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Real Monasterio de Santa María de Veruela: “Todos los males se curan con los aires de Veruela” Juan R. Lejarza, Eva Arman Aitor Argelaguer Cal Music 2008 Garrotxa

Real Monasterio de Santa María de Veruela: “Todos los males se curan con los aires de Veruela” Juan R. Lejarza, Eva Arman Aitor Argelaguer Cal Music 2008 Garrotxa

Juan R. Lejarza, Real Monasterio de Santa María de Veruela: “Todos los males se curan con los aires de Veruela”.-Veruela se halla en un pequeño valle formado por el río Huecha, cuyo nacimiento se encuentra muy cerca del monasterio, protegido por la mole mítica del Moncayo. El documento más antiguo referido a la fundación del monasterio verolense es la donación del lugar de Veruela en año 1145 para la erección de un cenobio cisterciense. Esta orden había sido fundada en 1098 en Francia por Roberto de Molesmes que se retiró a Citeaux, cerca de Dijon, deseoso de restablecer la austeridad original de la Orden benedictina (siglo V). Poco tiempo después San Bernardo fundará Claraval, desplegando una ingente labor apologética y doctrinal. En Aragón (España) se levantaron grandes fundaciones entre las que destacan el Real Monasterio cisterciense de Santa María de Veruela (1145 ó 1146), Rueda (1153) y Piedra (1194), todas en la actual provincia de Zaragoza. Estas fundaciones religiosas aportaron no sólo unos nuevos valores religioso-espirituales y culturales sino también de índole económico-política. Los «monjes roturadores» como se ha dado en llamar a los cistercienses por su influencia económica agrícola, organizan sus abadías como verdaderos núcleos que activan la repoblación de zonas despobladas o poco pobladas a través de la roturación de las tierras incultas, o en territorios defensivo-fronterizos, características ambas de las que participa el Real Monasterio cisterciense de Santa María de Veruela . Para el dominio del espacio resulta básica la ordenación de los recursos del agua, para ello los monjes verolenses configuraron una amplia red de acequias, presas y molinos en torno a la cuenca del rio Huecha. La construcción del cenobio actual debía estar lo suficientemente adelantada en el año 1171 como para posibilitar el traslado de la comunidad. Las obras de la iglesia se dilataron por espacio de más de 250 años; la fábrica es sobria, sin apenas adornos escultóricos, de acuerdo con el espíritu bernardo, pero de proporciones y calidad catedralicias que proclaman los ingentes recursos económicos del monasterio. Sin embargo, las elevadas rentas mantuvieron una amplia y no mermada comunidad de monjes y permitieron continuar mejorando y ampliando la fábrica monástica. Así, a partir del año 1472 y hasta 1617, los abades verolenses ya no fueron regulares sino nombrados por el Rey, o comanditarios, ajenos incluso a la orden cisterciense. Los grandes Abades de este periodo fueron Hernando de Aragón (1535-1539), nieto de Fernando el Católico, que dejó el cargo para ocupar la sede episcopal de Zaragoza, y su gran amigo y sucesor, Lope Marco (1539-1560). Bajo la dependencia de la Congregación Cisterciense de la Corona de Aragón, creada en 1617, los abades pasaron a ser cuatrienales hasta la supresión monástica en la Desamortización de Mendizábal. Coincide este cambio político con el comienzo de una de las ampliaciones mayores del Monasterio, la construcción del monasterio nuevo (siglos XVIIXVIII) con un sistema de celdas individuales para los monjes (unas 65). La Desamortización de Mendizábal (1835) provocó el abandono del Monasterio de Veruela que desde comienzos de siglo estaba sumido en una irremediable decadencia. La Comisión central de Monumentos Artísticos de Madrid reclamó su conservación salvando la fábrica de su total destrucción. Desde entonces fue meta de numerosos viajeros románticos entre los que destacaron los hermanos Bécquer. Veruela, tras la Desamortización (1835) se convirtió en lugar romántico y «sitio de verano» donde algunos esforzados viajeros llegaron para estudiar sus piedras o disfrutar de los parajes naturales del Moncayo pues “Todos los males se curan con los aires de Veruela” según un verso de la época (1861) El poeta Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano, el pintor Valeriano, disfrutaron junto a sus familias de una larga estancia verolense entre diciembre de 1863 y julio de 1864, cuyos frutos artísticos fueron la serie de nueve cartas intituladas Desde mi celda escritas por Gustavo Adolfo para el diario madrileño El Contemporáneo (mayo a octubre de 1864) y varios álbunes de dibujos y acuarelas, entre los que destaca Expedición de Veruela (Columbia University, Nueva York) de Valeriano que regresó de nuevo en agosto de 1865. El poeta estaba familiarizado con la zona desde mucho antes (su esposa era de Noviercas, en la zona moncaína soriana) y el paisaje del Moncayo le sugirió algunas de sus leyendas más famosas como El monte de las ánimas (1861), El gnomo y La corza blanca (1863). La estancia en el monasterio sirvió a ambos hermanos como base de una serie de artículos sobre Veruela y los tipos populares de la zona escritos por Gustavo Adolfo e ilustrados por Valeriano, publicados entre 1865 y 1869 en los cuales se manifiesta el interés antropológico de Bécquer. Siguió la tutela de la Compañía de Jesús que allí se instaló con un noviciado en abril de 1877 hasta 1973. Fue declarado Monumento Nacional de España en año 1919, Decreto ampliado en 1928. En 1976 la Dirección General de Bellas Artes del Estado español lo cedió en usufructo a la Diputación de Zaragoza para su rehabilitación y conservación, en la cual ha invertido varios cientos de millones de pesetas (PTA) en más de veinte años de esfuerzo continuado. Veruela pasó a propiedad de la Diputación Provincial de Zaragoza en 1998. (Lejarza Argelaguer Garrotxa Girona)

Tímidament al principi, amb empenta després, ja ha sonat el clarí de la batalla. Les forces s´organitzen, tracen els plans d´atac i defensa, les estratègies que estimen més propícies, les maniobres que l´alt estat major considera més oportunes: els potents altaveus, les proclames que seran llençades des dels més diversos sistemes de comunicació, l´alegria dels himnes i de les banderes, els records històrics i els futuribles, el crit de les pancartes i l´esgarip de les manifestacions... Per tots els racons de la veritat i de la mentida s´alça l´ordre inapel·lable: A les trinxeres! A lluitar! A combatre fins a la victòria! On nobis, sed ómnibus Sigillum Militum Xpist

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