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Jaume I Conqueridor membre militar del Temple Ares del Maestre- Jaime I el Conquistador miembro del Temple, templario militar) foto Lejarza Argelaguer Garrotxa Girona Juan R. Lejarza, Argelaguer la Garrotxa (Girona): El Estado Mayor templario, juicio con

Jaume I Conqueridor membre militar del Temple Ares del Maestre- Jaime I el Conquistador miembro del Temple, templario militar) foto Lejarza Argelaguer Garrotxa Girona Juan R. Lejarza, Argelaguer la Garrotxa (Girona): El Estado Mayor templario,  juicio con

Juan R. Lejarza, Argelaguer la Garrotxa (Girona): El Estado Mayor templario, juicio contra los Templarios bula Vox in excelso.-Pergamino de Chinon, diócesis de Tours, 17-20 de agosto de 1308. Formato original de un único pergamino de grandes dimensiones (700 x 580 mm.), originariamente con sellos pendientes de los tres legados apostólicos que formaban la Comisión especial apostólica ad inquirendum nombrada por Clemente V: Bérenguer Frédol, cardenal sacerdote del título de los santos Nereo y Achilleo y sobrino del papa, Étienne de Suisy, cardenal sacerdote de San Ciriaco in Thermis, y Landolfo Brancacci, cardenal diácono de San Angelo. Su estado de conservación es discreto, aunque tiene vistosas manchas violáceas debidas al ataque de las bacterias. El original estaba acompañado de una copia simple contemporánea que todavía se conserva en el Archivo Secreto Vaticano con la signatura Archivum Arcis, Armarium D 218. ASV, Archivum Arcis, Arm. D 217 El documento contiene la absolución impartida por Clemente V al último Gran Maestro del Templo, el fraile Jacques de Molay, y a los demás jefes de la Orden después de que estos últimos hicieran acto de penitencia y solicitaran el perdón de la Iglesia; tras la abjuración formal, obligatoria para todos aquellos sobre los que recayera la sospecha de herejía, los miembros del Estado Mayor templario son reintegrados en la comunión católica y readmitidos para recibir los sacramentos. Perteneciente a la primera fase del juicio contra los Templarios, cuando Clemente V todavía estaba convencido de poder garantizar la supervivencia de la orden religiosa y militar, el documento responde a la necesidad apostólica de eliminar de entre los frailes guerreros la infamia de la excomunión en la que se habían enredado solos al admitir que habían renegado de Jesucristo bajo las torturas del inquisidor francés. Como confirman distintas fuentes de la época, el papa comprobó que entre los templarios se habían insinuado graves formas de malas costumbres y planificó una reforma radical de la orden para después fundirla en una única institución con otra gran orden religiosa-militar, la de los Hospitalarios. El acto de Chinon, supuesto necesario para la reforma, sin embargo, se quedó en papel mojado. La monarquía francesa reaccionó poniendo en marcha un verdadero mecanismo de chantaje que obligará seguidamente a Clemente V a dar un paso definitivo durante el concilio de Vienne (1312): al no poder oponerse a la voluntad de Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, que imponía la eliminación de los Templarios, el papa, una vez escuchado el dictamen de los padres conciliares, decidió suprimir la orden “con norma irreformable y perpetua” (bula Vox in excelso, 22 de marzo de 1312). Clemente V especifica, sin embargo, que esta sufrida decisión no constituye un acto de condena por herejía, al cual no se habría podido llegar sobre la base de las distintas investigaciones realizadas en los años anteriores al concilio. Para pronunciar una sentencia definitiva, por tanto, habría sido necesario un proceso regular que contemplara entre otras cosas la exposición de los argumentos de la defensa por parte de la orden. Pero el escándalo suscitado por las infamantes acusaciones dirigidas a los Templarios (herejía, idolatría, y prácticas obscenas) habría disuadido a cualquiera, según el pontífice, de llevar la vestimenta templaria y, por otra parte, una dilación en la decisión sobre tales cuestiones habría producido la dilapidación de ingentes riquezas ofrecidas por los cristianos a la orden, encargada de correr en ayuda de la Tierra Santa para combatir a los enemigos de la fe. La atenta consideración de estos peligros, junto con las presiones por parte francesa, convencieron al papa a suprimir la Orden de los Caballeros del Templo, al igual que en el pasado, y por motivaciones menores, había sucedido a órdenes religiosas de importancia mucho más relevante. Los Templarios,”pobres soldados de Cristo y del Templo de Salomón”,como reza el encabezamiento de su regla primitiva,y que habiendo sido siempre valientes soldados,fueron mejores terratenientes y banqueros,incluso expertos marinos, ídolos de una Europa cristiana que quería morir con sus hábitos,aunque también de una Europa que dejó de creer en ellos, cuando la perfidia e interés de un Rey –Felipe IV de Francia-,y la injusticia y cobardía de un Papa –Clemente V, también francés- creyó la gran patraña de que fueron herejes, por prácticas de recepción de novicios que,cuando se realizaron,fueron simples novatadas de prueba. Por supuesto, el ídolo que adoraban era el escapulario que, representando a la Sabiduría, es lo único que les hace acreedores de ser considerados esotéricos. No existe, pues,”cuarta dimensión del Temple”,aunque,desde el siglo XVIII, sean un grado masónico del Rito Escocés. Los Templarios, soldados y banqueros; la Orden del Temple, creada por Hugo de Payns en la Jerusalén de la I Cruzada, entre los años 1118 y 1120,constituye tal vez el episodio más vergonzoso de la Europa cristiana de los siglos XII a XIV) porque sus ingentes riquezas no siempre tuvieron orígenes lícitos, y fue abolida mediante el caso más vergonzoso de la Inquisición de esos siglos. La I Cruzada, predicada por Urbano II el último día del Concilio de Clermont, Alvernia, el 27 de noviembre de 1095,comenzó matando en masa todos los judíos del valle del Rhin, robando a los campesinos húngaros, saqueando los campos bizantinos, degollando sarracenos al entrar en Jerusalén, apoderándose de cuanto encontraron y quemando vivos a los judíos reunidos en la sinagoga principal, el 7 de junio de 1099. Se instauró así lo que se llamó reino de Jerusalén, con Godofredo de Bouillon como primer gobernador (Advocatus Sancti Sepulchri),y su hermano Balduino I como primer rey. Como no me propongo historiar las Cruzadas, ni siquiera la de la Orden del Templo de Jesuralén, o Pobres Caballeros de Cristo, recuerdo que Hugo de Payns y otros ocho caballeros, de los que conocemos los nombres de cinco, concibieron la idea de que hubiera religiosos y militares que defendieran a los peregrinos que iban a los Santos Lugares, y así nacieron los llamados Templarios, porque Balduino II los alojó en su propio palacio, que era la mezquita de Al-Aksa, construida sobre el atrio del Templo de Salomón. Los Templarios, primera Orden Militar, aunque combinando siempre diplomacia y espíritu castrense, fueron indudablemente los que con más valor defendieron siempre lo que seguimos llamando reino de Jerusalén, así como todas las encomiendas y castillos que fundaron o conquistaron en su cercanía. En 1127 Balduino II, rey de Jerusalén, escribió a San Bernardo, abad de Claraval, para que Honorio II favoreciese en todo lo posible al primer Maestre de la Orden, Hugo de Payns, que preparaba un viaje a Roma para solicitar la aprobación pontificia de su Orden. Y como San Bernardo era sobrino de Andrés de Montbard, uno de los nueve fundadores, se convertirá en el primer valedor de la Orden del Temple, y consiguió que Honorio II convocara el Concilio regional de Troyes, que inició sus sesiones el 13 de enero de 1129, y aprobó la Orden. Desde un año antes Hugo de Payns y otros cuatro cofundadores estaban en Italia, Francia e Inglaterra promocionando su Orden, y enviando a Raimundo Bernard para que la promocionara en España. Y fue tal su éxito, que regresaron en 1129 a Jerusalén cargados de oro y plata, y acompañados ya de muchos caballeros, entre ellos Fulco V de Anjou, que llegó como prometido de la princesa Melisenda, con la que se casó en diciembre. Con las cuantiosas donaciones que se hicieron a la Orden principalmente en Francia, Inglaterra, España, Portugal e Italia; con lo que aportaban a la Orden cuantos ingresaban en ella; y con los préstamos hipotecarios que hacía la Orden a cuantos querían visitar los Santos Lugares, la Orden del Temple se convirtió en pocos años en toda una potencia económica, banquera de Europa, e incluso potencia marítima, aliada de Venecia, que con puerto principal en Marsella, trasladaba a Jerusalén en barcos propios no sólo peregrinos, sino cuanto producía en sus provincias de Inglaterra, Irlanda, Escocia, Francia, Normandía, Borgoña, Poitou, Aquitania, Gascuña, Auvernia, Alemania, Lombardía, Portugal, Castilla, Aragón, Cataluña, Rosellón, Navarra, etc. Toda una perfecta organización de encomiendas, aldeas, establecimientos, molinos e iglesias productivas, sin pagar impuestos ni diezmos, que permitió a los Templarios no sólo sufragar todos sus gastos en Oriente, sino fortificar Oriente y Occidente con castillos, pues ya he dicho que además fueron los banqueros de Europa, y uno de sus principales navieros. Se puso de moda no sólo hacerse Templario, sino ser enterrado como Templario, y todos, como he dicho, hacían al Temple numerosas donaciones, e incluso Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Navarra, dejó en testamento (1131) sus reinos a las tres Ordenes internacionales de Tierra Santa: el Temple, el Hospital y el Santo Sepulcro. Como reunían sus posesiones mediante permutas, e intentaban comprar cuanto había entre una posesión y otra, racionalizando la producción, el Temple fue uno de los mayores terratenientes de Europa, además del principal banquero, o si lo prefieren la primera potencia feudal de la Europa de estos siglos, recibiendo la quinta parte de cuantas tierras de conquistaban a los árabes en España, cultivando sus posesiones con campesinos de la gleba o esclavos musulmanes, y dando en arrendamiento cuanto no producía mucho, por lo que entre agricultura, ganadería, banca, empleos públicos, comercio con Siria y Egipto y transportes recibían más rentas que los propios reinos cristianos de estos siglos. Y digo todo esto para que se comprenda por qué van a ser suprimidos, acusados de herejes, cuando al desaparecer el reino cristiano de Jerusalén ya no sean útiles. No creaban encomiendas hasta que no obtenían excedentes que exportar a Tierra Santa, cada una de estas encomiendas fueron pueblos con parroquia propia, muchas con castillos, y es imposible precisar su número, pues al menos fueron mil quinientas. Añadamos el oficio de banquero, y de transportistas a Tierra Santa, en flota propia, sus negocios mercantiles con los propios musulmanes a los que combatían, así como con Siria y Egipto, y el misterio de los Templarios no fueron las herejías y homosexualidad de que se les acusó para suprimirles como Orden Militar, ni el esoterismo y gnosticismo que se quiere ver en ellos como residentes en el antiguo Templo de Salomón, sino haber sido valientes en combate, diplomáticos y comerciantes con el enemigo, buenos administradores de enormes posesiones. y desde luego cristianos fanáticos. En 1291 se perdió definitivamente el reino cristiano de Jerusalén, tras la toma de Acre el 19 de mayo, pero fue precisamente el castillo templario el último en rendirse. Esquieu de Floyran, nacido en Béziers y prior de Montfalcon, es quien calumnió a los templarios, a finales de 1305, primero ante Jaime II de Aragón, y después ante Felipe IV el Hermoso de Francia, pero la detención y confiscación de bienes de los Templarios, y su conocido proceso inquisitorial, tuvo exclusivamente motivaciones económicas, no creyendo tampoco conveniente resumir este proceso, pero volviendo a repetir que es uno de los más vergonzosos del catolicismo, pues aunque el Maestre Templario, Jacobo de Molay,y muchos de sus colaboradores, no fueran muy valientes en muchas de sus declaraciones inquisitoriales, la verdad es que sólo confesaron herejías y homosexualidades inexistentes tras torturas inquisitoriales, o a la vista de los instrumentos de tortura, pero no cuando no fueron torturados, ni se les amenazó con tortura, siendo ejecutados con dignidad el 18 de mayo de 1314, sin ni siquiera terminarse el Concilio de Vienne, con un Clemente V siempre indeciso, pero que también ordenó aplicar torturas, y que condenó a la Orden sin juzgarla, admitiendo que no existían pruebas contrastadas, por lo que es la historia, y no sólo mi persona, quien afirma que los procesos contra los Templarios fueron un atentado al Estado de Derecho, una burla a la justicia, y una clara y gran vergüenza para la Iglesia católica. (1 foto Lejarza: Jaume I Conqueridor membre militar del Temple Ares del Maestre- Jaime I el Conquistador miembro del Temple, templario militar) Argelaguer Garrotxa Girona

Tímidament al principi, amb empenta després, ja ha sonat el clarí de la batalla. Les forces s´organitzen, tracen els plans d´atac i defensa, les estratègies que estimen més propícies, les maniobres que l´alt estat major considera més oportunes: els potents altaveus, les proclames que seran llençades des dels més diversos sistemes de comunicació, l´alegria dels himnes i de les banderes, els records històrics i els futuribles, el crit de les pancartes i l´esgarip de les manifestacions... Per tots els racons de la veritat i de la mentida s´alça l´ordre inapel·lable: A les trinxeres! A lluitar! A combatre fins a la victòria! On nobis, sed ómnibus Sigillum Militum Xpist

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