en sus actuaciones en el Sur [5].

    * Rosa Binimelis, Observatori del Deute en la Globalització – Càtedera unesco de Sostenibilidad de la Universitat Politècnica de Catalunya e Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental-Universidad Autónoma de Barcelona.
    Mónica Vargas, Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental-Universidad Autónoma de Barcelona.
    Alejandro Jurado, Instituto de Gobierno y Políticas Publicas-Universidad Autónoma de Barcelona.

    Publicado en Revista Biodiversidad en España
    http://www.grain.org/biodiversidad/

    Notas

    [1] Ver páginas web de las empresas productoras. Se puede encontrar un listado parcial en: www.biodieselspain.com y www.appa.es. Ver también Ramírez, 2007. Cabe destacar las dificultades que tuvimos en conseguir información sobre la materia prima a partir de la cual dichas empresas producen agrocarburantes.

    [2] Base de datos SABI, páginas web de las empresas mencionadas. Éstas y otras empresas de los sectores antes citados realizan fuertes inversiones en agrocarburantes en Latinoamérica, Indonesia y Malasia.

    [3] El 14 % de la población (países desarrollados) consume el 50% de la energía mundial.

    [4] “Informe Stern: la economía del cambio climático” (http://www.ambientum.com/documentos/general/resumeninformestern.pdf)

    [5] http://www.odg.cat

    Bibliografía

    APPA, 2007. Biocarburantes y Desarrollo Sostenible. Mitos y Realidades, Madrid. Disponible online: http://www.appa.es/descargas/Doc_biocarburantes_1309.pdf

    DBK, “Biocarburantes”, Informe especial, Madrid, 2007.

    Ramírez Copeiro del Villar, J., “Principals aspectes del mercat espanyol del Biodièsel”. Ponencia en las III Jornadas del Biodiésel. Asociación Catalana del Biodiésel.

    Daly H. (1991) Steady-State Economics (Washington dc, Island Press). Vilches, A. y Gil-Pérez, d. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Press. Capítulo 12.

    La trama de los agrocarburantes en España | 06-01-2008 - 10:15:59 GMT 1 #

  2. EL CREPÚSCULO DE LA ERA TRÁGICA DEL PETRÓLEO
    Pico del oro negro y colapso financiero (y ecológico) mundial, por
    Ramón Fernández Durán
    Miembro de Ecologistas en Acción
    A Ken Saro Wiva y los ochos ogonis más asesinados en 1995 (bajo presión de la
    Shell) por defender el hábitat del Delta del Níger de la extracción del petróleo
    “En 1859, la especie humana descubrió un enorme cofre del tesoro en su
    sótano: el petróleo y el gas, unas fuentes de energía que se encontraban con facilidad y
    a bajo coste. Hicimos, al menos algunos de nosotros, lo que nadie hace con un tesoro
    en el sótano, sacarlo y despilfarrarlo”.
    Kenneth Boulding, “Ecodinámica” (1978)
    “La energía de un simple litro de gasolina es prácticamente equivalente a la
    energía que gasta una persona en un mes trabajando duro (produciendo un cuarto de
    Caballo de Vapor), y un trabajador americano con un sueldo mínimo puede comprar
    un litro de gasolina con unos veinte minutos de trabajo. Es decir, una proporción de
    600 a 1 (…) Por lo tanto, incluso para un trabajador con un sueldo bajo, la energía ha
    sido, y es todavía, tan increíblemente barata que prácticamente resulta gratis. De ahí
    nuestra capacidad para crear una sociedad en la que cualquier persona tiene cientos
    de esclavos energéticos. Esto es lo más cercano a la energía libre que jamás tendrá el
    hombre”
    Richard Heinberg, “Se Acabó la Fiesta” (2006)
    “La agricultura primitiva aunque sostenible había permitido que la población
    aumentara hasta cerca de mil millones al amanecer la Era del Petróleo. La población
    entonces se expandió seis veces, exactamente al tiempo que lo hacía la producción del
    petróleo. Una tasa de crecimiento sin precedentes en la historia de la Humanidad”.
    Colin Campbell, “El Final de la Primera Parte de la Era del Petróleo” (2006)
    “El pico del petróleo será un punto de inflexión histórico, cuyo impacto mundial
    sobrepasará todo cuanto se ha visto hasta ahora, y esto pasará en la vida de la
    mayoría de las personas que viven hoy en el planeta”
    W. Youngquist, carta citada en Duncan, 2006
    1 Este texto es la versión electrónica de una publicación de Virus (http://www.viruseditorial.net) con Ecologistas en
    Acción (http://www.ecologistasenaccion.org) de junio de 2008, y agradezco a Chusa Lamarca su ayuda en la
    configuración definitiva del mismo.
    Esta versión electrónica se ha cerrado casi un mes después de que se hubiera ultimado el texto, para hacerla coincidir
    con la salida del libro a la calle. En este mes el precio del petróleo ha experimentado una subida espectacular de 20
    dólares, situándose por encima de los 135$, profundizando en la subida del crudo que venía ya manifestándose con
    fuerza en los últimos años. Hemos entrado de lleno en el fin de la era del crudo barato, y estamos iniciando el recorrido
    por territorios desconocidos, propios del próximo declive energético global. Las claves para entender el porqué de todo
    ello y los nuevos escenarios que se abren se intentan apuntar en el texto.
    2
    Í N D I C E
    · El final del siglo XIX: Los albores del petróleo (pág. 3)
    · El siglo XX, el petróleo desplaza al carbón como energía dominante (pág. 4 )
    · Del petróleo yanqui al petróleo árabe, y el dominio occidental del crudo (pág. 5)
    · Conflictos en Oriente Próximo, creación de la OPEP y estatalización del petróleo (pág. 7)
    · Crisis energéticas: poder árabe, ascenso de Jomeini, guerra Irak-Irán y Doctrina Carter
    (pág. 8)
    · Las víctimas y los ganadores de las crisis energéticas (pág. 10)
    · Vuelve el crudo barato, durante veinte años (pág. 11)
    · “Primera” (Segunda) Guerra del Golfo y el mundo unipolar de EEUU (pág. 12)
    · Privatizaciones y apropiación de recursos versus poder de empresas estatales (pág. 13)
    · Vuelve el poder de la OPEP, debido a factores políticos y a problemas de oferta (pág. 14)
    · El petróleo al finalizar el siglo XX, la energía dominante a escala mundial (pág. 15)
    · Petróleo, trabajo humano, giro neoliberal y adicción global al crudo (pág. 17)
    · El tributo ecológico global de la sed insaciable de oro negro (pág. 18)
    · 11-S, y Globalización Armada en la lucha por el petróleo: Afganistán e Irak (pág.20)
    · La lucha por el crudo se acentúa en torno a la “Elipse” y se desborda a escala mundial (pág.
    21)
    · El petróleo mexicano, en el punto de mira de EEUU y sus petroleras (pág. 23)
    · Proliferación de las resistencias “antipetroleras” a escala global y fin del crudo barato (pág.
    25)
    · Acercándonos a toda máquina al pico del petróleo mundial (pág. 26)
    · Manteniendo como sea (por ahora) el crecimiento del flujo energético mundial (pág. 30)
    · Escenarios inviables y pavorosos versus decrecimiento obligado (pág. 33)
    · La depresión-deflación global está ya en marcha, activada por el petróleo (pág. 35)
    · ¿Ganando tiempo, o precipitándonos hacia el desastre final y la guerra? (pág. 37)
    · Decrecimiento: oportunidad para la transición postfosilista y la lucha contra el cambio
    climático (pág. 39)
    · Bibliografía (pág. 42)
    3
    El final del siglo XIX: los albores de la Era del Petróleo
    El siglo XIX fue el siglo del inicio de la Revolución Industrial, en base al carbón, y del
    consiguiente dominio imperialista de Europa en el mundo. El petróleo no empezaría a explotarse
    industrialmente casi hasta el último tercio del siglo XIX2. El primer pozo se perforó en la costa Este
    de EEUU en 1859, pero su explotación masiva y mundial no se abordaría plenamente hasta el siglo
    XX, cuando cambia la matriz energética del capitalismo de la época. Además, al principio el
    petróleo se utilizó principalmente como lubricante. Y lo mismo podríamos decir del motor de
    explosión que aunque se descubre en 1870, no se difundiría masivamente hasta entrado el siglo XX
    (Heinberg, 2006). Esta revolución de los combustibles fósiles, que permitió sustituir y multiplicar
    (muchas veces) la capacidad de trabajo animal y humana, afianzaría de forma potente y definitiva la
    idea del progreso indefinido, del crecimiento “sin fin”, y de los enormes beneficios derivados de la

    explotación sin freno de la naturaleza. A quién se le iba o ocurrir que esta borrachera de derroche de
    una herencia energética (luz arcaica concentrada), que había tardado unos 300 millones de años en
    formarse bajo la corteza terrestre, pudiera tener algún día fin. Iniciarse en algún momento la
    decadencia. Y eso que poco antes de que empezara la explotación del petróleo,

    Rudolf Clasius nos
    alertaba acerca de la ley de la entropía (1850), la ley de la degradación inexorable de la energía.
    Pero esa ley absolutamente clave fue minusvalorada y desechada por todos los adalides del
    Progreso, tanto burgueses como marxistas, pues empañaba la imagen incontestada de éste y la del
    desarrollo “sin fin” de las fuerzas productivas, base de la teoría del “socialismo científico”.
    Además, fuerzas muy poderosas ocultarían esas “verdades incómodas” (parafraseando irónicamente
    a Al Gore), pues era mucho lo que estaba en juego. Pero, igualmente, los nuevos “dioses” que se
    habían levantado con la modernidad europea, y que se habían visto súbitamente apuntalados por la
    Revolución Industrial, en base al carbón, y más tarde debido también al petróleo, impedirían
    percibir que entrábamos en una etapa excepcional de la historia que, sin lugar a dudas, tendría
    conclusión.
    El siglo del petróleo, un siglo tremendo a punto de entrar en escena, iba a significar un paso
    de gigante en la expansión de la lógica del capital a escala global, gracias a la utilización masiva del
    crudo, que por supuesto iba a activar también las resistencias a dicha expansión y funcionamiento.
    Pero un nuevo régimen energético tarda décadas en desplegarse (necesidad de desarrollar nuevas
    tecnologías, nuevas empresas, nuevas formas de distribución, nuevas infraestructuras, nuevos
    vehículos, nuevas necesidades sociales, nuevos marcos legales, nueva financiación, etc.), y en
    desplazar el régimen energético previo (en este caso, el del carbón) (Abramsky, 2006). Es por eso
    por lo que el petróleo no se pudo afirmar como el régimen energético dominante hasta entrado el
    siglo XX, a pesar de que se venía explotando con cierta intensidad en EEUU desde antes de 1880, y
    de que en esa fecha la Standard Oil, pilotada por los Rockefeller, controlaba ya el 90% de las
    explotaciones en EEUU y en el mundo entero. En concreto, en 1872 una filial de la Standard Oil
    iniciaba la primera explotación petrolífera en Perú, abriendo la vía a otras que seguirían más tarde
    en América Latina. Esta empresa se puede considerar quizás la primera empresa transnacional
    moderna (Heinberg, 2006; Dore, 1994).
    En Eurasia, las primeras explotaciones impulsadas por los Nobel tienen lugar en el imperio
    ruso, en el Caspio, a finales también del XIX, pero fueron de mucho menor calado que en EEUU.
    Igualmente, las potencias y los capitales europeos intentan asimismo subirse al carro del nuevo
    régimen energético que se vislumbraba en el horizonte, y empiezan a impulsar los embriones de
    futuras grandes empresas petroleras para posicionarse adecuadamente en el nuevo escenario. Pero
    en el siglo XIX tan sólo la Shell, con base en Londres, y la Royal Dutch, de capital holandés,
    empezarían su andadura (más tarde se fusionarían). El resto de lo que luego serían las grandes
    2 El petróleo que se encontraba superficialmente se había utilizado a lo largo de la historia para impermeabilizar
    embarcaciones, madera, ropa, etc., así como para alumbrado.
    4
    empresas petrolíferas europeas, incluida la que sería más adelante la poderosa British Petroleum
    (que se inicia como Anglo-Iranian Oil en 1901), no se crearían hasta bien entrado el siglo XX, en la
    década de los locos años 20. En definitiva, las potencias europeas tardan décadas en reaccionar ante
    la avalancha petrolífera que se avecinaba, es más, que estaba ya en marcha; y además, Europa, al
    principio, no “tenía” petróleo (pues no sabía de su existencia bajo el Mar del Norte), y eso iba a ser
    un factor determinante para que el siglo que se abría fuera a convertirse en el siglo de EEUU. Sobre
    todo, porque Norteamérica en general, y EEUU en particular, tenían mucha más abundancia natural
    de minerales energéticos que Europa, y sobre todo petróleo3 (Heinberg, 2006; Barreda et al, 2007).
    El auge del petróleo desde finales del XIX, se venía a sumar a una extracción también
    creciente del carbón, por lo que el flujo energético fósil estaba en clara expansión, y se vería
    reforzado aún mucho más (muchísimo más) a lo largo del siglo XX, como veremos. Este flujo
    energético engrasaba e impulsaba las ruedas del crecimiento económico “sin fin”, debido al
    incremento fabuloso de la productividad del trabajo que suscitaba, pero posibilitó también, muy
    especialmente, una muy fuerte expansión de la esfera monetario-financiera, especialmente en el
    cambio de siglo, esa etapa que se ha llegado a conocer como la “primera globalización”. La
    expansión de la producción hacía posible la expansión de la economía monetaria y del dinero
    bancario (el complemento del dinero fiduciario –papel moneda- creado por los bancos centrales). El
    dinero bancario es una cantidad creada por los banqueros por así decir de la nada, ex nihilo, a partir
    de los depósitos de sus clientes, y ello a su vez fue alimentando una esfera financiera cada vez más
    potente que era la que se proyectaba a escala global, mediante la libre movilidad de capitales (Fdez
    Durán, 2003). Como nos dice Campbell (2006): se produce un “rápido auge del capital financiero
    (desde el inicio de la Era del Petróleo), en un sistema en que los bancos prestaban más dinero del
    depositado y cobraban intereses por ello. El sistema basado en que la expansión del mañana,
    impulsada por la energía barata, basada en el petróleo, era prenda y garantía de la deuda de hoy”.
    Ese sería el sistema que funcionaría hasta el extremo a lo largo de todo el siglo XX, con crisis por
    supuesto, como se dieron también importantes crisis bancarias a lo largo del XIX, precipitando
    bancos a la quiebra que tuvieron que ser rescatados por los bancos centrales. Una parte importante
    de la función de éstos, cuya creación se extiende a lo largo del XIX, como una de las instituciones
    centrales de los Estados-nación. Esta dinámica de creciente financiarización se desbocaría en las
    últimas décadas del siglo XX, llegando de forma absolutamente descontrolada hasta el presente, al
    tiempo que se empezaba a rozar el principio del fin de la era de los combustibles fósiles. Pero todo
    ello está tocando ya a su fin, como veremos al final del texto.
    El siglo XX, el petróleo desplaza al carbón como energía dominante
    El siglo XX se puede dividir en dos grandes periodos. Desde sus inicios hasta, grosso modo,
    el final de la Segunda Guerra Mundial, y la segunda mitad del mismo. Los rasgos de todo tipo que
    caracterizan esos dos períodos son enormemente distintos. Entre ellos, las diferencias en cuanto al
    régimen energético dominante. Aspecto este determinante. La primera mitad del siglo estaría
    todavía marcada por el predominio mundial del carbón como fuente energética principal, a pesar de

    la intensa progresión del consumo del petróleo, en especial en EEUU, y en menor medida en
    Europa, muy ligada a la fuerte irrupción de la industria del automóvil, y al transporte por carretera
    en general. Emergía con fuerza el American Way of Life, proyectado con fuerza también desde
    Hollywood, lo que tendría repercusión planetaria a lo largo del siglo. El nuevo bastión de Occidente
    iba a intentar ganar así las mentes y corazones del mundo, e iba a difundir nuevas formas de vida
    que tendrían también un enorme impacto territorial. En EEUU se empezaría a desarrollar asimismo
    3 Además, EEUU era un inmenso Estado en el que los propietarios del suelo poseían también los recursos del subsuelo
    y tenían derecho a la extracción, o podían ceder o arrendar a las petroleras dichos derechos. En otros Estados, los
    gobiernos normalmente son los dueños de los recursos del subsuelo y son los que aprueban las concesiones y
    condiciones por un determinado periodo. Eso iba a conferir características especiales al capitalismo estadounidenses, en
    el que las empresas petrolíferas iban a jugar un papel determinante.
    5
    una potente revolución de la producción agropecuaria (agricultura y ganadería industrializadas), que
    la haría posible igualmente el petróleo. Pero el predominio global del petróleo no se produciría
    hasta la segunda mitad del siglo XX, incluso en EEUU4, y por supuesto en Europa occidental, si
    bien su fuerte desarrollo desde principios de siglo ya estaba marcando a todos los niveles la
    evolución y el balance geopolítico de la primera mitad del siglo (Los Amigos de Ludd, 2007).
    En el cambio de régimen energético jugaron muchos factores, e indudablemente las grandes
    ventajas, múltiples usos y flexibilidad del petróleo sobre el carbón, que fueron decisivas, pero un
    elemento de gran importancia sería sin duda también las importantes huelgas mineras y ferroviarias
    que sacudieron Europa y EEUU en el periodo 1880-1920. No hay que olvidar que las minas eran
    fundamentalmente de carbón, y éste se transportaba prioritariamente por ferrocarril. El grueso de la
    capacidad de resistencia y organización del importante movimiento obrero de esos años estaba
    principalmente en esos sectores. La extracción de petróleo requería mucha menos fuerza de trabajo
    que el carbón, y su transporte sería mediante oleoductos, barcos y transporte por carretera,
    principalmente, por lo que su irrupción era una forma asimismo de intentar domesticar y contener
    dichas luchas (Mitchell, 2007; Podobnic, 2006).
    Pero, además, el petróleo iba a ser uno de los elementos determinantes de las
    importantísimas partidas geopolíticas de la primera mitad de siglo, y en especial del desarrollo y
    desenlace definitivo de las dos guerras mundiales, que iban a abrir un nuevo marco geopolítico
    global en su segunda mitad. Dos guerras mundiales que iban a ser las más destructivas que se han
    conocido en la historia de la Humanidad, con unos setenta millones de muertos en territorio europeo
    (más de cinco sólo a causa del Holocausto). El petróleo iba a cambiar decisivamente el “arte de la
    guerra” en la Primera Guerra Mundial, “de la caballería, soldados a pie, artillería tirada por caballos
    y buques de carbón, a buques, tanques, transporte motorizado y aviones con derivados del petróleo
    (...). La propia Royal Navy británica dejaría de quemar carbón a principios del siglo XX y se
    alimentó de petróleo (...). Las consecuencias de la Gran Guerra quedaron determinadas por el
    petróleo. Los aliados trataron de cortar las líneas de suministro alemanas, mientras EEUU el mayor
    productor de petróleo del mundo fue importante para la ayuda de los aliados. Alemania se rindió
    cuando apenas le quedaba combustible para unos días. En la Segunda Guerra Mundial Alemania
    tenía como objetivo el acceso al petróleo (fundamentalmente al Cáucaso, que no pudo alcanzar y
    dominar tras el desastre de Stalingrado) y lograr victorias decisivas mediante ataques mecanizados
    sorpresa (blitzkrieg, guerra relámpago; que requería una movilidad impensable sin petróleo). (La
    Alemania Nazi se volvió a quedar sin petróleo otra vez al final de la contienda, lo que fue un
    elemento decisivo igualmente en su derrota, junto con el avance del Ejército Rojo). Uno de los
    principales objetivos de la expansión de Japón era también hacerse con el petróleo de las Indias
    Holandesas (Indonesia). Por tanto, a mediados del siglo XX, el petróleo se había convertido en el
    combustible cada vez más crítico y en un objetivo geopolítico para la guerra” (Heinberg, 2006).
    Del petróleo yanqui al petróleo árabe, y el dominio occidental del crudo
    El siglo XX empieza pues con un abrumador predominio global de EEUU en relación con la
    extracción de petróleo, sobre todo después de la puesta en explotación de los yacimientos gigantes
    encontrados en Texas y Oklahoma en los 30, siendo además el principal consumidor y el primer
    exportador mundial de crudo hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Y Estados Unidos
    termina el siglo convirtiéndose en el mayor importador de crudo del mundo, quedando desplazado
    al tercer puesto de extractor global de petróleo (a bastante distancia de Arabia Saudí y Rusia, los
    grandes extractores mundiales actuales), pero continua manteniendo el cetro como el
    megaconsumidor del planeta. En la segunda mitad del siglo XX se convierte pues en importador
    neto, un cambio de 180º respecto a la primera mitad, y muy en concreto a partir de 1970, cuando
    4 En EEUU, el petróleo no superaría al carbón como fuente energética principal hasta 1950 (Los Amigos de Ludd,
    2007).
    6
    EEUU atraviesa su pico del petróleo. Es decir, el momento a partir del cual el gigante
    estadounidense es incapaz de extraer ya más cantidad (adicional) de crudo de sus yacimientos, pues
    se habían agotado entonces la mitad de sus recursos, los más fácilmente accesibles y de mayor
    calidad, iniciándose su declive petrolífero, lo que acentúa su dependencia energética mundial. En
    esos cien años de la historia del petróleo en el mundo, van a pasar muchas cosas como veremos,
    pero quizás la más destacable es el cambio del epicentro mundial del petróleo de EEUU a Oriente
    Medio, donde se encuentran las principales reservas mundiales de crudo, y las transformaciones de
    todo tipo que ello va a implicar. Pero también conviene recalcar que la hegemonía estadounidense
    se construyó en gran medida en base al petróleo, y que seguramente su suerte hubiera sido otra muy
    distinta si no hubiese controlado tantos recursos energéticos. De hecho, hasta hace algo más de
    treinta años EEUU era el principal extractor de petróleo, gas natural y carbón del mundo. De esta
    forma, la creciente dependencia mundial de oro negro de EEUU es uno de los signos que anuncia
    una crisis de su hegemonía, si bien en esta última etapa (desde finales de los setenta) ha intentado
    basar la hegemonía conquistada sobre nuevas bases, sin descuidar nunca su creciente control del
    grifo mundial del petróleo: Oriente Medio (Heinberg, 2006; Simmons, 2007).
    Las ambiciones de las principales potencias sobre los yacimientos del Golfo Pérsico se
    remontan a finales del siglo XIX y principios del XX. Gran Bretaña sería la primera potencia que
    extraería petróleo de Oriente Medio a través de la Anglo-Iranian Oil Company, con mayoría de
    capital estatal, desde el inicio mismo del siglo XX. Y más tarde, ya antes de la Primera Guerra
    Mundial, Gran Bretaña apoya a los árabes a rebelarse contra el dominio turco (Lawrence de
    Arabia), pero luego les traicionaría tras la caída del Imperio Otomano al final de la contienda, y
    pasaría a repartirse dichos territorios con Francia5, a partir del Tratado de Versalles (1919) y la
    creación de la Sociedad de Naciones (primera institución política internacional permanente). Dicho
    Tratado obligaba a pagar a Alemania los costes de la Gran Guerra, y la dejaba al margen del reparto
    colonial de Oriente Próximo y Medio entre Gran Bretaña y Francia. De esta forma, Alemania iba a
    quedar fuera del reparto petrolero mundial en esos años decisivos. EEUU permanece fuera del
    acuerdo, pues decide no participar en esta organización controlada por las principales potencias
    europeas. La legitimación de este nuevo reparto colonial (a través de mandatos o protectorados
    impulsados por la Sociedad de Naciones) se va a hacer en base a la misión sagrada de extender la
    “civilización” (como patrimonio europeo) para mejorar el bienestar de los pueblos intervenidos o
    tutelados (Rist, 2002). Igualmente, al final de la Gran Guerra, el Reino Unido aprueba la llamada
    Declaración Balfour, que va a permitir la llegada de colonos judíos a tierras de Palestina, bajo la
    promesa de recuperar la Tierra Prometida. En esa época también se termina de construir el discurso
    del Orientalismo, como un estilo occidental para dominar, reestructurar y tener autoridad sobre
    Oriente, que se había iniciado desde la Ilustración y profundizado en el siglo XIX (Said, 2002). Y
    todo ello en gran medida por el crudo

    que se aventuraba abundante bajo sus entrañas.
    En las primeras décadas del siglo XX se van a crear las grandes petroleras occidentales.
    Primero fueron las petroleras estadounidenses, que se originan principalmente a partir del
    fraccionamiento obligado (Ley Antitrust) del gigantesco monopolio privado de la Standard Oil, de
    los Rockefeller. Luego irrumpirían las petroleras europeas, la mayoría de las cuales reciben apoyo
    estatal para empezar a funcionar o son directamente creadas por el Estado6. El petróleo se convierte
    en una cuestión de Estado, como se había visto claramente en la Primera Guerra Mundial. Todas
    ellas inician en esas décadas una intensa búsqueda de yacimientos por todo el mundo. En este
    periodo se va a asistir a una guerra de precios, que va a desembocar en los acuerdos de Achnacarry
    5 Gran Bretaña se quedaría con Irak y Palestina, y Francia con Siria y Líbano.
    6 La Anglo-Persian Oil Company (embrión de la British Petroleum) estaba controlada en un 51% por el Estado desde
    1901. En 1902 se crea la Royal Dutch Shell, con capital del Estado Holandés y privado. Y en la década de los 20 se
    crearían CAMPSA, AGIP (italiana) y la Compagnie Française des Petroles, todas ellas impulsadas desde los Estados
    respectivos.
    7
    (1928), una especie de cartelización entre las grandes petroleras occidentales para fijar los precios
    mundiales del crudo y no hacerse la guerra económica. Es decir, un acuerdo entre las llamadas Siete
    Hermanas (Exxon, Chevron, Mobil, Gula, Texaco, BP y Shell), para controlar el mercado mundial
    del crudo, pues no en vano poseían las 4/5 partes de las reservas petrolíferas fuera de EEUU y
    Rusia. Pero también se acometen en esas fechas las primeras nacionalizaciones petroleras como
    resultado de cambios políticos, el primero como consecuencia de la Revolución Rusa (1917), y más
    tarde en Argentina (1923), Bolivia (1937) y México (1938). Sin embargo, a pesar de la creciente
    difusión planetaria de la extracción de crudo, en especial en Oriente Medio, el dominio entonces de
    EEUU era sencillamente abrumador. Así, al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, EEUU
    controlaba más del 60% de la extracción mundial de crudo. Solo a mediados de los 50 su capacidad
    de extracción disminuiría en relación con la de Oriente Medio, que estaba en plena expansión, si
    bien las empresas que controlaban el crudo en la región eran las petroleras occidentales. Además,
    Roosevelt había negociado al final de la Segunda Guerra Mundial con la casa Saud, de Arabia
    Saudí, para garantizar la presencia de los intereses petroleros estadounidenses en el país, al tiempo
    que se comprometía a apoyar dicha dinastía. Por otro lado, la Guerra Fría iba a evidenciar que los
    nuevos gigantes mundiales basaban en gran medida su poder, aparte de en la dimensión puramente
    militar, en un poderoso patrimonio (y capacidad de control) de recursos fósiles, y en concreto de
    petróleo. Ese era el caso no solo de EEUU, sino también de la URSS, cuya intensidad de
    explotación iba a desarrollarse con un considerable desfase en relación al gigante estadounidense
    (Los Amigos de Ludd, 2007; Barreda, 2007; Heinberg, 2006).
    Conflictos en Oriente Próximo, creación de la OPEP y estatalización del petróleo
    Las nacionalizaciones en la región que se vislumbraba ya como el grifo mundial del crudo,
    Oriente Medio, no se van a producir hasta la segunda mitad del siglo, cuando esta zona se convierte
    progresivamente en la principal área extractora y abastecedora mundial, lo cual implica un
    tensionamiento político en toda esta región, que se ve acentuado desde la creación del Estado de
    Israel (1948), y la primera guerra árabe-israelí tras la partición de Palestina. La primera
    nacionalización la va a acometer el régimen nacionalista de Mossadegh, en Irán, en 1951, tras la
    caída del Shah. Pero un golpe de Estado orquestado por la CIA y Gran Bretaña va a reponer al
    nuevo Shah, su hijo, en 1953, permitiendo otra vez la entrada en la compañía estatal iraní de las
    petroleras occidentales.
    Los 50 son años de fuertes cambios en Oriente Próximo y Medio, entre los que destacan la
    llegada al poder de Nasser (en Egipto), en 1954, y la revolución iraquí, en 1958. La URSS daría
    apoyo a ambos regímenes, y ampliaría sus vínculos con el panarabismo y su influencia en la región.
    De hecho, en esa época va a desaparecer la presencia militar europea (de Francia y Gran Bretaña)
    en la región, después del fracaso de su incursión bélica en el Canal de Suez tras su nacionalización
    por Nasser, en 1956, apoyada por Moscú. Nasser bloqueó el paso de petroleros hacia Europa, ante
    la agresión militar franco-británica, que finalmente se desactivó. Pero esta retirada se da sobre todo
    por el rechazo de EEUU a dicha guerra, ante el temor a que el conflicto adquiriera una dimensión
    global, obligando al repliegue de las tropas de Londres y París, lo que marcaría el declive definitivo
    de su potencia imperial. A partir de entonces la proyección de EEUU en la zona va a ir in
    crescendo, apoyándose por supuesto en su socio israelí. Inmediatamente después, en 1957, se inicia
    formalmente el “proyecto europeo”, con el Tratado de Roma. ¿Una casualidad?
    Más tarde, en 1960, se crea la OPEP en Bagdad, para intentar controlar el precio del crudo,
    al tiempo que se establecen las primeras petroleras estatales en Oriente Medio. Pero dicho objetivo
    no se alcanza en los sesenta, pues las grandes petroleras occidentales siguen fijando el precio del
    petróleo. A finales de los sesenta y primeros de los setenta, se procede a la nacionalización de las
    reservas petroleras controladas por las empresas occidentales que operaban en la zona, y en otros
    países del mundo árabe (en Libia, p.e., cuando Gadafi derroca a la monarquía gobernante), como
    8
    reacción también a la “Guerra de los Seis Días”, en 1967, cuando Israel se apodera de Cisjordania,
    Gaza, Jerusalén Este y el Sinaí. Un fracaso tremendo del panarabismo nacionalista, laico y
    “socialista”, que no puede frenar al enemigo sionista, y al que se intenta responder más tarde, entre
    otras medidas, con las nacionalizaciones petroleras mencionadas. Es a partir de entonces cuando la
    OPEP empieza a tener capacidad para incidir en la fijación del precio del crudo, que se negocia con
    las grandes petroleras occidentales (Tratados de Teherán y de Trípoli). En esos años se dan
    nacionalizaciones también en Perú y en Venezuela (Caffentzis, 2005; Yamani, 2008).
    A lo largo de todo este periodo, desde los 40 a los 70, los llamados “Treinta Gloriosos”,
    tiene lugar la construcción del llamado “Estado del Bienestar” en los países centrales, especialmente
    en Europa Occidental. La construcción del denominado “Estado Social” no se puede entender sin el
    enorme incremento de productividad que significó el modelo fordista de producción industrial, y
    éste a su vez no se puede entender sin el petróleo. Y todo ello tampoco se puede comprender sin el
    fuerte proceso de urbanización que posibilitó a su vez la Revolución Verde en el campo, la
    agricultura industrializada, que se basaba igualmente en el petróleo. Un elemento central de ese
    modelo fue la industria del automóvil, que se afianza como el sector industrial más importante del
    siglo XX. El nivel de motorización experimenta un salto espectacular en los países centrales, así
    como la adaptación de sus metrópolis a las exigencias del automóvil, lo que se da de una manera
    manifiesta en EEUU. De cualquier forma, el modelo fordista estaba ya manifestando sus límites
    desde finales de los sesenta, sobre todo por la potencia de lucha obrera que suscitaba, que era capaz
    de interrumpir y condicionar el flujo productivo, confiriendo a los trabajadores de la Gran Fábrica
    un gran poder para imponer una negociación favorable a sus intereses. Pero el poder en ascenso de
    la OPEP, y sobre todo las crisis energéticas de los setenta, incidirían aún más en los límites de la
    viabilidad y gobernabilidad de este modelo.
    Crisis energéticas: poder árabe, ascenso de Jomeini, guerra Irak-Irán y Doctrina Carter
    En octubre de 1973, tiene lugar el primer gran shock petrolero como resultado del embargo
    árabe tras la tercera guerra árabe-israelí, lanzada por los primeros para recuperar los territorios
    ocupados, pero que finalmente logra ganar Israel con la ayuda de EEUU y de algunos países
    europeos.

    El embargo (en el que Irak cumple un papel clave) se establece contra los países
    occidentales que habían apoyado a Tel Aviv en la contienda. Los precios del petróleo se disparan
    (se multiplican por cuatro), lo que, junto con la crisis del sistema monetario de Bretton Woods
    (1971-1973)7, desata una profunda recesión mundial. La OPEP (con un fuerte componente árabe)
    deja meridianamente claro que a partir de ese momento es ella la que puede controlar (e imponer)
    los precios mundiales del crudo; pero, eso sí, su subida beneficia también a las petroleras
    occidentales. El centro de gravedad petrolero pasa a partir de entonces de EEUU a Oriente Medio, y
    la OPEP se convierte en un actor político mundial clave. El segundo shock petrolero es en 1979-
    1980. En 1979, a consecuencia de la caída del Shah de Persia, el “Gendarme del Golfo” por parte de
    EEUU, debido a la revolución iraní. Washington perdía un aliado clave en Oriente Medio, al que
    había armado fuertemente. La llegada de Jomeini expulsa a las petroleras occidentales del país, al
    tiempo que la URSS invade también Afganistán, colindante con Irán. Era la primera vez que la
    URSS se atrevía a alterar las fronteras delimitadas en Yalta, lo cual tenía una tremenda
    trascendencia geopolítica, en una región de tan alto valor estratégico. ¿Qué iba buscando la URSS?
    ¿Una posible salida para el crudo y el gas de Asia Central hacia el mercado mundial? ¿Avanzar aún
    más sus peones hacia Oriente Medio?
    Es entonces cuando Jimmy Carter, tras la llamada crisis de los rehenes en Irán, declara que
    EEUU utilizará toda su fuerza militar, si es preciso, para garantizar el flujo energético hacia EEUU
    7 Ruptura del patrón dólar-oro (a partir de entonces el billete verde pierde cualquier vínculo con el metal amarillo) y fin
    del sistema de cambios fijos, que implicó una fuerte crisis del dólar y una importante revalorización de las divisas
    europeo-occidentales y el yen (Fdez Durán, 2003).
    9
    desde la región, pues están en juego sus intereses vitales (la Doctrina Carter). Y en 1980 se inicia la
    guerra del Irak de Saddam Hussein contra Irán, auspiciada por EEUU y sus aliados occidentales,
    para ayudar a derrotar al incómodo Irán Jomeinista, y para que se destrozaran también entre sí los
    principales actores político-militares de Oriente Medio que Occidente no controlaba, y además los
    dos países del mundo con más reservas de petróleo después de Arabia Saudí. Igualmente, esa guerra
    se producía entre dos miembros de la OPEP e iba a ayudar a debilitar a dicha organización
    demonizada desde Occidente. Tal confrontación gozaría por supuesto del beneplácito israelí. El
    balance fue una guerra tremenda de casi nueve años (1980-88) que provocó un millón de muertos,
    la mayoría iraníes. Además, ambos contendientes quedarían fuertemente debilitados y endeudados
    por la guerra, situación que les pasaría una fuerte factura cuando los precios del petróleo caen
    bruscamente en las dos últimas décadas del siglo, como veremos más tarde.
    El petróleo se pondría por las nubes a resultas de estas dos crisis (40$ en 1980, ver figura 1,
    que equivaldrían a algo más de 100$ actuales) y Occidente, y especialmente Europa occidental y
    Japón, sufrirían en carne propia el tremendo impacto del desabastecimiento y encarecimiento
    energético, disparándose la inflación a niveles desconocidos. El petróleo es la mercancía principal
    que se comercia en el mundo, y además su precio incide directa o indirectamente en el precio de
    todas las mercancías. De ahí la enorme importancia de su precio, y el estallido de la inflación de
    esos años. Sin embargo, es preciso resaltar que las crisis petrolíferas de los setenta se producen por
    decisiones o acontecimientos políticos, no porque la capacidad de extracción de petróleo fuera
    incapaz de satisfacer la demanda (que es la megacrisis que se avecina en el próximo futuro).
    Occidente, y en especial EEUU, empieza a demonizar a los árabes por la subida de los precios del
    petróleo, al tiempo que prepara un profundo cambio de rumbo (el giro neoliberal) hacia un nuevo
    capitalismo más global, desregulado y financiarizado.
    Figura 1
    10
    Las víctimas y los ganadores de las crisis energéticas
    Europa occidental y Japón se convierten en las principales víctimas de las crisis de los
    setenta y primeros ochenta, junto por supuesto los países del Sur sin petróleo, y en especial sus
    clases trabajadoras (debido a la inflación y al deterioro de su poder adquisitivo, así como al ataque a
    sus salarios que suponen las políticas de ajuste). La razón fue su fuerte dependencia de crudo
    externo, en especial de Oriente Medio, que además se ven obligados a pagar en dólares. Europa
    occidental, y en concreto la Comunidad Económico Europea (CEE), habían incrementado de forma
    acelerada su dependencia del petróleo desde los 508. Además, los primeros pozos en el Mar del
    Norte se empezarían a abrir a partir de 1969, pero eran incapaces en los setenta de hacer frente a
    crisis de suministro como las que se produjeron en esas fechas, y de ayudar a regular los precios
    mundiales del crudo, que controlaba el grifo de la OPEP (árabe). Las circunstancias de Japón eran
    similares. La situación de desabastecimiento se agrava hasta tal punto, que algunos gobiernos
    europeos se ven obligados a prohibir el tráfico por carretera los días festivos durante la crisis. En
    esas circunstancias es cuando se decide la creación de la Agencia Internacional de la Energía en el
    marco de la OCDE, con sede en París, que impulsa la creación de reservas estratégicas de crudo
    para hacer frente a futuras crisis energéticas, y coordina las políticas

    energéticas de los países
    miembros.
    EEUU también se ve afectado indudablemente por las crisis energéticas de los setenta, sobre
    todo porque su dependencia del crudo exterior se acentúa en ese periodo, después de atravesar su
    pico del petróleo en 1970, activando su déficit comercial. A partir de entonces va a pasar de ser
    acreedor a deudor mundial. Pero EEUU es capaz de desvincular el precio del petróleo interno del de
    los mercados mundiales, debido a su capacidad de extracción doméstica, lo que le confiere una
    ventaja importante de costes a su industria en los mercados mundiales. Además, Washington en
    negociaciones con el gigante petrolero Arabia Saudí, su principal socio en Oriente Medio, se
    garantiza que el petróleo mundial se denominaría y se pagaría en dólares, y que el nuevo flujo de
    petrodólares se reciclaría a través del sistema financiero anglosajón (que luego sería uno de los
    causantes principales de la deuda externa del Sur, a cuyos países concedió créditos sin control), así
    como mediante la compra de bonos del tesoro estadounidense, y a cambio Riad recibiría un
    importante aporte de armas para reforzar su régimen y su papel en la región. Todo ello era una
    forma de ayudar a apuntalar la hegemonía mundial dólar, y reforzar su papel de moneda de reserva
    global, una vez que ésta se había desvinculado del oro en agosto de 1971. El dólar pasaba pues a
    estar “respaldado” por el petróleo (propio y ajeno), en lugar de por el oro. Al mismo tiempo, EEUU
    aumentaba su influencia en Oriente Medio y seguía dividiendo a la OPEP, pues Arabia Saudí se
    convertiría en el Caballo de Troya de Washington en la organización. Aún así, el dólar
    experimentaría un declive en los setenta, que podía haber sido más pronunciado de no mediar
    dichos acuerdos.
    Por otra parte, EEUU conseguiría también empezar a romper el frente árabe con los
    acuerdos de Camp David (1979), en los que Israel firma la paz con Egipto, devolviéndole el Sinaí.
    Eso amplía el peso de Washington en la región, pues atrae a El Cairo hacia su área de influencia, y
    al mismo tiempo Israel, sellada la paz en su frontera Sur, se lanza a la guerra del Líbano en su
    frontera Norte, iniciándose un nuevo y tremendo conflicto en la región. Pero poco después Anuar el
    Sadat, el dirigente egipcio que había firmado la paz con los israelíes, cae ametrallado en un atentado
    8 A pesar de que desde 1951, los países que luego construirían la CEE, habían creado la CECA (Comunidad Europea
    del Carbón y del Acero), poniendo en común su política de extracción y reparto del carbón (que había ocasionado
    enfrentamientos bélicos en el XIX y en la primera mitad de siglo) y la industria básica siderúrgica, base de muchos
    procesos productivos. Pero el bajo precio del crudo en esos años, y el fuerte crecimiento de la motorización y del
    transporte por carretera, así como la Revolución Verde de la PAC, además del impulso de la industria petroquímica,
    convierten a Europa occidental en altamente dependiente del petróleo.
    11
    orquestado desde sectores del Islam político, lo que va a significar el inicio de la presencia de la
    Yihad en toda la región. Sin embargo, el mismo EEUU financiaría a los mujaidines en Afganistán,
    vía Pakistán, y con la ayuda inestimable de la salafista Arabia Saudí, con el fin de expulsar a la
    URSS de dicho país estratégico. Lo cual sentaría las bases de la expansión incontenible de la Yihad.
    Es decir, de esos polvos vendrían todos los actuales lodos. Pero detrás de esos polvos estaba
    también la importancia estratégica del control del petróleo a escala mundial.
    Vuelve el crudo barato, durante veinte años
    En los ochenta y noventa vamos a asistir a una caída continuada de los precios del crudo (si
    exceptuamos el breve pero intenso repunte ocasionado por la Guerra del Golfo de 1991), llegando a
    bajar hasta 8$ el barril en 1998, bastante menos que el precio del petróleo en los sesenta, si se
    descuenta la inflación. Esa intensa caída de los precios del oro negro va a activar otra vez el
    crecimiento económico mundial, y la expansión de la urbanización-metropolitanización, la
    motorización y la movilidad a todos los niveles (por carretera, marítima y aérea), así como los
    procesos de mundialización productiva (la “Fábrica Global”) y la propagación de la agricultura
    industrializada en muchos países del mundo, incluidos muchos agroexportadores del Sur, aparte de
    la explosión del consumo, especialmente en el Norte, y el desarrollo del turismo de masas
    continental e intercontinental proveniente de los espacios centrales. Todo ello es factible por el
    consumo en ascenso del petróleo como resultado de la reducción de su precio, y además se ve
    alentado por la mejora de eficiencia energética ganada durante los años de las crisis energéticas;
    aparte de que el petróleo se dedica cada vez más al transporte motorizado y a la agricultura
    industrializada, los dos sectores más dependientes del crudo, mientras que es sustituido en gran
    medida por otras fuentes (gas natural, carbón, nuclear) en la generación de energía eléctrica.
    ¿Pero cómo se puede explicar ese desplome de los precios? Desde finales de los setenta, y
    sobre todo en los ochenta y noventa, asistimos a nuevas prospecciones, extracciones y construcción
    de oleoductos, importantes inversiones impulsadas desde Occidente (apoyadas y financiadas por el
    Banco Mundial y otros bancos de “desarrollo”9) para diversificar sus fuentes de abastecimiento, que
    incrementan sustancialmente la capacidad de aprovisionamiento en nuevas regiones petroleras del
    mundo: Mar del Norte, Golfo de Guinea (desde Mauritania a Angola, pasando por Nigeria), Golfo
    de México, Alaska, la Indonesia de Suharto, diversos países en América Latina, etc. Esta nueva
    oleada extractora provoca fuertes impactos sociopolíticos en muchos de los territorios “agraciados”,
    y hasta guerras civiles, aparte de importantes impactos ambientales. Todo ello hace que la
    capacidad de la OPEP de control del mercado del crudo se volatilice, y que se vea obligada a
    implantar cuotas de extracción entre sus socios (de acuerdo con sus reservas) para intentar regular el
    precio mundial del petróleo, incrementándose aún más las disensiones en su seno, especialmente
    entre la OPEP “rica” (las petromonarquías del Golfo) y la “pobre” (el resto). Al calor de esta
    decisión, se produce un inflamiento de las reservas de los socios de la OPEP, con el fin de poder
    ampliar su capacidad de extracción.

    Pero estas cuotas son sistemáticamente incumplidas por los miembros de la OPEP, para
    intentar arañar una mayor parte del pastel petrolero. En estas circunstancias, y en un periodo
    también en que la capacidad excedente llega a ser de hasta 10 millones de barriles día (mbds), el
    precio del petróleo cae de forma acusada, perjudicando a todos los exportadores (Merino García,
    2006). Además, en los noventa la implosión de la URSS y el colapso de los países del Este, hace
    que la capacidad de producción industrial de todo ese inmenso espacio se desplome del orden de un
    50%, generando una crisis sin precedentes, lo que deriva en un brusco retraimiento del consumo
    propio de petróleo, aumentando la oferta mundial de crudo. La URSS había superado su pico de
    extracción de crudo en 1987, y en los 90, tras el colapso, la Rusia de Yeltsin, en su afán
    9 Así como por las Agencias de Crédito a la Exportación de los principales Estados occidentales.
    12
    privatizador, abre su industria petrolífera a las compañías occidentales, con el fin de acceder
    también a su tecnología punta y desarrollar nuevas prospecciones (Heinberg, 2006). El precio del
    petróleo sigue pues cayendo en los 90, a pesar de la fuerte expansión económica mundial fuera de
    esa región en crisis. Crecimiento que es especialmente fuerte en China, que a partir de los noventa
    empieza a importar petróleo del resto del mundo, pues ante su fuerte demanda energética es incapaz
    ya de autoabastecerse de crudo a partir de sus recursos propios (Heinberg, 2006). Finalmente, en
    1998, tras las crisis monetario-financieras de todo el sudeste asiático, y la intensa depresión
    económica que sacude toda esa región de enérgico crecimiento industrial, debida a las políticas de
    ajuste que imponen el FMI y el BM, la sobreoferta puntual mundial de crudo se hace evidente y el
    precio del petróleo cae a sus mínimos históricos (ver figura 1).
    “Primera” (Segunda) Guerra del Golfo y el mundo unipolar de EEUU
    Pero volvamos brevemente para resaltar la importancia de lo que se conoce como “Primera
    Guerra del Golfo” (1991), que en realidad fue la Segunda (tras la de Irak-Irán). Dicha guerra que
    tan sólo hemos mencionado de pasada, parecería una “guerra que nunca existió”, como diría
    Baudrillard (1991). Pero no fue así. Saddam Hussein decide en el verano de 1990 invadir Kuwait,
    con el objetivo de apropiarse de sus importantes recursos petroleros y convertirse en un actor
    político de primer orden en Oriente Medio. Irak era en ese momento el segundo país del mundo en
    reservas de petróleo, pero con esta expansión y anexión se aproximaba al nivel de reservas de
    Arabia Saudí. La meca del petróleo mundial. Saddam, habiendo tenido el apoyo occidental en su
    enfrentamiento con Irán, cree contar con el posible beneplácito de EEUU para una acción así, que
    comunica previamente a la embajadora estadounidense. Sin embargo, Washington utiliza esta
    provocación para montar la mayor coalición bélica de la historia (más de treinta países de los
    distintos continentes), con el apoyo de NNUU, y para reforzar su papel de hiperpotencia mundial,
    en plena crisis de la URSS, tras la caída del Muro de Berlín. En la coalición participan algunos
    países árabes (Egipto, Siria, Arabia Saudí), lo que logra romper definitivamente la solidaridad entre
    los mismos. Y EEUU lanza su “Tormenta en el Desierto”, una guerra de alta tecnología, trasmitida
    mediáticamente al mundo entero, para reforzar aún más su proyección global en el mundo unipolar
    que se abría en los noventa, tras el fin de la Guerra Fría (Sweezy et al, 2003).
    La “madre de todas las batallas” de Saddam, que llega a atacar también a Israel con misiles,
    resulta ser un enorme fracaso, ante la tremenda potencia bélica de la coalición (y en especial de
    EEUU), provocando más de 30.000 muertos en sus filas, contra solo 400 en la alianza internacional.
    A partir de ese momento ya se sabía lo que le podía pasar a quien desafiase el nuevo orden
    internacional, sobre todo en Oriente Medio, donde está el grueso del petróleo mundial (ver figura
    2). Después de la contienda EEUU establece por primera vez tropas en algunos países de la región
    de forma estable: Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, garantizándose una mayor
    capacidad de control y acceso al grifo global del oro negro. Además, EEUU cuenta claramente con
    Israel en ese empeño, pues el Estado sionista (de seis millones de habitantes) actúa como una
    especie de enorme base militar avanzada de Occidente en la zona, con 700.000 soldados que “tan
    sólo” le cuestan a Washington unos 8.000 millones de dólares al año. Una cifra alta, pero no
    disparatada. Más tarde, a lo largo de la década, con los Acuerdos de Oslo (1993) y su “política de
    paz” en la región, Washington intentaría atraer a los países de la OPEP hacia la OMC, para
    imponerles sus reglas de acceso a sus recursos petroleros y la apertura de sus mercados, cosa que no
    lograría, y además el “proceso de paz” estallaría al final de la década ante la intransigencia de
    Israel, dando lugar a la primera Intifada. Una resistencia palestina que era capaz de poner en jaque
    el enorme poder represivo policial y militar israelí, y captar las simpatías y el apoyo de una muy
    gran parte de la población mundial (Caffentzis, 2005; Sweezy et al, 2003).
    13
    Figura 2
    Privatizaciones y apropiación de recursos versus poder de empresas estatales
    En los noventa, las políticas del Consenso de Washington (para abordar la llamada crisis de
    la deuda externa del Sur, que estalla en los ochenta) van a provocar una privatización de empresas y
    recursos petroleros en diversos países de la Periferia, que van a ser apropiados por las petroleras
    occidentales. Esto es especialmente así en América Latina (en Argentina, Bolivia, Venezuela,
    Colombia, etc.), en donde las empresas petroleras occidentales, y muy en concreto Repsol, se van a
    hacer con importantes reservas petroleras y gasísticas. Repsol, una nueva transnacional “española”,
    proveniente de la privatización de una empresa estatal (CAMPSA), va a acabar convirtiéndose en la
    principal empresa petrolera de América Latina, y uno de los agentes más impactantes en su
    territorio (Ramiro et al, 2007; Gavaldá, 2003). Y no se puede entender dicho salto espectacular sin
    contemplar que España pasa a formar parte del Euro, y eso le confiere a una empresa como Repsol
    una fuerte capacidad de crear “dinero financiero” (acciones, obligaciones, etc.), y colocarlo en los
    mercados bursátiles; lo cual le va a permitir hacerse con activos empresariales de otras partes del
    mundo (en concreto la compra de YPF en Argentina), cosa que hubiera sido impensable si España
    hubiese seguido con la peseta, debido a su prima de riesgo. Pero también vamos a presenciar en los
    noventa un fuerte movimiento de fusiones y adquisiciones entre petroleras occidentales, que va a
    crear auténticos gigantes mundiales: Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Total-Fina-Elf, Conoco-
    Philips, BP-Amoco, etc. (las llamadas Majors). De esta forma, estos “nuevos” gigantes petroleros
    aumentaban sus reservas vía fusiones, y no mediante nuevas prospecciones e inversiones, al tiempo
    que reducían de forma importante personal, incrementando por ambas vías sus beneficios y
    cotización bursátil, a pesar de los bajos precios del petróleo en esa época. La racha bajista de
    precios terminaría a finales de 1998, cuando EEUU y Gran Bretaña, los Estados que albergan las
    principales petroleras mundiales, deciden unilateralmente bombardear al Irak de Saddam Hussein,
    provocando un considerable repunte del precio del crudo. Curiosamente, el bombardeo se produce
    poco antes del inicio de la entrada en funcionamiento del euro.
    14
    De cualquier forma, los gigantes petroleros occidentales cada vez controlan menos reservas
    petroleras a escala global y, además, algunos se han visto obligados a declarar que poseen menos
    reservas de lo que decían (Shell, Repsol, etc.). En la actualidad tan solo controlan el 10% de las
    reservas petroleras mundiales, y las petroleras estatales (de países OPEP y no OPEP –Rusia,
    México, China, India, Malasia, etc.-) el 90% restante, cuando ese balance era más o menos el
    contrario después de la Segunda Guerra

    Mundial. Pero, además, las reservas que controlan están
    pasando a ser las de peor calidad y de las que pueden extraer una menor “renta del petróleo”. El
    precio mundial del crudo es relativamente homogéneo, pero la “renta” no. Dicha “renta” depende de
    la calidad del crudo, de su coste de extracción (que varía según su profundidad, según esté bajo
    tierra o bajo las profundidades marinas), de la tecnología que haya que utilizar para obtenerlo, del
    clima de la zona en que se ubique el yacimiento, de los costes de transporte, etc.; una vez más los
    costes de extracción en Oriente Medio son los más bajos del mundo, situándose en torno a los 5
    dólares el barril, por lo que la renta petrolífera es la más alta en esta región. Lo que sí controlan las
    grandes petroleras occidentales es la tecnología más avanzada, y además poseen el grueso de las
    refinerías que hay en el mundo, así como dominan también las redes de distribución. De esta forma,
    las petroleras estatales, de la OPEP o fuera de ella, dependen en gran medida de esa tecnología y de
    sus redes de distribución, y muchos de sus Estados se ven obligados a importar los productos
    refinados a costes de mercado. Los países centrales defienden los intereses de sus petroleras a través
    de los mecanismos de propiedad intelectual en el marco de la OMC, y los fomentan a través de
    ayudas a la I+D+i; es por eso por lo que las grandes petroleras occidentales tienen una tecnología
    punta indispensable para la exploración de los nuevos yacimientos, que se localizan en ubicaciones
    de cada vez más difícil acceso, o para abordar la explotación del llamado crudo pesado o no
    convencional. Y es pues en todos esos ámbitos donde cada día más se sitúan los principales
    beneficios de las petroleras occidentales (Caffentzis, 2005).
    Por otro lado, algunas de las petroleras occidentales, principalmente las europeas (Shell, BP,
    Total-Fina-Elf, etc.), se han embarcado en importantes campañas de lavado de imagen, sobre todo
    tras las campañas de boicot a que fueron sometidas algunas de ellas en los noventa, como
    consecuencia de los desmanes que provocaba su actividad en el mundo entero. El asesinato de Ken
    Saro Wiva y ochos ogonis del Delta de Níger por parte del Estado nigeriano, bajo presión de la
    Shell, y el escándalo que provocó el hundimiento de una plataforma del Mar del Norte de la misma
    compañía, alertaron a todo el sector ante la capacidad de movilización y boicot de los movimientos
    sociales contra las petroleras, especialmente en Europa occidental. Y es por eso por lo que en los
    noventa inician poco a poco una reconversión “verde” en cuanto a su imagen corporativa, que
    coincide también con la progresiva incursión de algunas de ellas en el campo de las energías
    renovables. El ejemplo más notable es el de la British Petroleum, que pasa a hacer campañas de
    marketing bajo el lema de Beyond Petroleum (Más Allá del Petróleo), y que ha llegado a
    convertirse en una de las principales empresas de energía solar a escala mundial. Así pues, algunas
    petroleras occidentales intentan controlar también el potencial de negocio existente en el campo de
    las renovables, impulsando megaproyectos, es decir un uso centralizado de las mismas, cercenando
    el potencial alternativo y descentralizador que había tenido su potenciación a finales de los 70 y
    primeros 80, a raíz de las crisis energéticas. Por último, la política de las petroleras estadounidenses
    es mucho más descarnada en general, y algunas de ellas, en concreto la Exxon Mobil, está detrás de
    las principales campañas negacionistas que se han llevado hasta la fecha contra el Cambio
    Climático (Sintes, 2007).
    Vuelve el poder de la OPEP, debido a factores políticos y a problemas de oferta
    A finales de los noventa, si solo atendiésemos a los indicadores del mercado, nada parecía
    augurar que el combustible determinante de la expansión capitalista global del siglo XX se estaba
    acercando a su punto de declive definitivo: el pico del petróleo (peak oil) mundial, que más tarde
    15
    comentaremos. Es más, la sensación de abundancia “sin fin” era manifiesta. Sin embargo, al
    término de la década, distintos acontecimientos políticos van a cambiar ese escenario de
    exuberancia petrolera, y la OPEP se va a convertir una vez más en el actor clave del mercado del
    crudo, pues controlaba (controla) aproximadamente el 40% de su volumen actual, porcentaje que irá
    en aumento inexorable en el futuro (Caffentzis, 2005). Uno de esos acontecimientos es la elección
    popular de Hugo Chávez en Venezuela en 1999, que junto con Irán, van a tensionar una vez más la
    OPEP, apoyando una restricción de su capacidad de extracción global, para hacer subir el precio del
    crudo. Pero a ello se suma, indudablemente, que la sed petrolera del sistema urbano-agro-industrial
    (que en esta época desborda claramente los espacios centrales y se proyecta a escala mundial) había
    ido disparando la demanda global hasta hacer que los excedentes de extracción petrolera que
    existían en los ochenta se fueran progresivamente evaporando. Y es por eso por lo que, desde
    finales de los noventa también, distintas crisis político-sociales, militares y ambientales:
    bombardeos de EEUU y Gran Bretaña sobre el Irak de Saddam Hussein (1998-1999), huelgas y
    conflictos en áreas petroleras (Nigeria, p.e.), paro petrolero contra Chávez (2002), Guerra contra
    Irak (2003), huracán Katrina (2004), guerra del Líbano (2006), etc., logran tensionar fuertemente el
    mercado mundial del crudo, iniciándose una subida continuada (aunque con escalones) que dura
    hasta nuestros días, cuando el precio del barril ha llegado a situarse cerca de los 120$ (ver figura 1).
    Es decir, un precio más alto que el que llegó a tener el crudo en 1980, si se descontase la inflación.
    Cabe resaltar como el militarista Plan Colombia que impulsa EEUU en colaboración con el
    mandatario Uribe, se impulsa a posteriori de la llegada de Chávez al poder, cuya irrupción supone
    una pérdida de influencia de Washington en una región clave para su abastecimiento petrolífero
    actual y futuro. No en vano Venezuela tiene las principales reservas de crudo de toda América
    Latina. Y de hecho, Washington apoya tempranamente un Golpe de Estado contra Chávez que
    finalmente no fructifica, aparte del paro petrolero más arriba mencionado. América Latina “tan
    sólo” dispone en torno al 10% de las reservas mundiales de crudo (ver figura 2), pero en la
    actualidad EEUU importa más petróleo de su patio trasero latinoamericano que de Oriente Medio
    (aunque éste va inexorablemente en alza). Los costes de transporte desde América Latina hacia el
    mercado estadounidense son mucho más reducidos que desde Oriente Medio. La política
    estadounidense hacia América Latina, de fuerte componente militarista (pues además posee diversas
    bases en la región), intenta no perder comba en los países andinos, especialmente en su vertiente
    amazónica donde quedan reservas de crudo sin explotar, y procura controlar los corredores hacia los
    puertos de exportación del oro negro. De esta forma, la existencia de las FARC es funcional para
    los planes estadounidenses, y en última instancia legitimadora de los mismos, pues el objetivo
    principal del Plan Colombia no parece ser tanto su potencial derrota, ni la lucha contra el
    narcotráfico, como el acceso y control a las reservas de crudo, recursos naturales y biodiversidad de
    la toda la región. Y Colombia es la cabeza de puente ideal para todo ello. El Plan Colombia ha
    implicado (e implica) un gasto militar muy elevado, con fuerte apoyo de Washington, posibilitando
    la creación del ejército más poderoso de la región (Kucharz, 2006; Zibechi, 2008).
    El petróleo al finalizar el siglo XX, la energía dominante a escala mundial
    En la segunda mitad del siglo XX, no sólo se multiplica por 8 la demanda mundial de crudo
    (pasando de 10 a 80 millones de barriles día –mbds-), sino que también se inicia la extracción del
    gas natural como nuevo combustible fósil, de menor impacto ambiental10, cuyo uso se acentúa a
    partir de los ochenta como respuesta a las crisis energéticas de los setenta. El momento de máxima
    preponderancia del petróleo a escala mundial fue 1973, cuando el crudo llega a representar el 50%
    de la energía primaria mundial. Por otra parte, desde finales de los cincuenta, y sobre todo en los
    sesenta y especialmente en los setenta, se crean asimismo más de cuatrocientas centrales nucleares
    en el mundo, de forma casi exclusiva en los países centrales (en Occidente –incluido Japón- y en el
    10 Menores emisiones de CO2, por unidad de energía, así como menores emisiones de óxidos de azufre y de nitrógeno.
    16
    Este), que son los que disponen la compleja tecnología necesaria para acceder a esta energía.
    Tecnología que siempre ha estado relacionada, desde sus inicios, con el acceso al arma nuclear, y
    con una intensa participación estatal y militar, así como del estamento científico. Curiosamente el
    programa de “Átomos para la Paz”, con el que se impulsa en tiempos de Eisenhower este tipo de
    energía, coincide en el tiempo con el momento en que EEUU empieza a ser importador neto de
    petróleo en los cincuenta. En Europa occidental el inicio del “proyecto europeo” coincide con el
    impulso de la energía nuclear (Tratado del EURATOM). Pero el programa de expansión nuclear en
    el mundo se frenaría después de los accidentes de Harrisburg (1979) y Chernobil (1986), al tiempo
    que caen también bruscamente los

    precios del petróleo en los ochenta (Los Amigos de Ludd, 2007).
    El coste de la energía nuclear era mucho más caro de lo que se pensó en un principio, y la gestión
    de sus residuos muy compleja y altamente peligrosa. Todo lo cual nos da una idea del tremendo
    incremento del flujo energético mundial que tuvo lugar en los últimos cincuenta años del siglo
    pasado (ver figura 3), en especial de petróleo, pero no sólo, que fue el más firme aliado de la
    expansión espectacular y proyección geográfica del nuevo capitalismo global, y que posibilitó
    también una más que duplicación de la población mundial (y su cuadriplicación a lo largo de todo el
    siglo XX). Pero ese proceso de crecimiento “sin fin” del flujo energético mundial está tocando a su
    fin en el siglo XXI, como veremos más tarde.
    Figura 3
    En definitiva, al finalizar el siglo XX, los combustibles fósiles garantizaban grosso modo un
    85% de las necesidades energéticas mundiales; aproximadamente el 40% lo aseguraba el petróleo, y
    el 45% restante lo hacía el carbón y el gas natural, más o menos a partes iguales. Y el carbón,
    aunque había ido disminuyendo su peso dentro de los combustibles fósiles a lo largo del siglo, se
    había multiplicado nada menos que por seis su consumo global en cien años. Por otro lado, el 15%
    remanente (al margen de los combustibles fósiles) estaba compuesto más o menos a partes iguales
    también por la energía nuclear y por las llamadas “energías renovables”: hidráulica (una parte de la
    misma, las grandes presas, de gran impacto ambiental), energías renovables comerciales de nueva
    17
    generación (fundamentalmente eólica, pero también solar térmica y de forma residual solar
    fotovoltáica) y biomasa. Y esa última fuente energética, la biomasa (esto es, la leña), era (y es) la
    energía fundamental de los pobres del mundo, pues cerca de la mitad de la población mundial (unos
    3.000 millones de personas) la utiliza para calentarse y cocinar, y accede a ella al margen del
    mercado y con un trabajo humano realizado fundamentalmente por mujeres. Y no es esta por
    supuesto la única divisoria de género en cuanto al acceso a la energía, pues en general el uso del
    automóvil tiene un acusado sesgo androcéntrico. Por otra parte, del orden de 1600 millones de
    personas del planeta no tenían acceso a la energía eléctrica, a pesar de que el consumo de esta
    fuente de energía final había crecido a un ritmo doble del consumo energético mundial durante el
    siglo XX. Así pues, los combustibles fósiles, y muy en concreto el petróleo, nos han proporcionado
    en el pasado siglo una energía tan abundante y barata, que ha hecho posible una expansión
    capitalista sin precedentes, transformando totalmente nuestras sociedades y nuestras vidas, pero una
    parte importante de la humanidad ha quedado al margen de esta revolución energética y
    tecnológica. Sin embargo, así como a finales del siglo XIX la necesidades energéticas de la
    Humanidad se garantizaban mayoritariamente de forma renovable, a pesar de la Revolución
    Industrial y del carbón, al entrar en el siglo XXI, con la Megamáquina tecnológica urbano-agroindustrial
    operando ya a escala global, la situación había cambiado drásticamente y tan solo un
    porcentaje muy minoritario de la energía consumida por los seres humanos provenía de fuentes
    renovables, y una parte considerable de las mismas estaba controlada ahora comercialmente (de
    forma “centralizada”) y provocaba, en ocasiones, un importante impacto ambiental (Bermejo, 2006;
    Santamarta, 2006; Odell, 2006; Lorenzo, 2006; Martinez Alier y Temper, 2008).
    Petróleo, trabajo humano, giro neoliberal y adicción global al crudo
    Es preciso un apunte en relación con el trabajo humano que acompaña necesariamente a la
    extracción del crudo, pues el petróleo no sale solo (por arte de magia) de las profundidades de la
    Tierra, y de allí llega sin más problemas a las gasolineras. En la llamada OPEP “rica”, las
    monarquías del Golfo, el núcleo duro de la extracción petrolífera mundial, de reducida población
    autóctona, más del 70% de la fuerza laboral es de origen foráneo, principalmente de origen indio,
    paquistaní, o de Bangladesh, y la gran mayoría trabaja en el sector del petróleo en condiciones de
    semiesclavitud (Espinosa, 2007). Esta es la otra cara de la realidad de enorme afluencia y dispendio
    de los jeques árabes. Pero en el mundo también trabajan unos veinte millones de personas en la
    extracción, procesamiento y distribución del petróleo y sus derivados, así como en la industria
    petroquímica. En general, hasta ahora, hay un alto nivel de sindicación en toda esta industria, salvo
    principalmente en los países del Golfo

    (pero también en Rusia, China, etc.), que está siendo
    erosionado y atacado gravemente por las políticas neoliberales, y en algunos casos como en
    Colombia mediante el asesinato de líderes sindicales. Pero las luchas de los trabajadores han
    conseguido en ocasiones paralizar procesos de privatización en marcha de recursos y empresas
    petroleras. Igualmente, tanto las huelgas de los trabajadores del sector petrolero, como las luchas de
    las comunidades afectadas por la extracción del crudo, han puesto en muchos casos en jaque la
    llegada del crudo a los mercados mundiales (Abramsky, 2007).
    Pero el cada vez mayor consumo de petróleo, y el creciente flujo energético mundial de
    estos últimos treinta años, tras las crisis de los setenta, han permitido también el despliegue del
    nuevo capitalismo global, y la reestructuración postfordista, que han implicado un desplazamiento
    del poder del “factor trabajo” en los procesos productivos. Las dinámicas de “globalización
    productiva”, es decir, la consolidación de la Fábrica Global, y el incremento despiadado de la
    competencia internacional, han sido facilitados y potenciados por la expansión incontenible de la
    movilidad motorizada mundial (por carretera, marítima y aérea). Sin ella no hubieran sido factibles.
    Al mismo tiempo, la automatización en los principales procesos productivos ha terminado con la
    centralidad de la “clase obrera”, que ha ido desapareciendo como actor político, sobre todo en los
    espacios centrales.
    18
    Sin embargo, a lo largo del siglo XX, y hasta hoy mismo, hemos asistido a una creciente
    adicción mundial al oro negro, de la que se han beneficiado principalmente los sectores sociales
    más favorecidos por el actual capitalismo global. Pero la adicción alcanza cada vez más a las
    sociedades en su conjunto, y la veneración de la movilidad motorizada, el automóvil y la velocidad
    se ha acabado convirtiendo en una verdadera enfermedad de las sociedades “desarrolladas”, o en
    trance de modernización acelerada. Una patología pues de dimensiones civilizatorias. El vehículo
    privado se ha acabado convirtiendo en un Moloch al que se sacrifica todo, ingentes cantidad de
    dinero en infraestructuras, cientos de miles de vidas humanas cada año en el mundo, así como
    millones de heridos como resultado de la “violencia vial” (Estevan, 2008). Además, la Formula 1 o
    el Moto GP se han acabado convirtiendo en espectáculos de masas globales, que son capaces de
    movilizar a cientos de miles de personas, como hemos podido comprobar con la locura de Fernando
    Alonso o Dani Pedrosa. Pero también, cada vez más, los derivados del petróleo, y en concreto el
    queroseno, hace viable el estallido del turismo continental y transoceánico mundial proveniente de
    los países centrales, que se ha visto fuertemente acrecentado en los últimos años como resultado de
    los vuelos “low cost” (de bajo coste). El petróleo, como reza una de las citas del comienzo de este
    texto, nos ha permitido tener “cientos de esclavos energéticos” a nuestro servicio, sin saber cuales
    son los tributos de toda índole que tenemos (y tendremos) que pagar por ello, entre los cuales cabe
    destacar los impactos ecológicos a todos los niveles.
    El tributo ecológico global de la sed insaciable de oro negro
    Los impactos ambientales directos de la industria del petróleo son muy variados. Impactos
    en las zonas de extracción, que deterioran los hábitats naturales cercanos (cursos de agua, recursos
    hídricos subterráneos, etc.), incidiendo negativamente en las distintas formas de vida de los mismos,
    y afectando en muchos casos gravemente a las comunidades humanas que habitan en ellos.
    Impactos debido al transporte del petróleo, como resultado de la construcción de oleoductos y de los
    vertidos de crudo que se producen en ocasiones, pero especialmente como resultado de los vertidos
    y accidentes en plena mar de los petroleros y buques cisterna. Algunos de ellos han entrañado un
    tremendo impacto ambiental cuyos efectos han durado años (y todavía perduran): Exxon Valdez,
    Erika, Prestige, etc.. Y finalmente, los impactos allí donde se procesa el petróleo (refinerías), o
    donde se consumen los derivados del mismo (gasolinas, diesel, queroseno, etc.), lo que se da
    principalmente en las metrópolis, siendo el tráfico la principal causa de la contaminación de las
    aglomeraciones urbanas; pero también en pleno campo, en los espacios de agricultura
    industrializada, o en los altos niveles de la atmósfera, debido al tráfico aéreo. Todos ellos
    contribuyen además al agravamiento del cambio climático. No en vano el petróleo es la principal
    fuente energética global.
    Pero los impactos territoriales y ambientales del petróleo van mucho más allá si
    consideramos que algunas de las actividades más nocivas del presente modelo urbano-agroindustrial
    no se darían sin el petróleo, pues son altamente dependientes de él: movilidad motorizada,
    urbanización acelerada y dispersa, turismo de masas intercontinental, agricultura industrializada,
    globalización de la producción y del consumo, desarrollo incontrolado de la minería a cielo abierto
    a escala global, etc. Estos son pues los impactos ambientales indirectos del petróleo. Así, en el
    mundo existen más de 800 millones de automóviles, que circulan principalmente en los países
    centrales, pero en los últimos años este volumen global de vehículos se ha disparado por la
    irrupción de los llamados nuevos mercados emergentes (China, India, Corea del Sur, Brasil, etc.). El
    número mundial de vehículos se ha nada menos que duplicado desde el final de las crisis
    energéticas de los 70, esto es, en algo menos de 30 años (Estevan, 2008; Swedetrack, 2008). De las
    10 empresas mayores del mundo en 2007, seis eran petroleras y tres correspondían al sector del
    automóvil (ver cuadro 1) (Fortune, 2008). La industria del automóvil, y del transporte por carretera
    en general, son las más demandantes de minerales de todo tipo (Barreda, 2008). Esta demanda
    19
    global de minerales está provocando que el mundo se esté convirtiendo en una gran mina (Young,
    1992), no sólo por el intenso desarrollo de minería a cielo abierto para satisfacer esta sed insaciable
    de minerales, que hace posible el petróleo, sino también por la proliferación de canteras y áreas de
    extracción de áridos para sustentar las demandas de materiales de construcción de la lengua de lava
    urbana y metropolitana que invade el planeta (infraestructuras de todo tipo, crecimiento en mancha
    de aceite de las ciudades, grandes centros comerciales basados en el vehículo privado, etc.). Y el
    asfalto, proveniente del petróleo, es también un componente clave de esa lengua de lava. Todo lo
    cual está ocasionando que la capacidad de transformación y artificialización del entorno natural del
    actual modelo urbano-agro-industrial se haya convertido en la “fuerza geológica” más importante,
    por su capacidad de transformación-destrucción y artificialización del entorno natural. Y a esta
    “fuerza geológica” la mueve principalmente el petróleo (Hooke, 2000).
    LAS DIEZ MAYORES EMPRESAS DEL MUNDO
    1 Wal Mart- EEUU (distribución comercial)
    2 ExxonMobil Corporation – EEUU (petrolera)
    3 Royal Dutch Shell – Angloholandesa (petrolera)
    4 BP – Reino Unido (petrolera)
    5 General Motors – EEUU (producción de automóviles)
    6 Toyota Motor - Japón (producción de automóviles)
    7 Chevron - EEUU (petrolera)
    8 DaimlerChrysler – Alemania (producción de automóviles)
    9 ConocoPhillips – EEUU (petrolera)
    10 Total-Fina-Elf- Francia (petrolera)
    Cuadro 1. Fuente: Fortune 500 (2007)
    Por último, el petróleo se ha convertido en el principal contribuyente al cambio climático
    global, de consecuencias tan peligrosas como impredecibles, y cuyos principales damnificados
    serán las sociedades del Sur del planeta. No es el objetivo del presente texto el analizar las causas y
    consecuencias del cambio climático en marcha, provocado por el modelo urbano-agro-industrial del
    capitalismo global, pero sí conviene resaltar que éste ha tenido la capacidad de destrozar los
    mecanismos que regulan el clima del planeta, siendo el uso de los combustibles fósiles el
    responsable determinante. Estamos pues trascendiendo los límites del planeta a todos los niveles, y
    eso está teniendo ya sus efectos en el propio despliegue del capitalismo global, aunque los impactos
    de dicha translimitación se verán acentuados en el futuro. En definitiva, no sólo estamos empezando
    a sobrepasar los límites de recursos y materiales de la corteza terrestre (entre ellos los combustibles
    fósiles, como a continuación veremos), acentuando los impactos de toda índole en su busca para
    garantizar las necesidades del brutal metabolismo urbano-agro-industrial del

    capitalismo global,
    sino que estamos alterando el clima a escala planetaria como resultado de dicho metabolismo11, en
    una escala nunca vista en los últimos 400.000 años, con potenciales efectos catastróficos en las
    próximas décadas. Curiosamente, desde parte de las actuales estructuras de poder se nos alerta de
    los peligros del cambio climático en marcha, aunque se nos ocultan o se tergiversan sus verdaderas
    causas, y se nos proponen falsas soluciones, pero para nada se señalan los límites de los
    11 Entre otros impactos: lluvias ácidas, desaparición de suelos fértiles, degradación recursos hídricos, etc., etc.
    20
    combustibles fósiles (y de otros materiales y recursos) a la expansión del actual modelo urbanoagro-
    industrial. Y es por eso también por lo que los principales actores estatales mundiales, y muy
    en concreto los EEUU, se involucran en prácticas belicistas y se preparan para una guerra cada vez
    más abierta en la lucha por unos recursos mundiales crecientemente escasos.
    11-S, y Globalización Armada en la lucha por el petróleo: Afganistán e Irak
    Con el cambio de siglo y milenio, y especialmente tras los atentados del 11-S de 2001, la
    lucha de los principales actores estatales mundiales en torno al petróleo se intensifica,
    especialmente por parte EEUU, que la disfraza bajo el eufemismo de la “Guerra Mundial contra el
    Terror”. Después del derrumbe de las Torres Gemelas, promovida por la Yihad, la Administración
    Bush (fuertemente relacionada con los intereses petroleros) consigue rápidamente la luz verde para
    atacar Afganistán, patria de los talibanes y refugio principal de Al Qaeda, según el Pentágono.
    EEUU logra armar rápidamente una coalición con distintos países de la UE, liderados por Gran
    Bretaña, de cara a la intervención. La guerra se justifica en base a la lucha contra el “terrorismo
    internacional”, y se adereza con la voluntad de Occidente de defender los derechos de las mujeres,
    en esa región donde se ven obligadas a moverse bajo el Burka. Sin embargo, a lo largo de los
    noventa, EEUU había estado negociando sin resquemores con el régimen Talibán para el paso de
    oleoductos y gaseoductos por su territorio, con el fin de dar salida hacia el Océano Índico al
    petróleo y al gas de los nuevos Estados independientes de Asia Central, antiguos miembros de la
    URSS12. En esa amplísima región, del tamaño de la actual UE, existen abundantes reservas de
    petróleo y gas, hasta ahora escasamente explotadas, y Occidente (y sus empresas) buscaba desde
    hace años acceder a su explotación, al tiempo que EEUU iba instalando bases militares en algunos
    de los nuevos Estados independientes.
    La ruptura de negociaciones de Unocal (petrolera estadounidense) con el régimen Talibán de
    cara al paso de los oleoductos, puede haber sido la chispa que encendiera el ataque a Afganistán,
    con el 11-S como “excelente” excusa, con el fin de conseguir manu militari lo que de repente estaba
    siendo difícil de obtener en la mesa de negociaciones (Fdez Durán, 2001). Desde entonces, la
    presencia y la implicación occidental en la zona no ha hecho sino acentuarse. Además, desde hace
    ya unos años es la OTAN en su conjunto la que interviene militarmente, aparte de EEUU, y su
    actuación encuentra una resistencia crecientemente fuerte. De hecho, se habla ya de que la Alianza
    está perdiendo la guerra, y algunos agoreros comentan que puede ser la primera y quizás la última
    intervención de la OTAN fuera de su área original de actuación: el Atlántico Norte. La razón son las
    disensiones que han surgido en el seno de esta operación de la Alianza entre los países más
    implicados en los ataques militares, y de mayor riesgo, y aquellos otros más involucrados en tareas
    de retaguardia y “humanitarias”, pero que actúan también y son percibidos como fuerzas de
    ocupación. Una OTAN a dos velocidades, los que combaten y los que no lo hacen.
    El ataque de EEUU a Afganistán es el primer paso para una aún mayor proyección de su
    poderío militar en lo que se ha llegado a llamar el Gran Oriente Medio, y quizás una forma también
    de controlar e impedir el acceso de China al grifo mundial del crudo. Más tarde, Washington
    orquesta un ataque contra Irak bajo la excusa de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción
    masiva. El definitivo fin del “síndrome de Vietnam” que había facilitado el ataque del 11-S, le
    permite a Bush impulsar una actuación militar crecientemente agresiva a escala mundial, logrando
    el apoyo del Congreso a la llamada Guerra Preventiva. Pero el verdadero objetivo del ataque era
    llegar a controlar el Grifo Mundial del Petróleo, Oriente Medio, y en concreto el tercer país del
    mundo actualmente en reservas de crudo (ver cuadro 2), pensando apuntalar así una hegemonía
    estadounidense progresivamente en crisis. Era la forma, de acuerdo con el pensamiento implícito
    12 Una vez que había conseguido impulsar una costosa y conflictiva vía de salida del petróleo del Mar Caspio hacia el
    Mediterráneo: el oleoducto Bakú-Ceyhan (en Turquía).
    21
    neocon, de garantizar un Nuevo Siglo Americano. Pero también se buscaba el reforzamiento del
    dólar, pues Saddam Hussein había empezado a vender su petróleo en euros, en vez de en dólares, lo
    cual significaba un importante ataque a la hegemonía mundial del dólar. Es decir, detrás de la
    Guerra contra Irak había (y hay) mucho más que petróleo (Fdez Durán, 2003). Ante el ataque
    Occidente se divide, o mejor dicho la UE: la “Vieja” y la “Nueva” Europa, como llegó a
    denominarlas Rumsfeld. Ello obliga a Washington a lanzar la guerra sin el visto bueno del Consejo
    de Seguridad, ante el veto de Alemania y Francia al ataque (los países principales del euro), pero
    también de Rusia y China, aparte de otros miembros del mismo. Finalmente la guerra se lleva a
    cabo sin cobertura jurídica internacional, mediante una coalición liderada por EEUU y Gran
    Bretaña, en la que se implican un buen número de países subalternos de distintos continentes,
    incluidos algunos de la propia UE (la España de Aznar, entre ellos).
    LOS DIEZ PAÍSES CON MAYORES RESERVAS DE CRUDO
    (2006) (en miles de millones de barriles de crudo)
    1 Arabia Saudí 264,3
    2 Irán 137,5
    3 Iraq 115,0
    4 Kuwait 101,5
    5 Emiratos Árabes Unidos 97,8
    6 Venezuela 80,0
    7 Federación Rusa 79,9
    8 Libia 41,5
    9 Kazajistán 39,8
    10 Nigeria 36,2
    (EEUU está ya en el puesto número 11 en esa fecha, con 29,9)
    Cuadro 2. Fuente: Statistical Review of World Energy 2007. BP. http://www.bp.com
    La lucha por el crudo se acentúa en torno a la “Elipse” y se desborda a escala mundial
    En estos años del nuevo siglo XXI las tensiones geopolíticas y militares en torno a lo que
    Bermejo (2007) llama la Elipse Mundial del Petróleo, pero también del Gas, no han hecho sino
    incrementarse. Esta Elipse abarca el Golfo Pérsico, el Mar Caspio, Asia Central y Siberia
    Occidental, la región de la Federación Rusa con mayores reservas de petróleo y gas natural.
    Además, Rusia se ha reforzado como un actor político y militar de primer orden, gracias a los altos
    precios del crudo (y del gas) en lo que va de siglo, y al férreo control que el Estado ha impuesto a la
    explotación de sus hidrocarburos, provocando un giro de 180º en las políticas privatizadoras de
    Yeltsin. Y es en torno a dicha Elipse que se dan los principales conflictos, y se organizan las
    principales estrategias geopolíticas y militares. Los objetivos de EEUU se han ido revelando de
    forma cada vez más manifiesta al respecto, y desde hace ya un tiempo intenta doblegar también a
    Irán (hasta ahora vanamente), con la ayuda de los grandes de la UE. Irán es el segundo país del
    mundo actualmente en reservas de petróleo (ver cuadro 2) y el segundo también en las de gas (tras
    el gigante ruso), así como el vigía principal del Estrecho de Ormuz, por donde circula diariamente
    un cuarto del petróleo que se consume en el mundo. Su importancia pues geoestratégica y en cuanto
    a recursos es innegable, convirtiéndose en un bocado muy apetitoso (pero muy difícil de conseguir)
    para terminar de controlar el petróleo de Oriente Medio. Es más, se ha llegado a barajar un ataque
    preventivo (de alcance nuclear) contra Irán por parte del Pentágono, o a través de su contraparte en
    la región, el ejército israelí. La OTAN también considera esta región una zona clave de cara a sus
    actuaciones futuras. Además, la OTAN aparte de su creciente ampliación interna (recientemente
    Croacia y Albania), se está proyectando hacia países fuera de su área de pertenencia inicial,
    22
    acogiendo bajo su paraguas a actores estatales de la OCDE en otras regiones del mundo: Corea del
    Sur, Nueva Zelanda, Australia y Japón, cada día más dependientes del oro negro. Pero, por otro
    lado, los nuevos estados “emergentes” a escala global, China e India, principalmente, junto con
    otros actores estatales fuera de la influencia occidental (algunos países de Asia Central y del sudeste
    asiático) y la misma Rusia organizan sus propias estructuras de coordinación político-militar: la
    Organización de Cooperación de Shangai, para parar los planes de Occidente de cara a la Elipse
    Mundial del Petróleo (y el Gas).
    Pero la Unión Europea también busca posicionarse de forma propia en el mundo, intentando
    reforzar su dimensión política y militar, así como buscando sus propias estrategias respecto al
    acceso a los combustibles fósiles: petróleo y gas, de los que cada vez es más dependiente (más del
    75% en el caso del petróleo y más del 50% en el caso del gas). Esa creciente dependencia es debida
    a la fuerte caída de la capacidad de extracción de los yacimientos del Mar del Norte (7-8% anual),
    una vez sobrepasados los picos respectivos de petróleo y gas (Bermejo, 2007). Los países de la
    Unión que más pugnan por esa política propia son su núcleo duro: el área del euro, especialmente
    ante los desencuentros que ha habido en los últimos tiempos entre los dos lados del Atlántico Norte.
    No otra cosa fue el intento de dotarse de una Constitución Europea, que una vez rechazada se
    intenta colar de nuevo bajo el nombre del Nuevo Tratado de la Unión. En el Nuevo Tratado se
    contempla la política energética como una política comunitaria (es decir, de obligado cumplimiento
    para los 27 países miembros, que incluso Gran Bretaña ha aprobado13), que se confía en primer
    lugar a dinámicas de mercado, imponiendo la capacidad de negociación mundial que confiere el ser
    el mayor mercado del mundo. Pero, si fallan los mecanismos de mercado, también se plantea por
    primera vez la posibilidad de actuar militarmente de forma conjunta, llegado el caso, bajo
    determinadas condiciones, y al margen de la OTAN (o reforzando su flanco europeo, de acuerdo
    con la nueva doctrina Sarkozy-Merkel), en el mundo entero. Es la nueva Estrategia de Seguridad
    Europea, que se conoce como Doctrina Solana, que ya acompañaba a la Constitución Europea y que
    complementa también al Nuevo Tratado14. De hecho, los principales países continentales de la
    Unión ya tienen desplegadas tropas militares en Líbano, teatro de operaciones en el entorno de la
    Elipse, y en la actualidad tropas europeas se preparan para actuar también en otros escenarios y
    conflictos donde, tras la excusa de una intervención de signo “humanitario”, huele a petróleo:
    Darfur.
    El conflicto de Darfur está en gran medida activado y condicionado por la creciente
    dependencia de Sudán de China, pues más de la mitad del petróleo que importa el gigante asiático
    procede de allí15, y la UE quiere dejar claro también que esa región está (o debería estar) bajo su
    esfera de influencia. Pero el gigante asiático defiende sus empresas petroleras e intereses en la zona
    hasta con tropas propias. Asimismo, las fuertes tensiones internas en el vecino Chad, y la
    implicación militar de Francia (y por extensión de la UE), también están relacionadas con el control
    del oro negro. Por otro lado, EEUU está irrumpiendo igualmente cada vez más claramente en África
    en términos militares, y bajo la excusa de perseguir a Al Qaeda, también busca posicionarse
    13 El declive progresivo de los yacimientos del Mar del Norte coloca a Gran Bretaña en una situación crecientemente
    frágil en relación con la dependencia de petróleo y gas, y la hace proclive a confluir con sus socios comunitarios en este
    ámbito, a pesar de sus vínculos tradicionales con EEUU.
    14 “Con las nuevas amenazas la primera línea de defensa estará a menudo en el extranjero (…) Varios países y regiones
    corren el riesgo de resultar atrapados en una espiral de conflicto, inseguridad y pobreza (…) Hay que estar preparados
    para actuar antes de que se produzca una crisis (…). Una serie de países se han situado al margen de la legalidad
    internacional (…) Algunos han buscado el aislamiento. Otros vulneran persistentemente las normas internacionales. Es
    conveniente que estos países puedan unirse a la Comunidad Internacional. Aquellos que no desean hacerlo han de
    comprender que han de pagar un precio, incluso en sus relaciones con Europa” (el subrayado es nuestro). “Una Europa
    Segura en un Mundo Mejor” (Documento Solana) (Fdez Durán, 2007).
    15 China empezó a importar petróleo a principios de los noventa (Heinberg, 2006).
    23
    adecuadamente respecto a los recursos fósiles del continente. Es más, Washington pretende crear un
    comando militar propio para el continente: Africom, y busca donde ubicarlo (quizás en Marruecos).
    África dispone grosso modo de otro 10% de las reservas mundiales de crudo (ver figura 2), como
    América Latina aproximadamente, y es objeto asimismo de atención y disputa por parte de los
    grandes actores mundiales. En África se está produciendo un nuevo reparto de los recursos del
    continente por parte de las principales empresas petroleras mundiales; tanto de las transnacionales
    petroleras privadas (la gran mayoría occidentales), como de las empresas estatales petroleras de las
    potencias “emergentes” (de China, India, Brasil, etc.). Y ese reparto va acompañado en muchas
    ocasiones de fuertes presiones político-militares. Además, uno de sus Estados con importantes
    reservas petroleras: Angola, ha ingresado recientemente en la OPEP, y eso es objeto de
    preocupación en Occidente.
    Así pues, las tensiones geopolíticas (y hasta bélicas) en relación al petróleo no están
    circunscritas a la Elipse, sino que se han ido ampliando progresivamente a otros espacios
    mundiales. Hasta América Latina y Asia, o en sus mares cercanos (Timor Oriental, p.e., con la
    irrupción de tropas australianas), donde las grandes petroleras privadas y/o estatales buscan
    desesperadamente el acceso a los últimos yacimientos de petróleo convencional que aún quedan por
    explotar. Todos ellos, como veremos, de carácter cada vez más marginal, con crecientes costes de
    exploración y afectados también por crecientes costes de transporte, pues están ubicados en muchas
    ocasiones en enclaves difícilmente accesibles, y en zonas lejanas a los puertos de exportación. El
    reciente conflicto de Colombia con Ecuador y Venezuela, provocado al atacar el ejército
    colombiano a un comando de las FARC en territorio ecuatoriano, augura un probable incremento de
    la tensión político-militar a partir de ese Estado, cabeza de puente de los intereses de EEUU en la
    región, con los dos principales Estados petroleros de América del Sur, y miembros de la OPEP
    (Ecuador ha ingresado hace poco). Tanto Venezuela como Ecuador están alejados de los intereses
    de Washington, y plantean utilizar una mayor soberanía sobre sus recursos fósiles para reforzar un
    proyecto de integración regional propio. El debate se está empezando a plantear en estos términos:
    ¿Deben utilizarse los combustibles fósiles de la región para impulsar principalmente una integración
    de América del Sur, y reforzar su papel en el mundo, al tiempo que sirven para redistribuir (en
    parte) las rentas del petróleo16? ¿O deben venderse o compartirse sus potenciales beneficios al mejor
    postor foráneo, sean estas transnacionales petroleras occidentales o empresas estatales de otros
    grandes actores mundiales17? De todas formas, las propuestas de explotación de los combustibles
    fósiles con sello autóctono son en muchas ocasiones tan impactantes como las foráneas, aunque
    comporten ciertas ventajas y beneficios mercantiles y redistributivos para sus pueblos, y es por eso
    por los que muchas comunidades campesinas e indígenas también cuestionan la explotación de los
    combustibles fósiles, pues va contra los intereses de la Pachamama (Kucharz, 2006; Fdez Durán,
    2007).
    El petróleo mexicano, en el punto de mira de EEUU y sus petroleras
    El caso de México es especialmente grave y significativo. México ha sido durante años uno
    de los grandes extractores mundiales de crudo, ocupando el quinto puesto hasta casi hoy en día (tras
    Arabia Saudí, Rusia, EEUU e Irán) (ver cuadro 3), así como el principal abastecedor de EEUU.
    16 Venezuela lleva impulsando desde hace algunos años proyectos como Petrocaribe o Petrosur, que proporcionan
    hidrocarburos a algunos países latinoamericanos (entre ellos Cuba) a precios más bajos que el mercado internacional,
    fomentando también sistemas de trueque internacional por dichos recursos (medicos cubanos, p.e.), si bien también
    permite operar en su subsuelo a empresas petroleras internacionales, bajo unas condiciones que se han endurecido
    notablemente a favor del Estado venezolano (Kucharz, 2006).
    17 La explotación del Campo Tupi, y el recientemente encontrado Carioca, en las profundidades marinas de las aguas
    territoriales brasileñas planteará este problema, debido a la tecnología que se requiere, al igual que lo plantea la
    explotación del crudo pesado del Orinoco en Venezuela.
    24
    Pero México ha atravesado ya su propio pico del petróleo, y su capacidad de extracción está
    empezando a caer en picado. Al ritmo actual de extracción, se prevé que sus reservas no duren más
    de nueve años. EEUU, que ha impedido históricamente que México formara parte de la OPEP, se
    quiere asegurar que México no cortará su flujo exportador hacia su territorio. Y es por eso por lo
    que intenta garantizar como sea ese flujo a partir del nuevo tratado que ha firmado con el país
    azteca: el ASPAN (Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte); al igual que
    intenta hacer con los combustibles fósiles de Canadá (especialmente su gas), a la que alcanza
    también dicho nuevo tratado. No en vano EEUU con el 5% de la población mundial consume el
    25% del crudo global. Es decir, intenta garantizar parte de ese enorme consumo a partir de los
    territorios más cercanos y dependientes, a través de instrumentos securitarios, y si es preciso,
    llegado el caso, manu militari; pues cada vez habrá más tensiones entre las demandas internas de
    ambos Estados, y las exigencias de EEUU, en un escenario de agotamiento progresivo de recursos
    fósiles (petróleo y gas) en la región. EEUU presiona igualmente para la privatización de PEMEX,
    que no consiguió vía TLC (el Tratado de

    Libre Comercio, de 1994), en beneficio de sus gigantes
    petroleros, y espera que el nuevo gobierno mexicano la acometa finalmente con la excusa de que
    México no tiene la tecnología necesaria para impulsar la explotación de nuevos yacimientos en
    aguas profundas. Además, México obtiene del orden del 40% de los ingresos del Estado vía la venta
    del petróleo de PEMEX18, pero esta fuente se puede ver secada en breve, planteando un muy serio
    problema a sus finanzas y a su moneda (el peso), que hasta ahora logra defender por las reservas en
    dólares que le proporciona la exportación de petróleo (EL PAÍS, 2-4-08). Además, México, uno de
    los grandes países del mundo, con unos 100 millones de personas (y otros 25 millones en EEUU),
    se puede ver obligado dentro de no mucho tiempo a comprar petróleo en el mercado mundial
    (especialmente a las petroleras estadounidenses) para abastecer su demanda interna, y garantizar el
    funcionamiento diario de una sociedad cada vez más urbanizada y motorizada, con una de las
    principales metrópolis del mundo: México DF. Un monstruo urbano de más de veinte millones de
    personas. De hecho, hoy en día ya se ve obligado a comprar derivados del crudo a EEUU, ante la
    falta de capacidad de refino interna; y es por esto por lo que lo que gana por una vía, la venta de
    petróleo, lo pierde en gran medida por otra, la importación de productos refinados. La crisis que se
    avecina puede ser espectacular, y el petróleo (y en concreto su privatización) se está convirtiendo ya
    en el principal eje de tensión política.
    LOS DIEZ MAYORES PAÍSES EXTRACTORES DE CRUDO
    (2006)
    (en millones de barriles día)
    1 Arabia Saudí 10,9
    2 Federación Rusa 9,8
    3 EEUU 6,9
    4 Irán 4,3
    5 México 3,7
    6 Canadá 3,1
    7 Emiratos Árabes Unidos 2,9
    8 Venezuela 2,8
    9 Noruega 2,8
    10 Kuwait 2,7
    Cuadro 3. Fuente: Statistical Review of World Energy 2007. BP. http://www.bp.com
    18 Esta es una de las causas, se apunta, por la que PEMEX ha sido incapaz de desarrollar la tecnología necesaria para
    acometer nuevas exploraciones en aguas profundas. El Estado mexicano, ante su falta de voluntad de imposición fiscal
    a los sectores sociales enriquecidos, y a las empresas mexicanas y transnacionales que operan en el país, ha recurrido al
    maná de la venta externa del crudo para financiarse.
    25
    En definitiva, los gigantes corporativos privados o estatales de extracción de crudo se
    comportan cada vez más como verdaderos “imperios del petróleo”, como han llegado a ser
    descritos, por el cada día mayor poder empresarial, pero también político, policial y hasta militar
    que despliegan. Su capacidad para alterar y condicionar la política de los Petroestados es manifiesta,
    especialmente de aquellos Estados “débiles” cuyo único monocultivo es el crudo (especialmente en
    las regiones petroleras de África), provocando su deriva hacia la corrupción, autoritarismo,
    militarismo y concentración extrema de la riqueza. El petróleo en estos casos más que una
    “bendición” es una verdadera desgracia. Y muchos de estos “imperios del petróleo” disponen de
    fuerzas policiales y militares mercenarias propias, al tiempo que son protegidos por las fuerzas de
    seguridad de los Estados en los que operan, y ambas reprimen sin contemplaciones las protestas y
    resistencias a su actuación. Finalmente, en esta huída hacia adelante tras los últimos rastros del
    petróleo convencional, algunos de los gigantes petroleros estatales están empezando ya a sobrepasar
    a las transnacionales petroleras occidentales (Petrochina, Saudiaramco, NIOC –iraní-, Rofsnet –
    rusa-, Petronas –malaya-, Petrobras –brasileña-, etc.; algunas de ellas con parte de capital privado,
    pero con férreo control estatal). Petrochina es ya la segunda petrolera mundial tras Exxon, por
    delante de Shell, y ha llegado a superar el valor en bolsa de Exxon. Es más, se han empezado ya a
    dar asaltos vía mecanismos de mercado de compras de gigantes empresariales privados
    occidentales, por parte de los nuevos actores corporativos estatales periféricos, que han sido
    bloqueados por los Estados (caso de Unocal en EEUU ante Petrochina). Hasta hace poco, estos
    últimos no tenían esa capacidad de actuación y proyección, pero el fin del petróleo barato, y los
    abundantes ingresos que han conseguido en los últimos años algunas de las empresas estatales de
    petróleo, las están convirtiendo poco a poco en los nuevos depredadores globales. Todavía carecen
    en general de la tecnología punta necesaria y del personal cualificado correspondiente, pero ese será
    uno de los grandes retos conforme nos adentramos y sobrepasamos el pico del petróleo mundial.

    Proliferación de las resistencias “antipetroleras” a escala global y fin del crudo barato
    La guerra contra Irak desató una enorme oposición ciudadana internacional, que se concretó
    en la mayor movilización social mundial habida contra la guerra: el famoso 15 de febrero de 2003;
    a la que contribuyó sin duda el importante desarrollo previo del “movimiento antiglobalización”,
    desde Seattle (1999) a Génova (2001). Uno de los lemas más repetidos en dicha movilización fue el
    “No Más Sangre por Petróleo”, que ya había surgido en las manifestaciones contra la Guerra del
    Golfo del 91 en EEUU, cuando Washington justificó internamente dicha intervención militar para
    defender el American Way of Life. La movilización global no logró parar el ataque, pero supuso un
    rechazo formidable a la deriva militarista y neoimperialista de EEUU, y contribuyó a ir cambiando
    su antiguo icono mundial de reconocimiento, la Estatua de la Libertad, por los nuevos de
    Guantánamo y Abu Graib, precipitando la quiebra de su imagen en el mundo, en especial en el
    mundo árabe-musulmán, así como la progresiva pérdida de la hegemonía cultural estadounidense a
    escala global. La guerra ha sido un verdadero desastre para EEUU en cuanto a la consecución de
    sus objetivos políticos y militares, aparte de un tremendo fardo económico, contribuyendo
    decisivamente a su endeudamiento externo gigantesco, que le está pasando factura ahora. Además,
    la intervención ha provocado un brutal coste y caos social y económico en el propio Irak, aparte de
    generar una destrucción y apropiación cultural sin precedentes de los restos de la antigua Babilonia.
    Igualmente, la factura política de la guerra contribuyó a derribar gobiernos, junto con la
    movilización social, entre ellos el del PP de Aznar en España.
    Las víctimas mortales iraquíes se calculan en centenares de miles, más de cuatro millones de
    personas han sido desplazadas de sus regiones de residencia, y de ellas la mitad ha abandonado el
    país hacia los territorios limítrofes. Además, el objetivo de EEUU y Gran Bretaña de hacer llegar el
    petróleo iraquí a manos de sus principales empresas petroleras, todavía no ha sido posible plasmarlo
    en un marco legal aceptado por las diferentes comunidades étnico-políticas iraquíes. Es más, con el
    fin de tener una cierta cobertura a posteriori de NNUU, Washington y Londres han tenido que
    26
    recular en sus deseos iniciales, abrir la explotación de los recursos iraquíes a una concurrencia más
    amplia (incluidas otras petroleras occidentales19), y aceptar la propiedad estatal de dichos recursos.
    Para más inri, hoy en día, este país destrozado extrae grosso modo la mitad del petróleo que en
    época de Saddam, lo que está contribuyendo también al alza del precio mundial del crudo. En
    cualquier caso, en torno a un 70% del petróleo mundial está bajo suelo “islámico”, y en ese amplio
    espacio geográfico el rechazo a la apropiación del crudo por parte de actores empresariales privados
    o estatales externos al mundo musulmán es muy fuerte, pues además esos recursos se consideran
    una propiedad colectiva de la “Umma”, la comunidad islámica (Caffentzis, 2005).
    Por otro lado, los principales Estados y bloques económicos, y especialmente EEUU y la UE
    (pero también China, India y Brasil), intentan también acceder a los recursos petroleros a través de
    la firma de Tratados de Libre Comercio con regiones de América Latina, África y Asia, acuerdos
    bilaterales entre Estados, o bien mediante el cierre de las negociaciones de la Ronda Doha de la
    OMC. Pero estos intentos se están encontrando con progresivas resistencias de muchos de los
    Estados periféricos a dejar vía libre, sin condiciones, al acceso de las corporaciones petroleras
    privadas y estatales a sus recursos. En concreto a sus recursos petroleros y gasísticos, pero también
    a un cúmulo de recursos naturales. El rechazo reciente de muchos países africanos a los llamados
    EPA’s (siglas en inglés de los Acuerdos de Asociación Económica de la Unión) en la pasada
    Cumbre de Lisboa (diciembre de 2007), en donde se contemplaba dicho acceso irrestricto, es un
    indicador de la progresiva dificultad de la apropiación y expolio de recursos a través de los
    mecanismos “puramente” de mercado. Además, distintos Estados periféricos están sometidos a una
    fuerte presión social para no malvender

    sus recursos, o incluso para conservarlos bajo el subsuelo,
    sobre todo allí donde existen fuertes movimientos campesinos e indígenas, pues sus cosmovisiones
    rechazan la venta de los recursos de la Madre Tierra (la Pachamama).
    De hecho, las nuevas prospecciones y extracciones de crudo en distintas partes del mundo
    están provocando un creciente rechazo social, pues afectan a muchos territorios poco
    “modernizados”, y en ocasiones casi vírgenes, habitados por comunidades campesinas e indígenas.
    Esta es principalmente la situación en América Latina: Amazonia peruana y ecuatoriana, Valle de
    Arauca y Magdalena Medio en Colombia, distintas zonas en Bolivia, Plan Puebla Panamá (donde
    resalta la resistencia zapatista), etc. Pero también cada vez más en África, donde es especialmente
    intensa en el Delta del Níger. En algunos casos, las resistencias a la extracción del petróleo (y gas
    natural), o a las condiciones en que se produce la misma, han provocado la caída de gobiernos (caso
    Boliviano con la llamada Guerra del Gas), y han alterado sustancialmente las relaciones con las
    empresas petroleras que los explotan (en Venezuela, Bolivia, Ecuador y hasta en Argentina). Es
    más, la nueva Constitución Boliviana (pendiente todavía de Referéndum popular) fija un nuevo
    reparto de las regalías de explotación de los hidrocarburos, y establece importantes condiciones por
    parte de las estructuras sociales comunitarias a su explotación. Ante estas dinámicas, se están
    produciendo intentos de fragmentación de los Estados (Bolivia, Venezuela), para escapar a estos
    controles sociopolíticos que han impuesto las resistencias, por parte de las elites sociales y políticas
    de los territorios subestatales ricos en recursos fósiles.
    En suma, el auge de las resistencias, y el nuevo marco sociopolítico que en muchos casos
    éstas han creado, han revertido la ola privatizadora de los noventa, y asistimos ahora a una marea de
    progresivo control estatal y hasta comunitario de los recursos del subsuelo. Y dentro de esta deriva
    antineoliberal se producen reivindicaciones como las del Parque Natural Yasuní (Ecuador), en
    donde se plantea directamente dejar el petróleo existente bajo el subsuelo, para defender hábitats de
    gran valor ecológico y a sus poblaciones, así como una vía también para luchar contra el cambio
    climático en marcha. Pero esa opción se propone por el nuevo gobierno a cambio de la aportación
    19 Este fue el precio a pagar por un reconocimiento occidental a posteriori de la invasión iraquí, en el marco de la
    aceptación de un marco “democrático” al nuevo Estado, dentro de una nueva resolución de NNUU. Esto es, un intento
    de legitimar la situación de hecho a posteriori, pero imponiendo condiciones a la intervención.
    27
    de recursos económicos que permitan amortizar la deuda externa, y asimismo por los movimientos
    sociales como parte de la deuda ecológica que el Norte ha contraído con el Sur a lo largo de la
    historia. Todo este conjunto de resistencias, junto con las crecientes restricciones físicas al
    incremento de la oferta mundial del crudo (el llamado pico del petróleo a escala global, que ahora
    abordaremos), incluso la falta de capacidad de refino mundial20, son la causa del fuerte auge del
    precio mundial del crudo y de los derivados del petróleo, que se viene manifestando en lo que va de
    siglo. La Era del Petróleo barato es ya historia, pues estamos entrando en el principio del fin de la
    era de los combustibles fósiles.
    Figura 4
    Acercándonos a toda máquina al pico del petróleo mundial (ver figura 4)
    El llamado pico mundial del petróleo parece que ya está aquí, o estamos a punto de entrar en
    él. Es decir, el momento a partir del cual ya no será posible poner más crudo adicional en el
    mercado, por mucho que se hagan nuevas y costosas prospecciones y extracciones, pues habríamos
    consumido ya grosso modo la mitad de los reservas globales de petróleo. Eso es lo que sería el peak
    oil (o pico del petróleo), definido por el geólogo Hubbert en los años 50 del pasado siglo, aplicado a
    escala planetaria21. Distintos analistas (Campbell, Heinberg, Duncan, Brown, etc., etc.) y webs22
    dedicadas a estudiar y alertar sobre esta grave cuestión, ya venían anunciando su inminencia en los
    20 En los últimos años se detecta una creciente incapacidad de instalación de refino internacional, al contrario que en los
    ochenta, debido al incremento de la demanda productos derivados del crudo, en paralelo con el estancamiento de la
    inversión en nuevas instalaciones de refino, ante el alto coste de las mismas.
    21 El geólogo Hubbert lo definió para un yacimiento concreto, esto es, cuando se consumen más o menos la mitad de sus
    reservas, pero lo proyectó también para el caso de EEUU, avanzándolo con una considerable precisión, y llegó a
    aventurarlo asimismo a escala mundial para finales del siglo XX. Quizás la razón de la falta de precisión respecto del
    advenimiento del pico global se deba al impacto que tuvieron las crisis energéticas de los 70 (Hubbert, 1949; Heinberg,
    2006; Naredo, 2008).
    22 http://www.peakoil.net ; http://www.crisisenergetica.org ; etc., etc.
    28
    últimos años, situando el pico o cenit muchos de ellos antes del 2010, o en torno a esa fecha,
    mientras que los organismos oficiales de los principales Estados lo desmentían, y en todo caso lo
    pronosticaban hasta hace poco bastante más allá en el tiempo (no antes del 2030). Pero, en realidad,
    los máximos hallazgos de reservas se habían dado en los años 60 del siglo XX, y desde entonces los
    descubrimientos han ido cayendo en picado, y sobre todo el tamaño de las reservas encontradas (ver
    figura 5). Así, en la actualidad, de cada cinco barriles de crudo que consumimos cuatro
    corresponden a antiguos yacimientos y tan solo uno corresponde a los nuevos que se encuentran. En
    EEUU el lapso de tiempo que pasó entre el periodo en que se encontraron las mayores reservas
    (años 30) y su respectivo peak oil (1970) fue de unos 40 años, y ahora muy probablemente estemos
    en una situación similar, pero a escala mundial (Heinberg, 2006). Estamos pues agotando poco a
    poco la “despensa” global del crudo. Y recientemente, hasta la propia Agencia Internacional de la
    Energía (IEA, 2007) ha venido a reconocer que al ritmo actual del crecimiento de la demanda de
    “petróleo” en el mundo, en el 2012 esa demanda ya no podría ser satisfecha, o quizás antes23.
    Figura 5
    En definitiva, nos encontraríamos en la situación de que habríamos consumido ya el primer
    billón de barriles de petróleo de las reservas (convencionales) que el planeta disponía, y nos
    quedaría por explotar el segundo billón remanente bajo las entrañas de la Tierra. Habríamos
    agotado pues la primera mitad del petróleo convencional, la de mayor calidad, la más accesible y
    barata, y nos quedaría por consumir la segunda restante, la de peor calidad y la de mayor coste
    económico, tecnológico y energético, así como social y ambiental. El primer billón de barriles de
    crudo se ha tardado en consumir unos 130 años, pero la segunda mitad del petróleo que nos ha
    legado la Madre Naturaleza quizás podríamos devorarla en unos 30 años, si continúa el ritmo actual
    de crecimiento del consumo. En cualquier caso, el petróleo barato se habría acabado ya para
    siempre. Y a partir de ahora el precio del crudo solo podrá ir al alza, que será una de las formas por
    las que se regule el mercado (Marzo, 2008). La otra será la guerra y el control y el acaparamiento
    del oro negro por parte de los poderosos.
    23 La AIE pronostica una demanda de 96 millones de barriles día de “petróleo” (convencional, no convencional y
    “líquidos” similares al petróleo)(IEA, 2007), esto es, aproximadamente 10 más que en 2007.
    29
    La inmensa mayoría de los países exportadores ya han pasado por su propio pico del
    petróleo (56 de los 65 mayores exportadores), incluso la gran mayoría de los países OPEP, muchos
    de los cuales tienen unas cifras de reservas infladas, como resultado como ya hemos apuntado de la
    negociación de cuotas de extracción en base a las mismas. De hecho, la mayoría de los grandes
    yacimientos mundiales están ya en fase de
    contracción (Ghawar, en Arabia Saudí; Burgan,
    en Kuwait; Cantarell, en México)(Klare, 2008
    b), y los países OPEP son incapaces de poner
    crudo adicional en el mercado para bajar el
    precio, pues no tienen capacidad excedente de
    extracción como en los 80 y 90. Ni siquiera
    Arabia Saudi. Sin embargo, esta situación de
    progresiva escasez no se manifiesta todavía en
    el Norte, o en los países centrales, por su
    capacidad de compra respecto al resto del
    mundo; es más en EEUU y en gran parte de la
    UE el consumo se ha incrementado algo en
    estos últimos años. Y es de resaltar que EEUU
    consume aproximadamente el doble per capita
    que la UE. La escasez tampoco se plasma por
    ahora tampoco en la mayoría de los países
    extractores, pero sí en los países periféricos No
    OPEP (salvo en China), en donde está cayendo
    sustancialmente desde hace años el consumo de
    petróleo per capita (ver figura 6). En muchos
    países periféricos estamos empezando a presenciar ya los conflictos que provoca la dificultad de
    acceso al crudo (el primer sitio donde lo vimos fue en Cuba en los 90, tras el colapso de la URSS),
    una vez que se había hecho dependiente del mismo a sus sociedades, y estos conflictos se están
    empezando a manifestar hasta en países exportadores que se ven obligados a importar a alto precio
    los productos refinados (colas y disturbios en Irán, p.e., siendo como decimos el segundo país del
    mundo por reservas de petróleo). Igualmente, muchos grandes exportadores que consumen también
    de forma desaforada petróleo a nivel interno, debido a los precios irrisorios de los derivados del
    crudo para su demanda nacional, pueden verse obligados a corto o medio plazo a subir bruscamente
    sus precios internos ante la dificultad de atender a su demanda, como resultado de la caída en su
    capacidad de extracción tras el pico del petróleo (Argentina, Indonesia, México, Nigeria, etc.). Pero
    los conflictos sociales por las subidas de precios de los derivados del “petróleo”, y su
    racionamiento, los hemos visto también recientemente en China. Y hasta Rusia, el gigante
    petrolero, puede tener cada vez más dificultades en mantener su abultada posición exportadora
    mundial, pues está en la parte del declive extractor, lo cual le puede generar serios problemas
    internos a medio plazo. Es por eso principalmente (creemos) que Putin ha estado afianzando un
    Estado crecientemente autoritario, para poder enfrentarse a escenarios de esa índole, al tiempo que
    vuelve a impulsar la energía nuclear (Bermejo, 2007; Heinberg, 2007; Ballenilla y Ballenilla, 2007).
    30
    Figura 6
    Manteniendo como sea (por ahora) el crecimiento del flujo energético mundial
    Nos acercamos pues rápidamente al inicio del fin de la Era del Petróleo,

    que será igualmente
    el inicio del fin de la era de los combustibles fósiles, pues poco después del pico del petróleo vendrá
    el pico del gas (en la próxima década), y algo más tarde el pico del carbón (a partir del 2030,
    posiblemente); así como el del uranio y del cobre, después. De hecho, el siglo XXI puede llegar a
    ser otra vez progresivamente el siglo del carbón, como lo fue el XIX. Lo que significa todo esto es
    que dentro de nada se iniciará un escenario de decrecimiento continuo del flujo energético, que
    empezará por supuesto con el pico del petróleo (Ballenilla y Ballenilla, 2007; Bermejo, 2007; Mez
    Allier y Temper, 2008). Pero: ¿Cómo se está haciendo frente ya a este escenario? ¿Han empezado a
    cambiar ya las políticas globales en relación a la extracción del crudo? Recientemente Klare (2008
    a) nos decía que el inicio del estancamiento energético global ya está teniendo lugar, especialmente
    en lo que se refiere al petróleo convencional, de ahí la brusca alza de su precio. Sin embargo,
    todavía no hay un debate público abierto al respecto, pues la reducción del flujo energético mundial
    aún no se ha producido; aunque sí en lo que se refiere a su distribución regional planetaria, sobre
    todo en las regiones pobres del globo, y principalmente como decíamos en términos per capita (ver
    figura 6). Y ello es así, porque hasta ahora se está solventando el estancamiento de la extracción del
    crudo convencional recurriendo al crudo no convencional (petróleo en aguas profundas y muy
    profundas, arenas y esquistos bituminosos, crudos pesados), que está siendo rentable explotarlo, a
    pesar de su alto coste y dificultad tecnológica, debido a los elevados precios del crudo
    convencional. Pero igualmente, porque se ha empezado a sustituir el petróleo por otros
    combustibles líquidos de características parecidas. Es decir, combustibles sintéticos derivados del
    carbón y gas (esto es, de otros combustibles fósiles todavía más “abundantes”, especialmente en el
    caso del carbón24), o bien obtenidos a partir de la biomasa, los llamados agrocombustibles (etanol y
    biodiesel, principalmente).
    24 China especialmente, pero también India, están recurriendo desde hace años a obtener “líquidos” similares al petróleo
    a partir del carbón, del que poseen abundantes reservas. Igualmente, Qatar, con amplísimas reservas de gas, está
    31
    La apuesta y la demanda de agrocombustibles proviene fundamentalmente de EEUU y la
    UE, en donde se han establecido objetivos de obligado cumplimiento de cara al futuro (10% en el
    caso de la UE para el 2020, y cerca del 20% en el caso de EEUU para la misma fecha), dentro del
    mix de carburantes para abastecer la demanda de su enorme parque automovilístico y por carretera,
    cuya movilidad no para de crecer. Pero también es una apuesta clara por parte de Brasil desde hace
    años, el mayor productor de agrocarburantes (etanol en concreto) después de EEUU, que ahora está
    acelerando su producción debido a la demanda internacional de los grandes actores occidentales, lo
    que está arrastrando a otros países del Sur en la misma dirección (Argentina, Paraguay, Colombia,
    Indonesia, etc… y ahora se intenta implicar a África). El objetivo es llegar a depender menos del
    petróleo convencional que proviene de regiones geopolíticas muy inestables, en especial de la
    OPEP, y en concreto de Oriente Medio, garantizar que se cubre la demanda, y contener los precios.
    Pero es un intento vano, pues antes o después se profundizará esa dependencia, se hará imposible
    cubrir la demanda en ascenso, y se dispararán aún más los precios. EEUU junto con Brasil (y otros)
    están barajando crear una especie de OPEP de los agrocarburantes, al tiempo que la UE negocia
    también con los actuales y potenciales grandes productores del Sur de materia prima para los
    agrocarburantes. En este proceso hay una progresiva confluencia de los intereses de los grandes
    Estados, o conjuntos de Estados centrales (la UE), las grandes compañías automovilísticas, las
    grandes empresas del sector agroalimentario y las grandes petroleras, que para nada quieren estar
    ausentes de este nuevo mercado en expansión (Stedile, 2007; CEO, 2007; GRR-CEO-TNI, 2007;
    Santa Barbara, 2007).
    Al mismo tiempo, se están impulsando también otras fuentes energéticas, desde renovables
    “centralizadas” de distinto tipo (eólica, solar, hidráulica) a energía nuclear (¡vuelve poco a poco la
    fisión, después de su práctica paralización mundial tras Chernobil!), pasando por una potenciación
    también del carbón, para la producción de energía eléctrica. Todo ello está permitiendo, por el
    momento, mantener en ascenso el flujo energético mundial, haciendo frente a la meseta de
    extracción de crudo convencional, en la que ya habríamos entrado desde hace algún tiempo (desde
    2005, aproximadamente)(Bermejo, 2007), y antes de que se inicie una brusca caída de su
    extracción, al tiempo que se continúa durante unos años con un incremento de la oferta de la suma
    del petróleo y de “líquidos” con características parecidas al petróleo25. Lo cual es clave para
    mantener en ascenso la movilidad motorizada mundial y la expansión de la agricultura
    industrializada, así como contener sus costes, pues las dos son altamente dependientes de los
    derivados del petróleo (o similares), y son dos sectores absolutamente claves de los procesos de
    globalización, así como para el abastecimiento y funcionamiento diario de la explosión
    metropolitana mundial (más de 400 “ciudades” por encima del millón de habitantes, y más de 60
    por encima de los 10 millones)(Fdez. Durán, 2006). El 95% del transporte motorizado mundial
    depende del “petróleo”, y su consumo supone más de la mitad de su demanda mundial (marzo,
    2008). Es pues a estos sectores a los que se dedica cada vez más la extracción del petróleo o los
    nuevos “líquidos” combustibles, aparte de a la producción de todo tipo de plásticos y materiales
    sintéticos, imprescindibles también en la actual economía globalizada, y una de las causas
    principales de la explosión de residuos. Muchos de estos artefactos son verdaderas extensiones
    exosomáticas de nuestra especie con crecientes dificultades de sustitución, y son claves también
    para el mantenimiento de nuestras actuales formas de vida.
    Pero esta huida hacia adelante tiene altos (y en ocasiones, altísimos) costes económicos,
    sociales, ambientales y políticos. “Costes económicos”, porque para seguir garantizando la
    extracción y procesamiento del crudo convencional restante, y especialmente del no convencional
    obteniendo también sucedáneo de “petróleo” a partir del mismo. El consumo de carbón está experimentando una fuerte
    subida desde principios de siglo XXI (Yamani, 2008; Bermejo, 2007).
    25 En total, habría unos 13 millones de barriles día de “petróleo”, de los 86 que se consumen diariamente en el mundo,
    que se estarían satisfaciendo ya con las distintas formas de petróleo no convencional (Bermejo, 2007).
    32
    (dentro del cual habrá quizás que considerar en el futuro el petróleo en zonas polares, sobre todo si,
    como todo indica, se funde el Ártico a consecuencia del Cambio Climático), son precisas unas
    tecnologías cada vez más complejas y, por consiguiente, unas inversiones cada día más elevadas,
    sencillamente descomunales, con un elevado riesgo en cuanto a los beneficios futuros derivados de
    las mismas. Lo mismo cabe decir de la tecnología y las inversiones necesarias para el desarrollo de
    los agrocarburantes, sobre todo de los llamados de “segunda generación” (a partir de materiales
    celulósicos), que está todavía por ver si son factibles de obtener y viables económicamente.
    “Costes sociales”, porque los altos flujos económicos mencionados, requerirán por supuesto de
    apoyo estatal para llevarlos a cabo (lo están haciendo ya), y derivarán en una reducción de los
    gastos sociales de todo tipo. Asimismo, porque la búsqueda de crudo en las áreas más remotas del
    planeta, está incidiendo abiertamente en comunidades indígenas y campesinas, alterando sus formas
    de vida y amenazando su propio futuro. Y lo mismo podemos decir respecto de la promoción de los
    agrocarburantes, cuyo desarrollo está poniendo igualmente en cuestión la existencia de
    comunidades campesinas e indígenas, al ampliar la frontera agraria y fomentar aún más los
    monocultivos, sobre todo en los espacios del Sur.
    Todo lo cual va a profundizar los “costes ambientales” (y también sus consiguientes
    implicaciones sociales), porque la extracción del crudo convencional restante, y sobre todo del no
    convencional, va a tener un creciente impacto ecológico, y va a agravar igualmente el cambio
    climático en marcha26. Lo mismo cabría afirmar respecto a la expansión de los agrocarburantes, que
    se intentan vender a la opinión pública como la panacea contra el cambio climático (en el caso de la
    UE, por parte de la Comisión), cuando pueden llegar a agravar éste, sobre todo si se tienen que
    importar del Sur del planeta transportándolos miles de kms hasta llegar al Norte (según ha

    reconocido recientemente hasta la propia Agencia de Medio Ambiente de la Unión); no en vano,
    además, la agroindustria se mueve en base al petróleo y su progresión promueve la deforestación y
    roturación, eliminando sumideros muy importantes de carbono y destruyendo biodiversidad.
    Igualmente, su promoción incrementará la demanda de agua en muchas regiones, con problemas ya
    de acceso al líquido elemento (ahondando en una nueva guerra ya en marcha por los recursos
    escasos), y agravará los impactos ambientales del agrobusiness (degradación de suelos y recursos
    hídricos, entre otros, que se verán recrudecidos también por la expansión de los cultivos
    transgénicos). Además, los agrocarburantes están siendo una de las principales causas de la
    agudización de la crisis alimentaria mundial, y lo será aún más en el futuro. Los precios de los
    alimentos se están disparando (también a causa del fuerte incremento del precio del petróleo), y
    empieza a haber serios problemas de abastecimiento en algunos países. Como ha comentado Isabel
    Bermejo: “el coche se ha comido ya la ciudad, y ahora empieza a comerse el campo”. La razón es
    que en el mercado mundial manda quien tiene poder de compra, los pobres del mundo no lo tienen,
    y los poseedores de coches en general sí. Es por eso por lo que la producción de grano mundial se
    está orientando a cubrir la demanda de agrocarburantes, desatendiendo y encareciendo la
    alimentación de la población mundial, que sigue en constante ascenso, pues la producción agraria
    mundial se ha estancado en los últimos años, a lo que no es ajeno el calentamiento global. Hasta
    ahora competían por el grano la población y el ganado (que sirve fundamentalmente para alimentar
    a las clases medias del mundo, a las que se han incorporado importantes sectores en China e India, y
    que engulle grosso modo el 30% del grano mundial), pero ahora empiezan a demandar su parte los
    coches, de Occidente principalmente (Estevan, 2008; Carpintero, 2007; Vargas, 2007; Connor,
    2008; GRR-CEO-TNI, 2007, Santa Barbara, 2007).
    Finalmente, los “costes políticos” vendrían derivados de la suma de todos ellos,
    aventurándose crecientes tensiones geopolíticas y militares (ya han empezado también en torno al
    26 El consumo de energía y otros recursos, entre ellos agua, para el procesamiento del petróleo no convencional le hace
    sumamente agresivo con el entorno ecológico, ya lo estamos viendo en el caso de las Arenas Bituminosas de Alberta
    (Canadá) o en los crudos pesados del Orinoco (en Venezuela). Igualmente, la obtención de “líquidos” a partir del
    carbón está derivando en una creciente emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.
    33
    Ártico, de cara al reparto del crudo de su subsuelo), así como conflictos sociopolíticos intraestatales
    de toda índole, pero también como mencionábamos se desarrollan cada día mayores resistencias a
    toda esta locura, proliferando además las revueltas del hambre en las metrópolis del Sur, lo que está
    incentivando ya un verdadero clamor mundial contra la producción masiva de agrocarburantes.
    Hasta el FMI y el BM, las principales instituciones internacionales encargadas de la gobernanza
    económica global del sistema, han manifestado recientemente su rechazo a los mismos. Y esto no es
    sólo por las revueltas del hambre de los desheradados, que también les preocupan, sino porque el
    brutal incremento de los precios de los alimentos está derivando en una fuerte subida de la
    inflación, lo que implicará un aumento de los costes de reproducción de la fuerza de trabajo, y en
    suma de la potencial conflictividad político-social en el espacio de la producción, poniendo en
    peligro el consumo de otros bienes y los beneficios empresariales a todos los niveles, y echando
    pues más leña al fuego de la gobernabilidad política y socio-económica global.
    Es por todo ello, principalmente, por lo que asistimos desde hace años a una creciente deriva
    autoritaria y militarista mundial, así como al reforzamiento de las estructuras de dominio patriarcal,
    profundizando también la vía de la resolución violenta de los conflictos, y las dinámicas de la
    guerra civil molecular (la guerra de todos contra todos, entre los de abajo), con el fin de intentar
    hacer viable y gestionable la explotación del petróleo mundial hasta su última gota. Cosa por otro
    lado imposible de acometer, pues siempre queda una gran parte del yacimiento sin poderse extraer
    físicamente, más de la mitad, debido a que el petróleo impregna las rocas (Marzo, 2008). Como ha
    señalado el Jeque Yamani, representante de Arabia Saudí durante muchos años en la OPEP: “La
    Edad de Piedra no acabó por falta de piedras, y la Edad del Petróleo acabará bastante antes de que
    se agote el petróleo” (Heinberg, 2007).
    Escenarios inviables y pavorosos versus decrecimiento obligado
    Los escenarios de consumo energético mundial que nos pintan los distintos organismos
    internacionales para garantizar el crecimiento “sin fin” son de todo punto inviables, aparte de que
    alcanzarlos implicaría agudizar los conflictos, desequilibrios e impactos existentes hasta límites
    difíciles de imaginar, como resultado de la explotación a toda costa de los combustibles fósiles
    remanentes. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) y el Consejo del Petróleo estadounidense
    plantean un incremento del 50% del consumo energético mundial para el 2030 (ver figura 7), en el
    que el grueso de este aumento sería de combustibles fósiles (más del 80%). En este escenario el
    petróleo (o similares) seguiría siendo todavía, claramente, la primera fuente energética mundial (en
    torno al 35%), pues no hay alternativas a sus funciones a corto o medio plazo, incrementándose la
    demanda actual en casi un 40% (de 86 mbds a 117 mbds), nada menos, como si esto se pudiera
    solventar sin mayores problemas. Pero además sería preciso profundizar la explotación del gas
    natural y del carbón, así como impulsar nucleares y “renovables” (con carácter “centralizado”,
    incluido por supuesto los agrocarburantes) (Mez Allier y Temper, 2007; Fdez Durán, 2007).
    34
    Figura 7
    En este escenario, el incremento de las emisiones de CO2 se dispararía, como poco, más de
    un 60%27, lo que choca frontalmente con las mínimas recomendaciones esgrimidas por el Protocolo
    de Kyoto, para intentar paliar la gravedad del cambio climático en marcha, que no su despliegue; un
    tratado internacional inspirado en la lógica de mercado, absolutamente insuficiente para luchar
    contra el cambio climático, cuando no un puro ejercicio de marketing “verde”, a lo Al Gore. Las
    soluciones que se nos proponen son el “secuestro del carbono” (más tecnología costosa y más
    inversión, que no garantiza nada), ampliar el comercio mundial de emisiones (más mercado
    financiero, que no reduce necesariamente emisiones) y valorizar, privatizar y mercantilizar los
    recursos naturales (más apropiación de los bienes comunes mundiales). Además, Kyoto fosiliza
    unos derechos de emisión históricos, dotando de más capacidad de emisión a quien más ha
    contaminado: los países centrales. De acuerdo con las previsiones, una gran parte del aumento del
    consumo energético futuro tendría lugar en los países periféricos, sobre todo en las nuevas
    potencias emergentes (en especial China e India), lo que significaría una aguda competencia por
    unos recursos energéticos que tenderán a ser crecientemente escasos. Y no bastaría con profundizar
    la explotación de lo que queda de petróleo convencional, o de los “líquidos” mencionados, con los
    problemas y tensiones geopolíticas y militares derivados de todo ello, sino que sería necesario
    intensificar la explotación a todos los niveles del no convencional, y todo lo que eso supone. Un
    nuevo billón de barriles de “petróleo” aún por explotar (ver nota final)(WPC, 2008), que se
    resistirán como gato panza arriba a que el actual metabolismo urbano-agro-industrial los pueda
    utilizar, por los costes, dificultades tecnológicas, impactos ambientales, resistencias y conflictos de
    toda índole que conllevaría su ilusoria explotación.
    Pero este escenario, aparte de pavoroso, es sencillamente inviable, como ha empezado a
    reconocer por otro lado la propia AIE. La Agencia ya nos ha advertido que no se podrá garantizar el
    incremento de la demanda de “crudo” para el 2012, en el escenario business as usual (unos 96
    mbds) (IEA, 2007). Y es por eso por lo que llama a rebato y alerta de que es preciso iniciar la
    explotación como sea del billón de barriles de petróleo no convencional,

    profundizar la
    transformación en “líquidos” del gas natural y el carbón, y acelerar la producción de
    agrocarburantes. Pero se está empezando a reconocer lo que por otro lado empieza a ser ya un
    hecho, que el cenit (o pico) de todo tipo de “líquidos” (incluido el petróleo) se está produciendo ya
    27 Decimos como poco, porque p.e. obtener petróleo de arenas bituminosas emite 3 veces más gases de CO2 que el
    crudo convencional (Mez Allier y Temper, 2008). Además, también hay que decir “como poco” porque la probabilidad
    de “sorpresas climáticas” irá en aumento al incrementarse la temperatura del planeta, como es el caso de la liberación de
    metano retenido en el permafrost. Un gas de potente efecto invernadero.
    35
    (en torno a los 86 mbd), y que dentro de muy poco lo que ocurrirá es que empezará un
    decrecimiento inexorable y continuo del 3 al 5% anual. Además, el cenit del petróleo vendrá
    acompañado poco después del correspondiente del gas, iniciándose un declive energético aún más
    acusado. Y en pocos años más se sumará el tercer pico, el del carbón, cuyos precios además se están
    ya disparando, pues se han multiplicado por tres en lo que va de siglo. A todo ello se añadirá que la
    energía obtenida será de mucha menor calidad, esto es, de mucha menor intensidad energética28, con
    lo cual será bastante más difícil mantener muchas de las actuales actividades y prestaciones.
    Heinberg (2007), nos ha alertado de que esta será la primera y la última generación que podrá
    disfrutar de los vuelos de bajo coste, y por otro lado los coches de no podrán moverse igual (en
    cuanto a potencia y velocidad) con los agrocarburantes. En definitiva, dentro de nada vamos a tener
    que enfrentar un escenario de menor energía, peor calidad energética, y bastante mayor precio de la
    misma Y todo ello, se quiera o no se quiera, pues no hay ningún Plan B disponible ni factible. No
    existe ninguna alternativa viable (hidrógeno, fusión, etc.)29 a las brutales necesidades energívoras
    del actual modelo urbano-agro-industrial, que además es incapaz de sobrevivir sin expandirse
    (Bermejo, 2007; Ballenilla y Ballenilla, 2007; Heinberg, 2006).
    Por último, no cabe duda de que si el escenario de consumo energético apuntado tuviera
    lugar en 2030, lo cual como decimos es difícilmente previsible, se plasmarían los peores
    pronósticos de alteración del clima; hecho que por otra parte ha venido ocurriendo sistemáticamente
    hasta ahora en las dos últimas décadas, con las sucesivas previsiones del Panel Intergubernamental
    para el Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés). La temperatura podría crecer a lo largo de
    este siglo casi seis grados, lo cual derivaría en un planeta sin hielo, en el que la Antártida se fundiría
    y el nivel del mar se incrementaría hasta 70 metros, arrasando a gran parte de la población mundial
    que se localiza en zonas costeras. De cualquier forma, es previsible que emisiones no tan acusadas
    como las que se darían en el escenario 2030 señalado, de continuar las actuales tendencias durante
    un tiempo, puedan llegar a provocar esta situación a todas luces catastrófica (Hansen, 2008).
    La depresión-deflación global está ya en marcha, activada por el petróleo
    El pico del oro negro afectará de lleno al crecimiento económico, iniciándose como dice
    Heinberg (2007) una profunda recesión sin fondo y sin fin. Un siglo de decrecimiento económico
    global está a punto de empezar. Es decir, el decrecimiento del flujo energético global será un
    verdadero torpedo en la línea de flotación del actual capitalismo globalizado, basado en la
    necesidad de crecimiento y acumulación constante, que no nos olvidemos se basa en un consumo
    energético al alza indefinido. La Naturaleza, y más en concreto su geología, pondrán finalmente
    límite a este loco crecimiento “sin fin”, y se iniciará la Era del Decrecimiento. Y eso ocurrirá muy
    pronto, quizás antes de 2010, o en torno a esa fecha. Los impactos económicos negativos del
    cambio climático sobre las dinámicas del capitalismo global serán palpables y crecientemente
    graves probablemente más tarde. Así pues, el pico del petróleo implicará que el actual capitalismo
    globalizado de base financiera terminará definitivamente de saltar los aires, si no lo hace antes. Ya
    28 En el petróleo convencional ha caído ya de 100 a 30 la llamada Tasa de Retorno Energético, y en el petróleo no
    convencional se sitúa por debajo de 5. La Tasa de Retorno Energético es la cantidad de energía que se obtiene por
    unidad de energía empleada en la extracción o generación de la misma (Ballenilla y Ballenilla, 2007)
    29 El hidrógeno no es una fuente de energía, es una forma (eso sí, eficiente) de almacenar energía, y para obtenerlo se
    precisa aún más energía (eléctrica), debido a las pérdidas ineludibles en su consecución, que debería ser producida
    masivamente a partir de otras fuentes (“renovables”, fósiles o nucleares), lo que implicaría impactos de todo tipo.
    Pensar en mover el actual parque mundial de vehículos a partir del hidrógeno, sobre todo a corto plazo, y garantizando
    además su movilidad en ascenso, es pues una quimera. Por otro lado, la fusión es una “alternativa” energética todavía
    más inviable, pues aparte de los requerimientos económicos gigantescos que su incipiente experimentación está
    demandando, su potencial desarrollo comercial ni siquiera es posible predecir que llegará a ser factible algún día. Y ese
    día en ningún caso se piensa que pueda ser antes de las segunda mitad del siglo XXI, ni siquiera los más optimistas
    (Heinberg, 2006).
    36
    está ocurriendo en la actualidad antes de que se inicie el decrecimiento energético, pues el
    capitalismo financiero globalizado, con epicentro en EEUU, que ha estado creciendo en base a la
    expansión irrefrenable del crédito, y a la creación de dinero ficticio, a ritmos de dos y tres veces el
    crecimiento de la “economía real”, está tocando a su fin. Este nuevo capitalismo se ha sustentado en
    la creación de deuda a todos los niveles (de individuos, familias, empresas, estados), en beneficio de
    una plutocracia del dinero, y de gran parte de unas clases medias que hasta ahora se había
    beneficiado también de la revalorización de los activos financieros a los que había destinado sus
    ahorros (el “capitalismo popular”). Es decir, se ha estado por así decir importando capitales del
    futuro hacia el presente como forma de impulsar el crecimiento del capitalismo global, y de
    acrecentar la acumulación de unos pocos de manera descomunal.
    Pero este capitalismo “virtual” ha entrado en crisis cuando esa expansión especulativa ha
    sido ya sencillamente inmantenible, y además cuando ha empezado a incidir sobre el crecimiento de
    la “economía real” (que en definitiva sostiene toda esta demencia) el fuerte (fortísimo) incremento
    del precio de la energía; cuando se cierra este texto el petróleo está ya, repetimos, acercándose a los
    120 $ el barril (esto es, en una década el precio del crudo se ha multiplicado nada menos que 15
    veces). Se está produciendo ya una caída a cámara lenta del castillo de naipes financiero que se
    había estado construyendo a lo largo de los últimos treinta años, y especialmente a partir de 2002-
    200330, provocando el inicio de una deflación financiera global. Derrumbe que sin duda se
    profundizará con la crisis en marcha del dólar como moneda hegemónica mundial, a la que también
    contribuirá sin duda el creciente cuestionamiento por los países extractores de petróleo del dólar
    como moneda de pago, y la progresiva incapacidad de EEUU de hacer frente al descomunal

    endeudamiento externo en el que ha incurrido debido al abuso de su posición hegemónica. Y no hay
    que olvidar que la “guerra sin fin” en la que se ha embarcado Washington, para apuntalar su
    hegemonía en crisis, se financia en gran medida con capitales externos (principalmente de China,
    Japón y Arabia Saudí), que habrá que ver cuanto tiempo siguen manteniendo esta apuesta suicida
    por el dólar. Como se ha llegado a decir, la suerte del dólar se juega en Pekín, el principal tenedor
    mundial de bonos del tesoro estadounidenses. En este sentido, una parte de la subida del petróleo
    cabe atribuirla a la caída del dólar, y es por ello por lo que hasta el presente la UE está resistiendo
    mejor la subida del crudo, pues no en vano el euro se ha revalorizado fuertemente respecto del
    dólar.
    Por otra parte, los países del Golfo Pérsico mantienen hasta ahora sus monedas “pegadas” al
    dólar y están sufriendo una fuerte inflación a causa de ello, así como crecientes conflictos laborales
    y sociales, y es por eso por lo que se están planteando crear una moneda propia e irse desvinculando
    poco a poco del billete verde. Lo cual incidirá igualmente en la crisis del dólar. De cualquier forma,
    las Petromonarquías del Golfo, que nadan en dólares debido al alto precio del crudo, han creado
    potentes Fondos Soberanos que están ayudando actualmente a salvar los grandes bancos de
    inversión del mundo, los de carácter más especulativo y los más afectados hasta ahora por la crisis
    financiera. La gran mayoría de ellos del mundo anglosajón. Un nuevo reciclaje pues de
    30 Cuando los tipos de interés cayeron a mínimos históricos impulsados por la Reserva Federal (los del dólar bajaron al
    1%, los del euro le siguieron al 2%, y los del yen estaban casi en el 0%, a consecuencia de su propia crisis), para hacer
    frente al estallido de la burbuja especulativa de la new economy, lo que generó nuevas y descomunales burbujas
    especulativas: inmobiliaria, capital riesgo, derivados financieros… Posteriormente, a partir de 2004, en paralelo con el
    crecimiento del precio del crudo, la Reserva Federal inicia una subida de tipos para hacer frente a la inflación provocada
    por el petróleo, y es ese movimiento al alza, que llega a alcanzar hasta el 5,25%, el que provoca el estallido de la crisis
    de las llamadas “hipotecas basura” (agosto 2007), que se habían desarrollado locamente al calor de los bajos tipos de
    interés y la desregulación financiera. Y dicha crisis repercute en el sistema financiero internacional a través de
    complejos mecanismos, iniciándose un estallido de las distintas burbujas especulativas. El epicentro de todo el proceso
    es EEUU, y en especial Wall Street, pero sus repercusiones son globales, afectando al sistema financiero internacional.
    La Reserva Federal intenta como sea hacer frente a la debacle bajando bruscamente los tipos de interés, saltándose
    además sus propias normas de intervención y (des)regulación de los mercados. En definitiva, comprometiendo dinero
    público para salvar a los especuladores privados. Esto es, “socialismo para los ricos, y capitalismo para los pobres”,

    en
    una deriva que parece no tener fin, y que puede generar una situación absolutamente inmanejable.
    37
    petrodólares, como en los años setenta del siglo XX. Hasta ahora los grandes bancos les han
    permitido la entrada en su accionariado, es más, han recibido este “dinero fresco” como agua de
    mayo. Pero los grandes del sistema financiero occidental intentan a toda costa que “los árabes” (u
    otros advenedizos de Singapur, China, etc.) no lleguen a controlar sus estructuras de propiedad y
    sobre todo de decisión. Algunos de los Estados del Golfo, en concreto Dubai, intentan emular a los
    principales centros financieros del mundo, e impulsan la proyección global de sus propios mercados
    bursátiles, para incrementar su riqueza e ir preparando una transición suave hacia un mundo postpetróleo.
    Y todo ello se hace promoviendo también megadesarrollos urbanísticos, agrícolas y
    turísticos en mitad del desierto, con la creación de islas artificiales y edificios espectaculares de los
    arquitectos más famosos del mundo (grandes hoteles, museos y centros comerciales), que parecen
    sacados de un mundo de ciencia ficción. Un mundo artificial que se sustenta en la energía del
    petróleo y en la riqueza que proporciona su venta a escala planetaria. Pero esta es una muestra más
    de la irracionalidad a la que ha llegado este nuevo capitalismo global, y en concreto uno de sus
    corazones físicos más importantes, de donde se saca gran parte del petróleo mundial que lo
    mantiene vivo, y al que se intenta también añadir otros nuevos corazones virtuales, financieros, para
    que sigan absorbiendo y bombeando capital dinero a escala global, al tiempo que incrementan su
    volumen mientras pasa por su sistema circulatorio. Sin embargo, nadie quedará inmune cuando se
    agudice la crisis del sistema financiero global a causa del pico del petróleo.
    El colapso financiero se acelerará sin duda cuando entremos en la era del decrecimiento
    energético y del fin del crudo barato. A partir de entonces será irrefrenable y se producirá
    seguramente una verdadera hecatombe financiera mundial, una brusca e intensa depresión-deflación
    global. Pero la deflación será del precio de los activos financieros e inmobiliarios, y puede coexistir
    con una fuerte subida de precios en la “economía real” (debido principalmente al alza del crudo), al
    tiempo que ésta también se frena y decae bruscamente (depresión). Algo así como una
    “decreflación”: esto es, decrecimiento con inflación31. Es preciso pues prepararse para ese escenario
    de decrecimiento obligado, y de pinchazo definitivo y violento de la burbuja financiera mundial.
    Los límites del sistema materia-energía repercutirán de lleno en la expansión “sin fin” del sistema
    monetario financiero, del dinero ficticio, que no solo tocará a su FIN, sino que en muy gran medida
    se evaporará en el aire, con graves repercusiones también para la “economía real”, pues ésta a su
    vez es altamente dependiente de este capitalismo de casino globalizado. Una verdadera conmoción
    para la que es preciso prepararse, con el fin no solo de resistirla, sino de que no nos arrase.
    ¿Ganando tiempo, o precipitándonos hacia el desastre final y la guerra?
    Quizás, si la recesión que se inicia actualmente es muy profunda, es decir si la actividad
    económica mundial cae bruscamente (empezando en EEUU, pero afectando después al mundo
    entero, incluido por supuesto China, y a la propia UE), se produzca una menor demanda energética
    mundial momentánea, y se logre arañar algo más de tiempo a la irrupción imparable del pico del
    petróleo, antes de que se inicie de forma inexorable la Era del Decrecimiento económico y
    energético. Pero será tan solo un espejismo, pareciendo que el cenit se ha desplazado en el
    horizonte. Sin embargo, ese horizonte está mucho más cercano de lo que nos han hecho creer, y de
    hecho seguramente estamos entrando ya en él. Decir también que en la nueva crisis energética que
    enfrentamos, que será la última, pues dentro de poco solo habrá declive energético, hay un
    componente nuevo y este es la especulación con las materias primas, y en concreto con el petróleo.
    Los capitales que huyen espantados de los mercados financieros ante el inicio de la deflación
    global, se están aposentando en los mercados de futuros de materias primas como forma de escapar
    de la deflación global, de no perder valor. Es una apuesta segura, pues su precio solo puede ir al
    alza. Pero a su vez están provocando una subida aún más intensa del precio de las materias primas32,
    31 En los años 70 hubo estancamiento con inflación, a lo que se llamó “estanflación”, pero ahora puede haber, y de
    hecho muy probablemente habrá, decrecimiento con inflación, esto es, “decreflación”.
    38
    y en concreto del oro negro (¡y como no del oro amarillo –por encima ya de los 1000 $ la onza- que
    se vuelve a convertir en el dinero internacional por excelencia!), lo que a su vez puede precipitar la
    depresión global, que finalmente hará explotar cualquier burbuja especulativa. Un círculo vicioso
    pues de difícil salida.
    Pero lo mismo ocurrirá si finalmente, como apuntan distintas reflexiones, se produce el tan
    temido ataque a Irán por parte de EEUU, o a través de su agresivo socio Israelí, que cada vez
    condiciona más la política de la superpotencia en el Gran Oriente Medio, como consecuencia del
    papel determinante del Lobby Israelí estadounidense en Washington. El control de las renuentes
    milicias chiíes no gubernamentales de la región de Basora (el Ejército del Mahdi, de Al Sader), a las
    que se pretende vincular con Irán, y donde está el grueso del petróleo iraquí, puede ser la causa que
    intente justificar el ataque. Pero también es una creciente amenaza para el poder anglosajón, la
    anunciada creación de una bolsa iraní de petróleo que no cotizará en dólares, desafiando la actual
    hegemonía mundial de las bolsas del crudo en Nueva York y Londres, las mayores del mundo y que
    operan en dólares. Además, las dictaduras y teocracias árabes aliadas de Estados Unidos en la
    región, se hallan cada vez más entre la espada de Tel Aviv y la pared de la calle árabe. Una
    situación crecientemente explosiva, sobre todo a causa de la tremenda actuación del Estado sionista
    en Gaza y Cisjordania, de la que está saliendo reforzado Irán, como potencia regional, con
    proyección progresiva en Líbano y Gaza. De ahí el interés israelí en golpear contundentemente a
    Teherán. Y EEUU puede buscar también, de paso, en ese ataque una nueva huida hacia delante para
    afianzar (momentáneamente) su hegemonía, terminar de controlar (temporalmente también) el
    Grifo Mundial del Petróleo, y tratar de apuntalar (vanamente) al dólar manu militari.
    En esta deriva, los discursos de los principales líderes europeos (Sarkozy, Merkel y Brown) son
    cada vez más seguidistas de esta posible intervención militar en gran medida suicida. Es por eso
    también por lo que Irán busca apoyos fuera de Occidente, en concreto en Rusia y en China, cuyas
    petroleras operan ya en Irán. Los expertos auguran que en caso de ataque a Irán el petróleo se
    pondría en 200 $ (Yamani, 2008), ante el temor a que esa acción termine de trastocar la extracción y
    el flujo energético mundial, pues una gran parte del mismo como hemos dicho pasa por el Estrecho
    de Ormuz. Lo cual nos acercaría el horizonte de escasez y carestía de la energía, pues Irán es uno de
    los principales extractores mundiales de crudo y el segundo país del mundo, repetimos, en reservas
    de petróleo. Y todo ello aceleraría a su vez, sin lugar a dudas, el derrumbe financiero global. Es un
    escenario de locura, pero a lo largo de la Historia hemos podido observar cómo las huidas hacia
    adelante han contribuido al colapso de muchos imperios. Lo mismo podríamos apuntar en el
    escenario para nada descartable de un colapso del régimen Saudí como resultado de la creciente
    actividad de la Yihad (y en concreto Al Qaeda) en la región, no en vano Riad tiene que dedicar cada
    vez más recursos securitarios y militares a proteger sus pozos, oleoductos y puertos. O de un
    incendio político-social de toda la región de Oriente Medio, en donde hoy en día ya se dan tres
    guerras civiles larvadas (Irak, Líbano y Palestina), con crecientes enfrentamientos entre las
    comunidades suníes y chíes, azuzados principalmente desde Occidente y su socio el Estado de
    Israel. Si se produjesen estas fatales circunstancias los mercados de todo el mundo temblarían, y los
    horizontes de encarecimiento y escasez nos desbordarían. Pero azuzar el “Choque de
    Civilizaciones” por parte de Occidente es lo que tiene, en el que nada como pez en el agua Al
    Qaeda, sobre todo cuando dentro de no mucho tiempo todo el petróleo que quede en el mundo
    estará bajo “suelo islámico”.
    Estamos pues en una situación sin salida, abocados al colapso y/o a la guerra, si no sabemos
    enfrentarnos y gestionar consensuadamente el decrecimiento que se avecina, e iniciar una activa,
    intensa y descentralizada transición energética hacia Otros Mundos Posibles. Y sobre todo si no
    sabemos desactivar el “Choque de Civilizaciones” al que nos quieren conducir unos y otros, con la
    32 Incluidas las materias primas alimentarias.
    39
    excusa (explícita o no) del petróleo. Los principales actores estatales mundiales se preparan para la
    guerra, pues además los altos precios del petróleo permiten también a los países exportadores
    incrementar fuertemente sus gastos militares, siendo las grandes potencias las que les proporcionan
    las armas. Especialmente Occidente, pero no solo (también Rusia, China, etc.). Sin embargo, la
    guerra generalizada es un escenario del que huye como gato escaldado el gran capital productivo y
    financiero internacional, pues sabe que en ese caso un fortísimo colapso de todo el sistema mundial
    es seguro, debido a la enorme interdependencia internacional actual, que es muchísimo mayor que
    la de los años 30. Es por eso, quizás, por lo que desde distintos círculos internacionales se aboga por
    la “lucha contra el cambio climático”, como una vía para la posible transición “pacífica” hacia una
    ilusoria transición energética que no toque las bases de crecimiento y acumulación constante del
    actual sistema, así como la financiarización desbocada del mismo. Aunque también desde
    posiciones alternativas se promueve un llamado Protocolo del Petróleo, que permitiría consensuar
    internacionalmente el previsible agotamiento del crudo, y hacer factible y pacífica una
    complejísima e ineludible transición energética. Esta es la postura de sectores de la Asociación para
    el Estudio del Pico del Petróleo (ASPO, en sus siglas en inglés; http://www.peakoil.org) (Sempere,
    2008).
    Sin embargo, es preciso apuntar una última reflexión, el giro neoliberal del nuevo
    capitalismo global, con su énfasis en la privatización, desregulación y globalización, dificulta aún
    más cualquier tipo de transición energética, y nos aboca cada vez más a la guerra. El Estado se ha
    puesto a trabajar descaradamente a favor del capital, aparte de que el capital privado está creciendo
    en gran parte a costa de la privatización del componente social del Estado del Bienestar (sanidad,
    educación, pensiones, agua, etc.). Es más, últimamente el Estado se está poniendo también a
    rescatar de la crisis a los grandes del sistema financiero, que nos han conducido a la actual
    situación. Es decir, ingentes recursos

    económicos públicos se están dedicando a salvar del naufragio
    a sus principales responsables privados, mientras que no sólo se abandona la atención de las
    necesidades de sectores muy amplios de la sociedad (dinamitando el “Estado Social”), sino que el
    gasto estatal se está orientando a mantener como sea el crecimiento económico (inversión en
    grandes infraestructuras de transporte, p.e.), de acuerdo con las dinámicas y exigencias del
    capitalismo global. Lo cual, como señalamos, hace aún mucho más difícil cualquier transición
    energética mínimamente justa y sostenible. Es más, la hace imposible. Y al mismo tiempo no hacen
    sino incrementarse los presupuestos militares y policiales.
    Decrecimiento: oportunidad para la transición postfosilista y la lucha contra el cambio
    climático.
    En definitiva, nos encontramos crecientemente embarcados en una “Guerra Mundial por el
    Petróleo”, en defensa de la hegemonía de EEUU y del dólar, pero también de las actuales
    estructuras de poder mundial, así como de la civilización urbano-agro-industrial planetaria. Esta
    guerra, si no hacemos nada, se intensificará cuando atravesemos el pico del petróleo. Lo está
    haciendo ya. Todo indica que hemos entrado de lleno en la tercera crisis del petróleo, que sin lugar
    a dudas será la definitiva. Dicha crisis marcará la inviabilidad futura del presente modelo urbanoagro-
    industrial a escala mundial, y se reflejará con especial intensidad en las metrópolis. La
    imposibilidad del crecimiento económico continuo a partir de entonces, debido a que el suministro
    energético será declinante desde ese momento, la primera vez en más de doscientos años, será el
    mayor ataque que se puede prever a la lógica capitalista de expansión y acumulación constante, y
    por supuesto a la explosión financiera reciente. Se iniciará pues a partir de entonces el
    decrecimiento “sin fin”, la Era del Decrecimiento, que cambiará todo y que implicará el colapso
    progresivo del actual modelo civilizatorio. A partir de entonces quedará claro que el crecimiento
    exponencial habrá sido un fenómeno transitorio en la historia de la Humanidad (Naredo, 2008).
    Pero dicho colapso puede ser catastrófico u ordenado, en la transición obligada a un suministro
    energético decadente. En cualquier caso, es inevitable el paso a estructuras sociales y productivas de
    40
    un nivel de complejidad e interrelación inferior al actual a escala global. Además, las actuales
    estructuras de poder, estatales y empresariales (en especial, las grandes empresas transnacionales),
    serán incapaces de mantenerse en pie, pues se han desarrollado y se basan en un imponente
    consumo energético.
    La adaptación a ese decrecimiento, esto es, a ese nuevo escenario energético declinante,
    puede ser una oportunidad de oro para caminar hacia Otros Mundos Posibles, si la hacemos de
    forma equitativa y consensuada, intentando solventar de forma pacífica los conflictos que sin lugar
    a dudas se producirán (que ya están aquí). Pero también existe el peligro de entrar en un periodo
    prolongado de caos sistémico, militarismo, guerra y autoritarismo generalizados, de carácter quizás
    neofeudal y con escenarios tipo Mad Max, si no somos capaces de frenar el camino hacia la
    barbarie neofascista postmoderna que nos invade. Sin embargo, el pico del petróleo y el inicio del
    fin de la era de los combustibles fósiles, pueden significar también la sacudida obligada de las
    conciencias, que es precisa para iniciar transformaciones en profundidad desde abajo, pues mientras
    no cambien los “dioses”, no será posible cambiar nada. El “fin de esta vida normal” puede ser un
    verdadero shock que haga que las sociedades se despierten de su adicción al petróleo. Por eso, el
    “No Más Sangre por Petróleo”33 debería ser el lema que presida el debate, la movilización y la
    transformación social y productiva en el futuro, pues de él se desprende también la necesidad de
    caminar hacia una profunda transformación del modelo de sociedad, y de las actuales estructuras de
    poder estatal y empresarial, pareja a una fuerte reducción del consumo energético. Se han perdido
    treinta años preciosos para esa transformación desde las últimas crisis del petróleo, y hoy nos
    encontramos en una situación mucho más difícil aún, es decir, mucho más dependientes de los
    combustibles fósiles, para iniciar el camino hacia un mundo post-fosilista. El consumo energético
    mundial se ha incrementado un abultadísimo 70% en este periodo, en su inmensa mayoría de
    procedencia fósil (Naredo, 2008). Es decir, en algo más de treinta años se han consumido “casi
    tanta” energía proveniente de combustibles fósiles como desde el inicio de la Revolución Industrial
    hasta los años 70 del siglo XX. Además, hace treinta años todavía había un enorme potencial de
    transformación político-social en el mundo (al calor del 68), y hoy en día para nada es esa la
    situación, al menos en los espacios centrales. A pesar de ello, si fuera posible, sería conveniente
    adelantar esa transición, a buen seguro enormemente compleja, para desactivar la loca huida hacia
    el abismo a la que nos conduce la profundización de la deriva actual.
    Además, el decrecimiento y la transición postfosilista es también la mejor forma de luchar
    contra el cambio climático en marcha. De reducir bruscamente, de verdad, las emisiones de CO2. El
    mejor sitio donde puede estar el petróleo remanente es en el subsuelo. Las “migajas” de oro negro
    por las que quieren que nos peleemos. Ese es el verdadero secuestro de carbono, empezar a dejar el
    crudo bajo la tierra. Aparte de por supuesto no abordar la explotación del crudo no convencional,
    frenar la expansión sin control de los agrocarburantes, reducir el consumo de gas natural y carbón,
    al tiempo que vamos abordando la transición hacia modelos de sociedad basados en el único flujo

    energético estable: la energía solar y todas sus energías derivadas (eólica, hidráulica, biomasa,
    maremotriz), con carácter descentralizado, de pequeña escala, control popular y sostenible. Las
    transiciones de matriz energética llevan mucho tiempo, dos décadas como mínimo, y no son para
    nada sencillas. Pero pasar de una sociedad fosilista a otra postfosilista llevará muy probablemente
    mucho más tiempo. Ha tardado dos siglos en crearse este monstruo urbano-agro-industrial
    planetario, y llevará probablemente más de un siglo transformarlo y desmontarlo. Los futuros
    Mundos Posibles (o más bien Necesarios) serán sin duda (a largo plazo) mucho menos urbanizados,
    bastante menos globalizados e interdependientes, mucho más localizados, autónomos y
    descentralizados, sustancialmente menos industrializados, seguramente menos poblados, y con una
    diversidad y pluralidad de mundos rurales vivos. Pero también deberían ser más justos e
    igualitarios, y menos violentos y patriarcales que el actual. Como dice Heinberg (2006), habrá que
    33 Pero también tendríamos que decir “No más sangre por gas, carbón, etanol, biodiesel, uranio…”.
    41
    pasar “de lo más grande, rápido y centralizado, a lo más pequeño, más lento y más localizado; de la
    competencia a la cooperación; y del crecimiento ilimitado a la autolimitación”, lo que nos debería
    permitir caminar hacia sociedades más equitativas y en paz consigo mismas y con el planeta.
    No nos queda espacio para desarrollar estas propuestas ineludibles de cambio radical de
    modelo de sociedad. De nosotros depende pues cómo sea la transición postfosilista, liberadora o no,
    que hay que iniciar ya.
    Madrid, abril, 2008
    Nota del autor: Este texto se ha elaborado a partir de los materiales de trabajo de un libro que está
    preparando el autor sobre la crisis energética global y el más que posible colapso civilizatorio. Este trabajo se
    ha decidido sacar a la luz previamente, como un aporte personal a la campaña contra el Congreso Petrolero
    Mundial que tendrá lugar en Madrid, entre el 29 junio y el 3 de julio de 2008, y también como un pequeño
    avance del libro más amplio en elaboración. El Congreso se convoca bajo el título: “Un Mundo en
    Transición: Suministrando Energía para un Crecimiento Sostenible”, y en él se reúne la flor y nata de la los
    intereses estatales y empresariales relacionados con el oro negro y el gas natural, no en vano se conoce
    coloquialmente como las “Olimpiadas de la Industria del Petróleo y el Gas”. Los gigantes del petróleo y del
    gas, así como los Estados respectivos, intentan controlar también las energías renovables, considerándolas
    como un aporte más para la expansión “sin fin” del actual modelo, al tiempo que las vislumbran como un
    nuevo campo de crecimiento y acumulación, tal y como se recoge en el programa del Congreso. En los
    folletos de presentación del Congreso se reconoce que se ha agotado ya el primer billón de barriles de las
    reservas de petróleo convencional, y que queda tan sólo otro billón adicional por extraer, como hemos
    expresado también en este texto. Pero el Congreso plantea que es preciso dedicar todo el esfuerzo necesario
    para explotar el crudo restante, y que además es necesario abordar la explotación del aproximadamente
    billón de barriles de petróleo no convencional existente en el mundo (aguas profundas y muy profundas,
    esquistos y arenas bituminosas, crudo pesado y petróleo polar), con el fin de garantizar el Crecimiento
    Ininterrumpido, a pesar de las consecuencias que todo ello pueda tener. El choque con lo que se plantea en
    este texto es pues total. Espero que esta reflexión pueda aportar a la necesaria e ineludible discusión de lo
    que está en juego para abordar Otras Transiciones hacia Otros Mundos Posibles. Es decir, hacia Mundos
    Postfosilistas, hacia los que antes o después habrá que dirigirse, querámoslo o no.
    El texto no aborda la situación específica del Estado español, pues el análisis se desarrolla a escala
    global. Pero a nadie se le oculta que el caso español es especialmente grave, pues el crecimiento del consumo
    del petróleo ha llegado a ser uno de los más altos del mundo, y la dependencia de crudo es una de las más
    acusadas de la UE. Ello es debido principalmente a un modelo de productivo y sobre todo territorial
    enormemente energívoro, incentivado especialmente en los últimos años de locura inmobiliaria y explosión
    urbano-metropolitana y turístico-residencial, por lo que el impacto del previsible declive energético será aquí
    más duro, si cabe. Sobre todo cuando las políticas que se plantean actualmente son más de lo mismo,
    especialmente más construcción de infraestructuras de transporte (autopistas, trenes de alta velocidad,
    superpuertos, ampliación de aeropuertos, etc.) y ayudas al sector inmobiliario, para mantener como sea el
    sector de la construcción. Ver en todo caso: Fdez Durán, 2006.
    Finalmente, agradezco a Luis González, Tom Kucharz, Kolya Abramsky, Iván Murray, Isabel
    Bermejo, Pedro Solé, Paco Segura, Antonio Estevan, Luis Rico y Chusa Lamarca los comentarios y
    aportaciones que me han hecho al borrador de este texto, a Cilia Hernández por la elaboración del material
    gráfico, a Isabel Vázquez (compañera además de piso) por las ilustraciones del texto, y por supuesto a Ana
    por su apoyo siempre cariñoso y cercano, así como al Transnational Institute (TNI) de Ámsterdam por el
    apoyo recibido y muy especialmente a Brid Brennan. En este sentido, este texto pretende ser igualmente un
    aporte al proceso Enlazando Alternativas (ALC-UE), que se viene desarrollando desde hace años entre redes
    de movimientos sociales que luchan contra las actuales dinámicas del capitalismo global en América Latina
    y el Caribe (ALC) así como en la Unión Europea (UE), que tendrá próximamente un encuentro en Lima, en
    mayo de este año, en paralelo a la Cumbre ALC-UE, impulsado entre otros por el TNI. Y doy las gracias
    también, como no, a la editorial Virus, y en concreto a Patric, por la celeridad con que han decidido impulsar
    la publicación de este texto, así como a Ecologistas en Acción por haberse embarcado en su apoyo.
    42
    Bibliografía
    ABRAMSKY, Kolya: “The Underground Challenge: Raw Materials, Energy, the World
    Economy and Anticapitalism”. http://www.interactivist.net .2006.
    ABRAMSKY, Kolya: “Energy and Labor in the World-Economy”. Por publicar. 2007.
    BAUDRILLARD, Jean: “La Guerra del Golfo No Ha Tenido Lugar”. Anagrama. Barcelona,
    1991.
    BALLENILLA, Mariana y BALLENILLA, Fernando: “La Tasa de Retorno Energético”. En
    Revista Ecologista, nº 55. 2007.
    BARREDA, Andrés et al: “Atlas Mundial del Petróleo”. Oilwatch-UICN. 2007.
    BARREDA, Andrés: “Geostrategies of European TNC’s in Latin American Countries”.
    Rolling Back the Power of TNC’s (Enlazando Alternativas-TNI). Roma, febrero, 2008.
    BERMEJO, Roberto: “El Inminente Techo del Petróleo y sus Consecuencias”.
    http:www.euskonews.com 2006.
    BERMEJO, Roberto: “Jornadas Crisis Ambientales y Resolución de Conflictos”. Casa
    Encendida-Pangea 21. Madrid, diciembre, 2007.
    BOULDING, Kenneth: “Ecodinamics. The New Theory of Societal Evolution”. Sage. 1978.
    BP (Bristish Petroleum): “Statistical Review of World Energy”. BP. http://www.bp.com 2007
    CAMPBELL, Colin J.: “El Final de la Primera Parte de la Era del Petróleo”. En Dossier de La
    Vanguardia nº 48, enero/marzo de 2006.
    CAFFENTZIS, George: “No Blood for Oil. Energy, Class Struggle and War”.
    http://www.radicalpolytics.org 2005.
    CARPINTERO, Óscar. “Biocombustibles y Uso Energético de la Biomasa: Un Análisis
    Crítico”. En Revista Ecologista, nº 49, otoño, 2006.
    CEO (Corporate Europe Observatory): “The EU's agrofuel folly: policy capture by corporate
    interests”. http://www.corporateeurope.org 2007.
    CONNOR, Steve (Editor de la Revista Science): “Los Llamados Biocombustibles Agravan el
    Cambio Climático”. http://www.sinpermiso.info 2008.
    DORE, Elizabeth: “Una Interpretación Socio-ecológica de la Historia Minera
    Latinoamericana”. En Ecología Política, nº 7. 1994.
    DUNCAN, R.C.: "The Olduvai Theory: Energy, Population and Industrial Civilization". En
    The Social Contract, vol 16, nº 2, winter, 2005-6.
    ESPINOSA, Ángeles: “Países Ricos, Trabajadores Esclavos”. En EL PAÍS, 13-12-2007.
    ESTEVAN, Antonio: “Último Acto: El Coche Devora el Planeta”. En Ecologista

    nº 56, 2008.
    43
    FERNÁNDEZ DURÁN, Ramón: “Occidente contra el Mundo Islámico”.
    http://www.nodo50.org. 2001.
    FERNÁNDEZ DURÁN, Ramón: “Capitalismo Financiero Global y Guerra Permanente”.
    Virus. Barcelona, 2003.
    FERNÁNDEZ DURÁN, Ramón: “El Inicio del Fin de la Era de los Combustibles Fósiles: Peak
    Oil: Peak Oil: Mercado versus Geopolítica y Guerra. En Viento Sur, noviembre, 2006.
    FERNÁNDEZ DURÁN, Ramón: “El Tsunami Urbanizador Español y Mundial”. Virus.
    Barcelona, 2006.
    FERNÁNDEZ DURÁN, Ramón: “América Latina en una Encrucijada Histórica.
    Cochabamba: Mandatarios, mercado y energía versus campesinos, indígenas y la
    Pachamama”. http://www.enlazandoalternativas.org. 2007.
    FERNANDEZ DURÁN, Ramón: “De la CEE a la UE ‘Surperpotencia Mundial’: Roma, 1957-
    Lisboa, 2007. 50 Años de la ‘Europa’ del Capital culminan con el Nuevo Tratado de
    Reforma”. http://www.ecologistasenaccion.org. 2007
    GAVALDÁ, Marc: “La Recolonización. Repsol en América Latina: Invasión y Resistencias”.
    Icaria. Barcelona, 2003.
    GRR, CEO y TNI: “Preparando el Terreno para los Agrocombustibles”. TNI. Ámsterdam,
    2007.
    HANSEN, James: “Un Planeta sin Hielo” (traducción del artículo: “Target Atmosferic CO2:
    Where Should Humanity Aim? (We Are Already at 385 ppm and Rising 2 ppm per Year)”.
    http://www.golbalizate.org .
    HEINBERG, Richard: “Se Acabó la Fiesta. Guerra y Colapso Económico en el Umbral del Fin
    de la Era del Petróleo”. Barrabes Editorial. Benasque (Huesca), 2006.
    HEINBERG, Richard: “Powerdown. Options and Actions for a Post-Carbon World”.
    Clairview. Gabriola Island, 2007.
    HOOKE, R. L.: “On the History of Humans as Geomorphic Agents”. En Geology 28 (9). 2000.
    HUBBERT, King: “Energy from Fossil Fuels”. En Science vol 199. http://www.eoearth.org 1949.
    IEA (International Energy Agency): “Médium Term Oil Market Report”. IEA. Paris, 2007.
    http://www.iea.org
    IEA (International Energy Agency) : “Key World Energy Statistics”. IEA. Paris, 2008.
    http://ww.iea.org
    KLARE, Michael T. (2008 a): “Preparativos para una Vida después del Petróleo”.
    http://www.sinpermiso.info 2008.
    KLARE, Michael T. (2008 b): “El Significado Geopolítico y Socioeconómico de Cruzar la
    Barrera de los 100 $ el barril”. http://www.sinpermiso.info 2008.
    44
    KUCHARZ, Tom: “Turbulencias en el pozo”. http://www.quiendebeaquien.org .
    LORENZO, Eduardo: “Sobre el Papel de la Energía en la Historia”. Progensa. Mairena del
    Aljarafe. 2006.
    LOS AMIGOS DE LUDD: “Las Ilusiones Renovables. La Cuestión de la Energía y la
    Dominación Social”. Muturreko Burutazioak. Bilbo, 2007.
    MARTÍNEZ ALLIER, Joan y TEMPER, Lech: “Petróleo y Cambio Climático: Voces del Sur”.
    http://www.sinpermiso.info. 2008.
    MARZO, Mariano: “El Petróleo Fácil y Barato es Historia”. En EL PAÍS, 24-02-2008.
    MERINO GARCÍA, Pedro Antonio: “La OPEP en el Siglo XXI”. En “¿Un Mundo sin Petróleo?”.
    Dossier La Vanguardia, enero-marzo, 2006.
    MITCHELL, Tim: “Carbon Democracy”. Institute for Coyuntural Research. 2007.
    POBODNIC, Bruce: “Global Energy Shifts: Fostering Sustainability in a Turbulent Age”.
    Temple University Press. Philadelphia, 2006.
    NAREDO, José Manuel: “El Conflicto entre Eficacia y Sostenibilidad. Utilizar el ‘Capital
    Mineral’ de la Tierra o el Flujo Solar y sus Derivados Renovables”. En Sempere, Joaquim y
    Tello, Enric: “El final de la Era del Petróleo Barato”. Icaria. Barcelona, 2008.
    ODELL, Peter: “Por Qué los Combustibles de Carbono Dominarán la Economía”. En “¿Un
    Mundo sin Petróleo?”. Dossier La Vanguardia, enero-marzo, 2006.
    RAMIRO, Pedro; Gonzalez, Erika; y PULIDO, Alejandro: “La Energía que Apaga Colombia”.
    Icaria. Barcelona, 2007.
    RIST, Gilbert: “El Desarrollo: Historia de una Creencia Occidental”. Libros de la Catarata.
    Madrid, 2002.
    SAID, Edward: “Orientalismo”. Debate. 2002.
    SANTAMARTA, José: “Las Energías Renovables son el Futuro”.
    http://www.nodo50.org/worldwatch 2006.
    SANTA BÁRBARA, Jack: “The False Promise of Biofuels”. IFG (International Forum on
    Globalization). San Francisco, 2007.
    SEARCHINGER, Timothy et al: “Use of US Croplands for Biofuels Increases Greenhouse
    Gases Through Emissions form Land Use Change”. http://www.sciencemag.org marzo, 2008.
    SEMPERE, Joaquim: “Los Riesgos y el Potencial Político de la Transición a la Era Post-
    Petróleo”. En Sempere, Joaquim y Tello, Enric: “El final de la Era del Petróleo Barato”. Icaria.
    Barcelona, 2008.
    SINTES, María: “La Conjura de los Sucios”. En Revista Ecologista, nº 52, 2007.
    SIMMONS: http://www.simmonsco-intl.com 2007.
    45
    STEDILE, Joao: “Los Campesinos Latinoamericanos contra Bush y los Biocombustibles”.
    http://www.sinpermiso.info. 2007.
    SWEDETRACK: “Motor Vehicle Explosion”. http://www.swedetrack.com
    SWEEZY, Paul et al: “Irak en el Mundo Unipolar de Washington”. En “La Segunda Guerra del
    Golfo: Irak, 2003”. Monthly Review (Hacer Editorial). 2004.
    VARGAS, Mónica: “Agrocombustibles: Todavía no Somos Autómatas”. En Viento Sur, nº 94,
    noviembre, 2007.
    WORLD PETROLEUM CONGRESS: “A World in Transition: Delivering Energy for
    Sustainable Growth”. http://www.19wpc.com Madrid, 2008.
    YAMANI (Jeque): “OPEP: Pasado, Presente y Futuro”. http://www.realinstitutoelcano.org 2008.
    YOUNG, J. E.: “La Tierra Convertida en una Gran Mina”. En Brown, L. (Ed.): “La Situación
    del Mundo en 1992”. Worldwatch Institute-Apóstrofe. Barcelona, 1992.
    ZIBECHI, Raúl: “Los Frutos del Plan Colombia”. http://www.ircaamericas.org 2008.

    EL CREPÚSCULO DE LA ERA TRÁGICA DEL PETRÓLEO | 08-07-2008 - 22:04:40 GMT 1 #

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>